Me llevó más tiempo de lo normal terminar este capítulo. No es porque sea más largo que los anteriores, pero tuve mucho trabajo, problemas personales que me cerraron creativamente, y además, se atravesaron las fiestas patrias en mi país.

Cuando estoy escribiendo estas notas siempre intento recordar reviews específicos que me dejan pero siempre los olvido jajaja.

Algo que procuro hacer es no dejarme influenciar por lo que ustedes desean que escriba en mi fic. Mi objetivo es continuar con la línea en mi historia que desde un inicio tracé.

Se que para algunos de ustedes Candy no debe buscar a Terry, que debería castigarlo más (9 años distanciados no es suficiente castigo?), y sobre todo, no les es fácil ver a Candy liberal. Al respecto han surgido ciertos debates. Unas opinan que si es liberal, otras que no, y bueno, para mi no es hablar de lo que Candy fue en el pasado, sino lo que para mi es casi 10 años después de la serie, donde ella es una adulta. No una adolescente. Si. Muchas me dijeron que la Srta. Pony y la hermana María no lo verían bien, me hablaron de la época, pero en serio chicos jajajaj vuelvo a lo mismo, no espero que todas compartan mi manera de pensar ni escribir y eso está bien. Libremente pueden ir a leer un fic que llene sus expectativas. Nadie está aquí a la fuerza. ;)

Espero no tomen mi comentario a modo de grosería sino como un sano consejo.

Ahora si les dejo un abrazo y besos :)


Capítulo 10. Juntos

_Terry_

"¿¡Cómo que Alisa desapareció?!" me quise enderezar, pero un intenso dolor en mi hombro izquierdo me lo impidió.

"¡Terry! No te muevas así, hijo. Puede hacerte daño" exploté antes que mi madre me ayudara a acomodarme de nuevo en la cama.

"¡Me importa un demonio mi herida! ¡Lo único que me interesa ahora es saber dónde está Alisa! Ella está… está desaparecida por mi culpa…" me faltó la respiración antes que terminara de hablar.

Quería desgarrarme la garganta gritando. Mi cuerpo no iba a fallarme ahora.

Mi madre, comprendiendo mi dolor, me envolvió en un suave abrazo, pero fueron sus lágrimas cayendo cadenciosamente sobre mi hombro las que extinguieron mis alaridos.

Me sentía devastado, pero, sobre todo furioso.

Si de verdad Margot está involucrada en la desaparición de Alisa, lo pagará muy caro.

"¿A qué hora desapareció?" pregunté ronco por el enojo.

"… ayer por la mañana. Estuviste un día inconsciente, Terruce" respondió mi padre mortificado.

Impotente, pasé mi mano derecha por mi cabello.

¿Tanto tiempo?

"Pero ¿cómo es posible que Margot haya burlado la vigilancia que pusiste en la casa, papá? ¡No entiendo! Alisa…" varias descargas de dolor me impidieron seguir hablando.

El dolor del hombro regresó con más intensidad, aun cuando tenía mi brazo izquierdo inmovilizado con una venda sobre mi pecho.

Apreté los labios en un intento por contener mis gritos, pero la expresión de mi rostro reflejó la agonía que por todos los medios quería ocultarle a mis padres.

"¡Llama al médico, Richard!" negué lentamente con la cabeza mientras hacía exhalaciones de aire a través de la boca.

"No… díganme que pasó mientras estuve inconsciente" susurré con un tono de voz tan quedo, que cualquier ruido podría apagar mis palabras.

Me siento mareado, débil, pero necesito saber la verdad.

Mis padres titubearon un instante, pero ellos sabían que no quitaría el dedo del renglón. Interrogaría a quien fuese necesario con tal de conocer la verdad.

Inteligentemente _aunque bastante reticentes_ terminaron accediendo.

"Estábamos tomando el té en el jardín cuando la policía llegó a casa y nos dijo que Susana te había disparado. Lo único que sabían hasta ese momento es que te encontrabas muy grave y no nos aseguraban que sobrevivieras" mi madre empezó a llorar antes de que terminara de relatarme lo sucedido.

Mi padre rodeó sus hombros y le extendió un pañuelo mientras continuaba hablando en su lugar.

"Para salvarte tuvieron que operarte de emergencia y hacerte una trasfusión de sangre. En ese momento nos pareció prudente dejar a Alisa en casa. Creíamos que se encontraría más segura ahí, además, por políticas del hospital no podíamos traerla con nosotros, pero cuando regresé a casa horas después para ver cómo se encontraba, el servicio de guardaespaldas me informó que no la encontraban por ningún lado. Por el atentado que sufriste, la policía encuentra plausible que se trate de un secuestro por parte de Margot… una venganza por la muerte de Susana" explicó mi padre lo más sereno que pudo, pero a mí no podía engañarme.

Por el tono rojizo que colorea el contorno de sus ojos, imagino que está controlándose para mantenerse sereno y fuerte, especialmente por mi madre, la cual, a estas alturas parece estar al borde de un colapso nervioso.

Ella es una de las mujeres más fuertes que conozco.

Cualquier persona en su situación, ya habría sucumbido al dolor y la desesperación.

"Mi gente está trabajando arduamente por encontrar a la Sra. Marlowe. Desafortunadamente su casa está vacía. La gruesa capa de polvo que decora los muebles de su casa indica que hace semanas no se para por ahí" resopló molesto.

En cuanto se quitó el sombrero, dio un paso hacia nosotros mientras sacaba de entre sus bolsillos una pequeña libreta y un bolígrafo.

Por un momento me había olvidado de su presencia en la habitación.

"Entenderé que mi siguiente pregunta les resulte incómoda, pero es mi deber investigar a fondo cualquier posible escenario. ¿Existe la posibilidad de que Alisa haya escapado de casa?" no había terminado de formular su pregunta cuando unos terribles deseos asesinos se apoderaron por completo de mí.

De no estar postrado en esta cama, me habría asegurado de que se tragara cada una de sus palabras.

¡Alisa es una niña feliz que no tiene ningún motivo para escapar de su familia! me dije.

Antes de hacer audible una serie de insultos contra el Sr. Hammill, mi padre colocó delicadamente su mano sobre mi hombro.

"Terruce" el tono severo de su voz me silenció "Entendemos su pregunta comandante. Alisa no tiene motivos para huir de casa, pero si usted en base a su experiencia lo considera prudente, investíguelo, por favor. Lo único que nos importa es encontrar a nuestra hija sana y salva sin importar el precio" el hombre asintió y después de desearme pronta recuperación, salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.

"Hijo, entendemos tu desesperación, pero el comandante sólo está haciendo su trabajo. Se lo mucho que amas a tu hermana, pero por favor, no olvides que estás convaleciente. No sabes el infierno que pasé cuando nos enteramos lo que te había sucedido… y ahora con Alisa desaparecida, yo…" mi madre rompió en llanto una vez más mientras cubría su rostro con sus manos.

"Mi amor, tranquila. Alisa aparecerá. Te lo juro" creo que siempre lo supe, pero ver la consternación reflejada en el rostro de mis padres, me hizo darme cuenta de que no soy el único que sufre dentro de este infierno que muy en el fondo, sé que yo mismo creé.

Cada segundo sin tener noticias del paradero de mi hermana, era agónico, pero mi enfado crecía al saber que además de ser el único responsable de que esta situación alcanzara niveles catastróficos, ahora también soy el más inútil.

Podría rebelarme y salir de este encierro para buscar a mi hermana por todo Nueva York hasta dar con ella y Margot, pero hasta yo era consciente de que no llegaría más allá de la puerta del hospital.

El dolor del hombro en conjunción con una pequeña infección, complicaron mi cuadro y como resultado, tuve fiebre muy alta toda la noche, y peor aún, a una enfermera malhumorada pegada a mí como caracol.

Si tengo las fuerzas para reírme de mi desgracia, me considero fuera de peligro, me dije mientras abría los ojos.

Vaya noche tan espantosa, no dormí nada, pensé al tiempo que la intensa luz de la mañana me deslumbraba tanto, que un ligero dolor se instaló en mi cabeza.

Me vi en la necesidad de abrir y cerrar los ojos continuamente hasta que mi visión se ajustó poco a poco a la luminiscencia del lugar.

"¿Cómo te sientes, Terry? ¿Quieres que llame a la enfermera?" negué con la cabeza al ver la expresión pálida y preocupada de mi madre.

"Esa vieja urraca es más espantosa que el dolor en mi hombro. Prefiero seguir sufriendo, gracias" dije.

"Terry ¿Cuándo dejarás de ponerle sobrenombres tan inapropiados a las personas?" me reprendió mi madre con una sonrisa.

Con mi mirada, busqué a mi padre alrededor de la habitación en vano.

¿Habrá habido alguna noticia de Alisa?

"¿Y mi padre? ¿ya saben algo de mi hermana?" mi madre bajó la mirada y negó lentamente con la cabeza.

"Aun no. Tu padre fue a ver al comandante para informarse acerca de los avances en su búsqueda. Salió hace un par de horas. Imagino no debe de tardar en regresar" susurró y guiado por un impulso tomé su mano.

No le daría falsas esperanzas en las que no creo, pero quería hacerle saber sin palabras que yo estaba con ella. Que juntos como familia enfrentaríamos esta situación, de la cual, esperaba saliéramos lo más intactos posibles.

Por mi madre supe minutos después, que la entrada del hospital era un hervidero de reporteros en busca de información acerca de mi repentina hospitalización.

Obviamente sabían datos concretos; como por ejemplo la muerte de Susana, mi herida y el lugar del siniestro. Nada más.

Planeaba que así continuara.

Mi vida privada no es de dominio público.

No permitiré que los tabloides vendan ejemplares a costa del sufrimiento de otros, y menos, que conviertan esta tragedia en un circo mediático donde al final, terminarán tergiversando la realidad.

No lo hacía por la memoria de Susana, ni por respeto al dolor de Margot, sino por mí, y principalmente, mi familia.

Conozco a los medios.

Continuarán insistiendo hasta obtener la nota que desean, pero de mí no sacarán una sola palabra.

Minutos después escuchamos el eco de pasos acercarse precipitadamente a la habitación.

Mi madre y yo nos observamos extrañados.

¿Habrá sucedido algo? me pregunté.

De pronto, la puerta se abrió precipitadamente dejando ver a la persona que iluminaba con su presencia mi existencia.

"¡Terryyy!" Alisa se acercó corriendo a nosotros con sus brazos extendidos a sus costados.

"¡MI CIELO, ESTÁS BIEN!" mi madre cayó al suelo de rodillas y envolvió a mi hermana entre sus brazos mientras besaba una y otra vez sus mejillas.

"Si mami. Estoy bien ¿Terry, como te sientes? ¿estás bien?" extendí mi mano hacia ella y le sonreí.

"Ahora que te veo me siento de maravilla. Ven. Necesito abrazarte" con cuidado, mi mamá la sentó a un costado mío en la cama y la abracé sin importarme el dolor que este acto me provocaba "dime que no te hicieron nada. Que no te lastimaron" dije sin romper el abrazo.

"Ella no fue secuestrada como creímos, Terruce" dijo mi padre inexorablemente desde el marco de la puerta con los brazos cruzados sobre su pecho.

Sin dar crédito a lo que escuchábamos, mi madre se acercó a Alisa con la pregunta dibujada en su rostro.

"¿Qué está diciendo tu padre, mi cielo?" preguntó mi madre afligida.

"Pusimos a toda la policía de Nueva York a buscarla, y Alisa Yvaine aquí presente decidió escapar de casa" repuso mi padre implacable.

En ningún momento levantó la voz, pero no necesitó hacerlo.

Él se dirigió a ella usando su nombre completo.

Eso fue suficiente para que mi hermana supiera el nivel de enojo que mi padre le profería en estos momentos.

"¿Qué sucedió, Richard? Explícamelo por favor" cuestionó mi madre frunciendo ligeramente el ceño.

Como ella, yo tampoco daba crédito a lo que escuchaba.

"Cuando llegué a la estación de policía, le informaron al Sr. Hammill que Alisa acababa de arribar a Nueva York. Los policías la retuvieron hasta que el comandante y yo la alcanzamos en la estación de trenes. Por eso tarde tanto en regresar" la preocupación que se dibujaba en el rostro de mi madre fue sustituida lentamente por enojo mientras la narración de mi padre culminaba.

"Alisa, ¿te haces una idea lo angustiados que estábamos creyendo que algo malo te había sucedido? ¿no te pusiste a pensar en eso antes de escapar? ¿acaso el amor que te tenemos no es suficiente?" dijo mi madre contrariada.

"No es eso, mami, pero tenía que irme rápido para ayudar a mi hermano. No tenía otra opción" fruncí el ceño más confundido que antes.

¿¡Cómo iba a ayudarme alejándose de casa!? Sentí que fenecía creyendo que algo malo le pudo haber pasado por mi culpa.

"Alisa, creo que necesitas ser más específica. Diles a donde fuiste y cuál fue el motivo" dijo mi padre y mi hermana asintió compungida.

"Fui a Chicago a buscar a Candy. Ella necesitaba saber que había pasado, por eso me fui sin avisar. Si se los decía, no me darían permiso y no podía perder tiempo. Terry estaba muy grave, lo oí cuando el policía llegó a casa, por eso tomé la decisión de irme cuanto antes. Perdóname por hacerte sufrir, mami" mi corazón latió dolorosamente fuerte contra mi pecho al oír a mi hermana.

¿Qué dijo? ¿fue a buscar a Candy?

Estupefacto, dirigí mi mirada hacia el marco de la puerta y ahí estaba ella.

Me observó con sus hermosos ojos verdes demasiado abiertos, tanto, que sus pestañas tocaban sin problemas sus cejas. Su respiración era agitada. Por un momento creí que había corrido desde la estación de trenes hasta el hospital sin descanso.

Candy está aquí, me dije mientras mi corazón registraba lo hermosa que se veía con su vestido azul holgado sin mangas. Su cabello, lo llevaba recogido esta vez sin ningún adorno costoso. Las ondas naturales de su pelo rizado las tenía tan marcadas, que por un instante me dio la impresión que había dedicado demasiadas horas de su tiempo a su arreglo frente al espejo.

¿Sera una aparición divina? o ¿se esfumará como humo entre mis dedos cuando quiera tocarla?

"…Terry…" susurró sin aliento mientras un color rosáceo se dibujaba en sus mejillas salpicadas de pecas.

Al oír su voz con un eco parecido al repicar de campanas, supe que esto no era un hermoso sueño producto de la fiebre tan alta que tuve, sino la realidad.

¡Ella está aquí!, me dije lleno de optimismo, el cual, rápidamente desapareció al recordar que, de todos los presentes, ella es la única que debía desaparecer de mi vida por su propio bien.

Tomé esa decisión para protegerla y no flaquearía ahora.

"¿Por qué estás aquí?" pregunté ásperamente.

Como si no me hubiese escuchado, sonrió mientras se acercaba a mí con decisión sin apartar su mirada de la mía.

Inevitablemente me encontré bajo su hechizo y supe que estaba perdido.

Con una mirada, vio dentro de mi alma y descubrió los sentimientos que quería ocultarle para protegerla del peligro que Nueva York representa para ella.

"Creo que necesitan platicar a solas. Vámonos Alisa. Tu padre y yo tenemos que comunicarte cual será tu castigo por tu indisciplina" dijo mi madre con una sonrisa mientras cerraba la puerta tras de sí.

Candy tomó asiento a un lado mío y soltó un largo suspiro mientras colocaba sus manos temblorosas sobre sus rodillas y bajaba la cabeza.

"Quería que el tren volara. Veinticuatro horas sentada comiéndome las uñas fueron una tortura. Por un instante creí que no llegaría a tiempo" levantó la mirada y me sonrió como si nada le importara más que este momento entre los dos.

"Creo que fui muy claro la última vez que nos vimos… no quiero volver a verte…" dije completamente derrotado.

"Deja de mentir" Candy extendió su mano hacía mí y sin dejar de sonreírme, entrelazó juguetonamente sus dedos con los míos.

Mi corazón traidor, una vez más palpitó frenéticamente dentro de mi pecho.

Me sentía feliz y sumamente extasiado con este suave roce de su mano entre la mía.

La amo tanto, que esta emoción desbocada que alimenta mi alma, roza peligrosamente la obsesión.

¡Si! el amor que le predico es tan grande que me asusta.

Ella es lo más preciado que tengo en esta vida.

Es mi amor más puro, más loco.

Sin Candy, no sé cómo seguir existiendo.

No me importa saberla de otro. Prefiero verla lejos de mí, pero feliz. Viva.

"No entiendo a qué te refieres" respondí inconmovible, sin embargo, por su mirada risueña entendí que de algún modo ella sabía lo que pensaba.

Es una de las razones que me llevaron a amarla tanto.

Vio en mi al chico que desesperadamente gritaba que lo amaran, pero todos repudiaban.

Ella me amó incondicionalmente, y por mis malas decisiones pasadas, perdí al único amor de mi vida.

"Es inútil que sigas con tu teatro. Ya sé porque montaste toda esa farsa ese día en la mansión de mí familia. Alisa me lo contó todo" molesto, desvié la mirada hacia la sábana que me cubría.

"Alisa…" susurré molesto.

Mi hermana y yo tendremos una seria plática en cuanto me pueda levantar de esta cama.

"Es vehemente cuando de protegerte se trata" sonreí y clavé de nuevo mis ojos sobre los suyos.

Su mirada es el hogar que tanto he añorado durante estos 9 largos años.

Que sensación más arrebatadora.

Quiero más de ella.

Detente Terry. No la mereces. La abandonaste ¿quién es capaz de perdonar un acto semejante?

Necesito recordar la razón por la ella que debe alejarse de aquí.

Tengo que convencerme que lo mejor para Candy es irse con Loyd a Chicago.

"Lo sé. Se toma muy enserio su papel. Es indisciplinadamente libre" en contra de mi voluntad, seguía acariciando con mi pulgar la suave piel de Candy.

No quería retirar mi mano de la suya.

Física y emocionalmente la necesito para seguir viviendo, pero si no la alejo de mi ahora, jamás reuniré las fuerzas para dejarla ir nuevamente.

"Ni se te ocurra apartarme de tu lado. Basta ya de mentiras. Soy una mujer adulta que sabe tomar sus propias decisiones. No necesito que tú ni nadie valide lo que necesito hacer, así que ve desechando de una vez esa idea, Terry Grandchester" resignado, solté un largo suspiro, y sin apartar su mano de la mía, dejé caer mi cabeza suavemente contra mi almohada.

"¿Qué hay de malo en querer protegerte? Desde que estábamos en el Colegio San Pablo ese ha sido mi objetivo… pero al parecer lo único que consigo es hacerte sufrir. Deseaba ser feliz a tu lado, pero mi sueño se me escapó entre mis manos hace mucho tiempo por culpa mía" dije.

"La razón es que no me estás protegiendo. Sólo me apartas de tu lado con la falsa idea de que me cuidas, cuando en realidad lo único que haces es tomar decisiones tu solo. Por ejemplo, ¿cómo crees que me sentí cuando me enteré que habías tomado mi lugar para ser expulsado del Colegio? ¿Consideraste por un instante que me sentiría sola sin ti, Terry?" me reprochó bastante molesta.

"¿¡Por qué me estás recriminando algo que pasó hace tantos años!?" pregunté disgustado.

Desvié la mirada hacia una de las ventanas de la habitación, cuando imprevistamente colocó sus manos sobre mis mejillas y me obligó a mirarla a los ojos.

"Porque esta es la única manera de avanzar. Jamás nos hemos dado la oportunidad de expresar lo que nos duele o molesta. Siempre huimos el uno del otro. Si no enfrentamos nuestro pasado, ¿cómo esperamos tener un futuro juntos?" cerró sus ojos, y sin apartar sus manos de mi rostro, pegó su frente contra la mía y me dejé llevar por el mar de sensaciones que habían despertado contra mi voluntad de su letargo.

"No hagas esto. No me mires así, Candy, te lo suplico" susurré sin atreverme a romper el contacto de su piel contra la mía.

"¿Cómo?" preguntó curiosa sin dejar de acariciarme con la mirada.

El perfume a rosas que desprende su cuerpo es tan embriagador, que mi autocontrol fenecería en cualquier momento y la besaría una y otra vez si no se alejaba ahora de mí.

"Como si yo fuese la persona más importante en tu vida cuando estoy muy lejos de serlo. Quiero convencerme de que lo mejor para ti es estar lejos de mí. Ayúdame a recordar porque necesito dejarte ir" sin parpadear un instante, humedeció lánguidamente sus labios y se apartó de mi lado.

La sentí tan lejos, que un dolor ajeno al físico se instaló en mi pecho instándome a pronunciar aquellas palabras que he tenido prisioneras en mi corazón durante 9 años.

"Perdóname por todo el daño que te he hecho. Por favor. Jamás fue mi intención lastimarte tanto" la expresión de su rostro era serena. Sosegada.

Necesitaba deshacerme de la presión que he mantenido reprimida en mi alma a lo largo de estos años, y ella a su vez, pedía a gritos entender los motivos que me orillaron a alejarla brutalmente de mi lado.

Al ver que no me interrumpiría, seguí hablando.

"Tienes razón en lo que has dicho, pero créeme, no fue fácil para mi dejarte en el Colegio. Esa fue una de las decisiones más difíciles que he tomado en mi vida, pero me propuse trabajar duro para poder adquirir un departamento pequeño, y que cuando el tiempo llegara, tuviese algo que ofrecerte" bajé la mirada hacia la sábana.

No me sentía con las fuerzas para seguirla observando, cuando sé que, por dos ocasiones yo _que juré amarla y procurarla siempre_ me convertí en su verdugo.

El silencio que nos envolvía era tan profundo, que lo único que se escuchaba en la habitación era el canto melódico del viento, así como nuestras propias respiraciones.

Me armé de valor y levanté mi mirada hacia Candy una vez más, la cual, continuaba observándome fijamente, esperando a que prosiguiera con mi relato.

Al parecer, estaba interesada en conocer la parte de la historia que ella desconocía.

Llené de aire mis pulmones y proseguí.

"Después de nuestro breve encuentro en Chicago, creí que el destino por fin estaba a mi favor; empezaba a despuntar mi carrera como actor, me había reencontrado finalmente con el amor de mi vida y tenía los medios para sostenernos económicamente, aunque sin lujos. Todo iba estupendamente, hasta que Susana me salvó de una muerte segura en uno de los ensayos y mi mundo colapsó. No pude encararte con la verdad. Me acobardé, lo admito. Te juro que intenté en varias ocasiones confesártelo todo. No quería quedarme con Susana, deseaba encontrar otra salida, pero en ese momento, la culpa y los reclamos de Margot Marlowe me cegaron… y lo que es peor, fui yo quien renunció a ti mucho antes de haber luchado por nosotros" musité y dejé escapar un largo suspiro mientras presionaba mi mano sobre la suya.

Las palabras que acababan de salir de mi boca, liberaron una parte de mi alma que creía se había asfixiado con el paso del tiempo.

Renuncié hace tanto a la idea de ver a Candy, que jamás consideré por un momento que se me presentaría esta oportunidad de confesarle mi sentir de ese día nevado en particular.

"Como toda adolescente enamorada, imaginé que mi reencuentro con mi novio sería lleno de romance. Mágico. No frío y distante como el que me encontré a mi llegada. Sabía que algo no andaba bien, mi corazón me lo decía, pero lo ignoré creyendo que eran figuraciones mías, pero también, me aterraba mucho escuchar la respuesta a mis preguntas. Quise ser egoísta por una vez. Deseé tomar de lleno la felicidad y los sueños que habíamos construido en nuestras cartas y mira en que terminó todo" silencio.

Candy retiró su mano de la mía, se puso de pie y caminó lentamente hacia una de las ventanas que daban a las concurridas calles de Nueva York.

"Yo también necesito pedirte perdón" giró su rostro hacia mí y la observé confundido.

¿Pedirme perdón?

"Actué mal esa noche. Como tú, me dejé llevar por la culpa y quizás te orillé a permanecer al lado de una mujer que no amabas" quise interrumpirla, pero giró bruscamente su rostro y extendió su mano hacia mi "déjame seguir hablando por favor. Necesito hacerlo"

Cerré los ojos un momento y asentí mientras apretaba fuertemente mi puño sobre mí muslo.

"Fue un error haberte abandonado cuando más me necesitabas. Me dejé llevar por el dolor y tomé una mala decisión en el peor momento de mi vida. Ahora sé que me comporté igual que Margot Marlowe" al oír aquella blasfemia, me incorporé rápidamente ignorando por completo el dolor de mi hombro izquierdo así como su petición pasada.

"¡Ni se te ocurra compararte con esa mujer!" espeté furioso.

"No te endereces así, Terry. Es peligroso" Candy se acercó a mí.

Negué con la cabeza exasperado.

Volví a tomar su mano entre la mía, me puse de pie y la pegué contra mi pecho sin importarme nada más.

"Detente. Me parte el alma ver esa expresión afligida en tu rostro. Yo no tengo absolutamente nada que disculparte. Yo fui el que te lastimó. No al revés" musité desesperado mientras colocaba mi brazo alrededor de sus hombros.

"Terry. Regresa a la cama. La herida puede abrirse" expresó preocupada, pero la apreté más contra mi pecho y dejé que el perfume que baña su cuerpo me inundara por completo.

"No me importa. Soy capaz de soportar más dolores como este. Lo que es intolerable es verte sufrir a ti. No me castigues así, amor mío. Te lo suplico. No lo podré resistir" sentí las manos de Candy rodear mi espalda al tiempo que escondía su rostro en la venda que cubría mi herida.

"Me llamaste amor mío. Hace mucho tiempo deseché la idea de oírte llamarme así" susurró mientras acariciaba suavemente con sus dedos mi espalda.

"Susana salvó mi cuerpo de perecer, pero tú, resucitaste mi alma y mi corazón en el Colegio San Pablo cuando creí que mi vida no valía nada. Me enseñaste a amar y a vivir. ¿Y aun así te atreves a pedirme perdón? No soy merecedor de tu presencia" apartó su rostro de mi pecho y me miró con sus brillantes ojos verdes.

"Deja de menospreciarte tanto. No estamos exentos de cometer errores. Nuestras decisiones nos han llevado a este punto de nuestras vidas y agradezco cada lágrima y cada sufrimiento. No eres perfecto para mí. Ni yo lo soy para ti, pero ¿sabes un secreto? Estoy decidiendo estar contigo. A tu lado nada me falta. Quiero que nos involucremos el uno con el otro, que nos aceptemos tal cual somos para seguir adelante el tiempo que nosotros decidamos. El destino lo forjamos nosotros" rodeó mi cuello con sus brazos y me sonrió.

"No puedo vivir sin ti, Candy. Lo intenté nueve años y no deseo pasar nuevamente por esa agonía. Lo siento. Soy una persona dependiente del amor que te profeso. Se que tienes a Loyd. Que mi confesión es inapropiada, pero…" colocó uno de sus dedos sobre mis labios y yo aproveché para besar su yema una y otra vez.

"No quiero que volvamos a hablar de Loyd o de Susana. Ellos son parte de nuestro pasado. Respondiendo a tu pregunta, no deseo llegar a vieja sin haber dejado que este amor loco que te profeso crezca, porque si no lo hago, tendré la sensación de que no habré vivido en absoluto" pasé saliva pesadamente a través de mi garganta mientras la escuchaba hablar.

¿Es esto un sueño? ¿de verdad está sucediendo? ¿merezco este nivel de felicidad que la vida me ofrece? ¿acaso los sueños no tienen fecha de caducidad?

No me interesó conocer la respuesta a mis innumerables incógnitas.

Cerré los ojos y mientras besaba su frente, dejé que mis sentidos adormecidos, se llenaran nuevamente de esta fragancia a rosas que desprendía cada poro de su piel.

Suspiré lánguidamente y me sentí libre por primera vez en muchos años.

"Mi amor por ti jamás murió, Candy. Nunca hubo nadie en mi corazón más que tú. Siempre creí que no sería merecedor del amor de nadie, y por segunda vez en mi vida apareciste tú y rompiste todas mis creencias. Me salvaste nuevamente" escondí mi rostro en su cuello y sonreí.

"Sólo prométeme una cosa. Me involucrarás en todas tus decisiones sin importar que tan precaria sea la situación" dijo.

"Ya viví un infierno sin ti. Haré lo que esté en mis manos para evitar pasar por ello nuevamente. Te amo, Candy" de pronto, sus ojos se abrieron demasiado al escuchar mis últimas palabras.

Por un momento creí que había hablado demasiado rápido.

Que muy probablemente ella no estaba preparada para responder aun a mis sentimientos, cuando de improviso, una hermosa sonrisa iluminó su rostro y me regaló las palabras que me trajeron a la vida nuevamente.

"Te amo, Terruce Grandchester. Con todo mi corazón" pegué mi frente a la suya y el eco de sus palabras me llenó de tanto regocijo, que tuve la impresión de que aquí y ahora me pondría a llorar como un niño pequeño.

Podría morir de la inmerecida felicidad que ahora siento.

Por fin estoy exactamente donde deseo estar.

"Dímelo otra vez" susurré en su oído y pude apreciar como la piel de su cuerpo se erizaba al tiempo que una discreta carcajada escapaba a través de sus labios.

"Te amo, Terry" musitó emocionada "pero ahora es tiempo de regresar a la cama. Necesitas descansar, sino esa herida jamás se cerrará" asentí mientras me dejaba mimar por ella.

No perdí detalle alguno de la expresión de su rostro mientras acomodaba las sábanas de mi cama, ni de las miradas cómplices que me dedicaba o de las suaves caricias que con toda intención depositaba en mi rostro. En mi brazo. En mis piernas.

"Comienzo a sentir celos de aquellos que han tenido el privilegio de estar bajo tu cuidado" se rio mientras se sentaba nuevamente a un lado de mi cama.

"¿Celoso cómo Otelo?" tomé su mano entre la mía y besé su palma sin apartar mis ojos de los suyos.

"Mucho" respondí sin eufemismos.

Se sorprendió ante la sinceridad de mi respuesta.

¿Para que mentir? Con ella me siento en la libertad de confesarle mis más oscuras inseguridades.

"No tienes porque, pero te comprendo. Yo también siento celos" mi expresión azorada le divirtió tanto, que soltó una sonora carcajada.

Me sorprendió que nadie viniera a silenciarnos.

"Veo que soy motivo de burla para usted, Srta. Andley" dije falsamente ofendido.

"Bastante. Ahora entiendo a que se refiere Alisa cuando dice que eres gracioso" súbitamente sentí mucha curiosidad.

Quería saber que tanto le habría contado Alisa a Candy durante su viaje a Nueva York.

"No veo porque te sorprendes, Terry. Eres un hombre atractivo, no le eres indiferente a las mujeres y, además, eres famoso. No conforme con eso, estás rodeado de bellas mujeres todo el tiempo" sonreí apenado y exasperado a la vez.

"¿Más bellas que tú? imposible" esta vez fue su turno de sonrojarse.

"Me ves con amor" dijo contenta.

"Eso no me hace perder la objetividad. Se reconocer a una bella mujer cuando la veo y tú eres la más hermosa de todas. Ven, siéntate a mi lado. Necesito sentirte cerca de mi"

Extendí mi mano hacia ella, y sin titubear, entrelazó sus dedos con los míos e hizo lo que le solicité.

"Hay algo que tengo que confesarte y pedirte" fruncí el ceño confundido.

"Lo que sea. Dime" besé una de sus sienes y coloqué mi mano alrededor de sus hombros.

Que sublime sensación poder tocarla sin culpa. Besarla.

Tan simple e insignificante para muchos, pero para mí es el cielo encarnado en la tierra.

Ella me da todo con sólo mirarme. Amarme.

Tocarme.

No existe nadie en este mundo en quien crea más que en ella.

Candy. Mi todo.

"No te vayas a enojar, pero Alisa me entregó esto" de su bolsa sacó un fajo de sobres que yo conocía perfectamente.

¡Pequeña traviesa!

"Se supone que esas cartas estaban en mi caja fuerte. Resguardadas junto con el resto…" pensé en voz alta.

"Eso me dijo tu hermana. Precisamente esta es la confesión que tengo que hacerte. Las leí todas durante mi viaje hacia Nueva York. Mi petición es que me des el resto. Son mías y quiero tenerlas todas" mi corazón saltó dentro de mi pecho.

Me sentí agradablemente abrumado.

"¿Eso significa que te quedarás en Nueva York? ¿No te irás?" dije y aguardé su respuesta lo que sentí fueron los 3 segundos más agonizantes de toda mi existencia.

"Sólo necesito regresar a Chicago por Tea y mis cosas. No te volverás a librar de mi" quise abrazarla y besarla en este momento.

Mientras me debatía internamente que tan correcto era dejarme llevar por mis emociones, coloqué mi mano sobre su nuca y la atraje hacia mi al tiempo que rozaba suavemente sus labios con los míos.

Esta sensación era mágica.

Indescriptible.

Estuvimos separados 9 años.

Por lógica, el tiempo debería haber mermado sobre el amor que algún día nos profesamos, sin embargo, este sentimiento es tan grande que lo único que consiguió la distancia, fue magnificarlo a tal grado, que ahora me llena de vida y me deja sin aliento.

Ahora comprendo las palabras de Candy; por separado no somos perfectos el uno para el otro. La diferencia radica en que cuando estamos juntos, somos uno sólo.

Mi corazón y el suyo laten al mismo ritmo y entonan la misma melodía.

¿Estoy loco acaso?

Si. Lo estoy y soy feliz al reconocerlo.

He perdido la cabeza y el corazón gracias a esta persona.

Ya no me preocuparé en saber si soy digno de ella o no.

La respuesta carece completamente de importancia.

Ya no analizaré en demasía mis emociones.

Dejaré al intelecto descansar y permitiré a mi corazón tomar el control.

Lo único que me importa es ver reflejado en su mirada al hombre en quien deseo convertirme cuando estoy a su lado.

Todo mi ser le pertenece a esta maravillosa mujer que me ama y acepta a pesar de mis innumerables fallas.

Continuará...


Notas de la autora.

Este capítulo en particular me estresó bastante jajajaja El famoso encuentro entre estos dos quería que fuera todo menos el clásico cliché rosa donde todo es amor, y miel sobre hojuelas. Quería que se dijeran (especialmente Candy) lo que les dolió en el pasado.

Me parece que esta pareja ha carecido desde un inicio de serios problemas de comunicación jajajaja

Soy firme creyente que para avanzar hay que enfrentar nuestro pasado, y que crecimiento implica dolor.

Para las personas que se quejen de porque Candy buscó a Terry, la respuesta es y será, porque así lo decidí. No es machismo ni feminismo mal entendido ok? jajaja

No cambié la esencia de los personajes, pero si modifiqué actitudes y me gusta muchísimo la evolución de ambos, como también me lo han hecho saber muchas de ustedes.

Espero no tardar demasiado en actualizar mi historia, pero como siempre no prometo nada.

Saludos!