Hace 10 años atrás. Colegio Antoine de Saint-Exupéry, Paris. Diciembre 12 del año 3060.
—Psst…hermano —una vocecita juvenil le llamaba desde el puesto de enfrente. Era Félix quien insistía con tener contacto visual. Ambos jóvenes se encontraban sentados en la biblioteca del establecimiento educacional. Así que, si quería charlar, debían hacerlo en voz baja— Adrien —reclamó el rubio. El mayor parecía estar muy ensimismado con su lectura. Pero ya que conocía su habitual forma de irritarle, optó por alzar los ojos sobre el libro.
—¿Mh? ¿Qué quieres, Félix?
—Necesito contarte algo —siseó Graham de Vanily, escondiendo los labios cerca de su diestra— Empecé a ver a alguien.
—¿Tipo salir o estas alucinando? —Adrien arqueó una ceja con ironía.
—No, tonto —protestó en sarcasmo— Es una chica. Es real. Al menos hasta donde yo sé…—extrajo su dispositivo móvil y le mostró una foto— Ya la conoces. Es Marinette Agreste de la clase B. ¿Verdad que está guapa? —se sonrió para si mismo— Me dijo que le gusto. Y la verdad…es que también me gusta.
El rostro del ojiverde se deformó de un segundo a otro, como quien ve un fantasma. No parecía estar para nada contento con la noticia. Instintivamente se levantó de su silla, haciendo amago de silencio funerario. Tomó sus libros de la mesa, una tableta, su bolso y se retiró del lugar sin chistar. Félix le observó marcharse sin poder protestar. Al parecer…a su hermano no le había gustado la idea. Y conociéndole ya como era, seguramente no aprobaba a Marinette para ser su novia. Adrien era muy exigente con esas cosas.
—Bah…lo que importa es que a mí me guste —regresó la mirada a su fotografía con aires de satisfacción.
Tras guardar todo en su bolso, Adrien Graham de Vanily caminó por los pasillos con la mirada enardecida, fija como un caballo desbocado. Sabía perfectamente donde encontrar a la responsable de este "desmadre". Bajó las escaleras hasta el tercer piso, dándose de lleno con quien se le atravesara por delante, ingresando finalmente de sopetón al gimnasio techado de la escuela. En la cancha, se desarrollaba un acalorado partido de basquetbol. Marinette concibió su presencia, deteniendo repentinamente el primer tiempo. El rubio la jaló disimuladamente del brazo hasta la zona de las gradas y en ella, le increpó.
—¿Se puede saber que estás haciendo? —gruñó.
—Estoy en medio de un partido —expresó con sarcasmo, en lo que se limpiaba el sudor de la frente— ¿No es obvio?
—¿En serio con mi hermano, Marinette? —espetó, arrugando el entrecejo.
—¿Estás celoso acaso? —chistó.
—No quieras jugar conmigo —rezongó, apretándole la mano con fuerza desmedida— Si querías vengarte de mí, debiste elegir a alguien más.
—¿Vengarme de ti? —se soltó violentamente de su agarre. Acto seguido, le empujó hacia atrás solo para distanciarlos— Ni que fueras el centro del universo. Eres un egocéntrico.
—Y tu una caprichosa.
—Tú me rechazaste, Adrien —se defendió, mostrando los dientes con impotencia— Tomaste tu decisión. Y ahora yo tomaré la mía —sentenció.
—Yo no te rechacé.
—Si lo hiciste.
—Estamos en guerra, Marinette —aclaró— Te di mis razones.
—Nunca serás ni la mitad de hombre que es Félix —le reclamó, adolorida— El es un caballero. Y tú un vulgar.
—Y aún así —le jaló de la cintura, atrayéndola con vehemencia hacia el— este vulgar te vuelve loca.
—Me volvía —le quitó de encima— Tiempo pasado. Ya no pienso seguir sufriendo por ti, Adrien. Tu y tus…indecisiones extrañas.
—Marinette, yo te amo —confesó sin ápice de vergüenza.
—Cállate, Adrien.
Aquella ultima frase le cercenó la garganta, sintiendo la saliva áspera en la lengua. El solo hecho de tener que haberle respondido, le quebró el corazón. Incluso si ambos eran cómplices de algún tipo de romance oculto, lo dicho y hecho estaba pronto a terminar. La pelinegra ya había hecho su jugada. La profesora llamó a la heredera de los Agreste de vuelta a la cancha. Se solicitaba su presencia para reanudar el partido. Con las pupilas húmedas y el agrio sabor de la entrega en sus labios, la ojiazul se encaminó de vuelta a la explanada. Aunque no sin antes sufrir una ultima advertencia por parte del rubio.
—Te prohíbo que lastimes a Félix. ¿Me oyes? —le lanzó un aviso— El es un buen hombre.
—No te preocupes —le respondió por sobre el hombro con desazón— Yo no soy como tu…
Los 15 son una edad tan compleja como lo son los sentimientos de dos jóvenes incomprendidos. El pasado no siempre regresa a tus tiempos. A menos claro, que lo ahogues en un vaso de alcohol y una canción melancólica.
[…]
Volvemos al presente.
—Ok. Manga de estúpidos —protestó Alix, esta vez completamente fuera de sí. Azotó el puño contra la mesa, observando con mirada asesina a cada uno de los integrantes de su brigada— ¡¿Qué mierda está pasando?!
Todos optaron por guardar silencio. Y eso incluía a Alya, Adrien, Chat Noir y Ladybug respectivamente.
—Vale…—carcajeó con sarcasmo Kubdel, y luego les reveló las macabras imágenes que le llegaban desde prensa directa. Algo que sin duda nadie quiso ver. Los jóvenes estudiantes desviaron la mirada en cuanto vieron sangre. Césaire rodó los ojos con hastío. Adrien se hizo el webón— ¿Saben que es eso? —protestó la prefecta— Anoche, mientras todos ustedes, imbéciles buenos para nada descansaban, asesinaron a un pez gordo. Roger Raincomprix. ¡¿Se imaginan lo que se nos viene ahora?!
—Con todo respeto, Alix —acotó Chat Noir.
—¡General, para ti, niño gato! —espetó furiosa.
—Vale…si está molesta —asintió con sumisión— Perdón. Con todo respeto, general —continuó— Ya tenemos una idea mas o menos de quien podría ayudarnos en la investigación.
—Ah. ¿Sí? ¿Y de quién? —incursionó la bermeja. Adrien se endureció en su lugar, observando en tono de complicidad al menor. En respuesta, Alix conectó una mirada indagadora con la chica del traje de mariquita— Todos fuera. Menos estos dos.
—Pero…—protestó Césaire.
—¡Fuera! —ordenó colérica. Hicieron caso omiso a su orden. Pero claro que los chicos tenían mucho más que revelarle ahora que estaban a solas— ¿Y bien?
—Alix…—Ladybug sentía unas ganas excelsas de revelarle su identidad. Pero como su compañero estaba a su lado, no podía decir mucho mas de su propia investigación— Anoche incursionamos solos en la ciudad. Y nos topamos con una persona. Su nombre es Julien Couffaine.
—Un segundo —le detuvo en seco, tecleando en su monitor— Al apellido me supera. ¿Couffaine? ¿Segura?
—Si —acertó la fémina de mirada azulada— Es el hermano gemelo de Luka Couffaine. Pero tu ya lo debes de saber, ya que has buscado su nombre en la base de datos.
—En efecto —masculló la general— ¿Qué pasa con él? Tiene arraigo nacional, de hecho. Hacker profesional. Robaban información bancaria.
—Anoche nos adentramos al cuadrante suburbano como lo llaman ustedes —reveló Marinette, juntando el entrecejo con recelo— Y pretendo llegar al meollo del asunto. Pero antes de contarte lo que encontramos, quisiera que me aclararas una cosa —la bermeja asintió en respuesta, cruzándose de brazos— Tu sabías que la planta nuclear del cuadrante 9 pertenecía a Industrias VanilySky. Siempre estuviste en conocimiento de ello. Y también sabías que Adrien y Félix eran hermanos.
—Hermanastros —le corrigió.
—Da lo mismo eso —Ladybug rodó los ojos— Son familiares, al fin y al cabo. ¿Por qué nos lo ocultaste?
—Yo no oculté nada, Ladybug —esclareció la pelirroja, sirviéndose un trago de coñac en una copa— Todo parís sabe que Adrien y Félix son familiares. La piocha de Adrien de hecho dice claramente: Comisario Adrien Graham de Vanily. A menos claro, que no sepan leer.
—Pues…no quisiera ofender a nadie aquí —interrumpió Chat Noir, alzando la patita— Pero el hecho de que el detective sea familiar de un posible involucrado en la investigación, solo a-…
—¡Wow! —levantó ambas manos en signo pare— ¡Wow, wow, wow! —bufó— Alto ahí, vaquero. ¿Qué me cuentas? ¿Félix está involucrado?
—Es lo que creemos…general —agregó el portador del Miraculous del gato.
—¿Ok…? Esto se vuelve un poco turbio.
—Adrien es hermano de Félix. Y se rehúsa a interrogarlo o a involucrarse con él —confesó la muchacha del traje rojo— El no está capacitado para afrontar algo como esto. Solo entorpecería la situación.
—¿Y? ¿Sugieres que lo saque de la pesquisa? —Alix se encogió de hombros, bebiendo otro sorbo de su vaso— Nop. Está fuera de discusión. Es mi mejor agente. Lo necesito al frente.
—No pedimos que lo saques —proveyó Dupain-Cheng— Si no que nos dejes a nosotros a cargo.
—Escuchen. No quiero ser grosera…pero vamos —Kubdel pedía que entraran en razón. Era demasiado descabellado lo que solicitaban, con los años de servicio que tenia a cuestas— Llevan dos días y medio aquí. Saltaron desde un espacio tiempo paralelo a este que solo quien sabe donde queda. Y ¿Y quieren que los deje al frente de esto? No es un juego.
—No es por presumir —Adrien Agreste soltó un chasquido, ofendido— Pero en estos dos días y medio hemos recopilado mas información que ustedes en un año. ¿O me equivoco?
—Eso depende de lo que tengan para mostrarme —Alix desafió al ojiverde con la mirada. Un hombre llamaba a la puerta, interrumpiéndolos en el momento mas crucial de la plática— ¡Arg! ¿Y ahora qué?
—Prefecta —señaló el muchacho— La prensa está aquí. Están esperándole para su pronunciación sobre el incidente de anoche.
—Está claro que esto ha escalado otro nivel…—murmuró la mayor, mordisqueándose con temor el dedo pulgar— Esto no va a salvar a Klaus de la verdad.
—Tarde o temprano tendrían que enterarse —exhaló abatida, la portadora del Miraculous de la Catarina.
Periódicos, canales de televisión, centros de radio, caza noticias, streamers y difusores de prensa libre se agolparon en el hall principal de la comisaría numero 12. Los flashes, los micrófonos y las preguntas alzadas se ciñeron en cuanto Alix Kubdel, se posición sobre el podio principal. La señal estaba al aire y en vivo para todo aquel que quisiera prestar atención a lo ocurrido. No se mostró nerviosa. Estaba mas que acostumbrada a manejar a las masas. Lo que, si tenía mas en claro que nunca, era que no podía titubear en lo que ahora se avecinaría. Pues este discurso, sin duda sería tomado como una declaración de guerra para el asesino. La primera y oficial en casi un año de sus impunes delitos.
—Este ha sido un hecho grave y muy lamentable —habló la general en retiro y prefecta de policía— Primero que todo, quiero que sepan que tanto este gobierno como su jurisdicción, repudia y desdeñará siempre la violencia como método de solución a los inconvenientes —continuó con firmeza— Vamos a garantizar la seguridad de nuestros ciudadanos, puesto que lo más importante ahora es respetar los derechos humanos de cada uno de ellos. Siguiendo protocolos de defensa, hemos abierto una carpeta investigativa, de la cual disponemos de todos nuestros efectivos en movimiento —era información que se venía cotejando desde hace tiempo, pero ahora la hacía pública y a conocimiento de todo el país— Reiteramos el llamado a la calma. Sepan que, junto con el municipio de alcaldía, el ayuntamiento de justicia y los peritos de ciencia, no descansaremos hasta atrapar al culpable. Les doy mi palabra —sentenció a la cámara.
Los invitados enloquecieron de curiosidad ante tal contundente manejo de palabras, el correcto uso de sustantivos y la grafía templada y firme en la que entregaba su confianza a la ciudadanía. Las primeras preguntas cayeron sobre sus hombros. Los periodistas brincaron ansiosos por conocer mas antecedentes. Alguno que otro, ya manejaba incluso mucha mas información de la necesaria. Lo que llevó finalmente, a desenmascarar la verdad de un sínico Bourgeois. La interrogación voló por los aires.
—Se estima que ya van mas de 30 victimas a manos del mismo asesino que mató al general Roger. ¿Qué nos puede decir sobre eso?
—¿El alcalde Bourgeois nos mintió? El aseguró que estaban desaparecidos.
—¿La fiscal Agreste es cómplice del alcalde?
—Hay cifras que informan que la mayoría de las victimas son del distrito suburbano. ¿Acaso este es un claro mensaje de discriminación?
—¿Qué relación hay con los rusos?
—¿Por qué esperar 1 año para confesar esto? ¿La policía oculta aún más información?
—Hay miedo en la población, general Alix —sentenció el ultimo, quien tan solo era un joven muchacho de prensa libre— Los asesinatos han ido en aumento. Primero fue un guardia de seguridad y ahora un miembro del consejo de seguridad de la nación. ¿Qué podemos esperar entonces? ¿Hasta el alcalde corre peligro? ¿Usted? ¿El gobernador? ¿El presidente?
Pregunta tras pregunta. Una mas incomoda y bochornosa que la otra. Sobre todo, aquella ultima que…le robó el aliento a más de alguno. Tanto en sus casas como fieles televidentes, como en las redes sociales. Incluso dentro y fuera del ayuntamiento de alcaldía. Klaus apagó la transmisión televisiva, con un efusivo y colérico aullido al aire. Estaba cabreadísimo. Marinette por su parte, continuó escuchando la entrevista con sumo atención, sin perderse ni lujo ni detalle de nada. Ahora todo el mundo sabía que estaba involucrada indirectamente con "tapar" dichos acontecimientos. Y eso le produjo un mareo intenso.
—Dios santo…—la ojiazul se tomó la cabeza, bebiendo una solución con alcohol— Esto no pinta nada de bien ya…—su teléfono repicó repetidas veces, lo que concluyó en una llamada de voz fortuita y en muy buen momento— ¿Félix? Imagino que ya viste la noticia.
—Es lamentable… ¿No te parece? —murmuró impávido desde el otro lado. Movía en círculos un vaso de whisky con hielo, completamente en tranquilidad— El pobre Roger…oí que tuvieron que unirlo por partes para poder reconocer el cuerpo —esbozó una sonrisa— Imagina cuanto deben de haber tardado…considerando lo obeso que era.
—Dios…Félix. ¿Te estás oyendo? ¿Cómo hablas así? —la fiscal se estremeció en su asiento, sujetándose la sien— No es forma de morir…todo…desmembrado. Fue un caso horrible.
—Descuida, mi amor —le dio una succión suave a su bebida— Confío en ti y en la prefecta Alix. Encontrarán pronto al culpable. Por cierto —inquirió— ¿Qué harás esta noche? Hoy habrá luna llena y pensé en que podríamos ir a dar una vuelta al Senna. Tanto como te gusta.
—Lo siento, cariño…—se negó con penuria— Pero con todo esto me siento muy nerviosa —acto seguido, tomó un sorbo de agua— En verdad no es un buen día.
—¿Te estás tomando el medicamento?
—Si —siseó trémula, divisando las capsulas sobre la mesa— Me han ayudado mucho para dormir. Te lo agradezco.
—Te amo…Marinette —confesó.
No respondió nada del otro lado de la línea.
—Te llamaré a la noche para saber como sigues —dijo sin más, cortando la llamada. Acto seguido, observó el anillo sobre su dedo anular. El brillo en aquellos orbes esmeralda era de un fulgor despampanante.
[…]
—Vale, esto es un caos —rezongó Alix indiscutiblemente furiosa. Ingresó a su oficina, acompañada de ambos héroes— Está bien. Vamos a pasar al plan dos —clavándole una mirada inquisitiva a Ladybug— Cuéntame todo…y prometo ayudarte.
—¿Qué tienes en mente, mi lady? —cuestionó Chat Noir.
—Tenemos que interrogar a Félix Graham de Vanily —sentenció Marinette— Necesitamos el acceso a las cámaras de seguridad y encontrar a Luka Couffaine. Solo el nos puede ayudar a resolver esto.
—Te escucho…
Esa misma mañana y apremiados contra el tiempo, Kubdel les asignó un vehículo policial a los muchachos. Era la primera vez que nuestros jóvenes portadores se encontrarían cara a cara y a solas con el magnate de la industria robótica. Para su suerte, el rubio había accedido sin problemas a una reunión privada en la sede central de VanilySky. Fueron citados eso de las 11:25AM, en el asombroso edificio principal, ubicado en pleno corazón del cuadrante 1 del sector mas adinerado de Neo Paris. Escoltados por un gorilón de dos metros del cual, dudaban fuese 100% humano, se subieron a un elevador de ventanales transparentes. El despacho se situaba en el ultimo piso, en un pent-house de lujo sumamente excéntrico. Chat Noir era el más receloso con la idea. Parapetado solo de su bastón y el cinturón que ahora vestía; con un arma de fuego, se sentaron en un sofá a la espera de ser convocados al interior. Nathalie Sancoeur fue la primera en aparecer en escena, invitándoles a la oficina del presidente sin mayores miramientos. Se les ofreció algo para beber y se acomodaron cada uno en una silla, frente al escritorio del líder ejecutivo. Marinette estaba nerviosa, por no decir intranquila. Pero ya bosquejaba en su mente mas o menos el panorama con el cual se encontraría. Félix era un hombre reservado, muy enigmático, de pocas palabras y mucho actuar. Incursionar en la mente de un sujeto así era comprometedor incluso para el más valeroso de corajes.
Adrien Agreste conocía a su primo. Pero estaba mas que dicho, que este Félix no era igual al de su universo.
—Ladybug —enunció el rubio, ingresando al despacho con mera templanza— Chat Noir. Bienvenidos a mi humilde empresa.
—Humilde…—pensó el ojiverde de vuelta— Buenas tardes, señor presidente.
—Por favor, nada de formalidades —aclaró, regalándoles una sonrisa afable— Díganme Félix. Estamos en confianza.
—Claro…me siento super confiado —redundó nuevamente, el héroe de traje negro— Félix. Agradecemos que hayas accedido a recibirnos.
—La policía de Paris siempre es bienvenida en mi empresa —manifestó sereno, sirviéndose una copa de vino— Sobre todo la brigada de homicidios. Aquí no tenemos nada que ocultar.
—Félix Graham de Vanily —reveló Ladybug, sacando de su cinturón una tableta pequeña y un lapiz— Primero que todo, quiero que sepa que, en estos momentos se encuentra bajo testigo jurado sobre una investigación en curso por homicidios múltiples.
—Wow…—farfulló el rubio con falsa modestia— ¿Hice algo malo, detective?
—Inspectora —le corrigió, carraspeando para aclarar la voz— Y no. No ha sido indicado como culpable de nada. Pero necesitamos de su colaboración para la pesquisa.
—Soy todo oídos…—masculló gesticulando una mirada juguetona— "Lady inspectora"
—Primero que todo —Dupain-Cheng se levantó de su silla, presionando el botón de "grabar" en su tableta— ¿Es usted propietario y presidente de VanilySky?
—Soy el presidente. Pero no soy el propietario del todo —contestó con voz soberbia— Verán, tengo un hermano mayor. Pero seguro ya lo conocen. Adrien Graham de Vanily. Es comisario en su brigada. Y el es mitad dueño también de la empresa. Así que somo dos propietarios.
—Por favor responda con monosílabos —Ladybug tragó saliva. Bien, el chico no iba a resultar una persona fácil para cuestionar— Con un sí o no, a mis siguientes preguntas.
—Ok, cariño —arqueó una ceja con lascivia, tomando un sorbo de su trago.
—Siempre tan engreído…—Chat Noir apretó el puño, fulminándole con la mirada.
—¿Es el presidente de VanilySky? —comenzó con el interrogatorio.
—Si.
—¿Tiene conocimiento del asesinato de uno de sus guardias de seguridad, de nombre Jean Pierre Ferrat de 26 años de edad, el pasado sábado? —se desplazó hacia el lado izquierdo de la habitación.
—Si.
—La fiscal emitió una orden para requisar las cámaras de seguridad por lo sucedido esa mañana. ¿Las va a entregar?
—Si…—sonrió nuevamente.
—¿Por qué demonios sonríe a cada una de las preguntas que le hacen? —se cuestionó Chat Noir, mostrando los dientes cada vez mas molesto— ¿Le parece gracioso? Que idiota…
—Cielos…esto se vuelve cada vez mas complicado. Está al tanto de todo y eso no es excusa para nada…—Marinette prosiguió con la siguiente tanda de respuestas que había elaborado cuidadosamente para el— Bien. Siguiente pregunta. ¿Conoce a Luka Couffaine?
—Si.
—¿Qué relación tenía con él? —cuestionó la fémina— ¿Trabajaba para usted?
—Si.
—Un segundo —interrumpió Chat Noir, levantándose de su asiento— ¿Sabías que Luka era un criminal? Es un hacker buscado por la policía hace años.
—Si —declaró con tranquilidad.
—¡¿Pero por qué sigues tan tranquilo, joder?! —Adrien Agreste se enfurruñó por completo.
—Vale…—la ojiazul se avocaría 100% a sus preguntas. Comenzaba a intimidarse…ligeramente…— ¿Sabía que era un criminal y aun así lo contrató?
—Si. Yo no discrimino a nadie.
—¿Cometió usted fraude al fisco, alterando y hackeando la bolsa de valores?
—No.
—¡Arg! Vamos, Marinette. Que pregunta tan estúpida —se tomó la cabeza, abrumada por su torpeza. Obvio que no iba a responder que si— Bien. Quizás hice mal la pregunta. ¿Cometió Luka fraude al fisco?
—Si.
—¿En nombre de VanilySky?
—No.
—Ya basta —espetó Adrien, dirigiéndose hacia su escritorio con aires amenazantes— Esto es ridículo. Solo nos estás haciendo perder el tiempo ¿Verdad, Félix?
—Si —bufó.
—¡Lo sabía! —le apuntó con el dedo. A lo que su compañera le regaló una mueca de preocupación— ¡¿Y qué?! ¡Lo acaba de admitir! ¡Se lo toma como un juego!
—Yo solo estoy colaborando con su investigación, señores inspectores —se mofó— Pero ¿Les estoy haciendo perder el tiempo? Claro que sí. Porque no encontrarán nada aquí —Félix se levanto de su silla, paseándose con total serenidad por su despacho— Verán, en mi empresa no nos fijamos mucho en los prontuarios de cada trabajador. No discriminamos el trabajo. Si alguien se ofrece para brindarnos conocimiento, o un servicio en particular, es bienvenido sin duda.
—¿Y Luka Couffaine se ofreció por su voluntad? —esbozó Marinette.
—Evidentemente, señorita Ladybug —manifestó Félix— ¿O que piensa, que acá obligamos a alguien?
—¿Y dónde está ahora? —masculló molesta.
—Créame que no tengo la menor idea — se encogió de hombros, rellenando su copa de vino— De hecho, fue revocado de su puesto hace un mes. Mi asistente Nathalie le mandó la carta por correo —aclaró, tomando un sorbo de su bebida— El estará en pleno conocimiento, ya que no se presentó a trabajar por tres días seguidos y como bien usted conoce las leyes de aquí, eso es materia de despido inmediato.
—¿Y que sabe respecto al asesinato del general Roger Raincomprix?
—Lo mismo que usted, imagino —se encogió de hombros— Es un hecho lamentable. Me enteré hoy por la prensa, de hecho.
Silencio sepulcral entre los tres. El aire se tornó asfixiante para todos los integrantes de la reunión. Ladybug no era tonta. El chico sabía mucho mas de lo que profesaba, pero estaba en claro que no diría nada que lo comprometiera. La seguridad de su imperio estaba en juego. Comprendió entonces que, para el rubio, nada era ilegal o falto de moral. Si le brindaba prosperidad y prestigio a su compañía, lo tomaría. Viniera de quien viniera. Dupain-Cheng exhaló rendida, guardando su tableta.
—Es todo por hoy, señor Graham de Vanily —miró a su camarada— Nos vamos.
—¡Pero mi lady! —protestó Chat Noir, anonadado con lo que ella le ordenaba. El mas que nadie estaba al tanto de que Félix ocultaba algo.
—Perdónenos por hacerle perder el tiempo —le regaló una reverencia asiática, encaminándose a la puerta de salida— Agradezco de su ayuda.
—Espere, señorita Ladybug —le detuvo Graham de Vanily en la entrada. Se acercó a ella, sujetando con indulgencia su extremidad— Usted se ve interesada en el asunto. Y no pretendo incomodarla con ello. Por favor no deje de visitarme.
—¿Cómo? —Marinette se ruborizó tras ese toque tan…gentil. Vamos, para ser alguien con rasgos criminalísticos— ¿Desea seguir colaborando?
—Con todo mi corazón —agregó el presidente, depositando un beso gentil en el dorso superior de su diestra— Le dejo mi tarjeta —se la entregó, tal cual lo hizo el comisario Adrien en su momento— Si necesita de mí, no dude en contactarme. Estoy a su merced…
—¡¿Está coqueteándole a mi lady?! —Chat Noir se engrifó como un gato en plena pelea de apareamiento— Hey…
—Nos vamos —la pelinegra cogió del brazo a Chat Noir y lo tironeó afuera del despacho, de mala gana claro. Ella captó el ataque de celos de su compañero— ¿Qué haces?
—Te besó la mano —mostró los colmillos— Ese no es el Félix que conocemos.
—Ya basta —lo despabiló— Estamos en medio de una investigación. No compliques las cosas.
—¡Pero-…!
—¿Requieren un vehículo de geo localización para volver? (Uber) —Nathalie, la asistente de Félix los obstruyó en la entrada— Corre por parte de la empresa.
—No te molestes, Nathalie —gruñó el portador del gato— Yo sé conducir. Llevaré a mi lady casa. Gracias.
Ahora era el quien la halaba fuera de la gran edificación. Adrien estaba furioso. Si bien condujo de vuelta al apartamento íntegramente exacerbado, para Marinette el haber recibido esa tarjeta no era mas que una muestra de altivez excesiva. Félix se discurría un hombre respetable, casi sagrado dada su posición en la compañía y su alto nivel de poderío económico en la sociedad. Mas allá de eso, profesaba una inocencia debatible. Era un chico en una posición controvertible y no descansaría hasta llegar a la verdad.
Esa noche, mientras su compañero de andanzas roncaba a patas sueltas, ella no pegó ojo. Continuaba abstraída en la posibilidad de que Félix era algo así como una mente maestra detrás de los asesinatos en Neo Paris. Ahora, no dormiría aferrada a la tarjeta de Adrien Graham de Vanily. Si no, a la de Félix, su hermanastro.
[…]
Restaurant Le Meurice Alain Ducasse, 00:14AM.
—Gracias. La comida estaba exquisita —agradeció Kagami Tsurugi, removiendo las marcas de vino sobre sus labios, con ayuda de una servilleta de género— Es solo que no entiendo por qué me has invitado aquí.
—¿No es este acaso un lugar digno de ti? —murmuró Félix, alzando su copa para brindar.
—Me gusta —expresó la pelinegra con voz templada— Pero invitarme a cenar al restaurant mas caro de parís luego de lo que ocurrió, no me parece adecuado.
—¿Luego de lo que ocurrió? —arqueó una ceja.
—Félix, un miembro de la junta nacional de seguridad fue asesinado —la presidenta de KSG juntó el entrecejo— Uno importante de hecho. El presidía todas las reuniones para aprobar mis nuevos armamentos. Y ya no está.
—Lo sé —manifestó en tono paciente y sin prisas, rellenando la copa de champaña de su compañera.
—¿Por qué pareciera que estamos celebrándolo? —cuestionó la japonesa— Esto es serio. Le hará daño a mi compañía.
—Kagami —exhaló el rubio con hastío— ¿Podrías solo relajarte un poco y disfrutar de la velada? Creo que estas exagerando la situación —acto seguido, se reclinó sobre el respaldo de su silla, jugueteando con su copa— Es verdad que Roger era el líder de las juntas. Pero aún quedan mas miembros en ella. Sin duda son gente que nos ha apoyado todos estos años —se encogió de hombros— Además, piensa esto. Sin Roger al mando, quizás ahora si aprueben el nuevo dispositivo.
—¿Te refieres al bastón retráctil? —Tsurugi desvío la mirada, sobándose el brazo derecho— Como el consejo no había aprobado el diseño…no lo terminé. Creo que te lo dije en la llamada que tuvimos.
—Descuida…—le regaló una sonrisa esculpida en altivez— Confió en que ahora podrás terminarlo.
—Aprovechando la velada, tengo una duda —la joven ingeniera extrajo del interior de su vestido un replicador de imagen. Con solo presionar un botón, logró proyectar un plano estructural de su nueva creación— He estado trabajando día y noche en el módulo que me pediste. Pero hay un conector en el punto terminal que no comprendo…—le señaló un aparato, similar a una joya— Lo cree en forma de collar, basándome en el modelo original —acto seguido, le expuso un anillo— Pero aún no comprendo como replicar la energía molecular que expulsa el traje. Es sin duda un dispositivo muy complejo el que diseñaste, incluso para mí.
—¿Y la duda era…?
—¿De donde sacaste tal conocimiento? —curioseó— Quiero decir, no te ofendas, pero esto…es muy raro y avanzado.
—Lo encontré en un libro en el despacho de papá —explicó Félix, con mirada fruncida— Mis padres estaba trabajando en ello con los polacos durante la guerra.
—Vi el prototipo en un piloto que cree, pero…—tragó saliva, inquieta con lo que revelaría— No se ve seguro. La energía cuántica que libera…trastorna la composición de tu ADN. La reacción molecular que desencadena en tu cuerpo, altera el funcionamiento normal de los pulsos neuronales en tu cerebro.
—¿Eso que significa? —Félix comenzaba a impacientarse con sus deducciones, apretando el puño derecho.
—Que…si no se usa adecuadamente…—juntó el entrecejo, sentenciando su teoría— creo que podría cambiar a quien lo use. Y no me refiero a cambiar para bien.
—¿Volverlo loco, quieres decir?
—No sé si "loco" es una palabra adecuada —siseó Kagami— Mas bien…inestable.
—El dispositivo es seguro, Kagami —exhaló con recelo el ojiverde, alzando la mano para pedir la cuenta— Ya lo he probado.
—¿En quién?
—En mí —reveló con frialdad— Y heme aquí…tan normal como siempre.
¿Esperaba que la chica se tranquilizara solo porque el magnate había experimentado con su propio cuerpo? Lo encontraba poco probable. Los cálculos matemáticos no se equivocaban. Tsurugi no era alguien que cometiera errores o simplemente se limitara a probar en especímenes no aptos para su apropiado uso. En momentos como esos de tanta incertidumbre, solo podía seguir aferrándose a la confianza que depositaba en su compañero de trabajo. Habían trabajado juntos durante años y nunca vio fallos en su lógica. ¿Por qué ahora sería distinto?
Félix Graham de Vanily se despidió de la chica en la entrada del comedor. Su chofer personal le aguardaba en el estacionamiento. Aunque no sin antes, volver a recalcarle que continuara con sus planes de siempre. Le aseguraría con resultados fehacientes que nada malo saldría de ello. Por el momento, se conformaba con ver que la nipona se había tragado el cuento.
Una llamada de voz entró a su móvil.
—Nathalie —contestó— Te escucho.
—Señor presidente, nuestros ingenieros captaron una onda electromagnética de baja frecuencia cerca del cuadrante oriente de la capital —enunció Sancoeur en tono innegable— Creemos que pueda ser Luka intentando contactarse con su hermano.
—Quiero que rastreen la señal o cualquier impulso similar a ese —farfulló molesto el rubio— Debemos encontrar al maldito hacker antes de que mi hermano o alguno de esos imbéciles buenos para nada de la brigada, lo hagan.
—Como ordene, señor.
[…]
Con los primeros rayos del sol, ambos héroes se presentaron hidalgos frente a Alix para dar su reporte. No era para nada favorable.
—No está cooperando como esperé —reveló Ladybug— Pero te puedo dar mi vida, a que Félix tiene algo que ver con todo esto.
—¿Algo más que decirme? —disputó Alix, alzando una ceja con curiosidad— ¿Ladybug?
—Yo-…—se calló de golpe.
—Buenos días, general —los interrumpía con ímpetu, el comisario Adrien. Se encontró con la expresión culposa de tres individuos, que desconocía por completo— Perdón… ¿Interrumpo algo?
—Si —balbució Alix.
—¡No! —le corrigió la muchacha del traje rojo— ¡Justo a tiempo, comisario! —se encaminó a él, agarrándole del brazo derecho para aproximarlo a ambos— Verás, mi compañero Chat Noir no ha comido bien últimamente. Ayer se quejó de la cena. No le gusta mucho el menú dulce que tenemos en casa y me preguntaba si podrías prestarle una mano.
—¿Qué? —Chat Noir se rascó la mejilla, aturdido.
—¿En serio? —parpadeó Adrien— pero…si tenemos la mejor gama de dulces del mundo.
—Si. Es que a Chat Noir le encantan los chouquettes —rió nerviosa la menor— Y no tenemos chouquettes en casa. ¿Serías tan amable de conseguirle unos? En serio lo hará muy feliz —el portador del gato dejó percibir una expresión simpática a su declaración. Su camarada conocía sus gustos mejor que nadie. ¿Cómo no amarla?
—¿Chouquettes? —Graham de Vanily soltó una mueca de ironía— Pero claro. Conozco el lugar perfecto para conseguirlos —se arrimó al responsable del Miraculous de la destrucción— Vamos. Te conseguiré algunos.
—¡Excelente! —le agradeció la portadora de Tikki, viéndolos salir de la habitación. Una vez a solas…— Ok, Alix. Ya que has sido sincera conmigo, me toca a mi hacer lo mismo.
—Que —bufó mostrando ignorancia la mayor— ¿Me dirás que eres hombre?
—No. Aún mejor —Ladybug presionó el botón verde que le quitaba su traje de heroína, para dejarse ver tal y como era— Esta soy yo…
—Mierda…—exclamó estupefacta— Eres…
—Mi verdadera identificación es esta. Mi nombre es Marinette —declaró sin más— Marinette Dupain-Cheng.
—No la misma que conozco, claro —se encogió de hombros con obviedad.
—No. Y como te advertí el primer día…no debes dejar de que Chat Noir conozca mi identidad real —hundió— En nuestro mundo, tenemos un villano llamado Shadow Moth. Que no debe saber quienes somos de civiles, por nada del mundo.
—Ok…—parpadeó Kubdel, tratando de soportar todo lo que le contaba— Lo tolero. Lo digiero. Eres Marinette…como la fiscal.
—Si —agregó la ojiazul— Pero con 18 años. Y mucho más baja.
—¿Qué insinúas? —curioseó la bermeja.
—Estoy 300% segura de que Félix está detrás de todo esto…—reveló— No creo que el sea el asesino que buscamos. Lo dudo. Pero si conoce su identidad —manifestó con total seguridad— Yo sé que tiene el poder suficiente tanto para contratar a Luka Couffaine, un hacker criminal. Como para hacer lo mismo con un asesino.
—He analizado tu informe —murmuró la general— Y tiene sentido. Todo apunta finalmente al presidente de VanilySky —exhaló con fuerza— ¿Entonces sugieres que…?
—Necesito que me ayudes en este plan C —delimitó Dupain-Cheng— Creo que la única forma de sacarle información a Félix es echar a verlo de fondo. Ya sabes, meterme en su intimidad. Conocerlo mejor.
—No —refutó la mayor— Lo que pides es muy arriesgado, Marinette.
—Por favor —suplicó la menor, apretando sus puños con vehemencia e ímpetu de querer resolver el caso— Necesito volver a mi mundo. Y tú…capturar al enemigo.
—¿Y que haremos con la fiscal real? —Alix frunció el ceño, molesta— Entiendo lo que pides. A ver. ¿Te harás pasar por la prometida de Félix? —aclaró— Si. Marinette Agreste es la verdadera novia del presidente de VanilySky. ¿Y si te descubre, joder?
—Eso no pasará — le aseguró con soberbia la ojiazul— Porque tú me ayudarás y me protegerás. ¿O no?
—No te lo puedo garantizar —advirtió la pelirroja— Al final de cuentas, todo dependerá de ti. Y tu papel como la novia de aquel sujeto.
—Déjamelo a mi —le confió, con total responsabilidad— Solo hazme mas alta…y te prometo que te ayudaré con esto.
—Mhm…
¿Iba a negarse? Claro que no. Estaba al tanto, según toda la averiguación recuperada por los nuevos héroes de París, que esta era fundamental. Claro de que Félix tenía algo que ver con los atentados o las prestidigitaciones. ¿Y si se negaba, captaría algo de tiempo para que el asesino desistiera de ejecutar tales brutalidades? Se había comprometido con el pueblo de su país. Había revelado en una rueda de prensa publica que respondería a la seguridad de todos. Y esto era lo mas próximo a aclarar la situación y acercarse al enemigo escurridizo numero 1 de toda la urbe. De mala gana, pero con las manos atadas y la espada contra la pared, Alix aceptó el trato.
Decididas ya con el plan alternativo que urdía Ladybug en su cabeza, ambas bajaron hasta el subterráneo para recurrir a la única persona capaz de poder ayudarles con su proeza. La mas capacitada en avanzada tecnología de contra espionaje.
—Ok. Déjenme ver si entendí —Maxime Kanté se tomó el mentón, afirmando el peso de su cuerpo en una de sus piernas como una garza. Era tan excéntrica a veces…— ¿Marinette quiere hacerse pasar por…Marinette?
—¿Entiendes que esto es confidencial, no? —Kubdel soltó un graznido endeble— No quiero escándalos.
—No he dicho nada aún, por dios —resopló Kanté con socarronería— Solo necesito hacerla parecer más adulto y ya —retornó a su puesto, buscando entre sus cosas algunos materiales de trabajo— Eso no es problema. El dispositivo que elimina la energía cuántica de su traje es adaptable. Es cosa de hacerle un pequeño "arreglín" y ya.
—Super entonces —la general asintió, empujando a la menor hacia la científica para que se pusieran en marcha de inmediato— Me voy a una reunión con el alcalde ahora. Llámenme si necesitan algo más.
Ladybug y Maxime se quedaron a solas unos momentos. La chica de tes oscura le había pedido que le devolviera el brazalete para hacerle unos ajustes. Mientras aguardaba pacientemente por su colaboración, su teléfono móvil repicó con insistencia. Era Julien Couffaine. Extraoficialmente, la científica desconocía que tramaba con el muchacho. Por lo que expresó querer hacer uso del baño para contestar dicha videollamada. Las primeras imágenes del muchacho brotaron desde el objeto digital.
—Julien. ¿Qué ha pasado?
—Ladybug —enunció Couffaine, con la expresión abrumada esculpida en su rostro. Se mostraba preocupado y bastante inquieto con lo que le revelaría a continuación— Anoche, mi hermano logró tomar contacto conmigo. Me envió un mensaje en código. El está bien…afortunadamente. Pero escondido. Tal y como sospechábamos.
—Se está escondiendo de Félix ¿No es así? —la guardiana de la caja indagaba aún más en sus sospechas.
—Es lo que pensé en un comienzo cuando leí lo de "mantener el perfil bajo" —reveló el joven de cabellos negros— Pero en realidad…es mucho peor de lo que pensamos. Luka se está escondiendo del asesino.
—¡¿Cómo?! —parpadeó atónita con lo que escuchaba— ¿Entones Luka sabe quién es el asesino?
—No…precisamente…—el experto en computación rehuyó de su mirada, temeroso de sus propias palabras. Trataría de elegirlas con cuidado antes de revelarle lo que tenía en mente— Luka tiene acceso a las cámaras de algunos sectores del cuadrante adinerado. Algunos de ellas están en las calles y otras en los tejados.
—Por favor, Julien —le imploró, ansiosa— Dime que Luka encontró algo importante que nos pueda ayudar.
—Ladybug…—tragó saliva con dificultad— Luka me envió unas imágenes captadas desde la cámara del tejado…de la casa del general Roger Raincomprix, la noche de su asesinato —sentenció— Te las voy a mandar ahora. Es un video muy corto…pero muy relevador. Espero…te sirvan para esclarecer un poco más esto —presión el botón de enviar— Creo que es algo…que debes ver tú, específicamente.
—¿Yo…? —su dispositivo parpadeó dos veces, recibiendo el archivo en plena llamada.
No tenía la menor idea de con qué se encontraría en esas imágenes. Pero a juzgar por la anatomía perturbada de su compañero, estaba claro que no era nada bonito. Era un video de 10 segundos de duración. No mas que eso. Sin embargo, lo que a continuación vería, se quedaría grabado a fuego en aquellos inocentes orbes azulados. La indiscutible silueta de un sujeto en la oscuridad, escapando de la misma escena del crimen. Saltó de un techo a otro, alzándose con total majestuosidad en el contorno de la inmensa luna llena. Ese traje…lo había visto antes. Indiscutiblemente, le heló cada célula y musculo de su cuerpo.
—¿Chat…Blanc…? —murmuró horrorizada, cubriéndose la boca con la mano disponible— N-no…no puede ser…no puede ser.
—¿Disculpa? —cuestionó Julien del otro lado. Había alcanzado a escucharle en un siseó cortito— ¿Chat Blanc dijiste?
—¿Chat…Blanc? ¿Cómo es posible? —se estremeció, sintiendo el desayuno en la garganta de lo revueltos que tenia los nervios— Ese es…Chat Blanc.
—Supuse que lo conocerías —reveló Couffaine, mascullando entre dientes— Porque usa un traje exótico como el tuyo y el de tu amigo. Ladybug... ¿Tu conoces al asesino entonces?
—Yo…y-yo…n-no sé…y-yo…no estoy…no lo…n-no…
Tartamudeaba. No lograba hilar una sola maldita palabra coherente. ¿Cómo DEMONIOS podía existir Chat Blanc en aquel universo paralelo? No tenia pie ni cabezas. Se supone que los Miraculous no existían en ese mundo. Y por mucho que quisiera renegar de dichas imágenes, indiscutiblemente era Chat Blanc. Había que estar ciego para no verlo. ¿Qué se supone que hacía la versión, aparentemente Akumatizada de Chat Noir en Neo Paris? ¿Chat Blanc era el asesino en serie que la policía venia rastreando durante un año? ¿Chat Blanc era…el villano de aquel cosmos? Le costó trabajo tragar saliva. Las palabras se le atoraron en la garganta. Su compañero seguía preguntándole con insistencia del otro lado de la línea. Pero sus oídos parecían estar tapados. Su ritmo cardiaco había aumentado considerablemente. No era momento para perder la cordura.
—Ladybug —repitió una vez más, el ciber criminal— Ese Chat Blanc ¿Lo conoces?
—Si…—reveló finalmente Marinette, con las pupilas humedecidas del espanto— Desafortunadamente…lo conozco.
—¿Quién es?
—No sabría cómo explicártelo realmente —titubeó, aturdida.
—Pues tendrás que hacerlo —demandó— Porque ese sujeto, tiene sumergida a toda la ciudad en un caos horrible.
—Yo no-…
—Lo harás —exigió encolerizado— Te veo en una hora más, en el malecón de Saint-Michel —sentenció— Y mas te vale traer a tu compañero contigo —cortó.
¿Pero que le están contando…? Salió del baño como si hubiese presenciado un espectro fantasmagórico. Era un recuerdo del pasado que no deseaba remembrar. Su mayor miedo, aquel destructor de parís que alguna vez enfrentó y casi destruye el universo entero…había vuelto como su peor pesadilla. En imagen y semejanza. Un muchacho en traje de gato blanco con rasgos homicidas ponía en riesgo su plan de regresar a casa. Sin embargo, había muchas otras cosas que se quedaban sobre el tintero. Repasó en su cabeza una y otra vez su existencia. Si realmente fuese el mismo Chat Blanc que conocía y era el portador del Miraculous de la destrucción. ¿Cómo es que aún no había usado el Cataclismo para echar abajo todo? Ella mejor que nadie estaba al tanto de su poder. Era como una bomba atómica con patas. Por el contrario, solo estaba matando personas. No era menos relevante. Pero sin duda un dato a considerar. En un mundo donde no existía la magia como concepto, ni si quiera atisbos de ella para concebir. ¿Qué tipo de Chat Blanc entonces era ese? ¿Con quien lidiaría a partir de ahora?
—¡He terminado! —exclamó orgullosa de su trabajo, Kanté. Se aproximó a Ladybug, devolviéndole el brazalete. Se detuvo unos momentos, percatándose de su anémico semblante— ¿Te encuentras bien…?
—S-si…descuida —despabiló, haciéndose la desentendida. No era momento de levantar sospechas infundadas sobre una pobre inocente— Muchísimas gracias, Maxime.
—Pruébalo a ver que tal.
La guardiana accionó el botón verde, des transformándose. Volvía a ser ella en su forma humana, Marinette. Pero esta vez, mucho mas alta y con rasgos mas adultos. No le incordiaba para nada su nueva apariencia. Después de todo, admiraba a su "yo" del futuro por poseer tanta belleza y perfección. Era una copia viviente de ella misma. Asintió satisfecha y abrazó a la menor, en símbolo de su devoto agradecimiento.
—Eres un genio, Maxime —exhaló más tranquila, brindándole una sonrisa sincera— Ahora debo irme. Pero créeme que estaré al contacto si algo sale mal.
—¡Estoy para servirte, Ladybug! —chilló con júbilo.
Marinette hizo abandono del laboratorio, cual gato engrifado. Sentía muy alta la presión, como si se hubiera tomado cuatro energéticas. En cuanto se halló sola en el pasillo, se apretó el estómago, inhalando y exhalando profundo para controlarse. Era hora de poner en marcha todo su plan, de la forma mas madura posible. Contactó a su camarada de aventuras mediante el teléfono, haciendo mención que le vería en el lugar acordado por Couffaine al caer la noche.
[…]
Chat Noir y Adrien paseaban por una pérgola, en el cuadrante 1. Consiguieron chouquettes y dos cafés para el camino. Se sentaron en una banca a charlar un momento. Con toda la curiosidad que podría cargar, un inocente muchacho de 18 años, en búsqueda de su propósito en la vida, Adrien Agreste se sentía curiosamente hechizado por su yo mayor.
—¿Haces mucho ejercicio? —le consultó el rubio menor, masticando uno de sus dulces favoritos.
—¿Eh? —Adrien Graham de Vanily soltó una risita sumisa ante su pregunta. Le parecía de lo mas tierno su camarada con orejas de gato— Haces preguntas extrañas. Pero…digamos que sí, me ejercito a diario.
—¿Tienes músculos? Ya sabes…debajo de la ropa —inquirió.
—Creo que sí.
—¿Has tenido contacto físico con una chica ya? —arqueó una ceja, con mirada picaresca.
—Jajaja…—el comisario se divertía con su compañía sin duda— ¿Te refieres a si soy virgen? —a lo que el portador de Plagg asintió, sin atisbo de vergüenza— Pues no, no lo soy. Creo que eso responde a tu pregunta de que si he tenido contacto físico con una chica.
—Wow…que genial —esbozó el rubio menor— ¿Y? ¿Qué se siente?
—¿Qué cosa? —le siguió el juego, devolviéndole la misma mirada lascivia que él.
—Hacer el amor.
—¿Hacer el amor? —carcajeó Graham de Vanily— Esa palabra suena medio anticuada…
—No te burles —hizo un mohín, inflando las mejillas.
—Perdóname —el ojiverde se rascó la nuca, nervioso por tal interrogatorio— He tenido sexo. Y se ha sentido bien —pero el menor de los Agreste solo se limitó a desviar la mirada, con un rubor sutil dibujado en sus pómulos. Eso le daba la respuesta que esperaba— Veo que tú todavía no.
—Es la primera vez que hablo de estas cosas con otra persona —desvió la mirada, abochornado por su torpeza— Pero me agradas y me da confianza contártelas.
—Tranquilo. No voy a juzgarte por eso —el detective posicionó una mano sobre su hombro, buscando relajarle para que no se cohibiera demasiado— Eres joven aún, Chat Noir. Ya te llegará tu momento —suspiró— En realidad solo lo he experimentado con una sola mujer en toda mi vida.
—Marinette ¿No es así? —Adrien Agreste llegó a sonrojarse de escucharse así mismo.
—¿Eh?
—¿Lo hiciste con Marinette? —musitó, bebiendo un sorbo de su café— Quiero decir…estabas enamorada de ella.
—Si…—confesó con voz serena— Pero esa es una larga historia pasada que no vale la pena contar. ¿Y tú? ¿Tienes a alguien en mente?
—Yo…—guardó silencio unos momentos, replanteándose bien a fondo lo que sentía— No estoy seguro. Creo que se me nota mucho que me gusta Ladybug. Pero…ella no siente lo mismo.
—Ya veo. No eres correspondido —aceptó el comisario, clavando la mirada en su bebida por unos momentos— ¿No hay nadie más aparte de Ladybug entonces? Me refiero…a alguien mas que si quiera corresponderte.
—Marinette es una buena mujer —siseó Chat Noir.
—¿Y tú como lo sabes?
—Conozco a una Marinette de dónde vengo —sentenció sin un ápice de apocamiento— Es una gran amiga mía. Y…creo que es lo mas cercano a Ladybug que tengo. Es la única que me entiende.
—¿Y no quieres enamorarte de ella? —le sugirió el detective, arqueando una ceja con insinuación amorosa— Quiero decir… ¿No lo has pensado?
—Quizás…—admitió, frotándose las piernas entre si con humildad. Jugueteó con sus pulgares, esbozando inconscientemente una sonrisa para si mismo— Me lo he planteado un par de veces…
—A juzgar por tu mirada, te agrada la idea —le sonrió.
—Me agrada la idea…—le devolvió la sonrisa, de manera inocente— Creo que de alguna forma ella me atrae. Marinette es increíble.
—Lo es…—aceptó Graham de Vanily, haciéndole pat pat en la cabeza.
El dispositivo celular de Chat Noir comenzó a repicar. Separándose un momento de su compañero, contestó a la llamada. Era Ladybug, pidiéndole verle en una hora más en el cuadrante suburbano como la noche anterior. El muchacho de ojos claros se despidió de su yo, futurista, agradeciéndole una vez más por darle un espacio para recrear la mente y degustar dulces de su agrado. Tomó su bastón y se alzó por los tejados de Neo Paris. Iría al encuentro de su lady. Aunque para Adrien Graham de Vanily, esto no le pintara nada de bien. Le vio marchar con mucho recelo a lo lejos. Algo tramaban. Y eso no le gustaba para nada. A eso de las 20:54PM, los tres jóvenes se reencontraban nuevamente en las instalaciones de los hermanos Couffaine. Chat Noir quedó de piedra, tras ver las imágenes.
—¿Qué es esto…? —parpadeó atónito— ¿Soy solo yo, o esa es una versión Akumatizada de mí?
—Pobre…si supiera —Ladybug exhaló con fuerza— Perdóname, gatito. Quizás debí contártelo antes…pero tu si has sido Akumatizado en el pasado.
—¡¿Cómo?! —exclamó en shock— Pe-pero creí que-…
—Ladybug ya me lo ha contado todo —esclareció Julien Couffaine, cargando sobre su diestra una bebida alcohólica— Suena de ficción, pero le creo. Ustedes vienen de un universo paralelo en donde existen joyas "mágicas" que los dotan de poderes sobrenaturales. Algo muy lejano a la ciencia.
—No podía ocultárselo más —Marinette se excusó, tras la mirada protestante de su compañero— Julien tenía que saberlo. O no entendería lo que sucede.
—Pero… ¿Cómo es posible? —el rubio replanteaba sus supuestos— Si en este universo no existe la magia. Nuestros Miraculous no funcionan.
—Es lo que aún se mantiene en un misterio —espetó Dupain-Cheng, cruzándose de brazos en una postura agresiva— Necesitamos averiguar aún más. Y es por eso que te he citado hoy.
—Ladybug cree que Félix Graham de Vanily está detrás de todo esto —reveló el hacker— Al parecer, hay una ferviente conexión entre su llegada a este universo y el presidente de VanilySky. Todo esto, conectado a Chat Blanc.
—¿Chat…Blanc? —parpadeó estupefacto el ojiverde— ¿Es como…Chat Noir en versión blanca? Es-esperen…—negó con la cabeza, tratando con mucho esfuerzo de comprender toda la mescolanza de ideas— ¿Entonces el asesino que buscamos es mi versión akumatizada?
—Pero sin un Miraculous —esclareció la fémina del traje rojo— El asesino que buscamos, no porta el anillo de la destrucción. Quizás…es algo más.
—¿Y dónde entra Félix en todo esto? —cuestionó Adrien Agreste.
—Chat Noir —Marinette le tomó de los brazos, apartándole de Julien unos instantes solo para platicarle sobre sus sospechas— ¿Recuerdas el día en que Félix reveló su compromiso con Marinette Agreste en la plaza principal? El portaba un Monóculo. Y todo indica que ese Monóculo era el Miraculous del mapache. El mismo que usaba el profesor Maximov.
—¿Estás insinuando que el Félix de este mundo, tiene acceso a un Miraculous? —disputó.
—Robado. Si. De otro universo paralelo —manifestó con total certeza, la ojiazul— Y solo podremos saberlo si nos acercamos a él.
—Mi lady, eso no tiene sentido —rebatió el rubio, también tomándole las extremidades superiores para hacerle entrar en razón— Las joyas mágicas no surten efecto aquí. No existe la magia. No hay forma de que Félix pueda usar un Miraculous para nada. ¿Lo recuerdas? No funcionan.
—Esto no es magia —les entorpeció Couffaine quien de igual forma había oído toda su plática. Rebobinó el video para marcar un detalle en particular. La vestimenta del asesino— Esto es ciencia.
—¿Qué dices? —endosó Chat Noir con difidencia.
—De alguna forma u otra…—formuló el ciber criminal— Félix Graham de Vanily logró desarrollar cierta tecnología para activar estas joyas que ustedes llaman Miraculous. Sin la necesidad de magia.
—No es posible —protestó Agreste, gurruñando en el acto— Si no se activan con magia, entonces no es un Miraculous real.
—No —corrigió Ladybug con dejo de providencia— Quizás el algo más. Algo que desconocemos. Pero que sin duda es una réplica de un Miraculous.
—¿Qué tienes en mente…? —curioseó el portador del gato negro, gesticulando un aspaviento de asombro.
—Averiguar más —determinó la pelinegra— Voy a infiltrarme en la vida de Félix Graham de Vanily, haciéndome pasar por Marinette Agreste, para sustraerle toda la información viable.
—Me rehúso —se negó.
—¡Chat Noir! —le requirió— ¡Es la única forma!
—¡No quiero, Ladybug! —bramó. Silencio incomodo entre los integrantes de aquel encubierto cenáculo.
—Vaya…—farfulló la heroína— Es la primera vez en mucho tiempo que me soflamas por mi apodo.
—Es porque no apremio confianza en Félix —Adrien tenía sus reparos. Conocía a su familiar a la exquisitez del tapujo, rayando en la enemistad. Ya le traicionó varias veces en el remoto pasado. ¿Y si algo salía imperfectamente mal en su dotado plan? Quizás de que sería competente el rubio— No te voy a sacrificar como un cerdo al matadero.
—No me vas a sacrificar, gatito —le aseguró Dupain-Cheng, hurtando su fisonomía con ambas manos para exponer una mirada eficaz— Nada malo saldrá de aquí.
—Dios santo…mi lady. Si Félix te llega a hacer algo malo…—el menor de los Agreste optó por suspirar violentamente, servil a su idea. Confesaría a ciegas una confianza excelsa, una vez más en su compañera. Como tantas veces lo hizo— Vale. Pero quiero que sepas a viva voz, que no apruebo esto. Y es la primera vez que me niego abiertamente a una de tus ideas. Tú sabes que siempre he confiado de lleno en ti. Pero ahora mismo…declaro que no estoy de acuerdo.
—Todo saldrá bien —asintió, caminando hacia la salida.
—Espera…—le retuvo, antes de que se marchara— Hay algo que debes saber…
—¿Qué es?
—Creo que el comisario Adrien tiene sentimientos por la fiscal Marinette —confesó Chat Noir, con dejo de angustia.
—¿Y tu como sabes eso? —pestañeó atónita.
—El…me lo confesó sin querer en la plaza, esta tarde —el rubio se tomó el brazo bastante avergonzado de lo que comentaba. Era como traicionarse así mismo.
—Vaya eso es…nuevo para mi —redundó en su mente, antes de besar su mejilla en agradecimiento— Sin duda nos ayudará en algún momento.
Era lo mismo que actuar contra todo pronóstico. ¡Era una locura! Pero ¿Qué opciones tenía? Era aceptar o negarse y no apoyarla. Si finalmente…Ladybug siempre hace lo que quiere. Dios. ¿Conoces a alguien más terco? Ni mi madre.
Urdir el plan en papel era simple. Llevarlo a la práctica no tanto. La obra se desarrolló dos días después, luego de haber ensayado todo al pie de la letra. Para su mala suerte, Kubdel era la encargada de asegurar que el procedimiento se llevara a cabo. E increíblemente, nadie le comentaría ni una sola palabra al comisario Adrien. Literal, toda la brigada de homicidios tenía conocimiento de él, menos el rubio.
Todo ocurrió durante un baile que organizó Klaus, el alcalde del parís adinerado. En un convoy de mentiras y engaños, Ladybug y Chat Noir organizaron todo de tal forma, que ni Alix se enterara de que los jóvenes estudiantes trabajaban en conjunto con Julien Couffaine. De forma inocente y desconociendo los hechos, Maxime aportó con su granito de arena. Marinette muy habilosa le pidió que no revelara nada a la prefecta sobre su arreglo. Nadie debía enterarse de que esa noche, la portadora del Miraculous de la creación haría su entrada triunfal a la representación. Su propósito era claro. Tratar de irse a casa a Félix Graham de Vanily sin que nadie lo sospechara. ¿Saldría realmente bien? Estaba por verse.
Los primeros y más importantes invitados fueron convocados a las 20:50PM. La plebe, tenía un horario discriminatorio para arribar. 21:30PM. Félix llegó a la fiesta con una puntualidad europea excelsa para muchos. Y para no levantar sospechas, fue recibido por droides bajo el mando de la comisaría de Neo Paris. Era su momento. Ladybug se deshizo de su traje de heroína, vistiendo el atuendo civil propio de ella, con muchos más años de edad para encararle. Plan C en marcha. Disimula que no eres la original.
—Hola, cariño —espetó Dupain-Cheng, regalándole un gesto afable a su prometido en matrimonio— ¿Cómo estás?
—Señora Agreste —le saludó Félix, depositando un beso casto en el dorso de su mano derecha— Complacido de verte esta noche.
—Todo, marcha a la perfección —indicó Julein, detrás de un auricular a su camarada de andanzas.
—El pez a mordido el anzuelo —reveló Chat Noir, observando todo desde la techumbre del lugar— Ladybug interpretando a Marinette se ve perfecta…quien lo diría —pensó el rubio, anonadado con su belleza.
Poco a poco, los invitados comenzaron a llegar a la fiesta.
[…]
—Me retiro por hoy —declaró Marinette Agreste, apagando el monitor de su ordenador— Mañana tengo una reunión importante con los proveedores.
—¿No irá a la fiesta, fiscal? —especuló una chica de forma inocente.
—¿De qué fiesta hablas? —espetó la ojiazul, con aires de desconfianza. La menor se encogió de hombros con expresión culposa en los labios. Al parecer…había metido la pata hasta el fondo— ¿Ondine…? —insistió la fémina— ¿Qué fiesta?
—Eh…di-disculpe —se excusó repentinamente— Es que pensé que la habían invitado.
—Habla —arqueó una ceja.
—El alcalde Bourgeois organizó un baile esta noche en su mansión —explicó la chica de pecas— Como una forma de…calmar a la población mas adinerada del cuadrante 1. Ya sabe…por el lamentable suceso.
—Bueno, eso es imposible porque no me llegó nada —Marinette regresó a su despacho, tecleando entre su ordenador algún mensaje por parte del rubio. Nada. No tenía la invitación— ¿Lo ves? Mi buzón está vacío. Y…—luego chequeó su móvil— tampoco tengo mensajes o llamadas de Félix. Si hubiera una fiesta, me lo hubiera informado para acompañarle.
—Eh…bueno…yo supongo que cometí un error jeje —se rascó la nuca con nerviosismo.
—No lo creo…—frunció el ceño, marcando de inmediato al ayuntamiento— ¿Sabrina? Comunícame con el despacho del alcalde por favor.
—Fiscal —le atendió su ayudante del otro lado— El señor Bourgeois se encuentra en su mansión a esta hora. En el baile que organizó para honrar a mi padre.
—¿Klau organizó un baile y no me invitó? —espetó Agreste, con aires de malos amigos.
—No, no. Para nada —expresó Raincomprix, señalándole en la pantalla el sobre tridimensional— Usted si fue invitada. Le enviamos el correo en la mañana.
—Pues no me ha llegado ningún mensaje —balbuceó desconcertada.
—Ah…—Sabrina se rascó la mejilla— Que extraño…porque le juro que yo personalmente la envíe. Está dentro de la lista, junto con su prometido, el presidente Graham de Vanily.
—Que extraño…ni si quiera la tengo en los mensajes de spam —Disculpa que insista, pero no recibí nada —exhaló rendida— ¿Aún estoy a tiempo de asistir?
—Por supuesto —asintió la pelirroja con afable cordialidad— La estaremos esperando.
Marinette Agreste cogió sus pertenencias y se retiró del ayuntamiento como era habitual, en dirección al estacionamiento para tomar su vehículo y conducir personalmente hasta la morada del magistrado. Sin embargo y para su sorpresa, alguien mas le esperaba en la entrada.
—¿Qué hace aquí, comisario? —se detuvo de golpe la ojiazul, sutilmente incomoda con su presencia.
—Vine para llevarla al baile —esbozó— Señora Fiscal.
—Conozco el camino. Gracias —espetó con recelo, desactivando la alarma de su auto. Instintivamente fue interceptada por el rubio, una vez más— ¿No me oíste?
—No tengo problemas de audición —agregó, abriéndole la puerta de su propio carro— No lo haga mas difícil. Suba por favor.
—…
[…]
—¿Julien estas seguro de que la verdadera Marinette no vendrá? —Ladybug siseó en voz bajita, con un transmisor escondido dentro de su oído.
—Afirmativo —aseguró el pelinegro, desde su base secreta— Desvié todos los correos de Klaus a un servidor privado. No debería haberle llegado ninguna invitación.
—¿Gatito, sigues ahí? —consultó intranquila.
—Acá arriba estoy mi lady —Chat Noir tomaba posición desde la techumbre de vidrio, que prácticamente le daba un panorama amplio de todo el primer piso. Las habitaciones, el salón principal, el despacho y la biblioteca— Todo sigue como lo planeamos.
—Atentos, que ya están casi todos en el baile —informó Alix, a través de un transmisor escondido en su pecho. Ella no tenía que esconderse, porque estaba dentro de la lista formal de invitados.
—Por favor —tembló la ojiazul— no me vayan a dejar so-…
—Marinette —Félix le interrumpió, arrancándola de la poca concentración que se prestaba. Le ofreció el brazo para pasar al comedor— ¿Me acompañas?
—Eh…sí. Por supuesto —asintió con timidez, aferrándose al gesto de caballerosidad por parte del rubio.
Todo iba conforme al itinerario y curiosamente sin contratiempos. Primero hubo una ceremonia de culto al general Roger, acompañada de un coctel sobrio, música agradable y bebidas alcohólicas. Luego, un breve discurso por parte del excéntrico de Klaus. La cena se sirvió en un comedor extenso, repleto de delicias de todo el mundo. Desde caviar japones hasta centolla austral chilena. Marinette trató en todo momento de disimular su nerviosismo. Manteniéndose firma al lado Félix, siguiéndole los pasos como un sabueso rastrea a su presa. El se mostraba naturalmente tranquilo. Incluso cuando escuchó varias veces el nombre del general fallecido. Ni un ápice de culpabilidad o complicidad en el hecho. Supo desde ese momento de que sería aún mas complejo sacarle algo de información. Pero no podía rendirse habiendo llegado tan lejos.
Todo iba estupendamente bien. Hasta que Dupain-Cheng escuchó como uno de los droides recibía sorpresivamente a dos invitados más. Eran el comisario Adrien y la fiscal Agreste.
—Oh, no —advirtió Chat Noir— Mi lady…
—¡¿Cómo?! —la guardiana entró en pánico, tomándose el oído disimuladamente como quien se acomoda el cabello— ¡Julien me dijiste que no vendría!
—Demonios. ¡Claro! No le envíe nada —sentenció aturdido con la información— ¿Qué ha salido mal?
—Mierda —farfulló Kubdel, desde el otro lado del salón— Ladybug. Rápido. Técnica de disuasión.
—¡¿Y que se supone que significa esto?! —parpadeó en completo desorden emocional.
—¡Esfúmate, pero ya! —rezongó.
—¡Ngh! —apretó las piernas, simulando incordio en las mejillas— Félix… ¿Me disculpas un momento? Me urge usar el baño —rió con nerviosismo.
—Claro, mi pequeña flor. Ve —aceptó sin mayores sospechas. Mientras tanto, Adrien dejaba a Marinette en el vestíbulo, informándole que se reuniría con sus compañeros y mas tarde le buscaría. No pasó ni un minuto, que la fiscal se arrimó al presidente de VanilySky —Vaya…sí que eres rápida —comentó Félix, haciendo aspaviento de asombro.
—¿Disculpa? —cuestionó Agreste.
—Vamos —le jaló de la muñeca con suavidad— Vamos a la pista de baile.
Poco y nada entendió la ojiazul. Pero entre protestar y hacerle caso, prefería mejor omitirlo y obedecer con servil actitud. Ambos muchachos prometidos en matrimonio, se abalanzaron a la pista para danzar al compás de un elegante vals francés. El suspiro aliviado que exhalaron los integrantes de la misión, se hizo sonoro en medio del auricular. Se habían salvado, pero de pelos. A Marinette Dupain-Cheng no le quedó de otra, que regresar a la fiesta, pero utilizando nuevamente su disfraz de heroína. Se mantendría oculta, de perfil bajo, para no llamar la atención de nadie.
—Esto no está funcionando —chistó la fémina del traje rojo— Marinette ha arruinado todo. No puedo regresar a la fiesta si está aquí.
—Tranquila. Estoy pensando en algo —murmuró Julien desde el otro lado— Estoy intentando hackear las cámaras de seguridad y los accesos de luz. Se me ocurre algo.
—Ladybug —le llamó la prefecta, en tono amenazante— Debes abortar ahora mismo. No hay modo de que esto continue. Marinette Agreste está aquí.
—¡No! —se rehusó la menor— Esto va a funcionar. Créeme.
—Es muy arriesgado —le notificó la general— No puede haber dos Marinettes en un mismo lugar. Félix no es tonto. Te va a descubrir.
—Confía en mí. Buscaré una solución —aseveró la pelinegra.
Haría uso después de varios días, de su infalible poder como heroína. Quizás no disponía de un Lucky Charm para salvarle el pellejo. Pero si de su audaz visión. Misma que marcaba objetivos en color carmesí, para llevarle a un posible subterfugio. Cotejó el panorama en reiteradas ocasiones, indagando y rebuscando un plan alterno al concebido. De pronto, clavó su mirada en una persona en particular. Adrien Graham de Vanily, quien tranquilamente se servía una copa de champaña mientras miraba la pista de baile. Su copa se marcó de rojo también. Lo tenía. Una frase en particular vino a su mente.
—Adrien tiene sentimientos por Marinette…—Julien —le citó la portadora de Tikki— ¿Puedes hackear los robots que sirven el trago?
—No es problema, Ladybug —le comunicó desde el otro lado de la línea— ¿Pero que tienes planeado?
—Algo muy tonto…que creo daría resultado.
Tras explicarle lo que tenía en mente, el experto en intervenir dispositivos de Couffaine hizo su jugada magistral. Logrando acceder sin problemas al sistema operativo de uno de los droides, le ordenó servirle una copa de vino a Adrien. Esta, venía mezclada con altas concentraciones de sildenafilo. Un estimulante hecho a base de ácido fosfato para la irrigación sanguínea. Literalmente, lo que contenía dos pastillas viagra en su mundo. Acá era conocido "Aespiex". Un compuesto en solución liquida que llegó a leer en las botellas de su apartamento. Era la primera vez que usaba sus conocimientos para algo tan novedoso.
Ingenuamente, el comisario aceptó el trago, bebiéndolo plácidamente por un par de minutos. No tuvo que esperar demasiado, cuando los primeros efectos se hicieron notar en su cuerpo. Sudoración excesiva, malestar viril y una incomoda sensación de querer abalanzarse a la fiscal. Manipular la mente de un hombre enamorado a nivel fisionómico era simple. Pero al mismo tiempo muy maquiavélico. En su sano juicio, Adrien jamás invitaría a bailar a la chica estando en presencia de su prometido. Pero ahora mismo, su anatomía le jugaba en contra. Y tal como lo recreó en su mente, el rubio se armó de valor para invitarla a bailar.
—Necesito bailar contigo —declaró el ojiverde, con el rostro exaltado en rubor.
—¿Necesitas? —Marinette se sonrojó de golpe, ante tal atrevimiento.
—Hola, hermanito —Félix le saludó con soberbia, entregándole sin reparos la mano de su novia— Claro. Adelante. Pero me la devuelves luego, eh.
—Necesito bailar contigo —repitió acalorado, sujetando su mano para arrastrarla un poco mas allá.
—¿Qué demonios fue eso? —Chat Noir observaba todo desde el tejado— Mi lady… ¿Qué hiciste?
—¿Yo? Nada —bufó satisfecha con el resultado— Oh dios, soy una maldita. Acabo de jugar con los sentimientos de una persona…de la peor manera.
Algo que nadie sospechaba en aquella fiesta, era que Dupain-Cheng ya comenzaba a captar la mecánica de vida de los Graham de Vanily. Un empoderado magnate con mas ego y altanería que otra cosa. Y un desdeñado policía sin mucho reconocimiento, enamorado de la novia de su hermano. Para Félix, Adrien no representaba amenaza. Para Adrien, Félix no representaba amenaza.
Seguro de si mismo, el presidente de VanilySky permitió que su hermanastro danzara con su chica, desligándose totalmente del tema. Su propia soberbia le impedía ver lo que era obvio para los pocos observadores que quisieran indagar un poco mas allá. La presencia de Kagami le era suficiente para él.
—Señorita Tsurugi —Félix le estiró la mano— ¿Bailamos?
Perfecto. Había logrado separarlos. Ahora solo debía esperar el momento indicado para que ella pudiese entrar a la escena. Nuevamente el plan marchaba a la perfección. Y no habían pasado mas de 30 minutos, cuando el presidente recibió un comunicado en su dispositivo móvil. La pantalla marcaba "tienes un mensaje". Era de Nathalie Sancoeur, su asistente.
—¿Me disculpas un momento? —se excusó el rubio, apartándose de todos. Optó por encerrarse en la biblioteca del primer piso, solo para tener algo de privacidad al responder— Espero sea importante. Acabas de interrumpirme el baile.
—Presidente —aclaró Nathalie en una videollamada. Se mostraba alarmada— Nuestros ingenieros rastrearon las ondas de transmisión como ordenó. Luka Couffaine se encuentra escondido en el antiguo deposito de armas del cuadrante 8. Creo que lo tenemos.
—Excelente…
Ni si quiera el filtro más elaborado del planeta tierra, hubiese podido disimular la cara de morbosidad que puso al escuchar aquello. La anomalía con la cual, se deleitaba a la vista no dejaba dudas en su actuar. Era un placer colosal para sus planes. Hecho una red de mentiras, el rubio regresó a la pista solo para despedirse de su compañera de baile. Se excusó inventando que había recibido un mensaje urgente de su compañía y debía asistir a una reunión de suma importancia. A vista y paciencia de todos, incluso dejando boquiabiertos a los detectives infiltrados, Félix Graham de Vanily abandonó la fiesta en pleno apogeo, tomando su vehículo personal para perderse en la inmensidad de la noche parisina.
El plan se había esfumado de un momento a otro. Sin si quiera…darles chance de pedir explicaciones.
—Atención —les informó Alix, alertando a todo cuanto pudo— El sujeto acaba de abandonar la fiesta. Hay que ir tras él.
—¡Esperen! —chistó Ladybug, anonadada con lo que veía— ¡¿Qué planean?!
—¡No te preocupes, mi lady! —aclaró Chat Noir con mirada segura— ¡Yo lo sigo!
—¡Chat Noir! —se alarmó la heroína, mirando el techo con espanto— ¡No vayas! ¡Es muy peligroso!
—¡Confía en mí! —aseveró, tomando su bastón para seguir el vehículo— ¡Soy un gran inspector!
—¡NO! —bramó. Pero era demasiado tarde. Su compañero era tan impulsivo como poco precavido— ¡Arg! ¡Alix! —se tomó la oreja— Debemos acompañarlo.
—Vamos para allá…—sentenció la pelirroja, corriendo hacia la salida.
—Dios santo…no…Chat Noir
El pánico se apoderó de ella, instintivamente echando carrera para seguir a la prefecta y a su compañero. Ambas se montaron a un vehículo policial y partieron sigilosamente tras el magnate. Ladybug temblaba estrepitosamente con el pasar de los segundos. El auto era demasiado lento y ella, tan rápida como su camarada. No lo soportó más. Se tiró del carro, sin importarle si este iba en movimiento. Y con la ayuda de su yoyo se encaramó hacia un edificio.
—¡Alix tengo que ayudarlo! —vociferó, con el cuerpo engrifado cual gato— ¡Chat Noir corre peligro!
—¡Marinette! ¡¿Qué haces?! —le reclamó desde el suelo— ¡Espera!
—¡Pide refuerzos! —aulló finalmente, impulsándose en el aire para desaparecer finalmente por los tejados.
—¡Mierda! —golpeó el volante con impotencia, marcando a la central— Aquí Alix Kubdel, ID 13692. Necesito refuerzos policiales para las coordenadas: 09-M-OFQ. Cuadrante norte. ¡De prisa carajo!
Solo esperaban…que nada malo ocurriera.
