Hola todos volví de mis vacaciones por fin, perdonen que haya tardado tanto pero necesitaba desconectarme. Disfruten el cap. Pronto subiré en la magia más poderosa.

Cuídense y Bsos.


La sensación de adrenalina corría por sus venas, como un fuego quemando todo lo que tocaba.

Y él comenzaba a amar esa sensación.


Splinter abrió los ojos, respirando agitadamente.

Había intentado contactar con la mente de Mikey pero en su lugar se había topado con algo más, instintos fuertes y lazos que parecían inquebrantables. Se había quedado sin aliento de solo estar cerca.

Splinter cerró los ojos tratando de controlar su respiración, vio la tristeza en los ojos de Mikey.

-Por favor-rogó en su mente-Por favor que esté bien.


Mikey corrió detrás de Sera.

La noche ya se había asentado, al igual que el frio. Las estrellas se veían mucho más brillantes que en la ciudad.

Mikey se sorprendió de que no tuviera frio, quizás era la ropa o el estar corriendo pero Mikey apenas si sentía el frio en la cara.

La adrenalina corría por su cuerpo y supo, sin verse, que los ojos ya debían ser los de un lobo. Lo notaba en la visión amplificada que tenía.

Se detuvieron cerca de un lago que estaba rodeado por montañas.

-Vamos no quiero llegar tarde- apuró Lucia corriendo hacia el lago. Los demás la siguieron y Mikey se acercó a Lía.

-¿Cómo es que no tienes frio?-le murmuro.

-A diferencia de ti mi querido amigo, nací siendo loba, resisto mejor el frio que tú.

-Me das envidia- bromeo.

-No te preocupes mientras más control adquieras la resistencia a las temperaturas será más fuerte. Es como si aprendieras sobre la marcha.

-¿Por qué nos trajeron aquí?

-Es un poco…especial…ahora lo entenderás….

-Lía vamos ya es casi la hora- gritó Mac. Lía rio.

-Si ya voy.


Lía golpeo suavemente el hombro de Mikey y fue al lago. Los demás se quedaron detrás de ella como siempre.

Las estrellas llegaron a su punto máximo, ya era la hora.

El sol se ha ocultado.

La noche ya reina.

Con mi voz las llamo.

Desde este hermoso lago.

El lago se iluminó, del color de la plata, como siempre. Escuchó exclamaciones desde atrás.

Como la hija de la luna

Yo las llamo hermanas

Para cantar juntas esta hermosa nana.

Nuestras sangres son distintas

Más nuestras almas unidas

Bajo la plateada luz

De nuestra madre

Pequeñas luces salieron del agua, acompañadas de voces susurrantes dulces y pequeñas.

Bajo esta noche estrellada.

Canten conmigo hermanas

Contemos la historia anhelada

De nuestra amada madre.

Una de las luces se acercó a ella y vio a la pequeña Kihiel sonreírle. Las hadas de la noche eran todas mujeres, de piel blanca como la luna y ojos completamente grises.

-Hola Althea- saludó Kihiel con su voz dulce.

-Hola Kihiel.

-¿Qué es lo que nuestra querida Elementis desea?-preguntó Girrer otra hada.

-Quiero que me ayuden a cantar la historia de nuestra madre Girrer.

-¿Ellos son del Clan?-inquirió Kihiel mirando a los otros.

-Si y son mis amigos Kihiel ¿Me ayudaran?

-Todo por la hija de nuestra señora- respondió Girrer

Lía sonrió y las hadas se prepararon. Los demás se acercaron más a ella.

Un día hace un tiempo ya olvidado.

No existía la luna que alumbrara.

La oscuridad reinaba en la tierra.

Las estrellas brillaban

Pero su luz no alcanzaba

Para iluminar a la tierra en su plenitud

Estaban perdidas.

Aun estando unidas.

Las hadas controlaron las aguas creando imágenes de la historia que ella cantaba.

El tiempo pasó.

Y la idea de tener una guía se perdió.

Hasta que la esperanza renació

Una mujer de piel blanca como el papel.

Ojos grises como las piedras

Y cabello blanco como las nubes apareció.

Y habló con una estrella.

Haciéndole compañía en su travesía por la noche.

¿Cómo es que puedes entenderme? Preguntó un día la estrella

Yo también comprendo tu soledad respondió la chica

Pero tú tienes iguales en el cielo en cambio yo no.

¿A qué te refieres? Volvió a preguntar la estrella.

Tú tienes cientos de estrellas junto a ti, yo en cambio no, nadie comparte mis rasgos.

Podrías venir con nosotras y guiarnos

La chica aceptó sin dudar.

Fue al cielo y se convirtió en luz para iluminar las estrellas

Y para guiar a los perdidos en la oscuridad.

La canción terminó y las hadas se reunieron alrededor de Lía.

-Muchas gracias a todas- agradeció en el idioma de las hadas.

-Todo por nuestra querida Elementis- respondió Girrer.

Las hadas hicieron una reverencia y volvieron al agua, a donde sea del lugar del que venían.

-¿La historia de la luna?- inquirió Sera- ¿Enserio?

-Fue la primera que aprendí y la primera que todos ustedes escucharon, me pareció la más adecuada.

-Perdón pero ¿Una explicación es mucho pedir?-inquirió Tom

-A lo siento- se disculpó- esas luces son hadas de la noche, hadas que vienen de los ríos, lagos y mares, están para protegerlos.

-¿Y por qué te dijeron Althea y Elementis?-preguntó Alicia.

-Me llaman así por el color de mi cabello y Elementis son los lobos que tenemos algo más de conexión con los elementos y la luna.

-No lo entiendo- rezongó Henry.

Lía y los demás rieron, ella le alborotó el cabello a Henry y sonrió con nostalgia, recordando que ella tampoco lo había entendido a la primera.

-Lo harán.

-Ustedes vayan yendo de vuelta a la casa- murmuró Lía a Tyler.


Ya comenzaba a hacer más frio y los demás comenzarían a tener frio, aun si apenas entraban en otoño.

-¿Estás segura? Quizás sea mejor que alguno te acompañe- replicó Tyler

-No, está bien…Necesito estar sola.

Tyler entendió a lo que se refería, le acaricio el brazo y le susurro en el oído.

-Estamos todos aquí si lo necesitas.

Lía asintió y vio a los otros alejarse. Inspiró el aire del bosque y comenzó su camino. Había hecho eso para los chicos, para que sintieran como una bienvenida a algo completamente nuevo.

Ser una Elementis no era fácil, eran extraños los casos que lo eran y no siempre eran bien vistos, ese era su caso.

Los Elementis podían comunicarse con las hadas, pedir ayuda a los elementos a las que las hadas pertenecían y controlar los elementos. No era fácil, menos para ella, pero ser una hija de la luna ayudaba en cierta forma a estar más conectada a los elementos.

Hacía mucho tiempo que ella estaba orgullosa de lo que era pero era una carga pesada para una chica de dieciséis años, pero con el tiempo Lía fue acostumbrándose a ello.

Caminó por el bosque, algunas hadas brillaban en el camino y susurraban pero ella no le dio importancia.

El lago brillaba, las hadas del agua ya estaban allí otra vez, protegiendo las aguas. Ella se sentó a las orillas del lago y se quedó allí un rato.