Hace 10 años atrás. Colegio Antoine de Saint-Exupéry, Paris.

—¿Ya has oído? —cuchicheaba una muchacha al oído de otra de manera solapada— Dicen que los papás de los hermanos Graham de Vanily desaparecieron misteriosamente en medio de una tormenta en Polonia.

Ay, si…que terrible suena eso.

Félix y Adrien caminaban por los pasillos simulando ignorar los comentarios amargos que, a sus espaldas, se esparcían como una enfermedad venérea en el recinto. El mayor de ambos hermanos, mantenía una actitud arisca y áspera frente a la mirada inquisitiva de otros alumnos. Con pasos seguros y ambas manos en los bolsillos, dejaba entre ver en una expresión hastiada su molestia. Mientras que el menor, tan solo facultaba exponer melancolía y mucha angustia en su andar. Habían sido citados a rectoría en una reunión extra oficial para charlar sobre su situación.

—Director —Adrien tomó la palabra, invitando a su temeroso compañero entrar con el— ¿Nos ha llamado?

—Graham de Vanily —les instigó a tomar asiento. El decano de 48 años y veterano de guerra, el Señor Damocles exponía con angustia la situación— Lamento mucho lo de sus padres. Como ya sabrán, Emilie y Gabriel eran muy amigos míos.

—¿Amigos? —espetó el hermanastro, corrigiéndole con imperio de arrogancia— Mis padres financiaban esta escuela. Creo que no está usando las palabras apropiadas.

—Si…es cierto, Adrien —carraspeó nervioso el barbudo— Por generaciones, los Graham de Vanily se han caracterizado por sus caritativas contribuciones a Paris. Me disculpo —se eludió— Sobre todo, en formar parte de la directiva económica de muchas universidades. Eso incluye este colegio.

—¿Nos ha citado para recordárnoslos? —frunció el ceño.

—No realmente…—Damocles se limpió la frente ante su negativa. El muchacho tenía fama de ser un fiero en su carácter. Por lo que no le sorprendía que fuese tan receloso con el tono de voz empleado— Deseo en nombre de este establecimiento y de la ciudad, informarles que continuarán estudiando como de costumbre. Sus gastos estarán cubiertos de por vida.

—Mis padres tenían una póliza de seguro —aclaró con soberbia— Que cubrirá a la familia durante 8 generaciones. No necesitamos palabras de consuelo. Gracias —se levantó de la silla— Andando, Félix.

—¡Joven Graham! —le detuvo el sujeto, aferrándose al valor que le quedaba para confrontarlo. Incluso si era menor que el, no dejaría que lo pasara a llevar tan fácilmente— No olvide su posición aquí —le advirtió— Emilie y Gabriel eran excelentes personas para la comunidad. Pero usted no es ninguno de ellos. Usted es solo su hijo. Sea cauteloso con lo que anda diciendo por ahí.

—De hecho —añadió, abriendo la puerta de la oficina— Soy adoptado —y se largó.

Regresaron por el mismo pasillo por el cual venían. Aunque esta vez, sería su propio familiar quien le interpelara. Adrien ardía en colera. Situación bastante alejada de los sentimientos abrumadores que profesaba su hermanastro.

—¿Por qué tenías que mencionar eso? —habló Félix, con desazón.

—Porque es necesario.

—Para mí no lo es —musitó el rubio más joven— No entiendo por qué te sigues empeñando en recodárselos a todos. Tú sabes que, para mí, eres mi hermano —aclaró firme en su posición— No me agrada cuando insistes en recordarle al mundo el cómo llegaste a la familia.

—Nunca olvides tus raíces, Félix —rezongó, iracundo.

—Yo no las olvido jamás —le increpó en medio del pasillo, impidiéndole seguir el camino. Era la primera vez en años, que le hacía frente a sus afiladas palabras. Adrien siempre tenía una cuchilla en la lengua. ¿Por qué se empeñaba en lastimar a quien se le cruzara? El no lo comprendía— Pero veo que tu sí. Y estoy harto de que repitas una y otra vez que eres adoptado. Qué quieres conseguir, ¿eh? ¿A quién quieres convencer? ¿A mí? ¿A nuestros padres? ¿A nuestros compañeros? ¿Al señor Damocles? —añadió finalmente— ¿A ti mismo?

—Cierra la boca tan solo un momento —Adrien le tomó por el pecho, sujetándole con violencia— Siempre hablando demás. Nunca puedes callarte. ¿Verdad?

—¡Estoy harto de callarme! —Félix se defendió, mostrando los dientes con fiereza— Eres un maldito, que siempre cree tener la razón. Y ahora que no están nuestros padres, te las das de hermano mayor responsable.

—¡Soy! —le acercó a él, fulminándole con la mirada— ¡El hermano mayor responsable! ¡Y tú siempre serás el mocoso que moja la cama!

—Imbécil —masculló furioso, sujetándole los puños con todas sus fuerzas— Solo te ocultas detrás de esa fachada de matón. Pero en el fondo, el que moja la cama eres tú.

—Te lo buscaste.

Adrien le soltó, dándole un empujón hacia atrás solo para tener mejor ángulo y conectarle un puñetazo de boxeador en la mejilla derecha. A vista y paciencia de todos quienes presenciaron dicha discusión, más de alguno se espantó. Y es que, en un colegio tan refinado como el suyo, no había espacio para riñas de violencia física. Nadie osaba a enfrentarse jamás los hermanos Graham de Vanily. Tenían su fama. Pero que el menor se insolentara con el mayor, ya exponía un precedente de rebeldía a la jerarquía invisible que ambos habían fundado en la comunidad escolar. Nadie se atrevió si quiera a mover un musculo en ayudarle. A excepción de una chica en partícula. La única, capaz de hacerle frente al rubio. Marinette Agreste. Ella no dudó en ir a socorrer a Félix.

—Eres un animal —le increpó, auxiliando con delicadeza al menor de los hermanos. Una vez que logró pararlo del suelo, notó como aquel golpe le había partido el labio inferior. Félix sangraba— ¡Adrien! —vociferó colérica la ojiazul. Se abalanzó hacia él y le plantó una bofetada certera en respuesta. Este no reaccionó en lo absoluto. Su mirada era más que reveladora— Solo para que veas lo que se siente.

Tan caprichosa como siempre…—le respondió de vuelta, con aquellos orbes esmeralda.

—Félix —le examinó preocupada la fémina. Extrajo un pañuelo desde el interior de su falda, haciendo presión en la herida— ¿Te encuentras bien?

—Tranquila, Marinette…—le estaba respondiendo a su hermano, más bien— Yo lo estoy. Es Adrien el que no está bien.

—Tch…que estupidez —Adrien se dio media vuelta y se marchó enfurruñado de la escena. Pero que papelón más ridículo.

Durante el almuerzo, la heredera de la familia Agreste se mantuvo estoica al lado de su novio. Habían formalizado su relación hacía no más de dos semanas. Pero ella mejor que nadie conocía el carácter de Adrien. Tras la muerte de sus padres, el rubio había cambiado su comportamiento de una forma tan radical…que finalmente logró apartarla de ella y sus sentimientos. Marinette toda la vida estuvo enamorada de él. Pero rendida a la idea de que jamás podrían estar juntos, prefirió optar por quedarse con el menor de los Graham. No. No era cosa de que Félix fuera su segunda opción o un salvavidas en caso de emergencias. Simplemente…él se había ganado su cariño y su confianza, con esa personalidad atrapante y atractiva que enloquecía a muchas. Ella curó del magullado hermano menor, hasta que sus heridas físicas finalmente sanaron. No así…las que aún mantenía en su corazón.

Al cabo de unos días, la pelea entre ambos quedó solo en el recuerdo más amargo de aquel colegio. Pero no así en la relación hosca que los dos jóvenes toleraban. Adrien seguía resistiéndose a dar su brazo a torcer. Inconscientemente se concebía traicionado por Félix, quien le había robado a su chica. Pero al mismo tiempo, impotente por no poder reclamarle. Ya que, a final de cuentas, él había cavado su propia tumba. Mientras el mayor, naufragaba en un odio profundo hacia la humanidad, el menor se sumergía en aguas profundas de depresión. Dos caminos…que no llevarían a nada bueno. Hasta aquel fatídico 2 de marzo del siguiente año.

Adrien Graham de Vanily, se enlistó a la milicia. Él se excusó con el pretexto de querer servir a su país. Pero para Félix, no era más que una farsa solapada tras un velo de sufrimiento y soledad. Un subterfugio vil de huir de sus problemas. De su propio hermano. Y de la perdida de sus padres. A partir de ese momento…todo volvió en retrospectiva para ambos. Ya nada volvería a ser igual.

La guerra no dio cuartel para ningún bando. Adrien había tomado el camino de lo belicoso, desahogando así sus apremios contra el mundo. Esos cuatro años de incesante incertidumbre, terminaron por asfixiar hasta al más invicto de los hombres. Félix y Marinette se conformaron con enterarse a través de los medios de comunicación, el avance de la ofensiva enemiga. Acabaron graduándose de la escuela e ingresando a la universidad como cualquier chico de su edad. Aunque indiscutiblemente entre ellos, escondieran el desamor de quizás, no volver a ver a su querido Adrien con vida.

Para cuando Adrien regresó del frente, el panorama era otro. Ante la horrible posibilidad de que el mayor de los Graham de Vanily no retornara con vida, el consejo directivo de Industrias VanilySky citó al menor a una reunión de sucesión. Ya con la edad y madurez suficiente, le tocaba a alguien hacerse cargo de la herencia familiar. La empresa y sus bienes. Inseguro y perdido en sus pensamientos, Félix dudó de si repartirse el esfuerzo de sus padres era viable para su hermano. Pero como dice el dicho: Detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Marinette, su fiel compañera; le aconsejó pensarlo mejor y reconsiderar la idea. Esa tarde, el rubio firmó el documento que dividía la compañía entre ambos. Pero dejando indiscutiblemente un solo representante legal. Un solo líder, presidente y gestor. Félix Graham de Vanily. Adrien, no estaba interesado para nada en la industria cibernética. Sintiéndose ajeno a todo, envió una solicitud para ingresar a la brigada de crímenes la policía.

Las aguas del Senna, volvieron a fluir.

[…]

En el presente.

Uhg. Me siento pegajosa…—Marinette Dupain-Cheng incursionó con dos de sus dedos hasta su entre piernas, palpando la zona con mucho cuidado. Su anatomía expulsaba un líquido espeso que llegó a frotar entre sus dígitos. Cuando levantó la mano, sus sospechas tenían asidero— Félix se vino dentro…en más de una ocasión —pero suspiró se había tomado la pastilla con anticipación.

Su compañero seguía plácidamente inmóvil. Parecía un bebé, de lo sereno que estaba. Su respiración era suave y casi silenciosa, como la de un gatito. Se encontraba con la mejilla clavada en la almohada, mientras sus brazos se deslizaban bajo esta. No tenía idea de que una persona se lograra ver tan hermosa durmiendo. Era como un príncipe sacado de un cuento de hadas. Tomó las sábanas y los cubrió a ambos con esta. ¿Y si pescaba un resfriado? No. Tenía que cuidar su salud. Acto seguido, se acomodó en posición fetal acurrucándose más cerca para contemplar con aun más detalle, el contorno de su rostro. Era precioso. ¿Realmente había hecho el amor con un hombre tan guapo? No creía tener tanta personalidad para eso. Tenía unas ganas horribles de agarrarlo a besos. Pero si lo tocaba, quizás lo despertaría.

Que se quede así un poco más…—le observó, hipnotizada con su semblante. La cara de idiota que se cargaba no se la borraba nadie— Félix…—pensó— Pereces un cachorrito. Sip. Un pequeño perrito bebé…

—¿Hace cuanto estás mirándome? —murmuró con voz adormecida, sin llegar a abrir los parpados.

Mierda. ¿Cómo sabía que lo estaba viendo? —Marinette se ruborizó aún más de lo que estaba, retrayéndose en su lugar— Lo-Lo siento…creí que dormías…

—Lo hacía —abrió los ojos, regalándole una mirada esmeralda brillosa y llena de inocencia— Pero cuando te miran de esa forma, es posible ignorarlo.

—¿Te-Te molesta…? —consultó tímida, acomodándose el cabello detrás de las orejas.

—No —añadió, muy sereno— Me agrada mucho.

Félix no movía un musculo. Al parecer, también se sentía entumecido de la cintura hacia abajo. O quizás, estaba demasiado relajado como para revolverse en su lugar. Se quedó ahí, a su lado, mirándola fijamente a los ojos. Bueno, en realidad, ambos lo hicieron. Ya que, sin duda, habían compartido un muy bonito sueño. Marinette bosquejó una sonrisa de niña pequeña, arrimándose a su rostro para juntar su frente contra la suya.

—Me ha gustado mucho lo de anoche —balbuceó la pelinegra, enredando sus piernas contra las de su chico— Yo creo que eres muy hábil en ello.

—Jm…—soltó una risita sutil. Le pareció un comentario bastante tierno de su parte— Merci…—añadió— Yo creo que tú también lo eres —Félix sintió sus extremidades contra las suyas— Mh. Tienes los pies helados.

—Tengo algo de frio, la verdad —admitió— Félix cree que soy buena en ello. Eso me alegra mucho —frotó los dedos de sus pies contra la parte superior sus pantorrillas, palpando cada centímetro de estas— Para ser chico, no eres muy velludo que digamos.

—¿Te gustan los hombres con pelo en pecho? —esbozó divertido, esta vez abrazándola para darle de su calor.

—No lo sé —siseó Marinette con afecto, correspondiendo su abrazo— No sabría decirte. Solo me gustas tú ahora mismo —inhaló profundo el aroma de su pecho— Me gusta tu aroma, eso sí. Y el de tus sabanas.

—Jajaja…—carcajeó en respuesta, hundiendo la cabeza en sus hebras azabache— A mí me gusta el aroma de tu champú. Así que estamos iguales —ella guardó silencio unos momentos, depositando repentinamente besos húmedos contra sus clavículas y parte de sus pectorales. Al parecer, su colonia no era lo único que le agradaba— ¿Y hay algo más que te guste de mí? —arqueó una ceja con insinuante preocupación. Su compañera estaba insistiendo con estimularle las tetillas— ¿Eso te gusta también?

—Me gusta su textura…—admitió sin vergüenza, relamiendo la zona— Y su color. Es como un botón rosa —succionó— ¿Te molesta?

—El contrario —jadeó en respuesta, bastante más estimulado de lo que creyó— Si los atrapas entre tus labios, me gusta aún más.

—¿Así? —hizo caso, estrujando la zona con ayuda de sus dientes.

—A-Así mismo…—Félix se estremeció ligeramente ante tal acto, liberando un quejido muy varonil— No sabes lo bien que eso se siente…—lo que para él había comenzado como un simple juego, de pronto se transformó en un torbellino imparable de deseo sobre su anatomía— Oye, si sigues así…vas a provocar algo más —le advirtió en lo que sujetaba su rostro, intentando detenerla.

—Creo que es un poco tarde para eso —se mofó con lascivia, apuntando el bulto que sobresalía por la tela de las sábanas— Creo que eres muy sensible.

—Claro —admitió rendido, dándose un vuelto sobre la cama para posicionarse sobre ella esta vez—Pero si yo te hiciera lo mismo, créeme que no dirías lo mismo.

—Aún tengo algo de tiempo —observó el reloj sobre su velador, marcando las 7:10 de la mañana. Dupain-Cheng llevó ambas manos a su trasero, empujándolo hacia su entrada. Otra vez esa imagen de Adrien con la fiscal en la biblioteca. ¿Por qué justo ahora? Tragó saliva, completamente abrumada por sus pensamientos. ¿Por qué no…intentarlo también? — ¿Puedes hacerlo rápido? —pidió, cerca de su oído.

—¿Rápido? —parpadeó, con el rostro febril a mil por hora.

—Rápido…—repitió Ladybug— Muy…rápido…

[…]

Burdeos, a esa misma hora.

Adrien se levantaba de la cama, en completo silencio y total desnudes. A su lado, permanecía Marinette Agreste. Ellos no habían desperdiciado su viaje de negocios, claro que no.

—¿Qué hora es? —balbuceó adormecida la fiscal, con la cabeza pegada en la almohada.

—No tengo la menor idea —le respondió el rubio, levantando la tapa del WC para orinar. Observó el reloj de su muñeca, en lo que se afirmaba de la pared. No veía un carajo— Mira el reloj del velador.

—¿Podrías al menos haber cerrado la puerta del baño? —se quejó hastiada, cogiendo el reloj de mesa— Desde aquí te escucho mear.

—Tengo sueño —bostezó aletargado el comisario, cogiendo algo de papel higiénico. Tiró la cadena— Creo que pediré huevos revueltos esta vez —regresó a la habitación— ¿Has visto mis boxers?

—Qué se yo, Adrien —se acurró entre las sábanas— No me interesan tus malditos boxers.

—Upa —los encontró bajo la cama, acomodándoselos. El pantalón estaba sobre una silla. La polera en una mesa, la camisa en otra, los calcetines arriba de unas lámparas. Era como ir en búsqueda de un rompecabezas. Se sentó al borde de la cama para terminar de vestirse— ¿Qué quieres que te pida?

—Me da lo mismo —se cubrió con el cojín.

—¿Quieres las crepes nevadas? —sugirió, acomodándose los zapatos.

—Cállate, Adrien.

—Cereal con leche estará bien —afirmó el sujetador con las pistolas contra su pecho. Tomó su billetera y su identificación— Te veo abajo.

Lárgate —le lanzó el cojín hacia la puerta— No te soporto.

Comedor del hotel. 8:10AM.

—¡Hey! Fiscal —Mylene Haprele, la delegada de la ONU se arrimaba a ella con jovial entusiasmo. A diferencia de su amiga, que de muy mala gana cogía un par de cosas en el bufete— Uy… ¿Qué te pasó? ¿No dormiste bien?

—No. Tuve una pésima noche —refunfuñó, con expresión amarga en el rostro. Tomó dos torrijas de jamón y una de queso— Jugo de sandía, por favor —le pidió a la chica del mostrador. Mylene había captado su indirecta, observando de reojo al Comisario Graham de Vanily, un poco más allá.

—Ya veo —bufó la más bajita, pidiendo jugo de melón— ¿Adrien?

—Ni que lo digas —la Agreste rodó los ojos, sirviéndose algo de café.

—No entiendo por qué te sigues acostando con ese idiota —se mofó Haprele, cogiendo frutas mixtas— Tu eres demasiada mujer para él.

—Supongo que folla rico. Yo qué sé —se encogió de hombros, restándole importancia a la situación. Marinette tomó su bandeja y se encaminó hacia el comedor. Ahí estaba el imbécil de siempre, levantándole la mano para que sentara con el— Fuera de discusión —optó por sentarse sola. Bueno, Mylene le acompañó.

—No. En serio te lo digo —la siguió, acomodándose a su lado— Adrien es un estúpido. Esto todo el mundo lo sabe. ¿Por qué lo haces?

—No lo sé, Mylene —exhaló agobiada con sus preguntas, bebiendo un sorbo de su bebida con mucha elegancia— Te juro que no tengo la respuesta a esa pregunta ¿Sí?

—No lo creo, Marinette —reveló la especialista en medioambiente— Te conozco desde hace años. Y no le veo lógica. Tú eres una mujer brillante —murmuró ya esta vez, preocupada por sus conductas— Tienes un novio que te ama. Una carrera exitosa y amigos que te adoran. ¿Por qué perder el tiempo con Adrien?

—Tienes razón, Mylene —la ojiazul dejó su taza sobre el plato, aceptando hidalgamente sus interpelaciones. Acabó desviando la mirada, confundida con ella misma— Tal vez estoy obsesionada con el tipo. Con su personalidad. Su sentido del humor. O con su excepcional verga. Yo qué sé, joder —eso ultimo lo mencionó con una risa irónica en los labios.

—¿Adrien tiene una verga excepcional? —consultó aturdida.

—Pfff…nah —bufó, negando con la cabeza. Instantáneamente, esparció un poco de mermelada por su baguette— Si quieres hablar de vergas excepcionales, habla con Félix.

—¿Félix tiene una verga excepcional? —carcajeó.

—No, Mylene —se acercó a ella, dejándole muy en claro su punto de vista— Félix, ES excepcional. Podrías pasar mil universos paralelos buscando al hombre ideal. Y no lo encontrarías nunca —mordió su pan— Porque es mío ¿Ok?

—Y aun así…—Haprele rodó los ojos, tomando un sorbito de su juguito— Le eres infiel al hombre más excepcional de todo el multiverso.

—Escucha —Marinette acabó de tragar sus alimentos, solo para poder pensar bien lo que diría a continuación. Deseaba de todo corazón desahogarse con sinceridad y no ser mal interpretada— Se que piensas que soy una perra.

—Yo no creo que seas una p-…

—Da lo mismo —gesticuló con la mano— La mayoría de la brigada lo piensa. Pero me da lo mismo. ¿Sabes quién soy? Soy Marinette Agreste. La fiscal de Neo Paris —aseveró con empoderamiento en su voz— Soy campeona mundial de natación y física cuántica. Yo cree el sistema de rastreo geo referencial bajo el agua, cuando otros pendejos aún meaban la cama. Y aun así —le mostró la palma abierta— nada de lo que he logrado, será suficiente para dejar que alguien como Adrien entre en mi pecho.

—¿Qué…me quieres decir con eso?

—Mi corazón tiene dueño —sentenció con seguridad, observando a lo lejos al rubio— Félix Graham de Vanily es mi hombre. Lo mío con Adrien es una estúpida obsesión de quinceañera que aún no supero, porque soy una malcriada caprichosa que rechazaron —ok. Lo había dicho. Sin tapujos ni dudas— Se muy bien que lo que estoy haciendo está mal. Y posiblemente lastime a Félix si se llega a enterar —añadió— Pero el también cometió errores en el pasado.

—¿Félix te fue infiel?

—No lo culpo —bajó la mirada, observando el líquido humeante de su taza de cafeína— Luego de mi aborto, nos distanciamos muchísimo. Porque huyó cuando más lo necesité. Y yo, que no supe madurar y perdonarle sus debilidades —dictó— Sabiendo, que era un hombre inestable psicológicamente. Lo hubieras visto luego de la muerte de sus padres…y la partida de Adrien a la guerra. El…no era el mismo.

—No te culpes por dejarlo de lado. Eran malos momentos, amiga —La ecologista acarició su mano sobre la mesa, tratando de entenderle en su máxima expresión— Somos humanos y cometemos errores.

—Lo sé. Y no lo odio. Al contrario —suspiró rendida, retomando su desayuno— Creo que fue una estupidez. Hubieras visto su cara —expresó con diversión— Nunca lo había visto más humillado en su vida.

—¿Lo-Lo pillaste con su amante?

—Oh si —asintió con las cejas elevadas. Se echó una frutilla a la boca— Lo pille cogiendo como un perro salvaje —se mofó, restándole total importancia— Con la señorita perfección, Kagami Tsurugi. Y en su propia oficina. ¿Puedes creerlo?

—¿Cómo un…perro salvaje…? —se llegó a atragantar con lo que le contaba— ¿Qué me cuenta?

—Yes —la fiscal volvió a reír, jactándose de lo ridículo que fue— Ya sabes. Es un decir, demonios —le dio un golpe en el hombro tras notar que no reaccionaba— En la posición esa, de perro. En cuatro. Por dios, Mylene.

—Ah…—suspiró aliviada— Pensé que le hacía a la zoofilia o algo así.

—¿Qué te pasa? —Marinette se deformó— Ve a terapia, carajo.

Mira quien lo dice…

—Pero ya no puedo seguir con esta tontería de niñata —aceptó, tomándose el zumo de sandía de golpe— Volviendo a Paris, esta cosa turbia con Adrien se acabó. Además, me voy a casar con Félix dentro de tres semanas más. Toca madurar.

—Claro…madurar…—no estaba tan convencida.

—Tengo trabajo que hacer —La fiscal tomó su bandeja para llevarla hacia el basurero— Hay un asesino que atrapar.

—¡Espera! —la detuvo— Aún te queda el cereal con leche…

—¿Qué cereal? —lo tiró a la basura sin más— Yo no pedí esta mierda.

[…]

De vuelta en Paris.

—Me encanta el cereal —halagó Dupain-Cheng, masticando el alimento— Sobre todo si es con leche de chocolate. Es mi desayuno favorito. Solía tomarlo cuando iba al colegio.

—¿En serio? —le respondió, encantado con su revelación— Nunca supe que desayunabas. Pero si sé que eras muy estricta con tu dieta.

—¿De verdad? Ni de bromas —bufó, avergonzada de su propia hambre. Ya se había devorado cuatro Croissant, 2 tortitas a la francesa y dos manzanas. Sin contar el baguette y el cereal que ahora degustaba— Mh…perdón. Es que en serio tengo muchísima hambre.

—Es natural, tranquila —rió contento el rubio, bebiendo un sorbo de su café— El sexo da mucha hambre.

—No sabía. Es que yo-…—calló de golpe con las mejillas repletas de comida— Tonta. ¿Qué le ibas a contar? ¿Qué eras virgen? ¡Piensa un poco! —tragó de golpe— Es que yo suelo comer poquito luego de eso jeje…

—Si. Lo sé. Te conozco —arqueó una ceja con sugerente ambición en sus ojos— ¿Sabes cuando fue la última vez que comiste así? Cuando estabas esperando a nuestro bebé. ¿Recuerdas? Dios…una vez te devoraste un tazón repleto de melón con miel. Nunca te vi tan feliz eso si —carcajeó con las mejillas rosadas en felicidad— Eran buenos tiempos. ¿No crees? Cuando…te viniste a vivir conmigo a la mansión —poco a poco, su voz se apagaba conforme continuaba el relato— Este lugar es enorme ¿Sabes? Para una persona solitaria como yo. Estoy rodeado de robots y mi única compañía es mi asistente. No sabes lo feliz que era, teniéndote aquí conmigo. Le dabas vida a este lugar.

—…

—Y siempre decías: "Félix, a esta casa le falta una sonrisa. Una pequeña sonrisita, como la tuya" —agregó, Graham de Vanily. Soltó un quejido melancólico tras finalizar la frase. Probablemente ni él lo notó— Tu hubieras sido una excelente madre, Marinette. Y yo, tu compañero fiel.

—Félix…

—¿Dime?

—¿Puedo hacerte una pregunta? —Ladybug dejó de lado los cubiertos, regalándole una mirada penetrante— Pero prometes responder con la verdad.

—Lo que quieras.

—¿Crees en la magia? —consultó con decisión.

—¿Magia? —el rubio parpadeó atónito con su pregunta— ¿Qué…es eso?

Vale. Supuse que no lo sabría. Pero estoy segura de que este chico…puede llegar a entenderlo— La magia es… —se rascó la mejilla con timidez. A ver. ¿Cómo se lo explicaba? — mhm…como una fuerza sobrenatural, superior a nosotros. Algo que…está ahí, pero que no vemos a simple vista. Vive y existe en el éter.

—¿Éter?

—Si. Como…—chasqueó la lengua, enredándose en sus propias palabras— Ya sabes. Como las partículas subatómicas de las que me hablaste el otro día. Están en el aire, pero el ojo humano no las ve.

—¡Oh! Si. ¿Eso es éter?

—El Éter es…—Marinette estaba haciendo un esfuerzo sobre humano para recordar que, en alguna parte, leyó lo que era la magia— En la antigüedad, era considerado un fluido hipotéticamente invisible. Ya sabes… —tragó saliva— sin peso y elástico, que se consideraba…llenaba todo el espacio y constituía el medio transmisor de todas las manifestaciones de la energía— ¿Lo dije bien? Mierda, Félix está boquiabierto. ¿La he cagado? — ¿Félix…?

—Eso es…química —asintió, comprendiendo a fondo su punto. Y literalmente, se sintió abrumado con tal revelación— El Éter es…un compuesto químico orgánico en muchos estados ¿No? sólido, líquido o gaseoso, en cuya molécula existe un átomo de oxígeno unido a dos radicales de hidrocarburos.

¿Qué mierda me acaba de decir? —pestañeó, aun mas perdida.

—¿Eso es…magia? —consultó, increíblemente estupefacto ante tal relato.

—Eso es magia —¿Creo? Oh dios. Esto será más difícil de lo que creí.

—Entonces si —proveyó Graham de Vanily, esta vez levantándose bruscamente de su silla con las pupilas dilatadas de ansiedad— La conozco. Marinette…creo que sé de lo que me hablas.

—¿De-De verdad…? —ok. Ella estaba aún mas de piedra que él.

—¡Si! —corrió hacia ella y la jaló del brazo— Ven, acompáñame. Te mostraré la magia.

A la madre…—Dupain-Cheng se llegó a tropezar con sus propias piernas muy torpemente— ¡Espera! ¡Tengo un jugo en la mano!

—¡Tráelo contigo! ¡Ven, ven!

¿WTF?

Si. WTF. Siglas abreviadas en ingles que significan: A la verga. Chucha, por la concha del pato. Ok, no. Pero ustedes entienden. Un momento. ¿Félix si conocía la magia? ¿Qué demonios? ¿Pero no se supone que no existía en este universo? Nuevamente se encontraban en el laboratorio escondido tras el librero de su padre. Aunque a diferencia de la última vez que visitó el lugar, el rubio le había llevado a otra habitación, colindante a esa. En ella, una caja fuerte sellada bajo metal de plomo y acero protegía algo que, sin duda, era realmente valioso como para guardarlo ahí. El presidente tecleó unas coordenadas en la pantalla. Luego, un láser verificó el iris de su ojo derecho. Seguido de un escáner que revisó los patrones de la huella dactilar del pulgar derecho. Finalmente, reconocimiento de voz. Ah. Genial. ¿Qué más faltaba? ¿Qué le inspeccionara los pliegues del ombligo? ¡Pero cuanta seguridad, señores!

Tras abrirse finalmente, un vapor gélido emanó del interior. Graham de Vanily extrajo un maletín de material plasmático y lo depositó sobre un escritorio.

¿Qué mierda estás a punto de mostrarme…Félix? —Ladybug se empequeñeció en su lugar, tratando de controlar la ansiedad al beber un sorbo extenso de su juguito— ¿Qué…hay dentro de ese maletín?

—Magia…Marinette —Félix abrió el maletín delante de sus ojos, revelando por fin el contenido en su interior. Cuatro joyas en distintas versiones, se alzaron con perfección frente a ella— Los Miraculous.

Se atragantó con el líquido, expulsándolo de lleno dé la impresión. Literal, roció la pared con el zumo ¡¿COMO MIERDA?!

¡¿QUE ME CUENTAS, FÉLIX?! —Marinette tosió con fuerza, golpeándose el pecho para pretender no ahogarse en el intento de poder respirar mejor— ¡¿Qué?! —aulló. Automáticamente se abalanzó a ellos, choqueada con lo que veía— ¿Estos son…Miraculous?

—¿Los conocías?

—¡Yo! —Oh dios. OH DIOS. Tranquila, Marinette. Inhala y exhala. Esto tiene que tener una explicación. Estos no pueden ser Miraculous. ¡Pero si aquí no existe la magia, coño! —Ay…dios, Félix. ¿Qué es esto? —jadeó, un poco más calmada— No. Pero…leí de ellos en un libro muy antiguo en la biblioteca de Versalles —mintió descaradamente.

—Bueno. Entonces entiendes de lo que te hablo —Félix se sentía sumamente excitado con revelarle su secreto al amor de su vida. Vamos, que ha trabajado duro para llegar hasta aquí— Estos son Miraculous. Bueno…no exactamente como se conocen.

—¿Disculpa?

—Es una recreación de ellos —explicó, con voz templada. Cogió uno de ellos entre sus dedos, mostrándoselo más de cerca— Este es…la recreación del Miraculous de la Abeja —enunció con total profesionalismo— No sé realmente en que libro leíste de ellos. Pero cuando mis padres desaparecieron y entré a este laboratorio, encontré un libro similar a ese. Era una especie de Grimorio por así decirlo. Muy antiguo. En idioma tibetano quizás. O algo parecido. Vi estas joyas y me fascinaron.

—Espera un momento…—Marinette trataba de hilar palabras coherentes antes de cagarla— ¿A qué te refieres con que son recreaciones? ¿No son reales?

—Lo son. Si. Claro —depositó en sus manos, el sujetador de cabello de la Abeja— Pero…no logré nunca encontrar la composición real del "Éter" como tu mencionaste.

—¿Entonces…no son mágicos?

—No sé si es magia como tal —Félix también hacía su mejor esfuerzo para explayarse, sin ser mal interpretado— Pero si el éter es la estructura química que te mencioné, entonces si son mágicos.

—De-Déjame ver si entendí —Madre mía. Tengo la cabeza revuelta— ¿Es magia o no?

—Es química —sentenció el rubio— Ciencia.

—¿Ciencia? —parpadeó, abrumada con lo que le relataba— Entonces si es ciencia… ¿Serían una especie de "Mecha" Miraculous?

—¡Si! ¡Exacto! —agregó exaltado— ¿Puedes creerlo? Por eso los llaman Miraculous. Son como "Milagrosos". Es un milagro de la ciencia —buscó en su bolsillo el anillo blanco que solía portar a diario. Se lo entregó en la palma de la mano— Como este. Este es el Miraculous del gato. Bueno…es un Mecha Miraculous.

No…me…jodas…—Instintivamente, Dupain-Cheng soltó el anillo, dejándolo caer de lleno al piso. Dio cuatro pasos hacia atrás, aterrada con lo que le contaba. Listo. Era imposible de que Félix no reaccionara de manera preocupante ante tal reacción. Eso no era normal.

—¿Marinette…? —consultó asustado el rubio, recogiendo de la superficie metálica la joya— ¿Qué te pasa…? Estás pálida.

Ay no. Ay no, Ay no, ¡AY NO! ¡Félix! ¡¿Tu?! Marinette se vio víctima de un ataque de pánico, soltando el vaso hasta hacerse trizas en el suelo. Apenas si podía regular su respiración. Se estaba comenzando a ahogar. ¿Pero que le estaba contando? Si Félix era el portador del Mecha Miraculous del gato. Eso solo podía significar una cosa. ¿Félix era el asesino de Paris? ¿Félix era Chat Blanc?

—¿Y yo me acosté con él? —soltó en voz alta.

—¿Cómo dices…? —pestañeó despavorido con su reacción— ¡¿Marinette?! —Se desplomó. Marinette Dupain-Cheng, alias Ladybug, la portadora del Miraculous de la creación; se desmayó al instante. Completamente desvanecida— ¡Dios santo! ¡¿Marinette?! ¡Reacciona! —la movió con histeria— No, no, no. No otra vez — ¡Nathalie! —aulló con horror desde el laboratorio— ¡NATHALIE!

—¡¿Señor presidente?! —ingresó Sancoeur, percatándose de la situación. El maletín abierto. La joya de la abeja en el suelo. Marinette desmayada. Félix en estado de shock— ¿Félix, que hiciste?

—Ella tocó la joya —reveló el rubio, con lágrimas en los ojos— No sé qué pasó. Creo que Marinette sufrió un ataque de anafilaxia.

—¿La fiscal estuvo en contacto con un Miraculous? —Nathalie se veía más preocupada por guardar la joya que ayudarle. Cerró el maletín y lo almacenó nuevamente en su zona— ¿Qué hacías mostrándole esto? ¿Estás loco?

—¡Nathalie! —berreó, despavorido— ¡Ayúdame a llevarla arriba, joder!

—No debiste.

—¡¿Qué te pasa?! —protestó, en histeria— ¡Es una orden!

—Esto te costará caro —advirtió con la mirada fundida en sus anteojos— Bien. A la orden, señor presidente —le auxilió, sujetando a la chica por las axilas.

De mala gana, la mujer le brindó su apoyo llevándola hasta la recamara que le tenían preparada de ante mano. La recostaron en ella y con la ayuda de algunos droides, le brindaron paños fríos en la frente y en el pecho. Marinette estaba inconsciente aún. Y para un angustiado Félix, solo le tocaba rezar para su recuperación. Se mantuvo a su lado en todo momento, demandando que fuese conectada a un tubo de oxígeno puro y dos sueros de hidratación. ¿Acaso era nuevamente su culpa? Apretó los puños con fuerza, observando nuevamente el anillo en su dedo anular. Estaba cabreadísimo. ¿Por qué no lograba ser feliz de una buena vez? Su futura esposa por fin le comprendía y hablaba casi su mismo idioma. Ella entendería tarde o temprano su propósito. Ella tuvo acceso a sus secretos más íntimos. A los Mecha Miraculous. Claro. Lo que Félix desconocía por completo dentro de su infinita ignorancia y amor desaforado, era que esa muchacha no era la fiscal Agreste. Su nombre era Marinette Dupain-Cheng. Ladybug. Y a diferencia de la verdadera futura novia…ella si conocía la verdadera identidad del homicida más grande de Neo Paris. Chat Blanc.

[…]

—¡MI LADY!

Adrien Agreste se despertó violentamente, de un sueño profundo que creyó era una verdadera pesadilla. No. Ni tanto. Había llamado a su heroína dentro de su corazón. Puede que en este universo no existiera la magia. Pero el lazo mágico que unía a ellos dos, era algo que ni aquí ni en mil universos más cortarían tan fácilmente. El rubio sudaba a gotas gruesas, con la respiración a mil por hora. El sonido de la maquina estabilizadora repicaba en sus oídos. Tenía la presión altísima. Pip, pip, pip, pip, pip. Los primeros en ingresar a la habitación fueron el cirujano de turno, su enfermera y Alya Césaire, quienes alertados por su abrupta recuperación no dudaron en ir a su rescate.

—Mi lady está en peligro —reveló Adrien, con el horror dibujado en su rostro— Tengo que ir con ella.

—Tranquilo —le atajó el especialista, tomándole de los hombros— Tus heridas terminaron de sanar hace poco. Aun te faltan dos días de recuperación.

—¿Dos días? No —protestó el rubio, intentando quitarse los cables del pecho— Me tengo que ir. Debo ir por Ladybug.

—¿Ladybug? —juzgó la enfermera, haciéndose la desentendida— ¿Quién es?

—¡¿Están gastándome una broma?! —aulló colérico Agreste— ¡Porque el bromista aquí soy yo! ¡¿Dónde está mi lady?!

Cálmate, Adrien Agreste —interrumpió Alya, con su distintivo café en la mano— Ladybug está bien.

—¿Adrien? —se observó así mismo, espantado de lo que presenciaba— No, no, no ¡No! —se cubrió con las sábanas— ¡No vean! ¡¿Dónde está mi traje?! ¡Ustedes no pueden-…!

—Sabe tu identidad secreta. Lo sé —rezongó la teniente. Bastó con que hiciera un gesto visual para que los doctores hicieran abandono de la sala. Ella se encargaría de la situación a partir de ahora— Si te calmas, podría ayudarte.

—No confío en ti —frunció el ceño.

—Eres sin duda el verdadero Chat Noir —bufó, sentándose sobre una silla a escasos centímetros de su camilla— Pero te diré una cosa. Ladybug ya me lo contó todo.

—¿Cómo?

—Si que si —expresó con tranquilidad, bebiendo un sorbo de su bebida— Ladybug ya me contó la verdad. Se de dónde vienen. Quienes son. Y lo que es mejor…—siseó con picardía— conozco sus identidades secretas.

—¡¿Qué dices?! —berreó aún más molesto— Ok. Siéntete bien con la información entonces. Porque yo también se quién eres.

—Soy Alya Césaire —se encogió de hombros, haciendo amago de naturalidad— Soy la mejor amiga de Ladybug en su mundo. O, mejor dicho: Rena Rouge —Adrien calló de golpe, permaneciendo tranquilo antes de cagarla— Tranquilo. Ladybug me advirtió de tu personalidad…un tanto "impulsiva". De hecho, me dijo que cuando despertaras posiblemente irías tras ella sin dudarlo. Pero tú ya sabes de mi historia por allá ¿No? —farfulló— Tú sabes que Rena Rouge es Alya y su novio Nino es Carapace.

—Vale —apretó los labios con impotencia— Bueno, ella me conoce —espetó sin vergüenza— Yo confío en Ladybug.

—Ciegamente.

—Exacto —sentenció el Agreste— Y si realmente quieres ayudarnos, me dirás dónde está.

—Conozco la identidad de Ladybug, así como la tuya, Adrien —reveló con soberbia la morena, cruzando una pierna sobre la otra— No te diré quién es, obvio. Pero si te puedo asegurar que ella se encuentra ahora mismo en una misión encubierta sumamente importante para descubrir, quien es el asesino.

—Yo sé quién es el asesino —aseguró con firmeza.

—¿Joh? ¿En serio? —contestó con sarcasmo— ¿Y quién es, según tu?

—Félix —decretó— Félix Graham de Vanily. Él es Chat Blanc. Y el asesino en serie que buscan.

¿Qué me cuenta este mocoso? —Alya estrujó las cejas entre sí, haciendo añicos el vaso de papel que sujetaba en las manos— Esa es una acusación muy grave, niño.

—No necesito llevar una investigación a cabo para saberlo —expresó Adrien, apretando las sábanas con ímpetu— Conozco a mi primo como la palma de mi mano. Se que él es el asesino.

—¿Félix es el primo de Adrien?

—No. Félix es el hermano de Adrien en este mundo —se defendió— Pero en mi mundo es mi primo hermano. Sé que él es Chat Blanc.

—¿Y tú, como lo sabes? —refutó, levantándose de la silla con aires de amenaza.

—Porque me enfrenté a él —declaró el portador del Miraculous de la destrucción— Quiso matarme, lo sé. Pero es el. No pude decirle nada a mi lady porque el maldito me apuñaló —agregó con desazón— Y heme aquí…hablando tonterías contigo.

—¿Tienes pruebas?

—No. No las necesito —expresó— Ok. No soy muy inteligente. Pero créeme que soy muy suspicaz —aseveró con firmeza el portador de Plagg— Pero si me ayudas a salir de aquí, se las daré a Ladybug. No cabe duda alguna que ella ya habrá investigado lo suficiente como para saber quién es Chat Blanc. Mi lady nunca se equivoca.

—Adrien, si lo que me dices es-…

—Chat Noir —le corrigió— Mi nombre es…Chat Noir.

—Chat Noir —repitió, quitándole las sondas y los cables de encima— Si lo que me dices es real…Ladybug corre peligro.

—¿Qué quieres decir?

—Que…—abrió la puerta de la habitación de golpe— Mas te vale correr y darte prisa.

[…]

Burdeos, ciudad vitivinícola de Francia.

El presidente de la nación se dirigía a sus congregados, en una habitación a puertas cerradas. La paciencia comenzaba a agotarse para él, ya que a solo diez minutos antes de comenzar con la asamblea, se enteraba que les habían llegado rumores a los gobernadores de Lyon, Reims y Marsella acerca del asesino. Ciudades importantes para la industria económica del territorio. Intentó recalcar una vez más, el peligro que representaba para los negocios el hecho de que hubiera un sujeto suelto por ahí, matando miembros del consejo nacional de seguridad. Roger Raincomprix era un pez gordo. Principal voz en las decisiones que se tomaban a la hora de desarrollar tecnología armamentista. Incluso con todas las medidas de seguridad, había sido asesinado brutalmente en su propia casa.

—Es inaceptable —berreó André Bourgeois, líder del país— Ustedes son mis máximas piezas en parís y no puedo creer que, a la fecha, aún no tengan nada.

—Papi —alzó la voz Klaus, percatándose de lleno que debía retractarse— Quiero decir…ejem, señor presidente. Créame que hemos hecho lo imposible para rastrearlo.

—Tu ineptitud no me complace, alcalde —le regañó el mayor— Tu mejor que nadie debería asegurar la seguridad de la capital. Era tu misión.

—¡Es lo que hice! —espetó el rubio, señalando con el dedo a la Prefecta— Hasta que la señorita Alix aquí presente, se le ocurrió la brillante idea de revelarlo a la prensa.

—¡Y era lo correcto! —masculló hastiado el máximo exponente del territorio— ¿Qué pretendías? ¿Seguir ocultándolo hasta que nos matara a todos? —a lo que el menor de los Bourgeois guardó silencio.

—Con todo respeto, señor —Alix Kubdel tomó la palabra frente a la junta— Estamos a muy poco de averiguarlo. Tenemos inspectores detrás de un sospechoso y creemos que él nos llevará hasta el culpable.

—General, yo confío en usted —reveló André, cruzando los dedos con actitud rigurosa— Usted es severa y profesional en su trabajo. Pero me viene diciendo esto hace un año. Y ya no puedo seguir perdiendo el tiempo así.

—Esta vez es distinto —aseguró la pelirroja— La semana pasada pudimos obtener un contacto directo con una pista clave para encontrarlo —observó a sus compañeros de mesa— Con la fiscal aquí presente y el comisario, le vamos a garantizar los resultados favorables que esta investigación dará.

—Arh…—exhaló frustrado el peliblanco, bebiendo un vaso de agua para sosegar un poco la tensión del momento. Ya más apaciguado, pudo añadir— Les di un mes como plazo. No hay más. Y es mi última palabra.

—Si, señor presidente —aceptó con humildad la veterana de guerra— No le defraudaremos.

El dispositivo celular de Adrien Graham de Vanily comenzó a vibrar dentro de su bolsillo. En medio del silencioso receso que se formó en aquel salón, todos notaron la urgencia con la que tendría que contestar esa llamada. El comisario se levantó de su silla, disculpándose por la intromisión y salió del recinto para atender. Como odiaba que le interrumpieran. Iba a apagarlo sin dudar, pero tras ver el nombre que citaba la pantalla supuso que algo no estaba bien. Así que tomó la línea.

—¿Nathalie?

—Adrien —murmuró del otro lado— ¿En dónde estás?

—En una reunión —siseó molesto— Así que más te vale que sea importante, porque no puedo hacer esperar demasiado a los presentes.

—Tenemos problemas —le insinuó Sancoeur— Su hermano Félix le ha revelado las joyas a la fiscal Agreste.

—¿Cómo dices? —Adrien se heló por unos segundos— ¿Tu como sabes eso?

—Yo estaba ahí —le reveló con desazón— Le ha contado sobre la existencia de los Miraculous a Marinette —tragó saliva aún más nerviosa— Y lo que es peor…temo que le revele lo del anillo también.

¿Entonces…Marinette lo sabe ya? —El rubio parpadeó atónito con lo que le contaba, entreabriendo la puerta de la sala para observar a la ojiazul. Ella no parecía mostrarse conocedora de tal secreto. De lo contrario, lo hubiera manifestado en la reunión— No tiene sentido. ¿Marinette estaba ahí?

—Está en la mansión —evidenció finalmente— Sufrió un desmayo tras la noticia.

—¿La fiscal Agreste está…? —instantáneamente guardó silencio. Por supuesto que eso era imposible. No podía estar en dos partes al mismo tiempo. Ahora comprendía un poco mejor el plan de Alix. La chica que estaba en la mansión, no era Marinette Agreste. Si no…— Ya veo —Ladybug…—exhibió en su mente. Adrien frunció el ceño con ira, apretando los puños de lo tempestuoso que se sentía. Le hervía la sangre, por el solo hecho de haber sido engañado— Maldita seas, Alix. Te lo tenías bien guardado.

—¿Señor? —insistió Nathalie del otro lado. El mutis le estaba haciendo sentir muy incómoda— ¿Sigue ahí?

—Estoy acá.

—¿Qué hacemos?

—Escúchame, Nathalie —expuso en tono amenazador— Por nada del mundo pierdas de vista a Marinette. ¿Queda claro? Mantenla en la mansión. Al menos hasta que yo vuelva a contactarte —adicionó— Por el momento, quiero que te contactes con Levillant y me agendes una reunión.

—Adrien —balbuceó con timidez— Con respecto a eso…Félix me ha estado preguntando también

—¿Cómo dices? —gruñó.

—No lo sé. Creo que se enteró que tenemos un contrato con el laboratorio sin que el lo haya firmado —indicó del otro lado de la linea— Me temo que descubrirá todo.

—Tienes que evitarlo ¿Me oyes? —rezongó, cubriéndose la boca con la mano al teléfono— ¡Tienes que evitarlo como sea!

—Me tengo que ir. Ya viene.

—¡Espera! —le cortó— ¡Mierda! —Graham de Vanily vociferó para sí mismo, con la mirada enrojecida de colera. Estaba todo sumamente bien planeado. ¿Cómo mierda se le metieron en sus propias narices? —Ghg…—apretó los dientes con fiereza— Hijos de puta…

[…]

—Nathalie —Félix ingresó a su despacho, acomodándose el anillo nuevamente en el dedo anular— Prepara mi auto. Voy a salir —acto seguido, cogió una Tablet, varios papeles, un par de dispositivos y carpetas dentro de su maletín— Te quedarás cuidando de Marinette. Ella está estable. Pero posiblemente despierte. Y si eso llega a pasar mientras yo no esté, no dejes que salga de la casa.

—Eh…se-señor. ¿Pero a dónde va? —consultó inquieta. Le observó muy apremiado con el tema. Incluso, llegó a revisar la hora en varias ocasiones— ¿Y a que se refiere con eso? ¿Desea que la encierre o algo así?

—Tengo una reunión con el informático —masculló, encaminándose hacia el pasillo— Pero eso ya deberías saberlo. Tú eres mi asistente. No bromees con eso —se acomodó la chaqueta— No. No la encierres. Solo…haz lo que tengas que hacer para que no se mueva hasta que vuelva. Tenemos que hablar.

—¡Es-espere! —la fémina intentó detenerle, pero este literalmente se esfumó en dirección al estacionamiento— Tch…mierda —marcó un numero en su móvil al chofer— Trae el coche. El presidente va a salir.

Félix comenzaba a sentirse agobiado por la fuerza que ejercía el anillo en su dedo. Luego de la terrible reacción por parte de su futra esposa, dudaba de si su dominio era apto de ser compartido con ella. Aunque por primera vez en años, se sintiera tan comprendido y acobijado. Dentro de su mente, solo podía afiatarse a la idea retorcida de pasarla a su bando. Marinette comprendía que era un Miraculous y el cómo su composición llamada "éter" o magia, le otorgaba la facultad para mejorar su calidad de vida. Confiaba en ella. No tenía miedo alguno. Ahora ambos, serían parte del mismo jardín secreto.

El presidente de VanilySky se reunió con el ingeniero Nathaniel Kurtzberg, a las afueras de la planta Oeste de la industria. Ambos firmaron un par de papeles, sobe el capó del auto y cerraron el trato; en un apretón de manos del que todos desconocían por el momento. Tras regresar al vehículo, se desplazaron en dirección a Laboratorios Levillant. El magnate de la cibernética, había agendado una reunión secreta con la presidenta del conglomerado farmacéutico. Todo esto…a espaldas de su propia asistente. Les recibió en su oficina, una muchacha que vestía en todo momento una bata blanca. Les ofreció amablemente una taza de solución alcalina y esparció por el escritorio, una serie de archivos y documentos digitales que podía proyectar en la tableta de su pantalla.

—Creí que no lo volvería a ver, presidente —comentó de manera jovial, Rose Levillant— Desde nuestra última reunión hace dos años —bebía un sorbo de su café— De igual forma, estoy muy satisfecha con los resultados obtenidos. Este año y gracias a las lavativas comerciales que VanilySky inyectó en nuestra bolsa, nos superamos en números verdes.

—Me alegra mucho que nuestro trato haya dado frutos tan productivos, señorita Rose —Félix le ordenó con la mirada al pelirrojo, que comenzara de inmediato con la reclamación de los datos sobre la mesa. Rápidamente, abrió su computadora para traspasar y analizar los archivos— No quiero parecer grosero ni mucho menos descortés con su hospitalidad. Pero lamentablemente no he venido aquí para darle tan buenas noticias.

—¿Eh? ¿Qué ha pasado? —consultó preocupada.

—¿Ve al muchacho que me acompaña hoy? Es mi nuevo ingeniero informático —se lo presentó, respondiendo con una sonrisa sínica— Gracias a él, pude detectar un flujo excesivo de fondos de mi compañía, hacia otros mercados de los cuales, yo no tenía conocimiento.

—¿Cómo dice? —agrandó los ojos, impresionada— Dios mío. Eso suena terrible. ¿Quiere decir que sufrió un robo?

—Sospecho que fue algo más que solo un robo —reveló Graham de Vanily, revolviendo con una cuchara su bebida— En realidad, creo que es algo así como una "inconsistencia" en firmas. ¿Me explico? —la muchacha se mostraba bastante confundida con el relato. Negó con la cabeza— Alguien ha estado suplantándome.

—Oh…—Rose se cubrió los labios, espantada— Madre mía. ¿Y ya encontró al culpable?

—No realmente —murmuró con los labios sobre la taza— Pero créame, que no tengo duda alguna de quien pudo haberlo hecho. "Culpable" es una palabra muy fea.

—No. Claro. Por supuesto que sí.

—Entonces no me parece producente llamarle como tal. Mas bien…—frunció el ceño con amenazante tono de voz— Es una rata entrometida.

—Lo tengo, señor —manifestó Nathaniel, seleccionando un archivo de video sobre la pantalla— ¿Debo mostrarlo?

—Adelante —Félix dio una probada de su café— Para eso te pago.

—Estas son las cámaras de seguridad de su despacho, señora Levillant —le mostró Kurtzberg sin mayores miramientos— Esta es la reunión del código 2348. El hombre que se junta con usted, utiliza una huella dactilar del patrón RB negativo. Incompatible con la del presidente.

—¿Me-Me ha hackeado? —masculló molesta y a la vez, muy intimidada con lo que observaba— ¿Qué significa esto? ¿Cómo que huella incompatible?

—En pocas palabras, Rose —sentenció el ojiverde, fulminándola con la mirada— Ese de ahí, no soy yo. Es mi hermano Adrien, haciéndose pasar por mí.

—¡¿Cómo dice?! —se levantó de su silla, completamente ultrajada— ¡¿Me está tomando el pelo?!

—No. Y si quisiera hacerlo, no estaría aquí —expresó incisivo en sus palabras— En realidad he venido hasta acá para finalizar nuestro contrato. Dado que yo, jamás firmé nada con esta empresa. No estoy interesado en la industria farmacéutica.

—¡Esto es inaceptable! —berreó la muchacha, insinuando la tentativa de presionar el botón de emergencia debajo de su escritorio— Llamaré a seguridad. ¡Ustedes son unos sinvergüenzas! ¡¿Me han estafado?!

—El contrario —Félix se bebió la bebida de golpe, regresándole la taza completamente vacía— La que me ha estafado es usted, Rose. Fui víctima de fraude. Y si yo fuera usted —rezongó— No presionaría ese maldito botón.

La muchacha se paralizó, desde los pies hasta la cabeza. Se había metido en tremendo forro y nada bueno de ello saldría si continuaba dándole guerra. Su contrincante había venido decidido a destruirle de ser necesario. Los tratos burocráticos y formales, terminaron por extinguirse entre ambos. El aire se volvió denso de respirar. La tensión en el ambiente le imposibilitaba tomar represalias, ya que el chico tenía razón. Quitó el dedo del lugar, exhalando con fuerza para intentar mantener la calma.

—Ok. ¿Qué procede ahora entonces? —tragó saliva con dificultad, sentándose nuevamente en su asiento— ¿Qué quiere? ¿Me va a demandar?

—Tranquila. No hace falta —agregó Félix, levantándose para acomodar los botones de su chaqueta— No presentaré cargos. Mas que mal, ambos fuimos timados de cierta forma. Solo quiero que sepa, que nuestro contrato con Laboratorios Levillant queda oficialmente revocado —proveyó, cogiendo del escritorio la carpeta que contenía el archivo de su tratado— Espero haya disfrutado de sus ganancias y números verdes, mientras duró —le regaló una reverencia antes de salir de la oficina— Agradezco su tiempo en recibirnos. Y…muchas gracias por el café. Estaba delicioso —remató con una sonrisa astuta— Hasta nunca, señorita Rose.

Que bastardo…—pensó la rubia, con toda la impotencia del mundo sobre sus hombros. Golpeó con sus puños la mesa, conteniendo las ganas de matarlos. A el y a su jodido hermano.

Félix y Nathaniel regresaron al estacionamiento con total calma luego de su cometido. El presidente, le entregó la carpeta al muchacho ordenándole hacerla desaparecer del mapa. Ambos habían firmado un trato de confidencialidad que involucraba literalmente la vida del bermejo. Esta vez, no se arriesgaría a contratar ingratos como lo hizo con el traidor de Luka Couffaine. Ni una palabra de esto a nadie. No levantaría cargos contra su propio hermano. Pero si dejaría en claro, que a partir de ahora…no era bienvenido en su vida.

—¿A dónde vamos ahora…señor? —consultó tímidamente el informático. El ojiverde se desplazaba de un lugar a otro un tanto irritado. Si bien había ganado el duelo, algo le seguía picando como un zancudo rezongando molesto en su oído— ¿Don Félix?

—¿Tienes la información que te pedí? —farfulló colérico el multimillonario, prendiendo su pipa para fumar.

—Si, señor —asintió sumiso, mostrándole en la pantalla de su tableta lo recopilado— Hackie la cartera electrónica del ordenador del comisario Adrien como ordenó. Descubrí muchas cosas inquietantes.

—Dímelas todas —demandó— Y Nathaniel —sugirió— No omitas nada, carajo.

—Jamás, señor presidente —el ingeniero tuvo que tragar algo de saliva antes de poder relatarle sus hallazgos— En general, encontré muchos recibos a nombre de la compañía VanilySky. Usados todos desde su panel de créditos, claro. La mayoría son de transacciones en habitaciones de recreación adulta.

—¿Qué mierda es eso? —pidió aclararlo, mientras exhalaba el humo de su tabaco. Ni si quiera se molestó a verlo a los ojos. Félix parecía un león enjaulado— En mi vida he oído de algo así.

—Habitaciones de hotel para concretar el coito con mujeres, señor —reveló. Alias: Moteles.

—No me extraña —chistó con ironía el magnate— Adrien es adicto al sexo, desde que éramos adolescentes. Traía chicas a la casa y fornicaba con ellas aun sabiendo que yo dormía en la habitación de al lado. Es un desvergonzado —inspiró de la boquilla de su cigarro— ¿Algo más?

—Eh…sí. Hay más —continuó el bermejo— También hay pasajes de avión en distintas fechas, a muchos lugares. Compras en restaurantes. Mucho movimiento en tiendas para ropa femenina.

—Ah. Genial. Además de cogérselas, las lleva a cenar, les regala vacaciones y las viste —rodó los ojos, hastiado— Esto no me sirve, Nathaniel. Necesito información que me afecte. No saber qué hace en su tiempo libre.

—Esto le afecta, señor. Estas compras se hacen a nombre de la compañía —comentó el ingeniero con preocupación.

—¿Y eso que? —Félix soltó el humo de su pipa con aún más fuerza. Se tomó la sien con la diestra— Adrien es dueño de la mitad de la empresa. Es mi hermano, joder. Necesito algo más. ¡Algo!

—Aquí encontré anomalías —indicó Kurtzberg, mostrándole inclinaciones al alza en sus cuentas— Que comenzaron a registrarse hace dos años.

—¿Solo hace dos años?

—Si —agregó— Ha estado usando grandes sumas de créditos para la compra de medicamentos, alcohol y pago a proveedores no registrados en la banca nacional.

—¿Hablas de tráfico? —Ojo con eso.

—Si. Muchísimo tráfico —le manifestó Nathaniel, deslizando el dedo para indicarle sobre la fuente— Todos en el distrito suburbano. Son movimientos ilegales. Adquisición de fármacos, drogas en su mayoría. Pago de contribuyentes mafiosos y extorción.

—¿Qué dices? —Graham de Vanily se detuvo de golpe, tragándose el humo de la impresión. Se abalanzó a él, mirando la pantalla— ¿Y estos números en rojo de acá? ¿Qué son?

—Eh…—masculló con dejo de miedo en sus labios— Son…transferencias directas.

—¿Hacia quién?

—Hacia…—apretó los labios, compungido con lo que diría— Hacia el ID 13265. Titular…

Marinette Agreste —Vale. El solo se había respondido. No había que ser un genio para saberse el número de serie de su prometida— ¿Qué me cuentas? —se expulsó al muchacho, atrapándole del pecho con impulso— ¡Habla!

—¡Se-Señor! ¡Yo solo le muestro lo que vi!

—¡¿Qué insinúas?!

—¡Nada señor! ¡Lo juro! —se estremeció aterrorizado.

—¡¿Adrien le ha mandado dinero a mi novia?! —le interpeló, con los ojos saltones y las venas salientes— ¡¿QUE ME DICES?!

—¡Le juro que no sé nada, señor presidente! —se defendió como pudo, dando dos pasos hacia atrás del pánico que sentía. Nunca le vio en su vida tan enojado— ¡No lo sé!

—Nathaniel…—Félix soltó un gruñido animal, sintiendo como su dedo anular palpitaba con fuerza. El anillo. El maldito anillo, le llamaba desde el interior— ¿Cuáles son los motivos? ¡Dímelo!

—¡Aquí dice y cito! "Para que puedas sobrellevar tu perdida. Haz feliz a mi hermano" —negó espantado el bermejo— ¡No hay más!

—Gnh…—le soltó finalmente, empujándole hasta dejarle caer al suelo. Acto seguido, Graham de Vanily se acomodó el cabello, recobrando la cordura al pedo— Súbete al auto.

—¿Se-Señor…?

—¡Que te subas, mierda! —le ordenó, convertido en un verdadero energúmeno humano.

¿Qué más podía hacer? Si no obedecía, sería comida para los peces. Nathaniel Kurtzberg regresó al automóvil. Félix Graham de Vanily le ordenó al chofer conducir hasta el distrito suburbano. Nadie se esperaba lo que ahora…acontecería. En el instante en que el vehículo se estacionó en un callejón lúgubre y mal oliente del peor cuadrante de Paris, el pobre informático no pudo hacer más que temblar. Temblar y temblar, con las manos sobre los muslos y la cabeza cabizbaja, cual esclavo sumiso. Su expresión facial revelaba el horror de sentir su vida colgando de un hilo demasiado fino para él. Había escuchado historias sobre el presidente de VanilySky. Pero el, que llevaba una trayectoria de años trabajando de joven incluso con sus padres, nunca llegó a sospechar de lo que sería capaz. El rubio le exigió la lista de mafiosos y transacciones ilegales que el mismo le había revelado de manera inocente. Intentaba ser profesional con él, dado el sueldo que le pagaba. ¿Pero por qué ahora mismo dudaba de concedérsela nuevamente? Si bien titubeó al principio, ver el rostro desfigurado del rubio le acobardó tanto, que no tuvo más opción que entregársela sin chistar. Amedrentado por su salvaje dicción, se quedó dentro del asiento trasero del carro. Rezando por lo peor, Félix descendió del coche, con toda la intención de acabar con sus problemas.

Esa noche…se desató la masacre más grande de toda Neo Paris jamás antes vista. Nadie pudo predecir lo que allí se desató. Fue una ola de violencia desmedida en la que ni el más valiente, se hubiera salvado. El primer cadáver cayó sobre el capó del auto. El chofer no se inmutó. ¿Acaso estaba acostumbrado? Tras presenciar aquello, Nathaniel se cubrió los oídos y cerró los parpados con horror. El esfínter se le soltó. Tuvo que salir del auto para poder orinarse en los pantalones. Si ensuciaba el tapiz posiblemente sería la siguiente víctima. La noche se tiñó de tenebrosidad.

Kurtzberg se fue de rodillas al suelo, incapaz de poder creer lo que estaba escuchando. Gritos, alaridos, suplicas. La gente de las calles huía aterrada por sus vidas. Debía grabarlo. Debía…hacer algo. Se acomodó una cámara indiscreta en su chaqueta y esperó. Cuando profesó que el silencio en las calles le daba la razón y todo había acabado, desde el interior de una disco que citaba: La suite, emergió una criatura no humana vestida de blanco, con apariencia felina y las garras salpicadas en un líquido espeso de tono carmesí. Un hombre pasó corriendo aterrorizado delante de ellos. Pero aquel animal no le dio cuartel, desgarrándolo por completo en el intento. Sus tripas acabaron esparcidas por el pavimento, haciendo lloviznar…un aguacero de sangre que bañó desde el pelo hasta los pies al asesino. Era lo más cercano a presenciar una película de terror. Y todo…quedaría grabado en su cámara oculta.

Padre que estás en los cielos —invocó Nathaniel.

Aquella abominación escuchó sus rezos, clavándole una mirada azulada penetrante; aguda. ¿Era su fin? ¿Iba a matarle también? Para su sorpresa, aquel monstruo se relamió los dedos, saboreando con sensualidad la sangre de sus pulgares. No. No pretendía hacerlo. ¿De dónde había salido tal fenómeno? ¿Félix había invocado algún ser inter dimensional para matarlos a todos? ¿O ese era…?

—¡Ah! ¡DIOS! —se estremeció. La criatura se había abalanzado hasta el, sintiendo el calor que emanaba de sus pies. Era como un traje de gato blanco. Nada más similar a una máquina de matar— Por favor. No me mates…te prometo ayudar en lo que pidas —imploró por su vida— Tengo una religión. Creo en dios. ¡Soy cristiano!

—¿Cristiano? —gruñó el sujeto, dibujando una sonrisa morbosa riada de transgresión— ¿Qué mierda es eso? —espetó— El humano ahora me pertenece. Y no hay nada que tu "Dios" puedas hacer al respecto. Eres débil. Una partícula —decretó— Este cuerpo es mío.

—¿Cuerpo…? —cuestionó aterrado el pelirrojo, armándose de valor para tan solo alzar la vista y mirarlo a los ojos— ¿No eres un hijo de dios?

—Soy Chat Blanc —masculló con voz bestial— Este sujeto es una verdadera alimaña. Como tú, basura.

—¿Qué eres…? —espetó el pelirrojo con pavor— ¿Un simbionte apoderándose de su portador?

Soy tu peor pesadilla —carcajeó finalmente— ¡JAJAJAJA! ¡Este es el poder de los Miraculous! —le sujetó del pescuezo, empujándolo contra la puerta del vehículo— Entra de una vez, bastardo. Aún tenemos cosas que hacer.

—¡Arg! ¡No te tengo miedo! ¡Mi dios me protege! —protestó Nathaniel de vuelta, siendo expulsado al interior del carro, Se golpeó la cabeza de lleno contra el pasa manos— ¡Te irás al infierno!

—¿De qué hablas? —el muchacho de traje blanco se relamió los labios, saboreando con agrado metálico de la sangre en el paladar— ¿Infierno? Pero si ya estamos en él.

Sin llegar a inmiscuirse en la matanza, el chofer condujo en dirección hacia Industrias KSG. El informático había firmado su sentencia de muerte, en el mismo instante en que le reveló toda la información hackeada del ordenador del comisario. Chat Blanc observaba un video en la tableta, del como su propio hermanastro disfrazado de él, le hacía una visita indiscreta a la presidente de la compañía, Kagami Tsurugi. Vale. Entonces el maldito también se había involucrado con su mano derecha a espaldas de él. El odio creció, conforme alimentaba el poder del anillo en su dedo. Le parecía una lástima lo ocurrido. Un hecho lamentable, ya que sentía mucho aprecio honorifico por la japonesa. Tantos años de trabajo, tirados por la borda. Negó con la cabeza, chasqueando la lengua en un gesto amargo. No permitiría más traidores en su vida. Amarró al hacker por el cuello, con un collar eléctrico durante el camino. Era una manera segura para que no pudiese escapar de su vista. Al más mínimo movimiento: Boom. Y que ni se le ocurriera llamar a alguien. Porque lo último que verían de él, sería un trozo de dedo.

El auto aparcó detrás del edificio, en lo que Chat Blanc se encaramaba por las ventanas y balcones, cual gato rústico escalando una montaña. ¿Para qué entrar por la puerta principal si puedes simplemente deslizarte al interior sin ser visto? Dio a parar con el laboratorio armamentista del inmueble, quebrando el vidrio de un puñetazo para ingresar. El lugar estaba en completa oscuridad, pero no implicaba un desafío para quien, está dotado de una visión nocturna casi perfecta. Sobre un pedestal de metal, descansaba un artefacto con forma de bastón, justo dentro de una cúpula de cristal. Era el dispositivo que rechazó la junta nacional de seguridad. Y que él, añoraba tener desde hace un tiempo.

—E voila…—Destrozó el cristalino transparente de una patada certera, haciéndose al fin de él— Gracias, Kagami. Eres tan servicial como siempre.

Una vez conseguido su objetivo, regresó al extrínseco del complejo, trepando un poco más hasta llegar al postremo piso. La oficina de la nipona. Por esas horas, Tsurugi se despedía de una video conferencia con su madre. Tomó su chaquetón largo y apagó el computador. Aunque no sin antes, llegar a sentir un quejido desde el exterior de su puerta. Un golpe certero y un gruñido humano. ¿Qué había sido eso? Le alertó sin duda. Eso no había sonado normal. Ya no se sintió completamente sola en su despacho. Maquinalmente, tomó la Katana que yacía sobre un estante en forma de adorno y la sujetó entre sus dedos, dispuesta a desenvainarla de ser necesario.

La puerta se deslizó hacia a la derecha, revelando la presencia del guardia de seguridad que solía apostarse en la entrada. Relajó los músculos.

—Por dios, Hiroshi —exhaló más aliviada al verle— Me asustaste. Creí que-…—El cuerpo del hombre se desplomó al instante, bañando la alfombra en un charco de sangre que se expandía raudo sobre el piso. Estaba muerto. Falsa alarma. Esta vez, desenfundó la espada sin vacilar— ¡¿Quién está ahí?! ¡Sal de una vez!

—¿Sabías que, en la antigua Grecia, los escultores más eruditos de la época —enunció una voz, desde el interior del pasillo— solían hacer estatuas de hombres con penes pequeños? —Chat Blanc se asomó en persona, jugueteando con el bastón en sus dedos— Esto debido a que consideraban que la virilidad del hombre no va en el tamaño de su miembro, si no en su capacidad cerebral.

—¿Quién…demonios eres…? —gruñó Tsurugi en modo defensivo, sin entender un carajo.

—Los griegos eran sin duda personajes interesantes —continuó su relato, lanzándole la tableta a los pies con un video en ella— Ellos realmente crían que mientras más grande el pito, más pequeño el cerebro. Y creo que tenían razón.

—¿Qué estás…? —Kagami observó el registro visual a sus pies. Muy comprometedor por lo demás. Eran ella y Félix, intimando en su despacho. No pudo responder del todo. Apretó los labios, con el rostro ruborizado del espanto.

—Hay como…—rodó los ojos con soberbia— 20 centímetros de diferencia entre Adrien y yo. Pero de masa encefálica.

—¿F-Félix…? —cuestionó anonadada la muchacha, sin llegar a soltar el arma— ¿Qué estás haciendo? —pudo notar como cargaba el bastón retráctil que ella había diseñado para el— ¿Te lo has robado?

—Mhm…—Chat Blanc chasqueó la lengua con obviedad— Digamos que no es un robo si es mío. Lo he tomado prestado, para uso recreacional —le guiñó el ojo.

—Lo sabía —masculló la pelinegra, con la mirada atestada de colera— Sabía que mis deducciones eran ciertas. Félix, estás usando el Miraculous del gato —reveló— Debes quitártelo. Te ha alterado. ¡Este no eres tú! —iba a lanzarle otra advertencia, pero la velocidad sobrehumana con la que se le abalanzó, no le dio chances si quiera para defenderse. Graham de Vanily le había quitado la Katana, dejándola reducida sobre sus rodillas contra el suelo— ¡Arg! ¡Félix! ¡Reacciona!

—¿En verdad creíste que era yo? —la sujetó del cabello, empujándola a ver el video con lujo y detalle— ¿En verdad eres tan estúpida como para pensar, que me acostaría contigo? —bufó en tono morboso— ¿No te da vergüenza? ¿Dónde está tu honor, Kagami? —añadió, alargando el bastón hasta convertirlo en una guadaña.

—¡Félix! ¡Te está manipulando! —aulló la fémina, observando el filo del arma a escasos milímetros de su mentón— Chat Blanc es peligroso. ¡No lo hagas!

—Pídeme perdón —rezongó el peliblanco, con la mirada extasiada de perversidad— Traidora.

—Eso jamás —negó tajantemente, cerrando los parpados— ¡Yo estaba enamorada de ti! ¡Fui engañada, tanto como tú!

—¿Enamorada dices? —examinó con perfidia— Deberías tomar esa Katana y rajarte el estómago —le incitó— Adelante, hazme el honor.

—¡Jamás! —Tsurugi volvió a renegar, esta vez, aceptando hidalgamente su destino— Realmente, no eres digno de mí. Y nunca te daría ese placer.

—Pues es una pena…—el muchacho de traje blanco le soltó, parándose frente a ella solo para echarle una última ojeada— Porque en verdad creí que eras honorable.

—Félix…—alzó la vista, fulminándole con la mirada— Eres un hijo de perra —y le sonrió con orgullo— Pero no te preocupes. Te veré en el infierno.

—Te estaré esperando —blandió el bastón.

La sangre, salpicó la tableta.

[…]

—¡Fiscal! —aulló. Eran pasadas las 2:35 de la madrugada. Pero esto sin duda no tenía que perdérselo por nada del mundo. Era Mylene Haprele, ingresando con toda autoridad en su habitación de hotel. De la cama saltaron el Comisario Adrien y Marinette. ¿Qué mierda? ¿Otra vez con lo mismo? Jodanse — ¡Tiene que ver esto! —Adrien brincó entre las sábanas, completamente desnudo. A lo que la muchacha se cubrió los ojos. Para la chica era el colmo de los colmos. ¿Seguían intimando? A la mierda— ¡Lárgate Adrien!

—¿Qué estás…? —espetó el rubio.

—Ya la escuchaste —agregó Marinette, levantándose bruscamente de la cama— Lárgate, Adrien —el rubio alcanzó a emitir un último gruñido y fue literalmente echado de la habitación, con todas sus prendas de vestir por la cabeza. La pelinegra comenzó a vestirse rápidamente, notando la mirada inquisitiva que recaía sobre ella— No me digas nada más, por favor. No hace falta.

—No pensaba hacerlo —Mylene prendió la TV delante de ellas— Tiene que ver esto…

Noticias de última hora. Nadja Chamack al habla en una transmisión en vivo.

—Nos encontramos a la salida del icónico distrito suburbano, para informales que ha ocurrido una tragedia de niveles colosales. Clara Contard se encuentra en la escena del crimen con mayores detalles. Adelante, Clara.

—Gracias, Nadja. Esto es terrible —reveló la periodista— El hecho se originó a eso de las 1:20AM, a las afueras del reconocido antro del cuadrante 0. La suite —la cámara señalaba con imágenes exclusivas, lo ocurrido— Centenares de hombres y mujeres fueron asesinados al interior y exterior del lugar, sin motivos aparentes. Recordemos que, para dar contexto, esta disco es conocida a nivel capitalino por albergar a muchos ciudadanos buscados por la ley. La mayoría, con altos prontuarios delictuales. Dentro de los fallecidos se encuentra el traficante y filántropo Arnold Sheb, quien fue masacrado junto a su esposa Jenny Lacoint —y continuó el relato— La lista sigue. En su mayoría, criminales, ex convictos de guerra, proxenetas, industriales procesados por trafico de armas y personas. La policía investiga el hecho, dando índices de que podría tratarse de un posible "ajuste de cuentas" entre bandas rivales. Sin embargo —reveló— algunos testigos que lograron refugiarse en lugares seguros, afirman que solo se trataría de un sujeto en particular. Lo describen como "el justiciero de blanco". Ya que portaba un llamativo traje blanco. Algunas declaraciones sobre lo acontecido, a continuación:

Actuaba solo. No había nadie más con él. Fue como ver a un demonio reencarnado —dijo un hombre.

Era una bestia. Esa cosa…no era humana —dijo otro.

—¡Tenía orejas de gato y una cola! —aulló una mujer.

Tenía mucha ira. Mucha rabia. Sus ojos…esos ojos horripilantes, azules —declaró un muchacho.

No tengo la menor idea de que lo impulsó a matarlos. Pero me alegra muchísimo que lo haya hecho —afirmó una moza.

Nos hizo un favor. Llevaba años siendo extorsionado por Corndell y sus matones —sentenció un jovencito.

¡La policía miente! ¡Este tipo mató a mi padre y no era traficante! —vociferó una fémina, rompiendo en lágrimas— ¡El solo iba pasando!

La profecía se está cumpliendo. Es el fin del mundo —agregó un anciano.

—Las opiniones se encuentran divididas —confesó Clara Contard hacia la cámara— Por el momento, se investiga la vinculación directa con el asesinato del general Roger el pasado jueves. Aun estamos a la espera de las pericias forenses de la brigada de homicidios. Mas adelantos, en la próxima edición. Adelante estudio, Nadja.

—Dios santo…—Mylene apagó la TV, con el estómago revuelto. Tuvo que cubrirse la boca para no llegar a vomitar. Las escenas eran macabras— ¿Qué está pasando? ¿Qué nos toca ahora…?

—Creo que tenemos un problema…—Marinette tragó saliva, estupefacta con lo que veía. Apenas acabó de ver el reportaje, su teléfono móvil comenzó a repicar con insistencia. Era Alix. El presidente nuevamente los citaba a una reunión— Creo que me van a despedir…

Era muy entrada la madrugada. Pero eso no era motivo para no ser convocados a una reunión extraordinaria. Adrien por su parte, bajó el ascensor bastante enfurruñado con haber sido tratado de esa forma. Y mientras buscaba alguna razón coherente para su injusto trato, dio a parar con el vestíbulo principal del hotel. Los mozos e incluso la recepcionista estaban paralizados viendo la noticia. La lista de asesinados era extensa. Pero no eran personas al azar y el mejor que nadie lo sabía. Ahora estaba involucrado personalmente en el problema.

¿Qué carajos hiciste, Félix…? —ahondó en sus pensamientos, recibiendo la citación a la ceremonia con el líder nacional— Oh no…

El asesino de Paris: ¿Héroe o Villano?

—¡¿Qué mierda significa esto?! —André Bourgeois golpeó la mesa con furia desmedida— ¡Miren esto! ¡MIREN ESTO! —les mostró la portada de los periódicos— ¡¿Me quieren explicar?!

—Eh…bueno —Klaus intervino con voz ajena al problema— Es natural. Digo, la mayoría de las victimas eran criminales —bufó con jocosa infantilidad— De alguna forma nos hizo un favor. Limpió las calles.

—¡¿Te estás escuchando?! —bramó el presidente, fulminándole con la mirada— ¡¿Eres retrasado mental o qué?! —silencio sepulcral entre los reunidos en la sala. El rubio ya comenzaba a ser victima de una humillación natural para él. Era de esperarse. Nunca tuvo pasta para el puesto después de todo— ¡El asesino volvió a atacar delante de nuestras narices! ¡Neo Paris está envuelta en un caos! ¡Y aún no me dan respuestas!

—Señor presidente —Alix se levantó de la silla, bastante cabreada ya con sus reclamos— Con todo respeto, no pretendo justificar el título de un periódico sensacionalista. Pero le pediría que pongamos paños fríos al asunto —añadió, captando la atención del mayor— Comprendo la situación. Entiendo que esté desesperado por solucionarlo luego. No quisiera tener que admitirlo…pero el alcalde tiene razón —aceptó, de mala gana— El responsable acabó con la mayoría de los delincuentes de la ciudad. Ni si quiera eso, eran cabecillas. Eso desbaratará muchísimo a las mafias.

—Escuche, prefecta —reveló el peliblanco, esta vez yendo directo al grano para no dejar cabos sueltos en su declaración. Esperaba que ahora mismo, quedara muy en claro su punto— No me interesa. ¿Ok? No me importa en lo más mínimo si eran mafiosos. Yo entiendo que usted quiera hacer ejercer la ley. Pero detrás de esos tipos, había una vida de por medio. Y movimientos importantes para el país.

—No comprendo…señor —preguntó, ligeramente aturdida.

—¿Sabe cuanto dinero mueven esos sujetos, para la economía de esta nación? —masculló finalmente.

—¿Co-Como…? —Kubdel parpadeó atónita. Ok. Ya comenzaba a volverse turbio el problema. Adrien se levantó del asiento. El entendía el punto.

—Entiendo a la perfección lo que menciona, señor presidente —alzó la voz, delante de todos— Somos parte de una cadena de males necesarios. Y créame que lo tenemos claro ¿Verdad? —miró a los integrantes, dando por hecho su punto de vista— Vamos a acabar con el problema de raíz. Tiene mi palabra —sentenció.

¿Pero que mierda acababa de escuchar? ¿Adrien estaba de acuerdo? Alix observó el título del periódico con dejo de desconfianza. Las palabras de Ladybug ahora sonaba mas que nunca en su cabeza. Todo tenía sentido. Por supuesto que perder a tanto mafioso era malo para el presidente. El líder de la nación, el máximo mafioso. No iba a meterse en esos rumbos. Aquí no había ley ni voto para hacer justicia. Justicia. Una palabra que no existía en el vocabulario de los grandes magnates de la industria económica. Se sintió bastante engañada por lo demás. Utilizada. Al parecer, el bien y el mal eran tan solo conceptos idílicos que no daban cabida en su mundo. Observó a Marinette de reojo, percatándose que incluso ella también apoyaba la moción del comisario. ¿Estaban todos coludidos entonces o es que acaso ella vivía una utopía? El asesino de parís representaba una amenaza para la nación. Pero no porque les importaran las vidas de sus ciudadanos. ¿Cómo pudo ser tan ciega? En la reunión pasada, lo había dejado en claro. André les dijo que era malo para los inversionistas.

A la mierda. Alix cogió sus documentos y salió de la habitación, excusándose de un dolor de cabeza. Ahora mismo, estaba sola. Era ella…contra el mundo. Marcó hacia la brigada. No le importaba un carajo. Buscaría aliados…así le costara su vida.