¡Hola! ¡varios reviews y mucha gente interesada en mi historia!

Es increíble y muy agradable saber que mis escritos son del interés de much s de ustedes. Y los que no gustan de lo que escribo, los invito cortesmente a buscar algo que les convenza. De verdad, no los obligo a permanecer aquí.

Sin más preámbulo los dejo con este nuevo cap.


Capítulo 4. Alisa

Los días posteriores, Susana y yo formamos una especie de tregua silenciosa. Nos hablábamos lo estrictamente necesario sin insultarnos o faltarnos al respeto. Me gustaba creer que esta fría cordialidad sería permanente, sin embargo, sabía que este momento no duraría lo suficiente.

La herida en mi mano fue, según el médico, una fisura que me molestaría por algunas semanas.

Lo que el doctor no sabe es que soy resistente al dolor.

La vida me enseñó desde muy pequeño a serlo.

Prueba de ello son las cicatrices que tengo sobre mi espalda.

Son un maldito recuerdo de la ex esposa de mi padre, la cual, en sus momentos de cólera o después de una discusión con él, me azotaba con su fusta, alegando que era el justo castigo que yo merecía.

Paria, malnacido. ¡Eres un bastardo que jamás será merecedor de nada!

¡Mi matrimonio es un infierno gracias a tú existencia!

Aun al día de hoy, recuerdo el silbido que producía su fusta antes de estrellarse con saña sobre mi espalda.

Nunca derramé una sola lágrima ni pronuncié una exclamación de dolor.

No le di jamás ese gusto a esa mujer.

"¿Cómo sigues de tu mano, Terry?" la dulce voz de mi hermana me trajo bruscamente a la realidad.

Le sonreí mientras un suspiro de alivio completamente involuntario, escapaba a través de mi boca.

Esos oscuros momentos de mi vida quedaron en el pasado. No podrán volver a lastimarme, pensé mientras Alisa me observaba con aflicción.

"Me quitarán el yeso en unos días. Tienes un hermano mayor muy resistente, pulga" le guiñé el ojo y me sonrió.

"Fue una suerte que la lesión no fuese seria. Necesitas ser más cuidadoso cuando estés en filmación. Aunque la utilería es falsa, no significa que sea rompible" dijo mi madre mientras nos dirigíamos a la sala. Sin una razón en particular, decidí visitarlos. Me gustaba estar en compañía de mi familia.

La versión que les di de mi lesión es que, durante el rodaje de la película, di un golpe en el lugar equivocado. No deseaba agobiarlos.

Eran problemas míos.

Nadie más que yo tenía que ser responsable de ellos.

"Mi amor, ¿no le darás a Terruce la noticia?" preguntó mi padre mientras se sentaba a un lado de mi madre.

Confundido, levanté la mirada hacia ellos.

"¿Qué sucede?" pregunté inquieto.

Mi madre se veía preocupada y emocionada a la vez.

Es inusual verla en ese estado.

"Me están invitando a participar en una obra de teatro" abrí los ojos sorprendido.

¿Por eso está tan nerviosa? Debo ser un ogro si cree que me enfadaré por eso.

"¿¡De verdad?! Que excelente noticia, mamá" Alisa tomó asiento a un lado mío y empezó a jugar con su muñeca.

"Es una obra musical…" me sonrió emocionada.

Era un reto extraordinario para ella.

Yo incursioné en el género musical hace poco. El resultado superó por mucho mis expectativas. Me preparé durante meses asistiendo a clases de canto y baile.

Mi propia madre fue mi mentora algunas ocasiones.

Amo las obras Shakesperianas, pero no me veo encasillado solamente en ese género.

De ahí mi búsqueda en ampliar mis horizontes, ahora, hacia las películas.

Deseo convertirme en un actor versátil.

Al menos en el ámbito profesional, estaba alcanzando mis objetivos.

"Lo harás bien. Aceptaste ¿verdad?" por la sonrisa que se dibujó en sus labios, adiviné la respuesta.

"Sólo hay un inconveniente. No podemos llevar a Alisa con nosotros. La producción será en Escocia y debemos partir inmediatamente. Los ensayos empezarán en unos días y, aprovechando el viaje, tu padre irá a Londres para agilizar la cesión de título de duque a tu medio hermano"

Por la alegre expresión que se dibujaba en el rostro de mi hermana, sospeché que ella ya estaba al tanto de lo que mi madre me exponía. Le sonreí mientras besaba sin razón alguna la coronilla de su cabeza.

Me gusta ser afectuoso con ella en privado o en público.

Sólo Alisa tiene ese privilegio.

"La obra durará solamente tres meses, pero estaré ocupada con los ensayos y no podré estar al pendiente de ella. Una opción sería que acompañara a Richard a Londres, pero tu padre y yo no creemos prudente que conviva con sus medios hermanos" fruncí el ceño y asentí con seriedad.

Estoy completamente a favor de esa decisión.

No deseo que Alisa conviva con esas personas.

Mientras más rápido termine mi padre con la cesión de título, mucho mejor. Ni Alisa ni yo necesitamos de ellos.

"¿Crees posible que pueda quedarse contigo estos meses? Alisa está por terminar su año escolar y el siguiente iniciará mientras nosotros estemos de viaje" dijo mi padre.

"Por supuesto que puede quedarse conmigo. No son necesarias tantas explicaciones" ambos sonrieron, pero me observaron contrariados.

Era evidente que el verdadero motivo de su preocupación es otro.

"¿¡Entonces podré quedarme contigo!?" preguntó ilusionada mientras se hincaba en el sillón y abrazaba su muñeca fuertemente contra su pecho.

"Por supuesto que sí, pulga" su mirada llena de júbilo me desarmó por completo.

Me dio la impresión que le había dado la mejor de las noticias.

"¡Yupi, me quedaré con mi hermano!" sonriendo, envolvió mi cuello con sus bracitos.

Era tanta su felicidad de saber que estaría conmigo tres meses, que accidentalmente golpeó con su rodilla mi brazo lastimado.

"¡Alisa, mi cielo! cuidado con la mano de tu hermano" como si de un clarinete militar se tratara, mi hermana se alejó de mi con una expresión compungida.

"Perdóname, Terry. ¿Te lastimé mucho?" en respuesta a su pregunta, alboroté su cabello rubio con mi otra mano.

"Por supuesto que no pulga saltarina y latosa" inmediatamente me sonrió "¿podrías hacerme un favor? Tráeme un vaso con agua"

Entusiasmada asintió y se alejó danzando hacia la cocina.

"No deseamos que esta situación te cause más problemas con tu esposa, Terry" expresó mi madre abiertamente sus preocupaciones.

"No permitiré que ningún extraño cuide de mi hermana. Punto" dije y con eso zanjé el tema.

Cuando llegué a casa y le informé a Susana que Alisa viviría con nosotros tres meses, se puso contenta. No esperaba dicho entusiasmo después del desagradable encuentro que se dio durante el cumpleaños número siete de mi hermana.

Mis padres habían prometido traerla en dos días, lo que significaba que, durante ese corto tiempo, Susana pondría a trabajar a todo el personal de la casa a marchas forzadas para que el cuarto estuviese listo a tiempo, y dicho sea de paso, el resultado final superó mis expectativas.

Era el espacio digno de una pequeña princesa.

Susana no escatimó en dinero para crear el ambiente idóneo donde mi hermana se sintiera a gusto rodeada de lo que ella más amaba; el color rosa, muñecas, y sobre todo, libros. Muchos libros.

"Es perfecto. A mi hermana le encantará" dije mientras veía como uno de los sofás estaba repleto de todo tipo de muñecas, con las que seguramente, mi hermana se pondría a jugar inmediatamente.

"Eso espero" respondió ilusionada mientras admiraba el resultado de su trabajo.

Es la primer plática cordial y agradable que teníamos en muchos años sin que terminara en una disputa.

"Disculpe Sr. Grandchester, la Srta. Alisa y sus padres han llegado"

"Gracias Wilfred" tomé a Susana entre mis brazos y nos encaminamos a la sala.

El eco de las alegres carcajadas de mi hermana podían escucharse en cada rincón de la casa. Era tanta su emoción, que incluso fue inevitable que apareciéramos en el umbral de la sala con una sonrisa.

En cuanto coloqué a Susana en su silla de ruedas, Alisa se acercó a ella y le dedicó una diminuta, pero sincera sonrisa.

"Hola, Susana. Gracias por darme asilo en tu casa estos tres meses" sabía que mis padres la habían aleccionado para que dijera esa frase, pero no sería yo quien le quitara la intención de ser amable.

Quería que al menos estos tres meses, viviéramos en armonía.

No deseaba que mi hermana fuese testigo de nuestras constantes peleas.

"Es un placer. Espero te guste lo que te compré y la decoración de tu habitación" mi hermana fue incapaz de ocultar su emoción al oírla hablar.

Si algo la entusiasmaba, eran los regalos y las sorpresas.

"Es hora de irnos mi amor. Nuestro viaje a Escocia es largo" mi madre asintió acongojada mientras se hincaba frente a mi hermana y la abrazaba efusivamente.

Es la primera vez que se separaría tanto tiempo de ella.

"Mi cielo, por favor pórtate bien. Obedece a tu hermano en todo lo que te diga" mis padres la besaron en la mejilla una y otra vez. Se desvivían en proferirle mimos y consejos.

Ella, con una seriedad poco común en niñas de su edad, prestó atención a las indicaciones de mis padres para después envolverlos en un fuerte abrazo.

"¡Les escribiré todos los días una carta! Buen viaje" no había terminado de hablar cuando ya se encontraba corriendo emocionada por las escaleras.

Está ansiosa por ver su habitación.

"Creo que la extrañaremos más que ella a nosotros" reímos ante el comentario de mi padre.

"Les deseo buen viaje. Mamá, break a leg" mi madre me sonrió y me abrazó con fuerza antes de partir hacia la estación de tren.

Mientras me dirigía a la planta alta, podía escuchar los gritos y las carcajadas de mi hermana. Me detuve en el umbral de la puerta y la vi admirando con emoción los libros, sus muñecas, su cama con dosel. Todo era motivo de felicidad para ella.

Es tan sencillo ser feliz cuando se es niño…

"¿Te gustó tu habitación?" pregunté y Alisa asintió mientras dirigía su mirada hacia Susana.

"Muchas gracias. Me gustó mucho" dijo con cierta reserva, aunque sabía que era sincera.

El resto del día, Susana y yo nos dedicamos a jugar con mi hermana. Su imaginación es infinita cuando de inventar juegos se trata.

Tan absortos estábamos, que no sentimos el pasar de las horas hasta que la noche nos alcanzó.

"No puedo creer que sea tan tarde" Susana vio sorprendida la hora que marcaba el reloj que descansaba sobre uno de los muros. 9:45 pm "¿quieres que te ordene algo para cenar Alisa?" negó con la cabeza mientras me extendía un libro.

"¿Me lo lees?" asentí mientras veía que me entregaba uno de sus títulos favoritos, El Viaje de Ari y el Conejo, de Annie Cornwell.

Es un libro infantil que narra el viaje de un hada decidida a conocer el mundo. Sus compañeras le dicen que no lo haga. Que es demasiado pequeña para conseguir su objetivo, pero hace caso omiso, y acompañada de su inseparable amigo el conejo, se adentrará a un mundo lleno de dificultades y obstáculos que ponen a prueba su voluntad.

El hada, al final entiende que todo lo que necesitaba para salir adelante, se encontraba dentro de ella misma.

Me gusta la moraleja de esta historia. Quizás debería aplicarla en mi mismo.

"Su apellido de soltera era Britter" pensé en voz alta mientras veía su nombre marcado con letras doradas en el lomo del libro.

"¿De verdad? ¿cómo lo sabes?" sonreí ante la pregunta de Alisa.

Incluso Susana se mostró curiosa.

No es común que de detalles de mi pasado.

"Estudiamos juntos en el Colegio San Pablo en Londres, además, es esposa de un buen amigo mío" la mirada de mi hermana se iluminó mientras una enorme sonrisa se dibujaba en su rostro.

"¿¡Por qué jamás me lo dijiste?!" reí ante el mohín que adornó su rostro mientras cruzaba sus bracitos sobre su pecho. Estaba visiblemente ofendida.

"No lo creí importante, pulga" dije alborotando su cabello.

"No sabía eso, Terry. Jamás hablas de tus amigos" bajé la mirada hacia el libro mientras lo hojeaba distraídamente.

"Mis amigos son escasos. Puedo contarlos con los dedos de una mano. No los conoces porque no viven aquí, sino en Chicago" la expresión de Susana se ensombreció al escuchar mi respuesta.

"¡Cuéntame más!" exigió Alisa mientras saltaba en el sillón sobre sus rodillas.

"Discúlpenme, me iré a descansar. Buenas noches" entendí inmediatamente el origen de su repentino cambio de humor.

Chicago, pensé mientras apretaba el puente de mi nariz con mis dedos.

"¿Por qué se enojó? ¿dije algo malo?" la pregunta de Alisa trajo mi mente a la realidad y le sonreí.

"No. Ahora ponte tu pijama para que te lea el libro. Recuerda que mañana tienes colegio" asintió emocionada.

Alisa no tardó en quedarse dormida. Había sido un día lleno de emociones para ella. Cuidando en no despertarla, retiré cuidadosamente la mano que tenía fuertemente aferrada a mi camisa, besé su frente y salí de su habitación con dirección a mi estudio.

Mi estado de ánimo en conjunción con las recientes situaciones de mi vida, eran el estímulo que necesitaba para continuar escribiendo mi libro.

Hace años, hubiese sucumbido ante el dolor de no ser porque empecé a vaciar mi mente en hojas de papel, las cuales, más tarde se convertirían en mis primeros libros.

Cada pasaje que narro, es un reflejo de mis pesadillas, mis tristezas más escondidas y lo que soy incapaz de expresar a los demás. Es la forma que encontré para lidiar con mi vida.

Me juré no volver a probar una gota de alcohol, y heme aquí, cumpliendo mi promesa.

Habían transcurrido un par de horas desde que me encerré en mi estudio, y finalmente, pude terminar de redactar el último capítulo de mi libro sin nombre.

No se lo haría llegar aun a mi editora. Quería afinar detalles antes de enviarle los primeros escritos, pero sobretodo, necesito ponerle titulo a mi trágica y sombría novela.

El protagonista de mi nueva historia se llama Piotr.

Es un joven ruso de 25 años que viaja alrededor del mundo buscando encontrarle sentido a su vida, después de haber perdido a la mujer que ama en una fatal caída por las escaleras. Para él, el amor tiene una mezcla mortal de dolor que es incapaz de sobrellevar. Sumido en las hieles de su agonía, se suicida esperando encontrar en el más allá, al amor de vida y la anhelada paz. Al final, Piotr se convierte en un alma en pena que es incapaz de encontrar en la muerte, lo que en vida perdió.

Suspiré satisfecho con el resultado.

Mis libros no tienen una moraleja positiva como los de Annie, al contrario, eran deprimentes e incluso oscuros.

No esperaba que a mucha gente le gustaran.

Escribía por el mero placer de hacerlo.

Inmediatamente, tomé otra hoja en blanco y comencé a redactar una carta cuyo destinatario jamás la recibiría. Permanecería resguardada junto con las otras dentro de la caja fuerte de mi estudio.

Se había convertido en mi ritual desde hace 9 años.

Candy ¿recuerdas lo que te comenté en mi última carta? Espero que sí, de lo contrario, pensaré que no tomas en serio nada de lo que te platico.

Finalmente, el día de hoy llegó mi hermana…

Cuando terminé de redactarla, doblé las hojas en tres partes y las introduje en su sobre mientras la guardaba cuidadosamente junto con las demás.

En ellas, vaciaba mis más íntimos pensamientos. Mis vivencias diarias, mis éxitos profesionales. Todo lo que sentía y pensaba, lo confiaba a esas hojas de papel.

Suspiré pesadamente y vi que el reloj marcaba las 4:42 am.

Como siempre, dormiría poco, pero es lo que menos me importaba.

Yo funciono con pocas horas de sueño.

"Hans pasará por ti a la escuela. No salgas del colegio hasta que lo veas" le dije mientras colocaba los libros de Alisa dentro del auto.

"¿Y tú estarás aquí cuando yo llegue?" negué apenado con la cabeza.

"Estoy en el rodaje de una película todo este mes ¿recuerdas? Te prometo regresar a casa para leerte un nuevo capítulo del libro que elijas" triste, bajó la mirada al suelo "No te pongas así, pulga" le dije mientras acariciaba una de sus mejillas.

"Es que no quiero estar con Susana tanto tiempo yo sola. No me agrada" me hinqué frente a ella y la tomé de la barbilla para que me viera a los ojos.

"Hagamos algo. Te daré el duplicado de la llave de mi estudio para que te escondas ahí cuando lo desees, pero con la condición de que no busques ninguna discusión con Susana, pero sobre todo, que ella no sepa que te di acceso" tomó la llave entre sus manos.

Era como si le acabara de dar un tesoro de gran valor.

"¿Ella no puede entrar ahí?" preguntó ilusionada mientras colocaba la llave alrededor de su cuello y la escondía dentro de su ropa.

"Nadie puede entrar. Ni siquiera la servidumbre. Es mi espacio privado y ahora es el tuyo, sólo si prometes que serás cuidadosa y discreta ¿Puedo confiar en ti?" asintió con solemnidad mientras colocaba uno de sus dedos sobre mis labios, obligándome a dibujar una extraña sonrisa en mi rostro.

"Así te ves mejor. Sonriendo" envolvió mi cuello con sus brazos y mientras le daba un beso en su mejilla, la coloqué dentro del auto.

"Hans, que nada le pase a mi hermana, por favor"

"Pierda cuidado, Sr. Grandchester"

"¡Nos vemos en la noche!" me gritó Alisa desde el auto mientras agitaba su manita en mi dirección.

Hice lo mismo hasta que la perdí de vista.

"No escuché cuando entraste a tu habitación" giré mi rostro y vi a Susana en el umbral de la puerta observándome con atención.

"Estuve ocupado en mi estudio" indiferente, me dirigí al salón.

Encendí el fonógrafo y me dejé caer en el sillón mientras escuchaba Nocturnes de Chopin.

En momentos como hoy, me gustaría subir todo el volumen para evitar escuchar a Susana. Eso generaría una discusión muy divertida.

La imagen que se desarrollaba en mi mente fue perfecta una vez que incluí a Margot y su histeria en escena.

Lo admito, me gustaría volver a ser ese chico irreverente que puso de cabeza en más de una ocasión el Colegio San Pablo.

Tan concentrado estaba en mi mundo imaginario, que dejé de prestar atención a Susana y sus inútiles intentos por indagar acerca de lo que estuve haciendo en mi estudio durante tantas horas.

"¿Me estás escuchando, Terry?" levantó sutilmente la voz haciéndome notar su presencia.

"Déjame oír la música" hablé sin moverme de mi cómoda postura.

No tenía ánimos de discutir con ella.

Podía gritar todo lo que quisiera. No le respondería.

Toda mi atención estaba puesta en la melodía que ahora mismo hacía eco en toda la casa.

Nocturno… es un buen título para mi libro, pensé mientras tomaba nota mental de ello.

En algún momento durante su monólogo, Susana se dio cuenta que sería inútil sacarme una sola palabra el día de hoy, así que decidió irse a alguna parte de la casa a descargar su frustración.

Antes de irme al estudio, le pedí a Wilfred que no perdiera de vista a Alisa.

Él sería responsable de ella durante mi ausencia.

A lo largo de las semanas siguientes, me percaté que el tiempo pasaba más rápido de lo normal.

Llegué a la conclusión de que la razón de dicho cambio era simple. Estoy contento.

Era una placentera rutina llegar a casa, escuchar la risa de mi hermana mientras me recibe con un abrazo y ver sus juguetes esparcidos por todo el salón. Incluso disfrutaba cuando la ayudaba a hacer sus deberes.

En casa, me veían sonreír con bastante frecuencia. No me ofendí al ver que la servidumbre, incluido Wilfred, mostraban con descaro su asombro.

Yo mismo estaba placenteramente sobrecogido.

La única que parecía cada vez más irritada era Susana. No me sorprendería que la base de su enojo fuesen sus absurdos celos.

Una mañana mientras Alisa se preparaba para ir a su último día de colegio, me lo hizo saber.

"Ya no la quiero aquí. Es muy ruidosa y desordenada" espetó molesta mientras me sentaba frente a ella con mis brazos cruzados.

"Alisa se comporta como cualquier niña de su edad. Por el desorden, no veo el motivo de tu molestia. No eres tú la que se encarga de escombrar la casa, sino las mucamas" bajé tanto el tono de mi voz, que cualquier ruido podía extinguir mis palabras.

No quería que mi hermana nos escuchara discutir, aunque no me sorprendería que a estas alturas ya lo hubiese hecho. No me ha dicho nada, pero en más de una ocasión la he atrapado observándome acongojada. Incluso triste. Tenía la extraña sensación de que deseaba decirme algo, pero no se atrevía.

Por Wilfred, estoy al tanto de que Alisa no ha tenido ningún altercado con Susana. Se la pasa jugando en el jardín o encerrada en mi estudio.

Lo más probable es que esté paranoico.

"¿Y sólo por eso no tengo derecho a opinar?" cerré los ojos frustrado.

"No discutiré contigo, Susana. Mi hermana no se iré de aquí y es mi última palabra. En todo caso, si tan molesta estás con su presencia, puedes irte cuando quieras con tu madre"

Me puse de pie, y sin darle oportunidad de responder lo que seguramente sería el inicio de una pelea, hablé.

"Hoy pasaré a la escuela por Alisa. La llevaré al estudio aprovechando que es su último día de clases y mi último día de filmación" frunció el ceño mientras resoplaba completamente disgustada.

"¡A mi jamás me has llevado! Toda tu atención es para tu hermana. Yo que soy tu esposa, no recibo el mismo trato" suspiré profundamente en un intento desesperado en no levantar la voz.

Es increíble lo que los celos llevados a un extremo obsesivo, son capaces de provocar en una persona.

"Afortunadamente, esa noche que vivimos no tuvo consecuencias. Si los celos que le tienes a Alisa son insufribles, no me imagino como te pondrías si hubiésemos tenido hijos" repentinamente palideció y guardó silencio.

Ahora mismo, estará preguntándose cómo es posible que este tan bien informado. La respuesta a esa interrogante es tan sencilla, que alguien con la mente tan obtusa como la suya, no podría siquiera sospecharlo.

"¿Co… cómo estás tan seguro…?" balbuceó nerviosa.

"¿No lo adivinas? Las mucamas lavan tu ropa" no necesité decir más.

Ella sabe a qué me estoy refiriendo.

El sonrojo que coloreó sus mejillas, era una mezcla de furia y vergüenza que en ningún momento pretendió disfrazar.

"¡Cómo se atreven a revelar mis intimidades!… no tenían derecho…" incómoda, bajó su mirada al suelo.

"Fue una orden mía, además, dejaron de ser sólo tus intimidades cuando existía la posibilidad de que quedaras encinta por culpa de mía ¿Por qué no me dijiste que hace 3 días empezó tu periodo?" era obvio que a Susana le incomodaba hablar este tema conmigo, pero poco podía importarme su malestar en este momento "no habrás pensado mentirme al respecto ¿verdad?" entrecerré mis ojos en su dirección y el carmín de su rostro se tornó más profundo.

"¡Por… por supuesto que no! Además ¡esos… esos son temas que la mujer no debe tratar con su marido!" respondió alterada.

"Deja tus escrúpulos absurdos a un lado. Tu deber era informarme que no habías quedado en estado en cuanto empezaste tu periodo" indignada, clavó su mirada sobre mi rostro.

"Seguramente estás contento que no quedé embarazada ¿verdad?" escupió su veneno y le respondí con la más cínica de las sonrisas.

"Bastante" ante mi respuesta, abrió sus ojos de par en par completamente incrédula.

En cuanto escuché los pasos apresurados de Alisa aproximarse a nosotros, me acerqué al umbral de la sala y segundos después apareció con una enorme sonrisa.

"¡Ya estoy lista!" la tomé en mis brazos y le di vueltas en el aire "¿tu brazo ya está bien?" preguntó.

"Por supuesto que si, pulga. Ya no tengo el yeso. Mira" abrí y cerré rápidamente mi puño mientras la bajaba al suelo, pero ella seguía observándome consternada.

¿Está inquieta por mi brazo o es algo más lo que le preocupa? me pregunté sin hacer audible mi pensamiento.

"¿Lista para tu último día de clases? Recuerda que hoy pasaré al colegio por ti y estarás el resto del día conmigo en el estudio" toda tristeza se borró de su rostro y gritó emocionada mientras aplaudía y corría por todo el salón "¿Ya ves como si eres una pulga?" dije mientras la envolvía nuevamente en mis brazos.

"¡jajaja, suéltame!" el eco de su carcajada me hizo reír.

Me gusta que me contagie su buen ánimo.

"Ve al auto. Enseguida te alcanzo" se despidió de Susana y desapareció de la estancia seguida de cerca por un par de mucamas "Wilfred tiene instrucciones mías de no permitir bajo ningún precepto que despidas a nadie" violentamente giró su rostro hacia mí.

Furiosa, frunció el ceño y torció su boca.

"¿Ahora me restas autoridad frente a los empleados?" sus facciones estaban completamente distorsionadas por el enojo.

"Si así lo quieres ver, sí. No permitiré que desquites con ellos tú coraje. No nos esperes despierta" no había terminado de hablar y ya me encaminaba al auto sin mirar atrás.

Continuará...


Notas de la autora.

Espero les haya gustado este capítulo y me dejen sus reviews, en caso contrario, no pierdan segundos o minutos de su tiempo en un review que será eliminado ;)

Les mando un beso y abrazo enorme y nos leemos pronto. Por cierto. Mi historia también esta en wattpad con el mismo nombre, solo que mi nickname ahí es Loreley2525.

Ahora sí, hasta el siguiente capítulo.