Este fic participa en el minirreto de enero para La Copa de la Casa 20/21 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black
Resumen: La empresa consta de tres personas y un gato gordo que se sienta encima de uno de los CPU. Como siempre, Rose Zeller está golpeando a una computadora con la varita.
Personajes: Rose Zeller ft. Teddy Lupin.
Profesión: Hacker mágico.
Beteado por Miss Lefroy Hrafna
Hackerwoman
Hey young blood, doesn't it feel like our time is running out?
I'm gonna change you like a remix
Then I'll raise you like a phoenix
Wearing our vintage misery
Phoenix, Fall Out Boy
—¡Maldita sea!
Rose Zeller golpea la computadora con la varita furiosamente, pero nada ocurre.
Echa un vistazo a su alrededor. Aquella empresa consta de tres personas y un gato al que le gusta sentarse encima de uno de los CPU y maullar cuando tiene hambre.
Los cuatro tienen una pinta estrafalaria.
El gato está gordo —y a dieta por órdenes de un veterinario muggle—; tiene hambre todo el día y da un concierto desafinado de maullidos. Teddy nunca aparece con el mismo aspecto y a menudo los clientes creen que tratan con personas diferentes, que se visten todas de manera muy estrafalaria; lo más común es el cabello rosa, medio largo —como su madre, el chico tiene una foto de sus padres en su escritorio— y diademas con orejas de gato. Dennis duerme en el sofá la mitad de la jornada si no hay mucho que hacer y ella se encarga de todo. Sobre todo de mantener la cordura.
—¿Qué ocurre?
Teddy se pone en pie y se acerca hasta donde ella aporrea una computadora con la varita.
—Nada, que la magia ha vuelto a interferir con todo; uno de los bugs que ya habíamos resuelto ha vuelto —replica, con el ceño fruncido.
—A ver…
Todo ese desastre empezó porque a Dennis le dio por cazar magos oscuros. Abandonó la academia de aurores para largarse a la aventura y volver cinco años después con un montón de galeones del ministerio como recompensa. Entonces Rose estaba intentando hacer que la tecnología muggle no explotara con magia. Lo había logrado, más o menos. Era imposible detener la interferencia, pero podían usarla a su favor. Los magos no sabían todas las pistas que dejaban en un mundo tan conectado.
—¿A quién estábamos buscando? —pregunta Teddy.
—Al estafador que vende bibblers maravillosos —responde Rose—. Se aparece por todas las ciudades y ha dejado interferencias en varias antenas de internet…
Teddy asiente.
Hackers mágicos. Eso son. No es ni de cerca tan interesante como lo pintan las películas muggles. Pasan horas viendo código que no se mueve y esperando una señal divina. Nada de pantallas llenas de ceros y unos en color verde. Tampoco teclean rápido mientras un código está funcionando.
Teddy revisa el código de Rose y luego apunta con la varita. En teoría es fácil. Mandan una pequeña señal mágica que apenas si cause interferencia a través de la red, buscando otras interferencias mucho más grandes. Ayuda cuando tienen alguna pista de cómo es la huella mágica de aquel a quien buscan.
—¡Lo tengo! Mira. Ha funcionado.
Teddy tiene razón. Esa vez el código ha dado resultado y hay varios puntos brillando en un mapa que implementaron ellos mismos —los códigos sólo devuelven coordenadas— para que fuera más fácil visualizar el resultado.
Teddy hace zoom.
—Sí, es él. El último rastro está en Blackpool.
Eso hace que Rose se ponga alerta.
—¡Ey, pinche vago! ¡Despierta! —grita, en dirección a Dennis—. ¡Tenemos una pista!
Manos a la obra: hora del show.
Palabras: 500.
1) ¡Hackers mágicos! Como la Roulin dijo que la magia interfiere con la tecnología, me inventé un modo de aprovechar las interferencias.
2) Ser programador es un poco más aburrido de lo que cree la gente. Rose pasa más tiempo golpeando la computadora que siendo una hacker de Hollywood. JÁ.
Andrea Poulain
