¡UFF! Trabajé arduamente para tener listo este capítulo el miércoles, pero llegado ese día, aun me faltaba la parte de la edición y pulida jajajaja así que prefería subirlo un día después, pero segura y satisfecha con lo escrito.

Espero que disfruten este capítulo, el cual, es ligeramente más largo que los anteriores. Nos leemos en los reviews!


Capítulo 8. Sin ti

Suspiré lánguidamente.

Tenía la impresión de haber salido de una pesadilla demasiado larga.

Afortunadamente, el servicio de guardaespaldas de Albert se encargaría de llevar a Susana hasta casa de su madre.

Me evitaban seguir lidiando con ellas.

Estaba débil. Fatigado.

No tengo un ápice de energía.

Emocional y físicamente estoy drenado.

Quizás se deba a lo ocurrido dos horas atrás; mi reencuentro con Candy después de 9 años, creer que Alisa estaba muerta, Candy salvando su vida, mi conversación con ella, y la gota que derramó el vaso, enterarme que Susana quiso asesinar a mi hermana por mi culpa.

Era demasiado.

Necesitaba cerrar los ojos y olvidar que estas horas tan amargas habían existido.

Merezco tener unos minutos de paz.

"Terry, lo que hizo Susana fue un intento de asesinato. Necesitas denunciarla a la policía antes que cometa un acto irreparable" escuché la voz condescendiente de Albert cada vez más lejana.

Giré mi rostro hacia él y todo lo percibí difuso.

Era parecido a estar viendo la escena en el fondo del agua, pero a través de un velo blanco.

De pronto, no fui capaz de seguir sosteniéndome en pie.

Gracias a la oportuna intervención de Archie, Loyd y Albert, no caí al suelo.

"¡Terry!" Candy gritar mi nombre enloquecida, fue lo último que escuché, antes de caer en un profundo letargo del que no pude escapar.

Un segundo después abrí los ojos.

Al menos, esa es la impresión que tuve.

Parpadeé un par de veces confundido al percatarme que la habitación en la que me encontraba, no la conocía.

Ajustar mi vista a mi entorno me costó trabajo, pero en cuanto distinguí con claridad los alrededores, me enderecé.

Mi cabeza me dolía demasiado. Levanté mi mano, e inmediatamente sentí una venda que rodeaba mi frente y mi nuca.

"¿Qué pasó?" pensé en voz alta y Albert estuvo a mi lado en un segundo.

"No te quites la venda, se puede abrir la herida" fruncí el ceño preocupado.

¿Herida?

Sin hacer audibles mis preguntas, Albert comprendió que no entendía dónde estaba ni que me había sucedido.

Nervioso, tomó una silla y se sentó a un costado de la cama.

"¿No recuerdas lo que pasó?" me tomé unos segundos antes de responder.

¿Qué ocurrió? me pregunté y los recuerdos regresaron a mi mente uno tras otro como un mar embravecido.

"Si. Desafortunadamente lo recuerdo. ¿Dónde estamos?" respondí.

Albert suspiró aliviado.

La expresión sobrecogida de su rostro se suavizó al instante.

"Estás en mi Chalet. Me tomé el atrevimiento de avisarle a tu mayordomo que no dejara entrar a Susana a tu casa. Además, puse un servicio de vigilancia en tu propiedad que me avisará por si ella intenta acercarse. Espero no te molesten las atribuciones que me he tomado" negué lentamente con la cabeza.

"Por supuesto que no, Albert, al contrario, te lo agradezco. Y Alisa ¿cómo está?" pregunté inquieto al no verla por ningún lado de la habitación.

"Preocupada. Cuando te desmayaste, entró en pánico. Candy la tranquilizó y le dijo que sólo estabas débil por el golpe recibido. No se separó de ti en todo el camino. Fue hasta que se quedó dormida que Archie pudo llevarla a una de las habitaciones de la mansión" asentí más calmado.

Giré mi rostro hacia uno de los ventanales, y vi un deslumbrante sol filtrarse por entre las largas cortinas.

"Por lo visto estuve inconsciente varias horas"

"Perdiste un poco de sangre, producto del golpe que recibiste. Es normal que te hayas debilitado. Además, te hizo bien descansar" dijo.

Un deseo imperioso tomó presa a mi mente y mi corazón.

Ansiaba preguntarle a Albert por Candy. Saber dónde se encontraba y que estaba haciendo, pero por supuesto, me aterraba escuchar las respuestas que de antemano ya conocía.

En momentos como este, lo mejor es vivir en la ignorancia, me dije, y enterré la idea de inmediato.

La mujer que amo, parece estar destinada a no recorrer a mi lado el sueño que un día tuvimos de estar juntos para siempre.

"¿Qué harás con tu esposa?" la pregunta de Albert provocó que se dibujara en mi rostro una sonrisa irónica que no pude reprimir.

Comprendí que fui demasiado iluso al creer que mi historia con Susana, terminaría fácilmente como yo deseaba.

"Desde su accidente donde perdió la pierna, he vivido culpándome por todo lo malo que le pasa; desde su depresión, la represión constante de su madre, hasta su inestabilidad mental. Sumado a ello, tengo la sensación de que Candy me condena y exige a seguir al lado de una mujer que no amo, sólo por el inmenso sacrificio que ella hizo por mí. ¿¡Y lo que yo sacrifiqué esa noche, vale tan poco?! ¡Ya no puedo seguir con Susana, Albert! ¡Me rehúso!" bajé la mirada hacia el cobertor que me cubría y golpeé mis muslos con mis puños.

Una de sus manos se posó sobre mi hombro y levanté mi mirada hacia él.

Su gesto era afectuoso.

Sincero.

Tuve la extraña sensación de que él conocía mi sentir mucho antes que yo me atreviera a confesármelo a mí mismo.

Sin palabras, me instaba a continuar hablando.

Y lo necesitaba demasiado.

He vivido tantos años soportando el peso de mis malas decisiones pasadas, culpándome por toda la infelicidad que sembré a mi alrededor, que a penas ahora me doy cuenta de cuan hastiado me encontraba de mi vida.

"Denunciaré a Susana por intento de asesinato. No me importa el escándalo. Ya estoy cansado de vivir maniatado al pasado y a la culpa" con un gesto grave, Albert asintió.

"No estarás solo durante el proceso. Cuentas con todo el apoyo que mi posición puede ofrecerte, Terry" agradecí en silencio su incondicional ayuda "en cuanto a Candy, sé que sus palabras pueden parecer acusatorias, pero te aseguro que no es así" recargué mi cabeza contra el respaldo de la cama y cerré los ojos.

El dolor de cabeza está matándome, pero el de mi alma es mucho peor, y para ese malestar, no hay medicina existente que pueda aliviarme.

"Se que estoy sumido en esta mierda por mi culpa, pero no era necesario que ella me hiciera sentir peor. Hago perfectamente ese trabajo sin su ayuda" molesto, pasé mis manos sobre mi cabello.

Mi tono de voz fue más áspero de lo que esperaba, sin embargo, Albert se mantuvo afable e impasible.

Su bonhomía era tan contagiosa, que aligeró mi oscuro estado de ánimo.

"Perdón, sé que ella también ha vivido momentos difíciles, pero…" negó con la cabeza y me sonrió.

"El dolor nos hace expresar nuestros pensamientos sin censura, Terry. Tanto tú como Candy, son seres vehementes e impetuosos por naturaleza. A veces para descifrar el verdadero significado de sus palabras, hay que saber leer entre líneas" confundido, clavé mi mirada sobre la suya a la espera de que continuara hablando.

Pero no lo hizo.

Hoy precisamente, Albert había decidido ser más críptico de lo habitual.

Se que un mensaje se hallaba oculto en cada una de sus palabras, pero, o yo estaba muy aturdido por el golpe, o era demasiado estúpido para adivinar cual era.

De pronto, la puerta de la habitación se abrió precipitadamente.

Con regocijo, vi a mi hermana correr hacia mí con su habitual sonrisa.

"¡Terry!" saltó a mis brazos y la envolví en un fuerte abrazo, al tiempo que suspiraba aliviado de ver su sonrisa intacta a pesar del trauma que vivió el día de ayer.

"¿Cómo te sientes? Deberías estar descansando" dije y puso sus ojos en blanco.

Enseguida, le di un pequeño golpe en su nariz con fingida molestia.

Ante mi dramatizada expresión, comenzó a reír con más intensidad.

"¡Te ves muy gracioso!" comentó divertida.

Indignado, crucé los brazos contra mi pecho.

"¿Estás insinuando que me veo feo?" con esa deslumbrante sonrisa que consigue iluminar mis días más oscuros, asintió. Acto seguido, la castigué con un ataque de cosquillas del que no se pudo escapar "¿te arrepientes por haber proferido semejante ofensa a tu hermano mayor?" pregunté sin dejar de reírme con ella.

"¡Si, sí! Me arrepiento jajaja. Mi hermano es el más guapo de todo el mundo" orgulloso de mi mismo, levanté la nariz triunfante.

"Así está mucho mejor" la sonrisa de Alisa se borró de su rostro en cuanto sus ojos se posaron sobre la venda que cubría parte de mi cabeza.

"¿Te duele mucho?" con una expresión sobrecogida, acercó temerosa su mano a mi cabeza.

"Ya te dije que soy muy resistente" ni mi fingido optimismo la convenció.

Molesta, desvió su mirada hacia la frazada bajo sus rodillas.

A ella no puedo engañarla.

"Estaré en la sala por si me necesitan" Albert salió de la habitación, dándonos un poco de privacidad.

Una vez solos, levantó su cara, frunció el ceño y clavó su mirada colérica sobre la mía.

"¡La odio, la detesto!" mi corazón dio un doloroso vuelco dentro de mi pecho al percibir una emoción en su voz, con la que yo estaba muy familiarizado; el rencor.

Un ángel como ella no debe albergar esos sentimientos en su alma.

"No la odies. Ella es una mujer enferma. No es capaz de distinguir entre realidad y fantasía" al oír mis palabras, la expresión de su mirada comenzó a suavizarse.

"¡Pero te lastimó! ¡Te alejó de la mujer que amas! ¡Por su culpa estás triste todo el tiempo! ¡Merece que caiga sobre ella todo el odio del mundo!" una lágrima rodó por su mejilla y antes que cayera sobre su ropa, la retiré con suavidad con uno de mis pulgares.

"Yo mismo tomé mis decisiones. Es gracias a ellas que estoy sumido en este agujero del que yo mismo debo aprender a salir. Es injusto culpar solamente a Susana de mis errores cuando ambos somos igualmente responsables" quiso interrumpirme, pero coloqué uno de mis dedos sobre su boca "Alisa, aun eres demasiado joven para comprenderlo, pero el destino es la suma de decisiones que tomamos como individuos. Yo tomé las mías y este es el resultado. La herida de mi cabeza sanará, pero si permites que te dominen sentimientos como el odio y el rencor, jamás podrás deshacerte de ellos. Te lo digo por experiencia propia" la furia de sus ojos fue sustituida por una emoción igual de profunda; la tristeza.

Con lentitud, extendió sus manos hacia mí y las colocó suavemente sobre mis mejillas.

"¿Odias a alguien?" preguntó con la inocencia propia de una niña de su edad.

Incapaz de verla de frente, bajé la mirada hacia la cama y suspiré hondamente.

Su pregunta tenía un trasfondo tan inmenso, que no supe por cual etapa de mi vida empezar mi oscura narración.

"He odiado a mucha gente a lo largo de los años. Aun ahora sigo haciéndolo. Por eso, sé que es un error permitirte que la aborrezcas. No te dejes envenenar como yo por ese sentimiento. Mejor siente compasión por Susana que se ha perdido en las profundidades de su mente"

No estaba seguro de que Alisa hubiese entendido mi mensaje en su totalidad, sin embargo, asintió y me envolvió en un cálido abrazo que mitigó el dolor que padecía mi alma desde hacía varios años.

Por breves instantes, consideré confesarle los pasajes más umbríos de mi vida, desde mi niñez hasta mi adultez, pero preferí callar. Mi hermana es demasiado pura como para mancillarla con mi oscuro pasado.

Cuando bajamos a la sala, Albert nos esperaba con un par de tazas de té de Rosa Inglesa y galletas caseras de chocolate, las cuales, Alisa se engulló avivadamente.

"Toma esta medicina para el dolor de cabeza. Necesitas tomarte una cada 12 horas" Albert me extendió una pequeña botella y asentí.

No fue necesario preguntar de parte de quien era el mensaje que me daba.

Aunque no estaba ella presente, sentí una grata calidez al saber que Candy se preocupaba por mí.

"¿Por qué Candy no viene?" fruncí el ceño ante el comentario de Alisa.

Sin poder evitarlo, me llené de alegría y esperanza al saberla tan cerca.

"¿Ella está aquí?" pregunté incapaz de contener mis palabras.

"Si. Candy me dio este vestido. Dormí en su habitación y me cuidó toda la noche" comentó Alisa con su habitual entusiasmo.

De pronto, la idea de que ambas estuvieron juntas platicando, me puso muy ansioso.

¿Qué tanto fue lo que mi hermana le reveló a Candy? ¿Habrá cometido alguna indiscreción? me pregunté.

"Creía que ella vivía con Loyd" clavé mi mirada sobre Albert, pero este no dijo nada al respecto.

¿Cómo debía interpretar su silencio?

Lo peor de todo, fue que Albert no hizo nada por retomar el tema, al contrario, prefirió desviar mi atención hacia mi divorcio, la demanda contra Susana y los futuros problemas que podría enfrentar en mi carrera.

"Sr. Andley, el comandante de la policía ha llegado" dijo uno de los mayordomos.

"Hazlo pasar al estudio de la mansión principal. Infórmales a Annie, Archie y Candy que estén presentes" dijo y giró su rostro hacia mí "Terry, espero no te incomode que me haya adelantado en llamar a la policía. En estos casos, el tiempo es crucial" señaló apenado.

"Albert, agradezco inmensamente tu ayuda" indulgente, me sonrió al tiempo que dirigía su mirada hacia mi hermana.

"Alisa, personas de la policía seguramente te pedirán que relates lo que sucedió ayer por la noche con Susana, ¿podrás hacerlo?" con gesto serio, Alisa asintió sin titubear.

"Si en algún momento deseas parar, lo entenderemos y podemos posponer el interrogatorio para otro día, pulga" tomé una de sus manos entre las mías y me sonrió.

"Estaré bien" apretó mi mano contra la suya y asentí un tanto inseguro.

Ella posee una fortaleza de espíritu que yo desconozco.

Me habría gustado ser la mitad de fuerte que Alisa es, cuando yo tenía su edad.

Quizás mi vida habría sido otra.

Quizás…

Cuando hicimos acto de presencia en el estudio de la mansión, Archie, Annie, Candy y el personal de la policía estaban presentes.

"¡Candy!" Alisa corrió a los brazos de Candy y se refugió en su abrazo.

Quien no las conociera, pensaría que se conocen de años atrás.

Cuando la vi abrazar a Alisa y sentarla sobre sus piernas mientras rodeaba su pecho con sus brazos, mi mente voló. Imaginé a Candy con un bebé en sus brazos. Un hijo nuestro, producto del amor que, a pesar de los obstáculos, sobrevivió y floreció en la adversidad.

¡Vamos, Terry! Deja de soñar estupideces, me reprendí y regresé a mi realidad sin ella.

"Buenos días Sr. Andley"

Un hombre de mediana edad con un sobretodo caqui y sombrero tipo bombín, dio un paso hacia Albert, el cual, tomó asiento detrás de su impresionante escritorio con patas de cabriolé y superficie de mármol.

Con un gesto de su mano, nos indicó a todos los presentes que tomáramos asiento, y sin titubear, eso hicimos.

Después de que un par de mucamas repartieron café, Albert colocó sus manos cruzadas bajo su barbilla y empezó a hablar con un aplomo y fría cordialidad que le desconocía.

"Gracias por venir con tanta premura. Entiendo que tiene una agenda muy ocupada, Sr. Hammill, pero como comprenderá, mi familia no puede verse inmiscuida en ninguna clase de escándalo, y para ello, necesitamos el apoyo de un hombre con su vasta experiencia" dijo Albert alimentando el ego, de por si excesivo, de este hombre.

"Agradezco sus finas palabras Sr. Andley. No dude que cuenta con nuestra absoluta discreción. ¿Qué necesita de mí?" con un gesto impasible, Albert le sonrió al tiempo que apoyaba sus codos sobre la superficie del escritorio.

"Imagino que conoce a mi amigo Terruce Grandchester, aquí presente" con un gesto de su cabeza, el comandante de la policía me saludó.

"Por supuesto. ¿Quién no lo conoce a estas alturas? He de confesar que mi esposa y mis hijas son fervientes admiradoras suyas" su sonora carcajada hizo eco en todo el estudio.

Ninguno de los presentes entendimos el motivo de su risa.

Al ver que nadie lo secundaba en su bufonería, se aclaró la garganta y sorbió ruidosamente de su taza de café.

"Sr. Hammill, el día de ayer por la noche se suscitó un evento muy desagradable donde se vio involucrada la hermana de Terruce" Albert clavó su mirada sobre la mía cediéndome la palabra.

"Así es. Por ese motivo, quiero levantar una denuncia por el intento de asesinato que sufrió Alisa" al oír su nombre, mi hermana se bajó de las piernas de Candy y se refugió en mis brazos.

"¡Por Dios! ¿Qué ser tan monstruoso querría asesinar a esta criatura?" horrorizado, habló sin dejar de fruncir el ceño.

Llené mis pulmones de aire, tomé una de las manos de Alisa entre las mías y dirigí mi mirada hacia la única persona que me daba las fuerzas de enfrentarme al mundo entero; Candy.

Sin dejar de observarla, pronuncié las palabras que convertirían esta pesadilla en mi amarga realidad.

"La demanda es en contra de Susana"

No creí que los ojos saltones del comandante pudiesen salirse más de sus órbitas. Ni mucho menos, que en la mirada de sus acompañantes se dibujara la incredulidad.

Con todo descaro, nos hacían notar que dudaban por completo de mis palabras.

"¿Qué dice? ¡Estamos hablando de una mujer! Y no de cualquiera, ¡sino de su esposa! Perdóneme Sr. Andley, pero no pienso ser parte de esta treta. Tengo casos serios que necesitan de mi atención" si no tuviera a mi hermana sentada sobre mis piernas, habría golpeado a este hombre en la cara.

"¿Está diciendo que somos mentirosos, Sr. Hammill?" al oír la pregunta de Albert, el hombre palideció.

En ningún momento Albert se mostró agresivo, al contrario, el tono de su voz se tornó cada vez más afable, pero su mirada escrutiñadora era otra historia.

No me sorprendió que el hombre y sus acompañantes se mostraran sobresaltados ante el gesto de mi amigo.

Tiendo a olvidar con facilidad que él es uno de los hombres más acaudalados y poderosos de este continente.

"No, bueno… es que… lo que alega el Sr. Grandchester es indefendible. Imaginar a una mujer impedida como su esposa pretendiendo asesinar a esta pequeña, es sencillamente insostenible" gruñó dando manotazos en el aire al tiempo que se ponía bruscamente de pie "Si me disculpa, no tenemos nada más que hacer aquí. ¡Vámonos!" bruscamente se puso en pie y con él, los hombres que lo acompañaban.

Dio dos pasos con dirección a la puerta del estudio, cuando de la nada, Candy se colocó sin temor alguno frente a él con sus puños fuertemente cerrados contra sus muslos.

"Terry no es ningún mentiroso ¡Usted no irá a ningún lado sin antes haberlo escuchado!" dijo con enérgica determinación.

"Candy, tranquilízate" el tono conciliador de Annie no consiguió aminorar el creciente enojo de su amiga, a la cual, jamás había visto tan indignada como ahora.

"¡Susana intento asesinar a Alisa! ¡Todos estuvimos presentes cuando lo admitió! Si yo no hubiese actuado a tiempo, le aseguro que ahora mismo estaríamos discutiendo esto en el sepelio de la hermana de Terry" abracé con fuerza a Alisa contra mi pecho y besé la coronilla de su cabeza.

Pude haberla perdido, me dije mientras sentía como la piel de mi cuerpo se erizaba ante esa idea.

Pasmado por las palabras de Candy, el hombre de poco más de 1,80 cm de estatura, dio dos pasos hacia atrás mientras repasaba nerviosamente con una de sus manos su barbilla.

Era difícil dudar de la vehemencia que Candy había impreso en cada una de sus palabras.

"Sr. Hammill, me parece que no tiene el placer de conocer en persona a mi hija adoptiva, Candice" Albert se puso de pie y rodeo los hombros de Candy en un claro intento de apaciguar su rabia.

"Encantado, Srta. Andley" aun aturdido, el hombre besó delicadamente la mano de Candy.

Ella se limitó a asentir mientras volvía a tomar asiento al lado de Archie y Annie.

"Todos nosotros estamos aquí para testificar contra la Sra. Grandchester. Además, Alisa le narrará como sucedieron las cosas si se lo permite" el comandante abrió varias veces su boca sin emitir sonido alguno.

"¿Usted pretende que yo sea el hazmerreír de todo Nueva York? Nadie tomará enserio el testimonio de una persona de 7 años de edad" disertó contrariado.

"Entonces sea el primero. Sólo porque la demás gente sea ignorante, no significa que usted también deba serlo ¿o sí?" el comentario de mi hermana dejó al comandante con la boca abierta.

Incrédulo y sin parpadear, tomó asiento frente a nosotros.

Su gesto severo fue sustituido paulatinamente por una sagaz sonrisa que no pudo reprimir.

"Es usted una señorita muy sabia a pesar de su corta edad" en el rostro del Sr. Hammill se dibujó una cálida expresión que suavizó sus duras facciones.

"Sólo digo lo que pienso. No considero que eso sea sabiduría, sino franqueza. Mis papis, al contrario, son las personas más cultas de todo el mundo" Alisa extendió sus manos a sus costados intentando ejemplificar a que se refería.

"Entonces, dime la versión de los hechos ocurridos el día de ayer, Alisa"

Con lujo de detalle, mi hermana empezó a narrar lo sucedido; desde que salió del salón para jugar al escondite con unos niños, el momento en que se detuvo cerca del área de las albercas, hasta la parte donde Susana se acercó a ella engañándola con la mentira de que su vestido se había roto, para después, empujarla al agua en medio de exclamaciones de odio hacia mí que, por la música que había dentro de la mansión, éramos incapaces de oír.

"Lamento escuchar la terrible situación en la que te viste envuelta, Alisa. Debiste estar muy asustada" repuso el comandante con sincera aflicción.

"Cuando me estaba ahogando si tuve mucho miedo, pero cuando desperté ya no tenía nada que temer. Mi hermano estaba conmigo. Con él estoy siempre segura" dijo sonriente.

"Hiciste muy buen trabajo, Alisa. Ahora ve con la mucama para que te lleve a jugar al jardín con Ethan y Rose" en cuanto mi hermana salió del estudio, la sonrisa del comandante desapareció.

"En mis años que tengo trabajando para el cuerpo de policía, jamás me he enfrentado a un caso semejante. Ahora que escuché de boca de la pequeña lo sucedido, no me queda duda de que la Sra. Grandchester necesita ingresar a un hospital psiquiátrico en calidad de urgencia. Desafortunadamente, nuestras leyes no están consideradas para castigar a una mujer distinguida como ella. Será difícil, sino es que imposible, conseguir una condena. El jurado usará su virtud femenina como un escudo para protegerla" el tono de su voz era grave.

Parecía estar hablando más para sí mismo que con nosotros.

"Usaré todo el poder que mi familia posee para que se ejerza la justicia, Sr. Hammill. No tenga duda de ello"

"Mi esposa Annie y mi prima Candy, estamos dispuestos a enfrentarnos al escrutinio público con tal de hacerle ver al juez y al jurado la verdad. No olvide que la virtud y salvaguarda de Alisa está en juego aquí, comandante" Annie tomó la mano de Archie y asintió decidida.

"El suceso se llevó a cabo durante el aniversario de la compañía Stratford en la mansión de Loyd Ainsworth. Él está dispuesto a cooperar con ustedes, a cambio por supuesto, de su discreción" ante la mención del nombre del novio de Candy, un doloroso nudo se instaló en mi garganta.

Comenzaba a familiarizarme con esa sensación.

Que patético es vivir acostumbrado a los golpes que da la vida y conocer la felicidad a través de sueños y fantasías.

"Es nuestro interés primordial mantener en secreto este penoso evento el mayor tiempo posible. No estamos al tanto de que tan perturbada está Susana, así que la vida de Terry y sus seres queridos está en riesgo también"

Antes de retirarse, el comandante nos aseguró que nos mantendría al tanto del avance de su investigación. Según él, el siguiente paso sería detener a Susana. Y conociendo a Margot como la conozco, armaría un escándalo mayúsculo, donde yo por supuesto, sería el villano en la historia de su hija.

Escondí mi rostro entre mis manos sin importarme ser observado.

Me apasiona mi carrera, pero es el último punto de mis angustias en estos momentos.

Mi preocupación primordial es el peligro en que he puesto a mis amigos.

No caí en la cuenta de ello hasta que Albert con sus palabras me lo hizo ver.

Susana en sus delirios mentales, puede intentar vengarse de mí a través de ellos.

Primero fue Alisa. ¿Quién será después?

Lánguidamente, levanté mi mirada hacia la única persona que no soportaría saliera lastimada por mi culpa; Candy.

Si Susana la daña, no podría seguir viviendo conmigo mismo.

Lo único bueno de saberla de otro, es que Loyd la llevará lejos de Nueva York y del peligro que este lugar ahora representa para ella.

Más que nada en este mundo, deseo tenerla a mi lado, pero si para protegerla necesito alejarla de aquí por cualquier medio posible, que así sea.

"Está decidido entonces. Nos quedamos en Nueva York hasta que Terry y Alisa estén fuera de peligro. Mandaré una carta a la directora del hospital para anunciarle que…" Candy empezó a hablar.

Me levanté abruptamente del sillón y con toda intención la interrumpí.

Me odiará después de lo que haré.

Con eso puedo vivir.

Estará lejos de mí, pero sana y salva.

"No necesito que te quedes por lástima. Fuiste muy clara ayer por la noche, así que ya puedes regresar a Chicago de donde nunca debiste salir. Te aseguro que en ese lugar no podré seguir trastornando tu vida con mi presencia" espeté con dureza.

"¿¡Qué demonios te pasa, Grandchester?! ¡te estás comportando como el adolescente inaguantable del Colegio San Pablo!" seguiré con esta farsa aunque pierda a mis amigos. No claudicaré, después de todo, no soy ajeno a la soledad.

"Si te estás comportando así por mis palabras de ayer, te piso una disculpa. Actué mal, desquité mi enojo contigo cuando en realidad iba dirigido a otra persona. Perdóname, Terry"

Estuve a punto de tragarme mis palabras. Quise decirle que no había absolutamente nada que perdonar. Que lo único que deseo es protegerla del mal que podría caer sobre ella por mi culpa, pero me detuve.

No debía ser tan egoísta.

Por una vez en mi vida, quería hacer algo bueno por ella, aunque en el proceso, yo mismo termine por matar la poca estima que siente por mí.

"Tus palabras llegan demasiado tarde. Además, no las necesito. Fuiste muy clara. Ahora soy yo el que te pide que te vayas. No te quiero volver a ver ¿¡no lo entiendes?! Tu mera presencia me altera" me vio con desprecio.

Lágrimas comenzaron a escurrir a través de sus mejillas, pero antes que se diera el tiempo de retirarlas, salió del estudio sin mirarme siquiera.

Archie y Annie la siguieron al instante.

Me queda la satisfacción que después de presenciar mi actuación, los tres se irán de Nueva York para no regresar jamás.

Perfecto. Al menos estarán lejos del alcance de Susana y su locura.

"¿Tanto la amas que prefieres su desprecio, Terry?" sorprendido, giré mi rostro hacia Albert "Ya te lo dije, para comprenderte, hay que saber leer entre líneas. Para mi fue evidente que toda esta farsa que montaste fue para alejar a Candy de Nueva York. Temes que Susana pueda dañarla también. ¿Me equivoco?" incapaz de responderle bajé la mirada al suelo completamente abatido.

Yo mismo me di el golpe de gracia con mis palabras, pensé al tiempo que me sentaba en uno de los sillones y escondía mi rostro en mis rodillas.

"Tu silencio es la respuesta que necesito. Aunque creo que fuiste innecesariamente duro con ella. Candy es una mujer muy fuerte" susurró sentándose a un lado mío.

"Yo no soy fuerte como ella. Si algo le pasa por mi culpa, no me lo podré perdonar jamás. Esta es la única manera que ideé para alejarla de aquí. No me importa que me aborrezca. Prefiero vivir con esa carga en mi consciencia" silencio.

Albert se limitó a colocar su mano sobre mi espalda y brindarme incondicionalmente su apoyo.

Al carecer de motivos para alargar mi estadía en la mansión de los Andley, preferí retirarme. Tenía que poner distancia con Candy antes que mi fuerza de voluntad claudicara y le pidiera de rodillas que me disculpara por lo cruel de mis palabras, pero que era la única manera que conocía para alejarla del peligro.

"Me dio mucho gusto conocerte, Alisa. Cuídate mucho ¿está bien?" Candy se puso en cuclillas frente a mi hermana y la envolvió en un fraternal abrazo.

"Dime algo, Grandchester. ¿Es verdad todo lo que dijiste en el estudio?" susurró aprovechando la distracción de Candy y mi hermana.

"¿Acaso importa?" respondí con aspereza.

"A mi si" resignado, bajé la mirada y negué discretamente con la cabeza "entonces Annie tenía razón. Ella fue capaz de ver tus verdaderas intenciones detrás de tu máscara de adolescente frustrado" no pude reprimir una carcajada ante sus últimas palabras.

Adolescente frustrado, que descripción tan acertada.

"Hiciste llorar a Candy una vez más. Te habría golpeado para que te tragaras cada una de tus palabras de no ser porque Annie me detuvo. Ella me hizo entender el porque de tu actitud. ¿De verdad así quieres recordar tu reencuentro con ella? Si tu le dijeras el motivo de tus palabras, te aseguro que ella…" empezó a hablar, pero lo interrumpí abruptamente.

"¡Lo se! Pero jamás me perdonaría que Susana o alguien la lastimara por causa mía, además, no tengo la fortaleza para verla todos los días del brazo de Loyd y saber que no tengo el derecho siquiera a mirarla" murmuré.

"Te entiendo mejor de lo que crees, pero si necesitas algo, lo que sea, Albert se queda en Nueva York un par de semanas." estreché su mano y me dio un par de golpes en la espalda antes de encaminarse hacia Candy y Annie.

Sin mirar atrás, me dirigí a mi automóvil donde Hans me esperaba con la puerta abierta.

Cuando Alisa entró, guardó un pedazo de papel en uno de los bolsillos de su vestido y asomó su cabeza a través de la ventana al tiempo que ondeaba su mano en el aire y le gritaba a Candy que se cuidara. Que le escribiría pronto.

Durante el trayecto a casa, Alisa se sentó sobre mis piernas y me platicó emocionada de los juegos que inventó con Ethan y Rose, lo bien que la pasó con Annie y lo mucho que le simpatizó Candy.

"Quería salir con ella mañana a comer un helado, pero no será posible. Me dijo que se va hoy mismo a Chicago con Annie y Archie" aquel conocido malestar que se instaló en mi pecho, comenzó a supurar nuevamente.

No la volveré a ver.

Debería alegrarme. Cumplí mi objetivo.

Nadie puede culparme por hacer lo que considero correcto.

"¿Estás bien?" sonreí por inercia y clavé mi mirada sobre ella.

"¿Cómo sentirme mal si la persona que más adoro en este mundo está aquí conmigo?" su mirada inquisitiva me observó en silencio durante un par de segundos.

Indiferente, giró su rostro hacia las concurridas calles de la ciudad y permaneció sumida en un mutismo que no fui capaz de descifrar.

Al cabo de varios minutos, recargó su cabeza sobre uno de mis hombros, y con una de sus manos, acarició distraídamente una de mis mejillas.

Jamás volteó a verme. Aun así, su gesto me reconfortó más que cualquier palabra.

En días como hoy, me gustaría que mis emociones pudiesen apagarse unos instantes. Ansiaba tanto dejar de sentir todo tan intensamente, que la necesidad de gritar, golpear a alguien y llorar, se apoderó salvajemente de mi interior.

Cuando llegamos a casa, tal cual Albert me informó, vislumbré al ejército de guardaespaldas que custodiaban mi casa y sus alrededores.

Afortunadamente, el comandante de la policía manejó el caso de Susana con la mayor discreción posible, aun así, fue inevitable que algunos reporteros comenzaran a especular acerca del fuerte sistema de seguridad que protegía mi casa o de la ausencia de Susana en cada una de mis salidas.

Estoy consciente de que algún día se filtrará la verdad en los tabloides.

Debía estar preparado para cuando ese momento llegara.

Durante las semanas que estuvo Albert en Nueva York, lo vi con la frecuencia que su trabajo se lo permitía.

Era un cambio agradable platicar con él acerca de su vida y no de mis interminables problemas.

Incluso me confesó que Gia lo había impactado profundamente.

Que hacía muchos años no sentía ese nivel de atracción por una mujer.

Para fortuna de mi amigo, parece ser enteramente correspondido.

Mi compañera de trabajo, la cual es bien sabida se niega a aceptar el cortejo del sexo opuesto, ha aceptado en más de una ocasión sus invitaciones a comer en el Chalet.

Tan entusiasta estaba Albert por querer impresionarla, que él mismo la hizo de chef en cada una de esas ocasiones.

Me llenó de gran regocijo saberlo.

Incluso cuando llegó el momento de que él regresara a Chicago, prometieron seguir en constante comunicación por medio de cartas.

Nada me daría más gusto que verlos felices, y porque no, juntos.

Son excelentes personas que se encontraron en el tiempo y momento exacto.

Tuve la sensación de que vería más a menudo a Albert por Nueva York.

Con su partida, mi vida regresó a su habitual simplicidad.

Sumado a ello, mi insomnio no mejoraba en nada la situación; la policía no conseguía dar con el paradero de Susana y su madre, y eso me preocupaba bastante.

Es como si se hubiesen esfumado de la faz de la tierra.

No estoy intranquilo por mi, sino por Alisa y mis padres, los cuales, hoy mismo llegaban de su largo viaje por Escocia.

"¡Mami, papi!" Alisa corrió a los brazos de mis padres en cuanto los vio cruzar el umbral de la entrada.

Mi madre llenó de besos el rostro de Alisa, mientras que mi padre, más mesurado, le hizo cariños en el cabello y las mejillas.

"Espero su viaje de regreso haya pasado sin contratiempos" dije "Lleva las de té al salón Wilfred, por favor" en silencio, asintió e hizo lo que le indiqué.

"Afortunadamente, Terry. ¿Tú como has estado? ¿Susana está con Margot?" preguntó mi madre mientras la buscaba con su mirada.

Mi padre se percató de mi silencio.

Tomó entre sus brazos a Alisa y frunció el ceño, preocupado.

"¿Sucedió algo en nuestra ausencia? No es propio de ti tener un ejercito de guardaespaldas como ahora" suspiré hondamente.

Me preparé durante semanas para esta conversación, y aun ahora, no se como iniciar esta plática que pondrá de cabeza a mi familia.

"Lo mejor será que tomen asiento" mis padres asintieron visiblemente agitados.

Cuando empecé a relatarle a mis padres el intento de asesinato de Alisa, los pormenores de la situación de Susana y la desaparición de ella y Margot, mis padres _aunque en especial mi madre_ se pusieron frenéticos.

"Alisa, mi cielo. Mientras yo estuve lejos, tú... No puedo siquiera imaginarlo" mi madre envolvió a mi hermana entre sus brazos.

Necesitaba cerciorarse de que Alisa estaba sana y salva.

"Estoy bien mami. Candy me salvo" al escuchar ese nombre, mis padres fijaron su vista sobre mí y asentí en respuesta a su pregunta silenciosa.

"Actualmente es novia de Loyd Ainsworth, anfitrión del aniversario de la compañía Stratford. Gracias a su pronta intervención, no ocurrió una tragedia" musité lo más tranquilo posible.

"Esa jovencita ha salvado a mi familia dos veces. No me alcanzará la vida para agradecerle que haya ayudado a Alisa. Y tú Terruce, ¿cómo estás realmente?" bajé la mirada al suelo y fui incapaz de contener mi desesperación.

Las palabras que tanto ansiaba guardarme para mí mismo para no angustiarlos innecesariamente, salieron despedidas de mi boca una tras otra sin pedir permiso; desde mi aflicción de volver a ver a Candy después de 9 años, hasta las crueles palabras que usé para alejarla de Nueva York en pro de su seguridad.

"Mi Terry. Lamento tanto que hayas pasado por todo esto tú solo" mi madre me envolvió en un cálido abrazo al tiempo que depositaba mimos sobre mi cabello.

Este acto tan simple, derrumbó todos mis escudos. Necesitaba tanto el apoyo de mi madre, que respondí su gesto como si mi vida dependiera de ello.

"Los enormes sacrificios que has hecho se verán recompensados. Estoy segura de que la vida te está deparando algo maravilloso. Ten fe"

No quería que mi madre planteara promesas irrealizables.

Siempre tiendo a imaginar el peor escenario, sin embargo, en estos momentos sus palabras eran el alimento que mi alma desesperanzada demandaba.

Quería aferrarme con todas mis fuerzas a esa falsa invitación a la felicidad que tanto anhelaba.

Mi padre por su parte estaba furioso.

Caminaba como león enjaulado de un lado a otro profiriendo maldiciones e injurias contra Susana y su madre. De tener a la policía enfrente, habría descargado toda su frustración contra ellos, alegando con un sinfín de improperios el porqué aún no tienen noticias de ellas.

Afortunadamente, podía contar con mi madre para sosegarlo, la cual, después de platicar largamente con él en el jardín, lo tranquilizó.

"Nadie que ponga en peligro la vida de mis hijos, puede seguir con vida" susurró ronco por el enojo antes de dirigirse con Alisa y mi madre hacia su casa.

No habían dado dos pasos lejos del umbral de la estancia, cuando empecé a extrañar a mi hermana. La casa necesitaba de su alegría para sentir nuevamente la calidez que le faltaba a este lugar que de pronto me pareció frío.

Muerto.

Iniciaba el mes de septiembre y mi padre ya se había dado a la tarea de agilizar los trámites de mi divorcio. Según él, existían grandes posibilidades de que todo estuviera listo antes que terminara el año, y lo que es todavía mejor, no necesito viajar a Paris, lugar donde actualmente puedo obtener un divorcio que llaman, express.

Oportunamente, recibí una invitación de Robert en la que me ofrece participar en una obra de teatro, que por supuesto, no iba a rechazar.

Necesitaba trabajar y ocupar mi mente en algo para dejar de pensar en Candy y la cruel despedida que yo mismo ejecuté.

Mis padres no estaban del todo de acuerdo con mi decisión, pero no planeaba encerrarme a cuatro paredes esperando a que Susana decidiera hacer su acto de aparición.

¿Y si eso nunca sucedía? No me detendría a averiguarlo.

Seguiría con el ritmo actual de mi vida, y eso incluía, verme con mi editora en un restaurante para afinar los últimos detalles de mi libro Nocturno, que esperaba saliera a la venta el próximo mes de noviembre, así como verme con Robert en el teatro de la compañía para platicar acerca de la siguiente puesta en escena en la que me invita a participar.

Cuando llegué al teatro lo hice una hora más temprano de lo acordado.

Mi reunión con la editora terminó más rápido de lo que esperaba.

No había una sola persona en el lugar, así que me paré en medio del escenario y comencé a ensayar las líneas de una obra que tenía un lugar muy especial en mi corazón; Romeo y Julieta.

Mi primer protagónico.

"¡Ojos míos, lancen su última mirada! ¡Brazos, den su último abrazo! Y ustedes, ¡oh, labios!, puertas del aliento, sellen con un legítimo beso el pacto sin fin con la acaparadora muerte ¡Brindo por mi amada! ¡Oh, sincero boticario!, ¡tus drogas son rápidas!... Así muero ¡con un beso!"

Al terminar de recitar una de mis líneas predilectas, escuché el aplauso de una persona al lado mío. Giré mi rostro hacia mi costado esperando encontrarme con Robert, pero cual fue mi sorpresa que ante mí se encontraba una sonriente Susana.

"Sublime como siempre, Terry. Fue en un escenario como este donde me enamoré noche tras noche de ti. Tan apasionado del teatro, tan resuelto a convertirte en el mejor actor de todos" la apariencia de Susana no distaba mucho de la última vez que la vi meses atrás, pero algo en su mirada despertó varias alertas en mi interior, a las cuales, debí haber escuchado.

¡Peligro! gritó mi mente.

"¿Cómo supiste que estaba aquí?" pregunté mirando a mi alrededor en busca de la persona que la trajo tan cerca del escenario.

¿Llegó hasta aquí sin ayuda? Imposible.

"Te he seguido todo este tiempo. Soy tu esposa. Mi deber es estar a tu lado. Aunque has sido malo conmigo, Terry. Mal esposo" la voz de Susana se tornó aguda como la de una niña pequeña.

"Necesitas ayuda, Susana. Estás enferma. Déjame ayudarte" susurré y di un paso lentamente hacia ella.

"Yo debí haber sido la mejor actriz de nuestro tiempo. Julieta sería mi primer gran protagónico. Yo debería haber actuado contigo a partir de esa noche y no Karen. Mi madre siempre me lo dijo. Me recomendó alejarme de ti, pero no hice caso. Ella siempre tuvo la razón en todo, por eso estoy aquí, ¡para enmendar ese error!" de entre sus ropas sacó un revolver y frenética lo apuntó hacia mí.

"No empeores tu situación, Susana. Guarda esa arma, por favor" Susana no escuchaba una sola de mis palabras.

Parecía estar atrapada sin escapatoria dentro de su mundo trastornado, el cual, era comandado por Margot.

"Mi madre me dijo que Candy siempre sería un estorbo, por eso yo… yo quería matarla por ti, ¡por nosotros!" gritó emocionada. Como si lo que estuviese diciendo fuese un acto por el que debiera ser premiada "Pero ella se fue y echó todo mi plan a perder… mi mamá se enojó mucho conmigo por eso" de momentos, Susana parecía una niña temerosa. Incluso se expresaba como una, pero otras veces, se tornaba muy agresiva.

Ella era una bomba de tiempo que explotaría de un momento a otro.

"Pero hoy… ¡tú te atreviste a verla en público! A CANDY. ME engañaSTE con ella Y ESO JAMÁS TE LO VOY A PERDONAR. MORIREMOS JUNTOS. COMO ROMEO Y JULIETA. SEREMOS FELICES PARA SIEMPRE" repuso con excesiva felicidad.

Me vio con mi editora en el restaurante, pensé, pero no hubo nada que pudiera decir para hacerla entrar en razón.

Por inercia, extendí mis manos hacia el frente para defenderme.

En cámara lenta, la vi levantar el arma hacia mí, apretar el gatillo, proferirme palabras que no alcanzaba a comprender, para después, caer pesadamente sobre el suelo de madera al tiempo que sentía como todo el calor de mi cuerpo me abandonaba para concentrarse en mi hombro izquierdo.

De la nada, cada momento importante de mi vida llegó a mi mente; desde mi nacimiento, la reconciliación de mis padres, la llegada de Alisa, hasta mi reencuentro con Candy, así como mis crueles palabras de despedida… sus lágrimas y la última mirada llena de desprecio que me regaló.

Era como ver una película a color y con sonido.

Donde yo era el protagonista y el espectador.

Tenía la impresión de estar sumiéndome en un agujero oscuro del que no podía salir, sin embargo, aún me encontraba dolorosamente consciente, aunque tenía la extraña sensación de que la vida se me escapaba a través de mis dedos.

Enloquecida y delirante, Susana se dejó caer al suelo y se arrastró junto a mí con el revolver aun en sus manos.

"¡El veneno, por lo visto, ha sido la causa de su prematuro fin!... ¡Oh, ingrato! ¿Te fuiste sin dejar una gota amiga que me ayude a seguirte? ¡Besaré tus labios!... ¡quizá quede en ellos un resto de ponzoña que me ayude a morir!" recitó las líneas de Julieta y me besó sin que yo pudiera detenerla.

No tenía el control de mi cuerpo.

Las fuerzas me abandonaban y no podía hacer nada al respecto.

Candy. ¡Candy! No quiero morir sin decirte una vez más que te amo.

"¡Oh, daga bienhechora! Esta es tu vaina. ¡Enmohécete aquí y dame la muerte!" colocó el revolver sobre su sien derecha y el rugido del disparo fue lo último que escuché antes de sumirme en la oscuridad.

Todo el cuerpo me duele.

Desde los dedos de mis pies, hasta la punta de mi cabello.

No sabía que morir fuese tan doloroso.

Creía que una vez muerto, toda dolencia humana e inhumana terminaba, pero no es así.

Sigo sintiendo dolor. ¿Estoy vivo entonces? ¿Por qué? ¿Para qué?

Al abrir los ojos, me sorprendió verme rodeado de una profunda negrura.

¿Estoy ciego? pensé.

Inmediatamente me deshice de esa teoría al percatarme como poco a poco, mi vista se acoplaba a la oscuridad que me rodeaba.

Intenté ponerme en pie, pero un agudo dolor en mi hombro izquierdo me lo impidió.

"¡TERRY!" oí a mi madre gritar histérica mientras se colocaba a un lado mío.

Jamás la había visto con el rostro tan enrojecido e hinchado por el llanto.

"¿Mamá?" aspiró fuerte con la nariz y asintió al tiempo que me dedicaba una triste sonrisa.

A su lado apareció mi padre con el mismo semblante.

"¿Cómo te sientes, mi cielo?" preguntó.

"Adolorido. Confundido. ¿Qué pasó?"

"Susana te disparó. Creímos que te perdíamos. Los guardias del teatro escucharon los disparos y te socorrieron, pero ya habías perdido demasiada sangre" la voz se le quebró a mi padre antes que terminara de hablar.

Con demasiada claridad, recordé la escena.

Susana enloquecida apuntándome con un revolver, reclamándome una infidelidad que sólo existió en su mente.

"¿Susana está bien?" pregunté débilmente.

No necesitaron hacer audible su respuesta.

La deduje antes que se atrevieran a decirme lo que yo ya sabía. Después de todo, se suicidó frente a mis ojos.

No pude hacer nada por ella.

"No es tu culpa, Terry"

No habría poder humano que me hiciera creer en semejante mentira.

"Duque de Grandchester, disculpe la interrupción" el Sr. Hammill entró a la habitación, el cual, al verme despierto, suavizó ligeramente sus tensas facciones "que gusto verlo despierto Sr. Grandchester. Desafortunadamente, aun no tenemos noticias de ella y necesito hacerle algunas preguntas" fruncí el ceño al oír sus palabras.

¿De ella? ¿Se refieren a Margot?

"El no sabe nada aun, comandante. Le pido mesura, por favor. Mi hijo aun se encuentra en estado delicado de salud" espetó mi padre molesto.

Pero fue el llanto desesperado de mi madre mientras cubría su rostro con sus manos temblorosas lo que me contrarió.

"¿Qué sucede?" pregunté.

"Antes de morir, la Sra. Susana ¿le reveló algo que debamos saber?" repasé en mi mente cada segundo de ese terrible momento, pero no encontré ningún dato que pudiese serle de utilidad al comandante.

"No. Estaba delirante. Hablaba incoherencias y frases sueltas de Romeo y Julieta. ¿¡Alguien me pude decir que está pasando?!" proferí inquieto.

Mis padres se colocaron cada uno a un lado mío y tomaron mis manos, pero fue el comandante de la policía el que finalmente se decidió a hablar.

"Lamento informarle que su hermana ha desaparecido. Creemos Margot Marlowe está involucrada" mi respiración se detuvo al escuchar esas terribles palabras.

¿¡Qué?! ¿¡Alisa desapareció?!

Continuará...


Notas de la autora

Tenía muy claro como debía terminar este capítulo, por eso es más largo que los anteriores.

Agradezco infinitamente a todas aquellas personas que me dejan sus bellos comentarios. Son un hermoso aliciente que me impulsa a esmerarme en cada capítulo, aunque obviamente, es imposible darle gusto a cada uno de ustedes que me piden ciertos aspectos que quizás jamás pasarán en mi fic, como por ejemplo, hacer que Candy se quede con Albert. Lamento decepcionarlas, pero es Terryfic, pero agradezco la propuesta.

Espero que repriman sus deseos de gritarme y sean como siempre cordiales en sus reviews jajajajaj créanme que a veces hasta miedo siento de abrir sus comentarios.

Les mando muchos besos y nos leemos, si trabajo rápido, el miércoles, pero no les aseguro nada.