Una vez que volvió a la guarida nadie se había percatado que había salido.

Estaba cansado pero necesitaba un vaso de agua, el correr lo había dejado sediento. Fue a la cocina esperando que no hubiera nadie y si había esperó que fuera Leo o Splinter.

Se equivocó.

Antes de entrar en la cocina, pudo escuchar las voces de Donnie y Raph desde allí, pero Mikey en realidad necesitaba tomar algo y estaba lo bastante cansado como para que no le importara lo que ellos le dijeran.

Entró sin prestarles atención, sabía muy bien que lo estaban mirando pero no le importó, llenó un gran vaso de agua.

-Vaya es el pequeño traidor- dijo Raph- Y mira ha estado llorando.

Mikey no le prestó atención en lo absoluto, tomó el vaso y salió de la cocina.

Supo que ellos lo seguían mirando mientras salía y se dirigía a su habitación, bebió unos sorbos mientras caminaba. Él quería bebérselo completo pero…Si demostraba que estaba sediento podía levantar sospechas pero dudaba que ellos siquiera les importara.

Una vez llego a su habitación cerró con traba, solo por si acaso. Una vez hecho eso se bebió el agua en dos segundos. Su habitación ya estaba algo ordenada y más habitable, dejó el baso en la mesa de luz y se acostó.

Por primera vez en meses no sentía el corazón lleno de dolor y tristeza, ahora había ganado una amiga. Lía tenía algo especial, algo mágico, no muchas personas ayudarían a un mutante desconocido.

Se llevó su peluche al pecho y se cubrió con las sabanas.

Y durmió como no había dormido en meses.


Lía llegó al departamento en poco tiempo.

Nicolas fue quien la recibió, sus ojos rojos la miraron con severidad, se notaba que estaba cansado, su cabello blanco estaba despeinado.

-Veo que ya has vuelto Rosalía- dijo mientras Lía cerraba la puerta.

-Si creías que me iba a soportar un solo segundo más a tu suegra y tu sobrina déjame decirte que te equivocas- se fue hacia la cocina y se sirvió agua, Nicolas la miró. A ella no le importaba, esa era su casa además él no tenía ningún motivo por el cual quejarse.

-Te has ido en plena luna llena- le recriminó.

-¿Y? no es mi primer luna llena Nick, además que yo sepa soy mucho mejor que la mayoría para controlarme- Lía se sentó- Además me abandonaste en tu departamento para irte con tu novia y estuve dos horas escuchando historias malas sobre cirrosis y muelas del juicio y luego una hora más escuchando los horribles aullidos de sufrimiento que ellas llamaban canto.

Nick rio y Lía lo miro de forma asesina.

-¿Te parece gracioso? Pues la próxima vez te llevaré a que comas lo que prepara Natalie y que la escuches cantar- amenazó

-Está bien sé que no tengo bases para enojarme pero…Estaba preocupado- se defendió-Pero eres una de las nietas de Nicole, si te pasase algo…

-Se vivir sola Nick- lo interrumpió- Además sabes que ella vendrá mañana, la situación con el clan Akila requiere de su presencia.

-Lo sé- Nick suspiró- Estas semanas han sido difíciles pero es necesario afirmar nuestros territorios y alianzas.

-Si quieres decirme algo nuevo, te sugiero que vayas por otro camino Nick- dijo Lía apoyando su cabeza en su mano.

-Hay nuevos miembros en la manada, muchos están esperándome pero quería avisarte para que se lo comuniques a nuestra líder para avisar que él clan se expande.

Lía suspiró, semanas en Nueva York y lo único que hacía era ir de un lado para el otro, si no fuera por la cantidad interminable de problemas Nueva York sería su segundo hogar.

Su departamento era un pequeño pero estaba en el piso más alto, cosa que servía de mucho.

Nick era el líder de la manada del clan en Nueva York y la visita de Lía se debía a que necesitaban ayuda por unos meses para el segundo al mando, ella se encargaba de las patrullas, esa época del año solía haber muchos nuevos miembros para el clan y Lía ayudaba en la búsqueda de posibles iniciados.

-Nick eres el líder de la manada aquí, yo solo ayudo a los iniciados y la manada, sabes que puedo ayudar pero eso díselo tu- replicó Lía-Ahora por favor. Déjame estar sola para que pueda dormir algo ya que, si me permites recordar, no he podido dormir en semanas.

-Bien tienes razón, Cam ya está aquí- le avisó-descansen.

Sin decir más fue hacia la ventana y desapareció de un salto.

Lía se levantó y cerró la ventana, afuera la noche era perfecta, la luna llena estaba llegando a su punto máximo, vio la silueta de Nick en la oscuridad de la noche.

Cerró las cortinas y se quitó las botas, fue a su habitación con una toalla y se limpió los pies, dejó la toalla en el baño, volvió a su habitación y se cambió la ropa.

Se tiró en la cama, sentía la fuerza de la luna aun en su sangre, un poco de adrenalina, pero la falta de sueño se interponía sobre todo eso. Desde allí pudo escuchar a Camille roncar desde su habitación.

-Pfft incluso aquí su ronquido sigue siendo fuerte- murmuró, miró su teléfono y abrió los contactos- Mikey ¿eh?.

Se quedó mirando el número, ese chico…Había visto que ella no estaba bien, que tenía problemas, resultaba algo irónico que aunque siempre estaba acompañada se sintiera sola. Ni un solo miembro de la manada la dejaba de llamar mi señora, cosa que ella odiaba. No lo hacían en casa y no quería que lo hicieran aquí además de que ninguno podía pasar más de dos minutos sin murmurar algo a sus espaldas.

Las únicas personas que con la que tenía algo de relación era Nicolas e Isabel, la segunda al mando de la manada. Mikey parecía estar sufriendo pero también fue el único que había logrado hacerla reír.

Dejo su teléfono descansar a su lado, se llevó su lobo de peluche al pecho, su collar brillaba signo de que la luna estaba llena. Se envolvió en las sabanas y cerró los ojos.

No tardó en quedarse dormida.


La mañana siguiente Mikey despertó mucho mejor de lo que había sentido durante meses, se levantó y fue a reunirse con su familia al desayuno.

Entró en la cocina y fue recibido por la mirada cariñosa de Splinter, Mikey le sonrió, él hubiese querido pedirle que dejara de sentir compasión por él pero a la vez era esa compasión la que lo mantuvo durante todos esos meses.

-Buenos días Miguel Ángel- Mikey se sentó en la mesa- ¿Has dormido bien?

-Si sensei he dormido bien- Miró en dirección al dojo- ¿Ya están ahí?

Splinter siguió su mirada y su expresión cambió. Eso fue todo lo que Mikey necesitó.

-Si ya están entrenando, pero puedes….

-No déjelo- lo interrumpió Mikey- Entrenaré solo luego.

-Miguel Ángel tienes tanto derecho como ellos de entrenar- dijo Splinter. Mikey le sonrió débilmente.

-Déjelo así sensei- suspiró- No servirá de nada presionarlos.

Se levantó, ya no tenía hambre. Así habían sido los últimos dos meses, ya Mikey no entrenaba con sus hermanos ahora solamente entrenaba solo y algunas veces con Leo.

-¿Al menos podrías comer algo?- preguntó Splinter con una nota de preocupación en su voz, Mikey se volvió a verlo, se preguntó si él veía cuan dolido estaba, cuan cansado.

Cuan roto.

-No has comido desde el desayuno de ayer- explico Splinter y puso un plato con comida en la mesa- ¿Por favor?

Mikey no se sentía con ganas de probar nada, aun si había llorado anoche junto a Lía sentía que no había sacado todo si no que había mucho todavía encerrado. Pero vio la preocupación en los ojos de Splinter y no pudo agregarles aún más.

-Está bien sensei- accedió- Comeré.


Lía entró en el restaurante de comida china, a esa hora de la tarde había algunas personas, serpenteo por entre las mesas recibiendo miradas de asombro por parte de los clientes. Paso sin darles importancia.

Cuando llegó al mostrador, Alan Wills la miró de reojo antes de dejarla pasar. Lía cruzó el mostrador y atravesó la pequeña cocina, abrió la puerta del refrigerador y la cerró tras de sí.

Fue hasta una de las paredes y abrió la puerta oculta.

Detrás del restaurante había una vieja comisaría de policía, abandonada hacía mucho tiempo, todas las manadas de ciudades buscaban lugares ocultos y seguros para sus sedes, las celdas de la comisaría habían sido reemplazadas por gruesos barrotes de metal con hechizos de protección. Eran muy útiles en noches de luna llena.

Había varios miembros de la manada en la sala principal, Lía pasó por entre los miembros de la manada y les sonrió a los miembros más pequeños que se pusieron emocionados en cuanto la vieron.

Se detuvo enfrente de la puerta y golpeo. Una conocida voz de mujer llegó desde el otro lado.

-Pase- La sala era una pequeña oficina con varios estantes y archivadores. Nick e Isabel estaban dos extremos de la habitación, Isabel tenía su cabello castaño enmarañado, y su ropa estaba completamente sucia, Nick tenía los ojos brillantes y su cabello estaba enmarañado, Camille estaba apoyada en uno de los archiveros, en la silla estaba su abuela. Nicole O'niel.

Su abuela era una mujer que aparentaba los cuarenta años, aunque tenía muchos más, los lobos vivan mucho tiempo, una vez que llegaban a la mayoría de edad sus cuerpos se volvían resistente, el envejecimiento del cuerpo se volvía más lento, la mayoría de los lobos más antiguos tenían cien años y ni lo aparentaban.

Su abuela tenía el cabello rojo con unas pocas canas y ojos verdes, estaba parada enfrente del escritorio con papeles enfrente, llevaba jeans y una chaqueta azul, su mirada era sería y concentrada. Una líder en todo momento. Alzó su mirada y al ver a Lía sonrío.

-¿Traes noticias Lía?-preguntó sonriendo mientras se enderezaba.

-Si me he reunido con el mensajero de la manada de los Akila nos esperan esta tarde en el punto pactado- respondió dejando sobre el escritorio un sobre.