¡Hola! la verdad no fue una sorpresa para mi que el capitulo anterior recibiera comentarios negativos en cuanto a la escena entre Terry y Susana, pero me satisfizo ver que otro porcentaje igual de predominante me apoyó y espera con ansias la continuación de mi historia. Espero este capítulo sea de su agrado y como lo han hecho hasta ahora, me hagan llegar sus reviews.
Capítulo 3. La visita
En cuanto llegué al estudio, no saludé a nadie y me encerré en mi camerino.
Estaba sumido en las hieles de amargura y mi objetivo no era descargar mi coraje contra personas que no tienen la culpa de mi estupidez.
Reprimí mi deseo de destruir mi camerino a golpes. Quizás saciaría mi necesidad de descargar mi ira interna, pero en realidad, no solucionaría nada creando más caos a mi alrededor.
He crecido mucho como persona a lo largo de estos años. Ya no soy el adolescente rebelde e impulsivo del Colegio San Pablo, sin embargo, ayer por la noche actué como uno y no tenía excusa válida que justificara mi comportamiento.
Unos golpes tímidos llamando a mi puerta me sacaron de mis oscuras cavilaciones. El personal sabía que no me gustaba ser molestado a menos que fuese mi turno de entrar a escena, y faltaban varias horas para eso.
"Disculpe que lo moleste Sr. Grandchester, lo busca el Sr. William Andley" dijo el mensajero temeroso detrás de la puerta sin atreverse a asomar la punta de su nariz.
Al oír ese nombre, me levanté inmediatamente del sillón, tomé mi sacó y salí corriendo de mí camerino empujando al muchacho en el proceso. No estaba aseguro, pero tampoco me quitaba el sueño haberlo hecho.
En cuanto salí del estudio, vislumbré el auto negro de los Andley y a Albert admirando el edificio mientras era resguardado por varios custodios. Cuando me vio, me dedicó una fraternal sonrisa que me transportó a Londres y mis escapadas del Colegio San Pablo.
"No te imaginas el gusto que me da verte, Albert" lo envolví en un fuerte abrazo.
Su visita había llegado en el momento que más necesitaba de un amigo.
"Ya sabes que durante mis visitas de trabajo aquí en Nueva York, siempre tengo reservado tiempo para los amigos, Terry" me sonrió mientras colocaba una de sus manos sobre mis hombros.
"Quien nos viera ahora, jamás imaginaría nuestro turbio pasado como rebeldes e inadaptados sociales en Londres, ¿recuerdas?" dije.
"Como olvidar la mejor época de mi vida. A decir verdad, extraño bastante mi facha de vagabundo. Es mucho más cómoda y práctica" sonrió.
Como yo, Albert había recortado su cabello. Su ropa casual había sido sustituida hace años por impecables _y costosos_ trajes de marca de tres piezas en su mayoría negros. Nadie podría poner en duda al verlo, que él era el patriarca de una de las familias más poderosas de América.
"Crecer y madurar es un proceso aburrido" se rió ante mi comentario y eso fue suficiente para alertar a varios transeúntes de mi presencia.
El caos se originó un par de segundos después. Murmullos y gritos de emoción se escuchaban a nuestro alrededor. Fanáticos y admiradores _en su mayoría mujeres de todas las edades_ nos rodearon solicitando mi autógrafo, y hoy precisamente, no estaba de ánimo para ello.
"Creo que es momento de ir a otro lugar ¿te parece si vamos a la mansión a platicar?" no pude estar más de acuerdo con su propuesta.
En cuanto entramos al auto, nos vimos rodeados por un grupo de gente tan emocionada de verme, que ignoraban el peligro que implicaba colocarse al lado de un vehículo en movimiento, pero gracias a la habilidad del chofer de Albert, y la continua protección de sus guardaespaldas, pudimos salir ilesos de la situación.
"Si no estuviese aun aterrado por la escena, diría que te envidio, Terry" reí mientras lo veía observar al mar de gente que dejamos atrás.
"Me alegra que al menos a alguien le cause gracia en lo que se ha convertido para mi una salida casual a la calle, Albert" dije divertido.
"Eres un actor conocido, mi amigo. La fama te sigue a donde quiera que vayas" asentí resignado "¿cuánto tiempo tienes disponible?" preguntó Albert mientras nos acercábamos rápidamente a la mansión que los Andley tenían en Nueva York.
Es una edificación imponente y majestuosa. De eso no cabía la menor duda.
"Un par de horas. Tengo llamado a las 7 de la tarde. La filmación será por la noche" dije.
"Perfecto. Joseph, no iremos a la casa principal. Diríjase a mi Chalet" el chofer hizo lo que se le indicó.
No me sorprendió que, dentro del inmenso terreno de la mansión de los Andley, Albert tuviese un Chalet, y menos que esa casa, distara mucho en dimensiones de aquella que vi en la entrada varios metros atrás.
"Regrese a las 18:30 horas para llevar a Terry al estudio, Joseph. Dígale al mayordomo que no deseo ser molestado" con discreción, el chofer asintió y desapareció de nuestra vista.
"No sabía que tenías un Chalet, Albert" dije mientras admiraba la fachada lisa y los grandes ventanales de esta casa.
"Es relativamente nueva. Necesitaba un espacio para mí, lejos de los lujos de la casa principal" me sonrió y entramos "Aquí me siento libre nuevamente. Al menos, lo que dure mi estadía en Nueva York" al oírlo hablar sentí cierta tristeza.
Albert era un alma libre que ahora era incapaz de volar por voluntad propia.
La vida es injusta y cruel con muchos de nosotros.
"Definitivamente no es estilo barroco" dije mientras me detenía a admirar la ausencia de lujos y ornamentaciones del interior del Chalet.
Albert me sonrió mientras colocaba su saco en un sencillo perchero de fierro. Acto seguido se dirigió a la cocina.
"Este nuevo estilo es perfecto para mí. Simple y sin ostentaciones. Incluso el diseño escueto de los muebles es ideal. No necesito más. Si por mi fuera, cambiaba el estilo barroco de todas las mansiones, por el Bauhaus"
Creo haber leído algo de esta nueva tendencia que está revolucionando la arquitectura y el diseño mobiliario tal cual lo conocemos. Puedo comprender porque Albert está atraído al ver la magnificente simplicidad de este estilo.
"¿Por qué no lo haces? Eres el patriarca de la familia ¿no es así?" se sentó frente a mi mientras colocaba una tetera y dos tazas sobre la mesa de cristal de la sala.
"Nada me resultaría más satisfactorio, pero, aunque soy el jefe de la familia, no puedo tomar esa clase de decisiones solo. Mi vida ya no es tan fácil como hace unos años" volvió a sonreírme con melancolía.
Conocía a Albert y sabía que una de las cosas que más le desagradaba era no tener el control de las riendas de su vida.
A pesar de lo difícil de su situación, la actitud que tiene es admirable. Siempre me brinda una sonrisa y me da ánimos cuando lo necesito. Su sabiduría va más allá de su edad.
Estoy seguro que de estar en mi lugar, él no habría cometido la misma tontería que hice anoche.
Me es inevitable caer en la cuenta, de que me falta mucho camino por recorrer para estar a la altura de mi amigo.
"Comprendo el sentimiento, ser adulto es demasiado fastidioso" ambos reímos de buena gana. Se sentía muy bien reír por tonterías como en el pasado.
En cuanto tomé la taza de té y aspiré su aroma, los recuerdos inundaron mi mente.
"¿Té de Rosa Inglesa?" expresé con añoranza.
Albert me sonrió mientras daba un sorbo a la infusión.
"La mando traer desde Londres. Es mi sabor predilecto" dijo.
Tenía que pedirle que me regalara algunos paquetes de esta infusión. No venden Té Whittard en Nueva York, y, como buen inglés, estoy acostumbrado a beber una taza diaria a medio día. Y esta marca es mi predilecta.
"Era feliz en esa época y no lo sabía…" capté la mirada de mi amigo mientras veía mi propio reflejo en el líquido que aun había dentro de la taza "… si pudiera darle un consejo a mi yo adolescente, le diría que se la robe. Que esa joven pecosa es su más valioso sueño"
Distraídamente, coloqué la taza sobre la mesa y solté un largo suspiro mientras cerraba los ojos recordando aquellos preciosos años de juventud.
Pensar así me hacía sentir viejo y cansado, cuando en realidad soy un joven de 27 años.
"Te noto agobiado, Terry, ¿problemas en casa?" solté un resoplido sarcástico.
Si tú supieras…
"Mejor dime ¿cómo le va a Archie en su vida de casado?" intencionalmente desvié el tema.
No deseaba hablar de mí por el momento.
Albert lo comprendió y no insistió. Después de todo, mi actitud le dio la respuesta a su pregunta.
"Bastante bien. Él y Annie son padres de dos maravillosos niños; Ethan ya tiene 4 años y Rose 2 años" sonreí y levanté la mirada hacia él con demasiada curiosidad.
Es agradable saber que en el mundo existe gente satisfecha con la vida que lleva.
Que la felicidad, no es un sueño plasmado en las hojas de los libros.
"Me alegra. Tuvieron una larga relación antes de tomar el siguiente paso" al oír mis palabras, Albert se reclinó en el respaldo del sillón con una expresión seria y distante.
"Hubo una época en la que sus caminos se separaron. Un evento muy fuerte sacudió a alguien querido por ellos. Eso provocó que Annie pusiera su situación en perspectiva y decidiera poner fin a su relación con Archie para buscar su propio camino. Se emancipó antes de llegar a la mayoría de edad" dijo sin dar más detalles.
"No estaba al tanto de ello. Las veces que he visto a Archie no tocamos ese tema" dije.
"Ambos han madurado mucho, especialmente Annie. Ya no es la jovencita tímida e insegura que conociste. Ahora es una mujer segura y feliz" Albert tenía dibujado en su rostro una sonrisa llena de satisfacción que muy rara vez usa "en contra de la opinión de sus padres, viajó a Canadá. Deseaba abrirse paso en la vida por ella misma sin depender de un hombre ni de su apellido. Fue ahí donde encontró su vocación de escritora. Al llegar a Chicago después de 4 años de ausencia, Archie y ella se volvieron a ver por accidente. Recuerdo que él me dijo que se quedó impactado al verla. Físicamente había cambiado poco; estaba más delgada y había cortado su cabello, pero fue su personalidad lo que finalmente hizo que se enamorara perdidamente de ella" terminó de beber su infusión y dejó la taza sobre una mesa auxiliar que estaba a un costado suyo.
"Me alegro mucho por ambos. Es una escritora de novelas románticas e infantiles muy famosa. He visto sus libros publicados en bibliotecas alrededor de la ciudad. Mi hermana es una lectora suya muy dedicada" dije y recordé las muchas veces que Alisa me ha pedido que le lea algunas páginas de sus libros antes de dormir.
"Le alegrará saberlo. Ella te recuerda con mucho cariño y sigue muy de cerca tu carrera. Es admiradora tuya" él sabía mejor que nadie que me incomodaban esos comentarios, pero Albert disfrutaba haciéndolos y yo se lo permitía.
Es una de las pocas personas que podían reírse abiertamente de mí.
Me apasiona actuar y por eso lo hago, pero la fama que conlleva mi trabajo, es una necesidad molesta que me veo en la obligación de soportar.
"En comparación con su trabajo, creo que la gente encuentra muy lúgubres y trágicas mis novelas" exclamé y solté una carcajada "su talento como escritora es mucho más grande que el mío"
"Annie es maravillosa en los géneros que se desempeña, pero tu subestimas bastante tu talento. Te sorprenderías al saber que conozco a gente que aprecia mucho tu narrativa" mi corazón saltó dentro de mi pecho al oír sus palabras.
¿Acaso ella lee los libros que escribo? Si es así ¿qué opina de ellos?
Albert y yo teníamos una regla sobreentendida; jamás hablar de Candy o de lo que ha sido de su vida después de nuestro rompimiento. Era demasiado doloroso, y él como siempre, respetó mi sentir.
Lo que sabía además de lo que mi padre me había dicho, es que Albert mismo la reconoció como su hija ante la sociedad, y los medios, mantuvieron la nota en primera plana durante semanas.
Ansiaba con locura saber más de ella, pero era mejor abstenerme a preguntar.
Prefería no indagar que ha sido de su vida después de mí. No soportaría saber que me ha olvidado. Que sólo formo parte de un amargo recuerdo.
"Creo que te menosprecias bastante, Terry. Tus libros La despedida y Rosal de lágrimas, son bastante aclamados por la crítica especializada. En estos tiempos es un logro magistral. Aun no comprendo porque no los publicas con tu nombre verdadero. Sería un doble éxito" el orgullo con el que hablaba, me hizo sonreír.
Su reconocimiento valía más que todas las críticas que hasta ahora se han escrito de mi trabajo.
"Escribir es sólo un pasatiempo. Una especie de terapia que me ayuda a lidiar con mi vida y mis problemas. Por ese motivo, publico bajo el seudónimo de John Arden. Sólo tú lo sabes" me sonrió como si conociera de antemano mi respuesta.
A veces tengo la impresión que Albert sabe más de mí, que yo de mi mismo.
"Agradezco la confianza depositada en mí y sabes que siempre espero con ansias tu próximo libro, ¿cuándo publicas el siguiente, por cierto?" preguntó.
"Aun estoy trabajando en él. Mi editora me esta presionando para que termine los últimos capítulos, pero, estoy falto de inspiración. Me ha constado trabajo continuar escribiendo estos días" la mirada inescrutable de Albert estaba clavada sobre mí.
Paciente, esperaba a que estuviese listo para hablar.
Él sabía que necesitaba sacar lo que carcomía mi pecho desde esta mañana.
"Hice una estupidez…" admití y bajé la mirada mientras cubría mi rostro con mis manos.
"Parece que estás cargando el mundo sobre tus hombros. Hace muchos años que no te veía así. ¿Qué es lo que sucedió?"
Si con alguien podía hablar de lo sucedido, era con Albert. Confío ciegamente en él y su discreción.
"…tuve… intimidad con Susana" de la preocupación pasó a la confusión mientras fruncía el ceño.
Por su expresión, me dio la impresión que no sabía si debía tomar mi comentario seriamente o como una extraña broma.
"Susana y yo no gozamos los privilegios de marido y mujer desde que nos casamos. Sólo me uní a ella para cumplir mi promesa de velar por su bienestar después que perdiera su pierna al protegerme. No deseo formar una familia sin amor, tal cual hizo mi padre y su ex esposa. Pero ayer yo… ¡maldición!" grité y golpeé mis rodillas con mis puños.
"¿Ya hablaste con Susana?" negué con la cabeza.
"A pesar de todo, no deseo lastimarla al decirle que lo sucedido anoche fue un terrible error. Que tuve intimidad con ella pensando en otra mujer" la expresión del rostro de Albert se entristeció de golpe.
Soltó un amargo suspiro mientras recargaba su barbilla sobre sus nudillos y evitaba mi mirada.
¿Hablé demasiado?
"Perdóname, Albert. No debí decir lo que dije…" me excusé. Candy es como una hermana para él. Mi plática debe resultarle incómoda.
"No me malinterpretes, Terry. Me considero tu amigo, y aun así, desconocía esa parte de tu vida" se reprochó mientras apretaba ligeramente sus puños bajo su barbilla "sabía el motivo por el que te casabas con Susana, pero de verdad esperaba que hubieses encontrado un punto de entendimiento con ella" su mirada afligida sólo demostró la sinceridad de sus palabras.
"Mi vida al lado de Susana es un infierno congelado. Hay días pacíficos, pero jamás felices. Sus crisis emocionales van en aumento, sumado a ello, Margot no ayuda a que la salud mental de su hija mejore, al contrario" resoplé molesto "a veces me dejo llevar por el dolor y pienso que si en esto se iba a convertir mi vida, habría preferido morir ese día en el teatro" espeté hastiado.
"No digas eso, Terry" se sentó a un lado mío mientras colocaba fraternalmente una de sus manos sobre mi espalda.
Levanté la mirada hacia el ventanal que estaba a frente a nosotros y pude admirar las rosas blancas que Anthony creó especialmente para Candy.
Me sentía indigno de verlas, así que, avergonzado, bajé mi mirada hacia el suelo.
"He tenido relaciones de una noche durante mis giras con algunas mujeres a las que jamás vuelvo a ver. No soy un santo, pero ayer fue diferente. Perdí por completo la cabeza" me sentía desesperado.
"No tienes porque justificarte conmigo Terry. No te juzgo, pero te daré un consejo; permítete ser feliz y olvida de una vez la promesa que le hiciste a Candy. Si la vida que llevas no te satisface, busca otro camino en lugar de continuar lastimándote. Se egoísta por una vez en tu vida. No está mal que busques tu propia felicidad. Vive, Terry"
Me quedé sin palabras.
Cómo siempre, Albert tiene razón. No me decía nada que no supiera y ese era el problema.
"Ven, vamos a caminar por el jardín"
Sin decírmelo dos veces, salí del Chalet y llegué al campo donde estaban las rosas blancas. A donde quiera que mirara, veía esta flor dándome la bienvenida, y su presencia me dejó sin habla. Era la primera vez que las veía tan cerca.
No exageraba la gente al decir que esa rosa, tenía un brillo místico y fuera de lo ordinario que te obligaba a voltear a verla.
Anthony captó a la perfección la esencia de ella… Extraordinaria. Bella. Dulce.
"Mandé traerlas desde Lakewood. Es un homenaje a Anthony. La tía abuela antes de morir, me pidió que en todas nuestras propiedades estuviese esta rosa. No quería que él fuera olvidado" me hinqué frente a un rosal y dejé que su suave aroma llenara mis sentidos.
Cerré los ojos y recuperé la calma.
Huele exactamente a ella, me dije mientras acariciaba apenas con la yema de mis dedos los suaves pétalos blancos de la rosa.
"Necesitas distraerte, ¿te apetece salir a comer a la ciudad? Estoy de ánimo para vivir otra aventura como la de esta mañana contigo" asentí mientras rodeaba mis hombros con uno de sus brazos.
Aunque los custodios de Albert nos protegían todo el tiempo, fue inevitable que admiradores intrépidos se acercaran pidiendo mi autógrafo. Albert por supuesto, se reía abiertamente de la situación mientras veía la fila de mujeres que, impacientes, aguardaban su turno para tener unos segundos de mi atención.
"Por fin. Ella fue la última" triunfante y agotado, dejé caer mi pluma fuente en la mesa mientras dejaba olvidado en un rincón de la mesa mi plato de salmón a medio empezar.
"Me siento muy orgulloso de tus logros, Terry. Has llegado muy alto. Tu sueño se ha hecho realidad" recordé nuestras pláticas en el zoológico y asentí.
En cierto punto, tenía todo lo que un hombre exitoso deseaba; una esposa hermosa, una situación económica privilegiada, y además, estoy en la cima de mi carrera.
Pero no soy feliz.
Lo único que hago es llenar con trabajo el vacío que existe en mi alma desde hace 9 años.
"Disculpe Sr. Grandchester… ¿podría darme su autógrafo?" preguntó nerviosa una joven de no más de 17 años de edad.
"Por supuesto" le sonreí.
Entusiasmada, me extendió una libreta, tirando lo que traía en sus manos en el proceso.
"¡Perdón!" repuso apenada mientras le ayudaba a recoger sus libros, viendo con beneplácito que, en su mayoría, eran de mi autoría.
"Veo que eres admiradora de John Arden" asintió encantada.
"Amo su trabajo. He leído todos sus libros. Me gusta llevarlos conmigo para leerlos en el colegio durante los recesos" respondió con una sonrisa.
Albert aclaró su garganta, y cuando posé mi mirada sobre él, tenía una expresión bastante divertida en su rostro. Sin palabras enunciaba un "te lo dije"
"A nombre de quien firmo el autógrafo" pregunté ignorando la risa de Albert.
"¡Candy!" resoplé con sorpresa en contra de mi voluntad.
Sin darme cuenta, la pluma fuente se resbaló de mi mano mientras esa conocida añoranza tomaba preso nuevamente a mi corazón.
"Terry…" levanté la vista hacia Albert "Tu pluma"
"Ah si, perdón" dije rápidamente recuperando la compostura.
"¿Está usted bien?" preguntó consternada la joven.
"Lo que sucede es que hacía mucho tiempo no oía un nombre tan hermoso como el suyo, señorita" le sonreí y conseguí que se sonrojara en el proceso.
Instintivamente, firmé con más dedicación el libro de Romeo y Julieta que me extendía.
Con todo mi amor para Candy. Te quiere siempre, Terry.
Como si las palabras escritas en el papel fuesen su más grande tesoro, la joven con el nombre de la persona que más amaba, se retiró del lugar con una dulce sonrisa adornando su rostro.
Agradecí a Albert que no hiciera mención de lo ocurrido dentro del restaurante el resto de la tarde, y como si comprendiera que necesitaba despejar mi mente de todos mis problemas, se encargo de contarme las historias más graciosas e increíbles que ha escuchado a lo largo de sus viajes alrededor del mundo.
Gracias al enorme carisma que posee, me hizo reír tanto, que el estómago me dolía cuando su chofer llegó al Chalet a recogerme.
"Deberías ser actor, Albert. Tienes talento" retiré las lágrimas que se asomaban por las comisuras de mis ojos.
Hacía muchos años no me reía hasta llorar como ahora.
"El trabajo de la farándula te la dejo a ti, pero me alegra saber que en algo fui de ayuda el día de hoy" me extendió su mano en señal de despedida.
Albert representaba al hermano mayor que jamás tuve y siempre deseé.
"Has hecho más que eso. Como siempre, me hizo muy bien platicar contigo. Muchas gracias por escucharme y aconsejarme" negó con la cabeza.
"No hagas caso omiso a lo que te dije. Olvida viejas promesas y sé feliz" asentí.
"Lo haré" con la sencillez que lo caracteriza, me sonrió.
"Me voy de Nueva York preocupado por ti, pero me tranquiliza saber que regresaré pronto. Debo atender por unas semanas el corporativo que tenemos aquí, así que no será una despedida larga como en años pasados" dijo y me alegró saber que lo vería más de dos veces este año.
Con esa promesa, partí hacia el estudio de grabación con la mente y el corazón más ligeros.
Pasadas las 8 de la mañana del día siguiente, regresé a casa. El peso dentro mi pecho se hizo latente cuando crucé el umbral y vi a Susana frente a mi, sonriente y con sus brazos extendidos en dirección mía.
Sabía que cuando le confesara que lo sucedido entre nosotros había sido un error, desataría una fuerte disputa entre nosotros, pero hace tiempo aprendí la lección de que siempre es mejor enfrentar la verdad, por muy dura que esta sea.
Es momento de asumir la responsabilidad de mis actos.
"¡Bienvenido, Terry!" besé su frente, pero cuando su mirada y la mía se encontraron, supe que no es la reacción que ella esperaba.
"… creí que después de lo que sucedió entre nosotros, nuestro saludo sería más cariñoso" susurró.
"No es prudente tratar este tema aquí, Susana. Vamos a tu habitación" dije mientras las mucamas nos daban privacidad.
"¡Para ti ningún lugar es el apropiado para hablar de nosotros!" gritó mientras acercaba su silla hacia mi "quiero hablar aquí y ahora"
En un acto de osadía se puso de pie, y furiosa, aferró sus manos sobre mi pecho.
"¡Susana, te puedes caer!" dije mientras la tomaba por la espalda.
"¡No me importa caerme! ¡ya sé lo que me vas a decir y no quiero escucharlo!" vociferó mientras me veía con rabia y resentimiento.
"Necesito que me escuches" hablé calmadamente, pero ella negó repetidamente con la cabeza.
"No quiero oírte. ¡No quiero!" aferró con fuerza sus manos sobre mi camisa mientras me sacudía ligeramente.
"Esa noche jamás debió suceder. Fue un error y lo sabes tan bien como yo" en respuesta, recibí una bofetada que provocó que ella perdiera el equilibrio y cayera pesadamente al suelo.
"Susana, ¿¡te hiciste daño?!" me hinqué inmediatamente a su lado, pero con una de sus manos me alejó de ella.
"TU ERES EL QUE ME HACE DAÑO. NO TE QUIERO VER, ¡VETE!" gritó histérica mientras golpeaba incesantemente mi pecho sin dejar de llorar "¡TE ODIO!"
"Susana, contrólate" al escuchar los alaridos de mi esposa, varias mucamas y el mayordomo nos rodearon.
"¿Quiere que lo ayude en algo, Señor Grandchester? ¿llamo al médico?" negué con la cabeza mientras intentaba controlar a Susana.
"Regresen a sus labores" espeté mientras la tomaba entre mis brazos y la subía rápidamente a su habitación.
No dejó de llorar y maldecirme durante el trayecto. Estaba completamente fuera de sí y quizás no la culpaba del todo esta vez.
Si me hubiera controlado esa noche… no puedo justificarme alegando que estaba alcoholizado. Tuve relaciones con ella estando en mis 5 sentidos. Ahora tenía que afrontar las consecuencias.
"¡BASTA YA, SUSANA!" grité y el eco de mi voz dentro de la habitación la hizo guardar silencio de golpe.
La coloqué sobre su cama y me dejé caer pesadamente sobre una silla.
Su mirada azorada se mantuvo clavada sobre mí.
Solté un largo suspiro al ver que finalmente había conseguido que se serenara.
"¿Por qué es tan difícil comunicarnos?" pensé en voz alta mientras escondía mi rostro entre mis manos "no estoy orgulloso de lo que hice, pero no puedo dar marcha atrás. Me hago responsable de mis acciones y me disculpo por ello" dije y levanté mi mirada hacia ella.
La veía dolida, pero calmada. A estas alturas ya era una ganancia.
"¿Tan arrepentido estás por haber hecho el amor conmigo?" resoplé desesperado.
¿Por qué se empeña en hacer preguntas cuyas respuestas no está preparada a escuchar?
"Eso no fue hacer el amor, Susana… fue un acto irresponsable que jamás volverá a ocurrir" se enderezó de la cama dispuesta a darme una bofetada, pero esta vez la detuve "aunque no lo creas, mi intención jamás fue herirte" dije.
"Pues me estás hiriendo. ¿Es por ella verdad?" la solté "esa mujer es una sombra en nuestro matrimonio" la observé con incredulidad.
No podía creer lo que estaba escuchando.
"¡No seas ridícula, Susana! ¿¡de qué matrimonio estás hablando?! A ti y a mi sólo nos une un papel firmado, pero ¡entre tu y yo no hay nada!" me puse de pie y me encaminé a la puerta.
Sabía en que acabaría esta discusión si no la terminaba ahora.
"La noche pasada, tu cuerpo expresó otra cosa. Me amaste apasionadamente, Terry" en cuanto la escuché, me giré violentamente hacia ella.
¿¡Qué tan ciega puede ser una persona!? pensé mientras sentía como toda la frustración que he mantenido reprimida, emergía explosivamente desde mi interior.
"¡ESO NO FUE AMOR! HASTA ALGUIEN TAN CIEGO COMO TU PUEDE DARSE CUENTA DE ELLO" hasta que me dolió la garganta, fui consciente del volumen de mi voz. Con desesperación, prensé mis manos sobre mi cabello.
La caja de pandora ahora estaba abierta. No había manera sutil de cerrarla.
"¡TENÍA INTIMIDAD CONTIGO PENSANDO EN OTRA PERSONA! ¡¿SATISFECHA?!" me molestaba perder los estribos de esta manera.
"Ella, siempre ella. ¡La odio! Ojalá se muriera" levanté la mirada y tuve que hace acoplo del minúsculo resquicio de autocontrol que me quedaba para no obligarla a tragarse sus palabras.
En lugar de ello, preferí golpear con mi puño la pared, consiguiendo lastimarme gravemente los nudillos. Era tanto mi coraje, que no sentí dolor en ese momento.
"Lo mejor será que me retire a mi habitación. No tiene sentido continuar con esta discusión" giré la manija de la puerta dispuesto a irme, pero su voz me detuvo.
"¿Sabes, Terry? justo ahora puedo estar embarazada de un hijo tuyo" sus palabras consiguieron que volviera a clavar mi mirada sobre ella.
No me flagelaría toda mi vida por ese momento de debilidad. Estoy harto de vivir de esa manera, pero admito que la culpa me carcomía por dentro de sólo imaginar a Susana encinta.
"Por el bien de esa criatura espero estés equivocada. No tienes siquiera idea del infierno que sería para ese niño vivir dentro de un matrimonio tan nocivo como el nuestro" resoplé mordazmente ante su necedad mezquina "pero ¿qué va a saber alguien tan mimado como tú de esa clase de infelicidad?"
Sin darle oportunidad a responder con otra tontería, salí de su cuarto y me encerré bajo llave en mi habitación.
Ignorando la herida punzante de mi mano izquierda, me tiré sobre la cama.
Estaba agotado en todos los aspectos posibles; física, mental e incluso emocionalmente.
No tenía energía para nada.
Quizás, eso era algo bueno, porque tampoco sentía nada. Ni enojo, ni coraje, ni infelicidad.
Para alguien que experimenta tan intensamente sus emociones, esto era una especie de descanso a la que le daba la más cordial bienvenida. Con esa sensación de paz inundando mi pecho y mi mente, me sumí en las profundidades del sueño.
Continuará...
Notas de la autora.
Les dejo un beso, gracias infinitas por leer y apreciar mi historia y muchos abrazos. Nos leemos pronto.
