Siento mucho la demora en actualizar mi historia, pero de verdad que el trabajo no me ha dejado escribir con la frecuencia que me gustaría, además de que ando mala de salud y no me siento al 100, sin embargo, quería actualizar cuanto antes, ya que hubo personas que me preguntaron si continuaría con mi historia, y obvio la respuesta es SI! Puedo tardar en actualizar, pero no dejaré inconcluso mi fic.

Gracias a todas aquellas personas que me envían PM, así como reviews. Es agradable saber que la trama de mi historia es de su agrado y que el personaje favorito de muchos es Alisa jajaja. Admito que el mío también, y más porque ella es un personaje creado y diseñado por mi.

Sin más preámbulos las dejo leer a gusto!


Capítulo 11. Luz y oscuridad

"ME ENGAÑASTE CON CANDY. ME USASTE. JAMÁS TE LO VOY A PERDONAR" grita Susana enloquecida mientras apunta su pistola en mi dirección.

Nos encontramos sobre el escenario del teatro.

Los espectadores aclaman emocionados con vítores y aplausos la escena que se desarrolla frente a sus ojos.

¡Esto no es una actuación! Es real, quiero gritarles, pero no me salen las palabras.

No puedo mover mi cuerpo.

Estoy a merced de Susana y su locura.

Ella está muerta, esto debe ser un sueño. Despierta Terry, ¡despierta!, grito mentalmente en un intento desesperado por salir de esta pesadilla.

Con exagerada lentitud, la veo caminar hacia mí con sus dos piernas.

Su rostro dibuja una sonrisa perturbada que me desconcierta y me hiela por dentro.

Hemos cambiado de escenario.

Ahora nos encontramos en el hospital.

Exasperado, giro mi rostro hacia el sillón donde dormita mi madre.

Quiero pedirle ayuda. Necesito que me despierte, sin embargo, estoy mudo.

Ninguna palabra sale de mi boca por más que gesticulo.

Es como si hubiese perdido la capacidad de hablar.

Solo soy capaz de sentir la impotencia ante la inminente idea de que voy a morir a manos de esta persona y que no puedo hacer nada para evitarlo.

La muerte se ríe de mí al igual que Susana en estos momentos.

No existe nadie en este maldito hospital que escuche mis súplicas silenciosas.

"¡Oh, daga bienhechora! Esta es tu vaina. ¡Enmohécete aquí y dame la muerte!" masculló mientras colocaba el revolver sobre mi sien izquierda.

No. Susana, ¡detente!, quise decirle, pero sólo consigo hacer sonidos guturales con mi garganta.

"Moriremos juntos mi amor, como Romeo y Julieta. ¡ESTAREMOS JUNTOS PARA SIEMPRE!" vociferó Susana enloquecida al tiempo que apretaba el gatillo de su pistola.

Antes que el rugido del disparo se extinga, me incorporo sobresaltado de la cama.

Coloco una mano sobre mi pecho y respiro con bastante dificultad al tiempo que siento gruesas gotas de sudor rodar a través de mi rostro.

Me encuentro tan aturdido por lo real de la situación, que necesito de varios minutos para comprender que todo ha sido un mal sueño producto de mi imaginación.

"Esa maldita pesadilla de nuevo" pienso en voz alta y antes que me de cuenta, mis padres se colocan a un lado mío de la cama visiblemente preocupados.

"¡Terry! ¿Te sientes mal? ¿te duele algo?" llené de aire mis pulmones y solté un largo suspiro antes de responderle a mi madre.

"… estoy bien" mentí.

Desde el incidente en el teatro, he tenido esta pesadilla recurrente noche tras noche.

Dos semanas han pasado desde entonces y no veo posibilidad de mejora, al contrario, cada día ese mal sueño se torna más oscuro.

Aterrador.

"¿Quieres que llamemos al doctor? Te ves pálido, Terruce" mi padre esta consternado.

Por supuesto que no conseguí engañarlos con mi mentira, pero me mantendré firme.

No quiero preocuparlos.

En cuanto niego con la cabeza a modo de respuesta, me vuelvo a recostar esperando poder descansar un poco más.

Los médicos de este lugar han curado mi cuerpo dentro de lo posible, pero por mi mente no pueden hacer absolutamente nada.

Algunos consideran normal que tenga pesadillas, después de todo, viví un evento traumático al ver a Susana suicidarse frente a mis ojos, pero en cuanto pregunto qué tiempo me llevará superarlo, nadie me sabe decir nada con exactitud.

Ni siquiera hay un medicamento que me ayude a superar este mal.

Algunos opinan que podría ayudarme hablar al respecto, pero lo que menos deseo es recordarlo.

Lo único que quiero es olvidar que ese momento de mi vida algún día se suscitó.

Ansío retomar mis actividades diarias.

Quizás cuando empiece a trabajar, Susana deje de atormentarme en mis sueños.

Al ver que sería inútil conciliar el sueño como deseaba, tomo el libreto de la obra a la que Robert me invita a participar y empiezo a leerlo en silencio procurando hacer el menor ruido posible.

Mi madre está agotada.

Ha dormido poco desde que me hospitalizaron.

En numerosas ocasiones le he expresado que vaya a casa a descansar, que puede dejarme, pero se niega a hacerlo.

Me preocupo por ella, pero admito que me halaga que se preocupe tanto por mi.

Estuve tantos años sin una figura materna, que me reconforta sobremanera su presencia, pero sobre todo, su amor incondicional.

Podría prender la lámpara para ver mejor, sin embargo, la luz de la luna me alumbra perfectamente.

No deseo despertarla. Quiero que continúe dormida.

"Cansarás tu vista si lees en la oscuridad, Terry" levanté mi mirada y tan fresca como siempre, mi madre me sonrió cálidamente desde el otro extremo de la habitación.

Con su cabello perfectamente arreglado y una expresión jubilosa, se puso de pie como si no llevara días sin poder conciliar el sueño por mi culpa. Con prontitud, instaló una silla a un lado de mi cama y se sentó junto a mí.

"No quería despertarte encendiendo la lámpara. Estás cansada, mamá" respondí apenado.

"Prefiero hacerte compañía durante tus horas de insomnio. No quiero que te sientas solo" no atiné a decir nada. Soy torpe para expresar mis emociones correctamente, pero la calidez de sus palabras se grabaron en mi corazón "¿Qué obra montará en escena Robert esta vez?" pregunto curiosa mientras posaba su vista sobre el libreto que tenía entre mis manos.

"Él es fiel admirador de las obras trágicas de William Shakespeare, aunque para esta puesta en escena me sorprendió eligiendo La Tempestad; una obra que pertenece nada menos que al género cómico" hojeé rápidamente el libreto al tiempo que se lo entregaba a mi madre, la cual, empezó a leerlo con bastante interés.

"Veo que ya has hecho anotaciones sobre Próspero, el personaje principal. Felicidades Terry. ¿Sabes? esta obra es una de mis preferidas, aunque admito que el personaje que me atrapó desde un inicio es el espíritu Ariel. Sin duda, es el alma de la obra" mi madre no puede ocultar su pasión cuando la conversación versa sobre el teatro.

Los vagos recuerdos felices que conservo de mi infancia, son a ella leyéndome uno de los tantos libros de su colección.

Me fascina oírla platicar. No importa el tema.

Me gusta crear nuevos recuerdos con ella, pero más aun, verla cuidar de mi como si fuese un niño pequeño al cual debe mimar y proteger.

Me tiene sin cuidado que ahora sea un hombre de 27 años de edad que se vale por si mismo.

Pasé tanto tiempo lejos de ella, que egoístamente agradezco se pase las noches en vela haciéndome compañía.

"Creo que ya me extendí demasiado con mi narración. Quizás ya te aburrí con mi monólogo" dijo mi madre ligeramente sonrojada.

"Jamás me aburro escuchándote. Disfruto tus conversaciones, mamá" tomó mi mano y me sonrió con cierta melancolía.

Se lo que está pensando.

Como yo, se transporta al pasado, al sufrimiento, a los amargos momentos que me hicieron pasar cuando me sentí huérfano de padres.

Afortunadamente, esos recuerdos ya no me causan dolor ni mucho menos odio.

Esa herida finalmente sanó y pude dejarla atrás, pero la cicatriz que quedó en el corazón de mi madre, muy probablemente jamás cerrará.

No podré eliminar el estigma de mala madre que ha decidido cargar, quizás, hasta los últimos días de su vida.

"¿Cómo te sientes del hombro?" preguntó en un intento de desviar mi atención de ella y la congoja que veía dibujada en su cara.

Desde hace un par de días, los médicos me quitaron las vendas que mantenían mi brazo izquierdo inmovilizado. Soy capaz de moverme con más libertad, sin embargo, aun siento molestias propias de la herida que Susana me infligió semanas atrás

"Bien ¿sabes cuándo me dan de alta?" me fue imposible ocultar mi impaciencia y mi madre se rió abiertamente de mí.

Ahora veo de quien Alisa heredó esa característica.

"Precisamente tu padre está firmando los papeles correspondientes para que salgas hoy mismo. Por supuesto, eso no significa que podrás retomar tus actividades diarias en cuanto salgas de aquí. Sufriste una herida seria y necesitas cuidarte" expresó mi madre con severidad.

Lo único que deseo es salir de este encierro cuanto antes.

Detesto lo que la inactividad provoca en mi mente.

Pienso y siento todo con demasiada intensidad.

Si continúo más días en este hospital, perderé la poca cordura que me queda.

"¿No has tenido noticias de Candy? Hace varios días partió a Chicago. ¿Crees que se arrepintió de mudarse a Nueva York?" la ansiedad de no tener noticias suyas en conjunto con mis pesadillas me está alterando demasiado.

Al ver la aflicción que se dibuja en mis facciones, mi madre tomó mi rostro entre sus manos obligándome con su mirada a guardar silencio.

"Deja de torturarte con esa clase de pensamientos. Ella te dijo que regresará y así será. Ten en cuenta que Candy necesita cerrar capítulos importantes de su vida en Chicago. Confía en ella" sé que mi madre tiene razón, pero en quien no confío es en Loyd.

La quiero a mi lado con tanta urgencia, que mi pecho duele cada segundo que permanezco lejos de ella.

¿Sentirá esta misma ansiedad que yo? ¿Me necesitará tanto como yo la necesito a ella?

Aunque mi corazón me dice que sí, mi mente me hace una mala jugada atormentándome con la espantosa duda.

¿Y si la convence de quedarse con él?

Esta emoción oscura y silenciosa se torna más fuerte conforme la manecilla del reloj avanza implacable en su recorrido.

No me sentiré tranquilo hasta tenerla junto a mi.

Mi salida del hospital, aunque se manejó con discreción, estuvo llena de reporteros habidos de obtener cuanta información les fuese posible respecto al porqué de mi herida, y sobre todo, las extrañas circunstancias que rodean la muerte de Susana.

Se que no podré guardar el secreto por mucho tiempo, pero de algo estoy seguro, no seré yo quien lo difunda.

Gracias al equipo de guardaespaldas que contrató mi padre, pude salir sin mayores contratiempos del hospital, sin embargo, el mal rato que pasé escuchando las incisivas preguntas de los reporteros, trajeron a mi mente escenas que por todos los medios deseo olvidar.

Por primera vez agradecí que Candy estuviese tomándose tanto tiempo en regresar a Nueva York.

Tan absorto estoy en mi propia felicidad, que ignoré por completo el mundo que me rodea.

Mientras el auto avanza por las concurridas calles de la ciudad, la realidad me dio una bofetada en la cara al poner en mi camino uno de los tabloides que aún tiene impresa una de las tantas fotografías que les tomaron a Loyd y Candy durante el aniversario de la compañía Stratford un par de meses atrás.

Para el mundo, ella sigue siendo la novia de Loyd Ainsworth.

No me importa lo que se hable de mí, pero ¿me he puesto a pensar lo que se dirá de Candy cuando nos vean juntos? ¿Del daño que los medios le pueden hacer a su familia? ¿Qué dirá la Srta. Pony y la Hermana María cuando lean las escandalosas notas que publique la prensa amarillista?

Amo a Candy con todo mi ser, deseo que esté a mi lado, pero no debo olvidar que ahora soy un hombre viudo. Me guste o no, hay un protocolo que debo seguir.

Además, está el suicidio de Susana.

No quiero que se vincule a Candy por ningún motivo en toda esa situación.

El amor que le profeso es tan grande, que deseo hacer las cosas correctamente.

Soy consciente que, con mi decisión, existe la posibilidad de permanecer lejos de ella más tiempo del previsto, pero si he soportado estar distanciado de ella 9 años, seguramente sobreviviré sin problemas un par de meses más.

"¿Estás seguro de la decisión que tomaste?" hace unos minutos llegamos a casa de mis padres.

Durante el trayecto, les comenté a groso modo mi plan de alejarme de Candy mientras mi situación se normaliza.

"¿Qué si estoy seguro de alejarme del amor de mi vida para protegerla de las habladurías de los medios para evitar que la vinculen con el suicidio de Susana que, dicho sea de paso, en cualquier momento saldrá a la luz? No. No lo estoy. No deseo hacerlo, pero es necesario" suspiré pesadamente al tiempo que recargaba mi espalda contra el respaldo del sillón.

De pronto, la voz animosa de mi hermana hizo un agradable eco en la estancia.

"¡Terry!" en menos de lo que dura un parpadeo, Alisa atravesó corriendo el umbral de la sala con sus brazos extendidos hacia mí.

Aun sentía dolor en mi hombro izquierdo al más mínimo movimiento.

Por prescripción médica, tengo prohibido cargar cosas pesadas, desafortunadamente eso incluye a mi hermana, pero eso no me impidió envolverla entre mis brazos lo que sentí fueron varios minutos.

"Te he extrañado mucho, pulga" rompí el abrazo y Alisa se sentó a un lado mío en el sillón.

"Yo también te extrañé mucho. ¿Ya estás bien? ¿Ya no necesitas estar en el hospital?" con mis manos estrujé sus mejillas y me deleitó con una de sus hermosas carcajadas.

"Hoy por fin me dieron de alta" dije.

"Pero aun esta convaleciente, mi cielo. No puede hacer movimientos bruscos ni cargarte como acostumbra" solemne, mi hermana escuchó a mi madre al tiempo que asentía.

"Yo cuidaré a mi hermano. Se lo prometí a Candy antes de que se fuera a Chicago" abrí mis ojos sobrecogido por la sorpresa.

¿Se lo prometió a Candy? De pronto tuve la necesidad de saber más.

Quería conocer hasta el más mínimo detalle de su plática.

"¿Ah si? ¿le prometiste cuidarme? ¿y como harás eso si vivimos en casas separadas, pulga?" mi hermana puso los ojos en blanco mientras agitaba sus manos en el aire con cierta impaciencia.

"Pues obvio te quedarás con nosotros para que pueda cuidar de ti como Candy me pidió" mi corazón dio un saltó dentro de mi pecho mientras sentía como un doloroso nudo se abría paso en mi garganta.

Una enorme calidez recorre mi pecho en estos momentos al darme cuenta lo mucho que Candy se preocupa por mí.

Ese detalle me hizo sentir amado.

Querido.

Comencé a sentirme culpable al permitirme dudar del amor que ella me profesa, poniendo como pobre excusa la presencia de Loyd en su vida y la enorme distancia que ahora nos separa.

"¿Ella te lo pidió? ¿de verdad?" pregunté esperanzado en un afán de confirmar la reciente confesión de Alisa.

"Si. Vino a despedirse de mi antes de irse a la estación. Platicamos un rato y me dijo que tenía muchos asuntos que arreglar en Chicago, entre ellos, buscar su reemplazo en su actual trabajo. Me comentó que buscaría la posibilidad de solicitar su traslado a un hospital aquí en Nueva York. No está segura que sea posible, pero quiere intentarlo. Pero eso sí, hizo mucho énfasis en que cuide de ti. Te ama mucho. Lo sabes ¿verdad?" sonreí y asentí sin expresar mi respuesta en voz alta.

Estoy felizmente abrumado.

Aunque deseara hablar, no me saldría la voz.

"Terruce, sé que estás dispuesto a proteger a Candy del escrutinio público, pero no comentas viejos errores. No la alejes una vez más de tu vida cuando ella está luchando por permanecer en la tuya"

Aspiré profundamente y asentí.

Le prometí que no volvería a tomar una decisión sin consultarlo primero con ella.

No quiero cometer ese error nuevamente.

"Gracias, papá" me sonrió sinceramente y colocó una de sus manos sobre mi hombro antes de tomar a Alisa entre sus brazos para después unirse a su juego de muñecas.

Mi padre es inexpresivo por naturaleza. Rara vez sonríe en público, pero en la intimidad de su hogar es diferente.

Ahora tengo la oportunidad de conocer su lado paternal, que antes me era completamente desconocido.

A regañadientes, mi madre me llevó a una habitación a descansar.

Estaba tan fatigado que no tuve fuerzas para llevarle la contraria.

En cuanto mi cabeza tocó la almohada, me perdí profundamente en mis sueños cada vez más oscuros y distorsionados.

Susana me lastima, me dispara una y otra vez mientras el escenario que nos rodea cambia constantemente.

Siento todo con demasiada claridad; frío, calor, dolor, el miedo, la impotencia.

Tengo la horrible sensación de que el tiempo se ha detenido.

Que estoy atrapado en esta interminable pesadilla.

¡Terry, Terry! alguien me llama.

Comienzo a ser consciente de que me encuentro entre la fantasía de mi mal sueño y la realidad.

Siento mi cuerpo pesado.

Quiero abrir mis ojos, moverme, pero no puedo.

Es gracias a las manos de alguien que me sacuden suavemente por el pecho, lo que me ayuda finalmente a despertar.

Como si me estuviese ahogando, me incorporo de la cama y comienzo a toser al tiempo que intento recuperar el ritmo normal de mi respiración.

Como me sucedía en el hospital, estoy bañado en sudor.

Mi ropa la tengo incómodamente adherida al cuerpo, sin embargo, por ahora esa es la menor de mis preocupaciones.

"Toma este vaso con agua"

Tembloroso, bebo el líquido con ayuda de mi madre.

Estas pesadillas se están saliendo de control, me dije sin atreverme a confesarlo en voz alta.

"Me asusté tanto cuando te escuché gritar. Creí que algo malo te había pasado" levanté mi mirada hacia mis padres, y ya más tranquilo, les sonreí.

"Perdón por haberlos despertado. Fue un mal sueño, es todo" giré mi rostro hacia el umbral de la habitación y vi a mi hermana apenas asomada.

Su mirada acongojada me partió el corazón.

Estiré mis brazos hacia ella, y enseguida, entró corriendo al tiempo que se refugiaba en mi pecho.

"También te desperté pulga. Perdóname. ¿Quieres que te lea uno de tus libros favoritos para que puedas volver a dormir?" sin responder en voz alta, negó con su cabeza.

"Me quiero quedar a dormir contigo" dijo y clavó su mirada perspicaz sobre la mía.

"No creo que sea prudente, mi cielo. Tu hermano aun está convaleciente" dijo mi madre al tiempo que se ponía de pie y le extendía la mano a Alisa para llevarla a dormir a su habitación.

"Que se quede conmigo esta noche. Por mi no hay problema" resignada, mi madre bajó la mirada, y antes de salir, nos besó a ambos en la mejilla.

Mi padre en cambio, me observó con un dejo de angustia que no pude apartar de mi cabeza.

Alisa se durmió casi inmediatamente sobre mi regazo.

El resto de la noche, me entretuve leyendo el libreto de La Tempestad mientras acariciaba cadenciosamente el cabello de mi hermana con la mano que tenía libre, hasta que llegado el amanecer, mi madre la despertó para que empezara arreglarse antes de ir al colegio.

A veces, me es difícil prever que tanto es lo que percibe mi hermana.

Su agudeza no es propia de una niña de su edad.

La claridad con la que expresa sus ideas y su madurez, me asombran cada día más.

Aunado a eso, fue lo suficientemente intrépida para viajar a Chicago completamente sola con el único propósito en mente de ayudarme.

¿Quién es el adulto entre nosotros dos? me pregunto intuyendo de inmediato la respuesta.

"Pasa del medio día. Tomaremos el té en el jardín, Terruce. Tu amigo Albert nos congratuló enviándonos unos paquetes de tu té favorito directamente desde Londres" sonreí.

Albert jamás deja de sorprenderme.

"Disculpe, Sra. Grandchester, el joven Terruce tiene visita. Lo busca el Sr. Loyd Ainsworth" anunció el mayordomo para mi sorpresa.

Antes de responder, mis padres me observaron en busca de mi aprobación, y confundido, asentí.

Su presencia me inquieta bastante.

No tiene ningún motivo para visitarme, al menos no debe ser uno bueno, pensé mientras lo veía entrar perfectamente arreglado con un costoso traje azul oscuro de tres piezas al salón.

"Es un placer conocerla, Sra. Grandchester. Mi Lord"

Reconozco que además de bien parecido, al menos tiene un poco de modales, pensé.

Sé que Candy jamás habría tenido una larga relación con un patán sin clase, pero mis celos me llevan a pensar lo peor de él.

Mi madre, siendo la persona dulce y afable que la define, le sonrió al tiempo que Loyd besaba galantemente su mano. Mi padre en cambio, se mostró inexpresivo como siempre.

No reflejó ninguna emoción en su rostro mientras veía como Loyd hacía una reverencia en su presencia.

"Estaremos en el jardín, Terruce" el silencio reinó en el salón una vez estuvimos solos.

Loyd admira con aparente interés el interior de la casa, pero lo que capta su atención, es la vasta colección de pinturas de Rembrandt que poseen mis padres.

"La selección de pinturas de Rembrandt que hay en este lugar es envidiable. No cabe duda que los Grandchester son devotos coleccionistas de objetos únicos e irrepetibles" dijo con cierta ironía.

Tengo la impresión que en su comentario yace oculto un mensaje mordaz que hace alusión a la relación que sostengo con Candy.

"Dudo mucho que un viaje tan largo tenga como objetivo admirar la colección de pinturas de mis padres. Déjate de rodeos y dime a que has venido concretamente" crucé la pierna y coloqué mi mano sobre mi herida, la cual, empezó a molestarme en el peor momento.

"No me parece que esas sean las maneras correctas de tratar a un invitado ¿Acaso no te enseñaron modales en el renombrado Colegio San Pablo?" contestó mordazmente.

¿Este sujeto pretende sacarme de mis casillas? Quiero ver que lo intente, pensé sin dejar observarlo.

Ansiaba escupirle en la cara _física y verbalmente he de admitir_ pero me contuve.

No le daré el gusto de verme alterado.

Al notar mi impasibilidad así como mi ausencia de respuesta, se acomodó el nudo de la corbata, se sentó frente a mí y comenzó a jugar con sus dedos al tiempo que continuaba hablando.

"Seré concreto entonces. No deseo que por culpa de mi presencia el día de hoy, se me atribuya el deterioro de tu salud" musitó con una sonrisa en el rostro, la cual, desapareció en cuanto enunció sus siguientes palabras "Recuperaré a Candy. No tardará mucho tiempo en darse cuenta del error que está cometiendo al darte una tercera oportunidad, que por supuesto, no mereces" para mi sorpresa y la del mismo Loyd, empecé a reírme tanto, que me vi en la necesidad de doblarme hacia el frente al tiempo que rodeo mi torso con mis brazos.

Me da bastante gracia la situación, porque en realidad, no me dice nada nuevo.

¿Qué no merezco la oportunidad que me da Candy? mejor que nadie lo sé.

No necesito de su sarcasmo para darme cuenta de ello.

"¿De verdad sólo por algo tan insignificante viajaste hasta Nueva York? Que graciosa manera de perder el tiempo. Me doy por enterado. Gracias por la información, caballero, ahora puedes retirarte" por su expresión anonadada, caí en la cuenta que mi indolencia no es precisamente la reacción que él esperaba.

"¿No te importa? Te estoy diciendo que lucharé por Candy. ¿Acaso es tan poco lo que ella significa en tu vida?" sin dejar de observarlo, sonreí y apoyé mi mejilla sobre mi mano con toda la intención de simular que me burlaba de él.

Me estoy divirtiendo mucho sacando de quicio a este sujeto.

Es una de las cualidades que me caracterizaron en mi adolescencia.

"Y si así fuera, a ti que te importa" inconmovible respondí.

Abrió tanto sus ojos al oír mi respuesta, que creí se saldrían de sus órbitas.

Finalmente los papeles se invirtieron, y ahora era él, quien se encontraba turbado por mi socarrona actitud.

"Me atañe porque la amo. Tú la envolviste en tus mentiras para convencerla de que regrese contigo. Azarosamente tu esposa falleció meses después de tu reencuentro con Candy. Demasiado oportuno para ser una coincidencia ¿¡no crees?! Te advierto que no permitiré esa unión. ¡Haré lo que sea necesario para alejarla de ti!" los decibeles de su voz eran cada vez más altos conforme hablaba.

Es innegable que su fachada de caballero sosegado e irónico quedó en el olvido, y ahora, mostraba su verdadera cara al insinuar entre otras cosas, que yo maté a Susana.

Comentario absurdo que prefiero ignorar.

"Si en algún momento Candy se da cuenta que desea retomar su relación contigo, la dejaré ir sin oponerme a su decisión. Jamás usaría como excusa el inmenso amor que le profeso sólo para retenerla a mi lado. Lo más importante en mi vida es ella y su felicidad" por breves instantes la expresión endurecida de su mirada se suavizó.

Confundido, se puso de pie y dio algunos pasos hacia atrás sin dejar de negar con su cabeza.

Abruptamente se detuvo y levantó su mirada sardónica hacia mí.

"Olvido que eres actor. Admito que por un momento creí en tu falsa sinceridad. Afortunadamente recuperé la compostura a tiempo para ver la clase de persona que eres" dijo mirándome con desprecio para después dibujar en sus labios una sonrisa. "Candy lo único que obtendrá de ti es sufrimiento. En cambio, mi amor por ella si es verdadero. Fui el primer hombre en su vida y planeo ser el último" espetó.

"Si sólo por poseer su cuerpo crees ser digno de su amor, entonces no la mereces en absoluto. Hacer el amor va más allá del acto carnal, pero estás tan ciego en estos momentos, que no podrás entender a que me refiero" si las miradas mataran, ahora mismo mi vida se habría extinguido.

Sus puños están tan fuertemente cerrados contra sus muslos, que la piel que recubre sus nudillos se coloreó de un tono mucho más pálido que el de su rostro, si es que eso es aun posible.

Los guardaespaldas _enviados seguramente por mi padre_ percibieron alguna clase de amenaza por parte de Loyd, ya que de inmediato, se colocaron a sus costados.

"Sr. Grandchester, esperamos sus órdenes para actuar" imperturbable, clavé mi mirada sobre Loyd.

"¿Necesitas decirme algo más antes de retirarte?" pregunté sin levantarme de mi asiento.

"No es la última vez que oirás de mí. Recuerda mis palabras, tú serás la desdicha de Candy. Yo impediré que la lastimes nuevamente" antes de terminar de hablar, se encaminó a la puerta seguido muy de cerca por los guaruras que custodian la casa.

Una vez solo, escondí mi rostro entre mis manos y permití que su veneno me afectara.

Tiene razón.

He lastimado a Candy desde que la conocí ¿Qué me exime de no hacerlo ahora?.

Mi situación actual es complicada; soy viudo y Susana se suicidó por culpa mía.

¿Qué clase de vida le puedo ofrecer si aún ahora no tengo la libertad de gritar a los cuatro vientos mi amor por ella sin dañarla?

"Terry" al escuchar la voz de mi hermana, levanté la vista, pero tan abrumado me sentía que no hice ningún esfuerzo en ocultar mi desesperanza "¿a que vino ese hombre?" la ultima palabra de su pregunta se perdió en el silencio cuando vio la expresión que se dibujaba en mi rostro.

Inmediatamente, corrió a mi lado y rodeó mi cuello con sus brazos.

"¿Qué te dijo para que estés tan triste?" negué con la cabeza antes de responderle.

"Vino a decirme que desea que Candy y yo seamos felices" apartó su rostro de mi cuello y me miró fijamente.

Buscaba la mentira en mi mirada, pero no le permitiría encontrarla.

No esta vez.

Prefiero sufrir en silencio.

No deseo arrastrar a nadie en mi agonía.

"Pero…" empezó a hablar y con toda intención la interrumpí.

"Estoy triste porque la visita de Loyd me recordó que hace muchos días no veo a Candy. Ya quiero verla, pulga" con uno de mis dedos le di un golpe en su nariz para que borrara de su rostro esa expresión acongojada.

Al oír mis palabras, su rostro se iluminó de felicidad al tiempo que empezaba a correr alrededor del sillón donde aun me encontraba sentado.

"Acabaré con tu sufrimiento como por arte de magia. ¡Mira!" sin dejar de sonreír, me extendió un sobre pequeño sin dejar de observarme "¡Es un telegrama de Candy! ábrelo rápido" dijo impaciente mientras saltaba ilusionada frente a mí.

Su entusiasmo es tan contagioso, que olvidé mis pesares y tomé casi con desesperación el pequeño papel amarillento que había en su interior.

Llego mañana. 6:00 am. Te amo.

Leí la misiva una y otra vez.

Esas palabras fueron el alimento que requería con urgencia mi alma.

Saber que muy pronto la veré, que sentiré su corazón palpitar sobre mi pecho cuando la abrace al tiempo que susurre en mi oído esas dos palabras que me hacen tocar el cielo, provoca que sin problema deje de lado mis dudas y mis temores.

"Por supuesto irás a recogerla ¿verdad? Ella espera que cuando vayas, la abraces y le des vueltas en el aire como los escritores describen en sus libros. Por eso te mandó este telegrama con la hora de su llegada" pensativo asentí.

"¿Crees que es buena idea que vaya a la estación a recogerla?" pregunté súbitamente preocupado.

"A ver hermanito, ¿tu por qué crees que Candy llega tan temprano?" buen punto, pensé.

De pronto, una estúpida sonrisa adornó mi rostro el resto del día.

La perspectiva de un futuro feliz al lado de ella me llenó de expectativas, de positivismo, y sobre todo, de mucha esperanza de que por fin la felicidad y el amor no me darían la espalda.

Al día siguiente, llegué a la estación de trenes 15 minutos antes de las seis.

A esas hora el sol aun no se asoma por el horizonte y mucho menos la gente inunda las calles de Nueva York.

Estoy tan deseoso por verla, que tengo la sensación de que el tiempo transcurre con demasiada lentitud.

¿De verdad han pasado 3 minutos desde la última vez que vi el reloj? Tiene que ser una broma.

Esta espera se está convirtiendo en la más agonizante de toda mi existencia.

Alguien se está confabulando en mi contra para torturarme de esta manera.

Nervioso, camino en círculos alrededor del anden prácticamente vacío, al tiempo que miro intermitentemente en dirección a las vías a la espera de ver el ferrocarril que lleva consigo al amor de mi vida.

Tan ansioso estoy por verla nuevamente, que no recuerdo con exactitud los motivos que me empujaban a querer mantenerme distanciado de Candy.

Mi corazón da un brinco dentro de mi pecho al oír el sonido característico del tren que anuncia su llegada.

Súbitamente, todo el anden se llenó de vapor blancuzco así como del inconfundible olor a carbón quemado.

Desesperado, comencé a buscar a Candy con la mirada entre el tumulto de gente que vaciaba los vagones, cuando de pronto, vislumbre una figura estilizada entre la cortina de humo que se hallaba frente a mí.

En cuanto nuestras miradas se cruzaron, el mundo entero dejó de importarme.

Una hermosa sonrisa iluminó su rostro, y empujado por la emoción del momento, corrí hacia ella y la estreché entre mis brazos sin importarme si había reporteros cerca.

En un acto de total osadía, Candy separó su rostro de mi pecho, colocó sus manos sobre mis mejillas, y me atrajo hacia ella al tiempo que depositaba un beso sobre mis labios, el cual, expresó más que mil palabras juntas.

No fue necesario confesarle mis miedos y temores, ni siquiera tuve que informarle acerca de la visita de Loyd.

Ella una vez más, le dio un vistazo a mi alma y me sentí vulnerable en su presencia.

No existe secreto ni dolor que sea capaz de ocultarle.

Ahora comprendo que sin ella no puedo existir plenamente.

Forma parte indispensable de mi alma y de mi ser en su totalidad.

"Te extrañé demasiado, Terry" ocultó su rostro en mi pecho antes que terminara de hablar.

Sin importarme el dolor de mi hombro, la así contra mi cuerpo y la levanté al vilo dándole vueltas en el aire.

Sus alegres carcajadas llenaron mis sentidos y me sentí vivo nuevamente.

"Estoy pesada, Terry. Bájame" musitó entre sonrisas "debe dolerte mucho tu hombro aun"

La coloqué en el suelo y escondí mi rostro en su cuello.

Su perfume a rosas me excita. Me llena.

Me alimenta.

"Dolor es no tenerte a mi lado. Lo demás es insustancial. No me vuelvas a dejar. No puedo vivir sin ti. Te amo. ¡Te amo!"

Grité, y como si mi vida dependiera de ello, reclamé sus labios como míos al tiempo que sentía como la pesadez que cargaba sobre mi pecho desaparecía por completo.

Ella es mi vida. Mi amor. Mi ternura más escondida.

Candy lo es todo para mí.

Continuará...


Notas de la autora.

Espero que la espera haya valido la pena y que el capítulo sea de su agrado.

Nos leemos, espero, más pronto esta vez.