—Mañana serán las sesiones privadas, así que dejen que le de el discurso de cómo las cosas funcionan ahí arriba —comienza a decir Isaak.
Hoy es una mujer, como ayer. Misma peluca rubia, pero lleva un traje en lugar de un vestido.
—Los chicos tienen suerte contigo aquí, Isaak —comenta Doka—, algunos vigilantes comenzaron siendo escoltas, pero al revés se siente como si uno fuera degradado. El suyo es un caso único y que nos beneficia como equipo.
—¿Por qué lo dejaste? —pregunto.
Para mí se hace más lógico que alguien disfrute más un trabajo desde la sala de control que ser escolta, uno goza de prestigio por sí mismo, el otro sólo si logras traer un tributo de vuelta.
—Me gusta viajar. Y aconsejar y guiar tributos para que tengan más oportunidades me gusta más que estar ahí sentado planeando qué es lo que va a pasar después. Además... —dice con voz alegre— Kernel y Doka ya no pueden vivir sin mí.
—No exageres —replica ella sonriendo—. Nos vienes bien y ya está.
Isaak le saca la lengua y luego vuelve a su tableta.
—Bien. Si sólo hacen una demostración de supervivencia o conocimientos médicos, dejando las armas fuera, la máxima nota que sacarán será un siete, eso si lo hacen todo perfecto, no hay posibilidad de sacar más de eso por muy bien que lo hagan. Esas demostraciones aburren a los vigilantes, que no esperan demasiado del Distrito 3 más que lo usual. Ahora sobre armas, nuestros tributos suelen entrenarse en cuchillos y trampas. Una actuación promedio en armas te puede dar un seis como mucho. Históricamente, la mayor nota del Distrito 3 fue un siete, la menor un uno, en el primer Vasallaje, anecdóticamente la más alta fue precisamente el año anterior al Vasallaje, en los vigésimo cuartos Juegos del hambre.
—¡Fue Mandriva! ¿No es así? —exclama Avery.
Es Doka quien le contesta.
—Mandriva Edmunds, así es. Me sorprende que lo sepas. Mi primer tributo junto con Fiever. Murió en el banquete... Llegó lejos. Aún no está claro del todo qué pasó con ella.
—Estuve leyendo sobre ella precisamente ayer —explica—. Recibió una vaina explosiva en la mochila la cual detonó ahí mismo por error matando al resto de tributos del banquete... Y también a ella.
—Dándole la victoria a Isadora del Distrito 12 que había quedado inconsciente al caer a una zanja, sí, solo que la parte en la que dice que fue un error de manipulación no está clara. Y hasta ahí puedo decir.
—¿Quieres decir que fue deliberado? —pregunto.
¿Quién activaría una vaina explosiva en sí mismo?
Doka suspira.
—Mandriva era todo un espíritu libre. Por así decirlo. La falla fue olvidar a Isadora.
Y lo demás, lo deja en blanco para que sea leído entre líneas. Matar a todos los tributos. Dejar al Capitolio sin vencedor. Desde luego, es mejor que la gente piense que fue un error y no que esas eran sus intenciones desde un principio. Normalmente, los vencedores luchan duro para ganar. Isadora no lo hizo, ni siquiera mató a nadie. La suerte sí que estuvo de su lado. O no. Porque uno debe acabar cansado de ver a los chicos a tu cargo morir año tras año, sin otros vencedores que te ayuden a aguantar ese peso. Ser la única persona en casi cuarenta años que consiguió volver...
—Isaak, ¿Cómo dirías que influye en la nota la actitud con la que los afrontes?
—Oh esa es una buena pregunta. No demasiado. Punto arriba, punto abajo. Se espera ferocidad de un profesional por ejemplo. Que no demuestre brutalidad puede cambiar un nueve a un ocho, o incluso a un siete si el vigilante jefe está teniendo un mal día. A veces incluso se inventan la nota porque no han prestado atención. Los vigilantes suelen aburrirse pronto, para cuando llegan a los distritos periféricos ya están deseando irse a su casa y prefieren jugar a algo en la tableta, emborracharse o dormirse una siesta. Por suerte, ustedes son los terceros.
—¿Suelen los vigilantes favorecer a sus predilectos? —pregunta Avery.
Doka se aclara la garganta, poniendo a Isaak nervioso.
—A veces pasa —dice, titubeando pero pronto se recupera y cambia de tema, es obvio que él sí que los tenía—. La victoria de Axel del Distrito 7 fue comprada, pero al presidente Aufidius no le gustó enterarse y condenó al vigilante jefe a ser un avox por aceptar sobornos. Dijo que los juegos eran un castigo, no un negocio. Cuanto han cambiado las cosas en veinte años...
Las anécdotas que cuenta Isaak de sus tiempos como vigilante siempre son interesantes y pueden llegar a ser útiles, a pesar de que este año la intervención va a ser muy baja, nuestras vidas están en sus manos.
—¿En qué ediciones trabajaste? —digo.
—Mi debut fue en la edición 27, el año de Seeder, una de las más aburridas que se recuerda. Y lo dejé tras la edición 29 para pasar a ser escolta de ustedes.
—El año veintinueve... ¿No es ese el año de Kernel? —pregunta Avery distraída, mirando a la televisión donde se puede ver un anuncio de unos bombones de diferentes colores—. ¿Qué es eso?
—¡Chocogoofies! —responde Isaak, titubeando otra vez—. Acaban de lanzarlos con sabor a uva, yo los probé ayer.
—¿Dónde los puedo conseguir?
Isaak camina hacia el interfono en la pared sobre la encimera y pronuncia el nombre de los bombones. Casi inmediatamente, la puerta se abre con una colorida caja dentro.
...
Avery se echa dos chocogoofies a la vez en la boca mientras bajamos en el ascensor hacia el gimnasio.
—Seguro que piensas... Que soy patética —dice.
—Nunca se me pasó por la cabeza —me defiendo—. Y la opinión que tengan otros de ti no debería condicionarte a la hora de hacer lo que tú quieras.
—Lo sé, pero... ¿Quieres uno? Ya me he comido casi toda la caja. Perdón por no haberte ofrecido antes, se me olvidó.
Con curiosidad, tomo uno de los que quedan. Es de color rosa, plano en la base y redondeado por arriba. Está relleno de algo blanco y elástico con un centro de mermelada rosa. En la caja pone que es de frambuesa. Ni siquiera he comido nunca una de verdad.
—¿Te gusta?
—Está muy dulce —contesto.
Nunca tuve un acceso fácil a dulces, pues son un bien de lujo, pero con ellos al alcance de la mano descubro que no soy goloso, a diferencia de ella.
—¡Sí! ¿No es genial? —dice sonriente, pero pronto apoya la espalda en la pared del ascensor, su sonrisa se ha ido—. Ah... No sé a quién pretendo engañar. Estoy tan nerviosa...
Deja un brazo perpendicular al cuerpo, apuntando en mi dirección.
—Mira como me tiemblan las manos —agrega.
—¿Vas a decirle hoy a Honey que aceptas su propuesta?
—Sí... Se lo diré más tarde. No sé si saldrá bien, Beetee. Tengo miedo. A donde voy no voy a estar segura, me esconda donde me esconda. Ya han pasado días desde la cosecha... Esta semana se está pasando a la velocidad de la luz. Antes de que me de cuenta, estaré en la Arena.
—Lo sé. He estado sintiéndome igual —nos quedamos callados hasta que el ascensor anuncia que hemos llegado a la planta del gimnasio—. Si vas a aceptar la propuesta de Honey debemos permanecer separados hoy. Comeré solo, tú come con ellos.
Si va a traicionarlos en el baño de sangre lo mejor es que les saque cuenta información pueda.
—De acuerdo —susurra, adelantándose.
No deben vernos interactuar. Sería sospechoso.
Esta vez, Brendan, el entrenador en jefe es quien nos recibe. Honey está al otro lado del círculo. Se ve enfadada, al menos no está tan animada como parecía estar ayer. Me pregunto cuál es la razón.
La hora en la estación de cuchillos transcurre sin novedad, coincido en ella con el niño del Distrito 8 y la del nueve.
Cuando vuelvo a la biblioteca y comienzo a leer un libro sobre consejos de supervivencia, Honey no tarda en aparecer. Toma un libro de la estantería sin leer si quiera el título, lo tira a la mesa dando un golpe, se sienta frente a mí con el ceño fruncido y lo abre por una página al azar.
—Tienes que aceptar mi propuesta —espeta, sin saludar.
No es que me importe pero es algo notable. Confirmo pues que está enfadada.
—Sólo vas a conseguir el efecto contrario si sigues hablándome en ese tono.
—Sólo trato de hacerte razonar. No tienes ni idea de lo que te espera si decides irte por la Arena tú solo.
—Ya estoy trabajando en paliar esos inconvenientes —replico en tono neutro.
—Ah, ¿Es verdad eso, chico de ciudad? Eres más optimista de lo que crees si de verdad piensas que ojear unos cuantos libros te va a salvar la vida. La teoría no tiene ni punto de comparación con la práctica. ¡Me necesitas!
—De nuevo, hablándome así no va a hacer que te ganes mi simpatía.
Aún no sé a qué se debe este cambio de actitud. Le sostengo la mirada, sin planes de apartarla primero. Es ella quien lo hace al final, adoptando una pose más relajada.
—Disculpa por eso. Estoy algo nerviosa desde que los del Distrito 11 decidieron abandonarme. Traidores...
Con que era eso. Ya sabía que tenía que haber pasado algo. Por eso está tan nerviosa. Debe ser cierto el plan de los escudos humanos del que hablaron Doka y Kernel.
—Entiendo.
—Estoy desesperada por sustituirlos. Ya tenía todo planeado.
Hace un intento por calmarse cuando el bibliotecario se aclara la garganta, respirando hondo y contando hasta diez.
—A veces es mejor ser flexible en lugar de rígido —digo—, así los contratiempos no afectarán demasiado a la estructura general del plan.
—Kernel es tu mentor. ¿Cierto? Dijo algo así en su discurso de la gira de la victoria. Si no fuera por él, Reno habría vuelto a casa.
—¿Lo conocías? —pregunto, acordándome de la escena donde empuja al vacío al chico del Distrito 7 de su edición y gana los juegos.
—No. Pero siempre es mejor que vuelva alguien de casa. ¿No te parece?
Es una pregunta compleja. La procedencia al final del día no importa demasiado, por lo que discutir sobre el tema no tiene mucho sentido.
—La mayoría de nosotros no estamos aquí por voluntad propia.
Si yo fuera mentor, me sentiría responsable del destino de mi tributo. Pero por encima de eso, una matanza es una matanza, independientemente del lugar de procedencia de los chicos sorteados.
—Bueno, sube la moral de la gente, sin mencionar los obsequios que hacen que la gente más pobre no tenga que pedir menos teselas.
Por un momento olvido que ella es mi rival y me meto de lleno en la conversación. Sé que estoy perdiendo el tiempo y que me conviene aprovecharlo, pero hay muchas cosas que tengo que decir y tal vez muera en unos días con ellas dentro. Si me escucha al menos una persona me quitaré un peso de encima.
—Pero entonces estamos hablando de utilidad —digo.
Ella pasa distraidamente las páginas del libro, que resulta ser un manual de defensa contra animales salvajes.
—Hm, supongo... Beetee, ¿Crees que los juegos son útiles?
—Creo que se puede mantener la paz en Panem con un método que no implique genocidio, y creo que está al alcance de la mano dados los recursos que poseemos. Asegurar las necesidades básicas de la gente y que todo el mundo esté bien atendido con unas pocas modificaciones del sistema en el que estamos. La cuestión es si la élite acomodada está de acuerdo en hacer sacrificios y renunciar a privilegios para que en los distritos vivamos mejor.
—Lo dudo —dice con amargura—, ¿Por qué iban a querer? No tiene caso discutir sobre la utilidad de los juegos para la humanidad. No quiero morir y en días consecutivos podría hacerlo. Es el único hecho que importa.
A esa afirmación no tengo nada más que aportar. Desde mi situación poco puedo hacer para cambiarla. Si gano, tal vez. Sólo tal vez. Asiento y devuelvo mi atención a la lectura esperando a que ella se vaya.
—Supongo que aún no te planteas el venir a mi alianza.
Cuando levanto la vista otra vez, ella se está hurgando la nariz.
—Deja de hacer eso —le pido con sequedad, mirando hacia otro lado otra vez—. Y no. Mi plan de ir en solitario no ha cambiado.
—Avery se nos ha unido.
—Y estoy completamente seguro que ella debe tener sus razones para haberlo hecho, al igual que yo tengo las mías para no hacerlo.
Cuando la miro otra vez, veo que está jugueteando con algo entre los dedos índice y pulgar de su mano izquierda. Prefiero no pensar en lo que debe ser.
—Bueno, sólo estoy dispuesta a emplear una cantidad de tiempo y paciencia en hacerte recapacitar. Tienes dos días para pensarlo. Iré a hacer algo productivo a otro lugar.
Cuando se va por fin, tomo su libro y lo dejo a un lado para leerlo más tarde. Se supone que no debemos acaparar pero no es como si esta fuera la estación más popular.
A la hora de comer, consigo esconder uno de los libros en mi uniforme y voy al comedor. Parece que no voy a poder dejar de mantenerme al borde de la ley. Debo aprovechar mi facilidad para memorizar información cuanto pueda. Como acordamos, Avery se va con su alianza y yo me voy a comer solo a un rincón del comedor tras una columna. Coincido con mi compañera en el buffet, su bandeja como siempre a rebosar. Nos ignoramos siguiendo el plan, aunque luego de vuelta a la mesa la observo por un rato. Está hablando con el chico del Distrito 9, ignorando a los del Distrito 12, los que se supone que son escudos de carne. Ritchie vuelve a mi cabeza. Él también me ignoró así. Otra muestra más de cuánto la gente intenta evitar el sufrimiento. No tomar demasiado cariño a los que muy posiblemente vayan a caer en el baño de sangre. Sabiendo que las posibilidades de que ella sea una chica de buen corazón son altas, no puedo evitar sentir curiosidad por lo que debe estar pensando ahora mismo, y si podrá soportar mirar a la cara a los señuelos vivientes del plan de Honey.
Ahí es cuando entiendo que conservar la entereza es mucho más útil para la supervivencia de lo que parece. ¿Qué posibilidades tiene alguien que se hunde contra otro que se aferra a la vida con todas sus fuerzas? No creo que demasiadas, a no ser que la suerte esté de su parte más que nunca.
Tras el descanso, decido ir a practicar cuchillos. Esa será una de mis demostraciones mañana, a parte de algunos trucos de supervivencia. Mi objetivo es un cinco o un seis. Algo mediocre pero no demasiado. En verdad, no creo que pudiera obtener una nota más alta aunque quisiera, dada que mi fuerza y conocimiento sobre armas no son nada del otro mundo.
Por un minuto, me quedo hipnotizado observando a los demás condenados. A veces, vuelvo a tener breves episodios en los que todo se siente irreal, como si todo esto no fuera mas que una pesadilla muy vívida. Sé que no lo es, y en mis intentos por reasimilar mi destino no puedo evitar preguntarme... ¿Cuál de nosotros será el primero en caer?
...
Me he rezagado un poco practicando con el cuchillo y para cuando el entrenador me regaña y me echa de la estación ya casi todos se han ido.
Isaak y alguien que sospecho es Avery me están esperando afuera del ascensor.
—¿No vas a decir nada de mi nuevo look? —pregunta.
Lleva la cara pintada de verde y marrón, el uniforme lleno de barro seco con hojas pegadas y ramas en el cabello.
—Te quedó bien. Aunque no parece estar dando resultado —es un intento de broma pero no me queda como yo imaginé. Cada capitolino que se cruza por nuestro lado se queda mirándola.
—Ah... Lo sé, tributo pez espada se quedó riéndose de mí cuando coincidimos en el ascensor, pero Stilo la regañó y le dijo que era ruidosa. Tienen un líder serio y estricto este año. Seguro que saca como un diez o un once. ¿No te da miedo?
—No deberías llamarla así fuera del departamento —dice Isaak—. No sabes quién podría estar escuchando y podría decírselo y tomar represalias contra ti en la Arena.
Avery se cubre la boca.
—Perdón... Es cierto, es totalmente cierto —dice aterrada.
—De todos modos, tengo una noticia que les va a encantar y les va a animar.
El ascensor se abre dejándolos en la planta tres, los tres pasamos afuera.
—¿¡Qué es!? —pregunta mi compañera, olvidándose por completo de su desliz.
Isaak se gira de repente, sus manos juntas, como si estuviera rezando.
—¡Doka y Kernel han cerrado tratos con un patrocinador para cada uno! —exclama con entusiasmo.
La mandíbula de Avery se afloja, al fin reacciona dando un grito ahogado y abrazando a Isaak, ambos dando grititos. He de admitir que a mí también me sorprende. ¿Quién podría querer patrocinarme?
—¿¡Seguro que no hay ningún error, Isaak!? ¿¡Seguro que no estoy delirando!?
—¡Claro que no lo estás! Fui yo quien te la buscó. Cuando era niño vivía en Candyfloss Square, tengo una amiga de la infancia que es CEO en una de las empresas de confitería con más prestigio del país. En cuanto le dije que tu talento iba a estar en su sector, no se lo pensó ni un segundo.
—¿Y me va a apoyar así sin más? ¿Sin ver mi puntuación primero ni mi entrevista ni nada?
—No es tan raro dadas sus razones —contesta encogiéndose de hombros—. Piensa que si ganas, ella saldrá beneficiada. Luego te enseñaré fotos de su fábrica y sus tiendas. Y... ¡Tengo una caja degustación sólo para clientes vip en exclusiva para ti!
Dice la frase mientras pasamos al salón común, donde encontramos a Doka y Kernel junto al balcón abierto, ella fumando distraidamente con su pipa y él mirando unos papeles.
—No le piques los dientes a mi tributo, Isaak —bromea ella al vernos pasar—. Avery, criatura ¿de qué rayos te has disfrazado?
—Aún faltan dos días para la entrevista —agrega Kernel.
—¡Aún no he tenido tiempo de ducharme!¡Y los dientes me los cepillaré después!— se defiende ella.
Isaak le da la caja que hay sobre la mesa y ella se queda un rato entretenida examinando los peculiares y coloridos dulces que contiene.
—Dijiste que yo también tenía un patrocinador. ¿Quién es? —digo, interrumpiendo su conversación con Avery.
—Oh —el semblante de Isaak se torna serio—, mejor que te explique Kernel.
—¿Qué sucede? —digo frunciendo el ceño, me pone nervioso no saber de qué va la cosa.
—Ven aquí, Beetee —dice Kernel—. Tenías una entrada en tu historial criminal. ¿No?
—Pensé que esas cosas se borraban cuando uno es cosechado —contesto a la defensiva.
En su día, ni siquiera comenté esto con mi familia.
—En teoría, pero siempre se suele filtrar ese tipo de información —explica Doka.
—¿Qué hiciste, Beetee? ¿Qué hiciste? ¿Eres un criminal? No lo pareces —dice Avery, su regalo olvidado ante el nuevo chisme sobre mí.
—¡Nada! —digo en voz alta, molesto por tanta atención—. Sólo me metí un par de veces donde no debía.
Ella mejor que nadie debería saber. Fue un fallo tonto por mi parte. Tenía todas las cámaras de seguridad fichadas, los horarios de los camiones aprendidos, pero esa tarde el pedido debió retrasarse y me pescaron. Por suerte aún no había llegado al contenedor donde tienen la chatarra, o me habrían caído unos azotes encima.
—El señor Atropus lleva una década patrocinado tributos. Él fue uno de los que apostó por mí —dice Kernel—, ganó una pequeña fortuna a mi costa pues mi cuota era de las más altas. Es la primera vez que decide repetir con el Distrito Tres, y lo ha hecho porque ese dato tuyo le ha llamado la atención.
—¿Cómo se ha filtrado? —pregunto.
—Los aficionados a las apuestas suelen tener sus propios medios para escarbar en la vida de los tributos. Es un negocio que mueve mucho dinero. Los hay que van a lo seguro, profesionales, gente fuerte, pero también están los que buscan al que va a dar la sorpresa. Aprovéchalo. No es una oportunidad que se le presente a todo el mundo —dice Doka.
—No me apetece airear mis trapos sucios en televisión.
—¿Ni aunque eso te haga perder a uno de los patrocinadores más ricos ahí afuera? Piénsalo. Se va a saber todo de todos modos, en unos días estará en las publicaciones. Mejor que se enteren por ti —contesta ella.
—A Caesar Flickerman le gustará tener la exclusiva. Te hará brillar más, Beetee. Uno no puede tener reparos a la hora de usar lo que sea para ganar una ventaja. Por muy pequeña que sea —agrega Kernel.
—Eso es verdad —opino con un suspiro de exasperación.
Me siento enjaulado. Estar en los Juegos del Hambre no sólo se limita a estar dispuesto a quitar vidas, es mucho más que eso. El Capitolio quiere todo de ti, todos tus secretos. La humillación va más allá de la mera supervivencia. La objetificación, la atención indeseada, todo eso contribuye a hundir a uno, y si no puedes resistir alguno de esos factores lo único que te espera será la muerte.
—Está bien —agrego, tras considerarlo un poco—. En realidad no tengo opción. ¿No?
—No si quieres vivir —dice Kernel—. Hablaremos de todo lo que quiero que hagas después de la prueba de mañana. Tienen un pequeño descanso hasta la hora de la cena.
El resto de la tarde la paso en el sofá, estudiando detenidamente las hojas que sustraje de los libros. A Avery e Isaak les autorizan una videoconferencia con la patrocinadora de Avery. Sus gritos de entusiasmo se oyen de fondo mientras la amiga de Isaak le enseña la fábrica cámara en mano. Está bien que ella tenga una motivación así, pero cuanto más tiempo pasa, más inquieto me hace sentir. No debo olvidar que esa chica tan amable, alegre y entusiasta es mi rival, y que sus posibilidades vayan en aumento sólo disminuye las mías. Un pensamiento feo, amargo. Pero cuya certeza no me conviene cuestionar. Por mi bien.
Llevo semana y media queriendo revisar el capítulo, pero lo tenía en otro dispositivo y me daba pereza pasarlo. Por desgracia, las actualizaciones en esta historia continuarán siendo espaciadas. Si sigues ahí, gracias por tu paciencia.
kiko, un saludo a ti también. Me alegra saber que sigues ahí.
Nevershout, gracias por tus lindas palabras. Es bueno saber que estoy mejorando poco a poco. Le tengo cariño a esta historia y al Distrito 3, y la terminaré, pues no quiero desperdiciar las ideas que ya tengo para la Arena y para Beetee.
Ero, así es, eso es lo que ella piensa hacer. Bueno, todos tendrán que morir al final, menos Beetee, el como no importa tanto, así que mejor dar que hablar. No la veo como una mala persona (A Honey), pero... Ver a los demás tributos como recursos es algo que no había llevado antes tan lejos.
Cami, no te preocupes yo también me estoy encariñando con Avery T_T me pasó lo mismo con otros personajes en mi otro fic y luego fue tann duro. En mi propio canon, ambos Beetee y Wiress están muy relacionados con ambos tributos del 7. Honey me entusiasma, y presiento que va a brillar muchísimo en la Arena. Con Naruto tenía una cuenta pendiente, era uno de los grandes shonens que no había visto. En cuanto a la trama, tiene sus fallos, pero tiene personajes con los que te encariñas muy rápido. Sabes, quiero volver a ver Full Metal Alchemist. Porque fue una serie muy importante en mi adolescencia y aún no he visto Brotherhood. De momento, voy a seguir en el fandom de Naruto pues es lo que más me inspira ahora mismo. Se me han ocurrido muchas ideas que quiero desarrollar. ¿Quién sabe qué pase después? xD Un saludo y que estés bien.
Paulys, un honor que te guste tanto, ya que es una tesela que tú pediste :D Beetee se pasó casi toda su vida casi al borde de lo legal. Creo que va a servirle mucho en los juegos ese sigilo y ese instinto callejero. Ya dije, nunca escribí a alguien así de inteligente, y tuve que leer mucho sobre el tema. Encontré precisamente unos consejos dados por el autor de un fic de Harry Potter bastante famoso llamado "Harry Potter y los métodos de la racionalidad" donde se plantea un Harry y Hermione Ravenclaw en lugar de Gryffindor, y cómo el autor planteó escribir sobre personajes que son más inteligentes que uno xDDD Si alguien quiere el post como referencia me lo puede pedir. Sobre la religión, yo creo que las personas tenemos necesidades espirituales. El yoga, la meditación, son cosas que muchas veces se prescriben como terapia y no se, rezar es parecido a meditar, así que sirve para obtener algo de paz interior. En un mundo como Panem, con un sistema económico casi stalinista que valora a la gente de acuerdo a su utilidad, es como tu dices, una forma de llevarles la contraria. Mi Distrito 3 es subversivo, pero de forma sutil. Como si se mantuviera latente acechando y esperando el momento oportuno. En la gira de Katniss, los ánimos ya estaban demasiado caldeados, y perdieron esa sutilidad.
Nos vemos en las sesiones privadas. Dos capítulos, tres como mucho para el lanzamiento.
¡Gracias por leer y hasta el siguiente!
