Creí que no lo tendría listo para este miércoles. Pero pude y aquí les dejo este nuevo capítulo. Siempre con muchos deseos de agradecerles sus cálidas palabras y pasión que imprimen en cada una de ellas. Es lindo ver que les transmito muchas emociones en lo que escribo.
Espero que este capítulo sea de su agrado. Créanme que hubo una escena en particular que reescribí al menos 5 veces jajaja.
Capítulo 7. Confesiones
En toda mi vida jamás he sentido este nivel de devastación.
Mi hermana, mi niña hermosa, yace inmóvil sobre el pasto.
No hubo nada que pudiera hacer por ella.
Fui incapaz de salvarla.
Mi corazón agoniza y no encuentro las fuerzas para reanimarlo.
Sacudo a Alisa por los hombros en un inútil intento por hacerla reaccionar, pero todo es en vano. Ella sigue dormida. Inerte. Ajena a mis suplicas y lamentos.
Soy plenamente consciente de los gritos lastimeros que salen despedidos de mi garganta.
No me importa cuantas personas escuchen mis alaridos.
Sin mi hermana, nada tiene sentido para mí.
Alguien _no sé muy bien quien_ pronuncia mi nombre una y otra vez.
Cruelmente, intentan apartarme de Alisa. Quieren distraer mi atención para alejarla de mi lado, pero con uno de mis brazos, aparto a esa persona y me aferro con fuerza al cuerpo de mi hermana escondiendo mi rostro en su pecho.
¡Nadie me la quitará! pensé, sintiendo como las lágrimas fluían sin cesar a través de mis ojos.
Lentamente, levanté el rostro, cuando de la nada, dos pares de brazos me rodearon, tirando de mi con saña.
"¡SUELTENME!" grité al ver a mi hermana tendida en el pasto.
Sola.
En ese instante, enloquecí.
Nadie podía contener mi furia ni mucho menos mi tristeza.
Golpeé con mis puños a esas personas.
Ansiaba zafarme de ese férreo abrazo para volver al lado de Alisa.
Sin ella, me sentía completamente solo en este mundo.
Ya no tengo a nadie por quien vivir.
Con esa realidad frente a mis ojos, me paralicé y dejé escapar varios sollozos ensordecedores mientras caía nuevamente de rodillas al suelo.
La vida es cruel e injusta conmigo.
Una vez más, me arrebató a una persona amada, pero en esta ocasión, de manera contundente.
A Candy podía verla a distancia.
Lejos de mí, pero feliz con la vida que ha elegido.
A Alisa no.
Jamás podré volver a verla sonreír.
No escucharé el eco de sus alegres carcajadas, ni sus dulces protestas que saben disipar mi constante melancolía.
Golpeé con furia el pasto bajo mis rodillas una y otra vez, sin embargo, nada de lo que hiciera podría traerla de regreso.
De pronto, escuché las voces de mis amigos con demasiada intensidad.
Levanté la mirada, y los vi a un lado mío. Desolados.
"Terry, no existen palabras que consigan expresar mi pena en estos momentos" expresó Albert afligido.
Por primera vez desde que lo conozco, quise golpearlo.
Ansiaba que se tragara cada una de sus palabras, por muy cordiales que estas fueran.
Dios _si de verdad existe_ no puede ser tan cruel como para llevarse a un ser tan puro e inocente como mi hermana.
Si pudiera, cambiaría mi lugar con el suyo.
Mi vida carece de valor, la suya en cambio, es invaluable.
¡Ella no puede morir!
"¡NO MORIRÁ!" desconcertado, giré mi rostro hacia Candy.
Me sorprendió que mis pensamientos y los suyos fuesen tan parecidos.
Aun hincada a un lado de mi hermana, presionaba rítmicamente su pecho, al tiempo que le daba respiración a través de su boca.
No soy un experto en el área médica, pero estoy seguro de que jamás he visto a alguien aplicar una técnica semejante.
"Pero Alisa no tiene signos vitales… no hay nada que puedas hacer por ella" repuso Annie con mesura.
"¡Todavía hay esperanza!" espetó Candy con fiereza.
Se apartó unos segundos de mi hermana, y como si fuese habitual entre nosotros, tomó mi rostro entre sus manos con ternura.
Su mirada se fundió en la mía, y no hubo secreto que fuese capaz de ocultarle a mi alma.
El amor que nos profesamos años atrás, yace intacto dentro de su corazón.
Lo sé, porque extrañamente, ahora lo siento recorrer intempestivamente a través de mi cuerpo.
Es una especie de descarga eléctrica, un cosquilleo, un calor que me consume, y que a la vez, me hace sentir más vivo que nunca.
Completo.
Cerré los ojos, dejé escapar un suspiro, y en un acto completamente inconsciente, coloqué mis manos sobre las suyas al tiempo que nuestras frentes se unían.
Sentir su piel contra la mía, era una necesidad imperiosa que requería satisfacer.
Es nuestro lenguaje secreto.
Ella y yo tenemos la capacidad de comunicarnos sin palabras.
Este breve contacto, aligeró la sofocación que asfixiaba mi corazón segundos atrás.
Su presencia misma, me ayuda a considerar la posibilidad, de que traer a mi hermana de regreso de las garras de la muerte no es un deseo inalcanzable.
¿Qué mágico influjo tienes sobre mí, Candy, que me haces creer que en este mundo no existen imposibles?
"Terry, escúchame. Salvaré a Alisa. Confía en mí" susurró.
Su aliento mezclado con el perfume a rosas que desprende cada espacio de su cuerpo, fue el pretexto que necesitaba mi débil corazón para dar rienda suelta al inmenso amor que, a pesar de los años transcurridos, aun le profeso sólo a ella.
Incapaz de pronunciar una sola palabra, asentí sin despegar mi mirada de la suya.
Una parte de mí, deseó con fuerza que este momento jamás acabara.
Que el hilo que mantiene unidas nuestras almas, no se rompa jamás.
Decidida, Candy enfocó nuevamente su atención en Alisa y mis esperanzas revivieron.
Continuó masajeando su pecho, al tiempo que le daba respiración de boca a boca.
Este proceso lo llevó a cabo una y otra vez.
Una y otra vez.
Candy estaba resuelta en no dejar ir a mi hermana.
"Vamos, Alisa. Tienes mucho que vivir todavía. Tus papás aguardan por ti. ¿No quieres volver a verlos?" expresó Candy vehemente.
Un segundo después, todos fuimos testigos de un milagro.
Mi hermana abrió nuevamente sus ojos al tiempo que aspiraba bruscamente una gran bocanada de aire. Casi enseguida, comenzó a escupir el agua que le había impedido respirar segundos atrás.
El tono azulado que se dibujó en su rostro hacía unos instantes, comenzó a desvanecerse lentamente.
Aun se encontraba pálida, pero sus mejillas y labios, poco a poco se colorearon de un hermoso color rosáceo.
Sin perder tiempo, me quité el saco y lo puse encima de Alisa, la cual al verme, abrió desmesuradamente sus ojos.
"No llores…" acercó su mano a mi mejilla y retiró algunas lágrimas que seguían cayendo a través de mi rostro.
Con demasiado ímpetu quizás, la envolví entre mis brazos y la acerqué con ansiedad a mi pecho.
Mi única excusa plausible, es que necesitaba corroborar que esto no es un cruel sueño, sino mi dulce realidad.
"Perdóname. ¡Perdóname!" no podía dejar de disculparme con ella.
Quería decirle que no la volvería a dejar sola.
Que me encargaría de protegerla, pero no pude.
Las palabras se ahogaron en mi garganta.
Solo atiné a acariciar su cabello y a besar repetidamente sus mejillas rollizas.
"Necesitamos llevar a Alisa al interior de la casa" pronunció Candy y asentí.
"Aquí tienen estas mantas. Pueden hacer uso de cualquiera de las habitaciones" dijo Loyd colocando una frazada sobre los hombros de su novia.
Tan centrado estaba en Alisa, que no me detuve a analizar el intercambio de miradas que se suscitó entre ambos.
La salud de mi hermana era mucho más importante para mí en estos momentos.
Con ella en brazos, atravesé corriendo uno de los tantos pasillos de la inmensa mansión, entré en una de las habitaciones y la coloqué sobre la cama.
Todo su cuerpo temblaba violentamente. Temía que, por la baja temperatura del agua, pudiese generar una fiebre muy alta o alguna otra enfermedad de cuidado.
"Annie, ve con una de las mucamas y diles que traigan ropa seca para Alisa. Albert, Archie, necesitamos agua caliente y frazadas. Loyd, por favor, que prendan la chimenea. Necesitamos calentar la habitación, ahora" dijo Candy con severidad.
De inmediato, todos salieron de la habitación, dejándonos solos con mi hermana.
"Alisa, vamos a quitarte esta ropa" mi hermana me hizo un puchero pero accedió.
Gracias al calor natural del cuarto, los temblores de su cuerpo comenzaron a cesar.
"No van a tirar mi vestido ¿verdad?" reí aliviado.
Ella está fuera de peligro, me dije y quise volver a llorar.
Esta vez, de alegría.
"No, pero siempre puedo comprarte otro" la sonrisa se borró de mi rostro y puse un gesto más serio. Coloqué mis manos sobre sus mejillas y pegué mi frente a la suya "sentí que morí mil muertes. Si te hubiera perdido hoy, te habría seguido al otro mundo sin dudarlo" la voz se me quebró antes que terminara de hablar y escondí mi rostro en sus hombros angostos.
Me abrazó, y con ternura, besó mi cabeza al tiempo que acariciaba con una de sus manos mi espalda.
Me está dando ánimos, cuando soy yo el que debería hacerlo.
"Perdóname, Terry" susurró y levanté mi mirada hacia ella.
Con mi dedo índice, le di un pequeño golpe en la punta de su nariz.
En respuesta, sacó su lengua y suspiré aliviado.
"Aquí están estas prendas secas" Alisa giró su rostro hacia Candy y la observó con evidente sorpresa.
"¿Tú quién eres?" reí.
Mi hermana es demasiado sincera y espontánea en sus cuestionamientos.
"Ella es la persona que te salvó la vida hace un momento" asintió con una sonrisa al escuchar mi respuesta.
"Me da gusto verte fuera de peligro. Eres una niña muy fuerte" Candy se sentó a un lado de mi hermana, y sin dejar de sonreír, le ayudó a quitarse su vestido.
"Mi hermano es más fuerte. Algún día seré como él" respondió con orgullo y Candy se rio alegremente de su comentario.
Esa risa. Hace tantos años no la escucho.
La observé embelesado.
"¿Enserio?" como si nada hubiese pasado, Alisa asintió entusiasmada, mientras se dejaba vestir por Candy.
"¡Claro! Mi hermano es la mejor persona de todo mundo después de mi papi" dijo y bajé la mirada apenado mientras negaba con la cabeza.
"Debe de serlo si lo quieres tanto. ¿Qué edad tiene tu hermano?" con movimientos estudiados, secó el cabello de Alisa con una toalla, y después, la metió a la cama.
"Muchos. ¿Cuántos años tienes, Terry?" la mirada sobrecogida de Candy se clavó sobre mí.
"¿¡Tú eres su hermano?! Creí que eras su papá…" con una alegría poco propia de mí, me reí de ella "¿¡Te estás riendo de mí?!" hizo un mohín evitando mi mirada y me carcajeé aun más de ella.
Era como retroceder en el tiempo. Al Colegio San Pablo. Cuando yo era feliz y lo tenía todo sin saberlo.
Que bien se siente reír junto con ella una vez más. Colmarme de sus miradas y silencios.
La necesito. La amo.
"Si haces ese gesto, se te ven aún más las pecas. ¡Mona pecas!" al oírme, se abalanzó sobre mí como en el pasado.
"¡TERRY!" con sus puños, golpeó una y otra vez mi hombro.
"No te recuerdo tan pequeña, Candy. ¿Te encogiste?" un sonrojo profundo coloreó sus mejillas mientras levantaba su mirada hacia mí.
"Más bien tú eres el que creció demasiado. Mi 1.65 cm de estatura es perfectamente normal para una mujer de 25 años como yo" alzó su nariz indignada cruzando sus brazos sobre su pecho.
Una ráfaga de viento se filtró por entre las ventanas abiertas, llevándome el aroma a rosas del perfume natural que envuelve cada centímetro de su cuerpo perfecto.
Si. Candy es una mujer que me invita al amor y al placer.
Encuentro sumamente erótico cada gesto, cada mirada, cada sonrisa, cada movimiento que realiza.
Toda ella es una diosa que me incita a desearla como no he deseado jamás a una mujer.
¿Qué pensaría Candy si se enterara de los pensamientos que estoy teniendo con ella de protagonista? ¿Se escandalizaría como aquella vez que le robé un beso?
La sonrisa se desvaneció de nuestros rostros en cuanto nuestras miradas se cruzaron.
Me faltó la respiración. No podía emitir una sola palabra coherente.
Es como si una fuerza divina, me hubiese arrebatado el don del habla.
No podía escuchar ni un sonido a mi alrededor.
En este espacio infinito, sólo existe ella. Nadie más.
Algo superior a nosotros mismos se apoderó de nuestra voluntad, subyugándonos sin remedio ante el cúmulo de emociones que se daban cita en una parte mucho más profunda que nuestro corazón.
Después de aquella dolorosa separación, creí que jamás la volvería a ver.
Que nuestros caminos nunca volverían a juntarse.
Imaginar que cada decisión que tomé después de ese momento, me llevó de nuevo hacia Candy, me obligaba a pensar que todo lo que he vivido hasta ahora, bien ha valido la pena.
Necesito tanto tenerla a mi lado, que pensar en dejarla ir otra vez, me duele demasiado.
El amor que siento por ella es tan intenso, que me gustaría poder abrir mi pecho y mostrárselo para que entienda que sin ella, soy un ente vacío.
Un ser incompleto.
"Por lo que veo, se conocen" el comentario de Alisa nos trajo bruscamente a la realidad.
Candy, nerviosa, clavó su mirada sobre mi hermana y le dedicó una dulce sonrisa mientras se sentaba a su lado en la cama.
"Estudiamos juntos en Londres hace muchos años. Mi nombre es Candice, pero mis amigos pueden llamarme Candy" traviesa, le guiñó un ojo a mi hermana, la cual, al oír su nombre, se sorprendió.
Sin despegar su mirada de su rostro, se hincó a su lado y la admiró con bastante curiosidad.
"¡Eres más bonita de lo que imaginé!" sonrojada, Candy parpadeó confundida.
"¿Me conoces?" extrañada por las palabras de mi hermana, nos observó intermitentemente intentando encontrar en mi mirada las respuestas que buscaba.
"¡Claro! Mi hermano me ha hablado de ti. ¿Sabes? él me dijo que…" antes que terminara de formular la frase, la interrumpí.
"Alisa, estás incomodando a Candy. Ven, recuéstate. Necesitas descansar" molesta, cruzó sus brazos sobre su pecho al tiempo que un tierno puchero se dibujaba en su cara.
"¡No quiero dormir! Déjame platicar con ella. No te molesta, ¿verdad Candy?" condescendiente, le sonrió mientras me dedicaba una mirada inquisitiva.
Comenzaba a creer que mi hermana develaría mis más profundos secretos, cuando la oportuna presencia de un gato de angora blanco distrajo la atención de ambas.
Con agilidad, saltó sobre la cama y se restregó en el regazo de Candy sin dejar de ronronear.
"¡Qué bonito! ¿es tuyo?" Alisa adora los gatos.
Mis padres se resisten a comprarle una mascota, por la sencilla razón de que viajan constantemente al extranjero con ella.
Les parece cruel dejar solo al gato durante semanas, y aunque Alisa se ha rebelado al respecto, comparto la opinión de mis padres.
Sin poder resistirlo, mi hermana se acercó a él y comenzó a acariciarlo.
Curiosamente, el animal no hizo nada por huir.
Contrario a otros gatos, este se dejó mimar por ella.
"Si, se llama Tea" fruncí el ceño ante la mención de ese nombre. Tan parecido al de la yegua que tuve que vender para viajar a América; Teodora "me lo traje de Flandes cuando fui enfermera de guerra. Fue mi compañera y mi confidente durante esos difíciles años"
Mi corazón se contrajo al escucharla hablar.
Imaginarla en uno de los lugares más peligrosos durante la guerra, provocó en mí un miedo atroz.
"Disculpen la intromisión. Candy, necesito hablar contigo" dijo Loyd desde el marco de la puerta.
Por su expresión seria y contrariada, supuse que la conversación no sería agradable.
"Por supuesto. ¿Cuidas a Tea por mí, Alisa?" mi hermana le dedicó una enorme sonrisa y asintió mientras colocaba a la gata sobre su regazo.
Una vez solos, suspiré pesadamente y escondí mi rostro entre mis manos.
"Díselo" levanté la mirada y mi hermana me observó con intensidad mientras le hacía mimos a Tea detrás de su oreja.
"¿A qué te refieres?" puso sus ojos en blanco y miró hacia el techo con cierta impaciencia.
"Pues que no la has olvidado. Que aun la amas" refunfuñó como si su respuesta fuese demasiado obvia y yo muy estúpido para conjeturarla.
Cansado, apoyé mi espalda contra la cabecera de la cama y cerré los ojos.
"Ojalá fuera tan fácil. Cuando se es adulto, y además casado, la vida se vuelve muy complicada" ante su ceño fruncido, sonreí y alboroté su cabello.
Al cabo de algunos minutos, Alisa se quedó dormida esperando a Candy, la cual, entró en la habitación con una sombría expresión adornando su rostro.
"¿Está todo bien?" asintió y de inmediato percibí que me mentía.
Quise instarla a decirme la verdad, pero no estaba en posición de exigirle respuestas, así que opté por cambiar de tema.
"Esa técnica que aplicaste a Alisa fue sorprendente. Jamás había visto algo semejante ¿La aprendiste durante la guerra?" una sonrisa melancólica que jamás le había visto portar, se dibujó en su rostro.
"Si. Un médico la aplicó a un paciente en el pabellón que se me tenía designado. Tiene la creencia de que las compresiones torácicas, provocan una circulación artificial transitoria durante un paro cardiaco. Estoy segura que algún día el sector médico avalará su procedimiento. Gracias a él, Alisa hoy sigue con vida" dijo sonriente.
"No. Es gracias a tu esfuerzo y perseverancia. Gracias Candy" giró su rostro hacia mí y se sonrojó.
Apenada, desvió su mirada hacia uno de los ventanales que custodian la habitación.
Tuve la sensación de que después de su plática con Loyd, mi presencia le resultaba incómoda.
"No hagas esto, por favor" al oírla hablar con tanta tristeza, mi corazón dio un doloroso vuelco dentro de mi pecho.
"¿Agradecerte? Desde cuando es incorrecto hacerlo" susurré y de nuevo clavó su mirada sobre la mía.
"Sabes a lo que me refiero ¡Me miras como si me necesitaras en tu vida y es injusto! Tengo una vida hecha con Loyd, y aun así, tu…" sus puños temblaban mientras hablaba.
Está furiosa conmigo.
De la nada, las palabras de Alisa emergieron y se colocaron en la parte frontal de mi mente.
Díselo. Que la amas.
Su sabiduría va más allá de su corta edad.
Sin importarme el enojo que Candy transpiraba en cada palabra que pronunciaba, me puse en pie y me encaminé hacia ella. Acto seguido, tomé una de sus manos entre las mías y le sonreí.
"No puedo fingir que no te amo sólo porque sé que este momento está destinado a quedar en el pasado junto con nuestras memorias. Soy demasiado egoísta como para silenciar mi alma" musité y colocó sus manos y frente contra mi pecho.
"Después de nuestra separación, he vivido lo que he querido con la esperanza de ser feliz. Y lo he logrado con mucho esfuerzo; amo mi carrera, me apasiona mi trabajo como enfermera, disfruto cada día de mi vida, me fascina impartir clases a los niños en la casa hogar de Pony, y además, soy dichosa por tener a mi lado a un hombre que me ama como Loyd. Así que fue lógico que me diera la oportunidad de amarlo también" pasé saliva a través de mi garganta al oírla hablar.
Tuve la sensación de que era ácido lo que recorría mi tráquea, el cual, incineraba lastimosamente cada parte de mi cuerpo.
"Entiendo…"
Como si hubiese proferido un insulto hacia ella con mi respuesta, clavó su mirada furibunda sobre mi rostro y se alejó de mí.
"¡No entiendes nada! Ese es el problema. Estás tan enfrascado pensando en tu propio dolor, que eres incapaz de ver lo que tu presencia ha desatado en mi interior y en mi vida" contra su voluntad, empezó a llorar.
Sin mostrar un ápice de aflicción, retiró rudamente las lágrimas con su muñeca.
"Candy, si me dejaras explicarte que…" me acerqué a ella, pero como si mi presencia la repeliera, dio varios pasos hacia atrás al tiempo que extendía sus brazos defensivamente hacia el frente.
"No te me acerques ¡No quiero oírte! Ya me rompiste una vez el corazón. Me dolió tanto, que no creo poder soportar que me lastimes de nueva cuenta" farfulló.
Sin más espacio tras de ella, su espalda chocó con una de las paredes de la habitación y me observó desconsolada.
"Tienes razón en todo lo que me has dicho. Me lo merezco" susurré "me gustaría haber actuado diferente. Tener la madurez y la familia que tengo ahora, para saber que dejarte para casarme con Susana, sería el peor error de mi vida" dije sin dejar de observar cada cambio de expresión que se dibujaba en su rostro, cada lágrima que continuaba cayendo a través de sus blancas mejillas.
Me partía el corazón verla tan abatida por culpa mía. Pero esta plática era inevitable.
Ambos necesitamos enfrentar nuestro pasado para poder avanzar, con suerte, hacia un futuro que me gustaría fuese nuestro.
"Salvó tu vida. Perdió su pierna por protegerte…" masculló con dureza.
"¡Y YO SACRIFIQUÉ MIS SUEÑOS Y MI AMOR POR TI PARA VELAR POR ELLA!" grité, y justo en ese momento entró Albert, Annie y Archie a la habitación.
"En todo el pasillo se escuchan sus gritos" Albert cerró la puerta tras de sí mientras hablaba.
No podía callarme ahora, aunque quisiera.
Me sentía furioso y sumamente frustrado.
Continuaban castigándome por un delito que no cometí.
"Mi culpa es haberte ocultado el accidente de Susana a tu llegada a Nueva York. Mi única excusa es que sabía que te perdería en cuanto te enteraras. Me aterraba la idea. ¡Por eso callé y me disculpo por ello! Yo también perdí todo esa noche ¡Así que no me digas que no entiendo nada, cuando aún ahora sigo pagando por un delito que no cometí!" ambos nos miramos con furia.
Sin embargo, detrás de todos nuestros reclamos, se encontraba un amor lastimado a la espera de ser sanado.
"Están muy exaltados. De esa manera no conseguirán comunicarse como dos adultos maduros y civilizados" Archie se colocó en medio de los dos.
Nos observaba con reprobación y acritud.
Di un paso hacia atrás, apreté el puente de mi nariz y respiré hondamente.
Al instante, mis emociones comenzaron a mitigarse.
"Idealicé tantas ocasiones verte una vez más, que hasta perdí la cuenta. En mi mente, visualicé varios escenarios, y admito que fui demasiado optimista en cada uno de ellos. No está en mi naturaleza ser optimista, y aun así, me permití serlo en mis sueños" volteé hacia Alisa y la vi despierta.
Afligida.
Como pude, saqué fuerzas y le sonreí.
Inmediatamente saltó a mis brazos y escondió su rostro en mi cuello.
"Terry, yo…" suspiré profundamente y me giré hacia Candy.
Sea lo que sea que fuese a decirme, nunca lo sabré.
En ese momento, apareció inoportunamente Susana con Loyd tras de ella.
"Tu esposa te estaba buscando, Terry. Me pareció prudente traerla contigo" asentí lo más imperturbable que pude.
"¿Por qué no bajaste a notificarme nada? Sabes que no puedo subir las escaleras sola. Estaba sumamente angustiada por Alisa y a ti no te importó dejarme relegada" contrariada, se acercó a nosotros ignorando a los presentes.
"Lo se" frunció el ceño, y sin importarle la audiencia, subió el volumen de su voz.
"¿¡Lo sabes?! ¿¡Es todo lo que tienes que decir a tu favor?! Tu deber es cuidarme y velar por mi ¿¡Acaso ya lo olvidaste?!" la cólera de Susana creció ante mi indiferencia.
No tenía fuerzas ni mucho menos ánimo para hacer crecer una escena tan patética como esta frente a mis amigos, especialmente estando Candy presente.
"¿Te sientes bien para irnos, pulga?" le pregunté a Alisa y, disgustada, asintió.
Un doloroso nudo se instaló en mi garganta en cuanto caí en la cuenta que después de hoy, no volvería a ver a Candy.
Definitivamente, no es así como quería recordar mi reencuentro con ella.
Bajé la mirada al suelo y me armé de valor para verla por última vez.
Alcé mi rostro y me perdí de nuevo en sus hermosos ojos verdes.
Tan llenos de amor y dolor por un futuro que jamás podrá ser nuestro.
"¡TERRY!" volvió a gritar Susana, pero una vez más, hice acoplo de serenidad y la ignoré.
Mis amigos, incluidos Candy y su novio, nos observaban incómodos. Podía aseverar que hasta apenados por presenciar el arranque de locura de mi aun esposa.
"Siempre le grita sin razón a mi hermano como una loca histérica" dijo mi hermana ante la incredulidad de los presentes.
"¡Alisa!" la reprendí para que callara, pero al parecer, no tenía la intención de hacerlo.
"¡Si tu no te atreves a decir la verdad, lo haré yo! ¡Tu vida al lado de Susana es un infierno y lo soportas por la promesa que le hiciste a Candy!" abatido, bajé la mirada al suelo.
Finalmente, Alisa dijo lo que yo cobardemente no pude, aunque jamás podré culpar a Candy del infierno que yo mismo construí.
Estoy en el por decisión propia.
"¡Cállate!" gritó Susana.
La relación entre ellas siempre ha sido hostil, pero hoy, existe algo diferente en su manera de tratarse. Ese detalle que aun desconocía, me instó a prestarle más atención a ambas.
"¡No me voy a callar! No te tengo miedo a pesar de que fuiste tú la que me empujó a la alberca" habló sin derramar una sola lágrima.
¿Escuché bien?
Soy consciente de que Susana está mal emocionalmente, ¿pero a llegar a ese grado?.
Incrédulo y sumamente furioso, giré mi rostro hacia ella.
"¿¡QUÉ ESTÁ DICIENDO ALISA, SUSANA?!" gruñí entre dientes, sintiendo como la sangre hervía dentro de mis venas.
"Tu me orillaste a hacerlo. ¡Sólo tu tienes la culpa de que lo haya hecho! ¡Yo no soy responsable de lo sucedido sino tú!" aferró sus manos sobre mi camisa y me alejé bruscamente de ella.
"El infierno en que tú y tu madre convirtieron mi vida es una cosa. Con eso puedo lidiar. Pero que te hayas atrevido a dañar a la persona que más amo en este mundo, es imperdonable" instintivamente, puse a Alisa en brazos de Candy y me acerqué a Susana con un sólo objetivo; MATARLA.
Ningún ser humano ha despertado en mi estos instintos asesinos, excepto ella.
Nadie podía osar ponerle un dedo encima a mi hermana y vivir para contarlo.
Entendiendo las oscuras cavilaciones que me guían hacia ella, Albert y Archie me detuvieron antes que hiciera una locura.
"¡Suéltenme!" mascullé, pero mi cuerpo no hacía nada por librarse de los brazos que sometían cada uno de mis movimientos.
"No dejaré que hagas una tontería. Piensa en que Alisa esta sana y salva. Eso es lo único que debe importarte" como siempre, las palabras de Albert estaban cargadas de razón y me sosegaron.
Relajé los músculos de mi cuerpo y di dos pasos hacia atrás mientras pasaba desesperado mis manos por mi cabello.
"Susana. Necesitas ayuda. Conozco a personas que pueden ayudarte" la indulgencia en el tono de voz de Candy, empeoró la crisis emocional de Susana.
La vio con tanto odio, que distorsionó por completo las facciones de su rostro.
"TODO ES CULPA DE TERRY. POR SU CAUSA, MI CARRERA SE ACABÓ, Y JUNTO CON ELLA, PERDÍ MI MAYOR ATRIBUTO; MI BELLEZA. ESTOY INCOMPLETA POR CULPA SUYA. EL ME PERTENECE. NI TU NI NADIE ME LO QUITARÁ ¿¡ME ENTIENDES?! ¡ÉL ES MÍO!" tomó entre sus manos una figura metálica y la aventó con fuerza en dirección de Candy y Alisa.
Sin pensarlo dos veces, me coloqué delante de ellas y recibí el golpe en la cabeza.
"¡Terry!" la voz angustiada de mis amigos hizo eco en la habitación.
Sentía como la sangre escurría a través de mi mejilla, pero no le presté atención.
En este momento, me importaba algo mucho más importante que mi propio bienestar.
Giré mi rostro hacia mi hermana. Lloraba desconsolada por mi causa.
"Estoy bien, pulga. No llores. Me duele verte así" dudosa, asintió y le dediqué una diminuta sonrisa al tiempo que limpiaba con mis dedos las lágrimas que bañaban su rostro.
Consternado, enfoqué mi atención en Candy, la cual, se encontraba contrariada y afligida por la escena que, penosamente, acababa de presenciar.
Por un momento, creí que la figura metálica la había alcanzado a lastimar.
"¿Estás herida? ¿te golpeó en alguna parte?" negó en silencio y vacié mis pulmones completamente aliviado. Acto seguido, encaré a Susana, furioso "No te quiero volver a ver en mi casa ni cerca de mi familia. ¡Lárgate si en algo aprecias tu vida!"
"No puedes dejarme. Sacrifiqué todo por ti" repuso llorosa.
"¡BASTA DE TUS CHANTAJES! ¡QUISISTE MATAR A MI HERMANA! ¿¡De verdad crees que después de eso, seguiré viviendo contigo?! Ahora mismo te largarás a vivir con tu madre sólo con lo que llevas puesto" si algún día sentí simpatía y cariño por ella, eso se había acabado.
Susana y su madre se encargaron de ello.
Uno de los custodios de Albert entró por ella y la sacó de la habitación. Clamaba con histeria mi nombre una y otra vez a lo largo del pasillo.
La podíamos escuchar claramente a pesar de estar cada vez más lejos de nosotros.
Quise creer que este sería el inicio de mi vida sin Susana y Margot.
Continuará...
Notas de la autora
Esa plática a solas con Terry y el como se enteran que Susana empujó a Alisa la reescribí varias veces. No quedaba satisfecha, pero por fin el resultado final me dejó sumamente complacida y espero a ustedes también.
Espero leerlos el siguiente miércoles pero no les aseguro nada, aunque no duden en que trabajaré duro para tener listo el siguiente capítulo pronto. Si les gustó mi historia déjenme un review. Besos!
