¡Hello! se me está haciendo una costumbre actualizar los días miércoles. Espero poder seguir con este ritmo. Alguien me pidió que hiciera los capítulos más largos, y créanme eso trato jajajaj

Espero que el capítulo de hoy les guste y me hagan llegar sus reviews


Capítulo 5. La invitación

Varias personas me reconocieron cuando dejé a mi hermana en la puerta del colegio.

Creo que, por esa razón, a ella le gusta que la acompañe hasta su aula.

Le gusta la atención mi presencia genera.

Recuerdo que cuando ella nació, yo ya era un actor reconocido.

Salir a la calle se había convertido en una espantosa odisea.

Me apasiona mi carrera, más no la fama que conlleva.

En un principio, tenía miedo de que los alaridos de los admiradores, los flashes de las cámaras o el asedio diario de los reporteros la asustaran, pero conforme fue creciendo, me sorprendió que contrario a mí, sonreía dulcemente a todos, y lo mejor de todo, les decía a todos que ella es mi hermana. Que está muy orgullosa de serlo.

Alisa no tiene idea de lo reconfortantes que fueron sus palabras.

Ella se convirtió en mi tabla de salvación durante la época más oscura de mi vida.

No me importa que tan egoísta sea mi aseveración.

Soy una persona dependiente de los seres que ama. Así funciono.

He aprendido a aceptarme con mis debilidades.

"¿Qué tramas, pulga traviesa?" pregunté suspicaz mientras caminábamos por los amplios pasillos del colegio.

"¿Yo? nada hermanito" angelicalmente, agitó rápidamente sus largas pestañas y me sonrió exponiendo bastante sus dientes.

Entrecerré los ojos desconfiado.

Alisa no sólo es idéntica físicamente a mí. Desafortunadamente, también heredó mi irreverente sentido del humor.

Haciendo uso del poder que ejerce sobre mí, me manipula a su antojo, pero ella es mi tesoro más preciado.

No me importa convertirme en cómplice de sus travesuras con tal de verla feliz como ahora.

"Buenos días, profesora" dijo Alisa en un volumen exageradamente alto.

En cuanto la mujer de mediana edad clavó su mirada sobre nosotros, todo lo que traía en las manos cayó al suelo.

Eso sin hacer mención del bochornoso momento en que escupió el café que bebía, manchando en el proceso su impoluta blusa blanca.

"Permítame ayudarla" me acerqué a ella y la ayudé a acomodar los papeles que estaban desperdigados a lo largo del suelo.

"Mu… muchas gracias, Sr. Grandchester… no… no debería molestarse" balbuceó agitada, incapaz de sostener mi mirada.

La pobre mujer está tan sonrojada, que parece se le saldrá la sangre por los poros de su piel.

No soy vanidoso, pero se reconocer cuando una mujer fantasea conmigo.

La mente de esta persona es como un libro abierto para mí.

"El Sr. Grandchester es mi padre. Dígame Terruce, por favor" le entregué la pila de papeles y le sonreí.

Se quedó boquiabierta. Creí que caería desmayada en cualquier momento.

"¿Ya ve profesora?, le dije que mi hermano es la mejor persona del mundo" Alisa se acercó a nosotros y colocó mi brazo alrededor de sus hombros angostos sin soltar mí mano.

"Si… si… pero ahora ve a tomar asiento, Alisa" besé la coronilla de la cabeza de mi hermana prometiendo verla dentro de unas horas.

Justo cuando me disponía a salir del aula, la voz tímida de la mujer me detuvo.

"¿Podría darme su autógrafo, por favor?" asentí sin dejar de observar a mi hermana, la cual, con sus dos pulgares arriba y una pícara sonrisa dibujada en su rostro, señalaba su inminente victoria.

Salir del colegio se convirtió en una proeza.

Un grupo de mujeres bastante emocionadas me rodearon solicitando mi autógrafo.

Juraban amarme sin siquiera conocerme.

Es curioso lo que la gente es capaz de hacer por lo que ellos equivocadamente creen, es amor.

"¿Al lugar de siempre, Sr. Grandchester?" preguntó Hans cuando por fin estuvimos dentro del automóvil.

"Si" respondí y se puso en marcha.

Deseaba afinar ciertos detalles de los dos últimos capítulos de mi libro Nocturno para poder enviárselos a mi editora, pero no quería hacerlo en casa. No me concentraría con Susana asfixiándome con sus preguntas y reclamos, por ese motivo, Hans me llevaba al único lugar donde encontraría la privacidad que necesitaba; mi restaurante.

"Hemos llegado Sr. Grandchester" bajé del auto y atravesé el umbral.

Adquirí este lugar hace un par de años.

No estoy interesado en el sector gastronómico, pero me pareció el espacio ideal para tener un momento de privacidad, además, es una inversión que me deja buenos dividendos.

Nunca he sido una persona materialista, pero vivimos tiempos difíciles. No quiero confiar exclusivamente en mi trabajo de actor.

Gracias a los consejos de mi padre, he hecho buenas inversiones en diversos sectores que me han dado la oportunidad de tener la vida privilegiada que ahora disfruto.

Todo gracias a mi trabajo.

Como siempre soñé que sería.

"Buenos días, Sr. Grandchester. ¿El lugar de siempre?" asentí.

Los empleados saben que cuando yo llego, no me gusta ser molestado.

Me senté en mi mesa _la más apartada de todo el lugar_ me dejaron mi tradicional taza de té y la actividad dentro del restaurante continuó como si yo no estuviera presente.

Tan ensimismado estaba escribiendo, que me percaté de cuantas horas habían transcurrido hasta que el gerente anunció la llegada de Hans.

Escribir es mi catarsis, y vaya que necesitaba vaciar mi alma sobre estas hojas de papel. Quizás este pasatiempo no resuelve mis problemas, pero me ayuda a sentirme menos abrumado.

Guardé las hojas en un sobre y le pedí a Hans que en cuanto nos dejara en el estudio, se lo llevara a mi editora. Seguramente sería una grata sorpresa para ella tener el manuscrito completo mucho antes de la fecha establecida.

Cuando Alisa puso un pie dentro del set de grabación, captó inmediatamente las miradas curiosas de mis compañeros.

Era de dominio público que soy muy celoso cuando de proteger mi vida privada se trata, especialmente desde que mi hermana nació.

Su seguridad es mi prioridad número uno.

No me gusta que sea noticia en los periódicos de Nueva York. Me desagrada bastante, aunque las escasas veces que ha sido fotografiada de lejos, ella parece disfrutarlo.

"Tú debes ser Alisa, la hermana menor de Terry ¿o me equivoco?" sólo una persona en este lugar se atrevería a hablarme con tanta familiaridad.

Giré mi rostro y vi a Gia observarnos con una cínica sonrisa mientras ponía sus manos sobre sus caderas.

Es una de las actrices con las que comparto créditos en la película, que hoy, por fin terminábamos de grabar, así como una de las pocas personas con las que tengo una relación parecida a la amistad.

No soy sociable, pero se apreciar a la gente que respeta mi vida privada y se enfoca en trabajar.

Es una mujer joven, pero admito que es sumamente atractiva.

Su cabello es negro como la noche. Su piel es blanca como el papel, sus labios están naturalmente coloreados de un intenso color carmín, mientras que sus ojos grises, están delineados por una gruesa capa de pestañas.

Por supuesto, no resultó para nada extraño que muchos aquí hubiesen intentado conquistarla desde que el proyecto dio inicio, sin embargo, más tardaban en empezar el cortejo, que en ser rechazados por ella.

Su vida está rodeada por el misterio y quizás por eso me simpatiza tanto.

Jamás hace preguntas incómodas ni se involucra en asuntos que no son de su incumbencia.

"Soy Alisa Yvaine Grandchester, mucho gusto" Gia se hincó frente a ella, y como si no pudiese evitarlo, acarició el cabello rubio de mi hermana casi con melancolía.

"Eres una niña muy bonita…" murmuró tristemente sin dejar de observarla mientras sus ojos se tornaban cristalinos, como si de un momento a otro se fuese a poner a llorar.

En el tiempo que llevo conociéndola, jamás había bajado sus defensas como ahora. Por un instante, consideré preguntarle si le sucedía algo, pero me abstuve.

No era el lugar, y mucho menos, el momento.

"Eso es porque me parezco a mi hermano. Él es el hombre más guapo de todo el mundo después de mi papi" Alisa respondió con tanta naturalidad que ninguno de los dos pudo contener una carcajada.

"Indiscutiblemente" obviamente la situación le divertía bastante a Gia "en cuanto al carácter confirmo que son diametralmente opuestos. Tu eres un amargado y tu hermana es un encanto" esta vez fue el turno de Alisa de carcajearse.

Disfrutaba cuando otra persona que no era ella, me incordiaba como Gia hacía ahora.

Poco después, Alisa perdió interés en la plática y empezó a observar con curiosidad el equipo y utilería del lugar sin alejarse mucho de nosotros.

"Tú hermana será una mujer muy bella, Terry. Estoy segura que tendrá a un séquito de hombres tras de ella" fruncí el ceño ante esa idea.

Nadie sería digno de ella jamás.

Afortunadamente, no había necesidad de pensar en eso ahora. Faltaban muchos años para que ese momento llegara.

"Cambiemos de tema, por favor" dije con severidad mientras veía a Alisa platicar amenamente con uno de los camarógrafos.

"Sería muy divertido verte cuando empiecen a cortejarla" repuso risueña sin dejarse intimidar por mi súbita molestia. Era una de sus grandes cualidades.

"Terry ¿me llevas a recorrer el lugar? ¿por favor, por favor?" dijo Alisa entusiasmada mientras se refugiaba en mis brazos.

Deseaba hacer lo que me pedía, pero en este momento no podía complacerla. Tenía que empezar a arreglarme para entrar a escena.

"Yo puedo llevarla si quieres. Terminé de grabar mis escenas y por el momento estoy disponible" dudé un momento, pero al ver lo emocionada que estaba Alisa con la proposición de Gia, no pude decirle que no.

"Está bien. Hazle caso a Gia en todo. No te separes de ella" dije procurando ocultar mi ansiedad.

Me preocupaba perderla de vista.

El set es grande y hay demasiada gente. Me angustia que pueda extraviarse o lastimarse.

"¡Nos vemos al rato hermanito! ¡Te adoro!" resignado, dejé escapar un suspiro mientras veía a mi hermana perderse entre los grandes pasillos del estudio junto con Gia.

Horas después, el director dio por finalizada la filmación y todos aplaudimos satisfechos por el trabajo realizado.

Era una vieja costumbre que, después de terminar las grabaciones, todo el equipo se reúne para festejar en algún salón de baile o restaurante.

Por supuesto, yo jamás asisto. No me interesa congraciarme con ellos, aunque Susana me ha instado en más de una ocasión _en vano_ a que cambie mi manera de ser tan ermitaña.

Si antes no me importaba lo que la gente opinara de mí, menos ahora que soy un adulto.

Mi reloj de mano marcaba las 9:43 pm cuando terminé de abrocharme el chaleco.

Me disponía a salir a buscar a Alisa cuando la vi entrar risueña a mi camerino.

"¡Fuiste el mejor de todos!" señaló mientras saltaba a mis brazos completamente eufórica.

"¿Eso crees?" asintió completamente convencida de lo que decía.

Sonreí.

Su crítica, es la única que me importa.

"Espero que mi hermana no te haya dado muchas molestias" al escucharme, Alisa hizo un mohín mientras me sacaba su lengua en señal de protesta por mi comentario.

"Al contrario, para mí fue un placer. Me gustó mucho conocerte Alisa, espero verte pronto" Gia besó una de las mejillas de mi hermana y acarició su cabello con ternura. Casi como lo haría una madre "nos vemos en el siguiente proyecto, Terry. No seas un desconocido" nos dio la espalda y salió de mi camerino ondeando su mano en el aire.

"Se veía triste, ¿por qué?" suspiré pesadamente mientras tomaba una de las manos de Alisa y jugada distraídamente con sus deditos.

"No lo sé" respondí sinceramente mientras perdía de vista a Gia.

Por alguna razón, sentí la necesidad de hacer algo por ella.

"¿Todo esto es tuyo?" preguntó Alisa con curiosidad al ver las cajas repletas de cartas de admiradores que estaban olvidadas en la parte más alejada del camerino que hoy desalojaba.

"Si. Puedes llevarte lo que quieras" respondí mientras me sentaba a un lado suyo.

"¿Y lees todas estas cartas?" me cuestionó sorprendida mientras arrugaba su nariz al percibir el aroma de los sobres perfumados que algunas mujeres me enviaban.

"Sólo algunas de ellas. Son demasiadas para atender todas" dije y vi que su atención se centró en los chocolates.

Es su postre preferido.

"¿Tus admiradoras desconocen que no te gustan los dulces? Sería divertido ver su reacción" comentó juguetona mientras se zampaba de un bocado algunos chocolates "no sé cómo puedes odiar algo tan exquisito. Eres muy raro" giré mi rostro hacia ella y no pude contener la risa al ver que el contorno de su boca y sus dedos, se encontraban completamente batidos.

"¿Ya viste tu rostro?" la puse frente al espejo sin dejar de reír.

Sonrojada, tomó uno de los pañuelos mientras limpiaba rápidamente su cara.

"Que malo eres. No te rías" dijo con aparente molestia mientras me pegaba con sus puñitos en mi estómago.

"Disculpe que lo moleste Sr. Grandchester, lo busca el Sr. Hathaway" anunció uno de los mensajeros.

"Hazlo pasar, por favor" indiqué rápidamente mientras ayudaba a Alisa a limpiar su rostro.

En ese momento, apareció Robert en mi camerino y sonreí.

Han pasado poco más de dos años desde la última vez que lo vi.

"El tiempo no pasa sobre ti, Robert" estrechó mi mano con fuerza.

"Eres mal mentiroso. El espejo me dice que estoy envejeciendo y lo acepto con dignidad. Tú en cambio, estás en tu mejor momento; joven, bien parecido, asediado por bellas mujeres, y sobre todo, con una prometedora carrera que va en ascenso" directo y sin rodeos respondió. Era una de sus características más emblemáticas.

"Creo que el aprecio que me tienes te hace enaltecer mis cualidades" con cierta impaciencia negó con la cabeza mientras cerraba brevemente los ojos.

"Expreso la verdad sin eufemismos. Pocas personas me han impactado con su talento actoral como tú. Lo sabes perfectamente. No me gusta que me lleven la contraria cuando sé que tengo razón"

Su opinión siempre sería importante para mí.

No olvido que soy el actor de ahora en parte gracias a él.

Robert fue el primero en creer en mí cuando yo era un adolescente con sueños y grandes aspiraciones en el bolsillo.

"Gracias Robert" sorprendido, dirigió su mirada a un lado mío.

Parecía que hasta ahora se había percatado de la presencia de Alisa en el camerino.

Con una amplia sonrisa que muy rara vez se dibuja en su rostro, le extendió la mano a mi hermana en señal de saludo.

"Veo que tienes visitas importantes. Hola Alisa" mi hermana le dio un apretón de manos en señal de saludo, dejando momentáneamente perplejo a Robert.

Quizás esperaba un gesto más delicado propio de una niña de su edad, pero mi hermana no era como todo el mundo. Ella es auténtica.

"Hola Sr. Hathaway" Alisa le sonrió.

"Eres una jovencita muy fuerte" pretendió sentir dolor en su mano por el saludo.

Orgullosa, mi hermana volteó a verme mientras volvía a entretenerse segundos después con los chocolates y los regalos que había desperdigados en mí camerino.

"No cabe duda de que tú y tu hermana son muy parecidos a Eleonor. El mismo cabello rubio, la misma forma de cara, incluso la boca de ambos es idéntica a la de tu madre, pero el color de ojos de Alisa no es turquesa como el de ustedes" sonreí mientras la veía leer con atención una de las cartas que había en la caja.

"Heredó los ojos azules de mi papá" distraídamente asintió "¿gustas una taza de té?"

"Desafortunadamente mi visita es corta. Vengo a invitarte al aniversario número 40 de la compañía Stratford. Se que no eres afecto a esa clase de eventos sociales, pero significaría mucho para mí que una de mis estrellas preferidas nos acompañara" sonreí.

"Será un placer, Robert" al escuchar nuestro intercambio de palabras, mi hermana se acercó corriendo y se sentó sobre mis piernas mientras envolvía mi cuello con sus brazos.

"¿Podré ir? ¿¡me llevarás!?" preguntó emocionada ante la idea de asistir por primera vez a un evento social conmigo.

"La invitación es extensiva para tu esposa y tu hermana, por supuesto" al oír la respuesta de Robert, Alisa aplaudió emocionada.

"¿¡Cuando es?!" preguntó entusiasmada mientras se bajaba de un salto de mis piernas y veía con insistencia a Robert, el cual, con una expresión afable dibujándose en su rostro, le respondió.

"Este sábado 30 de junio. La cita es a las ocho de la noche. Espero le concedas a este viejo una pieza de baile" encantada con la idea, asintió mientras corría extasiada alrededor de nosotros.

"¿Dónde será el evento?" pregunté.

"En la mansión de uno de los socios de la compañía. Su nombre es Loyd Ainsworth. Seguramente has oído hablar de él. Es dueño de una de las navieras más importantes de nuestro continente" ya decía yo que había oído ese apellido en algún lugar.

"Las navieras Ainsworth, claro. No sabía que él fuera socio de la compañía Stratford" después de aburrirse de correr, Alisa tomó uno de sus libros favoritos de su bolso, se sentó en uno de los sillones, y se puso a leer.

Sabía que no pasaría de la primera página antes que se quedara profundamente dormida. Conocía sus ojos mejor que nadie y era evidente que ya estaba en sus últimas reservas de energía.

"Es un joven visionario que ha sabido invertir la fortuna de su familia. Es apasionado de nuestra industria y un socio activo desde hace un par de años. Gracias a él, hemos conseguido extender nuestras giras a Europa. Es tan talentoso como tú en el ramo que se desempeña, además de bien parecido según comenta el público femenino. Estoy seguro que simpatizarás con él en cuanto lo conozcas y su novia a la que he tenido el placer de conocer hace un rato, es un encanto" me sonrió.

Admito que picó mi curiosidad.

No es fácil que Robert se deje impresionar por cualquier persona.

Prometimos vernos el día del evento y se retiró.

Giré mi rostro a un costado mío y vi a Alisa profundamente dormida.

Tal cual predije, no pasó de la primera página de su libro. Con el sueño tan pesado que tiene, estoy seguro que despertará al día siguiente.

Al llegar a casa, tomé a Alisa en brazos y Wilfred la cubrió con una frazada para protegerla del frío nocturno de Nueva York, pero al cruzar el umbral, vi a Susana junto a su madre discutiendo en el salón.

Le hice una seña a Wilfred para que no anunciara mi llegada, y discreto como siempre, asintió mientras desaparecía a través del pasillo que lleva a la cocina.

No estoy de humor para cerrar mi día discutiendo con alguna de ellas.

Acto seguido, me dirigí hasta la habitación de Alisa, le puse su pijama y la arropé mientras depositaba un beso sobre su frente.

Al salir, escuché el crujir característico de la silla de ruedas de Susana acercarse hacia mí.

Con cierto tedio, dirigí mi mirada hacia ella.

Estoy cansado de que esta situación se repita un sinfín de veces.

"No te escuché llegar. Mi madre acaba de irse Te deja saludos" molesto, resoplé sin ocultar mi incomodidad.

Su madre no me aprecia y el sentimiento es mutuo.

Me tolera porque gracias a mi trabajo, tiene un estilo de vida privilegiado que no podría costear sin mi ayuda.

Las mentiras que Susana disfraza de una falsa cordialidad, son completamente innecesarias.

"¿Querías decirme solamente eso? Me retiro" no había terminado de responderle cuando ya me encontraba caminando con dirección a mi habitación.

"¿No me dirás como te fue en tu día?" me detuve sobre mis pasos y la encaré de nuevo.

"Robert estuvo de visita. Nos invita al aniversario 40 de la compañía Stratford. Iremos tú, mi hermana y yo" respondí cortante.

"Alisa es muy joven para asistir a esos eventos. Lo mejor será que mi madre nos acompañe. La hemos dejado olvidada y se siente sola. Podemos contratar una niñera para que cuide de tu hermana ese día" resoplé pesadamente y di un paso en su dirección.

Si la vida que llevas no te satisface, busca otro camino en lugar de continuar lastimándote. Se egoísta por una vez en tu vida. No está mal que busques tu propia felicidad, por alguna razón desconocida, recordé las palabras de Albert como si me las hubiese dicho ayer.

Súbitamente, un calor abrazador despertó en mi interior y me dominó por completo.

"Si quieres asistir con tu madre, llegarán por méritos propios al evento. ¡ESTOY HARTO DE CARGAR CON ELLA TODO EL TIEMPO! ¡TAMBIÉN ESTOY HASTIADO DE TI Y TUS INACABABLES REPROCHES!" las palabras salieron despedidas de mi boca sin que pudiera controlarlas.

He vivido todos estos años reprimiendo mis propias emociones por el bien de esta persona.

¿Valió la pena? ¿Acaso no merezco conocer la felicidad que experimenta Archie y Annie?

"No eres precisamente la persona más indicada para hacerme ese reclamo. ¡Te recuerdo que es tu deber velar por mí y mi madre! después de lo que pasó, no puedo trabajar ¿o ya se te olvidó?" musitó molesta sin apartar su mirada de la mía.

Con total descaro, me reí de ella mientras acercaba demasiado mi rostro al suyo.

Su piel blanca se tiñó de un intenso color carmesí.

Estaba turbada por mi presencia, y fascinada por la misma razón.

"¿Qué harías si te dijera que ya no estoy dispuesto a hacerme cargo de ustedes? Me has dado suficientes motivos estos años, para maldecir mi decisión de casarme contigo" apartó su rostro del mío y me observó con temor.

Me estoy comportando como el adolescente del Colegio San Pablo, y por primera vez en mucho tiempo, lo estaba disfrutando.

Pese lo ríspida de la situación, no ignoro que, a raíz del accidente en el teatro, Susana ha estado en depresión, que su autoestima quedó fragmentada al haber perdido su pierna, que su madre es una manipuladora maestra y vuelca sus sueños frustrados a través de ella.

Pero ya estoy harto de justificarla todo el tiempo.

Como ella, yo también fui víctima de las circunstancias.

¡Me sentenciaron injustamente por un evento del que no fui responsable en absoluto!

¡Nada de lo que sucedió fue mi culpa! He pedido disculpas y sacrificado mi vida por Susana una y otra vez.

"Me estás asustando. No comprendo lo que quieres decir" reí con más intensidad al percibir el miedo y nerviosismo que le provocaba mi ácida actitud.

Llegado a este punto, poco me importaba su reacción.

"Claro que lo comprendes. He tolerado lo insoportable. ¡Estúpidamente me dejé manipular por ustedes! ¡Me metieron en la cabeza la idea de que casarme contigo, era el único camino que debía seguir para redimirme! Pero ya no estoy dispuesto a seguir así. Te lo advierto, un reclamo más, otra escena de celos o cualquier comentario de tu madre, e inicio los trámites de divorcio con o sin tu consentimiento" por primera vez en 9 años, me sentí liberado.

Finalmente, la presión que residía en mi pecho se tornó más ligera.

Me tomará tiempo deshacerme de 9 años de abnegación mental y emocional. Pero estoy decidido a salir de este agujero, en el que por decisión propia entré.

"¡No puedo vivir sin ti! Sacrifiqué mis sueños… todo por ti… ¿y así me pagas?" miré hacia el techo mientras pasaba una de mis manos sobre mi cabello.

"¡NO ME VUELVAS A USAR DE PRETEXTO! Si vives o mueres es decisión tuya, no mía. Eres tan egoísta que absolutamente todo lo has hecho para tu beneficio. ¡Fuiste capaz de usar tu accidente como un medio para conseguir que me quedara contigo sin importarte los sueños que yo sacrifiqué!" clavó su mirada azorada sobre mí rostro poseído por el enojo.

Esta es la primera vez que me atrevo a decirle lo que durante 9 años callé por culpa, cobardía o una mezcla de ambas emociones.

"Candy te pidió que me hicieras feliz ¿¡recuerdas!? Ella sabía que yo te necesitaba mucho más que ella" sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y no me importó en absoluto su dolor.

¿Eso me convertía en un ser despreciable? De ser así, finalmente lo aceptaba.

Prefería ser odiado por mostrarme tal cual soy, a seguir viviendo mucho más tiempo dentro de esta mentira.

"¡Pues este soy yo rompiendo la promesa que le hice! Candy y yo tomamos malas decisiones esa noche. Éramos demasiado jóvenes e inexpertos. Ninguno de los dos comprendió que dejarnos para casarme contigo, sería un terrible error" le di la espalda y mi respiración se detuvo de golpe cuando vi a Alisa de pie en el marco de su puerta.

Nos observaba inalterable y aparentemente serena.

¿Qué tanto escuchó? me pregunté mientras me hincaba frente a ella.

"¿Qué haces despierta? Creí estarías dormida" la tomé entre mis brazos y envolvió mi nuca con fuerza mientras escondía su rostro en mi cuello.

"¡Terry, espera! No hemos terminado de hablar" chilló al tiempo que acercaba su silla hacia mí.

"Yo sí" la miré implacablemente y detuvo su andar.

Aun con Alisa en brazos, entré a mi habitación y puse el cerrojo en la puerta para que Susana no se atreviera a entrar.

Coloqué a mi hermana sobre la cama y su mirada no se apartó de mi rostro.

En silencio, sus ojos me cuestionaban.

"Perdona que hayas tenido que ser testigo de este momento tan desagradable" le sonreí apenado mientras la cobijaba y besaba su frente "dormirás en mi habitación esta noche. Yo me quedaré en el sillón"

"¿Quién es Candy?" preguntó sin rodeos y suspiré lánguidamente al tiempo que me sentaba a un lado de ella.

No estaba seguro de cuál sería la respuesta correcta, así que opté por decir una verdad a medias.

"Fue una persona muy importante en mi vida" le sonreí y ella frunció el ceño mientras se enderezaba bruscamente.

Obviamente, no me creyó.

"Tengo 7 años, pero se reconocer cuando alguien no me está diciendo la verdad. Candy es la mujer que amas ¿verdad? La dejaste por culpa de Susana. ¿Por qué?" demandó mientras cruzaba sus brazos sobre su pecho.

Su manera de confrontarme me sorprendió, pero me sacó una sonrisa.

Su impetuosidad era una de sus tantas cualidades.

Resignado, suspiré y clavé mi mirada en el techo.

"Está bien. Si. Amo a Candy a pesar del tiempo que llevo sin verla, pero la herí profundamente al elegir a Susana. No importan los motivos que me orillaron a tomar esa decisión. La asumo, pero dudo que después de todos estos años, ella aun sienta algo por mí. Seguramente, formo parte de sus recuerdos más amargos" pellizqué una de sus mejillas a modo de cariño. Quería que borrara de su rostro esa expresión enfadada.

No me gusta verla de esa manera conmigo.

"No comprendo. Si amas a Candy ¿¡por qué no la buscaste?! ¿por qué sigues con Susana?" me reí discretamente ante su lógica pregunta.

Albert, con otras palabras, me había dicho lo mismo. Pero la diferencia entre los dos, es que mi hermana tiene 7 años de edad.

Es una niña con la madurez propia de un adulto.

Pese la adoración que le profeso _además de ser incapaz de negarle algo_ no quería seguir hablando este tema con ella.

No me sentía capaz de responder todas sus interrogantes.

"Los adultos tenemos la virtud de complicarnos innecesariamente la vida. Ahora a dormir. La hora de las preguntas terminó"

No muy convencida con mi respuesta, asintió y se volvió a recostar.

En algún momento retomaría la conversación. La conozco, pero por ahora había decidido darme una tregua.

Los días siguientes, Susana se mostró evasiva conmigo. Al parecer, la última discusión que tuvimos le dejó claro que no estaba jugando y que el divorcio era el siguiente paso.

En cuanto llegara mi padre de su viaje, le tomaría la palabra.

Quería terminar de una vez por todas mi matrimonio con Susana.

Días antes de que se llevara a cabo el evento al que Robert nos había invitado, Alisa se dio a la tarea de llevarme a recorrer todas las boutiques de Nueva York.

En sus palabras, buscaba el vestido ideal, pero ninguno la cautivaba.

Alisa quería lucir como una princesa, y por supuesto, la ayudaría a satisfacer su capricho.

Mi hermana sin proponérselo, me dio el pretexto perfecto para estar ausente largas horas de casa.

Poco me importaba el asedio constante de los reporteros. Prefería enfrentarlos a ellos, que estar bajo el mismo techo que Susana y su madre en estos momentos.

Finalmente, un día antes del evento, Alisa encontró el atuendo que la satisfizo.

Por un momento creí que jamás hallaría algo digno de sus altos estándares.

Llegamos a casa con tantos paquetes, que parecía habíamos saqueado todas las boutiques de la ciudad, pero Alisa estaba radiante. Me gustaba gastar dinero en ella.

"No hagas trampa, Terry, ¡no veas!" dijo imperativa desde su vestidor.

Por instrucciones suyas, yo debía esperar hasta que la mucama hubiese terminado de arreglarla.

"No lo haré" obediente, me senté en uno de los sillones que había en su habitación y esperé a que terminaran de arreglarla.

Miré el reloj y vi que las manecillas marcaban las 7:23 pm. Teníamos el tiempo necesario para llegar a la fiesta cinco minutos antes de las ocho.

No me gusta la impuntualidad.

Mi arreglo personal, en comparación con las mujeres, no requería una dedicación minuciosa. Los hombres somos seres simples y predecibles, por lo que la elección de mi atuendo fue obvia; un smoking negro de tres piezas y un sobretodo del mismo color. Las exigencias sociales para el arreglo femenino, en cambio, me parecen exageradas.

Yo prefiero a una mujer natural, sin tantos adornos ni máscaras que oculten su verdadera belleza. Me encantan las imperfecciones que enaltecen, a mis ojos, su divina perfección.

"¡Ya puedes ver!" giré mi rostro y sonreí al verla danzar alrededor de su habitación.

Su vestido corte imperio azul cielo _que hacía juego con sus ojos _ era largo tal cual ella deseaba. Llevaba incrustaciones florales en el área del pecho, y la tela variaba entre seda, encaje y volados de tul del mismo color. Para finalizar, sobre su cabello llevaba una diadema joya con incrustaciones de zafiro que hacía juego con su pulsera y sus aretes.

"¿Cómo me veo?" preguntó mientras ondeaba entusiasmada su vestido.

"Como toda una princesa" dije y le ayudé a ponerse su abrigo.

La noche estaba fresca y no quería que enfermara.

Minutos después, Susana nos alcanzó en la estancia.

No me sorprendió verla portar un vestido de noche color dorado cubierto por piedras preciosas, ni que sus pulseras y collares fuesen hechos de perlas, o que la estola que cubría sus hombros y brazos desnudos, fuese de piel. A ella le gustaba ser el centro de atención, y a pesar de estar en una silla de ruedas, conseguiría su objetivo.

Indiscretamente, me dirigió miradas furtivas. Esperaba que la halagara, pero mi falta de reacción la descorazonó.

"Terry, ¿te gusta cómo me…?" empezó a hablar con cierta timidez, pero con toda intención la interrumpí.

No pensaba entrar en su juego.

"Hans, lleve a la Señora al auto" espeté con cierta brusquedad que en ningún momento pretendí ocultar.

Hans hizo lo que le indiqué, y en contra de su voluntad, Susana agachó la cabeza y se dejó cargar por él.

"Vámonos Terry. ¡Llegaremos tarde!" impaciente, Alisa me tomó de la mano y tiró de mí hacia el automóvil.

Su entusiasmo, le ayudó a ignorar la amargura de Susana. Alisa estaba en su burbuja personal, y su dicha era tan grande, que no fue difícil incluirme dentro de ella.

Continuará...


Notas de la autora.

¿Qué les pareció? por fin Terry empieza a liberarse de las ataduras de su pasado.

Disfruto escribiendo cada palabra de mi historia y me fascina leer a personas que gozan cada capítulo junto conmigo.

Si no sucede nada y todo continua como hasta ahora, nos leemos el próximo viernes.

Como comercial les comento que en wattpad está mi historia y la portada la dibujé yo. Dense una vuelta para que vean como percibo a Candy, Terry y Susana.