Brigada de homicidios, 3:40AM.

—Necesito comentarte algo —Alya Césaire, arqueaba una ceja con picardía— Creo que ese traje de gato negro te hace ver muy sexy. Tienes un culo increíble. ¿Lo sabías?

—Eh…—Adrien Agreste se había transformado hacia no menos de 2 minutos. La morena le estaba viendo con total normalidad. Y sí. Era la primera vez que alguien le comentaba algo así. Así que no pudo evitar sonrojarse con tal halago— Merci. La verdad es que…no. No lo sabía…—Vale. No sé por qué me ha gustado su comentario.

—¿A dónde irás ahora?

—A buscar a mi lady —reveló con seguridad, encaminándose hacia la puerta— Necesito que sepa que sigo bien. Y creo que corre peligro, si ha seguido a Chat Blanc.

—¿Quieres que te acompañe? —sugirió, levantándose de su silla— Después de todo, Ladybug me confesó que te cuidara ese lindo traserito.

¿Ladybug también opina que tengo un buen trasero? —se rascó la mejilla, notoriamente ruborizado— Eh…claro. ¡Acompáñame! Me haría bien un ayuda amiga.

Salieron de la sala de recuperaciones, percatándose que muchos policías corrían despavoridos por el pasillo. Ambos se miraron entre sí, sin entender un carajo lo que ocurría. ¿A qué se debía tanto escandalo? De pronto, las alarmas de emergencia se activaron por todo el complejo. Ok, eso no era nada bueno.

—¿Qué ha pasado? —Alya alcanzó a uno de los uniformados.

—¿No te has enterado? —exhaló frenético uno de los muchachos— El asesino volvió a atacar. Tenemos 230 denuncias por homicidio.

—¡¿Qué?! —se espantó.

Ambos jóvenes corrieron hacia la habitación de reuniones, observando con asombro el noticiario. Había sido una carnicería descomunal. Y por supuesto que nadie descartaba un vínculo directo de aquel acontecimiento, con el asesino de blanco.

—Oh no…—Chat Noir se paralizó por unos instantes— Chat Blanc.

—¿En verdad crees que fue él?

—Es obvio —sentenció el rubio, estrujando el entrecejo— Mira los comentarios. "Orejas de gato y cola". Vestía de blanco. Fue él. ¡Fue Félix!

—¿Félix Graham de Vanily? —espetó Césaire.

—El mismo —le respondió, sacando su bastón— ¡De prisa! ¡Debemos alertar a Ladybug!

—¡Espera! —le detuvo de golpe, sujetando su cinturón. La teniente comenzaba a recibir una llamada de emergencia, por parte de Alix. Tuvo que contestar— ¿General?

—Todo mal, teniente —manifestó Kubdel, a través de la pantalla— Necesito que actualices tus informes. Tenemos una emergencia. Te diré quién es el asesino.

—Chat Blanc —indicó.

—¿Cómo lo sabías? —consultó anonadada.

—¡Alix! —interrumpió la llamada el ojiverde— Alix, Félix Graham de Vanily es quien está detrás de Chat Blanc. Tienes que ayudarme a capturarlo cuanto antes. Ladybug…

—Ladybug —protestó la pelirroja, juntando las cejas con desazón— Se ofreció para espiar y seguir al presidente de VanilySky.

—¡Lo sé! Me lo ha contado Alya —comentó asustado— Por favor, ayúdame a llegar a ella.

—No sé dónde está, Chat Noir —enunció la prefecta— Ella dijo que tenía todo bajo control. Pero he intentado contactarla desde ayer y no responde mis mensajes. Temo que le haya pasado algo…

—¡¿Cómo dices?! —el portador del Miraculous de la destrucción se desfiguró del horror— No…no puede ser posible. Me rehúso.

—Por favor, investiguen rápido y encuéntrenla —dictó— Ella sabe la verdad sobre esto —a lo que el menor de los Agreste respondió con un quejido hastiado por su despreocupación— ¡Chat Noir! —le advirtió— Confío en ti. Ladybug es una chica muy valiente. Tanto como tú. Ustedes dos son mi esperanza —el asintió con seguridad.

La teniente Césaire y el inspector Noir se montaron sobre un vehículo policial y partieron rumbo a la casa de la fiscal Agreste. Tenían pleno conocimiento del descabellado plan de hacerse pasar por ella. Así que el primer punto de partida para la hazaña, era su morada. Cuando llegaron, todo permanecía en silencio y a oscuras. Los primeros indicios concordaban en que no había dormido ahí a lo menos la noche anterior. Adrien no iba a rendirse tan fácilmente. Mantenía la esperanza a flor de piel, de que su camarada continuaba con vida en algún lado. En momentos como esos, solo podía permanecer positivo. Volvieron a salir en su búsqueda, retomando los lugares en los cuales, solía ella transitar. El ojiverde se trepó a los edificios, tratando de obtener una visión más amplia de la ciudad. Era un lugar enorme. Encontrarla era como buscar una aguja en un pajal. Sacó su bastón de la espalda y le marcó. El buzón de voz fue claro en revelar que no estaba disponible para atenderle. Comenzaba a temer, hasta que un rayo de luz proveniente del distrito suburbano a lo lejos, cautivó su curiosidad gatuna. ¡Claro! ¿Cómo olvidarlo? Los hermanos Couffaine. De seguro ellos sabrían algo de su paradero oficial.

Con la ayuda del dispositivo tecnológico que reposaba en su cinturón, les marcó.

—¿Luka?

—¿Chat Noir? —el muchacho se alegró de oírle nuevamente— ¡Has vuelto!

—Por supuesto. Este gato nunca se fue —dijo el rubio, mostrando los dientes en una expresión positiva— Sin embargo, ahora mismo no te llamo por eso. Estoy buscando a mi lady. Le perdí el rastro. No está en casa de la fiscal Agreste ni en nuestro apartamento. ¿Tú sabes algo de eso?

—Estoy preocupado, Chat Noir —reveló el ojiazul del otro lado. A través de una pantalla gigante, le había perdido el rastro a la heroína desde hace dos días— Tampoco sabemos en donde está. La última vez que hablamos, ella estaba siguiendo al presidente de VanilySky.

—Luka, creo que Félix es Chat Blanc. El asesino de blanco —ostentó Adrien Agreste— Y si es así, ella corre peligro —Pero para los Couffaine, ese comentario no les parecía nada novedoso o fuera de sí. De hecho, no se manifestaron sorprendidos. Finalmente, todos los resquicios apuntaban a magnate como principal y único autor de delitos— ¿Hay alguna posibilidad de que ella esté con el ahora mismo?

—Es lo más probable —rezongó del otro lado el informático— Pero descarto la idea de que le haya hecho algo. Después de todo, Ladybug es Marinette. La novia de Félix.

—Tal vez Félix no lastime a Marinette. Pero Chat Blanc…—el portador del Miraculous de la destrucción hizo una pausa, apretando los puños con temor— Chat Blanc está fuera de discusión. ¿Me darías la dirección de su mansión?

—Claro. No hay problema —Luka observó a su hermano, para que este le transfiriera a su teléfono las coordenadas— Ya te las hemos enviado. ¡Pero, espera! —le aclaró— No puedes llegar e ir hasta su casa, así como así. Es sumamente peligroso. No estamos hablando de un hombre ordinario. Es Félix Graham de Vanily. Hasta el momento solo tenemos sospechas, pero nada que pueda demostrar realmente la verdad. ¿Lo entiendes?

—Lo entiendo —asintió decidido— Gracias por tu ayuda, Luka. Lo tendré en cuenta —saltó desde un tejado, clavando nuevamente los pies en el suelo. Divisó a lo lejos como el viento noctívago de invierno, dejaba salir los primeros rayos del sol. Comenzaba a amanecer ya. Se encaminó hacia su compañera. Alya le esperaba dentro del vehículo, escuchando atentamente la radio— Alya, debemos ir hasta la casa de Félix.

—Shh…escucha…—le aumentó el volumen al transmisor.

Se ha confirmado una nueva víctima esta madrugada. Se trataría de Kagami Tsurugi. La joven presidenta de industrias Kusanagi-no Tsurugi, quien fue encontrada muerta en su oficina por el personal de aseo. Recordemos que la exitosa empresaria de 24 años, había firmado el mes pasado, un trato con VanilySky, lo que llevaría a revolucionar la industria de la cibertronica. Continuaremos ampliando la noticia que sigue en curso -.

—¿Kagami está…? —parpadeó atónito el rubio. Ok. Eso sí que era traumante. El la conocía de su universo. Eran amigos y compañeros de esgrima. E incluso fueron novios. Pero en este mundo ella estaba muerta. Y el solo hecho de pensar en su fallecimiento, le revolvió las tripas. Chat Noir se tomó la cabeza, desviando la mirada por la ventana— Esta es otra obra de Chat Blanc.

—No puedo creer que haya matado a su propia socia de trabajo —Alya encendió el motor— Si esto será así…entonces ya nadie se salvará.

Mansión de la familia Graham de Vanily, 09:20 de la mañana.

Nathalie Sancoeur trataba de tranquilizarse a sí misma, apretando entre sus brazos el Grimorio de los Miraculous. No había logrado pegar un ojo en toda la noche. Las noticias continuaban transmitiendo el horror de la noche anterior en la televisora local. Y el teléfono no dejaba de repicar. La muerte de Kagami remeció a la industria robótica. Los proveedores exigían explicaciones sobre el futuro de VanilySky. Y también, la junta directiva. Pedían una pronunciación rápida por parte de su presidente. Ella no se sentía apta para contestarle a nadie. Félix estaba a otro nivel. Una de las llamadas era de Adrien. Fue la única que dejó pasar.

—Adrien. El mató a Kagami —balbuceó la mayor, mordisqueándose el labio inferior con preocupación— Y he intentado contactarme toda la mañana con Rose Levillant, pero no contesta el teléfono.

—Lo sé —Adrien respondía del otro lado, empacando sus cosas en una maleta— ¿Crees que haya matado a Rose también?

—Es lo más seguro —murmuró temblorosa— Pero no ha salido nada en las noticias aún. Quiero creer que no…

—Nathalie —Graham de Vanily salió de la habitación— ¿Dónde está Félix ahora?

—No lo sé. No llegó a dormir anoche —aseguró— Temo que haya perdido el control de Chat Blanc.

—Está bien. No te preocupes —le aseguró el ojiverde, montando sus maletas en un vehículo— Estoy de camino al aeropuerto. Estaré de regreso en parís a más tardar en la noche. Ahora quiero que-…

—Adrien… —le interceptó— ¿Entiendes la situación? —Sancoeur intentó calmar la voz, esta vez adoptando una postura templada— Soy la siguiente en la lista.

—No digas tonterías —refutó con hastío— No te va a hacer nada. Ya cálmate.

—Y adivina quien viene después —Adrien guardó silencio tras la línea. Aunque no necesariamente mostrara miedo o culpa, esa declaración comenzaba a molestarle de sobremanera. Tampoco era que estuviera muy lejos de la realidad— Esto se terminó.

—Se terminará solo si la cagas —le señaló el rubio— Pero no la vas a cagar ¿Verdad? —insinuó con dejo de amenaza— Porque eres una buena asistente. Y confío en ti.

—Ya es demasiado tarde para eso —siseó Nathalie, quitándose los anteojos— Félix acaba de llegar. Debo irme.

—Nathalie —masculló irritado— ¿Qué mierda pretendes hacer? —y le colgó— ¡¿Nathalie?!

La fémina corrió a guardar el libro. Félix entró a la mansión con actitud malograda. Traía los hombros caídos, la mirada descompuesta y unas ojeras del diablo. Sin duda esa no era la mirada de un asesino serial que disfrutaba con destripar personas. Parecía más bien un soldado que vuelve de una beligerancia descarriada. Se quitó la chaqueta, el sombrero, los zapatos y la corbata. Con actitud extraviada, arrastró los pies hasta el salón, percatándose que la chica le recibía en el vestíbulo para tomar sus cosas.

—¿Dónde estaba, señor? —Nathalie le increpó. Ella ya había visto las noticias. Sabía perfectamente que había ocurrido. Pero ahora mismo...no presentía que el ojiverde quisiera hablar del tema— Se ve terrible —Pero este no respondió. Cual zombi, se desplazó hasta su despacho, desplomándose sobre le alfombra apenas hizo ingreso a el— ¡Félix! —Nathalie le socorrió, sujetándolo entre sus brazos.

Jadeaba en fiebre. ¿Pero qué demonios le había ocurrido? El anillo seguía en su dedo. La fiel trabajadora de la familia, era la única conocedora de la verdad detrás de todos esos años al servicio. Nathalie Sancoeur le vio nacer y crecer junto a la familia Graham. Había cosas que le irritaban de sobremanera. Y una de ellas, era el plan en el que en algún momento se llegó a involucrar. Solo quería lo mejor para Félix. Nunca creyó que el resultado sería tan horroroso para él. Pero ya no había vuelta atrás y las consecuencias de sus actos sopesaban lastimar su cuerpo y sus ganas de vivir.

—Félix…—musitó la pelinegra, tomando su rostro con dulzura— Debes quitarte el anillo. Chat Blanc es demasiado para ti. Te está matando…

—¿Marinette? —consultó medio atolondrado, intentando levantarse del suelo como pudo— ¿Cómo sigue mi prometida?

—Se despertó hace un par de minutos —le declaró Sancoeur, ayudándole a tomar una posición recta sobre el piso— Pero está encerrada en el baño de la suite. No quiere hablar con nadie, más que con usted —este no respondió nada, caminando hacia la salida— Félix —volvió a repetirle— Deshazte del anillo. Por favor…

—Ya es demasiado tarde para eso, Nathalie —dispuso el rubio, con voz de ultratumba. Le observó de reojo por sobre el hombro, dejando entrever una chispa de la mirada añil del asesino. Se había fusionado con aquellos orbes esmeralda que tanto encantaban. Y ya nada podía hacer al respecto— Ya es muy tarde…

No…no lo es…—pensó.

Marinette Dupain-Cheng se despertó rodeada de cables y una máquina de ventilación mecánica, que del susto se arrancó del cuerpo. Sin saber a dónde más huir, se encerró en el baño para poder aclarar sus ideas. Sentía los latidos de su corazón a mil por horas, sin llegar a procesar del todo la información. Félix Graham de Vanily era Chat Blanc. El mismo, que venía asesinando personas desde hace un tiempo y que daba cabida a sus temores más insospechados. ¿Qué clase de jugarreta del destino era esa? Justo cuando creyó que el rubio no era más que un excéntrico multimillonario genio de la robótica, descubría la verdad a manos de el mismo. Félix había confesado ser el portador de un Mecha Miraculous. Pero no llegó a revelar si era el autor físico de los crímenes. Ella sufrió un desmayo. Y de ser el despiadado homicida del que tantos lo catalogaban, la hubiera matado mientras dormía. Pero no lo hizo. ¿Entonces qué? Se vio así misma atrapada en una encrucijada que nadie más entendería, aunque lo explicara con peras y manzanas. ¿Félix era Chat Blanc y ya? De ser así. ¿Había finalizado su misión? ¿Descubrió al asesino y listo? ¿Lo entregaría a las autoridades y volvería felizmente a su universo? ¿Y qué mierda hacía con todo lo demás?

—No entiendo…—Marinette se contempló contra el espejo, más confundida que nunca. Jamás llegó a sentir que su cuerpo le traccionara de tal forma. Su mente le decía: Dale. Denúncialo. Pero su corazón dictaba una melodía distinta. "No lo hagas". Se mojó la cara con abundante agua, intentando aclararse. No lo lograba. Ella le espió por días. Se había enamorado de un maquiavélico criminal. Un delincuente de traje blanco, sin corazón. Desalmado. ¿Desalmado? No. No podía serlo. Ella sintió alma en su compañero. Habían compartido experiencias y sentimientos. Un jardín secreto. ¿Qué estaba pasando realmente? — No puedo creer que…me acosté con el —balbuceó para sí misma, con el rostro febril de la vergüenza. Había algo. Una chispa. Un bichito picándole la sien, que le indicaba que algo no tenía sentido. Hay cosas que no concuerdan en toda esta turbia historia— Le entregué mi virginidad a un asesino… ¿Qué está pasando?

Nuevamente se cuestionaba incluso su propia existencia. ¿Qué papel jugaba entonces en este rol inventado? Si el presidente era una basura inhumana ¿Acaso había fingido todo ese amor? ¿No era real? Él le hizo el amor. Toda esa pasión, ese deseo, ese cariño, las muestras de afecto, sus intenciones por hacerle un hijo. ¿Eran falsas? Alguien tocó su puerta. Ladybug se paralizó.

—Marinette —llamó Félix desde el exterior— ¿Te sientes mejor…cariño?

Mierda. ¿Por qué seguía llamándole de forma tan cariñosa? ¿Es que acaso no tenía conocimiento de lo que le reveló? ¿Él lo consideraba normal? ¿Lo había normalizado? O solo intentaba desahogarse con ella. Marinette Agreste, la fiscal. El amor de su vida desde los 15 años. ¿Le entrega a la policía o continúa indagando aún más? Respiró hondo. ¿Qué hacer? Vale…

—Félix —Dupain-Cheng salió del baño, abalanzándose hacia el en un abrazo tentativo de mucho temor— Me siento muy mal. No sé qué me pasa.

—¿Qué ocurre? —Graham correspondió su abrazo, demostrándole todo el amor que profesaba por ella en el— No sabes cuanto me asusté. Cuando te mostré los Miraculous, te desmayaste. ¿Sentiste alguna reacción alérgica a ellos o algo así?

—No. Para nada —negó la ojiazul, impregnándose de su aroma— Solo me exalté de más…—Félix huele distinto… ¿Qué es? No me agrada — Estaba emocionada con la noticia y me desvanecí, creo —reveló— Oye…tu perfume es diferente.

—Perdón —el rubio manifestó congoja en sus palabras— ¿Te huele metálico?

—Si…

—Es sangre —reveló sin tapujos.

¿Qué…? —parpadeó de vuelta, separándose de el— ¿Cómo dices?

—Me enfrasqué en una pelea con unos tipos —le confesó sin premuras— Pero lo he solucionado.

¿Qué me cuenta…? —tembló.

—Escucha —le tomó de las manos, aferrándose con ternura hacia ella— Marinette…ya no puedo seguir ocultándote cosas. No tienes idea de lo mucho que me gustas…y no puedo más con esto —declaró, tomando distancia de su anatomía— Hay algo que quiero contarte y necesito que por favor lo veas.

No, por favor —Félix…—la pelinegra dio un paso hacia atrás, temiendo lo peor— No me lo cuentes. ¡Félix! — ¡No!

—Soy Chat Blanc —sentenció sin más, transformándose en aquel asesino de blanco. Si. Todo delante de ella— Soy el portador del Miraculous del gato blanco.

No…dios…—la heroína se tomó el rostro, tratando de no poder ver aquello. Pero era casi imposible, él estaba transformado delante de sus narices. Seguir ocultando la verdad era absurdo— Félix…—sus orbes se humedecieron por completo— ¿Por qué, tu?

—Ayúdame…Marinette…—le imploró con dolor, arrimándose a ella para abrazarla— Ya no puedo con esto. Esta cosa…me vuelve loco.

—¿Qué…te ayude? —se sacudió completamente estupefacta. Apenas si podía hilar palabras coherentes. ¿En serio le estaba pidiendo ayuda? — Félix… ¿Qué pasa…?

—Te lo ruego…—Graham de Vanily se estremeció en su lugar, abrazándola con aun más fuerza— Esta cosa…me habla en la cabeza. Puedo escucharla reírse de mi —soltó un espasmo robótico, sintiendo como si una personalidad oculta amenazara con salir— Me…me dice cosas horribles.

—Félix…—volvió a balbucear, apartándose de el para mirarle a los ojos. Ya conocía esa mirada. La experimentó antes. Ella conocía al Chat Blanc de su universo. Pero este muchacho no era un akumatizado. Estaba siendo víctima de una fuerza distinta a el— ¿Eres…el asesino de parís?

—Si —confesó, sin tapujos— Pero…no soy yo —musitó, lleno de dolor y angustia. Lloraba a mares, mientras confesaba sus delitos— Cuando estoy contigo, él se calma. Pero si no es así…me llena de pensamientos oscuros y malvados. Es cruel. Mata gente. Ayúdame…—rogó— Marinette…

Félix se tiró al suelo, des transformándose en el momento que sus rodillas tocaron la alfombra. Se enganchó a sus piernas, como un koala a un árbol y lloró desprovisto de toda fuerza interior. Los círculos oscuros que rodeaban sus ojos como un mapache, dejaban vislumbrar claros signos de extenuación. Al parecer, cuando el poder del anillo se confería de su ser, dejaba de comer o de beber agua. No dormía. Esa criatura, le estaba absorbiendo la energía física. Marinette había estado viajando por un mar de incertidumbre hacía varios días. Pero ahora, su barco tocó puerto. Tenía dos opciones. Y ambas, incluían quitarle el anillo.

Se inclinó hacia su compañero, limpiando las lágrimas que rodaban por sus pómulos enrojecidos. Sonrió.

—Félix…debemos destruir las joyas —aclaró Ladybug— Y eso incluye el anillo.

—¿Co-Como? —musitó, con atisbo de incertidumbre.

—Debes dármelo —la guardiana le estiró la mano, permitiendo en primer lugar que el se la entregara por cuenta propia. Iba a agotar todos los recursos, solo para evitar que siguiera la masacre. Una escalada de violencia no era buena para nadie—Yo me ocuparé de él.

Era todo el trabajo de una vida prácticamente. Lo que le estaba pidiendo era descabellado. ¿Destruir los Miraculous después del esfuerzo que le había costado construirlos? Sonaba algo muy serio. Pero Marinette insistía con justa razón, que, así como el anillo del gato le había transformado en alguien que no era, los demás artefactos también lo harían. Si dicha fuerza caía en malas manos, todo sería un caos. Félix Graham de Vanily apretó los labios con temor. Su corazón gritaba por el amor de su novia. Pero su mente ahora mismo no se encontraba en óptimas condiciones. El rubio profesaba grietas de pensamientos muy amenazantes por culpa de Chat Blanc. ¿Era correcto? Estaba dudando.

—Te amo, Félix —decretó Dupain-Cheng. Y si, estaba siendo sincera esta vez. Posicionó la diestra sobre el dedo del muchacho, con la esperanza de que esta vez, despejara sus dudas— Eres un hombre maravilloso. Y no mereces seguir sufriendo así —besó sus labios con suavidad, deslizando sus dedos sobre el anillo— Confía en mí…

Marinette…—jadeó contra su boca, cerrando los parpados para dejarse llevar por la sensación— Es todo tuyo…—declaró, removiéndose la joya para entregársela en la palma de su mano.

Sabía que en el fondo era un buen chico…—le esculpió una sonrisa amorosa, abrazándolo de vuelta— Nunca dudé de ti, mi niño hermoso —besó sus cabellos dorados, con dejo de ternura.

—¿Qué va a pasar conmigo ahora? —consultó Graham de Vanily, aferrándose a su pecho— ¿Me vas a entregar a la policía?

Félix…—Primero destruiremos los Miraculous —musitó con dolor, apretándolo aún mas fuerte contra su pecho— Y luego veremos el resto… ¿Sí? —el presidente aceptó sumiso.

Todo bien. Caso resuelto. Soy la heroína del cuento una vez más. ¿Pero por qué estoy llorando…como si el mundo se me cayera encima? "Todo va a salir bien", pensé. Mientras sentía como me arrancaban el corazón del pecho, en una dolorosa extracción visceral.

¿Qué es lo correcto?

Ladybug permitió que Félix se diera una ducha y descansara un poco esa mañana. Ella se mantuvo a su lado en todo momento, observando como este dormía plácidamente en su recamara. Tenía al asesino de blanco delante de ella. Vulnerable, fácil de capturar, debilitado, expuesto. Y sin el anillo que le proveía de sus poderes. Tomó su dispositivo móvil y lo encendió, ya que lo había apagado la noche anterior. Era simple. Solo debía marcar el número de Alix y ya está. Volvería a su mundo. Fin de la historia. Todos felices. El pulgar no quería moverse. Estaba tieso, encima de su contacto. ¿Por qué tenía que pasarle esto?

—Félix es un buen chico —Nathalie Sancoeur le interrumpió de sopetón. Asustada, la muchacha guardó el teléfono en su bolsillo, simulando que aquí nada pasaba— Y merece ser feliz —La asistente de la familia Graham se paró al otro lado de la cama, con claras intenciones de quitarle el anillo al menor. Curioso. Ya no estaba ahí. Ambas mujeres cruzaron miradas de complicidad. Se había delatado— Ya veo —agregó, gesticulando una sonrisa ladina— Después de todo, serás su esposa.

—¿Hace cuanto lo sabías? —Dupain-Cheng frunció el ceño.

—Se muchas cosas, Fiscal —reveló la mujer, acomodándose los anteojos sobre el puente de su nariz— Entre ellas, el profundo sentimiento de amor eterno que siente el presidente por ti.

—¿Me darás el maletín con las demás joyas? —examinó la heroína, incomoda.

—Depende —manifestó— ¿Entregarás a Félix?

Depende.

—Solo te la daré si es para destruirlas —siseó Sancouer.

—¿Por qué ahora? —espetó la ojiazul, desconfiada de sus palabras— Nathalie. Después de todo lo que pasó. Todos los asesinatos. ¿Por qué de pronto cambiar de opinión?

—Si te lo explico no lo entenderías —se excusó sin más— Es una pérdida de tiempo.

—Tiempo es lo que más tengo —enunció— Y no pretendo moverme de aquí.

—Eres una chica muy terca —suspiró con un cierto dejo de alivio. Para la mano derecha del magnate, esa característica le otorgaba mucha confianza. Las personas testarudas suelen ser las más leales a sus doctrinas. Son dignas de amistad— Digamos que no fue un cambio de opinión. Si no más bien convicción. Certeza —se sentó frente a ella, en una de las sillas de la recamara— La verdad…

Y comenzó su relato.

Nathalie Sancoeur le narró el cómo fueron sus días en compañía de Gabriel y Emilie. De hecho, gracias a ella llegaron a conseguir a acoger a un niño, cuya madre soltera había muerto en causas repentinas tras su parto; dejándole huérfano a tan solo horas de nacido. Por supuesto que la joven pareja estaba encantada con su bebé. Y lo trataron como uno más de la familia sin problemas. Nunca hicieron distinciones por no llevar su línea sanguínea. Tras la adopción de Adrien, ella se encargó de investigar por muchos medios, la manera más segura de permitirle a la rubia ser madre "biológicamente" hablando. Félix finalmente, no había sido un niño concebido de forma natural. La joven especialista en genética, revelo así el cómo extrayendo material de ADN del primogénito, logró transformar un cigoto en ovulo, listo para ser fecundado por un espermio alterado sobre una pipeta.

—¿Félix es un clon de Adrien…? —preguntó liada la heroína.

—No —negó con la cabeza— Es un gemelo, creado en una probeta.

El útero de Emilie no estaba apto para soportar un embarazo desde su concepción. Pero si, de mantenerlo vivo por al menos los primeros seis meses. Luego de la intervención hecha en su vientre, el feto acabó su proceso embrionario en una capsula de líquido amniótico. Durante su crecimiento, Gabriel y Nathalie se encargaron de modificar su estructura celular, dándole la forma que él quisiera a su antojo. Vale decir: Crear un bebé a modelo. Una escala real, de lo que deseas para tu hijo.

—En pocas palabras, un ser perfecto —sugirió Marinette, con asombro.

—Félix jamás se ha enfermado en su vida —reveló la asistente— Es inhume a las bacterias del aire. Su capacidad cognitiva es del 12,5% por sobre el IQ de los niños promedios —añadió— El calcio en sus huesos evita que sufra quebraduras o fracturas comprometedoras. La composición de su dermis, no le genera hematomas.

—¿Qué demonios…hicieron con este pobre chico? —Dupain-Cheng se tomó los labios, con horror.

—Félix, era el candidato perfecto —enunció sin mostrar un ápice de vergüenza. Mas bien, estaba orgullosa de su trabajo— Creímos que eso le haría ideal para ser el portador del Miraculous del gato —desvió la mirada— Pero no contábamos con que la joya afectara a niveles neuro cerebrales —dijo— Tú puedes moldear a gusto a una persona, genéticamente hablando, si la tecnología te lo permite. Pero lo que va por dentro…es imposible de modificar —adición— El señor presidente es fuerte solo por el exterior. Pero por dentro es débil.

—¿Débil, dices? —rezongó con molestia. Comenzaba a cabrearle el cómo hablaba de él, como si fuera solo un pedazo de carne— ¿Porque siente compasión por el resto? ¿Porque es un hombre de sentimientos puros?

—Porque es inestable psicológicamente —la mayor se levantó también, defendiendo su punto de vista con altanería— Tu lo haces ser aún más inconsistente. El día del aborto, Félix intentó suicidarse. Y ahora te entregó el anillo, junto con su vida y su futuro.

—¿Félix es débil porque se enamoró de mí? —Marinette se levantó de la silla, empuñando las manos— ¡¿Te estás oyendo?! ¿No has pensado en que quizás es un chico depresivo y ya? El ha sufrido muchísimo. Y ninguno de ustedes, fue capaz de notarlo jamás. Son unos malditos insensibles.

—Te dije que no lo entenderías —sentenció, encaminándose hacia la puerta. Ya era suficiente platica para una sola mañana— Te entregaré el maletín a cambio de la vida del presidente.

—No estás en posición de negociar, Nathalie —Dupain-Cheng berreó, amenazando con marcar el numero de la policía— No me cuesta nada llamar y que todos ustedes se vayan al carajo.

—¿En serio quieres amenazarme? No creo que te convenga —manifestó, esbozando una sonrisa maquiavélica— Me pregunto qué dirá la policía cuando se entere que la Fiscal, se acostaba con el asesino en serie número 1 de parís.

—Pues yo no sabía nada —protestó— Ellos entenderán.

—¿Crees que alguien te va a creer eso en un juicio? —bufó la ojiazul— ¿Sin pruebas? Es tu palabra contra la nuestra —agregó, saliendo por la puerta.

—¡Espera! —le detuvo en seco, sujetándole el brazo— Félix me prometió entregarme las otras joyas. El no estará de acuerdo con esto y lo sabes. ¿Quieres que te despida acaso?

—Eres graciosa, Marinette. ¿A ti quien te dijo que Félix es quien toma las decisiones aquí? —expuso con imperios de arrogancia. Acto seguido, se soltó de su agarre— Yo nunca he trabajado para él. Yo trabajo para la familia Graham de Vanily.

—Félix es un Graham de Vanily —farfulló la heroína.

—Al igual que su hermano —decretó— Con permiso.

¿Es una broma? ¿Acaso era posible que el verdadero villano, se hubiese estado escondiendo justo delante de ella? ¿Trabajando solapadamente en las tinieblas sin que nadie se diera cuenta?

Adrien.

Vale. De igual forma, no pretendía llegar a ningún maldito acuerdo con Nathalie, cuando ni si quiera era ella quien llevaba la batuta de la banda. Quien tiraba de los hilos era otro. Ni si quiera Félix. Debía utilizar sus mejores cartas en un momento como ese. Ya con el anillo en su poder, el primer paso era deshacerse de el antes de causar una catástrofe. Volviendo a su estado como Ladybug, salió por la ventana de la habitación mientras el rubio aún dormía en dirección a…cualquier parte. Se detuvo en medio de la avenida. Ni si quiera sabía a donde ir. ¿Qué hacer con el objeto blanquecino que brillaba entre sus dedos?

—Arg…que estúpida —se tomó la cabeza, procesando como pudo la cantidad de información recibida en tan poco tiempo. La historia de la concepción de su prometido le tenía la cabeza revuelta. Lo primero es lo primero. ¿Cómo se destruye un Mecha Miraculous? — Yo creo que ni el mismo Félix lo sabe —alzó la vista hacia un cartel que citaba: "Venga a navegar en el Senna. Paseos de 10:00 a 15:30". ¿Y si tan solo lo tiraba al rio y ya? Dudaba que alguien pudiera encontrarlo. Estiró su yoyo en dirección al canal, parándose al borde del malecón con la joya entre los dedos— ¿Tendrá alguna especie de GPS esta cosa? —lo miró por todos los ángulos. Vaya que era llamativo. Negó con la cabeza y lo arrojó simplemente. Esperó unos segundos, bastante segura de lo que había hecho. Pero la ansiedad se la comió por dentro— ¡¿Por qué me la ponen tan difícil?! —se lanzó al agua, buceando para recogerlo— Esto no está funcionando…

¿Y si tan solo lo enterraba? Era mucho menos probable que alguien lo pillara en el suelo. A menos claro, que escarbara. Le pareció una brillante idea. Pero cuando estaba a punto de abrir un hoyo en la tierra, divisó como unas máquinas retroexcavadoras adquirían el barro del suelo y construían una gran fosa más allá. Nop. Definitivamente eso no.

—Debería solo tirarlo al espacio —pensó. Era una idea tan estúpida como las otras— ¿O al mar? —se dio golpes en la sien repetidas veces— ¡Piensa, Marinette! ¡Piensa! —¿Alguien me puede explicar por qué estoy perdiendo el tiempo tratando de ver como deshacerme del anillo en vez de entregar a Félix a la policía? —se detuvo, observando a lo lejos la mansión de la familia Graham— Necesito una señal. ¡Alguien! —bramó al cielo. Regresó a la gran casona, abriendo la reja para entrar— Tengo que-…

—¡Ladybug! —vociferó a sus espaldas.

—¿Chat Noir…? —se volteó a verle. No podía creer lo que sus ojos veían. Su compañero estaba parado frente a ella sano y salvo al fin. Con la mirada humedecida en alegría, corrió a sus brazos para recibirle— Excelente. Justo en el peor momento, la señal que estaba esperando —pensó con ironía— ¿Estás bien, gatito? ¿Ya te sientes mejor? ¿Sanaron tus heridas?

—No sabes cuanto te extrañe —le apretujó fuerte entre sus brazos— Estaba tan preocupado por ti. Apenas desperté y no te vi, me engrifé —pero su camarada no parecía expresarse tan feliz como él. Al contrario, simulaba estar escondiendo algo que no pretendía contarle— ¿Qué estás haciendo aquí? Te dejé miles de mensajes en tu Bugfono pero no contestabas.

—Ah. Yo…—Marinette escondió el anillo rápidamente, rascándose la nuca— Jeje…bueno, Chat Noir. Siguiendo la misión, ya sabes. Estoy espiando al presidente de VanilySky.

—Mi lady —el rubio la tomó de los hombros, arrastrándola lejos de la entrada solo para poder hablarle más en privado— Hay algo importante que debes saber. Félix Graham de Vanily es Chat Blanc.

—¿Cómo? —parpadeó atónita la pelinegra. Pero no sorprendida por no saberlo…si no, el cómo se enteró— Mierda…Chat Noir también lo sabe— ¿Y tú como sabes eso? ¿Cómo estás tan seguro?

—Pues porque me enfrenté a el —le explicó el ojiverde— Lo reconocí de inmediato. Al parecer, usa un Miraculous distinto al mío. Al menos…eso alcancé a ver cuando me apuñaló.

Chat Noir resultó ser mucho más inteligente de lo que pensé. Increíble deducción — Wow…eres increíble —le halagó Dupain-Cheng, dándole unas palmadas en la espalada— Pero verás…sin pruebas, no podemos hacer mucho para entregarlo. ¿Sabías? No basta solo con tu palabra.

—Lo sé, mi lady. Es por eso que he venido a advertirte junto con Alya —la morena venía un poco más atrás a su encuentro— Chat Blanc es extremadamente peligroso. Bueno, Félix en este caso. Debes abortar la misión.

—¿Abortarla? —se negó, separándose de el a unos centímetros más atrás— N-no puedo hacer eso ahora…Chat Noir. Debemos encontrar las pistas que lo incriminen —mintió, apretando el anillo en su puño derecho.

—Ladybug —la teniente Césaire le mostraba en su tableta una noticia en desarrollo— Chat Blanc atacó anoche el distrito Suburbano. Mató a más de 100 personas. Entre ellos, mafiosos y criminales —deslizó el dedo para señalarle otro informe— No conforme con ello, acabó con Kagami Tsurugi de Industrias KSG. Y hace un rato, recibimos el reporte de la desaparición de Rose Levillant, de laboratorios Levillant —reveló finalmente— Félix es extremadamente peligroso. Es capaz de cualquier cosa.

—Claro…—la portadora de Tikki desvió la mirada.

—¿Qué te pasa? —Adrien tragó saliva, confundido— No te veo muy convencida…

—¿No me crees? —consultó Alya.

—N-no. No. No es eso —se excusó, mordisqueándose el labio inferior— Es solo que…entiéndanme. No sabemos finalmente si él fue el asesino. ¿Comprenden? Debemos ser profesionales en esto. Digo, si…suena terrible todas esas muertes. Pero no hay un solo registro de que fue el.

—Si lo hay…—añadió la morena, revelándole unas imágenes que el propio Luka Couffaine, les envió— El muchacho le mandó esto a Chat Noir. Las cámaras del distrito captaron a Chat Blanc entrando a La suite y luego saliendo bañado en sangre. El sujeto se posiciona en la escena del crimen.

—Pero podría ser cualquiera ¿Comprenden? Cualquiera puede ser Chat Blanc —endosó— no podemos procesarle en un juicio legal como culpable, solo por una suposición.

—¿Y que tienes en mente? —Adrien Agreste frunció el ceño— Porque se nos acaba el tiempo.

—Tengo pensado robarle el anillo —reveló con atisbo de complicidad— Es la única forma de demostrar que él es el asesino.

—Está bien. Me parece lógico —aceptó la ex militar, observando su reloj— Tienes que hacerlo cuanto antes.

—Esta noche procuro hacerlo —balbuceó la chica del traje rojo, vacilando en sus frases de vez en cuando— Ah. Félix está convencido de que soy la Marinette que el ama. No lo sospecha.

—¿Y cómo pretendes robárselo? —le cuestionó Chat Noir. Vale. Esa mirada era demasiado inquisitiva. ¿Qué estaba insinuando con ella? Prácticamente se estaban leyendo la suerte entre gitanos— Ladybug… ¿Qué has estado haciendo con Félix realmente?

—Eh…—Alya había captado un ambiente muy tenso entre ambos. Por lo que decidió volver al vehículo— Yo te espero en el auto…jeje…

—No entiendo tu pregunta, Chat Noir —le rebatió, con la misma mirada furtiva clavada en sus orbes azulados— Soy Marinette Agreste. ¿Lo olvidas? No asumas algo que no es.

—Espera —le sujetó del brazo con firmeza. Algo le irritaba en demasía— Marinette está enamorada de Adrien. Y viceversa.

—No lo creo —negó.

—¿Cómo estás tan segura? —insistió.

—Marinette ama a Félix. No a Adrien.

—¿Qué Marinette? —repitió.

—¿Cómo?

Un segundo. Detengan todo. ¿Qué mierda dijo? ¿A que estaba jugando realmente? Ladybug se paralizó por unos instantes, sintiendo un escalofrío húmedo recorrerle la espalda. No era posible que él hubiese descubierto su identidad secreta ¿O sí? Eso era una locura. ¿Esa pregunta iba dirigida a ella? ¿O era una forma maliciosa de sacarle información sobre la Marinette de su universo? Que incómoda situación. Jamás le vio comportarse de esa forma tan áspera. Sus orbes esmeraldas soltaban chispas de los celos que se cargaba. Chat Noir no tenía ni un pelo de tonto. Seguramente ya sospechaba que ella y su primo…

—Debo regresar —Dupain-Cheng se liberó de su agarre, solo para aclararle por última vez sus intenciones— Hoy lo haré. Mañana nos reuniremos en el malecón del Senna. Cualquier cosa, puedes contactarme a mi línea falsa —explicó— No me llames al Bugfono.

—Vale…—le vio marcharse, con la expresión menguada y las orejas caídas— Entonces… ¿Ya no eres mi lady…? —suspiró rendido, volviendo al vehículo.

—¿Pasa algo malo, Adrien? —le consultó a su compañero. Este se mostraba muy decaído luego de la plática con su camarada— Aún sigues confiando en tu lady ¿no?

—Mh…—rehuyó de su mirada— No quiero hablar de eso ahora mismo…

Teniente. La necesitamos en la línea cuatro.

—Adelante, base central —la muchacha cogió el transmisor del carro para hablar más fuerte y claro— ¿Qué sucede?

Tenemos un testigo que dice tener información valiosa sobre los asesinatos de anoche. Pero no quiere hablar con nadie más que con la Fiscal Agreste.

—¿Cómo? —Césaire encendió el motor, pisando a fondo el acelerador— Vamos de inmediato para allá. La fiscal Agreste no se encuentra en la ciudad. Eso no será posible.

Es lo que le intenté decir, pero es muy terco.

—Oficial, que no se mueva de ahí ¿Me oyó? —sentenció— Es una orden.

[…]

Nathaniel permanecía sentado en un rincón del suelo. Se rehusaba a tomar asiento en una silla o soltar el bolso que cargaba receloso contra su pecho. Cuando Alya y Adrien llegaron, pudieron notar el aparente estado de shock en el que se encontraba el pelirrojo. Temblaba y repetía cosas sin sentido, besando una cruz de plata.

—Ha estado rezando así desde que llegó —le comentó uno de los policías— Le preguntamos si quería agua o algo. No quiere nada. Solo hablar con la fiscal.

—Gracias, capitán —asintió la mayor, tomando la ficha del muchacho— Yo me encargo. Nathaniel Kutrzberg ¿Verdad?

En el instante en que el informático divisó a Chat Noir, dio un salto despavorido en el suelo. Le apuntaba con la cruz, como quien intenta exorcizar a un demonio.

—¡Atrás, satanás! —le amenazó— ¡No te me acerques! —luego saltó hacia el mesón, tirando todo a la mierda— ¡Ser de oscuridad!

—Eh… ¿De qué me perdí? —Chat Noir se rascó la nuca, completamente estupefacto con lo que veía— Creo que necesita terapia.

—Nathaniel ¿Nos puedes explicar que sucede? —Césaire se acercó a él, sacando las esposas— Él es Chat Noir. Y si no te calmas, tendré que arrestarte.

—Eres el hermano de Chat Blanc. ¿No es así? —balbució despavorido el bermejo— Chat Blanc. Chat Noir. El enviado del inframundo.

—Está bien. Entiendo el punto —El menor de los Agreste entendía la similitud con la que podrían llegar a confundirles. Pero solo para no levantar más sospechas, se quitó el traje, revelando su verdadera identidad— En realidad, soy solo un ciudadano más. No tengo nada que ver con Chat Blanc.

—¿Comisario…Graham? —pestañeó aturdido el ingeniero. No lo dudó dos veces y se abalanzó hacia el rubio, dándole un abrazo fraternal en el intento— ¡Adrien! Tienes que ayudarme. Tu hermano Félix podría lastimar a la fiscal. Ella…

—¿Te parece si hablamos en la oficina? —Alya debía mantener las cosas en privado. Los policías de la recepción, incluso los conserjes del aseo y hasta los mismos reos que venían llegando, estaban escuchando todo con sumo detalle— Es una investigación en curso… ¿Ok? Vamos…

[…]

—¿Cuánto tiempo me dormí?

Félix despertaba al fin, con las escleróticas de sus ojos enrojecidas del cansancio. Si hubiese sido por él, dormía eternamente bajo tierra de ser posible. La muerte siempre fue una preferencia para él. Marinette yacía dormida, con la mitad del cuerpo en el borde de la cama y la otra parte, sobre en asiento. Se frotó los ojos, adormecida también.

—Hola —le saludó con expresión cálida en sus labios— Bastante. Ya ha oscurecido de hecho.

—¿Te quedaste a mi lado todo este tiempo? —consultó el rubio, inclinándose hacia su compañera para buscar sus labios. Ella asintió. ¿A dónde mas iba a ir? De todas formas, tampoco supo que hacer con el bendito anillo— Gracias…—y le regaló un ósculo sincero. A lo que su amante no rechazó para nada. Por el contrario, disfrutó tanto como pudo de el— ¿Qué hiciste con el anillo?

—Ya no importa eso —Dupain-Cheng se levantó del asiento, estirándole la mano— Vamos. Tienes que comer algo.

Ambos muchachos comieron como de costumbre en salón principal. Marinette comprendía que quizás esa podría ser la última cena para ambos. Pero no se desanimaría del todo para llegar hasta el final de su misión. Aún conservaba el anillo. Solo que lo guardó en su cartera para evitar conflictos mayores. Si bien Graham de Vanily había dormido bastante como para descansar, ella aún le percibía agotado. No sabría a ciencia cierta cuanto tiempo tardaría un chico en sanar sus heridas sentimentales, más que las físicas. Chat Blanc era el dios de la destrucción personificado en un joven que apenas se podía el alma.

Tras degustar los alimentos, la portadora del Miraculous de la creación, invitó a su compañero a terminar la velada bebiendo una copa de vino en el jardín trasero de la mansión. Aún había algunos temas que resolver y no se apresuraría a no tocarlos. Escucharon algo de música clásica y charlaron un poco sobre el presente, el pasado y el futuro. Félix confesó sin miedos todos sus crímenes. Uno por uno. Sin dar tantos detalles, claro. Como para no espantarla. Le narró sus razones, sus mayores miedos y preocupaciones. Y detalló muchísimo el cómo Chat Blanc le hacía sentir cuando se apoderaba de su cuerpo. Era como entrar en modo piloto automático sin saber dónde estaba o que hacía al final del día. Luego de relatar con énfasis sus sentimientos, declaró sentirse muy agobiado por la traición de su hermano Adrien. Él había actuado a espaldas de él, durante todo ese tiempo. Fue entonces cuando Marinette entendió, que el menor de los Graham de Vanily, ya estaba al tanto de toda la verdad. Posiblemente, también de la colusión de Nathalie con su hermanastro. ¿Qué pretendía hacer entonces?

—Nada —musitó el ojiverde con sinsabor, observando el líquido carmesí de su copa— ¿Qué quieres? ¿Qué mate a mi hermano también? Es una locura, Marinette. Yo amo a Adrien.

—Y es natural que estes dolido con el —respondió la pelinegra, sin quitarle los ojos de encima. Podía comprender a la perfección su angustia, como si fuese la suya. A ese punto de conexión habían llegado— ¿Qué harías si lo ves ahora mismo?

—¿Ahora mismo? Me gustaría preguntarle el por qué hizo todo lo que hizo —bebió un sorbo corto del trago— Que razones tenía. Cuando yo en el fondo, traté de comportarme decente con él.

—No quiero pensar que Adrien es malvado —le declaró la fémina, tomando su mano derecha con cariño. Deseaba transmitirle su calidez a través del gesto— Y sin llegar a justificarlo, también quisiera saber sus razones.

—Eres una buena mujer, Marinette —le regaló una sonrisa sincera— Y es por eso que te amo tanto.

—Félix…—Dupain-Cheng hizo una pausa prolongada ante tal declaración, sintiendo el rostro febril. ¿Habría sido producto del alcohol? No. Félix la hacía ruborizar con o sin el en el cuerpo— ¿Te quieres entregar?

—Tu eres la fiscal aquí —le respondió con angustia— ¿Qué sentencia me darán?

—Yo…—bueno, algo había leído por ahí estando en el trabajo de la Agreste. A juzgar por los compromisos…no era nada bueno. En este universo, la sentencia por inyección letal existía. El calibre de sus atrocidades lo llevarían directamente a una muerte segura. El solo hecho de llegar a imaginarlo, le partió el alma. Tembló trémula ante un escenario tan espantoso. Muchos lo llamarían justicia. Pero él ni si quiera estaba del todo consciente del daño que hizo. ¿Decirle la verdad? Ni loca —Puede que te den cadena perpetua. Y confisquen tus bienes para dárselos a la ciudad.

—Sería el final de mi carrera y de la empresa de mis padres —admitió melancólico, acariciando de vuelta aquella mano que tocaba la suya— Pero si debo pagar por mis pecados…tendré que asumirlo de esa manera.

—Félix. Yo no…—Si. Lo iba a decir. Necesitaba decirlo. Aunque se quemara en el infierno con el— No quiero que vayas a la cárcel…—Oh dios…lo siento mucho— No deseo que pases el resto de los años que te quedan, pudriéndote tras una celda. No es justo.

—Es una locura —musitó Graham, pasmado con su afirmación.

—Lo sé. ¡Lo sé! —se levantó del asiento, abrazándose a sí misma con expresión confundida— Te juro que ni yo me creo lo que estoy diciéndote. Pero…es que…

—¿Por qué querrías algo así? —se alzó también, sujetándole de los hombros.

—Es que creo que…—Marinette le observó a los ojos con un brillo penetrante en ellos— que me he enamorado de ti. Y no soporto la idea de que acabes así.

—¿En verdad me amas? —Félix se ruborizó, tomándole de las mejillas.

—Como no tienes idea…— Ni yo tengo idea. Pero no voy a mentir —jadeó de vuelta, escondiendo el rostro en su pecho— Me siento confundida entre lo que "debo" y "quiero" hacer.

—Se que es lo que debes hacer, Marinette —espetó el rubio, tomando su mentón para contemplar la fisionomía de su expresión facial una vez más— Pero ¿Qué es lo que quieres?

—Ahora mismo…—se estremeció, completamente abochornada— ahora mismo quiero que me hagas el amor.

—¿Estás segura…? —se arrimó aún mas a ella.

—Nunca estuve mas segura de algo en mi vida…como lo estoy ahora —sentenció la heroína, conectándole un beso intenso en los labios— Llévame a la habitación por favor…

[…]

Comienza a llover sobre la ciudad. Una sombra rodeada de misterio se alza sobre la cúpula de una iglesia, que da directo hacia el patio trasero de la mansión Graham de Vanily. El cielo se ilumina con un rayo estruendoso, revelando unas singulares orejas felinas en el aire. Chat Noir contemplaba con dolor la escena. Sus sospechas tenían asidero. Ladybug…ya no era suya. Ni ahora, ni nunca. Ellos no eran pareja. No eran nada mas que amigos. ¿Por qué entonces sentía de forma visceral un perjurio inexistente, disfrazado de traición? Quizás, por no haber tenido la valentía de revelarle la verdad cuando se encontraron en la mañana. ¿Era su orgullo el agraviado o puramente un corazón roto? Ese beso, acabó por convencerle de la verdad. Tomó su bastón y se alejó de la escena, en completo silencio.

De alguna u otra forma, acabó llegando al distrito suburbano. Se confesó solo y abandonado en una ciudad ajena a él. En un universo y un mundo que no era el suyo. Durante toda su aventura, jamás se separó de su compañera heroína. Y ahora que ella había optado por dejarle de lado, no supo realmente que hacer. No tenía amigos. No confiaba en nadie. La lluvia le empapó. Su silueta se dibujó contra un espejo, en el exterior de un bar. Se sintió ridículo en ese absurdo traje de gato. Así que optó por des transformarse y ser lo que el era en realidad, Adrien Agreste. El Adrien falso, que nadie conocía. Alya le llamó por teléfono, pero el no contestó. Prefería la compañía de la lluvia y la desolación, tan solo para pensar un poco las cosas. Aclararse el mismo. Observó la pantalla del dispositivo y leyó el nombre de Alix. Un pensamiento fugaz y muy amenazante le carcomía por dentro. ¿Y si los denunciaba a ambos? ¿Y si entregaba a Félix y a Ladybug por ser su cómplice?

—¿Qué estoy haciendo…? —se preguntó así mismo, atemorizado de sus propios miedos. Apagó el móvil, guardándolo en su bolsillo— Soy un idiota.

—Pero un idiota con suerte —le interceptó una voz familiar desde atrás. Era Luka Couffaine y su hermano Julien— Hola, Chat Noir.

—Eh…—se inmovilizó unos momentos— ¿Cómo sabes quién soy?

—Te vimos quitarte el traje, tonto —Julien rodó los ojos con obviedad— ¿Qué haces aquí a estas horas y solo? Es medio peligroso ¿Sabias?

—Que importa. Ya da igual —se encogió de hombros, con la mirada cabizbaja.

—Hey, Chat Noir —le llamó el peliazul.

—Mi nombre es Adrien Agreste —le corrigió con hastío— Y soy el único Adrien de confianza que conocerás.

—Me agrada —Luka sonrió con jovialidad, acercándose a el para darle unas palmadas en la espalda— Ven con nosotros, Adrien. Te invito un trago. Algo me dice que necesitas platicar con alguien.

Bar del puerto. 22:30PM.

—Quieres volver a casa ¿No es así? —le consultó Luka.

—Ya no me siento cómodo estando acá —reveló el rubio, sentado en la barra con un vaso de cerveza— Pero debo esperar hasta mañana. Ladybug dijo que todo estaría listo para mañana.

—Me gusta que sigas confiando en ella —halagó el ojiazul.

—Ya no lo hago —sentenció con amargura. Ni el mismo se creía lo que estaba contando, pero no iba a seguir fingiendo— Ella cambió mucho desde que llegamos aquí. Ni si quiera fue capaz de decirme que ahora…se besa con Félix.

—Ladybug me parece una mujer muy valiente —añadió Julien, alzando su trago de cerveza espumante con mucho anhelo— Dale tiempo. Ella sabe lo que hace.

—Ustedes no lo entienden. Yo la vi-…

—Ella te gusta ¿No es así? —infirió el hacker de cabellera añil. A lo que Adrien se ruborizó de solo escuchar aquello. Una expresión así dice mas que mil palabras— Entiendo perfectamente que te sientas mal. Y no te pido que cambies de opinión. Solo quisiera contarte que…si no fuera por ustedes dos, yo no estaría aquí con mi hermano —el portador del Miraculous de la destrucción hizo un mohín de angustia, tomando un trago extenso de su bebida. Acto seguido, apretó los labios. Esa mirada delataba muchísimas cosas. El rubio se sentía atormentado por pensamientos típicos del miedo a perder un ser amado— Adrien, no lo hagas —Luka le tomó de las mejillas, clavándole una mirada certera— Sé lo que estás pensando ahora mismo. No dejes que tu imaginación te traicione.

—¿Cómo sabes lo que estoy pensando? —parpadeó, concibiéndose desenmascarado.

—Amigo…—chistó con diversión— vamos. Estamos en confianza. Somos hombres. Sé lo que piensa un hombre con el corazón roto.

—Ladybug es una mujer increíble —reveló el rubio— Yo solo-…

—Ladybug sí. ¿Y qué opinas de Marinette? —consultó Julien un poco mas allá, masticando unas nueces. Ambos muchachos voltearon a verle con curiosidad— No me miren así. Digamos las cosas como son.

—¿Qué insinúas? —espetó el joven Agreste.

—Te lo pregunto porque, bueno…—el pelinegro se rascó la nuca con obviedad— A la que viste besando a Félix era Marinette. No Ladybug.

—Era Ladybug disfrazada de Marinette —aclaró el ojiverde.

—¿No has pensado en que podría ser al revés y eso te irritó aún más? —insinuó Couffaine, esbozando una sonrisa picaresca.

—¿Cómo…dices? —Chat Noir se calló de golpe, regresando la mirada hacia su vaso completamente aturdido— ¿Podría ser…?

—Existe una Marinette en tu mundo ¿No? —agregó Julien— ¿Qué es para ti? ¿Una amiga? ¿Una hermana? ¿Una novia?

—Yo…— ¿En serio me irritó ver a Marinette besar a mi primo? —¿Crees que sea posible, Julien? —planteó Adrien, con la cara teñida de un rojo furioso— ¿Crees que me guste Marinette?

—Dímelo tú, muchacho —añadió, levantando su jarra de cerveza— ¡Vamos a brindar ahora! Y ya podrás pensar en tus sentimientos. ¿Te parece?

Es una locura…que no es tan…locura —redundó el rubio en sus pensamientos, haciendo caso omiso a su brindis. Exhaló con violencia, levantando su cántaro también— Está bien. Vamos a beber un poco más. Pero… ¿Por quién brindamos?

—Por Marinette —siseó el pelinegro— O si prefieres, por Ladybug. Es lo mismo.

—…

Burdeos. A esa misma hora.

—¿Dónde mierda está el comisario Graham? —Alix confrontaba cara a cara a la fiscal Agreste. Y que no se hiciera la estúpida con ella. Porque conocía su historial perverso detrás de escena— Habla.

—Mas respeto. No me hables así —protestó la Agreste, con voz de fiera— ¿Te parece que yo soy su mamá o algo así?

—No lo sé, dímelo tu —masculló Kubdel con furia— ¿Le das de amamantar?

—¡¿Qué dices?! —Marinette bramó encolerizada, abalanzándose hacia ella con actitud soberbia— ¡¿Qué insinúas?!

—¡No insinúo nada! —le abofeteó, dejándola en completo silencio a la hora del golpe— ¡Maldita seas, Marinette! ¡¿Cómo puedes ser tan estúpida?! —le increpó con violencia. Tomó sus prendas de vestir y las metió bruscamente dentro de su maleta— Empaca tus cosas. Nos regresamos a Paris.

Marinette poco y nada entendía de su actitud. Daba por hecho muchas cosas. ¿De donde había sacado tanta información privada? Mylene se escondía tras la puerta. Ah, pero claro.

—Pequeña traidora —gruñó la fiscal, exterminándola con la mirada— Ya vas a ver.

—¿Traidora, dices? —rezongó hastiada la general. Ya estaba cabreadísima como para lidiar con sus pendejadas. La tomó del cuello y la azotó contra la pared, sin si quiera temer cargos en su contra. Se sentía en todo el derecho de hacerlo. O la despabilaba ella, o lo haría la cárcel— La única traidora aquí, eres tú.

— ¿Qué mierda haces, Alix? —se defendió como pudo, intentando zafarse.

—¿Hasta cuando pretendías defender a Adrien? —renegó.

—No tengo la menor idea…—carraspeó, sintiéndose asfixiada— De lo que hablas.

—¿Ah no? Te lo contaré entonces —farfulló con el fuego de la ira en los ojos— Un testigo clave apareció esta mañana en la brigada. Alya me lo contó todo —reveló— El bastardo de tu amante, es un puto traficante de mierda. Usó fondos de la compañía de su propio hermano, para liarse con mafiosos del bajo distrito suburbano. Pero claro…esto ya lo sabías ¿No? Porque tu visitabas esos antros —Marinette permaneció de piedra. Seriamente en shock. ¿Qué le estaba contando? No tenía la más mínima idea de lo que le contaba— Y para colmo, resulta ser que tu "noviecito" es un maldito asesino serial. Dime ahora, Marinette Agreste. "Fiscal" de parís. ¿Sabes cuantos años te van a dar como encubridora?

—Basta…Alix…—musitó apenas, sintiendo como el aire se le agotaba. Su rostro ya había pasado de morado a gris— No…respiro…

—Argg…—la soltó de golpe, permitiendo que esta soltara atragantada toda la mierda que tuviera. Se sentía de la perra en esos momentos. Al diablo con todo— No sé realmente si eres una maldita caliente o una maldita ignorante. Pero una de las dos debes de ser.

—Deja…de insultarme —Marinette se tomó la garganta con padecimiento, negando rotundamente los hechos— Te lo juro por lo que mas quieras…que no sé de qué mierda me hablas.

—¿Crees que soy tan imbécil como para creerte? —juntó el entrecejo.

—¡Te digo que no sé de que me hablas, carajo! —bramó adolorida. Los ojos se le llenaron de lágrimas. Le costaba trabajo incluso a ella, digerir lo que le relataba— ¿Cómo es eso? ¿Félix y Adrien son criminales?

—Tch…—Alix soltó un escupo al suelo, demostrándole el asco que sentía por el engaño. No supo a ciencia cierta si estaba fingiendo, montando una escena dramática o de verdad si era una maldita ignorante— ¿Qué te pasa? ¿En qué mundo vives?

—Alix…por lo que mas quieras —La fiscal se quedó de rodillas en el suelo, escondiendo el rostro contra la alfombra sin saber que mas decirle, aparte de llorar— Créeme. No tenía la menor idea. Por favor…cuéntame. ¿Qué está pasando con los hermanos Graham de Vanily?

—¿Y por qué te lo diría ahora? —contradijo la bermeja, empachada con su escena— Si ni si quiera pudiste hacer bien tu trabajo.

—Porque me importan —declaró temblorosa, al punto de dejar salir un par de quejidos maltratados. No estaba fingiendo. Era tan real como ella— Ellos son todo para mi…y no te pido que me entiendas. Porque no te explicaré mi historia con ellos. Solo te ruego…me expliques ¿En qué están metidos ellos dos? —imploró, alzando la vista entre lágrimas— ¡Por favor, Alix!

Esta chica…—apretó los puños, golpeando la pared de la ira que se cargaba. No hallaba como desahogarse ahora mismo. Se sentía por todos lados, un estropajo usado tanto como ella— Empaca tus cosas. Nos vamos a Paris. Y si realmente quieres saber, te contaré en el camino.

—Gracias…prefecta —aceptó con humillación, mientras descansaba su frente en el suelo.

—Marinette —le lanzó una última advertencia— Vas a tener que elegir un bando. Te guste o no. O estás conmigo —le mostró los dientes— O estás en mi contra. Así de simple.

—…si. Entiendo.

[…]

Félix…—murmuró Dupain-Cheng, aferrada a su pecho con armoniosa expresión— Eso ha sido increíble…

Ambos jóvenes permanecían recostados sobre la cama. Sudados, exhaustos, desnudos, completamente vulnerables. Graham de Vanily le abrazó con ímpetu de protección, acurrucándola entre sus brazos como el fiel amante que era. Le platicó un poco a su chica. Pero esta, al cabo de unos minutos acabó dormida contra su anatomía. El calor que emanaba su cuerpo era sublime para el rubio. No había placer más excelso para él, que intimar con su futura esposa. Sentirla llegar, acabar juntos. Tocar el cielo y volver a la tierra, era el amor que profesaba por ella en su máxima expresión. No quiso interrumpir su descanso. Su rutina era conocida entre ellos. Después de un par de veces, dormían un poco para retomar el acto horas después. Solo que esta vez, Félix no se sentía cansado. Así que la dejó reposar, cubriéndola con las sabanas para ir a orinar.

Luego de usar el baño, la sed atacó su garganta. Se encaminó en búsqueda de agua en la cocina. La luz de la habitación que usaban para su prometida estaba encendida a esas horas. ¿Por qué? Si Marinette estaba con él. ¿Qué necesidad había de usar su cuarto? Armado solo de un bóxer negro, Félix transitó hacia el cuarto sin dobles intenciones. En ella, pilló a su asistente Nathalie, intruseando la cartera de su amante. Eso le irritó de sobremanera.

—¿Qué estás haciendo con el bolso de Marinette? —le increpó, parado sobre el marco de la puerta.

—Félix —aclaró Nathalie, levantándose para revelarle su descubrimiento— Esto es una farsa. La mujer con la que te acuestas, no es Marinette Agreste.

—¿Qué dices? —chistó el rubio, estrujando las cejas con desazón— No me jodas. Aléjate de sus cosas. No seas impertinente.

—¿Quieres verlo por ti mismo? —Sancoeur invirtió su morral sobre la cama, dejando caer todo lo que la muchacha cargaba en su interior— Aclárate —desde el interior saltó un dispositivo que permitía cambiar la apariencia física de su portador. Su celular policial. Un frasco de pastillas negras y el anillo del gato— Míralo por ti mismo.

—¿Qué es esto…? —Félix caminó hacia la cama. Y lo primero que vio dentro de todas las cosas, fueron las pastillas negras, mas allá de todo lo demás que sin duda ahora mismo le importaban un carajo— ¿Por qué Marinette tiene esto?

—Porque las toma para no preñarse de ti.

—¿Por qué…? —se estremeció, apretando entre sus dedos el medicamento— Es absurdo. Ella dijo que quería intentarlo de nuevo.

—Porque no es Marinette Agreste —le confesó la mayor, mostrándole el dispositivo cambia apariencias— Es otra mujer.

—¿Qué mujer? —exigió explicaciones.

Ladybug.

—¿Y quien mierda es…Ladybug? —agregó.

—Es una detective, infiltrada por la policía —reveló Nathalie, mostrándole en su tableta su archivo— La conociste en la fiesta de la plaza. Félix…te ha estado engañando. Se hizo pasar por Marinette para espiarte y robarte información.

Cállate.

—¡Félix!

—¡Que te calles, mierda! —la estranguló contra la puerta, estrujando con violencia su cuello. Ok. No estaba portando el anillo. ¿Cómo era posible que fuese así de violento? Secuelas, sin duda— No me importa.

—¿Q-Que dice…señor? —intentó luchar contra su agarre, sin poder soltarse.

—No me importa que no sea Marinette Agreste —la soltó finalmente, dejándola caer al piso con total normalidad. Acto seguido, tomó las píldoras entre sus dedos— Ya sabía yo que no era ella.

—¿Co-Como…?

—No te hagas la estúpida —farfulló con molestia el rubio— Soy un niño probeta. ¿Lo olvidas? No soy un imbécil —acto seguido, tomó el anillo para acomodarlo nuevamente en su dedo anular— No me interesa. Ella es la Marinette que amo. Y ahora mismo, lo único que me importa es que deje de tomar esta mierda.

—¡Félix! —le advirtió, aterrada— No uses el anillo.

—No debiste meterte en sus cosas —gruñó, transformándose en Chat Blanc al instante. La mayor dio un paso hacia atrás, despavorida de su reacción. Era imposible. ¿Por qué justo ahora? —Es demasiado tarde. Y creo que tu lo sabías. ¿O acaso pensaste que nunca descubriría que estás coludida con mi hermano? —esbozó una sonrisa sagaz— Oh, Nathalie. Era cosa de que fueras fiel a mi —le clavó una mirada azulada, repleta de odio— Pero decidiste trabajar para mi hermano. Y creerte superior a mí —dio un paso hacia adelante— ¿Es porque aún crees que soy débil?

—Lo eres —sentenció la pelinegra. Después de todo, tenia los segundos contados. Era ahora o nunca para contarle la verdad— Tu estabilidad emocional nos jugó en contra. Félix…—aclaró, con la mirada fría y calculadora— Te creamos con Gabriel para un propósito. Y ni si quiera eso fuiste capaz de cumplir. ¿Por qué?

—Está bien, Nathalie —le endosó el menor, sacando las garras con amenazante cualidad— ¿Quieres que alimente tu ego? Lo haré —bufó— Te agradezco muchísimo por darme la vida. Fuiste una esclava y una sirviente leal a la familia Graham de Vanily. ¿Pero sabes qué? Ya no preciso de tus servicios.

—Vas a lamentar esto —le insinuó.

—Nathalie —Chat Blanc se saboreó el labio inferior, gesticulando una expresión ignominiosa en el rostro— Estás despedida.

¡Adrien mató a tu hijo!

Fue lo ultimo que alcanzó a revelar, antes de que la sangre de su yugular salpicara toda la habitación. Desde la alfombra, hasta las paredes. Si. La había aniquilado de un solo zarpazo. ¿Pero que mierda significaba eso ultimo que dijo? ¿Cómo era eso que dijo de su hermano? Chat Blanc la había asesinado. Sin darle chances de si quiera interrogarla un poco mas allá. Por primera vez en toda su vida, siendo el portador del gato blanco, permaneció inmóvil por unos instantes frente al cuerpo de una de sus víctimas. Aquella ultima declaración le robó el aliento. ¿Qué demonios?

Cogió el cadáver inerte de la mujer, arrastrándola hasta el sótano de la mansión. La encerró en el cuarto del laboratorio, craneando luego la forma de hacerla desaparecer de la faz de la tierra. Ya nada mas valioso le quedaba en este mundo. Ahora mismo, solo eran el, Marinette y su hermano. Pero su hermano…oh sí. Adrien Graham de Vanily. Tenía muchas mas cosas que responder frente a él, que cualquier otra persona. El portador del Mecha Miraculous regresó a su habitación. Se arrodillo en el suelo, y permaneció psicopatamente mirando como su "pseudo novia" dormía desnuda entre sabanas. Convertido en Chat Blanc, cruzó los dedos a modo de rezo y cerró los parpados, como profesando un culto satánico hacia la muchacha. Era devoto creyente a Marinette. Aunque no fuera una Agreste realmente. No importa. Da lo mismo. Era su musa ahora. Su diosa. Su religión. Su respiración. Félix la observó y pidió al universo, por su protección. Pero no sin antes, quitarle el dispositivo de su muñeca. Esperanzado de que despertara.

¿Era Ladybug? ¿Marinette Dupain-Cheng? Le daba exactamente lo mismo. Esperó paciente a su despertar. Ya lo comprobaría.

A eso de las 4:30 de la madrugada, Marinette abrió los ojos. Lo primero que vio a su lado, fue a Félix Graham de Vanily en calidad de civil. Estaba rezando, en un idioma que jamás oyó. ¿Qué pasaba? Ella se había dormido en su pecho y ahora estaba arrodillado a los pies de la cama.

—¿Félix…? —murmuró adormilada la ojiazul, estirando la mano para tomar su mentón— ¿Qué haces ahí? Vuelve a la cama. Hace frío.

Esta es la Marinette que amo. Me da lo mismo…—Félix se metió entre las sábanas, despojándose instintivamente de sus boxers— Estaba esperando a que descansaras para continuar.

—¿Continuar? —consultó, muy anonadada. Aún se sentía post-orgasmica— ¿Qué dices?

—Marinette —Félix, quien portaba el anillo, se acomodó sobre ella— Vamos a hacer un bebé.

—S-Si…pero…

—Marinette —redundó, sujetando sus muñecas con violencia desmedida— Quédate quieta.

—Félix —rogó, un tanto intimidada— No me hagas daño…—Ahh…—respondió, un tanto adolorida por la presión ejercida en su interior. Ok. Eso no era normal. Félix actuaba de una forma muy errática. Y el sabor de sus besos, otra vez inmiscuían el aroma del hierro. ¿Sangre? — Félix… ¿Qué hiciste ahora?

—¿Qué hice qué? —preguntó, gesticulando una sonrisa morbosa— No te muevas…

—¡Félix! —advirtió la ojiazul,.

Nunca en su vida se había sentido más intimidada que ahora. Y mucho menos en una situación tan comprometedora. El chico que amaba estaba sobre ella, sin si quiera darle explicaciones de un por qué actuaba de esa forma. No era brusco ni violento. Al contrario, muy gustoso y amable con ella. Pero de vez en cuando, en cada estocada, Chat Blanc relucía a imagen y semejanza. ¿Por qué de pronto veía al portador del anillo? Marinette se entumeció de un momento a otro. Quiso resistirse, pero era casi imposible. El asesino de traje blanco también se había apoderado de su anatomía. Sintió miedo y al mismo tiempo mucha ansiedad. Una angustia lujuriosa en el acto que le incineró la cabeza. ¿Era Félix o era Chat Blanc?

¿Quién eres? —Marinette se detuvo unos segundos entre sofocos exhaustos, solo para soltarse de la presión ejercida sobre sus muñecas. Llevó sus manos al semblante del muchacho, palpando con la yema de sus dedos cada rincón de su fisionomía. ¿Qué estaba tocando? ¿Un rostro o una máscara? —¿Quién eres realmente? —le preguntó con la mirada. El no respondió. Un par de lagrimones rodaron por los pómulos del muchacho, sin dar atisbo de ninguna expresión de angustia realmente. Le sintió frio en su interior, como un peso muerto e inerte. ¿Era humano o era un robot? — Félix —le llamó una vez más, abrazándolo con fuerza, mientras le incitaba con sus talones a continuar— Mas fuerte —pidió, tironeando de los cabellos blancos— Sigue así —esas orejas— No pares —se estremeció por completo, en un ultimo amago por ahogar un grito desesperado en su cuello— Chat Blanc…

Ladybug…—gruñó en respuesta, desvaneciéndose sobre su cuerpo.

Tarde o temprano, el se enteraría. Pero ¿Ahora realmente importaba eso? Nah. Al carajo con el mundo. ¿A quien iba a engañar? Ya era demasiado tarde para retractarse. En medio del lúgubre silencio de aquella mansión y el estruendo de la tormenta golpeando la techumbre, un teléfono comenzó a vibrar. El sonido pasó por el vestíbulo principal, giró hacia las escaleras, se deslizó por el sótano y acabó en el celular de Nathalie. Repicó una y otra vez, mientras las sacudidas le trasladaban por una poza de sangre.

Nadie va a contestar esta noche.

≪ Se ha comunicado con la secretaria de presidencia. En estos momentos no puedo atenderle. Pero deje su mensaje después del tono y le devolveré el llamado en cuanto sea pertinente ≫

Un vehículo avanza a toda velocidad por la acera mojada. El aguacero de Paris no da tregua a sus ciudadanos, imposibilitándole llevar una vista decente por las calles. Adrien Graham de Vanily vuelve a marcar. El buzón de voz de Nathalie le apremia a sentir el pánico de haber llegado muy tarde. Golpea el manubrio con violencia. Maldice en el transcurso de la avenida. Tiene un muy mal presentimiento de todo. Para su mala suerte, se ve obligado a detenerse en una fila de autos que comienzan a salir atochados por la lluvia. Presiona la bocina, pero estos no se mueven. Inhala y exhala profundo, tratando de recobrar la calma. Y entonces cierra los ojos…recordando, repasando en su mente; la verdadera razón de su actuar.

Racconto—

Félix siempre fue tan débil. Cuando volví de la guerra, solo me encontré con aún mas caos.

—Ha sido una carga demasiado grande para él —le rogaba Nathalie— Aún es solo un jovencito. No sabe cómo mantener una empresa.

—Félix no está comiendo, señor Graham. Rechaza los alimentos —la voz de una enfermera a lo lejos— Necesita asistencia médica cuanto antes.

—Las inversiones de VanilySky están por el suelo, Adrien —murmuraba su obseso abogado— Si no hacemos algo pronto, esto escalará a planos mayores.

—O tomas tú el mando de la compañía —le amenazó la junta directiva— O esto se acabó.

El día que decidí madurar y convertirme en la persona que soy. Fue el mismo día, que descubrí la verdad sobre la desaparición de mis padres.

—Tus padres no están muertos, Adrien —reveló Sancoeur, entregándole el Grimorio en sus manos— Tu eres el único que puede encontrarlos. Félix no está bien de salud para hacerlo. Esta es la investigación de toda su vida.

—¿Qué significa esto, Nathalie? —rezongó el rubio, leyendo el texto con incredulidad— ¿Cómo que no están muertos…?

—Félix no debe enterarse jamás de la verdad —sentenció la mujer— Debes ayudarlo.

Yo nunca fui parte de esta familia. No puedo ser yo quien herede la compañía.

—Dejemos que el descubra todo por si solo —murmuró Nathalie a lo lejos— Necesita una razón para vivir.

Te dejé el libro, las llaves del laboratorio de papá y las fórmulas para recrear las joyas. Dedica tu vida a esto. Mientras yo me dedico a encontrarlos.

—¿Qué es esto? —farfulló Adrien, observando una fotografía de sus padres y un hombre de nacionalidad rusa. La parte posterior firmaba: De su buen amigo Maximov Grahamovich— Es un Miraculous —le señaló a su asistente, mostrándole el monóculo que descansaba sobre su ojo derecho.

—El salto cuanto es posible, joven Graham —explicó Maximov— Pero solo si las condiciones son necesarias para ello. Los picos mas altos de energía se dan en tormentas eléctricas.

Como el día en la que desaparecieron en el avión.

—¿Qué estaban buscando mis padres? —cuestionó el rubio.

—Las verdaderas Joyas —reveló Grahamovich— Como esta de aquí —le reveló su monóculo.

No me arrepiento de nada.

—¡Adrien! —bramó el hombre, con el rostro ensangrentado— ¡No lo hagas! ¡los Miraculous deben ser usados para el bien! ¡No para beneficio propio!

—Lo siento mucho…—rezongó el menor, con lagrimas en los ojos— Pero debo encontrarlos. Y esta es la única forma —le apuntó con un arma— Prometo no defraudarlos.

Félix. A partir de hoy, tu serás el responsable de todo.

Racconto—

[…]

—¿Félix?

Marinette Dupain-Cheng se despertó con el cuerpo congelado en medio de las sábanas. ¿En qué momento había amanecido? La noche anterior había estado lloviendo, pero al parecer ahora había caído un nevazón de aquellos por toda la ciudad. No sonaba ni una mosca dentro de la habitación. Y tampoco escuchaba sonidos en la casa. Su compañero no estaba donde se supone que le dejó. Se levantó con precavida lentitud, enfocada hacia el baño para lavarse el rostro y despejar un poco la sensación adormecida que le impedía caminar bien. Lo que contempló en el espejo en ese momento, le robó el aliento de golpe.

—¿Cómo es que…? —se observó así misma. Vestía el traje de Ladybug. Mismo, que se supone no debía usar. Y mucho menos en frente de Félix— Oh no… ¿Qué ha pasado? —tragó saliva; tratando de regular la respiración. El solo pensar que podría haber sido descubierta, le aterró desde los pies hasta la cabeza. La mandíbula le tembló, sintiendo la presencia de un ser acercándose a su espalda. Levantó la mirada, notando que, a través del espejo, la silueta de Chat Blanc la observaba fijamente. Ese mini infarto que le dio, seguramente no lo olvidaría en años. El peliblanco la examinó de manera penetrante por varios segundos, percatándose del horror que su mirada expresaba— Félix…—se volteó la chica— Puedo…puedo explicarlo.

—Buenos días, amor mío —murmuró con voz fría el hombre de mirada agria. En su mano, cargaba la cartera de la chica totalmente abierta. Sin duda le había revisado el bolso. Y posiblemente encontró mas de alguna cosa delatadora. Ahora todo tenía mas sentido— Me he tomado la molestia de empacar tus cosas. Sobre todo, las pastillas que has estado tomando para no embarazarte de mí —sentenció, ladeando la cabeza con expresión enfermiza. Acto seguido, le lanzó el objeto a los pies— Será mejor que te des prisa. Se nos hace tarde.

—Félix… ¡Espera! —dio un paso hacia adelante.

—¿Si, Ladybug? —consultó, esta vez girando la cabeza hacia el otro lado. Tenía una sonrisa macabra en los labios. Cualquiera que hubiera visto eso, se echaba a correr sin duda.

No sé para que mierda voy a decir esto…—apretó los parpados, armándose de valor— Solo quiero que sepas…que sí. Es verdad. Las tomé las primeras veces. Pero anoche…no lo hice —se ruborizó con fuerza, sintiéndose febril de solo revelárselo— Te juro que no fue así.

—¿Y como quieres que averigüe eso, cariño? —examinó Chat Blanc, parpadeando de manera cibernética— ¿Debería abrirte el estomago y revisar si están ahí? ¿O prefieres que inspeccione tu útero?

—Gnh…—Marinette dio un paso hacia atrás, indiscutiblemente asustada— ¿Qué estás insinuándome con eso, Félix?

—Nada, corazón —sonrió— Arréglate que vamos a salir.

—¡Es-Espera! —balbuceó, sutilmente tartamuda— ¿A-A donde vamos exactamente? No pensé que íbamos a salir. No tengo dinero.

—No te preocupes. Ya he planeado todo —le confesó el ojiazul, encaminándose hacia el vestíbulo principal— Tengo todo lo necesario aquí para nuestro viaje —le mostró. Solo tenía el maletín con las joyas y el cilindro con su feto— Iremos al paraíso.

—¿Al…paraíso? —masculló, aun más confundida.

—Si. Solos tú, yo y nuestro bebé —la tomó de las mejillas, con la mirada brillante de emoción exacerbada— Seremos la familia feliz que siempre soñamos.

Vale. Esto ya se ha salido de control. Este…no es el Félix del que me enamoré —Félix…—Marinette correspondió, imitándole al sujetarle la cara también— Tu…no estás bien. Me prometiste que no usarías mas el anillo. Y…mira lo que has hecho ahora —echó una ojeada rápida a los objetos que estaban en el suelo— Esto es enfermizo. Debes detenerte.

—¿Acaso ya no me amas, Marinette? —siseó el peliblanco, con las orejas caídas y un puchero en los labios.

—Yo…—juntó su frente con la suya en un acto de devoción hacia el— Te amo como no imaginas. Pero no podemos hacer esto. No es posible.

—¡Claro que es posible! —levantó los brazos— ¡Ya nadie se va a interponer entre nosotros!

—¡Félix! ¡Yo no soy Marinette Agreste! —le esclareció.

—Ya lo sé, mi amor —le tomó las manitos, dibujándole una sonrisa jovial— No me importa. Te amo, así como estás.

—Yo no pertenezco a este universo —le aclaró con desazón, soltando sus manos— ¡Yo debo volver también!

—¡Entonces nos iremos juntos a tu universo! —chilló.

—¡Yo no puedo volver contigo! —aulló la heroína con dolor. Finalmente, lo había dicho. Lo sentía en el alma, pero era la verdad. Se abrazó así misma, entre sollozos y penurias— No puedes venir conmigo.

—Claro que puedo —aseguró con firmeza— Chat Blanc irá a donde tu estés.

—No vendrás conmigo, Chat Blanc —sentenció con mucha decisión en sus palabras— Tú te debes quedar aquí.

—Eso no va a ocurrir. Yo no lo permitiré —negó con la cabeza.

—¡Arg! ¡Félix! —espetó, con el ceño fruncido y los labios agrietados— ¡Tu no-…!

¡Félix Graham de Vanily! —Alya Césaire le llamó desde el exterior de la mansión, con ayuda de un megáfono— ¡Salga con las manos arriba! ¡Queda usted arrestado!

—¿Alya? —parpadeó Marinette.

—¡Devuélvenos a Ladybug! —berreó Chat Noir también, con el bastón entre sus manos mas firme que nunca— ¡Nunca será tuya!

—Grrr…no me jodan —gruñó con voz animal, mostrando los dientes cual gato engrifado— No pienso dejar que se interpongan en nuestros planes —tomó los objetos con una mano y con la otra, jaló a su compañera en contra de su voluntad. Corrió hacia el subterráneo. En él, tenía una forma segura de escapar. Ya que una de las compuertas lo llevaba directo al estacionamiento de emergencia debajo de la mansión. Vamos, todo rico los tiene— Nos vamos.

—Félix. Esto es una locura —Ladybug continuaba tratando de explicarle de buena forma, que no era la solución al problema— Te van a atrapar tarde o temprano. No puedes pasar toda la vida huyendo.

—¡Deja de llamarme Félix! —masculló entre dientes, acelerando para escapar por la parte trasera de la mansión— ¡Mi nombre es Chat Blanc! ¡Félix está muerto!

No. Para mí, siempre serás mi Félix —comentó para si misma.

—Ok. Esto se acabó —la morena sopló un silbato, ordenándoles a los efectivos policiales que derribaran la puerta y entraran por la fuerza.

Una vez dentro y tras revisar casi toda la casona, no hallaron pistas de que se encontraran en la casa. ¿Habían huido acaso? Chat Noir estaba convencido de que su compañera tenía un plan aún mayor. Continuaría confiando en ella ciegamente, como lo había estado haciendo hasta ese momento. Aunque las señales en la habitación de Félix revelaran que habían pasado la noche juntos. Se tragaría el orgullo.

Uno de los oficiales se acercó a ellos con expresión despavorida. Señalaba haber descubierto algo espantoso en el sótano. Nathalie Sancoeur yacía degollada y nadaba en su propia sangre. Era una escena horripilante. Adrien Agreste tragó saliva, con la única hipótesis viable que quedaba.

—Ahora el irá por mi —señaló el ojiverde.

—¿Qué? —Césaire se volteó a verle.

—La próxima victima de Félix, es Adrien Graham de Vanily —sentenció— Y cuando el esté muerto. Vendrá por todos nosotros…