Ahora si es el capítulo 2! Espero esta actualización sea de su agrado.
Capítulo 2. Error y delirios.
Al abrirse la puerta de la casa, una figura pequeña salió corriendo con los brazos abiertos en mi dirección. Me sonreía como si yo fuese su persona preferida en todo el mundo.
"¡Terry!" gritó emocionada mi hermana mientras la envolvía en mis brazos y le daba vueltas en el aire.
Le gustaba que lo hiciera, y a mí, me fascinaba oír sus alegres carcajadas.
"Feliz cumpleaños, pulga" me observó con falso enojo mientras la ponía en el suelo.
"No soy pulga. Ya soy grande" frunció el ceño y me reí abiertamente de ella.
"¿Estás segura?, a mí me pareces una pulga desde esta altura" hizo un gracioso mohín y me observó con la boca abierta. Como si yo fuese un gigante.
A su lado lo era. Mi 1,90 cm contra su 1,20 cm de estatura es mucha diferencia.
Me puse en cuclillas frente a ella y estrujé sus mejillas para su deleite.
"Algún día seré más alta que tú" solté una carcajada mientras mi hermana, con un gracioso puchero, sobaba sus mejillas.
Nadie podía ponerme de tan buen humor como Alisa. Ella me hacía olvidar por un instante todos mis problemas.
"Eres una pulga muy rezongona" despeiné su cabello y ella quiso hacer lo mismo con el mío, fracasando rotundamente en su intento "estoy fuera de tu alcance, enana" dije cariñosamente sin dejar de reírme.
"Mami, Terry me está diciendo enana" mi madre salió a recibirnos y me observó con falsa severidad mientras que Alisa sacaba su lengua.
Pulga chismosa y grosera, pensé mientras entrecerraba mis ojos en dirección suya.
Ahora fue su turno de reírse de mí, y lo hizo con todo descaro.
"Ya te he dicho que no es correcto que le pongas sobrenombres a todo mundo, Terry" mi madre me reprendió con una sonrisa "mi cielo, ¿ya saludaste a la esposa de tu hermano?" mi hermana torció la boca sin disimulo mientras cruzaba sus brazos sobre su pecho.
Le molestaba que la obligaran a ser amable con alguien que le desagradaba.
"¡Feliz cumpleaños! Te traje este regalo, espero te guste" Susana se acercó a Alisa con una sonrisa.
Mi hermana en cambio, no había borrado de su rostro su mueca de fastidio. Con toda intención nos hacía notar una vez más que no le gustaba su presencia.
Alisa es muy joven. No filtra sus pensamientos ni sus emociones. Para bien o para mal, las expresa tal cual las siente.
Desde que era más pequeña siempre ha sido así. Por algún motivo que desconozco, Susana no es de su predilección, pero no quería que precisamente hoy pasara un mal rato.
Era su cumpleaños.
Me hinqué a un lado suyo y le hablé al oído para que sólo ella me escuchara.
"Yo también participé en la compra de tu regalo" al escuchar mis palabras, la mirada de mi hermana se iluminó.
"¡Gracias, Terry!" adornó su rostro con una sonrisa y se fue corriendo al salón a abrir su regalo.
"Mi cielo, agradécele a Susana también" Alisa ignoró a mi madre, la cual, le sonrió a modo de disculpa a mi esposa.
"Buen día, Terruce. Gusto en verte, Susana" mi padre tomó la mano de mi madre y la besó cariñosamente mientras que, tomados de la mano, nos guiaban al salón donde Alisa jugaba emocionada con su regalo.
"Mira papi, ¡Terry me compró una muñeca!"
Mi padre tomó a Alisa y la sentó sobre sus piernas mientras observaba con exagerado asombro el objeto que mi hermana le mostraba. Él le sonreía afablemente y escuchaba con atención su relato.
Jamás me cansaría de presenciar esta escena. Me llenaba de un regocijo que, hasta hace unos años, desconocía.
"Yo escuché que te la compró Susana" Alisa resopló molesta.
"Pero es dinero de mi hermano, así que el regalo me lo hizo él, no ella" repuso desafiante.
"No seas grosera Alisa. Discúlpate"
Las mejillas de mi hermana se colorearon súbitamente de color rojo al oír las palabras de mi madre.
"¡Pero estoy diciendo la verdad!" se bajó de un salto de las piernas de mi padre y retó a mi madre con la mirada.
Precisamente quería evitar esto, pensé mientras frotaba mi frente con mis dedos y reconocía que mi hermana había heredado rasgos de mi pésimo carácter.
"He dicho que te disculpes ahora mismo con ella, jovencita" repuso mi madre con severidad y mi hermana se giró sobre sus talones hacia Susana.
Apretó la muñeca contra su pecho y no ocultó una vez más el desagrado que le inspiraba.
"¿No piensas decir nada, Terry?" levanté la mirada hacia Susana "soy tu esposa y tu hermana está siendo poco cortés conmigo. Defiéndeme" me exigió y guardé silencio.
Me incomodaba cuando me ponía en esta situación frente a mi familia.
"No importa que tan grosera sea tu hermana ¿verdad?, tu siempre te pones de su lado" agregó molesta y tenía que admitir que había un poco de verdad en sus palabras.
Me gustaba mimar a Alisa y reconozco que caía en el exceso. Mi única excusa es que ella es mi adoración. Muchas veces he querido reprenderla cuando es grosera con Susana, pero me detengo cuando veo su sonrisa.
Ella es mi debilidad.
"¡Estoy harta! todos pueden faltarme al respeto y tu jamás me das mi lugar como tú esposa" las facciones de su rostro comenzaron a distorsionarse por el enojo.
"No has dado ni siquiera oportunidad a que Alisa se disculpe contigo" dije lo más calmado que pude.
No quiero tener una pelea con Susana enfrente de Alisa.
"¡Tu deber es estar de parte mía! Te recuerdo que soy tu esposa" insistió al tiempo que apretaba sus puños y golpeaba una y otra vez los brazos de su silla.
"Lo siento, Susana" todos dirigimos nuestra mirada a Alisa al escucharla hablar "gracias por mi regalo" le sonreí.
Sabía el trabajo que le había costado decir esas palabras.
"Gracias" con una de mis manos le hice mimos en sus mejillas esperando que, con esto, Susana quedara satisfecha y pudiéramos continuar en paz con la celebración.
Por supuesto, yo estaba equivocado.
"¡POR QUÉ LA PREMIAS SI FUE GROSERA CONMIGO, TERRY! A quien debes mimar es a mí, no a ella. ¡Yo fui la ofendida!" al ver el berrinche de Susana, me pregunté cuál de las dos era la niña de 7 años y la adulta de 26.
¿Cómo será vivir feliz al lado de una mujer a la que amas?, ¿esa clase de vida de verdad existe?, me pregunté mientras observaba a la que, por decisión propia, había convertido en mi esposa.
"¡Quiero irme! Vámonos a casa ahora mismo" espetó frenética.
"Susana, Alisa ya se disculpó contigo, no creo que sea necesario que se vayan si acaban de llegar" señaló apenada mi madre, pero Susana ya no escuchaba más razón que la suya.
"Disculpen, la Sra. Marlowe está aquí…" musitó apenada una de las mucamas.
Suspiré pesadamente.
Perfecto. Lo único que me faltaba, pensé.
Susana de estar colérica, con el ceño fruncido y los brazos cruzados contra su pecho, empezó a llorar amargamente mientras cubría su rostro al escuchar que su madre había llegado.
No es la primera vez que la veo interpretar este tipo de escenas.
Mis padres incrédulos, observaron su rápido cambio de humor.
"¡Susy! pero mira cómo estás, ¿¡qué le hizo esta vez, Terry?! No satisfecho con hacerme la grosería de hacerme llegar sola, vuelve a hacer llorar a mi hija una vez más" se hincó a un lado de Susana, y retiró las lágrimas teñidas de color negro que rodaban por sus mejillas.
"Mamá, todos han sido groseros conmigo, especialmente Alisa. Me quiere separar de Terry" la expresión de mis padres era una mezcla de molestia y desconcierto.
"Susana, no acomodes la realidad a tu beneficio" dije.
"¡¿Ahora la llama mentirosa, Terry?! No sólo es un pésimo marido, sino que también es capaz de difamar a la única mujer que, a pesar de todo, lo sigue amando sin usted merecerlo" sentía como el calor del enojo tomaba posesión de mi pecho y mi cabeza, pero no le daría el gusto a esta mujer de responder a sus agresiones. No valía la pena por mucho que deseara escupirle a la cara en estos momentos.
"Creo que deberíamos calmarnos. Esta discusión se está saliendo de control" musitó en plan conciliador mi madre mientras se acercaba a Margot, pero esta última la miró como si todo lo que hubiese salido de su boca hubiesen sido maldiciones.
"¿Calmarnos, Eleonor? ¡no sea absurda! ¡Es inaudito que me pida calma después de que ustedes maltrataron a mi hija!" sin dejar de expeler su veneno, Margot rodeó los hombros de Susana con uno de sus brazos, la cual, prefirió mantenerse sumisa y callada al ver lo que su mentira había ocasionado.
"¡Vieja urraca!" anonadado, dirigí mi mirada hacia Alisa.
Mi madre se colocó inmediatamente a un lado de mi hermana mientras la abrazaba contra su regazo en un intento fútil por contener su ira. Mi padre se veía afligido por su comportamiento, pero no lo suficiente como para reprenderla por ello.
La expresión del rostro de Margot era una mezcla de furia mal contenida y sorpresa. De poder hacerlo, me habría gustado inmortalizar este momento con una fotografía.
"Alisa, mi cielo, no son modos de dirigirse a la gente" susurró mi madre sin apartar a mi hermana de su lado.
"¡Está insultando a mi hermano, por eso es una vieja urraca y fea!" Alisa se zafó de los brazos de mi madre y le dio una patada a Margot en la espinilla para sorpresa de todos.
"¡Esta chiquilla malcriada necesita que le apliquen unos buenos correctivos para que aprenda a respetar a sus mayores y no meterse en pláticas que no le incumben!" gritó Margot mientras miraba con desprecio a mi hermana, la cual, corrió a esconderse tras de mí.
Dispuesto a ponerle fin a esta situación, di un paso hacia adelante, pero mi padre con una señal de su mano me detuvo.
"Martha, por favor acompañe a las señoras al auto. Ya se van" dijo ronco por el enojo.
"¡Cómo se atreve a corrernos!" la voz aguda de Margot hizo eco en toda la estancia.
La tensión en el cuello de mi padre crecía. Era casi imperceptible, pero lo conocía tan bien, que sabía estaba usando todo su autocontrol para no sacarla él mismo de la casa.
"No las corro, Sra. Marlowe. Las invito cordialmente a que se retiren. Mi hija es impetuosa y tiende a actuar irreflexivamente cuando se trata de defender a su hermano, pero a diferencia de ustedes, ella está en su casa y puede hacer lo que quiera" repuso tranquilo mientras daba dos pasos en dirección a ambas mujeres "pero… le recomiendo que jamás vuelva a levantarle la voz a mí esposa. ¿Fui claro?" el tono de la voz de mi padre se tornó más profundo al pronunciar estas últimas palabras.
Para mí fue indiscutible que Margot sería una persona no grata de mi padre a partir de ahora y eso era peligroso. Ella no lo quería de enemigo.
"… ¿me está amenazando? ..." por primera vez desde que la conozco, la vi intimidada por él.
"Las amenazas no son propias de caballeros, Sra. Marlowe. Créame, yo actúo y ejecuto" espetó sin apartar su mirada glacial de la suya "Por favor, acompañen a las señoras a la puerta" la mucama y el chofer guiaron a Susana y Margot fuera de la estancia.
Cuando por fin estuvimos solos, me dejé caer pesadamente en el sillón y cubrí mi rostro con mis manos en un intento de contener el grito que amenazaba con escaparse de mi boca.
"Hijo…" levanté la mirada y mi madre se había sentado junto a mí.
Me observaba con preocupación.
Como pude le sonreí. No quería que se inquietaran por mí.
"Perdóname" susurró Alisa.
En cuanto fijé mi vista en ella, sus ojos llenos de lágrimas me partieron el corazón.
Corrí a su lado y me hinqué frente a ella mientras la envolvía en un fuerte abrazo.
"No llores" rodeó mi cuello con sus brazos y la acuné contra mi pecho como hacía cuando era una bebé.
"Pero… Susana se enojó mucho contigo por mi culpa… te puse triste… esa mujer te insultó y yo…" los violentos espasmos que azotaban su cuerpo, no la dejaban hablar sosegadamente. Angustiado, la mecí de un lado a otro en un inútil intento de calmarla "¡quiero que seas feliz y no lo eres!" gritó y me quedé inmóvil al escucharla.
¿Era tan evidente? Que tan patética es mi vida que hasta una niña de 7 años se da cuenta de mi infelicidad.
Me senté en uno de los sillones y la coloqué en mis piernas mientras secaba sus lágrimas con mi pañuelo.
"No llores, te aseguro que lo que sucedió no es culpa tuya. Los adultos solemos complicarnos demasiado la vida" me miró un poco más tranquila con sus grandes ojos azules y le sonreí "ahora mismo estoy triste porque tú sigues llorando" hice un puchero y poco a poco su respiración se normalizó.
En contra de su voluntad, adornó su rostro con una sonrisa.
"Tu gesto es gracioso" pronunció divertida con su dulce voz infantil.
"¿Me estás diciendo feo?" repuse con fingida indignación mientras Alisa asentía visiblemente divertida "Eres una pulga muy irrespetuosa con tu hermano mayor"
Le hice cosquillas y la estancia se llenó con el eco melodioso de su carcajada.
"Mi cielo, vamos a lavarte la cara. Recuerda que ya vamos a partir tu pastel" como si nada hubiera pasado, Alisa siguió emocionada a mi madre.
En cuanto desaparecieron de mi vista, la sonrisa de mi rostro se esfumó.
"Quédate hoy con nosotros, Terruce" mi padre tomó asiento frente a mí. Su expresión era tan transparente como la de mi madre.
"Llegue hoy o mañana, el resultado será el mismo" respondí restándole importancia a la situación "estaré bien" por su mirada grave, supe que mi aparente apatía no lo había convencido en absoluto
"No estarás bien. Mejor que nadie comprendo tu situación y sé que el camino que has elegido terminará por destruirlos a ambos" dijo "además, me preocupa la inestabilidad mental de Susana" suspiré desesperado mientras apoyaba mis codos en mis rodillas.
"Se niega a aceptar ayuda profesional. Dice que no la necesita, aunque sus drásticos cambios de humor sean cada vez más frecuentes, así como su depresión. Me culpa todo el tiempo por haber destruido sus sueños, y después, me dice entre lágrimas que me ama. Que no puede vivir sin mi" dije mientras apoyaba mi barbilla sobre mis nudillos "Ella asegura que, si me esforzara más en hacerla feliz, nuestra vida sería muy diferente"
Sin esfuerzo, mi padre podía imaginarse la escena, después de todo, ha sido testigo de nuestras discusiones más de una ocasión.
"Y sumado a ello, tu suegra no ayuda a que la situación mejore" musitó entre dientes. Aún estaba molesto por lo sucedido hacía unos minutos "Terruce, una vez más te ofrezco mi ayuda para que te divorcies de Susana sin problemas" negué con la cabeza antes que terminara de hablar "¿Por qué? ¿qué es lo que estás esperando? ¿es por la promesa que le hiciste a esa joven ese día en el hospital?" inquirió frustrado.
No había pronunciado su nombre y, aun así, mi corazón se inundó de añoranza y melancolía por lo que fue y pudo llegar a ser.
Pesadamente, recargué mi espalda contra el respaldo del sillón y cerré los ojos mientras que las emociones de un pasado añejo, tomaban el control de mi mente.
Aún después de nueve años, era capaz de recordarla con dolorosa precisión.
Su cabello rubio rojizo imposiblemente rizado, su blanca piel salpicada infinitamente de pecas, sus brillantes ojos verdes que supieron reconocer al chico en busca de amor que se escondía tras su rebeldía, su voz suave y melódica que cantaba a mis oídos cada que la escuchaba hablar, sus alegres carcajadas que me contagiaban su bonhomía, su mirada segura y desinhibida, su alma cálida, la cual, fue capaz de destruir las barreras que custodiaban mi corazón fragmentado… la fragancia a rosas que la envolvía todo el tiempo… Ahora mismo juraría que el ambiente que me rodea, estaba impregnado fuertemente de su perfume.
¿Cómo se verá ahora? ¿la imagen que crea mi mente de ella, le hace justicia a la realidad? ¿qué estará haciendo? ¿será feliz?
Los sentimientos que he mantenido reprimidos dentro de mi corazón durante todos estos años, tomaron fuerza una vez más y se colocaron lastimosamente en primer plano dentro de mi pecho.
"Ella aún no se ha casado" dijo mi padre rompiendo el silencio.
Dirigí mi mirada hacia él y mis ojos fueron incapaces de ocultarle la emoción y la sorpresa que me embargaban en estos momentos.
Era necesario decirle a mi padre que callara, que no me dijera nada, pero no conseguía hacer reaccionar a mi cerebro. Las palabras salían despedidas a través de mi boca mucho antes que mi mente las procesara.
"¿Cómo lo sabes?" pregunté ansioso por escuchar su respuesta.
"He estado al pendiente de ella todo este tiempo. Trabaja en el Hospital Augustana. Se convirtió hace un par de años en jefa de enfermeras y también es maestra dentro de la misma institución" sin dificultad podía imaginarme la escena.
Los latidos de mi corazón se aceleraron de golpe. Sólo bastaron unas palabras para que mi ser languidecido por la ausencia de ella, volviese a sentirse pleno. Vivo.
Debía detener a mi padre. Está abriendo una caja que ni yo mismo podré cerrar si sigue dándome más información.
Mi necesidad de saber de ella era una especie de droga a la que fácilmente podría volverme adicto.
"No sigas, por favor. Ella y yo tomamos caminos diferentes hace 9 años. Se que lo haces por mi bien, pero no quiero volver a saber de ella ni de su vida. Te suplico que respetes mi decisión" no estaba de acuerdo conmigo, pero asintió resignado mientras volvía a clavar su mirada mortificada sobre mi rostro.
"Tu mamá y yo estamos sumamente preocupados por ti" le sonreí.
"Gracias, papá" me observó confundido "por preocuparse por mí"
Ese detalle me hizo sentir especial. Querido.
El resto de la velada, olvidé el amargo momento que pasé con Susana y su madre, y continuamos el festejo de mi hermana como si nada hubiese sucedido, aunque la verdad, la plática que tuve con mi padre, había removido emociones pasadas y viejos recuerdos, que me estaba costando trabajo controlar.
Un par de horas después, Alisa me pidió que saliéramos a comer un helado a Centrar Park, y como soy incapaz de negarle algo _especialmente el día de su cumpleaños_ hicimos lo que deseaba.
Desafortunadamente como era costumbre cada que salíamos a la calle, la mitad del tiempo éramos perseguidos por reporteros que deseaban capturar la insólita escena de la familia Grandchester junta para el periódico del día siguiente, y la otra mitad, admiradores ansiosos solicitaban un autógrafo mío o de mi madre.
Por supuesto, mi padre no se permitía salir sin custodios que nos protegieran todo el tiempo.
Mi madre disfrutaba atendiendo a las personas que la seguían considerando una de las mejores actrices de nuestra época, a pesar de haberse alejado de los escenarios 8 años atrás para dedicarse al papel, que ella decía, era el más importante de su vida; ser madre.
Cuando llegamos a casa de mis padres, era de noche y Alisa estaba completamente dormida en mis brazos. Cuidando de no despertarla, le di un beso en la frente y se la entregué a mi padre. Acto seguido, partí rumbo a mi casa, no sin antes prometerles que estaría en contacto con ellos todo el tiempo que me fuese posible.
Sabía que se quedaban preocupados por mí.
Sin importar la hora, estaba seguro que Susana me estaría esperando en la estancia dispuesta a continuar con la pelea que dejó pendiente horas atrás. Y no me equivoqué. Ahí estaba ella, aun arreglada con su vestido amarillo, pero en lugar de pelear como creí, me recibió con una amplia sonrisa y extendió sus brazos hacia mí.
"¿Por qué no le dijiste al mayordomo que te llevara a tu habitación?" pregunté mientras subía las escaleras con ella en brazos "es fría la planta baja a esta hora"
"Preferí esperarte. No quería dormir sabiendo que estábamos enojados" recargó su cabeza en mi pecho y cerró los ojos.
Si tan sólo pudiésemos encontrar un punto de entendimiento entre los dos, nuestro matrimonio podría ser cordial, incluso armonioso, me dije mientras reconocía la mentira en mis palabras.
En más de una ocasión quise acercarme a ella. Conocerla. Incluso hubo una época en la que intenté enamorarme de Susana. La cortejé, le platicaba de mi trabajo, de mis sueños, salíamos a la calle como cualquier pareja de casados… pero a la fuerza ni los zapatos entran.
Sabía que era un error forzarme en crear lazos con Susana sin amarla. Mi única justificación es que me aferré inútilmente a la promesa que le hice a ella en las escaleras del hospital antes de nuestra despedida. Haría feliz a la persona que me salvó de una muerte segura. Deseaba al menos poder cumplir con mi palabra.
Pero todo se fue en picada. Las crisis emocionales de Susana han ido empeorando con el tiempo, sus arrebatos han escalado niveles intolerables, y cada día que pasa, me cuesta más trabajo sobrellevarla.
Los especialistas dicen que no me culpe por su deterioro emocional. Estúpidos psicólogos. Que fácil es para ellos dar consejos absurdamente difíciles de realizar. Tengo la certeza de que, si no me hubiese salvado ese día, su vida no se habría convertido en el infierno que es ahora.
A veces creo que habría sido mejor que me dejara morir.
Muchas veces lo he deseado.
"Susana, despierta" dije mientras la colocaba sobre su cama "llamaré a tu mucama para que te ayude a cambiar de ropa"
Me encaminé a la puerta, pero una de sus manos se aferró a la tela de mi saco.
"Pasa la noche conmigo" suspiré incómodo mientras la veía enderezarse con destreza de su cama "hazme el amor"
Con una habilidad estudiada, retiró el vestido de su cuerpo dejándolo caer pesadamente al suelo, sorprendiéndome al ver que no llevaba ropa interior que protegiera su desnudez.
Por primera vez, vislumbré en Susana a la mujer que poco a poco se perdía dentro de sus delirios y obsesiones.
La culpa volvió a invadirme por completo. En el fondo, siempre me sentiría responsable de las decisiones que la llevaron a convertirse en la mujer inestable que es ahora.
Cuidando de no caerse, se sostuvo de la cabecera de su cama, y sin apartar sus ojos de los míos, se puso de pie frente a mí y rodeó mi nuca con sus brazos.
Había tanta sensualidad y seguridad en su gesto, que me recordó a una persona que se encontraba en Chicago… a ella.
"Te deseo tanto, Terry. No sabes las ansias que tengo de sentirme tuya" dijo mientras acercaba su rostro al mío "tócame, por favor"
Con un ímpetu que no le conocía, tomó una de mis manos y la colocó en su vientre bajo mientras un gemido escapaba involuntariamente de su boca.
"¡Basta!" me aparté de ella provocando que cayera bruscamente sobre la cama.
"¿¡Por qué continúas rechazándome?! ¿tan desagradable te parezco?" me observó con la misma expresión que ella durante nuestra dolorosa despedida en el hospital.
¡Reacciona Terry! Esta mujer es Susana… no ella… gritó mi corazón inútilmente.
Mi cuerpo había decidido no escuchar razones.
"Eres una mujer muy hermosa, Susana" sonrió ilusionada "sólo un ciego podría obviar tu belleza" un brillo especial iluminó su mirada, y con la misma habilidad de la que hizo gala hace un momento, volvió a ponerse de pie sin ayuda.
"¿Entonces que te detiene?" susurró mientras colocaba una de sus manos sobre mi mejilla, deteniendo su rostro a escasos centímetros del mío.
Me sentí embriagado por su presencia.
¿Esto es lo que se siente al dejarse dominar por la lujuria?, me pregunté reconociendo mi inminente derrota… pero había un ingrediente más. Una mezcla que convertía esto en una situación demasiado peligrosa; mi mente delirante se empeñaba en ver reflejada en esta persona, a alguien que, aun al día de hoy, amo con locura y que no era Susana en absoluto, sino ella… Candy…
Así sería hasta que exhalara mi último respiro… incluso después de muerto la seguiría amando. No tenía dudas al respecto.
"Tú lo sabes… no podemos basar nuestro matrimonio en la fuerte atracción física que sentimos el uno por el otro… eso no es amor… yo no puedo vivir así…" dije sin apartar mi mirada de sus ojos azules.
De sus labios carnosos y perfectos.
"Entonces, sólo por hoy se mío. No me importa que me hagas el amor pensando en ella" habló acortando la distancia entre los dos "satisfáceme esta noche"
Dicho esto, tomó mi rostro entre sus manos, y sin esperar una respuesta, me besó. Sorprendentemente, yo le respondí con el mismo ímpetu.
Con movimientos sincronizados, desabotonó mi camisa hasta que se deshizo de cada prenda que le estorbaba. Tan desesperado me encontraba, que le ayudé en la labor de despojarme de mi ropa, hasta que ambos estuvimos en igualdad de condiciones.
Esto es un error, gritó mi mente obnubilada por la pasión, mientras mi boca creaba un camino de besos desde su cuello hasta su pecho, y mis manos, reconocían con fervor cada espacio y cada valle del cuerpo que se hallaba debajo del mío.
Tenía que detenerme. Me obligaba en vano a recordar las condiciones que puse para casarme con ella, y que ahora, después de casi 9 años de matrimonio, yo mismo quebrantaba.
Todos mis intentos por apagar este fuego que me consumía por dentro resultaron inútiles. Estoy envuelto en un mar de pasión que me consume. No es Susana la que tengo bajo mi abrazo, sino el motivo de mis sueños y desvelos…
Candy…
Me encontraba tan perdido dentro de mis propios deseos y alucinaciones, que al abrir los ojos vi a la única mujer que amo, y que, por decisión propia, alejé de mi vida 9 años atrás.
Ansiaba saciarme de Candy. Necesitaba besar cada peca que decoraba su cuerpo, aspirar el aroma a rosas que desprende cada centímetro de su piel y esconder mi rostro dentro de su incontrolable cabello rizado.
Me desconecté por completo de la realidad y no me importaron las consecuencias.
Te amo tanto Candy, me dije mientras que, en un vaivén de movimientos, convertía irremediablemente en mí mujer a esta persona que se entregaba con fervor a mi abrazo.
Ahora reconocía que la lujuria es una emoción tan poderosa como el amor, pero a diferencia de él, la lujuria cuenta con fecha de caducidad.
El amor verdadero, en cambio, es eterno.
Cuando abrí los ojos, un rayo de sol filtrándose por una de las ventanas, se estrelló sobre mi rostro, pero esa incomodidad fue momentánea en comparación con la realidad que se me presentaba; Susana dormida apaciblemente a un lado mío completamente desnuda.
¿¡Qué he hecho!? me recriminé mientras me sentaba en la orilla de la cama tomando con ambas manos mi cabeza.
Unas horas atrás, el mundo dejó de importarme, y ahora, la culpa regresaba con más intensidad que antes.
¡Esto jamás debió haber sucedido! Soy un verdadero estúpido.
Pero ya no había marcha atrás. El hubiera no existía. Sólo esperaba que este acto irresponsable, no dejara consecuencias irreversibles.
Sin demora, me levanté, tomé mi ropa y comencé a vestirme. Necesitaba salir de aquí antes que Susana despertara.
Procurando hacer el menor ruido posible, me dirigí a mi habitación, tomé un baño y salí tan rápido de casa que ni las mucamas ni el mayordomo acudieron a mi encuentro.
El lugar que se convertiría en mi refugio sería el estudio de grabación. Tenía llamado hasta las siete de la tarde, pero no deseaba estar un minuto más en casa. Estaba fuera de toda consideración ir con mis padres. Les tenía confianza, pero este tema era demasiado íntimo como para desahogarme con ellos, así que preferí sufrir en silencio.
Continuará...
Notas de la autora
Recuerden dejarme sus reviews y que toda crítica sea constructiva.
Recalco, es terryfic (Candy&terry) y esta historia es contada desde el punto de vista de él. Saludos y los leo pronto.
