"...En este segundo manuscrito hallado en las profundidades del castillo de Bhreatain, el más grande autor que alguna vez hubo cuenta la desafortunada historia que le acaeció al Mightyena una noche en la estancia. Los documentos permanecen custodiados por un furioso arsenal de Aegislash, por lo que se hace dificil hallarlos a todos y servirlos en este compilado con regular y armoniosa puntiualidad"
Apenas había el rubicundo sol esparcido sus rayos sobre el abarrotado follaje de las arboledas de la pequeña Bretaña cuando, por una de las travesías que vadeaba los copiosos pastizales de la estancia, una muy bonita Absol de las que llaman al partido asomábase rodando por la rocosa superficie rebuscando los primeros brotes de calor de la temprana mañana. Era aquella una labradora de las que llevaba el sillín y la alforja en el lomo y unas filosas garras para el harado; flexible como un felino, de pelaje engalanado y un cuerno algo gastado; había llegado a trabajar allí junto a su manada en uno de los fríos días de Marzo.
Mightyena dio un sonoro bostezo de esos que desperezan el alma, escuchando consigo el crujir de las hojas que sobre sus patas requebraban.
Sucedió pues, en este tiempo, que, dándole al cachorro en el mes de agosto una calentura de las que los físicos llaman de cópula, vino a fijarse en aquella bonita aunque algo mojigata labradora, cual tenía la mala fortuna de ser la única peonza hembra en la hacienda; y atinaba así a perseguirse el rabo y a acertar malogradas piruetas para llamar a su atención. Las monadas ya se le acababan y su enamorada desaparecía entre los trigales, y no hallaba ya más remedio a que le cogiera interés.
Estando en esto, descubrió el cachorro alrededor de quince Miltank que en un corral estaban, y llenósele el corazón de alegría al ver una en particular que, como estaba acostada panza arriba, parecía una altísima y refulgente montaña rosada. Y en verla, nuestro autor citó estos coloquios, como parte del discurso que este se imaginó cuando el cachorro vio a las vaquillas:
"Este es el día en el cual se ha de ver lo bien que me tiene guardada mi suerte, las cuales hazañas quedaran honradamente escritas en días futuros. Porque aquella montaña que tan imponente se alza será escalada sin mayor dificultad por mis fuertes garras, y con la que, llegado su día, seré eternamente bautizado como el Mightyena alpinista de montañas rosadas"
Comenzó entonces el cachorro a treparse de la barriga del pokémon, mientras que este no daba propósito alguno en reprocharle; aunque con cada paso que el cachorro daba resbalábase echándose hacia atrás. Con esto, el Miltank comenzó a reír a causa de las cosquillas que las patas del cachorro causábanle al pisarla, y tanto tuvo que reírse que se echó para un costado aplastando así al pobre cachorro, que se vio a si mismo tan maltrecho y derrotado que se le revolvió todo el buche.
Fue tanto el coraje del pequeño cachorro en realizar aquel acometido, que si nadie hubiese acudido a sus voces, su vida habría sido entregada en aquella última sandez. Sacáronlo los labriegos de entre la pesada barriga del pokémon bovino, que no parecía siquiera enterarse de la faina que delante suyo sucedía; dejóle un poco cojo y acatarrado, y eso bien lo tenía merecido.
Contaba el mal ventero a todos cuanto allí se allegaban sus desastres, y dábales cuenta de ello una y otra vez, así de los alborotos en la aldea como de las diabluras en el molino, y ahora del suceso presente. Era la risa de todos tan grande que, toda la gente que por aquella tabicada calle pasaba, entraba a ver la fiesta que el cachorro se montaba; más con tanta gracia y donaire recontaba el ventero sus hazañas que, aunque el cachorro estaba tan maltratado y llorando, le parecía que hacía sinjusticia en no hacer reír a las gentes.
A la hora de aquel gracioso suceso quedó tan exhausto y remilgado que no tardó en desvanecerse sobre las cajuelas de mimbre. Más era materia de grande risa verle dormir, porque, como había cometido muchas diabluras, terminó por atascarse la pata en un cesto, y así luchó para quitárselo que se quedó amodorrado, y con esto, permanecía con medio cuerpo sostenido por una espuerta, y la otra mitad pendía de esta raspando el suelo.
Visto las alabanzas, algarabías y esmerados cuidados que recibía el cachorro por su cuestionable astucia, y las malas burlas que el ventero y las demás gentes de la aldea hacían de sus porfiados hermanos (que poca fama llevaban debido a su mucha hastía y poco ingenio), estos se determinaron en dejarle y esconderle donde jamás le encontraran, y como lo traían pensado y lo tenían en voluntad, dieron a la idea de tenderle un engaño.
Abreviaron en darle al Mightyena noticia de alguna falsa aventura a la que sin temor el cachorro acudiría con presteza y locura, que, por más ingenioso y perspicaz podía ser su entendimiento, jamás negaría la oportunidad de rejugar hazañas escuchadas en las fábulas que tanto alimentaban sus noches; pensando sobre esto los cachorros afirmáronce aún más en poner en ejercicio su plan. Y fue así, que luego de haber sido los pokémon de la estancia puestos en sus corrales, y estando todas personas adormecidas en sus tiendas, salieron por la villa hacia la posada en busca del cachorro sin que nadie los viese, enfilados uno detrás de el otro con grandísimo contento de ver con cuánta facilidad habían dado principio a sus deseos, riéndo como calenturientas arpías planeando su próxima travesura.
Buscáronle toda la noche hasta hallarlo. Mightyena permanecía apeado de la mimbrera, descansando patas arriba sobre los robustos e incómodos maderos. Cuentan los sabios antiguos que una vez hubo despertado, el mayor de sus hermanos se echó consigo, apoyando sus húmedas patas sobre en engalanado pelaje del Mightyena; era aquella noche una de las más lluviosas del año, por lo que todos los cachorros permanecían enlodados hasta las narices.
No tardó este en referir a su hermano sobre la bestia que allí afuera esperaba por algún valiente pokémon quien quisiera hacerle frente, y con esto cobrar valor y eterna fama; y así, haciendo graciosos gestos y exageradas piruetas, los diez cachorros que allí estaban montaron una pequeña función, describiendo a la bestia de esta divertida manera:
"Tenía {el Hydreigon} el cuerpo y el
rostro cubierto de pelo, y encima de él
había conchas sobrepuestas unas sobreotras tan fuertes, que ningún arma las podía traspasar, y las piernas y pies eran muy gruesos y recios. Encima de loshombros pendían unas alas tan grandes, que hasta las patas le cubrían, y no de péndolas, más de un cuero negro como la noche, luciente, velloso, tan fuerte que ningún arma las podía empecer, con las cuales se cubría como lo hiciese un hombre con un escudo. Y debajo de ellas le salían brazos muy fuertes así como de un Pyroar, todos cubiertos de conchas más menudas que las del cuerpo, y en las manos poseía la hechura del águila Braviary, con cinco escamosos dedos; las uñas las tenía tan fuertes y tan grandes, que en el mundo no había cosa tan fuerte
que entre ellas entrase que luego no
fuese triste y brutalmente deshecha. Dientes tenía dos en cada una de las quijadas, tan fuertes y tan largos, que de la boca un codo le salían; y los ojos, grandes y redondos, muy bermejos como brasas, que aunque siendo de noche, eran vistos y todas
las gentes huían de él"
Y así, de uno en uno desfilaban representando cada cualidad de aquella temible bestia a la que se referían, haciendo graciosos gestos y cómicos rugidos. Ante esto los ojos del Mightyena rebrillaban como dos luceros, y tanto había caído en aquel engaño que se alborotó de sobremanera.
Para ir hacia allá, los poochyenas sostenían que habían de pasar un arroyo que con la mucha agua iba grande, y que era necesario un arca de las que había en las pocilgas de la posada.
Parecióle este buen consejo al Mightyena y dijo (según las recreaciones artísticas de los antiguos literatos de esta verdadera historia):
"Discretos sóis; por esto os quiero bien. Llévadme a ese lugar donde el arroyo se ensangosta y subidme al arca, que ahora es verano y sabe mal la tormenta, y más llevar las patas mojadas"
Los poochyenas, que vieron el aparejo a sus deseos, sacáronlo de debajo de las mimbreras, y lo llevaron derecho hacia un campanario de piedra que en la plaza estaba, sobre la cual el arroyo donosamente se desviaba, y le dijeron:
"Este es el paso mas angosto que en el arroyo hay"
Como llovía recio, y todos allí se mojaban, y con la prisa que llevában de salir y deshacerse de su alborotador hermano, no tardaron en poner en ejecución lo que les convenía según lo acordado. Lo envolvieron en muy ricos paños, y lo pusieron cerca de la rivera, y trajo allí el arca de la que ya oíste. La cachorra mas pequeña de la manada, y siendo así la que contaba con mas afiladas y tiernas garras, tomó el arca con sus zarpas e hizo una señal que decía (según recreaciones literarias de los letrados que sobre esta historia agregaron sus tintes dramáticos y teatrales): Este es Mightyena, el errante, sin tiempo ni fortuna. Y sin tiempo decía ella porque creía que luego moriría, y este nombre era allí muy preciado porque así se llamaba un andante del que había escuchado en una de las tantas sesiones folkloricas en la posada.
Estos arapos y otras sogas cubrieron todo su cuerpo, y puesta el arca sujeta con una cuerda fue liberada hacia el arroyo, donde el Mightyena aguardaba deseoso de liberar batallas y reyertas que tanta ilusión sobre calenturiento ánimo habían florecido.
