Este va para kikobcn por no olvidarse de la historia a pesar del hiatus.
Me gustaría poder decir que no estoy nervioso. Pero lo estoy.
Mis ojos se mueven de renglón a renglón mientras leo. Imagino que es como estar en un examen, aunque yo no solía sentirme así, la presión hacía que muchos de mis compañeros sí. No era para menos, dado que la nota que sacases iría a influir enormemente en tu futuro. Y aún a veces, ni siquiera estar en los primeros puestos garantizaba que fueras de esos pocos que consiguen un trabajo justamente remunerado.
El problema, es que yo no debería estar nervioso. Ya tengo un patrocinador asegurado, y tampoco espero que vengan a agolparse por mí con sólo airear mis trapos sucios en televisión. La nota, si bien es importante para obtener más fondos, no me influirá tanto como a los profesionales, por ejemplo, cuya deficiencia en supervivencia los hace más dependientes de ayuda externa. A pesar de que se les ha visto unidos, todos hemos podido presenciar un pequeño roce entre Milana y Stilo al comenzar.
Obvio, eso no significa que las cosas entre los profesionales vayan mal, de hecho yo no lo creo así. Pero noté como otros tributos veían un poco de esperanza en ese desaire. Si la alianza más fuerte no está compenetrada, fallará, y eso son buenas noticias para el resto. Y de ahí uno empieza a ver cosas que lo tranquilicen, y que no ayudan en nada a hacerse una idea de la realidad y por tanto a resolver los obstáculos que surjan.
Y cuando no se ven los problemas, no se pueden crear soluciones a los mismos de forma eficiente. Ahí es cuando se falla. Ahí es cuando mueres.
Imagino que una vez retransmitan las puntuaciones, los profesionales se calmarán y dejarán esa competitividad por los patrocinadores de lado. Rarity y una entrenadora están luchando. Puedo ver en su cara que está sumamente concentrada en los movimientos de su contrincante. Si yo fuera la otra persona me haría papilla en un par de segundos. Debo evitar estar en esa posición a toda costa. Suena obvio, pero una cosa es saberlo y otra ver con tus popios ojos como te destrozaría un profesional si te pusieras dentro del alcance de su arma.
En el poco tiempo del que dispongo para repasar el tercer día, escojo consejos de supervivencia. Cómo encontrar agua, comida, refugio, como eliminar rastros, o usar los mismos para despistar, consejos sobre huir de los perseguidores o actuar en caso de emergencia. Es interesante, y no sólo porque mi vida dependa de lo que aprenda.
—¡Diez minutos para abandonar el gimnasio! —anuncia Brendan, dando palmadas según camina.
No me siento listo. Aún me queda un cuarto de libro por leer. ¿Y si en una de esas páginas que no me de tiempo a leer hay algún consejo útil?
Comienzo a leer líneas alternadas para doblar mi velocidad de lectura, haciéndome una idea de lo que debería decir en el renglón saltado de acuerdo al contexto. Es algo que me lleva más concentración, pero lo he hecho antes y me ha dado buenos resultados. Hace mucho comprobé que un texto siempre iré resumirse más, y la idea codificada en el mismo puede transmitirse igual aún sin leer todas las palabras. Cuando nos echan, dejo el libro sobre la mesa, molesto porque no pude terminar el último capítulo. Me siento solo en uno de los bancos de la sala de espera a la que nos conducen a los veinticuatro de nosotros. Cuando un avox me ofrece una bandeja con aperitivos, yo lo rechazo. Los nervios suelen quitarme el apetito.
La alianza primaria como no, se han sentado juntos. Sap Sycamore está con ellos, a penas interviene en la conversación pero no se pierde detalle de la misma.
Cuando llaman a Rarity al gimnasio, Avery viene a mí.
—Sé que me dijiste que no debíamos interactuar, pero me envía Honey a preguntarte si tienes ya una respuesta.
Giro la cabeza hacia el lado contrario, fijando mi vista en una papelera de diseño extravagante.
—Dile que sí la tengo. Y dicha respuesta es no.
—De hecho, se supone que debí insistirte ayer tarde, así que si ella te pregunta, dile que lo hice.
—Pesada —digo entre dientes.
—¿Quién, yo? ¡Lo siento! ¡No es mi intención!
—Ella —clarifico—. Ya le dije que no quería saber nada.
—Sólo... Finjamos un rato que te estoy tratando de convencer, así ella se dará por satisfecha.
—De acuerdo —digo, nos dará una excusa para hablar un rato y que se pase antes el tiempo—. ¿Nerviosa?
—A veces. Otras no. Igual no me visualizo sacando demasiado, así que no vale la pena angustiarme. Cuando se me olvida sí que lo hago, pero intento calmarme. Ayuda saber que los regalos van a costar el doble este año, así que aunque ya tenga una patrocinadora, no creo que sirva de tanto. Parece que hemos sido cosechados en el año equivocado, Beetee.
—¿Y tus aliados, qué tal? —pregunto—. Quiero saber de ellos. Cuanto más sepa de mis rivales, mejor.
—No sé demasiado. Sigo sin intentar hablar con ellos, no quiero tomarles cariño ya que me voy a ir, y me voy a sentir culpable si les pasa algo. Ni siquiera me he aprendido bien sus nombres... Quiero decir... Sólo gana uno, no puedo ir por ahí haciendo amigos. ¿No? Voy a sufrir tanto cuando los vea morir, aún así sin conocerlos. Si muero en el baño, entonces no importará. Pero sino...
Respiro hondo.
—¿Crees que vas a morir en el baño?
—Bueno, todos podemos. Yo, tú, los pro... Aunque espero que no pase, es la manera más rápida fuera de este infierno —hace una pausa, como si se sintiera culpable por estar diciendo eso. Cuando vuelve a hablar, su voz no suena tan segura—... Y puede que la mejor, según algunos. Es rápida al menos. No te confundas, no quiero morir. Sólo... Me aterra que duela. Nadie me asegura que vaya a tener una muerte tranquila.
Sorprendentemente, me aterra más que me vean sufrir, cosa que escapa a mi control. Gina, mis padres, Ritchie, Leyre, Circe y Jun... Cuando muera nada importará, pero ellos tendrán que seguir adelante con esas imágenes mías en su cabeza.
Si algo me pasase en la Arena que mermase totalmente mis oportunidades de ganar pero me dejase con vida, me suicidaría. Mejor para mí, porque no agonizaré y mejor para los míos, porque no me verán agonizar.
—Mmh —murmuro asintiendo.
—Pero si eso pasa, me mataré. Quizá debería buscar algo venenoso y mortífero, e ingerirlo en un caso así. Aunque algunas de esas plantas provocan una terrible agonía de por sí... Quizá si consumo muchas sea más breve.
—Imagino que es normal tener este tipo de pensamientos tan oscuros —digo, cuando me doy cuenta que sus divagaciones van por el mismo camino que las mías—. Sí, es buena idea.
¿De qué sirve retrasar el momento si el triste resultado va a ser el mismo?
Honey nos está mirando por encima de su hombro. Aún me resulta duro pensar en matar, pero alguien como ella debe caer. Es el tipo de tributo con muchas posibilidades de llegar lejos. Eso también es algo que no puedo evitar que mis familiares vean, tampoco los suyos. Pero es el menos malo de los desenlaces. Preferiría ver a mi hijo matar antes que verlo morir.
Ahora que he rechazado su última oferta, tal vez lo que Honey busque es eliminarme.
—Volveré con ellos —murmura Avery, suspirando—. No pude convencerte al final, Honey no va a estar contenta. Al menos los del dos ya están pasando y pronto será mi turno.
Me quedo solo otra vez. Procuro no mirar al grupo, sentado unos bancos por delante de donde estoy. Desde el principio ella llamó mi atención. Va a ser un hueso duro de roer. Todo apunta a ello.
De los demás, debería empezar a formular un perfil aproximado, también. La del cinco, Raquel si no recuerdo mal está con el grupo de Honey, ambas están hablando algo apartadas de los otros. A veces pasa la vista por la habitación, observando a los presentes con desconfianza. Su compañero de distrito está solo, una fila por delante de la mía, hablando con la chica del nueve. Según me dijo Avery, sólo Haiari del nueve estaba en la alianza de Honey, pero hoy puedo ver también a la niña. Debe ser un agregado reciente, la sustitución de los del Distrito 11, sentados en el mismo banco que yo a mi derecha.
Y la alianza real se compondría de Honey, Avery, Haiari y Raquel. Hay que fragmentarlos aún más.
Cuando es el turno de Avery, va a la mesa de los aperitivos y toma un puñado de gominolas antes de pasar. Tras ella voy yo. La sala se va quedando cada vez más silenciosa, con la mitad de la alianza primaria fuera, los demás ya solo hablan en susurros. Intento pillar algo de la conversación entre los del Distrito 4, pero no están diciendo nada relevante, chismes sobre alguien más que ambos conocen allá en el distrito.
Vuelvo a dar gracias por no tener que quedarme aquí demasiado tiempo, junto a gente que tenga que matar, o morir a sus manos. Diez minutos pasan, se hacen eternos, hasta que por el altavoz suena mi nombre.
—Latier, Beete.
La mayoría de tributos me observa caminar. Es molesto, y sé que en la Arena estaré completamente expuesto las veinticuatro horas del día pero la discreción de las cámaras consigue crear una falsa sensación de privacidad.
Veo a los vigilantes apoyados en la barandilla del piso superior del gimnasio, cada uno en su individual estilo pintoresco. Casi todos me prestan atención, excepto un par que están hablando y riendo. Reconozco al vigilante jefe de inmediato, Erios von Diemen, ¿cómo olvidarlo después de esa entrada triunfal el primer día de entrenamiento?. Piel de un antinatural tono de blanco, cabello corto ondulado de un rosa muy suave, ojos del mismo color. Parece ser joven, no más de veinte años, pero posiblemente tenga más, dado que las modificaciones corporales lo permiten y son abundantes.
Avanzo frente a ellos y me presento, tal y como Isaak me dijo que hiciera.
—Beetee Latier, Distrito 3.
Erios asiente, su expresión imperturbable.
—Proceda.
Intento fingir que nadie me está mirando sólo para concentrarme mejor. Termino el test de supervivencia con todas las respuestas correctas, enciendo una hoguera practico un poco con el cuchillo. A mis espaldas oigo risitas, y al girarme para ver qué es tan gracioso, veo a un grupo de vigilantes mirando la tableta de uno de ellos. Por un momento pensé que yo podría haber sido el blanco.
Sigo practicando bloqueos con el Avox hasta que Erios me avisa que se me acabó el tiempo. Desde luego no he destacado en esa última parte, pero tampoco soy un inutil. Al menos me permitirá defenderme mientras ideo un plan de emergencia.
Satisfecho con mi actuación, tomo las escaleras que me lleven de nuevo al vestíbulo, cuando en uno de los rellanos veo a Avery. La piel de su cara está blanca, mientras que el contorno de sus ojos está enrojecido.
—Beetee... Te estaba esperando para subir juntos a nuestro apartamento —dice.
—¿Por qué lloras? ¿Te ha ido mal?
—¿Eh? ¡N-no! ¡No! ¡Todo bien! Es solo que he tenido un pequeño bajón, pero ya se me ha pa...
La frase queda a medias. Avery había comenzado a agitar sus brazos con nerviosismo y golpea un gran jarrón que había en el rincón con una de sus manos, el cual se hace añicos en el suelo con un estruendo que retumba en toda la escalinata. Varios peldaños quedan cubiertos de pedazos de cerámica. Avery se pega mucho a la pared, mirando el destrozo con expresión horrorizada.
—Mierda... —murmura.
—Ten cuidado o vas a cortarte -la advierto.
Avery me agarra de la manga, arrastrándome escalones arriba.
—No, no, no, no... Esa cosa tiene pinta de ser cara... Quizá me lo hagan pagar con el dinero de mis patrocinios...
—Ese jarrón no debe ser nada para ellos. Podrán reemplazarlo fácilmente si así lo desean.
—O tal vez se lo hagan pagar a mis padres. O tal vez me pongan un cero por patosa. ¿Algún tributo ha sacado un cero alguna vez?
—No —digo—. El mínimo es un uno.
—Yo seré la primera. Mis padres se van a angustiar tanto cuando vean mi cero.
Ya en la planta baja, casi nos chocamos varias veces con capitolinos que van y vienen. Avery los obliga a apartarse de su camino mientras me arrastra con ella al ascensor. Creo que podría ser capaz de matar a un tributo luchando dada la fuerza con la que tira de mí. Tomo nota de eso. Por mucho que una parte de mi mente se resista a analizarla como rival, es vital para mi supervivencia.
Suspiro.
—Habla con Isaak antes de llegar a conclusiones —le digo mientras subimos.
Por un momento, verla tan nerviosa me tienta ofrecerme a consolarla pero es algo que aparto de mi mente enseguida. Es mejor salvar distancias.
—Eso es. Isaak sabrá que hacer, él siempre lo sabe —contesta.
—Antes de que comience el programa de las puntuaciones me gustaría pasar un rato a solas. Dile a los demás que me reuniré con ellos antes de que empiece el programa.
—¿No vas a venir a la merienda?
Sacudo la cabeza. Socializar no me llevará más cerca de la victoria. No quiero más amigos que no vayan a estar ahí el día de mañana.
—No tengo hambre.
Avery me mira con expresión preocupada. ¿Es que no ve que la cercanía lo hará duro para ella también?
—Beetee...
—Sólo voy a darme un baño —digo, mi necesidad de soledad incrementándose—. No hay necesidad de actuar como si me estuviera aislando del mundo. No estoy haciendo eso.
—Un día más... Sólo me gustaría que pasásemos la mayor cantidad de tiempo posible todos juntos. Estas memorias tal vez sean lo único bonito que tengamos de nuestro paso por los Juegos del Hambre si uno de los dos sobrevive. Sólo me gustaría poder aferrarme a lo bonito. Atesorarlo y olvidar lo feo.
—Olvídalo —contesto alejándome.
Es posible que tenga miedo de lo que vaya a pasar, pero que lo sienta no es excusa para huír de la realidad. Esta situación no durará, porque nada dura en este mundo. Sí, se siente bien tener gente en la que confiar, con quienes pasar un rato agradable y compartir inquietudes. Ahí es donde reside el peligro.
Tarde o temprano lo perderemos todo y no nos quedará nada ni nadie. Nadie excepto nosotros mismos. No hay forma posible de evitarlo. La única manera de no tener que recuperarte de la pérdida, es estar solo desde el principio.
Una vez en mi cuarto, activo el hilo musical a todo volumen y entro a darme una ducha. El sonido hará que no me entere si alguien llama a la puerta cosa que espero que pase. Necesitaba este momento para mí porque voy a estar televisado en lo sucesivo.
Cuando estoy listo salgo afuera, algo más relajado.
—Eres el último en llegar —dice Doka cuando paso al salón.
Ya todos están ahí, equipos de preparación y estilistas incluídos. Surin y yo hacemos contacto visual. Le dedico un breve saludo antes de ir a sentarme en un sillón vacío.
—Lo sé —digo—. Pero como dije, estoy aquí a tiempo. No veo el problema.
—La próxima vez no pongas la música tan alta —me regaña Isaak, Avery está apoyada en su hombro, su mirada perdida—. Fui a ver si todo estaba bien y no me contestaste.
—Agradezco la preocupación, pero todo está bien —digo.
Fly, miembro de mi equipo de preparación, se sienta en uno de los brazos de mi sillón.
—¡A ti quería yo verte! ¿Qué nota crees que has sacado?
—Contando con que no he hecho nada novedoso y no he destacado en nada salvo supervivencia, aunque tampoco he hecho nada demasiado mal, yo diría que una nota promedio para un tributo no profesional.
Él asiente, satisfecho con la respuesta.
—¿Sabes? Es una mejora. Llevo varios años en el equipo de preparación de este distrito y es un milagro que consigan algo decente —contesta.
Me doy cuenta que Avery lo está mirando indignada, y la entiendo. Esa despreocupación, esa frivolidad con la que hablan de algo tan serio como nuestras vidas es exasperante. Me pregunto qué clase de estancia en el Capitolio tuvieron los tributos de otros años, esos demasiado jóvenes como para tener posibilidades. ¿Qué clase de comentarios de esta gente tendrían que aguantar? No sé qué harían si me tratasen todo el rato como si estuviera muerto ya. Con una estrategia adecuada y la suerte a favor, hasta un tributo joven podría ganar, aunque sea más difícil.
—Kernel y Doka, ¿qué nota sacaron ustedes? —pregunta Avery.
—Kernel sacó un cinco —respondió Doka—. Los vigilantes no creyeron que mostrase variedad. Sólo hizo cuchillos y casi los mata de aburrimiento. ¿No es así, Isaak?
—Fue entretenido, a su manera —dijo el aludido—. Pero es cierto que el resto de mis compañeros vigilantes se aburrieron mucho.
—Tú sacaste otro cinco —la acusó Kernel—. No te olvides de ese detalle.
—Eso no cuenta. Objetivamente yo merecía más y punto. Me esforcé mucho en impresionar a los jodidos. Fue un reemplazo capitolino quien me hizo de mentor, tampoco se esmeró tanto en mí y luego se quería quedar con todo el mérito de mi victoria.
—Típico capitolino —contesta Kernel.
Nadie se atreve a replicarle.
El sonido de la televisión cambiando al himno corta de golpe todas las conversaciones. Mis ojos se fijan en el cabello azulado de punta con un mechón blanco en el centro de Caesar Flickerman. Su maquillaje va en tonos grises y sus labios de un color dorado.
Los números no lo son todo, me digo. Lo sabía, y el cinco de Doka y Kernel lo demuestra. Pero preocupará a mis padres y a Gina más de lo que están ya. El corazón martillea en mi pecho cuando la pantalla se divide en veinticuatro cuadros, con cortas secuencias de vídeo de cada uno de nosotros. Avery toma de las manos a Isaak. Sus nudillos están descoloridos.
—Rarity Seifel —anuncia Caesar, la secuencia en vídeo de la chica permanece unos segundos en la pantalla en un intento por crear expectación. Rarity no se ve sonriente, aunque tampoco amenazante. La he visto entrenar y sé que es competente, pero no parece una persona dominante—. ¡Un nueve!
Tras un centelleo dorado, la cifra se forma en la parte inferior de la pantalla.
Stilo Bordeaux obtiene un diez y Zahara y Ares un nueve y un ocho respectivamente. Es una nota baja para alguien del Distrito 2, que suelen ser los más feroces. Ahora que lo pienso, Ares no lo parece tanto, a pesar de ese nombre tan contundente.
Luego Avery aparece en la pantalla.
—¿Cómo que "Abery"? ¡Han escrito mal mi nombre! —grita ella con indignación.
Todos miramos a Kernel cuando él da un suspiro.
—Así es. Van ahí afuera a entretenerlos sufriendo y ni siquiera se molestan en aprenderse sus nombres, o en escribirlos bien si quiera.
El enojo hace que se olvide de los nervios de la nota. Le dan un cinco y a mí un seis. Nada fuera de lo común.
—Tonta. ¿Ves como no te pusieron un cero? —la regaña Isaak cariñosamente—. Les avisaré para que corrijan tu nombre. ¡Esto es inaceptable!
Noto también, que nuestra imagen ha sido retocada. A Avery le han puesto un filtro para hacerla parecer más madura y a mí me han retocado algo, aunque no se qué, pero me hace ver en pantalla una mirada sombría y amenazante que no reconozco en mí.
El resto de las notas viene a penas sin novedades. Los del cuatro sacan un diez y un nueve. Sap saca un ocho y Honey un cuatro. Es en los que más me fijo. Imagino que no he debido hacerlo tan mal. Hay algo ahí con lo que trabajar. Mi primer objetivo no obstante es salir del baño de sangre ileso y con algo en las manos a ser posible. No voy a tener a nadie más que a mí, y en una Arena de exteriores cualquier cosa, por poca que sea cuenta.
—Los del diez hacía tiempo que no sacaban notas decentes —comentó Doka—. No los pierdan de vista.
Ya que he visto las puntuaciones no hay nada que me retenga aquí. Mejor irme a mi habitación a pensar en mi siguiente movimiento y prepararme para descansar. La entrevista es mañana y ya noto la ansiedad afectarme negativamente. Por la cercanía del lanzamiento y por tener que subir ahí a exponerme.
—Hasta mañana —digo a todos.
—¡Pero Beetee, la fiesta continúa! ¿Nos vas a dejar tirados? —dice Isaak—. Surin iba a darnos un adelanto sobre el traje que llevarás mañana.
—Está bien. Prefiero que sea sorpresa —contesto, rechazando su oferta con cortesía.
—Una pena, sólo déjame que te de un adelanto. Con ayuda de mi poder de convicción he conseguido sacarle una información bastante jugosa sobre tu look de la entrevista. Pero será secreto.
—¡Isaak eso es trampa! —contesta Surin indignada.
Sin darme opción a elegir, Isaak se acerca mucho a mí, inclinando su cabeza hacia mi oído.
—Hay alguien que queremos presentarte. Mañana por la mañana —dice, antes de retirarse otra vez—. Y así es. Vas a dejar a todos pasmados con esta ingeniosa idea de Surin que yo mismo le sugerí para ti. De nada.
Isaak vuelve a la mesa y yo salgo al silencioso pasillo otra vez, más intrigado que nunca.
Puntuaciones de los tributos:
D1 Rarity - 9
D1 Stilo -10
D2 Zahara - 9
D2 Ares - 8
D3 Avery - 5
D3 Beetee - 6
D4 Milana - 10
D4 Florent - 9
D5 Raquel - 6
D5 Libertus - 5
D6 Skylar - 7
D6 Dieter - 4
D7 Sap - 8
D7 Honey - 3
D8 Plisee - 5
D8 Moray - 5
D9 Haiari - 6
D9 Tatum - 2
D10 Odessa - 7
D10 Baylee - 6
D11 Kristin - 5
D11 Sutton - 4
D12 Briar - 3
D12 Caldwell - 4
En cuanto a las alianzas, han quedado así:
Rarity, Stilo, Zahara, Ares, Milana, Florent, Sap
Baylee, Kristin y Sutton
Avery, Honey, Raquel, Haiari, Everly, Briar, Caldwell
(Odessa y Baylee iban a aliarse en un principio, pero discutieron y se rompió, él temía ir solo porque ya se había hecho a la idea de entrar acompañado y se unió a los del once que parecían despiertos y que tenían info sobre la otra alianza grande).
El resto de tributos van por su cuenta. Este año solo se han dado tres, aunque dos son grandes.
Un año pasó desde la actualización anterior, pero si sigues ahí leyendo, gracias. No se si darme por vencida en cuanto al ritmo, pero definitivamente no me doy por vencida con Beetee. :D
Paulys, esta historia va para ti ya sabes, y me gusta que te esté gustando hasta la fecha. Espero que siga así ^^ Yo tiendo a puntuar a la baja, es mi estilo de dar puntos jajaja ya tengo el esquema en mi cabeza. Pero un siete para un pro me parece poco, lo vería normal en estos pro que mandan con quince años aún muy verdes pero con actitud. O alguno que tenga muy mala suerte y la cague xD Un ocho es mediocre, sí, y más suponiendo que esos chicos son los mejores de su promoción pero tampoco lo veo tan raro. Por ejemplo Glimmer tenía bastantes carencias para ser una pro, siempre la vi como que se enfocó mucho en resultar linda y llamativa para la audiencia y tal vez en impresionar a Cato. También me gustaría ver algo subversivo pero estamos en el año 39, aún queda mucho para eso, aunque sí se puede fraguar ya, yo creo que eso nunca dejó de hacerse. Pero el D3 nunca olvidó sus raíces rebeldes y los cerebritos tomarán el poder algún día.
Kiko, así es Honey sufrió ese percance con los del once, ya reclutó a un escudito más con la compañera de distrito de Haiari. Creo que él nunca vio venir que sus intenciones no eran las de protegerla. Era un plan difícil, y aún lo sigue siendo. Ya veremos como se desarrolla a la hora de la verdad. Gracias por seguir esperando actualización con esa paciencia :D
Ero, todos somos Avery. Creo que ella se subestima mucho. Ha pasado un año entero. El anterior bien, y este también xD Algún día iré a Dublín. Espero que sigas bien.
nevershout, hola si sigues ahí tú también ^^ espero que sí y que todo vaya bien. Gracias por los ánimos.
Gui, de nuevo todos somos avery! Y ya estamos casi en la Arena. Espero que la lenta actualización no te desanime. Esto es sin duda mucho menos denso que un SYOT.
He estado leyendo "Los juegos del hambre -El juicio final" de Nightspyder, y si quieren leer algo con acción, terminators y un Peeta a la altura de un pro o más busquenlo. Esa es mi recomendación de hoy. :D
De nuevo gracias por seguir ahí.
