Día 27 Contrato


Una hoja de papel se ha firmado, lo siguiente es seguirlo al pie de la letra. Mientras más rápido, mejor. Uno manda y el otro lo sigue. Se estipula que le obedezca en todos sus deseos, poco importa si son caprichos que se evaporan como un suspiro.

Lo ha comprado, el dinero tiene poder suficiente como para comprar una vida; su cuerpo también es parte del trato, y si a mitad del camino su alma se vuelve gratis, ya se hizo negocio.

Quien diría que, el rico que lo tiene todo le hace falta amor. Le hace falta el fuego de dos ojos centelleantes. Pobre, no se anima a hacer las cosas como deben ser; conquistar con una rosa, con palabras sencillas. No. Quiere robarlo, por medio de un contrato, piensa dominar y devorar aquello que cree que le pertenece.

¿Pero qué responde la víctima al respecto? Nada. Se traga su orgullo y su furia pa'dentro. De bailar no puede vivir para siempre, hay que sacar provecho de tanta belleza, del cuerpo tan puro, de la inocencia. Ojos que no ven, corazón que no siente. Eso es mentira; el corazón siente tanto, hasta el diminuto grano de arena que se conecta con la tierra.

Y ahora juntos caminan hacia su destino, por ese interminable pasillo hacia la habitación.

No hace falta romance, solo pasión.

Quizá ahora no es tiempo de amarse, pero con seguridad, en el futuro éstas mentiras terminarán mal. Uno de los dos romperá el contrato porque el dolor lo estará matando. Y el que más tiene cederá, no podrá dejarlo ir. En ese punto, ambos estarán perdidos en un abismo del que nunca querrán salir.

Final feliz habrá, con un poco de suerte.