Finalmente terminé de redactar y editar este capítulo. Aquí y en wattpad mi historia ha sido bien recibida y no se imaginan el gusto que me da. A cada persona que se toma la molestia de mandarme un review, de seguir mi historia o de añadirla a sus favoritos, les doy las gracias.

Algo que me preguntan en privado algunas personas es si escucho melodías o canciones para inspirarme en escribir y la respuesta es si. Hay melodías específicas que he escuchado para inspirarme a escribir jajajaj. En caso que quieran saber cuales son háganelo saber en sus reviews y con gusto les póngo algunas en el próximo capítulo.


Capítulo 17. Sorpresas

6 de mayo de 1924

Como extrañé este espectáculo nocturno. ¡Las estrellas!, pensé admirado.

No podía dejar de ver el firmamento.

Amo Londres, pero por nada cambiaría este panorama.

Después de casi 3 meses de gira, finalmente estoy de regreso en Nueva York.

Mantuve contacto con Candy todo este tiempo por medio de telegramas, pero no fue suficiente.

De algún modo me conectan con ella, pero jamás será lo mismo que tenerla entre mis brazos viéndome con sus brillantes ojos verdes, escuchando la melodía de su voz cantando a mis oídos, admirando la belleza de su sonrisa mientras sus manos inquietas acarician distraídamente mis brazos, mis manos, mi boca.

¡Sus besos! por Dios, los necesito tanto que no sé como sobreviví 3 largos meses sin ellos.

Soy tan adicto a ella que con tal de saciar este ímpetu que me consume lentamente por dentro, me bastaría un beso, una caricia o una mirada suya para sentirme completo nuevamente.

Pero lo que más añoro es escuchar las palabras que repitió con tanto énfasis en cada mensaje que me envió. Te amo Terry.

Su amor es vital para mi.

No puedo vivir sin él.

Desafortunadamente por voluntad propia he decidido alargar mi agonía.

Le pedí a mis padres por medio de un telegrama que mantuvieran en secreto para Candy el día de mi llegada.

Quiero darle la sorpresa a mi amada de verme llegar a la celebración de su cumpleaños número 26 que le he organizado en complicidad con mi familia.

Muero de ansias por ver su expresión cuando me vea y caiga en la cuenta que el telegrama donde le informé que la gira se extendió unas semanas más, es totalmente falso.

Una pequeña mentira blanca que tiene como fin regalarle un día que jamás olvidaremos.

Tengo en mente un plan que quiero salga a la perfección.

"¿Así que Candy es la chica a la que protegiste de ser expulsada en el Colegio San Pablo?" preguntó Elina bastante entusiasmada mientras aguardábamos nuestro turno en la cubierta para descender al muelle.

Durante los casi 16 días de viaje, Elina y yo nos hemos acercado más de lo que esperaba.

Me sorprendí contándole detalles de mi vida, como por ejemplo, lo que hice cuando decidí huir del Colegio, de la maravillosa persona que es Alisa, los problemas que enfrenté con Susana, su muerte, y mi tema favorito, Candy.

Descubrí que Elina es una persona con la que se puede platicar fácilmente.

Tiene el peculiar talento de saber escuchar sin ponerle etiquetas innecesarias a la gente, como suelen hacer muchas personas en nuestra sociedad actual.

Me tomó completamente por sorpresa caer en la cuenta que disfruto demasiado charlar con ella.

Tan a gusto me sentí en su compañía, que no percibí en que momento los 16 días pasaron frente a mis ojos.

Jamás he confiado tan pronto en nadie.

Confiar para mi es sinónimo de peligro, sin embargo, con ella fue diferente desde el principio.

Quizás he madurado un poco, quizás estoy caminando por fin hacia adelante sin mirar al pasado, o quizás es un influjo desconocido que Elina ejerce sobre mí.

"Así es. El amor de Candy lo es todo para mi. Ella es mi vida. Tomar su lugar para que fuese a mi a quien expulsaran del Colegio es algo que el Terry adolescente volvería a hacer sin dudar, aunque quizás intrépidamente le diría a mi yo más joven que se lleve a esa chica pecosa sin titubear un instante. ¡Que rete al mundo sin importarle nada! Por una mirada de sus brillantes ojos verdes y una sonrisa suya, siempre valdrá la pena enfrentarme a lo que sea" Elina me observaba con la atención propia de un niño al que le estás contando la más apasionante de las historias "Cuando la conozcas estoy seguro que se llevarán de maravilla" dije y la expectativa de conocerla la llenó de emoción.

"Leí en el periódico detalles de la rueda de prensa que diste, pero ahora que escucho la historia completa de tu boca, me hace desear encontrar a alguien que me ame con esa intensidad" la sinceridad de sus palabras me desarmó por completo.

Elina me inspira tanta ternura, que aun me cuesta creer que esta mujer de mirada afable y curiosa, fue algún día la niña antipática que hace varios años me trató con desprecio.

¿Hasta que punto los padres son capaces de dañar consciente o inconscientemente a sus hijos transmitiéndole sus absurdos prejuicios?, me pregunté mientras la veía platicar entusiasmada de su sueño de casarse. De encontrar su amor épico.

"Lo encontrarás, estoy seguro" me sonrió mientras unía entusiasmada sus manos bajo su mentón.

La sonrisa desapareció de nuestros rostros cuando percibimos el intenso aroma a pescado que impregna el muelle. Como Elina, fruncí la nariz mientras colocaba mi mano sobre mi cara en un inútil intento por mitigar la peste que nos rodea.

"El olor de los muelles es igual en Londres y en América. Apesta" no pude estar más de acuerdo con ella.

"¿Alguien vendrá por ustedes? En caso contrario puedo llevarlos a su casa si gustas" Robert parecía tan impaciente como nosotros por bajar del barco, aunque creo que por motivos completamente diferentes a los nuestros.

Los 16 días de trayecto se la pasó encerrado en su camarote, mareado e indispuesto.

El pobre no disfrutó nada la travesía.

No supe con exactitud si reírme de su situación o compadecerme de mi amigo.

Preferí la primera opción, pero al menos tendría el decoro de reírme a sus espaldas.

Robert no está pasándola nada bien en estos momentos.

"Gracias Robert, el chofer debe estar esperándonos. Avisé por telegrama la hora a la que llegaríamos" respondí al tiempo que comenzábamos a bajar las escaleras.

"Aquí nos despedimos entonces. Nos vemos en una semana para dar inicio a las últimas funciones de la obra" asentí. Inmediatamente dirigió su vista hacia mi hermana y besó su mano con la galantería que lo caracteriza "Srta. Grandchester, fue un placer conocerla. Confío no será la última vez que la vea" sin dejar de sonreírle, Elina se despidió de él al tiempo que veía maravillada lo poco que divisaba de Nueva York.

Es la primera vez que está en América. Es incapaz de ocultar la emoción que la embarga.

"Sr. Grandchester, es un placer tenerlo de regreso" cortés como siempre, Hans me saludó con un respetuoso movimiento de cabeza.

Intrigado por la persona que me acompaña, el chofer observó con discreta curiosidad a mi hermana mientras llevaba nuestro equipaje al auto.

"Muchas gracias Hans. Te presento a mi hermana, Elina"

"Encantado de conocerla, Srta. Grandchester"

Durante el trayecto a casa de mis padres, Elina no dejó de admirar la vida nocturna de Nueva York que avistaba desde la ventana del auto, pero lo que más la impactó fueron los diversos carteles de todos los tamaños donde aparece ya sea mi nombre promocionando la obra de teatro La Tempestad o bien mi rostro anunciando alguna película que he protagonizado.

"Eres más famoso de lo que creí. Tu nombre y tu rostro están en todos lados" solté tal carcajada dentro del auto, que hasta Hans rio discretamente desde su lugar.

"Digamos que es bastante difícil salir a la calle sin custodios que me asistan" entre apenada y divertida se mordió el labio inferior al tiempo que un ligero sonrojo coloreaba sus mejillas.

"Te divierte mi ignorancia" repuso con falsa molestia.

Para vergüenza suya, continué doblándome de la risa el resto del camino.

Al momento que Hans detuvo el auto en casa de mis padres, la actitud alegre de Elina fue reemplazada rápidamente por una retraída y cabizbaja.

"Papá estará feliz de verme, pero no creo que a tu madre y a Alisa les guste tanto mi presencia. Terry, creo que es un error haberme traído aquí. Mejor llévame a un hotel. No quiero ser una molestia obligada para ellas" negué con la cabeza mucho antes que terminara de decir tantas necedades juntas.

"Basta de tonterías, Elina. De los 4, yo soy el que tenía problemas para aceptarte, sin embargo míranos ahora. Hemos reído juntos, platicado, incluso te he confiado aspectos muy privados de mi vida. Te aseguro que mi madre y nuestra hermana estarán encantados contigo. ¿Confías en mí?" asintió inmediatamente "Perfecto. Espera aquí"

En cuanto me vieron salir del auto, mis padres y Alisa se acercaron.

Con su deslumbrante sonrisa iluminando su rostro, mi hermana corrió a mis brazos como si hubiesen pasado años desde la última vez que nos vimos.

"¡Terry, te he extrañado mucho!" le di vueltas en el aire y me deleité escuchando su hermosa carcajada.

"O me estoy haciendo viejo o tu creciste en mi ausencia. Estás más pesada y estoy seguro que ligeramente más alta" orgullosa de si misma asintió "¿en que me das la razón exactamente?" fingiendo molestia, fruncí el ceño provocando que la risa de mi hermana se tornara más intensa.

"En ambas. Creo que en el tiempo que no te vi tú te hiciste más viejo. Después de todo, tienes todos los años del mundo" el castigo por su irreverencia, un ataque de cosquillas por su osado comentario.

"Suplícame que te perdone, pulga irrespetuosa"

"¡Perdón… Perdón…!" las arcadas que azotan su cuerpo al reír son tan intensas, que no pudo pronunciar una frase completa.

"Terry, deja a tu hermana en paz, mi cielo" sin dejar de mostrarme la lengua, Alisa se escondió tras de papá, el cual, le hizo mimos en su cada vez más largo cabello.

Lo admito, mi padre y yo consentimos demasiado a Alisa.

Ella es nuestra debilidad. Hace con nosotros lo que quiere.

"Te echamos tanto de menos estos meses, Terry" feliz de verme, mi madre me envolvió en un fuerte abrazo que recibí gustoso.

Su perfume con dulces aromas florales cuya marca francesa no recuerdo, es tan característico de ella, que cada que percibo un aroma similar, me recuerda invariablemente a mi madre.

"Y yo a ustedes, mamá. Fue la gira más larga que he vivido hasta ahora en mi carrera. No sé si quiero repetir pronto la experiencia" dije y esta vez dirigí mi atención a mi padre "Papá, hay alguien conmigo que quiere verte" al ver la seriedad que se dibuja en mi rostro, frunció el ceño confundido, pero en cuanto extendí mi mano a la joven que ayudé a salir del auto, una serie de emociones se reflejaron rápidamente en su mirada.

Regocijo, escepticismo, desconcierto.

Las suaves líneas de expresión de su rostro se tornaron más profundas conforme Elina se ponía de pie a un lado mío.

"¡Papá!" mi hermana corrió a refugiarse a los brazos de nuestro padre.

"Eli…"efusivo como pocas veces se muestra, la envolvió fuertemente en un abrazo mientras besaba cada una de sus mejillas.

Confundida por la presencia de lo que para ella es una desconocida, Alisa frunció el ceño al tiempo que se colocaba a un lado mío.

"Terruce, buscaste a tu hermana después de todo. Muchas gracias" aun con uno de sus brazos rodeando los hombros de Elina, a mi padre se le quebró la voz producto de la emoción que lo embarga.

"En realidad nuestro encuentro fue completamente accidental. Gracias a la intervención de la Hermana Margaret escuché un lado de la historia que no conocía. Creo que ambos hemos dado un paso importante para dejar por fin el pasado atrás. ¿No es así, Elina?" contagiada por la emoción de mi padre, asintió al sentirse incapaz de expresar su respuesta en voz alta.

"Mi amor, permíteme presentarte a mi hija. Elina, ella es Eleonor, mi esposa" con la dulce sonrisa que caracteriza a mi madre, se acercó a mi hermana y la envolvió en un fuerte abrazó que por supuesto la tomó por sorpresa.

Elina esperaba toda clase de recibimientos excepto ese.

"Es un placer por fin conocerte en persona. Tu padre me ha platicado tanto de ti que siento que te conozco desde hace mucho" mi madre se separó de ella, y sin reparo, acarició una de las blancas mejillas de mi hermana, la cual se mostraba tímida, cohibida. Como si no estuviera acostumbrada a esa clase de afectos "eres idéntica a tu padre" sonrojada y nerviosa, Elina bajó la mirada hacia el suelo.

"Yo… todos… todos me dicen que soy idéntica a mi madre… usted es la primera persona que expresa lo contrario" repuso tartamudeando.

Me habría reído de ese detalle de no ser por la solemnidad que envuelve el ambiente.

"No conozco a tu madre, pero en cada rasgo de tu cara veo a tu padre. Incluso el color negro de tu cabello es idéntico al suyo cuando era más joven" nerviosamente, Elina comenzó a acariciar uno de los mechones de su corto cabello y sonrió con cierta timidez, sin embargo, pude percibir que las palabras de mi madre la sorprendieron gratamente.

"Le agradezco mucho sus palabras, Sra. Eleonor" musitó más relajada.

Sin darse cuenta, había dejado de jugar con su cabello.

"Nada de formalismos. Dime solamente Eleonor, por favor" ruborizada, asintió.

"Alisa, ven aquí" mi hermana levantó sus ojos hacia mí al oír a papá.

Preocupado, fruncí el ceño mientras la tomaba entre mis brazos.

Con fuerza envolvió mi torso con sus piernas al tiempo que escondía su rostro en mi cuello.

No es común que se muestre tan reservada, ni siquiera con desconocidos.

Alisa es la persona más libre que conozco.

"Ahora que te veo junto a Terry, me doy cuenta del inmenso parecido que hay entre ustedes dos" con cierta disimulo, Alisa asomó ligeramente sus ojos por entre la cortina de cabello que cubre su cara.

Su melena rebasa sus hombros sin problemas. Mi niña hermosa está creciendo demasiado rápido, pensé con cierta melancolía.

"Hablas con el mismo acento extraño que papi y Terry ¿por qué?" habló quedamente sin separar demasiado su rostro de mi cuello, pero comencé a notar que la curiosidad por saber más de Elina desvanecía lentamente el recelo que la primera impresión le causó.

"Eso se debe a que los tres crecimos en Inglaterra. En ese lugar todos hablamos igual de extraño ¿sabes?" como si Elina acabara de revelarle un secreto de gran valía, los ojos de Alisa fueron incapaces de ocultar su estupefacción mientras su boca formaba lo que a mis ojos parecía un círculo perfecto.

"¿Enserio?"

Si en algún momento se sintió cohibida, Alisa lo olvidó por completo.

Como si hubiesen crecido juntas, las dos comenzaron a platicar amenamente mientras entraban a la casa tomadas de la mano.

Sabía perfectamente que mi hermana aceptaría a Elina sin mayores dificultades, después de todo, tener otra figura femenina en la casa la entusiasmó tanto, que al final, se quedaron dormidas en la cama de Alisa muy entrada la madrugada con libros y muñecas desperdigados por doquier.

No tuve corazón para despertarlas.

Mientras las cubría con un cobertor, admiré a mis hermanas por algunos minutos completamente incrédulo y feliz.

No puedo creer que mi familia, antes inexistente, continúe creciendo. La vida me da más de lo que merezco, pensé.

Con esa cálida sensación, me fui a la cama para intentar dormir un par de horas al menos, pero mi mente inquieta por los eventos que se llevarán a cabo en un par de horas, me hizo fantasear despierto teniendo como protagonista a la hermosa mujer, que justo ahora debe estar perdida por completo en sus sueños. Mi Candy. Mi musa.

A la mañana siguiente, el movimiento en casa empezó desde antes que despuntara el alba.

El personal de servicio estaba trabajando a marchas forzadas para que todo saliera como yo lo había planeado. Definitivamente los errores no estaban permitidos. No hoy que es un día tan importante para mí.

Mientras un grupo se encarga de alistar el servicio de comida que indiqué con varios días de antelación por telegrama, el resto me ayuda a decorar el jardín para la celebración que llevaremos a cabo en unas horas solamente.

Tengo un escenario en mente y quiero plasmarlo a la perfección; desde los cientos de guirnaldas entretejidas con flores blancas que cuelgan de las largas ramas de los árboles, las cuales, se trenzaron la una con la otra formando una especie de un enorme parasol, los imponentes arcos florales colocados estratégicamente en cada acceso al jardín, hasta los caminos empedrados que guían a las mesas donde Candy, mi familia y amigos, departiremos en este día tan especial.

Nada se había colocado accidentalmente.

Absolutamente todo tenía una razón de ser.

Quiero que este jardín parezca un escenario sacado del más hermoso sueño, porque eso es este día para mí. Un sueño hecho realidad.

"Hijo, todo se ve absolutamente divino" absorta por el escenario que se abrió frente a sus ojos, mi madre se quedó inmóvil en el umbral del jardín admirando con fascinación cada detalle que sus ojos descubrían.

"¿Crees que a Candy le gustará?" ansioso comencé a recorrer con mi mirada el resultado final de horas de trabajo bien invertidas, al tiempo que alisaba con mis manos las arrugas que se formaron en el mantel de una de las mesas.

Todo debe estar perfecto, me dije en busca de otro fallo, pero nada.

Las flores, los centros de mesa, las velas… absolutamente todo se encuentra en su lugar.

"¡Amará cada detalle! Estoy segura" complacido, solté un suspiro sintiendo como los fuertes latidos de mi corazón taladran mi pecho.

Falta cada vez menos tiempo para que vuelva a verla. ¡Ya no puedo esperar!

"¿Mis hermanas y mi padre aun no regresan?" observé nervioso mi reloj.

Estamos a escasos minutos para que todos los invitados empiecen a llegar.

Albert y amigos especiales de Candy, están citados una hora antes que ella.

Absolutamente todos saben que yo estoy organizando este evento, y que además, me encuentro en Nueva York, excepto ella por supuesto.

"Llegarán en tiempo, no te preocupes. Fueron a comprarle ropa a Elina y a cortar el cabello de Alisa. Dice que quiere lucir el mismo corte que su hermana el día de hoy" sonreí bastante ilusionado.

"Mi familia es cada vez más grande. Si alguien me hubiera dicho un año atrás que llegaría este día, no le habría creído en absoluto a esa persona" con melancolía y una profunda tristeza, mi madre giró su rostro hacia mí, y sin ninguna razón aparente, me abrazó.

Por el impulso me vi obligado a dar varios pasos hacia atrás en un intento por no caer al suelo junto con ella.

"¿Qué sucede mamá? Mi cumpleaños ya pasó" silencio "acaso ¿dije algo que te incomodara?"

Los brazos de mi madre se cerraron con más fuerza alrededor de mi espalda, pero cuando sentí lágrimas caer sobre mis hombros empecé a preocuparme.

"Mamá, ¿qué sucede? ¿qué tienes? ¿por qué lloras?" nuevamente silencio.

Sólo podía escuchar los sollozos incontrolables que salían despedidos a través de su boca.

"Lloro de felicidad…" en cuanto rompió el abrazo y vi su rostro lloroso, supe que no me decía completamente la verdad.

El dolor que guarda mi madre dentro de su pecho, debido a los errores del pasado, es tan profundo que ni mil palabras de aliento mías sanaran su herida.

"Nadie llora de felicidad con tanto dolor, mamá. Dime que te sucede para poder ayudarte" con mi pañuelo limpié su rostro procurando no dañar aun más su maquillaje.

Afligida y con un intento de sonrisa dibujándose en sus labios, levantó su mirada hacia mi.

"Es sólo que te veo tan feliz que no puedo evitar recordar todo lo que tu padre y yo te obligamos a vivir a causa de nuestro cruel egoísmo" susurró sin soltar mi mano "no me alcanzará la vida para agradecerle a Candy toda la felicidad y amor que te da" con cierta tristeza, le sonreí.

"Mamá, todo ese dolor ya no me afecta porque lo he dejado en el pasado. Donde pertenece. Por favor, no quiero que nada mancille la felicidad de este día" dije.

"Tienes razón. No más lágrimas mi cielo. Te amo, mi Terry" antes de ir a su habitación a retocar su maquillaje, depositó un beso sobre mi mejilla para después desaparecer en lo alto de las escaleras.

También yo necesito empezar a arreglarme, me dije.

Pasados 45 minutos, sonreí satisfecho al ver mi reflejo.

No me reconocí a mi mismo.

La persona que me observa a través del espejo es un hombre realizado. Feliz.

Opuesto al ser taciturno que he sido durante tantos años.

No me sienta mal sonreír tan a menudo, me dije al tiempo que acomodaba mi corbata.

Mi traje de tres piezas blanco contrasta bastante con las prendas oscuras que estoy acostumbrado a usar. Me gusta vestir de negro, pero hoy puse como consigna a los asistentes a este evento, incluyéndome a mi, que absolutamente todos deben vestir este color.

Será una fiesta blanca con un giro inesperado.

Sin poder dejar de sonreír, giré mi rostro hacia un costado mío, y sobre la cama, observé el regalo que le daría a Candy en cuanto llegara el momento de hacer mi aparición frente a ella.

Comencé a ser presa de la ansiedad cuando vi que uno a uno, nuestros amigos iban llegando; desde Annie, Archie y Albert, hasta la Srta. Pony, la Hermana María y todos los niños de la casa hogar de Pony, los cuales, fueron recibidos por los choferes en la estación de trenes hace algunos minutos.

No podía realizar esta celebración sin que dos de los pilares más importantes en la vida de Candy estuviesen presentes.

"Terry, qué gusto volver a verte" dijo Albert con su característico buen humor mientras me veía hacer mi aparición en el jardín con el regalo de Candy en mano.

"El gusto es mío, Albert. Creí que vendrías acompañado por Gia" inmediatamente negó con la cabeza.

"Somos buenos amigos solamente. Ella no está preparada para tener una relación con nadie por el momento y aunque me duela, debo respetar su decisión como caballero" un tanto alicaído, asentí.

La verdad esperaba ver a mi amigo en compañía de mi compañera de trabajo en varias películas.

De todos los presentes, Albert merece que el amor le sonría.

Después de saludar a todos los invitados, e intercambiar palabras con Albert, la Srta. Pony y la Hermana María, Alisa llegó corriendo para avisarnos que Candy estaba llegando.

"Si me disculpan un momento debo ir a esconderme" bajé mi mirada hacia Alisa "no vayas a decir nada comprometedor, pulga indiscreta" solemne hizo la pantomima de poner un cierre en su boca.

"Anda Terry, escóndete o Candy te verá" Elina en compañía con Alisa me llevaron a empujones a mi escondite.

Ahora sólo me queda ser paciente y esperar la señal de mis padres.

No quiero que me vea hasta que llegue el momento, me dije, sin embargo, es tan difícil permanecer tranquilo cuando el deseo de salir de mi encierro es tan fuerte, que tuve que hacer acopio de mi fuerza de voluntad para dejar de caminar de un lado a otro como león enjaulado.

Lo que sentí fueron muchas horas después, Candy hizo su aparición en el jardín.

No escuchaba el intercambio de palabras que se daba entre ella, mi familia y demás invitados que la envolvían en un abrazo.

¡Dejen de tocarla!

Es injusto que todos tengan el placer de tenerla entre sus brazos, de aspirar su aroma, de perderse en el mar profundo de su mirada, y yo mientras tanto, deba contentarme con verla a distancia desde este reducido lugar.

Cuidando de no ser visto, me asomé por entre algunos arbustos de gran tamaño y ahí estaba ella, feliz y sonriente portando un hermoso vestido largo de tirantes gruesos con cuello circular y un escote holgado mostrando la mitad de su espalda desnuda. Como tocado, una banda blanca del mismo material que el vestido decoraba su perfecto peinado en moño.

Luce tan hermosa vestida de blanco, pensé mientras la veía charlar amenamente con mis hermanas.

Nervioso, miré hacia el regalo que tenía preparado para Candy.

Mi respiración comenzó a acelerarse. La emoción y las ansias locas que tenía por estrecharla entre mis brazos, estaba tomando lo mejor de mí.

Tranquilo Terry. Paciencia.

Asentí en un intento por darme ánimos.

Respiré profundamente y volví a dirigir mi atención hacia mis padres a la espera que me dieran la señal.

Por supuesto que los niños del hogar rodearon emocionados a Candy, la cual por supuesto, no esperaba verlos presentes.

Al cabo de varios largos minutos, Candy observó fascinada la decoración del jardín mientras mis padres la envolvían en un fuerte abrazo.

Ya casi es mi momento de aparecer, me dije.

Cuando mi madre vio en mi dirección y asintió, supe que le había mencionado a Candy que le tenían una sorpresa preparada.

Lentamente, Candy giró su rostro hacia mí con la incógnita dibujada en sus bellas facciones.

Cuando sus ojos se encontraron con los míos, la expresión de su rostro cambio gradualmente por la más pura de las alegrías. Una amplia sonrisa iluminó su cara al tiempo que corría hacia mí.

"¡Terry!" incapaz de controlar mis ansias por estrecharla entre mis brazos, acorté la distancia entre los dos y la así impetuosamente contra mi cuerpo, permitiéndome llenar mis sentidos del suave perfume a rosas que tanta falta me hizo todos estos meses que estuve lejos de ella "¿¡Cómo es que estás aquí?! ¡Me dijiste que llegarías en unas semanas!" dijo sin romper el abrazo.

"Mentí" sorprendida por mi confesión, se separó ligeramente de mí para ver la cínica sonrisa que le dedicaba sin reparo "No pensarás que iba a perderme tu cumpleaños ¿verdad?" un tierno mohín se dibujó en sus facciones mientras cruzaba sus brazos sobre su pecho con fingida y exagerada molestia.

"Por supuesto que lo creí" con suavidad tomé una de sus manos y la besé delicadamente.

Candy es tan preciada para mi, que la idea de lastimarla, por muy minúscula que fuese la herida, me aterra.

"Quería darte una sorpresa, mi amor. Todos los presentes fueron mis cómplices" asombrada, observó la pícara sonrisa de nuestra familia y amigos.

"Pudieron haberme puesto sobre aviso. Que malos son todos" repuso con su característica alegría.

Enseguida rodeó mi cuello con sus brazos estrechándome con fuerza, cuando de pronto, acercó su boca a mi oído para susurrarme algo que quería que sólo yo fuese capaz de escuchar.

"Te extrañé tanto. No me vuelvas a dejar sola otra vez" besé castamente sus labios en respuesta.

"Nunca más mi amor. Te lo juro" pegué mi frente contra la de ella al tiempo que daba un largo respiro.

Di dos pasos hacia atrás y confundida, Candy me observó sin comprender el motivo de la distancia que ahora nos separaba.

"¿Terry?... ¿Qué sucede?" levanté una mano en su dirección para que me dejara hablar.

Un tanto preocupada y ansiosa, continuó observando en mi dirección sin atreverse a pronunciar una sola palabra.

"Estos tres meses que estuve separado de ti comprendí una cosa; que no quiero ni puedo vivir sin ti un minuto más. No quiero volver a viajar solo. No me importa en absoluto lo que opine la prensa y el mundo de nosotros. No puedo continuar respirando sin ti. Mi día inicia y termina contigo en mis pensamientos. He deseado compartir cada instante de mi vida contigo desde que era un actor novato de 17 años con absolutamente nada que ofrecerte más que mi amor" nerviosa colocó sus manos sobre su pecho al tiempo que el rubor de sus mejillas se tornaba cada vez más intenso.

Olvidándome por completo de nuestra audiencia, me puse de rodillas, saqué el regalo de Candy que tenía preparado desde hace más de 10 años, y lo extendí hacia ella mientras pronunciaba las palabras que he mantenido guardadas celosamente en mi corazón.

"Te amo mucho más que a mi propia vida Candice White Andley. ¿Me concederías el grandioso honor de casarte conmigo?"

Lágrimas comenzaron a bañar el rostro de mi amada mientras cubría completamente pasmada su boca.

Sus ojos pasaban intermitentemente de mi al anillo solitario de oro blanco de pocos quilates con un pequeño diamante engarzado por seis puntas.

Recuerdo que lo compré con mi primer sueldo a la espera de dárselo a Candy cuando me visitara por primera vez en Nueva York. Lo he guardado desde entonces como uno de mis más valiosos tesoros, sin saber que más de 10 años, después se me brindaría una nueva oportunidad de entregárselo a su dueña.

"Candy, por Dios, ¡dile que sí de una vez!" escuché hablar imperativamente a la Hermana María en la distancia.

Creo que hubo risas por la vehemencia de su reclamo, pero no estoy seguro.

Tan enfocado estoy en Candy, que el mundo a mi alrededor pasó momentáneamente a segundo plano.

"¡SI, SI Y MIL VECES SI!" a pesar de verme envuelto por la emoción de su respuesta, pude ponerle su anillo sin que los temblores que azotaban mis manos me impidieran culminar mi titánica labor.

De pronto, el sonido de los aplausos y vítores de nuestra familia y amigos, se hicieron escuchar en el jardín al tiempo que, emocionados, y algunos con lágrimas en los ojos, nos rodearon casi al instante.

Candy lloraba de alegría en brazos de la Srta. Pony y la Hermana María, las cuales nos auguraban felicidad eterna, mientras que Albert más mesurado, me pedía cuidara de su hija adoptiva.

Archie por supuesto dejaría de ser él mismo si no me hubiese dicho entre amenazas y abrazos que si no hacía feliz a su prima, me las vería con él y sus puños para que recordara nuestras épicas peleas en el Colegio.

Me siento tan feliz, que por primera vez en muchos años siento que la vida me recompensa por todo el sufrimiento que he pasado.

El amor por fin ha dejado de darme la espalda.

"Hay tanto que preparar. La iglesia, las invitaciones, el vestido…" dijo Candy entusiasmada mientras Annie se limpiaba las lágrimas de su rostro.

Por inercia besé la mano de Candy y comencé a reír atrapando inmediatamente su mirada.

"¿Qué es lo que te da tanta gracia?" preguntó divertida.

"Mi amor, nos casaremos ahora mismo. ¿No comprendes que no puedo pasar un día más sin ti?" rodeé su estrecha cintura con mi brazo, al tiempo que su mirada pasaba descaradamente de mis ojos a mis labios.

"No bromees con esas cosas, Terry…" una sonrisa imposiblemente amplia se dibujó en mis labios cuando vi la expresión ansiosa y confusa de mi amada.

Sin poder evitarlo, acerqué mi rostro a su cuello y aspiré su aroma lentamente mientras depositaba un beso en una de sus mejillas.

"No es una broma mi amor. Jamás jugaría con algo tan sagrado" respondí.

"Pero… no ha pasado el año desde que…" coloqué mi mano sobre su boca.

No quise que pronunciara el nombre de la persona que con su mera mención, mancillaría nuestro ahora.

Nuestra maravillosa realidad.

"Ya no quiero esperar más. No me importa lo que opine el mundo. Lo único que deseo es pasar el resto de mi vida a tu lado. Entonces ¿qué dices?" una sonrisa imposiblemente amplia iluminó su rostro.

"¡Que este es el mejor regalo de cumpleaños que pudiste haberme dado!" pegó su frente a la mía sin dejar de llorar.

"No llores, mi amor" con las yemas de mis dedos retiré las lágrimas que resbalaban a través de sus mejillas.

"Lloro de felicidad. No puedo creer que finalmente estemos a punto de realizar uno de nuestros sueños más importantes" besó mis labios sin dejar de acariciar la piel de mi rostro, mi cabello.

Sus caricias, suaves pero cargadas de tanta emoción, se quedaron impregnadas en mi cuerpo aun cuando ella se separó de mí para retocarse innecesariamente su peinado y maquillaje.

Luce perfecta. No importa lo que use o como se vea, para mí jamás habrá mujer más hermosa que ella.

"Estoy lista. Vamos a casarnos"

Con nuestra familia y amigos de testigos, la ceremonia civil y religiosa, transcurrió deliciosamente lenta.

Saboreé cada gesto, cada mirada, cada caricia de sus dedos entrelazados con los míos.

No quería perderme un sólo detalle de este momento.

Grabaré en mi memoria este día como un tesoro.

Lo reviviré una y otra vez con tanta exactitud, que hasta el aroma de las flores silvestres que nos custodian desde el simulado parasol, lo recordaré vívidamente.

Mi corazón late tan rápido, que soy incapaz de controlar el ritmo acelerado de mi respiración.

El sacerdote habla, pero no soy capaz de escucharlo.

Ni siquiera sigo el hilo de la ceremonia, ni de la interacción de nuestros amigos mientras colocan un lazo blanco alrededor de nosotros.

Me encuentro tan perdido en la profundidad de la mirada de Candy, en su calidez, que tener la dicha de vivir este sueño que rápidamente se torna en una mágica realidad, me hace experimentar una felicidad que no puede pertenecer a este mundo.

Candy me ha regalado esta experiencia única e irrepetible.

Ella es la responsable, y al mismo tiempo el motivo, de este inagotable éxtasis por vivir y ser feliz.

No exagero cuando digo que ella es mi todo.

"Acepto" la oí responder una pregunta que no alcancé a escuchar con claridad.

Como yo, ella derrama lágrimas de felicidad mientras nuestras manos permanecen unidas.

"Acepto" respondí.

Sin mayores dificultades, ambos colocamos el anillo nupcial en el dedo anular del otro, el sacerdote nos bendijo, y al final, pronunció las palabras que convirtieron este extraordinario sueño en una realidad.

"Los declaro marido y mujer. Puede besar a su esposa"

"¡Por fin eres mía!" susurré, y en medio de aplausos de nuestros seres queridos, sellamos este momento con un beso.

Continuará...


Notas de la autora.

¿Qué les pareció el capítulo? creo que redacté la escena de la boda como 3 veces. La borre, la edité porque no quedaba satisfecha con el resultado jajajaj.

De momento creía que la hacía muy larga, en otros parecía muy corta jajajaj en fin, el proceso de redactarla fue largo hasta que quedé satisfecha con el resultado.

Espero leer sus reviews. Les mando saludos.

Nos leemos pronto.