Cap. 2 El equilibrador.
Aun lo tengo en mi mente. Aquel recuerdo que me atormenta a veces regresa a mi como si su único trabajo fuera venir a molestarme. Y es algo normal, dado que es sobre ella aquel recuerdo. Recuerdo su sonrisa mientras hablábamos, sus ojos sobre los míos y su peculiar risa. Aunque también, recuerdo como se desvanecía frente a mis ojos al escuchar el nombre de ese explorador. Más de una vez, ella salió corriendo en medio de una conversación al escuchar que el explorador había vuelto de una misión.
Tengo más recuerdos de su espalda que de su rostro en nuestras conversaciones. Más aun cuando ese maldito recuerdo no se va. El recuerdo de verlos a ambos, juntos. El solo recordarlo me enfurece, tanto que lanzo mi llave de tuercas al frente. Respiro tratando de tranquilizarme y observo a mi creación que acabo de golpear. Estaba mejorándola para alejar aquello de mi mente.
—Lo siento Tristy, no era mi intención golpearte.-
—Oye, si hablas con tus inventos cualquiera dirá que estás loco.-
—Mira quien lo dice, Ziggs.-
Le veo entrar a lo que yo llamo casa. La alcantarilla no es un lugar que alguien pudiera llamar hogar, pero es el único donde puedo estar tranquilo. No puedo regresar a Bandle, y por mis actos dudo que alguna ciudad me diera cobijo. Ziggs es de las únicas personas que viene a visitarme de vez en cuando. Su mirada revolotea por el lugar lleno de mis invenciones y su tic nervioso se acelera a mirar planos en mi mesa.
—Esto se ve bien, podría hacer una gran explosión.-me comenta tomando uno de los planos.
—Ya te dije que no lo haré explotar.-
—Pero se sobrecalienta. Si lo calientas lo suficiente hará ¡Pum!.-
Su risa es más como la de una hiena loca al imaginar la explosión de mi máquina. Observo a Tristy, orgulloso, como un padre que observa a su hija que saca la nota más alta. Recojo mi llave de tuercas y vuelvo a mi trabajo sin ponerle mucha atención a Ziggs, quien parece haber encontrado algo con que entretenerse. Le miro con un papel en sus manos, que gira varias veces antes de encontrarle sentido.
—Escuché que estaba de vuelta.-me suelta sin más.
—¿Quién?.-
—Teemo.-
El nombre hace que mi furia vuelva. Aprieto la boca con enojo e intento concentrarme en mi trabajo.
—Bien por él. ¿Por qué habría de importarme?.-
—Porque ella salió. Tristana, es la que te gusta, ¿Verdad?.-
Los comentarios de Ziggs siempre fueron como sus bombas. Directas y mortales. Escuchar el nombre de ella hace que titubee un poco, soltando sin querer mi llave de tuercas. El ruido metálico que hace la llave contra el suelo llama la atención de mi compañero.
—¿Ves? Te pones nervioso, te gusta.-
Quiero contestarle algo. Quiero decirle que no me gusta, sino que es algo más. Algo que he sentido por ella siempre y que nunca le he dicho. Recuerdo aquellos días en ciudad Bandle, donde ella era la más grande artillera. Recuerdo mirarle en los entrenamientos de su escuadrón y sentirme animado por la decisión que tenía en cada cosa que le era asignada. El recuerdo llega a mi con toda claridad.
Ella estaba en su campo de tiro, disparando a toda velocidad y acabando con exquisita puntería con cada blanco. Al final la puntuación fue cien de cien. Le esperaba en la zona segura y al salir, ella me notó.
—Rumble, ¿Qué haces por aquí?.-me saludó con su alegría habitual.
—Venía a ver tu entrenamiento. Tan perfecta como siempre.-
—No es nada. Tengo que ser la mejor.-
Nos alejamos del campo de tiro, caminando hacia unos casilleros, donde ella sacó una cantimplora con agua. Bebía como si hubiera corrido la maratón. Su rostro perlado, enrojecido por el reciente esfuerzo me era por demás encantador.
—¿En qué estás trabajando ahora?.-me pregunta, sacándome de mi trance.
—Tengo varios proyectos. Hay muchos que quiero mostrarle a la academia Yordle de ciencia, pero no sé qué puedan decirme.-
—Lo harás bien. Solo enséñales lo que sabes.-
Levantó su pulgar, dándome apoyos más que necesarios. Ella hizo unos cuantos estiramientos mientras se enfriaba.
—¿Cuándo acudirás a verlos?.-
—Quizás en dos días.-
Dentro de mi, una pregunta empezó a crecer como un globo. Esta pregunta se infló aplastando mi cerebro y razón. Tomo aire y con decisión dejo salir las palabras.
—¿Me acompañarías a mostrar mis creaciones?.-
La pregunta quedó en el aire unos segundos, y yo quise salir huyendo de ahí. Estuve a punto de hacerlo ya que ella estaba de espaldas, pero la respuesta que me da, me congela al instante.
—Seguro. Será divertido.-
Su afirmación casi infantil me lleno de alegría. Le miré salir del campo de tiro.
—Nos vemos luego, Rumble.-
Yo no me despedí. Estaba consternado todavía por la respuesta que me dio segundos antes.
Aquellos dos días pasaron demasiado lentos para mi. Fue como si aquellos dos días tuvieran 50 horas en lugar de 24. Cuando el día llegó, esperaba ansioso, pero ella no llegaba. Esperé y seguí esperando por mucho tiempo más. Incluso acudí a preguntar al campo de tiro si la habían visto, y me comentaron que había salido de una misión de emergencia.
Suspiré con desgano, ya que era habitual enviarla a misiones así sin previo aviso. En aquel momento, no me sentí con ánimos de mostrar mis cosas en la academia. Caminé sin rumbo fijo por el bosque, intentando distraerme, y fue cuando sucedió.
Lejos de la ciudad y en medio de los árboles de aquel bosque, escuché una risa. Caminé con cautela y entonces lo pude ver. Era ella, Tristana sentada en un tronco con alguien más. Ambos parecían charlar y ella se veía sonriente.
—Por cierto Teemo, no agradecí tu ayuda en la reciente misión.-le escuché decir.
—Yo solo estaba ayudando a un compañero de batalla.-
—Teemo…-dije para mis adentros.
Lo conocía. Era el legendario superviviente de su escuadrón. Muchas historias se corrieron por Bandle cuando regreso de su más famosa misión. Era casi como una leyenda en vida. Comencé a reflexionar y creí comprenderlo. Tristana solo quería a alguien fuerte, alguien que fuera una leyenda. Yo quería ser esa leyenda.
Sin perder más tiempo, regresé por mis invenciones y me dirigí a la academia. Tenía que ser alguien grande y tener renombre para que ella me aceptara. Mis inventos podrían ayudarme a lograrlo. El recibimiento de la academia no fue menos que aceptable. Todos parecían impresionados por mis desarrollos, incluso Heimer me llamaba sobresaliente. Era lo mejor que me había pasado.
Pero entonces sucedió. Un humano me indicó que podría ser podría ser parte de la academia si dejaba que mis invenciones fueran usadas por todos, a nombre de la academia. No, yo quería sobresalir por mi cuenta. No quería que un humano viniera a robarme lo que había creado yo bajo la excusa de que era parte de la academia. Discutí con ellos como nunca, con la idea de que el renombre tenía que ser para mi. Heimer estaba de su lado, lo cual me molestó más.
Negándose a mis deseos, no tuve más opción que dejar que mis manos intentaran arreglar el asunto. Fuí sacado de la academia por la fuerza, con mis invenciones destruidas por mí mismo. Corrí lo más que pude lejos de la ciudad, cayendo de rodillas en las afueras de esta. No dejaría que un humano tomara lo que es mío por solo unas palmaditas en la cabeza. Fue en ese entonces cuando llegó a mí el recuerdo de Tristana. Apreté mis puños con furia y golpee el suelo con fuerza hasta que uno de mis nudillos sangró.
La lluvia me acompañaba, obligándome a entrar a una alcantarilla cerca de un tiradero. Ya no podría ser alguien grande, y no podría tener la atención de ella. El dolor de tener que dejarlo todo por este modo era lo que me daba más rabia. No pude evitar que una lágrima me recorriera el rostro en aquel momento, pensando que sería la última vez que vería a esa persona.
Entonces un sonido eléctrico llamo mi atención. En el tiradero cercano, una pieza eléctrica había hecho corto circuito con la lluvia, para después apagarse para siempre. Con cuidado y curiosidad, me acerque y veía las piezas que los grandes inventores botaban ahí. Aun podría lograrlo, aun podría ser alguien grande, ser una leyenda.
Me tomó varios meses, pero al final terminé de construir este robot. Su escupellamas era perfecto. Los arpones eran precisos y su escudo era resistente. Lo tenía todo hecho con piezas del deshuesadero. Pero aún le faltaba lo más importante, un nombre. No podía pensar en nadie más, y fue cuando le di bautismo.
"Tristy"
Mi regreso a Bandle no fue exitoso como pensaba. Montando en mi maquina, todos miraban con asombro, pero ella no estaba ahí. Anuncie mi entrada en la liga, pero creo que ella no se enteró. Desde entonces, no quise regresar a Bandle.
—Eres un ambicioso.-Ziggs me llama despertándome de mi recuerdo y trayéndome al presente.
—¿Qué dices?.-
—Estaba revisando estos planos y creo que eres un avaricioso.-
—Haré lo que sea necesario para conseguir lo que quiero.-
—Suerte con ello. Si llegas a la luna, serás una leyenda. Espero que eso ayude con la propulsión.-
Le miré salir de mi alcantarilla. Regresé con mis planos y los revisé una vez más y vi algunos garabatos que no eran míos. Ziggs había corregido unos datos en cuanto a propulsión. Mi misión sería ser el más grande, hacer lo que nadie había hecho hasta ese momento. Si lo lograba, tendría la atención de todos, sería la leyenda y ella me notaría. Tomé uno de mis lápices y puse un nombre a ese proyecto tan ambicioso.
"Rumble Supergaláctico"
—Ya lo verás Tristy. Te mejoraré y juntos surcaremos el espacio. Seremos los primeros en salir de la atmosfera. Demostraremos que somos mejores que esos humanos, y cuando ella esté con nosotros, le enseñaremos el universo. Seremos los más grandes y ella, al fin, podrá notarme.-
