Cap. 8: Estallido primordial.

No lo entiendo. Sinceramente, no logro entenderlo. Le veo revolotear por ahí en medio del bosque mientras estoy sentado en un tronco y no lo entiendo. ¿Cómo es que Lulu dice todas esas cosas sin sentido para mi? Se mueve de allá para acá diciendo cosas que ni siquiera me esfuerzo en pensar.

De pronto, me sorprende saltando al frente de mí y mirándome con sus enormes ojos verdes, mirándome con un aire infantil. Pix vuela sobre mí y me toma del sombrero, lo cual me molesta bastante.

—¡Déjame en paz!.-reclamo tomando mi sombrero y asegurándolo para que no me lo quite.

—Pareces enojado Veigar, ¿Qué te pasó?.-me dice Lulu acercándose más, dejando entre nosotros una distancia inexistente.

—Lo que pasa es que no aun entiendo qué venimos a hacer aquí. Deberíamos estar atormentando a la gente y dominando ciudad, no jugando cosas que no entiendo.-

—Es fácil de entender. Si quieres entenderlo no lo entenderás, pero si no lo entiendes podrás entenderlo y cuando lo entiendas te divertirás como nosotros.-

Pix asiente apoyando a Lulu, pero yo niego con la cabeza dándole la espalda y alejándome de ahí.

—Haz lo que quieras. Tengo cosas por hacer.-

—¿Ya te vas pequeñín?.-

Esas palabras me detienen en seco. Me giro furioso y me acerco a ella. He tenido suficiente de aquel juego que no logro comprender. Levanto mi bastón listo para lanzarle un hechizo y hacerla desaparecer de una vez por todas, pero ella lo hace de nuevo. Me toma por sorpresa y se acerca para robarme un rápido beso en la mejilla. Me congelo otra vez, sonrojado por lo que acabo de sentir en mi rostro. Veo que el hada revolotea a su alrededor, a lo que Lulu asiente.

—Es cierto Pix, ahora Veigar es rojo tenemos que ser azules.-

Ella agita su bastón y tanto ella como el hada se vuelven de un color azul. Ambos ríen mientras yo sigo ahí, con mi báculo en alto como si fuera una estatua de mí mismo. Desisto suspirando y volviendo a mi tronco para seguir mirándole. Pienso cómo es que fue que terminamos así, pero si lo sé.

Hace unos cuantos días, mientras preparaba un ataque hacia Noxus y cortaba camino por el bosque, me la encontré. Recuerdo que iba fuera del sendero para no levantar sospechas, cuando escuché un ruido extraño. Me giré y pude observar a una jauría de lobos a mí alrededor. No tenía miedo, ya que bastó que agitara mi bastón una vez para que un meteoro aplastara a uno de estos.

Retorcí la dimensión a mí alrededor para paralizar a los demás, quienes fueron estallando uno por uno. Sonreí satisfecho por mi maldad, cuando me di cuenta que aquellos lobos no venían solos. Un oso venía detrás. Intenté paralizarlo, pero este se resistió a mi magia. Un meteoro le cayó en la cabeza pero no le detuve. Corría hasta que aquel maldito oso me acorraló contra un muro de roca.

Me giré listo para soltar el ataque y así lo hice. Aquel oso lo recibió, pero no parecía abandonar su intención de comerme. Me preguntaba si ese era otro de los experimentos de aquel científico que había escuchado la última vez. Singed, creo que se llamaba. No podía ser de otra forma, ya que un ser vivo normal no resiste tanta magia como ese animal.

El oso me gruñó y corrió hacia mí mientras se levantaba en dos patas listo para soltar el zarpazo. Intenté esquivarlo, y sorprendentemente, a pesar de mi estatura, logré hacerlo. En un momento me sentía más veloz que antes y podía evadir los embates del oso.

Este gruñó, como frustrado por no poder conectar conmigo y me soltó un bocado. Este no pude evadirlo y me tomó del brazo hiriéndome. Yo le lanzaba meteoros y magia, pero este se resistía como ninguno. En un momento, se lanzó sobre mí. Me atrapó, derribándome y dejándome a merced de su hocico lleno de colmillos. Fue cuando pasó.

—¡Enormizar!.-escuché cerca de ahí.

Lo siguiente me sorprendió bastante. Mi cuerpo creció bastante en un momento, siendo tan repentino que el oso fue lanzado lejos de mí. Su cabeza golpeo con la roca quedando noqueado. Luego una divertida sonrisa inundo aquel ambiente nocturno. Giré mi cabeza y encima de un árbol, pude verla por primera vez. Reía bastante mientras se dejaba caer de aquella rama. Junto a ella, una pequeña hadita que reía también.

—Eso fue divertido. Hay que volver a hacerlo.-me dijo contenta.

En un momento, mi cuerpo regresó al tamaño normal. Lo que llamaba mi atención era aquella chica que correteaba y jugaba como si nada a pesar de ser una alta hora de la noche. En un momento, se me acercó y me miró con esos ojos verdes por primera vez.

—¿Cómo te llamas?.-me preguntó sonriente.

—Veigar, voy a…-

—Yo soy Lulu y este es Pix.-me tomó de la mano interrumpiéndome.-Eres un lindo pequeñín.-

Eso me encendía como cualquier otra cosa. Las amenazas que daba siempre eran opacadas por mi estatura y aspecto, por lo que no iba a dejar que una extraña como ella se burlara. Levanté mi bastón y lo moví al frente para lanzarle mi más poderoso hechizo. Pero una vez más, ella me sorprendió. Movió su propio báculo para hacerlo chocar ante el mío. Mi hechizo salió disparado al cielo.

—Te comprendo.-me dijo sonriente.-Quieres ser un pirata. Vamos Pix, surquemos los mares. Alto marinero, para unirte a esta tripulación debes hacer una prueba de valor.-me dijo mientras usaba su cabello para taparse un ojo.

—¿Qué estás diciendo?.-pregunté desconcertado.

—Vamos, dime tu más grande hazaña.-

—Pues, una vez acabé con una ciudad yo solo usando magia.-

—¡Oh! ¿De verdad?.-me miró sorprendida.-Esa es una hazaña que no muchos marineros son capaces de hacer, ¿Verdad Pix?.-La hadita asintió mientras que Lulu se giraba hacia mi.-Pero no sé si sea lo suficientemente bueno para entrar a la tripulación.-

—¿Qué no soy suficientemente bueno?.-me indigné.-Yo he dominado las artes oscuras de la magia.-

—Si eso es cierto, acaba con este enemigo.-me señaló una roca mediaba.

—Eso no es un enemigo, es una roca.-

—Eso es lo que quiere que pienses, pero no confíes en ellos. Acaba con él y quizás podrás entrar a la tripulación, solo si puedes hacerlo.-

El que pusiera en términos de duda mi poder me enfureció, por lo que preparé mi más grande hechizo y aquella roca estalló. Me giré hacia ella confiado por mi hazaña y me hizo feliz encontrarla con la boca abierta.

—Eso fue impactante. Tienes demasiado poder dentro de ti.-

—Te lo dije.-presumí sonriendo confiado ante las alabanzas.

—Me arrepiento de juzgarte tan mal, marinero, pero creo que serás de mucha utilidad en nuestra tripulación. Te declaro capitán de la tripulación.-

—¿De verdad?.-sonreí ante el título que acababa de recibir.

—Claro. Verás que juntos seremos imparables.-

—Sabía que tenían que aceptarme en la tripulación. Además…-me detuve, comprendiendo todo.-Un momento, yo no quería ser capitán de nada en primer lugar. No quería jugar a este juego.-

—Pero lo haces muy bien. Nos estábamos divirtiendo.-

La declaración de Lulu me sorprende un poco. Me hizo olvidar por un momento donde estaba y cual era mi propósito. Quizás si me estaba divirtiendo. Sacudí la cabeza alejando esa idea.

—Lo mejor será que me vaya. Adiós.-

Ella no respondió, pero mientras caminaba escuchaba pasos detrás de mi que no eran míos. Me giraba, pero no encontraba a nadie. Seguía avanzando pero esos pasos otra vez. Me giré y nada. Esto empezaba a molestarme, por lo que decidí retorcer las dimensiones a mi alrededor de nuevo para paralizar a quien me estuviera siguiendo. Así lo hice y escuché que algo quedó atrapado.

—¡Te tengo!.-exclamé girándome, pero resultó ser solamente Pix.

—¡Yo te tengo!.-

Algo se lanzó sobre mi, derribándome y quedando encima de mí. Lulu reía mientras estaba encima.

—Gané.-me dijo mientras se levantaba.

—¿Ganar? Me atacaste por detrás.-

—No digas que es trampa por que no pusimos esa regla antes, pero si quieres lo hacemos sin llegar por detrás. Veremos si puedes atraparme antes de que yo te atrape a ti.-

—Te voy a atrapar antes de lo que crees.-

Me levanté, pero Pix se adelantó a bajar mi sombrero a la altura de los ojos. El juego sucio había dado tiempo a Lulu para escapar de mi vista. Me puse atento, y al menor ruido retorcía las dimensiones para inmovilizar a quien estuviera ahí. De pronto, le veo saltar, por lo que la detengo al instante y sonrío.

—Gané.-dije orgulloso.

—Eres muy bueno en esto. Te toca esconderte y atraparme. Contaré hasta 10.-

Empezó la cuenta, y presionado por la regresiva que disminuía rápidamente, acudí a esconderme. Le vi desde lejos y ella me buscaba con la mirada. Esperé el momento idóneo y salté sobre ella, pero ella lo esquivó sonriendo.

—Gané.-

—No es justo, Pix te ayudó.-reclamé mirando a la hadita.

—Puedes intentarlo de nuevo.-

—Esta vez voy a…-

De nuevo, me detuve recapacitando la situación. Era la segunda vez que me había puesto a jugar sin darme cuenta. Lo inquietante de todo, era que no me desagradaba del todo. Lulu parecía tener algo que me hacía querer jugar con ella, a pesar de que dijera que no. Sin decir nada, comencé a retirarme.

—¿Ya te vas?.-me preguntó, pero ni siquiera contesté a eso temiendo que me pusiera a jugar otra vez.

Me alejé lo más que pude, asegurándome de que no me siguiera. Iba a continuar mi camino cuando escuché un grito. Sin duda provenía de ella. Lulu me había salvado de un oso hace un momento, por lo que quizás aquel oso regresó en busca de un segundo round. Mi deuda de vida estaba ahí, por lo que no pude hacer más que regresar para saldarla. Regresé lo más rápido que pude y la vi tirada, con los ojos cerrados.

—¿Lulu?.-me acerqué e intenté moverla, pero no respondía.

Busqué a mí alrededor a Pix, pero no lo podía ver por ningún lado. Caminé un poco y vi a la pequeña hadita en el suelo. Algo malo había pasado y habían dejado a ambas en este estado. Verifiqué si tanto Lulu como el hada seguían con vida. Estaba a punto de tomarla en mis brazos cuando el hada se movió.

—Te gané, Pix.-saltó Lulu dándome un cabezazo.

Me froté la cabeza, pero Lulu no parecía estar lastimada a pesar del golpe.

—¿Era un juego?.-pregunté acercándome.

—Si, veíamos quien estaba más tiempo sin levantarse y gané.-

—Pero escuché un grito.-

—Era la señal de inicio. ¿Quieres jugar?.-

—¡No!.-exclamé fuera de mis casillas por fin.-No quiero hacer ninguno de tus malditos juegos.-

—No tienes que ser tan grosero.-

Era la primera vez desde que la conocía que me levantaba la voz. El aspecto dulce y juguetón desapareció por completo de su rostro.

—Pues no quiero seguir jugando, es todo.-

—Para ser tan pequeño, tienes un mal carácter enorme.-

—¿Pequeño?.-reclamé molesto.

—¿Te molesta ser pequeño?.-me preguntó con verdadera curiosidad.

—Siempre se han burlado de mí por eso. Yo soy malvado, pero cuando los amenazo lo único que hacen es reírse hasta que acabo con ellos. Y acabaré contigo de una vez por to…-

—Te puedo ayudar con eso, ¡Treeemendo!.-

Al momento que me interrumpía y exclamaba aquello, mi cuerpo cambió. Como la última vez, había crecido bastante gracias a la ayuda de Lulu. Ella se miraba muy bajita desde mi punto de vista.

—¿Te sientes mejor así?.-me preguntó sonriendo.-Ahora eres alto, demasiado alto.-

Yo no contesté a eso ya que seguía en trance por observar todo desde un punto de vista diferente.

—Te ves feliz.-me dijo.

—¿Feliz?.-

—Estás sonriendo, ¿Te gusta ser grande?.-

Me toqué la cara para comprobar lo que ella decía. Mis músculos estaban en una posición extraña, que solo tenía si asesinaba a alguien que se burlaba. Una sonrisa. Mi cuerpo regresó a su tamaño normal unos segundos después, por lo que estuve a la misma altura que Lulu.

—¿Puedes hacerlo de nuevo?.-pregunté, a lo que ella sonrió y repitió el hechizo.

Por primera vez, estaba por encima de los demás. Me sentía bien conmigo. Mi cuerpo regresó al su tamaño normal un poco después. Entonces al estar a la misma altura, Lulu y yo nos miramos. Ella se acercó un poco y me besó en la mejilla. Esto me hizo sonrojar a tope mientras daba un paso hacia atrás.

—¡¿Por qué hiciste eso?!.-pregunte alarmado.

—Es un juego que le vi a unos humanos hace poco. No sé cómo se llama, y tampoco tenía a nadie con quien jugar. Te toca.-

Ella me pone la mejilla. Yo sí sé qué significa este juego que hace ella, por lo que trago saliva. Hay algo en ella que me atrae. No es como aquellas chicas que piensan en sus cosas y son reservadas y femeninas. Lulu me ha hecho jugar dos veces con ella y me había divertido. Miré a mí alrededor para verificar que no hubiera nadie, y me acerqué con cautela.

Pensé, por un momento, que quizás mi fama de malvado se evaporaría si hacía algo así, pero recordé la mentalidad que tenía aquella chica junto a mí. Todas sus ideas locas y mentalidad casi infantil harían imposible que siquiera se lo contara a alguien. Me acerqué y deposite un rápido y tierno beso en su mejilla. Ella sonrió y se alegró por haber completado este nuevo juego que acababa de ejecutar.

Pasaron los días hasta ahora, donde le observo caminar hacia mí todavía con su tono azulado. ¿Por qué sigo con ella? Eso ni yo lo sé a ciencia cierta. Quizás son los juegos, las cosas que dice o la sonrisa que me da cada vez que me habla. Me hace enojar bastante, pero de alguna manera, una loca y disparatada manera, sabe cómo solucionarlo.

—¿Qué haremos hoy Veigar?.-me pregunta volviendo a su color original.

—No lo sé.-

—Vamos a jugar a algo.-

Yo no asiento, pero sé que ella no necesita confirmación para incluirme en el juego. A pesar de mi tamaño, soy malvado, una fuerza de magia imparable, pero solo con esta chica, es con quien me siento grande de verdad.