Johnny estaba hablando.
Mercancías aquí, dinero allá.
Bla, bla, bla. Puras estupideces.
Sus ojos recorrieron la habitación. Había un par más de sujetos abriendo sus cloacas y dando opiniones, parloteaban sobre dinero, drogas o sobre armas y en realidad, el Joker no estaba de humor escucharlas.
En realidad, estaba de mal humor.
De hecho, ahora que lo pensaba detenidamente estaba de muy…muy…mal humor.
Se suponía que tenía un cargamento de bombas en un barco que no podía atracar en el muelle, y no había donde alojarlo. Un nuevo operativo de la policía le tenía las manos atadas. Y lo peor; en su ausencia habían surgido de repente nuevos criminales que sentían que debían probarse tratando de robar su barco ya que, aparentemente, la fama de haberle robado al Joker valía más que sus vidas. Pero no eran nada más que cucarachas novatas que creían que podían apropiarse de su ciudad valiéndose de su nombre.
Y no es que el Joker no adorara la fama, pero este nuevo club de fans, esta banda de niños, los "Jokers", lo estaban fastidiando más y más.
Además, estaba el otro…asunto.
Entre el odioso murciélago y Gordon estaban pisándole los talones más de lo normal, de un día a otro tenían las calles inundadas de novatos y no tan novatos policías que buscaban la revancha y todo por ese asunto.
…eso…
Las cosas no estaban saliendo como lo deseaba.
Todo lo contrario, las cosas estaban mal, mal y peor.
Y si en una buena ocasión eso lo tenía de mal genio, en una ocasión como esta, era mil veces peor, le sacaría los ojos al siguiente que se le pusiera de frente de no ser porque su mente estaba divagando.
Tap, tap, tap.
Un gruñido.
Nadie parecía notarlo, pero Frost había parado de hablar.
El dedo índice del Joker golpeaba rítmicamente la mesa, su otra mano viajó a su entrecejo mientras un rugido que parecía más animal que humano se escapaba de sus labios entreabiertos.
La gente a su alrededor, calló de repente.
Los ojos del Joker viajaron de un lado a otro en los papeles que estaban desperdigados en la mesa. Hasta que su mirada se colocó en el periódico que estaba justo en su línea directa de visión.
Oh si…eso…era un problema.
Ella…era un problema.
Ella…era un…maldito dolor en el trasero.
El Joker juntó ambas manos e inhaló sonoramente, ajeno a los ojos de los presentes que lo observaban como a un peligroso felino enjaulado.
Frost miró nerviosamente de un lado a otro. Conocía esa mirada de memoria, y llevaba tanto tiempo en este negocio que la idea que más lo tenía preocupado era la de que no quería tener que limpiar un desastre de sangre de la alfombra persa que acababa de robar a un prestigioso museo.
Levantó una mano haciendo una señal e interrumpió a la audiencia que iba calentando los ánimos. Uno de sus compañeros se acercó con un maletín plateado y después de introducir una clave en el cerrojo del maletín sacó un fajo de billetes que arrojó a la mesa. Los presentes lo miraron y pudo ver como en sus ojos el brillo de la avaricia hacía que olvidaran lo que sea que hubieran estado discutiendo minutos atrás, después de unas palabras los presentes se retiraran de inmediato como perros con la cola entre las patas y con los bolsillos más pesados de lo que jamás habían estado.
Frost se mantuvo en su silla, en silencio, simplemente atento a las órdenes del Jefe, callando mientras que los ojos del Joker estaban escrutando meticulosamente el periódico de la mesa. No era necesario acercarse a leer lo que decía la primera plana.
El nombre de Mackenzie "Hardback" Bock estaba en todos los titulares, en todos los canales, y en todas las redes sociales de ciudad Gótica.
A estas alturas todos sabían casi todo lo que se tenía que saber sobre el hombre: Soltero, alto, tez morena. Mackenzie Bock se ganó el apodo de "Hardback" debido a su insaciable hábito de lectura. Hasta hace poco, era el jefe de la unidad de crimen organizado del Departamento de Policía de Gotham City y era un oficial de policía extremadamente capaz, aunque algo desconfiado de los héroes vigilantes como Batman. Además del pequeño detalle que era de conocimiento general, de que el comisionado James Gordon estaba a punto de jubilarse y Bock, se rumoreaba, no tardaría en recibir un ascenso a jefe de policía.
El Joker se inclinó para recoger el papel y llevarlo a la altura de sus ojos.
Bock…Bock, Bock.
Bock era un imbécil, un estúpido, un normal, una pusilánime excusa de ser humano, corriente. Era un dolor para su imperio con sus redadas, toque de queda y puntos de control cuando estaba vivo y el pedazo de idiota no paraba de fastidiarlo ahora ni siquiera muerto. Se suponía que después de deshacerse de él, dejaría de causarle problemas, pero parecía que el sujeto no dejaba de arruinarle los planes desde el otro mundo.
Era su culpa que el murciélago lo estuviera importunando.
Era su culpa que la policía estuviera en medio de una cruzada por vengarlo.
Era su culpa que la pandilla de chiquillos; "los Joker" le estuvieran incomodando
Era su culpa que estuviera de tan mal humor.
El Joker estaba harto de escuchar sobre el idiota. ¡Mataba gente todo el tiempo!, ni siquiera llevaba la cuenta de cuantos, ¿Porque todo el mundo estaba obsesionado con este?
"Ciudad Gótica estaba de luto". Se leía en el papel, seguido de un montón de líneas sobre su grotesco asesinato y su honorable funeral.
Todos menos el Joker se lamentaban la muerte de tan prominente policía, un futuro brillante, una esperanza para la ciudad…era tan…tan…prometedor.
Prometedor.
Prometedor.
Prometido.
Prometida…
La foto era muy descriptiva, un montón de perdedores en uniforme de gala haciendo reverencia a una estúpida caja de madera. El Joker sonrió mecánicamente, al menos, la idea de que la caja solo podía contener un montón de carne molida le hacía el día. Sin embargo, lo demás lo disgustó. Un par de mujeres llorando, los que suponía eran parte de la familia del imbécil y al fondo una sombra, una silueta que a pesar de estar borrosa y e blanco y negro reconocería en cualquier lado.
¡Ese idiota policía!
¡Ese Bock!
¡Era su culpa!, ¡Era su culpa!
Él era el maldito responsable de que Harleen estuviera molesta con él.
El Joker estaba harto, enfadado y de mal humor, muy mal humor…
Arrugando el papel con ambas manos, lo desgarró hasta hacerlo trizas en el suelo.
Aquella vez cuando recién había escapado de Arkham, el Joker estaba seguro que regresaría con Harleen entre sus brazos, lista para ser llevada con él, lista para dejar atrás ése horrible cascarón que la contenía. El cascarón que representaba lo ordinario, ésa aburrida vida como doctora. Pero en lugar de eso se encontraba sentado esperando lo que parecían eternidades, difícilmente recordaba cómo había trepado la escalera de emergencia y se había colado por la casi inservible ventana del balcón.
Sus pensamientos se enfocaban en cómo había estado seguro de que a Harleen le daría el privilegio de morir de su mano. Por supuesto que quizás antes de eso, la hubiera dejado correr libre en Ciudad Gótica junto a él cuando saliera a jugar con el murciélago, quizás se hubiera dedicado a llenarla de lo más costoso que el crimen tenía que ofrecer o quizás podría llevarla a divertirse un poco en sus clubes. Después de que ella sintiera toda la emoción y diversión que existía en su mundo podría diseccionarla, destriparla, voltear sus entrañas de adentro a afuera, y una vez que la dejara hecha un piltrafo; podría analizar qué era eso que ella tenía dentro, esa cosa que provocaba que viera destellos en sus ojos. Encontraría finalmente qué era eso que llamaba a la bestia que tenía dentro de él como la mosca a la miel.
Entendería de dónde provenía eso que el denominaba "caos" y que se escondía en alguna parte dentro de ella.
Pero el golpe de realidad lo había dejado sin aire.
Recordar la deliciosa silueta de Harleen envuelta en el abrazo de alguien más a contra luz de los matices del próximo anochecer lo había tenido petrificado en su sitio.
El Joker respiraba rítmicamente en la profunda oscuridad, quieto sin mover ni un solo músculo. Sentado en una silla de plástico junto una destartalada mesa de formaica parecía un animal nocturno esperando el momento indicado para atacar, con la mirada reseca y embebida solamente en un solo punto frente a él.
Un poco de luz callejera se colaba por los cristales empolvados permitiendo la imagen de una la puerta de madera astillada, ajada y sellada por una cadena que ahora parecía más una burla que una verdadera medida de seguridad desde su posición dentro del departamento.
Las paredes con pintura descascarada formaban figuras severas que lo miraban desde otra realidad, pero el Joker, desde su lugar, estaba enajenado en las penumbras y cloacas de su mente. Cada uno de sus sentidos estaban siendo saturados sin piedad, las voces se callaron, el tiempo dejó de sentirse correr junto a él, las cosas que habían sucedido hasta ese momento se mezclaron en su mente como espuma en el agua, sin embargo, ninguna tenía sentido, sólo era imágenes al azar que no decían nada.
Había destellos de lucidez entre segundo, y no podía recordar si esa imagen de Harleen abrazando a esa persona o ésa dónde había dos amantes sumidos en un profundo beso era la realidad o un subproducto más de la cegadora furia, o de las voces, o de los químicos de A.C.E que envenenaban su mente como siempre.
Las visiones de Harleen con su sonrisa ensoñadora, todas esas veces en que durante sus terapias el brillo en sus ojos estaba titilando, todas esas veces que ella parecía pensar en él.
Aceptar que él no había ocupado cada segundo de sus pensamientos, el pensar que él no inspiraba cada fantasía que ella concebía. El significado de esa sortija en su dedo.
Harleen…
Simplemente no tenía sentido.
Era graciosísimo.
El Joker comenzó a reír por lo bajo llevándose una mano a la cabeza y revolviendo el cabello verde que caía con descuido por su frente.
¡Harleen!, la doctora que atendía al Joker. La única mujer en el mundo que había salido con vida de un enfrentamiento con él y que le había sostenido la mirada cuando éste le había propinado una paliza.
La única mujer en el mundo que tenía esa cosa en la mirada.
Ése caos.
La única mujer en el mundo que había captado su mirada.
¿Cómo era posible que Harleen con todo su potencial, toda su fuerza y perspicacia fuera a enterrarse en esa normalidad?
Y casándose con una persona ordinaria.
No podía asimilarlo.
Es gracioso.
Era una mala broma
¡Es excelente!
No lo es.
¿No?, No la querías, ¿Mmm?, querías deshacerte de ella, ahora no la tienes. Nada para ti. Nada. ¡Es excelso!
Era divertidísimo.
Los delgados y perfectos brazos de Harleen estrechándose alrededor del cuello de aquel sujeto, y el brillo de aquella sortija alrededor de su dedo. Todo lo demás, el resto solo era rojo, era rabia en el estado más puro, más primitivo.
Era esa cosa gritando dentro de él, distorsionada y fúrica, era eso que estaba en alguna parte dentro de él, eso que siempre se volvía loco cuando se trataba de Harleen, era esa cosa que estaba sencillamente energúmena.
Sus manos se tensaron clavándose las uñas en su carne, la textura y la sensación cálida y rugosa de sangre en las yemas de sus dedos le mandó una ola eléctrica recorrer por su cuerpo.
¡¿Qué diablos significaba esto?!
Era ridículo; era ridículo que el caos no le perteneciera al Príncipe del Crimen, al único hombre que podía entenderlo.
Harleen era suya, suya, suya.
La humillación.
La humillación de ser relegado a un segundo plato.
La humillación de no ocupar cada pensamiento de Harleen.
Harleen debía morir.
Harleen debe morir. ¿Mmm?
Harleen debía morir
¿Harleen debe morir?, no me hagas reír.
Si.
Harleen debía haber estado enamorada.
Si.
El Joker apretó los dientes.
La puerta de madera comenzó a trastabillar, el sonido metálico de una llave entrado a su cerradura inundó su ensoñación, la cadena se cayó y se abrió. La luz inundó la pequeña estancia invadiendo todo lo que alcanzaba a su paso, pero parecía que hasta la luz se avergonzaba al tocar la punta del zapato del Joker, como si supiera a quién estaba alcanzando y no se atreviera a avanzar.
El chirrido de la puerta al cerrase lo hizo levantar la mirada, el sonido de un par de zapatos en la duela, el revolverse de la ropa, un grueso abrigo colgado en un gancho próximo en la pared y una mano que ciegamente palmaba el aire hasta que finalmente dio con el interruptor que inundaría la estancia con luz por completo.
El Joker detuvo su respiración por un segundo, la presencia de Harleen parecía de pronto nociva para él, era como un miasma que inundaba sus fosas nasales. La furia que había estado gritando desgarradoramente de inmediato pareció silenciarse. Era como si solo saber que Harleen estaba cerca la hubiera callado.
El sonido de las llaves en cerámica, llamaron su curiosidad. El ver como Harleen terminaba de vaciar el contenido de su bolso en una mesita, la bata blanca quedaba abandonada junto al abrigo, sus tersas manos se fueron directo a su cabello deshaciéndose del broche que lo mantenía recogido en un complejo arreglo y lo liberaba para dejarlo caer alrededor de sus hombros, sus dedos que se hundieron en lo más profundo de su cabeza rompiendo las durezas del fijador que había mantenido su cabello en su sitio todo ese tiempo. Finalmente darse la vuelta y acomodar un mechón de su cabello tras su oreja al tiempo que soltaba un suspiro.
Todo era tan nuevo.
Tan perfecto.
Era como una droga, no la quieres, no la necesitas, sin embargo, una vez que la ves, sabes que no descansarías hasta no haberla poseído por completo. La sangre comenzó a correr más rápido en sus venas.
Tuvo que hacer uso de todo su control cuando se dio cuenta de que ese sonido en sus oídos era su propio pulso retumbando. Abriendo los ojos desmesuradamente un nuevo pensamiento se apoderó de él.
Harleen debía morir loca de amor por él.
¡Harleen debía amarlo a él!
A pesar de las gruesas gafas negras que usualmente llevaba puestas, el Joker no pudo evitar ver como los ojos de Harleen se entrecerraban y buscaban en la profundidad de la habitación hasta ver como se abrían desorbitados por la sorpresa.
¡Se había dado cuenta!
Harleen se había dado cuenta de que estaban juntos, en una misma habitación. Sin barreras, si camisas de fuerza, cadenas o guardias de por medio permitía que el ambiente fuera el que debió haber sido desde el primer momento que se vieron; tensión, electricidad, pura adrenalina.
Las comisuras de los labios del Joker se retrajeron en lo que sabía era una de sus más perturbadoras sonrisas. Colocó una mano en su pecho cuando sintió aquella cosa retorcerse en su interior, tenía que controlarla o de lo contrario la diversión se acabaría muy rápido.
Aun así, no pudo contener sus ansias.
Ella lo había notado.
"Adelante, Doctora Quin-zel", dijo en un tono burlón arrugando su camisa en su puño para mantener un poco de control. Tuvo que contener una risilla al ver como Harleen abría y cerraba la boca tragando saliva.
La chica estaba paralizada en su sitio sin poder moverse.
Probablemente por la impresión.
Ningún doctor desea que lo primero que ver al llegar a casa, es al paciente que recién se escapó del psiquiátrico sentado tranquilamente en una mesa como si fuera el dueño del lugar y mucho menos si dicho paciente era el Príncipe del crimen ciudad Gótica.
El Joker sabía que su presencia dominaba desde su sitio, en una pequeña silla plástica que apenas alcanzaba a sostenerse sobre el peso de su cuerpo. Cualquier otra persona se vería ridícula, pero no en él. Él un hombre de espectáculo, sabía aprovechar cada matiz de la situación y con su audiencia petrificada tenía más que la ventaja.
Además, lo estaba gozando.
Por primera vez en todos los años que conocía a Harleen tenía lo que siempre había querido de ella; su rapta y total atención.
El Joker disfrutaba como Harleen buscaba sin éxito la forma de dar crédito a sus ojos, esforzándose por distinguir cada uno de sus movimientos y determinar su estado de ánimo. Sus enormes ojos se abrían y sus pupilas se dilataban en esa mirada calculadora que había visto en ella desde el primer día.
Aun así, en el fondo Harleen parecía similar a la de una pequeña niña sorprendida por papá llegando tarde a su casa cuando su hora de llegada había sido hace horas.
Papi te atrapó en el acto Harleen.
Cabía la posibilidad de que esa emoción que nublaba su mirada fuera por el temor, pero Harleen no era de esas personas. Muy en el fondo ella mostraba cierta fascinación por el terror, aun así, desde desde su posición lejos de ella no podía decidirlo.
Quizás necesitaba evaluarlo más de cerca.
El Joker se levantó de su silla haciendo un show de ello, pasando un dedo por la mesa fingió inspeccionarla en la penumbra, se llevó ambos dedos frente al rostro y frotó su dedo índice con su pulgar soplando los restos de un polvo invisible. El Joker hizo una mueca y sacudió su mano con desagrado, después llevó sus manos a las solapas de su saco plateado y deslizó sus pulgares acomodando cuidadosamente cada uno de los botones sin poner atención al cabello desaliñado que caía sobre su frente.
"Con confianza Doctora, la estábamos esperando", anunció con una de sus más amigables sonrisas, un par de pasos adelante el Joker se inclinó sobre el haz de luz que se colaba sobre la ventana. Permitiendo que ésta iluminara sus facciones, aquella sonrisa perturbadora no desapareció de rostro ni un segundo, y el silencio era desolador. Ni siquiera los sonidos callejeros que se colaban de la puerta del balcón por el que se había trepado irrumpían en la tensión acumulada en el ambiente y eran más una melodía decadente.
Con las pupilas desubicadas Harleen expandió su pecho dejando que una corriente de aire llenara sus pulmones, haciendo sin querer que los ojos del Joker bajaran por un segundo distrayéndolo como si eso fuera lo más interesante que jamás había visto en su vida.
La mano de Harleen buscó a tientas sobre la pared hasta llegar a la mesa próxima los dedos de ella alcanzaron un rectángulo negro que temblorosa levantó de su sitio. En menos de un parpadeo, el objeto cayó en el suelo trastabillando. La tensión en el aire se podía cortar con un hilo, las respiraciones de ambos no se escuchaban en el silencio y en todo el tiempo que ocurrió aquello ni el Joker, ni Harleen habían roto el contacto visual.
Parecieron siglos después cuando Harleen bajó la mirada, desde el suelo, su teléfono celular mostraba un poco de luz neón reflejando la hora. Sus ojos recorrieron la distancia desde el suelo a su mano que estaba inmóvil y seguía hasta su brazo. Como en un cliché de película, la manga de su blusa estaba clavada en la puerta de madera que tenía detrás por un pequeño cuchillo con mango de marfil.
Harleen no hizo movimiento alguno para liberarse y se limitó a observar con clínica atención el arma. Aquella reacción sorprendió al Joker quien había puesto ese cuchillo ahí con la intención de que intentara. Agradablemente sorprendido, la felicitó mentalmente, pues sabía qué de intentarlo, Harleen solamente lograría arruinar aún más su blusa si decidiera tratar de sacar el cuchillo, aquel objeto estaba clavado con una precisión tal, que le sería imposible tratar de retirarlo.
Los ojos de Harleen viajaron del objeto clavado en la pared a los del él, quien no borraba aquella expresión rapaz y burlona de su rostro. Sólo unos centímetros más y el cuchillo habría atravesado su carne hiriéndole. El Joker lo había clavado ahí con la intención de hacérselo saber, hacerle saber que si hubiera querido ahora la tendría gritando por un brazo sangrante, y eso, al Joker, le hinchaba el pecho con orgullo.
"No, no, no, Doctora Quin-zel", exclamó separando cada una de las sílabas y rodándolas en su lengua, su mano seguía levantada en la misma posición que tendría después de haber lanzado el objeto. Aún así, la rapidez con la que había sucedido aquello la hizo pensar que el hombre tenía una velocidad sobrehumana cuando de cuchillos se trataba, era casi imposible que un humano normal cumpliera aquella tarea con esa ligereza y precisión.
"Creí que ya se lo había dicho la última vez…", dijo el Joker con una mueca burlon al tiempo colocaba ambas manos en su cintura y se acercaba paso a paso, haciendo que la suela de su zapato italiano arrastrara sobre el piso produciendo un sonido sordo hasta quedar frente a ella.
Era demasiado cerca, no había estado así de cerca desde Arkham.
Quizás nunca habían estado tan cerca.
La mueca desapareció.
"No me gusta…", murmuró el Joker inclinándose sobre ella, con la intención de intimidarla como lo solía hacer con el resto de los matones a los que manejaba a su antojo, pero se detuvo en seco al momento siguiente.
Era demasiado cerca.
La fragancia de Harleen asaltó de inmediato sus sentidos provocando que cada una de sus células comenzaran a despertar poco a poco como si de un estímulo eléctrico se tratara. Un aroma tan familiar; aquel hedor clínico, olor a medicina, a Arkham, a doctora…y a Harleen.
Era demasiado cerca.
No había estado así de cerca desde…que había intentado besarla.
¿Cuándo ella se echó atrás para evitarlo?
Cuando se había alejado.
El Joker inspiró profundamente, tenía que mantenerse concentrado, no podía distraerse solo porque Harleen era la espectadora más celestial que hubiera tenido. Para mantenerse enfocado, su mano izquierda golpeó con la palma extendida la puerta detrás de Harleen a tan solo unos centímetros de su mejilla y provocando que la puerta se estremeciera fuertemente.
"No, me gusta nada que invites amigos a nuestras fiestas...", susurró ronco después de una pausa. Los dientes metálicos del Joker se asomaron uno a uno por la comisura de sus labios rojos. Como un niño jugando su índice y dedo medio simularon pasos por la madera hasta bajar y cerrarse alrededor de la empuñadura del cuchillo.
"Recuerda que Jimmy, no terminó bien después de que tú…", tiró del cuchillo con fuerza haciendo temblar la puerta logrando que se destrabara en segundos, "…lo in-vo-lu-cra-ras Harleen", remarcó con un gesto brusco y mostrándole la punta del afilado cuchillo muy de cerca como si le estuviera confiando un secreto.
Harleen se llevó rápidamente su brazo recién liberado al pecho abrazándolo con su otra mano en un gesto protector, repasándolo de arriba a abajo como si no pudiera creer que éste estuviera intacto.
El Joker soltó un ligero gemido agachando la mirada, para después alzar la vista haciendo un gesto cómico, inhalo el aire cerca de ella llenando sus pulmones:
"Doctora, ¿Qué sucede?, ¿Acaso le ha comido la lengua el gato?", dijo llevando su mano detrás de su oreja, al tiempo que se giraba y le daba la espalda, "Y yo que creía que a usted le fascinaba hablar, insistía mucho en ello cada vez que nos veíamos; ¡Señor J!, No es cómo si estemos haciendo un gran progreso…nunca hablamos de nada serio…solo quieres hablar de mí… Señor J, no te interesa la terapia…blah, blah, blah", se burló él imitando una voz aguda como la de Harleen.
"Suficiente Señor Joker…", mustió ella anonadada, sorprendida de sí misma al poder recuperar la voz.
Regresamos a "Señor Joker".
Si.
¿Qué pasó con "Señor J"?, ¿Mmm?
Doctora Quinzel.
¿Qué pasó con "Harleen"?…
Ella es la Doctora Quinzel.
"Harley" ...
Doctora Quinzel.
"Puddin'?"…"Pud…"
Esa maldita sonrisa. ¡Silencio!… ¡Silencio!… ¡Cállate!, ¡Cállate!
El mutismo y la tensión se apoderaron del ambiente de nuevo, sonaba casi como un error cuando la voz de ella llegó a sus oídos clara y serena como si no estuviera pasando nada. Era como si se transportara a Arkham y fuera un viernes por la tarde, un viernes en Arkham en su terapia era perfecto, su momento a solas con ella.
"No se supone que usted este aquí", mustió Harleen entre dientes, era casi una reprimenda, un regaño como los que acostumbraba. Una ola de emoción le recorrió la espina dorsal.
A pesar de estar de espaldas, el Joker podía sentir como Harleen se recomponía pedazo a pedazo, era como si las ruedas de su mente hicieran eco con las suyas, sabía que estaba trabajando a mil por hora, analizando cada uno de sus gestos, no se le escapaba nada de este show. Esta era una de las razones por las que adoraba pasar el tiempo con ella; siempre sabia como apreciar cada detalle.
No cabía duda de que Harleen siempre era una chica muy divertida.
De cero a cien, la chica ya estaba barajeando sus opciones para obtener la mano dominante. El Joker sonrió complacido, miró a su alrededor con desdén reparando en cada detalle como si no hubiera estado memorizando cada detalle del lugar minutos antes de que ella llegara.
"No veo por qué no Harleen, debo admitir que no me gusta lo que has hecho con el lugar, parece un albergue abandonado", comentó como si hablara del clima, "Yo soy de los tipos que prefieren algo más estilo gánster para la decoración, pero no me voy a quejar".
Ella se limitó a sostener su mirada adustamente, adoptando un aire impasible se frotó las manos como sacudiendo algo desagradable. "Usted sabe muy bien de lo que estoy hablando; no debería estar aquí", repitió Harleen ignorando su comentario, con una voz más firme y segura a cada palabra.
Por alguna razón aquello disgustó al Joker, esperaba más de Harleen, ¿Acaso iban a jugar a la rutina de la doncella en peligro?
Decepcionante.
"¿En dónde se supone que debería de estar Harleen?", preguntó el Joker sonriendo entre sus dientes plateados y metiendo sus manos en sus bolsillos, "Me interesa tu opinión, sería estupendo si tú me dijeras dónde debo estar, es más, tengo el auto estacionado a una cuadra de aquí, tu dime dónde y en un rato llego."
Harleen abrió y cerró su boca varias veces como buscando las palabras, pero se limitó a posar su mirada en el suelo.
¿Dónde esta la reacción? La flameante intención de ganarle.
Ella lo estaba molestando.
Decepcionante.
Harleen no valía la pena el tiempo. Le había estado haciendo perder el tiempo.
"¿Dónde Harleen?, ¿Debería estar en mi celda quietecito?, o tal vez debería estar en mi cama del hospital con tus colegas rellenándome de medicamentos como un pavo en navidad, o aún mejor debería estar en tu consultorio esperando a que a ti, se te venga en gana, llegar a terapia…" dijo el Joker dejando escapar como una válvula el enfado que lo estaba dominando por la decepción.
Ella enarcó una ceja ante el despliegue y se limitó a balancear su peso de un lado a otro para avanzar unos pasos adelante. El Joker estaba a punto de levantar su puño, molesto por su silencio cuando ella levantó una mano.
"No me refiero a eso" interrumpió Harleen la creciente letanía del Joker acomodando la manga de su blusa. El Joker apretó los puños, esta niña lo estaba haciendo enojar.
¿Interrumpirlo?, ¿Acaso Harleen no tenía idea de eso no hacía más que instigar la irritación que ya venía apoderándose de él? El Joker no soportaba que lo interrumpieran, era una de las peores ofensas que podían hacerle, ni siquiera Batman se atrevía a interrumpir su show, ¿Y esa trágica excusa de niña-doctora se atrevía a venir a dictarle?
Cerró la mandíbula de golpe resistiendo el impulso de tomar su arma. Sus dientes hicieron un ruido al chocar el uno con el otro, pero Harleen pareció ignorarlo por completo.
"Su guarida", continuó ella, "O cualquier lugar de mala muerte, en donde sea que usted viva cuando no está en Arkham. Hablaba mucho de sus negocios, a estas alturas, yo pensaría que usted estaba desesperad por volver a dirigir su…- ¿Cómo lo llamaba? - su imperio". Terminó ella con una ligera sonrisa burlona.
El Joker cerró los dientes con fuerza, y sus dedos se estremecieron deseando alanzar su arma. Nadie podía burlase de esa forma del Joker, él era el Rey de Ciudad Gótica. Le habría cortado la lengua a cualquier otra persona por un comentario menor a ése.
Harleen levantó los ojos al cielo dejando ver con claridad el tono azul tan perfecto que casi le corté el aliento. "O debería estar peleando con el hombre que se disfraza de murciélago y anda corriendo por las calles vestido en mallas" comentó ella cruzándose de brazos. "Únicamente yo sé cuánto se ha divertido llenándome los oídos a tope con el tema de Batman durante todos estos años."
El Joker azotó su mano en la mesa comenzando a reír a todo pulmón.
Harleen era oro.
Sencillamente oro.
En un segundo la tenía contra el extremo del cañón de su pistola y al siguiente no sabía qué hacer con ella, y lo hacía estallar en risas.
"¿Acaso dije algo gracioso?", preguntó ella con un tono de lo más serio y un rostro totalmente inescrutable.
"No, en lo absoluto, continua por favor", animó el Joker tomando asiento nuevamente en la silla plástica, dándole la señal para que continuara y colocando sus manos bajo su mentón brindándole una rapta atención.
Harleen por el contrario no hizo ningún comentario y se limitó a soltar un suspiro, se cruzó de brazos y le sostuvo la mirada con una ceja enarcada,
"Hace unos días que escapó de Arkham" explicó, "Yo esperaría oír como corre rampante y desenfrenado por las calles, aun así, lo primero que hace es venir aquí, a irrumpir en mi casa como si estuviera desesperado por volver al psiquiátrico".
El Joker apretó la mandíbula irritada. A esta niña se le olvidaba quién era el dueño de ciudad Gótica, que todo lo que había ahí le pertenecía. Se le olvidaba que él era su dueño.
"¿Qué hay de malo en una visita entre amigos?" respondió el Joker burlón, "Pasaba por el vecindario y decidí pasar a dar una pequeña visita"
"No se haga el inocente", lo acusó Harleen por encima de las gruesas gafas negras, "Estoy segura de que el Joker tiene cosas mejores que hacer que estar fastidiando a su terapeuta".
"No quería perderme mi terapia", respondió el Joker en tono casual
"Yo pensé que estaría más interesado en volver a lo que sea que haga cuando no está entrando y saliendo del manicomio", comentó Harleen en un tono casual.
El Joker entrecerró los ojos.
¿Harleen pensaba?
¡Qué delicia!, Harleen pensaba en él.
No pudo evitar que la comisura de sus labios se levantara ligeramente ante la expectativa de que Harleen dedicara sus pensamientos a él.
"Bueno Harleen, había ciertas cosas que tenia que resolver fuera de Arkham entiende que no puedo dedicar todo mi tiempo a ti", juntando las palmas de las manos el Joker suspiró impaciente.
"¿Qué pretende?" preguntó ella dando unos pasos más cerca como si las rodillas no le hubieran estado temblando segundos antes.
El Joker se llevó una mano al pecho "¿Yo?" exclamó inocente. Había que admitir que su aplomo era algo que volvía loco al Joker, era increíble verla retomar su aplomo y como se recomponía con tanta facilidad.
"Ambos sabemos que usted no tiene nada que hacer aquí, de hecho, le agradecería mucho que se retirara. Se está haciendo un poco tarde",
Harleen no podía ser tan densa como para creer que ella podía dictar sobre lo que debería y lo que no debería hacer.
"Me ofendes Harleen", respondió el Joker entre dientes.
Él era el Joker y, él y solo él, podía decir cuando dejaba de jugar con su juguete.
Y Harleen era su juguete.
Suya.
Mia.
No tenía ningún derecho a decir lo que debía y no debía hacer. Harleen se estaba pasando del límite.
Se levantó rápidamente tumbando la silla en el proceso y poniendo ambas manos sobre la mesa. No pudo evitar notar que Harleen se estremeció en su sitio, pero no dio señales de dar ni un paso atrás, lo que, en el fondo, lo tenía encantado.
"Doctora Har-leen" canturreo el Joker entre dientes, mientras hacía que la punta de su cuchillo arrastrara sobre la superficie de la mesa. "Está olvidando que soy un enfermo mental fugitivo"
Harleen lo miró incrédula, ¿Enfermo?, ¿Vamos a tener esta conversación de nuevo?, pareció preguntar con la mirada.
"Estás olvidando Harleen, que soy el Joker, y como el Rey de Ciudad Gótica yo decido con qué y con quien hago lo que quiera, y ninguna estúpida doctora de quinta como tú, va a venir a decirme qué hacer" rugió entre dientes emanando una energía felina tenebrosa.
¿Dónde estaba el miedo? Cualquier persona normal estaría temblando de miedo. ¡El Joker quería miedo! En su lugar estaba esa maraña. Ésa interesante mirada llena de…
Caos.
Ansiedad.
Tumulto.
Necesitaba saber que era eso.
Esa perfecta caótica mirada.
El Joker dejó salir un suspiro y regresó la sonrisa a su rostro. Auténtica o no, una sonrisa en su rostro siempre era perturbadora. Sin embargo, esta vez el Joker vio la misma sonrisa reflejada en el rostro de Harleen. Podía verlo; aquel océano en sus ojos azules se estaba abriendo, olas gigantes se aproximaban listas para chocar contra él, grandes tempestuosas y perturbadoras, además de un ligero temblor en su exhalación a ella no pareció perturbarle en lo más mínimo el peligroso despliegue del Joker.
"Por el contrario" indicó Harleen, "Precisamente por qué sé quién es usted me extraña su conducta, no se me ocurre ninguna buena razón por la que molestar a su terapeuta en medio de la noche sea una prioridad para un mafioso que se disfraza de payaso"
El Joker estalló en risas.
Oh Harleen, era la única mujer capaz de hacerlo querer matarla y al segundo siguiente hacerlo tan feliz.
Era sencillamente un poema esa mujer.
"No es gracioso señor Joker", reprendió Harleen con el ceño fruncido tratando de hacerse escuchar por encima de las estrepitosas carcajadas sin mucho éxito.
El Joker detuvo su risa de repente y levantó el cuchillo al nivel de su vista.
"No olvides, Harleen, que yo soy el único que puede decidir que es gracioso y qué no lo es", el Joker hizo girar el objeto entre sus dedos índice y pulgar sin ninguna dificultad, "No quiero tener que terminar esta velada tan encantadora antes de tiempo"
"No lo creo", respondió ella en un murmullo. Harleen acomodó las gruesas gafas negras sobre el puente de su nariz antes de dejar escapar un suspiro. Dio unos pasos alrededor de él estaba y recogió la silla colocándola nuevamente en su posición original
El Joker no le quitó la mirada de encima, pero ella sólo le sonrió de la forma en la que lo haría con un niño impaciente y se dirigió a la cocina.
Era enervante cómo Harleen no parecía alterarse cada vez que él la amenazaba.
"Hay pocas razones por las que usted decida venir a visitarme" dijo Harleen revolviendo en unos cajones hasta que sacó una tetera y puso a calentar un poco de agua, "Cabe la posibilidad de que usted viniera a matarme, y no lo descarto, pero poco a poco me parece menos probable" mencionó casualmente mientras sacaba un par tazas.
Intrigante
Ella era intrigante.
"¿Cómo estas tan segura de que no vengo a matarte?" cuestionó él sin dejar de mirar como sus perfectas manicuradas manos se movían para preparar una taza de té con una cantidad casi exagerada de azúcar.
Harleen tomó la taza y se sentó en la otra silla frente a él mientras tomaba un sorbo de su taza y cerraba sus preciosos ojos azules.
"Porque de ser así no se habría molestado en hacer conversación" respondió bajando la taza y colocándola frente a ella en la mesa. "Usted es uno de los gatos grandes que le gusta jugar con su comida, pero al mismo tiempo es impaciente cuando de probarla"
Una corriente eléctrica recorrió la espina dorsal del Joker y se descargó directamente en su entrepierna, había algo erótico en la idea de que Harleen se refiriera a sí misma como un bocadillo. El Joker estaba fascinado, era como si se hubiera transportado nuevamente a Arkham y estuvieran en una sesión de terapia. Sentía su cuerpo frío como si no le respondiera, y por alguna razón que no alcanzaba a comprender sus ojos no podían dejar de buscar el caos.
La tempestad.
Lo que sea que fuera aquello que le permitía a Halreen estar tan tranquila cuando estaba frente a ella.
¿Harleen?, ¿Qué haces Harleen?
El Joker trató de respirar, pero se encontró imposibilitado, sus pulmones se negaban a moverse, era como si la electricidad lo hubiera paralizado.
Necesitaba…
Necesitaba…sólo…un poco…
Ella sabía perfectamente lo que estaba haciendo. Sabía que lo estaba provocando deliberadamente. La taza en la encimera de la cocina lo decía todo. Eran dos tazas y sólo había traído una consigo a la mesa.
Ella sabía lo que le hacía a su cabeza cuando estaba tan cerca.
Ella debía saberlo.
"Eres una pésima anfitriona", refunfuño el Joker cruzándose de brazos y volviéndose a sentar en la silla.
"No esperaba visitas", respondió Harleen sin dejar de dar vueltas a la cucharita de su taza.
El Joker se irguió e hizo una señal con los ojos a la otra taza, Harleen sonrió y se levantó para traer la taza desde la cocina y dejarla sobre la mesa. Se sentó nuevamente frente a él y reanudo su escrupuloso estudio de la taza en sus manos.
La mirada penetrante del Joker se clavó de repente en el pequeño objeto alrededor de su dedo. Su garganta se cerró y de repente era muy consciente de lo que había venido a hacer.
La imagen de los amantes volvió a cruzar su mente como un parpadeo después de un flash.
La taza en la mesa, sus manos alrededor del objeto. Ese pequeño brillo en su dedo. Todo comenzaba de nuevo a oscurecerse y a volverse en tonos rojos.
"No", gruño el Joker con la mirada perdida, "Claro que no". El cuchillo dejo de dar vueltas entre sus dedos. "Dime Harleen, ¿Qué hay del espectáculo de hace rato?"
Ella lo miro como si no entendiera.
Parecía confundida.
Como si después de años de terapia en los que ella entendía perfectamente cada una de sus palabras no hubieran existido jamás. Podía ver a su inteligente cabecita rubia trabajar a mil por hora sin entender una sola cosa de lo que decía.
Como si nunca hubieran podido hablarse el uno al otro con solo una mirada.
Por un segundo, el Joker notó en aquellos ojos azules la misma expresión de confusión y desdén que le habían dedicado las docenas de doctores que lo habían intentado tratar en Arkham.
De repente, podía sentir la fragancia de los medicamentos, las cadenas, los guardias.
Era como ver las cosas a través de una lente que se hacía cada vez más pequeña.
"Harleen, pareces una niña atrapada con la mano en el frasco de las galletas", se acercó peligrosamente sobre la mesa gruñendo por lo bajo.
Harleen sostuvo su mirada y detuvo el movimiento de la cucharilla como si de esa forma pudiera concentrarse más. Contenía el aliento.
Por primera vez en años de conocerla, aquella extraña conexión que existía entre ambos estaba totalmente apagada, no había ningún atisbo de reconocimiento en sus facciones.
Era como un brazo cercenado de un corte limpio, la sangre fluye a través del miembro, pero en lugar de llegar a su destino simplemente se desparrama sin rumbo.
Y el Joker sabía perfectamente que el responsable era el sujeto que había visto minutos antes con su Harleen en brazos.
¿Cómo podía permitirlo Harleen?
No va a pedir perdón.
Ella debía saberlo.
Estúpida, estúpida, estúpida.
¿Por qué?
"¡Doctora Harleen!, ¿No vas a hablarme del galante caballero de hace un rato?", pregunto entre dientes tratando de controlar el gruñido de su garganta que deseaba explotar en gritos. Trató de enmascarar sus movimientos un tono ligero, como si no le diera importancia, como si su cuerpo no estuviera desesperado por sacudirla.
Un brillo repentino se apoderó de los ojos azules, era esa cualidad soñadora que había visto tantas veces en Arkham. Cómo si con solo pensarlo Harleen estuviera a miles de kilómetros de ahí.
Antes había pensado que era él quien estaba al otro lado de la ensoñación, que era el responsable las sonrisas y suspiros. Saber ahora que simplemente era una sombra entre ella y el pequeño caballero provocaba que esa cosa en su interior se retorciera desesperadamente.
Harleen pareció pasar por un momento de reconocimiento para regresar a su mirada a la suya.
"No entiendo", se limitó a responder con un poco de picardía que en cualquier otra persona hubiera malinterpretado con hipocresía, el problema era que Harleen hablaba con una sinceridad casi aterradora.
"¿No?", insistió él con un tono de advertencia. Le estaba dando una oportunidad, una oportunidad para que le dijera que aquel hombre solo era un juguete, que no tenía nada que hacer entre él y ella.
"No te hagas la tonta Harleen, sabes muy bien de lo que estoy hablando, sabes bien qué era lo que estaba sucediendo en Arkham, no eres tan idiota como para no saberlo"
La imagen de Harleen en los brazos de aquel sujeto no dejaba de inundar su visión, sus células estaba una a una alerta a cualquier movimiento, y la cosa de su interior era cada vez más difícil de ignorar.
No podía ser tan…tan…
Ella debía saber que era perfecto.
Esa anarquía en sus ojos.
Harleen abrió la boca para contestar un par de veces, pero terminó haciendo un puchero. "Señor Joker, usted es…Rey de Ciudad Gótica, una idea, un concepto, yo únicamente soy el pequeño ratón con el que jugaba mientras estaba en la jaula" dijo ella sin titubear.
"Estabas jugando, ¿Crees que puedes jugar conmigo?" replicó en un tono de advertencia.
"No" respondió ella rápidamente. "Se perfectamente de lo que es capaz" comentó con una sinceridad total.
Esa habilidad de parecer tan tranquila frente a él, cómo si todo el show de haberla clavado con su cuchillo en la puerta no hubiera sucedido. Para ella no había diferencia entre tenerlo encadenado en su consultorio en una de las salas de Arkham y tenerlo frente a frente con un cuchillo entre los dedos un arma bajo el brazo.
Aquella calculadora mirada azul no se inmutaba en lo más mínimo.
¿Se sentía tan segura en su presencia?
¿Creía que era inmune?
¿No sabía la pequeña estúpida que estaba frente a frente con el Rey del Crimen?
Su nombre causaba terror en las calles, las personas no se atrevían a respirar en su presencia y esta chiquilla simplemente se sentaba a tomar una taza de té frente a él como si nada.
Como si nada.
Como si nada.
¿Acaso creía que aquel diminuto policía la mantendría lejos de él?
¡Que aquel sujeto sería su salvador!
El aire se hizo pesado, todo se distorsionó a su alrededor, las voces de su cabeza que siempre estaban haciendo un escándalo estaba totalmente mudas, solo podía escuchar un pulso que parecía un martillo.
El Joker se llevó ambas manos a la cabeza y deslizó los dedos entre sus cabellos haciendo un ademán como si se estuviera jalando los mechones, el aire no pasaba por su garganta, sus ojos no podían ver más que las manos de aquel sujeto sobre la cintura de ella.
"¿Entonces qué figura en todo esto?" dijo en un tono gutural dando un manotazo a la taza en la mesa haciendo que esta se estrellara en la pared salpicando su contenido u fragmentándose en pedazos, "¿Es eso por lo que te sientes tan segura?" continuó azotando su cuchillo sobre la mesa, "¿Crees que un imbécil como él puede protegerte?, ¡¿Crees que va a cambiar algo?!", gritó iracundo.
El Joker obtuvo una descarga de felicidad al ver como los ojos de ella se abrían de sorpresa, lo había visto cientos de veces, solo necesitaba un empujón más y por fin, por fin vería una mirada de temor inundar sus bellas facciones.
Sólo un poco más.
Sólo un poco más.
El brillo de la sortija se coló entre la nubosidad de su mente. Una baratija que no merecía una reina como ella. Un símbolo de lo absurdo.
Sólo un poco más.
Con un movimiento rápido tomó su mano y la colocó en la mesa con los dedos extendidos provocando que Harleen perdiera el equilibrio haciendo que tuviera que asirse del filo para no terminar en el suelo.
"¡Dime qué opinas de tu protector ahora Harleen!" dijo él entre risas, "Si es tan maravilloso, ¿Dónde está ahora?" le preguntó el Joker burlándose mientras su cuchillo estaba justo encima del dedo anular de Harleen amenazando con mutilarlo en cualquier momento.
El silencio sepulcral solo tardó unos segundos que parecieron años cuando fue interrumpido por un laborioso jadeo, el Joker no tardó en reconocer que era su aliento incontrolado y que eran sus brazos deseosos por deslizar el filo sobre esa delicada piel.
Si lo hacía, lo haría de un corte tan fino tan suave que la sangre brotaría de la forma más sutil, artística que pudiera. Ése sería el método perfecto para deshacerse de esa odiosa sortija y de la imagen de es sujeto consu Harley.
Estarían libres para estar juntos, para poder llevarla consigo a su mundo.
Solo tenía que hacer un corte, le dolería un poco, pero era un pequeño sacrificio que Harleen debía aguantar.
El movimiento fue lento y casi metódico, un poco de presión hizo que una pequeña gota de sangre se deslizara para recorrer la circunferencia de ese dedo hasta bautizar el metal de la sortija, casi poético.
No estaba preparado cuando la cosa de su interior de reveló ante sus acciones retorciéndose como si el cuchillo se lo estuviera clavando a sí mismo y no a Harleen. Un gemido lo sacó de su estupor y sus ojos buscaron entre las tinieblas y luces rojas la fuente. Sus ojos se encontraron con los de ella.
No había temor.
Había asombro, sorpresa, confusión.
A pesar de que tenía un cuchillo a punto de cortar su dedo lo único que había en la mirada de ella era…
Caos.
Anarquía.
El ceño de ella estaba fruncido, parecía una expresión de enfado. Cómo en un sueño pudo ver los labios de ella moverse, pero no entendía lo que decía.
Todo parecía tan lento.
Sentía el pulso de cada una de las células de su cuerpo al funcionar, el movimiento del aire que Harleen dejaba entrar y salir de su boca, probablemente resultado de la adrenalina. Todo aquello se mezclaba y no permitía distinguir un sonido del otro. Era estruendoso, estridente, estrepitoso, ruidoso, escandaloso; era demasiado.
"¿Qué se supone que haga?, ¿Qué quiere que haga ahora señor Joker?" la escuchó preguntar como si estuvieran separados por kilómetros y no estuvieran uno frente a otro.
Pero de nada sirvió porque no entendía nada, apara él era como si un montón de estática sin sentido hubieran salido de su boca.
De sus perfectos labios.
Poco a poco hizo que su aliento se mezclara con el de ella, era la única manera de detenerlo, tenía que acercarse. Cerró la distancia entre sus labios y los de ella. En aquel breve contacto pudo escuchar como la estática se disolvía en una extraordinaria explosión y se transformaba en una corriente eléctrica que atravesaba cada una de sus células.
Inclinó su cabeza con más insistencia tratando de acercarse más a la fuente de aquella sensación provocando que otra ola de sensaciones eléctricas le recorriera el cuerpo y la explosión de sonidos inundara su mente.
El cuchillo quedó olvidado y ambas manos del Joker tomaron las muñecas de ella haciendo que ella se inclinara más sobre la mesa para no perder el equilibrio. Sus pulmones necesitaban aire desesperadamente, pero no podía detenerse, sólo necesitaba un poco más.
Un poco más.
Estaba tan perdido que no podía darse cuenta de que las manos de ella luchaban por liberarse, Harleen giró la cabeza en un movimiento brusco haciendo que por un momento perdiera el contacto.
El Joker sintió que perdía sus sentidos y no los podía recuperar hasta que no encontrara el camino de regreso a su boca, rápidamente pudo rozar sus labios con los de ella, sintiendo un segundo el contacto, pero Harleen había recuperado sus manos y daba un paso atrás separándose a una distancia casi dolorosa al tiempo que giraba el rostro a un lado como si el alejarse no fuera suficiente.
Desde el otro lado de la mesa lo miraba indignada tratando de contener la expresión de asco y desagrado. Sus mejillas encendidas y el manchón rojo de labial que recorría de sus labios a sus mejillas, dónde segundos antes habían estado sus labios era una evidencia de que lo que había sucedido era tan real, como la expresión de repudio hacia él.
"Suficiente" murmuró ella respirado entrecortadamente. En un deja vu la mano de ella se fue a sus labios tratando de limpiar lo que suponía era la sensación de los labios de él sobre los suyos, como si así pudiera eliminar el fantasma de su contacto. "He tratado de mantenerme al margen durante todo este tiempo, entiendo cuál es su naturaleza y su objetivo con Batman, Ciudad Gótica y sus negocios" continuó ella sostenido la mano que tenía la sortija, "¿Acaso no he respetado su autoridad?, yo no tengo nada que hacer entre usted y su mundo, así como mi relación con Bock no tiene nada que ver con mi trabajo con usted".
Hasta antes del incidente con los químicos en ACE, nunca había experimentado algo similar. El Joker comenzó a reír; era absurdo.
Había pasado años saliendo y entrando en Arkham, pasaba su vida corriendo desatado en Ciudad Gótica sembrando el terror y divirtiéndose con Batman, arrebatando todo lo que deseaba y destruyendo todo a su antojo.
Él era un showman, un hombre dedicado a su público. Conocía a Harleen desde hace años y la había estado trabajando durante todo ese tiempo para doblarla a su voluntad y cumplir con sus expectativas.
Y lo absurdo…
Y lo ridículo…
Era que ella nunca había estad enamorada de él.
Y lo estúpido en todo aquello era su papel, el Joker, experto manipulador no había manipulado nada porque la chica frente a él no era diferente en lo más mínimo a la chica que había conocido en un inicio.
Ella no lo amaba. Y lo que era peor; nunca había siquiera fingido amarlo.
Harleen con sus gruesas gafas, cuerpo esbelto y perfecto erguida frente a él, en toda su gloria en todo su orgullo, lo miraba como un niño que estaba haciendo un berrinche en el supermercado, como si solo se tratara de una pataleta que no podía controlar. El beso que para él había sido un asalto total a sus sentidos, una experiencia al Nirvana, para ella no había sido más que una rabieta.
Y todavía tenía el descaro de ordenar, de decir que era suficiente.
"¿Suficiente?" repitió el Joker sintiendo como la furia y la cólera trepaba hasta su cabeza.
¿Cómo era aquello suficiente?
"¿Suficiente?" repitió el Joker.
¿Cómo era posible que aquello fuera suficiente?, ¿Cómo era posible que reaccionara así a su contacto, pero aceptara el de aquel sujeto con ligereza?
¿Desde cuándo una Reina es capaz de soportar las manos de un plebeyo?
¿Acaso había buscado los labios de aquel sujeto con anhelo, al igual que él había hecho con ella?
No, no, no, ¡NO!
La risa se hizo cada vez más retorcida y su respiración más agitada, solamente era capaz de ver las llamas de la ira que lo comenzaba a consumir.
Era un enojo, un enfado insoportable que lo recorría y se burlaba de él. Bajó su mirada para ver como por primera vez sus manos temblaban. Enojado consigo mismo por el poco control que tenía sobre la situación y su propio cuerpo decidió que era mejor ponerlas a trabajar.
De un solo movimiento empujo la mesa haciendo que una de las patas se venciera y terminara destrozada en el suelo.
Caminó como una pantera arrojándose sobre su presa acortando la distancia entre ambos en un segundo y tomándola de los hombros la arrojó hacia la pared más próxima provocando un sonido sordo cuando la nuca de Harleen hizo colisión.
"Yo decido cuando es suficiente Harleen" le dijo dando un paso en su dirección. El zapato de piel piso el charco de líquido que había en el suelo provocando que el filo de su pantalón se humedeciera. "Tú eres mi juguete y yo decido cuando y cómo te tiraré a la basura" le recalcó ajustando las mancuernas de su camisa.
Harleen hizo un esfuerzo por incorporarse al tiempo que llevaba una mano a su cabeza tratando de recuperarse del impacto. Cuando por fin pudo controlar la punzada de dolor, se irguió apoyando su espalda en la pared. Harleen agachó el rostro y con sus manos retiró las gafas doblándolas con cuidado para colocarlas se el escote de su blusa.
¿Por qué esta chica era tan valiente?
"¿Dónde está ese tal Bock?", preguntó el Joker pronunciando el nombre con desprecio. Se acercó hasta quedar a su nivel. Harleen temblaba, las rodillas a penas podían sostenerla, sentía su pulso acelerado y la tensión de su cuerpo, y ni así retrocedía un centímetro ante él.
"Es un policía ¿No?" preguntó con rabia a penas contenida "¿Por eso te sientes tan segura de él?, ¿Crees que te va a proteger de mi?" gritó entre risas sarcásticas. Volvió en sus pasos sin dejar de reír y pateó los restos de la mesa en el suelo sin importar que estos se fragmentaran más.
"¡Eres más estúpida de lo que creí Harleen!" le dijo gruñendo peligrosamente. "¡Prefieres la mugre, la bazofia, la inmundicia al toque de un Rey!"
El Joker hizo que su mano chocara repetidas veces con la pared detrás de Harleen haciendo cada vez más fuerte y ensordecedor el sonido de los golpes y ni así pudo hacer que ella pestañeara. Ella subió su mirada y lo que vio le cortó el aliento;
Ella estaba enojada.
La furia que él a penas contenía estaba reflejada perfectamente en los ojos azules, tormentosa y sin ningún filtro.
Las pupilas del Joker se dilataron y su confusión cedió con tan solo ver lo que había ahí.
Y lo absurdo…
Y lo ridículo…
Y lo gracioso de todo eso…
Era que ella nunca había estad enamorada de él.
Que todas esas expresiones de cariño y ternura, aquella ensoñación no era por él.
Era tan, tan, tan divertido.
¡Harleen estaba enamorada!
Harleen estaba enamorada de su pobre caballerito de azul.
¡Ella no lo amaba, sino que amaba al tal Bock!
El Joker colocó ambas manos a los costados de su sien, "¡Oh Harleen!" dijo en un jadeo "No me digas que…que tú… ¡Que estas enamorada de él!" exclamó en una mezcla inteligible de lo que era un jadeo y una carcajada.
Era una estúpida, una mediocre, una idiota, una normal y corriente que no era capaz de ver nada. Era una ciega.
En breves segundo estuvo parado frente a ella, la atrajo del brazo. Ella aún se encontraba débil y no opuso mucha resistencia. Le hizo mirarlo jalando sus cabellos y colocó ambas manos en sus mejillas. Harleen frunció el ceño y con sus mejillas encendidas.
En cualquier otra ocasión aquella expresión orgullosa le habría encantado, pero la cólera que sentía no le permitía ver más allá de la idea de que ella estaba enamorada de un imbécil. Pero no estaba preparado para lo que vendría después, Harleen cambió de expresión una gélida mirada y lentamente colocó sus manos sobre las de él retirándolas.
"Sí" se limitó a contestar fríamente, "¿Cómo no voy a amar a Bock?, él no es un prófugo de Arkham. Este es el mundo real, no el mundo en el que usted vive, ni en el que vive Batman. Yo vivo en el mundo real, no en el que Hiedra, Bane, Scarecrow o usted pasan el tiempo", puntualizó ella con una sonrisa cínica, "Yo soy real" terminó ella como si escupiera veneno.
No, no, no, ¡NO!
La visión se le nubló, El Joker sabía que ella había alcanzado un punto de no retorno.
Había firmado su sentencia para morir. Sentía rojo, un enfado insoportable que lo recorría y se burlaba de él y sabía que debía matarla, las voces en su cabeza le rogaban por que tomara su cabeza y la destrozara golpeándola contra la pared.
Siguiendo el instinto primario jaló de sus preciosos cabellos rubios para tomar impulso, empuñó su otra mano para propinarle un certero golpe, cuando la cosa de adentro se reveló como si la hubiera atravesado con un cuchillo.
¡¿Cómo es que no lo ves?!
No ves que...
Due...le
Esa cosa que siempre relacionaba con Harleen estaba rugiendo y gritando como un animal enjaulado, su puño de congeló en el aire y no pudo continuar.
Las voces en su cabeza se hicieron más fuertes gritando una con otra mientras la bestia de su interior las devoraba una a una con una rabia descomunal. Y aun en la agonía las voces seguían con sus gritos desgarradores demandando sangre.
Arrojó a Harleen a un lado y trató de atrapar con sus manos a la bestia esa que hormigueaba en su interior, esa cosa se estaba saliendo de control. Desesperado, tomó su pistola y se la colocó apuntando a su pecho esperando el momento certero para disparar y matarla. Pero en su furia no podía enfocar bien.
¡Harleen era la responsable de eso!
Por su culpa estaba así.
Sólo tenía que deshacerse de ella.
Apuntó el cañón del arma en la frente de ella.
El Joker solo podía escuchar su respiración y el sonido del martillo que jalaba lentamente tratando de saborear el momento final de Harleen, el ruido mecánico era exquisito y escuchar como ella inhalaba su último aliento sería perfecto.
El Joker pasó su lengua por sus labios como si de esa forma pudiera probar el aire entre ellos. Y entonces sintió un extraño sabor dulce.
Un sabor que lo hizo regresar a la realidad.
Por un momento no entendió de qué se trataba, y de hecho pensar en ese sabor dulce en un momento como ése era casi una broma, pero no lo podía evitar. La sensación era demasiado real. Entre las cavernas de su mente buscó la fuente de ese sabor y en un destello la sensación de los labios de ella con los de él y la imagen de ella bebiendo de la taza de té que contenía cantidades casi alarmantes de azúcar lo hicieron sonreír.
Sus ojos buscaron los de ella, pero estaban cerrados fuertemente esperando el impacto de la bala.
¿Harley?
¿Acaso eres esutpido?, ¡Detente!, ¿Cómo puedes lastimar a Harleen?
¿Harley?
¡No tenía por qué matar a Harleen tan rápido!
¡Oh Harleen! Por eso era tan, tan divertida. Siempre lo hacia apresurarse y lo hacía perder la cabeza.
Todavía podía hacerla sufrir más.
Solamente tenía que matar al tal Bock y así podría hacerla entender, que ambos pertenecían al mismo mundo.
De esa forma ella estaría llena de dolor, solo tenía que deshacerse del caballerito azul y nuevamente serían solamente él y ella. Había cometido un error en permitir que aquel imbécil se acercara, pero no iba a cometerlo de nuevo. Ahora estaba afuera y podía ir y venir como quisiera, no estaba sometido a las reglas de Arkham, ¿Quién lo iba a detener?
Guardó su arma de nuevo y con la punta de su dedo índice la hizo levantar ligeramente la barbilla.
Rozó sus labios con los de ella haciendo un ruido cómico y se dio la vuelta dando un portazo tras de sí.
El Joker bajó la mirada a los pedazos de papel que había a sus pies, estaba harto, enfadado y de mal humor, muy mal humor…
Se había divertido tanto, tanto despedazando al estúpido policía y había estado tan feliz de deshacerse de él.
¡Ese idiota policía!
¡Ese Bock!
¡Era su culpa!, ¡Era su culpa!
Él era el maldito responsable de que Harleen estuviera molesta con él.
Ylo absurdo…
Y lo ridículo…
Y lo gracioso de todo eso…
Era que el Joker estaba perdidamente enamorado de Harleen y ella no lo estaba de él.
Hola! Cuánto ha pasado? años?
Antes que nada una disculpa enorme a todos los que me pidieron una cntinuación o si quiera un spoiler.
La verdad es que este capitulo estuvo en mi mente todo este tiempo sin poder ser escrito correctamente, tiene faltas de ortografía y no es perfecto como yo me imaginé, pero si no lo subo ahora, no lo haré nunca.
Lo voy a releer y espero corregir más adelante, pero por ahor no puedo más.
Repito así me tarde años más, este fic no será abandonado.
Comentarios ayudan 100% a que este fic sea terminado.
Gracias chicos por seguir leyendo.
