Otro capítulo largo.
Sin más preámbulo en esta ocasión los dejó con el capítulo.
Les recuerdo que en el caoítulo previo nos quedamos con la narración de la historia desde el pun to de vista de Candy.
Capítulo 16. Retrospectiva accidental
"¡Candy!" en cuanto atravesé las puertas del palco, Alisa me recibió con su característica efusividad y buen humor.
Su bonhomía e inagotable alegría son tan contagiosas, que sin razón alguna ya me encuentro riendo con ella.
Que hermoso es reír sin tener un sólo motivo en mente más que ser feliz por la mera capacidad de serlo.
No deberíamos olvidar lo que es sentir como niños sin dejar de pensar como adultos.
Alisa y los niños de la casa hogar me recuerdan diariamente esta valiosa lección.
"Luces hermosísima, Alisa" orgullosa de su vestido corte princesa color champagne, me sonrió al tiempo que ondeaba la tela de su atuendo.
Esa sonrisa… definitivamente la heredó de su hermano.
"Mami dice que es importante que las mujeres siempre nos veamos más hermosas en eventos especiales como este, así que me esmeré, después de todo es el estreno de la obra que protagoniza mi hermano" asentí ante su solemnidad.
Divertidos por la precocidad y sinceridad de su hija, los padres de Terry se levantaron de sus asientos, al tiempo que cada uno me envolvía en un fuerte abrazo.
"Que gusto verte, Candy. Espero la prensa no les haya dado muchos dificultades al entrar. Nosotros tuvimos que acceder al teatro por la puerta trasera" dijo Eleonor mientras tomaba asiento a un lado de ella.
"Digamos que no fue el recibimiento que yo esperaba, afortunadamente ninguno de nosotros resultó lastimado" los padres de Terry me observaron tan afligidos como asombrados.
Si alguno tuvo la intención de ahondar más en el tema, se vieron imposibilitados debido a que en ese preciso instante, Albert, Archie y Annie entraron al palco para tomar sus respectivos asientos.
Entre saludos, gestos cordiales y preguntas de Alisa respecto al próximo lanzamiento del libro de Annie, el asunto de la prensa y Loyd quedó en el olvido.
Tan ensimismada me encontraba admirando el escenario y jugando con la hermana de Terry, que no oí el momento en que alguien hizo acto de presencia dentro de nuestro palco, hasta que esa persona aclaró su garganta.
Giré mi rostro esperando toparme con un mensajero, un custodio, incluso esperé ver al director de la obra, pero no a Loyd de nueva cuenta.
¿Cuántas veces necesito romperle el corazón para que deje de creer que podrá recuperar lo que algún día tuvimos?
"Buenas noches Sr. y Sra. Grandchester, lamento importunarlos con mi visita a minutos que de inicio la obra, pero necesito hablar con Candy ¿Me permites charlar un momento a solas contigo?" la mano de Alisa tomó con fuerza la mía.
Bajé la mirada hacia ella y la vi negar vehementemente con su cabeza.
"Por favor, Candy" suspiré pesadamente ante la insistencia de Loyd.
Jamás hables a solas con un hombre herido, Candy, me dijo la Srta. Pony hace un par de años.
"Lo que tengas que decirme puedes hacerlo frente a mi familia, Loyd" dije.
"Candy, por favor. Sólo te estoy pidiendo unos minutos a solas" espero no arrepentirme de lo que voy a hacer.
"Está bien. Enseguida regreso Alisa. No tardo" le hice cariños en su mejilla y salí del palco alejándome unos metros de la puerta solamente. Por alguna razón, no me sentía segura apartándome mucho de mi familia "Ya estamos solos ¿qué necesitas decirme con tanta urgencia, Loyd?" el pasillo está completamente desierto.
Todos están en su respectivo lugar esperando ansiosos que la función de inicio, me dije irónicamente al reconocer que yo tendría que estar haciendo lo mismo.
"Luces hermosa con ese vestido, Candy" lo observé incrédula.
No puedo creer lo que escuchan mis oídos.
¿¡Me hizo salir de mi palco sólo para decirme eso!? Es increíble.
Molesta, negué con la cabeza y me di la media vuelta dispuesta a regresar a mi lugar, de donde no debí de haberme movido.
"No te vayas, por favor" su mano aprisionó mi muñeca y detuvo al instante mi andar.
"No veo el motivo para quedarme aquí si no vas a decirme algo que amerite haberme movido de mi asiento, Loyd. Agradezco tus halagos, pero no los necesito" nervioso, asintió.
"Candy, se que he cometido un error tras otro desde que volviste a ver a Terry. Me dejé llevar por los celos y comprendo que mi actitud te haya orillado a refugiarte en sus brazos"
¿Acaso está insinuando que por su actitud me estoy revolcando con Terry en la cama para desquitarme de él? ¿¡Se atreve a proferir semejante patraña?!
"No te equivoques ni te hagas falsas ideas, Loyd. Nuestro rompimiento habría sucedido tarde o temprano con Terry en mi vida o no" mis duras palabras le dolieron.
Bajó momentáneamente su mirada al suelo, negó con la cabeza y como si fuese a ponerse llorar de un momento a otro continuó hablando.
"No digas eso mi amor. Se que me comporté como un verdadero estúpido, te lastimé y me disculpo de corazón. Quiero tenerte de vuelta conmigo. Ya no me castigues más, me estoy volviendo loco sin ti. Te necesito. ¿Quieres que te pida perdón de rodillas? Lo haré. Sólo pídelo, pero no me abandones" como si su vida dependiera de ello, aguardó expectante mi respuesta.
Estoy enojada por las falsas verdades en las que cree ciegamente, pero ¿quién puede culparlo? Está ofuscado por el dolor, después de todo, su actitud es la consecuencia de mi amor egoísta que cargaré el resto de mi vida, sin embargo, no planeo flagelarme toda mi vida por ello.
La Candy dispuesta a sacrificar su felicidad por el bien de otros murió en la guerra.
Cuando recuerdo a todos mis compañeros y amigos que murieron a la espera de vivir, de amar y de tener otra oportunidad para enmendar sus errores, me doy cuenta que necesito ser egoísta cuando de proteger mi felicidad se trata.
Loyd jamás sabrá lo mucho que me duele romperle el corazón.
No disfruto haciendo sufrir a la gente, y menos a alguien que, a pesar de todo, fue especial para mí.
Lo quise profundamente, jamás le mentí, pero el cariño que le profeso con vehemencia no es ni la milésima parte del amor que Terry me hace sentir con una sola de sus miradas.
Con Loyd no hay pasión, locura, ni obsesión. Tan sólo un inmenso cariño que jamás será más que eso.
Desde que volví a ver a Terry, me di cuenta del error tan grande que cometí al haber permitido que mi relación con Loyd llegara tan lejos.
Si algo he aprendido a lo largo de mi vida, es que la verdad jamás es sutil y las consecuencias se enfrentan.
"Loyd… deja de hacer esto más difícil para ti. Te repito lo que te dije en tu casa, mi intención jamás fue lastimarte, te lo juro, pero yo…"sin dejarme terminar de hablar, me envolvió en un abrazo tan fuerte que fui incapaz de mover mis brazos para alejarme de él.
"Dame otra oportunidad. No te defraudaré esta vez. Te amo. No sé como decirte adiós. ¡no puedo, no quiero!" en cuanto liberó mi cuerpo de su abrazo, clavó su mirada sobre la mía y vi gruesas lágrimas resbalar por sus mejillas.
¿Qué sentido tiene haber permitido que esta platica se diera desde un inicio?
Debí haberme mostrado firme en mi indiferencia.
Es mejor que me crea frívola e incluso superficial, que verme ahora en la necesidad de destrozarle una vez más el alma con verdades que no está preparado para escuchar.
"Lo nuestro quedó en el pasado. Ahora estoy con Terry. Lo amo. Acéptalo por favor" sus lágrimas continuaron cayendo, pero su gesto entristecido fue sustituido rápidamente por otro diametralmente distinto.
Las líneas de expresión de su entrecejo se marcaron tanto cuando frunció su ceño, que por un momento tuve la impresión que no era Loyd el que se encontraba frente a mi, sino otra persona que no conocía.
Violentamente, me tomó de los brazos, y en su arrebato, estrelló mi cuerpo contra la pared más cercana, golpeándome en el proceso la cabeza.
"¡NO, NO Y NO! ¡MIENTES!" su grito ensordecedor hizo eco a lo largo y ancho del pasillo "¡Tu no lo amas, estás confundida! Ese sujeto te está influenciando con sus mentiras. Es un actor que lo único que sabe hacer es pretender que siente amor por ti, cuando el único que te ama de verdad soy yo" espetó con fiereza.
Sus dedos comenzaron a enterrarse con saña sobre la piel que recubre mis brazos.
"Loyd, me estás haciendo daño…" parecía no escuchar una sola de mis palabras.
Está tan dominado por sus celos, que no se ha dado cuenta siquiera que mis pies han dejado de tocar el suelo debido a la fuerza que está imprimiendo en su agarre.
"¡Regresarás a mi lado quieras o no! Te salvaré de sufrir nuevamente en brazos de ese sujeto que lo único que deja a su paso es muerte y desgracia. ¿¡Acaso quieres acabar muerta como su esposa?! Abre los ojos Candy, él es un asesino"
¿Quién es esta persona que dice tantas locuras juntas?
No lo conozco.
"¡LOYD, SUÉLTALA!" el puño de Archie se estrelló contra la mandíbula de Loyd.
Antes que pudiera caer al suelo, el padre de Terry me tomó del brazo y me acunó contra su pecho mientras me alejaba de Loyd y la ira que lo consumía.
"¡CANDY!" distinguí los gritos de Annie, Alisa y Eleonor en medio de la conmoción.
"Pequeña, ¡¿estás bien?!" la voz de Albert imploraba mientras analizaba con severidad las marcas rojas que Loyd dejó impresas en mi piel.
Por el momento no hay dolor, pero en unas horas será otra historia.
"¡Eres un maldito, infeliz!" volví a dirigir mi atención hacia Archie y Loyd.
Este último sangraba profusamente de la nariz.
Su mirada iracunda nos recorrió a cada uno de nosotros, pero cuando sus ojos se toparon con los míos, se detuvo.
"Estás ciega de un falso amor por ese sujeto. Ese hombre será tu ruina, Candy. Quieras o no, te salvaré. No permitiré que vuelva a hacerte daño. Eliminaré a Terruce Grandchester de tu vida aunque termines odiándome en el proceso" sin darme la oportunidad de responderle, se dio la media vuelta y se fue.
"¡LOYD, DETENTE!" Archie quiso seguirlo, pero la voz glacialmente tranquila de Albert, lo contuvo.
"Archibald, déjalo ir" visto desde fuera, Albert parecía sereno e inalterable, pero yo que lo conozco mejor que nadie, sé que ahora mismo está tomando decisiones contundentes para enfrentar las amenazas de Loyd.
Furioso, Archie aspiró profundamente y asintió al tiempo que Annie analizaba los nudillos lastimados de su esposo.
"¡Loyd está loco!" espetó Archie aun ronco por la furia y bajé la mirada.
"Está ciego de dolor, y eso es lo que más me angustia. Albert ¿crees posible que le haga algo a Terry durante la gira?" besó la coronilla de mi cabeza y negó en silencio.
"No lo permitiré, pequeña. Terry irá custodiado en todo momento por personal de seguridad contratado por mí. Después de lo que aconteció aquí, sería irresponsable de mi parte dejar a mi amigo indefenso" respiré más tranquila al tiempo que colocaba una mano sobre mi pecho.
"Yo también haré lo mismo. Nadie le pondrá un dedo encima a mi hijo. Ese hombre no sabe con quien se está metiendo" la mirada de Richard fue implacable.
Jamás había visto ese brillo asesino en su mirada.
Ya no carga el título de Duque, pero sigue contando con los medios que goza la aristocracia británica para acallar con justicia a quien ellos consideren un peligro.
Y ahora mismo en la lista de Richard, Loyd es un objetivo que es necesario eliminar.
"Richard, mi amor, cálmate" Eleonor tomó cariñosamente una de sus manos. Él aun tenso, asintió sin atreverse a hacer audible su respuesta "Candy, ¿estás bien? ¿quieres que te llevamos a un hospital?" estruendos, risas animadas y aplausos distrajeron mi atención por completo.
"¡La obra ya empezó!" sin detenerme a darle explicaciones a nadie, tomé la tela de mi vestido y corrí hacia mi asiento seguida de cerca por los pasos presurosos de mi familia.
Terry debe estar preguntándose porqué no estoy en mi lugar, me dije.
En cuanto mi mirada y la suya se cruzaron, el mundo a mi alrededor, así como mi angustia pasada, dejó de importarme.
Ya mañana le daré paso a la ansiedad y la zozobra. Ahora, lo único que me importa es Terry y nuestro ahora.
Toda mi atención está dirigida a cada movimiento que realiza sobre el escenario, a cada cambio de expresión que se dibuja en su rostro mientras recita con absoluta perfección las líneas de su personaje.
Me hizo llorar, y al mismo tiempo, reír a carcajadas más de una vez.
Su representación es tan impecable, que percibí la trama de la obra muy probablemente había influenciado un poco su desempeño; relaciones familiares difíciles, el destierro, y al final, reconciliaciones inesperadas, son situaciones que él ha vivido en carne propia después de todo.
En cuanto hubo terminado la función, me puse de pie y grité su nombre tan fuerte mientras le decía que lo amaba, que no me importó en absoluto atrapar las miradas curiosas de conocidos y desconocidos.
Terry desde su lugar en el escenario, me observó bastante divertido he de admitir, sin embargo, me mandó un beso con su mano, y sin pena ni recato, le devolví el gesto con la misma vehemencia que la suya.
Me siento tan feliz, que el incidente con Loyd lo olvidé por completo.
Alisa mientras tanto, contagiada por la emoción del momento, se inclinó sobre el palco para susto de sus padres y saludó entusiasta a su hermano, el cual, aun mirando en nuestra dirección, nos sonreía satisfecho. Feliz.
"Jamás había tenido la oportunidad de ver esta puesta en escena. Fue sencillamente maravillosa. Terruce ha hecho un excelente trabajo" Richard habló con tanto orgullo de su hijo, que una inesperada calidez inundó mi corazón al ver que por fin, mi Terry tiene la familia que merece.
"¡Mi hermano es el mejor de todos!" las miradas curiosas de personas del público continuaban observando fijamente en nuestra dirección.
Alisa, al escuchar su nombre como un suave eco entre la masa de gente que yacía debajo de nuestro palco, les sonrió al tiempo que ondeaba su mano en el aire como la estrella que es.
"Alisa mi cielo, es hora de ir al camerino de tu hermano" Eleonor tomó la mano de su hija, le dedicó un saludo al grupo de gente que clamó su nombre y desapareció de la mirada curiosa de sus seguidores.
Estábamos por salir del palco cuando algo en mi cuerpo sorprendió tanto a mis amigos, que sin reparo posaron sus miradas indiscretas sobre mí.
¿Se me rompió el vestido? ¿me despeiné?, me pregunté, pero fue el propio Albert quien me reveló lo que pasaba.
"Pequeña… tus brazos…" miré por debajo de mis hombros y noté los oscuros moretes que lentamente adoptaban la forma de las manos de Loyd.
"¡Mira como te dejó ese infeliz! No creí que Loyd fuera capaz de maltratar de esa manera tan mezquina a una mujer" con la furia brillando en sus ojos, Archie observó impotente los moretes de mis brazos.
Yo mientras tanto estaba preocupada por algo más importante que mis heridas.
¿Cómo esconderé mis brazos de Terry?, me pregunté mentalmente al tiempo que clavaba mi mirada sobre el abrigo de piel de Annie.
No quiero ocultarle algo tan importante como lo sucedido con Loyd horas atrás, pero decírselo minutos antes de que se vaya de gira sería una crueldad innecesaria.
"Annie, préstame tu abrigo. No quiero que Terry vea mis moretes" sin hacer preguntas, hizo lo que le pedí.
"¿Le ocultarás a Terry la verdad?" levanté mi mirada hacia Albert y negué con la cabeza.
"Sólo estoy aplazando el momento para confesarle lo sucedido. Hoy se va de gira. Que bien puede traerle llevarse este mal sabor de boca consigo a su viaje. Deseo verlo partir con la sonrisa que nos dedicó desde el escenario. Además, tú y Richard enviarán a custodios para que protejan de él durante toda su gira ¿no es así?" Albert colocó con suavidad uno de sus brazos alrededor de mis hombros y asintió.
No estoy segura si Richard y Eleonor estaban de acuerdo conmigo en ocultarle momentáneamente la verdad a Terry.
Precautoriamente, debí haber pedido su parecer, pero ya es demasiado tarde.
Ahora mismo estamos aguardando en el camerino de Terry, el cual, cuando apareció por la puerta perfectamente arreglado para emprender su largo viaje, me lancé a sus brazos.
"¡Estuviste magnífico!" espeté emocionada.
Su sonrisa se tornó más amplia cuando me escuchó hablar. Como si mi opinión fuese la única que le importara.
"¡Fuiste el mejor de todos, Terry!" repuso Alisa jubilosa mientras saltaba a sus brazos.
Terry le dio vueltas en el aire, para después, acunarla fuertemente contra su pecho.
Dejará de ver a su familia un tiempo.
Imagino que quiere pasar tanto tiempo con ellos como le sea posible.
"Magnífica actuación como siempre. Felicidades, Terry" Albert le sonrió a su amigo.
"Verte en pantalla es sorprendente, pero no se compara con ver tu trabajo en vivo y sobre un escenario. Excelente trabajo, Terruce. Tu madre y yo estamos muy orgullosos de tus logros"
Emocionado por las palabras de Richard, Terry bajó la mirada, y sin soltar a Alisa, se dejó abrazar por sus padres.
Archie, Albert, Annie y yo les dimos cierta privacidad.
Seguramente quieren despedirse de su hijo al tiempo que le profieren palabras de aliento.
Terry es deslumbrante. Su felicidad es tan contagiosa, que esa calidez que ahora lo embarga, la he hecho mía también, sin embargo, cuando Richard y Eleonor intercambiaron con él unas palabras que desconozco, la expresión de Terry se oscureció.
Desde esta distancia fui testigo de cómo la expresión de felicidad que se había dibujado previamente en su rostro, fue sustituida gradualmente por el enojo.
¿Acaso le están contando lo sucedido con Loyd?
La angustia tomó presa a mi corazón.
Al ver que Terry daba manotazos en el aire y caminaba colérico hacia nosotros dejando atrás a sus padres visiblemente afligidos y alterados, temí lo peor.
Respiré profundamente y actué lo más natural posible.
"¿Todo bien, mi amor?" sin hacer audible su respuesta, negó con la cabeza.
Terry es una persona a la que no se le debe forzar a hablar.
Cuando se sienta preparado, él mismo me dirá lo que sucede, pero de algo estoy segura, sea lo que sea que Richard y Eleonor hablaron con él, nada tenía que ver con Loyd y nuestro altercado.
"Por cierto, ¿por qué durante el inicio de la obra el palco estaba vacío?" su pregunta me sacó por completo de balance.
Silencio.
No pensé en ninguna posible respuesta a su cuestionamiento.
Por supuesto, Terry notó enseguida mi turbación.
"Díselo Candy. De nada sirve ocultarle la verdad a mi hermano" giré violentamente mi rostro hacia Alisa.
"Alisa, pero…" estoy tan pasmada por la fría determinación de esa pequeña, que me quedé sin habla.
"¿Ocultarme qué? Candy, de que habla mi hermana" inquirió Terry cada vez más intranquilo.
Impotente, clavé mi mirada en el suelo incapaz de seguir observándolo.
"Mi cielo. Guarda silencio, por favor"
"No mami. Mi hermano merece saber que me caí en el baño. Terry, mis papis se asustaron, y fueron por Candy y los demás para que me revisaran. No querían decírtelo para que no te fueras preocupado a tu viaje por mi culpa" aliviada, levanté inmediatamente la mirada.
Turbado, Terry colocó a su hermana sobre un sillón y comenzó a revisarla completamente angustiado.
"¿¡Te caíste?! ¿¡pero estás bien?!" con una sonrisa, Alisa asintió "seguramente sucedió porque andabas corriendo de un lado a otro como siempre. Debes ser más cuidadosa. Me preocupo mucho cuando algo así te sucede. ¿Me prometes que en mi ausencia te portarás bien?" seria, Alisa asintió.
"Disculpe Sr. Grandchester, todos están listos. Lo esperan en el estacionamiento" Terry dejó escapar un lánguido suspiro y asintió al tiempo que comenzaba a despedirse de todos.
A sus padres, pese la ríspida plática que tuvieron minutos atrás, los envolvió en un fuerte abrazo mientras les decía que los quería.
Albert, Archie y Annie le auguraron éxito durante su gira, pero cuando fue mi turno de despedirme, le dediqué la sonrisa más alegre de la que era capaz de esbozar mi rostro.
"Te amo, Candy" como su estuviese hecha de cristal, colocó sus manos sobre mis mejillas y me besó.
El calor de sus labios, su suave aroma, la intensa calidez de su mirada, la frialdad de su piel, todo lo grabé con abrumadora exactitud en mi corazón.
Dios, lo extraño tanto y aun no se ha ido.
¡No te vayas! ¡quédate conmigo! quise decirle mientras lo abrazaba con fuerza contra mi pecho, pero no pude hacer audible mis más egoístas pensamientos.
No sería justo.
El amor de mi vida es un actor famoso y reconocido.
Este es su sueño, y a pesar que mi dolor de verlo partir es grande, más fuerte es mi anhelo por ayudarlo a llevar su más valioso anhelo tan lejos como le sea posible.
"Te advierto que cuando regreses, serás solamente mío" con un brillo travieso iluminando su mirada, asintió "te amo, Terry"
Depositó otro beso sobre mis labios, aspiró el aroma de mi cabello y al tiempo que acariciaba mi rostro con su mirada, se despidió de mi prometiendo regresar pronto.
_Terry_
Por fin hemos llegado a Londres.
Después de dos meses de gira, finalmente nos encontramos en nuestro último destino.
15 días de viaje en un barco viendo solamente la inmensidad del mar, termina siendo sumamente abrumador y fastidioso.
El espectáculo es sin duda esplendoroso, pero estoy seguro que si me hubiese acompañado Candy, disfrutaría más de este panorama.
La próxima vez que salga de gira no lo haré solo. Ella vendrá conmigo como mi esposa.
Me llenó de ilusión esa idea.
"¿Qué sientes al estar de regreso en tu país natal, Terry?" preguntó casualmente Robert mientras esperaba junto conmigo en cubierta para poder descender del barco.
"Me gustaría decirte que estoy feliz pero no es el todo cierto. Son más los malos recuerdos que tengo de este lugar que los buenos, además, hay personas con las que no deseo encontrarme"
Lo que menos quiero, es toparme con esa vieja con cara de cerdo que fungió como mi madrastra por tantos años.
Mientras admiro el puerto de Southhampton desde la cubierta, recuerdo la última vez que estuve aquí.
Admiré el mismo panorama varios años atrás con la creencia de que no regresaría jamás a este lugar.
En ese momento, maldije Londres por toda la miseria en la que me vi obligado a vivir.
Ahora, reconozco que mi juventud e inmadurez fueron la que me ayudaron a creer en esa falsa verdad.
Amo mi país.
Mi conflicto radica en los oscuros recuerdos que alberga mi corazón.
Este último pensamiento trajo a mi mente la plática que tuve con mis padres en el camerino del Ambassador Hotel antes de partir hacia la estación de trenes.
Recuerdo que mi familia y amigos me felicitaba por mi actuación en la obra de La Tempestad, pero cuando mi padre me dijo lo orgulloso que estaba de mi trabajo, me sentí tan feliz con su reconocimiento, que no me importó mostrar mi vulnerabilidad frente a todos.
Sin pena, me dejé mimar por ellos, mientras que Alisa, aun en mis brazos, me confortaba en silencio.
"Terruce, quiero pedirte algo muy importante" aun abrumado por la emoción asentí.
Haría lo que mi padre me pidiera, pero cuando vi su expresión seria y compungida me preocupé.
"Ahora que regresarás nuevamente a Londres, te pido que vayas a ver a tu hermana. Ella no es la misma persona que recuerdas. Ha cambiado mucho" incrédulo por su petición, di un paso hacia atrás.
"¡No puedes estar hablando enserio, papá!" grité mientras daba un manotazo en el aire.
"Cálmate Terry. Escucha a papi"
Alisa es demasiado joven.
Jamás comprenderá el odio tan grande que le profeso a esas personas.
Cuando intento dejarlos atrás, las cicatrices sobre mi espalda me recuerdan que perdonar a esos sujetos es sencillamente impensable.
"Terry, mi cielo, tu padre no te estaría pidiendo esto si no estuviera al tanto que tu media hermana es diferente a la niña que conociste. Cuando vivías con ellos, ella estaba influenciada por su madre. Ahora ya es una mujer. Al menos date la oportunidad de escuchar lo que tiene que decirte. Te lo suplico" con lágrimas en los ojos mi madre tomó una de mis manos.
No pueden estar pidiéndome esto. ¡No pueden!
"¿También tu me pides imposibles, mamá? No puedo perdonar a esa gente. Ya no quiero hablar de ese asunto ni ahora ni nunca, ¿está claro?"
Dicho eso zanjé el tema.
Aun soy incapaz de perdonar mi pasado por completo.
Desconozco si algún día tendré la fuerza para dejar todo completamente atrás.
Aunque mis padres y la misma Alisa en silencio me pedían buscar a mi media hermana, no lo haré. Si lo hago no se si seré capaz de contener mi furia.
Me temo que en el proceso descargaré injustamente todo mi resentimiento contra ella.
"Descansaré en mi habitación, Terry. Mañana será un día pesado" la voz de Robert me sacó de mi ensimismamiento.
Hacía menos de dos horas llegamos a nuestro hotel.
"Yo daré una vuelta por los alrededores" dije.
"Que envidia. Yo estoy desecho. El cambio de zona horaria no afecta tanto cuando se es joven" sonreí divertido y me despedí de Robert en el proceso.
Quiero visitar un lugar que hace más de 10 años no veo.
Mi antigua prisión, pero donde irónicamente, encontré el motivo de mi futura felicidad.
El Real Colegio San Pablo.
Como si nunca me hubiese ido, recorrí el camino de memoria.
Londres no ha cambiado mucho desde que me fui, pero al mismo tiempo, luce diferente.
Más congestionado. Más moderno.
La esencia de este lugar no ha cambiado en absoluto.
El mar salado, la humedad, he extrañado estos aromas desde que partí.
Es algo que Nueva York no podrá ofrecerme jamás.
En el justo momento que detuve mi andar, el Big Ben que se alzaba en el horizonte, indicó que ya eran las cuatro de la tarde.
Finalmente he llegado al lugar que en mi adolescencia no sabía añoraría tanto.
Es como viajar en el tiempo, pensé.
Después de todo, el Colegio San Pablo no ha cambiado en absoluto.
Por increíble que parezca, la enorme estructura resistió los cuatro años que duró la guerra.
Temía que cuando regresara a Londres, el Colegio que recuerdo con demasiada exactitud, ya no sería el mismo que guardo celosamente en mis memorias.
Aun conserva el mismo enrejado negro, las mismas columnas, el mismo recubrimiento de ladrillos grises y lóbregos, pero sobre todo, el enorme jardín que tanto fascinó a Candy a su llegada, el cual, se convirtió en nuestro refugio durante nuestra estadía en este lugar, que ahora no me parece tan gris como en ese entonces.
"¿Está bien, Sr. Grandchester?" preguntó uno de los 6 custodios que me siguen a todas partes.
No sé porque Robert se empeñó tanto en poner este fuerte sistema de seguridad a mi alrededor.
Soy famoso pero esta medida precautoria me parece excesiva.
"Todo bien" respondí secamente sin despegar mi mirada de la gran edificación.
De pronto, una figura oscura en la distancia se acercó presurosamente hacia mí.
Conforme la figura de esa persona se fue tornando más clara, la reconocí al instante.
"Hermana Margaret, buenas tardes" en cuanto la religiosa clavó su mirada marrón sobre mí, me sonrió y sin esperarlo siquiera, me abrazó.
"Oh, Terry. Qué alegría me da volver a verte" dijo ronca por la emoción.
Vista de cerca, la hermana no ha cambiado nada, aun conserva la mirada gentil que recuerdo.
"Pasa por favor" sorprendida por el séquito de hombres de traje oscuro que me siguen, sonrió bastante divertida mientras me guia por los conocidos pasillos del Colegio "olvido que eres un actor famoso y reconocido. He seguido de cerca tu carrera desde que actuaste en el Rey Lear. Has llegado muy lejos, Terry" no hizo el intento en ocultar el orgullo que sentía.
Sonreí.
Ella es una de las pocas personas que recuerdo con bastante cariño de mi época de estudiante.
"Si a alguien le debo lo que soy es a usted, Hermana. No olvidaré jamás que fue usted quien me compró a mi yegua cuando lo único que tenía en el bolsillo eran mis sueños y aspiraciones" detuvo su andar y negó con su cabeza sin borrar la sonrisa que se dibujaba en su boca.
"Lo que eres te lo debes a ti mismo, Terry, yo sólo hice lo que consideré correcto" dijo.
"Hizo más que eso y lo sabe" nos detuvimos frente a una enorme puerta doble de madera que reconocí al instante.
La imponente oficina de la Hermana Gray.
A mis custodios les hice una seña para que me esperaran afuera.
Quería platicar en privado con ella sin tenerlos cerca.
"Usted me siguió hasta el establo de Londres donde planeaba vender a Teodora y se ofreció a comprármela por un precio superior al que originalmente quería venderla" con su mano me indicó que tomara asiento.
En silencio, la vi preparar unas tazas de Té cuyo sabor aun no reconocía, pero el aroma dulce y suave yacía impregnado en el ambiente.
"Cuando la Hermana Gray, en paz descanse, expulsó a Candy y acto después decidiste tomar su lugar, me pareció injusto. Yo sabía que Elisa había fraguado toda esa farsa de citarte a ti y a Candy en el establo esa noche, pero mi posición en ese entonces me limitaba. Sólo podía observar y acatar las órdenes que me daba la madre superiora dentro del Colegio, pero cuando te vi salir con tu yegua, supe que era mi oportunidad para ayudarte" con una sonrisa juguetona adornando su rostro, volvió a levantar la mirada hacia mi "fuera del Colegio no me veía en la necesidad de seguir las órdenes de nadie"
Sorbió un poco de su infusión y mientras yo dejaba la taza sobre el gran escritorio de roble con brocado que recordaba, miré hacia mi izquierda y vi la pequeña loma que Candy bautizó como la segunda colina de Pony.
"Gracias a la intriga de Elisa tuve el valor de seguir mi sueño. Aunque me separé de Candy, el destino me unió a ella por segunda ocasión. Soy una persona afortunada, a pesar de todo" me sonrió.
Tras de ella, vi una placa negra con su nombre y cargo grabado con letras doradas.
Orgulloso de su logro, sonreí.
"Por lo que veo, ahora usted es la directora del Colegio. Los estudiantes no pueden tener mejor guía que usted" ligeramente sonrojada, asintió.
"Cuando falleció la Hermana Gray durante la guerra, el consejo me puso en su lugar. Varias cosas han cambiado desde entonces. Para bien creo yo. Al menos, los estudiantes no se quejan mucho al respecto" dijo con un tono divertido y nos reímos juntos.
Durante el lapso de una hora, platicamos del pasado, de nuestras anécdotas, de mi trabajo, y al último, le mostré orgulloso una fotografía de mi hermana.
La religiosa por supuesto hizo mención del inmenso parecido que Alisa guarda conmigo; el mismo cabello rubio, la misma cara, y sobre todo, la misma sonrisa.
"Me gustaría dar una vuelta por el lugar antes de irme, si no es mucha molestia, Hermana" cruzó las manos bajo su mentón y de pronto, adoptó una mirada seria e inquisitiva "procuraré no alterar a los estudiantes con mi presencia, si ese es el problema" negó inmediatamente con la cabeza al tiempo que se ponía de pie.
"Mi actitud nada tiene que ver con tu petición, es sólo que me gustaría pedirte un gran favor" confundido por su sombría actitud, asentí.
"Lo que desee, Hermana" como si se estuviera armando de valor para hablar, soltó un largo suspiro y asintió para sí misma.
Por un absurdo momento creí que quería pedirme un autógrafo y no se atrevía a hacerlo.
Con una actitud bastante lúgubre, se levantó de su asiento, y con el mismo gesto serio se sentó frente a mi al tiempo que tomaba mis manos entre las suyas.
Las líneas de expresión de su entrecejo estaban profundas al igual que las que contorneaban sus ojos marrones.
Sea lo que sea que estaba por decirme, la llenaba de angustia y zozobra.
"Terry, te pido que lo que voy a decirte lo tomes con calma y escuches, pero sobre todo, no te dejes llevar por la furia y el rencor"
"No la entiendo…" empecé a hablar, pero me detuvo con un gesto de su mano.
"Prométeme que te darás la oportunidad de escuchar su lado de la historia" odio sentirme confundido y más, que la gente sea críptica conmigo.
Sin tener otra opción, asentí para tranquilidad suya.
La hermana se acercó a la puerta de la oficina y salió un momento.
Segundos después entró con una joven alta y respingada de no más de 21 años de edad.
Han pasado muchos años desde la última vez que la vi, pero reconocí al instante su cabello lacio color negro, el cual, luce un corte tipo bob tan pequeño, que con dificultad la punta más larga cubre su oreja, su nariz es una copia fiel de la de su madre, pero el color de sus ojos son el vivo retrato que el de nuestro padre.
"Elina" violentamente, me puse de pie con la intención de marcharme.
De entre todos los lugares, tuve que toparme con mi media hermana aquí, en el Colegio San Pablo.
"Terry, me prometiste que escucharías" la hermana Margaret se interpuso en mi camino.
Furioso, cerré los puños y di varios pasos hacia atrás mientras pasaba mis manos por mi cabello.
"¿Por qué me hace esto hermana?" repuse sin dejar de ver intermitente a Elina, la cual, temerosa se mantenía escondida detrás de la religiosa.
"No tiene caso, Hermana Margaret. Terry me guarda mucho rencor y no lo culpo" la voz de esa joven distaba mucho de aquella aguda y mordaz que recuerdo de mis años viviendo a su lado en uno de los castillos de mi padre.
Ahora, su voz se había tornado suave, gentil, incluso su mirada ya no refleja el desagrado que su madre sembró en ella durante sus primeros años de vida.
¿Era eso suficiente motivo para permitirme escucharla? ¿es este el cambio al que se refería mi padre?
"Jamás rompo una promesa hecha. Qué deseas decirme, Elina" la Hermana Margaret me sonrió.
"Platiquemos en el jardín ¿vamos?" irritado, asentí.
En compañía de mis custodios, nos desplazamos en silencio por los pasillos del Colegio, pero en cuanto llegamos a los jardines, los recuerdos de mis adolescencia en este lugar llegaron uno tras otro.
"Cuando papá nos indicó que Milton y yo estudiaríamos en el Colegio San Pablo, mamá enfureció" detuve mi andar y giré mi rostro a un costado mío.
Elina tomó asiento lentamente sobre el pasto.
Con mi mano le indiqué a los custodios que no dejaran acercarse a nadie, lo cual fue innecesario porque a esta hora los estudiantes de esta institución, aún están en clase.
"Para mi era normal que mamá me dijera que hacer, como comportarme, que sentir. Tú eras el centro de toda su infelicidad y en consecuencia la mía. Yo sabía que a mi no me habías hecho nada, pero mamá toda la vida me dijo que eras malo para nosotros, y como toda niña, le creí a mi madre" abrazó sus piernas con sus brazos y enterró su mentón sobre sus rodillas.
Quise hacer un comentario sarcástico e hiriente, pero preferí callar al verla sumida en sus pensamientos.
En contra de mi voluntad, noté sinceridad en su relato, por lo que decidí sentarme a su lado.
"No se me inculcó pensar por mí misma. Mamá siempre dijo que eras un bastardo. Que no sentías nada en absoluto. Ni dolor, ni frustración, ni agonía. Que habías nacido para ser maltratado porque al final ese era un mandato que Dios le había designado sólo a ella" furioso resoplé ante sus palabras captando su atención al instante.
"¡Qué mujer tan demente y estúpida!" espeté y Elina asintió lentamente.
"La primera vez que comencé a sospechar que el mundo que mamá creó para nosotros no era real, fue cuando vi que ella te azotaba con su fusta. Era una niña de 9 años, pero cuando te veía sangrar y sufrir de esa manera, me pregunté si realmente eso era lo que Dios quería para ti como mamá nos decía todos los días. Ahora a mis 21 años, me pregunto si pude haber hecho algo por ti en ese entonces" susurró sin dejar de mirar hacia el cielo.
Casi al instante, dejó escapar un largo suspiro y bajó su mirada completamente abatida.
"Se habría enfurecido más conmigo. Seguramente en su desvarío ella habría creído que mi influencia te estaba dañando de algún modo" sonrió bastante divertida al imaginar la escena.
Es la primera vez en toda mi vida que la veo sonreír.
Para mi beneplácito, Elina heredó la sonrisa de nuestro padre.
"Seguramente eso es lo que habría sucedido. Poco a poco comencé a darme cuenta que no estaba de acuerdo con el proceder de mi madre, desafortunadamente tu estabas de internado en el Colegio y en ese momento no había modo de contactarte, y creo que si te hubiera hecho llegar una carta, jamás la habrías leído" no lo dije en voz alta, pero le di la razón.
Lo que menos deseo es forjar una relación de hermanos con ella, y en ese entonces, mi odio hacia ella y todo lo relacionado con su madre era tan grande, que habría roto la misiva antes de atreverme a pensar en leer su contenido.
"Cuando papá nos dijo que estudiaríamos contigo, me puse feliz. Creí que por fin se me presentaría la oportunidad de pedirte disculpas y de formar una relación de hermano-hermana contigo. Mamá por supuesto enfureció. Le exigió por todos los medios a papá que nos enviara a otro Colegio en Francia. No quería por ningún motivo que nos relacionáramos con el bastardo de papá, como solía llamarte, pero él se negó. Cuando nos informó que habías sido expulsado del Colegio por proteger a otra chica, me puse a llorar en secreto, pero fue gracias a la Hermana Margaret que mi visión del mundo frívolo y vacío que mamá me inculcó, cambió. Además, la guerra y lo que vi, me hizo enfrentarme a una realidad que no conocía. Ya no podía hacer nada por protegerte de la ira insulsa de mi madre, pero podía hacer algo por la gente herida que se encontraba en las calles, que pasaba hambre o frío, así que en contra de la voluntad de mi madre pero con ayuda de mi padre, convertimos el castillo en Escocia en albergue para los heridos de guerra. No era mucho pero, para esa gente la ayuda que le dábamos era demasiada" sorprendido, clavé mi mirada sobre ella.
"Mi papá nunca me dijo eso" no fui capaz de ocultar mi sorpresa.
Elina giró su rostro hacia mí, y sin poder evitarlo me sonrió.
Las tenues pecas que cubren sus blancas mejillas danzaron frente a mis ojos.
"Ese era nuestro secreto. El no tenía autorización para revelarlo" orgullosa de si misma levantó la nariz en dirección opuesta a mi y por primera vez sucedió algo insólito; comencé a reír con ella sin ninguna animosidad presente.
De pronto, la ansiedad tomó presa las facciones de su rostro.
Como si su vida dependiera de ello, tomó entre sus manos temblorosas las mías y con su voz convulsa, habló.
"¡Perdóname Terry!" los ojos azules de Elina estaban cristalinos por las lágrimas que amenazaban con salir "perdóname por ser tan débil, y por haber permitido que mi mamá abusara tanto de ti" sin poder contenerse, las lágrimas comenzaron a bañar intempestivamente su rostro.
Jamás me ha gustado ver llorar a una mujer, me dije.
Saqué mi pañuelo de mi bolsillo y sequé con cuidado sus mejillas para sorpresa suya.
"Eras una niña, Elina. ¿Qué podrías haber hecho entonces? Injustamente te he culpado cuando, al igual que yo, fuiste una víctima de las circunstancias y de tu madre. Creo que si yo hubiese estado en tu lugar, también le habría creído a mi madre" una diminuta sonrisa se dibujó en sus labios.
"No me mientas tan dulcemente. Yo sé que tu jamás habrías actuado así. Estoy segura que tu proceder hubiera sido muy diferente al mío" cuando una helada brisa nos envolvió a ambos, Elina rodeó sus hombros con sus brazos.
"Lo mejor será regresar con la Hermana Margaret. Está bajando mucho la temperatura" coloqué mi saco sobre su espalda y nos pusimos de pie "tengo una pregunta que hacerte, ¿qué haces en el Colegio?. Dudo mucho que seas una estudiante" musité con curiosidad.
"Vivo temporalmente aquí" sin detener mi andar, giré mi rostro hacia ella completamente turbado "mis hermanos no comparten mi manera de pensar, ni mucho menos mi deseo por integrarte en mi vida. Ellos están hechos al estilo de mi madre. Así que cuando mi hermano tuvo el título de Duque, me echó de casa aprovechando que ya soy mayor de edad. Papá enfureció. Por supuesto se ofreció a ayudarme pero me negué, aun así me trajo al Colegio y la Hermana Margaret se ofreció a darme asilo un tiempo. Trabajo de ayudante de maestra, recibo una pequeña paga por ello, pero no creo ser lo suficientemente buena en lo que hago. Creo que los alumnos toleran mi torpeza porque creen que conseguirán verte algún día" se rio de su comentario.
Como si lo que decía fuese completamente improbable.
"¿Por qué jamás aceptaste la ayuda de mi papá?" por un momento bastante prolongado guardó silencio.
Tuve la impresión que no sabía si confesarme su sentir era correcto o no.
"La respuesta es simple. Papá me proponía irme a vivir a Nueva York con él. Pésima idea ¿no te parece?. Tú me odias, para Alisa no soy más que una desconocida, y bueno, para tu madre no creo que sea grato verme siendo hija de quien soy" confesó con más franqueza de la que esperaba.
"Mi madre jamás te trataría mal. Alisa estaría encantada de tenerte en casa y en cuanto a mí no te odio, Elina" sin decir nada, giró su rostro rápidamente hacia mí, como esperando que completara la frase "no ahora al menos…" me sonrió con cierta melancolía.
"Es bueno saberlo, Terry"
Ni en mis más locas ideas imaginé que tendría esta platica con Elina, ni mucho menos creí que su plática causaría un impacto tan profundo en mi manera de sentir y de pensar con respecto a lo que ella me inspiraba en el pasado.
Dos horas atrás, era impensable siquiera oír su nombre sin que la cólera se apoderara de mí. Ahora, me encuentro admirando discretamente su fisonomía, esperando ver a través de sus rasgos algo que ponga en evidencia nuestro parentesco.
Es más alta que el promedio de la mujer actual. Estoy seguro que mide 1,75 cm. Su piel es casi tan blanca como la de Candy, pero las pecas que decoran sus mejillas, aunque escazas, se han atenuado con el tiempo al punto que muchas de ellas se distinguen sólo si la observas fijamente. Sus ojos azules son pequeños como los de mi papá, pero con una gruesa capa de pestañas tan oscuras como su cabello, mientras que su cuerpo dista mucho del de aquella niña pasada de peso que recordaba. Ahora es una mujer espigada, con atributos capaces de levantar más de un suspiro.
"Te ves bien con ese corte de cabello" sonrojada, pasó su mano nerviosamente por el mechón que a penas cubre su oreja.
"Mamá enfureció cuando me lo corté. Fue un acto de rebeldía, lo admito, pero me gusta. Creo que me veo bien. Diferente a ella al menos" dijo.
"Veo que finalmente han hablado. Me alegro mucho" asentí mientras veíamos a la Hermana Margaret esperándonos afuera de su oficina.
"Gracias por haberte tomado el tiempo de escuchar mi historia, Terry" dijo sin dejar de sonreír.
¿Así nada más? ¿no me pedirá ayuda? ¿dinero? Por Dios, no puede seguir viviendo aquí.
"¿Cuánto tiempo permanecerás en Londres?" inquirió curiosa la Hermana Margaret.
"Nos vamos mañana en cuanto termine la función. El viaje de regreso a Nueva York es largo" Elina me observaba tranquila. Feliz.
Por un momento me dio la impresión que ella es de esa clase de personas que no necesitan mucho en la vida para sentirse plenas y satisfechas.
Familia, compañía, amor.
Nada diferente a mis propios deseos realmente.
"Qué lástima. Me habría gustado platicar más contigo. Salúdame a Candy. Espero verlos muy pronto y esta vez juntos" sonreí y asentí esperanzado.
"Elina, toma tus cosas. Es hora de irnos" confundida, me observó como si estuviese hablando en un idioma desconocido "¿no hablas inglés? apresúrate, no tengo mucho tiempo" abrió la boca más de una vez, pero en ningún momento emitió sonido.
"Elina…" la Hermana Margaret se acercó a ella y le susurró algo que no alcancé a escuchar.
Mas tranquila y con mejor semblante, mi hermana salió corriendo por el pasillo.
"¿Qué le dijo, Hermana?" la curiosidad tomó lo mejor de mí, pero no quería quedarme con las ganas de saber en que había consistido su intercambio de palabras.
Divertida, la Hermana se rio de mí fisgoneo sin reparo.
"Le dije que esta es tu manera de decirle que estás preocupado por su bienestar, pero que te diera tiempo para sanar a tu paso tus propias heridas. Hoy los dos dieron un paso muy importante en su vida. Uno que requiere de mucho valor y valentía; perdonar" me dirigí a una de las ventanas y admiré el atardecer nublado de Londres al tiempo que veía diversos grupos de estudiantes con el uniforme blanco grisáceo, reunirse excitados alrededor del jardín.
"Hermana, ¿usted sabía que cuando escuchara a Elina yo reaccionaría de esta manera?" pregunté quedamente, sin embargo, la religiosa me escuchó con claridad mientras se colocaba a un lado mío observando con falso interés a los estudiantes.
"Tenía fe en qué harías lo correcto. Tu hermana es una buena persona con un inicio en la vida complicado. Elina fue golpeada emocional y mentalmente desde que nació. No era capaz de protegerse, y si hubiera podido, ¿cómo sospechar a tan temprana edad que tu propia madre es tan nociva? Cuando Elina vino por primera vez al Colegio, no tenía autoestima ni voz propia. A pesar de tener la familia que tu careciste, se encontraba sola y a merced de los deseos dañinos de su madre, sin embargo, se armó de valor al salirse de su yugo para vivir su propia vida. Por supuesto que tu padre jamás la desamparó. El pago que recibe por su trabajo, es dado mensualmente por él. Ahora, tendrán todo el tiempo por delante para conocerse y fortalecer la relación de hermanos que jamás tuvieron la oportunidad de formar" afectado por sus palabras permanecí en silencio hasta que Elina regresó.
Para mi sorpresa, apareció con una pequeña maleta entre sus manos.
Me sorprendí que dentro de ella, estuvieran todas sus pertenencias.
Sin temor a equivocarme, mi equipaje es 4 veces más grande que el suyo y sólo cargo lo indispensable.
En cuanto nos despedimos de la Hermana Margaret, nos encaminamos al hotel.
El camino de regreso fue bastante movido.
La gente comenzó a reconocerme en las concurridas calles al tiempo que clamaban mi atención con frenesí.
Afortunadamente, los custodios evitaron a toda costa que se acercaran a nosotros.
Elina divertida, se rio de mi agitada vida a lo largo del camino.
Las tres funciones que se llevaron a cabo al día siguiente fueron todo un éxito, y mientras dirigía mi mirada tras bambalinas, mi hermana con un sencillo vestido, no paró de aplaudirme.
Nuevamente la vida me ha sorprendido.
Quizás por eso empatizo tanto con mi personaje de Próspero.
Relaciones familiares difíciles para terminar con reconciliaciones inesperadas.
Sin meditarlo un segundo, le sonreí a Elina desde mi posición en el escenario en más de una ocasión.
Con un agradable sabor de boca, me despedí temporalmente del público británico, prometiendo en silencio regresar pronto.
Ahora es momento de regresar a mi hogar. A donde mi corazón pertenece. Junto a Candy.
Fortuitamente no voy solo. Elina me acompaña.
Continuará...
Notas de la autora.
Otro personaje nuevo en la vida de Terry. Esta vez Elina. Su media hermana. Desde que empecé esta historia sabía que quería enmendar dentro de lo posible los lazos disfuncionales familiares que hay a su alrededor y que en este capítulo me abocaría exclusivamente a ello. Además por supuesto que en su viaje a Londres visitaría el Colegio San Pablo. Lugar donde conocío al amor de su vida.
Espero les haya gustado este capítulo y si es así me hagan llegar sus reviews.
¡Les mando besos y espero leerlos pronto!
