—El chico es contestón. Me lo pido.

—Pensaba dejártelo, Kernel. Lleva tu nombre escrito.

Avery se voltea horrorizada. Los vencedores caminan detrás de nosotros hacia el Edificio de Justicia. La lengua afilada de Kernel es legendaria ya, todo el mundo sabe que le gusta tirar el guante para ver quién lo recoge. Una de sus aficiones es ver el efecto que sus palabras tienen en la gente, él mismo lo ha admitido. Él siempre fue el mismo. Doka sin embargo no lo es. Al principio parecía llevarlo peor, se recluyó en su mansión y a penas salía. Se la solía ver en la Cosecha y poco más, apoyada en su bastón, moviéndose a ritmo de tortuga, insensible por los calmantes. Se rumoreaba que se pasaba el día bajo los efectos de sustancias psicodélicas, perdida en otros mundos mejores que este. Muchos decían que iba a acabar mal... Pero parece que traer de vuelta a un tributo la ha cambiado de forma radical, se volvió más sociable y segura de sí misma, retomó la investigación del talento que eligió y reconstruyó su pierna ella misma.

Y al parecer ya han decidido que Kernel será mi mentor y Doka la de Avery. Sinceramente, no sé qué pensar de eso. Nada en contra de Kernel, pero Doka ganó sus juegos con trabajo duro y teniendo absolutamente todo en su contra. Luchó por resistir el veneno de la mordida de aquel muto que cada vez la debilitaba más y con dos profesionales sanas dándole caza. Doka comprendió que ellas tampoco estaban en la mejor forma debido a la deshidratación y que al ser las últimas que quedarían tras matarla tampoco confiaban tanto la una en la otra. Fue muy ingeniosa la forma en que se usó a sí misma de señuelo para atraerlas a un charco de agua que ella había previamente envenenado...

Fue una victoria ajustada, muy, muy ajustada pues ella estaba a punto de sucumbir. De hecho se desmayó casi a la misma vez que las otras dos. Cuando se escucharon los cañonazos nadie sabía exactamente quién de las tres estaba viva hasta que lo anunciaron.

Kernel por su parte tuvo suerte. Simple y llanamente. No le quito mérito, pero de no haberse juntado condiciones tan favorables no habría ganado. Si en el baño de sangre en lugar de lejos de todos los profesionales lo hubieran puesto junto a ellos tal vez no habría pasado de ahí. Si lo hubieran colocado de espaldas al desfiladero junto a la Cornucopia en lugar de frente al sendero quién sabe cómo se las hubiera ingeniado para salir de ahí.

Y él me ha pedido nada más que por una frase que he dicho nada más ser cosechado, como si pretendiese psicoanalizarme y conocerme sólo con eso. Mejor empezar por admitir que me preocupa la clase de mentor pueda ser, y lo que podría llegar a aprender de alguien como él.

—¿De qué hablan? —pregunta Avery.

—De quién será mentor de quién, por supuesto —explica Doka—. Aunque no será en el fondo más que una mera formalidad ya que Kernel y yo trabajaremos en equipo con ambos.

—¿Vamos a trabajar en equipo? ¿Los cuatro juntos? —insiste ella.

—En equipo —murmuro—. ¿Esto es serio? ¿Y si nosotros no queremos? ¿No van a preguntar nuestra opinión antes ni nada?

Siento como que estoy siendo negativo, pero acaban de cosecharnos y ya siento como que no tengo poder de decisión en nada cuando el que va a ser tirado ahí a la Arena soy yo y no ellos.

—A mí no me importa. ¡En serio! —dice Avery.

—Eh, no estén tan ansiosos, no es momento de eso ahora —contesta Kernel—. Discutiremos eso más adelante, cuando estemos en el tren, no te preocupes. Ahora mismo lo que deben hacer es pensar en lo que se les viene encima. Las despedidas. Eso por supuesto si no se rompen y se pasan el trayecto metidos bajo una manta llorando.

Avery abre mucho los ojos, dolida. No es que sea un experto en lenguaje corporal, pero ella es fácil de leer. Sin embargo, él se va a llevar una decepción conmigo si piensa que puede ofenderme así como así. Rehuyo su mirada y decido que tiene razón en lo de las despedidas. Va a ser un trago amargo. En cuanto a lo de trabajar en equipo, eso ya no me gusta tanto. Están dando por hecho que yo voy a estar de acuerdo cuando no es así. No conozco a esta chica, ¿por qué querría una alianza con ella?.

Isaak apoya su mano en el hombro de mi compañera, le sonríe y su ánimo parece mejorar.

—Kernel tiene razón. Despedirse de la gente que te importa nunca es fácil. Beetee, esto va para ti también. Si quieren un consejo, no piensen en que se van a separar y van a sufrir. Piensen en que a partir de ahora deberán poner todo su empeño y recursos en volver a ellos, y que para eso no pueden desmoronarse.

—Kernel tiene la fea costumbre de hablar de más —dice Doka, dándole al tributo que salvó un codazo en las costillas que muy posiblemente le ha debido doler—. Afortunadamente, tenemos aquí a Isaak para suavizar sus siempre bienintencionados consejos.

—No le des tanto mérito —contesta él, frotándose el costado—. Tener la verdad expuesta ante ellos sin edulcorantes de ningún tipo les va a hacer mejor a largo plazo. Estaré en el porche trasero tomando el fresco. Nos vemos cuando hayan terminado, no lleguen tarde.

Doka se encoge de hombros, saca la pipa del bolsillo de su cazadora y se va tras él.

—Suerte chicos —dice Isaak antes de dejarnos en manos de los Agentes de la Paz.

Siento alivio cuando me volteo y sigo a los agentes, tanto que a penas registro la voz de Avery despidiéndose. La compañía silenciosa y aséptica de ellos es menos incómoda. Nos llevan por caminos separados, estando mi sala en el primer piso y la de ella aparentemente en la planta baja.

La habitación donde me dejan a solas parece una sala de reuniones, hay dos filas de bancos rojos a ambos lados de las paredes. Enfrente de mí hay un podio con tres sillas, como si fuera el lugar de alguien de mayor rango. Las cortinas son gruesas y casi no dejan pasar la luz que viene de afuera. Me gustaría apartarlas y mirar a la calle, ver lo que está pasando pero no se qué bien me va a hacer ver a los chicos salvados irse a sus casas con sus familias mientras yo estoy aquí. Cambiando de idea, voy a uno de los bancos de la esquina y me siento. Está forrado en terciopelo, un material demasiado caro. Lo comparo con los asientos hechos con cajas de madera que Circe tiene en su propiedad y casi siento ganas de reír.

Es sabido que no a todos en el distrito los hacen vivir en la austeridad, pero ver esa diferencia con tus propios ojos nunca es agradable.

Pasan unos minutos y la puerta aún no se abre. Comienzo a sentirme atrapado, con la frustración consecuente de no poder remediar la situación por mí mismo. Casi estoy por pensar que temo al momento en que estos instantes de soledad se terminen.

¿Es normal tener estos pensamientos en estas circunstancias? Algo me dice que no.

Por fin, los Agentes de la Paz que me custodian abren la puerta para dejar pasar a Gina y mis padres. Mi hermana está llorando y en cuanto me ve, se lanza a mí y me abraza. Por primera vez en mucho tiempo le devuelvo el abrazo y acaricio sus rizos azabache. No quiero que se sienta forzado, no lo es. Pero no sé cómo afrontar la situación. Quiero a mi familia pero esto me supera.

Lágrimas secas surcan las mejillas de papá cuyos ojos tras las gafas de sol no puedo ver, cuando Gina está triste él es el más afectado. Mamá no lo hace pero puedo ver en sus ojos que está dolida.

—No llores —susurro sin saber qué más decir.

Eso sólo parece empeorar las cosas. Siento cómo su abrazo se estrecha aún más. Sus lágrimas han dejado una mancha húmeda en mi ropa.

—No puedo creer lo que está pasando —dice mamá con amargura, casi en un susurro.

Me pregunto qué es lo que se le pasa por la cabeza. Si en el fondo, no será que se alegran todos por no tener que soportar mi actitud, mi extraña rutina y las consecuencias que acarrea. Inmediatamente descarto el pensamiento. Estoy siendo demasiado negativo.

—Pero está pasando —contesto.

Y sabíamos que podría. La mayoría de la gente se salva de la cosecha... Luego están esos que no. Y los que vuelven son aún menos.

Muchos menos.

—¡Vas a volver! —solloza Gina.

Me surge la idea de que esas tres palabras han sido repetidas a la saciedad por todas las familias de todos los tributos. Son palabras que sólo significan las ganas que tienen aquellos a los que la Cosecha les arrebata a alguien de pensar que van a ser ellos los que vuelvan.

—No sé cómo aún —respondo.

—Pero lo sabrás —interviene papá—. Tú siempre sabes cómo. ¿Recuerdas cuando comenzaste la escuela y querías aprender a hacer ecuaciones diferenciales porque las vocales eran muy aburridas?

—Eso es distinto.

No tiene absolutamente nada que ver.

—¿Recuerdas que acabó siendo Ritchie quien te pedía consejo sobre tu tarea en lugar de al revés?

—Papá... —comienzo a decir.

—¿¡Recuerdas cuando arreglaste el frigorífico con piezas que encontraste en la basura!? —exclama Gina en voz alta.

Sé lo que quiere decir. Que tengo recursos y puedo idear algo. Pero arreglar frigoríficos no me va a hacer ganar los Juegos del Hambre. No lo digo, porque mamá está con una reprimenda en la punta de su lengua y esta podría ser la última vez que los vea.

No quiero fastidiar el momento.

—Tienes razón —digo en su lugar—. Seguro que eso me sirve de ayuda —me callo un momento al sentirlo demasiado sarcástico—... La habilidad de aprovechar los recursos al máximo me refiero.

Mamá se me acerca cuando los Agentes de la Paz avisan que queda un minuto.

—Beetee, nuestra relación no ha sido la mejor este último año. Ha sido muy difícil y complicado mantener la armonía en casa, pero no quiero que nos quedemos con lo malo, ni con la sensación de que pudimos haber hecho algo antes para arreglarlo pero ya es tarde. Estaremos apoyándote con todas nuestras fuerzas desde casa y cuando vuelvas ten por seguro que intentaremos hacer las cosas bien. Todos pondremos algo de nuestra parte, tú, yo, tu padre y Gina. ¿De acuerdo?

—De acuerdo —digo mirando al suelo—. Y si no vuelvo, recuerden que...

Gina se aparta para dejarle paso. El abrazo es incómodo al principio, pero me dejo llevar.

—No digas ni una palabra más. Te quiero, hijo —susurra.

Me lleva un momento reunir el valor para contestarle.

—Yo también.

Luego voy hacia mi padre, haciéndole saber tocando su brazo que estoy ahí.

—Nunca te dije lo mucho que me recuerdas a tu abuelo. Debí haberte contado su historia, pero este no es lugar para hacerlo... Lo haré cuando vuelvas.

Papá me abraza justo cuando vienen a avisarnos de que el tiempo se ha acabado y tras eso todos salen, pues ya les han debido advertir que no pueden quedarse. Cuando lo hacen, voy de nuevo al sofá y arqueado hacia adelante, hundo la cabeza entre mis brazos.

Me siento imbécil, como si no pudiera aunque quisiera, hacer nada a derechas. A mí que no me cuesta trabajo ver lo que anda mal con casi cualquier electrodoméstico, nunca supe cómo arreglar esta situación con mi familia que cada vez va a peor.

Circe y Jun vienen después. Despedirme de ellas no es tan complicado ni doloroso. Jun llora, y su abuela la consuela.

—Cuídate Beetee, rezaré por ti todos los días.

—Gracias. Aunque no sé si servirá de algo. Soy un caso perdido, Jun.

—Nadie es un caso perdido —responde.

Circe se aclara la garganta y busca algo en su bolsillo.

— los días oscuros, cuando alguien se iba a combatir, se llevaba un collar de cuentas de madera con una placa metálica con su nombre y dirección. Tus padres han venido a verme cuando entrábamos al edificio y me han dado algo para ti. Me han pedido que te lo haga llegar.

Me quedo perplejo por un instante, al ver el collar de madera.

—¿Mis padres...? Ellos acaban de venir. ¿Por qué no me lo han dado?

—Eso ya no lo sé. Sólo hago lo que ellos me han dicho. Era de tu abuelo, al cual yo conocí.

Mi abuelo... No sé mucho de él, sólo que luchó contra el bando rebelde y que desapareció durante los días oscuros. Presuntamente muerto. Sólo encontraron su placa pero no a él.

—Estas placas servían para identificar los cuerpos. No es un amuleto muy afortunado —murmuro con una triste sonrisa.

—Hay algo más sobre la historia que tú no sabes, pero hablar sobre ello violaría una de las condiciones del armisticio. Los soldados rebeldes no fueron héroes. Fueron criminales. Eres un muchacho inteligente, de eso no me cabe ninguna duda. Estoy segura que puedes leer entre líneas.

Ambas salen cuando se acaba el tiempo. Una vez a solas estudio el collar. Desconozco de qué clase de madera está hecho. La placa está aboyada por varios sitios y en ella se puede leer "Franklin Latier" grabado a mano con algo filoso, tal vez un abrecartas. En la otra cara hay una cruz, también grabada con la misma herramienta.

Leer entre líneas...

Podría ser que él... No esté muerto en realidad. Dicen que nadie lo encontró nunca y se le dio por muerto al estar en una zona fronteriza con mucha actividad bélica, donde prácticamente no hubo supervivientes. Quizá no sólo es que tienen esperanza por que algún día aparezca de nuevo, quizá saben algo más sobre su paradero pero por alguna razón no pueden decirlo.

¿Es esto lo que ellos intentan decir? ¿Que al igual que él yo puedo sobrevivir?

Lo que aún me molesta es que no me lo dieran ellos mismos. ¿Por qué harían eso? No entiendo la lógica tras la decisión.

La puerta vuelve a abrirse con demasiada violencia, haciendo que me ponga en pie sobresaltado. El corazón me da un vuelco cuando veo de quién se trata. No lo he visto en años. Sus facciones son más adultas que las última vez que lo vi, su barba más descuidada y he llegado a ser al final más alto que él, pero lo seguiría reconociendo aunque pasara medio siglo.

—¡Beetee! ¿Pero qué...? —exclama, confuso, enojado, angustiado.

—Me alegra verte otra vez, Ritchie —digo—. Incluso si que ser en estas circunstancias.

Él no responde inmediatamente. Camina hacia donde estoy y se sienta en el banco, donde se dobla sobre sí mismo y se sujeta la cabeza con las manos. Para no desentonar, yo también me siento.

—Joder, joder, joder, joder, joder... Iba a contactarte. ¡Iba a hacerlo!

Él siempre mantuvo las distancias. En cuanto fui cosechable, desapareció en la nada. No puedo decir que no me dolió.

—¿Cuándo? —pregunto.

—El año que viene. Pensaba ir a felicitarte, tal vez podríamos haber ido a celebrarlo juntos, ponernos al día, recordar viejos tiempos...

—¿Por qué no antes?

No quiero que nuestro reencuentro venga con reproches, pero necesito respuestas a las cosas que hizo.

—Sé lo que estás pensando. Que te dejé tirado y me alejé de ti, pero no lo hice por capricho. ¡Lo digo en serio! Siempre valoré nuestra amistad... Y eso era precisamente lo que me daba miedo. No quería volver a sufrir por perder a nadie más en los Juegos... Yo...

Entonces comienza a contarme la historia de su mejor amigo, de cómo fue cosechado a los 12 años y cómo tuvo que verlo morir en televisión, tirado en el fondo de una fosa en la cual cayó. Agonizando por un día entero.

—Me pasé días enteros llorando. Lo peor fueron los comentarios de los capitolinos, hablando de él, de alguien tan importante para mí como si fuera un elemento carente de humanidad, cuyo único valor se basa en su potencial de espectáculo. No quería volverme a sentir así otra vez, por eso me aislé de todos... Al menos hasta que tú llegaste. Cuando estabas por cumplir los doce años, entonces volví a recordar que podrías salir cosechado, que podría volver a sentirme así. Pero aún y con mi decisión de distanciarme... Creo incluso que me siento peor ahora. Que no ha servido de nada. Tú te vas al Capitolio y yo...

—Aún no he muerto —le recuerdo, él calla, pensativo—. No estoy enfadado. Pero...

—¿Pero qué?

Sacudo la cabeza. ¿Cual es el punto de abrirme a los demás? Ellos sólo entienden lo que quieren. Ritchie sólo se preocupó por no herirse él mismo, sin que le importara cómo eso afectaría a los demás.

—Nada —digo—. Olvídalo.

Unos golpes se escuchan en la puerta, señal de que el tiempo casi se acaba.

—Dímelo —dice—. Por favor. Hazlo por nuestra amistad... Tal vez... No volvamos a vernos.

Con cada cosa que dice, me angustio más y más. Es como si él ya estuviera dando por hecho que no voy a volver. Me levanto y comienzo a caminar de un lado a otro hasta que finalmente caigo en la cuenta de algo. Él es tan socialmente inepto como lo soy yo. Probablemente él no sea consciente de que está empeorando las cosas, y que ahora esos sentimientos de culpa que va a desarrollar van a hacerlo todo aún peor.

—Te daré una pista. Entiendo que lo que pasaste fue terrible y que no quieras volver a vivirlo, pero no sólo tú tienes sentimientos —digo—. El proceso entero está diseñado para hacernos egoístas, poco empáticos. No afecta sólo a los tributos sino a un rango más amplio de personas.

Esto último se lo oí una vez a mi padre. Siempre estuve de acuerdo con ello y en estos momentos se hace evidente que es así.

Ritchie baja la cabeza.

—¿Con qué cara vengo aquí, después de dejarte tirado? —dice.

—Si te sirve de consuelo, prefiero eso a que no hubieras venido —le respondo.

Los Agentes de la Paz abren la puerta. El tiempo se acabó. Ritchie me da un breve abrazo.

—Suerte —dice—. En un par de meses Marie y yo nos casaremos. Si vuelves... Estás invitado.

—Gracias, y enhorabuena —contesto, viéndolo salir de la habitación sin dejar de mirar hacia mí hasta que los agentes cierran de nuevo.


Actualizo para reportar que el reto NaNoWriMo 2016 ha comenzado y que el fic va genial. Escribí el capítulo en un día y ya estoy con el segundo. Me quedó más largo de lo que esperé para variar.

Me gusta como está quedando Avery, aunque en este capítulo no sale demasiado, ya me dirán qué opinan y si la ven en la Arena con Beetee o no. Aún no he decidido nada al respecto pero creo que ella podría llegar a él que de momento se encierra tanto en sí mismo. Hasta los shipeo un poco jaja (solo un poco ya que él y Wiress son OTP y Avery se va a morir).

Kiko, ciertoo tengo a Porter Millicent Tripp en mente, no se me olvida :D ella quedó muy mal de la espalda pero está en recuperación, le pasó un poco como a Wiress, que estuvo en coma bastante fastidiada y la gente no sabía qué había ocurrido con ella y si se había muerto y el Capitolio lo ocultaba entre otras teorías de la conspiración. Cuando estén viendo los resúmenes de las cosechas mencionaré eso. Seguro Isaak tiene algún chisme para compartir.

cami, Beetee va a necesitar paciencia con Avery, no sólo porque no sabe cuándo callarse, sino porque a parte de eso él es del tipo que prefiere estar en paz. Creo que ya mencioné esto una vez pero hay una escena en el sexto libro de Harry Potter cuando Harry le dice a Hermione que le va a dar felix felicis a Ron para su primer partido de Quidditch, y el libro describe a Hermione regañando a Harry como una olla a presión olvidada en el fuego o algo así. Pues así es como va a ser Avery. En realidad este fic es una precuela del de Wiress, así que aunque compartan algunos personajes, no creo que tengas problemas. Si acaso lo único que se explica en el de Wiress es la forma en que Kernel ganó los juegos. He dado detalles en este capítulo pero desde otro punto de vista para que no parezca que estoy repitiendo las cosas. Kernel quedó atrapado en una cueva y los Vigilantes no pudieron hacer nada para sacarlo hasta el final, despejaron la cueva para que saliera cuando sólo quedaba un tributo y él por lo que no tuvo problemas para empujarlo y matarlo. La historia es en realidad algo más compleja, pero para no spoilear con esos datos te basta para entender a Kernel. xD Doka no sale en EFDUR. E Isaak es una persona más ambigua, a veces se viste de chica, suele tener buen carácter pero tiene su genio.

Trataré de meter el resumen de las cosechas en el siguiente *_* ya es hora de conocer a los (pobres niños que van a su muerte) tributos. De momento tenemos estos:

D1

Stilo

Rarity

D2

Ares

Zahara

D3

Beetee

Avery

D4

Florent

Milana

Eso ya es la AP, y el D3 :D En este aspecto no va a haber sorpresas. La Alianza Primaria debe ir junta pues es lo que dice el canon, pero igualmente nos lo vamos a pasar bien juntos.

¡Hasta el siguiente y gracias por seguir a Beetee!