Cap. 11: Tumba congelada.
No tiene ningún sentido. Lo que está pasando ahora no tiene ningún sentido para mí. Lo observo mientras él sonríe y levantan los brazos en alto mientras juega con un poro. Soy una bruja de poder incalculable pero no le hago daño. Él me conoce y aun con eso, me deja estar aquí, sentada, mirándole. No es que sienta algo por él ni nada por el estilo, es solo que tanto él como yo no nos hacemos daño. Fueron hace minutos que me lo encontré, pero ninguno de los dos hace nada.
Estaba aquí, en el lago que suelo usar cuando pierdo mi forma humana para reposar y evitar que mi identidad fuera descubierta. Es uno de los lugares más alejados de toda civilización, por lo que nadie viene aquí, o eso pensaba. Al estar en las orillas del lago, escuché una risa a lo lejos. Curiosa, me acerqué y entonces lo vi. Aquel hombre de singular bigote jugueteando con dos poros pequeños mientras reía como nunca. De pronto, aquel gran hombre notó mi presencia.
Me observaba sin cambiar la sonrisa de su rostro y sostenía a ambos poros en cada mano. No dude un segundo y comencé mi ataque. Unos picos de hielo salieron de mi mano directos a su cuerpo, pero él apartó a ambos poros y detuvo ambos picos con su costado, siendo inmune.
—Eso me hace cosquillas.-dijo con su singular acento.
Disconforme con aquella burla, arremetí una vez más con picos de hielo hacia él. Finalmente soltó a los poros y se encaró contra los picos, deteniendo dos y dejando que el último le impactara en el pecho sin hacerle ningún daño.
—Así que quieres jugar ¿Eh?.-me dijo mientras recogía nieve del suelo y formaba una bola.-¡Allá va!.-
La bola de nieve con puntería perfecta hizo blanco en mi hombro. Era una infamia. Aquel hombre se burlaba de mis poderes y fuerza con sus tonterías. No iba a tener más compasión. Me acerqué a él y sonriente, levanté ambos brazos para bajarlos rápido.
—¡Sucumbe!.-
La tumba de hielo había congelado a Braum. Me sentí satisfecha de terminar con aquella vida de manera tan fácil. Eso pensaba, hasta que escuché el crujir del hielo y luego romperse violentamente. Braum apareció ahí, siendo recorrido por un escalofrío que le hizo tiritar rápidamente.
—Eso fue refrescante.-comentó para después soltar una risotada.
—¿Cómo es posible?.-dejé salir de mi boca.
—Es fácil, tienes que concentrar tus fuerzas y luego las dejas salir de golpe.-dijo con las manos en la cintura, orgulloso de su hazaña, pero luego su semblante cambió.-Te ves cansada, ¿Estás bien?.-
Le miré con sorpresa. Me preguntaba a mi, Lissandra, la bruja de hielo, si me encontraba bien. Imaginé de inmediato que se trataba de alguna artimaña para tomarme con la guardia baja, pero esta idea se iba disipando cuando le miraba sonreír.
—¿Sabes quién soy yo?.-le pregunté para cerciorarme de que me conocía.
—Eres Lissandra, la que vive en la montaña. Hay muchas historias sobre ti. Madre me las contaba para dormir.-contestó sin soltar su sonrisa en ningún momento.
—Y tú eres aliado de Ashe, por lo que somos enemigos. Somos de bandos diferentes, así que deja de jugar conmigo.-
—Yo no tengo un bando fijo en realidad.-me sorprendió con eso.-Yo solo protejo a aquellos que lo necesitan. Al menos hasta que sean fuertes y puedan cuidarse ellos mismos. Pero estos dos no creo que sean fuertes algún día.-señaló a los dos poros que jugaban entre sí mientras soltaba una carcajada.
—Pero soy una bruja de hielo negro, ¿No me tienes miedo?.-
—Madre siempre decía: "El corazón que está lleno de miedo, está vacío de felicidad". Yo sé quién eres y las cosas que puedes hacer.-
—¿Y aun con eso no vas a detenerme?.-
—No estás haciendo nada malo, ¿O sí? Además, te ves bastante débil como para ponerte a pelear.-
Sus palabras empapadas en verdad me pegaban en la cara. Usar la magia con la guardia de hielo para mantener mi aspecto humano me dejaba debilitada por bastante tiempo. Podía defenderme y atacar, pero en una batalla no podría aguantar demasiado. Volví a observar a Braum, y cómo este jugaba con los poros meciendo a ambos sobre su puerta, la cual sostenía con la frente. El acto de equilibrismo que hacia parecía poner contentos a los poros, quienes saltaban y revoloteaban disfrutando el juego.
De pronto, ambos saltaron al piso mientras Braum reía. Siempre estaba riendo. Incluso en enfrentamientos anteriores, en plena batalla lo había visto sonreír. Alguna vez le había escuchado hablar sobre enfrentarse agente fuerte le hacía sentirse bien. Aquel hombre era bastante extraño.
—Bueno amiguitos, regresen con sus familias. Y no vuelvan por este lago o podrían perderse de nuevo.-
Como si pudieran entenderle, los poros se alejaron de ahí dejando pequeñas huellitas en la blanca alfombra de nieve. Braum rio una última vez y cuando pensé que iba a alejarse, se giró hacia mí.
—¿Estás mejor?.-me pregunta sonriéndome.
Esa sonrisa causa algo en mi. Siempre esta tan feliz y riéndose de todo lo que le sucede, sea bueno o no. El verlo disfrutar de todos los momentos felices me pone algo celosa. Detesto que él pueda ser feliz todo el tiempo.
—Eso no te importa. No necesito tu ayuda.-le dije arrogante.
—Toma, esto podría ayudarte.-
Noté que me tendía algo. Era una especie de pan blanco que sostenía en su mano. Era apenas una pieza pequeña que comparada con su enorme mano, lucía aun más pequeña.
—¿Qué es esto?.-
—Es un pan de leche de cabra. Yo mismo lo preparé con una receta de mi madre.-me lo tendió sonriente.
—No lo quiero.-
—Tómalo, te ayudará a recuperar las fuerzas.-
—Sabes que si recupero las fuerzas, podría acabar contigo ¿Verdad?.-me dije retadora.-¿Tomarás ese riesgo?.-
—Cualquier riesgo es válido para ayudar a quienes están débiles. Incluso si quieres pelear conmigo, lo ideal sería hacerlo en iguales condiciones que con la fatiga que tienes ahora.-
No lo entendía. Braum seguía sonriendo a pesar de mis dichos y amenazas. A pesar de decirle que podría congelarlo en cuanto me recuperara, el seguía ahí, ofreciéndome ese pedazo de pan. Sin saber mucho qué más hacer, opté por tomar aquel pan de su mano.
Hacía bastante tiempo que siquiera tocaba comida, y más aquel pan que parecía estar hecho de nieve pura por la manera en la que se desmoronaba en mis dedos. Lo llevé a mi boca y aquello me pareció extraordinario. El sabor era tan dulce y la textura tan suave. Terminé con aquel pequeño bocado satisfecha por el sabor a pesar de una muestra tan minúscula
—Está bueno, ¿No crees?.-me dijo sonriente.
Yo no contesté, solo dirigí mi mirada hacia otro punto. No iba a darle la satisfacción de la razón después de haberme negado tanto.
—¿Puedes sentirlo? Como las fuerzas regresan poco a poco a tu cuerpo.-me interrumpió una vez más.
—No siento nada.-
—Entonces tienes que comer más pan, y leche. Madre siempre decía que la leche te hace fuerte y grande.-
Me mostró sus músculos. A pesar de que hace bastante tiempo había abandonado los impulsos humanos como la atracción física, eso no me impidió ver que Braum poseía una forma física increíble. Una duda comenzó a dibujarse en mi cabeza, y no me abstuve de preguntar.
—¿Por qué estás haciendo esto? ¿Por qué estás aquí intentando hacer que me sienta mejor?.-
—Porque a veces, un corazón frío, necesita una sonrisa calurosa.-me dijo mientras se acerca a mi rostro.
Pude verlo. El singular bigote de su cara y su calva que acentuaban sus pobladas cejas. Esa sonrisa que siempre había mostrado sumado a la frase que acababa de decir me había tomado desprevenida. De inmediato me alejo para crear espacio entre ambos y giro la cabeza. No sé lo que está haciendo, hasta que escucho el crujir de sus pasos en la nieve.
—¿Qué les dije sobre regresar?.-escucho su voz.
Por un momento, me asusto pensando hay otras personas con él, pero al mirarle me doy cuenta a qué le habla. Un escuadrón de poros de todos los tamaños y cornamentas se acerca a Braum. De inmediato se le suben y lo invaden derribándolo incluso, pero al gran hombre esto no parece molestarle. Las risas y carcajadas que suelta indican que incluso disfruta de la compañía de estos animalitos.
Observo que se levanta con los poros a sus hombros. Los que no alcanzaron a subir saltan a su alrededor mientras se acerca a mí. Sin mediar palabra me tiende uno de los peludos, al cual niego de inmediato. Lo intenta una vez más, pero reniego con la cabeza. El no parece triste o decepcionado, en cambio se aleja jugando con los poros sonriente.
Así es como terminé aquí. Recuperando mi fuerza y mirando al corpulento hombre jugar con los pequeños. Este hombre tiene algo que me hizo recordar mis días antes de conseguir el poder. Quizás es la sonrisa que tiene pegada al rostro todo el tiempo; puede ser su amabilidad sin límites con enemigos y aliados. Es probable que sea su infantilidad al ponerse a jugar con los poros. Saboreo lo que quedó en mi lengua de aquel sabor y suspiro.
Dejo ver una sonrisa muy ligera al observar a Braum jugar. Observo que algo se mueve a mi lado, y es uno de esos peludos animalitos, quien me mira con la lengua de fuera. Está en una roca mirándome con sus enormes ojos que suplican una caricia. Me lo pienso bastante y recuerdo como antes los poros solían jugar libres hace mucho tiempo.
Con delicadeza, deslizo uno de mis gélidos dedos por la carita del poro quien parece complacido. Retomaré el control de todo y permitiré que jueguen en paz. Doy una última mirada a Braum quien ahora se revuelca con los poros sin dejar de reír. Ni el hielo ni el frío parecen afectar a este hombre, quien rueda por la nieve sin nada que le abrigue. A veces, parece invencible.
Suspiro una última vez y me doy vuelta para retirarme. Aun no tengo las fuerzas suficientes para atacarle o algo así, aunque dudo que lo haga. Pienso en sus palabras de hace minutos y reflexiono.
"A veces un corazón frío, necesita una sonrisa calurosa."
Me alejo bastante hasta que algo hace que me detenga.
—¡Buena suerte!-escucho que me grita a lo lejos.
Solo giro la cabeza para verle de reojo y sigo mi camino. Una pequeña sonrisa se dibuja en mí mientras sigo hacia la guardia de hielo. En posible que sus palabras tengan razón. Mi corazón es de hielo puro, pero este pequeño momento con él, pero ahora siento una pequeñas calidez que no tenía antes.
