Música. Música. Música electrónica por doquier. Fuerte, aguda, resonante en sus oídos. Los asistentes al club, se arrimaron a la pista del baile, saltando, alzando las manos. Todos eufóricos, drogados, ebrios, convulsionados. La primera fiesta ciber-punk de Marinette en su vida. Ahora comprendía un poco más el por qué la fiscal Agreste y el comisario Graham de Vanily eran adictos a este antro de mala muerte. Era una jungla. Un lugar sin dios. ¿Qué demonios tenía el trago que pidió? Cada célula por más minúscula anatomía se estremecía al ritmo. Era como si una fuerza sobrenatural a ella, intercediera en sus propios latidos. Esta disonancia se sincronizaba perfectamente con los latidos acelerados de su corazón. Al cabo de unos 10 minutos, lo único que oía era: Pum, pum, pum, pum.

—Luka…—advirtió con euforia Marinette— Creo que estoy ebria.

—¿Qué? No te escucho —berreó.

—¡LUKA, CREO QUE ESTOY EBRIA! —bramó entre la histeria del público— ¡WUJU!

—¡¿Quién está ebrio?! —aulló Nino, aumentando el ritmo de las pulsaciones— ¡SALTEN!

—¡TODOS! —chillaron en la pista de baile, brincando al mismo tiempo al compás.

—¡Marinette! —Luka intentó calmarle por unos momentos. Pero era casi imposible. Lo que sea que haya bebido…la tenía con las hormonas desaforadas. ¿Iba a cortarle su momento de inspiración? Absurdo. Aprovechando el soplo de la menor, se acercó a ella, brincando al ritmo de las punzadas de la música en los grandes parlantes— ¡Yo también! —mintió— Ya que. Mientras no se orine…

Si bien ambos habían concurrido al local con una misión en específico, no pretendía privarla de tal placer. Dupain-Cheng bailó y bailó hasta más de dos horas seguidas sobre la pista de baile. ¿De dónde sacaba tanta energía la chica? Couffaine ya estaba hecho mierda. Pero ella insistía en seguir la cadencia de las pulsaciones techno. Y cuando la jaló del brazo para desclavar de la zona, la música cambiaba y volvía a enloquecerla. ¿Era una broma? Conociendo el historial de su compañera. ¿Acaso nunca había visitado una disco en su vida? O quizás, los clubes en su universo eran muy aburridos para ella. No pudo con su terquedad. Ladybug era muy, MUY terca. Ella hacía lo que quería. Algo que no alertó a los congregados, ya que al parecer conocían a la perfección la actitud de la fiscal. Sin querer, la portadora del miraculous de la creación se había mimetizado con el ambiente con una maestría monstruosa.

Luka se reincorporó en su mesa, observando los movimientos erráticos que su camarada daba. No. Definitivamente ya no era normal. Se inclinó hacia adelante, olfateando indiscreto el trago de la pelinegra. Ese aroma tan distintivo…como "acetona" le alertó de inmediato. Sildenafilo. Un estimulante hecho a base de ácido fosfato para la irrigación sanguínea. Literalmente, un viagra. Ahora entendía mejor su actitud. ¿Entonces la fiscal Agreste y el comisario eran adictos a dicho componente prohibido en el cuadrante de Elite? No cabía duda alguna. Ese no es un medicamento apto para los "ricos" en Neo Paris. ¿Qué estaba pasando aquí? ¿Quién les daba esos tragos? ¿Y esas drogas? ¿Nino? ¿La mesera? ¿Quién mierda era el dueño de ese antro, carajo? Luka Couffaine se levantó de su asiento, llevando dos de sus dedos al oído derecho con sutil disimulo.

—Julien —interceptó en el auricular— ¿Me escuchas?

—Hermano —comentó el familiar del otro lado— Hay un inhibidor de señal dentro del club. Te escucho mal. Ten cuidado…podrían interceptar tu señal.

—Estoy en frecuencia baja —advirtió— Cámbiate a coaxial dos.

—Listo.

—Dime una cosa —masculló Luka, frunciendo el cejo— ¿Quién surte a este club?

—Déjame verlo —investigó en su ordenador, ingresando a una base de datos con rapidez y mucha eficacia— Hermano…no me vas a creer.

—Habla ya.

—Industrias Levillant —reveló el gemelo, anonadado.

—¿Los farmacéuticos? —parpadeó estupefacto el muchacho de mirada azulada— ¿Es joda?

—No, hermano. Es verdad —declaró— Y no me vas a creer lo que acabo de ver —leyó en la pantalla— Industrias Levillant firmó un contrato hace dos años con VanilySky

—¡¿VanilySky está metido en esto?! —berreó abrumado el peliazul.

—Si —le señaló— Luka…ten cuidado.

Félix —masculló colérico el gemelo— Por la mierda…

—¿Qué pasa, Luka? —se espantó el pelinegro del otro lado del radio— ¿Debo preocuparme?

—No. Pero aquí hay "gato" encerrado —hizo énfasis a la última frase— Te contactaré cualquier cosa. Por favor rastrea mi señal junto con la de Ladybug. Si nos pasa alguna cosa, alerta a Alix Kubdel.

—¿En serio quieres confiar en ella? —refutó con molestia.

—Confío en ti, Julien —aseveró con decisión— Cambio y fuera.

[…]

—Marinette. Debes parar —le protestó Luka, sujetándola del brazo.

—¡¿Qué dices?! —se resistió, saltando sobre la baldosa. Ya estaba bailando con un tipo X que nadie sabe de donde salió— ¡Déjame! ¡Estoy bien!

—¡Ladybug! —aulló frente a todos, notando como su camarada se paralizaba de golpe— Te han drogado. Debes salir de aquí ahora mismo…—le insinuó al oído— Si no quieres que te maten.

Esa declaración le heló la espalda. Instintivamente, Marinette de disculpó falsamente con su X compañero de baile y se retiró de la pista en compañía de Couffaine. Iba a tomar otro sorbo de su trago. Pero este se lo negó. Luka llamó a la mesera y pidió dos soluciones de agua gasificada. Agua mineral.

—Luka… ¿Qué pasa? —consultó atemorizada. Ya jadeaba de la emoción. Algo no estaba bien en ella. De pronto, quiso con ansias lanzarse sobre él. Pero este, se lo impidió— Dios… ¿Qué…?

—Marinette —la detuvo de golpe— Te han drogado. Detente. Confía en mí.

—¿Me…? ¿Qué? —se aterró, abrazándose así misma de la vergüenza.

—Te dieron un estimulante en el trago —aclaró Luka, estrujando el ceño. La mesera les cambió los tragos, por dos vasos de agua— Posiblemente es lo que le han estado dando a la fiscal todo este tiempo.

—Tengo…mucha sed —Dupain-Cheng cogió ambos vasos y se los devoró de golpe. Eran literalmente dos litros de agua purificada. Aunque sonara increíble, se recuperó de golpe de la droga— ¿Qué me está pasando?

—Créeme que no tengo la menor idea. Pero lo vamos a averiguar. Tranquila…—Couffaine le abrazó con fuerza, transmitiéndole toda la seguridad del mundo que una mujer necesitaba— Chat Noir no está aquí. Pero no te preocupes, te voy a proteger. ¿Confías en mí? —la miró a los ojos con decisión.

Ay…Luka. ¿Cómo no confiar en ti? Eres un chico estupendo, incluso en este Universo— Confío en ti —asintió finalmente, con el rostro teñido de un rojo febril— ¿Qué hacemos?

—Esperar…—esbozó con desconfianza hacia su entorno— Seguiremos pidiendo agua hasta que te recuperes. Y vamos a hablar con Nino. Como acordamos. ¿Ok?

—Ok…—musitó, vulnerable— No sé qué demonios pasa…pero tengo unas ganas enormes de besarlo y romperle la ropa.

Siguieron consumiendo agua mineral hasta a eso de las 6:30 de la madrugada. Daba lo mismo si iba a amanecer, ellos eran detectives profesionales en medio de una investigación en curso. Hidalgamente, Marinette sobrellevó el sueño y el sopor de luchar contra su cuerpo incluso hasta esa hora. Como Ladybug, heroína y portadora del Miraculous de la creación debía hacerle justicia a su posición. Ya no oía la música estruendosa y revolucionaria sobre su anatomía. Por el contrario, Luka se encargó de coger dos audífonos y conectarlos a sus oídos. Música clásica. Lo mejor para pasar la resaca de sus engañosos tragos.

Los primeros rayos de sol de invierno, dieron a parar a eso de las 8:14 de la mañana. Marinette y Luka se mantuvieron firmes en su posición a la salida trasera del antro. En ella, lograron por fin interceptar a Nino Lahiffe, el DJ más reconocido de todo el distrito suburbano. Y este, instintivamente reconoció a la ojiazul, arrimándose a ella en un caluroso abrazo.

—¡Hey! ¿Qué pasa, fiscal? —alardeó el moreno, percatándose segundos más tardes que la muchacha no reaccionaba acorde a su muestra de cariño— Ok… ¿Estoy en problemas?

—Nino Lahiffe —sentenció Dupain-Cheng, volviendo al traje habitual de Ladybug, mostrando su placa— Vendrás con nosotros.

—Uff… ¿Y el comisario Adrien? —inquirió, sintiéndose desatendido— ¿Dónde está mi amigo?

—Camina —le empujó Luka, hacia el interior de un auto de ventanales polarizados de negro. En él, el chofer era Julien su hermano gemelo.

Los cuatro condujeron hasta un risco amedrentador, alejado de cualquier distrito o cuadrante. El Senna se ceñía bajo ellos. Para Nino, era un claro signo de amenaza. ¿En qué lio se metió ahora?

—Vale…vamos a hablar como gente civilizada —rió nervioso Lahiffe, mostrando los bolsillos y las manos— No consumo. No me drogo. Ni si quiera bebo. ¿Podemos hablar? Jeje…

—Nino —habló Marinette, en su calidad de fiscal. Activó y desactivó su traje— Soy yo. Pero no soy yo.

—Hey…si —se hizo el desentendido— Fiscal Agreste —farfulló con voz de buenos amigos— ¿Necesitas algún otro favor? Porque si es así, no había necesidad de traerme hasta un amenazante desfiladero —agregó con terror.

—¿Favor? —cuestionó la ojiazul— ¿Qué otro favor?

—¿Estás gastándome una broma? —carcajeó el DJ— Porque yo-…

—¡¿De qué favores hablas?! —exigió respuestas, Dupain-Cheng.

—¡Wow! ¡Ok! ¡Estas molesta! —se excusó Nino— Vale. Eres Marinette pero no eres Marinette. Genial. Es culpa del idiota de Adrien. Lo entiendo —se paralizó el moreno, tratando de hilar palabras lo más finamente posible y claras, para que se entendiera— Escucha, si estoy intimidado ¿Ok? Muy buen traje por lo demás —Lahiffe se quitó el zapato derecho, sacando desde el interior una bolsita gris para entregársela a la muchacha— Les juro que yo solo quería ayudarlos.

—¿Qué mierda me estás pasando? —Ladybug frunció el ceño con molestia.

—Amm…es Siderax —balbuceó incomodo el moreno, jalándose la gorra hacia abajo— Es lo que Adrien me pidió.

—¿Droga? —cuestionó Luka, tomándole del pecho— ¡Habla claro!

—¡Por supuesto que es droga! —se protegió, cerrando uno de los parpados en posición defensiva— ¡Joder, amigos! Yo le dije que tarde o temprano lo ibas a descubrir. Pero el insistía en lo mismo —repitió el muchacho, "imitando" la voz del rubio— "Marinette está triste. Incluso luego del accidente, sigue arisca conmigo. Debo ayudarla a ser feliz" ¡Puaj! Entonces yo le dije: Si, amigo. Marinette no tiene felicidad. Pero si tiene Félixidad en su vida ¿Entiendes? —carcajeó— Félix jaja…Fé-…—se calló de golpe. Ok. Nadie se estaba riendo— Perdón…

—¿Me estás diciendo que Adrien droga a la fiscal con esta cosa? —Luka parpadeó atónito con el relato.

—Nino —Marinette no quería indagar para nada en un tema tan turbio y delicado como esa relación. Solo deseaba saber más sobre su papel en todo esto. Y el cómo afrontar a Félix— ¿De qué accidente estás hablando…?

—Ay…dios…—suspiró el DJ, abrumado— Esto no es nada bueno. ¿Sabes lo que les pasa a los soplones como yo?

—Descuida. De aquí no sale —le aseguró Couffaine.

[…]

De vuelta a la guarida de los informáticos.

—¿Te encuentras bien? —le consultó el peliazul a la guardiana. Al parecer, la información le había choqueado un poco. Estaba de piedra en una esquina, mirándose los pies.

—¿Alguien más sabía de esto? —los dos hermanos negaron con la cabeza ante su interpelación. No había registros en la base de datos que por lo regular ellos navegaban— ¿Que Marinette Agreste abortó hace dos años atrás?

—Es un accidente lamentable —musitó el chico de mirada añil— Pero te juro que no teníamos la menor idea.

—¿Y cómo sabes que fue un accidente? —cuestionó la ojiazul.

—Pues…porque lo es, Marinette —manifestó el pelinegro de los hermanos— La gente no aborta por la vida.

—Eso no lo sé —rezongó la portadora del Miraculous— ¿Qué tipo de métodos anticonceptivos utilizan los hombres en este lugar?

—¿Anticonceptivo? —Luka se restó de la pregunta, declarándose ignorante en el tema.

—Condones —aclaró.

—¿Condones? —bufó Julien, jugueteando con una botella de agua— Eso suena a goma de mascar.

—Argg…—se tomó la cabeza— ¡Ya saben! Quizás los conocen con otros nombres —pensó— Mm… ¿Profilácticos? —negaron— ¿Preservativos? —negaron— ¡¿En serio?!

—Disculpa nuestra ignorancia, Marinette…—sugirió Luka, sutilmente abochornado— Pero podrías explicarnos ¿Qué es un anticonceptivo? Suena como…ir en contra de un concepto —que.

—¿Qué acaso acá no utilizan ningún método para no tener bebes?

—¡Ahh! —aullaron unánime ambos gemelos, soltando una risa en respuesta— Eso lo aclara todo. Te refieres a los inhibidores de reproducción.

—¿Los, que? —Claro. Seguramente yo iba a saber que tendrían un nombre tan técnico. Pero no me extrañaría, viniendo de este universo— Dios…sí. Eso —profesó Dupain-Cheng, caminando de un lado a otro para sindicar mejor sus ideas— Es que…tiene sentido ¿No? Marinette no quería tener un hijo con Félix y lo abortó.

—Wow…eso suena medio turbio ¿No crees? —bufó Luka Couffaine— Eso es imposible.

—Oh, sí que es posible —masculló la fémina, muy segura de lo que comentaba— Es algo más común de lo que creen. Se que suena horrible, pero a veces las chicas hacen eso…

—Quizás en tu mundo lo sea. Pero acá eso no existe —confesó el peliazul— A menos que haya sido un accidente, como te menciono.

—La tasa de natalidad en nuestro país es muy baja —le explicó Julien, mostrándole en la pantalla un gráfico con fotos y videos educativos. Prácticamente, como se lo expondrías a un niño de kínder— En nuestro mundo, existen inhibidores de reproducción que te impiden tener bebés. Le llaman la "pastilla negra". Es básicamente una píldora que te la tomas, media hora antes del coito y simplemente no hay embarazado.

—Funciona en hombres y en mujeres —añadió Luka.

—Y, además, es de libre acceso —agregó de nuevo el muchacho— Las dan gratis. Puedes conseguirla en los quioscos.

—O en los dispensadores de agua —amplificó Luka.

—En conclusión, mi querida amiga —determinó Julien, levantándose de su silla para darle una palmada en la espalda— En este mundo, quien desea tener un bebé, lo hace planificándolo con tiempo y solo porque quiere. Aquí no existen los embarazos no deseados. Si la fiscal Agreste sufrió un aborto, es un accidente lamentable.

Un universo en donde los hijos vienen al mundo consentidos por sus progenitores…—Marinette desvió la mirada, avergonzada por sus dichos. No creyó que existiera un lugar tan "perfecto". Con tanta responsabilidad cívica por lo demás— Ahora comprendo mejor. Perdón…creo que juzgué mal la situación.

—Perder a un bebé sí que es un accidente feo —murmuró Luka— No creo que el presidente, con todo lo cabrón que es, lo haya pasado bien. De seguro les dolió a ambos —finalizó— El control de natalidad aquí es potente. La gente prefiere tener droides en vez de hijos.

—Eso quiere decir…—murmuró para sí misma, atónita con la confidencia. Era un dato relevante y clave para comprender aún más su situación— Que ambos lo querían así.

La guardiana regresó a casa de la mayor, deshaciendo su transformación como quien vuelve de la guerra derrotado. Inhaló y exhaló hondo, deslizando su espalda contra la pared para finalmente, abrazar sus piernas. Había sido una noche de locos, repleta de experiencias tormentosas. En menos de dos horas la drogaron y bailó como desquiciada. No durmió nada y encima ahora, se había enterado de algo que no supo a ciencia cierta si realmente quería saber. Aquel accidente del que Nino le habló en el vehículo. Se conectaba perfectamente con los acalorados mensajes entre Félix y Marinette que encontró en su ordenador. Y la misteriosa pregunta que le hizo en el mirador.

Era sumar dos más dos.

—No puedo creerlo…—Ladybug se tomó la cabeza, dejando entrever la mirada humedecida. Sentía pena por ellos dos. Pero con cada cosa testimonio, acontecimiento y dato que le entregaban, más y más se sentía atraída por Félix y la leyenda detrás de su vida privada. Quería involucrarse a fondo. Sin importarle las consecuencias de sus actos. Necesitaba llegar al meollo del asunto— Tengo que seguir…ahora más que nunca.

Sin mucho tiempo que perder, Marinette se metió a la cama para tratar de dormir un poco, con la luz día que había. Despertó a eso de las 16:30 de la tarde, dándose una ducha extensa y cargándose dos litros de solución energética para despertarse bien. Cogió un par de vitaminas, su bolso y salió a dar una vuelta por la plaza. Aun le quedaban unos quince minutos antes de que su novio viniera por ella. Tenía que comprobar con sus propios ojos si era verdad lo de aquellas píldoras negras. En efecto. Uno de los dispensadores que procesaba agua en botella, ofrecía una gama de productos gratuitos y otros de pago. Todos de uso esencial para el ser humano. Entre ellos, una caja de coloración plateada, con la marca de Laboratorios Levillant. Sin costo alguno. Dupain-Cheng presionó el botón, y el objeto cayó directo por la ranura para ser recogido. Leyó el envase.

—"Capsulas de gránulos con recubierto entérico. Detienen el proceso de gametogénesis, evitando la división celular en las gónadas mamíferas. Efectivo en ambos sexos" —otra vez con sus textos complicadísimos. ¿No podían solo ponerle un nombre y ya? — Bueno…entonces estas son las pastillas negras —abrió el frasco. Definitivamente eran negras— Que increíble es la ciencia —habló— Ojalá en mi mundo hubiera cosas como estas. Quizás no habría hambruna o huérfanos.

—Huérfanos hay en todas partes, lamentablemente —le interrumpió una voz mayor.

—¡Ah! —se espantó. Mierda. ¿Alguien le había escuchado? Era solo un aciano con apariencia asiática, quien arrastraba los pies, acompañados de un bastón de metal— ¿Maestro Fu…? Este señor siempre está en todas— Perdón por lo que ha oído. Yo solo estaba…

—Admirando el cómo la ciencia controla nuestra capacidad de amar —sonrió afable el mayor—Es natural.

—¿Disculpe…? —el anciano seguía caminando por el mismo rumbo del que venía. Marinette le observó buscando una respuesta. Pero este solo se limitó a volver a sonreír— ¿A qué se refiere?

—"La vida a veces te brinda cierto tipo de sorpresas. Milagros inesperados que no cualquiera es digno de llevar. Pero si no dejas que pasen, no conocerás la magia en ellos".

—¿Magia? —Ladybug abrió los parpados como dos focos, encandilada con su sabiduría— ¡¿Usted también cree en la magia?!

¿Qué quiso decir con eso? Ella estaba de acuerdo con que uno pudiese de forma responsable tomar la decisión si de tener bebés o no. ¿Acaso estaba mal controlar a la especie humana de esa manera? ¿O se refería a otra cosa? Recordó una frase de la señorita Bustier, en un libro que leía en tercer grado.

¿Somos realmente dueños de nuestras propias decisiones? ¿O simplemente esclavos de las cadenas que nos hemos puesto nosotros mismos?

Sintió un calambre en brazo derecho, percatándose que era su instinto el que le alertaba de la llegada de Félix a su casa. Tuvo que echar carrera hacia el para no levantar sospechas. Estaba lista para ir a conocer su empresa. Y dejó bien guardada aquella medicina en su cartera.

Industrias VanilySky, sede principal. 17:10PM

—Con cuidado. No te vayas a resbalar —Félix sujetó su mano, ayudándole a subir a una plataforma de desplazamiento magnético— Este es el salón de gasificación. Aquí procesamos la materia prima como agua salina, en energía cuántica.

—¿Agua salina? —consultó con curiosa diversión. Le parecía fascinante lo que le mostraba— ¿Te refieres al mar?

—Claro —asintió— Hay mucha más agua salada que dulce en el mundo —explicó con aires de genialidad— Y se me ocurrió una fórmula para extraer sus principales componentes. Como el bromo, el boro o el flúor. Para transformarlo en energía utilizable —añadió, mostrándole las otras habitaciones— ¿Sabías que el sodio es altamente inflamable si lo mezclas con magnesio en estado líquido? —la miró.

—N-no tenía la menor idea…—parpadeó, estupefacta con tanta averiguación. No entendía un carajo, pero demonios que se sentía cautivada por esa forma tan seductora de hablarle— Félix es un pequeño cerebrito…y no sé por qué me encanta tanto…— Pero suena interesante. Cuéntame más.

—Todo lo que quieras…—le regaló una mirada penetrante.

—Por favor…—y desvió la mirada, totalmente ruborizada— ¿Por qué demonios me tiene que ver así? — ¡Uwah! —casi se resbala. Menos mal que se alcanzó a sujetar del barandal— Cielos, discúlpame. Que torpe jeje… —Esa sin duda es Marinette Dupain-Cheng.

—Ten cuidado —Graham de Vanily la sujetó de la cintura, atrayéndola hacia el con impavidez— No te despegues de mí. Vamos, te mostraré la sala de pruebas.

Continuaron el recorrido con total sensatez y sin ningún percance del todo alarmante. Marinette procuró registrar y grabar cuanto pudo de manera indiscreta las instalaciones. Al cabo de una hora de finalizado el itinerario, no logró conseguir mucho. La sede principal de VanilySky se dedicaba principalmente a construir droides de uso personal y transformar materias primas en luz, agua potable, gas y energía cuántica para el uso de ventilación subterránea. Nada fuera de lo común. Félix le presentó al gerente de su compañía con amabilidad. Sus trabajadores parecían contentos con lo que hacían. Incluso los de mantenimiento trabajaban con regularidad. No había forma de que algo se viese sospechosamente culposo. Quizás debía ir a otro nivel. Una categoría de investigación mucho más profunda que solo una planta. Los archivos de la compañía.

—Presidente —se les acercó Nathalie— Ha llegado el nuevo informático que solicitó.

—Es perfecto —el rubio alzó la mano derecha, aceptando su comentario— Dile que lo espero en mi despacho.

—¿Informático? —murmuró Ladybug, haciéndose la desentendida.

—Si…ya sabes —exhaló frustrado el magnate. Se acomodó la corbata sobre el cuello, soltando un bufido— Incluso en una empresa tan grande como esta, necesito a alguien que se encargue de la seguridad virtual de mi ordenador.

—¿Te refieres…a un hacker? —arqueó una ceja.

—Algunos, sí. Algunos son hackers profesionales —se encaminó hacia el ascensor, apoyando su mano en la espalda de su chica mientras le explicaba— Otros…solo lo intentan —se montó en el elevador, presionando el ultimo piso— Tenia un chico que trabaja para mí. Pero era un inoperante. Así que lo despedí.

—¿Hizo algo malo? —comenzaron a subir.

—No sé si considerarlo "malo" como tal —rió Félix con despreocupación— Pero no siguió mis ordenes como debía. Quiero decir, yo le pagaba por su trabajo y el me falló —la puerta del ascensor se abrió finalmente, indicando la planta más alta— Le pedí que les hiciera mantenimiento a las cámaras de seguridad de la planta nuclear, en el cuadrante 9. Pero en vez de hacerlo, el estúpido me desactivó los sensores de seguridad y bueno…ya conoces el resto.

—Si. Jean Pierre Ferrat fue asesinado en esa planta —aseveró la guardiana, juntando el entrecejo— Porque el asesino entró sin problemas, al no haber sistema de seguridad.

—Fue un dolor de cabeza, Marinette. Y tu mejor que nadie lo sabe —la sentó en un sofá de cuero elegante— Por eso no hablaremos de ello —agregó, besando su frente— Dame unos momentos. Tengo una reunión con este chico. Entro y salgo. No tardaré mucho ¿Sí?

—Félix —le detuvo de golpe, sujetándole el brazo. Marinette debía comenzar a mover sus hilos o definitivamente no conseguiría nada en el mes que tenía como plazo. Se levantó de su asiento y se abalanzó a él, plantándole un beso duradero en los labios. El muchacho se paralizó, dejándose llevar al cabo de unos segundos por la sensación. Y entonces. ¡Paf! En un momento de descuido, Dupain-Cheng le plantó un diminuto grabador de voz en el omoplato derecho de su camisa. Tras separarse de aquel ósculo, el ojiverse se profesaba demasiado embriagado por el acto, como para sentir el "toque" recibido en su espalda— No tardes mucho…—pidió, con las mejillas teñidas de un tono carmesí.

Que jugada. Si esto fuese un tablero de ajedrez, el rey ya estaría en jaque hace tiempo. Graham de Vanily asintió, ingresando al interior de su oficina para comenzar con la reunión. Fueron los treinta minutos más largos de su vida. El informático se retiró del lugar, en lo que su compañero le ofrecía el brazo para salir. La ojiazul pudo notar por sobre el hombro del presidente, como la puerta de su oficina dejaba entrever muchas otras cosas. Ese era el lugar que necesitaba espiar a fondo.

Ya en el ascensor, Marinette le quitó el dispositivo, escondiendo sus intenciones en una sonrisa solapa. Al menos tendría acceso a la grabación de lo que sea, que haya oído el micrófono. Su novio se desplazó en dirección a la salida, registrando un par de anotaciones en una bitácora. Aprovechando su oportunidad a solas, nuestra heroína fotografió la patente del vehículo del informático. Ahora sería ese tipo, el encargado de tener el acceso directo al pc del líder financiero. "Hagan lo suyo" tecleó en su móvil, enviando la foto y borrando el mensaje fugazmente.

—¿Nos vamos? —sugirió el rubio, tomando su mano con suavidad.

—¿A dónde…?

—Te tengo una sorpresa —le guiñó el ojo— Sígueme.

Graham de Vanily condujo en dirección hacia su mansión. Eran pasada las 18:20 de la tarde y como era previsto en invierno, estaba prácticamente todo oscuro. Para Marinette fue toda una proeza tener que esconder que ya conocía su casa. Porque sin duda que estaba boquiabierta. Era preciosa. Casi como salida de un cuento de hadas. Las terminaciones versallescas de los muebles, las escaleras estilo napoleónicas y las estatuas greco romanas eran un lujo que, en ese universo, no se daba cualquier persona. En la entrada principal, el recuadro de sus progenitores. Emilie y Gabriel. Ambos, según el relato del comisario, desaparecidos durante la guerra. Se sintió dentro de un museo. ¿Podía si quiera tocar alguna cosa sin mancharla con sus sucias manos impuras? Se rió en su mente por tener un pensamiento tan ridículo.

—Ven —le emplazó, tomándola de su muñeca para llevarla hacia el patio trasero. En ella, Félix presionó un botón sobre la pared de la izquierda. Por arte de magia, aquel patio lleno de flores y arboles se abrió en dos, elevando hacia la superficie una piscina en su lugar— Es para ti.

—Wow…es… ¿En serio? —se resguardó la boca con ambas manos.

—Te la quería mostrar hace tiempo, pero…—se rascó la nuca, ingeniosamente incomodo— Bueno. No se pudo. Sé que te gusta nadar. Entonces…la mandé a construir para que pudieras hacerlo libremente sin tener que ir a la piscina municipal —añadió, girando hacia la derecha un interruptor— En invierno es temperada. Y en verano es fría para que te refresques —el vapor comenzó a emanar sobre el agua.

Es cierto…a la fiscal le encanta nadar. Aunque yo no me quejo. También me gusta mucho —tragó saliva, con el corazón a mil por horas— Eres…muy tierno, Félix. Muchas gracias…

—¿Quieres meterte? —propuso el muchacho de cabellos dorados.

—¿A-Ahora? —Marinette se tomó el pecho con ambas manos, muy abochornada— Es que…no vine preparada. No tengo bañador.

—Descuida, conozco tu talla —chasqueó los dedos. Uno de sus androides le trajo toallas y una colección completa de trajes de baño, todos a su elección— Escoge el color y modelo que te guste.

No sé si…salir corriendo o agarrarlo a besos —Dupain-Cheng estaba ardiendo en un cumulo de nervios que ni ella entendía bien. Ni si quiera con Adrien Agreste se llegó a sentir tan agobiada de sentimientos cursis. Porque claro…lo de ella muchas veces era más una obsesión que otra cosa. Esa situación, le impidió durante años poder hablar decentemente con él. Como lo hizo en su momento con Luka. Y ahora…con Félix, su actual pseudo futuro marido— El…el rojo está bien para mí.

—Ve a cambiarte —la invitó a pasar a la casa, entregándole todo lo necesario para ir a nadar— Yo también iré por mi bañador.

¿Era seguro nadar con Félix? Después de todo, ella lo estaba espiando de muy mala manera. Pero era un chico tan sugestivo, minucioso, galante, incluso un tanto viril si se quisiera decir así. Ni, aunque lo hubiera intentando, podría negarse a sus encantos. Además, hasta la fecha no le había hecho nada malo. Se metió al baño del primer piso y se miró al espejo por unos segundos.

—Ya basta, Marinette —se dio una bofetada— Eres la fiscal Agreste. Déjate de bromas y deja de temblar —luego miró el traje de baño— Voy a nadar con mi prometido —aclaró decidida, abriendo su bolso para guardar sus prendas. En ella, resaltaba el frasco de anticonceptivos. Laboratorios Levillant— Cierto…

Ambos jóvenes ya con sus ropas pertinentes, se reencontraron en la entrada del patio trasero. Para el multimillonario, ver a su futura mujer en ese ceñido compuesto de tela casi transparente, era todo un deleite para él. Curiosamente Dupain-Cheng no se quedó atrás. ¿Le gustó lo que veía? Oh, sí que sí. El presidente también tenía lo suyo. Y su bañador negro era bastante ajustado también, remarcando cada…ángulo sobresaliente. Sobre todo, la parte posterior. Se metieron al agua caliente, sumergiéndose de vez en cuando hasta quedar completamente empapados de la cabeza a los pies. Félix guardó cierta distancia, precavido de no ser muy hostigante con su espacio personal. Pero para la portadora del Miraculous de la creación, sentirle tan lejos solo imposibilitaba sacarle más información. Calada en su papel, se deslizó hacia él, siendo ella quien le buscaría para nadar juntos. Le tomó la mano y ambos disfrutaron de un sano ejercicio náutico.

En el transcurso de una hora, la "fiscal" Agreste manifestó cansancio en sus movimientos. Y decidió parar un momento. Graham de Vanily ya había entrado en calor con ella. Esta vez, no temía en buscarla para darle un beso o incluso, hacerla reir con alguna broma.

—¿Tienes trato con muchas empresas alrededor del mundo? —curioseó Marinette, nadando hacia el sector más bajo de la alberca. En ella, se sentó sobre un peldaño de la escalera.

—Uff, sí que sí. Muchísimas —siseó mostrando una mueca amigable. Nadó para acompañarle también— Pero, aunque no lo creas, las recuerdo todas.

—Ya veo —murmuró contenta la fémina, retirando sus cabellos mojados hacia un lado de su hombro— ¿Con Industrias Levillant también?

—¿Levillant? —parpadeó extrañado con su pregunta, aproximándose a escasos centímetros de su anatomía— No que yo sepa. Para nada.

¿Estará mintiendo…? No lo veo nervioso. No soy tonta. Sé que Félix sabe cómo ocultar información de manera descarada. Lo hizo cuando lo interrogué como Ladybug —pensó, empequeñeciendo los parpados— ¿De qué forma pued-…? —Ah…—se detuvo. El dueño de VanilySky se había acomodado entre sus piernas, flotando a solo milímetros de su cuerpo. La muchacha sintió un tirón eléctrico en sus muslos. ¿Qué era? — Me está tocando las piernas… ¿Qué debería hacer?

Dejarte…—Félix le respondió con la mirada.

¿Cómo? ¿Me estás leyendo la mente? —tragó saliva, apabullada con su mirada. No. No lo está haciendo. Solo…es esa forma cazadora que tenía de examinarla como si fuese un pedazo de carne. Si esto fuese una jungla, el sin duda sería el león. Vale. Comenzaba a captar la indirecta— Félix…

Las manos del rubio, se desplazaron con suavidad, desde las rodillas hasta muy arriba de sus ancas. Para Marinette fue un shot de energía hormonal que no vio venir. Sus dedos eran largos y masculinamente vigorosos. Las yemas de sus dedos, parecían almohadillas de un gato. No tuvo que incursionar demasiado en su compañera, para que esta instintivamente rodeara su cintura con sus piernas. Esta vez, dándole toda la libertad de hacer y deshacer con ella. El ojiverde besó su cuello, dando apretones en su cintura con ambas manos en el transcurso. Luego se deslizó con la punta de su lengua hasta sus oídos, balbuceando frases eróticas que ni el más ingenuo, podía rechazar.

Tra-trata de concentrarte…Marinette —se estremeció, aferrándose a los brazos de su amante con fuerza— ¿Qu-que me está diciendo…? No me-…—la imagen de Adrien y Marinette en la biblioteca. Otra vez…— Félix…—musitó, en un jadeo caliente— ¿Estás seguro de que no has firmado ningún contrato con Levillant?

—No, fiscal —le respondió el rubio, esta vez llegando directo a sus labios— Le juro que no. No estoy interesado en la industria de los fármacos —Félix tenía las pupilas dilatadas de la ansiedad. Tenerla así tan cerca le provocaba mareos. No era solo producto del agua— Me interesa…otra clase de drogas. Como esta de acá…—toqueteó su labio inferior— Pero si gusta…puede interrogarme.

—¿Por qué lo interrogaría señor presidente? —Marinette ya no pudo ocultar más su respiración. Si seguía intentando regular su presión arterial, le explotaría los oídos. Si estaba jugando, logró que cayera en el sin premuras. Enredó sus dedos contra los cabellos amarillos de su compañero. La sensación húmeda era exquisita al tacto— ¿De qué cargos se le acusan?

—De locura, señora Agreste. Estoy loco por usted —sentenció finalmente, hincándole un ósculo apasionado; que ella correspondió al instante sin quejas.

¿Qué me está pasando? —apenas si podía pensar coherentemente— Siento contracciones en la entrepierna…—soltó un quejido entre labios, apretándolo más a su cuerpo. Tan solo para sentir sus pectorales desnudos contra sus pechos— Deseo…quiero… ¡Necesito!

Señor presidente —les interrumpió Nathalie. No olvidemos que ella también vive en la mansión junto con el menor— Tiene una llamada desde Versalles.

Marinette se sentía sumamente avergonzada. Aunque no alcanzaron a llegar a nada serio como tal, el hecho de verlos besarse de esa forma, la cohibió mucho. Se separó de golpe, rehuyendo de la mirada de todos. Félix no se movió de su lugar. Por el contrario, en vez de apartarse, se mantuvo quieto con la mirada en el agua.

—Ahora no, Nathalie. ¿No ves que estoy ocupado? —rezongó.

—Es urgente, señor —insistió la chica, acomodándose los anteojos— Lo necesitan en la línea.

—Diles que llamen más tarde —masculló, apretando ambos puños con fuerza.

—Debe tomar la llamada.

—Mas tarde—dos venas sobresalieron de su sien— Nathalie —se estremeció.

Félix explotó. En un ataque de frustrada ira que nadie supo entender, el rubio se abalanzó hacia la orilla en donde se encontraba su asistente y le mostró los dientes, soltando un gruñido idéntico al de un felino furioso. Con las pupilas diminutas, el cabello engrifado y dos pequeños colmillos sobresalientes. Marinette se aterró al ver aquello. ¿Qué clase de reacción era esa? Sancouer se hizo la desentendida, percatándose de su errático estado de humor. Ella le observó fijamente a los ojos, transmitiéndole algo que solo él podía comprender. Graham de Vanily despabiló. Finalmente, la mujer asintió y se retiró de la escena.

El rubio daba por hecho que su chica notó aquello. Cuando regresó a ella, Dupain-Cheng se retrajo temerosa de su conducta.

—Te debo una disculpa, Marinette …—se disculpó, enfurruñado. Acto seguido, caminó hacia la escalera y se salió de la piscina— No fue mi intención comportarme así delante de ti. No fue correcto —uno de los droides le acercó una toalla, envolviéndose en ella por la altura de la cintura— Haré que preparen tu habitación.

¿Qué iba a decirle? Si bien admitía que le asustó un poquito, tampoco era como si desconociera que tenía mal carácter. Solo que…seguía pensando en la loca idea de la doble personalidad del presidente. Entonces era verdad y tendría que lidiar con esos cambios. Se quedaría a su lado de igual manera. O le recomendaría visitar un terapeuta para control de ira. Se retiró de la piscina, secándose el cabello con una de las toallas. ¿Félix y Marinette no dormían en la misma pieza juntos? Le había hablado sobre prepararle su recamara. No. No estaba bien seguir juzgándole.

Además…aunque no lo quisiera aceptar, ella también se sintió ultrajada. Nathalie le había robado uno de los momentos más lujuriosos de su vida. Se mordisqueó el labio inferior con frustración. Y si ella no hubiera intervenido… ¿En dónde habrían acabado? Las ganas de saberlo le devoraban por dentro. Aún podía olfatear en el aire las feromonas que Félix emanó en aquel beso.

[…]

—No debiste haber hecho eso —le increpó Graham de Vanily. Encendía una pipa con la ayuda de un mechero digital. Ambos se encontraban en su despacho. Y aunque Nathalie permanecía firme en su posición, su contrincante no se mostraba para nada conforme con su silencio— ¿Qué pretendes? Tu mejor que nadie sabe lo mucho que me ha costado acercarme a mi Marinette después del accidente.

—¿Debo recordarle señor, en qué situación se encuentra? —consultó con obviedad la mayor.

—¿Cómo dices? —frunció el ceño con desazón.

—Debería darme las gracias —aseveró— Solo intentaba ayudarle.

—¿Ayudarme? —le rebatió.

—El anillo, señor —sentenció su asistente, observando su dedo anular— Si piensa en hacerle el amor a su novia, debe quitarse el anillo —Félix calló en seco. Observó la joya que descansaba en su dedo. Tenía razón. Olvidó quitárselo— ¿O es que acaso olvidó el incidente con la trabajadora nocturna?

—No lo olvido —aceptó hidalgamente, deslizando el artefacto para quitárselo. Lo guardó en una pequeña caja, bajo clave secreta— Tienes razón…

—Si la señorita Agreste va a pasar más tiempo con usted —le advirtió— será mejor que no lo porte en su presencia. Ya vio como reaccionó.

—¿Crees que lo haya notado?

—No. Solo se asustó con su reacción —aclaró con voz templada la mayor— Pero no puede volver a correr ese riesgo. O no ayudará a su reconciliación.

—Es suficiente —se levantó de su asiento, guardando la caja dentro de uno de los cajones de su escritorio. Odiaba no tener la razón o admitir un error. Su orgullo le nublaba la conciencia a veces— Gracias, Nathalie. Es todo por hoy.

—Buenas noches, señor presidente —le dio una reverencia, saliendo de la habitación.

Que estúpido. Era el hombre más imbécil de la tierra. Salió del cuarto en dirección hacia la cocina, ordenando que los droides prepararan una cena contundente para ambos. Acto seguido, le envió una invitación a la fiscal con uno de los robots, para reunirlos en el comedor en media hora más. Tenía que arreglar la situación o no dormiría en paz esa noche. El reloj de pie marcaba las 22:40PM con exactitud. Félix y Marinette se sentaron a cenar, con la actitud de que "aquí no había pasado nada". Encubriendo el incidente, el magnate industrial le sirvió una copa de vino y empleó comunicarse con la mejor disposición de todas. Su compañera se mostró más calmada y aceptó sus agasajos. Por el bien de ambos, olvidarían lo ocurrido en la piscina.

—Hace un momento me preguntaste por Industrias Levillant —comentó el varón, llevando un trozo de tomate a la boca. Con calma lo saboreó, limpiándose los labios luego de tragarlo— ¿Qué ha pasado?

—Ah. No. Nada —se excusó, moviendo las manos en negación— Es solo que esta mañana llegó un reporte sobre un caso de sobredosis. Un muchacho del distrito suburbano.

—¿Y?

—Y…—gesticuló una mueca naturalmente afable— Tenía curiosidad de saber si tienes algo que ver con esa empresa. No quisiera que te vieras involucrado en algo que no es. Ya sabes…como soy…—desvió la mirada, preocupada— La droga era de ese laboratorio.

—Se que es tu trabajo como fiscal, investigar todo tipo de cosas —manifestó Graham de Vanily, brindándole una mirada tranquilizadora— Pero sabes que puedes confiar en mí. Si tuviera un trato con ellos, te lo habría dicho sin problemas.

—Lo sé —mintió Marinette— Confío en ti.

Minutos de silencio incomodos entre ambos. ¿De dónde provenía esa tensión tan nueva para ella?

—Félix —alzó la mirada, dejando de lado su copa por unos instantes para aclarar la voz— ¿Quieres charlar sobre el incidente de hace dos años? —el muchacho bajó la mirada, reposando los cubiertos en su lugar— Algo me dice que si quieres hablarlo…pero no te atreves. Lo noto en tus ojos.

—Es verdad. Nunca llegamos a hablarlo realmente —admitió con semblante angustiado— Quizás sea el momento para ello —se alzó en su lugar, tomando su copa y la botella de alcohol— Acompáñame entonces.

El presidente de VanilySky la condujo directo hacia la biblioteca. En medio de un centenar de libros antiguos, uno en particular de coloración azul, accionaba el mecanismo de una puerta oculta tras aquel estante. Los trasladó hacia un laboratorio oculto, que jamás creyó llegar a conocer. Era como una base arcana, tapada de una fachada falsa a vista y paciencia de todos. Tras encender las luces, el rubio tomó su mano con calidez y caminó hasta un sector más lúgubre de la habitación. Allí, reposaba sobre un receptáculo un tubo transparente, relleno liquido verde. ¿Qué era lo que flotaba en su interior? Una cosa amorfa, con apariencia plasmática.

—¿Qué es este lugar…? —fue lo primero que Dupain-Cheng pudo expresar.

—Este era el laboratorio oculto de mi padre. Al que nadie más tiene acceso —le explicó sereno, señalando el tubo delante de ambos— Y eso que ves ahí, es…lo que pudo ser, de nuestro futuro.

—¿Es…? —parpadeó atónita.

—Es lo que expulsó tu cuerpo la noche del accidente —declaró Félix con la voz resquebrajada en dolor— Nuestro fruto.

¿Lo conservó todo este tiempo en…esa capsula? Suena muy tétrico si lo miramos así —Marinette tragó saliva, un tanto perturbada con lo que le contaba. Negó con la cabeza. No. Quedamos en que no iba a juzgarle hasta saber todo sobre él. La verdad detrás de todo— ¿Nuestro bebé?

—No es un bebé como tal. Pero hubiese querido que lo fuese —soltó su mano, solo para recargarla en el vidrio templado del cilindro— Tenias apenas 8 semanas de gestación cuando todo ocurrió. Es mas bien un cigoto, que no llegó a la división celular apropiada.

Mierda… ¿Realmente le efecto tanto como para llegar a esto? —la guardiana exhaló endeble, ante tal confidencia— ¿Por qué lo has guardado aquí todo este tiempo?

—No tengo la menor idea —admitió, esbozando una sonrisa melancólica— Supongo que…para castigarme a mí mismo.

—¿Por qué harías eso? —Ladybug se aproximó a él, con la intención de contener sus pensamientos más oscuros— Un aborto espontaneo no tiene por qué ser tu culpa.

—Lo sé —renegó el heredero de los Graham— Te va a parecer estúpido o enfermo, si lo quieres pensar así. Y estás en todo tu derecho de repudiarme por esto —soltó, devolviéndole la mirada con lágrimas en ella— Pero no sabes cuanto me arrepiento de no haber reaccionado apropiadamente.

—Félix…—¿Está llorando…? ¿Por qué de pronto…me siento tan mal? Ni si quiera era mi hijo…—la heroína se arrimó a su prometido, removiendo los lamentos húmedos que caían en denigres por sus pómulos— ¿Qué pasó realmente? Necesito conocer tu versión.

—Esa noche…me odie a mí mismo…—Graham de Vanily inició su relato, con más angustia que otra cosa.

Se inicia un proceso de Racconto, en el que se mezcla el relato del presente con el del pasado.

Te escuché gritar en el baño.

—¡Marinette! —entró de lleno al tocador— ¡¿Qué pasa?!

—No lo sé…—berreó aterrada. Yacía tirada en la fría baldosa del baño— De pronto comencé a sangrar —le observó entre lágrimas— ¡Félix! ¡Nuestro bebé…!

Había muchísima sangre por todos lados. Entré en shock.

—¡Tranquila! ¡Todo estará bien! —aulló, corriendo a socorrerla— ¡Nathalie! —llamó a su asistente, quien no tardó en llegar— ¡Nathalie, llama a una ambulancia! ¡De prisa!

—¡A la orden, señor! —acató asustada la mayor, contactando de inmediato con un centro asistencial— Favor enviar una ambulancia al cuadrante 1. Dirección en coordenadas 1-6-P-L. ¡De prisa!

No se demoraron nada en llegar. En menos de 10 minutos, ya estabas en urgencias.

—Doctor —exigió Félix, hecho un cumulo de nervios— Por favor, dígame que mi novia está bien.

—Haremos todo lo posible, señor presidente —intentó tranquilizarle el especialista— Favor, cálmese.

—¡Ella está embarazada! ¡Deben poder hacer algo! —le tomó del pecho con furia— ¡Por favor!

Y cuando creí que todo iría bien, el me lo confesó todo.

—Lo siento mucho, señor Graham —confesó el médico— Hicimos todo lo que pudimos…pero ya era demasiado tarde. La señorita Agreste sufrió una hemorragia considerable dentro de su útero. Aún estamos investigando las causas.

—¿Ella está bien…? —le suplicó Félix, con la angustia en su mirada— Por favor dígame que está bien.

—Ella está bien, señor —acotó el cirujano— Pero tuvimos que interrumpir su gestación.

—¿Cómo que…tuvieron que interrumpirlo…? —tembló.

—Su embarazado era inviable —develó el especialista— Su cuerpo solo…lo expulsó.

—¿Cómo que lo expulsó? —Félix entró en estado de colera, empujándole contra la pared hasta azotarlo con fuerza— ¡¿Cómo?! ¡¿Está diciendo que mi novia rechazó a nuestro hijo?! ¡¿Qué me cuenta?! ¡Dígame! —lo volvió a golpear— ¡Respóndame ya!

—¡Por favor cálmese! —alertó el hombre— ¡Guardias! ¡GUARDIAS!

En el momento en que vi a los de seguridad yo…salí corriendo.

—¡Ni se les ocurra tocarme, pedazos de engendros! —se defendió con fiereza, soltándose de los uniformados para echar carrera por los pasillos— ¡Malditos!

Y no volví más. Ese fue…el peor error de mi vida. Llamé a mi hermano. Y me fui a beber a un bar. Solo quería destruirme.

—Tranquilo, Félix —le abrazó Adrien, acariciando su espalda con amargura— Todo estará bien. No te desanimes.

—Nada está bien —farfulló entre llantos ahogados— ¡Nada está bien! ¡Mi bebé está muerto!

—¿Qué piensas hacer? —le consultó el rubio, con angustia.

—Yo…

Y seguí huyendo. Dentro de la rabia, la impotencia de no poder hacer nada. Me fui del bar. Me emborraché hasta perder la conciencia…y no volví más.

—¿Félix…? —consultó Marinette con melancolía— ¿Dónde está mi novio?

—El…desapareció —reveló Adrien, brindándole un abrazo de consuelo— Lo estamos buscando. Pero no sabemos qué hará.

—Dios santo…Adrien…—Marinette Agreste rompió en llanto, aferrándose al único consuelo que tenía a su alcance. Su hermano— Mi pobre Félix…—balbuceó con dolor— Nuestro bebé…

Fin del Racconto.

—¿Quieres saber a dónde fui? —le observó con el alma pendiendo de un hilo— Intenté tirarme al Senna esa noche. Ebrio, lleno de angustia —se tomó la cabeza— Pero Nathalie me rastreó y me salvó de tomar aquella decisión. En el fondo, Marinette…actué como un cobarde. En vez de quedarme ahí contigo, afrontando el problema…me arranqué como un ladrón. ¡Por eso! —apretó los labios, desviando la mirada con el rostro enardecido de vergüenza— Por eso…todo se quebró entre ambos.

Marinette Dupain-Cheng estaba llorando con el relato. No era su historia y aun así, le había calado hasta los huesos. Su papel como fiscal le jugaba una mala pasada. Pero era más que ser solo un intérprete en una telenovela. Lo sentía visceral, como si fuese suyo. Dentro de su infinita bondad y su capacidad idílica de poder ponerse en el lugar de otros que sufrían, lo vio personal. Y no pudo evitar abrazarlo con la fuerza de una madre a sus hijos. Mas allá, de que su posición no fuera esa. Acarició sus cabellos con dulzura y aprovechó la instancia de pasión, para besarlo. Era la primera vez que ella, tomaba la iniciativa de acariciar sus labios contra los suyos. No era solo sentirse conmovida con una historia. Si no más bien, la frecuencia vibracional que su compañero le transmitía. Félix lo había pasado horrible, tanto como ella. No imaginaba los sentimientos espantosos que llegó a sentir la fiscal en esos momentos. Concebirse abandonada en un momento de crisis donde necesitas el apoyo de tu ser amado. Y que el huya. Es que Félix se arrancó, sin poder hacerle frente al problema. ¿Pero quién mierda era ella para juzgarle? Nadie. Solo una chica atrapada en un universo paralelo al suyo, en donde incluso los de la clase de Elite sufrían penurias tanto como en su mundo.

—Gracias…—musitó la pelinegra, regalándole una cándida sonrisa— Gracias por compartir conmigo, tus sentimientos.

—Marinette…—siseó Félix, observando la mirada sincera que su chica le brindaba. Por primera vez en dos años, se sintió comprendido. Ella no lo odiaba. Por el contrario, percibía un amor profundo hacia su persona— Te conocí cuando tenía solo 15 años. Pero quiero que sepas…que, desde ese instante, jamás dejé de amarte. Incluso luego del accidente. Intenté solucionarlo. Pero entendí que aquel hecho te marcó.

—Nos marcó a ambos, Félix —aseguró Ladybug, acariciando sus mejillas con afecto— Pero quiero que sepas, que nada cambiaría lo que siento por ti. Aún podemos ser felices…si somos sinceros entre ambos.

—Seré sincero contigo —prometió, apegando su frente a la de ella con sinceridad— Te lo prometo. Daría mi vida por ti. Pídeme lo que quieras.

Eres…maravilloso…—pensó, sintiendo el brillo de aquellos orbes esmeralda que titilaban con deseo por ella. Volvió a besarle, esta vez, siendo ella quien llevaría el ritmo de la relación— Félix…si quiero pedirte algo.

—Dímelo. Y te lo daré.

—¿Dormirías conmigo esta noche? —consultó, con el rostro empañado en rubor.

—Si. Esta y todas las que me pidas —confesó, tan sonrojado como ella.

Esa noche, ambos compartieron el lecho de dos plazas del presidente. Pero solo con el afán de poder reparar el daño del pasado. No había dobles intenciones en sus actos. Ni si quiera un ápice de la lujuria que pudieron demostrar en la piscina. Solo amor. El más puro y cálido que puedes llegar a sentir por tu persona favorita.

—Abrázame…—pidió Marinette, buscándole entre sabanas con mucha ternura— Y no me sueltes…

—No lo haré…—murmuró contra su espalda, rodeándola con sus brazos y su pecho— Nunca más…

Esa fue sin duda, la primera vez en varias semanas, que ambos lograron conciliar un sueño profundo y tranquilo. Marinette por su parte, porque este universo le tenía patas arriba. Y Félix, porque al fin obtenía tener algo de paz y perdón propio en su corazón. Por la mañana del domingo, los jóvenes desayunaron en calma después de mucha agua bajo el puente. Como dice el dicho. Ladybug se sentía cautivada por su compañero, como quien sobrelleva un hechizo de amor. Al mismo tiempo, que el presidente de VanilySky, guardó su anillo. El dolor y el sufrimiento, les sonreía de cara al progreso.

[…]

—Tienes los ojos hinchados —comentó Alya, percatándose del semblante alicaído de su compañera— ¿Necesitas que te traiga una solución alcalina? —le había ofrecido un café.

—Estoy bien —se frotó los parpados, la heroína. No iba a admitir que se la lloró toda la noche anterior— Es el smog del distrito suburbano.

—Claro…—no le creyó en lo más mínimo.

—¿Cómo sigue mi gatito? —consultó preocupada, observando el panel de control que mostraba su situación clínica— ¿Está mejor?

—Tu gatito está bien —esbozó tranquila la morena— Los doctores creen que en un par de días más, le darán el alta.

—Me alegra…

—Tu compañero es muy fuerte, Ladybug —reveló Césaire, bebiendo un sorbo de su café— Los especialistas quedaron impresionados con su recuperación. La puñalada que le dieron, le perforó el hígado —explicó— Pero con nuestra tecnología y su valor, se ha regenerado en un 97% ya. Tiene una fuerza de lucha increíble.

—Eso es porque Chat Noir es un chico increíble —volvió a limpiarse los ojos, esta vez removiendo un par de lagrimones que amenazaban con escaparse sin su consentimiento. Cosa que sin duda la teniente notó— Es el mejor compañero que podrías tener.

—No lo dudo —musitó con orgullo la teniente— Una mujer fuerte necesita un compañero fuerte. Eso siempre dice la general.

—Alya…—la guardiana se quebró, abrazándose así misma con angustia— ¿Y si te dijera que no soy tan fuerte…?

—Pues entonces…—la observó por unos segundos, sopesando su malestar con un intento de alcanzar su mano. La estiró— Te diría que puedes contar conmigo en lo que pueda. Si la carga es muy potente, te ayudaría a sobrellevarla.

Tal y como la Alya haría en mi universo —pensó, apretando su mano con ímpetu— No tengo amigos en esta ciudad. ¿Serías mi amiga?

—Seré tu amiga. Solo si me lo permites, Ladybug —aseguró con decisión Césaire.

Tenía que desahogarse con alguien. Y que mejor que hacerlo con Alya Césaire. La única chica con la cual, lograría liberarse de sus culpas. Cuando hablo de culpas, eso incluye su misión secreta, sus contactos con los Couffaine, los relatos con Félix. Y su inesperada presencia en este maquiavélico universo cibernético. Si bien, la dejó boquiabierta en un comienzo, no iba a limitarse solo a interpelarla. Ahora más que nunca, la muchacha requería una mano amiga. Y ella no era tan inconsciente como para usar dicha valiosa información en su contra. Marinette le contó todo. Con lujo y detalle. Incluso aquello que nadie se atrevería revelar. Estaba sobrepasada con la carga que llevaba a cuestas. Era una pesada mochila que debía compartir con alguien.

Charlaron largo y extenso en su oficina. Alya inclusive se tomó el arrojo de beber alcohol con ella. Le ofreció una mezcla hecha por su merced. Se componía a base de agua mineral y de brandy. Una dulce y estimulante bebida que las chicas de bien, solían consumir en su entorno. Con toques sutiles de naranja y pomelo. Por supuesto que, con unos tragos de más, nuestra heroína soltó la lengua con mucha más confianza y disposición. No pretendiendo buscar vulnerar de su intimidad, Césaire la interrogó sin mayores miramientos. Literal, Ladybug vomitó todo lo que sabía hasta ese momento. Haciendo énfasis en mas de una ocasión, de su obsesión romántica hacia Adrien Agreste.

—Marinette Dupain-Cheng —expresó Alya— ¿Te complica si te llamo así? —consultó con mucho respeto.

—No. Para nada —renegó, con el licor corriendo por sus venas— Dime como gustes. Pero no le cuentes a nadie.

—Tranquila. Yo conozco la identidad secreta de ambos y ahora entiendo mejor tu situación —Aunque…es una locura. Si tan solo supiera que Chat Noir es el Adrien que dice amar…— pensó ahora, que ya sabía toda la verdad— ¿Puedo preguntarte algo indiscreto?

—Dime.

—¿Qué sientes por Félix Graham de Vanily? —esa pregunta sin duda la incomodó— Te lo pregunto porque…bueno. Luego de lo que me has contado. Creo que de verdad ejerces sentimientos reales sobre él.

—¿Crees que me guste Félix? —le consultó la ojiazul, revoloteando con sus dedos pulgares uno sobre otro. Algo comenzaba a darle indicios de que no era solo una atracción física.

—¿En tres días? —cuestionó la morena.

—¿Me creerías si te dijera que, en tres días, he llegado a sentir cosas que ni en cuatro años sentí por Adrien Agreste?

—Te creería —aceptó con una sonrisa cordial la teniente— Mi abuela suele decir, que "no importa el tiempo, si no la calidad"

Que gracioso…es como aquella vez que me dijo que bailara bajo la lluvia —Marinette le endosó una risita sofocada. La verdad es que ya estaba media borrachita— Pues…supongo que tu abuela tiene razón. Han sido tres días de muchísima calidad —de pronto sentía una necesidad abrupta de contarle las sensaciones anatómicas que el rubio le provocaba con solo mirarla— Somos adultas, ¿no? —Su compañera asintió concediéndole la palabra— Ayer nadé con Félix en su piscina. Y…lo vi en bañador —comentó, entre avergonzada y picaresca. Le levantó ambas cejas a ver si captaba sus intenciones.

—Debe de haber sido toda una sorpresa para ti ¿No, chica? —Alya se unió al bufido, cerrando un parpado con bribonada— Porque seguro que a Adrien también lo has visto así.

—Si, claro que si —Ladybug se tomó las mejillas, braceando una expresión idiotizada— Pero nunca se me desviaron los ojos a otros lados. Si me entiendes —se frotó las rodillas entre si— Nos besamos. Si no hubiera sido por que su asistente intervino…

—Marinette —carraspeó Césaire, sirviéndose otro trago. Esta vez, más cargado al alcohol que otra cosa— ¿Estás consciente que esta aventura con Félix tiene plazo? —la felicidad se le esfumó del rostro. Claro. Había que dejar de soñar en algún momento— Ten mucho cuidado…porque tienes un mes solamente para completar la misión.

—Tienes razón. Y lo tengo presente —Dupain-Cheng recobró la cordura, intentando disimular que en el fondo si le afectaba la situación— Aún me falta recopilar información.

—Debes ser fuerte, amiga —se levantó hacia ella para tomarle del mentón con suavidad— Félix tiene pareja. Se va a casar con Marinette Agreste —espetó, frunciendo el ceño con seriedad— No quiero sonar cruel. Pero anoche, el creyó besar a la fiscal. ¿Comprendes?

—Tranquila, Alya —se excusó esbozando una sonrisa amplia de mejilla a mejilla— En serio. Lo entiendo. Solo quería comentarte que realmente me agrada Félix.

—No te preocupes. El tiempo pasa volando —la soltó, brindando con su copa en alto— No te darás ni cuenta, cuando ya estés de vuelta en tu mundo. Como todo era antes de este error.

—Si —brindó con ella por última vez— Este error…

La guardiana de la caja, regresó por los pasillos hacia la salida de la comisaría con la cabeza hecha un huevo estrellado. No logró distinguir si era producto del brandy que tomó o por las palabras de Alya o simplemente, porque era tan estúpida que se estaba enamorando del presunto enemigo. Se dio repetidos golpes en la sien, procurando de reivindicar la sensatez. ¡Se juiciosa, Marinette! Se repitió. ¿Cómo es posible que el primo de Adrien te esté volviendo loca?

—Estoy siendo muy imprudente conmigo misma —se observó las manos, temblando en el acto— Es domingo. Y no entiendo por qué, si estuve todo el día de ayer con el…deseo saber qué hace ahora mismo— Buena pregunta. ¿Qué hacía los domingos Félix Graham de Vanily? ¿Qué hacía ella, de hecho? Chat Noir seguía en la clínica. Ni si quiera podía salir de aventuras con él. Como recorrer la ciudad o…divertirse con sus bromas tontas. Las peleas con el inodoro. Descubrir artefactos curiosos. Probar distintos tipos de soluciones bebestibles, raras— ¡Argg! ¡No puedo con esto! —Tomó su yoyo y se lanzó hacia los tejados, en dirección a la mansión del presidente de VanilySky —Solo para aclarar. No. No estoy espiando al presidente porque me guste —se dijo así misma, mientras sobrevolaba algunos edificios— No olvidemos que soy una detective y el es mi objetivo principal. ¿Sí? Estoy siendo muy profesional —añadió, bajando por una rampa de metal. Se escondió en un tupido árbol de hojas amarillas, sacando desde el cinturón un monóculo en forma de binocular.

Félix no se encontraba en su despacho. La ventana que daba a su cuarto tampoco. ¿Quizás los domingos salía? No importa. El era sospechoso en una pesquisa en curso, con recursos legales de por medio. Lo seguiría hasta el fin del mundo con tal de avanzar en su actuar. La puerta principal de la casona se abrió de par en par, divisándolo en la entrada. Vestía un traje deportivo de color naranjo con blanco y zapatillas grises. Se acomodó un dispositivo musical en los oídos y unos anteojos negros con el marco rojo. Salió trotando desde el jardín delantero.

—El hombre mas rico de toda Francia sale a correr tranquilamente por las calles del cuadrante —musitó con extrañeza— ¿Sin guarda espaldas? —le siguió con la mirada— ¿Será que se siente intocable? Ya lo veremos —dio un salto.

Ladybug le siguió por al menos una hora y media, con un bigote falso sobre el labio superior. (Su infalible mostacho) Félix no dio atisbos de andar en malos pasos o mostrar una actitud sospechosa. No. Solo era un rico más, haciendo ejercicio un domingo por la tarde. Al doblar en una esquina izquierda, se metió al parque en donde muchas mas otras personas trotaban también como él. La mayoría le reconoció, como un rostro que habitualmente ves sin premuras. Se saludaron con las manos al pasar y bosquejaron sonrisas diplomáticas. Nada que reportar.

El rubio se detuvo dos veces en su trayecto. Una, fue para sacar agua de un dispensador. Y la otra, fue para amarrar los cordones de sus zapatillas. Siguió corriendo unos dos kilómetros mas hasta que soltó un suspiro violento. Estaba agotado. Así que hizo una pausa en una banca. Pero solo para estirar las piernas y los brazos. Se quitó el polerón, amarrándolo a su cintura. Vestía una musculosa blanca, que dejaba ver los músculos remarcados de sus brazos. Graham de Vanily bebió otro sorbo extenso de agua, tirándose sobre la cabeza el resto de la botella. Se sacudió como un perrito.

Esto es por amor a la ciencia —Ladybug se limpió la sangre que le chorreaba de la nariz, sin quitarle ojo de encima. Le vio elongar, reparando en la forma redonda en la que su trasero se apretaba contra el pantalón— Soy una excelente detective…jeje.

Pervertida.

Retomó el trote de vuelta a la mansión, ahora doblando por una esquina hacia la derecha. Nuevamente le acosó entre arbustos, dentro de basureros, detrás de quioscos. Incluso se metió en un cochecito de bebé. Aburridamente, el presidente de VanilySky regresó sano y salvo y sin ningún problema.

—Ok. Esto no está funcionando —resopló la portadora del Miraculous de la creación. Se quedó sentada sobre la rama de un árbol a la espera de alguna señal. No supo en qué momento se durmió. Cuando despertó, ya había oscurecido. ¡¿Félix se había escapado acaso?! —¡Demonios! —se acomodó el pequeño telescopio para observar dentro de la gran casona. Félix no estaba— No, no, no. ¡Arg! ¡Que torpe! —pero para su extraordinaria suerte, el vehículo personal del presidente comenzaba a estacionarse en frente de la otra vereda. El rubio abordó el coche en compañía de su asistente. ¡Bingo! — Excelente. ¿Qué haces saliendo de casa un domingo a las 21:12PM? ¡Sospechoso a la vista! —se arrojó al suelo para perseguirle.

Estaba convencida de que esta vez, si le pillaría en algo turbio. Algo que al menos le diera una chance de acercarse al asesino. ¿Quizás se iría a reunir con él? ¿Tal vez hacía tratos sucios con gente mafiosa? O aún más descabellado… ¿Y si descubría que el ojiverde frecuentaba alguna chica? ¿Una amante quizás? Ok. Eso ultimo si le dio algo de recelos. ¿Alguien más podría enamorarlo? Eso ni soñarlo. Un segundo. ¿Qué es? ¿Celos? ¿Qué demonios estaba sintiendo? Se abofeteó.

—Reatsiona.

El carro del magnate aparcó a las afueras de un imponente establecimiento, que citaba en su cartel: La Bourboule Royal. Graham de Vanily brotó desde el interior del asiento trasero, con un prodigioso traje de refinada alta costura. Saludó a los guardias y se encumbró serenamente por la alfombra roja hacia el local de puertas giratorias.

—¿Qué lugar es ese? —Marinette localizó la entrada, apuntando cual radar el establecimiento.

Su dispositivo digital le respondió en voz femenina: La Bourboule Royal es un casino para caballeros, inaugurado en el año 3200. Actualmente cuentan con cuatro secciones de esparcimiento y recreación. La planta A, es donde se desarrollan los juegos de azar y las apuestas. La planta B, destinada para el restaurante y el bar. La planta C, procura ser un salón de reuniones con mucha discreción. Y el ultimo piso, la planta D, deleita a sus espectadores con increíbles Shows de Cabaret Burlesque y zona de entretenimiento visual.

¿Qué le estaba contando? Definitivamente tenía que entrar a ese lugar. No podía perderlo de vista. Era el sitio perfecto para cometer un crimen. O la menos planificarlo. El guardia de la entrada no permitía el ingreso de mujeres. A menos claro, que fuesen novias, esposas, asistentes, acompañantes nocturnas. ¡Que discriminación! Esperaba que en Neo Paris hubiera el mismo casino, pero para chicas también. ¿Cómo entrar a un lugar en donde tienes prohibido el ingreso y sin que sepan tu identidad? La heroína bajó a terreno, percatándose que, por la parte posterior del edificio, un centenar de mujeres guapas con ropas provocadoras, descendían de una van para entrar al recinto.

—Claro…las bailarinas…—chasqueó los dedos. Era la única forma. Su disfraz de Marino no le hubiera salvado esta vez. Ya que el ingreso era solo con ID de miembro VIP. Engañando al personal autorizado de ser una de las chicas, cuyo retraso se generó por la caída de un fantasioso árbol en la entrada de su casa. (Y que encima le creyeron), la pelinegra consiguió meterse a los camarines y así, robar el atuendo de una de las asistentes del acreditado presentador— Vale…si yo fuera Félix. ¿A dónde iría? —se cuestionó, acomodándose un antifaz negro para ocultar su identidad. Por supuesto que a la sala de reuniones. Porque obviamente es un criminal. Un lobo con piel de oveja. ¿A que más hubiese venido, si no a cerrar un sucio trato con traficantes y asesinos? Iba a montarse sobre el ascensor, cuando un bullicio de variados hombres en particular llamó su atención. Provenía del sector de apuestas— ¿Qué es esto…? —parpadeó, estupefacta con lo que presenciaba.

—¡Nueve puntos para Graham de Vanily! —anunciaba el presentador, sobre un enorme estanque de agua.

Carreras de Hippocampus.

—¡No es justo! ¡Siempre gana! —berreó un hombre de apariencia grotesca y una cicatriz en la mejilla. Apuntaba al menor— ¡Su caballito es más rápido porque está preñado!

—No me apuntes con ese dedo gordo y grasiento —frunció el ceño, en tono amenazante. Nathalie recolectaba las ganancias en un maletín— Esa es una acusación muy grave. Pueden revisarlo ustedes mismos —el presidente se levantó de su sillón, dándole un beso al acuario— ¡Pancracio III es un semental! —alzó su jarrón de cerveza— ¡Hoy invito yo!

¿Félix es adicto a las carreras de caballitos de mar…? —Marinette permaneció de piedra unos instantes, hasta que logró entrar en razón y esconderse lejos de la situación. Los hombres estaban enardecidos. Era la cuarta victoria del menor en menos de media hora. Ahora que iban por una ronda gratis, cortesía del rubio, con mayor razón prefirió mantenerse a raya— ¿Pancracio…tercero…? Me pregunto si la Fiscal sabrá de este…extraño gusto —siseó para si misma. Y aunque quisiera darle vueltas al asunto, le resultó bastante…tierno— Dios…—se tomó la cabeza— Creí que en serio lo vería traficando drogas o algo así. ¿Qué me pasa…?

—Nathalie, nos vamos —Félix se acomodó el cabello con una gracia viril, que dejó a mas de una muchacha boquiabierta. Tanto el, como su asistente abordaron el elevador, marcando la planta D.

No puede ser. ¡Con un demonio, Félix! —masculló irritada. Esperaba que de verdad se hubiera ido a reunir con alguien. ¡Presiona la planta C! ¡¿Por qué vas a la D?! — No me jodan…no pienso quedarme de brazos cruzados —le siguió minutos después, subiendo al ascensor. El artefacto iba demasiado lento. ¿Por qué no se daba prisa? Solo eran cuatro pisos— Rápido, maldita cosa —recargó el dedo repetidas veces, casi de forma frenética. Cuando por fin logró salir, se percató que el rubio se sentaba en un sofá de contorno circular, alrededor de una mesa muy elegante por lo demás. Había flores, velas aromáticas e incluso un droide exclusivo para su atención— Tch…ya verán.

Detrás de dos cortinas rojas, las muchachas salieron al escenario a bailar con mucha alegría y jovialidad. Se pavoneaban con trajes de plumas, pantis de mallas, tacones altos, maquillaje sobresaliente y unos sorprendentes y llamativos pechos. Busto que ella claro, no tenía. Marinette se escondió debajo del mantel de una de las mesas, a escasos centímetros del ojiverde. Graham de Vanily se mostraba complacido con lo que veía. De hecho, ni si quiera prestó tanta atención al espectáculo. Sacó una tableta y le ordenó a su asistente que le dejara a solas unos momentos. Se sirvió un whisky, se soltó la corbata y encendió una pipa. ¿Qué es lo mas extraño que puedes pensar ahora mismo? ¿Qué un tipo sea fanático de las carreras de caballos de mar o que venga a un cabaret a…leer?

Su celular repicó de pronto. Era un mensaje de Félix. ¿Cómo? ¿Le estaba escribiendo a ella, en un lugar así?

≪ Estoy deseando poder terminar lo que comenzamos en la piscina. ¿No piensas lo mismo? ≫

Mierda. Eso le robó el aliento. ¿Qué le estaba insinuando? O bueno…no era precisamente una insinuación. Si no una declaración de sus intenciones con ella. ¿Qué debía responderle? Tenía unas ganas horribles de decirle: Si. Dale. Hagámoslo. Pero eso no era muy profesional de su parte. ¿Qué hacer ahora…? Marinette trató de guardar compostura. Antes de tomar una decisión tan apresurada, se aguantó las ganas y retomó su trabajo investigativo un poco más. Aunque sonara enfermizo para algunos, estudiar el comportamiento de Félix le estimulaba las hormonas de sobremanera. Era demasiado interesante para ella. Desde la forma que tenia para cruzarse de piernas, hasta el sutil movimiento de muñecas, que daba al fumar. Era una maldita maquina de atracción. Comenzaba a abrumarse con el solo hecho de releer el mensaje. Félix se mordisqueó el labio inferior, esta vez observando con atención el espectáculo. Bebió un trago. Dos. Tres. Hasta cuatro en menos de 10 minutos. Se quitó la chaqueta y se arremangó los puños de la camisa. Se mostraba febril y bastante extasiado también. Atraído e incitado a las chicas Acabó posando la diestra sobre su pierna derecha y se la masajeó sobre el muslo suavemente. Eso fue…todo lo que estuvo haciendo durante los próximos minutos. ¿Qué estaba haciendo realmente…?

Miraba a las mujeres y luego su tableta. Miraba a las mujeres y luego su tableta. Se apretó la extremidad a la altura de la ingle y pidió nuevamente otra copa de whisky.

—Félix…—jadeó Marinette, completamente ruborizada— ¡Ah! —dio un brinco. Era una llamada entrante de Luka Couffaine. Dios…como le interrumpe así— ¿Luka?

—Marinette —le habló desde el otro lado con total normalidad— ¿Qué estás haciendo?

—Eh…ahora mismo estoy espiando al presidente de VanilySky —reveló, sin quitarle ojo de encima.

—¡Genial! Oye…eres muy profesional —le halagó con gracia el ojiazul— ¿Y? ¿Da resultados? ¿Qué está haciendo ahora mismo?

—Yo…—tragó saliva, esta vez soltando un lamento levemente apasionado de entre sus labios— Creo que se está masturbando mentalmente —Luka tosió de vuelta, sintiéndose atragantado con lo que escuchaba.

—¿Cómo…es eso…? —parpadeó, entre que se quería reír y tomarle en serio— ¿Es en serio?

—¿Te parece que miento? —siseó.

—¡N-no! No, para nada —negó con suspicacia— Pero…es que…

—Te digo la verdad —confesó. Como si estuviese metida dentro de su cabeza. Mostrando una conexión idílica que nadie más entendería— Y parece que somos dos ahora mismo…—pensó, con el rostro febril a mil por horas.

—Marinette…—Couffaine se sonrojó notoriamente, llamando la atención de Julien. Acto seguido, se desplazó un poquito mas lejos de su hermano para no levantar sospechas— Escucha, te creo. Pero ahora mismo…te llamo para darte noticias del informático.

—¿Qué informático…? —contestó robóticamente. Claramente estaba perdida en el espacio tiempo de la situación.

Silencio entre ambos.

—Marinette —Couffaine protestó— Despabila. Las fotos que enviaste ayer. El audio en el despacho del presidente de Vanilyky —le regresó a la vida— Seguimos la patente del auto y la grabación —añadió— Su nombre es Nathaniel Kurtzberg. 35 años. Trabajó anteriormente para los padres de Félix y Adrien. No es alguien desconocido para Félix.

—Luka —le interceptó de golpe, esbozando un mohín— Félix me confesó que no tiene ningún trato con Laboratorios Levillant.

—¿Cómo? —murmuró de lleno, extrañado con lo que le contaba— ¿Nino nos mintió?

—No. Yo creo que-…—se detuvo, levantándose de su lugar— Félix se va. Voy a seguirlo.

—¡Espera, Marinette! —tarde. La pelinegra ya le había cortado.

Nadie supo a ciencia cierta que pasó con aquel profesionalismo que Marinette profesaba. Pero estaba claro que ahora, su prioridad era seguir al rubio. Incluso si tenia que espiarle mientras cagaba. Le vio salir del recinto, en dirección hacia su casa. Cuando llegó a la casona, el muchacho se paró en la puerta, dubitativo de si entrar o no. Nathalie le siguió más atrás, empujándole en un toque sincero por la espalda. Estaba actuando muy raro. Félix aún esperaba una respuesta de la chica. Y lo dejó en claro, en cuanto alzó la vista al cielo con melancolía. Marinette ya no daba más. Estaba al borde de la locura.

Se lanzó al suelo, desentrañando una botella de agua en uno de los dispensadores. Metió la mano en el cinturón de su traje y cogió una pastilla negra. La tragó de golpe. Acto seguido, tomó su teléfono y tecleó en él, la sentencia de su encuentro.

≪ Pienso lo mismo. Y no hallo la hora de verte para terminarlo ≫

Graham de Vanily se heló, justo en el marco de la puerta. Había leído el mensaje. Dupain-Cheng estaba jugando con fuego. Y cuando traveseas de esa manera…naturalmente te terminas quemando. Apretó los labios, con la ansiedad comiéndole por dentro. Su amante le respondió antes de ingresar a la mansión.

≪ Te estoy esperando. ¿Vienes? ≫

Tras leer aquello, se le solidificó cada célula y musculo de su cuerpo. Pudo notar como su ritmo cardiaco daba un salto de un momento a otro, como quien corre una maratón vehemente. Graham de Vanily había movido las piezas en el tablero. Hizo su jugada. Ella, no se quedaría atrás. Le respondió.

≪ Ya estoy aquí ≫

Félix volteó instintivamente, clavando la vista en la entrada de su morada. Ahí estaba, parada frente a él. Sin emitir palabra alguna. Como una ninfa majestuosa que llega a tus pies, caída de un ángel celestial. ¿Le había sigo o acaso solo sus mas íntimos y oscuros deseos galoparon esa noche, alcanzándole en su recamara? No quiso cuestionarlo más. El líder de VanilySky caminó inequívoco a su encuentro, estirando el brazo para ofrecerle la mano. Ella aceptó sin reparos de por medio, con el rostro ardiendo en fogoso deseo. Ambos muchachos entraron en la casa en completo silencio, encaminándose directamente hacia la habitación del ojiverde. Y allí…todo se volvió un mar de pasión y lujuria imposible de describir.

[…]

¿Qué estoy haciendo…realmente?

Marinette entre abrió los labios, dejando salir un ahogado gemido atiborrado de erotismo. Se halló así misma, recostada sobre el pecho de Félix, boca arriba. Lo único que veía, era el techo de su habitación. Comprendió que estaba completamente desnuda, en el momento en que las manos de su compañero masajearon sus firmes y jóvenes pechos. No podía verle. Pero le sentía plenamente en su interior, con movimientos oscilantes de arriba hacia abajo. Siempre imaginó que intimar con un chico sería en una posición en la cual, pudiese mirarlo a los ojos. Pero esta era distinta. Ella tan solo era parte de un acto, en donde no tenía participe de tal. Su amante llevaba el control, rebosando el relente de su cuello en reiterados besos húmedos y libidinosos.

Ok. Entonces no tenía nada mas que hacer o decir. Tan solo dejarse hacer. Si iba a ser su primera vez, permitiría que al menos la tratase con dulzura. Nada mas cercano a la realidad, ya que su camarada no permitió en ningún instante, deponer o privarla desamparadamente de sus caricias o sus besos. Félix gruñía contra su oído, de la manera más excelsa posible. Su respiración era grave, ronca, masculina. El solo hecho de sentir su aliento contra su mejilla, le provocaba espasmos involuntarios en el sistema nervioso.

Bueno…ya no importa…—Cerró los parpados, aferrándose con violencia contra las sábanas. Se sintió desfallecer. Un calambre impetuoso le entumeció la pelvis— Creo que me voy a orinar…oh dios…— ¡Fé-Félix…! —le imploró.

Shh…—murmuró contra su canal auditivo, introduciendo dos de sus dedos en su boca para callarla— Ya casi…voy a…—se estremeció— Ma-Marinette…

[…]

—Hey…—murmuró su compañero, besando su frente con ternura. Félix Graham de Vanily, permanecía de pie frente a ella, con una expresión sincera— ¿Estás bien?

—¿Félix…? —Marinette se frotó los parpados. Todo a su alrededor era blanco. Luminoso y níveo. Cándido. Claro. Como si hubiesen borrado todo a su paso. Se miró las manos, los pies, el cuerpo— ¿Qué es esto? —cuestionó asustada— ¿Por qué…me veo de 5 años?

—Esta es mi guarida secreta —le guiñó el ojo, un pequeño Félix. Le tomó la mano derecha, jalando de ella— Ven. Te voy a mostrar —musitó. La condujo directo hacia un jardín de maravillosas flores— Aquí es donde vengo cuando me siento mal.

—Félix…—Dupain-Cheng soltó una lagrima, sin si quiera sentirse del todo triste. Al contrario, el lugar que le estaba mostrando era maravilloso— ¿Es esto un sueño?

—Sip —aceptó divertido el pequeño—Esto solo está pasando en tu cabeza.

—¿Es real?

—Lo es. Que esté en tu cabeza no quiere decir que no sea real —carcajeó Graham, empujándole con el dedo índice sobre el pecho— Siempre quise traer a alguien a este sitio. Y mostrarle lo mucho que he cuidado este jardín. Ahora…tu y yo, compartiremos esto. ¿Verdad, Marinette? —le tomó de las manos, masajeándolas con dulzura— Este será…nuestro pequeño secreto.

—Nuestro…pequeño secreto —repitió, cerrando plácidamente los parpados— Nuestro jardín secreto…

[…]

—Ah…—se despertó de golpe.

Los primeros rayos del sol, se colaron intrépidos por el velo de la cortina. Ladybug sintió el cuerpo adormecido, de la cintura hacia abajo. Tenía los labios ligeramente hinchados y la yema de sus dedos ardía. La sensación mas cercana a recuperarse de una resaca, sin duda. ¿Qué había sido todo eso? Creyó haber tenido un muy buen sueño. Un sueño… "mágico". En un mundo en donde aquello no existía. Soltó un gruñido contra su almohada, frotando el rostro en la tela. Joder, que bien se sentía. Le recordó aquella vez que tomó ese brebaje raro que contenía droga. Si. Eso. Estaba algo drogada ahora mismo. Y nada podría quitarle la sensación placentera que inundaba su pecho. De pronto, algo se removió suavemente a su lado.

No. No había sido un sueño.

Félix Graham de Vanily, dormía boca abajo y completamente desnudo sobre las sábanas. Marinette abrió los ojos como platos. Miró hacia la derecha. Luego hacia la izquierda. Y finalmente hacia el techo, cruzando las manos entre sí como una momia. Porque claro…ella tampoco traía ropa alguna.

Vale…—pensó, tiesa en su posición— Pero que cagadón…