Tantos reviews aquí y en Wattpad me abruman de una manera totalmente positiva. Ni en mis sueños más locos creí que mi historia sería tan bien recibida por ustedes, aunque claro también recibí comentarios muy ofensivos en un principio, que afortunadamente han cesado. No soy ingenua, sé que mi historia no gustará a muchos por la psicología de los personajes principales, pero llegar a la agresión no es cool jajajaja.

Cómo el capítulo anterior, sabía como debía terminar este también.

Espero de corazón que sea de su agrado y me dejen sus reviews.


Capítulo 9. Sólo tú

_Candy_

10 de Julio de 1923

No consigo concentrarme en nada de lo que hago.

Durante nuestro breve encuentro, Terry impregnó con su presencia hasta la parte más profunda de mi alma, y ahora sin él, no se como conseguir que todo mi ser en su totalidad funcione correctamente.

¡Me asusta la intensidad de mis emociones! No es normal que en tan sólo unos minutos vuelva a enamorarme irracionalmente de él. Lo necesito y no quiero hacerlo, porque ahora sé, que jamás podré tenerlo.

Aunque no deseo que mis acciones dependan de su presencia o ausencia, para mí ya es demasiado tarde.

Sin Terry me siento incompleta, vacía.

No puedo ignorar las abrumadoras sensaciones que despertó en mí. Intentar hacerlo era parecido a querer sobrevivir sin beber agua en absoluto. Es sencillamente imposible, pero debo intentarlo aunque me lleve toda una vida conseguirlo.

Él ya no me ama.

Con dolorosa precisión recuerdo las frases que salieron de su boca ese día en la mansión de mi familia. Fue una herida sobre mi corazón que jamás desaparecerá.

No te quiero volver a ver ¿¡no lo entiendes?! Tu mera presencia me altera.

Sus palabras me trastornaron por completo.

Una larga semana ha pasado desde entonces.

El viaje en tren de regreso a Chicago duró casi 27 horas, fue un doloroso deja vu de uno similar que hice 9 años atrás.

En esos tiempos, era una adolescente de 16 años que volvía a casa con los sueños rotos y el corazón destrozado.

Ahora, a mis 25 años, experimento exactamente lo mismo; la soledad, aquella vieja melancolía, y también, la desolación que nuestro rompimiento me dejó, la cual, me orilló a enlistarme como enfermera de guerra 6 meses después de mi llegada a Chicago.

Recuerdo que la Srta. Pony, la hermana María, Albert, Annie y Archie, se opusieron rotundamente a mi decisión. Con diferentes palabras me decían lo que yo ya sabía, pero que, en esos años me negaba a reconocer.

Es tanto el dolor que sientes por haber perdido a Terry, que no piensas con claridad, decían.

¡Tonterías! Él está en mi pasado. Yo tomé la decisión de dejarlo. ¡Además, estoy bien! Soy enfermera y mi deber es ayudar a la gente que me necesita, eso les respondía entre sonrisas que me obligaba a dibujar en mi cara.

Ahora que lo veo en perspectiva, era yo a la que intentaba convencer con una mentira ensayada que ocultaba la verdad.

No me arrepiento de haberme enlistado en la guerra, pero admito que esa experiencia marcó mi vida para siempre. Los horrores que me vi obligada a sobrellevar durante esos años, no los he podido superar del todo.

Tener la muerte tan cerca, y verla directamente a la cara, es una experiencia que jamás se olvida.

Hasta la fecha sigo sufriendo pesadillas al respecto.

Me despierto sobresaltada, sudorosa, y algunas veces, con unas náuseas tan espantosas que sólo consigo sosegar hasta que vacío por completo mi estómago.

En medio de tanta muerte, la aparición de Tea en unas trincheras, fue el remanso de paz que necesitaba para no dejarme llevar por la desesperanza que deja como consecuencia la guerra.

Era una gatita de no más de 2 meses de edad.

Estaba tan pequeña y desnutrida, que pude guardarla en uno de los bolsillos de mi uniforme durante varias semanas.

En cuanto la vi completamente blanca como un copo de nieve, recordé a Teodora, la yegua de Terry. Inmediatamente supe en honor a quien le pondría su nombre.

Vaya que es copiona usted, Srta. Pecas. Podría ser más original ¿no cree? seguramente eso diría Terry con el tono sarcástico que lo caracteriza.

Esa falsa memoria provocó que riera alegremente por primera vez en meses, a pesar de la hecatombe que moraba los alrededores de mi pequeña tienda de campaña, la cual, fungió como mi casa durante los casi 3 años que estuve en Flandes.

Creo que estuve a punto de morir varias veces. No lo se. Después de todo, me encontraba en uno de los lugares más peligrosos de la guerra, pero la suerte, el destino o Dios, no permitieron que fuese alcanzada por balas perdidas o que me encontrara lejos justamente cuando una zona que solía frecuentar era bombardeada.

Desafortunadamente no todos corrieron con la misma suerte que yo.

Vi morir a jóvenes enfermeras y doctores frente a mis ojos con la esperanza de una segunda oportunidad que jamás llegó. A muchos de ellos los llegué a considerar mis amigos.

Enterré a tanta gente, que perdí la cuenta cuando regresé a Chicago.

Irónicamente, de esa amarga experiencia saqué lo que sería mi filosofía de vida a partir de ese momento en adelante; vivir con intensidad cada segundo sin arrepentimientos, y sobre todo, ser feliz.

Esa sería mi meta diaria.

Ya no estaba en consideración seguir lamentándome por lo que tuve con Terry, lo que fue y pudo ser.

Finalmente he sido capaz de valorar mi ahora, y él, ya está atrás, junto con todos nuestros recuerdos del Colegio San Pablo.

Como debe de ser.

Finalmente soy capaz de seguir adelante con mi vida, pensé y vislumbré un futuro prometedor.

A las pocas semanas de llegar de la guerra, empecé a trabajar en el hospital Augustana, amplié mi círculo social y salí con compañeros del trabajo a bailar en varias ocasiones. La pasaba tan a gusto que me olvidaba de la hora y llegaba a casa sólo a darme un baño y arreglarme para ir al hospital.

Lo más sorprendente de todo no fue el ajuste que hice en mi vida, sino darme la oportunidad de abrirle mi corazón al amor nuevamente cuando conocí a Loyd.

Recuerdo que nuestro primer encuentro fue bastante atropellado, por no decir desagradable y he de admitir que por culpa mía.

Meses antes de decidir enlistarme como enfermera de guerra, Albert tuvo la idea de presentarme por segunda ocasión en sociedad como hija suya, aunque esta vez, el evento fue liderado por él mismo.

En ese tiempo, no alcanzaba a comprender la insistencia de Albert en incluirme dentro de una familia que tanto me repudiaba.

Recuerdo que creí erróneamente, que lo hacía para distraerme.

Que quería ayudarme dentro de lo posible a sacar a Terry de mi cabeza.

En mi estúpida necedad, continuaba diciéndome a mí misma que no hacía falta.

Que yo ya lo había olvidado.

"Luces hermosa Candy" sonreí ante la galantería de Albert mientras bailábamos en medio del salón rodeados de toda la familia Andley, pero me limité a guardar silencio.

Quizás él esperaba una respuesta sardónica de mi parte, sin embargo, los reporteros tomando fotos de nosotros constantemente, llevaron a mi mente muy lejos de Chicago.

¿Verá Terry las fotos en el periódico? ¿Qué pensará cuando lo haga? ¿Vendrá a verme?

Me enojaba conmigo misma por mi debilidad.

¡No le interesas! Eligió a Susana mucho antes que llegaras a Nueva York.

En su nivel de prioridades, tú no existes, Candy.

¿Cuántas veces necesita romper tu corazón para que entiendas que él no te ama como tantas veces te llegó a decir en sus cartas?

"Eres muy joven para ser padre, Albert, y más aun, de una muchacha tan bella" dijo una voz profunda que me sacó de mis oscuras cavilaciones.

Al girar mi rostro, vi a Loyd por primera vez.

Sería mentirosa si dijera que su atractivo físico me dejó indiferente, pero en esos momentos, mi corazón estaba demasiado ocupado intentando expulsar a Terry como para permitirme dejar entrar a alguien una vez más.

"Loyd, que gusto verte" Albert lo envolvió en un fraternal abrazo. En ese entonces, Loyd tenía tan sólo 19 años de edad "Candy, permíteme presentarte a Loyd Ainsworth. A pesar de su juventud, es uno de los socios más importantes de los bancos de nuestra familia" dijo con orgullo.

"Encantada de conocerlo, Loyd" dije con una falsa sonrisa.

"Un placer conocerla, Srta. Andley" besó mi mano sin retirar sus ojos de color casi violeta de los míos "Albert jamás le hizo justicia a su belleza con su descripción. Ahora me doy cuenta que mi amigo se quedó corto de palabras" su franca sinceridad me heló.

Me sentí incómoda con sus halagos.

No provenían de la persona que mi corazón y yo necesitábamos.

¡No es Terry!

"Discúlpenme, iré a atender a los invitados. Con permiso, Loyd" no le di tiempo a ninguno de los dos para detenerme.

Rápidamente, me escabullí por el jardín, trepé el árbol más alto y me refugié en sus ramas el resto de la velada.

Sonreí amargamente al recordar ese suceso.

Loyd jamás fue grosero conmigo ni mucho menos irrespetuoso.

Ahora puedo admitir que mi turbación se debió a su presencia.

Me impactó su mirada, su sonrisa, su franqueza, pero en esos momentos, no estaba preparada para aceptarlo.

Años después volví a verlo.

Yo tenía 20 años y la guerra recién había terminado.

El país era un pacífico caos.

Se respiraba una paz irreal, tanto, que la creencia popular decía que una nueva guerra se desataría.

Yo no hacía caso a la paranoia _aunque bien fundamentada_ de la gente.

Me había prometido a mi misma ante la tumba de mis compañeros y amigos que perdieron la vida en la guerra, incluido Stear, que cada segundo de mi vida contaría.

Me sentía eufórica.

Feliz.

Cada color que percibían mis ojos era hermoso. Penetrante. Cálido. ¡Vivo!

Los olores del pasto recién cortado, del viento, de la lluvia, jamás los había percibido tan intensamente como ahora. Incluso los rayos del sol filtrándose a través de las nubes mientras se mezclan con la neblina matutina, parecían escenarios sacados de un cuento fantástico.

Nadie sabe lo que tiene, hasta que lo pierde, dice continuamente la hermana María.

¡Y qué razón tiene!

Tan acostumbrados estamos a la naturaleza que nos rodea, a nuestra libertad, que sólo conocemos su valor una vez que nos vemos privados de ello.

Una tarde cuando regresaba a mi departamento después de una larga jornada de trabajo, me topé sorpresivamente de frente con Loyd.

"¿Candy?"

Esos ojos de color casi violeta los conozco, me dije al tiempo que un sonrojo coloreaba mis mejillas.

"Tanto tiempo sin verlo, Loyd" sonrió al escuchar mi formalidad.

"¿Me recuerdas? Es un honor, pero por favor no me hables de usted. Para ti soy solamente Loyd" mi corazón comenzó a latir con fuerza dentro de mi pecho.

Por alguna razón desconocida, me regocijaron sus palabras.

"Está bien, Loyd" tomó mi mano como aquella vez durante mi presentación y la besó sin apartar sus ojos de los míos.

"Me alegra ver que aquellas sombras que oscurecían su mirada han desaparecido. Por fin veo en ellos la alegría y vivacidad que tanto enorgullece a Albert" sonreí y bajé la mirada "perdóname. ¿Te incomodé?" negué con la cabeza sin dejar de sonreír.

"Parece que soy un libro abierto" dije.

"Si, pero también soy bueno leyendo a las personas. No me quites crédito. Entiendo que ahora es poco prudente por la hora, pero ¿aceptarías salir a comer conmigo mañana?" preguntó y me di el lujo de tomarme unos segundos antes de responderle.

"Siempre y cuando no te moleste la comida del hospital" su sonrisa se tornó más amplia al oír mi respuesta.

Esa maravillosa rutina se repitió un par de meses, hasta que platicar una hora en el hospital ya no era suficiente para nosotros. De pronto se convirtió en nuestra costumbre salir a comer a restaurantes ubicados a lo largo y ancho de Chicago, ir a bailar, ver alguna película, o bien, estar en su casa donde él mismo me agasajaba preparándome algún manjar.

Tan feliz me sentía, que no percibí en que momento transcurrieron tres años.

Mi amistad con Loyd creció a tal grado, que ya no estaba a gusto sin su compañía.

Lo extrañaba.

En mi vida, sólo he tenido esta conexión con una persona; Terry.

Me sentía orgullosa de mi misma.

Podía pensar en él, pronunciar su nombre, e incluso, contarle a Loyd cada ínfimo detalle de nuestro pasado juntos, sin sentir esa añoranza que tanto oprimió mi corazón durante años.

Estaba extasiada de mi progreso.

En cuanto a los verdaderos sentimientos que Loyd me profesaba, yo los tenía claros.

Iban más allá de la amistad y en más de una ocasión me lo hizo saber sin rodeos, pero yo temía que si la relación no funcionaba como esperábamos, perdiera su valiosa amistad.

Paciente, respetó mi sentir, pero yo bien sabía que él no se daría por vencido tan fácilmente.

Su perseverancia era una de sus tantas cualidades.

"No sabía que repudiaste un tiempo ser una Andley" dijo mientras me acompañaba caminando hasta mi departamento, aunque como cada vez que estábamos en la calle, un par de guardaespaldas nos seguían de cerca "Albert jamás hizo mención de ese detalle"

"Albert es un caballero, jamás develaría mis más oscuros secretos" reí. En ese momento él tomó mi mano y depositó un beso sobre mi palma sin una razón en especial.

Me gustaba cada minúsculo gesto que me dedicaba.

Podía pasarme horas con él sin sentir el paso del tiempo.

"Tienes razón" dijo sin soltar mi mano y seguimos caminando.

Se había vuelto una agradable costumbre entre nosotros tocarnos.

"En cuanto a ser una Andley, asumí la errónea idea de que representaría un obstáculo en mi vida y mi carrera. Que, por el estatus de mi familia, nadie me tomaría enserio. Ahora, después de todo lo que viví en la guerra, me doy cuenta lo afortunada que soy. Más allá del apellido, cuento con una familia que me quiere y protege. Sobre todo, que me acepta. Además, Albert me deja vivir como yo deseo. Soy afortunada. No todos tienen esta dicha" silencio.

Abruptamente detuvimos nuestro andar y levanté la mirada hacia él.

Loyd, que siempre derrocha confianza, ahora se veía taciturno.

Preocupado.

"¿Dije algo malo?" pregunté súbitamente preocupada "¿Loyd?" lentamente clavó su mirada sobre la mía.

Parecía estar buscando en mi alma una respuesta a una pregunta que aun yacía nublada dentro de mi mente.

Un segundo después, me vi envuelta en sus brazos, mientras que sus labios, acariciaban con frenesí los míos.

Mi sorpresa radicó en que respondí su gesto exactamente con la misma intensidad.

¿Qué es esta calidez que siento en mi pecho? ¿Amor tal vez?

No me preocupé en encontrar la respuesta.

Me bastó con saber que su beso me hizo feliz, y por supuesto, sin remordimiento alguno me dejé llevar.

Nuestra relación no entró dentro de los estándares normales que la sociedad marcaba. Ambos éramos conscientes de ello.

Durante los dos años y medio que fuimos novios, vivimos intermitentemente entre su casa y mi departamento como cualquier pareja casada, hasta que un día Loyd me propuso vivir en su casa permanentemente.

Nuestra relación tan liberal escandalizó a ambas familias, sin embargo, tanto él como yo éramos adultos. Estábamos decididos a vivir nuestra vida como quisiéramos sin importarnos en absoluto las habladurías sin sentido de la gente.

Con el tiempo, he aprendido que lo más importante es darle gusto a mi corazón, no a los demás.

Mientras no le haga daño a nadie, ¿por qué privarme de hacer algo que me hace feliz? ¿Sólo por qué soy mujer no tengo derecho a elegir otro camino que no sea el matrimonio?

La Srta. Pony y la hermana María reprobaron mi decisión, pero jamás me dieron la espalda.

Confiaban en mi buen juicio y yo les agradecí su confianza.

Me sentía preparada para enfrentar el mundo a su lado, excepto para casarme con él.

No estaba lista aún.

Loyd siempre respetó mi manera de pensar, y a pesar de saber que mis continuas evasivas lo lastimaban, no cambié de opinión.

Ya llegará el momento. Quizás más adelante. Por ahora así estamos bien, me alegaba a mi misma.

Ahora sé que intentaba convencerme en vano de algo que jamás sucedería.

"Tengo que asistir a un evento en Nueva York. Es el aniversario número 40 de la compañía Stratford y como socio es mi deber estar presente, además de que soy el anfitrión este año" dijo casualmente mientras le ayudaba a quitarse el saco.

"¿Quieres que vaya contigo?" bajó la mirada tan rápido hacia mí, que sin querer lo rasguñé del cuello "perdóname ¿te lastimé?" dije preocupada al ver su gesto de dolor mientras colocaba su mano sobre su cuello.

De pronto, una traviesa sonrisa se dibujó en sus labios, y al tiempo que envolvía mis hombros con sus brazos, caímos abrazados sobre la cama.

"Con un beso tuyo, el dolor de mi cuello desaparecerá como por encantamiento divino" susurró en mi oído enviando un agradable cosquilleo a cada parte de mi cuerpo.

"¿Ah sí?" respondí y le seguí el juego.

Creé un camino de besos en su cuello, e hice mayor énfasis en el área donde yacían los 3 rasguños enrojecidos.

Sonidos guturales muy suaves se originaron en lo más profundo de su garganta, al tiempo que sus manos comenzaron a dibujar las formas de mi cuerpo.

El fervor de su roce era tan intenso, que me abrumaba la devoción y el amor que me profesaba.

"Te amo, Candy" un pinchazo de dolor perforó mi corazón de manera contundente.

Esa herida no desaparecería jamás.

"Bésame" dije y como si de una orden se tratara hizo lo que le pedí.

"Creo que dejamos una plática pendiente" lo vi a través del espejo mientras empezaba a arreglarme para ir a trabajar.

"Es cierto. Es culpa tuya que me distraiga tan fácilmente. Eso no sucede con frecuencia" se colocó detrás de mi y depositó un casto beso sobre uno de mis hombros "¿me acompañarás a Nueva York, entonces?" asentí con una sonrisa.

"Por supuesto que si. Eres mi novio. Quiero acompañarte a todos los viajes que me sean posibles. No te librarás de mi tan fácilmente ¿eh?" me sonrió, sin embargo, una emoción que no supe descifrar ensombreció su mirada "¿sucede algo?" giré mi rostro y me puse de pie frente a él.

"Nos encontraremos con Terry Grandchester allá. Es uno de los invitados de honor junto con su esposa" dijo.

"¿Y?" respondí indiferente sin dejar de mirarlo a los ojos.

"Hace 9 años que no lo ves" con toda la seguridad que poseía en esos momentos, le dije que no había nada de que preocuparse.

Ahora sé que pequé de soberbia.

Tan pronto como puse un pie en Nueva York, me tuve que tragar cada una de mis palabras.

A donde quiera que mirara había una pancarta anunciando su próxima película, los tabloides hablaban de él, incluso los volantes que circulaban por la ciudad tenían su rostro impreso.

Tal parecía que todo estaba confabulado en mi contra para comprobar que en verdad Terry ya era parte de mi pasado como me he jactado en decir varias ocasiones.

Cuando llegó el momento de hacer mi aparición en el evento de la compañía Stratford, yo era un manojo de nervios.

Si Loyd se dio cuenta de ello, imaginó que se debía a que me encontraba ansiosa por enfrentar a los medios.

Que lejos estaba de la realidad.

En mi lista, ellos eran la menor de mis angustias. El número uno sin duda alguna era él. Terry.

"Luces bellísima. Seré la envidia de todos" dijo mientras que con una de sus manos me daba una vuelta como bailarina para admirar desde todos los ángulos el vestido que me regaló "No te preocupes. Estaré a tu lado todo el tiempo. No dejaré que nadie te falte al respeto" Loyd besó mis labios y nos preparamos para hacer nuestra entrada al evento que cambiaría mi vida por completo.

Coloqué mi mano sobre su brazo y empezamos a descender las escaleras de mármol mientras que los reporteros, cegaban nuestro camino con los flashes de sus cámaras.

No podía ver nada. Ni siquiera los escalones bajo mis pies.

Era gracias a Loyd que me desplazaba hacia la planta baja con una seguridad que distaba mucho de mi verdadero sentir.

Las rodillas me temblaban tanto que parecían hechas de gelatina.

Aunque buscaba a Terry discretamente entre la multitud, no conseguía divisarlo y no sabía como sentirme al respecto.

La mirada de Loyd se mantuvo fija en mí todo el tiempo.

Me admiraba casi con adoración y resultaba abrumador el amor que me profesaba.

No perdía detalle de cada cambio de expresión que se dibujaba en mi cara, pero en cuanto giré a mi derecha, vislumbré a la persona que hasta hace unos instantes, creí se encontraba en mi pasado.

Terry.

Sólo me bastó verlo para que me olvidara por completo de la presencia de Loyd.

Todo lo que he vivido hasta ahora, mi trabajo y mi vida en Chicago, dejaron de importarme.

Ahí estaba él a unos metros de distancia de mi, viéndome con una expresión tan impasible, que durante un momento tuve la impresión que no me había reconocido.

Recuerdo que le sonreí.

Quería decirle tantas cosas con una sola mirada, que ignoré al mundo que me rodeaba.

Este espacio infinito que nos envolvía sólo a nosotros dos, sería nuestro para siempre.

Nadie, ni siquiera Susana, el destino, ni la vida misma, podría arrebatárnoslo jamás.

Pese la enorme distancia que existía entre ambos, lo percibía tan cerca que juraría era capaz de oír los rítmicos latidos de su corazón, los cuales, susurraban una melodía a mis sentidos que sólo él y yo éramos capaces de escuchar.

No. Es mucho más profundo que eso.

Nuestra propia piel era un estorbo. Su alma y la mía deseaban tocarse, pero nuestros cuerpos mismos se lo impedían.

¡Qué sensación más sublime!

Destruye todo a su paso; pasado, presente, futuro. Crea un camino de incertidumbre, sin embargo, jamás me he sentido más viva como ahora.

Estoy en sintonía perfecta con este ser, el cual, sin la necesidad de tocarlo, me hace sentir su calidez, y eso a su vez, me ayuda a experimentar una paz que sólo en su presencia soy capaz de disfrutar.

Este nivel de intimidad va más allá del acto físico del amor que conocí con Loyd.

Traspasa y rompe barreras autoimpuestas.

Incluso ahora mismo siento el inmenso amor que Terry me profesa recorrer cada minúscula parte que conforma mi cuerpo, reescribiéndolo de modo que mi ser por completo se adapte únicamente a él y a nadie más.

No tengo una explicación lógica para lo que mi corazón, mi alma y mi cuerpo experimentan en estos segundos infinitos que deseo perduren para siempre.

Ahora comprendo que jamás lo dejé de amar, al contrario, lo amo tanto que incluso esa palabra de cuatro letras, no consigue abarcar el cúmulo de emociones que una simple mirada suya despertó en mi interior con abrazadora intensidad.

Físicamente ha cambiado. Se le ve más alto. Más apuesto.

Los panfletos jamás le hicieron justicia a su perfección, la cual, no puede pertenecer a este mundo, pero la expresión de sus ojos es la misma que recuerdo de nuestros años en el Colegio San Pablo.

Tan gentil. Tan vulnerable. Tan cálido.

Mi Terry. Mi amor.

Quise dar un paso hacia él. Necesitaba tocarlo. Sentirlo entre mis manos, pero fue el ruido de la música, así como el brazo de Loyd presionando con fuerza el mío, lo que me trajo bruscamente a una realidad donde yo no tenía cabida en la vida de Terry.

No tengo muy claro lo que sucedió después.

Me sentía tan abrumada por lo sucedido en mi mente y en mi corazón momentos atrás, que no pensaba con claridad.

Parecía una autómata que actuaba por inercia.

No recuerdo si sonreí, si vi a la cámara o si abracé a Loyd. Mi mente se desconectó de la realidad y me costó trabajo enfocarme nuevamente en mi presente al lado de mi novio.

"¿Qué te sucede?" susurró Loyd en mi oído mientras que los flashes de las cámaras me deslumbraban.

No le respondí inmediatamente.

Giré mi rostro en dirección a Terry y presencié una escena que me recordó cual es mi lugar en su vida; lo vi a él con una niña en brazos dándole vueltas en el aire mientras que Susana los admira sonriente. Complacida.

La imagen de una familia feliz. Perfecta.

Debe ser su hija, es idéntica a él, pensé.

El continuó con su vida sin mí. Como debe de ser.

Susana sacrificó todo por él. Es justo que, en respuesta, él se haya enamorado de ella.

"Estoy mareada. Los flashes de las ca﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽es de las cámaras me aturdieron bastante" musité quedamente para que sólo Loyd me escuchara.

Él enseguida agradeció a los reporteros, personal de seguridad los guió a la salida mientras que nosotros nos perdimos de vista de todos al hacer una elegante escapada al jardín.

Necesitaba respirar aire fresco.

De pronto tuve la sensación de que las paredes del amplio salón se cerraban a mi alrededor.

En cuanto estuvimos lo suficientemente alejados del evento, me quité los zapatos y me dejé caer al suelo mientras colocaba mi rostro entre mis rodillas.

Respira Candy. Sólo estarás aquí unas horas. Puedes hacerlo, me dije, pero no me sentí capaz de pasar aire correctamente a mis pulmones.

Loyd intentaba captar mi atención, pero su voz la oía lejana. Distante.

Él era incapaz de alcanzarme.

Aunque mi cuerpo estaba afuera, mi mente, mi alma y mi corazón se habían quedado con Terry.

¿Qué tan frívola soy que mi corazón destierra al hombre que hasta hace unos minutos creía amaría para siempre?

Ahora comprendo que los tiempos del corazón no son los mismos que los terrenales.

Para mí fueron unos segundos, pero para mi alma significaron una maravillosa eternidad que me unió a Terry para siempre.

El amor es voluntarioso, mágico. No obedece a expectativas.

Este sentimiento es un misterio, sin embargo, es el más puro de todos.

Es absoluto.

Lo es todo.

Sin embargo, mi centro en este momento debía ser Loyd. Tengo una vida hecha a su lado en Chicago, mientras que Terry, ahora tiene una hija, producto del amor que le profesa a su esposa.

Aunque desee con todas mis fuerzas permanecer con él, es evidente que nuestra unión es sencillamente imposible. Después de todo, es Susana la que ahora se encuentra dentro del corazón de Terry y no yo.

Ella sacrificó su vida por él ese día.

¿Qué muestra de amor más grande puede otorgarle una persona a otra?

Por un momento creí sentir nuestras almas en sintonía.

Obviamente, yo estaba en un terrible error.

No me arrepiento de las decisiones que nos llevaron a tomar caminos separados hace 9 años, gracias a ello soy la mujer de ahora, pero admito que verlo de nuevo puso de cabeza todo mi mundo.

¿Cómo retomaré mi vida al lado de Loyd, cuando mi corazón mismo me exige correr a los brazos de otro?

"¿Candy, me estás oyendo?" levanté la mirada y vi a Loyd hincado frente a mi sumamente preocupado.

"Perdóname. ¿Me hablabas?" respondí distraídamente.

"¿Tanto te afectó volver a verlo?" preguntó seriamente.

No quiero lastimar a Loyd, pero tampoco me parece justo mentirle.

Asumiré la responsabilidad de mis actos como siempre lo he hecho.

"Loyd, yo…" no pude seguir hablando porque la voz desesperada de un hombre nos distrajo.

Me levanté del pasto y sin pensarlo dos veces corrí en su dirección.

La escena que se desarrolló frente a mis ojos era terrible; la hija de Terry se ahogaba en una de las albercas.

Inmediatamente me aventé al agua y la saqué a flote.

Terry se encontraba al borde de un ataque de nervios. Me partió el corazón verlo tan desesperado, pero en cuanto mis manos se colocaron sobre sus mejillas, volví a ser presa de aquella hermosa fantasía que me hacía creer que él todavía me amaba.

Afortunadamente actué a tiempo y Alisa fue salvada, pero lo que pasó después, fue una cadena de eventos al lado de Terry, las cuales, desataron una fuerte discusión con Loyd.

Nos gritamos y fuimos hirientes el uno con el otro. Dijimos cosas que pensábamos, pero que no reparamos en el impacto que tendrían en el corazón del otro.

Lo peor vino después, cuando desquité injustamente mi coraje con la persona que yo había decidido marcar como el único culpable de que mi vida estuviese colapsándose; Terry.

Me arrepentiría de ese error minutos después, cuando Susana en un ataque de locura, aventó un objeto hacia mí, recibiendo Terry mismo el golpe al tratar de protegerme de la inestabilidad de la mujer que ahora sé jamás ha amado.

Fueron demasiados eventos sucedidos en un solo día, pero el que se grabó en mi corazón no fueron mis disputas con Loyd y sus celos bien fundados, sino Terry y el desprecio con el que me vio y trató al final.

Ahora que me encuentro en Chicago, me siento ajena a este lugar que antes llamaba mi hogar. Mi mente está muy lejos de mis pacientes e incluso de Loyd.

No encuentro el camino para volver a ser la de antes.

Nuestro hábitos previos a ese viaje cambiaron drásticamente.

Ya no platicábamos libremente como antes, con cualquier pretexto me ausentaba largas horas de casa para evitar pelear una vez más con él, rara vez comíamos juntos, incluso Loyd ya no aguardaba por mí al salir del hospital.

Nos evitábamos en un intento de reencontrarnos.

Que contradicción grande.

"Candy ven a la cama…" dijo Loyd una vez más.

Distraídamente asentí.

Leía nuevamente uno de mis libros favoritos; Rosal de lágrimas de John Arden.

Era un autor oscuro, melancólico, pero su narrativa me capturó desde un inicio. Describía con abrumadora exactitud la tristeza que sentimos ante la inevitable pérdida del ser amado.

Tuve la extraña sensación de que cada palabra escrita, la había sacado de mi alma adolorida, y por sorprendente que fuera, me sentí identificada con la agonía del personaje principal.

"¿Hasta cuando me vas a seguir ignorando, Candy?" bruscamente me arrebató el libro que tenía en mis manos mientras lo arrojaba al suelo.

"¡¿Qué te pasa?!" exclamé molesta mientras me ponía de pie.

"¿Qué me pasa a mi? ¡Eres tú la que ha cambiado conmigo! Pones un sinnúmero de excusas para permanecer alejada de mí. Creí que al alejarnos de Nueva York todo volvería a ser como antes entre nosotros, pero al contrario, sólo ha empeorado" habló mientras caminaba alrededor de la habitación irritado.

"Estás muy alterado. Si te respondo, lo único que pasará es que terminaremos peleando otra vez y me acusarás de nueva cuenta de falsa y coqueta" el pálido rostro de Loyd se coloreó de un intenso color rojo.

"PUES ES LO QUE ERES. ¡UNA DESCARADA QUE COQUETEÓ CON SU EX NOVIO EN MI CARA Y EN MI PROPIA CASA!" me tomó con fuerza de los hombros e hizo el ademan de querer golpearme.

Me encontraba sorprendida y asustada, pero nada era más fuerte en estos momentos que mi furia.

Te has metido con la mujer equivocada, pensé, y sin darle oportunidad de nada, le di una patada tan fuerte en la entrepierna que lo dejó incapacitado para moverse.

"¡No te equivoques conmigo, Loyd! Ya te pedí disculpas una y otra vez. ¿Cuántas veces tengo que decirte que mi intención jamás fue lastimarte? Entiendo tus celos, pero ni se te ocurra pensar ni un segundo que sólo por eso permitiré que me pisotees a tu antojo" metí precipitadamente algunas de mis pertenencias a mi maleta, cogí a Tea y me encaminé a la puerta.

"¿A dónde vas?" preguntó mientras intentaba ponerse en pie.

"No importa cuanto lo intentemos, parece que esta pelea está destinada a empeorar día tras día. Nuestra situación no mejorará y ambos lo sabemos" musité.

"No te vayas. Perdóname" giré mi rostro hacia él y lo noté sincero.

Suspiré y dibujé una triste sonrisa en mis labios.

"No podemos seguir viviendo así. No es sano para ninguno de los dos. Aunque no me creas, todo lo que pasó en Nueva York a mi también me tomó por sorpresa. Amo a Terry y no sé cómo manejarlo y mucho menos puedo aparentar que no sucedió. Dios sabe que me duele profundamente el daño que te he hecho. Por eso me voy. No mereces vivir en este calvario. Lo mejor será terminar nuestra relación antes que nos hagamos más daño. Adiós Loyd"

Sin esperar a oír su respuesta, salí de la mansión para refugiarme en el único lugar donde me sentiría segura; con Albert.

"Candy, ¿qué es lo que pasó?" preocupado al verme tan noche en la mansión, Albert se levantó de su asiento en el estudio, solté a Tea, aventé mi maleta y corrí a sus brazos.

"Terminé con Loyd, no quería lastimarlo, tu lo sabes, pero yo…" el llanto me impidió seguir hablando.

El nudo en mi garganta y en mi pecho es tan doloroso, que pasaron varios minutos antes que pudiese narrarle a Albert todo lo que sucedió durante el tiempo que estuvo de viaje en Nueva York.

"Lamento enterarme de eso, Candy. Puedes quedarte aquí el tiempo que necesites. Esta es tu casa, lo sabes" dijo mientras secaba mis lágrimas con su pañuelo.

"Gracias Albert" silencio.

Quería saber como se encontraba Terry. Me sentía preocupada por él, pero me abstuve de preguntar, no puedo olvidar que fue él mismo quien me corrió de Nueva York.

"Susana aun no aparece. Terry y su familia están en peligro. Sabes que él te está protegiendo ¿verdad?" fruncí el ceño y apreté fuertemente los puños.

"No necesito que me proteja destruyendo mi corazón una vez más ¿Acaso cree que estoy disfrutando mi vida después de que él la trastornó por completo?" levanté la mirada y me topé con la expresión severa de Albert.

"Lo mejor será que te vayas a descansar. No digas cosas de las que puedes arrepentirte mañana" me dio un beso en la cabeza y me deseo buenas noches zanjando por completo la conversación.

Los días siguientes, el trabajo, mis sobrinos y las labores de la casa fueron la excusa perfecta para olvidarme de Terry y mis problemas con Loyd, sin embargo, un día mientras salía de bañarme, un espantoso dolor se instaló en mi pecho.

Fue tan intenso que caí al suelo de rodillas, jadeando. Sudando frío.

¿Qué es esta sensación tan espantosa que siento?, me dije mientras sentía un escalofrío recorrer lentamente cada centímetro de mi cuerpo.

Algo terrible sucedió, pero ¿a quién? ¿En el hogar de Pony, Loyd, Terry…?

No pude apartar esta sensación de vacío y pérdida durante las días sucesivos, al contrario, este dolor se tornó más intenso, más agudo. No conseguía apartarlo de mi corazón.

Era como si la mitad de mi cuerpo estuviese muriendo, pero no de forma física, sino a nivel espiritual.

Me encontraba agonizando, pero no era yo la que sufría sino alguien más.

Una persona que amo está en peligro.

"Albert, ¿Terry está bien?" pregunté mientras me sentaba en uno de los sillones de la sala de estar.

"No me ha contestado el telegrama ni la carta que le envié hace un par de días ¿por qué?" dejó su taza de té sobre la mesa y me observó consternado.

Yo jugaba nerviosamente con el rosario que me regaló la Srta. Pony.

¿Debía comentarle lo que me sucede?

No, quizás estoy exagerando.

"Disculpe Srta. Andley, la busca el Sr. Ainsworth" suspiré pesadamente.

"Hazlo pasar, por favor" en cuanto Loyd puso un pie dentro de la estancia, supe por alguna razón ajena a mi entendimiento, que el motivo de mi mal presentimiento no era por su causa.

Es verdad que lo veo triste, decaído, pero saldrá adelante.

"Albert, buen día. Candy, por favor, necesitamos hablar" negué con la cabeza.

"No tenemos nada de que hablar Loyd. Todo está dicho entre nosotros. No hagas esta situación aun más difícil para ambos, por favor" espeté, y él alicaído, bajó la mirada.

"No sabía que teníamos visitas" dijo Archie casualmente mientras entraba a la sala junto con Annie.

"Buen día Archibald. Sra. Cornwell"

De pronto comenzamos a escuchar un fuerte alboroto en la estancia.

Creí que eran mis sobrinos jugando con el servicio, cuando de pronto, entró fuera de sí una persona que no esperaba ver en Chicago y mucho menos sola.

"¿¡Alisa?! ¿¡qué haces aquí?!" corrí hacia la pequeña y la envolví entre mis brazos mientras instintivamente revisaba que no tuviera ningún daño.

"¡Candy!" la hermana de Terry lloraba amargamente contra mi pecho.

Desesperada, envolvió mi cuello con sus brazos.

Su cuerpo se convulsionaba violentamente por el llanto que la embargaba.

Sin soltarla, la cargué y la senté junto conmigo en el sillón.

"¿Dónde están Terry y tus padres?" pregunté mientras retiraba sus lágrimas con mis dedos.

"No saben que estoy aquí. Necesito tu ayuda, Candy. Mi hermano está muy grave en el hospital. Susana le disparó. ¡Ayúdalo!" suplicó mientras colocaba sus manos sobre mi pecho.

Si no hubiese estado sentada, habría caído al suelo por el impacto de la noticia.

El dolor que sentí, la sensación de pérdida, la agonía… ¡era por Terry!

Mi alma me lo hizo saber todo este tiempo y no hice caso.

No, Dios mío, no él.

"¡Por Dios!" dijo Annie mientras ahogaba su llanto con sus manos.

"¿Cómo es posible que llegaras hasta Chicago tu sola?" preguntó Albert mientras se sentaba angustiado a un lado de nosotras.

"Le di a una señora el vestido y las joyas que mi hermano me compró para que se hiciera pasar por mi mamá en la estación de trenes. Los boletos los compré usando todos mis ahorros. ¡Vámonos Candy! mi hermano puede morir. Sólo tú puedes ayudarlo a sanar" sus puñitos se prensaron de la tela que cubría mis hombros y me movió una y otra vez para hacerme reaccionar.

Terry está muriendo…

Ahora todo lo tengo claro.

Lastimé a Loyd. Lo amo, pero no lo suficiente. Ahora lo sé y aceptó el castigo por ese pecado. Con eso soy capaz de vivir, pero saber que Terry esta debatiéndose entre la vida y la muerte, que lo puedo perder en cualquier momento, es algo que no puedo soportar.

Necesito estar con él, verlo. Decirle que lo amo.

"¡Candy no vayas!" Loyd me tomó de la mano y me jaló hacia él mientras me envolvía en un fuerte abrazo "¿No te das cuenta que es una mentira para que vayas corriendo a sus brazos? ¡Es imposible que esta niña haya hecho lo que dice!" sin dudarlo dos veces, me alejé de él.

No daba crédito a las palabras que salieron de su boca.

"¡Jamás manipularía la verdad jugando con la vida de mi hermano!" espetó Alisa furiosa mientras se ponía de pie junto a mi.

"¿Ya no recuerdas que te echó de su lado? No te ama, pero yo si. Quédate conmigo, por favor" Loyd supo que palabras me detendrían, y lo consiguió.

Iba a bajar la mirada al suelo, derrotada, cuando la voz impetuosa de Alisa enfrentando sin miedo a Loyd, me asombró una vez más.

"¡Eso es falso! Mi hermano actuó de esa manera para proteger a Candy. No quería que Susana le hiciera daño por culpa suya, así que decidió alejarla. Te prohíbo que vuelvas a hablar de mi hermano como si lo conocieras. ¡Él es mejor hombre que tú!" me hinqué a un lado de Alisa y rodeé sus hombros con uno de mis brazos en un intento de sosegarla.

"Tranquilízate Alisa…" susurré, pero aun abrumada por el calor del enojo, se alejó de mi y dio un paso más hacia Loyd.

"Mi hermano ama a Candy. Alguien tan egoísta como tú jamás alcanzará a comprender la magnitud de ese sentimiento" masculló esta vez más tranquila "¿Vas a venir conmigo a Nueva York o no?" extendió su mano hacia mi.

Me falta mucho camino que recorrer para crecer tanto como Alisa.

Tener el coraje de hacer un viaje tan largo ella sola, sólo refleja el inmenso amor que le profesa a su hermano.

Terry tiene a una vehemente defensora a su lado.

"Adios Loyd" lo vi por última vez y bajé mi rostro hacia Alisa "Vámonos. No tenemos tiempo que perder. Archie, Annie, cuiden a Tea, por favor" ambos asintieron.

"Vete sin cuidado, Candy. Cuídense, por favor"

"Llévate uno de los autos y déjalo en la estación de trenes. Un chofer pasará por el más tarde. Por el momento no podemos dejar Chicago, pero por favor, mantennos al tanto" dijo Albert consternado.

Coloqué la bolsa de Alisa sobre mi hombro, tomé su mano entre la mía, y sin mirar hacia atrás, me dirigí junto a ella a la estación para partir inmediatamente hacia Nueva York.

Continuará...


¿Qué les pareció? Alisa para mi es la heroina de la historia. jajajaj Yo diseñé al personaje y sé que no soy objetiva pero es mi verdad jajajaja ¿Qué opinan ustedes?

Algunas personas me han dicho que no les gusta la manera tan liberal de ser de Candy en este fic, que yo cambié su manera de ser, y pues que les puedo decir? Mi respuesta fue que en mi cabeza esta es la madurez que visualicé para ellos.

Repito, no espero que todos estén de acuerdo conmigo, pero me parece revolucionario que para la época que viven, Candy decida como quiere vivir su vida sin represión alguna del que dirán.

Besos y nos leemos pronto (espero jajajaj)