Mikey observó desde la ventana el hermoso paisaje, las estrellas se veían mucho más hermosas que en la ciudad. Aquella vista lo hacía sentir cómodo, como si estuviera en casa.

Desde allí pudo ver una figura de cabello rojo iluminada por las luces de la casa, Lía alzó la cabeza y saludó de una forma cansada y se perdió en la entrada. Mikey apagó las luces y se recostó en la cama.

Las sábanas y los acolchados eran más abrigadoras de lo que él había pensado, Tyler le había dicho que casi no usaban las estufas por lo que había una estufa eléctrica en cada habitación por si había emergencias.

-Me pregunto ¿Cuál sería una emergencia en las que necesitara?-se preguntó mientras se tapaba- Quizás a veces haga demasiado frio o vengan algunos iniciados como nosotros.

Tendría que preguntar después, una imagen de Splinter apareció de repente en su mente, haciendo que el corazón se le estrujara por la culpa. Se había ido sin decir nada, sin despedirse de la única persona que creyó en su inocencia.

-Fue para mejor- se dijo- Necesito controlarme antes de volver a verlo, esto sería un golpe aun mayor para él. No puedo verlo ahora.

Se cubrió con la sabana, quizás podía enviarle un mensaje de algún modo. Pero tendría que esperar a la mañana.


La mañana siguiente el día parecía haber empeorado, nubes grises cubrían el cielo. Mikey se levantó con la sensación extraña de la ropa y el lugar. Terminó de cambiarse y bajó a la sala para encontrarse con Lía sentada con una taza en el sofá del porche.

-Buenos días Mikey.

-Buenos días Li- respondió Mikey mientras se sentaba al lado de su amiga-¿Dónde están los demás?

-Ty y Mark fueron a la manada para ver unas cosas, los demás siguen durmiendo.

-Lía…- comenzó un tanto inseguro- ¿Crees que sea posible enviarle un mensaje a mi padre?

Lía lo miró, insegura, Mikey lo notó en su mirada. Mikey le explicó la situación, no veía una razón para ocultarle eso a ella.

-Ya veo- Lía bebió un sorbo- mira te seré sincera, no creo que sea bueno que envíes nada, solo lo pondrás peor, déjalo por ahora y concéntrate en ti.

-¿Y eso?

-En unas semanas habrá luna llena de nuevo, debes aprender a controlar los impulsos Mikey, ayer fue solo un calentamiento para que se adaptaran pero ustedes nunca han tenido los instintos de lobo- explicó- Hoy vamos a mostrarles lo que en verdad se siente en la manada. Hay un motivo por el que los iniciados se mantienen lejos.

-Ya veo- Mikey la miró- ¿Cuál es el motivo?

-Mira en el tiempo que estuvimos en Nueva York, los miembros nos mantuvimos un poco alejados para no agobiarlos pero ¿Qué era lo que sentías cuando iban a comer con todo la manada reunida?

Mikey no se lo pensó dos veces.

-Me sentía presionado, pero no presión psicológica si no física, como si fuese una olla a presión a punto de saltar.

-Bueno eso es exactamente lo que deben aprender a controlar- Lía le mostró el brazo, totalmente normal- Mis instintos están bajo control y ustedes deben aprender a controlarlos, esa sensación es la misma que sientes cuando estas en peligro, en las primeras semanas eres demasiado susceptible a prácticamente todo. Los instintos se fortalecen una vez que te transformas lo que hace que sea más difícil controlarlos y más cuando nunca los has tenido.

-Entiendo- no podía dejar de sentirse un poco desilusionado-Gracias Li.


El resto de los lobos de la casa fueron despertando poco a poco. Lía le había propuesto desayunar antes porque en el desayuno sería una guerra, Mikey aceptó y le pidió que practicaran luego.

-Bien cachorro muéstrame lo que tienes- lo desafió Lía balanceando su espada.

Lucharon con el mismo resultado de antes, Lía era ágil y sus golpes eran más fuertes de lo que en realidad parecían.

-Aprende que la espada es una extensión de ti Mikey- dijo Lía- La tomas bien pero te falta práctica si quieres vencer a una loba en combate.

Mikey sonrió y miró a su amiga mientras se sacudía el pasto de la ropa.

-Bueno mi arma es más los chacos Lía- replicó sacándolos- Mi hermano Leo es el de las katanas

La sonrisa de Lía era desafiante y burlona, Mikey sonrió de forma similar.

-Bueno espero que algún día pueda tener un buen duelo- replicó alzando la espada- Muéstrame lo que tienes con lo chacos ninja. No te contengas.

Mikey movió los chacos y la sonrisa se convirtió en peligrosa.

-Nunca.


Esta vez Mikey tuvo mejor oportunidad contra Lía, para ser sinceros él sabía lo básico de ver a Leo entrar día tras día pero nunca entrenó en la espada, solo sabía moverse con una gracias a ver a su hermano con las katanas.

Pero Lía era diferente, en principio su agarre de la espada parecía diferente y, como había dicho, la movía con agilidad. Como si fuera otra parte de ella, Mikey nunca había visto a Leo mover la espada como ella. Aun así sus ataques eran agiles pero también más fuertes de lo que aparentaban.

Pero Mikey luchó con habilidad, aprovechó su velocidad. Algo que en comparación a su familia era mucho mejor y aprovechó para tomar a Lía desprevenida. Lo consiguió pero ella lo esquivaba cada que él se acercaba demasiado, solo pudo derribarla por dos segundos cinco veces.

Aun así Lía fue mejor y lo volvió a vencer.

-Mejor- dijo Lía- Con esa velocidad y reflejos me sorprende que no sepas usar una espada.

-Como dije mi hermano Leo era el de las espadas- respondió Mikey mientras tomaba la mano de Lía- Aunque debo admitir que nunca vi a nadie usar la espada como tú.

-Bueno yo uso la espada desde niña- respondió guardándola en su funda- Además de que dudo que tu padre fuera criado en usar la espada como nosotros. Por lo general los ninja cuidan de sus movimientos, nosotros por otro lado nos concentramos en táctica y movimiento, si sabes las posiciones de tus atacantes puedes vencerlos con táctica.

-Eso nos dijo una vez- recordó Mikey- Aunque si es cierto que siempre practicamos Katas.

-Bueno no creo que falte mucho para el entrenamiento de hoy- dijo Lía- No creo que tengamos un respiro pronto.

-Creo que tienes razón.


Los días siguientes fueron los más activos que Mikey tuvo en meses. El entrenamiento era intenso pero su cuerpo se fue acostumbrando al duro tiempo. Aprendió a cómo utilizar sus sentidos, como cazar, como comunicarse con la naturaleza y sentir el peligro.

Aunque también tuvo problemas controlando su fuerza, el entrenamiento se centraba en ponerlos en el límite, a controlar los impulsos y las emociones. Poco a poco comenzaron a unirse a la manada, pronto ya no se sintió como un montón de desconocidos sino como miembros de su misma familia.

También aprendió sobre la magia, las piedras de luna y todo lo que podían hacer.

Y así los días se convirtieron en semanas y Mikey sintió como cambiaba con ellas.