Lía no era nueva en jugar al papel de jugar a la mala del cuento.

Si lo pensaba era casi necesario saber cómo ser cruel y fría, experiencia no le faltaba, de eso todos en la manada lo sabían.

Los novatos, por otro lado, eran otra cosa.

Lía pasó el día enseñándoles a las chicas, junto a Sera, como moverse, como mirar. Elegir las palabras correctamente, no dejar de mostrar una máscara cruel y fría.

En resumen lo que les habían enseñado desde que habían llegado pero agregando la crueldad.

-No se siente bien- dijo Alice durante el descanso.

-Lo sé- respondió y le acaricio la cabeza- pero debemos hacerlo, ellos tomaran cualquier debilidad en su provecho. Además les servirá en caso de que vuelvan al mundo con otros lobos.

Alice suspiró

-Llevas mucho tiempo con esto ¿Verdad?

-Mucho más del que piensas.


Todas las manadas tenían una característica única.

Los sureños eran conocidos por su mal carácter y pieles pálidas como los muertos, Lía sabía que era por todo el tiempo que pasaban en las montañas.

Pero su característica única era su visión.

Estar rodeado por montañas blancas y vivir en cuevas era ya de por sí suicida pero eran lobos y habían aprendido a adaptarse, la visión era mucho más necesaria que los demás sentidos.

El Emisario de la manada sureña aliada llegó primero antes de que el sol se pusiera, un chico de la edad de Lía, con el cabello blanco y ojos como esmeraldas. Vestía una capa gris abrigadora con la vestimenta típica de su manada.

Como dictaba la tradición fue Lía, Tyler y Miranda, los dos hijos y la nieta del segundo y la tercera mano de la líder del clan. Aunque Lía era Emisaria por lo que era su deber recibirlo

Su nombre era Azriel.

-Vaya veo que nos volvemos a ver querida Lía- saludó cuando bajó de su caballo.

-Puedo decir lo mismo Azrie- respondió Lía sonriendo.

Se saludaron como lo hacían los lobos.

-Tienes suerte- anunció Lía- Eres el primero.

Mientras Lía y Azriel subieron a sus caballos de nuevo y emprendieron el viaje.

-Espero que estés lista querida Lía- dijo Azriel- El querido Kier ha descubierto de tu existencia por una borrachera.

Sonriendo de manera filosa Lía respondió.

-Que venga.


La manada del Sur, la manada Kuna.

Su líder era un hombre de cabello castaño de aproximadamente la edad de Nicole pero un hombre que inspiraba irritación y odio por parte de la manada. Kier.

Habían ido solo el círculo íntimo del líder (como era costumbre), todos hombres (como era su costumbre). Nicole estaba vestida con su ropa ceremonial, un vestido del color azul con detalles plateados que marcaba su silueta y en su cadera reposaba una espada de acero Luns. Su cabello rojo estaba suelto y caía con suavidad sobre la capa de cuero rojo que llevaba con el broche de plata con el símbolo de la manada.

Era una reina. Una líder.

La manada había decorado el campamento con antorchas la plaza central, con una mesa principal y varias haciendo círculo dejando el centro libre. La luz dorada de las antorchas hacían que se viera como un lugar sagrado (que lo era)

Observó que Mikey estaba sentado al lado de Lía, llevando ropa para la batalla y una capa más simple de color naranja, por su parte Lía vestía una túnica oscura con pantalones, la máscara era fría. Lía a su lado no se quedaba atrás, sus ojos eléctricos parecían retar a Kier a su lado a hacer algo, él a su vez trataba de no verla a los ojos sino al vestido rojo que marcaba su cintura y su pecho.

Nicole era una Líder, ante todo, nunca le había salido el ser fría y cruel. Había tenido que aprender cuando ya era mucho mayor que Lía. Incluso cuando ella llegó apenas si había aprendido algo.

Pero Lía era de otro temple, no había vivido lo que ella y Nicole sabía que había tenido que hacer lo que debía para sobrevivir.

-Que comience el festejo- anunció Nicole.


Los integrantes del clan hicieron lo que debían, algunos se dispersaron por el centro, los niños se quedaban en las mesas protegidos.

La fiesta fue larga y no tardó demasiado en que el segundo al mando se dirigiera hacia Lía.

-Vaya veo que sigues aquí bastarda- dijo arrastrando las palabras, Tyler le había dicho que no tenían resistencia alguna al alcohol.

-Está borracho- dijo Lía a través del lazo- No te preocupes.

Sabía que las emociones eran más fuertes, Nicole les había dicho que trataran de controlarse, apenas habían formalizado el lazo.

Mikey no mostró nada más que la máscara cruel.

Lía sonrió como una serpiente.

-Veo que usted sigue siendo tan idiota borracho como siempre- dijo calmada.

La noche siguió y cada uno se desenvolvió su papel bastante bien, Lía jugó con Tyler y Logan, para evitar que se enfocaran en Mikey y los demás. Los clanes del Sur intentaron jugar con ella pero todos advertían su mirada eléctrica y retrocedían.

Si, esa noche fue un tablero de ajedrez.


Lía no era desconocida para las manadas del sur, pero siempre guardando el secreto de que era hija bastarda. Bella y peligrosa. La nieta de Jayson Moore, loba y guerrera, era una espada forjada para la guerra. Y los sureños lo sabían.

Ella se había encargado de ello.

Bella, con el cabello rojo como el vino, rosa oscuro como la flor. Ojos tan azules como el mar, profundos misteriosos y eléctricos. Fría y calculadora para aquellos lobos.

Lía jugó con Tyler, bailando con él de manera lenta y cercana, jugó con Logan tocándolo de forma para provocar, su abuela la miró con aprobación detrás de la máscara de indiferencia.

El líder de la manada del sur la observaba y ella le devolvía la mirada desafiándolo a intentarlo.

Mientras la noche seguía, Lía y Sera se convirtieron en cosas oscuras y crueles, así como los demás, dejando que los sureños los vieran a ellos y no a los niños y los nuevos.

-¿Estas bien?- le preguntó Mikey a través del lazo mientras Logan jugaba con ella sentada en sus piernas.

-No hubiese querido tener el primer día oficial como compañeros de esta forma- respondió mientras seguía a Logan.

-Lo sé- respondió- No te preocupes.