No tengo ni idea de cómo dejé a Terry convencerme durante la clase de que él condujera en vez de tomar dos coches.
Pero la noche del sábado, la noche de nuestra misión —justo antes del anochecer— me encontré subiendo al camión plata maciza. Mi estómago era un nudo desde la noche del viernes, cuando Jacob omenzó a acosarme sobre la fiesta a la que él y Annie iban a ir. Había sido bondadoso y yo quería ir, pero no me atreví a hacerlo realmente.
Además, yo no tenía idea de donde estaba la casa, había llegado tarde, cuando había empezado a enviar mensajes de texto, y había sido arrollador de nuevo. Y ahora estaba tan nerviosa como un ratón en una habitación llena de gatos hambrientos.
Como cojo, ya que, nunca había estado en un coche con un hombre antes.
Hombre, aun admitiendo eso para mí sonaba increíblemente patético. Como tomar ese pequeño secreto para mi nivel grave de patético.
Terry metió las llaves en el encendido mientras me echaba una mirada. La gorra de béisbol estaba de nuevo, torcida hacia atrás. Detrás de las gruesas pestañas, sus ojos brillaban azul. —¿Estás lista?
Tirando de mi ligera chaqueta, asentí. Cuando lo vi ayer por la mañana en astronomía, estaba de regreso en las bromas normales, el coqueteo y ofreciendo galletas. Tenía la esperanza de que eso significaba que lo que había pasado entre él y Archie se había resuelto.
—¿Estás seguro de que nosotros no podemos sólo hacer esto por aquí?
—Este lugar será perfecto. Nunca te llevaré incorrectamente, cariño.
—Está bien —murmuré, juntando las manos con fuerza. Miré hacia la ventanilla, observando cómo pasamos a través del campus y cruzamos el puente hacia Maryland.
Quince minutos más tarde, Terry se volvió hacia la carretera que conduce al centro del visitante en Antietam National Battlefield. La historia nerd en mí empezó a hacer volteretas, pero estaba demasiada nerviosa por estar aquí con Terry en la noche.
No es que le pareciera del tipo de probar cualquier cosa, pero si yo supiera algo, no habría "tipo" cuando se trata de ese tipo de cosas. Mis nervios se sentían abasto y deshilachadas en los bordes.
—¿Estás seguro que se permite estar aquí en la noche? —le pregunté, mirando a su alrededor.
—No. —Estacionó en un lugar del estacionamiento. Sólo había un puñado de coches.
Me quedé mirándolo. —¿Qué?
Se echó a reír mientras apagaba el motor. —Estoy bromeando. Todo lo que tienes que hacer es decirle a uno de los Guardaparques que somos de la Universidad. Estarán bien con eso.
Eso esperaba. La idea de ser expulsados de los campos de batalla por un Guardaparque no estaba en mi lista de cosas por hacer antes de morir.
Sin embargo, después de tomar un vistazo rápido a Terry, parecía que había algo extraño.
—¿Estás lista?
Agarré mi bolsa del suelo y abrí la puerta de la camioneta. —Sí, vamos a terminar con esto.
Terry agarró una linterna de la guantera mientras se reía entredientes. —No suenas muy emocionada.
Le sonreí. —No lo estoy.
—No mientas. —Caminó alrededor del capó y se unió a mí, señalando hacia donde una torre de cemento con un top rojo se elevó en el cielo—. Ahí es donde queremos ir.
—¿La torre en el carril de sangre?
Me lanzó una mirada rápida. —¿Has estado aquí antes?
—No.
—Entonces, ¿cómo sabes que es carril de sangre?
Sonreí levemente mientras cogía un mechón de mi cabello, girándolo entre mis dedos. —Soy una especialista en historia, por lo que los principales lugares como este me atrae. Leí sobre ello antes. El día más sangriento de toda la guerra se llevó a cabo en ese pequeño tramo de camino de tierra.
—Sí, eso es lo que dicen. Espera un segundo. —Se volvió hacia donde un Guardaparques cruzaba el campo—. Vuelvo enseguida.
Trotó hacia donde el Guardaparques esperaba. Intercambiaron palabras mientras Terry le mostraba su cuaderno. El Guardaparques se rió y se dieron la mano. Incliné mi cabeza hacia arriba y pude ver pequeñas estrellas que brillaban en el cielo azul profundo. El anochecer estaría sobrnosotros en cuestión de minutos. Tomé una respiración profunda y solté el aire lentamente.
Terry regresó a mi lado contoneándose. —Estamos bien para ir. Y no
somos los únicos. Hay unos pocos estudiantes por el otro lado de la torre.
—Genial —concordé, manteniendo una sana distancia entre nosotros—. ¿Por qué tanta gente viene aquí a hacer esto? Estoy segura de que hay sitios más cerca del campus.
—No es así. Mira a tu alrededor. —Empujó la linterna en el bolsillo de atrás—. Además de las casas del otro lado de la calle, no hay luces de la ciudad o torres. Es sólo el cielo.
—Y campos de maíz —señalé.
Asintió. —Un montón de campos de maíz.
Llegamos a la parte pavimentada de la calle y se dirigió hacia la torre.
—¿Cuánto tiempo crees tú que esto va a tomar? —pregunté.
—¿Por qué? ¿Tienes una cita esta noche?
Solté una breve carcajada. —Uh, no.
Una ceja oscura se le arqueó. —Suena como que es una idea loca.
Que nadie saldría en una noche de sábado para una cita.
Dejé caer el mechón de pelo con el que estaba jugando, y me encogí de hombros casualmente. —No estoy saliendo con nadie.
—¿Por qué la prisa?
Sería vergonzoso y grosero admitir que estaba gravemente incómoda de estar aquí, así que no dije nada.
—¿Te preocupa que te haya traído aquí para mis planes malévolos?
Se formaron nudos en mi estómago. —¿Qué?
Terry se detuvo y se volvió hacia mí. Su sonrisa se deslizó en una mueca. —Oye, Candy, sólo estoy bromeando. En serio.
El calor inundó mis mejillas y desentrañó los nudos sustituyéndolo por un fuerte sentimiento de humillación total. —Lo sé. Yo sólo...
—¿Asustadiza? —dijo.
—Sí, eso.
Me estudió un momento más y luego comenzó a caminar de nuevo.
—Vamos. Será oscuro pronto.
Detrás de él, me imaginé a mí misma corriendo directamente en las vallas de madera vieja y ensartándome en uno de los extremos puntiagudos. Dios, tenía que conseguir calmarme. No todos los hombres eran como Niel. Sabía eso. Lo entendía totalmente. No estaba completamente dañada por mi aflicción.
En el otro lado de la torre, cerca de las placas, dos estudiantes de nuestra clase de astronomía estaban sentados en el banco con sus portátiles en el regazo. Nos saludaron y les devolvimos el saludo. Terry se dirigió un poco más abajo del ancho estacionamiento y luego salió hacia la colina cubierta de hierba con vista al camino de tierra del carril sangriento.
Eligió un sitio y sacó la linterna antes de sentarse. Yo iba unos pasos atrás, escuchando el zumbido de los grillos. El suelo se había secado desde el clima de ayer, pero incluso si estaba mojado, no habría evitado que me siente. Estaba demasiada excitada.
—Únete a mí. —Acarició el lugar junto a él e inclinó la cabeza—. ¿Bonito lugar? Estoy todo solitario por aquí.
Mordiendo mi labio, me senté a unos metros de él y luego me ocupé de encontrar mi cuaderno de astronomía. En el momento en el que lo saqué miré por encima de él y nuestros ojos se encontraron. No podía apartar la mirada. Intenso. Esa fue la primera palabra que me vino a la mente. Su mirada era intensa, como si estuviera viendo a través de mí.
Aclaré mi garganta y fijé mi atención en el cuaderno. Finalmente,
Terry habló—: ¿Qué constelación se supone que debemos estar mapeando?
Sostuvo la linterna, mientras yo me deslizaba a través de mis notas.
—Um, la Corona Boreal, creo.
—Ah, la corona del norte.
Lo miré con las cejas arqueadas. —¿La parte superior de tu cabeza sabe eso?
Se ríe. —Tal vez no tomo notas, pero sí presto atención.
Yo estaba bastante segura de que durmió inmensamente la mayor parte de la clase de ayer. Deslicé afuera la cuadricula que el profesor
Drage hizo para nosotros y miré el mapa de las estrellas para encontrar la
Corona Borealis en él. —Realmente no entiendo cómo alguien ve formas en las estrellas.
—¿En serio? —Deslizó una y miró por encima de mi hombro—. Las formas son bastante obvias.
—No para mí. Quiero decir, son sólo un montón de estrellas en el cielo. Tú probablemente puedes ver lo que quieras ver.
—Mira a los Borealis. —Golpeó con el dedo el mapa—. Obviamente es una corona.
Me eché a reír. —No se ve como una corona. Parece un semicírculo irregular.
Negó con la cabeza. —Mira. Se puede ver ahora fácilmente. Eso es una corona. Vamos a ver las siete estrellas.
Incliné la cabeza hacia atrás mientras tomaba un bolígrafo de mi bolsa. —Veo las siete estrellas, pero también veo un centenar. También veo el monstruo de las galletas.
Terry se echó a reír. Era un sonido agradable, profundo y rico. —Tú eres ridícula.
Mis labios se estiraron en una sonrisa mientras rondaba mi pluma sobre la cuadrícula. No tenía ni idea de qué línea de latitud comenzar.
Levanté la vista hacia el Borealis y logré dibujar una línea en la que pensé que conectaría dos puntos.
—¿Sabes de dónde viene el nombre? —Cuando negué con la cabeza, se acercó y tomó la pluma de mi mano. Sus dedos rozaron los míos, y aparté mi mano, plantándola en la hierba exuberante—. Representa la corona dada del dios Dioniso a Ariadna. Cuando se casó con Baco, él puso la corona en el cielo en honor de su matrimonio.
Me quedé mirándolo. —El profesor Drage no enseñó eso en la clase.
—Lo sé.
Lo estudié mientras se echaba hacia atrás. —Entonces, ¿cómo lo sabes?
—¿Por qué no lo sabría?
Incliné mi cabeza hacia un lado arqueando las cejas.
—Está bien. Tal vez la mayoría de la gente no sabe eso en la parte superior de sus cabezas. —Hizo girar el bolígrafo entre sus dedos—. De hecho, participé en esta clase como estudiante de primer año, pero tuve que dejarlo.
—¿En serio?
Asintió, pero no dio detalles.
—¿Tú eres, qué, un junior?
—Sí. Tuve que tomar un año de descanso, lo que me hizo atrasar.
Quería preguntarle por qué, pero decidí que no era de mi incumbencia. —¿Por qué volviste a tomar astronomía? —Decidí que era un tema seguro—. ¿Es una parte de tu especialidad?
—No. Simplemente me gusta la clase y el profesor Drage. —Se detuvo, apagando la linterna—. Estoy estudiando la recreación y el deporte. Me gustaría entrar en rehabilitación deportiva.
—Oh. Tú... —Me detuve cuando la chica detrás de nosotros estalló en un ataque de risa. Echando un vistazo por encima de mi hombro, mis ojos se abrieron.
Los dos estudiantes de nuestra clase eran definitivamente una pareja o bien en el camino de convertirse en una. Sus cuadernos fueron olvidados en el banquillo. Ella estaba en su regazo, sus rostros a centímetros de distancia y la mano de él se deslizó bajo el dobladillo de la falda.
—Ahora eso es una forma interesante de observar las estrellas — comentó Terry.
Me sentía agradecida por el oscuro cielo, porque mi cara empezó a calentarse. Sabía que debía darme la vuelta, porque mirarlos me convertía en una morbosa, pero no pude. Ni siquiera cuando la mano de la chica pasó a través del cabello del chico, tirando de su cabeza a la de ella y empezaron a besarse. Realmente él corría su mano desde su falda, hasta su antebrazo.
Guau.
Terry me dio un golpecito en el brazo con mi pluma, captando mi atención. Me miró... curioso. —¿Qué? —le dije.
—Nada. Es sólo que... —Parecía que quería elegir sus siguientes palabras sabiamente—. Estás mirándolos como si... nunca hubieras visto una pareja hacer eso antes.
—¿Sí?
Asintió. —Así que a menos que fueras criada en un convento, imagino que estuviste en un regazo una o dos veces, ¿verdad?
—No. —Hice una mueca, porque prácticamente grité eso—. Quiero decir, no he estado en el regazo de un chico.
—¿Qué acerca el regazo de una chica?
—¿Qué? ¡No!
Una lenta sonrisa se dibujó en su rostro. —Estaba bromeando, Candy.
Apreté los dientes. —Lo sé, es sólo que...
—¿Qué? —Me empujó de nuevo—. ¿Qué?
Mi boca se abrió y pasó el peor tipo de vómito verbal.
—Nunca he estado en una relación. —En el momento en que esas palabras salieron de mi boca me quise patear. ¿Quién admite eso a un extraño? Apreté los bordes de mi portátil y miré a Terry. Me miraba como si acabara de decir que era la Virgen María. Mis mejillas ardían—. ¿Qué? No es una gran cosa.
Parpadeó y dio a su cabeza una pequeña sacudida y miré de nuevo al cielo. —¿Nunca has estado en una relación?
—No. —Me moví, incómoda al máximo. Expuse a mi alma desnuda.
—¿Nada?
—Exacto.
Abrió la boca y luego la cerró. —¿Cuántos años tienes?
Rodé los ojos mientras me movía. —Tengo diecinueve.
—¿Y no has estado ni en una sola relación? —me preguntó de nuevo.
—No. —El papel empezaba a arrugarse bajo mis dedos.
—Mis padres... eran estrictos. —Era mentira, pero sonaba creíble—. Quiero decir, realmente estrictos.
—Lo puedo creer. —Terry tocó con mi lápiz su bloc de notas—. ¿Así que has ido a una cita o algo?
Suspirando, miré al papel. —¿Pensé que íbamos a estar mapeando estrellas?
—Así es.
—No, no lo estamos. Todo lo que tengo es una línea pobre y tú no tienes nada.
—Esa pobre línea es entre el Delta y Gamma. —Se inclinó, conectando dos de los puntos—. Aquí está la Theta y esta es la más brillante estrella Alfa. Mira, tenemos medio camino hecho.
Fruncí el ceño al mirar hacia arriba, siguiendo el patrón de las estrellas en el cielo. Infiernos, lo estaba haciendo bien. Luego se inclinó de nuevo, presionando su hombro contra el mío mientras dibujaba una línea perfecta a otro punto en el mapa. Me mordí el labio mientras continuaba sin levantar la vista ni una vez del mapa de las estrellas. Era muy consciente de lo cálido que su brazo se sentía, incluso a través de las dos capas de ropa. La calidez del contacto se extendió hasta mi hombro y pecho, la verdad, hasta mi pulso.
Me miró. —Ahora hemos terminado de mapear las estrellas.
Tragué una respiración fuerte. Nuestros rostros estaban a pulgadas de distancia y demasiado cerca. Mi mirada se posó en sus labios. Se inclinó a un lado y comenzó a aparecer un hoyuelo en su mejilla izquierda. Sus labios comenzaron a moverse, pero no oí una palabra de lo que decía.
Quería alejarme, pero yo... no quería hacerlo. La confusión se extendió por mi cuerpo mientras luchaba por no escaparme... y no acercarme más. Era como estar atrapada entre dos imanes opuestos.
Tal vez debería dejar de mirar sus labios.
Sonaba como un buen plan, porque mirar los labios de un chico era un poco espeluznante, así que me obligué a levantar la mirada. Oh no, movimiento en falso, porque ahora miraba a esos ojos "baja bragas" tal como Jacob se refirió a ellos antes cuando envió un mensaje. Y él tenía razón. Apuesto a que había una legión de bragas desechadas tras Terry donde sea que iba. Debería ser ilegal para un niño tener pestañas tan gruesas como las suyas. Incluso en la oscuridad, sus ojos eran del color de la mezclilla. El poco calor tolerable se convirtió en cerca de un inaguantable ardor, que corría por mis venas.
Me retorcí de nuevo, incapaz de recordar sentimiento como este en mucho tiempo. Al menos no desde la fiesta de Halloween. Tal vez antes.
Definitivamente antes. Había algo acerca de Terry que me hizo olvidar todo, excepto lo que pasaba en ese mismo momento.
Sonaba normal. Me gustaba en su mayor parte.
—¿Me estás escuchando?
Parpadeé lentamente. —¿Eh? ¡Sí! Sí. Por supuesto.
Su sonrisa se volvió astuta y me dieron ganas de meterme debajo de un arbusto espinoso. —Sí... entonces. ¿Has estado en una cita?
—¿Qué?
Terry rió en voz baja. —Realmente no me has escuchado en absoluto. Has estado demasiado ocupada mirándome.
—No lo he estado. —Mi rostro ardió con esa pequeña mentirita y apresuradamente me concentré en donde la pareja había estado. Ellos se habían ido ahora.
Me dio un codazo en el hombro. —Sí, si lo estuviste.
Me forcé a levantar la cara. —Estás muy por encima del nivel aceptable de arrogancia.
—¿Arrogante? Sólo estoy diciendo la verdad. —Tiró el cuaderno al suelo y se apoyó en sus codos, mirándome a través de sus pestañas. Esa maldita sonrisa torcida era insufrible en su rostro.
—No hay nada malo con mirarme fijamente. Me gusta.
Mi boca se abrió. ¿Cómo diablos se supone que debo responder a eso? —Yo no estaba mirándote. No realmente. En cierto modo me...deslumbré. Eso es porque es emocionante hablar contigo.
—Todo sobre mí es emocionante —respondió.
—Casi tan emocionante como ver a tu tortuga cruzar la carretera.
—Uh-huh. Sigue diciéndote eso, cariño.
—Sigue llamándome cariño y vas a estar cojeando.
Los ojos de Terry se abrieron como platos. —Oh, escúchate.
—Lo que sea.
—Tenemos que hacerlo.
Mi mente se fue directamente a donde no debería haber ido y mi piel comenzó a picar. —¿Hacer que? ¿Ir a casa? Estoy de acuerdo con volver a casa, justo ahora.
—Ir a una cita.
Obviamente me perdí en una parte importante de esta conversación. Cerré mi cuaderno y agarré mi bolso. —No estoy segura de estar siguiendo esta conversación.
—Realmente no es tan complicado. —Se rió cuando le lancé una mirada—. Deberíamos salir en una cita.
Mi estómago cayó mientras lo miraba. Se veía tan contento medio tendido en el suelo. ¿Estaba bromeando? ¿Estaba drogado? Metí mi cuaderno en mi bolso, junto con mi pluma. —No lo entiendo.
Terry se relajó y estiró los brazos por encima de su cabeza, causando que su camisa subiera exponiendo una parte de su piel bronceada y dos líneas a cada lado de sus caderas... Dios mío. Aparté la mirada y di un trago enorme de aire.
—Normalmente una cita es cuando dos personas salen de noche o a veces durante el día. Realmente, puede que a cualquier hora del día o de la noche. Por lo general involucra una cena. A veces, una película o un paseo por el parque. Aunque, yo no hago caminatas en el parque. Tal vez en la playa, pero como no hay...
—Sé lo que es una cita —espeté, pisando con fuerza.
Permaneció en el suelo y no parecía que fuera a moverse pronto.
Debí haber tomado mi propio coche. —Dijiste que no entendías —señaló animosamente—. Así que estoy explicando lo que significa una cita.
Frustrada... y divertida a regañadientes, me crucé de brazos. —Esa no es la parte que no entiendo y lo sabes.
—Sólo me aseguraba de que estuviéramos en la misma página.
—No lo estamos.
Terry bajó los brazos, pero aún había espacio entre su camisa y sus vaqueros. ¿Llevaba bóxer? Todo lo que veía era un cinturón de cuero y vaqueros. Bien. No tenía necesidad de empezar a pensar en eso. — Entonces ahora que ambos sabemos lo que implica una cita, hay que salir a una —dijo.
—Uh...
Terry se rió mientras se sentaba con un fluido movimiento. —Eso no es realmente una respuesta, Candy.
—Yo... —¿Una cita? ¿Una cita con Terrence Grandchester? Dos cosas surgieron a la vez: Inquietud e interés. Di un paso atrás, poniendo distancia entre él y yo y todo lo demás.
—¿No tienes novia?
Sus cejas se dispararon por la sorpresa y se rió. —¿Una novia? No.
—Entonces, ¿quién era esa morena que tambaleaba fuera de tu apartamento la noche del miércoles? —pregunté.
La sonrisa de Terry se amplió. —¿Me has estado espiando, Candy?
—No, ¡no! ¿Qué? No te estaba espiando. Tengo una vida.
Arqueó una ceja. —Entonces, ¿entonces como sabes acerca de Stephanie?
—¿Ese es su nombre?
—Bueno, sí, tiene un nombre y no, no es mi novia. —Inclinó la cabeza hacia un lado mientras me miraba—. Y no se tambaleaba, puede que arrastrara los pies.
Rodé mis ojos.
—¿Entonces, como sabes sobre ella si no me espiabas? —preguntó mientras cruzaba los tobillos—. Y no me molesta la idea de que me observes. Recuerda, eso me gusta.
Me obligué a tomar una respiración profunda, lenta antes de acercarme y darle una patada en la pierna. —No estaba observándote.
No podía dormir y me quedé mirando por la ventana de mi sala de estar.
Da la casualidad que te vi acompañándola a su coche.
—Bueno, eso tiene sentido. No tanto como tú parada en la ventana con la esperanza de echarme un vistazo.
Lo único que pude hacer fue mirarlo.
Guiñó un ojo y maldita sea si no se veía bien haciéndolo. —Steph no es mi novia de todos modos. Nosotros no somos así.
Lo que significaba que era más probable conectar y no había nada malo en ello. Y tal vez eso era lo que él quería con esta cosa de la cita.
Jacob estaría encantado de oír eso. Nota mental: no decirle sobre esto. —No soy así.
—¿Así cómo? —preguntó.
Así que iba a hacerme decirlo. Por supuesto, ¿Por qué no? —No soy como ella.
—¿La conoces?
Mis ojos se estrecharon. —No me echo un polvo con chicos sólo por diversión, ¿sí? No veo nada de malo en eso. Totalmente sin juzgar, pero esa no soy yo. No estoy interesada. Lo siento.
—Espera un segundo. Estoy confundido. ¿No estás juzgándola, pero has hecho la suposición de que sale con alguien al azar? ¿De qué nos echamos un polvo? ¿No es eso juzgar basándote en suposiciones?
Maldita sea, tenía un punto. —Tienes razón, no sé si eso de lo que se trata. Tal vez ustedes son sólo amigos de la infancia o algo así.
—No es así. —Esa sonrisa traviesa estaba de vuelta—. Nos echamos un polvo de vez en cuando.
Lo miré boquiabierta. —¡Yo tenía razón! ¿Entonces, porque me acusas de ser crítica?
—Sólo lo estaba señalando —respondió, sus ojos brillaron como esas malditas estrellas en el cielo—. Y que conste, no nos acostamos la noche del miércoles. No por falta de interés por parte de ella, sino porque yo no tenía ganas.
Recordé como había lucido la chica y me pregunté qué hombre con sangre en las venas no hubiera tenido ganas. —Lo que sea. Esta es una estúpida conversación.
—Me gusta esta conversación.
Sacudiendo la cabeza, me incliné y tomé mi bolso, pero Terry se puso de pie y lo agarró antes de que mis dedos tocaran la correa. Suspiré mientas tendí la mano.
—Dámelo.
—Estoy tratando de hacerlo.
Le lancé una mirada de disgusto.
Riéndose, se adelantó y puso la correa por encima de mi hombro.
Sus dedos rozaron mi cuello y no pude evitar que mi cuerpo saltara con el toque ligero. Dio un paso atrás y levantó la linterna.
—¿Ves? Estaba siendo un caballero.
—No creo que seas un caballero —me quejé mientras mis dedos se apretaban alrededor de la correa—. Pero gracias.
Recogió su cuaderno del suelo y nos fuimos hasta donde había aparcado su camioneta, pasando por la ahora desierta banca. Encendió la linterna cuando llegamos al campo, iluminando nuestro sendero. Creo que para probar que yo estaba equivocada, me abrió la puerta cuando nos detuvimos frente a la camioneta. —Mi lady.
—Gracias —le dije, con un sonido un poco más agradable que el anterior.
En lugar de cerrar la puerta, Terry se inclinó contra el marco y puso una mano en el borde de la puerta abierta. —¿Entonces, que hay sobre eso?
—¿Qué hay sobre qué?
Me miró con el mismo intenso interés que tenía antes. —Ir a una cita conmigo.
Me puse rígida. —¿Por qué?
—¿Por qué no?
—Esa no es una repuesta. —Tiré la correa del cinturón asegurándolo.
Me temblaban las manos, así que seguí errando el pestillo.
—¿Qué clase de pregunta es esa? ¿Cómo voy a...? Oye, es sólo un cinturón de seguridad. No tan fuerte. —Se inclinó hacia delante, tomando el control. Sus manos rozaron las mías y salté contra el asiento. Hizo una pausa y me miró, sus labios usualmente inclinados hacia arriba, comenzaron a curvarse hacia abajo. Algo brilló en sus ojos, no sé lo que era. Pero se había ido al segundo de abrochar el cinturón de seguridad en su lugar. Aunque, no se movió—. ¿Por qué no deberíamos salir en una cita?
Me tensé en el asiento, mis manos se volvieron puños en mi regazo.
No era que estuviera incómoda con él estando cerca. Era que estaba incomoda con la forma en que noté cada toque leve de su piel o su aspecto. —Porque... porque no nos conocemos el uno al otro.
Sus labios se curvaron otra vez. Decidí que me gustaba más así en lugar de la cara arrugada.
—De eso se tratan las citas. Llegar a conocerse el uno al otro. —Los ojos de Terry cayeron sobre mi boca—. Sal en una cita conmigo.
—No hay nada que saber sobre mí. —Las palabras salieron en un susurro fuerte, mi pecho se levantó bruscamente.
Inclinó la cabeza hacia un lado. —Estoy seguro que hay un montón que saber sobre ti.
—No lo hay.
—Entonces podemos pasar el tiempo hablando.
—Eso suena divertido.
—Oh, va a ser más emocionante que ver a Raphael cruzar una carretera.
—Ja.
Sonrió. —Pensé que te gustaría.
Sentí el bolsillo lateral de mi bolso vibrar contra mi pierna. ¿Un mensaje de texto? Probablemente de Jacob. Quería alcanzarlo, pero podría terminar golpeando mi cabeza con Terry y no es algo que quería repetir. —¿Podemos irnos ya?
—¿Podemos ir a una cita?
—¡Dios mío, no te rindes!
—Nop.
Me reí, no podía evitarlo, su sonrisa se extendió en respuesta al sonido. —Estoy seguro que hay un montón de chicas que quieren ir a una cita contigo.
—Las hay.
—Guau. Modesto ¿no?
—¿Por qué debería serlo? —Se echó hacia atrás—. Y quiero ir a una cita contigo. No con ellas.
—No entiendo por qué.
Sus oscuras cejas se levantaron. —Se me ocurren varias razones. No eres como las otras chicas, eso me interesa. Eres torpe de una manera realmente... adorable. Eres inteligente ¿Quieres que te enumere más?
—No. No, en absoluto —le dije rápidamente. Tenía que cortar esto de raíz. Reputación a un lado, él era un dolor de cabeza, mucho más de lo que podía esperar manejar. Él podría esperar cosas que no podía darle.
Mantener una conversación con él era bastante difícil a veces—. No quiero ir a una cita contigo.
Terry no parecía sorprendido por mi respuesta o impávido. —Supuse que dirías eso.
—Entonces, ¿Por qué lo preguntas?
Finalmente —gracias a Dios— se apartó y agarró el lado de la puerta. —Porque quería.
—Oh. Bueno, bien me alegro de que lo sacaras de tu sistema.
Sus cejas se fruncieron. —No lo he sacado de mi sistema.
Oh no. —¿No lo hiciste?
—Nop. —Esbozó una sonrisa encantadora—. Siempre hay un mañana.
—¿Qué hay sobre mañana?
—Te lo preguntaré de nuevo.
Negué con la cabeza. —La respuesta será la misma.
—Quizás sí. Quizás no. —Extendió la mano y tocó la punta de mi nariz—. Tal vez digas que sí. Soy un tipo paciente y bueno como dijiste, no me doy por vencido fácilmente.
—Genial —murmuré, pero... oh, hubo una agitación que no conocía en mi pecho.
—Sabía que ibas a verlo de esa manera. —Terry pellizcó la punta de mi nariz y golpeé con fuerza su mano—. No te preocupes. Sé la verdad.
—¿La verdad sobre qué?
Dio un paso atrás. —Quieres decir sí, pero no estás lista aún.
Mi mandíbula cayó.
—Está bien. —Su sonrisa se volvió arrogante—. Soy mucho para manejar pero te puedo asegurar, que te divertirás manejándome.
A continuación, antes de que pudiera reunir una respuesta digna de esa declaración, golpeó mi nariz una vez más y luego cerró la puerta en mi cara.
De regreso en mi apartamento, dejé caer mi bolso en el sofá y colapsé a su lado. ¿Ir a una cita con Terrence? ¿Estaba loco? Tenía que estar bromeando o simplemente coqueteando. De regreso a casa, él no lo había mencionado otra vez, en lugar de eso, se pasó el tiempo instruyéndome sobre mi horario. Pregunta por pregunta, sacando cada detalle acerca de las clases que tomaba. Para el momento en el que habíamos regresado al edificio, estaba agotada.
Incliné mi cabeza contra la almohada, cerré los ojos. Mi corazón latía bastante rápido tan sólo por sentarme. ¿Hablaba enserio cuando decía que no había echado un polvo con Stephanie el miércoles? Parecía extraño para mí que no lo hubiera hecho si ella realmente había estado toda sobre él.
Honestamente, no tenía importancia.
Yo no podía tener una relación de cualquier tipo. Tal vez algún día.
Esperemos que un día, porque no quería que fuera así para el resto de mi vida. Con el tiempo quería ser una chica que se entusiasmara cuando alguien le preguntaba si quería ir a una cita en lugar de ser la chica que venía a casa y hacía esto.
Al abrir mis ojos, gruñí. —Soy el señor imbécil o la señorita imbécil.
Empujé mis pies e iniciando medio camino hacia la habitación recordé la vibración en mi bolso.
—Mierda.
Corrí de nuevo al sofá, metí la mano dentro de mi bolso y saqué mi celular. Toqué la pantalla esperando ver un texto de Jacob o Brittany aparecer de repente. En su lugar vi una llamada perdida y un correo de voz.
—¿Qué demonios?
Pasé los dedos por el lateral y descubrí que había puesto la maldita cosa en silencio. Deslizando mi dedo a lo largo de la pantalla lo desbloqueé y vi que la llamada era de número desconocido.
Mi corazón dio un vuelco.
No es la gran cosa. Probablemente era una llamada equivocada o un agente de tele mercado. Fui a la página de correos de voz y mi dedo se cernió sobre el botón eliminar. El pasado elevó su cabeza fea y amarga.
¿Cuantas veces recibía una llamada en broma de personas que bloquean su número? Demasiadas para contarlas, pero eso no podía ser. Mi número era nuevo, como mi correo electrónico...
Maldije otra vez.
Tomando una respiración profunda, golpeé el mensaje y me llevé el
teléfono al oído. Hubo una pausa y luego una voz grave. Una indistinguible voz crepitó a través del teléfono—: ¿Sabes lo que les pasa a las mentirosas y zorras? Obtienen un grande y gordo...
Llorando, golpeé el botón de eliminar antes de que pudiera oír nada más. Dejé caer el teléfono contra el sofá en lugar de estrellarlo contra la pared y retrocedí como si fuera una especie de criatura venenosa encaramada en los cojines.
Cualquier método de comunicación puede llegar a ser toxico.
¿No es que eso ya lo sé de primera mano? Una risa ahogada se me escapó. Realmente, ¿no tenían nada mejor que hacer? Habían pasado cinco años ¡Cinco años! No podían dejar ir el pasado.
Sólo que en el fondo, yo tampoco podía.
