Un trueno estrepitoso se hizo profesar en el aire, haciendo día la noche. Las primeras lluvias de invierno se dejaron caer con ímpetu sobre la urbe del cuadrante nueve. Un muchacho corría angustiado bajo la lluvia, apaleando los charcos embarrados de lodo bajo la suela de sus botas. La respiración le apocaba su capacidad pulmonar para dar trancos extensos bajo el monzón que se ceñía sobre su cabeza. Se aferraba desconfiado a un bolso. Cargaba una mochila en su espalda, que a juzgar por el sonido que emitía, venia repleta de artefactos eléctricos. Luka Couffaine, uno de los hackers mas buscados del país, huía por su vida en medio de los callejones más lúgubres de la zona. Un gato removiendo la basura le espantó, derrumbando unas cubetas de inmundicia. Se detuvo de golpe solo para recobrar el aliento. Reanudó la marcha, dándose un porrazo de aquellos contra unos pedazos de escombros y mugre. Estaba al tanto de que había sido descubierto y la única forma de escapar, era tirándose al rio Senna que cruzaba la ciudad. Nadó aquejumbrado de un calambre, precipitándose a la superficie solo para tomar una bocanada de aire.
Si no lograba despistar a su enemigo, sería el siguiente en la lista de los asesinados. Se introdujo dentro de una alcantarilla, que daba directo a la ciénaga de un vertedero mal oliente. Una vez dentro de ella, extrajo un dispositivo de muñeca, que le proveyó de un traje de invisibilidad anatómica para ocultarse. Apostaba su vida a que aquello le ayudaría. Pero su "cazador" era mucho mas astuto de lo que pensó. Posiblemente, provisto de un arma que el mismo desconocía.
Sintió los pasos metálicos sobre el ducto de basura encima de su nuca. Su verdugo, estaba ahí. Pudo percibir con detalle, como este olfateaba la zona cual león en plena cacería. Era una verdadera bestia. Un ser sin dios ni diablo. Su juego era maquiavélico, disfrutando y alimentándose del miedo de su presa. El ojiazul tembló por unos instantes. Comenzaba a experimentar calambres en su espina dorsal, como quien es electrocutado. El miedo se apoderó de él.
—Luka Couffaine —gruñó el asesino, con voz animal— Se que estás aquí —advirtió su hostil adversario— Deja ya de esconderte como la rata inmunda que eres y sal para que te vea.
Este optó por guardar silencio, cubriéndose con la palma de la mano la altura de la nariz y la boca. Era tan ávido de instintos, que pudo jurar que hasta podía percibir sus latidos.
—Sal de una vez…y acabemos con esto —sentenció su contrincante. Un relámpago tormentoso reveló las garras en sus manos, como cuchillas afiladas listas para desgarrar la carne— Mi señor demanda tu muerte. Si me entregas el bolso, prometo no engullir tu corazón.
¿Qué le estaba contando? ¿Comerse…su corazón? Jamás escuchó nada igual. Luka cerró los parpados con terror por unos segundos. Y al momento de abrirlos, su némesis observaba boca abajo el interior del ducto. Ahí estaba. Delante de él, sin verle realmente gracias a su aparente traje de invisibilidad. Era una mirada azulada, diluida entre el blanco de la noche y el nuevo trueno que iluminaba la tenebrosidad. Era sin duda…inhumano, bestial y monstruoso. El sujeto olisqueó el lugar, desclavando gruñidos y gesticulando expresiones macabras. Rezó para sus adentros, soltando un par de lágrimas que corrieron infames por sus mejillas. Le había llegado la hora de su muerte. Era su fin…
—¡Chat Blanc!
Una voz masculina, acobardó al asesino. Este, se alzó contra el tejado de una fabrica abandonada. La lluvia torrencial entorpecía la mirada certera. Chat Noir era el primero en llegar. Le había visto, sin si quiera sentir un ápice de miedo. Quien fuese el responsable de portar tal traje, no se asemejaba para nada a lo que alguna vez, nuestro héroe y portador del Miraculous conocía. Era otra cosa…muy distinta a él.
—Chat Noir —respondió el homicida, optando una posición de tigre; en cuatro patas. Mostraba los colmillos como un animal salvaje. Sin duda no era humano.
—¿Entonces sabes quién soy? —farfulló— Por fin nos conocemos cara a cara —a diferencia de su contrincante, Adrien era muy capaz de permanecer erguido. Era un humano, parado en dos patas. Pero aquel tipo…se mostraba como todo lo contrario— Así que tu eres quien ha estado asesinando personas en Paris —le enfrentó bajo la lluvia.
—¡¿Asesinar?! —masculló entre dientes Chat Blanc— ¡¿Qué es eso?!
—¡No quieras hacerte el desentendido ahora! —Chat Noir extrajo su bastón retráctil, posicionándose en una actitud agresiva— ¡¿Eres Félix?!
—¡¿Quién mierda es Félix?! —carcajeó.
—¡Blasfemas como un animal! —le amenazó, frunciendo el ceño— ¡No te tengo miedo!
Tras escuchar aquello, el delincuente soltó una risotada solemnemente macabra. Jamás había oído reír a alguien tan alto y…horrible. Vale. Este no era un tipo Akumatizado. Era sin duda una cosa extraña que estaba dispuesto a afrontar. Todo sea por la seguridad de parís.
—¿Quieres morir, Chat Noir? —le amenazó— Porque ahora mismo me has hecho enojar.
—Atrévete —le desafió Adrien Agreste— ¡Puedo con las peleas de gatos!
—¡Entonces prepara tu tumba! —mostró las garras, abalanzándose hacia él.
[…]
Marinette Dupain-Cheng fue la primera en llegar a la escena. La originaria imagen que vio, fue contemplar en carne propia como Chat Blanc tenía acorralado a su compañero contra un pilar de techumbre. La lluvia no daba tregua. Sin duda este no era una versión Akumatizada. Y no esperaría ni un segundo para averiguarlo. El sujeto de traje blanco le dio un golpe certero en el pecho, llegando a desgarrar el traje negro de su camarada. ¡Este tipo si asesinaba personas! En un acto deliberado, Ladybug cogió su yoyo y estrujó contra una torre, dejándola caer sobre su cabeza. Eso había inmovilizado al enemigo. Pero solo unos segundos antes de intervenir.
—¡Chat Noir! ¡Este sujeto no está Akumatizado! —le recordó, sujetándolo de las axilas para levantarlo— ¡Es un asesino! ¡Y te va a matar!
—No me importa —gruñó de vuelta, con todo el valor que nuestro héroe profesaba— Sálvate tu…vete. Yo lidiare con él.
—¡No! —espetó— ¡Alix ya viene con refuerzos! —agregó— Debemos irnos.
—¡Mi lady! —advirtió Chat Noir, viendo como el energúmeno se abalanzaba contra ellos— ¡Apártate! —le empujó, recibiendo de lleno una puñalada en su estómago con las garras de este— ¡Arg!
—¡Chat Noir! —berreó espantada la guardiana.
—¡En el nombre de la ley! —aulló Kubdel, siendo respaldada por una seguidilla de policiales— ¡Tu! ¡Baja las armas! ¡Quedas arrestado! —apuntó con su pistola hacia el muchacho del traje blanco. El espécimen dio un salto hacia atrás.
La lluvia hacía estragos en la mente de todos. Marinette tenía que actuar rápido y aprovechar que estaba distraído, para agarrar a su camarada y llevárselo a las líneas aliadas. Como su traje no contenía magia alguna que evitara los golpes, el portador del Miraculous de la destrucción fue herido de gravedad y muy en serio. Dupain-Cheng se aproximó a los uniformados, avisándoles que necesitaba asistencia médica. En el instante en que le dejó partir, notó que algo se diluía entre sus dedos.
—Dios santo… ¿Qu-que es esto…? Esta sangre…
—Ge-general…—acotó uno de los policías, con voz trémula. El cielo estaba tirando baldazos de agua que no le permitían tener una buena visual— ¿Qué demonios es esa cosa…?
—No tengo la menor idea —gruñó Alix, sin dejar de apuntarle ni un segundo— Pero no lo pierdan de vista.
—¡Luka Couffaine! —berreó Chat Blanc al cielo, haciendo crujir las vertebras de su cuello de un lado a otro— ¡Sal! ¡Si no quieres que mate a tus amigos!
—¿Luka está aquí? —se cuestionó Ladybug, esta vez, no sería condescendiente con su enemigo. El había lastimado de verdad a su compañero y tenia mas que claro, que un yoyo sin magia no sería suficiente.
—Ladybug —le habló Julien, a través del transmisor que aún permanecía dentro de su cavidad auditiva— Mi hermano me acaba de enviar su ubicación. Está escondido dentro de un ducto de basura. Por favor…no dejes que la policía lo capture.
—Ahora mismo, la policía es lo que menos me preocupa —farfulló, desenfundando el arma que Kubdel le había entregado antes y que descansaba en su cintura— Chat Blanc está aquí para matarlo.
—¿Hay rastros de Félix? —consultó la pelirroja por radio, a los demás detectives apostados en los alrededores.
—No, general. Lo perdimos —negó con la cabeza uno de los policías.
—Tch…este tipo…seguro sabe dónde está —masculló.
—¡Luka Couffaine! —volvió a exigir el villano, relamiéndose las afiladas uñas para degustar la sangre de Chat Noir.
—¡Luka Couffaine no está aquí! —emitió encolerizada Alix— ¡Entrégate ya! ¡Si no quieres que te acribillemos aquí mismo!
—¡Luka Couffaine! —volvió a berrear, cada vez mas enervado.
—Ok —la Prefecta observó a sus oficiales, ordenándoles con la mirada lo que tenían que hacer— Busquen a Luka Couffaine. Tráiganmelo ahora mismo.
—¡Ladybug! —chilló Julien— ¡Mi hermano!
Ahora mismo, nuestra heroína se encontraba en una terrible encrucijada. La rabia se había apoderado de ella con una emoción pujante, que le revolvía el estómago. Tenia unas ganas infinitas de partirle su madre a Chat Blanc por el daño ocasionado. En la diestra sujetaba el arma. Y en la siniestra su yoyo. Era una de dos. O acabar con el maldito asesino ahí. O permitir darle una segunda chance a Luka. No iba a correr mas riesgos. Guardó el instrumento bélico y lanzó su yoyo para ir en busca del peliazul, dejando que los policías se encargaran del homicida. Debía llegar a el antes que los efectivos.
Con la ayuda del GPS virtual, se dio un chapuzón en el rio, nadando sigilosamente hasta dar con el acueducto. Ahí estaba él. El hermano de Julien. Desconfiado y temeroso de ver a una chica en traje de Catarina rojo, se deslizó hacia atrás para alejarse.
—Tranquilo. Vine a ayudarte —le calmó.
—¿Quién eres tú? —cuestionó el muchacho de mirada añil, con desconfianza— ¿Eres policía?
—Soy una amiga de tu hermano —le informó, esbozando una sonrisa apática. Le extendió la mano. Este no respondió. Permanecía aun de piedra— Vamos, no tenemos mucho tiempo.
—¿Cómo sé que no vas a entregarme a la policía?
—Si te entrego…—reveló con decisión la menor— Julien Couffaine jamás me lo va a perdonar —volvió a insistir— Te está esperando en la base secreta.
Vale. Al menos conocía el nombre de su hermano. Pero aún así, seguía sin confiar mucho en ella. Algo en su mirada le dictaba con ímpetu una confianza de la cual, el mismo desconocía del todo. ¿Le había visto en alguna parte quizás? Esos ojos azules…le traían mucha calma en medio de la tormenta. Finalmente accedió a tomar su mano. Seguir dándole vueltas al asunto, solo apremiaba darle chances a Chat Blanc para matarlo. Los dos muchachos, optaron por dar una clavada al rio y escapar nadando del lugar.
Era el climax de su encuentro. Al asesino que vestía de blanco rompió en furia, tras no ver respuesta a sus amenazas. Con un grito ensordecedor, dio un brinco en dirección a los oficiales.
—¡Fuego! —ordenó Alix.
Una lluvia de disparos le hizo retroceder, escapando ágilmente de la ráfaga de balas que detonaron en sus pies. No podía aproximarse más de la cuenta. Otra tanda de policías le rodearon por la espalda. No tenía a donde más ir. Era morir en el intento de masacrarlos a todos o huir. Chasqueó la lengua, frustrado. Tenía que retirarse de la escena por esta vez. Por primera vez en un año, era descubierto. Dotado de una soberbia inhumana, se alejó del cuadrante, dando saltos en ángulos perfectos sobre los tejados. Ladybug y Luka brotaron a la superficie, metros más allá. Espantado, mal oliente y escaso de dar declaraciones. Era el único que podría aportar en algo a la investigación. Inhaló y exhaló violentamente contra el suelo, anonadado por la presencia de su inesperada salvadora.
—¿Por qué estás ayudándome? —cuestionó Luka.
—Porque eres el único que puede ayudarme a regresar a mi mundo —se levantó del suelo enérgica.
—¿Cómo…?
—Vámonos de aquí —sentenció cerrando los parpados y apretando los puños— Chat Noir…ya iré por ti. Solo…resiste.
—¡General! —Alya Césaire se incorporaba a la acción— Hicimos lo que nos ordenaste. Pero el sujeto escapó por los tejados en dirección hacia el sur. Le hemos perdido el rastro.
—¡Con un demonio! ¡Estábamos tan cerca! ¡Lo teníamos! —vociferó encabronada la bermeja, azotando su arma contra el suelo— ¿Y Ladybug?
—Se ha ido también…
—Descuida. Volverá —espetó, tratando de recobrar la razón para no perder más la calma de la que ya la había despojado— Su compañero está herido. Y vendrá por él.
—Fue trasladado a la clínica de la unidad —reveló Césaire sin aspavientos— El pobre muchacho perdió mucha sangre.
—Hagan una redada en el sector —Alix giró el dedo índice para demandar que siguieran buscando— Alguna pista hallaremos del asesino.
—¡Si, general!
[…]
Cuadrante Suburbano. 22:50PM.
—¡Luka! —Julien corrió a él, abrazándole con la desesperación de un hermano temeroso de su vida— ¡Al fin estás aquí! ¿Te encuentras bien? ¿Estás herido? —le examinó, de pies a cabeza.
—Estoy bien…descuida —correspondió el apretón de cuerpos— Solo estoy…mojado y mal oliente.
—Creí que nunca mas te volvería a ver —sollozó el pelinegro— Pero siempre mantuve la fe de que estuvieras a salvo.
—Si…yo…—el peliazul observó a la muchacha a su lado— Fui rescatado por esta señorita. Si no fuera por ella…
—Ladybug —se la presentó el muchacho de ojos marrones— Es una buena amiga mía. Y ahora mismo…heroína de parís.
—Muchas gracias, Ladybug —agradeció complacido Couffaine, tomando sus manos con dulzura— Si no fuera por ti…yo no estaría aquí con mi hermano.
—No tienes que agradecerme —negó con la cabeza, un poco mas en calma de verle con vida, sano y salvo— Hice lo correcto. Pero ahora mismo…—le echó un vistazo a sus dedos, que aún seguían teñidos con el liquido carmesí de su camarada— Debo volver a la estación. Chat Noir…mi amigo, está herido.
—No te preocupes. Puedes ir —asintió Luka, con voz templada.
—Ahora que Luka está aquí, podremos averiguar un poco más de Chat Blanc —le aseguró Julien con el ceño fruncido— Ve.
Marinette sintió su corazón dividido en dos. Por un lado, percibía mucha calma en haber rescatado a Luka. Alguien que en su mundo era un pilar fundamental en su vida, como gran amigo que fue. Y ex novio. Por otro lado…el pavor incesante de no saber a ciencia cierta si Chat Noir su fiel compañero, seguía con vida. El era muy fuerte y el mas valiente que jamás conoció. Siempre creyó que esa fortaleza era su don mas preciado. Le defendió innumerables veces de Shadow Moth sin si quiera pestañear. Pero no era tan inocente como para quedarse solo con eso. Esta vez había sido distinto. Otro nivel de bravura. Chat Blanc no era un akumatizado. Era un asesino en serie. Y el haber arriesgado así su vida por ella…fue lo mas visceral nunca antes alcanzado.
Voló por los techos en compañía de su yoyo, esperanzada de que resistiría. La brisa helada removió sus azabaches cabellos. Aún continuaba lloviendo. Por lo que no llegó a distinguir si lo que corría por sus mejillas era parte del aguacero o lagrimas infames que, en son del pánico le hacían retemblar de la impotencia. Cuando finalmente ingresó al complejo policial, Ladybug echó carrera por los pasillos como quien se dirige a un parto. Los músculos de su garganta se contraían con cada habitación que visitaba, pues no hallaba a su compañero. Bajó a pie las escaleras de emergencia hasta el recinto de cuidados intensivos, dándose de bruces con una puerta metálica que indicaba el nombre del paciente en una luz led.
—¡Chat Noir! —abrió la puerta de lleno, siendo obstaculizada abruptamente por Alix. Deliberadamente, la expulsó fuera de la habitación con severidad— ¡Hey! ¿Qué haces?
—No puedes verlo —le advirtió la mayor, sujetando sus hombros para mantenerle en calma— Los doctores tuvieron que intervenir. Y desactivaron la energía cuántica de su traje.
—¡No me importa! —pataleó la fémina, empujándole una vez más— ¡Chat Noir! ¡Quiero saber como está! ¡Necesito saber que está bien!
—Está bien.
—Tengo que verlo —volvió a insistir, nuevamente forcejeando con ella— ¡El me necesita! ¡Déjame pasar!
—¡Contrólate! —la abofeteó bruscamente. Vale. Eso sin duda la hizo recobrar la poca cordura que le quedaba. La menor se detuvo en seco, palpándose la enrojecida mejilla— ¿Quieres saber su identidad secreta, Marinette Dupain-Cheng? —Ladybug calló, apretando los labios con un rubor notorio ceñido en sus pómulos. Se sintió completamente vulnerable y abochornada con el escandalo que había montado. Finalmente, negó con la cabeza— Es lo que pensé.
—Tu conoces su identidad ahora.
—Yo conozco su identidad ahora —repitió al unísono que asentía, con la mirada clavada en ella— Tu secreto está a salvo conmigo. Y créeme que no quieres saberlo. No te conviene.
—Vale…—desvió la mirada, sobándose el brazo derecho con desazón— Tienes razón. Confío en ti.
—Pero, así como tu confías en mi —espetó, arrugando el entrecejo con claros signos de hastío— Ahora yo debo confiar en ti —la pelinegra guardó silencio por unos segundos. Le había descubierto— ¿Hay algo mas que no me estás contando, Marinette?
—Si…Alix —develó con deshonor en su expresión— Hay algo mas que no te he contado.
—Dejame adivinar —rodó los ojos con obviedad. Vamos, que no era ninguna novata en el tema— Estás trabajando extra oficialmente con los Couffaine —Dupain-Cheng parpadeó sutilmente asombrada por su capacidad de deducción. Pero a la larga…ya comenzaba a pulsarla muy bien y no iba a negar su increíble cabida en portar con orgullo el nombre de "general". Estuvo al frente de una guerra mundial. No tenia ni un pelo de tonta— Vale. No está de mas recordarte que los Couffaine son criminales buscados por interpol. Nos estás metiendo en líos que no manejas.
—Créeme que lo tengo claro —murmuró la guardiana— Pero también créeme que, si no hubiera sido por Julien Couffaine, no podría haber planeado esto de acercarme a Félix Graham de Vanily.
—Porque dices tener una "corazonada" ¿No? —especuló la pelirroja.
—Es mas que eso. Es una certeza —desentrañó con convicción la menor.
—Este no es el lugar mas apropiado para charlar sobre eso ¿Sabes? —Alix echó una ojeada rápida al recinto, llevándola hacia su despacho— Tu compañero está a salvo. Te lo garantizo. No subestimes nuestra tecnología. Aquí somos los mejores en esto.
—Gracias…Alix —suspiró mas aliviada, ingresando a su despacho.
—Chat Noir llamó al asesino…—comentó, sirviendo dos copas de coñac. Increíblemente, Marinette aceptó el trago, bebiendo un sorbo— "Chat Blanc"
—Dios…esto quema feo —se atragantó unos momentos— Si…—carraspeó, gesticulando una mueca de asco— Si…así es.
—Tranquila. El primer trago es así. Después pasa como agua —bufó— Adormece tu paladar y tu garganta —Kubdel se sentó en su silla— Me contaste todo sobre Félix. Cuéntame todo sobre "Chat Blanc"
—Lo haré. Pero primero dime… ¿Lograron atraparlo? —la Prefecta negó con la cabeza— Demonios…estábamos tan cerca.
—Tampoco hallamos rastro de Félix Graham de Vanily —balbuceó la detective, bebiendo un trago de la solución alcohólica— Pero está claro que tenias razón, Marinette. Están conectados. Es más —se levantó, mostrándole una pantalla virtual sobre la pared— ¿Ves estas imágenes? Son las cámaras que llevan nuestros oficiales en el pecho —era un video de Chat Blanc huyendo de la escena— El asesino escapó rumbo al sur. Al cuadrante de elite. Posiblemente, Chat Blanc es un sicario que financia el presidente de VanilySky.
—Es lo que creo —sentenció la ojiazul, observando inquieta su vaso. ¿Debía tomar otro sorbo? Claro que sí. Le dio un trago. Esta vez, no le sabe tan mal en el paladar. Ella tenía razón— No. Mas bien. Es lo que aseguro. "Creer" a estas alturas es de amateurs.
—Vas captando la idea —una sonrisa especulativa se dibujó en los labios de Alix— ¿Sabes, Marinette? Eres la primera en un año, que nos ha llevado directo hacia el enemigo. Tengo que concederte eso. Sin duda eres el mejor miembro de nuestro cuerpo policial que hemos tenido.
—Alix…tengo que seguir con la misión —decretó.
—Te creo. Y te apoyo —proveyó la prefecta— Pero ya viste que es imposible de asegurar La Fiscal Agreste es la prometida de Félix —masculló Kubdel— Y ella no va a abandonar a su futuro esposo por nada del mundo.
—¿Sabes si quiera que está haciendo la Fiscal Agreste justo ahora? —manifestó, juntando el entrecejo. Acto seguido, abrió su dispositivo virtual— Julien hackeó las cámaras. Y según Chat Noir, el comisario Adrien y Marinette…ocultan algo entre telas.
—¿Cómo…?
[…]
Mansión de Klaus Bourgeois. A esa misma hora.
—¿Dónde está Félix? —protestó la fiscal, con voz amenazante— Díganme ya.
—El presidente Graham de Vanily se ha ido de la fiesta hace una hora, estimada —reveló un droide.
—¡¿Cómo?! —chilló— ¿Y me ha dejado sola…?
—Marinette —Adrien se arrimó a ella, sujetándola por la cintura. Aún seguía bajo los efectos del viagra— Necesito bailar contigo.
—Comisario. Basta —se negó, empujándole suavemente lejos de su anatomía— Ha repetido toda la noche que necesita cosas. ¿Qué le pasa?
—Deja de hacerte la tonta —gruñó en su oído, mordisqueando el lóbulo derecho de su oreja— No hace falta tantas formalidades.
—¡Comisario! —le rechazó una vez más— ¿Pero que le pasa? —se aferró a su pecho, mascullando de vuelta en su canal auditivo— ¿Qué mierda te ocurre, Adrien? Esto no es correcto.
—Necesito estar contigo a solas —esbozó en un jadeo caliente.
—¿Otra vez con eso? —farfulló de vuelta— ¡Hey! —no pudo resistirse más. Literalmente había sido arrastrada por el rubio hacia la biblioteca del primer piso. Apenas si pudo distinguir que el ojiverde cerró la puerta con llave tras de si— ¡Adrien!
—Marinette —siseó, con la respiración errática. Se abalanzó hacia ella, aprisionándola hacia la librería. Graham de Vanily le había azotado contra el estante, dejando caer un par de libros en el intento— Necesito hacerte el amor…
—¡¿Qué estás?! —se quejó de vuelta, sintiéndose una prisionera de la actitud repentina de su compañero— ¡Adrien! ¡No! ¡Basta!
—Perdóname…—se disculpó, empotrándola en el aire.
Adrien bajó el cierre de su pantalón, liberando una vigorosa erección, en lo que levantaba la falda de su amante. Ella simulaba resistirse. Pero en el fondo lo necesitaba tanto como el a ella. ¿Se iban a seguir engañando? No había razón para ello. Nadie sería testigo de lo que ahora concebirían, porque no tenían juicio de que una de las cámaras de seguridad, encubierta y displicente en una esquina les grababa cada uno de sus actos. El rubio la penetró sin mayores miramientos, embistiéndola frenéticamente contra el estante. Era literalmente ver a dos conejos apareándose. El comisario solo se detuvo unos segundos, una vez habiendo eyaculado. Pero no se rindió a ahí. La acomodó boca abajo sobre el escritorio de madera y prosiguió. A vista y paciencia…de las detectives…
[…]
—¿Qué estoy viendo…Marinette…? —parpadeó Alix, completamente ruborizada.
—Yo…Yo tampoco sé que estoy viendo ahora mismo…—Dupain-Cheng soltó un jadeo caliente entre sus labios. Nunca creyó admitirlo, pero se estimuló de sobremanera al ver la escena. Era verse así misma…intimar salvajemente con el amor de su vida. Tuvo que desviar la mirada unos momentos, solo para apaciguar lo que aquella imagen ocasionaba en ella. Ni si quiera tenia cabida a sus mas intimas fantasías. La mayoría de ellas, bien infantiles por lo demás. Contemplar dicho acto, le abrió muchísimo los ojos. Quizás había vivido toda su vida en un mundo paralelo que no existía. Los humanos copulan entre ellos cuando se aman. Y no concebía verse así con su chico. ¿Quizás era hora de madurar? — Perdón…—se disculpó la ojiazul, apagando la pantalla.
—Marinette…—murmuró Alix, con dejo de nostalgia— ¿Tienes conocimiento de lo que estaban haciendo ellos dos?
—No me ofendas así —se excusó la menor, rehuyendo avergonzada de su mirada inquisitiva— No soy tan tonta…— Juro que pensé que los vería besándose o algo así…
—Estás consciente que si te haces pasar por la pareja de Félix Graham de Vanily —agregó con evidente preocupación— ¿El va a querer esto contigo? Después de todo, serás la fiscal Agreste.
—Si. Pero…—tragó saliva— Trataré de que no pase.
—Entonces no lo hagas —le advirtió de lleno— Esta no es tarea para ti. Si te profesas una mujer con convicciones leales a tu virginidad, no lo hagas. Lo estropearás.
—¿Por qué me subestimas así? —frunció el ceño— Puedo hacerlo.
—Está claro que Félix mantiene una intimidad más allá de besitos con la fiscal. Son adultos responsables y son pareja —aclaró sin tapujos— Marinette. ¿Has tenido pareja alguna vez? O, mejor dicho. ¿Relaciones íntimas?
—Tsk…—apretó los puños con impotencia— No quiero hablar de esto…
—Estás fuera —expresó— Ni pienses que te voy a exponer así —se tragó de golpe el coñac— ¡Eres una niña aún!
—¡Ok! ¡Tengo 18 años! ¡¿Sí?! —admitió, con la mirada enrojecida— ¡No! ¡No he tenido pareja! ¡Ni relaciones sexuales! ¡Pero no soy una niña ya! —reveló con solidez, finalmente— Pero puedo hacerlo. Estoy dispuesta a correr el riesgo.
—¿Estás segura?
—Ya te conté todo sobre los Couffaine —esbozó molesta— ¿Me vas a ayudar con lo que te pedí sí o no?
—Bien…—exhaló rendida la mayor— Haré lo que me pides. Pero lo que pase en el proceso…es tu decisión —dispuso la bermeja— Solo ayúdame a terminar con esto.
Mas allá de las imágenes de alto calibre que había comprobado en las cámaras, Dupain-Cheng se aferraría a una sola verdad: Marinette Agreste le es infiel a Félix con su hermanastro, Adrien. Vamos, que ella intenta ser muy profesional en su actuar. Y solo se limitaría a los hechos. No a la morbosidad detrás. Seguramente el presidente no tenia conocimiento de esto. Y era un As bajo su manga que usaría en cualquier momento, si la oportunidad se presentaba. Su compañero estaba en cuidados intensivos ahora. Al menos hasta que recobrara el conocimiento. Mientras tanto, solo podía agarrarse a su plan. Hacerse pasar por la fiscal para sacarle toda la información posible al rubio. Entonces comenzó la cuenta regresiva. El método que emplearían sería muy simple. La fiscal Agreste tenía que abandonar parís. De la forma que fuese. Solo así, Ladybug tendría chances de actuar. Y eso sin duda involucraba a su torcido amante, Adrien. Alix urdió un plan tan perfecto, que los separaría a los tres a partir de ahora. Kubdel habló directamente con el presidente de Francia en una video conferencia telemática con otros invitados. Arrastró con ella al alcalde de parís, Klaus Bourgeois. La prefecta le dio a conocer los hechos de homicidio en la capital, alertando de sobremanera al máximo líder de la nación. Y siguiendo al pie de la letra el proyecto, citó a los cuatro sujetos a una convención en Burdeos. Una ciudad lejana. No dándole oportunidad a la Fiscal de avisarle a su prometido, claro, de que haría abandono de la ciudad. Lo primordial ahora era la seguridad del país. Entonces, recapitulemos: Alix Kubdel, Adrien Graham de Vanily, Marinette Agreste y Klaus Bourgeois viajarían a Burdeos durante un mes, para resolver problemas de estado. La general, confiando en las aptitudes de la pelinegra, permitiría que esta, tuviera acceso a sus asesores. Y, sobre todo, al personal policiaco en su ausencia. Chat Noir aún se recuperaba de sus lesiones. Por lo que dejarlo fuera, era inevitable.
¿Quién intercedió todos los mensajes de la fiscal Agreste, hackeo su número, su dispositivo móvil y su GPS? Los hermanos gemelos Couffaine. Marinette Dupain-Cheng durante un mes, sería Marinette Agreste; la fiscal de Neo Paris. Por lo tanto, no bastaba solo con engañar al presidente de VanilySky. Si no, a toda la ciudad.
—Hora del show…—espetó Julien.
[…]
—Estoy impresionado —reveló Félix, corriéndole la silla para que tomara asiento— Por lo general, no aceptas venir a cenar tan tarde conmigo —agregó, acomodándose una servilleta de genero en el regazo de sus muslos.
Restaurant Le Pré Catelan. 21:05PM.
La decoración del lugar era una pasada. Un fino y costoso restaurante parisino, ubicado en un entorno idílico del sector Bois Boulogne, e inspirado en la época napoleónica. Su arquitectura y su galante, invitaba a los más importantes señores de la elite del cuadrante 1. El lugar ofrecía al cliente la posibilidad de celebrar grandes eventos, como bodas o recepciones privadas, que solo unos pocos podrán pagar, debido a su elevado precio. Su cocina es muy creativa y moderna. Con un menú a la carta de variada exquisites y regateando rincones del mundo. Marinette poco y nada entendía de lo que estaba leyendo. Eran platos que ni en su mejor momento podría costear. Y mucho menos, reconocer los nombres enredados y difíciles de pronunciar.
Un joven mesero de apariencia pulcra y jovial, les saludó.
—Bienvenido nuevamente, señor presidente —murmuró con destemple, Jean Jeacques— Señora Fiscal ¿Ya saben que van a ordenar?
—Hey, que tal Jean. Tantas lunas —le congratuló el ojiverde, dándole una palmada amistosa en el brazo derecho— Yo quiero lo de siempre. Ya sabes, la entrada de Mouclade de Charente —dijo con calma— Un Foie Gras a la Vasca. Y una botella de tu mejor reserva de Cabernet Sauvignon. Para compartir, claro —le guiñó el ojo a su novia.
—A la orden, Monsieur —seleccionó en su tableta las opciones indicadas— ¿Y madame?
—Eh…ah…—Dupain-Cheng. Por unos momentos los nervios comenzaron a jugarle una mala pasada. Sintió un calor supurando desde su estómago hasta el pecho. Lo que finalmente acabó por teñir sus pómulos de un rojo furioso— Mierda… ¿Qué hago? Félix me está mirando. El mesero igual. Y no sé que demonios pedir…— Yo quiero…una entrada de Caracoles con mantequilla y perejil. Un Quiche Lorraine y…un vaso de agua…—acertó— Sip. Eso —cerró la carta, devolviéndosela al camarero.
—Enseguida, señora Agreste.
—Wow…quien lo diría —exclamó asombrado el rubio— Creí que odiabas los caracoles.
—Eh… ¿Sí? ¿Yo dije eso? —soltó una risita nerviosa, llevándose el cabello detrás de la oreja con timidez— Posiblemente estaba bromeando. En realidad, adoro los caracoles —Ay dios...quizás debí estudiarme aún mas el historial de la fiscal.
Flashback.
—Repasemos entonces —Luka observaba con atención como la muchacha se paseaba por la habitación de un lugar a otro— ¿Quién eres en realidad?
—Mi nombre es Marinette Agreste. Hija única. 25 años. Graduada con honores de la academia de abogados en Chateux —explicó con seguridad— Fiscal de Paris. Mis pasatiempos favoritos son…ir de compras, mirar arte del Louvre y nadar. Sobre todo, nadar. Fui campeona deportiva de natación a los 20 en la Universidad — Mi historial en este universo es muy aburrido. Parezco una simplona engreída— Mi color favorito es el rojo —Bueno, al fin algo en común— Mi bebida favorita es el zumo de sandía. No me gustan los gatos, prefiero los perros —Fuera de discusión— Y lo mas importante, estoy comprometida con Félix Graham de Vanily. Nos conocimos en el colegio cuando teníamos 15 años.
—Excelente —asintió satisfecho el peliazul, regalándole una sonrisa jovial a su hermano— Ahora vayamos a tu trabajo.
—Mi horario es de 9:30 a 17:00. De lunes a viernes —explicó Ladybug, llevando una mano a su mentón en modo pensativo— ¿Y que hago durante los fines de semana?
—No tengo la menor idea —Julien se encogió de hombros— Según vi, la fiscal es muy apática con su vida. Las personas que la conocen dicen que no es muy allegada a sus trabajadores o colegas.
—Insisto…no se parece nada a mi —exhaló abrumada la menor— Vale…entonces soy solo una chica de clase acomodada, intentando sobresalir en mi trabajo. Es lo que capto. Porque básicamente no tengo más vida.
—Oh…pero claro que si tienes vida —manifestó con asombro, el muchacho de mirada añil. Se acercó a ella, mostrándole la pantalla de su dispositivo virtual— Y una sin duda muy interesante.
—¿Qué es esto…?
—Estas son las cámaras que pude intervenir de una de las discos mas famosas del distrito suburbano. El local se llama La Suite —aumentó el zoom— Y adivinen quien la visita regularmente.
—¿Joda? —incluso su hermano llegó a saltar con lo impactado que se encontraba— ¿La fiscal y el comisario…?
—¿Cómo es posible? —Marinette hizo una pausa, estupefacta con las imágenes. Eran sin duda ellos dos, bailando como si nada en medio de la pista— Se supone que los policías son mal vistos aquí.
—No necesariamente —ostentó Luka Couffaine— Todo depende de tus contactos. Y cuanto poder tengas. Acá todo es válido.
—Entonces ya sé que hago los sábados por la noche…—masculló entre dientes la ojiazul— Puras cagadas…
Fin del Flashback.
—¿Marinette? —consultó nuevamente. Al parecer, desde hace rato le estaba hablando— ¿Te sientes bien? —tomó sus manos por sobre la mesa, con expresión preocupada—
—¡Ah! Este…estoy bien, discúlpame —musitó, aun más ruborizada al ver como acariciaba sus dedos con suavidad— Es solo que he tenido muchísimo trabajo últimamente. Ya sabes…por el tema del asesino y todo eso —suspiró con impulso de cansancio— Por lo mismo decidí salir hoy. Necesitaba relajarme. Y que mejor…que hacerlo contigo —Joder, pero que buena actriz soy.
—No pudiste haber escogido mejor —siseó Graham de Vanily, depositando un beso húmedo sobre el dorso de su mano derecha— Conmigo siempre te sentirás cómoda.
—Este chico… —Marinette tragó saliva con dificultad, mordisqueándose sin querer el labio inferior. Sentía el rostro febril y no tenía la más mínima idea del por qué. ¿Eran nervios u otra cosa? Félix era demasiado lascivo con su mirada. No se limitaba solo a examinarle el rostro. Por el contrario, se alternaba una y otra vez en la parte expuesta de su cuello, los hombros, incluso el escote de sus pechos. Como si estuviera estudiando cada centímetro de su anatomía— Es demasiado intenso…siento que me voy a orinar de los nervios — Ah…—jadeó, rehuyendo avergonzada— ¿Por qué me miras así?
—¿Así como? —musitó Félix, sugestivamente atraído por su pregunta.
—Así…—balbuceó— Como si estuvieras desnudándome…con la mirada.
—Nada —soltó sus manos de un momento a otro, reclinando la espalda contra su asiento. El mesero ya había traído todas las cosas que ordenaron. Félix guardó compostura en un repentino cambio de humor que le pareció muy curioso. ¿Era así de bipolar siempre? — Un brindis por ambos —vertió el liquido escarlata dentro de su copa— Mi hermosa futura esposa…
—Salud por ambos —carraspeó, disimulando falsa modestia en sus halagados— Por mi futuro esposo…
[…]
—Chicos…no creo poder hacerlo —dijo Marinette, en medio de una video llamada. Se tomó la cabeza, tratando de conseguir algo de cordura en lo que diría— Es imposible. Me va a comer viva.
—Llevas recién un día y ya te estas quejando —gruñó Julien del otro lado.
—No. Es que…no lo entienden —farfulló, mirándose las manos como quien busca respuestas en los pliegues de un traje rojo— Félix…tiene algo. ¿Sí? No es un tipo ordinario. Su personalidad es…muy atrapante. Y eso no me permite concentrarme —se abrazó así misma con el sinsabor en sus labios— Me pongo nerviosa y eso me hace titubear. Siento que las voy a cagar en cualquier momento y me va a descubrir.
—¿Quieres contarnos al menos que pasó hoy? —Luka se mostraba realmente preocupado. La muchacha se veía ligeramente perturbada— Cálmate un poco…
—Pues…todo bien —expresó, jugueteando con sus dedos.
—¿Cenaron al menos?
—Si —asintió— Como era previsto. Luego me vino a dejar a la casa de la fiscal. Bueno, mi casa —rodó los ojos con ironía— Pero sigo…tensa.
—Marinette —espetó Luka, frunciendo el ceño— ¿Pasó algo mas en el trayecto del restaurante a tu casa?
—Yo…—tembló en respuesta a su pregunta. Nuevamente sentía como su propio cuerpo le atacaba indiscriminadamente. Tenía el ritmo cardiaco por las nubes — El…deslizó con suavidad sus manos por debajo de mi cuello y me besó en el proceso. Luego…se despidió y me abrió la puerta. Se marchó…—citó, palpándose los labios con la yema de los dedos.
—¿Ok…? —Julien parpadeó atónito con lo que escuchaba— ¿Soy yo o eso sonó mas bien a un poema?
—Comprendo…—agregó el otro hermano de los Couffaine— Ahora entiendo lo de "personalidad atrapante". Al parecer nuestro presidente tiene más de una faceta. Y debemos aprovecharla —aseguró.
—¿Qué quieres decir con eso? —examinó la guardiana de la caja.
—Que independientemente de todo lo que sabemos de él, hay dos tipos de Félix —explicó el hacker— Félix Graham de Vanily, el presidente de VanilySky. Y Félix Graham de Vanily, el prometido de Marinette Agreste.
—Pero eso es obvio, hermano —siseó el pelinegro, dando por sentado su opinión— Nadie se comporta igual en todos lados.
—No. Esto es distinto. Aunque no lo creas —proveyó el ojiazul— Este no es solo un sujeto comportándose distinto. Creo que Félix…profesa sentimientos intensos por ti. No hablo de solo amor.
—¿Yo? —Ladybug hizo un mohín.
—Con Marinette, me refiero —aclaró— Y ahora mas que nunca…debes seguir con el plan al pie de la letra. Usaremos estos…comportamientos carnales y sus patrones de conducta afectivos para doblegarlo. ¿Me entiendes?
—Esto…es una locura…—la portadora del Miraculous de la creación asintió frente a sus camaradas, finalizando así la llamada de la noche. Pero nada en su anatomía se mantenía sereno. Por el contrario, tuvo que correr al baño a des transformarse solo para lavarse la cara con violencia. Nunca creyó que sería tan compleja la situación. Hacerse pasar por la novia de un sujeto importante para robarle información. ¿Simple, no? Pero resultaba ser que aquel muchacho no era lo que todo el mundo pensó. El multimillonario, genio de la industria cibernética francesa, en realidad tenia un talón de Aquiles que ni el mas estúpido de los ignorantes se hubiera dado cuenta, porque lo ocultaba demasiado bien— ¿A que se refería Luka con profesar sentimientos mas intensos? —se preguntó así misma, observando la silueta húmeda de su expresión contra el espejo— Félix está enamorado de mí. Eso está claro. Pero… ¿Hay algo más intenso que el amor?
De pronto, la imagen de Marinette y Adrien en la biblioteca se reveló frente a sus ojos, en una chispa de luz fugaz. La relación que esos dos jóvenes mantenían era una locura total. Un torbellino de descontrol. Tampoco ejercían solo amor entre ellos. Negó con la cabeza bruscamente, dejándose caer sobre la tapa del WC con la respiración agitada. ¡¿Por qué pensar en Félix le había hecho recordar algo como eso?!
—Chat Noir…—suspiró abrumada, palpando la elevada temperatura de su frente—Tengo fiebre…y que falta me haces ahora mismo.
Esa noche se acostó en posición fetal, aferrándose firmemente a la almohada. Entre sus dedos…la tarjeta de presentación de Félix Graham de Vanily.
A la mañana siguiente, Dupain-Cheng concurrió a tempranas horas al sanatorio de la comisaría. En su calidad de detective, nadie le opuso problemas; presentándose como era habitual. Si bien, no podía ingresar a la habitación donde estaba su compañero, se vio conforme con una pantalla táctil que mostraba la condición clínica del paciente. Ritmo cardiaco, pulsos neuronales, estimulación muscular. Todo parecía seguir en regla. Adrien Agreste se recuperaba con éxito. Lento, pero seguro. Y eso era algo que le devolvía el alma al cuerpo.
—La Prefecta me lo ha contado —la teniente Alya Césaire se aproximó a ella, sujetando un café en la mano— Que tienes prohibido saber la identidad de Chat Noir. Y viceversa.
—Nunca creí que llegaría a ser una tortura para mí el no poder saberlo…—le dio la espalda, encaminándose hacia la puerta.
—Chat Blanc tiene algo que ver con ustedes ¿No es así? —inquirió con suma curiosidad— El alcance de nombres es muy llamativo.
—Puede ser —le habló por sobre el hombro— Pero es parte de la investigación.
—Lamento mucho si herí tus sentimientos en algún momento —la morena se rascó la mejilla, abochornada por las situaciones pasadas. Tuvieron sus encontrones. Aunque nada muy serio— Comprenderás que, en mi trabajo, es complicado confiar en las personas.
—Lo sé —aceptó la ojiazul, volteándose a verle con mirada serena— Un detective…suele desconfiar de casi todos.
—Espero que podamos empezar de nuevo tú y yo…Ladybug —le estrechó la mano en son de amistad— Puedes contar conmigo. Ahora que la prefecta no está, me aseguraré de que nada malo le suceda a Chat Noir.
—Está bien, Alya —le devolvió el gesto, exponiendo una sonrisa ladina en sus labios— Muchas gracias por todo.
Una forma muy radical de admitirlo. Pero intentar sopesar las asperezas entre ambas era lo más correcto. Ladybug se retiró en dirección a su nuevo empleo. En su papel de servidora estatal, lo primero que tuvo que hacer fue entrar al edificio de fiscalía. Interpretando al pie de la letra su cometido, saludó afablemente al guardia primero. Este le respondió sutilmente anonadado con su muestra de afecto. Luego, les dio los buenos días a los conserjes del aseo, a los oficinistas y también a la recepcionista de su departamento; la señorita Ondine. ¿Qué les pasaba a todos? Era como si hubiesen visto un espectro o algo así. No entendía la razón de su extrañeza.
Tras entrar a su oficina, una muchacha de cabellos azabache y mirada esmeralda le recibió con apremio. Le auxilio avivadamente a quitarse la chaqueta y le ofreció un café para comenzar el día. Supuso que eso era algo normal para la real Marinette así que asintió.
—Merci…—agradeció jovial la guardiana— Amm…—ágilmente rebuscó su nombre sobre el escritorio. Citaba: Marcelline Anciel — ¿Marc…? —parpadeó estupefacta.
—¿Se encuentra bien, fiscal? —escrutó la muchacha— La noto algo pálida. ¿Necesita sus píldoras para la migraña?
—Ah. No. Descuida, Marcelline —Dupain-Cheng le acarició el hombro, demostrando confianza en su actuar— Estoy bien. Aceptaré el café eso si —agregó, dirigiéndose hacia su oficina.
—Wow…—la muchacha se enardeció de solo sentir su mano— Es la primera vez que me llama por mi nombre completo…—sus ojitos le brillaron— Hoy es sin duda un buen día.
¿Qué le pasa a todo el mundo? Hasta su secretaria actuaba de manera errática con ella. Bueno, no seguiría dándole vueltas al asunto. Su despacho era llamativamente moderno. Incluso la vista era privilegiada en un sector como ese. Incluso tenía un acuario con peces de muchos colores, un sofá de cuero y una esquina con licores de todo tipo. Durante el proceso de trabajo, debía rellenar una serie de formularios que se acumulaban en su escritorio. Su ordenador estaba atiborrado de archivos y carpetas con códigos extraños, que en pelea de perros había visto. Sin duda que la señora Agreste era buena en lo que hacía. Pero nadie le dejó instrucciones de "que se supone" que hace un fiscal.
Se tomó la cabeza con ambas manos, expandiendo la mitad del cuerpo por el pupitre. No entendía un carajo…
—Señora Agreste —Marcelline Anciel tocó su puerta, ingresando con un atrayente y fresco ramo de flores galanes— Con permiso.
—Wow…Marcelline —la portadora de Tikki quedó boquiabierta con semejante regalo. No tenía la menor idea de que fuese tan cariñosa con ella— Es un gesto muy amable de tu parte.
—¿Eh? —carcajeó la menor, apreciándose divertida con su broma— Hace tiempo que no la veía con tanto sentido del humor.
—¿Como…? —parpadeó, confundida con su respuesta.
—Que cosas dice —bufó con ternura, dejándole sobre la mesa una carta de material plástico, envuelto en una cinta roja. Esperó unos momentos para ver si la mayor reaccionaba o algo. Pero seguía de piedra, sin entender nada—Son de su prometido, fiscal… —le aclaró, con dejo de dubitativa timidez— Todas las mañanas, don Félix le manda un ramo de flores. ¿Lo ha olvidado?
—Ah…—Jodeme. ¿Félix me manda flores…? —tragó saliva, disimulando su torpeza con una carcajada muy evidente— ¡¿Cómo olvidarlo?! ¡Claro que sé que son de Félix! Solo estaba gastándote una broma. ¡Jajaja! Quería ver como reaccionabas — Puta madre… ¡¿Por qué nadie sabe de estas cosas?!
—Ah. Ya sé —rió juguetona la pelinegra— Está nerviosa ¿Verdad? Yo también lo estaría —se frotó las piernas— Es que no todos los días uno se va a casar.
—¡Claro! Estoy nerviosa. Si. Uff —sopló sobre su flequillo, desviando la mirada con el rostro completamente febril— Es verdad. Perdóname. Tengo la cabeza por las nubes. Wii…
—Tranquila que ya tengo todo planeado como me pidió —Anciel sacó un dispositivo transparente, mostrándole una lista completa de la cantidad de cosas que la misma Marinette le había solicitado— Ya tengo el nombre de los diseñadores que me pidió para el vestido. También la lista de invitados. Y los-…
Poco a poco, la voz aterciopelada de su secretaria se diluía en el aire…como quien se aleja cada vez mas y mas de ella. Demasiada información entrando en su cabeza en cuestión de segundos y ella solo podía mirar aquel despampanante ramo de rosas de mil colores. Hipnotizada con la idea de recibir semejante ofrenda, no llegó a prestarle atención a ninguna de las tonterías que le mencionaba. ¿De verdad Félix le enviaba flores a diario? Ese era un gesto muy romántico de su parte. ¿Cómo se supone que debe reaccionar Marinette Agreste, apropiadamente? Sus dedos viajaron instintivamente a la carta. Tironeó de la cinta para abrirla y saciar su curiosidad con el contenido de ella.
≪Esta vez, escogí yo personalmente las flores. Su perfume me recuerda al aroma que desprende tu cuello. Y su belleza me aturde, de la misma forma que me dejan tus besos.
Félix≫
—¿Fiscal…? —la joven le sacudió la mano delante de la cara. Pero esta no reaccionaba— Ok. Ya me está asustando…creo que tiene fiebre. Iré por algo de agua —salió corriendo.
Marinette se cubrió los labios con la mano derecha, dejándose caer como peso muerto sobre su asiento. Si. Estaba ardiendo en un vehemente ardor febril. Nunca creyó que podría llegar a sentir algo así por alguien mas que no fuese Adrien Agreste. ¿En serio era tan vulnerable a encantos tan mínimos? Esto no iba a resultar. Se supone que el plan era hacerle caer a sus pies. No al revés. Quiso levantarse para esconder la carta en algún cajón, lo más rápido posible. Pero torpemente se enredó entre sus pies y se fue de bruces al suelo, salpicando el basurero que yacía a un costado de su escritorio. De este, brotaron miles de otras cartas que el rubio había enviado.
—¿Por qué están…en la basura? —se cuestionó a sí misma.
En cuanto la secretaria se reincorporó a la habitación con un vaso de agua y unas píldoras en la mano, Dupain-Cheng tomó todos los sobres y los metió ágilmente dentro de un cajón. Claro, ordenando el lindo papelero que tenía después. Se levantó como si nada hubiese ocurrido, tosiendo de forma templada.
—Gracias, Marcelline. Ya puedes retirarte —decretó estoica.
—Eh. Pero…no hemos terminado con lo de la boda, fiscal.
—Tengo trabajo que hacer ahora —demandó, regresando a su asiento para simular trabajar en su ordenador— Luego lo vemos.
No le quedó de otra que acatar las ordenes de su superior. Al hallarse sola, podría al menos investigar un poco mas la situación. Cogió cada una de las cartas, todas con fechas posteriores a la ultima y las leyó una por una. Dios…le costaba trabajo entender como es que semejantes sentimientos de amor, habían acabado en un basurero. En cada una de ellas, Félix le dedicaba frases como "la diosa de mis sueños" o "el deseo de volverte a ver". Cursilerías que, al parecer, a la Fiscal no le eran de su agrado. Llena de suspicacia, se adentró al computador para revisar la bandeja de entrada de mensajes. Quizás podría averiguar un poco mas sobre que clase de relación mantenían ellos dos.
Los correos de Félix eran similares a sus mensajes en forma de prosas. Pero las respuestas de la Agreste, no se asemejaban ni en lo más mínimo a quien, corresponde coherentemente un sentimiento de cariño. Revisó la papelera. En ella, se topó con conversaciones de dos años atrás, en donde al parecer, discutían fervientemente por alguna razón que no llegó a reconocer. ¿Llevaban una mala relación? ¿O solo eran discusiones típicas de una pareja? Un recordatorio en forma de pop-up saltó en su pantalla. "Hora de alimentar a los peces". Iba a presionar con el dedo la X. Pero en el momento que tuvo la intención, otro recordatorio le alertó repentinamente. "Llamar al comisario". ¿Adrien Graham de Vanily?
Dentro de ese recordatorio, un archivo con mas de mil fotos de Adrien le terminó por soltar la mandíbula de abajo. Y eso, sin duda le recordó a alguien que ella misma conoce mejor que nadie.
—Soy…yo…
Marinette Agreste estaba obsesionada a nivel celular con el comisario. De la misma forma que ella representaba su amor por él, en su universo. No era normal. ¿En que punto llegó a normalizar el hecho de guardar mas de mil fotos de alguien? En todas posiciones distintas, lugares, momentos, facetas, expresiones faciales, etc. Se sintió así misma avergonzada de su actuar. Era una estúpida.
—Siento cringe de mi misma ahora…—soltó una risita sutil, intentando obviar lo ridícula que se veía. Habiendo mil y una forma de expresar su amor por alguien. Eso definitivamente no era sano. Haría algo al respecto— Vale…vamos a responderle.
[…]
Industrias VanilySky, planta sur. A esa misma hora.
Una junta directiva se reunía en forma de holograma, frente a unas sillas de metal y una gran mesa ovalada.
—¿Qué le parece, señor presidente? —uno de los ingenieros le mostraba el nuevo reactor de iones, frente a una gran pantalla 3D. Era una vista virtual maravillosa, tanto por dentro como por fuera— Hemos diseñado dos modelos a escala. Usaremos tecnología de KSG para ello.
—Esto es excelente, Félix —comentó Alec— Como tu asesor de Marketing, estoy de acuerdo en que en los nuevos comerciales de VanilySky, incluyamos el nuevo reactor de iones.
—¿Kagami, estás de acuerdo? —inquirió el rubio, alzando una ceja.
—Me parece adecuado, ahora que trabajamos juntos —asintió la japonesa— Para mí sería todo un honor.
—Además, sería conveniente para el comercio de Europa Oriental —agregó el moreno— Si los Ru-…
—No vamos a comercializar con rusos, Alec —sentenció Graham de Vanily, frotándose el anillo sobre su dedo anular— Te lo he repetido en incontables ocasiones. ¿Estás sordo?
—Por favor, Félix. Se razonable —insistió el calvo— Mira las estadísticas. Nos estamos quedando sin campo para el negocio. Necesitamos expandirnos.
—Tu padre siempre creyó que la industria armamentista daba más dinero —interrumpió Bob Roth— No sé en que momento nos pusimos a jugar con legos.
—Ese es un campo que los Tsurugi manejan mejor que yo. Los Graham de Vanily no somos guerreros. Somos altruistas —agregó Félix, levantándose de la silla. Llamó a Nathalie, quien estaba a un costado de la reunión y cargaba consigo un maletín— Y como tal, miramos hacia el frente y no al pasado.
—¿Y eso que es? —cuestionó Alec Cataldi.
—El futuro —Nathalie Sancoeur abrió el maletín en medio de la mesa, revelando así cuatro artefactos en modelo de joyas. Acto seguido, Félix se quitó el anillo y lo depositó en la mesa junto al resto— Les presento…los Miraculous.
—¿Los, que? —Bob se rascó la nuca, completamente confundido.
—Dispositivos mecánicos en forma de joyas —explicó el ojiverde, tomando un brazalete en sus dedos para mostrarlo a sus espectadores— Funcionan a base de una compleja fusión de protones que, en contacto con el humano, desencadenan increíbles mejoras físicas a quien los porte.
—¿Hablas de energía cuántica? —masculló, sutilmente emocionado con lo que le contaba. Para el, era juguete nuevo y una montaña de dinero.
—Hablo de energía molecular, Bob —reveló— Estos objetos, actúan sobre la composición molecular de tu cuerpo. Lo cual mejora
—¿De donde sacaste todo esto? —cuestionó Cataldi con preocupación— ¿Es…seguro de usar?
—Testeado en 20 sujetos distintos —le respondió Graham— Con un resultado de efectividad del 98% y un margen de error solo del 2%
—Define: error —siseó el gerente de Marketing.
—Los sujetos fallecieron durante la prueba —proveyó Nathalie, muy normal— Eran muy inestables para soportar su poder.
—¿En serio están pensando lanzar esto al mercado? —rezongó Roth, cruzándose de brazos.
—¿Estas bromeando? —Félix cogió su anillo de vuelta y golpeó la mesa con el puño— No te pago para que manejes mis finanzas y emitas comentarios de mierda como esos —berreó— Esta no es tecnología para cualquier pobre diablo. Solo los mas grandes tendrán acceso a ella. Revolucionaremos la industria mundial, mejorando así la calidad anatómica que nos hace ser…la especie más débil de la cadena alimenticia.
—¿Somos…la especie mas débil…? —parpadeó el gordo, tragando saliva con incomodidad.
—La mayoría si —bufó con soberbia. Su dispositivo móvil repicó un par de veces, advirtiéndole un mensaje— Si me disculpan un momento —se alejó unos instantes para leer el memo— ¿Marinette…?
≪Como siempre, el ramo de flores estaba divino. Me hace sonreír y pensar en ti, cada vez que lo veo. Ansío la hora de volver a sentir tus besos otra vez. Gracias.
Marinette≫
Félix se tambaleó sobre su lugar, sintiendo las piernas débiles por unos instantes. No podía creerlo. Era la primera vez en años que su novia le respondía las cartas que enviaba en los ramos de flores. ¿Le había dado las gracias?
—Señor presidente. ¿Se encuentra bien? —consultó angustiada Sancoeur. El muchacho soslayaba una expresión febril en el rostro, con la inhalación bastante incoherente para una reunión de ejecutivos.
—Me…me tengo que ir…—se abalanzó hacia su silla, tomando su chaqueta y su sombrero— Se levanta la sesión. Caballeros. Señorita —dio una reverencia torpe y se esfumó por la puerta principal de la habitación. Nathalie cerró el portafolios, corriendo tras él. Ni si quiera alcanzó a topárselo en la salida— A un lado, pedazo de idiota —farfulló colérico— Félix había tomado el vehículo por su cuenta, sin un chofer o un guarda espaldas que le acompañara.
—¿Lo dejaste ir solo? —le reclamó su mano derecha al gorilón— ¡Que idiota! ¡Si algo le llega a pasar, será tu responsabilidad! —marcó un transporte vía GPS— ¿Qué demonios le pasó ahora? Félix nunca actúa tan impulsivamente.
[…]
—Ya me retiro por hoy, fiscal —se despedía Marcelline, asomando la cabeza por la puerta como una niña pequeña— ¿Está segura que estará bien sin mí? Hoy estuvo muy rara…
—Ve tranquila. Nos vemos mañana —le despidió, tecleando en el computador. Marinette estaba muy apaleada con números que no le cuadraban. Si bien ella era buena para las matemáticas, acá sus formulas de siempre no entraban.
—Mañana es sábado…—se rascó la mejilla, aturdida con su comportamiento— Yo creo que de verdad necesita ver un doctor…pobre.
—¡Ah! Jeje…entonces…nos vemos el lunes —se despidió con la manita, sonriendo amablemente. No pasaron ni cinco minutos, que volvieron a golpear la puerta— Argg. Marcelline —protestó Dupain-Cheng desde el interior— Ya te dije que estaré bien. Vete a descansar. Es viernes.
—Lamento desilusionarte. Pero no soy Marcelline —acotó una voz masculina, muy familiar. Tras abrir la puerta, se dejo ver un compuesto Félix.
—¿Señor presidente? —despabiló, negando con la cabeza— Quiero decir… ¿Félix? ¿Qué haces aquí? Digo…que sorpresa jeje…—Oh dios…estoy sola aquí.
—Tranquila…—balbuceó, con las mejillas sonrojadas. Se sobó el cuello por la parte de atrás— Pensé en que como es viernes…podríamos ir a dar una vuelta por el mirador. Ya sabes…como en los viejos tiempos.
—¿Los viejos tiempos? ¿Qué viejos…tiempos? —debía comportarse a la altura de la Fiscal Agreste o de verdad sus nervios le jugarían en contra otra vez— Ah. Claro. Como solíamos hacerlo antes —lo dio por hecho— Me parece una idea estupenda, Félix.
—Excelente —carraspeó, ofreciéndole su mano— Ven conmigo. Yo conduzco.
—No tengo la menor idea de lo que estoy haciendo…pero al parecer, mi mensaje funcionó. Es mi oportunidad de indagar un poco más —asintió, brindándole una sonrisa cariñosa. Tomó su chaqueta, se acomodó la cartera y cogió su mano para salir juntos del establecimiento.
Graham de Vanily condujo sin mucha prisa en dirección al sector norte del cuadrante 1. Conocía un excelente mirador. Marinette creyó que sería como esos típicos terrados de películas, donde te quedas dentro del auto sobre una montaña. Pero no era ni semejante. Si bien se situaba sobre la planta alta de un cerro, en realidad era una especie de jardín de cúpula, con una terraza que daba hacia una panorámica amplia de toda la ciudad. Era el sitio ideal para gozar de una caminata afable, admirar la inmensidad de una puesta de sol y pololearse en el proceso. El rubio no era ni la mitad de lo que llegó a ser durante esa reunión con sus empresarios. Por el contrario, parecía sentirse como un gato boca arriba, esperando ser agasajado.
¿Entonces era verdad las suposiciones de Luka? ¿Félix sufre de bipolaridad? ¿O quizás algún trastorno de personalidad?
—¿Cómo te fue hoy en el trabajo? —inquirió con voz de inocencia.
—¿En verdad quieres saberlo? —acotó, inquieto por su repentina preocupación.
—Si. ¿Por qué no? —curioseó divertida, deleitándose con los jardines de rosas que se alzaban entre los arbustos— Quiero saber mas de ti. Por lo regular nunca hablamos de ti.
—Eso es porque nunca me preguntas, la verdad —contestó Félix, siguiéndole el paso un poco mas atrás— Pero ya que quieres saber, fue un buen día.
—¿Me llevarías alguna vez a conocer tu fabrica? —indagó Dupain-Cheng.
—¿Para qué? Puedes ir con una orden judicial —bufó el rubio, desviando la mirada un tanto molesto— Siempre entras así.
—¿En serio hago eso? —Pues…ahora cambie de opinión —aseveró afablemente— No quiero volver a entrar así. Quiero entrar como la futura esposa que soy. ¿Está mal?
—N-no…al contrario —negó, abrumado con semejante declaración— Creo que es una buena idea. Pero quizás te aburras. No es algo que sea de tu agrado.
—Eso no lo sabrás hasta que me lo muestres —murmuró Marinette, alejándose de el para acercarse a contemplar la puesta de sol a lo lejos— Creo que ahora tengo mucha mas curiosidad por saber a qué te dedicas.
—Soy ingeniero en automatización cibernética —se encogió de hombros, restándole importancia a su profesión— No es la gran cosa. La mayoría puede estudiarlo en la universidad.
—¿Y graduarse con tus honores? —comentó jovial, entreteniéndose con la charla que ambos llevaban de manera tan amena— Eso no lo creo. No todos son genios a corta edad.
—Tu también te graduaste con honores ¿O acaso ya lo olvidaste? —arqueó una ceja con ironía— Eso significa que también te convierte en un genio.
—Bueno. Por algo estamos juntos ahora ¿No? —musitó Dupain-Cheng más serena, percatándose de que aquel ultimo comentario no había sido mucho de agrado para el— Demonios… ¿Dije algo malo? — Félix… ¿Estás bien?
—Estoy bien —espetó el rubio en seco, tratando de concentrar sus pensamientos en la imagen que el astro rey le brindaba tras la torre Eiffel— Es solo que…aun no entiendo una cosa.
—¿El que?
—¿Por qué aceptaste casarte conmigo? —murmuró cabizbajo, con el semblante compungido— Después de lo que ocurrió entre ambos…
—Demonios… ¿Y qué fue lo que ocurrió entre ustedes dos con exactitud? — Pues…—titubeó unos instantes antes de responder. Si la cagaba, sería el fin de su plan. ¿Qué podía responder que sonara tan convincente como para no indagar más en el tema? — Porque te amo…Félix —Oh dios. Lo dije. Bueno, ya está. Es lo que es— Y creo que el amor lo supera todo.
Marinette creyó haber acertado en su respuesta. Pero ahora mismo, el semblante de Félix era de todo menos de agrado. Tampoco estaba molesto. Pero si bastante abrumado con su declaración. Le tembló el pescuezo. Si no había convencido al rubio, era su fin. De un momento a otro, este se abalanzó a la chica, abrazándola con el ímpetu de un muchacho aterrador de lo que podría dejar ver. ¿Estaba siendo vulnerable con ella?
—Fui un estúpido, Marinette —siseó Félix, envolviéndola contra su pecho. Algo le atosigaba de sobremanera y quizás con el pasar de los minutos, ella acabaría por descubrirlo. Permitiría que se desahogara a gusto. Su compañera correspondió el abrazo— No debí…reaccionar así. Debí haber sido mas fuerte en ese momento. Pero la inseguridad y mi ego me jugaron en contra.
—Entonces…sí estuvieron mal por un tiempo —De eso yo ya te he perdonado…—admitió Dupain-Cheng, acariciando sus hebras doradas— No te sigas martirizando más.
—¿Tú me entiendes ahora? —consultó trémulo.
—Lo hago —aclaró la voz, soltándose de el para tomar sus mejillas con ternura— ¿El presidente de VanilySky ha confesado ser egocéntrico? Quién lo diría —volvió a pensar— Somos humanos y cometemos errores. Pero el pasado…es pisado. ¿No?
—Te prometo que cuando nos casemos, todo se solucionará —le aseguró Graham de Vanily con total certeza y convicción de sus palabras— Y…volveremos a intentarlo. Esta vez…va a funcionar.
—Confío en ti. Y sé que así será, cariño —esbozó con una sonrisa jovial.
—¿Quieres…volver a intentarlo entonces? —inquirió el ojiverde, clavándole una mirada certera.
—¿Volver…a intentarlo? ¿El que…? —Yo…—tartamudeó unos segundos, rehuyendo de sus hermosos orbes esmeralda. De pronto, los latidos de su corazón volvían a hacer estragos en ella. Félix era un chico…muy sensible después de todo. ¿Qué tanto podía haberle juzgado de mal? — Claro…podemos volver a intentarlo. Con calma…—Demonios. Necesito saber que ocurrió con estos dos o terminaré enredada en algo que no debo…
—Está muy bien…
Ya había anochecido para ambos jóvenes parisinos. Que rápido se pasa el tiempo cuando te aferras a una persona en momentos de crisis. Marinette le pidió a su pareja volver a casa. El, aceptó sin reparos. Y con toda la displicencia de un caballero, Félix la dejó en la puerta de su morada esa noche, despidiéndose nuevamente con un beso sincero sobre sus labios. No pudo pegar un ojo en todo el transcurso del noctívago ambiente que le inundaba en su casa. La lozana guardiana aún tenía asuntos por descifrar. Una pista. Una corazonada…que sentía cada vez mas cerca de ella. Como quien saborea la victoria antes de alcanzarla.
Transformada en Ladybug, nuestra heroína se desplazó hacia el barrio suburbano para reunirse con los hermanos Couffaine. No terminaría su trabajo sin reportarse debidamente.
—¿Cómo va la misión? —Alix Kubdel le hablaba frente a un monitor.
—Por acá todo bien —admitió la chica del traje rojo— Félix no sospecha nada. Y mañana me invitó a conocer las instalaciones de la sede de VanilySky. Me dijo que me va a mostrar en que está trabajando.
—Excelente trabajo, inspectora —asintió complacida la general— Por acá en Burdeos la cosa sigue algo tensa. El presidente quiere un reporte detallado sobre el asesinato del general Roger —argumentó— Ahora mismo, la fiscal y el comisario están ahora en una reunión con el alcalde.
—Tranquila, prefecta —le aseguró Luka, haciendo presencia de aparición— Tenemos todo bajo control. Las líneas están interferidas. No hay forma de que nos descubran.
—No confío en ustedes dos —la pelirroja frunció el ceño, con hastío— Que sepan que, para mí, siguen siendo unos criminales.
—Eso debe cambiar —advirtió Julien.
—¿Cómo dices? —gruñó la mayor.
—Si estamos colaborando para atrapar al criminal mas buscado de Francia, debe darnos garantías —manifestó el pelinegro.
—No jodas.
—Es la verdad, Alix —interceptó Ladybug, masajeándose el brazo izquierdo— Lamento admitirlo, pero tienen razón. Criminales o no, están colaborando con la investigación. Y si atrapamos al sujeto-…
—Solo si lo atrapamos —señaló la prefecta.
—Y lo vamos a hacer —afirmó Luka, en condición desafiante. El certificaba con una probabilidad del 100% que lo atraparían. Pero no quedarían exentos de méritos— Mi hermano y yo pretendemos ayudar. Pero no vamos a poner un pie en la cárcel.
—¿Me estás amenazando, mocoso? —berreó la líder de la operación— No olvides tu posición.
—No la olvidamos —esclareció el muchacho de mirada azulada— Pero debes reconocer, que hemos hecho mas de lo que tu brigada hizo en un año. Sobre todo, la señorita Ladybug. Es una excelente detective.
—Tch…—chasqueó la lengua, irritada con el tono de voz empleado— ¿Y qué estás sugiriendo entonces, hacker?
—Nosotros atrapamos al criminal —masculló el otro gemelo Couffaine— Y usted nos retira todos los cargos en nuestra contra.
—No —chistó.
—Si —sentenció Marinette, con semblante retador— Reñido y todo, el caso está avanzando gracias a ellos. Debes ayudarles.
—Me estás pidiendo que falte a la ley. ¡A mi juramento! —vociferó colérica Alix— Suficiente es que los deje trabajar conmigo. Son criminales. ¡Son hackers!
—Luka y Julien solo tratan de ganarse la vida en lo que mejor saben hacer —aclaró Dupain-Cheng— Y aunque no lo creas, fue el mismo Félix quien contrató a Luka para trabajar con él. Conociendo su prontuario. En tal caso…—determinó finalmente— el criminal sería Graham de Vanily. Ya que el, utilizó los talentos del señor Couffaine para manipular la bolsa de valores de las empresas enemigas.
—Eso lo vuelve culpable —dijo la general.
—Lo vuelve un cómplice —acertó Julien— Que ahora mismo está en calidad de testigo confeso —vamos, que los hermanos también sabían algo de leyes. Tontos no eran— Claramente, de un delito que no es suyo. Ya que nosotros, antes de conocer al señor Graham, nos dedicábamos a otras cosas.
—A estafar ricos —espetó Kubdel.
—Conoces la frase: ¿Ladrón que roba a ladrón, tiene sin años de perdón? —sugestionó el peliazul de los gemelos— No le hemos robado nada al fisco. Solo a otros ladrones que si lo hicieron. El que estafó al estado, fue el presidente de VanilySky. Por lo tanto…merecemos tener un trato deferente.
Mierda. Aunque le ardiera hasta el culo, tenía razón. Por supuesto que para la jurisdicción parisina eran criminales. Obvio, si estafaron a otras personas. Pero si tuviera que tirar hilos y generar una red de ladrones a nivel nacional. ¿Quiénes son los verdaderos villanos en un país donde hay desigualdad a costa de otros? ¿Políticos? ¿Magnates? ¿Quién roba a quién? Bingo. En tal caso, Alix Kubdel debía procesar e investigar a mas de mil multi millonarios que por algún motivo u otro, se enriquecieron a costa de abusar del bolsillo del mas débil. No había errores en sus lógicas. Y eso incluida, inevitablemente hasta al propio presidente de la nación. De mala gana y con mucha vergüenza, tuvo que admitir su derrota esta vez.
—Bien. Tenemos un trato entonces —aseguró la bermeja— Atrapen primero al asesino. Y luego charlaremos los términos —cortó la llamada.
—Bien —musitó Luka, observando a su hermano con orgullo— De pelos —este, le respondió dándole un choque de puñitos a modo de victoria.
—Esto aún no termina —aclaró Ladybug— Necesito urgentemente de su ayuda, chicos —la guardiana de la caja se sentó sobre un sofá, extrayendo una base de datos sobre toda la información recopilada del computador de la fiscal— Hay muchos cabos sueltos en esto y si les soy sincera, estoy colgando de un péndulo.
Necesitaba saber aún más. Ahondar aún más, en la relación entre Félix y Marinette Agreste si quería al menos, llevar la ventaja del asunto y tomar cartas del problema. La información valía oro. Y los tres mejor que nadie lo tenían en claro. Había ciertas lagunas en toda la historia. Momentos, detalles, situaciones, que ella desconocía con creces. En algún punto del plan, le jugaría en contra si no salía de sus dudas. Y seguir solo una corazonada, se volvía turbio incluso para ella.
—Eso no será problema —declaró Luka, tecleando sobre su ordenador— Mientras tu hacías lo tuyo, nosotros hicimos nuestra parte —le mostró frente a la pantalla— Este es el club La suite. Está ubicado a dos avenidas más, debajo del puente del cuadrante oeste. En el distrito suburbano. Si quieres saber mas sobre la fiscal y sus conexiones, este es el lugar.
—Vamos allá —Ladybug se alzó de su asiento.
[…]
Los faroles de iluminación, se alzaban por arriba de las nubes. Las luces de neón, la música electrónica y la interminable fila para ingresar; los llevaron a la prestigiosa entrada de la disco más famosa del distrito mas peligroso de todos. La Suite. Al ingreso, los comensales debían identificarse con una ID. El recinto era privado y solo con una invitación o siendo miembros tenias acceso. Luka y Marinette incursionaron en el lugar. Lograron entrar sin problema, luego de que la ojiazul mostrara en la puerta su identificación con numero y coordenada de ADN. El guardia no les puso reparos. La fiscal no solo era un miembro VIP del local, si no que encima un cliente habitual. Era absurdo negarle el paso.
En el interior, se encontró de lleno con una verdadera jungla de humanos y androides. Personas bailando en la pista, gente bebiendo en la barra, mesas con grupos de amigos, cazadores de niños, estafadores, proxenetas; incluso lideres de industrias bastante reconocidas de la Elite.
—Dios…si la general viera este lugar —murmuró anonadada Marinette— Se muere —de hecho, llegó a reconocer a un par de muchachos de la brigada de homicidios. Colegas de ella. Ya nada le impresionaba. Una de las camareras se acercó a ellos, profesándose mitad humana y mitad robot. Mostraba los pechos al aire, con muy poca ropa hacia abajo. Lo que verías habitualmente en un cabaret.
—Bienvenida, señora Agreste —le reverenció la muchacha— ¿Toma lo mismo de siempre?
—Si, por favor —mintió Marinette— Mi amigo tomará lo que toma el señor Graham.
—A la orden —asintió, preparando los tragos delante de ella. ¿Qué mierda le habían servido? Era una copa de algún liquido parecido a la bencina, con fuego sobresaliendo. Y para Couffaine, una jarra espumante de lo que era considerado cerveza para ellos. Pudo jurar ver aserrín flotando cerca del borde— Que lo disfruten.
—Gracias —agradeció la portadora de Tikki, pasando su brazo sobre el de ella para dale una suculenta propina. Tenía que disimular su ostentosa posición. La chica aceptó muy agradecida, dejándoles a solas— No sé qué tiene esto —miró su copa.
—Eres muy buena en lo que haces, Marinette —le halagó Luka, sorprendido con su profesionalismo— Te mimetizas de inmediato.
—Por favor dime a quien estamos buscando aquí —balbuceó nerviosa. El ambiente era bastante hostil. Sin contar las miradas inquisitivas que recaían de vez en cuando en ambos.
—Primero bebe —aclaró Couffaine, tomando un trago extenso de su bebida— Lo necesitarás.
—Pero…
—Hazlo.
—Uhg…—¿Qué le contaba? Su copa tenia llamas encima. ¿No iba a carbonizarle la boca? Tuvo que confiar en su camarada de delitos y tomar la copa, llevándola a sus labios. Las flamas eran…digitales. No se quemó realmente por fuera. Pero por dentro…uff. Le ardió desde la garganta hasta la traquia. Incluso luego de unos minutos, aún sentía el fuego en su estómago— Dios…que carajos es esto —hizo una mueca de asco.
—Carajo —repitió luego de ella— Es una buena palabra —asintió conforme, esbozando una sonrisa endeble— Procura utilizar el peor dialecto que conozcas.
—¿Debo maldecir a diestra y siniestra?
—Maldecir no. Aquí debes ser grosera —le advirtió, tomando otro sorbo como quien se divierte con el ambiente. Luka movió la cabeza al ritmo de la música, mezclándose en el aire— Se agresiva. Mantente alerta de todo. Y gestiona expresiones de odio cuanto puedas. En este lugar, si te ven débil te delatarás —nuevamente le revelaba información importante— Marinette Agreste es conocida aquí como la "Perra" del sector. Quien se meta con ella, se va preso. Así de lleno te lo digo.
—¡Me hubieras advertido antes! —Marinette Dupain-Cheng, hizo una pausa, tratando a duras penas de digerir la basura que se estaba tomando— ¡Mierda! ¡Carajo! ¡Esto es asqueroso!
—Excelente —carcajeó el peliazul— Nuestro objetivo a las diez en punto.
—¿Quién? —giró la mirada.
El presentador del evento anunciaba delante de todos, al DJ de la sensación. El único e incomparable, mejor compositor de música techno trance, electrónica y euro del país. Su nombre en clave: Carapace. Alias, Nino Lahiffe. En cuanto el moreno subió al escenario e inicio el remix que se traía entre manos, pudo jurar que hasta el guardia saltaría a bailar a la pista. Era sin duda una melodía atrapante y muy adictiva.
—¡¿Cómo están esta noche mis malditos bastardos?! —vociferó Nino, subiéndole el volumen al ritmo.
—Nino Lahiffe —reveló Luka, moviendo el esqueleto al ritmo de los punzantes ritmos ensordecedores— Es el mejor amigo del comisario Adrien. Es nuestro objetivo.
—Nino…Lahiffe —Marinette se mantuvo choqueada unos segundos. ¿Así que el mejor amigo de Adrien Agreste en este universo era un DJ de poca monta en el club mas famoso de todo parís? No le extrañaba del todo— ¿Y qué haremos con él?
—Él te dará —sentenció Couffaine con seguridad— Todas las respuestas a tus preguntas. Nadie mas que Nino, conoce la vida intima de Marinette Agreste y Adrien Graham de Vanily.
Se enmudeció por completo. ¿En verdad Nino sería la clave para acercarse a su objetivo? Quien lo diría. Luka jaló la mano de su camarada, empujándola hacia la pista de baile. Si querían seguir el plan y mezclarse apropiadamente…el DJ de esa noche, era la clave.
Hora de bailar…
