En el transcurso de esa semana Tris se centró en intentar no desperdiciar el tiempo que podía compartir con Eric, si bien en variadas ocasiones se vio quedándose en la facción Cordial más tiempo del estipulado, intento compensar ese tiempo perdido en las mañanas con la firme creencia de que aquello sería suficiente, ya que no gozaban con la gracia de tener un rango muy holgado de tiempo que podrían llamar suyo. Generalmente se veían de soslayo durante sus encuentros en la facción, anhelándose mientras el espacio entre las mesas que ocupaban en la cafetería se sentía a kilómetros de distancia del otro, enviándose sonrisas secretas en tanto ella intentaba desligarse de la atención indeseada ¿Por qué Max les había impuesto esta prueba cuando lo que más quería era caminar con orgullo tomada de su mano? El tiempo prestado apestaba, verlo de lejos mientras recibía atenciones que le hacían hervir la sangre también lo hacía, así como hablar normalmente con el cuándo lo único que quería era saltar a sus brazos resultaba ser una tortura por ello en días particularmente malos lo único que quería era acurrucarse contra su cuerpo, lo cual dicho sea de paso era lo único que la ayudaba a dormir sin la intrusión indeseada de alguna molesta pesadilla. Escuchaba a la pesadez en su pecho apartarse cada vez que ella lo abrazaba, antes de esta semana podía contar con los dedos de una mano las veces que él sonreía de manera genuina en tanto ahora, en su tiempo a solas al menos, le resultaba complicado verlo con el ceño fruncido, ella quería creer que lo hacía feliz, a pesar de las complicaciones que auguraba su relación; por ello se esforzó cada día por levantarse al mismo horario que él, aun si fuera de madrugada y pasara el resto del día con sueño en tanto emitía sonoros bostezos. Disfrutaban de preparar el desayuno juntos, haciéndose bromas, jugando como niños en tanto reían a la par que ensuciaban la cocina y a ellos mismos en el proceso, pasándola bien mientras compartían una charla amena, comentándose lo que harían al volver a encontrarse o lo que esperaban que ocurriera en el transcurso del día, así como sus itinerarios, turnándose en la ducha antes de que ella lo acompañase hasta la puerta para despedirse con un beso. En ocasiones aquellos encuentros comprendían en un casto roce de sus labios, apresurado por falta de tiempo en tanto a las otras, las que dejaban a su mundo girando alrededor del joven líder, imprimían tanta necesidad, tanto anhelo que podía palparse el deseo que tenían el uno por el otro. Lo que seguía a su despedida era un asalto rápido al guardarropa de Eric, siguiendo su consejo, sus hoddies eran una opción lógica y la que resultaba más agradable, si bien era cierto que le quedaban enormes, tanto que ella se sentía como una niña pequeña bajo aquella gran tela, sin embargo funcionaban a la perfección como una armadura y puesto que en esta época del año el clima era un juego de azar, por las mañanas resultaba realmente frio por lo que el abrigo era bien recibido, le gustaba realmente que esas prendas abrazaran su cuerpo dándole calor en tanto el aroma de su pareja impregnado en estos la hacían sentir segura y cercana a él. La seguridad extra bridada por las prendas de su novio, la mostraron más valiente de lo que se había permitido ese primer día, por lo que ella sin siquiera detenerse a pensar comenzó a hablar con más soltura, comentándole al doctor aquello que la aquejaba; la ansiedad que le producía hablar de todo lo sucedido con quien creía su amigo sumado a la incapacidad de poder abrirse con el resto de ellos, comentándole con mayor detenimiento el impacto que tuvo sobre ella lo ocurrido durante la iniciación y esa pesadez en su pecho que se asentaba con firmeza cuando pensaba en su familia. Ahora notaba lo limitada que en realidad fue la relación con sus padres, la falta de confianza que tenía para con ellos, afrontando también lo solitario que se sentía para ella haber crecido en esa facción, mientras debía mostrarse amable y tragar sus secretos. Lo que la llevo a rememorar recuerdos que creyó enterrados; las miradas cargadas de lascivia del líder de Marcus Eaton, así como esa callosa mano errante que encontró su falda por debajo de la mesa en tanto fingía prestar atención a las palabras dichas por su padre, las veces que durante esas cenas que ella consideraba torturantes intento llamar la atención de algún miembro de su familia sin éxito, mientras esa pesada mano con el correr de los días seguía avanzando más. Recordó temblar, en tanto tragaba su incapacidad de defenderse en el momento que esa mano encontró la piel bajo su falda; asentándose sobre su rodilla mientras el pulgar recorría la extensión de piel a su alcance, intento levantarse de la mesa y alejarse siendo reprendida por sus padres y juzgada por su hermano en tanto su acosador siguió entrometiéndose bajo su falda. Lloró, abrumada por aquellas sensaciones que era incapaz de borrar, sintiéndose débil, vulnerable y tan perdida que culminaba aquellas charlas abrazándose a sí misma, deseando que no solo sean sus ropas las que la abracen sino lo propios brazos del joven líder. El terapeuta le proporciono tiempo y espacio para poder calmarse, continuando luego de sus episodios con el día de terapia, sin mencionar lo sucedido.

La temperatura del clima incrementaba para las horas del mediodía por lo que antes de reunirse con el resto de la facción en el comedor Tris procedía a quitarse la sudadera de Eric y mantenerla cerca, abrazándola con firmeza a su cuerpo mientras caminaban, manteniéndola en su regazo mientras ingería sus alimentos o atándola alrededor de su cintura mientras repasaba sus pulgares o uñas por la tela sin verse capaz de apartar las manos de la misma, teniendo la necesidad de sentir que de alguna manera, él se encontraba a su lado, suspirando ante la satisfacción de poder encontrar algún tipo de consuelo. Todas las tardes se despedía tanto del terapeuta como de Johana y abordaba el auto por el que tuvo que hacer los papeleos necesarios para conservarlo por las dos semanas pautadas de terapia diaria, sentía las miradas de las personas a su alrededor en cuanto pasaba escondida bajo la gran prenda de ropa masculina, agradeciendo que nadie fuera lo suficientemente valiente para preguntar su procedencia.

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Disfruto de la clandestinidad de sus acciones hasta el viernes de esa misma semana, la mitad de la terapia concluida, Tris caminaba con tranquilidad, cargando la prenda cual si fuese un tesoro invaluable, relajada ya que tendría el fin de semana libre de sus citas terapéuticas, ese tal vez fue lo que puso el motor en marcha envalentonando al facultativo para saciar por fin la duda que bailaba por sus pensamientos desde ese martes en cuanto ella apareció vestida con esa gran prenda como si fuese algún tipo de declaración; —Esta semana has evolucionado a pasos agigantados —La felicito el hombre—. En nuestra primera sesión te encontrabas cerrada a tus problemas, pero con gran disposición al cambio —Explico deteniendo su paso—. Sin embargo, para nuestra segunda sesión comenzaste a cargar estas prendas que obviamente no te pertenecen y finalmente te soltaste, no quiero ser indiscreto, pero me preguntaba ¿Quién es...?

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Tris se sonrojo, deteniendo su paso, observo alrededor, frunció los labios y sopeso sus posibilidades, supuso que sería sincera y luego evaluaría su reacción al respecto; —Eric —Respondió interrumpiendo su pregunta—. Tanto las sudaderas, como las camisetas de gran tamaño le pertenecen a él.

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El terapeuta giro hacia ella, viéndola atentamente para notar la sinceridad en sus palabras, limpió las gotas de sudor acumulándose en su frente, alisó su ropa y suspiró. Pensando en ese par de eternos segundos en lo que diría a continuación, si bien el líder osado parecía ser importante para su paciente debía ser sincero con ella y darle su opinión profesional al respecto de la relación en la que parecía estar embarcándose en un momento de vulnerabilidad como el que estaba atravesando en este momento. Camino hacia ella, dejando un paso de distancia entre ambos, posó una de sus manos sobre el hombro de la joven frente a él notando el leve estremecimiento, más agradecido de que esta no se apartase de su tacto. Sonrió con franqueza ya que el reconocer los peligros reales a su alrededor significaba dar un paso en la dirección correcta; —Mira, Tris no quiero imponerme en tu vida personal, así como tampoco quiero apartarte de lo que está ayudando a mejorarte, pero creo que no es un buen momento para comenzar una relación.

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La sonrisa que se posó en sus labios sin su permiso al mencionar el nombre del hombre que alegraba sus días se esfumo de improvisto curvando sus labios hacia abajo para luego centrarse en una línea recta, ella negó resoplando con cansancio y enojo; —¿Qué es lo que informas a Verdad? —Inquirió ella, quitando con suavidad la mano de su hombro, manteniéndose firme en su lugar—.

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Chastain trago en seco ante la mirada dura que estaba recibiendo de la pequeña líder rubia; —Nada en específico, solamente resultados de las terapias y progresos de las mismas —Respondió de manera apresurada sintiéndose nervioso—. ¿Necesitas hablar de algo...?

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Ella lo vio con mirada endurecida, asintiendo con lentitud antes de pronunciar palabra alguna, armándose de valor y sin demostrar ningún signo de debilidad comenzó su confesión; —Eric y yo vivimos en el mismo apartamento, estamos en una relación y me importa muy poco las opiniones que puedas tener al respecto —Enuncio Tris comenzando a alejarse de los terrenos de siembra para dirigirse a los de vivienda, no miro atrás, ya que no le importaba lo que el hombre pensara de lo que pasaba entre ella y Eric—.

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Evan finalmente la alcanzo obligándola a detener su paso al tomar su antebrazo con firmeza haciendo que ella se girara a su encuentro con brusquedad como si estuviese lista para atacar. Entendió que su tacto hosco y apresurado podría haberse sentido como una amenaza para la chica; —Lo siento —Susurro levantando los brazos al aire en señal de rendición para demostrarle que no iba a lastimarla de ninguna manera—. Es un progreso el que enfrentes tus problemas, pero no el que huyas de una posible discusión. Somos adultos Tris podemos hablar del tema de manera civilizada.

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Ella asintió caminando por delante de él sin detenerse hasta llegar a la verde pradera en la que se situaron ese primer día. El terapeuta espero en silencio y sin presionarla de ninguna manera a que ella rompiera el silencio, relajándose al escuchar su voz en el viento, sabiendo que ella aun podía confiar en él y podrían continuar con su tratamiento; —Siempre supe que no pertenecía a Abnegación —Confesó abrazando sus rodillas contra su pecho—. Pero nunca me sentí pertenecer a ninguna otra facción —Apoyando la mejilla sobre sus rodillas, apresando la prenda entres sus rodillas y pecho—. El pertenecer a la facción abnegada me permitió interactuar con las demás facciones, lo que me dio un vistazo de cada una antes de la prueba de actitud o el día de elección —Encontró en su búsqueda por explicarse un recuerdo arremolinándose en su memoria; Ella era una niña acompañando a su padre y al otro líder de Abnegación en una de las reuniones para tratar de negociar los suministros del año. Su padre se alejó ya que el carácter temperamental de Marcus siempre los metía en problemas, el hombre en cuestión la tomo por el brazo llevándola detrás de uno de los graneros, se sentía más peligroso desde que su propio hijo abandono la facción hacia unas semanas atrás, arrojo su tierno cuerpo contra una de las paredes del lugar y comenzó a manosearla sobre su ropa; tocando sus pechos, su trasero y arrastrando su sucia boca sobre su cuello. Presionaba su erección contra su cuerpo en cuanto una patata impacto contra su cabeza, se alejó enojado mirando en la dirección de donde había venido el proyectil, Tris se hizo eco de su confusión para alejarse, impactando de lleno contra el pecho de su héroe. Sonrió aun sabiendo que no era un recuerdo totalmente feliz—. Vi a Eric por primera vez cuando era apenas un iniciado de Osadía y en cuanto nuestras miradas se encontraron supe que donde estuviera él debía pertenecer yo.

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El hombre negó de manera desaprobatoria. Tris se encogió de hombros, todavía conservaba algunos secretos que no creía relevantes compartir con él; —Sé que es irrespetuoso y se supone que debe ser privado, pero...

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—Erudición, mi prueba de actitud dijo que pertenezco a la facción inteligente —Interrumpió Tris una vez más, como si pudiera predecir sus palabras, lo que no sorprendió tanto al hombre luego de su confesión—. Pero me arriesgué, no sabía nada más de él. No tenía consciencia de su nombre o siquiera si había concluido su iniciación, aun así, di un salto de fe. Literal y figurativamente —Sonrió una vez más ante su reencuentro con el hombre más hermoso que había vislumbrado en su vida, el mismo que la había impulsado a defenderse de su agresor quien no volvió a tocarla después de ese día—. No puedes decirme que lo que siento es gratitud o que confundo mis sentimientos por él, lo he sabido durante años, estoy enamorada de Eric, lo ame incluso antes de saber su nombre.

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Evan asintió en compresión, suspiro con la necesidad de cambiar de tema; —Tu prueba de actitud dice muchas cosas de ti, algunas que recientemente estoy comprendiendo, como tu habilidad de responder preguntas no formuladas o el arrebato ante un cuestionamiento a tus decisiones. Lo lamento, Tris, pero debes entender la apariencia de esta situación.

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Ella asintió con solemnidad relajando su pose al estirar sus extremidades; —Lo sé, por ello estoy… estamos guardando el secreto. No necesitamos que nos juzguen o...

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—Entiendo Tris —Musito el terapeuta poniéndose en pie, extendiendo la mano hacia ella—. Eres una mujer con una fortaleza que no he visto en nadie antes de ti —Confesó apretando la mano de la mujer en cuanto la ayudo a levantarse—. Supongo que este es un buen momento para terminar las sesiones de esta semana. Aunque necesito saber ¿En realidad necesitas vestir su ropa?

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Ella sonrió con suficiencia soltando su mano de la del hombre; —No como fortaleza, al menos no ahora, lo fue al comienzo de la semana, en cambio ahora, se convirtió en una declaración silenciosa, dice que no soy una mujer libre a la vez que acaricia el ego de Eric, le da seguridad que luzca su ropa de manera natural, le dice que no me arrepentiré de elegirlo ni ahora ni nunca. Mi Eric tiene un exterior duro y un interior tan dulce que merece mis mejores cuidados —Afirmo viendo a la nada de manera soñadora, despidiéndose con un leve asentimiento a la vez que se dirigía al estacionamiento—. Nos vemos la próxima semana, Doc. —Saludo Tris, antes de sonreír y correr hacia donde estacionaba su auto habitualmente, esta vez no se detuvo a saludar a Johana—.

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Chastain emprendió su camino hacia las oficinas de Johana, subiendo las escaleras se dirigió hacia la ventana principal, donde vio la estela de polvo dejada por el automóvil osado alejándose de la facción, suspiro con pesadez, sabiendo que su sentir no sería bien visto por nadie y que cada sesión con la joven mujer lo hacía más vulnerable a olvidar el profesionalismo, suspiro con añoranza y derrota en igual medida posando su palma sobre el vidrio como si quisiera detener el tiempo y atraerla nuevamente; —Dije que el amor era lo que necesitaba para aliviar sus males, nunca mencione que fuera el tuyo —La voz de Johana atrajo su atención haciéndolo girar para encontrarse con su mirada. Ella negaba con una sonrisa triste—. Lo lamento muchacho, pero...

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El asintió dejando escapar su ultimo y lastimero suspiro; —Lo sé, lo entiendo. Nunca podría tener una oportunidad con ella. Debes escuchar la pasión en sus palabras cuando habla de su amor por él —Admite con una sonrisa orgullosa. Él no sería motivo de su felicidad, pero al menos podía verla ser feliz—. La niña más bonita de la biblioteca... —Susurró cerrando los ojos para apreciar aquel recuerdo con el debido respeto. Al abrir los ojos Johana lo veía con una sonrisa, él negó a sabiendas que nunca podría estar seguro de los conocimientos de la mujer frente a él—.

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—¿Te apetecería un té de hierbas? —Inquirió la mujer, a quien asintió en respuesta—. Ella aun no llega, pero pronto estará aquí —Le aseguró en un intento de brindarle calma y él se aferró a sus palabras. Después de todo había poco que escapara del conocimiento de la mujer—.

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Tris volvió a cubrirse con la sudadera de Eric antes de adentrarse en el automóvil, el cual condujo con una sonrisa resplandeciente en los labios, tan feliz de dejar ir esa carga que llevaba en sus espaldas que podía sentirse literalmente liviana en sus pies, como si correr y flotar pudiesen hacerse con la misma cantidad de esfuerzo. Se encontró de regreso en la facción siendo recibida por Richards quien tomo las llaves del vehículo en el aire en cuanto ella se las arrojó para correr hacia su apartamento, valiéndose del tiempo extra, sabiendo que Eric aún tenía un par de horas más en la oficina, lo que le serviría para arreglar ciertos asuntos que mantuvo pendientes en la semana. Ingreso al departamento siempre asegurándose de cerrar las puertas tras de sí, tomo una ducha, recogió sus cosas vistiendo solo una toalla sobre si, ya que olvido el tomar su ropa antes de meterse en baño, agradeciendo haber podido organizar todas sus pertenencias en la cómoda del cuarto de invitados de su novio, aun si no usara el espacio para dormir. Como ocurrencia tardía tomo la chaqueta que el hombre de la casa guardaba en su armario, acomodo las mangas de la misma sobre sus codos y dejándola abierta se dirigió hacia las tiendas donde había dejado encargos durante la semana, así como también se encontró realizando nuevas encomiendas. Satisfecha con su inversión del tiempo en tanto cargaba una enorme caja, ingreso realizando malabares en el ascensor para disponerse a volver al departamento, cerró la puerta detrás de ella observando el reloj empotrado en la pared opuesta al ingreso del lugar, notando que aun contaba con tiempo de sobra para esconder la caja en su cuarto. Llego hasta su destino guardándola en un recóndito espacio del armario, ubicando algunas colchas encima para tener la certeza de que no se vería a simple vista, luego podrían explorar el contenido de la misma con Eric. Apreció el reflejo de sí misma siguiendo sus movimientos desde el espejo, respiro hondo, cerró la puerta del que llamaba su cuarto con la llave que estaba en el ojal de la puerta y en un loco impulso que no había tenido antes, se quitó apresuradamente las capas de ropa como si le pesaran o quemaran su piel, con una necesidad que no había tenido nunca antes, arrojando las mismas sobre la cama, inspiro pausadamente y con valentía caminó portando solamente su conjunto de ropa interior negro de algodón, se observó detenidamente a sí misma, repitiendo el mismo acto que había realizado a pedido de Eric. Sonrió ante la vista de si misma, topándose de frente con su reflejo en una superficie similar a la que se encontraba en el cuarto contiguo; se observó con detenimiento pensando en la pregunta que le había hecho Eric casi una semana atrás ¿Qué ves en este momento? Oyó las palabras de él como un susurro en sus oídos, estremeciéndose ante el recuerdo de su aliento acariciando la corva de su oreja, tomó varias respiraciones lentas y finalmente escrutó su cuerpo de manera apropiada; las marcas que se habían asentado en su piel parecían parcialmente curadas, esto era gracias a los tratamientos de rápida curación de Erudición, su cuerpo curvilíneo y delgado la recibía dándole ánimos, se sonrió a sí misma, acercándose al espejo, repasando las manso por su piel en tanto apreciaba sus curvas, detuvo las palmas ahuecando sus pechos mirándose fijamente a los ojos murmuro; —Eres increíble, eres hermosa y debes tener confianza en ti misma —Soltando sus pechos para apoyar las manos abiertas sobre el vidrio reflectante—. El día de compartirte con él se acerca con más premura, debes dejar de vacilar y estar lista tanto para ti como para él, ¡Acéptate mujer! —Se animó a sí misma, sonriéndose una última vez antes de comenzar a vestirse—.

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Mientras tanto Eric se encontraba retrasado, nervioso porque no quería nada más que volver a Osadía, no tuvo ningún tipo de problemas en la organización de papeleo o en tratar con los hermanos Pedrad, pero era innegable que, algo terriblemente molesto del trabajo que le correspondía a Tris, era de seguro las largas reuniones con Abnegación. Andrew Prior era un hombre sensato con el que se vería teniendo una amena conversación en cualquier momento, y eso no tenía nada que ver con querer "Causar una buena impresión en su suegro". En cambio, el ego del líder de abnegación, el cual era contrastante con la facción de la cual estaba a cargo resultaba agotador, el hombre no aceptaba que sus propuestas fueran denegadas por el joven, argumentando de manera despectiva que: "tal vez Osadía debería dejar que los adultos traten con adultos mientras los niños deberían continuar con sus niñerías". Eric no cedió a su ataque, mostrándose tranquilo e impávido en tanto el líder lo veía tanto con cansancio como frustración. Por lo que el hombre con actitudes caprichosas dio por terminada cada reunión con las palabras en la boca, decidió que nunca dejaría que Tris se presentara sola ante tal patán, aun si sabía que ella era capaz de enfrentarlo, él no soportaría que el hombre con ínfulas de rey la mirase siquiera con un dejo de descaro. Él era extremadamente protector con aquello que amaba y mentiría si dijera que no sentía exactamente eso por la mujer que vivía en su departamento, desafortunadamente para él hoy el insoportable hombre no quería mantenerse callado y haría lo que estuviese a su alcance para que él cediera a sus absurdas demandas tales como; "Debemos dejar en paz a los sin facción" u "Osadía debe de dejar de desperdiciar recursos en Cordialidad" o "Abnegación no necesita ser vigilada" y muchas más exigencias que culminaban en que Osadía se remitiera solo a territorios Osados, Eruditos y Verdaderos. Y que en su vasta experiencia al mando de Abnegación las facciones "pacificas" no necesitaban del escrutinio de los soldados. Si le permitieran ser totalmente franco, el líder Osado confesaría que tenía sueño por lo que miraba al hombre frente a él en silencio y portando un rostro que afirmaba tener pocos o ningún amigo, lo cual no era mentira. Para su suerte Prior intervino, argumentando que sus pedidos caerían en oídos sordos y que creía firmemente que no estaban siendo tan vigilados como cuidados ya que las facciones pacificas necesitaban protección. Lo que llevo a una ardiente discusión entre los líderes de la facción que se encontraba visitando, mientras él cedía recostándose lentamente en su silla, decidió que definitivamente se tomaría el fin de semana para recuperar las horas de sueño. Finalmente volvió bruscamente a sus sentidos al oír un fuerte golpe contra el escritorio, en posición de firme se excusó, admitiendo que debían limar asperezas entre ambos antes de coordinar una nueva reunión, se despidió lo más cordialmente posible, abandonando los terrenos Abnegados, dirigiéndose hacia las vías, viéndose obligado a escalar, ya que los abnegados no tenían construcciones lo suficientemente altas para abordar el tren desde estas. Tomando el último vagón se recostó sobre la puerta, esperando espabilarse lo suficiente para no caer a las vías producto de su cansancio.

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Aprovechando el tiempo a solas para pensar respecto a su relación con tris supo sin lugar a dudas que él se sentía inseguro, ya que luego de los besos y el tiempo compartido ese primer día decidieron, a regañadientes, que no formalizarían su relación y que la misma sería lo más similar a lo que fueron antes de besarse o confesar sus sentimientos; lo que implicaba hablar ocasionalmente, mantener el contacto al mínimo, por lo tanto, no podían besarse. Al menos mientras se mantuvieran frente a los demás Osados, haciendo que Max dudara de la relación existente entre ambos, en cambio tras puertas cerradas... lo primero que hacían era besarse castamente para abrazarse por un largo rato, hasta que ambos exhalaban absorbiendo el aroma del otro como si el ignorarse todo el día hubiese sido lo más agobiante que tuvieron que hacer. Se besaban a veces con ternura otras con fiereza e impaciencia, hablaban de sus días mientras se preparaban para dormir, quejándose tanto como del arduo trabajo como de no tener ninguna obligación, lo que ella se vio obligada a cumplir gracias a un pedido expreso de Max. La terapia de Tris incluía a parte de hablar con el terapeuta designado en Cordialidad pasar el día allí, conociendo a los amistosos y procediendo a distenderse en un lugar seguro, sabiendo que en el momento en que no sintiera todo contacto con otra persona como amenaza seria un indicio valido para obtener su alta, le comentó en una de sus charlas nocturnas que en un principio ella se mostró reacia a hablar o si quiera acercarse a un adulto que no fuese su terapeuta o Johana, en cambio los niños parecían ser un bálsamo aceptable. Él en cierto punto ardía de celos por su declaración, sintiendo que perdía la exclusividad al ver que ella podía soltarse ante otro hombre que no era él, eso sin contar que aun podía verla recibiendo la atención de los osados en esos momentos en que compartían tiempo con la facción, entendía que era posesivo e irracional pero nunca había anhelado a una mujer como ella y aun creía que Tris lo abandonaría en cuanto tuviera un momento para reflexionar en lo que pasaba entre ellos.

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Agobiado por sus propios pensamientos sumados a un día realmente agotador Eric camino desganado por el complejo, tan cansado que no pudo negarse en cuanto Peter lo arrastro hacia el bar, decidiendo que necesitaba mantener su seudo amistad hasta obtener las pruebas necesarias en su contra lo siguio, por otro lado era lo suficientemente temprano para tener unos minutos libres antes de regresar a su departamento, ya que en los últimos días Tris regresaba al apartamento luego de la cena, el conducir un automóvil la habilitaba para dejarse estar allí más tiempo del necesario, motivo por el cual secretamente se encontraba molesto. Ella necesitaba libertad y aclimatarse a la situación en la que se encontraba, pero sus retardos los dejaban con poco tiempo para estar juntos, que ella llegase a deshoras complicaba más las cosas entre ellos, deseaba que llegase el fin de semana y poder hablar tranquilamente de todos estos temas que se encontraban retrasándose.

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Él nunca pudo imaginar que Tris se encontraba en ese preciso momento buscándolo, y que lo encontraría justo cuando las curvilíneas gemelas se asentaban a cada uno de sus lados tocando su pecho con parsimonia mientras que el cansancio en su cuerpo sumado a la ingesta de alcohol retrasaba sus reacciones, Tris sintió a su pecho encogerse ante la imagen resoplando con enojo, girándose para salir del lugar sin echar una segunda mirada a su novio, mismo hombre que a sus ojos se veía bastante cómodo bajo las atenciones de las mujeres de cabello rubio y nulas habilidades para Erudición o cualquier otra facción que no las deje andar parcialmente desnudas. Se encontraba enojada, bordeando la furia, aun así, se dirigió al departamento pisoteando como una niña caprichosa, no queriendo lidiar con nadie en tanto luchaba por no llorar a mitad del pasillo, ella quería creer en sus palabras, pero la actitud que había presenciado hacia que dudase de todo. Aún sumida en su propia miseria reviso la página de servicios de la facción decidiendo ordenar una cena para dos personas, sin tener consciencia del tiempo que tardaría Eric en regresar a lo que ella ya consideraba su casa, la de ambos. Sentía pesadez en el pecho, al tener pensamientos tan turbios, sin embargo, se vio obligada a recordar sus acciones y palabras mientras estaban juntos, ella debía confiar en él, tal vez se encontraba guardando las apariencias, ya que no podía cambiar de un día para el otro sin llamar la atención. Tuvo que regular su respiración, conteniendo sus lágrimas, quitándose la chaqueta del hombre que amaba, arrojándola lejos de ella, desolada, sin poder pensar con claridad debido a sus celos, comprendiendo que no llevaban siquiera una semana juntos y que este sería el primer fin de semana completo que compartirían, no pudo evitar que la inseguridad la derribara sobre el sofá. Con las manos temblorosas y la voz vacilante llamo al local de comida rápida, para cumplir con su palabra tal y como lo había prometido en aquellos mensajes de texto que le envió hacia casi una semana atrás disponiéndose a esperarlo con pizas y cervezas, eligió del menú su selección culminando con una de anchoas y otra de mozzarella en tamaño grande, considerando lo hambrienta que se encontraba así como la posibilidad de que él se encontrase en iguales condiciones, dirigiéndose al refrigerador comprobó que este tuviese un surtido de cervezas. Se dispuso a llamarlo, ya que era obvio que no contestaría un mensaje de texto, estaba segura que los ignoraba a propósito, espero dos timbres para ser atendida por una voz femenina; —Lo lamento cariño, Eric se encuentra muy, muy ocupado en este momento —Contesto la mujer con una voz melosa y una risita molesta. Tris intento no desanimarse cuando la línea se mantuvo en silencio, para oír un fuerte golpe y un quejido, antes de que una voz conocida atrapara su atención—. ¿Te encuentras bien? —Susurró la masculina voz de Eric con preocupación mientras los sonidos de la multitud de fondo se encontraban atenuándose—. Tris... ¿Estás bien? ¿Necesitas que vaya por ti? —Continúo hablando mientras corría por la facción dirigiéndose hacia su edificio, el mismo que nunca se vio tan lejano como en este momento—. Por favor, cariño ¿Puedes responderme? —Inquirió recostándose contra la pared del ascensor, mientras las puertas del mismo se cerraban—. ¿Bebé? —Cuestiono en un tono que sonaba sumamente preocupado—.

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Tris suspiro, feliz de escuchar su voz y molesta por haberlo hecho preocupar; —Solo ven a casa Eric, el delivery está por llegar y quiero cenar contigo —Dijo en voz suave, rompiendo el silencio. Él suspiro sintiéndose más tranquilo—. Lo lamento Bombón, no quería preocuparte —Admitió con la garganta contenida—. ¿Estás cerca? —Preguntó oyendo las puertas del ascensor abrirse del otro lado de la línea—.

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Seguido al anterior sonido la llamada se cortó y ella espero en silencio fijando su vista en la puerta de entrada, esperando que él ingresara a la casa, escuchó el tablero de la entrada accionándose, miro con impaciencia a la puerta abrirse para revelar a su hombre, viéndose más que cansado, él no se dirigió a ella de ninguna manera mientras se ocupaba de la puerta, cerrando la misma con los dos códigos de seguridad para centrar su mirada gris, perturbada, cansada y sumamente hipnótica a la suya. Acto seguido resopló con molestia y se acercó a paso pesado; — ¿Tienes una puta idea de cómo me hiciste sentir? —Cuestiono en el tono duro que solo había sido dirigido hacia ella durante su iniciación, situándose a un paso de distancia—. Creí que te había ocurrido algo, creí que podría perderte —Confesó llevando una de sus manos a su nuca, apoyando la frente contra la de la fémina e inspirando lentamente su aroma. Acerco el delicado cuerpo al suyo posando su palma libre sobre su cintura—. Nunca más Tris, promételo —Pidió con desesperación—.

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—Lo juro —Aseguró ella en tanto se acercaban para encontrar sus labios en un beso—. Yo solo... —Comenzó a explicarse cuando el golpeteo en la puerta la interrumpió—. Debe ser la comida... —Aseguro mirando la puerta con desgana, antes de alejarse de él—.

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Eric asintió, respirando con pesadez, beso la frente de la mujer frente a él y con un gesto le indico que se retirara a la cocina fuera de la vista de cualquier intruso. Conocía la dinámica ya que repetían la misma rutina cada vez que llegaba un paquete o un encargo. Nadie sabía que ella vivía allí y todas sus encomiendas eran redirigidas hacia el apartamento de Eric desde que ella comenzó su entrenamiento para liderazgo, como un favor para Tris, ya que no quería ser molestada mientras se encontraba en su casa. Ahora le parecía lógico y hasta una treta de la chica para acercarse a él de alguna manera, sonrió ante el conocimiento desbloqueando la puerta; —Gracias —Musito Eric tomando el pedido y deslizando su tarjeta de puntos por el posnet—.

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Joss, la dependiente que trabajaba para el sector de entregas de la facción le impidió cerrar la puerta, mientras él se disponía a hacer exactamente eso; —Pensé que te encontrabas en el bar —Afirmo con confianza, en tanto se quitaba la gorra y revolvía su cabello en un intento de llamar la atención del líder Osado, él la veía con impaciencia, equilibrando las cajas sobre su antebrazo—. Esperaba que estuvieras ahí un rato más —Continuo en voz melosa, comenzando a bajar el cierre de su campera para exponer su camiseta escasa de tela—. ¿No te apetece algo de compañía?

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Eric resopló con enojo; —No y te agradecería si te marcharas ahora mismo —Pidió en tono descortés apretando el material de la puerta en su mano—.

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—¡Vamos Eric! —Suplico en tono aniñado, fingiendo una inocente mueca—. Dime… ¿En verdad vas a desperdiciar esto? —Ahuecando sus pechos con las manos, apretándolos y juntándolos para llamar su atención, en tanto Eric aburrido encontraba el techo del pasillo más entretenido que la mujer frente a él, pensando en Tris esperándolo en su cocina—. ¡Dios! ¿En serio? —Musito con enojo al ver su falta de interés—. ¿Qué tiene que hacer una chica para llamar tu atención? —Resoplando con molestia—.

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Eric suspiro con pesadez, eligiendo no responder a su pregunta; —¿Puedes ser tan amable de marcharte? —Pidió una vez más—.

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Pisoteando infantilmente con enojo; —¿Que tienen las gemelas que no tenga yo? —Preguntó la mujer con molestia—.

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Él bostezo, viendo que la interacción no iba a tener un punto de quiebre a menos que él lo crease; —En realidad todas ustedes tienen similitudes —Los ojos de la mujer se iluminaron al captar algo de su atención—. Ninguna puede jodidamente entender un claro rechazo, así que lo diré sin rodeos, no hay nada de ti o de esas dos que mencionaste tan amablemente, que me atraiga ni siquiera mínimamente. Lo único que me gustaría es poder llegar a mi casa un puto viernes y tener tranquilidad —Masculló retrocediendo para adentrarse al departamento—. ¡Lárgate! —Exigió cerrando la puerta en el rostro de la mujer, sobo sus sienes con cansancio, viendo a su chica emerger de la cocina sonriéndole con dulzura—. ¿Puedes creer lo que acaba de suceder?

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Ella sonrió asintiendo lentamente, se encogió de hombros; —No me gusta —Admitió en tono pesado—. Sin embargo, no puedo culparlas —Rio suavemente, acercándose a él, a paso decidió, pero pausado, sintiéndose en calma al oírlo hablar sobre esas mujeres—. Yo también buscaría cualquier excusa para llamar tu atención —Repasando las manos sobre sus hombros para descender por su pecho y abdomen, culminando en las presillas de sus pantalones—. ¿Sabes que quiero hacer en este momento? —Él negó, boquiabierto en tanto admiraba su cercanía, embelesado mientras ella le sonreía como si fuese lo único que importaba en su día. Entreabrió sus labios invitándolo a degustarlos, Eric se acercó cerrando los ojos, perdiéndose la sonrisa maliciosa que adorno su rostro—. ¡Comer! —Exclamó con una pequeña carcajada, quitándole las cajas de las manos, dirigiéndose nuevamente hacia la cocina—.

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Eric abrió los ojos al sentir que el peso desaparecía de sus manos y sus pasos se alejaban, corrió tras ella, tres zancadas largas fueron suficientes para alcanzarla, atrapándola en el instante en que abría la caja para sacar una rebanada, ella chillo al momento en que su imponente presencia se aproximó, el corazón de Tris se agolpaba contra las paredes de su pecho al reconocer su cercanía, estremeciéndose de grata manera al sentir su aliento, temblando levemente en cuanto él poso ambas manos a los lados de su cintura para hacerla retroceder unos pasos atrayéndola hacia su pecho, la nariz del joven recorrió la curvatura de su cuello inhalando su aroma, sabiéndose perdido después de su día, aun sintiendo la adrenalina corriendo por su sangre ante la idea del peligro de perderla y esa soledad que sintió sin ella de momento parecía tan lejana cual si fuese una ilusión, entendiendo que pertenecía a ella, a su lado para siempre o al menos el tiempo en que lo quisiera a su lado. Recorrió lentamente su estómago, sintiendo la tela bajo sus manos aunada a ese trepidar que provocó en su pequeño cuerpo, sonrió con los labios contra su hombro para proceder a cerrar los brazos a su alrededor; —Esa no es una mala idea —Declaró besando la piel frente a si para retirarse dirigiendo sus atenciones a la corva de su oreja, mordisqueándola y probándola de manera tentativa con su lengua—. Es una genial idea, de echo estoy tan hambriento… —Susurro posando la boca contra su cuello para lamer, besar y probar la piel a su alcance—. ¡Jesús Bebé! ¡Te extrañe tanto! —Suspiro descansando la barbilla contra su hombro para dejar un beso sobre su mejilla—.

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Tris exhalo un suspiro dejando la rebanada sin probar contra la tapa de la caja, limpiando su mano sobre sus pantalones para llevarla hacia sus espaldas encontrando a su novio, rascando su nuca lo sintió relajarse contra ella, suspirando en su cuello; —También te extrañe —Confesó frotando sus brazos con su mano libre para instarlo a soltar su agarre, consiguiéndolo en tanto separaba la barbilla de su hombro, giró en sus brazos posando las manos en su cuello, sonrió antes de acercar sus rostros y besarlo lentamente—. Tus besos son adictivos, Bombón.

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Sonrió ante su admisión; —No como los tuyos —Confesó besándola nuevamente—. ¿Tienes idea de lo que ha sido esta semana?

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—Levemente —Admitió ella en tono socarrón con una sonrisa curvando sus labios, soltó su cuello alejándose un par de pasos de él quien la miro con intriga—. Tengo que hacer una confesión —Declaro, viendo su ceño fruncirse—. Hoy, llegué temprano e iba a buscarte a tu oficina cuando te vi entrar al bar de Jimmy con Peter —Suspiro con pesadez al soltar ese nombre—.

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—Se lo que te hizo y a veces… no, me retracto, todo el tiempo tengo ganas de hacerlo pagar por lo que sus acciones, pero… —Se interrumpió en cuanto ella poso sus dedos en sus labios para que guardase silencio—.

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—Entiendo, créeme —Le aseguro con una sonrisa triste—. Pero no es eso lo que molesta, al menos no ocupa la mayor parte de mi molestia… —Afirmo, viendo a su ceño fruncirse ante su incomprensión—. Te vi, en la barra con esas mujeres que creen que la ropa de calle y la lencería son la misma cosa —Admitió ella cerrando sus manos en puños con fuerza—.

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Eric sonrió; —¿Celosa, bebé? —Susurró posando las manos nuevamente en su cintura, ella asintió con los labios fruncidos y él se encontró sonriendo por un instante antes de que su ceño volviera a fruncirse, esta vez con enojo, por lo que sus manos se alejaron de ella, pensando en todas aquellas cosas que quería decirle. Se alejó un paso más, cruzando los brazos contra su pecho—. Debería estar feliz ¿Sabes? Haciéndote probar lo mismo que a mí me molesta.

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Ella lo vio a los ojos, mientras él no podía mantener su mirada; —¿Entonces las dejaste tocarte porque querías que te viera? —Eric fijo sus ojos en los de ella negando—. Como si necesitaras de esa mierda —Susurro con disgusto—. ¿Cuántas mujeres se te acercan cada maldito día, Eric? —Inquirió sin ser capaz de ocultar su ira—. Sin ir más lejos en menos de 10 minutos he visto a tres, sin incluirme, porque se supone que "debes estar conmigo".

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Él rio con amargura; —Oh, podría hacerte la misma pregunta ¿Sabes? —Acercándose a ella nuevamente—. ¿Cuántas veces un Osado te abraza? ¿Cuántas veces se sientan a tu mesa mientras yo debo mirarte de lejos? También se supone que "debes estar conmigo", eso no garantiza el que quieras hacerlo.

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Ella negó intentando retroceder sin poder alejarse; —¿Dudas de que quiera estar contigo? —Inquirió con dolor—. Tal vez no lo haga, si te soy honesta, en este momento, en realidad creo que no quiero hacerlo —Susurró viendo tanto su rostro como su cuerpo rendirse—. Necesitas saber, sin embargo, que incluso antes de empezar lo que sea esto entre nosotros —Los señalo, respirando con pesadez, como si cada palabra que abandonaba su boca le produjera un dolor físico—. Rechazaba cada acercamiento, porque una parte de mi detesta ser tocada, en cambio tú… —Resoplo con pesadez—. te veías bastante cómodo en sus manos, por otra parte, estabas muy, muy ocupado como para atender tu propio teléfono ¿Cierto? Dime ¿Cuándo no te he dado prioridad a ti?

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Eric se removió de manera incomoda; —Mira, Tris lo lamento, ella no debía haberme arrebatado el teléfono y mucho menos contestar tu llamada ¡La maldita descarada! —Mascullo recordando el momento—. Pero no puedes culparme ¿Si? Solo fui al bar porque Peter me arrastró, mientras tú cada día te vas por tus propios pies a estar con otra persona. Y ¿Sabes que es lo peor? Sé que no debería sentirme así —Tomando su remera en sus puños como si quisiera arrancarse el corazón—. También que no es tu elección pasar todo el día con ese tipo, al que por cierto ni siquiera conozco y tal vez eso sea lo que más me molesta. Que te veas obligada a estar todo el día con alguien que no quieres en lugar de estar juntos —Declaro apartando la mirada de ella y encontrando el suelo más interesante—.

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Tris trago antes de tomar la encimera a sus espaldas con la necesidad de aferrarse a algo, suspirando con pesadez. Sin entender como era capaz de dudar de que ella no lo quisiera, si bien no habían hablado honestamente sobre su relación después de ese primer día, ella creyó que no era necesario ¿Qué más tenía que decir? ¿Cómo podría convencerlo de que para ella no había nadie más? Se preguntó en tanto bajaba los brazos con molestia ¿Es realmente necesario repetirse una y otra vez? Ella suspiró una vez más, con molestia; —No es mi elección pasar el día en Cordialidad y lo sabes, aunque te admitiré que en ocasiones lo disfrutó. Aunque si tuviera la oportunidad ¿Crees que no me quedaría contigo encerrada en estas cuatro paredes? —Susurró intentando contener sus emociones para ser la voz de la razón por el momento—. Pero lo que no entiendo es ¿Qué cambiaría si lo conocieras? —Mascullo enfadada por su desconfianza—.

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Eric se estremeció ante su pregunta, sonriendo de manera ladina en un intento de ocultar el dolor por su desinterés ante sus preocupaciones, como si no entendiera que necesitaba mirar a las personas a los ojos para discernir sus intenciones. Con su circunstancia se encontraba a ciegas, tanto por que a ella no parecía importarle como por el hecho de que se le dificultaba verla a los ojos sin perderse en sus propias emociones, la quería tanto como la odiaba en este momento ¿Qué hacían juntos si no podían entender las necesidades del otro? Se sintió molesto por su desinterés por eso arremetió contra ella; —¿Toque una fibra sensible Tris? ¿Qué pasa con Chastain? ¿Acaso es tan atractivo que no puedes dejar de pensar en él? —Mascullo con enojo que intento disfrazar con una sonrisa que no llego a sus ojos—.

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—¡Eres un idiota! —Gruñó intentando hundir las uñas contra la rígida superficie en sus manos—. ¿Quieres saber qué pasa con Evan? —Inquirió con molestia, sabiendo que captaría su atención al mencionar el nombre de su terapeuta—. Lo mismo que contigo en este momento; nada, Eric —Empujándose lejos de la encimera, sintiendo dolor en cada uno de sus dedos, se dispuse a salir del espacio restrictivo de la cocina—. No entiendo cómo puedes desconfiar de mi cuando literalmente paseo por esta y la otra facción con tu ropa para cubrir mi cuerpo, si eso no manda un claro mensaje de que no estoy disponible ¿Qué debo hacer entonces? —Inquirió mirándolo con cansancio antes de pasar por su lado e intentar salir de la cocina—.

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—¿Sabes que más puedes hacer? —Pregunto tomando su muñeca e impidiéndole alejarse—. Sería realmente genial que rechazaras de manera clara y tajante las atenciones de otros hombres, por ejemplo.

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Tris giro hacia él, soltando el agarre de su muñeca de manera brusca, posando sus ojos en los contrarios con un ardiente fuego creciendo en estos; —¡Claro! Porque tú haces tan buen trabajo en eso, eres el mejor ejemplo a seguir Coulter —Gruñó volteándose nuevamente para comenzar a alejarse—. La confianza va hacia ambos lados, Líder Coulter, ahora si me disculpa —Mascullo, alejándose—.

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Eric grito en un intento de aplacar su frustración, acercándose a la encimera para golpear la misma a los lados de las cajas de piza; — ¡Maldición! —Gruño arrojando las cajas al piso, para dirigirse a su refrigerador y tomar un par de cervezas—.

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La respiración de Eric se encontraba agitada en tanto encendía el televisor y se situaba en el sofá con pesadez bebiendo apresuradamente el líquido directamente de la lata, mirando a la nada en tanto intentaba no derrumbarse mientras quería entender ¿Qué era lo que había salido mal? Amaba a esa mujer, confiaba en ella y la quería a su lado de manera permanente, sin embargo, su relación no avanzaría hacia ningún lado sino intentaban al menos tener una conversación civilizada, termino la primera lata de un solo trago, apresurándose a alcanzar la segunda pensó que quizás Max tendría alguna idea para seguir arruinando su fin de semana o algo que lo sacase de la casa para huir de la furia de Tris. Tomó su teléfono solo para tener algo más en lo que enfocarse, siguiendo el consejo de la mujer con la que acababa de discutir bloqueo los contactos que le molestaban, ya que Max se negó a darle un nuevo teléfono luego de haberlo pensado con detenimiento. Se desplazó por los mensajes que conservaba, encontrando aquellos que su ahora enojada novia le había enviado aquella fatídica noche. ¿Vendrás si te prometo Cerveza y piza?Preguntaba en su mensaje, Eric observo la lata en su mano, recordando las pizas en el piso de su cocina, trago en seco por su estupidez, habían compartido algunas noches de películas, pero ese plan en particular siempre parecía escaparse de sus manos y ella lo había esperado como aquella noche para que él volviese a cagarla de manera monumental ¿Por qué siempre tendía a hacer las cosas equivocadas? Recostándose con cansancio en el sofá por un momento contempló sus acciones, sin terminar de beber la lata en sus manos se puso en pie, tomo las dos latas dirigiéndose a su cocina, vertió el contenido restante en el fregadero, se deshizo de las latas en la basura y levanto las cajas del piso, se sentía mal por arruinar sus planes, a la par que sentía debía sacar todo esto que le incomodaba de su pecho.

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Tris se adentró en el cuarto de invitados, aun si veía sus cosas adornando el lugar el mismo se sentía tan impropio, ella se veía a sí misma como una intrusa en un lugar desconocido, cerró la puerta tras de sí aplastando la misma tras su espalda, esperando que Eric no la siguiera y rogando que hiciera precisamente lo contrario. Abrazo sus rodillas contra su pecho, tal como lo hacía cada vez que necesitaba algún tipo de consuelo, miro alrededor de su cuarto notando que las pertenencias que la rodeaban eran solamente suyas, no había nada de él que pudiese consolarla y a quien más necesitaba se encontraba a su alcance, aunque admitía nunca haberlo sentido tan lejano. Recordó la primera vez que sus brazos la sostuvieron, como se sentía tan correcto a su alrededor, y ahora se preguntaba ¿Tal vez todo esto funcionaba mejor como una fantasía? Tal vez ella esperaba mucho más de lo que él podía darle o sus sentimientos eran sobre todo infantiles, se había enamorado de su apariencia, de su valentía, se aferró a su rudeza, su resiliencia, pero tal vez aquello no era amor, solo una fuerte admiración. Aun le gustaba su manera de besarla, aun necesitaba sus brazos sosteniéndola, pero tal vez lo que tenía para ofrecer no era suficiente para mantener una relación o lo que él podía darle no satisfacía sus necesidades. Intento convencerse que no funcionarían juntos a la par que se instaba a contener las lágrimas que amenazaban con escaparse de sus ojos, fallando miserablemente en ambos aspectos. Sufrían por lo que no podían revelar, lo que les era imposible controlar, ambos dormitaron esa noche, dando vueltas en la cama, sin poder descansar ya que desde esa primera noche no habían pasado una sola alejados el uno del otro, ocupando por primera vez los cuartos que supuestamente les correspondían. Lo admitirían cuando las aguas se calmasen, pero esa fue la peor noche de sueño que tuvieron en años.

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