Cap. 5: Cadena de corrupción.
El aire resoplaba fresco entre nosotros, haciendo pequeñas ondas con su cabello plateado. Aquella noche, frente a la fogata, no podía despegar los ojos de ella. Me siento un poco culpable por mirarla de esta manera, ya que debería guardar el debido respeto a mi familia muerta, pero se ve increíblemente espectacular el día de hoy.
Su piel pálida siendo acariciada por el viento, el mismo que mueve sus cabellos albinos como un pequeño columpio. Han pasado algunos días desde que nos hemos encontrado y nos la pasamos así, acampando de vez en cuando en alguna cueva o refugio cercano que encontramos por el camino.
—La luna es hermosa.-escucho que me dice mirando la enorme luna llena que se posa sobre nosotros.
—Tienes razón. Es una de las pocas cosas que conservan su pureza.-
Veo que ella asiente, aprobando mi comentario. La fogata va apagándose poco a poco, pero la iluminación no disminuye, ya que el gran faro lunar nos ilumina como si fuera un segundo sol. Aun tengo en mi mente aquel momento de nuestro encuentro en el bosque.
Después del ataque y mi camino hacia la corrupción, mi búsqueda fue implacable. Cada uno de los culpables de aquel ataque Noxiano debería de pagar. Era mi misión hacer cumplir la justicia por mi propia mano. Caminaba por los bosques cuando la vi a lo lejos. Estaba tirada a un lado del camino y parecía mal herida. Curioso, me acerqué cerciorándome de que estaba viva. Le vi respirar con dificultad y girar sus ojos hacia mí.
De inmediato intentó ponerse en guardia tomando aquella singular espada que llevaba en un brazo y un bolso de cuero en el otro, pero cayendo dos segundos después de haberla levantado. Las fuerzas le había abandonado por completo y cayó desmayada momento después.
Me levanté y procuré seguir mi camino, pero algo dentro de mi me decía que tenía que ayudarla. Los recuerdos de todas esas personas que no ayudé vinieron a mi cabeza, torturándome una vez más. Apreté los puños y miré sobre mi hombro a esa mujer en el suelo. Mi venganza podría esperar medio día.
Lo mejor que pude encontrar fue una cueva que no estaba lejos de ahí, junto a un riachuelo. La deposité con cuidado sobre algunas hierbas, dándome cuenta de lo ligero que era su cuerpo y lo largo de su blanquecino cabello. Tomé algo de agua del río y con mi arco logré cazar algunos peces que pasaron por ahí. Lo preparé todo para acampar ahí mismo.
Cuando la noche llego y a la luz de la fogata, ella despertó al fin. Sacudió la cabeza e intentó reconocer el lugar donde se encontraba con la mirada. Al notarme, su primer impulso fue tomar su arma y alzarla contra mi.
—¿Quién eres tú?.-me gritó mientras se acercaba con espada en mano.
—Tranquila, no voy a hacerte daño.-
—Ya he escuchado eso antes.-
—Solo cálmate, ¿De acuerdo? Si quisiera matarte lo hubiera hecho mientras dormías.-
Confiando en mis palabra ella bajó su espada al final, dejándola vertical, clavada en el suelo. Se sentó a su lado y observó lo que tenía a su alrededor.
—¿Tú me trajiste aquí?.-cuestionó con extrañeza.
—¿Querías que te dejara en el camino?.-
No contestó. Su mirada se sumergía en el bosque, intentando ver algo a lo lejos entre el follaje. Miraba a todas partes y luego volvía al frente intranquila, lo que me provocó preguntar.
—¿De quién te escondes?.-
—No me escondo de nadie. Solo estoy vigilando si esa maldita guerrera del sol nos ha seguido hasta aquí.-
—¿Guerrera del sol?.-
—Leona. Estaba enfrentándome a ella y su maldito ejercito apareció. Logré escapar de la pelea, pero ella venía tras de mi.-
—¿Temes que nos encuentre?.-
—Haces demasiadas preguntas.-
Era cierto. Todos mis cuestionamientos podrían parecer pesados presentándolos de la manera en la que lo hacía.
—Lo siento, es solo que no entiendo eso de los guerreros del sol y esas cosas.-
—Son los Solari. Veneran al sol y pelean usando su poder. Leona fue la elegida del sol y usa la armadura sagrada.-
—¿Y cual es el problema que tienes con ellos?.-
—Yo no quería venerar al sol. Confiaba en el poder de la luna y sus seguidores. Una vez encontré viejos documentos que hablaban de los seguidores de la Luna y cómo usaban su poder. Cuando intenté llevarlos a la luz, me acusaron de hereje y me sentenciaron. Escapé, y juré que acabaría con todos aquellos que no alabaran a la Luna.-
Le miro enojada, casi bufando de la furia. Percibo sus ojos revisándome de arriba abajo, lo cual me inquieta un poco.
—¿Y a ti qué te pasó?.-
—¿De qué hablas?.-
—Ese cuerpo, esos ojos. Debió pasarte algo terrible.-
—En efecto. Mi aldea fue atacada por Noxus y mi familia murió. Desaté un poder para poder llevar a cabo mi venganza.-le mostré mi mano malformada.-Es la corrupción.-
—¿Corrupción?.-
—Cuando estaba en Ionia, mi trabajo era el ser guardia de que la corrupción no fuera alterada y mantener el equilibrio. Cuando Noxus atacó, protegí la corrupción con todas mis fuerzas. Al llegar a la aldea, descubrí la terrible noticia. Lleno de ira acudí al lugar que protegía y me dejé consumir por ella. Mi fuerza aumentó, así como todo mi poder. Por eso conservo este cuerpo mientras llevo a cabo mi venganza contra todos y cada uno de esos soldados.-
—Parece que tienes mucho trabajo por delante.-me dijo ella.
—Si lo dice quien es la única que venera la luna, entonces no debería preocuparme.-
Aunque nuestras palabras no eran buenas y sonarían ofensivas, ella no se molestó. Yo tampoco me molestaba por lo que decía. Era como un acuerdo implícito que surgió de la nada. Mi mirada se desvía de sus cabellos blancos para llegar a la bolsa de cuero a su lado.
—¿Qué hay en la bolsa?.-pregunto con curiosidad.
—Son cosas que necesito para hacer algo después.-
—Parece importante.-
—Lo és, asi que agradecería que no interrumpieras.-
—Descuida, yo me iré lo más pronto posible mañana.-
Me levanté y pasé junto a ella.
—Por cierto, me llamo Diana.-
El que ella me haya indicado su nombre sin pedírselo me dio un voto de confianza, por lo que sentándome dentro de la cueva giré mi cabeza hacia ella, quien me miraba.
—Me llamo Varus.-
Traté de dormir un poco. Lo hice, pero un sonido interrumpió mi ensueño, despertándome. Mis instintos de guerrero provocaron que me pudiera alerta. La fogata había sido apagada y al parecer habían transcurrido algunas horas desde que dormí. Miré al cielo y comprobé que la luna estaba en todo lo alto, indicándome que era media noche.
Busqué con la mirada a aquella albina, pero no estaba. Mis ojos se deslizaron por el amplio campo hasta que a lo lejos noté algo que brillaba. Movido por la curiosidad seguí el río hasta llegar sl fin de su caudal. Desembocaba en un enorme lago cristalino rodeado por arboles que servía como una malla protectora para impedir el paso a la gente.
Un nuevo destello, esta vez del otro lado del lago. Mi arco estaba listo, encendiendo una flecha en carmín mientras me alistaba para un posible enemigo. Pero lo que vi estaba muy lejos de ser eso. Aquellos destellos provenían de un metal que reflejaba la intensa luz de la luna. Este metal era ni más ni menos que aquella espada curva de Diana. Me acerqué con sigilo para mirar más de cerca y vi algo que me asombro.
Ella terminaba de guardar algo en la bolsa de cuero y se levantó, mostrándome un nuevo atuendo que venía en aquella bolsa. Estaba vestida de blanco, lo más parecido a un traje ceremonial. Se colocó una tiara y caminó hacia el río. Le miré llegar a la orilla y pensé que se detendría, pero las sorpresas no terminarían en ese momento.
Observé que puso un pie en el agua y contrario a lo que pensaba no se hundió. Con pasos delicados y dóciles, caminaba sobre el agua como si no pasara nada. El agua ondeaba suavemente bajo sus pies, creando círculos que se expandían y se perdían en las comisuras del lago. Llegó al centro y el cuadro que observé fue increíble. La luna en todo lo alto, siendo reflejada en el agua hacia parecer que ella estaba sobre la luna. Se detuvo y cerró los ojos.
Yo no podría creer lo que estaba observando en aquel momento, así que decidí no perder detalle de lo que iba a pasar. De pronto, observé que levantó su espada curva por sobre sus hombros, y la bajó suavemente. Sus pies comenzaban a deslizarse por el algo como si fuera una pista de hielo. Sus pasos eran delicados pero firmes. Tuvieron que pasar algunos minutos para que pudiera comprender aquella situación. Estaba danzando.
El movimiento de su cuerpo, sus delicadas manos y el ondear de aquella espada curva me tenían hipnotizado. El viento soplaba, como si fuera la voz de fondo en la canción que ella bailaba. Se veía hermosa mientras llevaba a cabo su baile. Sus cabellos ondeando a su alrededor y su delicado cuerpo meneándose ante una canción que solo ella podía escuchar.
Repentinamente, todo acabó en un movimiento súbito. Diana quedó en una posición determinada y dejó caer su espada al fondo del algo. Cuando creí que nada más podría pasar, la espada salió a flote a pesar de estar hecha de metal. Brillaba en su máximo esplendor, como si fuera un pequeño sol blanco. Diana suspiró y se inclinó al frente, como agradeciendo al público por el haber acudido a su espectáculo. Dudé si en realidad había notado mi presencia, pero la vi alejarse dándome la espalda.
Observé el lago una vez más, y una sorpresa más llegó a mi. La luna ya no estaba reflejada en él.
—¿Disfrutaste el espectáculo?.-
La voz detrás de mi hace que me sobresalto bastante, por lo que me giro con velocidad para ver a diana con sus ojos clavados en mi, como quien sorprende a un niño viendo un show que no ha pagado.
—Lo siento. Desperté y no te vi, y pensé que…-
—¿Qué me había pasado algo? Por favor.-
—Eso que hiciste en el lago, ¿Qué fue?.-
—Fue la danza de la luna. Las personas que veneraban a la luna en la antigüedad la hacían para demostrar su devoción y agradecer que la luna nos brindara parte de su poder.-
—Pero la luna desapareció del lago.-
—Creo que no entendiste bien lo de que nos preste su poder.-
Le miro reírse burlonamente, disfrutando de la ignorancia que tengo sobre este tema.
—Es increíble.-es lo único que se me ocurrió decir.
—Lo sé. Es el poder de la luna. Todos alababan al sol, y me sentía sola, como ella. Siempre encontré consuelo bajo su luz y creo que por eso me eligió a mi. Y yo cumpliré su palabra. Eso me recuerda ¿Tú crees en la luna?-me puso la espada cerca del rostro.
—Con lo que acabo de ver, no dudaría en hacerlo.-
Desde que la había conocido hace algunas horas, nunca le vi sonreír hasta ese momento. El compartir su creencia con alguien más parecía complacerle, y algo dentro de mi renació. Aquella sonrisa pequeña que me mostró por unos segundos me hizo sentir bien. En mi mente, por unos segundos todo fue más que venganza y dolor.
—Parece que no somos tan diferentes.-me suelta ella.-Cada uno tomando el poder de donde puede para hacer lo que cree que es correcto.-
—Ciertamente. Quizás no sea la mejor decisión al final.-
—¿Te arrepientes?.-
—No. No me arrepiento de tomar esto para cumplir mi deseo.-apreté mi corrupto puño frente a mi.
—Yo pienso lo mismo. No me arrepiento de tomar este camino para cumplir mi deseo.-
No hubo ninguna otra palabra mientras regresábamos a la cueva. Regreso al presente y le observo sentada junto a mi, observando la luna. Aun era de noche, y las horas que había dormido me bastaban para seguir mi viaje, pero intentaba retrasarlo lo más que podía. Diana entró a la cueva y salió minutos después, con la misma ropa con la que la encontré. La fogata estaba apagada y nos miramos a los ojos.
—Supongo que es hora de irnos.-me dijo ella.
—Lo mismo pienso. Hay un largo camino que recorrer.-
Repentinamente, ella se acerca a mi y pone su mano en mi hombro. Siento como su palma recorre mi extremidad, bajando por mi brazo hasta encontrarse con mi mano, Ella siente la corrupción con sus delicados dedos.
—¿Es tan malo como se ve?.-me pregunta con unos ojos infantiles.
—No.-es lo único que pude contestar.
—Si tú quieres, cuando termines tu misión puedo ayudarte.-
—Si alguien esperara a que termine la misión, estaría esperando mucho tiempo.-
—Yo puedo esperar. Quiero ayudarte como agradecimiento por traerme hasta aquí. Usando el poder de la luna podría ayudar a controlar la corrupción en tu cuerpo si tu lo deseas.-
Aquella propuesta me dejó helado. Nunca había pensado qué pasaría cuando terminara con mi misión. ¿Qué pasaría después conmigo? ¿Qué haría? Nunca me había puesto a reflexionar sobre eso, hasta ahora. Diana me miraba como preguntándose si lo que me dijo estuvo mal, pero yo asiento con la cabeza.
—Sería agradable volver a ser como era.-
—Tengo curiosidad de eso. Saber cómo eras antes de que te sucediera esto.-
Su mano se dirige a mi rostro y lo acaricia con suavidad. No había tenido contacto humano desde hace bastante tiempo, y el ser corrupto no era algo que provocara que la gente se acerara a ti, pero ella no dudo un momento al hacerlo. Nos mirábamos a los ojos, cautivados por el momento y la atmosfera nocturna. Le miré sonreír muy suavemente y separarse de mi.
—Entonces, nos veremos después, Varus.-me dice mientras toma su camino
—Nos veremos después, Diana.-
—Una cosa más. Si te sientes mal o solo de nuevo, está ahí.-levanta su dedo índice indicándome el gran astro que nos vigila.
—La Luna.-
—Ella te cuidará, como lo hace conmigo.-
Le veo alejarse. Sus cabellos blancos ondean con cada paso que da, alejándose. Su espada curva al hombro y su bolsa de cuero del otro lado. Desde hace bastante tiempo, no lograba sentir algo así dentro de mí. Estiro mi mano hacia ella, como intentando atraparla para pasar un momento más, pero es tarde. Le veo perderse entre el bosque y desaparecer. Suspiro y retomo mi camino. Tengo una misión y pienso cumplirla a toda costa. Nada ha cambiado a como estaba antes, solo que ahora, cuando termine esta ardua y dura misión, habrá alguien esperándome. Es posible que no nos volvamos a ver a partir de hoy, pero sabré que ella me espera. Yo sé que estará ahí, porque cuando termine mi misión, la luna se lo dirá.
