Craig azotó la puerta con fuerza, al parecer había casa sola.

-¡No cierres la puerta tan fuerte!-O no, Ruby gritó desde la cocina.

-Cállate niña-Contesto Craig. No se dejaría intimidar por su hermana menor. Escucho que la niña lo arremedo. Subieron al cuarto de Craig, un desordenado cuarto, sobre el escritorio libros abiertos, plumas con la tinta de afuera, manchando unas cuantas hojas con escrito en ellas. En el suelo, ropa tirada, los zapatos y basura "ocultos" debajo de la cama.

-Giuh Craig, ordena de vez en cuando.

-No quiero oír eso de alguien que seguramente tiene posters de mujeres semidesnudas en su cuarto.

-¡Bingo!

El pelinegro se echó sobre su cama con sabanas destendidas. Aprovechó lo frio de su almohada para darse ese ligero placer. En boca abajo habló.

-Kenny, te escucho.

-¿Eh?

-Explícame tu situación.

-Oh, eso. Ni yo sé está pasando. Bueno, ¿Puedo sentarme?

-Si.

-Comenzare desde donde inicio esto.-Tomo asiento al lado del tendido cuerpo de Craig.- Fue hace como diez u once días. Me levante como en todas las mañanas, normal, preparándome para irme a la escuela, sí, siempre me despertaba tarde y no tenía tiempo de desayunar. Lo primero que note fue que al tomar la perilla hubo como una, una… un rechazo de mi mano hacia ella. Pero logre tomarla y abrirla. Vi a mi madre en la cocina, esto no lo recuerdo claramente, pero creo que hablaba con alguien, la llame pero no tuve respuesta. Así que Salí de ahí, y de nuevo paso con la perilla de la entrada principal.

Tomo una pausa. Después de unos segundos viajando su mirada por el suelo; continuo.

-Llegue al colegio, entre al salón…Llame a Kyle pero me ignoró. Pensé que había hecho algo mal. Al rendirme con Ky, trate de hablar con Stan, también hizo "como él que no me vio", eso pensé. Hasta que… Me coloque frente a Butters, pero él pasó de largo. Ahí es donde me di cuenta que algo estaba mal, me desespere. Les grite en su cara si estaban enojados conmigo, no me escucharon. Lo que me confundió totalmente fue que Leo pregunto por mí, del por qué no había venido hoy, estando yo al lado de él.

Apretó sus puños

-¿Puedes imaginar la angustia que sentí en ese momento? Que nadie pueda verte, no puedan oírte, que tu piel no sienta, querer tocar algo y que te rechace… Es horrible. No hable con nadie en una semana entera. Caminar por las calles con desaliento y miedo. Ser un fantasma y no tener idea porque te sucede esto. ¡Craig!-El chico se espantó- ¡Por esa razón fue! De la manera en la que actué cuando te vi, podías verme. Fuiste mi luz Craig, no, lo eres. En verdad me sentí tan aliviado, con una esperanza, podía repetirme "No estoy solo"

Después de esas palabras, Craig sintió la necesidad de pedir disculpas una vez por todas. No se había dado la ocasión, esta era perfecta. Se levantó, recargó su espalda contra el respaldo de esta.

-Kenny, perdón por haberme comportado de esa manera. Acababa de tener una pelea, decir que fue una pelea es injusto, yo fui él que agredió, me desquite con Clyde.

Kenny sonrío.

-Estas perdonado. ¿Ya me crees?

-¿Cómo no creerte después de todo? Además…

-¿Además?

-Antes de que pasara eso con Clyde, Kyle iba a mencionar tu nombre, pero se cayó antes de pronunciarlo, tan sólo se quedó mirando tu escritorio.

Vacío...

-¿K-Kyle?-Una borrosa nube cubrió la mirada de Kenneth.- ¿Así que sabe que falto?

Faltar, recordar…

-En realidad, no recuerdo casi nada desde hace una semana, no puedo recordar que hice antes de que esto pasara. Sinceramente, estoy muriendo de ansiedad.

Se escuchó el timbre. Ruby grito desde la cocina, una vez más. Abrió la puerta sin esperar una respuesta de su hermano y dejó pasar al invitado. Este subió las escaleras y toco la puerta de la habitación de Craig, él dueño abrió.

-¿Butters?-¡Le dije a Ruby que no abriera la puerta si yo no estoy presente!

-Ah, hola Craig. Vengo a entregarte tu mochila. –Miro hacia sus pies, como si la conversación fuese con ellos, sonreía y hacia su habitual gesto-La olvidaste en el colegio. Siento no haberla traído antes, estaba ocupado, tú sabes.

-¡¿Butters!?-Gritó Kenny.

-Esto, ¿Tienes tiempo? Quisiera preguntarte algo.

-¿Eh? ¿A mí?-Se apuntó así mismo con su índice.

-Sí, ¿Puedes?

-Hmmm, solo un ratito.

Craig abrió por completo la puerta. El pequeño entro con nerviosismo, sus ojeras continuaban ahí, debajo de sus azules ojos.

-Oh Dios, Leo ¿Por qué tienes ese aspecto? Craig pregúntale si le pasa algo.

Con esto, Tucker confirmó que no podían ver a Kenny. Butters sería incapaz de ignorarlo. Si fuera una broma por parte de los chicos, como sucedió antes con Cartman, Stotch no tendría que seguirla fuera de la escuela.

-Butters, contéstame con la verdad ¿Entiendes?

-S-sí.

-¿Has escuchado alguna vez el nombre Tweak Tweek?

No quería que la respuesta fuese un "No" no podría soportarlo. Dependientemente de su respuesta, su teoría se descartaría o se aprobaría. Cualquiera de las dos le provocaría insomnio por las noches.

Butters pensó, cerró sus ojos. Ambos chicos concentraron su vista sobre él, esperando a que sus labios desprendieran una sola palabra, una sola respuesta.

Al minuto los abrió. Sus ojos turquesa se impregnaron de agua, brillaban.

-No lo sé.

-Butters.

-Craig, ¡yo no lo sé! Realmente.

Craig colocó su mano sobre el frágil hombro de Leopold, este sobresalto. Al instante, el mayor sintió la misma acción sobre él, volteo y miro a Kenny matándolo con sólo su mirada pesada.

-Craig, él no tiene la culpa de no saberlo, ¿Qué diablos estás haciendo?

-Comprendo Stotch, ¿Estás bien?

El de menor estatura se sorprendió al escuchar tal pregunta de tales labios.

-Si…

-Woh, pensé mal.-Retiro su mano. Al igual que Kenny, Craig se alejó.

El rubio mayor se acercó al rostro de Butters, observo sus ojos caídos, sus labios partidos. ¿Cómo alguien tan puro e inocente puede tener tal aspecto? ¿Quién se atreve a perturbarlo de tal forma?

-¡Pregúntale de nuevo! ¡Es obvio que algo le pasa! Leo, sé que no puedes escucharme ni verme, pero estoy aquí, contigo. Destrozare a todo aquel que te haga daño, Leo…

-¿Y si eres tú el culpable?

Ambos rubios voltearon con rapidez hacia el moreno.

-¿Qué?-Hablaron en unísono.

-Tengo otra pregunta, ¿Recuerdas a Kenny McCormick?

-¿Me recuerda? ¿Qué quieres decir?

-¿K-Kenny?-Esta vez no tuvo tiempo de cerrar su ojos, se empañaron de lágrimas, salían sin descontrol. Él no entendía el porqué, solo sabía que el corazón le dolía. Un gran hueco se comía su aliento, sin poder entender, él lloro.

-¿Lo recuerdas?

Negó.

-Esto es raro, ¿Por qué e-e-estoy llorando?-Restregó sus ojos, fue inútil.- ¿Sabes cómo se siente cuando sueñas con, snif alguien, te despiertas y tratas de recordar su rostro y no puedes? S-solo, snif, te queda su calidez, su sonrisa, el sentimiento de melancolía. De e-esa manera me siento al escuchar "Kenny"

-Butters…-Quería con toda su alma secar esas lágrimas y envolverlo en un abrazo, pero no podía, ¡No podía tocarlo!

-Extraño a la persona de nombre Kenny, lo sé, entiendo que… ¡Lo necesito! ¡¿Sabes quién es Craig?! Es t-t-tan solitario, sé que si esa persona estuviese a mi lado sería totalmente f-feliz, snif, completo -Lagrimeaba, su voz quebrada tocó el corazón de Kenneth por milésima vez. Desde que Kenny lo conoció bien; se había jurado protegerlo, ese recuerdo del pasado estaba intacto, era tan fuerte.

-Tal vez sea mi todo, yo… yo lo-El sonido de llamada del celular de Butters corto sus palabras. Su expresión cambio drásticamente, de desconsuelo a pánico.

-¡Mierda!-Comenzó a temblar, con su dedo índice buscaba tratar de contestar, pero este temblaba demasiado que no logró deslizarlo correctamente sobre la pantalla.

-¡¿Son sus padres?!-Grito Kenny. Seguido de nuevo con esa mirada de antes, ojos verdaderamente de odio, un brillo que marcaba determinación.

Por fin, el rubio contestó.

-¿S-si?-Alejo rápidamente su celular de su oído.

-¡¿DONDÉ CARAJOS ESTAS SEÑORITO?! TE DIJIMOS QUE ESTABAS CASTIGADO.

-P-p-padre, y-yo l-lo siento. Ya regreso ¡Lo prometo!

-MAS VALE QUE TE APRESURES.

Colgó.

-Ah, tengo que irme, nos vemos Craig.

-¡NO! ¡Maldita sea Craig, no lo dejes ir! ¡Detenle por favor!-Al chico a quien le hablaba no estaba en sí.

Butters ya había salido corriendo de la habitación.

-¡BUTTERS!-corrió tras él. Kenny era mucho más rápido, estiro su mano antes de que él abriera la puerta principal, alcanzo su ropa, en vano, no podía tocarlo. ¡Qué gran coraje!

Leopold se subió en su bicicleta y pataleó con todas sus fuerzas. Kenny lo seguía, con el aliento en su pecho, corría lo más ligero que pudo tras él. El horror de Butters crecía con forme pasaban los segundos, pensando lo que se vendría, pataleo más y más fuerte. El miedo es algo que te hace reaccionar de esa manera.


Kenny corría, desacelerando cada vez más su paso. Con la respiración agitada descansó sus brazos sobre sus muslos. Acalorado inhaló y exhaló, las gotas de sudor bajaron por su barbilla.

-¡AAH!-Incorporo de nuevo su cuerpo y trotó hasta llegar a tal casa, donde espera ese perturbado rubio. Con puerta cerrada y bicicleta fuera, tirada descuidadamente. Llego tarde, aunque ¿Cómo podría haberlo detenido? Eso no importa, hubiese hecho cualquier cosa para impedir que entrara a su castigo.

-¡Butters!-Corrió hacia aquella puerta. Que sorpresa, no podía tocarla, ni rosarla.- ¡Mierda! La ventana-Dirigió su mirada buscándola, esta estaba con cortinas verdes abajo. Sin más que perder tiempo acerco su oído a la entrada.

-A ver jovencito, ¿Por qué saliste de casa sabiendo perfectamente que estabas castigado? SIEMPRE nos desobedeces.

El rubio menor se encontraba sentado en el sofá con la cabeza y su alma baja en denuedo. Temiendo, asustado, de aquel hombre frente a él. Con tan solo ver su sombra le producía terror.

-S-s-solo fui a entregar una cosa.-Con la mirada baja respondió.

-¿Ah? ¿Una cosa? ¿De qué se trata?

-U-una mochila.

Stephen espera continuación de su defensa.

Frotó sus nudillos.

-Un compañero de clase la olvido, así que fui a…a regresársela.

El disgustado padre, no conforme pregunto algo más.

-¿Quién es ese compañero de clase?-Cruzó ambos brazos.

El chico guardó silencio.

-¡Si te pido algo hazlo! ¡Si te hago una pregunta contéstala!

Aquel grito atemorizo a Leo.

-¡Butters!

Leopold pensó en las consecuencias si hablaba, para él o para el chico problemático. Su corazón era tan casto que lo llevo a la primera opción: Callar.

La mano de linda se posó sobre su cabeza, acariciando la descuidada cabellera. Manos tan frías con vileza lo tocaron, estremecieron su sutil cuerpo.

-Mírame a los ojos hijo.-Él chico levanto la mirada, para encontrarse con los ojos de su madre, quien sonreía antipáticamente.-Tu padre solo querer saber con quién te juntas, a que casa vas, con quien hablas. No queremos que hagas amistades con jóvenes malos, porque tú eres un chico muy bueno-rosaba la palma de su mano contra el cuero cabelludo de su hijo.

-Espero que no fueran esos chicos con los que te prohibimos hablarles.

-El hijo de los Marsh, el hijo de los Broflovski, mucho menos ese Eric Cartman, ni al hijo marica de los Tucker.

De esta manera llevaban las riendas de la vida de Leopold Stoch. Atándolo a deseos egoístas, controlándolo. Tenían a su hijo sobreprotegido tendido en un pedestal de oro, más bien bajo la percepción de los demás. Nadie es mejor que él, se repetían una y otra vez, manipulándolo para que así sea.

-No dejes

Su madre retiro su apática mano.

-¿Entiendes hijo?

Asintió.

-Bien, ahora dime.

-Que te intimiden.

Faltaría valor para lo siguiente. ¿Cansado? Lo estaba, ¿Tenía el coraje?...

-No lo diré.

Lo tenía.

-¡Eso es Leo! Muéstrale tus colmillos a todo aquel que te mire por debajo del hombro, demuéstrales que no eres un adorno a quien presumir, eres un humano. Revélate.

¿Qué has hecho Butters? Enterrarte a ti mismo, eso. La diminuta tolerancia del padre había llegado su fin, esa respuesta no le había gustado para nada.

-¿Qué?-Dijo Stephen con despego. Clavando su mirada en aquellos ojos llenos de canguelo.

Desde el otro lado de la puerta, el rubio mayor escuchó ruido estrépito.

-¡Butters!

-AAHG-Escapo un grito de dolor.

-¡LEO!

Comenzaron unos fuertes ajetreo. Sollozos traspasaban aquel "muro" para Kenny. Este, con todo coraje golpeo la puerta; eso trato. Golpeaba y golpeaba, no había ruido alguno, sin efecto sobre la atención de aquellos dentro. Su vesania aumentaba por cada quejido que captaba y esta no podía ser escuchada.

-¡Mierda! ¡Mierda! ¡Leo! ¿¡Que hago!?

Era uno de esos momentos donde no puedes reaccionar. El pánico te envuelve y no haces más que temblar y gritar, destruir todo.

-No puedo hacer nada. Está sufriendo ahí dentro ¡Y no puedo hacer nada! Soy tan inútil.

Estrelló su cabeza contra la puerta, rezando para que esto se acabase YA. Acompaño el dolor físico y emocional de Butters, que, no solo lloraba por los golpes, si no de quien venían. Le costaba ver la realidad, por culpa de sus padres él no sabía que lo que hacían estaba mal.

Gimoteo. –Soy débil.- ¿Qué era lo peor que le podía pasar a alguien que jugaba a ser un héroe? ¿Qué soñaba con proteger lo más preciado más él? Ser humillado, ser pusilánime. Solo estar parado ahí, sin poder alguno y autoridad para acabar con todo. Mordió su labio inferior, el sabor de la sangre se esparció por su boca.

-Por favor… ya deténganse, ya no lo dañen… ¡Es su hijo maldita sea!

Al pasar el eterno sufrimiento, fue eterno para ambos rubios. El acto se detuvo.

-Ahora levántate y vete a tu cuarto. Está por demás decir que estas castigado ¿Verdad? Ah, y mañana no iras al colegio.

-…-Pequeños balbuceos.

-No me importa si te duelen las piernas. Eres un hombre, levántate y camina.

El padre bramó.

-Linda enciérralo.

-Si querido. Ven Butters.

-M-me duele mamá.

-Camina.

Fue todo lo que escucho Kenneth, después, el silencio reino.

Miró a la ventana del cuarto de Leo secándose las lágrimas. Una vez más juro protegerlo. Llevárselo lejos, liberarlo de los inhumanos que tenía como padres. Rompiendo las cadenas de angustia y pena, dejándolo libre, dejarlo vivir…