Cap. 6: Furia inmortal.

No debería estar haciendo esto. En realidad, debería estar en casa con mi esposa, pero no sé si ella en verdad quiera estar conmigo. Miro la ventana con la visión borrosa por la fuerte tormenta de nieve que cae afuera y envuelve el bar donde me encuentro. Giro la cabeza un poco para ver a unos cuantos de mis camaradas, extranjeros y de Fréljord. Gragas sentando junto a Jax mientras ríen y beben. De pronto la puerta de aquel bar se abre y una enorme figura entra sosteniendo algo entre las manos. Es un Poro que se sacude la nieve y corretea por el piso del vacío establecimiento.

—Aquí estarás mejor pequeñín.-dice Braum sacudiendo la nieve de su bigote y su calva, luego parece notarnos.-¡Amigos! Que sorpresa encontrarlos aquí.-

—Estamos aquí en lo que pasa la tormenta de nieve. La sorpresa es verte a ti aquí con esa tormenta.-dice Jax acercándose, eso sí, sin soltar su tarro de cerveza.

—Ja, Esto es como un baño caliente para mi.-contesta Braum con su acento típico mientras se dirige al cantinero.-Un vaso de leche por favor.-

—Que te sirvan algo de hombres, con leche no vas a conseguir nada.-replica Jax tendiéndole su tarro.

—Mi madre siempre decía: "Tienes que tomar leche para ser fuerte y grande, para proteger a los que quieres". Creo que tenía razón con lo de grande.-

Braum se midió con Jax, a quien le sacaba algunos palmos de altura. Inesperadamente, el tarro que sostenía Jax fue depositado en la mesa y con maestría movió su farola para intentar impactar en Braum. Este no se quedó atrás en velocidad, ya que logró tomar su escudo desde atrás y para el poderoso embate. El choque entre ambas armas resonó en aquel bar.

—¿Lo ves? También soy fuerte.-le comentó Braum sonriente.

—Oigan chicos, no venimos a pelear. Déjalo que tome lo que quiera Jax.-

Al parecer, la intervención de Gragas no funcionaba, ya que observo que las miradas de Braum y Jax no ceden. Pero al final, ambos sueltan las armas y carcajean fuertemente. Jax y Barum se sientan junto a mi mientras cada uno degusta su bebida favorita Gragas acude a mi lado y me mira con ojos curiosos.

—¿Qué pasa Tryndamere? ¿Te hicieron enojar de nuevo?.-

La broma de Gragas es acompañada de las risas de Jax y Braum, pero yo solo le miro mientras doy un trago a mi bebida.

—No es nada, solo pensaba en algunas cosas.-contesto después de pedir una bebida más al cantinero.

—Oh, debes estar preocupado por Ashe. Estará bien en el castillo. No te preocupes.-indica Braum sonriente mientras me da unas cuantas palmaditas en la espalda, que se sentían como martillazos.

—Debe ser algo extraño estar casado con una persona que casi no conoces.-

—No es tanto así Jax, al menos no para mí.-

—¿El gran bárbaro Tryndamere está enamorado?.-Gragas me toma del hombro para mirarme con sorpresa.

No contesto. Si lo hiciera les daría cosas para burlarse de mi, aunque sin hacerlo, igual tienen motivos para hacerlo.

—Esto de verdad es sorprendente. Tryndamere está preocupado por si su esposa lo quiere a él.-comenta Jax levantando su tarro.-Un brindis, por la feliz pareja de Fréljord.-

Braum levanta su vaso de leche y Gragas acompaña el brindis con su tarro. No puedo hacer otra cosa que unirme y chocar los vasos por lo alto. Esta escena me trae recuerdo, cuando nuestro matrimonio fue pactado y celebrado.

Yo era un joven, después del ataque de aquella misteriosa figura que acabo con la mayoría de los míos. Había sido citado por el líder de la tribu para conocer a alguien, lo cual me molestaba ya que quería entrenar. Al llegar a la tienda del líder, vi a una persona que no había visto nunca. Por sus ropas, reconocí que era un emisario del reino.

—Tryndamere, te he citado aquí para decirte lo que va a pasar ahora. Acudiremos con este hombre al reino de Fréljord, ahí conocerás a tu esposa.-

—¿Esposa?.-

—Hemos llegado a un acuerdo con el reino. Sabes que los recursos en estas tierras escasean, y con este matrimonio sellaremos el acuerdo entre ambos para ayudarnos entre sí.-

—Pero señor, yo…-

—He dicho. ¿Tienes algún impedimento para esto?.-me dijo mientras levantaba su espada contra mí.

—No señor.-

—Ahora prepárate que tendremos un viaje ajetreado y largo.-

Salí de la tienda hecho una furia. Después de todo lo que había pasado, me mandaban a casarme con no sé quién. No alisté mis cosas, no porque no quisiera, sino porque no tenía mucho que alistar. Tiempo después aquel emisario llegó junto al líder, y comenzamos el camino. La nieve era el menor de los impedimentos que tenía en ese momento. El cansancio no era nada y el rocoso camino hasta Fréljord era pieza fácil para mí. Lo que me tenía incómodo era la situación que envolvía todo esto.

Llegamos al reino que había visto un montón de veces por fuera en mis excursiones en solitario. En esta ocasión, logramos entrar y miré con sorpresa toda la gente ahí. Diferente a nuestra raza, eran frágiles, delgados y al parecer débiles. Nuestro camino continuó hasta el reino y al enorme castillo, que nos abrió sus puertas cuando el emisario se identificó. Ante nosotros, muchas personas aparecieron, pero me llamó la atención un hombre que iba vestido de forma extraña. Este se acercó a nuestro líder y lo invitó a otra habitación, para luego mirarme.

—Puedes ir a explorar el reino si quieres. Tenemos tiendas y lugares que…-

—¿Tienen un campo de entrenamiento?.-le dije realmente molesto.

—Sí… está en la parte de atrás del reino, cerca de la punta noreste.-

La mirada de aquel hombre se clavaba en mí como si fuera un bicho extraño. Lo sabía, pero no me importaba pedir un arma antes de pedir algo divertido. Llegué al amplio campo que para mi suerte estaba vacío. Revisé el establecimiento y en un barril tenían guardadas un montón de armas. Me acerqué a tomar una espada, cuando escuché un ruido extraño. Era como un murmullo dentro de los que parecían los vestidores.

Con mi espada en mano, lenta y cuidadosamente me acerqué al lugar, abriendo la puerta despacio. Seguí aquel ruido hasta que di con él, detrás de una esquina. Me aliste y salté con la espada en lo alto. No la bajé. Me encontré con una jovencita de piel blanca y cabellos como la nieve. Me miró con lágrimas en los ojos, sin sorprenderse de que yo, un completo extraño, hubiera entrado a su reino.

—¿Qué te pasa?.-pregunté seriamente.

—Nada. Estoy bien.-me contestó limpiándose las lágrimas y tratando de recomponerse.

—¿Alguien te hizo daño? Estás llorando mucho.-

—No, es solo que… mi madre se ha ido. Fue asesinada y me siento triste cuando pienso en ella.-

—Sé cómo se siente… más o menos. Mis padres también murieron en batalla.-

—¿Y cómo lo superaste?.-

—No lo sé. Solo seguí peleando y de un momento a otro, olvidé el dolor.-

—No creo que eso sirva conmigo.-

—Creo que sé qué cosa puede servirte, ven.-

Sin esperar respuesta la tomé de la mano y salí con esa joven al campo de entrenamiento. Busqué con los ojos hasta encontrar un muñeco de paja de entrenamiento. Le di la espada y la puse frente al muñeco.

—Siempre que me siento mal, golpeo algo para aliviarme. Eso te ayudará.-

Ella miraba la espada. Noté que no había empuñado nunca un arma por la forma en la que la agarraba, pero eso no detuvo su primer intento. Una estocada pobre que rebotó en la paja. Otra más que terminó de igual modo.

—Me duelen las manos.-me dijo soltando la espada.-No creo que pueda hacerlo con un arma así.-

Bajé la cabeza pensando en otra cosa, cuando veo algo increíble frente a mí. Ella saca algo de su bolsillo y lo extiende frente a ella. De pronto, el aire frío envolvió su mano brindándole un arco de hielo puro. Sin flecha alguna, ella solo hizo el ademan de cargar el tiro y al soltarlo, una delgada pero mortal flecha de hielo salió e hizo blanco en la cabeza del muñeco de prueba.

Después de eso, no interferí. Ella tiraba una flecha tras otra mientras sus lágrimas recorrían su rostro y caían al suelo sin control. A pesar de sus sollozos, no fallaba ningún disparo. En un momento, ella soltó un grito de dolor y soltó su última flecha. Aquella flecha me sorprendió como nunca. Las primeras eran finas, delgadas, pero esta última era una punta de hielo enorme, la cual salió disparada hacia el muñeco y explotó. No solo fue la explosión, sino que al hacerlo, congeló en su totalidad el muñeco de paja. Yo observaba sorprendido todo aquello nuevo para mí.

—Gracias, de verdad me ha ayudado.-me dijo ella sacándome de mi asombro.

—¡Princesa Ashe! Escuché un grito, ¿Está bien?.-apareció el mismo hombre que recibió al líder y a mí.

—Sí. Solo estaba… entrenando un poco.-me miró sonriente y sonrojada por las lágrimas.

—Me alegra que ambos estén aquí para darles la noticia. Princesa Ashe, este es el joven bárbaro que se unirá a usted en matrimonio.-

La presentación tan repentina nos turbó a ambos, y lo sé, porque su mirada era igual a la mía. Ella se sonrojó más aun y contrastando con su piel blanca, se me hizo bonita. De pronto, sentí un empujón de parte de mi líder que me acercó más a ella.

—Presenta tus respetos.-me dijo.

Yo obedecí. Puse una rodilla al suelo y bajé la cabeza honrando a la princesa del reino. Para mi sorpresa, una mano me levantó. Era su pequeña y delicada mano que me indicaba que me levantara mientras me sonreía. Lo hice y quedamos de frente, notando que era ligeramente más alto que ella.

—Entonces está decidido, celebraremos la boda de inmediato.-

La noticia me paralizó a tal grado, que cuando reaccione estaba frente a ellos, con un vaso en alto y brindando por nuestra felicidad. Los años pasaron y yo seguí mi entrenamiento, viviendo con ella y poco a poco, encariñándome con mi prometida. Siempre le miraba en las mañanas levantarse y alistarse para ver qué necesitaba su pueblo, y en las noches ella regresaba tarde después de asegurarse que todo estuviera listo. Muchas veces ella me contaba sus problemas y yo intentaba ayudar en lo posible, lo que me recompensaba con una sonrisa, un beso o simplemente una caricia.

Ahora, no sé si ella siente lo mismo que yo he venido sintiendo durante todo este tiempo. Soy un bárbaro. Alguien imbatible y con un poder descomunal, pero ella es la única que puede hacerme sentir tan débil. Vuelvo a nuestro brindis en el bar, después del cual, todos bebemos de un solo trago lo de nuestros vasos. Gragas eructa lo que le saca una carcajada a Braum. Jax por su parte se dedica a pedir una ronda más. De pronto, la puerta se abre.

—¡Señor Tryndamere!.-exclama una persona del reino.-Algunos de los hijos del hielo están atacando el reino.-

—Maldita sea.-

—¿Vamos?.-pregunta Jax a Gragas.

—Si pagas una ronda me apunto.-

Los cuatro salimos en dirección de Fréljord. Atravesamos la tormenta de nieve con pasos rápidos hasta que logramos observar el reino. Acudimos a la acción de inmediato. Desde la entrada Braum y Gragas apartan a enemigos venciéndolos con facilidad.

—Vienen más tropas por el sur.-nos indica un recluta.

Repentinamente, un pilar de hielo se levanta entre todos, separándonos. Ante nosotros aparece el troll, con su maza de hielo listo para pelear.

—Sigue. Si Trundle está aquí, Lissandra también lo estará. Yo lo detendré.-

El aviso de Jax me motiva a seguir. Lo observo levantar su farola y encenderla mientras la gira en el aire, saltando sobre Trundle quien detiene el embate con su maza.

—¿Crees poder detenerme?.-le grita el Troll mientras congelaba el piso a su alrededor.

—No lo creo, lo haré.-

De pronto, siento un empujón. Braum y Gragas me impulsan hacia la habitación de la reina.

—Ve con tu esposa, estará preocupa por ti.-me dice Gragas bebiendo de su barril.

—Nosotros nos encargaremos de que no pasen.-dice Braum sonriente.

—Pero…-

—¿Qué pasa? ¿No confías en tus amigos?.-Braum me pone una mano en el hombro sonriente.-Madre siempre decía: "Los amigos son como un tesoro escondido, por que muy pocas personas los encuentran".-

—Anda ya y déjanos esto a nosotros. La próxima ronda la pagas tú.-

Sonrío lleno de la confianza que me dan mis amigos. Veo como apartan del camino a dos hijos del hielo con facilidad, a lo que yo sigo mi camino. Corro con todo lo que tengo hasta que llego a la habitación principal. En el amplio cuarto está cubierto casi enteramente de hielo. Lo que veo frente a mí son a dos personas, peleando sin parar. La bruja del hielo acorrala a Ashe, quien intenta defenderse con su arco sin éxito.

—Este reino me pertenecerá a mi.-le dice con saña.

—No si puedo evitarlo.-

Me lanzo al ataque, el cual Lissandra evade con dificultad. Me acerco a Ashe, quien sonríe al verme.

—Tryndamere…-

—El bárbaro…-escupe sus palabras la bruja mientras me pongo en posición de pelea.-No tienes nada que ver con esto. Apártate y guardaré un lugar junto a mi trono para ti.-

—Me ofendes solo con tu oferta. Vete del reino antes de que acabe contigo.-

—Bien, si es así como lo quieres…-

Me sorprende con un rápido movimiento y lanza espinas de hielo que destrozo con un simple giro de mi espada. Mi turno para atacar llega, y me lanzo al frente para golpearle. Lissandra Me lanza una garra de hielo que tengo que destrozar para seguir mi camino. Lo hago, pero cuando voy a golpearle ella ya ha desaparecido. De pronto siento algo helado que se hunde en mi piel. Las espinas de hielo se han clavado en mi cuerpo.

Ashe apoya mi ataque con flechas, que dan en el blanco, pero sin mucho resultado. Vuelvo a la batalla y mi espada se ondea para golpear a Lissandra, la cual logra darle y hacerle un corte a su armadura de hielo.

—Esta vez, terminaré con todo.-anuncia lanzando otra garra de hielo hacia mí.

Intento destruirla, pero me atrapa, inmovilizándome. La observo acercarse a Ashe con lentitud.

—Se acabó Ashe… Fréljord es mío.-

Observo que prepara una lanza de hielo que lleva el nombre de Ashe en ella. No, no quiero perderla. No quiero perder a mi esposa. Me libero y acudo a mi mujer, pero Lissandra ya ha lanzado su ataque.

Escucho el líquido carmín gotear al suelo helado. Giró mi cabeza y veo a Ashe, intacta. Luego observo mi pecho y siento un frío que me recorre el cuerpo. La lanza de hielo me había atravesado a mí. Lissandra me observa con sorpresa y enojo.

—No… toques a la mujer que amo.-le digo mientras intento despegar la lanza de mí.

—Muy tarde.-

Lissandra lanza sus espinas heladas hacia Ashe. Por mi posición no logro ver nada, pero la escucho caer al suelo. Mi sangre hierve en ese momento. Siento aquella furia interna que en batalla me ha acompañado. Grito de manera estridente, al grado de romper incluso la lanza que tengo clavada en mi. En mi pensamiento no hay otra cosa que ver a Lissandra muerta.

Tomo mi espada y voy contra ella. Intenta contraatacar, pero no le sirve ya que mi espada es más fuerte que nunca. Dos embates hacia su armadura de hielo y queda a mi merced. Sin pensármelo, levanto la espada para terminar con esto, pero ella extiende los brazos a los lados. Se envuelve a ella misma en su tumba de hielo para protegerse, pero no hay protección para lo que siento en estos momentos.

Dos espadazos y el hielo comienza a mostrar grietas, por lo que no me detengo. Pongo toda mi fuerza en mi espada y de un tajo corto diagonalmente el hielo, pero Lissandra ya no estaba ahí. La bruja del hielo había escapado usando su sendero glacial y librándose de mi ataque. De pronto, las fuerzas me abandonan y caigo al suelo. Todo es borroso, y lo único que siento son dos manos que me acarician.

—Tryndamere…-me llama su suave voz.

Miro su rostro envuelto en preocupación. No hago más que levantar la mano para acariciarle una mejilla, a lo que ella hace lo mismo.

—Parece que se han retirado. Estaré bien…-le digo para calmarla, lo que parece funcionar.

—Gracias de nuevo. Gracias por todo.-me dice y hace lo que no imaginaba.

Se agacha sobre mí y me da un beso en los labios. Sus labios suaves hacen contacto conmigo y me llevan a otra dimensión. Aquel beso se siente como el primero que me dio, tan suave y tierno. Me levanto revisando mi herida, que por suerte no es grave.

—Te amo.-me dice sin más.

No contesto. Solo quiero mirarla con ese sonrojo que le da un aspecto infantil.

—¿No le vas a contestar?.-

En la puerta de la habitación, Gragas, Jax y Barum están mirando la escena, con algunas huellas de la reciente batalla. Ashe se sonroja más al dar una demostración pública de amor como esa.

—Es de mala educación dejar a una dama con la palabra en la boca.-me dice Braum.

—Te amo.-le digo a Ashe, quien se sonroja aún más por eso.

Mis amigos celebran esto con gritos, como si hubiésemos ganado la guerra.

—Esto merece una celebración, vamos al bar.-invita Gragas.

—Después de lo que pasó, ¿Creen que voy a dejar que salgan a beber como si nada?.-

Las palabras de mi mujer paran en seco a todos ahí. Son como niños regañados por un adulto por una travesura.

—De ninguna manera, esta vez yo invito, como agradecimiento por venir.-

Una nueva celebración de mis amigos, quienes se retiran ligeramente maltrechos. Ashe se acerca a mí y me ayuda a levantar, quedando muy juntos al hacerlo. Nos miramos envueltos por esa atmosfera tan bella, y ella me roba un beso de mis labios.

—¿De verdad crees que es buena idea tomar con ellos?.-le pregunto mirándole a los ojos.

—Aprendí del mejor de los bárbaros. Estaré bien, y si no, tengo a mi esposo para que me cuide.-

Sonrío mientras caminamos con ellos. Mis dudas y pensamientos sobre los sentimientos de Ashe quedan disparos ese día. Desde jóvenes, siempre he sentido esto y aunque nuestro matrimonio fue arreglado, no me arrepiento de haberme casado con ella. Con esta hermosa, tenaz y diligente mujer que tengo como esposa, me siento completo.

….

Muy buenas gente!

Espero que estas historas les gusten y si tienen nuevas ideas y Ships pueden decírmelas y podría planteármelas en un futuro. :D Hasta la próxima.