Me alegra saber que el capítulo anterior fue de su agrado. Me encanta leer cada uno de sus reviews que me alientan a continuar con mi historia. Hacen siempre mi día, créanme. Les agradezco como siempre el tiempo que se toman en dedicarme cada una de sus palabras ^_^
Capítulo 13. Dificultades inesperadas.
Dos meses han pasado desde que los reporteros convirtieron mi vida en un auténtico infierno.
Al descubrirse el verdadero motivo de la muerte de Susana y el porqué de mi repentina hospitalización, los periodistas _ávidos de más información_ se han encargado de perseguirme con el único fin de alimentar su malsana curiosidad.
Para ellos lo más importante es vender tantos ejemplares de su tabloide como les sea posible. No les importa que método deban usar con tal de seguir alimentando el morbo de la gente.
No me cabe la menor duda de que este es uno de los momentos más amargos y oscuros que me he visto obligado a padecer a lo largo de mi vida. Lo más irónico y contradictorio de todo, es que está siendo el más feliz de mi existencia.
¿El motivo? Candy. Siempre Candy.
A pesar de lo complicada de mi situación, ella está en Nueva York decidida junto conmigo a que un futuro no muy lejano, podamos realizar nuestro sueño de casarnos y tener una familia. Como tantas veces llegamos a describir años atrás en nuestras cartas, cuando yo era un actor poco conocido y ella una pasante de enfermera.
Nos permitimos soñar despiertos aun cuando teníamos todo en contra nuestra.
Ahora de adultos nuestra situación no es tan diferente excepto por un pequeño factor; estamos juntos y dispuestos a luchar por la vida que queremos y merecemos tener.
La frecuencia de nuestras visitas son variables, por no decir escasas y a veces nulas.
Mi carrera es demandante por naturaleza, pero el problema actual radica en que los reporteros no me dejan solo ni a sol ni a sombra.
Me he propuesto protegerla de todo este caos mediático aun cuando eso signifique sacrificar tiempo juntos o visitas prolongadas, pero lo que más me duele es fingir en público que no la conozco. Que ella no significa nada cuando lo es todo para mí.
¡Ella es mi amor, mi obsesión!
La amo, y a pesar de lo profundo de esa frase, no es suficiente para expresar con exactitud todo lo que ella despierta en mi interior con una sola de sus miradas.
Estar lejos de Candy me causa dolor no sólo anímico, sino físico.
Tengo la sensación de estar partiendo mi alma en dos cuando me alejo mucho tiempo de ella.
Lo sé, ¡estoy enfermo, loco de remate! pero jamás me he sentido tan vivo. Todo gracias a ella. Al amor de mi existencia. Candy.
Deseo que el tiempo vuele.
Quiero ser capaz de vivir la vida que deseo para los dos.
No puedo esperar más.
Me tranquiliza que hasta ahora, Candy no se ha visto implicada en este incómodo asunto que espero canse pronto a los reporteros o bien que su trabajo se enfoque en informar a la gente de los acontecimientos realmente importantes que atañen nuestro mundo, como por ejemplo, el primer vuelo en aeroplano sobre la Antártida, la muerte del presidente de los Estados Unidos Warren G. Harding o la inflación que padece Alemania.
En comparación con esos sucesos, mi vida privada debería de carecer de importancia.
Con el excelente humor que me caracteriza desde que Candy llegó nuevamente a mi vida, bajé al comedor guiado específicamente por el suculento aroma del tocino, pero sobre todo, el de mi té favorito; rosa inglesa.
¡Muero de hambre! me dije mientras me encaminaba al comedor con una sonrisa de oreja a oreja.
Desafortunadamente, la frágil tranquilidad que me rodeaba 5 segundos atrás, desapareció en cuanto tomé el periódico de la mañana que una de las mucamas siempre deja sobre la mesa a la espera de que mi padre lo lea.
¡ESTO NO PUEDE SER POSIBLE!, pensé iracundo al ver como uno de mis temores más grandes se convertía en una terrible realidad.
CANDICE WHITE ANDLEY.
¡La manzana de la discordia que destruyó el
matrimonio Grandchester!
La liberal _aunque inmoral es el termino más adecuado que describe a esta joven_ hija del empresario William Andley, es nada menos que la responsable, no sólo de los problemas que enfrentaba la joven pareja en la intimidad de su hogar, sino que además, por causa suya ¡la difunta Susana Grandchester apresuró su muerte!
Fuentes cercanas a la familia Andley, aseguran que la Srta. Candice se interpuso en el matrimonio del afamado actor, guiada por un encaprichamiento insano que le ha profesado desde su adolescencia.
No sólo ha decidido radicar en la Ciudad de Nueva York con el fin de acosarlo, sumado a ello, terminó su compromiso con el joven empresario Loyd Ainsworth, con quien dicho sea de paso, mantenía una relación formal, aunque demasiado libertina y poco apropiada para el estatus que ambas familias gozan.
Actualmente, la Srta. Candice trabaja como jefa de enfermeras en el hospital de Nueva York, ubicado en…
"¡MALDITA SEA!" clamé furioso mientras botaba el periódico al piso y golpeaba con mis puños la mesa.
¡COMO PUEDE SER POSIBLE TANTA MENTIRA! ¡BLASFEMIA!
"¿¡Qué sucede, Terry?!" preguntó mi madre consternada mientras se acercaba corriendo a mí.
Mi padre enseguida tomó el periódico, y en cuanto leyó la nota, comprendió el motivo de mi creciente enfado.
"Querida…" mi madre tomo el periódico con sus manos convulsas y en cuanto terminó de leer el artículo, clavó su mirada sobre mí.
¿Enojo, rabia… descontento? Las expresiones que se dibujan en su rostro son un fiel espejo de las mías, pero había algo más en ella que opacaba todo lo demás. Preocupación por mí y lo que fuese capaz de hacer al verme cegado por la ira.
Y tiene razón.
En este momento, el raciocinio ha quedado relegado para dar paso al más bajo de los instintos.
"¡Conmigo pueden ensañarse todo lo que quieran! Estoy metido en esta situación de porquería por culpa mía. Permito que me llamen asesino de Susana, ¡no me importa!, ¡PERO DIFAMAR A LA MUJER QUE AMO CON ESTAS ACUSACIONES SENSACIONALISTAS NO LO TOLERARÉ!" bufé fuera de mis casillas al tiempo que golpeaba con mi puño desnudo la pared que se hallaba a un costado mío.
Frenético, me dirigí a la puerta con el único objetivo de tomar las llaves de mi auto y dirigirme al hospital donde trabaja Candy para protegerla de la horda de reporteros que seguramente ahora mismo bloquean cada acceso de entrada.
"¿¡Qué vas a hacer?!" preguntó mi madre aterrada mientras seguía presurosa mis pasos.
Alisa y mi padre prefirieron seguirme silencio.
O quizás hablaban y en mi enojo sólo era capaz de escuchar frases sueltas.
No lo sé con exactitud.
"¡Iré al hospital donde trabaja Candy! ¡NO PERMITIRÉ QUE NINGÚN REPORTERO DE MIERDA SE ATREVA SIQUIERA A RESPIRAR CERCA DE ELLA!" vociferé mientras me subía al automóvil.
"Piensa lo que estás haciendo te lo suplico, Terry. Podrías tener un accidente si conduces en ese estado. ¡RICHARD, DETENLO¡"
Creí escucharla implorarle a mi padre.
No estoy seguro de nada excepto de dos cosas; proteger a Candy y grabar mi puño en el rostro de aquellos que osaron redactar esa mentira.
Con ese pensamiento en mente, arranqué mi auto dejando simplemente una cortina de humo detrás de mí.
Manejaba como alma que lleva el diablo. Quebranté tantas reglas de tránsito y estuve a punto de atropellar a varias personas en mi camino, que me sorprendió que ninguna patrulla hiciera el intento por detener.
Quería volar. Deseaba estar allá ahora mismo.
Si los reporteros le hacen algo a Candy jamás me lo podré perdonar.
En cuanto distinguí la enorme edificación en la distancia, bajé del auto sin molestarme en apagar el motor siquiera.
Lo único que me preocupaba en este momento era sacar ilesa a Candy de este lugar.
Una fuerte brisa chocó contra mi rostro mientras el aroma a tierra mojada penetraba a través de mi nariz.
Parece que pronto caerá una tormenta, me dije.
Dirigí mi mirada hacia el cielo y un intenso color azul pintaba el firmamento.
¿Acaso fue mi imaginación el aroma que penetró mi nariz o es un reflejo del augurio que el futuro me depara?
Me acerqué corriendo a la entrada donde un grupo de reporteros rodeaba a Candy.
La expresión que se dibujaba en su rostro era de susto, pero había algo más, algo que por el enojo fui incapaz de descifrar.
"No es de caballeros atosigar de esa manera tan poco decorosa a una dama y menos cuando es evidente que ella no los quiere cerca" los reporteros giraron su rostro hacia mí en cuanto me escucharon hablar.
De inmediato me rodearon, dándole a Candy el pretexto perfecto de esconderse dentro del hospital. Pero no lo hizo. Para mi estupefacción, se quedó de pie en ese preciso lugar.
Me sonreía. Me tranquilizaba mientras una fuerte brisa me llevaba el aroma a rosas que envuelve su cuerpo.
¿Por qué? Después del mal rato que pasa por culpa mía, debería estar furiosa.
"Sr. Grandchester, ¿es verdad que la Srta. Andley es su amante?" esa insolente pregunta, seguida por otras similares, me hicieron rabiar.
Cerré los puños tan fuerte que tenía la impresión que la piel que recubría mis nudillos reventaría.
Ellos sólo repiten frases que un ser malintencionado filtró falsamente en los tabloides, me dije en un intento por calmarme.
Descargaré mi furia con la persona indicada, no con estos pobres desgraciados que, me guste o no, sólo hacen su trabajo.
Me serené un poco. Al menos lo suficiente como para entender que irme a golpes con esas personas perjudicaría a Candy más que a cualquier otra persona.
¿Acaso he madurado? No. Simplemente es sólo el influjo que Candy ejerce sobre mí.
Ella consigue apaciguar mi furia con su mera presencia.
"Por favor, señores, yo jamás me atrevería a dañar de esa manera a una persona que es tan importante para mí" sin miedo, me acerqué lentamente a Candy.
Inesperadamente, los reporteros me abrían el paso creando un camino que me guiaba a Candy. La persona por la que renunciaría a todo.
Ninguno se atrevió a lanzar una pregunta al aire. Cada uno permanecía expectante de lo que estaba por decir o hacer a continuación.
Cuando me detuve a un lado de Candy, su mirada me decía, detente. No digas nada. Puedo soportar todo,pero ¿Qué clase de hombre sería si me escudo detrás de la mujer que amo?
No me importa perder mi carrera. ¡Al diablo con eso!
Lo que no estoy dispuesto a arriesgar es a Candy y el amor que nos profesamos.
"La persona que tengo a mi lado es tan valiosa para mí, que jamás me habría atrevido a manchar su honor de ese modo" despegué mis ojos de la mirada atónita de Candy y miré directamente a la masa de reporteros que me observaban sorprendidos "la amo demasiado como para permitir que se filtren mentiras de ella en los tabloides por culpa mía y de mis malas decisiones pasadas, por eso les comunicaré algo" dije.
"Terry… no…" empezó a decir Candy, pero la tomé de la mano y la presioné ligeramente contra la mía.
Permíteme que te proteja, amor mío, pensé.
En sintonía con mis pensamientos, Candy guardó silencio.
"Daré una rueda de prensa mañana en punto de las 9:00 am en el Ambassador Theatre. Por primera y única ocasión, responderé cada una de sus preguntas relacionadas con Susana, mi matrimonio y su suicidio, motivo por el cual, les pido que dejen de acosar a esta dama y las instalaciones del hospital"
Sabía que esa era la única manera de saciar las ansias de los reporteros, y tan estaba en lo correcto, que en menos de cinco minutos, Candy y yo nos encontramos solos en la enorme entrada del recinto.
Solté un largo suspiro y me atreví a mirarla de nuevo a la cara.
No decía una sola palabra.
¿Está enojada? Tendría más de un motivo para estarlo, sin embargo, lo que dijo a continuación me tomó por sorpresa.
"Te amo tanto, Terruce Graham Grandchester" sonreí apenado. Creo que mis mejillas se colorearon de un intenso color rojizo. Repentinamente sentí la piel de mi rostro muy caliente "¿estás seguro de lo que harás? A mi no me importa lo que digan los medios de mí, lo sabes" sin importarme absolutamente nada, tomé sus mejillas entre mis manos y me agaché para pegar mi frente a la suya, tirando accidentalmente su cofia al suelo.
"Pero a mi si me importa. ¿Qué clase de hombre sería si permito que se digan esa clase de mentiras sobre la mujer que amo y no hago nada al respecto? ¿cómo pedirle a Albert y a la Srta. Pony tu mano en matrimonio si me oculto detrás de ti como un cobarde?" musité en un susurro aspirando a su vez el dulce aroma a fresas que despiden sus labios carmesí.
"Sé lo importante que es para ti mantener tu vida privada lejos de los medios. Mañana te atacaran con preguntas incómodas que seguramente deberás responder. Yo soy capaz de soportar las mentiras que se dirán sobre mi de ahora en adelante. Por Albert y la Srta. Pony no te preocupes, ellos…" la silencié depositando mis labios sobre los suyos.
¿Minutos, segundos? No lo supe con exactitud.
Lo que es innegable es que cada que deposito mis labios sobre los suyos, soy capaz de alcanzar el cielo.
Ella es mi paraíso. La deidad a la que le rendiré pleitesía el resto de mis días.
"Lo sé. Tu fortaleza de espíritu es una de las cualidades que tanto amo de ti" dije sin apartar del todo mis labios de los suyos. Tan suaves. Tan dulces "sé que serías de soportar las humillaciones que te verías obligada a enfrentar, pero yo no puedo ¿Cómo verte a la cara y decirte que te amo si permito que atravieses esas vilezas en el nombre del amor que nos tenemos?" me alejé del rostro de Candy, pero tan cerca estaba de ella, que fui capaz de sentir su respiración en mi boca.
La tentación de besarla nuevamente era demasiado atrayente, pero me contuve.
Con dolor, separé mis manos de su rostro y le sonreí.
"Soy consciente sin lo cual soy incapaz de seguir viviendo Candy; tú. Eres mi existencia entera. Enfrentaré a la prensa y revelaré cada uno de los secretos que ansían saber respecto a mi fallido matrimonio con Susana, el porque de esa unión, y también, el motivo de su suicidio. Lo haré porque quiero protegerte. No me importa perder mi carrera, Candy. Lo que de verdad no soportaría es perderte a ti" una lágrima rodó por su mejilla.
Delicadamente la retiré con la yema de mi pulgar y continué sonriéndole.
Quería resarcirle que yo estoy bien, y sobre todo, que esto es lo que deseo hacer, por ella. Por nosotros.
"En el pasado fui débil. Te perdí por mi cobardía. No fui capaz de protegerte. No estoy dispuesto a cometer los mismos errores. Te amo" dije.
"Y yo a ti también te amo" me sonrió.
Su felicidad iluminó su rostro y mi corazón.
"No sabes lo mucho que me gusta verte sonreír" pronuncié quedamente y esta vez fue su turno de sonrojarse.
Una sonora carcajada se escapó a través de mis labios.
Candy me observó alucinada. Parecía que era la primera vez que me veía reír así.
¿O lo está disfrutando? No lo sé. A veces soy malo descifrando las expresiones que se dibujan en sus ojos.
Imprevistamente, fuimos rodeados por un gran grupo de enfermeras, las cuales emocionadas, solicitaban mi autógrafo y mi atención.
Candy se hizo a un lado y nos dio espacio mientras me sonreía a distancia.
Con un gesto de su mano se despidió de mí y me mando un beso volado que mi corazón atrapó al instante.
Cuando llegué a casa de mis padres _dos horas después_ mi madre en particular me esperaba hecha un manojo de nervios al tiempo que caminaba de un lado a otro. Mi padre, sentado en aparente estoicismo en su sillón, fumaba su pipa mirando fijamente a la nada, los cuales al verme, corrieron hacia mí con el alivio dibujándose en sus facciones.
"Mi cielo ¿estás bien? ¿qué sucedió? ¿cómo está Candy?" sonreí ante la sucesión de preguntas que formulaba mi madre.
Tomamos asiento en los sillones de la sala y comencé a narrarles lo sucedido.
Atentos, mis padres me escuchaban mientras me detenía a ver sus manos entrelazadas.
"¿Estás seguro de lo que harás, Terruce? La prensa aprovechará el momento para formularte preguntas que seguramente atentarán contra tu intimidad" dijo mi padre.
"Haré lo que esté en mis manos para proteger a Candy" me puse en pie y me encaminé a uno de los ventanales que custodian el amplio salón mientras dirijo mi vista al amplio jardín que rodea la casa "quien se atrevió a dar esa falsa información a la prensa se arrepentirá de haberlo hecho. Se los juro" puntualicé decidido a dar con el o la responsable.
"¿Crees que Margot esté implicada detrás de la noticia que se publicó de Candy?" preguntó mi madre con severidad.
Giré mi rostro hacia ella y noté las líneas de su ceño fruncido demasiado profundas.
La preocupación fue sustituida por el enojo cuando leyó la respuesta que se dibujaba en mi cara.
"¿¡Hasta cuando esa mujer te va a dejar en paz?!" vociferó molesta mientras daba un manotazo en el aire.
"Eso será el día que vengue la muerte de su hija. Para ella yo soy el responsable del fallecimiento de Susana… creo que tiene razón" susurré y mis padres me observaron afligidos. Reprobaban mis palabras. Antes que pudiesen contradecirme, hablé "Que lo haga. Que diga cualquier mentira de mí si gusta. Pero dañar a Candy jamás se lo permitiré a ella ni a nadie" espeté decidido.
"Puse a trabajar a mis abogados y contactos en la política para investigar quien está detrás de esa nota, Terruce. De ser Margot, pagará caro su osadía" repuso mi padre con frialdad.
"Papá, no hace falta, yo…" no pude terminar de hablar.
Inmediatamente mi padre me envolvió en uno de esos abrazos que te roban el habla.
"No me pidas que te deje desprotegido porque no pienso hacerlo otra vez. Nuestro papel como tus padres ha sido tan pobre a lo largo de tu vida, que procurarte en estos momentos es nuestro deseo más grande" la voz de mi padre se quebró cuando pronunció esas palabras "Eres nuestro primogénito. No queremos que nada malo te pase, Terruce. Tú y Alisa son nuestro más preciado tesoro" lo abracé con fuerza cuando terminó de hablar.
Quería decirles que por favor no se preocuparan. Que yo estaría bien, pero no pude hacerlo.
A pesar de ser un hombre de 27 años de edad, me hacía inmensamente feliz sentirme mimado y protegido por ellos.
Saber que me procuraban, y que además, era amado por ellos, me llenó de tanta dicha que creí mi corazón estallaría dentro de mi cuerpo.
Justo a las 3:30 de la tarde, llegué al Ambassador Theater, lugar donde presentaríamos la obra La Tempestad.
Es necesario que le comunique a Robert acerca de la rueda de prensa que daré mañana.
Sólo espero no se niegue. Lo ideal era consultarlo con él primero, pero dadas las circunstancias no podía darme ese lujo, pensé.
"Terruce, una de mis asistentes me dijo que deseas verme con urgencia. Pasa por favor" sonreí mientras tomaba asiento en uno de los sillones que decora su oficina.
El aroma a tabaco en este lugar es intenso. Como siempre.
Sin rodeos comencé a contarle lo sucedido horas atrás, así como mi apresurada resolución al respecto.
El gesto de Robert era duro mientras escuchaba mi relato. Siempre se ha mostrado reacio a aceptar las bajas tácticas de la prensa para conseguir una nota escandalosa.
"Se que debí consultarte primero respecto a la rueda de prensa. Te ofrezco mis disculpas por mi osadía, Robert" al escucharme, él negó con la cabeza y me sonrió.
"Sabes que esa clase de protocolos son inexistentes entre nosotros, Terry. Cuentas con todo el apoyo que puedo ofrecerte. Citaré a ensayo después de mediodía. De ese modo tendrás las instalaciones las horas necesarias para zanjar el tema de Susana de una vez por todas" se acercó a mi y colocó fraternalmente una de sus manos sobre mi hombro "es justo que tengas la paz y felicidad que mereces. Ven, te invito a comer. Es preciso que platiquemos de algo más que los chismes corrientes de la prensa y del trabajo" sonreí y le agradecí en silencio su eterna discreción, pero sobre todo su amistad.
Las horas al lado de Robert siempre transcurren más rápido de lo normal. Su plática es amena y variada. Ha viajado tanto como mi padre y su tema de conversación oscila entre política, costumbres y cultura de los diversos países que ha visitado.
Muy probablemente le falta el carisma que envuelve a Albert, pero a su modo serio y pragmático, es un excelente conversador que invariablemente atrae a las masas.
Rumbo a casa de mis padres _cerca de las ocho de la noche_ el deseo de ver a Candy se tornó tan fuerte que estuve tentado a girar el auto y dirigirme a su casa para verla un par de minutos solamente. Quería besarla, verla sonreír. Aspirar su adictivo aroma. Sentir las suaves caricias que sus manos dejan caer distraídamente sobre mis brazos mientras escucha atentamente mis pláticas, pero después de lo ocurrido esta mañana, dudo mucho que eso sea prudente.
Mi deseo de protegerla es mucho más fuerte que las ansias que gobiernan mi cuerpo y mi alma en estos momentos.
Echarle leña al fuego siempre ha sido mi estilo muy característico, o al menos lo fue en mi adolescencia. En esos días, no me importaba nada más que yo mismo. Creía estar solo, y de algún modo lo estaba, sin embargo, ahora es diferente. Soy un adulto con responsabilidades. Ahora me doy cuenta del mundo que me rodea y el daño que mis acciones impulsivas son capaces de acarrear a los demás.
Hay mucho más en riesgo que mi reputación o mi bienestar.
Alisa tiene razón. Que aburrido es convertirse en adulto, pensé entre divertido y decepcionado mientras seguía mi camino a casa de mis padres.
Cuando entré a casa, mi hermana corrió a mi encuentro y se aventó a mis brazos.
Como es nuestra costumbre, la levanté y comencé a darle vueltas en el aire al tiempo que disfrutaba de sus alegres carcajadas infantiles. Siempre conseguía ayudarme a olvidar por breves instantes mis problemas, pero cuando dirigí mi vista hacia el umbral que divide el recibidor del salón, me detuve.
Ataviada con su uniforme blanco y con una hermosa sonrisa dibujándose en su cara, estaba frente mi la dueña de mis pensamientos, Candy.
Con cuidado bajé a Alisa al suelo. Con desesperación me encaminé hacia ella y envolví sus hombros con mis brazos mientras besaba una y otra vez sus labios, aspirando entre respiración y respiración el fuerte aroma a rosas que baña su cabello recogido en moño.
"Deseaba tanto verte. Tanto, Candy" dije sin alejarme un milímetro de ella.
La oí reír.
Su pecho vibró contra el mío al tiempo que el canto de su sonrisa penetraba dulcemente mis sentidos.
"¿Acaso mi declaración te resulta graciosa?" pregunté.
La sonrisa que tenía dibujada estúpidamente en mis labios delató la falsa severidad de mi cuestionamiento.
"Más bien me río porque deseamos exactamente lo mismo. Ansiaba verte desde el segundo siguiente que te perdí de vista en el hospital. Necesitaba sentirte cerca de mi y decirte una vez más que te amo" suspiré.
Tuve la impresión que sus palabras consiguieron quitar de mis hombros un enorme peso que no sabía, cargaba.
"¿Llevas mucho rato esperándome?" pregunté.
"Un par de horas" dijo y sonreí apenado.
De haber sabido que ella estaba aquí, habría llegado directamente a casa después de mi charla con Robert en el teatro.
"¿Todo bien con el Sr. Hathaway, Terruce?" asentí en respuesta a la pregunta de mi padre mientras colocaba mi brazo alrededor de la cintura de Candy.
"Robert me da carta blanca para usar las instalaciones para la rueda de prensa de mañana" sentí como el cuerpo de Candy se tensaba bajo mi tacto.
Bajé la mirada hacia ella y su tez blanca siempre iluminada en el área de las mejillas de un hermoso tono rosáceo, ahora había desaparecido.
Mi madre, siempre discreta, me sonrió y se excusó junto con mi padre mientras llevaba a mi hermana a su habitación.
Para esa pequeña pulga, es hora de dormir.
"¿De verdad crees que esa rueda de prensa silenciará a los medios?" suspiré pesadamente.
"No definitivamente. Pero estoy seguro que con la información que obtendrán mañana estarán entretenidos un tiempo. Mi objetivo es distraer la atención de ti hacia mí, pero sobre todo, quiero dejar en claro que la noticia que se publicó de ti esta mañana es falsa" dije.
"¡A mi no me importa lo que se dijo en el artículo! Tus padres y mi familia saben que es mentira. No necesito la aprobación de un mundo que no conozco ni me interesa conocer. Te estás arriesgando demasiado. No quiero que te obligues a atravesar ese momento tan incomodo en pro de mi bienestar" musitó sin intentar apartar la preocupación que se reflejaba en sus ojos.
"Mi amor, este es el camino que debemos enfrentar para estar juntos. Quiero dar inicio al sueño que compartimos tantas veces por carta años atrás. Ansío casarme contigo, deseo reclamar mi derecho de caminar por la calle a tu lado para poder hacer algo tan común como tomar tu mano entre la mía" entrelacé mis dedos con los suyos mientras los llevaba a mi boca y besaba la blanca piel que recubría cada uno de sus falanges "besarte sin temor a que al día siguiente salga una nota en los periódicos que difame tu persona. Soy codicioso. Deseo tener todo de ti y que el mundo lo sepa" me sonrió con complicidad mientras mis manos inquietas aprisionaban suavemente su cálido rostro.
Sus pecas danzaban ante mis ojos mientras una serie de cambios de expresión se dibujaban en su cara; preocupación, decisión, coraje, felicidad.
"Yo también deseo lo mismo" susurró. Se puso de puntillas y depositó un tierno beso sobre mis labios "Tus padres me dijeron que la Sra. Marlowe es la que pudo haber filtrado esa información falsa a la prensa ¿es cierto?" asentí al tiempo que besaba su frente y la guiaba al salón.
"Es una corazonada hasta ahora. Dudo mucho que después de lo que sucedió con Susana se quede tan tranquila. Me temo que por culpa mía su resentimiento te alcance y te dañe" con su mano aun entre la mía, la presionó con fuerza mientras que con la otra, suavizaba con uno de sus dedos las líneas profundas que seguramente se dibujaron en mi entrecejo.
"Entonces, seré acreedora a su rencor de ahora en adelante. Nada me importa si estamos juntos. Lo eres todo para mí" sonreí.
Durante varios minutos nos sumimos en un profundo mutismo.
Es hermoso permanecer en silencio a su lado y, aun así, entendernos sin palabras.
"Candy, te quedas a cenar, ¿verdad?"
"Se lo agradezco mucho, Eleonor, pero preferiría irme a casa. Ha sido un día largo y prefiero descansar" ambos nos pusimos de pie y rodee sus hombros con mi brazo mientras Candy, agotada emocionalmente, reposaba su cabeza contra mi pecho.
"Te llevará el chofer. Martha, avísele a Joseph que prepare el auto" enfatizó mi padre antes que Candy pudiera negarse
"Enseguida" respondió la mucama y desapareció de la estancia.
"Muchas gracias por su hospitalidad, Sr. Grandchester" mi padre le sonrió y la envolvió en un fuerte abrazo.
"Esta siempre será tu casa. Eres parte de esta familia, Candy, y te repito, dime Richard. No quiero que entre nosotros nos hablemos con tanta formalidad" asintió entusiasta a modo de respuesta.
Me despedí tantas veces de Candy, que claramente no quería dejarla ir.
Al cabo de 10 minutos de besos, promesas de vernos pronto y sonrisas, Joseph arrancó el auto por órdenes mías.
Si no se iba ahora jamás la dejaría ir.
Las despedidas siempre eran el momento más amargo de nuestras visitas.
Algún día será diferente. Un día no muy lejano ella no se apartará de mi lado jamás, pensé.
Con esa idea en la cabeza me fui directo a la cama.
Por primera vez en meses, dormí tranquilo sin que ninguna pesadilla con Susana perturbara mi sueño.
A la mañana siguiente, me dirigí al teatro para enfrentar a los reporteros en la precipitada rueda de prensa que organicé.
Me sorprendió la puntualidad de la prensa. Eran 8:55 am y el auditorio estaba lleno de reporteros con cámara y libreta en mano.
La ansiedad que se respiraba en el ambiente me puso ligeramente nervioso.
"Todo está listo, Terruce. El sistema de seguridad que mandó tu padre ha tomado sus respectivas posiciones" dijo Robert parándose junto a mi al tiempo que admiraba a los reporteros reunidos un piso abajo.
"Gracias Robert. Estoy listo"
A las nueve en punto de la mañana hice mi aparición frente a los reporteros.
En cuanto tomé asiento, agradecí la presencia de todos ese día mientras el volumen de los murmullos comenzaba a subir de decibeles.
Todos parecían ansiosos de entrevistarme, pero con un gesto de mi mano tomé nuevamente la palabra.
"Como les prometí el día de ayer, estoy dispuesto a responder por única vez exclusivamente todas las preguntas relacionadas con mi matrimonio al lado de Susana, así como su muerte, pero principalmente quiero dejar algo en claro. Primero, que la Srta. Candice White Andley no es, ha sido, ni será jamás mi amante, y segundo, que dejen de acosarla o bien de publicar notas falsas relacionadas con ella. A pesar de la opinión que ustedes tienen de mi, jamás me atrevería a tener una relación con ella cuando recientemente enviudé, así que dejen de especular y seguir pistas falsas. Vuelvo a hacer de su conocimiento que la nota publicada el día de ayer en uno de los tabloides más importantes de Nueva York, es una vil mentira que alguien malintencionado filtró. Mis abogados ya están tomando las medidas necesarias para dar con el, o los responsables"
Cuando terminé de hablar, los murmullos de los reporteros se tornaron en gritos ensordecedores que fui incapaz de distinguir.
Todos hablaban al mismo tiempo. Cada uno exigía les diera respuesta a sus cuestionamientos, pero ¿cómo hacerlo si no comprendía ninguna de sus palabras?
"Caballeros, les pido moderación" el silencio se hizo cuando los reporteros escucharon la voz de Robert a través del micrófono "es comprensible su excitación. Terruce no da entrevistas exclusivas a nadie y cada uno de ustedes desea su atención, pero si desean que responda la mayor cantidad de preguntas posibles, debe haber orden" agradecí en silencio la oportuna intervención de Robert.
Se lo hice saber con un asentimiento de cabeza y señalé a un hombre de mediana edad que levantaba su mano con bastante insistencia.
"¡Sr. Grandchester! Usted dice que la noticia publicada el día de ayer es falsa, sin embargo, a palabras suyas, afirma amar a esa joven ¿qué nos puede decir al respecto?"
Silencio.
Los ojos de todos estaban clavados sobre mi.
Apremiantes, esperaban con bolígrafo en mano a que empezara a hablar.
"Siempre la he amado, esa es la verdad, pero jamás ha sido mi amante. He ahí la diferencia. Jamás tuve una aventura con Candy durante mi matrimonio con Susana. La amo demasiado como para humillarla de esa manera. Candy y yo nos conocimos en nuestra adolescencia mientras estudiábamos en el Colegio San Pablo, en Londres, mi país natal. Por motivos ajenos a nosotros, nos vimos en la necesidad de tomar caminos separados. Para fortuna nuestra nos reencontramos un año después durante la gira de la obra de teatro El Rey Lear. Empezamos una relación a larga distancia, pero cuando ocurrió el accidente de Susana, nos tuvimos que separar a pesar del amor que nos profesábamos. Dejé de verla durante 9 años. Fue durante la fiesta de aniversario de la compañía Stratford que la volví a ver" respondí.
Si la persona que filtró la nota creía que conseguiría separarme de Candy proporcionando datos falsos, se equivocó por completo. Antes, prefiero hacer pública mi vida marital con Susana que perder al amor de mi vida nuevamente.
Las voces de los reporteros farfullando dentro del auditorio creaban un eco discontinuo, el cual, resonaba incesantemente en mis oídos. Tan concentrado me encontraba en cada uno de los presentes, que era capaz de oír como la punta del bolígrafo de todos rozaba rápidamente la superficie rugosa de la hoja de papel mientras escribían apresurados mis palabras antes dichas.
"Entonces ¿entiendo que el matrimonio entre usted y la difunta Sra. Grandchester fue forzado como siempre se especuló?" preguntó otro reportero cuando Robert le cedió la palabra.
"No es algo de lo que esté orgulloso, pero sí. Es correcto. Susana me salvó de morir un día durante nuestros ensayos, perdiendo en consecuencia su pierna. Me sentí devastado por todo lo que esa pérdida significaba para ella. Aunado a eso, su madre, la Sra. Margot Marlowe, me obligó a permanecer al lado de su hija aprovechándose de la culpabilidad que me atormentaba" súbitamente guardé silencio.
Todos aguardaban expectantes que continuara hablando, así que di un largo suspiro mientras tomaba un vaso que yacía frente a mi.
Hablar de mi vida privada con la prensa está resultando tan difícil como lo preví, pensé mientras bebía un poco de agua.
Me estoy vulnerando frente a ellos, pero el motivo por el que hago esto es tan importante que con renovadas fuerzas levanté la mirada y continué con mi relato.
"A pesar de mantener una relación sentimental con Candy, ambos nos separamos para que yo pudiera cumplir con el compromiso que tácitamente se me había encomendado; casarme con Susana y hacerla feliz, lo cual por supuesto fue imposible. ¿Cómo hacer feliz a alguien cuando jamás ha habido amor entre ambas partes, y peor aún, cuando mi corazón pertenece a otra mujer? Sin embargo, lo intenté. Por mí, por ella, pero principalmente por la promesa que le hice al amor de mi vida ese día; hacer lo que estuviera en mis manos para que Susana fuera feliz… desafortunadamente jamás pude cumplir esa promesa" respondí con sinceridad y todos guardaron silencio ante mi declaración.
Resultó obvio que ninguno de los presentes esperaba que fuese a ser honesto, y además, preciso en mis declaraciones.
El silencio en el auditorio se tornó abrumador, sin embargo, busqué con mi mirada a otro reportero para continuar esta masiva entrevista que esperaba jamás se tuviera que repetir.
"¿Es por esa razón que jamás tuvo hijos con ella?" asentí.
"Tener hijos sin amor es uno de los peores errores que el humano comete. Yo no sería tan irresponsable como para criar a un niño en un núcleo tan nocivo como el que Susana y yo compartíamos. Aunado a eso, ella fue presentando síntomas alarmantes que reflejaban un deterioro en su salud mental que se agravaron con el tiempo, los cuales, ella jamás quiso atender aunque llevé más de una ocasión a un especialista a la casa para que la tratara. Al final, su salud empeoró y terminó con su vida como todos ustedes saben" aclaré mi garganta y apoyé mi barbilla sobre mis puños.
Ninguno perdía detalle de cada palabra que salía de mi boca.
Todos escribían frenéticos cada frase que pronunciaba.
Los reporteros tenían una expresión en sus rostros mezcla simpatía y éxtasis, después de todo, les estaba dando un pequeño vistazo de lo que para ellos era mi cotizada vida privada.
"¿Entonces es mentira que la Srta. Andley lo acosó durante su adolescencia y que por ella la Sra. Grandchester se suicidó?" dirigí mi vista al reportero alto y delgado que sobresalía entre la multitud.
Suspiré pesadamente antes de responder esa pregunta, la cual, fue el motivo que me orilló a llevar a cabo esta rueda de prensa.
"Esa es la mentira más vil que jamás he escuchado a lo largo de mi carrera. Candy jamás usaría métodos tan bajos para llamar la atención de ningún hombre. No lo necesita. Es la mujer más independiente, maravillosa y bella que he conocido. Soy afortunado de amar y ser amado por alguien tan especial y único como ella. En cuanto a Susana, ella terminó con su vida debido a la enfermedad que padecía como lo he comentado con anterioridad" dije.
"¿Planea casarse con la Srta. Andley pronto?" para sorpresa de los presentes, sonreí.
No es una expresión que suelan ver dibujada en mi rostro con frecuencia.
"Esa pregunta no debería responderla. Dejé muy claro que solamente hablaría de mi matrimonio con Susana y la razón de su suicidio, pero hare una sola excepción" espeté seriamente "Susana recientemente falleció, y aunque nuestro matrimonio fue forzado por las circunstancias, nuestra sociedad estipula que debo aguardar mínimo un año antes de volver a casarme. Pasado ese tiempo le pediré a Candy que se case conmigo. Espero que no sea muy tarde para que acepte mi propuesta" los reporteros empezaron a reír aligerando de momento la tensión que se respiraba en el auditorio.
Giré mi vista y un reportero que no parecía tener más de 25 años de edad, levantó su mano antes que Robert le cediera la palabra.
"Sabemos que la Srta. Andley mantenía una relación formal con el empresario Loyd Ainsworth. Incluso vivían juntos y planeaban casarse. ¿Qué pasó con esa relación? ¿tan rápido se desenamoró de él?" molesto por el veneno que yacía oculto en cada una de sus palabras, fruncí el ceño al tiempo que cerraba con fuerza mis puños.
Me tomó unos segundos despegar mis labios sin que insultos e improperios salieran disparados de mi boca.
Respiré profundamente y con mi mirada fija en ese sujeto que parecía a mis ojos cada vez más pequeño, hablé.
"El motivo de esta rueda de prensa no versa alrededor de la vida privada de Candy. Si tú o alguien en este auditorio vuelve a hacer alusión a ese tema, daré por terminada esta rueda de prensa ¿está claro?" el hombre palideció y asintió al tiempo que se escondía tras un hombre obeso que levantaba insistentemente la mano para llamar mi atención.
El resto de la rueda de prensa no volvió a tocarse el tema de Loyd y Candy.
Como estaba agendado desde un inicio, las preguntas versaron en el suicidio de Susana, sus motivos, mi hospitalización y su enfermedad.
Revivir esos oscuros momentos de mi vida me había dolido más de lo que me atrevería a confesar, sin embargo, ese mal rato valía la pena.
Lo hacía por nosotros, por Candy. Por nuestro futuro juntos.
La amo, y con tal de protegerla, estoy dispuesto a hacer lo que sea. Incluso, volver a vulnerarme frente a todo Nueva York en caso que fuese necesario. Teniéndola a mi lado, no hay imposibles, ni límites inalcanzables. Su amor, su presencia, toda ella, es el impulso que necesito para ser la persona en la que aspiro convertirme.
Continuará...
Notas de la autora.
Varias veces redacté partes de este capítulo (en especial la parte de la rueda de prensa) como sucede con cada uno de los capítulos que subo jajajaj. Siempre redacto la idea, después la pulo y asi empieza un proceso de añadir, quitar, modificar y otra vez borrar hasta que quedo satisfecha con lo que escribo.
Me gusta describir las emociones de los personajes. Para mi es importante que sepan como se sienten, que piensan, que desean... como experimenta cada uno de ellos las emociones que los embarga, y me da gusto que a muchos de ustedes les gusta mi narrativa.
Ahora espero que me dejen sus valiosos reviews y me cuenten que les pareció este capítulo.
Les dejo besos y nos leemos pronto.
