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Ese maldito pervertido. ¿Cómo se lo ocurría dejarla "al descubierto"? Por así decirlo. Pero eso no se quedaría así. Ella no se quedaría en esa oficina hasta que la dichosa reunión terminara, eso le daría más satisfacción a él. Eso si que no.

Me marcho.—dijo molesta. Con o sin bragas se iría para no verlo el resto del día.

Salió de la oficina con mucho cuidado. Por suerte había traído un abrigo largo, le llegaba a la misma altura del vestido, a la mitad de los muslos. Se alistó, tomó su bolso y se dispuso a irse. Le pidió a una de sus compañeras que la cubriera por hoy, y que si preguntaban por ella dijera que se había retirado porque no se sentía bien.

Decidió tomar un taxi. Normalmente tomaba el tren o caminaba, pero quería llegar a casa cuanto antes. En el trayecto se encontró pensando en lo sucedido, no en la broma que le había jugado Roy, más bien en lo que le había dicho antes, que ella era su novia. SU novia. ¿Él creía tener esos derechos sobre ella para decidir algo así, sin siquiera estar ella enterada? ¿Como puedes ser novia de alguien sin saberlo?

El título no le molestaba para nada. La cosa era que no podía creerle, el tema de por si ya era increíble, él siempre ha sido mujeriego. Nunca lo ha conocido como mentiroso, pero ¿Y si ella no era la primera a la que daba ese título de esa "manera"? O peor aún, ¿Y si le decía lo mismo a todas solo para hacerlas caer en sus redes?

El rumbo de sus pensamientos la entristeció. No quería que la lastimara, ya antes le había pasado eso, y definitivamente no quería repetirlo. Y mucho menos por ese hombre que la tenía enloquecida.

—¿Porque tuve que enamorarme de él?—se preguntó, sorprendiéndose a si misma.

¿Amor?

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La reunión se prolongó más de lo esperado, culminando minutos antes del descanso para el almuerzo. Conversaban animadamente a medida que avanzaban para retirarse de la sala. Al salir Roy, notó que Riza no estaba en su puesto. Abrió la puerta de su oficina para dar un vistazo rápido, pero tampoco se encontraba allí. ¿A donde se abría metido su, tal vez muy molesta, asistente?

Optó por preguntarle a alguien si habían visto a su rubia.

—Disculpa linda.—llamó la atención de una empleada.—Por casualidad, ¿No has visto a Riza?

—Si, ella se retiró hace un par de horas.—respondió la joven, haciendo memoria.—Dijo que no se sentía bien.

Al escuchar esto último, Roy se preocupó.

—Oye Roy, vamos a almorzar.—invitó Edward, aún acompañado por los inversionistas que platicaban amenamente entre ellos. Estos también apoyaron la oferta del rubio.

—Temo que deberán disculparme caballeros, pero ya tengo un almuerzo programado que no puedo posponer. Con gusto aceptaré acompañarlos otro día.

Edward se extrañó al escucharlo, ya que según él recordaba que Roy le había dicho que no tenía nada agendado luego de la junta. El joven abogado se separó del grupo para dirigirse a su amigo.

—¿Que pasa con esa excusa barata, Roy?

El mencionado soltó un suspiro, le contó en resumen a su amigo lo que sucedió.

—Por favor, necesito que me cubras el resto del día. No es mucho lo que hay agendado para hoy.

—Bien. Pero te cobraré horas extras.

Se despidió rápidamente, para salir de igual manera de las oficinas de su empresa. Tomó el primer taxi que apareció, ni siquiera espero a que le trajeran su auto, no quería perder el tiempo. Tal vez Riza solo estaba molesta, pero igual estaba preocupado por su repentina huida. No podía creer que acaba de cancelar todo un día de trabajo por una mujer. Pero no se arrepentía de nada, lo que le pasaba con ella no le sucedía con ninguna otra.

Ay mi niña, definitivamente me tienes loco de amor por ti.—se dijo a si mismo, sonriendo.

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—¡Esto no es amor!

Gritó contra la almohada, acostada boca abajo, pataleando en modo de berrinche. Confesarse a si misma que probablemente estaba enamorada de un hombre que, según ella, tal vez no le corresponda, la hizo entrar en negación.

—No importa que sus besos sean tan dulces... O que sus caricias me derritan la piel... ¡Controlate, Riza Hawkeye! ¡Si es por eso me volveré diabetica, y viviré dentro de una bañera con cubos de hielo!—dijo sin ninguna lógica, volviendo a tirarse a la cama y tapar su rostro con la almohada de nuevo. Odiaba a ese hombre por hacerla sentir así.—¡Te odio!

¿Me odias?

Sacó su cara de la almohada velozmente, entre asustada y sorprendida. Ni siquiera escuchó el sonido de la puerta al abrirse, o sus pasos al caminar. Pero más importante, ¿Escucharía él su pelea interna en voz alta?

Roy la miraba con diversión desde el umbral de la habitación. Se veía hermosa, llevaba puesto un suéter azul marino que tenía el doble de su talla, le quedaba como vestido. Su cabello estaba suelto y algo húmedo, seguramente se duchó antes de que él llegara.

Riza se sonrojó por el escrutinio que su jefe le estaba haciendo. Decidió romper el silencio.

—¿Que estás haciendo aquí?

—Lo mismo vine a preguntarte.—dijo encogiéndose de hombros.—¿Porque mi asistente desapareció a mitad del día?

—Después de tu "bromita" ¿Pretendías que me quedara donde me dejaste?

—Iba a devolvértela cuando terminara la reunión.—confesó recordando el motivo del enojo de la rubia.

—Si claro.—dijo con sarcasmo.—Te conozco, y no lo harías a menos que yo te lo pidiera. No te iba a dar el gusto, y mucho menos el esperarte.

Roy soltó una carcajada, eso molestó más a la rubia, pero amaba hacerla rabiar. Se acercó a la cama sentándose a un extremo de esta.

—Lamento la broma que te hice, ¿Me perdonas?—pidió con cara de inocente. La rubia asintió aprobando su disculpa.—¿Vas a volver conmigo a la oficina?

—Ahm... No.—reiteró arropándose de pies a cabeza con la sabana.

Roy suspiró pesadamente. Para niñas emberrinchadas estaba Riza. Pero no se lo dejaría así de fácil.

—Bien, si así lo quieres.

Dicho esto, comenzó a desvestirse. Si ella se tomaba el resto del día libre, él también podía hacerlo.

Riza salió de su escondite. Al ver lo que su tonto jefe hacía, lo miró como si estuviera loco.

—¿Que se supone que haces?—preguntó irritada. ¿Acaso nunca la dejaría descansar en soledad?

—Lo mismo que tú, me tomaré el resto del día.—contestó con normalidad, quitándose la camisa.

¡Ash! Haz lo que quieras.—terminó, volviendo a ocultarse.

Justo cuando necesitaba estar sola para pensar y debatirse mentalmente entre su cabeza y su corazón, el dueño de sus "pesadillas" decidía no dejarla ni un minuto sola. Tenerlo tan cerca le hacía dudar más sobre lo que sentía. Tenía que vivir en la realidad, no quería ilusionarse, no debía ilusionarse. Hay una mínima posibilidad de que el pelinegro no sintiera lo mismo que ella siente por él. Ser llamada su novia no significaba que hubiera amor, ¿O si?

La cama se hundió tras ella, siendo abrazada por la espalda.

—¿Que estas haciendo?

—Abrazarte, voy a dormir contigo.

Soltó el agarre para sentarse en la cama y poder mirarlo.

—Roy, necesito estar sola.—dijo tratando de contener su furia.

—¿Para que quieres estar sola si puedes estar conmigo?

—Necesito pensar.

—Puedes pensar junto a mi.

Esto era el colmo. Riza se levantó de la cama echa una furia. Tomó una almohada, pegándola a su rostro, gritó. Roy la miraba entre confundido y cansado, ¿Hasta cuando seguiría complicándose la vida?

Cuando se calmó, lanzó la almohada a un lado, respiró profundo y encaró al hombre de sus pesadillas.

—¿Cual es tu problema?

—Yo no tengo ninguno. ¿Cual es tu problema?—contraatacó el pelinegro.

—¡Tú! Tú eres mi problema. Me confundes, tengo sentimientos encontrados. Llevamos teniendo sexo desde hace unos tres meses, nunca definimos nuestra relación como tal, y ahora me sales con que soy "tu novia" desde la primera vez que estuvimos juntos, pero tú nunca te tomaste la molestia de preguntarme si yo quería serlo. Otra cosa es que en los últimos meses no has dejado de coquetear a diestra y siniestra con quien se te cruce, lo que en cierto aspecto es engañarme si, según tú, soy tu novia.—dijo casi sin respirar. Roy solo la miraba con atención.—¿Has estado con otras al mismo tiempo que conmigo? Y no, no estoy desconfiando de ti, pero tú no me has aclarado nada. Dime la verdad Roy. Dame una explicación. ¿Que clase de relación jefe-empleada es esta? ¿Que es lo que significo en tu vida? ¿Porque me confundes? ¿Que es lo que quieres de mi?

Roy solo se quedó viéndola fijamente. Riza se había creado una película mental, pero era su culpa. Ella tenía razón, si él hubiera hecho las cosas bien desde el principio tal vez no la habría confundido tanto. Pero es que estar con ella era desaparecerse de la realidad. Decidió dar todo por sentado, creyendo que ella lo entendería o que así se la ganaría, pero Riza es diferente. Hasta ahora logró entenderlo.

—Riza, ven a la cama.

—¡No! Yo no necesito dormir, necesito respuestas.

Y eso haré, ven.—le sonrió, tendiéndole una mano.

Riza lo miró con indecisión, pero al final tomó la mano que le ofreció. Al hacer el contacto, Roy aprovechó para derribarla rápidamente en la cama, con él sobre ella. Le aprisionó las muñecas con sus manos.

—Responderé a todas tus dudas, después de que te haga mía.

Antes de que hubiera alguna queja, silenció sus labios con un profundo y apasionado beso.

Fue un detonante para los sentidos de Riza, olvidó lo que estaba reprochándole, olvidó el porque de su molestia, pero allí estaba la "espinita" en su mente que le decía que no debía dejarlo cambiar el tema. Con un poco de su limitada fuerza de voluntad se despegó de sus labios, solo para que ahora él tomara posesión de su cuello.

Roy... No... Para...—logró decir entre suspiros.

El pelinegro ni se inmutó, estaba más ocupado decidiendo por donde comenzaría explorar el cuerpo de su sexy asistente. Ese mismo día en la mañana había iniciado de arriba hacia abajo, esta vez cambiaría el orden para empezar por sus piernas. Se acomodó entre estas, liberando las manos de la rubia.

Extendió una pierna sobre su hombro acariciando, besando, mordisqueando, mientras descendía. Su piel olía a rosas, la frescura de su cuerpo lo volvía loco. ¿Cuándo llegaría el día en el que se cansaría de Riza? ¡Jamás!

Cambió de pierna para realizar el mismo proceso.

Riza permanecía inmóvil sin saber cómo reaccionar. Se mordía ligeramente el labio.

Roy decidió no darle más largas al asunto, en ese momento necesitaba, con suma urgencia, tener a Riza bajo su control, escuchar sus jadeos, suspiros y gemidos mientras dice su nombre con la respiración agitada.

Llegó al inicio de las piernas de la rubia, apreció rápidamente sus bragas de color blanco quitándolas de su camino, para arrojarlas en alguna parte de la habitación. Sin esperar más, hundió su rostro en su intimidad. Iniciando el mismo procedimiento; lamer, morder, penetrar.

Riza soltó un sonoro gemido. En la mañana no había podido gritar como hubiera querido, todo por culpa de esa estúpida reunión y por culpa de su estúpido jefe. Si, había disfrutado de su rápido encuentro, pero tuvo que reprimirse bastante y eso era difícil. Odiaba cuando la frustraba sexualmente. Ya lo castigaría ella por eso.

Vencida ante esos labios que son su más grande perdición, después de sus hermosos ojos negro, no tiene más opción que dejarse llevar por las sensaciones que experimenta en cada encuentro sexual. Siempre resultaba algo nuevo y gratificante.

La tenía desnuda de la cintura para abajo, ya de por si Riza tenía poca ropa encima, le hacía más fácil el trabajo, pero siempre es divertido desvestirla. Sus gemidos crecían en volumen, las repetidas veces que pronunciaba su nombre entre estos eran perfecta música para sus oídos. Toda ella es perfecta. Ya no había salida, estaba seguro de eso. Definitivamente se había enamorado de Riza.

Sintió las manos de ella enredarse en su cabello, incitándolo a aumentar el ritmo. Estaba cerca del final. Lamió y penetró con más rapidez, logrando hacerla temblar y convulsionar por mandarla directo a la cima.

Riza respiraba con dificultad, se sentía mareada de tantas sensaciones juntas, pero sabía que aún no habían terminado.

Roy terminó de desvestirse, liberando erecto miembro, preparándose para poseer el delicioso cuerpo de la mujer de la cual se había enamorado. Lo observó con detenimiento unos segundos, allí sonrojada, con la respiración agitada por el anterior orgasmo que le proporcionó, preciosos ojos marrones nublados de deseo, sin duda la visión más hermosa de todas. Verla lo excitó de sobre manera, haciendo más notable su erección.

La castaña esperaba expectante su siguiente movimiento, lo tenía entre sus piernas listo para iniciar la segunda ronda. Su mirada la estaba quemando cual fuego, convirtiendo su sangre en ríos de lava hirviendo. Movió sus caderas ligeramente, lo suficiente para rozar su entrada con el miembro de él, logrando despertarlo de su ensoñación. Elevó sus brazos incitándolo a que la abrazara.

Haciendo lo solicitado, el pelinegro se inclinó para abrazarla y besarla apasionadamente, iniciando lentamente la penetración. Con la misma lentitud inició el vaivén de caderas sin abandonar sus labios. Riza soltó un gemido de protesta entre el beso. Ella no quería ir despacio, necesitaba ir más rápido, al limite de lo salvaje.

Con un movimiento, que ni ella misma supo como logró, derribó a Roy quedando ella a horcadas sobre él. Se deshizo del suéter hábilmente, dejando sus bien atribuidos senos a la vista. Cuando inició el vaivén de caderas, estos se movían al ritmo marcado.

Roy se sentía extasiado. No tardó en recorrer con sus manos toda la complexión femenina, deteniéndose en sus senos para acariciarlos, masajearlos y apretarlos. No pudo resistirse a probarlos y se inclinó para llevarse uno a la boca, causando gemidos y suspiros de la castaña sin que esta dejara de moverse. Abandonó sus senos para marcar el ritmo sujetándola de las caderas para hacer la penetración más profunda.

Sus respiraciones irregulares se convertían en jadeos, el latido de sus acelerados corazones ya era frenético, el fogoso encuentro llegaría a su clímax muy pronto.

Roy soltaba gemidos cada vez más altos conforme aceleraba el ritmo. El placer en esa postura, ligado a las caricias y besos que su jefe le proporcionaba, era increíble. Sus caricias iban desde su espalda, pasaban por sus caderas, hasta sus glúteos en los cuales se tomaba más tiempo allí. Besaba todo su cuello descendiendo con estos hasta llegar a sus senos, ya hinchados por su previa atención.

El calor del momento se podía sentir en el aire. Ambos amantes estaban cegados por placer, deseo y pasión desmedida para cubrir lo que siempre habían sentido, pero sin darse cuenta hasta ahora. Era amor.

—Te amo.

En un susurro apenas audible dijeron al unisono, sorprendiéndose por lo mencionado. Roy volvió a derribarla sin salir de ella, embistiéndola con más rapidez para que ambos llegaran a la cima.

—Riza... Dilo... de nuevo...—rogó en jadeos, necesitaba oír esas palabras nuevamente.

Te... ¡Ah! amo... ¡Te amo!—terminó gritando cuando sintió la convulsión de su cuerpo al orgasmo.

Roy sonrió complacido, con un par de estocadas terminó derramándose en el interior de su novia.

—Yo también te amo, hermosa.

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Riza se movía perezosamente por su cama, aún medio dormida, envuelta entre las sabanas, después de haber caído rendida luego de hacer el amor casi toda la tarde. Cuando se trataba de tener relaciones, Ry era imparable.

La cama se le hizo muy amplia antes de darse cuenta que estaba sola en esta. Sentía el cuerpo entre pesado y relajado a la vez. Siempre que hacían este tipo de "maratones" la que terminaba más cansada era ella. Pero igual no se quejaba, si Roy quería tener sexo ¿Para que negarse? Después de todo es el hombre que ama, el que a su vez confesó amarla también.

¿Me ama? Si. Ella también se lo confesó hace unas horas. Una boba sonrisa adornó sus labios.

—Despierta, mi bella durmiente.—el dueño de sus pensamientos apareció en la habitación.—La cena esta casi lista.—mencionó, llenándola de besos.

—¿Cena?—el reloj junto a su cama marcó las 6:52 pm.—Son casi las 7.

¿Cuanto tiempo había dormido? O mejor pregunta ¿Por cuanto tiempo estuvieron haciendo el amor?

Riza...—atrajo su atención.—No he salido con nadie desde que estoy contigo. Nunca he tenido una relación con una empleada antes, no se me había pasado por la mente jamás. Tú eres la única y la mejor excepción que he echo en mi vida. No quise confundirte apropósito, es solo que cuando se trata de ti pierdo la capacidad de pensar con claridad. No te estoy obligando a nada, no quiero nada que tú no quieras darme. Te amo.—finalizó acariciándole delicadamente la mejilla. Sango suspiró por el contacto.

—¿Y lo de coquetear?

—Eso ya es algo que hago involuntariamente.—rió nervioso.—Pero ya no lo voy a permitir. Soy un hombre comprometido, ya no debo andar en esos juegos.—dijo levantándose rápidamente.

—¿Comprometido?

—Si, comprometido contigo. Tú y yo vamos a casarnos.

—¿Estas bromeando?—no sabía si reírse o entrar en pánico. La ultima vez que creyó que él estaba jugando su "broma" terminó siendo en serio.

—Porque mejor no le das un vistazo a tu mano derecha.—dijo con satisfacción desde el umbral de la puerta.

La Rubia hizo lo mencionado, y efectivamente en su dedo anular descansaba un hermoso anillo de oro con forma de Infinito y un diamante azul en forma de corazón en el centro. La impresión que daba su rostro no podía ser mas grande. ¿En que momento se lo puso? O más bien ¿En que momento le pidió matrimonio?

—Pero... ¿Q-que?...

—¿Recuerdas que te pregunte si querías estar conmigo el resto de nuestras vidas?

¿Quieres estar conmigo el resto de nuestras vidas, como ahora? Tenía vagos recuerdos de hace unas horas cuando hacían una de las tantas posiciones del kamasutra, en ocasiones su mente se nublaba y olvidaba todo de esos momentos, excepto el placer vivido.

Tenía que dejar de hacer eso.

—Ve a darte una ducha, preciosa. Mientras yo seguiré con la cena. Te amo.—salió rápidamente, tal vez no estaba confundiéndola apropósito, pero adoraba molestarla con esas dudas.

Riza se quedó de piedra. Hace unas horas se había enterado que tenía novio, y ahora resulta que va a casarse sin estar enterada. Ese desgraciado estaba aprovechándose de ella en cierto modo. Ella lo sabía. Sabía que él estaba confundiéndola apropósito.

—Este hombre me va a matar a mi, antes de que yo a él.—cubriéndose el rostro con ambas manos.

La ventaja era que ambos se aman y ya se lo confesaron al otro. Pero el método de propuestas de Roy tenía que cambiar.

—Otra propuesta como esta yen verdad terminare matando a mi jefe.