—¡¿Qué rayos haces tirado en el suelo, Beetee?!

Al principio no reconozco a la chica que me habla y que ha invadido mi habitación como si esta fuera su misma casa. Entrecierro los ojos cuando me doy cuenta de que sus facciones y su voz me resultan familiares.

Miro alrededor, desorientado. El sol está saliendo por entre las montañas y se escuchan cantos de pájaros.

—¿Isaak? —murmuro, buscando mis gafas. Me duele la cabeza y por un momento dudo seriamente si me he despertado ya o sigo soñando.

Lleva una peluca larga y rubia, un vestido y algo de maquillaje, pero aún así nada delataría que es un hombre a quien no lo conociera de antemano. Su cara tiene ya de por sí facciones delicadas.

—¿¡Puedes explicarme el por qué de esto!? —insiste escandalizado.

—Este suelo es más cómodo que mi cama —digo—. Y esa cama es demasiado cómoda, no podía dormir. Además, dudo que vaya a dormir en una cama en la Arena. ¿No sería mejor que me fuera acostumbrando ya a las condiciones que voy a tener?

Él, o ella, ya no sé qué pronombre usar, suspira.

—Pero sería conveniente que al menos disfrutases de todo el lujo que el Capitolio ofrece. Recuerda que en las primeras ediciones los tributos pasaban su estancia hasta el lanzamiento encerrados en celdas. Es una suerte que las cosas fueran cambiando con el paso del tiempo.

—Soy de la opinión de que un lujo excesivo no puede ser saludable —digo—. Y esto es sin lugar a dudas demasiado para mí. Pido por favor que esta pequeña excentricidad sea perdonada, siempre pensé que el Capitolio era tolerante con ese tipo de cosas.

Casi me río al decir eso último. El lugar más excéntrico de Panem, ofendido porque un tributo se niega a dormir en una cama, pero ante eso, Isaak parece no tener réplica.

—Avery se levantó a su hora y ya está desayunando —dice—. Date prisa ya que vas a pasar el día siendo preparado para el gran desfile.

—Pensé que me ibas a despertar a una hora decente, no cuando el desayuno estuviese ya servido —replico, no voy a dejar que me cargue con toda la culpa—. O eso me pareció entender ayer.

—Doka dijo que te dejásemos dormir un poco más —se defiende.

—Pero... Eso tampoco es culpa mía —razono.

—Sólo date prisa. ¿De acuerdo?

Incapaz de refutar eso, se va. Es curiosa la dinámica con la que Isaak trabaja con ambos mentores. Si no me equivoco, Isaak llevará más o menos diez años siendo escolta de nuestro distrito, no parecen llevarse mal, el problema según he visto es que ellos parecen conocer todas las pequeñas cosas que le molestan y premeditadamente las hacen de esa manera, como fumar en el tren. No sé si él se haya dado cuenta de eso, pero si hasta yo que no entiendo demasiado al respecto lo he hecho, él debe saberlo también. Debe tener una paciencia a prueba de bombas.

No tardo demasiado en arreglarme, asearme y salir. En casa es igual, no es algo a lo que dedique más tiempo de lo necesario.

—Entonces... ¿Cual es la mayor cantidad de tiempo que podría estar escondida en un lugar antes de que los Vigilantes empiecen a planear el moverme de allí? —pregunta Avery.

—Dos días —dice Doka—. Tres ya es arriesgarse demasiado.

—Ese es el promedio, aunque no es la norma. El ritmo de las muertes influye así como la proximidad de tributos que puedan significar batallas interesantes o muertes memorables. Y por supuesto, los gustos personales del vigilante jefe de turno —agrega Kernel.

—Por desgracia, el de este año es nuevo en el cargo, fue segundo en comando durante los últimos cinco años pero uno nunca sabe... Eso sí, por lo que he podido saber gracias a algunos antiguos compañeros de trabajo, es que es bastante metódico y no es demasiado sociable. Se rumorea que va a ser uno de esos vigilantes jefe contrarios a intervenir.

—¿Intervenir? —pregunta Avery, dándose cuenta en ese momento que estoy sentado a su lado—. ¡Buenos días Beetee! ¿Dormiste bien?

—Más o menos —contesto—. Interesante conversación. ¿Qué quiere decir eso de intervenir?

—En la jerga de los vigilantes quiere decir la cantidad de amenazas colocadas por los vigilantes o las veces que por acción de manipular algún elemento de la Arena desde la Sala de Control, provocan un determinado efecto, una muerte, un enfrentamiento, un problema...

Isaak habla como si tuviera un amplio conocimiento sobre cómo funcionan las cosas por allí. Será mejor que le preste atención y le saque cuanta información pueda.

—Entonces... ¿Quiere decir eso que no tendremos que preocuparnos por la ira de los vigilantes tanto como por otras cosas? —pregunto, echando cereal y leche en un tazón.

—Sólo es una hipótesis. Nadie sabe realmente cómo Erios será como vigilante jefe hasta que no nos hagamos una idea de su estilo durante esta primera edición —responde Isaak—. Lo que sí tenemos es una idea estimada de su personalidad, lo cual podemos usar para formular una hipótesis. Pero no es nada seguro.

Busca en su tableta y nos enseña una foto de la persona que dirigirá el equipo en cuyas manos nuestra vida estará. El tal Erios parece una estatua de yeso. Su cabello es blanco ligeramente rosado y corto con un denso flequillo que cubre sus cejas. Sus ojos son dorados y su piel pálida. Pero la expresión es lo más inquietante, tiene la cabeza ligeramente inclinada mirando fijamente a la cámara. Tampoco es nada de extrañar que fuera un psicópata, todos los que dirigen el holograma deben tener una falta importante de empatía y conciencia para sentirse limpios después de orquestar un evento donde niños inocentes mueren año tras año, sin más propósito que el de la diversión del Capitolio.

—Sabes mucho Isaak —dice Avery—. Casi más que Kernel.

—Más quisiera él —dice tras soltar una carcajada—. Lo que tiene que hacer es preocuparse de la comida de Beetee. Ese desayuno es muy poca cosa.

Con la atención puesta en mí, Isaak se escandaliza.

—¡Ya me he dado cuenta! Beetee, eso es muy poco alimento. Espero que al menos hayas cenado bien anoche.

—De hecho lo hice —me defiendo—. Por eso ahora no tengo tanta hambre.

—Habrá un banquete luego —informa—. Pero debo insistir una vez más. Vas a estar todo el día en el Centro de Preparación, no vas a tener tiempo para comer hasta que no termine todo.

—Me reservo al banquete de la noche entonces —digo—. Estoy acostumbrado a no saciar mi hambre. Tampoco es que quiera mal acostumbrarme a tener comida disponible.

Ya han pasado casi veinticuatro horas desde que fui cosechado. Es extraño pensarlo. No creo que me haya adaptado mal dejando de lado el hecho de que aún me incomoda que intenten controlarme tanto, pero es el punto de todo esto. Guiarme. Por eso me obligo a tolerarlo.

Pero ahora que por fin conseguí acostumbrarme al prospecto de tener a mis mentores, Isaak y Avery pegados a mí durante la próxima semana, saber que tendré que dejarlos para quedarme en manos de aún más desconocidos no suena como un plan demasiado atrayente. Desconocidos capitolinos para más inri.

Por eso cuando Isaak avisa de que ya es la hora de irnos, una parte de mí no quiere levantarse de donde estoy sentado.

—Vamos. Todos tuvimos que pasar por eso —dice Doka—. Y a ninguno nos gustó. No son los primeros ni serán los últimos.

—La verdad es que yo tengo curiosidad por saber cómo será todo —contesta Avery.

—Sólo tengo un consejo para eso. Cuando te den el tirón de la tira de cera caliente que pondrán en tu pierna, clávale las uñas en el brazo al miembro de tu equipo de preparación más cercano —comenta Kernel.

Cuando avisan a Isaak de que el taxi está esperándonos abajo y nos vamos, ellos aún están riendo.

—¡Parece que se deleiten al vernos sufrir! —se queja Avery una vez pasamos al ascensor.

—No lo hacen a propósito —dice Isaak—. Sólo bromean. Un tratamiento de belleza a veces puede ser molesto y a veces incluso desagradable, pero para brillar primero hay que sufrir. Pero están en buenas manos. Conozco a sus estilistas, llevan varios años vistiendo al Distrito 3 y tienen experiencia y buenas ideas. Además, yo ya he visto sus trajes. Les van a gustar, ya lo verán.

Una pena que no esté interesado en eso en absoluto, más allá de lo que pueda hacerme resaltar, que lo dudo. El papel de estrella se los van a llevar los de siempre, nuestro distrito raramente destaca en el desfile, y no por falta de talento de los estilistas, cosa que no podría llegar a asegurar porque no tengo criterio para valorarlo, sino porque estamos atrapados entre dos de los distritos favoritos y que suelen hacerlo bien en los Juegos. Nos quitan el protagonismo sin problema ninguno.

No obstante, creo que ir de los primeros también nos puede dar algo de ventaja. Peor lo tienen los del Distrito 12, al haber ganado una vez nada más y estar en la cola. Estamos mal, pero otros están peor que nosotros.

El taxi se detiene frente a un edificio blanco. Un recepcionista abre la puerta y nos apremia a pasar adentro antes de que los fotógrafos nos descubran. Al llegar frente a la sala que nos han asignado vemos que ya hay varias personas de lo más pintoresco asomando la cabeza por el marco de la puerta observándonos.

—¡Avery, Avery! ¡Ven con nosotros!

Ella se detiene en seco, arreglándose el pelo frenéticamente con los dedos.

—¿Estoy bien, Isaak? ¿Me veo bien?

—¿Qué importa, linda? Ellos te van a arreglar.

—Sí, pero quiero causar una buena impresión. Ahora que lo pienso en la Cosecha iba despeinada, pero no alcancé a hacerlo porque iba a llegar tarde y ahora bueno... Sé que es un poco tarde para preocuparse por eso ahora pero...

—Lo es —la corta Isaak—, pero estarás en buenas manos. Ellos ya comprenden su situación, no les van a reprochar por un peinado pasado de moda o unas uñas mordidas.

—¡Así es! —dice una de las chicas de mi equipo de preparación saltando al pasillo—. Pero ustedes dos vienen bien dentro de lo que cabe. Cuando estaba asignada al Distrito 10 era normal que viniesen chicos con suciedad incrustada en la piel que llevaba años ahí.

—¡Y pulgas! —dice otro.

—¡Y piojos! ¿Se acuerdan de aquella chica a la que tuvimos que rapar para sacarle la metrópolis piojil que llevaba encima? ¡Kim casi me mata, la muy desagradecida! Ya estaba fuera de toda salvación igualmente. Cuando uno no se cuida el cabello debidamente es normal que se estropee —agrega el tercero.

—Kim da miedo —dice la primera asintiendo—. Pero no perdamos más el tiempo. ¡Vamos! ¡Tenemos muchos planes para ustedes dos!

La chica me agarra y me arrastra hasta la habitación sin darme tiempo a despedirme de los demás. Sus ojos son grandes, diría que demasiado con irises de un tono morado oscuro. Tiene círculos amarillos en sendas mejillas y el cabello verde azulado, moldeado como si tuviera orejas de animal. Un gato tal vez, no lo sé. Los otros dos también han personalizado excesivamente su cuerpo. Uno de ellos es rubio de cabello muy largo recogido en una cola de caballo y ojos verdes. El otro moreno con mechas rojas al igual que su único ojo visible, el flequillo le tapa un lado de la cara. Este último se frota la barbilla mientras me observa, con los ojos entrecerrados.

—No viene demasiado terrible, creo que no nos va a dar mucho trabajo. Casi extraño aquellos tributos de la periferia. Soy Ragnar por cierto, experto dermatólogo.

La chica agarra una de mis manos y yo me suelto inmediatamente. Aún así eso no la ofende.

—¡Yo soy Paizuu, cuidaré de tu cabello como nadie más en todo Panem!

—Y yo soy el maquillador —dice el rubio haciendo una exagerada referencia—. Fly a tu servicio.

—Soy Beetee —contesto, no sé qué más decir. Diría que estoy encantado de conocerlos y todo eso pero puede que suene poco sincero. Aunque no creo que eso les importe demasiado.

—¡Lo sabemos! —dice Fly—. Ahora quítate esa ropa, debemos comenzar a prepararte para Surin.

Con los tres mirándome, es difícil concentrarse. Trago saliva, sintiéndome atrapado. No me hace ninguna gracia quitarme la ropa delante de tres desconocidos, siento como si fuera una especie de metáfora del resto de las cosas que nos hace el Capitolio. Quitarnos la intimidad a todos los niveles, este es sólo uno de ellos.

Comienzo a hacerlo al final, consciente de que discutir o negarme no va a llevarme a ninguna parte y sería contraproducente incluso. Les obedezco en todo lo que me dicen, desconectando mi mente de todo lo que está pasando a mi alrededor. Kernel tenía razón, la cera duele pero es soportable. Al principio ellos tres intentan hacer conversación conmigo, pero ante mi falta de colaboración ellos desisten y se quedan conversando entre ellos mientras Ragnar exfolia mi piel tan fuerte que temo que me la arranque, Paizuu recorta pequeños mechones de pelo aquí y allá y Fly lima mis uñas. A cada rato no paro de preguntarme qué hora es y cuándo acaba todo. Pero cada vez que recuerdo que luego toca el desfile, me veo en un conflicto. No sé cual de las dos cosas es la menos mala.

Pero a pesar de no estar esperando con ansias el momento de subir a ese carruaje, respiro aliviado cuando mi equipo de preparación da el trabajo por terminado y me dan una manta para cubrirme mientras llaman a mi estilista.

A estas alturas, había comenzado a pensar que nada que viniese del Capitolio podría sorprenderme. Pero ella lo hace.

La recién llegada es pequeña y delgada, su cara redonda y aniñada, grandes ojos azules y cabello negro y largo recogido en dos coletas que terminan en espiral. Varios mechones de pelo están sueltos. En lo alto de la cabeza tiene un gran pasador con forma de alas de mariposa. Pero no es su aspecto lo que me llama la atención, es su edad. No debe de tener más de doce años.

Esta niña no puede ser mi estilista... ¿Quién ha dejado pasar a esta niña al estudio?

—Por fin nos conocemos, Beetee Latier —dice tendiéndome una mano.

Se la estrecho inseguro.

—¿Cuántos años tienes? —digo, lo cual hace a mi equipo de preparación reír.

—Doce —responde con naturalidad.

—¡Surin es un prodigio, Beetee! ¡Comenzó diseñando su propia ropa para sus muñecas, y presentándose a concursos de diseño a los seis, la admitieron en la mejor academia de diseñadores de Lakeside tras ganar un premio cuando por norma sólo aceptan en primer año gente con quince o más! ¡¿En serio no la conocen allá?! —exclama Fly con la voz cargada de admiración.

—Me temo que no —respondo—. Pero he de admitir que es todo un logro.

¿Será verdad esto que dicen? Aún me resulta duro de creer, pero incluso así esa parte de mí que sí se lo cree.

—Gracias. Aunque en verdad no lo es, yo diseño lo que me gusta y la gente lo aprecia. No tengo que hacer nada más así que en realidad no es tan logro como parece. Sí que es inusual conseguirlo a mi edad, eso lo admito. Mi meta es conseguir el Distrito 1, pero hasta entonces, diseñaré para ustedes.

Y ese vocabulario... No puedo creer lo que veo. Esta no es una persona corriente. Me recuerda... Un poco a mí. Mucha gente solía asombrarse ante mi vocabulario aunque yo con aquella edad no lo encontraba extraño. Quizá hubiera podido tener éxito yo también, si sólo hubieran adaptado el plan de estudios a mi ritmo de aprendizaje en lugar de al revés. Suena como una idea lógica dadas las circunstancias. No sólo me habría beneficiado yo, también se habrían beneficiado ellos de mi conocimiento. ¿Cómo es que nadie lo aprobó?

¿Cómo es que a nadie le importó?

Algo en mí se agría, mientras en segundo plano la observo darle instrucciones al equipo de preparación. Hasta en este lugar prestan atención a las necesidades personalizadas de la gente, en lugar de obligarlos a ir con el sistema establecido.

Primero me colocan unas medias negras y ajustadas, sobre las cuales ponen un traje negro por fuera y naranja luminoso por dentro, la parte de atrás más larga que la de delante, deja la tela interior al descubierto. Las costuras parecen hechas del mismo material. Paso mis dedos por el dibujo neón del traje, pero no consigo saber qué clase de material es o cómo han logrado hacer que se ilumine. El casco parece ir a juego con lo demás, es negro con dos espirales naranjas que se juntan en lo alto de la cabeza y que rodean dos antenas. Cuando Surin presiona un botón alojado en una de las antenas, una visera baja cubriéndome la mitad de la cara.

—Puedes subirlo y bajarlo. Depende de ti. Pensé que te gustaría tener esa opción, Isaak me dijo que parecías tímido —dice Surin.

—La verdad es que no disfruto demasiado socializando —respondo.

—Bien entonces, porque la pantalla puede darte un toque de misterio. Pónganle las botas.

Fly es quien va a por ellas y me ordena que me las ponga mientras termina de retocar mi maquillaje, me coloca unas lentillas temporales cuyo iris parece el dispositivo visual de un ente artificial y pinta circuitos en un lado de mi cara.

—Mandaremos tus gafas a tu habitación. De momento no las necesitarás. La lentilla se amolda a las necesidades de corrección de tu córnea y se desintegrará sola durante la noche —explica Fly.

—Puedes operarte la vista —dice Ragnar—. Si pierdes las gafas en la Arena vas a pasar un mal rato.

—Prefiero no hacerlo —contesto—. Haré lo que pueda para no perderlas o que me las quiten.

Mis padres pagaron un precio prohibitivo por estas gafas, siento como si no lo estuviera apreciando si las desechara. No soy el primer tributo que entra a la Arena con gafas ni seré el último.

—De todos modos, cyborg Beetee, es mejor que te llevemos al punto de encuentro ya —canturrea Paizuu—. Vamos bien de tiempo pero cuanto antes llegues mejor podrás analizar a la competencia que vaya llegando.

—Yo lo llevaré, tengo un par de cosas que discutir con él —dice Surin dándome la mano—. Pueden ir a tomar asiento para el desfile, ya no los necesitaré más por hoy.

Que alguien tan joven diga a gente adulta lo que tiene que hacer aún me resulta raro y a la vez despierta mi curiosidad. No suelo hacer preguntas personales, porque normalmente es un aspecto que no me interesa pero ella me intriga demasiado.

—He pensado que deberías mantener tu cara tapada durante el trayecto —dice—. Saluda a la gente, pero mantente distante en todo momento, a veces una actitud fría puede calar más en la gente que una efusiva, depende del tributo y tú creo que eres de los primeros. ¿Me explico?

—No creo que sea un problema.

De hecho, ser distante es mi especialidad.

—Bien. Cuando llegues al final de la gran plaza de Capitol Hill, sube la pantalla. Al presidente Snow no le gustará que la mantengas bajada, y él no es alguien a quien te conviene tener descontento.

—Suena razonable —contesto, tras un silencio decido averiguar más cosas de ella, ha sido en contadas ocasiones cuando he tomado la iniciativa en temas sociales y no sé muy bien como hacerlo—. Um... Surin...

—¿Sí?

—¿Cómo exactamente conseguiste bordear el requisito de la edad en tus estudios?

—Pues... Estaba claro que mi capacidad de aprendizaje era superior al ritmo de enseñanza. Así que me fueron adelantando los cursos e iba superando los perdidos en mi tiempo libre leyendo el temario, haciendo ejercicios y exámenes a parte.

—Ya veo —murmuro.

Me pregunto por qué ignoraron a papá cuando sugirió que podrían hacer eso también conmigo. Las cosas podrían haberme ido mejor. Cuanto más lo pienso más rabia siento y eso no es bueno.

—¿Por qué querías saberlo? —pregunta.

—Porque... Porque mi capacidad de aprender también era superior al ritmo de enseñanza, pero al contrario que a ti, a mí me obligaron a seguir en el sistema. Y estaba preguntándome cuales fueron exactamente los pasos que seguiste.

—Nada demasiado complicado. Mis padres hablaron con el director de la escuela y llegaron a un acuerdo. Eso es todo.

—Ya veo —repito.

Está clara cual es la diferencia entre el Capitolio y el Distrito 3. Pero en el fondo ya la sabía, esta conversación no me dice nada nuevo, sólo me sirvió para confirmar lo obvio.

Al pasar afuera, no hay aún demasiados tributos. Ninguno de los profesionales ha llegado aún y sólo unos cuantos esperan en su carruaje correspondiente junto a su estilista. Los del Distrito 12 con su tradicional disfraz de minero. La chica del Distrito 10 con un atuendo hecho de piel de vaca manchado de sangre. Se ve en general peligrosa y viciosa. Se han debido aferrar con ganas al hecho de que es la primera vez en años que los representantes no son candidatos fijos a morir en el baño de sangre.

El del Distrito 6 no lleva tampoco un traje demasiado elaborado, tal vez por eso ha llegado antes de tiempo. Es un uniforme de piloto sin más que no destaca gran cosa. Surin saluda a su estilista al pasar camino de nuestro carruaje, que está decorado de acuerdo con el diseño del traje. Hasta a los caballos les han puesto cascos a juego con mi disfraz.

Poco a poco van llegando los demás, el primer profesional en hacerlo es el chico del Distrito 2, vestido con una sencilla toga, pero con el cuerpo resplandeciendo por los aceites que le han debido poner. No tiene demasiado músculo, pero está en buena forma. No es el caso del profesional del distrito de la pesca, mostrando las cicatrices de puntos en sus brazos como si fueran trofeos. Le han depilado las cejas, pero no le han cortado la barba del todo, sino que la han arreglado al estilo del Capitolio formando dibujos. A pesar del tratamiento de belleza por el que ha pasado, aún sigue viéndose mucho mayor de lo que debe ser. Casi como si tuviera treinta años.

Honey y Avery llegan prácticamente a la vez y mi atención se la lleva la primera de ellas. Con un vestido dorado de mucho vuelo que lleva una línea negra horizontal, está claro que el tema que han elegido es un panal de abejas. Deben de haberse inspirado en su nombre. Pero no es eso lo que más me llama la atención sino el tocado con una gran gema roja que lleva en la cabeza, y que tal y como pasó en la Cosecha, tapa la parte superior de su rostro, cubriendo sus ojos.

—Están intentando conservar el misterio que la envuelve —dice mi estilista, notando hacia donde se está dirigiendo mi atención—. Es lo que yo haría si me hubiese tocado a mí una chica como ella.

—¡Beetee, tus gafas! —Avery llega riendo, con su atuendo idéntico al mío solo que en tonos verdosos con detalles amarillos—. Te ves tan raro así, con el maquillaje y esas lentillas... ¿Quién es esta niña? ¿Cómo ha llegado hasta aquí?

—Soy Surin, la estilista de Beetee —contesta ella misma tendiéndole la mano—. Trabajé junto con tu estilista en el diseño de los trajes. Espero que te haya gustado.

Avery parece contrariada, por raro que parezca, alguien ha conseguido dejarla sin habla.

—Oh, s—sí. Me ha gustado mucho —contesta respondiendo a su apretón de manos—. Es hermoso, de verdad pienso que vamos a resaltar.

—Esa es la idea. Están rodeados de distritos que emplean muchos recursos en este desfile. Lo mejor es aprovechar que la atención de los espectadores está en el máximo punto y no desentonar.

Conforme el resto de tributos llega, ambos estilistas la mía y el de mi compañera nos ordenan que nos montemos en el carro. Yo me subo primero y ayudo a Avery a trepar.

—¿De dónde sacaron a esa niña? —susurra emocionada—. ¿En serio ha diseñado ella todo esto? ¿En serio? ¡No puedo creerlo!

—Al parecer sí —contesto—. Tiene talento, y un vocabulario demasiado amplio para su edad, también un criterio aceptable y es observadora.

Y yo no puedo tenerle en cuenta que tuvo más suerte que yo en la vida. No sería justo.

—Aún me resulta duro de creer. Por cierto... ¿Cómo te encuentras? Pareces más animado que esta mañana.

—Quizá. Voy a llevar una pantalla cubriendo mi cara, será mejor que ir al descubierto. Además la actitud que me ha sugerido Surin es buena, podría funcionar.

No nos va a hacer eclipsar a los demás, pero al menos no pasaremos desapercibidos entre los distritos favoritos.

—Yo también la tengo, pero no voy a usarla. Mi estilista ha dicho que como me mostré emocional en el baño de sangre es mejor si ven que ya he superado todo eso. En el fondo tiene razón... ¡Mira, la del Distrito 1 ya llegó! ¿Viste qué linda va? Contra ella sí que no tenemos nada que hacer.

Con un vestido blanco y adornos deslumbrantes a juego con su cabello, la tal Rarity pasa por nuestro lado del brazo de su estilista. Avery me recuerda por un momento, a uno de esos Capitolinos que se emocionan por los Juegos.

—En el fondo no es más que lo mismo de siempre —interviene Surin que parece haberla oído—. Oro y joyas. Por eso quiero ese distrito, quiero sacarle todo el partido que merece en lugar de tirarle un puñado de brillantitos encima y decir que eso representa el lujo.

Avery parece herida en su orgullo.

—Imagino que tecnología no es lo suficientemente interesante —murmura dirigiéndose a mí.

Y a mí me gustaría opinar, darle la razón o algo, pero me da exactamente igual el tema así que símplemente me encojo de hombros.

El bullicio aumenta conforme el resto de tributos y sus estilistas van llegando. Hay trajes muy llamativos y otros que no lo son tanto. Se nota especialmente en los distritos con solo una victoria, sus estilistas ni siquiera se han esforzado. Es el pez que se muerde la cola, esos distritos no van a salir del problema que tienen sobre su falta de posibilidades si no llaman la atención, pero si es el mismo Capitolio el que desiste de ellos, su única posibilidad de ganar es tener mucha, mucha suerte. El Distrito 6 estuvo a punto de lograrlo el año pasado, quizá es por eso que están doblemente desmoralizados ahora.

—¡Llega la hora! —dice Surin—. Nos vemos en la cena. Buena suerte.

Avery clava sus uñas en mi brazo, tal vez para calmar su nerviosismo. Tras las advertencias de seguridad por megafonía, los timbales resuenan marcando un ritmo lento, épico y solemne, a la vez que se abren las puertas y los caballos que tiran del carruaje de Stilo y Rarity comienzan a caminar.

—Hacerlo bien... Debo hacerlo bien... —murmura Avery tras respirar hondo unas cuantas veces.

Una pequeña ráfaga de viento que levanta el carruaje de los del Distrito 2 al moverse, hace que sus capas queden balanceándose en el aire. Es entonces cuando bajo la pantalla del casco, justo antes de que empecemos a desfilar.

La intensidad de los timbales aumenta conforme nos acercamos a la puerta, puedo sentir las ondas sonoras retumbando en mi oído. Avery se transforma, pone una sonrisa en su cara y se prepara para saludar a los capitolinos que nos ven desde las gradas. Yo me concentro en las pantallas. No me interesan tanto los espectadores sino la competencia. Stilo del Distrito 1 luce serio y amenazante y la chica en contraste dulce y animada. Él podría ser el líder de la alianza. Por norma general son los del dos los que se ven más temibles pero este año es el Distrito 4. Ellos dos también podrían acabar liderando. Supongo que mañana saldré de dudas.

Los del Distrito 5, completamente embadurnados de pintura metálica, con aspas de molino en la espalda. La chica está cruzada de brazos, ni siquiera parece que sea un ángulo, símplemente no parece querer colaborar al contrario que su compañero. En el Seis y el Ocho no se ven memorables, los apunto en mi lista de posibles víctimas del baño de sangre. El Siete permanece impasible, sin interactuar con el público y parece estar surtiendo efecto. En el Distrito 9 sin embargo, optan por una formación inusual, el chico lleva a caballito a la niña. Durante unos instantes acaparan la atención de las cámaras antes de pasar a los sanguinarios chicos del distrito de la ganadería. Tengo en la mira a esos cuatro, pero por razones distintas. Surin me ha enseñado que la edad podría no importar, esa chica es valiente, le dio trabajo a los Agentes de la Paz durante su cosecha y junto al que parece ser su aliado, pues no creo que nadie se deje llevar a hombros por un rival que podría aprovechar haciendo como que tropieza para tirarte al asfalto y que los caballos te pisoteen, podrían ponerse creativos en la Arena y montar algún tipo de trampas.

Como en las cosechas, los dos últimos carruajes que cierran el desfile no dejan en mí ninguna impresión. Los del Distrito 11 se ven algo mejor, pero no por mucho. Si pasan del baño de sangre no los visualizo llegando muy lejos. Dicen que la población del Doce está decayendo, el hambre y la precariedad laboral se cobran muchas vidas y a nadie parece importarle... El Capitolio no usa carbón, ese es el método de mantenernos calientes que nos dan a los pobres y como es un servicio al resto de distritos no tiene prioridad.

De los últimos distritos, el Nueve y el Diez parecen llevarse la mayor parte de la atención, pues por lo que veo en las pantallas instaladas en los estandartes que hay colgando de las farolas.

Nosotros no podemos quejarnos, nos han dado una cantidad bastante decente de tiempo en antena. Nuestros estilistas han sabido aprovechar ese hueco entre profesionales en el que estamos y que puede ser tanto una bendición como una maldición si no se sabe estar a la altura. De vez en cuando, alzo un brazo distraídamente hacia el público para que no vean que les ignoro.

Al llegar a la Gran Plaza de Capitol Hill, subo el visor tal y como Surin me ordenó. Los carruajes se colocan en semicírculo mirando hacia la mansión presidencial donde la familia de Coriolanus Snow y todos los miembros de la cámara ministerial nos esperan.

—Apreciamos su valentía —comienza a decir el presidente—. Apreciamos su sacrificio...

En el carruaje del Distrito 5, veo a la chica escupir. Sus labios se mueven y aunque no consigo escuchar lo que dice, el codazo de su compañero me hace saber que ha debido ser algo ofensivo y aunque no es para menos, esta es una de esas situaciones en las que uno debe morderse la lengua por mucho que sienta ganas de decirle al hijo de Aufidius que termine su discurso lleno de incongrugencias y cinismo de una vez. Nadie se lo cree, ni siquiera él mismo.

Más interesante que eso es seguir observando a mis compañeros tributos. Ver qué tal andan sus reacciones. Por supuesto, los profesionales sonríen mientras que algunos de los demás chicos se ven enojados o desafiantes y otros miran hacia el suelo. Los menos numerosos, mantienen una expresión neutra. Mención especial al chico del Distrito 12 encendiendo y apagando intermitentemente la linterna de su casco de minero.

Suspiro aliviado cuando todo termina y tras el discurso y una última escucha al himno nacional, los carruajes se dirigen con tranquilidad de vuelta al centro de entrenamiento.

—¡Por fin! Pensé que no iba a terminar nunca. Tengo un calor horrible con esto puesto. ¿Tú tienes calor, Beetee?

—Un poco —confieso—. Pero no es por eso por lo que no puedo esperar a llegar de una vez. Al menos descansaremos de cámaras por unos días.

Tengo que enterarme de qué está hecho este tejido interior que desprende luz.

Isaak, Kernel y Doka nos están esperando al llegar entre el resto de equipos que van a esperar a sus tributos. En cuanto lo ve, Avery comienza a agitar los brazos.

—¡Mis hermosos cyborgs! ¡Lo hicieron tan bien...! ¡Estoy orgulloso de ustedes! —exclama.

—Tampoco exageres —dice Doka—. Estuvieron medianamente decentes... Avery lo estuvo, Beetee podría haber interactuado más con el público pero tampoco fue un desastre.

—Igual, no importa —le digo mientras bajo del carro—. Hacerlo perfecto en el desfile no me va a dar la corona. Sin embargo, he recabado algo más de información sobre mis rivales y esta noche la analizaré más detenidamente para extraer conclusiones.

—Veo que estás a tope —dice Kernel—. Es gratificante ver que mis consejos sirvieron.

—Fueron de gran ayuda para poder centrarme en mi objetivo mejor. Gracias.

Los tributos del Distrito 4 pasan por nuestro lado y se reunen con el resto de profesionales y sus mentores. Todos nos quedamos mirándolos y no es para menos. Van a ser difíciles de eliminar.

—Stilo es de Glory. Es su tipo de tributo. Es buena eligiendo —comenta Doka—. Douglas es del tipo de mentores que le gusta jugársela con los tributos que trae. Siempre suelen ser... Inusuales. Su padre era un ludópata, tal para cual.

—Pues aún no ha traído ningún tributo de vuelta —dice Kernel.

—Pero él no va a ganar, va a hacer show, por eso Raddie no lo deja mentorear a menudo.

La Alianza Primaria parece estar en medio de algún tipo de votación. Mientras vamos al edificio, los observo. Cuatro de ellos levantan sus brazos en el aire. Después sólo dos lo hacen. Tal y como yo supuse de acuerdo a la evidencia disponible, parece que Stilo acaba de proclamarse líder. Avery también se ha dado cuenta, suspira, se quita el casco, lo tira al suelo y se alborota el cabello con nerviosismo.

—Dan miedo. Lo sé —digo para tranquilizarla.

—Sólo me estaba imaginando... En mi cabeza... Cosas muy macabras. Muy, muy macabras. Conmigo de protagonista. Y no acaban bien. Son seis, son altos, fuertes, guapos, tienen habilidades... Y yo aquí, tan... Medianamente decente y olvidable. Siendo consciente de que con eso no basta.

—Olvidable no está tan mal. Ellos se olvidan de ti y no te marcan como blanco.

La voz desconocida nos pilla de sorpresa. Al girarnos a la vez, nos encontramos con Porter, la vencedora del año pasado y que aún conserva el armazón metálico que mantiene su espalda recta e inmóvil. Avery deja escapar un grito ahogado.

—¿¡Estabas escuchando lo que decía!? —exclama.

—No a propósito. Sólo dio la casualidad que estaba detrás de ti y no pude evitar intervenir. Créeme, a veces hay ocasiones en las que es mejor ser olvidable y dejar que esos séis se vayan a por otros.

—Vaya... Avery no pierde el tiempo haciendo amigos por todos lados —dice Kernel.

Él y Doka acaban de darse cuenta que estamos hablando con Porter y se detienen interesados.

—Un placer verlos de nuevo, Kernel y Doka —los saluda la más reciente vencedora—. Aquí en confianza, su distrito fue de los más deprimentes, pero la hospitalidad fue mayor. Mucho mayor.

—Veo que aún no mejoras. Si necesitas ayuda con un par de vértebras biónicas no tienes más que decirlo —se ofrece Doka.

—Oh, estoy bien, hace un par de meses que lo estoy. Esto es sólo un capricho de mi estilista —explica, rodando los ojos—. Dijo que ya se han acostumbrado todos a verme así y que es como mi señal de identidad.

—¡Eso es estúpido! ¡Esa cosa debe de ser incómoda! ¡No debería hacerte pasar por eso sólo por capricho! —se indigna Avery.

—Eres muy blanda con ella —comenta Doka—. A los capitolinos hay que tratarlos con mano dura.

—Tiene toda la razón —agrega Kernel señalándola.

Isaak tose exageradamente.

—No les hagas caso cielo. No obstante, me alegra saber que estás mejor, esa fractura no parecía tener buena pinta en tu primera aparición pública.

Mientras reanudamos nuestro camino hacia el ascensor, todos conversan sobre lo insignificantes que se ven los problemas tras estar al borde de la muerte y de una potencial discapacidad permanente y yo paso a un segundo plano. Un par de metros por detrás, la escolta del Distrito 5 conversa con el chico mientras que la chica guarda silencio. Escuchándolos, descubro que ella se llama Raquel y él Libertus y que ella ya ha perdido a alguien en los Juegos. Eso explicaría su actitud. Antes de salir, la oigo quejarse con la escolta en voz alta sobre Porter dando consejos a otros tributos, pero no me quedo a ver el desenlace pues en cuanto las puertas del ascensor se abren, soy el primero en salir. No puedo esperar a ponerme cómodo e irme a la cama pero no sé si podré librarme del banquete.

—¿A dónde crees que vas? —me increpa Doka.

—A quitarme esta cosa —digo.

—Pero estarás listo para la cena antes de que empiece la repetición del desfile. ¿Cierto? —pregunta Kernel.

—No lo sé. Ha sido un duro día y estoy...

—Nosotros pasamos por ahí así que ni sueñes con escaquearte. Es más, para nosotros fue peor porque aún se hacían las cosas a la manera de Aufidius y tuvimos que asistir a la fiesta de inauguración todos juntos —dice con tono autoritario, cruzándose de brazos.

Kernel asiente.

—Eso es cierto. Era terrible tener que compartir mi espacio vital con Semihombre.

—Pues a mí me hubiera gustado ver esa fiesta de inauguración. Hay vencedores que me gustaría conocer —dice Avery—. Pero la cena no va a estar mal, tengo ganas de conocer mejor a Surin.

—Preveo que alguien va a bombardear a preguntas a la estilista de Beetee —dice Isaak—. Pero tranquila, le gusta la atención. En fin, vayan a cambiarse pero no tarden mucho ya han oído a los jefes.

—¿Es esto didáctico? —pregunto, en un último intento por librarme—. Porque si no lo es...

—No lo es —me corta Kernel—. Pero lo harás.

Mensaje recibido...


Y hasta ahí el desfile. He presentado a varios personajes nuevos del Capitolio. Aunque los más importantes serán Erios y Surin ya que uno será quien dirija los juegos y la otra estará con Beetee hasta su lanzamiento. Me pasa algo muy raro y es que a veces creo que es aún el fic de Wiress y que Beetee está por ahí como mentor jaja imagino que es algo normal al hacer una precuela, a veces las líneas temporales se mezclan.

Por cierto estoy tratando de seguir adelante con mi idea de un Distrito 5 basado en lo que fue México, más concretamente Sonora aunque también entra un poco de Arizona, de ahí los nombres españoles, pues Panem está en lo que fue Norte América y no exactamente USA.

kiko, con Dexter siempre tuve sentimientos encontrados, lo creé a él (y su historia, y sus acciones) cuando aún no tenía mi canonverse formado, estaba todo muy difuminado, y como que con el paso del tiempo ha dejado de gustarme, mi propósito era crear intriga con la historia de Luz, pero si tuviera que reescribir el fic ahora no sé qué haría, creo que le haria muchos cambios. Provisionalmente lo sustituí por otro vencedor, también del Distrito 5 y bastante parecidos en personalidad, se puede decir que uno está basado en el otro. Ángel es lo que vendría siendo la nueva versión de Dexter. También vicioso y sin escrúpulos a parte de ser feminicida. La idea inicial era escribir a un tributo discapacitado para un reto y salió él y me gustó tanto que decidí incorporarlo al Alphaverse, pero como era muy parecido a Dexter no podían estar los dos. Más o menos eso es lo que pasó.

Cami, en realidad como dices Beetee no es tan hostil. Con Avery traté de ser realista, si a mí me cosechasen seguro que también lloraría xD y tendría miedo, pero no me pasaría la semana en el Capitolio llorando, me pondría a intentar salvarme. Kernel sí me recuerda a Haymitch hahah y aún sigo con esa idea de enfrentarlos en un programa de tertulia capitolino o algo. Honey a mí me recuerda más a Foxface, pues Johanna se basaba más en las apariencias que engañan y ella en el misterio. ¡Saludos!

Paulys, me alegra mucho saber que te gustó ya que va dedicada a ti, qué menos! jaja Era un Beetee algo inusual y lo del récord criminal es mi parte favorita xD a parte lo del tatuaje. Iba a matar al padre pero me acordé del señor Everdeen y pensé que dejarlo vivo pero discapacitado le daría otro toque. Las clases es verdad que son un muermo, y creo que a Beetee le podría haber ido bien faltando un poco para compaginarlo con el trabajo. Pero comenzó a faltar demasiado. El título sí es por el tatu, y saldrá más de su significado más adelante.

Debo irme por lo que no me enrollaré mucho más. ¿Han visto Yuri on Ice? ¿Han visto Star Wars ya?

Espero que pasen unas felices navidades, aunque seguro que nos vemos antes de eso.

¡Hasta el siguiente!