Desde la ventana puedo ver la ciudad del Capitolio brillando en la distancia, algunos de sus monumentos emblemáticos se pueden apreciar ya. De vez en cuando se ve alguna mansión o palacio con jardín iluminado decorado profusamente. Este será el sitio donde viviré durante la próxima semana y algo en mi interior ya detesta la idea, por muy bonito que sea.

La insistencia que están empleando para que acceda a aliarme con Avery no me agrada en absoluto. No quiero hacerlo, y me da igual que piensen que soy grosero. Ella puede hacer lo que quiera.

Al doblar mi ropa vieja, descubro que aún llevo el reproductor de música en el bolsillo. No se han dado cuenta de eso. Podría haber fabricado un explosivo, haberlo detonado en el escenario y haberlos volado a todos y nada me lo habría impedido. Podría estar pensando en hacerlo ahora mismo. Un fallo de seguridad muy gordo de su parte.

Me tumbo en el sofá y coloco los auriculares en mi oído antes de darle al botón. La melodía calmada y relajante de clarinete y violines sustituye a todo lo demás. En momentos como este me alegro que no me lo hayan detectado, es justo lo que necesitaba.

Cierro los ojos y trato de dejar la mente en blanco, aunque no lo consigo por demasiado tiempo pues pronto e involuntariamente comienzo de nuevo a darle vueltas a las cosas.

En las despedidas, me molesté con Ritchie y sus razones para dejarme de lado. Pero... ¿No estoy yo en cierto sentido pensando como él al querer jugar este juego en solitario? Dicen que las ventajas son mayores a los inconvenientes, pero yo no lo veo así. Juntarme con alguien, llegar a apreciar su compañía, tomarle cariño, sufrir cuando muera... Sólo complica las cosas y no me visualizo haciéndolo. Si yo quiero tomar una decisión y la otra persona no quiere, si la otra persona comete un error y yo acabo pagándolo... Eso no me gustaría. Y al revés, si yo cometo un error y termino arrastrando a otros conmigo jamás en la vida me lo perdonaría.

Todo se simplifica yendo solo y no tiene por qué irme mal. Muchos vencedores no tuvieron alianza.

Por el rabillo del ojo detecto movimiento y al voltearme a ver, Kernel está apoyado en el marco de la puerta. Detengo la música, me quito los auriculares y me incorporo.

—Si vas a decir por qué no golpeé la puerta, lo hice.

—Si has venido a intentar convencerme otra vez, ya he decidido que no quiero aliarme con nadie. Voy a ir en solitario.

—No vengo a convencerte —dice pasando y cerrando la puerta—. Por mucho que te beneficie no podemos obligarte a hacer algo que no quieras. Vengo a hablar de otra cosa contigo.

Arrastra la silla frente al escritorio, la pone en el sofá y se sienta. He visto a Kernel cientos de veces en televisión y estar con él aquí conversando se siente raro.

—¿De qué se trata?

—Existe una importante posibilidad de que la Arena sea en un entorno natural —dice, su vista se posa en mi reproductor de música. Mientras habla, Kernel alarga la mano y lo toma del cable de los auriculares, dejándolo suspendido en el aire—. ¿De dónde sacaste esto?

—Me lo llevé de casa. Lo pasaron por alto cuando me registraron —contesto, lo que hace que él sonría.

—Ineptos —murmura.

—¿Cómo sabes que será en un entorno natural?

—Es lo que toca. Isaak sabe ver patrones en esto. Las urbanas son las más caras de fabricar. Este año toca algo sencillo.

Pienso en ello un momento. El año pasado fue una arena urbana, el año que ganó Indigo fue en interiores, el anterior natural invernal... En verdad no me hubiera gustado esa última y no creo que se repita. Las Arenas con frío extremo son unas de las más aburridas en cuanto a acción se refiere a pesar de que el caníbal del Distrito 6 diera que hablar.

—No somos los únicos mentores con esa teoría de hecho. Seguro que otros también se han dado cuenta, pero partiendo de esa base, podremos trabajar mejor. Además es bueno que hayas decidido sacar todo lo que llevas y centrarte en lo que te espera, aunque parezca mentira hay muchos tributos que nunca superan que fueron cosechados. Esos son los primeros en caer.

—Yo no quiero caer. Dime qué es lo que debo hacer.

—Trampas. Pero no tanto en la estación de trampas, que también, sino en la biblioteca. Tengo unas cuantas recomendaciones de lectura. También quiero que practiques con cuchillos y supervivencia. Debes aprender a borrar tus rastros si vas a ir solo. La Alianza Primaria es buena en rastreo. Siempre tienen un experto sabueso en el equipo.

—Suena razonable —digo.

—Con la facilidad para reparar objetos que dices tener se te dará bien preparar trampas. ¿Qué tan dispuesto estás a matar? Mucha gente suele tener... Reparos con esa parte.

Otra vez, medito la respuesta. No sé cómo me siento. La mera supervivencia sólo puede llevarme hasta tan lejos, pero para el resto... Tendré que mancharme las manos. Y las trampas son sin duda el método más impersonal y distante de hacerlo. ¿Podría mirar a alguien a los ojos mientras le clavo un cuchillo en el pecho? Si me atacasen primero lo haría. En el caso de un profesional podría hasta plantearme el hacerlo sin provocación previa, si se dejara. Los tributos cosechados no deberían sentir ninguna simpatía por voluntarios que buscan gloria y riqueza y se entrenan para esto. Siento que nada más que por hacerlo nos están provocando y se atienen a que decidamos matarlos.

Pero en general, sé que me costaría. De nuevo, si quiero ganar deberé hacerlo. Por muy poca culpa que tengan de haber salido del sorteo... Igual que yo.

—Sería muy fácil de decir que sí —digo, y Kernel asiente—. Pero sospecho que no lo es. No obstante, como ya dije, no quiero morir y para alcanzar esa meta soy consciente de que tendré que mancharme las manos. Muy a mi pesar.

—Es una respuesta muy honesta. No todos los tributos están dispuestos a admitir eso... Y eso es al final una de las cosas que más les perjudica —hace una pausa para observarme—. Tú sin embargo tienes potencial. Vas por buen camino. Has dejado tu pasado atrás, te estás concentrando en el futuro y estás dispuesto a hacer trabajo sucio.

El tren disminuye la velocidad a la vez que las luces de la ciudad que vimos en la lejanía están ya muy próximas.

—No es como si tuviera más remedio —digo.

—Eso es cierto. Ahora prepárate. Isaak estará aquí en cualquier momento para avisarte de la llegada —toma mi reproductor de música y se lo mete en el bolsillo—. Te guardaré esto. Vas a meterte en problemas si te lo encuentran.

—¿Cuándo podré recuperarlo?

—Puede que a tu regreso de la Arena. Necesito que centres cada segundo de tu estancia en el Capitolio en prepararte para la batalla.

Se van sin más ceremonia, dejándome algo molesto por la pérdida de mi única vía de escape del mundo. Tiene razón en el fondo a propósito de lo de centrarme, pero es mío y no me gusta que toquen mis cosas.

Al entrar de lleno en la ciudad, reconozco varias de sus zonas, el río del barrio de Emerald Gardens y los árboles de luces de Sparkly Lane. Pero pronto entramos en un túnel y la oscuridad se hace de nuevo en el exterior, momento en el cual Isaak llama a la puerta para avisarme de la inminente llegada.

Cuando salgo, Avery ya está ahí.

—Escúchenme ambos. Va a haber gente esperándoles. Los distritos uno y dos ya han llegado hace rato y ustedes son los terceros de la noche. No se pongan nerviosos, no son peligrosos, esos días en los que intentaban pegar a los tributos han quedado atrás. No obstante, no deben hablar con ellos. Habrá un taxi esperándonos, lo reconocerán por el color amarillo. Quiero que se metan en él directos desde la estación.

—¿Por qué no podemos hablar con ellos? —pregunta Avery.

—Porque no tenemos tiempo. Deben descansar para mañana, vamos a madrugar mucho, pero no se apuren. ¡Tenemos una sesión de belleza gratuita preparada para ustedes!

Eso es precisamente una de las cosas que menos ilusión me hacen. Pero no creo que vaya a tener demasiada privacidad a partir de ahora, y tendré aún menos cuando entre a la Arena. ¿Debería decirle esto a Kernel? Tal vez tenga algún buen consejo para mí.

A pesar de ser una estructura funcional, sin ornamentos de ningún tipo, la estación subterránea irradia lujo. El andén es de mármol pulido y la placa con el número de andén parece tener letras de oro. Unos Agentes de la Paz nos guían hasta una escalera mecánica. Isaak sube primero y Avery literalmente salta detrás de él. Luego voy yo y al final, Doka y Kernel, con unos cuantos agentes para asegurarse de que no hay altercados. A pesar de que la visión del Capitolio de nosotros ha cambiado con la siguiente generación, aún puede haber algún resentido que intente agredirnos porque su tío abuelo Gaius murió en los Días Oscuros. Mis padres aún se sorprenden del cambio tras haber vivido sus cosechas durante las primeras ediciones, cuando incluso tenían que protegerlos de los cuidadanos capitolinos que les arrojaban verduras, huevos e incluso piedras.

Los gritos comienzan al final de la escalera, cuando Isaak, el primero de la fila llega arriba. Gente de lo más variopinta espera por nosotros. Ropas de muy diferentes estilos y colores e igual sucede con los peinados. Agacho la cabeza algo avergonzado por la atención recibida. Isaak posa con nosotros dos para la foto de un periodista y luego, sin soltarnos las manos, comienza a caminar rápido hasta el taxi.

Una vez estamos dentro, él vuelve e intenta arrastrar también a Kernel y Doka, aunque con menos suerte.

—¡Vamos! ¡Los chicos me han dicho que están cansados y quieren irse a dormir! ¡No sean egoístas! —grita mientras firman autógrafos aquí y allá.

Al no conseguir su objetivo inmediatamente, Isaak rueda los ojos.

—¿Sabes qué? Creo que a Isaak no le gusta que nuestros mentores se lleven toda la atención —dice Avery—. Y ahora mismo tienen a todos esos fans pendientes de ellos. ¿Has visto cómo les está mintiendo usándonos como excusa?

—¿Tú crees? Yo creo que más bien... Le gusta adherirse a un horario y no le gusta que este sea alterado. Es nuestro escolta al fin y al cabo, y hacer cumplir los horarios es su trabajo.

Ella se frota la barbilla pensativa.

—Si, eso es cierto. Pero vamos bien de tiempo y no tenemos nada más programado para hoy. ¿No crees que está sobrerreaccionando?

—La escena entera es bien absurda —contesto sin dar demasiados detalles del por qué de mi afirmación, esa gente es fan de los Juegos, los disfruta, se ponen como locos al vernos sufrir ahí afuera, están entusiasmados ante la idea de vernos darles un buen espectáculo y por eso idolatran a Doka y Kernel, porque ellos ya han cumplido—. No creo que se pueda analizar lógicamente.

Al fin, ella desiste y no vuelve a intentar conversar conmigo.

Creo que no le caigo demasiado bien, pero si es así tal vez sea mejor. Cuando Doka la presione para que se alíe conmigo, también se negará y ellos dejarán el tema de lado. Kernel ya parece que lo ha hecho, aunque pensé que insistiría más.

Todo lleva más tiempo del esperado. Cansado de que sus intentos de conducir a los vencedores al auto sean infructuosos, Isaak pasa al asiento del copiloto. Por su ademán brusco y ágil se puede ver que está enojado.

—Todos los años lo mismo —murmura—. Todos los años la misma historia. Odio este momento. Lo odio.

—Está bien Isaak, no creo que pueda dormir de todos modos, no te preocupes —dice Avery a modo de consuelo, echándose ligeramente hacia delante.

Isaak mira hacia atrás y le acaricia el pelo.

—Gracias linda... Está bien. Todo está bien, no te preocupes. Con un poco de suerte en un rato podremos irnos.

Por el espejo retrovisor, puedo ver que saca una tableta en la que hay un icono con forma de sobre brillando con un destello rojo. Isaak lo abre y una fotografía aparece en la pantalla.

—¿Qué es eso? —pregunta Avery de nuevo echando un vistazo hacia los asientos de delante.

—¡Nada! —exclama Isaak apartando la tableta de la vista de mi compañera.

—¿Era el traje de mañana? ¿De los desfiles?

—Tú no deberías estar viendo esto. Absolutamente no. Es un secreto, algo que sólo yo puedo ver para darle el visto bueno. Hace unos años nuestros tributos salieron ahí casi en paños menores. No es el tipo de enfoque que quiero para ustedes, ni sus mentores tampoco, por eso desde entonces siempre reviso para darle el visto bueno.

Ahora que lo recuerdo, en el Distrito 3 se criticó mucho la elección de vestuario de los tributos de la edición de la que habla. La chica tenía trece y el chico quince. Sus cuerpos estaban mínimamente cubiertos por prendas que imitaban los circuitos internos de una computadora. Aunque es cierto que normalmente los tributos cuya belleza llama la atención eligen, o sus estilistas eligen por ellos, potenciar esa sensualidad y seducción, no es algo que alguien tan joven debería estar llevando. No me había parado a pensar hasta dónde los responsables más cercanos a los tributos estaban involucrados, pero en cierto modo me alegra ver que no van a tolerar ciertas cosas.

Kernel y Doka pasan por fin al auto, ignorando a Isaak que parece estar a su vez ignorándolos a ellos. Avery no despega la cara de la ventana, mirando las iluminadas calles capitolinas con los ojos muy abiertos. Es ciertamente muy distinto de casa; pero sin nuestro esfuerzo y sacrificio, sin la opresión a la que nos someten ellos no serían nada, así que es correcto decir que nosotros estamos pagando por todo esto. Papá ha dicho muchas veces que es como si nos perteneciera.

—Esa de ahí es la Gran Plaza de Capitol Hill y al fondo vive el presidente, en ese edificio grande —explica Isaak.

—¿Por qué hay tantos andamios en la plaza? —pregunta Avery.

—Están instalando las gradas para el desfile de mañana y permanecerán ahí hasta que los Juegos terminen.

—¿Se van a poder ver los Juegos del Hambre desde ahí? —digo.

—No en su totalidad. Sólo el baño de sangre, el banquete y la final. En caso de que no se pueda predecir el fin de los Juegos, se mostrará el vídeo en diferido.

Es básicamente lo que hacen en los distritos. Instalan una pantalla en la Plaza de la Justicia para ver los momentos más importantes pero yo nunca he ido. Normalmente van los conocidos de los tributos cosechados para prestarse consuelo mutuo. Todo el mundo puede ir pero nadie quiere hacerlo en realidad. Imagino que aquí será diferente.

El lugar donde nos vamos a alojar no está demasiado lejos de allí. Es un edificio enorme, rodeado de jardines. Un estandarte iluminado con el escudo de cada distrito cuelga de una farola. En la fachada y sobre la puerta de entrada, está la gigantesca águila con ocho flechas en sus garras rodeada por dos espigas de trigo que se cruzan, símbolo de Panem.

—¡Ya llegaron nuestros cerebritos de este año! —dice un recepcionista de piel blanca como el papel, cuyo tupé brilla como el oro al vernos llegar—. ¡Beetee y Avery, encantadísimo de verlos por fin en persona! Isaak les mostrará su piso en el que a lo largo de la historia, los chicos que vinieron aquí anteriores a ustedes se alojaron. Incluyendo a Doka y Kernel. Tenemos una serie de reglas por el bien de la convivencia. Queda prohibido ir a los pisos de otros distritos, habrá cámaras así que no hagan tonterías, se juegan que les embarguen a los patrocinadores. No salgan de su planta sin que su escolta sepa. No salgan del edificio, ni se pongan en contacto con alguien ajeno a la organización. En caso de duda, no duden en preguntar. Tienen una gran cantidad de formas de ocio disponibles en su planta en caso de que se aburran y los cocineros están esperando para concederles cualquier antojo las veinticuatro horas del día.

Habla muy rápido, con voz animada y melodiosa. Detrás de él hay una puerta semiabierta tras la cual unas cuantas personas nos observan con atención, hablando entre ellos.

—¡Gracias Sloane, me ahorraste un poco de tiempo para variar! —responde Isaak, ese reproche debe ir por Kernel y Doka—. Voy a llevar a estos chicos a descansar. Nos vemos.

—¡Disfruten de su estancia! —dice el tal Sloane agitando efusivamente la mano.

A pesar de fabricar e investigar la tecnología del país, la del Distrito 3 suele estar algo obsoleta. La diferencia es tanta que a veces se torna desconcertante. Tanto el recibidor como el ascensor y nuestra planta irradian opulencia y progreso, tal vez en demasiada cantidad pero eso también era de esperar.

—Tienen el resto de la noche libre —dice Isaak—. Vayan a descansar y si tienen algo de hambre como Sloane les ha dicho, pidan lo que sea, hay conexión directa con las cocinas por lo que sólo tendrán que decirles lo que quieren comer y ellos se lo prepararán. ¿Beetee? Esta será tu habitación.

Isaak se para ante una puerta y con un movimiento teatral, la abre. A pesar de que es para mí, Avery es la más impresionada de los dos. Da un grito ahogado mientras observa el bosque nevado y las montañas que hay más allá de la cristalera que ocupa toda la pared. Es una cámara, pero aún así el efecto realista que crea es tremendamente fiel a lo que serían las vistas reales de una casa cerca de las montañas. Incluso las luces artificiales imitan el tono de la luz natural que entra por la ventana.

—Las habitaciones cambian de un año a otro de acuerdo a las tendencias —dice Isaak—. El año que viene podría no ser así. Este año el tema escogido es las estaciones del año. Esta es una primavera muy temprana, aún con trazas de invierno. La moqueta imita la sensación de la hierba recién brotada al caminar por ella. Te aconsejo que la pruebes sin zapatos.

—¿¡En serio esto es para nosotros!? —dice Avery asombrada—. ¿Y qué estación es la mía?

—Lo verás en un minuto. Vendré a despertarte mañana, Beetee. Nos espera un largo día. ¡Buenas noches!

—Prepárate para sufrir mañana —agrega Kernel.

—Gracias por la advertencia —digo—. Hasta mañana.

No estoy cansado, y menos cuando me dejan solo en una habitación con tantas cosas que explorar. Sobre la mesita hay un reloj despertador que consiste en una esfera de cristal sobre un palo negro. Los números de dentro parecen estar flotando en la nada. El número de serie de abajo me dice que es un modelo fabricado este año, hace escasamente dos meses. Las luces que imitan la luz natural son lo que más me intriga, y por un momento, sólo por un momento, me arrepiento de haber dejado los estudios a un segundo plano. Hubiera podido ser yo algún día el que se encargase de idear y descubrir nuevas formas de hacer las cosas.

Pero no me dura mucho, porque luego recuerdo por qué lo hice, y que no tenía más opción y que mi nombre ha salido en la Cosecha de todos modos y mis divagaciones pierden sentido.

Los cristales son en realidad pantallas, pero pueden transformarse en ventanas también. En realidad la pantalla va entre dos cristales como si fuera un sándwich y se puede retirar. No es una tecnología nueva, tiene ya algunos años pero podría mejorarse. Hacerlo más tridimensional y real.

Pero ese pensamiento tampoco me dura mucho, porque estaría trabajando para los modos de ocio de esta gente que nos esclaviza, y me perturba pensar así.

En el baño no encuentro nada fuera de lo normal, una ducha que ya había visto en el tren y una bañera de hidromasaje.

Tras revisarlo todo en busca de nuevos descubrimientos, aún no tengo sueño aunque sí tengo un poco de hambre y sed. Sobre todo sed.

—Agua —digo al teléfono que conecta con las cocinas.

No ha pasado ni un minuto cuando la puerta en la pared se abre y una plataforma con una jarra y un vaso sale hacia afuera.

Eso fue rápido. Pero en el fondo solo es agua. No cuesta nada llenar una jarra bajo el grifo. Tras saciar mi sed y dejarla sobre la mesa, pruebo de nuevo.

—Panecillos del Distrito 3 recién hechos.

Me quedo fijamente mirando el reloj de la mesita. Son las doce y ocho minutos, y aún lo siguen siendo cuando suena la campanita y bajo de nuevo la trampilla. El olor a pan me llega antes de que pueda ver el pan en sí. Son bocaditos pequeños y crujientes, casi sin miga. Aún están calientes. Frunzo el ceño. ¿Es esto humanamente posible?

Imagino que no, que los tuvieran preparados de antemano es la explicación más probable. Sabían que íbamos a venir a esta hora y hornearon el pan por si lo pedíamos, después de todo que buscásemos alimentos típicos de casa es lo más lógico, sobre todo si tomaron en cuenta lo que otros tributos pidieron en otras ediciones.

Quizá si pidiera pan de otro distrito que no va a llegar hasta dentro de unas horas... Del Distrito 10 por ejemplo...

Me quito esa idea de la cabeza. No está bien desperdiciar comida intentando averiguar cómo funcionan en la cocina. Son los distritos los que pagan por esto después de todo.

Pruebo una tercera vez, tras echarme un panecillo a la boca. Esta vez, pido algo más difícil y elaborado.

—Perdiz a las hierbas aromáticas con salsa de manzana.

Fue una de las cosas que probé en el tren, de las que más me gustaron. De nuevo vigilo el reloj. El cero y el nueve desaparecen en un pequeño fogonazo dorado y son sustituídos por un diez. El diez se convierte en once; el once en doce... A los dos minutos, la campanita suena.

Ha tardado un poco más, aún así ha sido eficiente. Observo el plato, pensando en cómo podrían haber preparado todo en tan poco tiempo. Los hornos fabricados en casa ayudarían a disminuir drásticamente el tiempo que tardaría en asarse. En cuanto a la salsa, podrían haberla tenido hecha de antemano. Pero aún así no quita que preparar un plato así de forma convencional tardaría horas. Para probarlos de verdad, debería pedir algo completamente extravagante.

Una última vez, pruebo suerte.

—Helado triple de pistacho, banana y mango con almendras molidas, recubierto de una fina capa de salsa de chocolate con menta.

Espero otra vez a presenciar el milagro. A los veinte segundos suena el teléfono.

—Buenas noches señor Latier. Lamentamos informarle que no disponemos de helado de mango pero podemos sustituirlo por mandarina, albaricoque o fresa si así lo desea —dice una voz femenina.

Oh, así que no son infalibles. No lo son, pero casi.

—De acuerdo —digo—. Mandarina estará bien.

—En un minuto lo tendrá. Una vez más disculpe las molestias.

No lo decía en sentido figurado. Tras un minuto, una gran copa aparece en el compartimento. Una de las bolas es verde, la otra amarilla y la otra anaranjada, recubiertas de una salsa marrón oscuro con trocitos de almendra y una hoja de menta arriba. Hasta se han permitido hacer una buena presentación agregando un abanico de galleta.

Me permito a mí mismo considerar la modificación en mi petición como una pequeña victoria. Sólo una pequeña. Me toma más tiempo del esperado terminarme todo lo que he pedido. Una hora y media después, con el estómago demasiado lleno, pongo los platos sucios de nuevo en el compartimento y me voy a dormir.

Al apagar la luz, las pantallas también cambian, mostrando un paisaje nocturno y el techo se llena de estrellas. Puedo distinguir varias constelaciones y de vez en cuando hasta hay alguna estrella fugaz. Es hipnótico mirarlo.

Acostumbrado a las comidas frugales, las náuseas hacen que me cueste conciliar el sueño, pero poco a poco mi cuerpo acaba procesando la descomunal cantidad de comida que le he introducido. Va a tener que ser así, por unos días al menos. La cama es tan suave y cómoda que paradójicamente se hace incómoda.

Al final, tomo la almohada y una manta y me acuesto en el suelo. Mi cuerpo parece tolerar eso mejor que la etérea textura del colchón. La cama en la que duermo está vieja y hecha polvo y nunca tuve problemas.

Así es como me encuentra Isaak por la mañana, cuando se toma la libertad de pasar viendo que sus golpes en la puerta no fueron suficientes para despertarme.


¡Ya está Beetee en el Capitolio!

He de decir que no planeé demasiado este capítulo, se me echaba encima la fecha del fin de Nanowrimo y aún me quedaban muchas palabras por escribir por lo que me puse a plasmar ahí todo lo que me venía a la cabeza, ha sido algo más lento que los otros pero se ha visto un poco de cómo va a ser la actitud de Beetee con respecto a los Juegos. Comparado con Wiress él es bastante más frío, también algo de tradiciones capitolinas y algunas anécdotas, me encantan las anécdotas de otros años jaja y un poquito de humor abajo con Beetee experimentando con el ascensor de la comida xD Quizá necesitaría algo más de edición para eliminar algunas líneas superfluas pero bah...

El capítulo siguiente ya está terminado también, lo publicaré la semana que viene. También tengo uno de Causa y Efecto terminado, con el que ya nos meteremos en el top 8 T_T, pero publicaré primero este porque C&E fue el último que actualicé, este reto de escritura me ha ayudado muchísimo a adelantar mis fics, me gustaría poder seguir a buen ritmo como ahora, que no pasen tres años como pasó en Wiress, cada vez hay menos gente en el fandom, cosa que es normal, pero ya no puedo permitirme tardar tanto o estaré escribiendo para los estepicursores del desierto.

Kiko, me alegra que te gustase la historia de Porter, estoy contenta por como ha quedado, y creo que hace un buen trio con Layla y Larius, creo que no será una de esas vencedoras que se rompen mentalmente, podrá llevar bien su victoria y me gustaría que trajera a algún tributo, tal vez en un par de décadas o así, saqué a Dexter del alphaverse, pero ya tiene sustituto aunque no será Porter su mentor. Con los resúmenes de las cosechas siempre me entra miedo que se hagan pesados, pero es un alivio saber que no. A Honey le he tomado mucho cariño, la veo así como una especie de Foxface. En cuanto a los demás, tengo que pensarlo. Se me ha ocurrido una idea, aunque sería incongrugente con algo que escribí, pero es lo que tiene cuando uno hace precuelas, que ser consecuente a veces corta la creatividad.

Estamos viciados al Final Fantasy XV ¿Van a jugar? A mí de momento me está gustando.

¡Saludos y gracias por seguir a Beetee!