¡Pese que mis pronósticos de actualizar no eran los más altos, lo conseguí! estoy llena de trabajo y no he tenido tiempo de escribir con la misma frecuencia, por lo que es probable que el siguiente capítulo me tome más tiempo subirlo, ya que aun no está escrito jajaja. De todos modos, hare todo mi esfuerzo por actualizar el siguiente miércoles como lo he venido haciendo hasta ahora.

Nuevamente gracias por sus cálidos reviews que me dejan aquí o en wattpad. En ambas plataformas mi historia ha sido muy bien recibida.

¡Sin más por el momento los dejo con este nuevo capítulo!


Capítulo 6. Encuentro accidentado

A pesar de no ser asiduo a estos eventos, mi plan es disfrutar la velada.

No arruinaré con mi amargura una salida que llena de tanto entusiasmo a Alisa.

"¡Ya llegamos, Terry! Mira" en cuanto la senté sobre mis piernas, el gran portón de hierro abrió sus puertas y mi hermana casi gritó de la emoción.

Cada que observo su expresión maravillada por cada minúsculo detalle que perciben sus ojos, recuerdo la capacidad de asombro que tienen los niños, y que los adultos, en algún momento del camino, indebidamente olvidamos.

El terreno que custodia esta propiedad es soberbio, me dije igualmente atónito.

No me sorprendió en absoluto que la mansión estuviese aislada de la entrada principal.

Es una tendencia en residencias de este estilo.

Varios metros más adelante, vislumbré un enorme patio elíptico protegido por abundantes jardines ornamentales y árboles de especímenes grandiosos.

En cuanto bajamos del automóvil, el paisaje se convirtió en un espectáculo visual que ningún invitado podría ignorar.

A donde quiera que dirigiera mi atención, veía áreas verdes, flores, ríos artificiales, albercas. Por un momento, me dio la impresión que habíamos abandonado Nueva York.

La misma Susana estaba impresionada por la suntuosidad casi irreal de este lugar.

Sólo conocía un espacio igual o más fastuoso que este; la mansión que los Andley tienen en una de las zonas más exclusivas de la ciudad.

Cuando entramos al extravagante vestíbulo, la visión de una escalera de mármol fue lo primero que capturó mi atención. Al dirigir mi mirada hacia el techo, vi que estaba esculpido en rosetón dorado, y a un costado mío, se encontraba una de varias chimeneas, cuyo ornamento superior seguramente representa el escudo de la familia Ainsworth.

No cabe la menor duda de que esta familia pertenece a la aristocracia americana de la que mi padre ha hecho mención en varias ocasiones.

"Es enorme ¿verdad?" dijo Alisa mientras le entregaba su abrigo a uno de los mayordomos que protege el recibidor.

"Así es" le sonreí mientras la tomaba de la mano.

No quería perderla de vista.

El lugar es muy grande y podría extraviarse con facilidad.

"No pareces muy sorprendido" perspicaz como siempre, objetó sin apartar su mirada de mi rostro.

Incluso Susana se mostró interesada por oír mi contestación.

"Eres una pulga muy preguntona y curiosa" hizo un mohín ante mi evasiva respuesta y no pude evitar reírme de ella.

En cuanto hicimos nuestra entrada en el salón, una masa de camarógrafos y reporteros nos asediaron. No era muy común que me prestara a ser fotografiado, así que, hasta cierto punto, fue lógico que no quisieran perder la oportunidad que se les presentaba.

Susana estaba en su medio; le gustaba la atención que los fotógrafos y los reporteros le dedicaban. Posaba ante las cámaras de manera muy natural.

Mi hermana por otro lado, saludaba a todos con un gesto de su mano sin dejar de sonreír.

De los tres, yo era el único que no disfrutaba esta situación.

"Sr. Grandchester ¡por favor, aquí! ¿cuándo tendrán hijos usted y su esposa?" preguntó audazmente uno de los reporteros.

"Se dice que su hermano Milton quiere quitarle el título de Duque. ¿Qué tiene que decir al respecto?"

¡Me irrita que mi vida privada cause más interés que mi trabajo!

Iracundo, tomé a mi hermana entre mis brazos, y con ayuda de un custodio que empujó la silla de Susana al centró del salón, nos alejamos de la inconforme multitud de reporteros que aun gritaban al aire mi nombre.

"No te costaba ser amable con ellos, Terry. Sólo hacen su trabajo" dijo Susana sonriente mientras saludaba con su mano a antiguos conocidos de su época de actriz.

"Mi vida privada no es de dominio público. Mucho menos nuestra vida marital" clavé mi mirada sobre la suya y asintió imperceptiblemente.

"Puntualidad inglesa, Terry" escuché una voz conocida a un costado nuestro.

Giré mi rostro y vi a Robert acercarse sonriente a nosotros.

"Hola, Sr. Hathaway" habló Alisa haciéndose notar mientras ondeaba con toda intención su vestido.

"Pareces una princesa de cuento de hadas. Los zafiros de tu diadema joya combinan a la perfección con tus ojos" mi hermana, satisfecha, le sonrió.

"Todo me lo compró mi hermano" dijo orgullosa, y para darle un espectáculo completo, dio vueltas sobre si misma para que viera el vuelo de su vestido.

Los reporteros no perdieron oportunidad y captaron desde varios ángulos la danza de Alisa.

Robert debió percibir mi molestia, ya que al instante, colocó una de sus manos sobre mis hombros instándome a centrar mi atención en él.

"No estarán mucho tiempo. Loyd les dio acceso solamente una hora. En parte, porque los medios son necesarios en un evento de esta magnitud, pero creo que su verdadera intención es presentar a su novia y llenar los tabloides de Nueva York con fotografías de ella" asentí.

Poco me interesaban las razones ocultas detrás de la presencia de los medios en el evento. Lo que me incomodaba, era que mi hermana fuese el foco de su atención en estos momentos.

"Que gusto verte nuevamente, Robert"

"El placer es mío, Susana. El tiempo, sólo ha conseguido acentuar tu belleza" tomó una de sus manos y la besó cortésmente.

Robert sabe cómo agasajar a una mujer tan vana como Susana.

"Hay mucha gente del gremio artístico" observé a mi alrededor y el sonido de la orquesta, así como el murmullo de la gente, cobró vida en un instante.

Tuve la impresión de que alguien dentro de mi cabeza, había subido el volumen del ambiente que me rodeaba.

Tan ensimismado estuve evadiendo a los reporteros y vigilando a Alisa, que no me percaté de los sonidos que envolvían este lugar, hasta ahora.

Es una sinfonía de Haydn, me dije mientras veía de lejos a la orquesta.

"También está invitada la crema y nata de la sociedad americana. Loyd hizo este evento por todo lo alto. De sobra está decir que no defraudó" comentó mientras saludaba con un gesto de su cabeza a personas que pasaban a un lado nuestro "Discúlpenme. Los tengo que dejar. Alisa, no olvides que tienes reservada para mí una pieza de baile" mi hermana asintió emocionada mientras veíamos a Robert perderse entre la creciente multitud.

"No puedo creer lo que ven mis ojos. Terry Grandchester en un evento social. Tu hermana debe tener poderes ocultos si consiguió sacarte de tu aislamiento" engalanada para la ocasión, Gia se acercó a nosotros con una cínica sonrisa adornando su rostro.

"Buenas noches a ti también, Gia" con curiosidad, giró su rostro hacia Susana mientras extendía su mano hacia ella en señal de saludo.

"Un placer conocerla, Sra. Grandchester" con frialdad y suspicacia mal disimulada, Susana respondió al saludo.

"Igualmente" cortante, respondió.

"Pero que hermosa princesa veo aquí" Gia se puso en cuclillas frente a Alisa sin dejar de sonreírle.

"¡Hola, Gia! ¿Te gusta mi vestido? ¡Yo elegí todo!" mi hermana le mostró con entusiasmo su atuendo.

"Tienes un gusto exquisito. Seguramente es un rasgo que heredaste de tu madre" en la mirada de Gia, volvió a dibujarse una profunda melancolía mientras observaba a mi hermana.

Después de regalarle mimos en sus mejillas, Gia se puso en pie y volvió a observarme con la frescura que la caracteriza.

"En cuanto se abra la pista, espero me concedas una pieza, Terry. Sería un desperdicio que no te luzcas en el centro del salón. Te aseguro, que el público femenino me lo agradecerá. ¿Estás de acuerdo conmigo, Alisa?" entrecerré los ojos en su dirección.

"¡Mi hermano es el más guapo de todos!" triunfante, Gia me sonrió mientras se despedía momentáneamente de nosotros.

Al parecer, un grupo de personas requería su presencia en otro lado.

Gia juega sucio. Sabe que aún no existe petición que pueda negarle a mi hermana.

"Si gustas, puedo irme y dejarlos solos. Al parecer, a esa mujer no le importa saber que estás casado. Me ignoró por completo ¿Por qué hay tanta confianza entre ustedes, Terry?" evité la mirada de Susana y puse los ojos en blanco.

"Ya hablamos de esto, Susana" susurré severamente entre dientes.

"No olvido nuestra plática. Aunque me gustaría recordarte algo que pareces haber olvidado. En este país, la única condicionante para solicitar el divorcio, es el adulterio. Al no existir ese motivo, seguiremos casados, mi amor" sonreí, y con toda intención, acerqué mi boca a su oído.

"No olvides quien es mi padre y quienes son mis amigos, mi amor" en cuanto alejé mi rostro del suyo, la noté visiblemente pálida.

No necesité decirle más para que entendiera que con o sin adulterio, me divorciaría de ella.

Aun cuando me llevara la vida en el intento.

Era preferible estar muerto a seguir viviendo dentro de este infierno.

"Tú siempre estás enojada con mi hermano, Susana. Lo haces infeliz" me quedé sin palabras por su comentario.

Desde que Alisa era más pequeña, le enseñé a levantar la voz y expresar lo que siente, sin embargo, es muy probable que necesite inculcarle límites.

Le guste o no, debe aprender a dirigirse a sus mayores con más respeto.

Con eso en mente, no sentí el más mínimo impulso por reprenderla o llamarle la atención.

Fue irrespetuosa, pero no lo suficiente, o quizás sí, pero como siempre, le perdono su irreverencia. Después de todo, no dijo más que la verdad.

Antes que Susana pudiese argumentar algo en su defensa, la presencia de mis amigos, se lo impidieron.

Ella cuidaba demasiado su imagen como para armar una escena de celos en público y con los medios presentes.

"Seguramente va a suceder algo extraño el día de hoy. Grandchester, nos hace el grandísimo honor de regalarnos unas horas de su apretada agenda" en boca de otra persona, esas palabras podrían parecer hostiles, pero era Archie quien las decía, así que sonreí mientras nos dábamos un fraternal abrazo.

Con el paso de los años, y sus frecuentes visitas a Nueva York al lado de Albert, hemos creado una amistad que parecía completamente improbable durante nuestra adolescencia.

"También me da gusto verte, Archibald" dije rompiendo el abrazo.

Dirigí mi mirada a un lado suyo, y sin problemas, reconocí a la mujer rubia que estaba con él.

La dejé de ver hace 9 años, pero no cabía duda de que era Annie.

Inmediatamente, caí en la cuenta de que Albert no exageró en la somera descripción que me dio de ella.

Ya no es la joven tímida e insegura que algún día conocí.

Lleva el mismo corte de cabello estilo Bob que actualmente está en boga, pero a diferencia de Susana y Alisa, Annie lo lleva ligeramente más largo. Su arreglo en general no es suntuoso, más bien sencillo y austero, aunque el escote de su largo vestido negro que se ubica en su espalda, no deja nada a la imaginación.

"Es un placer volver a verte, Terry" sonriente, me extendió su mano sin despegar sus ojos de los míos.

"El gusto es mío, Annie. Tanto tiempo sin vernos" Alisa se pegó súbitamente a mí, mientras me jalaba hacia ella del brazo.

Casi caigo al suelo por culpa suya.

Al parecer, le urgía decirme algo al oído.

"¿¡Es Annie!?" susurró exaltada y asentí sin dejar de sonreír.

La expresión de su rostro es la representación perfecta de lo que debería ser la ilusión de ver a uno de tus ídolos en persona.

Me enderecé y me aclaré la garganta ante la risa que mis amigos procuraban disfrazar con un fingido ataque de tos.

"¿Es su hija?" Alisa y yo fruncimos el ceño mientras negábamos automáticamente con la cabeza.

Apenada y ligeramente sonrojada, Annie se llevó sus manos a la boca.

"Es hermana de Terry, mi amor" viendo como la pena se dibujaba en sus facciones, pude ver rasgos de la vieja Annie que algún día conocí en Londres.

"Es normal que no lo sepas. Hace años no lo ves, además, no eres muy asidua a leer el periódico" expresó Albert "un placer verla Sra. Grandchester. Perdone mi falta de cortesía. Soy Albert" Susana le sonrió.

"Un placer conocerlo. Es la primera vez que conozco amigos de mi esposo. ¿Se conocen hace tiempo?" preguntó con curiosidad.

"Por desgracia nuestra, si" respondió Archie con gracia "Era mi contrincante de peleas preferido en el Colegio San Pablo" sonreí con nostalgia mientras mi hermana me observaba sorprendida.

Ella no conoce los datos escabrosos de mi oscuro pasado de estudiante.

"Entonces ¿ustedes son miembros de la familia Andley?" el tono de voz de Susana fue perdiendo intensidad mientras formulaba su pregunta.

Por fin cayó en la cuenta de quienes eran estas personas, y la relación tan intrínseca que tenían en mi vida.

"Estás frente al patriarca de la familia; él es William Andley" explicó Archie a una pálida Susana, la cual, los observó como si fuesen la representación encarnada del monstruo de sus pesadillas.

Mi hermana, impaciente, tiró de mi brazo mientras señalaba a Annie con sus ojos.

"Annie, permíteme presentarte a Alisa. Mi hermana" Alisa le sonrió mientras arreglaba su vestido y acomodaba innecesariamente su cabello perfecto.

Annie, sonriente, se puso en cuclillas frente a ella.

"Mucho gusto, Alisa" estando a su altura, extendió su mano hacia ella y mi hermana respondió el gesto alucinada.

"¡Me encantan tus libros! Los he leído todos" el tono de voz de mi hermana fue muchos decibeles más alto de lo normal. Estaba tan emocionada por ver a Annie, que le era imposible contener su júbilo.

Annie, sorprendida y enternecida, le sonrió.

"¿Enserio? Estoy muy halagada" Alisa se sonrojó, y sin previo aviso, rodeó efusivamente el cuello de Annie.

"¿A su edad lee tanto?" preguntó Albert sonriente por la escena.

"Desde que era bebé me gustaba leerle algún libro para arrullarla. Conforme fue creciendo, mostró su afición por la lectura, y cuando ingresó al colegio, leía perfectamente sin ayuda. Annie es una de sus escritoras preferidas" expliqué mientras veía como Annie y Alisa conversaban amenamente.

"¿Está usted bien, Sra. Grandchester?" giré mi rostro hacia Susana ante la pregunta de Albert.

Estaba más pálida que antes.

Indecisa, clavó su mirada sobre él. Con sus ojos, formulaba preguntas silenciosas que no se atrevía a pronunciar en voz alta.

"Si… estoy bien" respondió y bajó su mirada al suelo mientras Albert clavaba sus ojos sobre los míos.

Negué con la cabeza en respuesta.

Lo único que ella desea es atención, pensé.

No fue difícil enfocar nuestra plática entorno a los viajes de negocios de mis amigos o los éxitos profesionales de Annie. En cuanto Alisa se enteró de cuales serían sus siguientes publicaciones, se puso feliz al tener la primicia.

Estaba ansiosa por devorar las páginas de sus libros.

Como muestra de su amistad, Annie le prometió a Alisa enviarle por correo los primeros ejemplares autografiados.

No la bajaré de su nube de felicidad es mucho tiempo, me dije mientras veía ese brillo de felicidad que iluminaba su mirada.

"¡Terry! Llévame a conocer el jardín ¿vamos?" dijo Alisa mientras me tomaba de la mano y me jalaba hacia ella.

"Si gustas, yo puedo llevarla. Sirve que salimos a tomar el fresco tu esposa y yo. ¿Estás de acuerdo, Susana?" preguntó Annie sonriéndole a Susana, la cual, con una falsa mueca de gozo, asintió.

"Alisa, por favor, no te alejes de ellas"

Mi hermana estaba tan extasiada por estar en compañía de Annie, que no estuve seguro si puso atención a mi recomendación.

"Estará bien, Grandchester. Annie está con ella" asentí mientras las veía salir por uno de los grandes portones de cristal que daban hacia el área de los jardines.

"Terry, hay algo que necesitamos decirte…" empezó a hablar Albert, pero no pudo terminar su frase porque se unió a nosotros una persona que desconocía.

"Por fin te encuentro, Albert" dijo el desconocido con una sonrisa.

Por su apariencia, supuse que debe oscilar entre los 26 ó 30 años de edad. Su cabello oscuro, contrasta con lo pálido de su piel, y es casi tan alto como yo o Albert, pero el color de sus ojos es extraño. De momento, creí eran azules o grises, pero cuando clavó su mirada sobre la mía, estoy seguro que los vi violáceos.

"Terruce Grandchester. Un placer conocerlo" con una franca sonrisa, me extendió su mano. Con mucha más mesura que él, respondí su gesto.

"Me gustaría saber quién es la persona a la que saludo" dije mientras introducía una de mis manos dentro de los bolsillos de mis pantalones.

"Disculpe mi falta de modales. Soy Loyd Ainsworth"

Dirigí discretamente mi mirada hacia Albert y Archie.

Los veía notablemente ansiosos.

Es cierto que no soy agradable por naturaleza, pero jamás sería grosero con un desconocido que no me ha hecho absolutamente nada.

Deben tener una imagen terrible de mí.

Seguramente siguen creyendo que soy el adolescente sin control del Colegio San Pablo.

"Terry, además de ser Loyd el anfitrión de este evento, es socio en los bancos Andley. Su familia y la mía han sido muy cercanas desde hace muchos años. Es un gran amigo" asentí.

Ahora comprendo la familiaridad de su trato hacia Albert.

"Disculpe Sr. Ainsworth. Necesito una palabra con usted" Loyd se alejó unos metros, mientras uno de los custodios le decía algo en secreto.

Con una sonrisa, asintió mientras volvía a unirse a nosotros.

"Discúlpenme un momento. La prensa está por retirarse del evento, pero quiero que me fotografíen con mi novia. Ella y Albert aseguran que es un capricho mío. Lo acepto, pero nada me haría más feliz que ver el rostro de Candy en todos los tabloides de América. Con permiso" sin más preámbulo, se alejó de nosotros dejándome a mi especialmente pasmado.

¿Qué dijo? ¿Candy?

Di unos pasos hacia atrás repitiéndome una y otra vez que en este país habitan muchas mujeres con el mismo nombre, sin embargo, todo empezó a cobrar sentido dentro de mi cabeza; la expresión angustiada de Archie y Albert hace unos momentos, la extraña razón por la que Annie decidió alejar a Susana del salón, la familiaridad tan íntima con la que Loyd trataba a mi viejo amigo…

Dirigí mi mirada una vez más hacia ellos, y en sus ojos, vi la respuesta silenciosa a la interrogante que se dibujaba en mi cara.

"Nuestra intención era que te enteraras primero por nosotros" dijo Albert apenado.

¡Ella está aquí! Ahora.

Mi corazón se llenó de un regocijo añejo.

Otra persona está en su corazón. Ama a otro, y, aun así, la dicha que inunda en estos momentos mi alma y mi corazón, hace muchos años no la experimentaba.

Sólo ella tiene ese mágico influjo sobre mí.

La mera mención de su nombre me hace sentir vivo y pleno nuevamente.

Completo.

"¿Hace cuánto tiempo están juntos?" me lastimé formulando esa pregunta, pero necesitaba conocer con urgencia la respuesta.

Albert, desvió incómodo su mirada mientras frotaba nerviosamente su frente, entonces, dirigí mi atención hacia Archie.

Él me diría la verdad que Albert se negaba a revelar.

"Es más que eso, Grandchester. Viven juntos hace un mes" de ser fisiológicamente posible, mi corazón habría perdido varios latidos al escucharlo.

Mi padre me dijo que ella no está casada… entonces ¿cómo…?

Leyendo la incógnita en mi rostro, Archie continuó hablando.

"No están casados. Candy jamás ha sido una persona convencional. Hace las cosas a su modo sin importarle las normas sociales o el escándalo" torpemente, asentí "está de más decirte que cuenta con todo nuestro apoyo… y que… es feliz"

Un calor abrazador comenzó a quemar con intensidad mi pecho y mi garganta.

¿Qué es esta sensación? me pregunté, reconociendo inmediatamente esta emoción que comenzaba a despertar de su largo letargo.

¡Estoy celoso!

¿¡Con que derecho puedo sentirme así?!

Pesadamente, me dejé caer en un sillón cercano mientras ocultaba mi rostro entre mis manos.

¿Qué esperaba? ¿¡Qué permanecería soltera y en celibato esperando a que por fin me decidiera a buscarla?! ¿¡que aguardaría por mí eternamente?!

¡QUÉ TAN EGOÍSTA PUEDO SER!

Debería alegrarme por Candy. Tiene la fortuna de haber encontrado en su camino a un hombre que la ama como ella merece, y que, además es libre de gritarlo a los cuatro vientos sin culpa ni remordimiento.

"Me alegro" el tono apagado de mi voz me traicionó.

¿¡A quien quiero engañar?! Estoy endemoniadamente celoso, pero, sobre todo furioso conmigo mismo.

Candy siguió adelante. Me olvidó, mientras que yo… ¡MALDITA SEA!

Todo esto es mi culpa. Sólo yo soy el responsable de esta situación.

Si le hubiera dicho lo del accidente de Susana, quizás habríamos encontrado juntos una solución.

Si hubiera elegido a Candy, mi vida seguramente ahora sería muy diferente…

"Terry..." musitó Albert mortificado, pero las voces de los reporteros llamando al anfitrión del evento y los deslumbrantes flashes de las cámaras, lo frenaron.

Lo siguiente, pasó en cámara lenta ante mis ojos.

Giré mi rostro, y vi a Loyd aparecer en lo alto de las escaleras de mármol. Le sonreía con una adoración casi divina a la hermosa mujer que yacía radiante a un costado suyo.

La piel de mi cuerpo se erizó en cuanto mi alma la reconoció como la única dueña de mi amor imperecedero.

Mi corazón comenzó a latir enloquecido.

Quería grabar en mi memoria cada gesto. Cada mirada… cada sonrisa.

¡No me importa que vayan dirigidas a otra persona!

Con pasos seguros, Candy comenzó a descender uno a uno los escalones junto a su acompañante sin dejar de sonreírle a su audiencia.

Mi mente jamás le hizo justicia a su belleza. Ahora que la tengo a escasos metros de mí, me doy cuenta de ello.

Su cabello rubio rojizo lo lleva recogido en forma de moño con ondas pronunciadas, las cuales, seguramente son naturales gracias a sus indomables rizos. El vestido sin mangas que porta con elegancia, es largo, recto, de color rojo y corte al bies con escote en V en su espalda y el área del escote.

Su blanca piel aun la tiene cubierta de pecas, y sus ojos verdes, se hallan contorneados por una gruesa capa de pestañas largas y rizadas.

No lleva una sola gota de maquillaje, después de todo, el carmín natural que colorea sus pómulos y labios, es lo único que ella necesita para sobresalir de entre toda la multitud femenina, que ahora, la observa con celos y envidia bien fundamentados.

Candy opaca con facilidad a todas las mujeres con su presencia.

En algún momento que mi mente no se preocupó en registrar, me puse de pie y comencé a caminar hacia ella abriéndome paso a través de la multitud, sin importarme absolutamente nada.

"Terry, detente" Archie me tomó del brazo, y sin voltear a verlo, me zafé de él sin problemas.

Segundos después, Candy giró su rostro hacia nosotros, y nuestras miradas por fin se encontraron después de 9 largos años.

El mundo a mi alrededor dejó de existir mientras me fundía en la profundidad de sus ojos verdes.

Quise correr a su lado.

Depositar sobre sus labios los besos que mi corazón ha reservado exclusivamente para ella, proferirle las palabras de amor más cursis que soy capaz de enunciar, llenar mis sentidos de su perfume, sus miradas y caricias.

Le sonreí, y en retorno, ella me regaló la expresión más dulce que su rostro es capaz de proyectar.

En sus ojos, pude ver un reflejo de mis propias emociones; nostalgia, melancolía, añoranza, ¿amor?

Debe ser obra de mi mente trastornada, ¡no puede ser cierto! Ella ya no me ama, aun así, por breves segundos, tuve la impresión de que nuestras almas se habían conectado como en el pasado, me dije sin dejar de contemplarla.

Bruscamente, nuestro preciado silencio se disipó.

El ruido del lugar volvió a hacerse presente, y la gente que antes había desaparecido, de nuevo me separaba de ella.

Desesperado, busqué a Candy con la mirada. Ella le sonreía a los reporteros mientras continuaba abrazada de Loyd, como si nuestro intercambio visual jamás hubiese existido.

"¡Terry!" escuché a Gia y torpemente giré mi rostro hacia ella.

A su lado, se encontraban Albert y Archie.

Me observaban acongojados.

"No pueden verte en ese estado los medios, mucho menos tu esposa. ¡Ven!" dijo imperativamente mientras me jalaba al centro de la pista, donde varias parejas bailaban. No fue difícil perdernos entre la multitud "Ten, límpiate el rostro"

Me extendió discretamente un pañuelo y lo observé como si no supiera cuál era su uso.

Entendiendo la confusión que se dibujaba seguramente en mis ojos, habló en un susurro mientras danzábamos grácilmente alrededor del salón.

"Tienes el rostro lleno de lágrimas" aprovechando la distracción de los medios, tomé su pañuelo e hice lo que Gia me indicó sin dejar de bailar un sólo instante.

Aun dentro del caos emocional que había en mi interior por la presencia de Candy, me sentí agradecido con Gia.

Me ayudó desinteresadamente sin hacer preguntas.

Estaba en deuda con ella.

"Gracias" dije y Gia me sonrió.

"Sólo te presté un pañuelo. No es necesario que te pongas sentimental por ello" puse los ojos en blanco y, en contra de mi voluntad, me hizo reír su burla.

"Hiciste más que eso. Lo sabes. Entendería que quisieras hacerme preguntas" sin dejar de sonreír, negó silenciosamente con su cabeza.

"Todos tenemos nuestros secretos y demonios que enfrentar, Terry. No te preocupes. Mi papel no es ser tu juez, sino tu amiga" en silencio agradecí sus palabras.

Al escuchar el cambio de música de la orquesta, respiré profundamente, y con un semblante más tranquilo y sosegado, nos dirigimos hacia Albert y Archie.

"¿Estás mejor?" preguntó con franca preocupación Albert.

"Perdón por la escena" respondí.

"No digas tonterías, Grandchester. Verla después de 9 años y en estas circunstancias, debió ser… " sobrecogido por la idea de estar hablando de más frente a una desconocida, el semblante de Archie se tornó intranquilo.

"Ella es Gia Blume. Persona de mi confianza y amiga con la que he tenido el honor de trabajar en algunos proyectos" Archie suspiró aliviado y no pude evitar reírme abiertamente de él.

"Soy gran admirador de su trabajo. William Albert Andley, a sus pies" como todo un caballero, tomó una de sus manos y la besó sin despegar sus ojos de Gia.

Al parecer, alguien había causado una buena impresión en mi amigo, y no sólo fue él.

Las mejillas de Gia se colorearon inmediatamente de color carmín.

"¡Terry!" desvié mi mirada a un costado mío y vi a Alisa sonriendo mientras corría con sus brazos extendidos hacia mí.

Como era nuestra costumbre, la tomé al vuelo y le di vueltas en el aire mientras me deleitaba con la melodía de su alegre carcajada.

Que bien me hace verla feliz.

Me ayuda a desviar mi atención de Candy y su acompañante.

A un lado nuestro, Susana nos observa con una media sonrisa.

Es inevitable. Alisa nos contagia su felicidad.

"¿Cuántos problemas le diste a Annie, pulga?" pegué mi frente a la suya sin bajarla al suelo.

Me gusta tenerla entre mis brazos.

"¡Ninguno!" respondió mientras dibujaba un gracioso mohín en su cara.

Reí, y mis amigos me secundaron.

"Es una niña muy bien portada. Me gustaría que mis hijos fuesen tan obedientes como ella" al oír el comentario de Annie, Alisa levantó su barbilla orgullosa mientras me enseñaba su lengua.

"Creo que estamos hablando de la niña equivocada" repuse con seriedad, siendo acreedor a unos pellizcos en la parte trasera de mi brazo.

Bajé a Alisa al suelo, y categóricamente me dio la espalda mientras cruzaba sus brazos sobre su pecho completamente indignada.

Por breves instantes, creí que se había molestado conmigo, pero en cuanto giró su rostro y vi la enorme sonrisa que tenía dibujada en sus labios, suspiré con alivio al ver que yo estaba equivocado.

"Está bien, te perdono sólo si bailas conmigo" sin esperar una respuesta mía, tiró de mí hacia el centro del salón.

Como siempre me sucedía al estar cerca de ella, me atrapé sonriendo. Era el efecto "Alisa". No importa que tan sombrío esté mi estado de ánimo. Ella siempre ilumina con su luz las sombras de mi alma.

Viejas heridas que jamás cerraron, comenzaron a supurar dolorosamente dentro de mi pecho desde que vi a Candy abrazada a Loyd en la parte alta de las escaleras.

A pesar del dolor, necesitaba verla al menos una vez más. Sin dejar de bailar, aproveché para buscarla inútilmente con la mirada, pero ni ella ni Loyd estaban al alcance de mi vista.

"¿Sucede algo malo?" la pregunta de Alisa me obligó a bajar la mirada hacia ella.

Forcé una sonrisa en cuanto vi que me observaba con sus ojos curiosos.

Afortunadamente, Robert y su oportuna aparición, frenó el inicio de su interrogatorio.

No me gusta dejar a Alisa sola, aunque fuese con conocidos. Sentía mucha ansiedad al hacerlo, pero Robert no era cualquier persona. Es de mi entera confianza. Además, está haciendo efectiva la promesa de bailar una pieza de baile con ella.

"¿Y los demás?" pregunté a una solitaria Susana, la cual, estaba tan pálida que parecía haber visto a un fantasma.

"Archibald y Annie están bailando. Albert se excusó unos momentos. Loyd necesitaba su presencia en otro lugar" con el ceño fruncido y los ojos demasiado abiertos, Susana dirigió su mirada hacia mí "¿tú estabas al tanto de que ella estaría aquí?" suspiré incómodo mientras cerraba momentáneamente los ojos.

Así que finalmente la vio, me dije.

"La respuesta que te dé no cambia en absoluto nuestra situación, Susana" con sus labios temblorosos, bajó su mirada al piso.

"Te veo muy tranquilo. ¿Acaso sabías que Candy estaría aquí? ¿por eso tu amiga usó la excusa de salir a tomar el fresco para apartarme de tu lado?" fruncí el ceño molesto y sorprendido.

Su imaginación no conoce límites, me dije y negué con la cabeza exasperado.

No tiene sentido responderle.

Diga la verdad o una mentira, ella no me creerá.

Hoy especialmente no me siento de ánimo para soportarla. Tengo asuntos más importantes dentro de mi cabeza como para darle cabida a sus celos, dicho sea de paso, sin fundamento.

"Contéstame, Terry" insistió.

Giré mi rostro violentamente hacia ella y susurré furioso para que sólo ella me escuchara.

"Estás enferma, Susana. Ya no quiero oírte decir estupideces" apretó sus labios y me observó con tanto rencor, que por un momento creí armaría una escena en medio del evento.

"Iré a tomar un poco de aire" con un gesto de sus manos, llamó a uno de los custodios y la llevaron hacia el jardín.

Pasaron varios minutos sin tener señal de Alisa o Robert.

Comenzaba a preocuparme, pero mi angustia escaló niveles más altos cuando lo vi solo platicando amenamente con un grupo de actores.

"¿Robert? ¿mi hermana no está contigo?" pregunté lo más casual que pude.

Por su expresión alarmada, adiviné inmediatamente que mi absurda máscara de calma no lo había engañado.

"Salió a jugar con unos niños al jardín. Creí que te había avisado" negué con la cabeza y me excusé con los presentes mientras aceleraba el paso hacia el enorme jardín.

Quería encontrarla cuanto antes.

No me agrada esta sensación de pesadez que gobierna mi pecho.

Llamé a Alisa varias veces sin obtener más respuesta que el silencio de la noche.

Estoy exagerando. Ella está bien. Soy demasiado sobreprotector. Eso es todo, me repetí esa frase una y otra vez mientras gritaba cada vez con más desesperación su nombre.

¿Y si le pasó algo y no estuve a su lado para protegerla? me sentía al borde de un ataque de nervios de sólo imaginar que pudo haberle sucedido algo malo.

Al llegar al área de la piscina, mi peor pesadilla se consumó frente a mis ojos.

Mi hermana, ahogándose e intentando por todos los medios respirar y mantenerse a flote.

"¡ALISA, TOMA MI MANO!" Susana se había arrastrado a través del pasto en un intento desesperado por alcanzarla, pero ella se encontraba muy lejos de su alcance.

Transcurrieron lo que sentí fueron los 5 segundos más largos de mi vida.

Corrí hacia ellas como si mi vida dependiera de ello, pero alguien mucho más rápido que yo se me adelantó.

Esa persona se tiró a la alberca, sacó la cabeza de Alisa fuera del agua y la llevó a la orilla donde yo la esperaba.

"Candy…" susurré anonadado mientras tomaba a mi hermana entre mis brazos.

"Colócala boca arriba. ¡Rápido!" torpemente asentí e hice lo que me indicó.

Mientras seguía sus instrucciones, creí que de un momento a otro, Alisa abriría sus ojos, me regalaría una de sus hermosas sonrisas, y después, la abrazaría contra mi pecho mientras le susurro que todo está bien. Que nada malo volverá a sucederle.

Pero nada.

Aun yacía inconsciente, y lo que es peor, sus labios _así como el resto de su piel_ se estaban tornando de un color azul mortecino.

No… ¡No, por favor! Ella no.

"ALISA, PRINCESA ABRE LOS OJOS, ¡RESPÓNDEME!" la sacudí de los hombros, pero nada.

No había respuesta.

Parece una muñeca que ha perdido el alma, pensé sin dejar de apreciar su semblante frío y apagado.

Candy se hincó a un lado mío y pronunció las palabras que tanto temía escuchar.

"No tiene signos vitales"

Continuará...


Notas de la autora

¿Qué les pareció? espero les haya gustado. Por fin apareció Candy después de 5 capítulos de ausencia, pero como todo esta desde el punto de vista de Terry, y dada su situación, era complicado que apareciera desde antes jajaja.

Se que algunas esperaban que ella estuviese soltera y sin novio. Cumplí lo de soltera, pero sin compromiso, imposible. Me gusta la idea de verla seguir con su vida, aunque ojo, no estoy hablando de amor. Hay una gran diferencia. Eso de que viva con Loyd sin estar casada me fascina. En esa época era un super escándalo, por eso me pareció apropiado. Incluso la imagino vistiendo de pantalón como Coco Chanel.

Nos leemos pronto y trabajaré duro para tener actualizado pronto.

Besos!