En realidad terminé ayer este capítulo y hasta empecé a escribir el inició del siguiente, pero por supuesto, no podía subirlo sin antes haberle dado otra leída.

Espero el capítulo sea de su agrado.


Capítulo 18. Promesas

En cuanto rompí el beso con Candy, nuestros invitados estallaron en aplausos.

Conmovidos y con la emoción a flor de piel, todos nos rodearon buscando felicitarnos por el mágico momento que acabábamos de vivir con ellos de testigos.

Ambos respondimos a sus gestos de cariño sonrientes sin atrevernos a soltarnos de la mano un sólo instante.

No queríamos alejarnos el uno del otro por muy mínima que fuese la distancia.

Ella es una extensión de mi alma sin la cual soy incapaz de seguir viviendo.

"¡Que ceremonia tan hermosa! Muchas felicidades a ambos. Me alegro que por fin puedan vivir la felicidad que merecen" Annie, aun emocionada, rompió el abrazo con Candy sin dejar de llorar.

"Enhorabuena, Terry" fue todo lo que dijo Albert mientras me envolvía en un cálido abrazo.

Si, enhorabuena, me dije entendiendo el amplio significado de su corta frase.

Por fin estoy casado con la mujer que amo.

Por fin llevaré a cabo mi sueño de formar una familia con Candy.

Por fin he podido dejar la oscuridad de mi pasado atrás… donde pertenece.

"Albert, no habría podido llegar a este día sin tu apoyo ni amistad incondicional. No encuentro las palabras indicadas para agradecértelo" dije.

"Siendo feliz al lado de Candy cada día de sus vidas es una excelente forma de hacerlo" me guiñó un ojo y asentí emocionado.

Mi hermana Elina, víctima del fragor del momento, se acercó corriendo a nosotros sin darse cuenta que el tacón de uno de sus zapatos se había enredado con una hierba crecida del jardín.

Gracias a la oportuna intervención de Albert que la tomó entre sus brazos antes que cayera al suelo, no sucedió una desgracia.

"¿Se encuentra usted bien, Srta.?" apenada, mi hermana asintió.

En cuanto su mirada se clavó sobre la de Albert, un ligero sonrojo coloreó al instante sus mejillas mientras observaba impresionada a mi amigo.

"¿Señorita…?" insistió Albert consternado.

"¡Elina! ¿estás bien?" aun con mi mano entrelazada en la de Candy, nos acercamos a mi hermana para cerciorarnos que nada malo le ocurrió.

Parpadeando rápidamente y con una sonrisa nerviosa dibujándose en sus labios, Elina asintió mientras acomodaba innecesariamente su corto cabello.

"Mil disculpas caballero. Soy tan torpe" mi amigo adornó su rostro con la afable sonrisa que lo caracteriza al tiempo que la ayudaba a enderezarse "Estoy bien gracias a que esta persona evitó que cayera de bruces al suelo, Terry" dijo un tanto mortificada sin dejar de ver intermitentemente a mi amigo, el cual, también parecía incapaz de dejar de admirar la fisonomía del rostro de Elina así como los intensos ojos azul cobalto de mi hermana.

¿Es mi imaginación acaso?

"Me alegro haber sido de ayuda" Elina volvió a levantar su mirada hacia Albert.

Me pareció verla perderse en su mirada, tal cual me sucede a mí cuando veo a mi amada.

A mi lado, Candy sonreía bastante emocionada.

Percibí un brillo pícaro en sus ojos, claro indicativo de que mi esposa fungiría de casamentera para unir a esta improbable pareja.

¡Mi esposa! Que bien se escucha.

Bastante excitada por las escenas que seguramente se están llevando a cabo dentro de su desarrollada imaginación, Candy me dio unos golpes con su codo en mi costado derecho acercándose discretamente a mi oído para que sólo yo pudiese escucharla.

"¡Míralos, Terry! Amor a primera vista. Se han olvidado incluso de nosotros" murmuró sin dejar de observarlos sumida en su profunda ensoñación.

Su alma romántica le está haciendo una mala jugada.

¿O no?

¡Mi hermana y Albert se acaban de conocer!… Es demasiado pronto.

Aclaré mi garganta con bastante exageración esperando captar su atención.

Sonrojados, giraron su rostro hacia nosotros como si de pronto hubiesen recordado que no estaban solos.

Candy no dejó de dirigirle miradas cómplices a Albert, el cual completamente avergonzado, prefirió evitarla.

"Albert, permíteme presentarte a mi hermana…" Elina me interrumpió terminando por mí la frase que iba a formular.

"Ava Elina Grandchester. Encantada de conocerlo, caballero" balbuceó rápidamente sin dejar de clavar su mirada sobre los ojos de mi amigo.

"Que hermosos nombres. Como la portadora. Soy William Albert Andley, Srta. Grandchester, encantado de conocerla" Albert tomó la mano de mi hermana y la besó.

"Elina… llámeme solamente Elina, por favor, caballero" dijo.

"Entonces para usted soy sólo Albert, Elina" indicó mi amigo sin soltar la mano de mi hermana.

"Mi amor ¿no te parece que estamos de más aquí?" susurró Candy en mi oído mientras me jalaba hacia el centro del jardín invitándome a bailar nuestra primer pieza como marido y mujer.

"¿No crees que te estás apresurando al suponer que Elina y Albert puedan terminar juntos? yo creo que…" sin dejarme continuar con mi balbuceo, tomó posesión de mi boca silenciándome al instante.

"¿De verdad quieres que hablemos de ellos, esposo mío?" ilusionado por el modo en que se dirigió a mí, sonreí.

Coloqué mis brazos alrededor de su cintura sintiendo la piel de su espalda desnuda bajo las palmas de mis manos.

Tan suave. Tan tersa. Tan mía.

"Dímelo de nuevo. Quiero oírte decirlo otra vez" susurré en su oído sin dejar de acariciar su espalda con las yemas de mis dedos.

"¡Mi esposo!" vociferó emocionada.

Con mi rostro a escasos milímetros del suyo, así su cuerpo con fuerza al mío levantándola al vilo mientras continuábamos danzando alrededor del jardín enfocados el uno en el otro.

Las miradas de nuestra familia y amigos, las sentía claramente sobre nosotros.

Todos los presentes, en diferentes momentos de nuestra vida, formaron parte de este sueño llamado amor que por fin ha visto la luz.

"Te amo" lágrimas resbalaron por mis mejillas mientras pronunciaba esas palabras que salieron desde la parte más profunda de mi alma.

Besé sus párpados, sus mejillas, la punta de su nariz, su boca, sin dejar de aspirar un sólo instante la suave fragancia que envuelve su piel.

"Eres mío, Terruce Graham Grandchester. Por fin" con sus brazos alrededor de mi cuello, bailamos al son de la lenta balada hasta que mis padres pidieron bailar con nosotros por separado.

"El sueño de tu padre y mío de verte feliz al lado de la mujer que amas, por fin se ha hecho realidad" sonreí mientras bailaba con mi madre sin perder de vista a Candy, la cual, entre risitas y sonrojos, hablaba amenamente con mi padre.

¿Qué le estará diciendo para que ría de ese modo tan alegre? Lo admito, soy posesivo. Deseo que su atención y sus risas sean solamente mías.

"No puedo creer que este día ha llegado. Un año atrás me sentía tan miserable y ahora mírame, ¡estoy casado con la mujer que siempre he amado! Soy tan feliz que me da temor que todo esto termine, mamá" envolví sus hombros con mis brazos, sintiendo a la vez como una de sus manos acariciaba con ternura mi cabello.

"No hay nada que temer, mi cielo. Tu felicidad es tan real como este momento. La vida te está recompensando por todo el sufrimiento que pasaste en el pasado" asentí esperanzado.

"Mami ¡es mi turno de bailar con Terry!" con sus brazos cruzados sobre su pecho y con el ceño bastante fruncido, Alisa se dirigió a nosotros un poco molesta.

He tenido un poco olvidada a mi hermana desde que llegué de gira.

No está acostumbrada a compartir mi atención.

Mi madre le sonrió al tiempo que, risueña y con lágrimas en los ojos, besaba mis mejillas.

Casi enseguida mi padre tomó su mano para bailar con ella cerca de nosotros.

"¿Me concedería esta pieza, bella señorita?" dije.

Con una radiante sonrisa, Alisa hizo una reverencia ondeando su vestido a sus costados y asintió.

A lo lejos, vi que Candy y Archie entre risas y bromas, daban vueltas alrededor de la pista con la elegancia nata que ambos poseen.

"Eres feliz, Terry. Lo veo en tus ojos" un tanto sorprendido, bajé mi mirada hacia Alisa mientras bailábamos lentamente.

Abrumado por la intensidad de mis emociones, la tomé entre mis brazos y la pegué contra mi pecho.

No me importa que ahora tenga 8 años de edad. Para mí siempre será mi hermana pequeña. Mi niña hermosa que iluminó mi existencia cuando más oscura estaba.

Si Alisa no hubiese nacido, probablemente yo ya no formaría parte de este mundo terrenal. Su presencia fue mi ancla cuando no tenía absolutamente nada porque vivir.

"De no ser por ti, este día jamás habría llegado. Luchaste por mi felicidad cuando yo ya no tenía las fuerzas para hacerlo" se me quebró la voz antes de terminar de hablar "Gracias"

"Te amo, Terry. Deseo verte feliz siempre" la sinceridad de su confesión inundó de calidez mi pecho.

Sin dejar de bailar con ella, pegué mi frente a la suya y acaricié la punta de su nariz con la mía.

"Yo también te amo. No tienes una idea de cuánto" susurré.

Sus deditos retiraron delicadamente las lágrimas que resbalaban lentamente por mis mejillas sin detenerse a hacer preguntas incómodas.

Con toda la ternura que era capaz de expresar, besó mi frente, y casi enseguida, rodeó mi cuello con sus bracitos permitiéndome disfrutar de este baile con ella en silencio.

"Perdóname por acaparar con mi boda tu cumpleaños" como si hubiese proferido la más terrible de las blasfemias, se separó ligeramente de mí, abriendo cada vez más sus hermosos ojos azules.

"¿¡Bromeas?! Es el mejor regalo de cumpleaños que pudiste haberme dado. Ahora el siguiente paso es que me digas cuando Candy y tú tendrán un bebé" esta vez me carcajeé de nervios ante su impetuosa petición.

"Cada que toco este tema con los adultos, se comportan muy extraño" adornó su rostro con un tierno mohín, lo cual, intensificó aún más mi carcajada.

"Mi cielo, ¿qué estás diciéndole a tu hermano?" preguntó con curiosidad mi madre al verme doblado de risa.

"Le pido que me diga cuando tendrán él y Candy un bebé" mis padres se sonrojaron tanto o más que yo al escuchar las palabras de Alisa.

"Te prometo que tú serás de las primeras personas en enterarse cuando Terry y yo estemos esperando bebé, Alisa" Candy se acercó a nosotros y le sonrió a mi hermana, a la cual en cuanto la coloqué nuevamente en el suelo, se fue corriendo feliz hacia los brazos de Elina para darle la noticia.

El resto de la velada no volví a separarme de Candy. Mi esposa.

Reí, bailé y la besé tanto a lo largo de la tarde-noche, que no recuerdo haber conocido el verdadero significado de la felicidad hasta este instante de mi vida.

Todo gracias a esta maravillosa persona que me ama a pesar de mis innumerables errores.

Lo más curioso es que todo lo que atravesamos en el pasado, sólo consiguió fortalecer el amor que nos profesamos.

¡Que giro tan inesperado del destino!

Cuando el último de los invitados se retiró de casa de mis padres, llegó el turno de Candy y mío de despedirnos.

"Muchas gracias por todo, Eleonor, Richard. Fue una velada inolvidable" Candy abrazó a mi madre mientras yo ponía a Alisa en brazos de mi padre.

Se quedó dormida hacía varios minutos.

Fue un día emocionante para ella también.

"Candy, Terruce, siempre confíen el uno en el otro. Jamás den por sentado el amor que se tienen. Aliméntenlo día a día conversando, riendo, compartiendo hasta el detalle más ínfimo de su día, pero sobre todo, continúen respetándose como ahora. Deseo gocen la dicha de tener un matrimonio tan próspero como el nuestro" dijo mi padre emocionado al tiempo que mi madre colocaba uno de sus brazos sobre su espalda.

"Mamá, papá. Gracias" mis padres me sonrieron complacidos.

Ninguno dijo nada más. No fue necesario.

Sus miradas clavadas sobre nosotros dos juntos, expresó más que mil palabras.

"Elina, fue un placer conocerte"

"El gusto es mío, Candy. Se muy feliz con mi hermano"

Dicho esto, mi esposa y yo nos dirigimos hacia el auto, donde Hans nos esperaba con una de las puertas traseras abiertas.

"Gracias por esta boda tan maravillosa, mi amor. Casarnos frente a todos los seres que amamos, incluso tomarte la molestia de traer a la Srta. Pony, la Hermana María y a los niños de la casa hogar, fue un hermoso detalle. Te amo tanto" rodeó mi cuello con sus manos y me besó castamente en los labios.

"Has llenado mi vida de tanta felicidad y dulzura que no encuentro las palabras correctas para expresarlo apropiadamente. Eres el amor de mi vida, Candy. No hay nada que no sea capaz de hacer por ti. Te amo" conteniendo las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos, me sonrió.

Permanecimos en silencio durante varios minutos, hasta que ella, al ver que nos acercábamos rápidamente a nuestra casa, se enderezó abruptamente.

"Terry, necesito recoger mi ropa y a Tea" acerqué una de sus manos a mis labios y la besé "Obviamente no he empacado nada…" volví a sonreír "¿Por qué no te veo preocupado?"

A partir de ahora nada borrará esta estúpida expresión de mi rostro.

"Créeme, lo que tengo planeado hacer contigo en cuanto atravesemos el umbral de nuestra habitación, no incluye ropa" susurré cada palabra en su oído con deliberada lentitud al tiempo que un intenso sonrojo coloreaba sus blancas mejillas.

Mi mano, ilustrando gráficamente mis palabras, comenzó a recorrer suavemente el largo y ancho de su espalda desnuda que su atrevido vestido revelaba.

Bajo mi tacto, su cuerpo comenzó a estremecerse.

Su mirada ardiente pasó gradualmente de mi boca a mi cuerpo encendido por lo que la noche nos aguardaba.

Ansío conocer a la perfección la anatomía del templo al que le rendiré pleitesía el resto de mi vida.

"Tengo la impresión que el plan que me tiene deparado mi esposo será de mi completo agrado" susurró con su boca a escasos milímetros de la mía.

Hice el ademán de besarla, pero con una seductora sonrisa dibujándose en su rostro, se alejó de mí sin dejar de humedecer sus labios con la punta de su lengua.

Cuanta sensualidad esconde ese gesto. Candy es un ser lleno de matices.

"Todas tus pertenencias y Tea están en nuestra casa en estos momentos" dije sin dejar de observar su rostro. Su boca.

"Por lo visto pensó en todo, Sr. Grandchester" asentí.

Al llegar a nuestra casa, la gente de servicio esperaba por nosotros alineados en la entrada principal.

En cuanto Candy y yo salimos del auto, todos nos hicieron una cortesía mientras Wilfred en su papel de primer mayordomo, se dirigió a Candy con la refinada manera de hablar que lo caracteriza.

"Sra. Grandchester, mi nombre es Wilfred y me pongo a sus órdenes a partir de ahora. Quedo a la espera de sus indicaciones para asignarle a sus mucamas personales que le asistirán en todo momento" expresó formalmente.

"Mi esposo y yo les agradecemos el recibimiento. En cuanto a designar a mis mucamas personales no hará falta. Yo sola puedo hacer mis cosas, además, le aseguro que en más de una ocasión me uniré a ustedes para hacer las labores domésticas de la casa" Wilfred abrió sus ojos completamente anonadado, motivo que por supuesto me hizo reír mientras colocaba mi brazo alrededor de la cintura de Candy.

"Pero Sra. Grandchester, eso no es común… una Señora de su estirpe…" balbuceó Wilfred en vano.

Mi amada lo interrumpió con una de sus deslumbrantes sonrisas.

"No soy diferente a ninguno de ustedes, Wilfred. Aunque lleve el apellido Andley y ahora Grandchester, no cambia quien soy en realidad. Soy adoptada y me enorgullezco de mi origen. Conozco el trabajo duro. Se lo que es servir en una casa tan grande como esta. Además, no veo porque gente de cierta posición social se ve imposibilitada en colaborar con la limpieza de su propio hogar. Le voy a pedir que no me lleve la contraria y me complazca en este capricho mío" cuando Candy terminó de hablar, una diminuta sonrisa se dibujó en la cara de Wilfred.

Es extraño ver a alguien tan serio como él sonreír, pero quien puede culparlo, después de todo, es el efecto que Candy ejerce sobre todos los que la conocen.

"Será un placer trabajar a su lado, Sra. Grandchester" señaló con una ligera cortesía de su cabeza.

"¿Verdad que mi esposa es una mujer maravillosa, Wilfred?" musité emocionado mientras besaba la coronilla de la cabeza de Candy, la cual sin dejar de reír, negó con vehemencia mi afirmación.

El equipo que ahora trabaja conmigo es el mismo que me sirvió durante mi matrimonio con Susana, así que verme en este estado de euforia los sorprendía tanto que eran incapaces de ocultar su asombro.

"Sin duda lo es, Sr. Grandchester" respondió solemne.

"Espero mi gatita Tea no les haya dado muchos problemas, Wilfred" preguntó ligeramente preocupada.

"Despreocúpese Sra. Grandchester. Es una gatita muy entendida y educada. En estos momentos debe estar conociendo el jardín" Candy asintió más tranquila.

"Pueden retirarse a descansar. Muchas gracias" con una reverencia, todos desaparecieron por el pasillo "en cuanto a usted, Sra. Grandchester, permítame escoltarla como merece"

Sin darle oportunidad de decir nada, la tomé entre mis brazos y de esa manera subimos las escaleras entre risas y caricias.

En cuanto atravesamos el umbral de nuestra habitación, cerré la puerta tras de mí con un empujón de mi pierna, coloqué suavemente a mi esposa sobre el amplio colchón de la cama con dosel que ninguno de los dos se detuvo a admirar y acaricié con mi mirada los ángulos del rostro de mi amada así como las curvas de su cuerpo que se ocultan bajo ese hermoso vestido que muy pronto quedará olvidado en algún rincón de esta habitación.

"Eres tan bella…" me sonrió con su mirada al tiempo que las yemas de sus dedos acariciaban lentamente mi rostro, mi cuello.

"Ámame Terry" con esas dos palabras dichas, me dejé llevar por el flujo de emociones que sólo ella es capaz de despertar en mi interior.

Creé un camino de besos desde su mentón, bajando lentamente por su cuello hasta llegar al área del escote, mientras que mis manos curiosas, comenzaron a recorrer gradualmente los montes y valles que oculta su cuerpo, percibiendo con más intensidad, como la fragancia característica de mi Candy, penetra rápidamente por mi nariz, haciéndome perder rápidamente los estribos.

¡Rosas!

No quiero apresurarme.

Deseo saborear cada caricia, cada gesto que se dibuja en su cara, cada instante que sus manos acarician apasionadamente mi espalda, mis glúteos, mi vientre bajo, pero oírla musitar mi nombre entre gestos de placer y gemidos, me llevan a un éxtasis tan sublime como desconocido del que ansío embriagarme una y otra vez.

No sabía era capaz de experimentar este nivel de excitación y que mi corazón viviera para disfrutarlo.

He fantaseado tantas noches este momento, que ahora que se me presenta la maravillosa oportunidad de vivirlo, quiero darme el lujo de gozarlo al máximo.

En algún momento durante nuestra exploración, la ropa comenzó a estorbarnos.

Con movimientos ágiles y desesperados, nos deshicimos de las prendas que cubren nuestra desnudez, quedando en igualdad de circunstancias en tan sólo unos segundos.

Mis pupilas se dilataron en cuanto aprecié con plenitud la perfecta anatomía de la diosa que justo ahora se encuentra tan encendida como yo bajo mi abrazo.

"Te amo tanto, Candy" musité roncó por la pasión que nos envuelve.

Casi enseguida, tomé posesión de sus labios, deteniéndome a saborear el dulzor de sus pezones firmes y endurecidos al tiempo que gemidos ininteligibles escapaban involuntariamente a través de su boca.

Esta hermosa mujer que tengo el privilegio de tener a mi lado como mi esposa, amiga, amante y compañera, se estremece tanto ante cada primer caricia que dejo caer sobre su cuerpo, que creo llegaré al clímax sin haberla penetrado siquiera.

Ella y yo nos acoplamos con tal finura, que pareciera ambos fuimos diseñados para completar el cuerpo del otro.

En un acto inesperado, Candy rodó sobre si misma hasta quedar encima de mi inmovilizándome por completo.

Después de la impresión del primer momento, fui presa nuevamente de la pasión cuando sentí sus manos hirvientes iniciando su recorrido sobre mi cuerpo, al tiempo que su boca tomaba posesión de mi cuello, mis pectorales, mi torso, mi entrepierna…

¡Dios! Si sigue así yo…

Totalmente excitado, aferré mis manos sobre los largos rizos de Candy acelerando el ritmo de su caricia.

Arcadas involuntarias azotaron mi cuerpo una y otra vez. Una y otra vez.

"Candy… Candy…" gemidos generándose desde lo más profundo de mi garganta me impidieron hablar coherentemente.

Lo más curioso de todo es que no hizo falta comunicarme con palabras.

Ella parece adivinar como hacerme perder por completo la cabeza.

Tanto Candy como yo continuamos con este juego sensual durante algunas horas, llegando juntos al clímax varias veces sin siquiera haberla penetrado.

Cuando creí haber alcanzado los niveles máximos que esconde el intercambio físico del amor, mi esposa me hizo ver lo equivocado que estaba cuando finalmente nos convertimos en un sólo ser.

Con un ritmo lento al principio, me permití disfrutar de la calidez de su piel, de las dimensiones de su cuerpo, de la visión de su sudor mezclándose gota a gota con el mío, de su mirada suplicando _mientras mueve impetuosamente su pelvis contra mi entrepierna_ más caricias.

Sorprendiéndome una vez más en la noche, Candy apresuró nuestra unión con rudeza colocándose encima de mí, momento que disfruté tanto como ella mientras la veía echar su cabeza hacia atrás completamente excitada y fuera de sí.

Aferró sus manos sobre mis muslos flexionados y comenzó a moverse con más premura sobre mi cadera. Me pareció oírla gemir ininteligiblemente mi nombre entre cada sacudida de la que eran presos nuestros cuerpos.

Mientras sus movimientos se tornan cada vez más apremiantes, mi esposa me lleva a conocer una nueva sensación de locura que nunca antes había experimentado.

Perderme dentro de ella en este torrente de emociones sin fin y verla moverse sobre mí con tanta libertad, es tan abrumador que tuve ganas de llorar.

¡Que glorioso es compartir el mismo lenguaje que la persona amada en estos momentos de intimidad! me dije despegando mi espalda de la cama.

Mis brazos convulsos envolvieron su cuerpo hirviente al sentir que ambos estamos cerca de llegar al clímax nuevamente.

La piel de Candy comenzó a tornarse de un hermoso color rosado mientras nos movíamos cada vez más ímpetu de arriba a abajo.

Antes de explotar dentro de ella, tomé posesión de su boca mientras que juntos, llegamos a la cima del placer clamando entre alaridos y jadeos el nombre del otro.

Agitada y exhausta como yo, Candy se derrumbó sobre mi cuerpo, mientras que sus largos rizos rubio rojizo caían como una ingobernable cascada sobre parte de mi rostro y la almohada bajo mi cabeza.

Ninguno dijo nada. No hizo falta.

En algún momento durante la noche, nuestros cuerpos se acomodarían de modo que ambos estuviésemos en una posición más cómoda, pero mientras me perdía dentro de la inconsciencia del sueño, coloqué posesivamente una de mis manos sobre sus glúteos y dormí la mejor noche de mi vida.

Sin abrir los ojos, palpé a mi alrededor en busca del cuerpo de mi esposa, pero cuando sentí su lado de la cama frío, abrí los ojos.

Con mi mirada busqué a Candy alrededor de la habitación, pero nada.

No hay señales de ella por ningún lado.

Iba a ponerme en pie cuando vi la puerta de mi habitación abrirse de golpe.

Prontamente tomé la sábana para cubrir mi desnudez, pero cuando vi a mi esposa entrar con su camisón blanco cargando entre sus manos una enorme bandeja, me relajé al instante.

"Buenos días, mi amor" dijo sonriente mientras cerraba la puerta con un gracioso golpe de cadera.

Sin importarme yacer desnudo frente a ella _lo cual después de lo vivido anoche sería absurdo_ me puse de pie y la ayudé a cargar nuestro desayuno mientras depositaba un casto beso sobre sus labios.

"Buenos días ¿dormiste bien? Me preocupé cuando no te vi al despertar" coloqué la bandeja sobre el pequeño desayunador que está en nuestra habitación.

Me gusta la idea de degustar la comida en la intimidad de nuestro espacio personal.

"Mi plan era sorprenderte con el desayuno cuando despertaras. Creo que fracasé" adornó su rostro con un gracioso mohín.

Conmovido, rodeé sus hombros al tiempo que pegaba mi frente contra la suya.

"Soy tan afortunado de tenerte a mi lado, Candy. Si esto es un sueño, no quiero despertar jamás" al oírme hablar, me sonrió mientras rodeaba mi espalda desnuda con sus brazos.

"Yo tampoco quiero despertar, y menos si tendré esta visión de ti todos los días" admiró mi cuerpo desnudo con tanto descaro que empecé a carcajearme con fuerza.

"¿Tanto le gusta el panorama, Sra. Grandchester?" pregunté mientras levantaba una de mis cejas en su dirección.

"Bastante" respondió con tanta picardía que me sonrojó.

"Jamás dejas de sorprenderme, Candy" musité divertido al tiempo que me ponía mi bata para disgusto de mi golosa esposa.

"Me gustaba más como te veías antes" repuso con un puchero.

"Es usted muy golosa" se colgó de mi cuello con sus brazos sin dejar de sonreír.

"Tu despiertas mi apetito" dijo "pero ahora de lo que tengo hambre es de comida. Desayunemos o se enfriará"

Con mi mano entrelazada con la de Candy, vi los suculentos manjares que yacían frente a nosotros; jugo de naranja, pan tostado con mantequilla, fruta de temporada y huevos Benedictinos.

"Se ve delicioso" después de cerrar la silla de Candy, me senté frente a ella con un apetito feroz. Resultado de la intensa actividad que tuvimos la noche anterior.

"Espero te guste. Yo misma lo preparé" comentó orgullosa de sí misma.

"Estará delicioso, entonces" mis ojos se clavaron sobre su cabello y caí en la cuenta que esta es la primera vez que lo veo suelto.

Sus holgados rizos caen en un hermoso desorden sobre sus pechos abultados y perfectos, cubriéndolos por completo. Incluso, estos rozan su vientre sin problemas.

"Tienes el cabello muy largo" con curiosidad, tomó uno de sus mechones y asintió.

"Pensaba cortármelo un poco" dijo al tiempo que sorbía un poco de jugo.

"No lo hagas. Me gusta mucho como te ves con el cabello largo" se estiró sobre la mesa con el único fin de depositar un beso sobre mis labios.

"Así lo dejaré entonces si eso complace a mi marido"

El resto del desayuno _dicho sea de paso le quedó exquisito_ platicamos y reímos, hasta que decidimos tomar un baño juntos por primera vez. Pretexto perfecto para entregarnos nuevamente a los placeres del amor.

La deseo tanto, que mis ansias de hacerla mía son cada vez más urgentes conforme nuestros encuentros íntimos incrementan.

Candy es dulzura, seducción, amor, pasión, fuego.

Ella es un ser tan brillante que, no puede existir complemento más perfecto para alguien tan oscuro como yo.

"Mi amor, hay algo que debo decirte" la mesura que percibí en su voz mientras permanecíamos recostados en nuestra cama, me inquietó.

Sin levantar su cabeza de mi pecho, comenzó a dibujar círculos sobre mi torso desnudo mientras sentía claramente como su respiración se tornaba agitada.

"¿Qué sucede, amor?" la insté a continuar, pero nada.

Guardó silencio los 5 segundos más largos de mi vida.

Nunca he brillado por mi paciencia, pero si ella es paciente con mis prolongados silencios, ¿por qué no intentar corresponderle de la misma manera?

Resuelto a darle su tiempo para hablar, esperé mientras una de mis manos continuaba acariciando la tersa piel que recubre sus hombros.

Respiró profundamente, levantó su rostro hacia mí y al tiempo que clavaba sus ojos sobre los míos, habló.

"Albert rompió todo lazo laboral y de amistad que algún día lo unió a Loyd y su familia" mi corazón perdió unos latidos cuando escuché la confesión que Candy acababa de hacerme.

¿Acaso esa decisión tiene que ver con la visita que él me hizo en casa de mis padres meses atrás?

¿Albert se enteró? O ¿es que pasó algo más?

Como si hubiese leído las preguntas silenciosas que se formaron en mi mente, Candy comenzó a relatarme con deliberada lentitud la verdadera razón del porque ella y mi familia se ausentaron del palco durante el estreno de La Tempestad 3 meses atrás.

"¡Maldito sea! se atrevió a… pero ¡por qué demonios me hicieron creer una mentira!" espeté furioso mientras me sentaba al borde de la cama con mi cabeza entre mis manos.

"No quería que te fueras de gira con esa preocupación en mente. Me aterra pensar que pudiste haberte enfrentado a Loyd por mi culpa. Si él te hubiese dañado yo… no podría soportarlo, Terry" rodeó mis hombros con sus brazos mientras recargaba su frente sobre mi espalda.

"¿¡De verdad crees que mi carrera es más importante que tú, Candy!?" giré sobre mí mismo hasta caer encima de ella en nuestra cama.

Levanté mi rostro hacia Candy y, furioso, tomé sus mejillas entre mis manos.

Sus ojos completamente azorados por mis palabras, no dejaban de verme, de analizarme al tiempo que lágrimas comenzaban a escurrir por su rostro.

"¡Nada ni nadie es más importante para mí que tú! Sin dudarlo habría cancelado mi gira con la compañía para quedarme en Nueva York y protegerte de Loyd. Robert habría usado al actor suplente sin problemas" musité cada vez más irritado.

"Creí estar haciendo lo correcto… yo no…" suspiré pesadamente mientras recargaba mi frente sobre su pecho desnudo.

¡MALDITA SEA! ¿Quién soy yo para reclamarle su proceder cuando actué de la misma manera meses atrás?

Avergonzado de mí mismo, me incorporé de la cama sin atreverme a encararla, me puse mi bata y me encaminé hacia uno de los ventanales que decoran nuestra habitación.

Admiré con fingida fijación las estrellas que recubren el cielo nocturno de Nueva York.

"¿Terry?... ¿estás muy enfadado conmigo?" sus brazos rodeando mi torso fueron un doloroso deja vu de una escena similar en las escaleras de un hospital varios años atrás.

La única diferencia es que en ese momento era yo quien se aferraba a ella con desesperación por la espalda.

Tomé una de sus manos y besé uno a uno sus falanges mientras volvía mi atención hacia ella.

"No. Más bien estoy avergonzado conmigo mismo por perder los estribos de esta manera. No soy nadie para reprochar tu proceder. Después de todo, yo hice exactamente lo mismo que tú" sorprendida por mis palabras, Candy me observó confundida.

Bajó la mirada unos momentos a la alfombra. Segundos después, entrelazó una de sus manos con la mía y me guio a la cama. Nos sentamos uno al lado del otro y me observó en silencio esperando a que iniciara mi relato.

Esta vez no era una petición como en ocasiones anteriores.

Claramente identifiqué el mandato en su mirada severa, así que sin más rodeos, le narré a detalle acerca de la visita que Loyd me hizo un día antes de que ella llegara a Nueva York.

"¿Por qué no me lo dijiste?" preguntó sin soltar mi mano.

"Por la misma razón que tú. Tuve miedo, pero al mismo tiempo, encontré verdad en sus palabras" mascullé cada vez con menos decibeles en mi voz.

Con brusquedad, Candy retiró su mano de la mía, tomó mi rostro entre sus manos y me obligó a verla a la cara.

"Ni se te ocurra volver a considerar siquiera que Loyd tiene razón. ¿No te das cuenta que estamos cayendo en su juego al darle cabida a sus palabras? Tú no eres mi perdición como él se empeñó en hacerte creer. Eres mi amor, mi vida, MI TODO. Te amo, y eso es algo que una persona perdida como él es incapaz de entender" ahora fue mi turno de tomar su rostro entre mis manos.

Pegué mi frente a la suya y asentí.

"Tienes razón. Perdóname por haberte ocultado algo tan importante" dije.

"Perdóname también a mí por no haber considerado como te sentirías al ocultarte lo sucedido con Loyd. Él me ha dicho cosas tan horribles para evitar nuestra unión. Te aseguro que el afecto que algún día le tuve, él mismo lo mató" besé sus labios.

Candy entrelazó sus dedos en mi cabello acariciando con sus pulgares mi cuello en el proceso.

"A partir de este momento no habrá secretos entre nosotros. Es una promesa" coloqué mi mano sobre su pecho, emulando ella poco después mi gesto.

"Te lo prometo, mi amor. Te amo" caí suavemente en la cama con ella encima de mí, al tiempo que sellábamos nuestra promesa entregándonos una vez más a los placeres del amor.

Continuará...


Notas de la autora.

La escena de amor entre Terry y Candy quería que fuese suave pero al mismo tiempo que reflejara emociones como el deseo, la ternura, el gozo... por supuesto que no puedo ser muy explicita, porque de hacerlo tendría que cambiar la clasificacion de mi histotria y es algo que no quiero hacer.

Describir esa escena sin parecer "vulgar" o innecesariamente descriptiva fue dificil, sin embargo espero que como yo se imaginen esa escena.

Les dejo muchos besos a todos los que leen mi historia y por supuesto a aquellos que me dejan sus hermosos reviews.

Nos leemos pronto!