Mikey se sentó al pie de un árbol.

No se dio cuenta de lo cansado que estaba hasta que se sentó y respiró agitadamente en busca de aire, agradeció el haber corrido, eso le sirvió para sacarlo todo, para hacer que ya no sintiera nada más.

Ahora una calma adormilada se extendió por todo su cuerpo, fue relajante, se quedó allí respirando el aire del Central Park, olía a tierra húmeda, naturaleza y un poco a ciudad.

Cerró los ojos y apoyó la cabeza en el tronco, puso su mano izquierda en el pasto y sintió unos pequeños rasguños pero no le importó, necesitaba algo de dolor, quería saber que aún era capaz de sentir dolor, que el dolor en su alma no había consumido su capacidad de sentir dolor.

No supo cuánto tiempo había pasado, pero abrió los ojos cuando la luz de la luna golpeo su cara, fue entonces que notó donde estaba.

Delante de él había un lago iluminado por la plateada luz de la luna llena, se levantó y, como si estuviera en trance y caminó hacia el lago.

Fue allí cuando la vio, una chica de cabello rojo salió de la nada, Mikey se asustó tanto que retrocedió y cayó al pasto.

La chica vestía unos jeans azules y una camisa de tirantes blanca, su cabello era medio corto y estaba alzado por la brisa de la noche, toda ella estaba iluminada por la plateada luz de la luna llena y hacía que su cabello se iluminara como si fuera fuego.

Mikey se quedó helado al verla, no había pensado que hubiera nadie más allí, se estaba alejando cuando la chica se volteó a verlo, sus ojos era de un extraño celeste brillante, parecían ojos de lobo.

-Oh lo siento no sabía que ya había alguien aquí- dijo ella-¿Estas bien?

Le tendió la mano y él se la tomó, Mikey se limpió y esperó que sus ojos no estuvieran tan hinchados de tanto llorar.

-¿No te asusta mi apariencia?-preguntó sin estar del todo seguro que la chica no gritaría.

-Podrá sorprenderte pero…No en absoluto- la chica lo miró de pies a cabeza-pero tú no pareces estar teniendo un buen día o mejor dicho noche.

-Tienes toda la razón-concedió Mikey-Lo siento no sabía que alguien iba a venir de seguro quieres estar sola.

Mikey estaba por irse cuando la chica lo detuvo, tomando su mano.

-Espera soy yo la que lo siente- La chica le dio una media sonrisa-He venido aquí porque necesitaba escaparme de alguien y porque necesitaba pensar pero tú también pareces que necesitas estar aquí tanto como así que... ¿Te importa la compañía?

Mikey parpadeo sorprendido, estaba claro que la chica no le tenía miedo, en realidad parecía alegre, casi como si estuviera acostumbrada a ver a tortugas humanoides todo el rato.

La propuesta parecía tentadora y aquello parecía prometedor, además Mikey necesitaba estar con alguien que no fuese Abril con su compasión golpeándolo cada que la veía.

-Claro en realidad es lo que necesito.

La chica sonrió y Mikey le devolvió una débil sonrisa, esa era la primera sonrisa, aunque fuera débil, que hacía en meses.

-Siento no haberme presentado Mi nombre es Miguel Ángel pero llámame Mikey.

-Mi nombre es Rosalía pero llámame Lía...Casi todos me llaman así.

-Bueno Lía es mi placer conocerte- Mikey hizo una pequeña reverencia- ¿Nos sentamos?

Lía pareció pensativa y luego esbozó una pequeña sonrisa.

-¿Quieres mojarte los pies en el lago?-preguntó señalando el agua-Creo que nos hará bien a ambos.

Mikey se dio cuenta que Lía no tenía nada en los pies sino que tenía una botas de cuero en su mano derecha.

-En realidad eso era lo que pensaba hacer pero una chica extraña con cabello rojo ha salido de la nada y me he asustado un poco- bromeó Mikey mientras caminaban hacia el lago, Lía se rio, La risa le salió como si con eso se liberara del estrés.

-De nuevo lo siento- dijo Lía mientras se sentaban en la orilla del lago y mojaban sus pies. El agua estaba perfecta, que si Lía no estuviera allí se habría metido a nadar, vio como dejaba sus botas a su lado-El agua está perfecta.

-Si lo está.

-A veces me pregunto…Cómo sería tener una noche así todo el tiempo- Lía alzó la mirada, sus ojos brillaban bajo la luz de la luna- Sabes creo que eres el primero en esta noche que me ha hecho reír.

-Pues me siento alagado Lía- respondió Mikey sonriendo-Déjame decirte que tú eres la primera que me ha hecho sonreír en meses.

-Bueno me alegro de hacerte sonreír- Lía se mantuvo en silencio por un minuto y se recostó en el pasto- Si te pones así puedes apreciar mejor el cielo.

Mikey se recostó también, Lía tenía razón, recostándose se podía apreciar mucho mejor las estrellas, no eran opacadas por el brillo de la luna sino que parecían brillar con ella, como si brillaran todas juntas.

-Nunca las he visto tan brillantes- murmuró Mikey

-Es extraño- murmuró Lía-pero en cierta forma reconfortante.

-Je. Tú lo has dicho- Mikey miró las estrellas, Lía tenía razón, en cierta forma su presencia allí era reconfortante, así como el brillo de la luna. Se preguntó cuándo fue la última vez que había sentido paz.

-Dime Mikey ¿Eres de aquí?

-Sí, nací y crecí aquí- Mikey puso sus manos en su estómago-¿Tu?

-La verdad no, vengo cada tanto por algunos asuntos pero más que nada vivo en un rancho a muchos kilómetros de aquí- Lía se dio vuelta para mirarlo- Sabes tus ojos son lindos, lástima que estén tan hinchados.

-¿Yo? ¡Tus ojos son más lindos!-exclamo Mikey-Aunque…creo que has sido la única que ha notado que he estado llorando…Debo parecerte un bebe.

-No. No me lo pareces, llorar es algo normal, significa dos cosas- replico Lía.

-¿Cuáles son?

-Una; que te importa algo o dos; que te duele mucho algo- Lía uso sus brazos como almohadas-No hay nada de malo o débil en llorar.

-Eres la primera que me ha dicho eso- dijo Mikey limpiándose las lágrimas que habían comenzado a bajar por sus mejillas, Lía le tomó el brazo derecho con el que se ocultaba el rostro.

-No lo hagas, no lo ocultes, si lo ocultas solo dolerá mucho más- susurro quitando el brazo de Mikey de su rostro, apretaba su mano con cuidado- Créeme lo sé. Solo…déjalas caer.

Mikey asintió y se sentó en forma india, sus pies estaban húmedos pero no le importó, sintió las lágrimas silenciosas bajando por su rostro, su cuerpo tembló pero no gritó, no hizo ningún ruido. La mano de Lía seguía sobre la suya.

Y siguió allí hasta que las lágrimas dejaron de salir y los temblores pararon.

-Gracias- murmuró Mikey limpiándose los restos de las lágrimas-Dime Lía ¿Por qué ayudarías a una tortuga humanoide que llora?

-No hay nada que me descoloque más que ver a alguien sufrir- respondió Lía-Debo volver ya…no quiero preocupar a nadie… ¿Quieres que nos encontremos otra vez?

-Claro…Creo que serás una buena amiga además…yo también puedo ver los sentimientos de otros y tú también pareces tener problemas- Lía se ruborizó un poco-Así que… ¿Tienes teléfono?

Lía asintió y ambos intercambiaron números.

-Sea cuando sea, si me necesitas llámame y allí voy a estar- dijo Mikey una vez que pasaron números-Volvamos a este lugar y que sea nuestro punto de reunión.

-Muy bien…Me alegro de haberte conocido Mikey y lo mismo te digo. No importa dónde o cuando, cuando me necesites llama y allí voy a estar- respondió Lía, se levantó y sacó los pies del agua, los sacudió un poco para sacarlos y luego se puso las botas, se dio media vuelta y le dedicó una última sonrisa a Mikey.

-Nos vemos Mikey- susurró antes de saltar hacia un árbol y luego perderse en la noche.

-Nos vemos Lía- murmuró Mikey, guardó su t-phone y emprendió el camino de vuelta.