Provincia de Lyon. Invierno. Hace 25 años atrás.

Un hombre y una mujer, descansan sobre una alfombra, en compañía de una chimenea ardiente. Ella acaricia su pecho desnudo, depositando suaves besos en el proceso. Mientras que el, solo puede abrazarla en respuesta. Algo quiere decirle. Es mas bien, una confesión que le urgen emitir con mucha responsabilidad. Solo que no sabe cómo. Su silencio es percibido como una mala noticia para la pareja. Ella no desea privarlo de manifestar su inquietud.

—Solo dilo si quieres decirlo —murmuró la muchacha de cabellos dorados.

—Emilie…—musitó el varón— Yo creo que vamos a tener que tomar otras medidas. Esto no está funcionando.

—Lo sé, Gabriel —le respondió su esposa, aferrándose con más ímpetu a su cuerpo— Pero al menos había que intentar lo que dijo el doctor. El dijo que tal vez era culpa del ruido de la ciudad o del estrés.

—No eres la única que creyó eso —comentó, depositando un beso cariñoso en su frente. Sus dedos masajearon sus hebras amarillas con suavidad. El se sentía tan mal como ella— Quiero que sepas, que no me arrepiento de haber tomado este viaje para estar contigo. Sea para el propósito que sea, si es a tu lado todo está bien.

—¿Aunque no funcione? —Emilie se levantó unos momentos de su lugar, solo para mirarle a los ojos mas de frente. Tomó una colcha para cubrirse el pecho— ¿Incluso si no sirve para nada?

—¿Qué estás diciendo? —Gabriel se sentó en la alfombra, sujetando su mentón para no perderla de vista ni un segundo— ¿Cómo puedes decir eso? No hago el amor contigo porque "sirva" para algo. Lo hago porque eres la mujer que amo.

—Tu sabes a lo que me refiero…—se compungió.

—Si. Sé a lo que te refieres. Pero no me gusta cuando lo planteas de esa forma —masculló de vuelta, desviando la mirada hacia el fuego— Siento que te estás presionando de una forma, que yo no concibo.

—Eso es porque no eres tú, quien nació con su interior dañado —balbuceó, acongojada.

—No estás dañada —le espetó el rubio, tomándola de los hombros para tratar de convencerle de una vez, que ya dejara de repetir esas cosas. Comenzaba a hastiarle su terquedad— Las "cosas" se dañan. No las personas.

—Pues incluso hasta las cosas, se pueden reproducir sin problemas —Emilie rodó los ojos con obviedad.

—Es algo que me gusta de la ciencia —explicó Gabriel— Pero eso no quiere decir que te vaya a construir un robot de hijo. ¿Ok? —besó sus labios con ternura— Además, no soy ingeniero. Soy botánico.

—Lo sé —la ojiverde soltó una risita jovial. Tomó los anteojos de su marido y se los acomodó en el rostro, apretándole las mejillas con ternura— Mi pequeño y brillante jardinero.

—Gracias —se tocó los lentes, parpadeando mejor— Porque no estaba viendo que me quieras.

—Tu y tus bromas tontas —carcajeó la muchacha, abalanzándose a su compañero solo para apretujarle entre sus brazos— Gabriel…—añadió, con el rostro perlado en rubor— Quiero que adoptemos…

—Si es lo que quieres —aceptó sin premuras— Es lo que te daré.

[…]

Neo Paris. Un mes después.

—Gabriel —Emilie se colgó de su cuello, con una sonrisa burlesca en los labios— Debo confesarte que te estoy siendo infiel.

—¿En serio? —la sujetó de la cintura, siguiéndole el juego.

—Sip. Tengo otro hombre en mi vida —le lamió la comisura de la boca de manera juguetona— Y lo siento mucho, pero estoy enamorada de él.

Oh la la —bufó el hombre, tirándose aire para bajarse los humos de la impresión— No sabes los celos que tengo en estos momentos. ¿Quién es? Confiesa.

—Mhm…no lo sé —Graham de Vanily se tocó la boca con el dedo índice— Puede que también te enamores de él.

—Lo siento mucho, Emilie —le frunció el ceño— Pero yo necesito saber quién fue el atrevido que se robó a mi esposa.

—Está bien —se mofó la rubia, tomando de la cuna al pequeño para mostrárselo— ¡El culpable! ¡Adrien!

—¡Oh por dios! ¡¿Cómo no lo vi venir?! —Gabriel simuló sentirse flechado por el bebé, soltando una carcajada en el proceso. Acto seguido, tomó al pequeño entre sus brazos y lo llenó de besos— Oh, no. He sido victima de su encanto natural. Me estoy…derritiendo de amor —el menor solo balbuceaba una que otra palabra endeble y reía, con las manos alzadas. Luego de un rato, recobró la serenidad— ¿Cómo estás, hijo?

—Adrien ha estado muy bien —Emilie se aferró a su cónyuge, deleitándose con verlos a ambos muy juntos— Es un buen bebé. Llora muy poco. Se toma toda la solución lactosa. Y duerme mucho —musitó bajito— Aunque a veces eructa.

—Y creo que necesita un cambio de pañal —Gabriel gesticuló una mueca de asco. Estaba bien hediondito ya— Traigan un droide para que lo mude.

—No —le detuvo la rubia— No quiero que lo hagan robots. Quiero hacerlo yo —tomó a Adrien entre sus brazos con mucho cuidado— De hecho, deberíamos hacerlo los dos. Debes aprender también.

—Eh… ¿Estás segura? —el hombre de anteojos no estaba del todo convencido con esa idea. Él era botánico y trabajaba con abono animal. Pero lo que le pedía era algo distinto— Bueno…no puedo decirle que no a esos dos ojitos —suspiró rendido— Vamos a ello.

Los primeros 8 meses en la adinerada familia, Adrien creció sano y rodeado del amor incondicional de sus padres. Si, era cierto que era adoptado. Pero nunca se les pasó por la mente si quiera mencionárselo. ¿Para qué? Él era el único y verdadero primogénito de los Graham de Vanily. Hasta que Nathalie llegó a sus vidas. A pesar de que ambos jóvenes estaban contentos con su pequeño retoño, Gabriel continuó por las suyas buscando alguna forma de permitir que su esposa pudiera experimentar, aunque fuese en algo, la maternidad en el proceso de gestación. Sancoeur era una excelente genetista en el campo cibernético. Y ya había publicado varios textos, audiolibros y conferencias del poder del ADN en el ser humano. El como era alterable incluso en otras criaturas pluricelulares. Hasta esas fechas, el presidente de VanilySky solo había incursionado en el ámbito de la robótica y la botánica. Nunca se atrevió a tocar la constitución de un humano. Alterar la estructura como tal.

Una de las principales leyes de este Universo sumado en la tecnología y la ciencia, era la contravención rotunda de inmiscuirse en lo natural. En la biología misma. Vale decir, ir en contra de lo que, por gracia celestial, así nació. Estaba estrictamente prohibido, por ejemplo, ejercer la clonación. Otro ilícito que era penado por ley, era la mezcla de especies. No puedes cruzar un perro con un gato. O un caballo con una persona. Eso ni en tus peores sueños. Era antinatural. Como tampoco podías darle un útero mecánico a una mujer como Emilie, si no podía concebir hijos. O darle esperma a un hombre, si sus testículos no los producían por sí mismos. Distinto era el caso, si nacías con dos ojos y por un motivo u otro perdías uno en el trayecto de tu vida. En esas situaciones, si podías recurrir a la tecnología e implantarte uno positrónico en su lugar. Totalmente valido. La ciencia existía para mejorar la calidad de vida de las personas. Pero no para intervenir en lo que, en esencia, era así. Cualquier otro acto distinto a ello, resultaría ser aversivo para la sociedad.

Un mundo en donde la magia no existe. Sus habitantes no podrían creer en la concepción del "milagro" por ejemplo. ¿Qué es un milagro? Algo completamente anti natural. Si un hombre nace con las piernas atrofiadas y no puede caminar, no camina y ya. Puedes recurrir a la ciencia para un implante de esqueleto mecánico y así moverlas. Pero ¿Llegar a pensar que podría venir alguien santo o divino y te "haga" caminar, recitando unas palabras? Eso aquí, no existía. No había forma de que milagrosamente, Emilie Graham de Vanily quedara embarazada por fecundación natural. Por lo tanto, a raíz de esa explicación, toda aquel que profesara una creencia o doctrina religiosa, era considerado pagano o un potencial paciente de esquizofrenia.

Gabriel Graham de Vanily correría el riesgo de ser considerado, el sujeto mas enfermo de la humanidad; con tal de darle a su mujer lo que quería. Y fue así, como acabó violando mas de doce leyes universales, en nombre de un único sentimiento mucho mas fuerte que la vida misma.

Félix Graham de Vanily dio su primera bocanada de aire a principios de primavera. Luego de haber pasado la mitad de su gestación en el vientre de Emilie y la otra mitad, en un tubo de liquido amniótico, los resultados de su avance eran increíblemente reveladores. Era un ser perfecto. Y el orgullo para los magnates. Había sido creado a raíz de células madres, extraídas de una costilla de Adrien.

Oh. Esperen. ¿Les suena conocida esa historia? "Y fue creada, a partir de una costilla y barro". Chistoso como la genética existía desde tiempos bíblicos y nunca nadie se dio cuenta. Vale, lo de la costilla lo entendían. ¿Pero qué hay del barro?

—Dios santo —Emilie se paseaba de un lugar a otro por la habitación, cargando a Félix entre sus brazos. Lo mecía de arriba hacia abajo, con le desesperación en sus ojos— Lleva mas de dos horas llorando y no sé qué le pasa.

—Lo hemos chequeado cuatro veces ya —comentó la experta en genética, Nathalie Sancoeur— No presenta ningún problema fisionómico. Sus signos vitales están en optimas condiciones.

—Vamos, hijo —suplicó la rubia, tratando de calmarle con voz suave— Tienes que dormir un poco.

—¿Qué sucede? —le interceptó el presidente de la compañía.

—Félix no quiere dormir, Gabi —la ojiverde comenzaba a sospechar que algo malo le ocurriera— Durante el día toma siesta normalmente. Pero es de noche ya. Son más de las 22:00 y ya es demasiado tarde para un bebé.

—¿Otra vez? —Gabriel se acercó a ambos, examinando la expresión adolorida del infante— No es normal. ¿Estás seguro que no le pasa nada? —interpeló a su asistente, quien aseguraba en bases científicas que el bebé estaba bien— ¿Entonces por qué?

—No sé que hacer —musitó exhausta la rubia.

—Dámelo un momento —el hombre de anteojos, pidió tomarle en brazos para examinarlo mucho mas a fondo. Sus llantos no eran cuestión de malestar físico, ya que al tocarle la frente o los pómulos este reaccionaba al estimulo de manera sensitiva. De alguna manera, Félix le recordaba mucho a la Aspidistra, la planta que teme al sol. ¿Podría ser que su sagaz inteligencia le permitiera comparar a su hijo con una de sus flores? Sonaba una locura. Pero cada vez que acercaba su respiración a la suya, el rubio disminuía la intensidad de los alaridos— Creo saber que es lo que pasa…—Gabriel se encaminó hacia el velador y cogió una lampara, dándola directo hacia el rostro del bebé. Casi como un acto deliberado de naturaleza pura, Félix se calló.

—No puedo creerlo —Emilie se tomó la boca, impactada. Literal, habían hecho de todo— ¿Cómo hiciste eso?

—Hay…organismos que le temen al sol. Y otros…—confesó, impresionado con su descubrimiento— Que les temen a las sombras. Creo que Félix le tiene miedo a la oscuridad.

—¿Cómo es posible? —Nathalie comenzaba a hacer cálculos en su tableta. Era seguro una falla— Debe de ser un error. ¿Habrá que revisar la-…?

—No le haremos nada a mi hijo —Gabriel la fulminó con la mirada, con actitud molesta— ¿Queda claro, Nathalie?

—Si, señor presidente —aceptó, desviando la mirada.

—A partir de hoy, Félix dormirá con luz tenue encima —declaró Graham de Vanily, devolviéndole el bebé a su madre— Traeré las luces rojas del invernadero. Todo estará bien —le regaló una sonrisa afable a su mujer.

El barro…siempre estuvo ahí.

El barro.

6 años después.

Emilie había vuelto de su clase de Yoga esa mañana. Como de costumbre, pasaba a la casa para ducharse, ver como seguían sus pequeños y luego se iba a la oficina de VanilySky en donde desempeñaba cargo de relacionadora pública. En pocas palabras, era ella el rostro bonito, presentable y honorable de la compañía a la hora de cerrar un trato. Convencer accionistas o proponer grandes negocios con ariscos proveedores, era su especialidad. Un complemento que iba muy bien con su marido.

Todo marchaba de acuerdo a su itinerario. De hecho, iba un poco tarde a una reunión importante. Cuando al pasar por la habitación de sus hijos, escuchó como Félix en particular, platicaba con alguien. Al principio no le pareció para nada extraño. Quizás había invitado a algún amiguito del colegio y eso le alegraba mucho. El siempre fue muy solitario a la hora de relacionarse con el mundo que le rodeaba. Introvertido, por así decirlo. Disfrutaba mucho mas de un buen libro de dinosaurios, que de platicar con otros. Cuando abrió la puerta para cerciorarse de que todo siguiera normal, se percató que en realidad no había nadie en la habitación. Solo estaba el, arrodillado en la alfombra junto a sus juguetes de siempre. Se acercó a el en silencio, escuchando mas de cerca la conversación.

—Energía —murmuró el rubio, tomando un bloque de legos, para conectarlo con otro— Mucha energía. En la mano —asintió— ¿Tu lo crees así? No es bueno contárselo a nadie. Podrían enojarse con nosotros.

—¿Félix? —le interrumpió Emilie, un tanto preocupada por lo que comentaba— ¿Qué haces, cariño?

—Ah. Mamá —Graham de Vanily le mostró un modelo a escala de legos, con forma cuadrada y dos puntas hacia los lados— He construido un reactor de fusión de electrones.

—¿Un…que? —se rascó la mejilla, aún más confundida— ¿Con quién hablabas?

—Es mi asistente —respondió a tono de nada, volviendo a sus quehaceres con total naturalidad.

—¿Tu asistente? —la rubia se acomodó el cabello detrás de la oreja, sentándose a su lado para observar sus creaciones esparcidas por la alfombra. Eran formas bastante excéntricas, si se quiere decir así— ¿Quién es tu asistente?

—Así es —repitió, conectando dos piezas de lego más— Es el señor gato blanco.

—¿El señor gato blanco? —Emilie soltó una risita divertida. Por unos momentos, se sintió bastante tonta de creer otra cosa. Como si realmente estuviera con un extraño dentro de su propia casa o algo así. El nombre le pareció bastante curioso, así que optó por seguirle la corriente— Ya veo. Así que hablabas con él —suspiró— ¿Y dónde está ahora?

—Sentado al lado tuyo.

—¿Cómo…? —La mayor volteó hacia ambos lados, sin notar a nadie realmente. ¿De que hablaba? — Aquí no hay nadie.

—No. Claro que si está —Félix rebuscó entre muchos papeles, revelándole un dibujo de aquel sujeto— Mira.

Emilie quedó de piedra tras ver lo que su hijo había graficado. Eso definitivamente no era un gato. Y mucho menos blanco. Eran solo un montón de rallas negras, con unos ojos azules en medio espantosos. Lo que era peor, había un montón de otros dibujos horripilantes en varias hojas contiguas.

—Mamá —Félix volteó a verla, con la mirada penetrante— El señor gato blanco dice que seremos muy buenos amigos para siempre.

[…]

—Estás exagerando —Gabriel se quitó los anteojos, apretándose el puente entre las cejas con mesura— Es solo un niño. Todos tuvimos amigos imaginarios.

—Gabriel, esto es distinto —musitó la matriarca de la familia— Félix ve…cosas. Y esas cosas le hablan.

—¿Insinúas que es esquizofrénico o algo así?

—No, claro que no —Emilie tragó saliva, avergonzada con lo que ella misma proponía— Pero créeme que no te diría esto si no me preocupara —regresó la mirada hacia el dibujo— Tal vez si dejamos que Nathalie lo examine y-…

—¡Nadie va a tocar a mi hijo! —el rubio golpeó el escritorio furioso— ¡¿No lo dejé claro, ya?!

—Arg, odio cuando te pones así de terco —farfulló hastiada la cónyuge, estrujando el ceño— ¿Y que tal si presenta signos de Asperger o algo así? ¿Crees que porque se gestó en una incubadora es perfecto?

—Él es perfecto —sentenció.

—Pues no lo es —le aclaró con dolor— Su cabeza no lo es.

—¿Su cabeza? —chistó el presidente de VanilySky— Su cabeza es brillante.

—Hablo de su salud mental, Gabriel.

—Ahora resulta que Félix es enfermo mental —masculló el hombre, rodando los ojos con burla.

—¡¿Quieres ya dejar de atacarme con todo lo que te digo y usarlo en mi contra?! —berreó cabreadísima ya. Vale. No solía levantarle la voz de esa forma. Pero joder, que irritante se ponía la conversación— Eres un egocéntrico. Solo repites una y otra vez "mi hijo, mi hijo, mi hijo". Que es perfecto y bla bla. Hablas de el como si fuera tu…creación a partir de un experimento o algo así —Gabriel guardó silencio, rehuyendo de su mirada. Le había respondido sin si quiera emitir una sola palabra— Excelente. No puedo creerlo. ¿Así que era eso? ¿Qué crees que es? ¿Una de tus estúpidas plantas?

—Emilie, las cosas no fueron así…

—Gabriel —lo acribilló con la mirada, sintiendo como los ojos se le llenaban de lágrimas— ¿Qué mierda le hiciste a nuestro hijo? Y quiero que me digas la verdad —le increpó, temblando de furia— ¿Qué le hiciste mientras estaba en incubación?

El barro…

Siempre el barro.

—Solo…aceleré el glóbulo occipital derecho. Es todo…—trató de explicar, con el rostro enrojecido de la vergüenza— Para que pudiera explotar un poco más su "imaginación" —mintió. Ninguno de los dos era tonto. Claro que no era solo un tema imaginativo.

—Eres un monstruo —Emilie se dejó caer sobre el sillón, con ambas manos sobre sus labios mientras sollozaba— Yo no sé si realmente querías darme un hijo o crearte una excusa para sentirte importante —se levantó finalmente, frotándose los parpados con decisión— Mejor hubieras plantado un tubérculo en tu estúpido invernadero.

—Emilie, espera —alzó la mano; permitiendo que mejor se fuera. Ya estaba hecho. Un poquito tarde como para pensar en las consecuencias ¿No creen? — Carajo…tengo que solucionar esto. No puedo perderla. No a ella…—se tomó la cabeza.

A partir de ese momento, Gabriel comenzaría a incursionar en una de las peores y más desesperadas decisiones con tal de reparar el daño que le había hecho a su hijo y su esposa. Ya había violado un par de leyes de la naturaleza, por lo que ya estaba condenado en ese ámbito. ¿Qué tal navegar un poco en el paganismo? ¿Magia? ¿Milagros? ¿Por qué no? ¿Para que ir cagandola de a poco si la puedes cagar de una?

—Cuenta conmigo para lo que desee, señor —Nathalie asintió, entregándole su devoción en compromiso— Trabajo para la familia Graham de Vanily. Le ayudaré en lo que me pida.

A espaldas de todos, Gabriel y Nathalie aliaron fuerzas en busca de algún método que sanara el quiebre mental de Félix y recuperar así la confianza de su esposa. Buscaron en todas partes. Leyeron de todos los libros existentes. Y para cuando se les acabó la información en Francia, fueron aún mas allá. Con la excusa de viajar por trabajo, volaron a más de cincuenta países distintos. Recorrieron Europa Oriental, America del sur, Africa y Asia. Un chaman de la tribu Golghi en indonesia, les había contado la increíble historia de como un hombre, poseedor de una joya mágica le daba poderes sobrenaturales para incluso viajar en el tiempo. ¿Mito o realidad? Le daba lo mismo. Se sentía cada vez mas cerca de encontrar alguna pista certera. Dieron con el hombre del relato, solo para enterarse que había muerto hacía siglos en el norte de Malasia. Así que fueron a Malasia. En Malasia, una anciana les narró la historia de una mujer, que, con la ayuda de esta joya, podía crear ilusiones; pero que había emigrado a Vietnam. Partieron hacia Vietnam ahí les contaron otra historia que los llevó hacia Camboya. Así mismo estuvieron recorriendo todo el continente. India, Bangladés, Bután, Birmania, Nepal. Hasta que finalmente dieron con el Tíbet.

Gabriel comenzaba agotarse después de solo seguir migajas de mitos y leyendas que nunca le dieron lo que buscaba. Pero no se rendiría. ¿Quieren conocer a un hombre con más convicción que este? La determinación inquebrantable de este sujeto, era admirable. No lo encontrarán en otro lado (Es cosa de ver como se pasó 4 temporadas consiguiendo los Miraculous. Si. Solo para que fuera su sobrino el que triunfara. GG)

En una de sus ultimas expediciones, una tormenta de nieve les agarró desprovistos. El mapa virtual mostraba que, a solo 5 kilómetros de su posición actual, yacía un templo antiguo; abandonado por unos monjes que, en algún momento, cuidaron el lugar, recelosos de los extranjeros. Tuvieron que pasar esa noche en la capsula de mental, similar a una carpa de acampar. En su interior, tenían todo lo necesario para poder sobrevivir una tempestad como esa. Estaban a demasiada altura y los pulmones de Gabriel le quemaban dentro de la caja torácica. Sintió que inhalaba cuchillas por la nariz. Acabó recostado en una camilla para inyectarse algo de suero y respirar aire caliente a través de una mascarilla nebulizadora.

—El pulso vuelve a la normalidad, señor —le reveló su asistente, tomando sus pulsaciones a través de una maquina con cables amarillos— Ahora solo debe descansar un momento.

—Es una locura, Nathalie —Gabriel se quitó los anteojos, observando a través de una pantalla como la tormenta afuera no daba tregua— Quizás cuantos días nos retrase esto.

—Debería afeitarse —le sugirió la mujer, sirviendo una taza de café— Parece un vagabundo.

—Dios quiera que Emilie no me vea así o me habría afeitado ella misma —bromeó— Pero con una guadaña.

—Estamos muy cerca, señor. No se preocupe —la genetista le entregó una taza de café caliente— Beba esto. Se sentirá mejor.

—Nathalie —le agarró del brazo, deteniéndola de golpe. Tan solo deseaba confesarle algo que de hacía años venia sintiendo con ella— Eres mas que solo mi asistente. Y no está de mas recordarte, que eres parte de mi familia.

—Lo sé, señor…—se ruborizó de vuelta.

—Por eso mismo, quiero saber si cuento contigo para…—declaró con firmeza— para que puedas cuidar de mis hijos si algo me llega a pasar a mi o a Emilie.

—¿Señor…?

—Adrien y Félix necesitan de una figura adulta para guiar su camino —aclaró— Se que soy niños aún. Pero en algún momento…ya no lo serán. Y cuando eso pase, si es que no estamos. Prométeme que cuidarás de ellos.

—Lo haré con gusto, señor —asintió Nathalie, apretando los labios en el momento que le regresó la mirada— Puede contar conmigo.

—Gracias…Nathalie —aceptó Gabriel, regresando el cuerpo a su posición original. Tomó un sorbo de su café y esbozó una sonrisa— Nadie mas que tu sabe como me gusta.

Eso es porque lo amo, señor —pensó, conservando con orgullo el como se deleitaba con aquel liquido marrón— Me alegra ser de utilidad —Tanto como a sus hijos…

Dos días y dos noches con sus soles y sus lunas, permanecieron encerrados en aquella capsula hermética. Cuando por fin la tormenta menguó y pudieron continuar con su viaje, se toparon de frente con aquel templo del que tanto se había hablado. Destruido y tapado en nieve. Con palas y manos, escarbaron dentro del recinto solo para poder abrirse paso y encontrar algo que les pudiera ser de utilidad. No había joyas. No había superpoderes. Ni mucho menos magia. Pero si un viejo libro, envuelto en cuero de yak. Era un Grimorio, ya que así se consideraban los libros de conocimiento mágico en Europa y Asia central. No estaba escrito precisamente en tibetano. Si no mas bien, en una lengua antigua Euroasiática. Tal vez de algún pueblo Escita, de las tribus de los Urales. Lo que actualmente era considerado el sur de Kazajistan; antes pueblo mongol. Ok. No era precisamente lo que buscaban. Pero sin duda era un premio gordo. Estaban todas las joyas y cada una, al parecer representaba un cierto poder místico, pagano.

—"Miraculous" —citó Gabriel, utilizando el traductor de un dispositivo transparente sobre el papiro antiguo— Lo tenemos, Nathalie. Es lo que estábamos buscando.

—Si, pero… ¿Y dónde están?

—No los necesitamos —aseveró, con una sonrisa plasmada en los labios— Con esto es suficiente. Con esto…podremos crearlos nosotros mismos.

[…]

—Gabriel, esto es arcano —Emilie no estaba de acuerdo para nada con lo que tramaba. Para ella, surcar las tinieblas de lo antinatural, era peligroso. No saber con lo que estás tratando, era algo en lo que no deseaba involucrarse— No me parece correcto.

—Tranquila, amor mío —Gabriel la sujetó con suavidad de las mejillas, relajando la mirada— Todo estará bien. No vamos a hacer nada que no sea ciencia.

No. Ella nunca estuvo convencida. Ni si quiera al final de toda su investigación. Y a pesar de que le apoyó hasta las últimas, siempre hubo un dejo en ella que le decía en su corazón: Está mal. No lo hagas.

La intuición femenina de una madre y matriarca del hogar infalible, de nunca equivocarse. Ella continuó preocupada por la salud mental de Félix. Con el paso de los años, los "delirios" de su hijo fueron menguando hasta convertirlo en un jovencito de bien. Las calificaciones en el colegio eran de las mas altas por excelencia. A diferencia de su hermano Adrien, que nunca llegó a destacar en nada que no fuese lo deportivo. Sus padres estaban orgullosos de igual forma. Y jamás hicieron comentarios ofensivos que pudieran destruir su crecimiento personal como lo hacían otros padres. Ellos no cometerían el estúpido error de compararlos. Es lo peor que le puedes hacer a tus hijos. Aun así y con todos sus esfuerzos, una rivalidad intrínseca se anidó en el corazón del Graham mayor. ¿De donde había salido? Nunca nadie lo supo. Tal vez por el simple hecho de saber que era adoptado al cabo de cumplir los 10 años. Aunque nadie lo hiciera sentir como alguien ajeno o poco merecedor de ser un Graham de Vanily.

En el apogeo de sus 14 años, la guerra estalló contra los rusos. Era otoño. Los aires se calentaron mucho en Europa occidental. La incertidumbre crecía entorno a los franceses. Sobre todo, para la compañía VanilySky. Producto del conflicto bélico, Gabriel tuvo que optar por comenzar a construir armamento de guerra. Era la única forma de no caer en la quiebra. En esos días, era lo único que daba muchísimo dinero. Formaron una alianza con una compañía en polonia y viajaban constantemente a esa región, dejando solos a los chicos, por varias semanas hasta meses incluso. Nathalie era la única imagen materna que tenían.

En una de sus tantas reuniones, Gabriel conoció a un renombrado físico de apellido Grahamovich. Su tatara abuelo, era líder tribal en uno de los poblados en los Urales. Fue el primer contacto que tuvo con un Miraculous real. Un monóculo, heredado de su padre. Y del padre de su padre. Embriagado aún por su investigación sin frutos, construyó una sólida amistad con el hombre de apariencia respetable. Maximov había comenzado un estudio sobre la energía cuántica y los saltos en el tiempo espacio. Una tecnología que, si caía en malas manos, podía ser usada incluso para destruir países enteros. El 13 de noviembre del año 3270, las tropas rusas invadieron las instalaciones de Maximov. Uno de sus aprendices y mano derecha, le había traicionado; entregando información valiosa a los enemigos sobre su investigación. Literalmente le vendió.

No había forma de que usaran esta formula arcana para hacerle daño a la humanidad. Gabriel y Emilie se vieron forzados a escapar en un avión, rumbo al sur de Breslavia. La tensión se apoderó del vuelo 107, de la fuerza militar polaca esa tarde. Una tormenta propicia se abalanzó sobre ellos. Las condiciones de vuelo eran las peores. Y nada bueno de ello saldría. Fueron…momentos de terror.

—¡Capitán! —aulló Gabriel con desesperación. Acomodaba un paracaídas sobre el pecho de su esposa— ¡¿Cuál es la situación?!

—¡Presidente, la tormenta no cesa! —advirtió el piloto militar— El avión no se estabiliza.

—¡Debemos aterrizar, pero ya! —le ordenó el rubio, en lo que observaba a su mujer de mirada agitada— Emilie…

—Tranquilo. Estoy bien —le reveló la ojiverde, en lo que también le amarraba un paracaídas al pecho— Gabriel…los niños —suplicó.

—Todo va a estar bien, cariño —Graham de Vanily marcó a Nathalie, dentro del movimiento errático del avión. Cualquier cosa que pasara, estaban en sus manos ahora. Ambos temieron lo peor— Nathalie.

—Señor —respondió la mujer del otro lado— ¿Qué está pasando? ¿Dónde están?

—¡Señor! ¡Los controles están fallando! —insinuó el copiloto, al piloto sentado a su lado— ¡No vamos a aterrizar!

—¡¿Eso que significa?! —bramó Gabriel.

—¡Deben saltar ahora! —alertó.

La compuerta del avión se abrió de golpe. El viento azotó sus cuerpos, empujándolos violentamente contra las paredes de la cabina. Entre la lluvia y los truenos que se esparcían sobre sus cabezas, las probabilidades de poder saltar y llegar a tierra con vida eran escasas. Pero estaban juntos en esto. No iban a retractarse. Gabriel Graham de Vanily sostenía en su mano, un dispositivo de apariencia triangular que brillaba con insistencia. Parpadeaba una y otra vez, alertando un vórtice de energía en uno de esos rayos. Observó a su mujer. Ella lo observó de vuelta. Ambos asintieron al unísono.

—Nathalie —confesó el hombre de anteojos— Quedas a cargo de todo.

—¡¿Señor?! —vociferó en shock del otro lado de la línea— ¡¿Qué está diciendo?!

—Lo prometiste —dijo con voz calmada, cerrando los parpados en el proceso— Prometiste cuidar de ellos.

—¡No! ¡Espere!

—¡Dilo! —le exigió por ultima vez, con los ojos humedecidos— Dilo…

—Gnh…—Sancoeur apretó los puños, soltando en un quejido ahogado— Cuidaré de ellos.

—Gracias…Nathalie.

El objeto en su mano comenzó a vibrar intensamente, elevándose hasta crear un torbellino abrupto de aire. Un agujero se abrió delante de ambos, sin nada mas que hacer para evitar su final. Gabriel abrazó a su esposa con fuerza. Ella correspondió el abrazo.

—Gabriel —emitió su asistente, por última vez— Los amo. Es una promesa —decretó— Aun así, me cueste la vida.

Fin de la transmisión.

[…]

Aun así, me cueste la vida

Alya Césaire deslizaba lentamente el cierre de la bolsa que contenía el cadáver inerte de Nathalie Sancoeur. Soltó un suspiro doloroso, antes de meter su cuerpo a un nicho de la morgue.

Volvemos al presente. Brigada de homicidios de Neo Paris, 16:30PM.

—Prefecta —le saludó un oficial de policía, con movimientos militares— Me alegra que esté de vuelta.

—A mí no —negó— Todos, a mi despacho. Ahora.

Alix Kubdel está de vuelta en compañía de la Fiscal Marinette Agreste. Venia con una cara de mierda, sin ánimos ni ganas de saludar a nadie. Pasó de largo hasta su oficina, citando a todos a una última convocatoria. Ahora se decidía el destino final de los problemas en la ciudad. En ella se juntaron formando un círculo, los principales y mejores agentes que tenía. Incluso, un experimentado veterano de guerra con el cual, luchó codo a codo en el frente: Ivan Bruel. Grandote y listo para lo que fuera.

—¿Dónde está el comisario Adrien? —consultó Chat Noir de forma inocente. A lo que le respondieron con un silencio sepulcral. Ok. Mala idea hacer esa pregunta— Perdón…—Dos miembros inesperados se incorporaron a la reunión. Los hermanos Couffaine— ¿Ustedes…? —mas atrás, venia ingresando Nathaniel Kurtzberg— Ah…

—Concentrados y nada de mierdas raras —sentenció la general, prendiendo el monitor frente a todos los congregados— Su nombre es Félix Graham de Vanily —señaló— Es el presidente de VanilySky. Alias: Chat Blanc —tal revelación, espantó a la mayoría de los policías que desconocían por completo la investigación por detrás. Comenzaron a balbucear entre ellos— ¡Cállense, pedazos de burros! —ordenó encabronada. Todos guardaron silencio— Este es Adrien Graham de Vanily —reanudó el discurso— Ex, comisario. Para que no les quede duda alguna. Cómplice del asesino.

—¿Cómplice…? —musitó Alya, mirando a Marinette. La pelinegra bajó la cabeza, sumamente avergonzada— ¿Marinette…tu?

—Adelante, Couffaines —les dio el pase.

—Estos son los videos que tenemos sobre el asesino de parís —Luka les reveló las imágenes en la pantalla gigante. Todo, absolutamente todo en detalle. Incluso los asesinatos y las desapariciones desde hace un año atrás— Están siendo enviados ahora mismo, los datos recopilados a sus dispositivos táctiles —le dio el pase a su hermano, quien transfería la información— Ahora quiero que presten atención a lo que les vamos a mostrar —el peliazul pasó a otra imagen, mostrando unos objetos dentro de un maletín— Estos son los Miraculous. Joyas arcanas, recreadas con tecnología cibernética instituidas por VanilySky y Kusanagi-no-Tsurugi. Quien porte estos artefactos, obtiene mejoras sobrehumanas en su composición biológica. Según un informe del difunto general Roger, estos artefactos fueron vetados por la junta nacional de seguridad por presentar anomalías. Kagami fue la primera en advertirlo en su reporte —añadió— Bueno, como ya saben, Roger fue asesinado por oponerse a esta idea. Y Kagami igual. Félix los aniquiló a ambos —así de sencillo. Y prosiguió— Alteran el ADN de quien lo use, modificando su capacidad cognitiva cerebral. En pocas palabras, se adueñan de ustedes. Son instrumentales simbióticos. Altamente peligrosos. Van en contra las leyes naturales de nuestro mundo. Es antinatural.

Calma. No era tan simple la cosa, aunque quisieran hacerla pasar por un caso de asesinato normal. La mayoría de los integrantes de aquella reunión se disputaron los hechos. Daba lo mismo si les exponían explícitamente las vicisitudes. Aquí había otras cosas en juego. Los policías de rango menor se trastornaron, expresando acotaciones anormales. Alix intentaba sobrellevar de la mejor forma la reunión. Pero ellos enloquecieron de un momento a otros. Comenzaron a levantar las manos, furibundos y declarándose contrarios de la idea.

—¡¿Qué mierda pasa?! —vociferó furiosa la pelirroja.

—No es posible, general —desentonó un cabo— ¡Mi padre trabaja para VanilySky! ¡Es guardia de seguridad y gracias a su sueldo nos criamos todos!

—¡Mi hermano! —declaró un inspector sin nombre— ¡Mi hermano es ingeniero en esa empresa! ¡Trabaja para VanilySky! ¡El inventó la energía renovable de los muelles!

—Mi madre es bio química en VanilySky —dijo otro— Ella ha hecho grandes cosas por Francia junto con don Félix.

—Félix es un buen hombre —protestó otra chica, defendiendo fervientemente su inocencia— El presidente no es un asesino

—Él fundó el zoológico de vida silvestre—manifestó otro muchacho— Y financió personalmente el acueducto en nuestro distrito —gruñó— ¡No lo voy arrestar!

—¡¿Pero que les pasa, estúpidos?! —gritó Alix, siendo interceptada por Marinette Agreste. Si. Ella. La mismísima— ¿Marinette?

—Les voy a ser sincera ahora mismo —sentenció la ojiazul, con mucha vergüenza, pero dejo de empoderamiento en su voz— Les habla ahora, su novia —los policías guardaron silencio ante su presencia. Le debía un respeto idílico, difícil de explicar— Escúchenme ya —Solo el universo sabe que soy sincera en lo que diré. Que me crea el que quiera creer —pensó, antes de hablar— Félix es inocente.

—¡¿Qué?! —Todo el mundo enloqueció, desacreditando de lleno la palabra de la prefecta. Alix la asesinó con la mirada, solo esperando una respuesta coherente al caos que había provocado— ¡¿Cómo?! —exigían respuestas.

—Por favor. Quédense los que realmente quieran oír lo que diré —confesó la ojiazul, con dezmero de vergüenza— Les contaré todo. Solo si quieren saber, quien es el Félix Graham de Vanily detrás de Chat Blanc.

Se quedó todo el mundo. Vale. Había muchas respuestas que contestar. Y a pesar de profesarse ignorante ante los temas, Marinette tomaría participe de los acontecimientos. No se iba a restar de importancia. Mucho menos ahora.

—Todos ustedes tienen razón —habló con voz clara y concisa— Félix es un buen hombre. Ha hecho muchas cosas por parís de forma desinteresada. Eso lo sé porque estuve ahí detrás de cada una de ellas —relató— Cuando nuestra relación iba viento en popa, el no solía tomar ninguna decisión sin antes consultarla conmigo. Era sincero y muy abierto. Transparente. El confiaba en mí. Hasta que nos ocurrió un accidente que terminó por distanciarnos a niveles estratosféricos —admitió, con la mirada humedecida en acongojado malestar— Y entonces apareció Chat Blanc. Ese demonio en traje blanco, que se apoderó de mi novio en un momento en donde más débil se encontraba. Félix es muy sensible de la cabeza y…—Marinette guardó silencio unos momentos, recapitulando en su cabeza lo que acababa de revelar— Un momento… ¿Por qué tanta coincidencia de pronto…? ¿En qué momento comenzó todo esto?

—¿Fiscal…? —consultó uno de los muchachos. Todos permanecieron en silencio, percatándose de la expresión anémica en el rostro de la muchacha— ¿Se encuentra bien?

—Yo…—Marinette Agreste se observó las manos, sintiendo la piel hervirle desde el pecho hasta el borde de los ojos. Acto seguido, levantó la mirada para echarle una ojeada a la foto de Adrien sobre la gran pantalla. Y entonces, todo cobró sentido— No puede ser…—recordó.

Estoy embarazada.

Que bien, Marinette —le abrazó Adrien— Que bien. Vamos a celebrar —alzó una copa y brindó con ella— El vino hoy sabrá mucho mas dulce. Como nunca…

Maldito…—sentenció, cayendo de rodillas al suelo con ambas manos abrazando su vientre. Marinette comenzó a llorar, llena de rabia e impotencia— ¿Cómo pudiste? —comenzó a maldecir— ¡Maldito seas!

—¿Qué está pasando? —Alya observó la reacción repentina de la muchacha, sin entender nada. Alix ordenó que se la llevaran como pudieran de ahí. Pero la Agreste había entrado en un colapso de furia incontrolable. Berreaba entre llantos dolorosos y escupía palabras belicosas en contra de Adrien Graham de Vanily. Llegó un punto en que la misma Césaire tuvo que intervenir— Vamos, te llevaré a la enfermería.

¡Te maldigo Adrien! —continuó chillando por el pasillo, dejándose arrastrar como un trapo viejo— ¡Me quitaste a mi bebé! ¡Me lo quitaste! —repitió una y otra vez— ¡Ahhh!

Chat Noir estaba de piedra delante de los que se quedaron en la sala. ¿Por qué de pronto se sentía tan mal? Su yo de este Universo…era perverso. Tragó saliva, limpiándose los ojos con el dorso de su mano. ¿En que momento comenzó a llorar? No recordó cuando fue la ultima vez que vio a Marinette llorar así. Nunca había visto tanto dolor en una mujer. Estaba harto de seguir siendo solo un espectador mas en el problema. Cogió su bastón y se encaminó hacia la puerta. No tenía para que seguir oyendo la historia, si lo tenía claro en su cabeza.

—¿A dónde vas, Chat Noir? —le espetó Alix— No hemos terminado.

—Ustedes no. Pero yo si —soltó de pronto, con la voz amarga— Si quieren seguir perdiendo el tiempo aquí, problema de ustedes —frunció el ceño— Yo iré a salvar a Ladybug. Y haré justicia por los crímenes de Adrien y Chat Blanc.

—Muy heroico de tu parte, gatito —bufó Kubdel— ¿Pero si quiera sabes dónde están ahora?

—Lo sé hace mas de media hora —el portador del Miraculous de la destrucción les mostró en el teléfono de su bastón, una señal GPS que la misma Marinette le había enviado— Están en alguna parte de Lyon, dentro del bosque.

—¿Y por qué no dijiste nada, joder? —la general se colocó la porta armas, afirmándola bajo las axilas y cogió su placa— Andando señoritas —salió por el pasillo— Capitán. Emita una orden de arresto Vivo para el comisario Adrien. Y para Chat Blanc, uno de vivo o muerto.

—¿Para…Félix? —parpadeó, sin entender muy bien su orden.

—¿No me oíste? —le rebatió— Fui clara. Muévete.

[…]

Mansión de la familia Graham de Vanily. 10 minutos antes.

El recinto se encontraba cercado por una huincha de seguridad amarilla, prohibiendo el paso de los civiles. Adrien había llegado demasiado tarde. Algunos policías se encontraban apostados en el jardín, otros en el estacionamiento y en los balcones del segundo piso. Desde el interior de la morada, entraban y salían personal de perito forense vistiendo trajes blancos. Recopilaban toda la información posible tomando muestras, fotografías, buscando rasgos o signos de ADN que pudieran enlazar a Félix con el asesino. ¿Por qué registraban la casa? ¿Qué había pasado? No era un buen escenario. Haciéndose el desentendido, el rubio se acercó hacia los uniformados, haciendo uso de mostrar su placa.

—Oh. Comisario —le recibió uno de los policiales de rango menor— Eh…lamento mucho lo que ocurrió, señor.

—¿Qué ha pasado en la casa de mis padres?

—Están investigando las causas —el sujeto se tocó la nuca, apenado por los hechos— Pero encontraron el cuerpo de una mujer en el sótano. Su nombre es Nathalie Sancoeur. Era la asistente del presidente Félix.

Mierda…lo supuse —Adrien frunció el entrecejo con hastío. Estaba comenzando a cabrearse de sobremanera con la insolencia por parte de su hermano menor— ¿Qué hay de mi hermano? ¿El presidente Félix está vivo?

—Eh…lo siento, comisario. No tengo mayor información sobre eso —reveló tímidamente— Pero puede entrar a investigar un poco más si gusta.

—Es lo que haré. Gracias, cabo.

Hacía más de cuatro años que no ponía un pie en esa casa. Le traía muy malos recuerdos por lo demás. Desde que sus padres desaparecieron, la convivencia con Félix se tornó un caos. Nathalie cuidaba de ellos, pero nunca fue suficiente para frenar los impulsos enfermizos del rubio menor. Recorrió los pasillos, impregnados de un melancólico aroma en el aire. Ese olor a canela, típico de los inciensos que solía prender su madre. Bajó hasta el sótano, en donde se reencontró con la silueta de la mujer en el piso. La rabia se apoderó de sus ojos, destellando un aborrecimiento hacia el asesino que rallaba en el asco. Se había vuelto un verdadero dolor de culo para el y sus planes. Por lo tanto, si tenía que acabar con él, lo haría sin chistar. Iba a matarlo de ser necesario.

Adrien regresó por las escaleras en dirección hacia la biblioteca. En ella, ingresó sin problemas al laboratorio escondido detrás del estante. No había nada sospechoso que diera indicios de que había matado a Ladybug, por ejemplo. El ordenador permanecía encendido, como quien hace una búsqueda y no apaga la pantalla. Tras examinarlo mas a fondo, se percató que Félix había reservado una recarga de electricidad para un vehículo con dos pasajeros en su interior. También transfirió grandes sumas de dinero a una cuenta en Suiza, de la que ni el tenía conocimiento. Y, además, logró subir al estatuto nacional de empresas, un testamento en caso de muerte, ordenando que todo el patrimonio Graham de Vanily quedara a nombre de…

—¿Marinette Dupain-Cheng? —Adrien entró en colapso— ¿Quién mierda es Dupain-Cheng? ¿Ladybug? —Sean cuales hubiesen sido sus motivantes, una sola cosa tenía en claro. El maldito le había literalmente desheredado de todos sus bienes. Solo para dárselos a una desconocida que ni si quiera pertenecía a su mundo— ¿Querías cabrearme? Pues lo conseguiste —el comisario extrajo su arma, recargándola mientras tecleaba en el computador la dirección del GPS de su móvil. No era difícil rastrearle. ¿Quería jugar sucio? Jugarían al gato y al rato— ¿Lyon? —leyó— Pero claro…la casa de campo de papá. Ay, Félix —bufó con malicia— Teniendo tantos lugares a donde ir. ¿En serio? Estás acabado.

Adrien apagó el computador y selló el laboratorio, utilizando un código de desactivación. Acto seguido, caminó hasta el panel de control de la seguridad y empujó dos botones rojos, que permitían la destrucción total de dicho cuarto secreto. No dejaría rastro alguno de su paso por la casa. Tiempo de la explosión: 2 minutos y contando.

Salió tranquilamente por la puerta principal, acomodándose un monóculo en el ojo derecho. Se despidió del oficial, quien le notó demasiado estereotipado como para haber ido a investigar una escena del crimen. Semblante relajado y sonrisa jovial. Su radio transmisor parpadeó un par de veces, revelando así, una orden de arresto para el Comisario Adrien. Mismo, que hace unos segundos atrás…había pasado delante de todos como si nada.

—¿Qué estás…? —parpadeó atónito el policía— ¡Adrien!

Boom.

La mansión Graham de Vanily explotó en mil pedazos, llevándose entre las llamas los recuerdos y las vidas; tanto de los que alguna vez habitaron el lugar. Como la de quienes se encontraban aún dentro de la morada, trabajando en la investigación. Adrien se sentía en llamas. El rostro le incineraba la cabeza como si le hubieran tirado acido encima. Quizás existiese gente que diga que Félix era un tipo desequilibrado mentalmente y con facilidad perdía la cordura. Puede ser. Pero este sujeto, era aún mucho peor. Ya que actuaba oculto con una delicadeza meticulosa a la hora de hacer una barbaridad, sin si quiera perder la calma en el momento mas crucial.

Subió a su auto y condujo en dirección a Lyon. Era hora de terminar lo que hace 7 años comenzó.

[…]

—¿A dónde me has traído, Chat Blanc? —consultó confundida, Ladybug.

El muchacho del traje blanco abrió la puerta. Era una de esas casitas con terminaciones rusticas y un jardín lleno de flores preciosas. Todo, en medio de la nada. Los bosques eran muy frondosos en esa zona el país. Por lo que, si querías pasar un fin de semana de relajo en compañía de la naturaleza, sin duda tenías que ir ahí. Ingresó entusiasmado con la idea. Uno a uno, comenzó a quitar las mantas blancas que cubrían los muebles. Abrió las ventanas para que el polvo saliera a través de ellas. Encendió el generador de energía y puso en marcha las cañerías de agua. Marinette no tuvo que preguntar mucho más. En el vestíbulo principal, había retratos de la familia Graham de Vanily.

—Esta casa… ¿Es tuya?

—Era de los padres de Félix —le aclaró, cogiendo un soplador de viento para limpiar algunos rincones— La usaban como escape para venir a declararse su amor. O al menos eso me contó Félix.

¿Por qué habla en tercera persona? —tragó saliva con dificultad— ¿Y es por eso que me has traído hasta aquí?

—Si —Chat Blanc se arrimó a ella, tomándola de las manos— Félix quiere que estemos aquí. Juntos. Como papá y mamá lo hicieron.

—Basta —exhaló angustiada, regalándole una mirada abrumada de tantos sinsentidos— Tu no eres Chat Blanc. Eres Félix. Mi Félix…—le sujetó las mejillas— Por favor…debes dejar que Félix vuelva. Déjalo en paz.

—¿De que hablas? Creo que estás confundida —se alejó de ella, tomando el cilindro de liquido entre sus manos— Viviremos aquí por siempre. Con nuestro hijo.

—Félix…ese es un feto que ni si quiera llegó a serlo —trató de explicarle de la mejor forma posible, acercándose nuevamente a el para abrazarlo— El que está confundido eres tú. El anillo ha tomado posesión de tus pensamientos. Y no sabes ni quién eres…

—Claro que se quien soy —insistió en que ella lo tomara entre sus dedos— Soy tu futuro marido. Y este es nuestro hijo.

—Ese no es mi hijo.

—Lo será a partir de ahora, Marinette —le acercó el tubo.

—¡Yo ni si quiera soy esa Marinette!

—Pero lo serás —le sonrió con morbosidad.

—¡FÉLIX YA BASTA! —aulló furiosa la ojiazul, dándole un manotazo violento para alejarlo. En el acto, el objeto cayó al suelo quebrandose en mil pedazos. El liquido verde se esparció por la alfombra, deshaciéndose junto con el cigoto— Oh…no…— L-Lo siento…—se espantó, cubriéndose los labios con temor— No fue mi intención. No quise…—Chat Blanc se quedó parado ante tal acto. No dijo nada. No hizo nada. Solo se quedó ahí, inactivo con mirada apática, observando el suelo— Te lo ruego, Chat Blanc —le abrazó por la espalda, rodeando su pecho con ambas manos. Ella comenzó a sollozar— Deja ir a Félix.

—Félix es un psicópata.

—Por supuesto que no —Dupain-Cheng le plantó la mejilla contra el omoplato derecho. Sus dedos acariciaron delicadamente sus pectorales, justo en el sector de su corazón— Nadie nace siendo un psicópata.

—Pues yo si —le aclaró con voz ajada— Fui hecho y alterado genéticamente para serlo. Es lo que mis padres querían de mí. Esto es lo que soy en el fondo —contempló sus garras.

—Eras un buen niño. Tú no tienes por qué cargar con los pecados de tus padres.

—Tengo miedo, Marinette —confesó trémulo.

—Yo también lo tengo —esbozó acongojada, removiéndose las lagrimas con el antebrazo. Le tomó de los hombros, para girarlo y poder verle mejor a la cara— Pero a perderte. Y no quiero hacer eso.

—¿No temes que pueda lastimarte?

—No —negó con la cabeza, depositándole un beso tierno en los labios— Porque me quieres de verdad. ¿No? Es por eso…—desvió la mirada, sujetando el anillo en su dedo con intención de quitárselo— que me has traído hasta acá. A la casa que usaban tus papás para declararse su amor —Graham de Vanily cerró los parpados de manera sumisa, permitiendo que su compañera le quitara el anillo. De esa forma, volvió a su estado natural. Nuevamente, muy exhausto se sintió— Gracias al cielo —le apretujó contra su cuerpo, aliviada— Tranquilo, ya todo estará bien.

—Ladybug…—el presidente de VanilySky tomó su muñeca, deshaciéndose del traje rojo que la chica vestía. Solo deseaba verla tal cual era. Sin verse mayor ni mucho menos como la fiscal Agreste. La real— Marinette Dupain-Cheng —musitó contra sus labios, desviando la mirada hacia la habitación principal.

—Puedes declararme tu amor —reveló sin vergüenza alguna— Aquí y en el universo que quieras.

[…]

—13 muertos y 4 heridos de gravedad —gruñó Alix, mientras conducía— ¡13 condenados muertos! —azotó el puño contra el manubrio— ¡Maldita seas, Adrien!

—La orden de arresto llegó demasiado tarde —murmuró Alya, tecleando sobre su dispositivo. La señal provenía desde el interior de los bosques de Lyon— Lo bueno es que los podremos atrapar juntos. El comisario se dirige justo a donde está Félix.

—¿En serio voló su propia casa? —Chat Noir se incorporó a la plática, asomando la cabeza en medio de ambas.

—Ni si quiera era su casa —berreó Kubdel, bajando el ventanal para encender un cigarrillo— El bastardo nunca registró una dirección exacta en sistema. Vivía en habitaciones de hotel o se alojaba con sus amantes —masculló— Seguro también eran una pantalla para despistar sus rastros.

—¿Cómo es que alguien de quien, sabían mucho, pero a la vez nada, pudo llegar a ser comisario de la brigada? —no le cuadraba la información al rubio.

—Adrien era el hijo de los Graham de Vanily —explicó Césaire— Cuando se enlisto para la milicia, no había necesidad de saber más de él. No teníamos idea de que tuviera pensamientos tan oscuros —se masajeó el mentón con expresión dubitativa— Pero llegar a matar a su propio sobrino aún en gestación…eso suena macabro. Su ingenio da miedo.

—Una rata —exhaló la general, soltando el humo de su tabaco— Eso es lo que es. Simplemente no puedes ser tan hijo de puta.

—¿En serio creen que haya hecho eso solo por…envidia o algo así? —el ojiverde de verdad se cuestionaba muchísimo el actuar errático de su yo, actual— Tal vez había otro motivo de fondo.

—Que su hermano está trastocado de la cabeza no quiere decir que no pueda tener hijos —la teniente de anteojos se encogió de hombros con ironía— Sigue siendo macabro.

—¿Tal vez la guerra lo traumatizó? —sugirió el portador de Plagg.

—Me importan ochenta hectáreas de verga si está traumatizado, o es un envidioso, o simplemente es un bastardo sin corazón —rezongó la pelirroja, cabreada con el tema— Se quiso pasar de listo y me mató a 13 policías. Sin contar todo el historial de trafico en el submundo. Lo quiero colgado de las bolas —apretó el volante con ímpetu de ira— Me aseguraré de que se pudra en la cárcel.

[…]

Ahh…Félix…—gimoteó Marrinete— Yo…

¡CHAT BLANC! —bramó Adrien Graham de Vanily, desde el exterior de la casa— ¡Sale de una vez, maldito!

—¿Quién es? —Félix se detuvo de golpe, acabando sentado en la cama. Sujetó a su pareja por la espalda, quien permanecía sobre el —¿Adrien? —jadeó, tratando de regular su respiración de la impresión— ¿Cómo nos encontró?

—Félix…—la heroína le sujetó el rostro con firmeza, negando con la cabeza en un rotundo: No. El miedo se apoderó de su anatomía. Sobre todo, en un momento tan intimo como ese— No vayas. Es muy peligroso.

—Tranquila. Es mi hermano, no me hará nada —le aclaró, removiendo el sudor de la frente de su compañera— Está buscando a Chat Blanc.

—No, Félix…eso no lo sabes —Marinette ya temía que, en definitiva, Adrien no estaba ahí para charlar solamente. A juzgar por el tono de voz empleado, la ira en sus gritos; el buscaba mas bien un ajuste de cuentas— Por favor…ten mucho cuidado —musitó, juntando su frente con la de su chico.

—Quédate aquí por favor —el presidente la tomó delicadamente de la cintura, levantándola para poder pararse— No quiero exponerte —y buscó su ropa.

—¡Chat Blanc! ¡Se que estás aquí! —aulló una vez mas el comisario, jugueteando con su arma entre los dedos. La hacía girar de un lugar a otro, con el fulgor de la ira en sus orbes esmeralda— ¡Chat Blanc! —se calló, tras ver salir a su hermano. Vestía solo un pantalón y una camisa mal puesta — ¡Ah! Félix. Al fin alguien decente por acá. ¿Te interrumpí algo importante acaso?

—Tu siempre fuiste tan impertinente, Adrien —masculló molesto el rubio, acomodándose los cabellos con los dedos— ¿Qué es lo que quieres?

—En realidad nada. Solo pasaba por aquí y le traje una canasta a la abuelita —ironizó— Busco a Chat Blanc.

—Chat Blanc no está aquí —frunció el ceño— Me deshice del anillo.

—¿Eres así de malo para coger, como lo eres para mentir? —bufó en sátira— Porque en serio, eres fatal hermanito.

—No lo sé. ¿Quieres que te coja y salimos de la duda? —arqueó una ceja con soberbia. Uff. Dos Graham de Vanily enfrentándose. La cosa se ponía tensa.

—Lo único que vas a coger, son tus cesos del suelo —Adrien le apuntó con el arma— Trae a Chat Blanc ahora mismo, si no quieres que te vuele la cabeza.

—¡Adelante, Adrien! ¡Vamos! —Félix bajó los escalones a pies desnudos, llegando a tocar la nieve incluso con ellos. Se sentía tan febril como su familiar, de la ira que se cargaba— ¡Tal vez así le haces un favor a la humanidad! Por fin descubrirás, que hay dentro de esta cabeza trastornada y retorcida de la que tanto te jactaste de hablar.

—No quiero saber que tienes ahí dentro —el ojiverde mayor disparó hacia el suelo; abriendo un orificio de 2 centímetros en la nieve, a milímetros de sus pies— No lo volveré a repetir —Félix levantó las manos, sin ninguna intención de darle en el gusto.

—¡Adrien! —le interceptó Ladybug. Portaba entre sus dedos el anillo— ¡Deja en paz a Félix! ¡Soy yo quien tiene a Chat Blanc ahora!

—Ay dios, que romántico. Voy a mearme —balbuceó con sarcasmo— ¿Así que cambiaste a Marinette Agreste por Marinette Dupain-Cheng? Uff…durísima la cosa.

—¿Y que vas a hacer si así fuese? —manifestó hastiado el presidente de la compañía— ¿Vas a provocarle un aborto a ella también? ¿Así como lo hiciste con la fiscal Agreste?

—Le hice un favor —expresó el comisario— Nadie quiere tener al hijo de un psicópata.

—No tienes idea de lo que hablas —gruñó Félix, apretando los puños con violencia— El daño que causaste, es irremediable. Marinette y yo sufrimos muchísimo esa perdida.

—¡Y aún así aquí estás! ¿No? —carcajeó— ¡Pasando las penas de tu perdida, en el coñito de otra! —se mamó.

—No hables así…—soltó un jadeo caliente— de Marinette —Félix ya comenzaba a soltar las venas de su sien y sus manos.

—Yo le hablo como quiero —Adrien le lanzó un escupo al suelo, demostrando todo el desprecio que sentía— Es una intrusa que no pertenece aquí. Y tú, un experimento fallido que solo vino a robarme la felicidad —esta vez, apuntó a la guardiana— ¡Tráeme a Chat Blanc si no quieres que la mate!

—¡Félix! —chilló Ladybug.

—Marinette. Dame el anillo —le pidió.

—¿Qué dices? No. No lo hagas —se negó, apretándolo entre sus dedos— ¡Félix te está manipulando!

Dame el jodido anillo, Marinette —exigió por ultima vez— ¿Quiere a Chat Blanc? Pues le daré a Chat Blanc —la miró.

—…

No tenía mas opción. Al final del día, la pelea se resolvería entre los hermanos Graham de Vanily. El daño ya estaba hecho. Todo se había ido al carajo. Y si necesitaban esto para lijar las asperezas, supuso que lo mejor era darle lo que pedía. Félix se colocó la joya, regresando a la apariencia felina de siempre. Adrien sujetó el monóculo que reposaba en su ojo derecho. Y sin titubear, copió la imagen de su contrincante. La pelea sería mucho más justa ahora. Adrien se armó del bastón, con las afiladas puntas en cada extremo.

—Sin armas, niño adoptado —Chat Blanc se deshizo de su bastón.

—Como quieras, niño probeta —su clon lo lanzó lejos también.

Ambos hermanos se mostraron las garras y los dientes, abalanzándose al unísono hasta enfrascarse en una verdadera y literal "pelea de gatos". El vehículo policial de Alix se estacionó con violencia a pocos metros de la contienda. Del interior bajaron Alya y Chat Noir. Este último, no dudó en correr hacia Ladybug para socorrerla. En respuesta, Marinette le abrazó con fuerza. Esta vez le extrañaba muchísimo.

—¿Qué demonios está pasando aquí? —cuestionó Kubdel, sin entender un carajo. Había dos Chat Blanc agarrándose a arañazo limpio— ¿Alguien me quiere explicar?

—Son Félix y Adrien…—balbuceó la heroína de traje rojo, dejando entrever en sus palabras lo angustiada que se sentía por la situación— Adrien está lleno de odio hacia Félix y aun no sé el por qué.

—No es justo —espetó Chat Noir— Chat Blanc debería enfrentarse a mí. No a otro Chat Blanc.

—¿Para qué? —bufó Alya— ¿Para qué te deje como alfiletero otra vez?

—Eso no volverá a pasar —aseguró el portador del anillo negro— Merezco una revancha.

—Esto es ridículo —Alix recargó su arma— No tengo tiempo para ver como dos hermanitos hormonales en traje de gato se parten la madre —lanzó un disparo al aire— ¡Graham de Vanily! ¡Ambos quedan arrestados! ¡Entréguense ahora si no quieren morir!

El trueno de la pistola resonó por cada rincón del bosque, espantando a las aves y a los pocos animales que por ahí se escondían. Chat Blanc se detuvo unos instantes, temeroso de que pudieran lastimar a Marinette. Divisó a Chat Noir a su lado, irritándole de sobremanera. Los celos querían acabar con el intruso de la otra noche. Adrien captó que estaba distraído y le dio un zarpazo certero en el pecho, rasgándole el traje. La sangre salpicó la nieve. Colérico, Félix se abalanzo hacia él, rasgándole la máscara de vuelta. El mayor de los hermanos le dio un empujón a modo defensivo, lanzándolo contra un árbol. En él, le apretó el cuello comenzando a estrangularlo. El menor, le apuñaló el estómago, pateándolo con la punta de los pies.

—¡¿Qué no me oyeron?! —Alix Kubdel presionó el gatillo. La bala rozó las frentes de ambos muchachos— ¡Hey!

Se dieron una pirueta hacia atrás, separándose de golpe. El Chat Blanc original salivaba con una expresión animal en el rostro. Estaba excitado con la pelea. A diferencia de Adrien, quien ya había perdido mucha sangre. Sintió como le había rajado el estómago, sin poder detener la hemorragia.

—Ese anillo era mío —carraspeó aquejumbrado el comisario. Soltó un escupitajo carmesí— ¿Lo sabías?

—¿Qué está diciendo? —parpadeó atónita Ladybug.

—Yo lo dejé en el cajón del escritorio de papá a propósito —tosió aún más sangre, dejándose caer sobre sus rodillas— Al igual que el Grimorio y las fórmulas —le reveló— Todo fue idea mía y de Nathalie. No tuya.

—Mientes —se defendió Félix.

—Eres demasiado ingenuo, hermanito —Adrien bosquejó una sonrisa adolorida, con la mirada borrosa y la respiración agitada. Comenzaba a desangrarse— Pero en el fondo sabes que tengo razón.

Acabalo— No —Hazlo de una vez. Debes vengar la muerte de tu bebé— No puedo hacer eso…es mi hermano —el peliblanco se tomó la cabeza— Basta —Eres una escoria cobarde.

—¿Con quien está hablando…? —Chat Noir se sintió victima de una película de psicosis o algo parecido— Esto me da miedo.

—Chat Blanc dice que te mate, Adrien —sentenció Graham de Vanily, mostrando las garras en tono amenazante.

—Pues adelante —hipó, con los labios ensangrentados— Acaba ya de una vez por todas con esta tontería.

—No. No lo haré —exhaló finalmente, quitándose el anillo. Los presentes quedaron de piedra, estupefactos con lo que veían. Félix volvía a su estado de siempre, muy exhausto con todo— Ladybug tiene razón. Chat Blanc no soy yo —y se lo arrojó a los pies. Básicamente se lo estaba regresando a su legítimo dueño— Chat Blanc eres tú —dictó, arrodillándose frente a su familiar para quitarle el monóculo del pómulo derecho— Esto si es mío.

—¿Qué está pasando…? —Chat Noir seguía sin entender nada— ¿Félix renunció al Miraculous?

—¡Félix! —Marinette corrió hacia el muchacho, lanzándose a su pecho con toda la felicidad y la angustia diluidas en un apretado abrazo fraternal— Estoy orgullosa de ti. Sabía que en el fondo eras un buen hombre.

—No lo hubiera logrado sin tu ayuda, Ladybug —tomó su rostro, para juntar su frente en un acto de cariño afectuoso— Te amo…gracias por todo.

—Esto…no ha acabado —a duras penas, Adrien se había acomodado la joya en el dedo anular, mostrando los colmillos como la criatura que siempre fue— Si no me acabas tu…—tomó el bastón retráctil— Lo haré yo mismo.

—Ya basta —Chat Noir le sujetó el brazo, impidiendo que pudiese blandir el arma— Ya no sigas, Adrien. Tu tampoco deberías ser Chat Blanc —agregó— Además mírate, te estas desangrando. Te vas a morir de igual forma —Adrien Agreste le despojó del aparato, regresándola a su estado natural.

—Adrien Graham de Vanily. Félix Graham de Vanily —sentenció Alya, esposándolos a ambos— Quedan arrestados.

—Está bien —aceptó el rubio menor, sin luchar en contra de la voluntad de sus acciones— Denle tratamiento médico a mi hermano, por favor. Lo necesitará —acto seguido, observó a la chica del traje rojo, sin un ápice de remordimiento— Te veré luego, heroína de parís.

—S-Si…—asintió ruborizada la menor— Por supuesto que sí, señor presidente.

—¿Qué hacemos con estas cosas? —Alya Césaire tenia el maletín con las joyas en sus manos— ¿Debemos destruirlas?

[…]

Extra, Extra, Extra.

"Noticias de último minuto, junto a Nadja Chamack en el reportaje de las 18:00."

—El asesino de Paris, fue capturado hoy, a 15 kilómetros de la capital de Lyon, cerca del bosque Caprice. La brigada de delitos del cuadrante 1, reveló esta tarde imágenes oficiales del verdadero rostro del culpable. Su nombre es Chat Blanc. Y según testigos cruciales en la investigación, la descripción del homicida concuerda con los rasgos físicos del sujeto. Apariencia felina, portando un traje de color blanco. Mas antecedentes, con Clara Contard desde la capital. Adelante, Clara.

Comisaría de Neo Paris, 18:30PM.

—¡¿Lo atraparon?! —Marinette Agreste ingresaba violentamente de lleno, al interior del despacho de la Prefecta. En ella, se encontraban Alya, Chat Noir y Ladybug respectivamente. Todos permanecían sentados, charlando con Alix. Ahora mismo, parecía mas bien haber interrumpido algo importante— ¿Atraparon a Chat Blanc?

—Hola, Marinette —le saludó la pelirroja— Justo estaba comentándole a los inspectores aquí presentes, que no he recibido tu carta de renuncia aún. ¿La habrás extraviado en el camino?

—¿De que hablas? —contestó la ojiazul, con el ceño fruncido— ¿Quién te dijo que quiero renunciar?

—Bueno…—Alix sacó desde el cajón de su escritorio, unas esposas. Las hizo girar entre sus dedos— Tu decide que prefieres. La vía por las tuyas. O la vía por las mías.

—Escucha —Agreste cerró la puerta tras de si— Solo quiero saber si Chat Blanc es Félix Graham de Vanily.

—No lo sé, Marinette —siseó Kubdel con desconfianza— Dímelo tu. Tú, eras su prometida.

—¡Ya te dije que yo no lo sé! —se defendió nuevamente, alegando la inocencia que realmente profesaba— Por favor…necesito saber la verdad. Necesito saber si Félix es un asesino serial —les imploró, con la mirada humedecida— ¿Es Félix Chat Blanc?

No —expuso la portadora del Miraculous de la creación, en lo que se levantaba de su silla— No lo es —los demás muchachos guardaron silencio, acatando su decisión por no revelar tal información— ¿Vamos por un café, Fiscal? —Ladybug la invitó a salir de la habitación, en dirección a la maquina de bebidas.

Era el segundo encuentro cara a cara de ambas Marinettes en aquel universo. Y aunque la mayor hubiese experimentado en el pasado, una conexión muy potente con la fémina cuando la saludó en la plaza, esa vez; su intuición le acometía que no era una simple mujer ordinaria. Era alguien de acato y de quien, sin duda alguna, debía comprometer respeto. Aunque no dejase pasar por alto, el hecho de que demostrara un cariño intimo por Félix. Eso, levantó las alertas de la fiscal.

—¿Te gusta el café con azúcar o endulzante? —consultó Ladybug, buscando las opciones en la máquina.

—¿Te acostaste con mi novio, verdad? —la interrogó.

—¿Qué te hace pensar eso? —Dupain-Cheng se hizo la desentendida, seleccionando una opción— Mmh…Me gusta con leche.

—Respóndeme.

—Depende —musitó.

—¿Depende de qué? —la fiscal soltó un gruñido.

—De si te refieres a antes —rodó los ojos— o después de que tú te acostaras con el hermano de tu novio —y le sonrió con sarcasmo.

—¡Eres! —Marinette apretó los labios, con la ira acumulada en los ojos. ¿A que mierda estaba jugando? Sintió unas ganas de partirle la cara. Pero al mismo tiempo, cuando la miraba fijamente…era como verse así misma— ¿Quién eres en realidad?

—¡Voila! —la guardiana cogió uno para ella y uno para su compañera— Yo creo que te va a gustar este. Es de banana con vainilla —sugirió jovial— Creo que a las dos nos encanta este sabor.

—¿Cómo dices…? —Silencio entre ambas. Marinette Agreste y Marinette Dupain-Cheng cruzaron miradas por varios minutos, analizándose a flor de piel cada movimiento que articulaban cada una. ¿Podría ser posible que la muchacha menor fuese ella misma? —¿Eres…?

—Marinette —Alix las interceptó. Ambas se voltearon. Bueno, eso era una clara respuesta— Ven. Adrien quiere verte.

—¿A cuál de las dos? —consultó Ladybug.

—Juzguen ustedes.

Ambas muchachas fueron citadas al calabozo. En él, se encontraba Adrien atado con grilletes desde las muñecas hasta los pies. Permanecía cabizbajo, con un par de vendas en el vientre, la cabeza y los brazos. El doctor que le atendía, las dejó a solas para poder charlar con tranquilidad. La general les dio solo 5 minutos. No más. El juicio comenzaría dentro de poco para darle una sentencia digna. Marinette Agreste observó como la chica de traje rojo adoptaba una postura de pocos amigos frente al rubio. ¿Adrien era Chat Blanc en realidad?

—Adrien —murmuró la fiscal, aferrándose a los barrotes con melancolía— ¿En dónde está Félix?

—El está bien —admitió desganado el ojiverde, con la mirada perdida en la nada— Tranquila, no les voy a quitar mucho tiempo —se levantó del suelo, divisando a la guardiana de los Miraculous en especial— Marinette Dupain-Cheng…—reveló, estirando el puño con intenciones de entregarle algo— Por favor…—con algo de desconfianza, pero sin nada mas que perder, la pelinegra aceptó lo que le entregaría. Era una nota y un artefacto triangular que nunca en su vida había visto— No te pido que me perdones. Solo…haz lo que debas hacer.

—¿Adrien…? —examinó la Agreste, con temor— ¿Qué hiciste…?

—Adrien Graham de Vanily ha firmado una declaración oficial —manifestó Alix, tras ellas con brazos cruzados— Ha declarado ser Chat Blanc.

—¡¿Cómo?! —La fiscal sintió un escalofrío helado recorrer su espalda— ¿Entonces Félix…?

—Félix ha sido liberado, Marinette —la pelirroja le brindó una sonrisa ladina bastante templada. No deseaba mostrarse para nada satisfecha, pero era algo que debía hacer. Había recibido una carta por parte del presidente, pidiendo su liberación inmediata. Eso, mas los reclamos y quejas de los ciudadanos de parís que exigían su inocencia ante los acontecimientos— Te está esperando en la recepción.

—Félix…—musitó entre lagrimas la mayor, echando carrera para ir en su búsqueda.

No. Ni si quiera dudó en abandonar a Adrien, su cómplice amante durante tantos meses. Graham de Vanily soltó una risa sagaz al ver su reacción. Era de esperarse. Marinette Agreste nunca estuvo enamorada de él, como el de ella. En el fondo siempre supo que era un capricho de adolescente. Y que la única forma de enmendar su error, era dejarle ser feliz con su verdadero amor. A lo que la heroína de traje carmesí trataba de entender, muy confundida. Continuaba sin comprender sus intenciones del todo. Los objetos permanecían en la palma de su mano derecha.

—Regresa a tu mundo —sentenció Adrien, dejando caer un par de lagrimones desde sus pupilas— Nos salvaste a todos…y te lo mereces.

Marinette no comprendía sus propósitos. ¿El se había confesado por su hermano? Abrió el sobre para leer en silencio sus últimas palabras.

Este es el dispositivo que el profesor Maximov desarrolló para saltar en el espacio tiempo. Confío en que lo usarás de forma responsable, porque eres una buena mujer. Sigue las instrucciones y regresarás a tu mundo. Una vez más, agradezco infinitamente lo que hiciste por mi hermano.

Nada de lo que haga y diga en estos momentos, podría reparar el daño que les causé. Puede que en este mundo tú y yo no terminemos juntos. Pero nuestra historia no se limita a un solo tiempo.

Te prometo, que en cada uno de los universos paralelos que haya, existirá una versión de este Adrien; que por siempre te amará.

Hasta siempre, Ladybug. Heroína de Paris

—Adrien…—Marinette regresó la mirada al condenado, que ahora era liberado de su jaula por uno de los policías— ¿Qué va a pasar con él? —increpó a Alix.

—Lo siento, Marinette —exhaló rendida la prefecta, posando una de sus manos sobre su hombro para hacerle entender la situación— Adrien ahora enfrentará un juicio que determinará su sentencia. Y ante eso, el proceso debe seguir el cause de la ley.

Vale. Si era justicia divina o no y por fin había conseguido sus objetivos. ¿Por qué de pronto sentía unas ganas horribles de romper en llanto? ¿No había alguna forma de que ambos se libraran del cruel destino? No. Eso era ambicioso y de mucho pedir.

Ladybug y Chat Noir permanecieron en Neo Paris por dos semanas más, a la espera de la sentencia para Adrien. Ambos se habían involucrado de forma tan visceral en el tema, que no pegaron ojo alguno las siguientes noches. Marinette por su parte, al haber ácido rendida a los pies de Félix, su historia y su vida. Y Adrien Agreste, quien sentía en el alma las malas conductas y decisiones erróneas que tomó su yo, alterno. El 15 de diciembre del año 3520 y tras haber revisado todas las aristas del caso, tomó su decisión. Delante de toda una concurrida audiencia en la que participaron muchos ciudadanos, dio su veredicto final. Adrien Graham de Vanily había cometido algunos de los asesinatos en parís. Pero no todos lo involucraban directamente como autor de los delitos. Mucha inconsistencia en la información. La declaración de Adrien no lo situaba en todos lados. Obvio, porque encubrió a su hermano y muchos detalles omitió. Sobre todo, los pormenores de la muerte de Kagami o la desaparición de Rose Levillant. Sin contar el hecho de que más de algún "pez" gordo interfirió. Chat Blanc no había dejado rastros de culpa de varios de ellos. La tarde del dictamen, el mismísimo presidente de Francia había ordenado explícitamente no ser "duros" con él. Adrien en su momento, fue cómplice del gobierno al mover tanto dinero malversado. Vamos, que así funciona la política. Para Alix no fue sorpresa de la mano negra por parte de los miembros de la Elite. Si Adrien confesaba realmente la verdad, hasta el mismo líder de la nación iría preso.

Por lo que su sentencia fue unánime por los entes legales: La cadena perpetua. Sin posibilidad de libertad condicional ni gozar de beneficios del estado. Aunque sonara absurdo y poco comprensible, la mayoría se alegró. Adrien no fue condenado a muerte. Y eso era motivo suficiente para relajar el ambiente. El mayor de los hermanos fue trasladado a la cárcel de máxima seguridad, ubicada en Burdeos. Pero en su trayecto, no dejó de dibujar una mueca feliz a modo satisfactorio. Estaba conforme con su juicio. ¿La razón? Ver a Marinette Agreste y a Félix Graham de Vanily juntos otra vez, como siempre debió ser. ¿Debía pagar por sus crímenes? Claro que sí. Y mientras respirara lo haría, privado de libertad de por vida. No por haber matado a tanta gente. Si no, por haber excluido a su hermano de ser feliz con la mujer que amaba. Matar a su futuro hijo, era suficiente castigo para él.

La noche del 24 de Diciembre del año 3520, Ladybug, Chat Noir, Alix, Alya, Félix y Marinette se reunieron en el mismo lugar en donde los héroes aparecieron la primera vez. Era víspera de navidad. El lugar estaba atestado de nieve. Pero nadie sentía frío del todo. Al contrario. Fue algo así como una cálida despedida. La general había cumplido su promesa de regresarlos a su mundo. Tanto como Marinette lo hizo con ella. Se dieron la mano y se despidieron con un abrazo. Aunque no sin antes, hacer un alcance muy intimo entre Dupain-Cheng y Graham de Vanily. Les debían ese espacio.

—Tengo celos —farfulló la Agreste— ¿Es necesario?

—Agradece que no te metí presa —gruñó Kubdel, encendiendo un cigarrillo— ¿Fumas?

—No.

—Hazlo ahora —se lo encajó en la boca— Lo vas a necesitar.

—Alix —rezongó la ojiazul, aceptando de mala gana el cigarro para aspirarlo— Sabe a mierda. Dios…—tosió— ¿Qué es esto? ¿Mierda de ratón?

—Te acostumbras con el tiempo —bufó.

—¿No has tenido suficiente ya? Digo —protestó asqueada Marinette— Ya renuncié a mi cargo. Y me iré de Francia con Félix. No me volverás a ver. ¿Qué más quieres?

—Que me hagas el favor de ser feliz —sentenció la pelirroja, brindándole una sonrisa templada— Amargada. Me da bronca verte molesta, cuando te iras con el amor de tu vida.

—¡¿Cómo?! —protestó, sin ánimos de luchar. Acto seguido, suspiró sumisa— No lo hago por ti. Lo hago por él.

—Hazlo por ti, Marinette —Alix tomó el tabaco, aspirándolo y exhalándolo con fuerza— Ahh…es delicioso. Relájate, mujer —le dio una palmada en la espalda— Por ambos, mejor dicho. ¿Acaso te arrepientas?

—Nunca…—reveló Marinette Agreste, clavándole una mirada llena de cariño a su prometido— Ahora que me enteré de toda la verdad. Lo de Kagami y eso…creo que fui una estúpida —vale. Tenía que admitirlo. Félix era el hombre de su vida. Era absurdo negarlo ahora— No quiero…pasar mi vida con nadie más que con él.

—Ni que lo digas —la bermeja rodó los ojos con sarcasmo— Eres la reina —bufó— ¿A dónde irán ahora?

—¿Es broma? —se mofó la pelinegra, con orgullo en su semblante— No te diré ni, aunque me pagues.

Un poco más allá.

—Félix…—murmuró Marinette Dupain-Cheng, con la mirada melancólica— Yo…

—No digas nada…—Félix calló a su compañera, posicionando el dedo índice sobre sus labios— ¿Aún confías en mí?

—Si…—sentenció, con el rubor clavado en sus mejillas— Por siempre.

—Marinette —musitó el rubio, tomándole del mentón en un acto de devoción idílica. Tan solo deseaba que escuchara atentamente sus palabras— ¿Crees en la magia?

—Creo…en la magia —manifestó de vuelta, abrazándole con fuerza— Quiero besarte…muchísimo…—musitó.

Espérame…—esbozó en su oído— Solo espérame un poco más…iré por ti.

¿Cómo…? —pensó.

Ambos se separaron. Aunque no sin antes dejar en claro sus sentimientos mas puros, en ultima mirada intensa y atiborrada de sentimientos que nadie jamás captaría. Silencio entre los jóvenes. Ella acabó por asentir. Entendía. El acabó por asentir. Entendía. Ladybug tomó el artefacto triangular y espero unos segundos. Los cielos se tornaron grisáceos en una lluvia que se ciñó sobre la cabeza de todos.

—¿Lista mi lady? —Chat Noir la agarró de la cintura, estirando su bastón con seguridad— Hora de volver a casa.

—Lista, Chat Noir —aceptó Marinette, con una sonrisa sincera dibujada en sus labios— Aquí viene el primer rayo…— Félix…—observó al rubio, quien le regalaba una despedida sínica en un movimiento de manos— En todos los universos…

Yo.

Voy.

A buscarte.

Te amo, Ladybug.

Te amo, Chat Blanc.

El primer rayo cayó en el suelo, abriendo un portal azabache sobre todos. Resonancia. Resonancia nuevamente. Un viento que los llevaría de vuelta a su mundo. El artefacto giró violentamente, succionándolos como la primera vez. Los portadores de los Miraculous fueron absorbidos a su universo; mientras Marinette sujetaba el maletín con todas las joyas mecánicas a su mundo. Todo se oscureció entre ambos.

El viaje por aquel túnel, fue menos agresivo que el hecho de entrar en él. Marinette trató de sujetar la mano de su compañero, con la seguridad incrustada en sus ojos. A diferencia del primer capítulo, tomó su mano. Tras alcanzar a Chat Noir, el movimiento turbulento los hizo girar en espiral por unos segundos. La presión en el aire fue tan densa, que, en algún punto, sintió perder el conocimiento. No. Esta vez no. Nadie iba a perder nada. Váyanse a la mierda. Muy conscientes y despiertos de lo que hacían, se mantuvieron despabilados. Marinette y Adrien se arrimaron seguros de lo que hacían. Este no es el principio ni el fin de la historia. Chat Noir abrazó a Ladybug con fuerza. Ella correspondió el abrazo.

[…]

Se acabó.

Ambos jóvenes regresaron a su mundo. Fue una locura total. Se hallaron así mismos en la batalla entre el profesor Maximov y Hawk Moth sobre el escenario. ¿Cuánto tiempo habían pasado en aquel universo?

—¿Listo, Chat Noir? —Ladybug hizo girar su yoyo mágico.

—Listo, mi lady —respondió Chat Noir, su fiel compañero.

—Hora de liberar al mal —sentenció la Portadora del Miraculos de la creación. Sus aretes se habían restaurado. Un Lucky Charm y fin de la historia. Habían derrotado al enemigo como siempre— ¡Buen trabajo! —juntaron los puños.

[…]

—¿Qué pasó, Tikki? —consultó Marinette, mirando la pantalla de su ordenador— ¿Te has enterado?

—No, Marinette —exclamó su Kwami, anonadada— Lo ultimo que recuerdo fue un sujeto con el Miraculous del mapache.

—Este —Dupain-Cheng le mostró el Monóculo en sus manos— Y espera a ver lo que tengo —reveló, mostrándole un maletín con Mecha Miraculous— No te imaginas lo que pasó…—siseó, con angustia.

—¿Qué pasó? —examinó Tikki, anonadada con lo que le contaba— ¿Me quieres contar?

—Yo…—calló de golpe, recibiendo un mail en su bandeja de entrada. Citaba anónimo y sin ninguna dirección de dominio escrita— ¿Qué es esto? —pinchó.

¿En dónde estás, Marinette Dupain-Cheng? Tenemos un jardín que cuidar.

Firmado: El presidente

—¿Marinette? —cuestionó Tikki, con duda en su pregunta— ¿Me vas a contar que pasó?

—Si, Tikki…—respondió Marinette, dibujando una sonrisa jovial en sus labios— Te diré…

—¿Marinette? —consultó nuevamente.

—Te contaré…—rio con cariño— Sobre aquel sentimiento multiuniversal, llamado amor.