Hola... Aqui les traigo el tercer capitulo de esta novela fascinante... Ahora si tenemos a Shaoran en gloria y majestad... Espero que disfruten el capitulo.
Recuerden ni los personajes ni la historia me pertenecen. Yo solo las adapto para su disfrute...
Saludos...
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Mucho más abajo de la superficie, enterrado profundamente en el caliente y rico suelo volcánico de los Andes, Shaoran despertó con un martilleo constante en la cabeza rodeado de un calor cada vez mayor. Sus ojos se abrieron en la conocida oscuridad, sintió un aguijonazo de azufre en la nariz y una punzante sed de sangre que lo golpeaba con puños de piedra.
Shaoran flexionó las manos mientras comprobaba sus defensas en la cámara. No estaba solo. Otra oleada de latidos golpeó sus sentidos. A pesar del dolor, el ataque le hizo sonreír con sombría admiración.
—Qué modales, viejo amigo —murmuró.
Había que decir en favor de Kamui que era un enemigo tan implacable como él lo era como cazador. Se habían perseguido durante innumerables siglos antes de ser atrapados en ese volcán, y desde su enterramiento habían seguido su lucha sin darse nunca por vencidos, y constantemente habían esperado los momentos de debilidad del otro para sacarles provecho. La lucha se había convertido en toda su existencia. Cazador y cazado, depredador y presa: sus papeles cambiaban continuamente, pero estaban tan igualados que ninguno de los dos mantenía el control durante mucho tiempo.
Shaoran tomó aire y dejó que el calor, el dolor y la oscuridad se apoderaran de él. Su cuerpo se calmó. El hambre voraz disminuyó cuando el calor y el poder del volcán se hundieron en su carne y lo alimentaron con su energía y su fuerza. Conseguía su sustento de la tierra, igual que en los Cárpatos se alimentaba de las venas de sus presas humanas.
Antes solo la sangre podía aplacar su hambre y darle fuerzas. Pero los últimos quinientos años que llevaba encerrado rodeado del calor y la presión que había en el corazón de un volcán lo habían cambiado. Ya no era «solo» un carpatiano. Se había convertido en algo diferente, algo... más.
Su carne y sus huesos se habían hecho más densos, más fuertes y menos susceptibles a las heridas. Tenía una tolerancia mucho mayor al calor y al fuego. Probablemente podía estar en el centro de una hoguera sin que le saliera ni una ampolla. Su cabello, antes largo y tupido, igual que el de la mayoría de los carpatianos, se había chamuscado y su piel se le había vuelto muy gruesa. Sus ojos podían amplificar la más mínima luz, lo que le permitía ver con claridad en condiciones de oscuridad casi total. Y en cavernas donde no había el menor atisbo de luz, había desarrollado la habilidad de ver a través de otros medios. Las huellas que dejaba el calor eran claramente visibles para él, e incluso en las cuevas y túneles más fríos y oscuros, podía distinguir las vibraciones de la energía de las rocas y el aire, y por lo tanto «ver» su entorno.
Esas vibraciones le susurraron a través de la piel cuando despertó por completo de su sueño curativo. Su cuerpo se movió y estiró rodeado de tierra caliente. Abrió su lugar de descanso con un gesto de la mano y se levantó en la cámara vacía que había encima del magma. Las grietas de la endurecida roca negra dejaban ver la lava naranja brillante que burbujeaba sin descanso en los pozos de abajo e iluminaban la cámara con una tenue luz rojiza.
La tierra retumbó bajo sus pies, el suelo de pronto se tambaleó y casi pierde el equilibrio. Entre las grietas brillantes del suelo de la cámara salía un vapor naranja que traía el conocido hedor descompuesto del mal.
Los músculos de Shaoran estaban tensos. Se había acostumbrado a los estruendos y movimientos del volcán a lo largo de los años, pero esto era diferente. El volcán se estaba despertando. Y quien lo estaba provocando era Kamui.
Otra ola de presión chocó contra él y lo lanzó de rodillas. El suelo se movió y cayó rodando. Shaoran se estabilizó y clavó unas antenas en el suelo intentando localizar a su antiguo enemigo. Sin embargo, el miasma aceitoso y pegajoso de las descomposiciones del vampiro lo había saturado todo dentro del volcán, por lo que le era imposible rastrear al mal hasta su origen. Kamui también estaba allí luchado para liberarse de sus ataduras y poder usar la fuerza explosiva del volcán para lograrlo.
Desde hacía muchísimos años Kamui intentaba escapar de su prisión. Shaoran lo había perseguido para darle caza a través de las cavernas y túneles del volcán, le había seguido el rastro y había luchado para acabar con él. Y durante la misma cantidad de años, Kamui primero había rechazado a su compañera Hinoto y luego a sus descendientes que venían al volcán cada cinco años para fortalecer los cierres de su prisión y mantenerlo retenido hasta que él finalmente pudiera matarlo. Si Shaoran no hubiera estado constantemente cazándolo y luchando contra él, y si Hinoto y sus descendientes no hubieran renovando continuamente la fuerza de los cierres de su prisión, el vampiro hubiera escapado hacía mucho tiempo y hubiera infligido un mal inimaginable al mundo.
Desgraciadamente, a lo largo de las últimas décadas, la energía tejida por las descendientes de Hinoto era cada vez más débil. Sus rituales de renovación ya no tenían la misma fuerza de los cierres que antes. Y con los cierres debilitados, los intentos por escapar de Kamui habían estado cada vez más cerca de tener éxito. Las últimas tres veces, las descendientes de Hinoto habían llegado en el último momento, y habían renovado los cierres solo escasos días, incluso horas, antes de que Kamui los rompiera.
Shaoran, muy preocupado, sintió un escalofrío. A juzgar por la turbulencia creciente del volcán, Kamui ya había encontrado una gran abertura en las paredes de su prisión, y eso le permitía influir en el mundo exterior. No era un buen augurio. Kamui debía haberse despertado mucho antes que él esta vez. Se había hecho más fuerte..., demasiado fuerte.
Shaoran estaba muy afectado y agudizó sus sentidos para buscar en el exterior el pequeño temblor de vida que lo alertaba de la presencia de otro carpatiano. Había sido capaz de utilizar ese método a lo largo de los años para seguir el progreso de Hinoto y sus descendientes cuando llegaban a la montaña. Sus sentidos se dispararon hacia afuera, atravesaron la roca y la tierra hasta el cielo por encima del volcán, y enseguida cruzaron a través de la densa jungla.
Después de varios minutos de búsqueda, la encontró. La descendiente de Hinoto. Se acercaba a la montaña igual que habían hecho cada cinco años durante los últimos... quién sabía cuántos siglos, pero seguía estando a horas de camino. No iba a llegar a tiempo. La mujer estaba demasiado lejos y Kamui se había hecho demasiado fuerte.
Shaoran había sido considerado el mejor cazador de toda la raza carpatiana, y aun así, pelea tras pelea, Kamui lo había conseguido esquivar. Permanecer encerrado en la tierra durante tanto tiempo sin sangre para mantenerlos debía haberlos debilitado, posiblemente incluso podía haber acabado con ellos. Pero igual que Shaoran, Kamui había encontrado una manera de sobrevivir y hacerse fuerte. La intensa presión, el calor y el duro entorno del volcán los había transformado. Si Kamui escapaba ahora, no habría nada ni nadie lo suficientemente fuerte como para detenerlo.
Shaoran no podía dejarlo escapar.
Los susurros se hicieron más fuertes, exigentes e incesantes. Desde hacía meses, incluso mientras dormía, unas voces susurraban en sus oídos como un coro interminable. Lo instaban a visitar la caverna que había junto al corazón del volcán. El calor y la presión allí eran tan intensos al estar tan cerca de la cámara principal de magma del volcán, que Shaoran nunca había sido capaz de aguantar allí más de unos pocos segundos. Pero había algo. Algo poderoso y feroz. Algo a lo que normalmente no le gustaba ser molestado.
Algo que la tierra creía que Shaoran necesitaba, pues lo había estado llevando de vuelta a aquella cámara una y otra vez a lo largo de los siglos.
La presión era ahora más fuerte que nunca. Cada parte de su cuerpo se sentía impulsado y atraído hacia esa caverna en el corazón del volcán. Lo que hubiera allí lo esperaba, y ya no podía retrasarlo durante más tiempo. La fuerza que necesitaba estaba allí, y solo se le ofrecía si tenía la voluntad para reclamarla.
Quitó las protecciones que rodeaban su lugar de reposo y se movió entre una niebla clara. Avanzó rápidamente a lo largo de los tubos de lava y las fisuras de las rocas para descender profundamente por la tierra hasta llegar a la cámara sobrecalentada. Una pequeña sección de la planta, al otro lado de esa estancia se había roto, y la roca fundida de la cámara de magma naranja adyacente se derramaba espesa y brillante por el lugar. El pozo estaba subiendo rápidamente y no iba a pasar mucho tiempo antes de que la cámara se llenara por completo.
En el centro del lugar yacían los restos petrificados de un dragón apoyado en sus cuartos traseros medio sumergido en el magma profundo. La inmensa e imponente criatura estaba acurrucada, tenía las alas plegadas en la espalda, la cola enrollada alrededor de su cuerpo y la cabeza apoyada en sus patas delanteras donde mostraba unas enormes garras de diamante. Todo el dragón estaba cristalizado, y su cuerpo se había convertido en rubíes y diamantes debido al intenso calor y la presión del volcán. El pecho del animal estaba destruido, aplastado. Había enormes pedazos de cristal facetado desparramados alrededor de los restos petrificados.
El calor que emitía el magma hacía que el aire alrededor del dragón ondulara, lo que distorsionaba la visión de Shaoran y hacía que el cadáver cristalizado pareciera temblar y moverse.
Tómalo. Toma lo que queda. Toma lo que se te ofrece.
Los susurros llenaron la cabeza de Shaoran y lo marearon. Ante él, las olas de calor que se elevan desde el pozo de magma parecían brillar y adquirir un tono translúcido de color rojo fuego, pero el brillo era... ¿en forma de dragón?
Shaoran negó con la cabeza, se restregó los ojos y volvió a mirar. La imagen todavía estaba allí... etérea y translúcida, una niebla roja sin sustancia con forma de dragón. Agudizó sus sentidos, pero no pudo detectar el hedor concentrado del mal.
Antiguo te ofrece su fuerza. Antes no estabas preparado, pero hemos hecho que lo estés. Toma lo que te ofrece. Sin él no podrás derrotar a tu enemigo. Tómalo. Rápido, antes de que se pierda en el volcán.
La Tierra le siguió susurrando y presionándolo para que corriera un riesgo que podría terminar matándolo.
Shaoran se acercó más. El calor del magma era tan intenso que casi esperaba estallar en llamas en cualquier momento, sin embargo ni siquiera se le formó una ampolla en su curtida piel. Otro paso lo llevó junto a la cabeza del dragón, tan solo a cinco metros del amplio pozo de magma. Sentía la energía que irradiaba del dragón cristalizado. ¿De dónde había salido? Había estado en esta cámara antes y se había encontrado con el dragón cristalizado, medio aplastado, y había sido un descubrimiento impresionante, pero nunca había sentido esa energía palpitante. Casi parecía algo vivo.
Dio un paso todavía más cerca y llegó hasta el velo brillante de energía. En el instante en que lo tocó, una fuerza salvaje y primaria rugió en respuesta. La energía chocó contra él como un puño de hierro, y lo empujó con suficiente fuerza como para derribarlo. Aterrizó duramente y sintió un fuerte dolor en la espalda y la mandíbula, que se habían llevado la peor parte del golpe.
Toma el poder. Toma lo que se te ofrece.
—¿Es un ofrecimiento? —Shaoran se levantó, se sacudió el polvo y se frotó la mandíbula dolorida—. No te quiero ofender, querido amigo, pero lo que sea es evidente que no quiere ser tomado.
Sin la fuerza de Antiguo, no puedes ganar. Debes tomarla. Pero primero debes demostrar que eres digno.
—Fantástico. —Shaoran movió la cabeza, estiró los tendones e hizo crujir las vértebras de su cuello. Contempló la imagen translúcida del dragón que brillaba en el aire caliente—. Que así sea, Antiguo. Probemos suerte.
Esta vez, cuando se acercó al cadáver del dragón cristalizado y al velo de energía que se cernía sobre él, se concentró en la embestida. El golpe, cuando llegó, fue el doble de duro que el anterior. La energía se lanzó contra él con sus garras duras como diamantes. Su gran intensidad amenazó con hacerlo añicos, pero apretó la mandíbula, se inclinó y le lanzó una explosión que hizo que se encontraran energía contra energía y fuerza contra fuerza. El dragón rugió brillante y flexionó sus alas.
Y se inició la lucha.
Unas olas de energía se arremolinaron alrededor de la caverna y una fuerza poderosa se desplegó por debajo, y alrededor, de Shaoran. Las paredes de la cámara empezaron a temblar. Diminutas partículas de roca y arena cayeron desde el techo. Shaoran lanzó energía calmante por el suelo que detuvo la ruptura de la tierra.
El flujo de magma en la cámara aumentó y obligó a Shaoran a dar un paso hacia atrás. Los gases burbujeaban y escupían en el pozo de magma. El calor aumentaba. El aire chisporroteaba. Los gases se encendieron formando una llamarada naranja. Shaoran cerró los ojos y levantó un escudo. El calor cayó sobre él como una ola del océano.
Una voz atronadora que sonaba como un gruñido retumbó en su cerebro.
Solo el más fuerte puede aspirar a tener el alma de un dragón. ¿Cuán fuerte eres, Li Shaoran de los Cárpatos?
El dragón habló en la antigua lengua carpatiana para que Shaoran entendiera.
Cada palabra retumbaba quemándole la mente como si un martillo de plomo ardiente le golpeara el cráneo. Shaoran controló el impulso de taparse los oídos, pues sabía que era inútil.
—Tan fuerte como tengo que ser para derrotar a mi enemigo —replicó Shaoran. Un alma de dragón. ¿Contra eso luchaba ahora? ¿O al final Kamui había encontrado una manera de engañarlo?—. ¿Crees que soy tu enemigo?
¿Llama un león a la pulga su enemigo?
—¿Soy una pulga?
Shaoran se sintió un poco insultado con esa idea. Alargó la mano hacia el calor que emanaba del magma, lo atrajo hacia él, le dio forma con las manos y lo convirtió en una bola de fuego que lanzó contra el centro de la criatura sin materia. Pero en lugar de hacer un agujero en la niebla roja brillante, la bola de fuego explotó contra la superficie y se extendió en lenguas de fuego que fueron rápidamente absorbidas. El dragón formado por una neblina roja pareció agrandarse, como si las llamas simplemente lo hicieran más fuerte.
El enemigo del calor era el frío. Shaoran intentó drenar el calor de alrededor del velo de neblina, pero era demasiado intenso y solo consiguió enfriarlo unos pocos grados.
—Si quieres ayudarme, Antiguo, entonces hazlo —dijo Shaoran—. Hay un gran mal encerrado en este volcán. Y mientras estoy luchando contigo está intentando escapar.
¿Por qué debo preocuparme de ese ser maligno? Me has despertado de mi lugar de reposo y no me importan tus problemas.
Shaoran se sintió confundido durante un momento. El dragón no tenía de qué preocuparse. Su tiempo había pasado hacía mucho tiempo. Todo lo que había conocido y amado había desaparecido de la Tierra. Incluso había desaparecido su cuerpo.
Quizás no hay más razón que eres un dragón y un gran guerrero, o eso me han hecho creer.
Se produjo un momento de silencio.
El alma de un dragón tiene una poderosa energía. Solo los cuerpos más fuertes podrían aspirar a contenerla. Todos los demás se destruyen.
La energía volvió a golpear a Shaoran, pero esta vez intentó contrarrestarla con una táctica diferente. En sus años de formación con los ancianos de su raza había aprendido cuándo permanecer firme y cuándo doblarse como un árbol contra el viento. Se agachó cuando el dragón provocó una gran explosión, rodó hacia adelante por debajo y se acercó a la brillante presencia de la bestia.
Sus pies se hundieron en el borde de la piscina de magma. Un dolor ardiente subió por sus piernas mientras su carne se quemaba y chamuscaba. Shaoran cerró su mente para no sentir el dolor e intentó absorber y usar el calor, igual que antes el alma del dragón había absorbido y usado su bola de fuego. Sus manos se dispararon para moverse por el aire para hacer girar la energía y las moléculas de la cámara hasta formar una red brillante que rápidamente lanzó en torno a la niebla sin sustancia del alma del dragón. Un arco iris de luz se reflejó en la caverna al tiempo que la energía se arremolinaba alrededor de su oponente.
Mientras la red caía sobre el dragón, Shaoran estaba muy decidido y tranquilo, pero sintió que el espíritu se recomponía, como cualquier criatura que está a punto de atacar. Shaoran extendió sus dedos lo más que pudo y los mantuvo con las palmas hacia fuera, entre él y el dragón. Suavemente juntó pulgar con pulgar, después índice con índice, hasta completar un círculo de energía, y a través de él atrajo su red de energía concentrada.
La bestia se revolvió y rugió indignada, pero las uniones de su red se mantuvieron firmes. Poco a poco y sin descanso, Shaoran tiró de la red y la fue estrechando cada vez más. Enseguida retrocedió arrastrando al dragón que protestaba.
Salían chorros de calor como de un géiser que se derramaban sobre él, le quemaban la piel y chamuscaban su pelo. Pero no soltaba la red. Siguió tirando de ella a través de su círculo de energía. Aplastó el alma del dragón, la dobló sobre sí misma y la sacó del pozo de magma que sospechaba era de donde se cargaba de energía.
Mientras tiraba, iba tejiendo nuevos hilos fríos de energía reforzando los demás. Y con cada hilo tejido con precisión, aumentaba su conexión con el espíritu del dragón. Sentía que su conciencia se apretaba contra la suya. Su intensa lucha y sus explosiones de calor y energía eran tanto por instinto de autoprotección como para probar su propia fuerza. Cuando el último trozo de la red de Shaoran pasó por su círculo de poder, se liberó una gran energía, pero esta vez no lo golpeó; corrió por los flujos que la contenían, y volvió a él.
—No.
Al darse cuenta de sus intenciones, Shaoran se enderezó bruscamente e intentó tejer barreras de protección. Pero sus esfuerzos llegaron demasiado tarde. Había dejado una abertura, un segundo círculo de energía, pero este conducía a sí mismo. El alma se precipitó hacia él, como una energía ardiente de luz y calor que se disparó por su boca y su garganta, y lo inundó y quemó por dentro. Se tambaleó hacia atrás y soltó su red ahora vacía.
El alma del dragón había entrado en él y lo estaba abrasando. Una inmensa y feroz presencia que amenazaba con hacer estallar su cuerpo en pedazos. Shaoran tejió una nueva red, solo que esta vez alrededor de sí mismo. Apretó los hilos en torno a su propio cuerpo y añadió aún más fuerza a su piel y sus huesos densificados durante los siglos que llevaba encerrado en el interior del volcán.
Su piel se oscureció y empezó a temblar. Una costra roja recubrió sus brazos. Levantó las manos sorprendido, pues sus uñas se volvieron cristalinas y alargadas como garras de..., como las propias garras de diamante del dragón. El cambio no parecía una transformación carpatiana normal. Lo sentía como algo muy elemental, como si esa transmutación de forma estuviera ocurriendo a nivel celular.
Shaoran se defendió, no estaba dispuesto a renunciar a su propio cuerpo por culpa del alma que se había metido en él. Quería que sus manos cambiaran de nuevo, que se le suavizaran y se le acortaran las uñas. Centímetro a centímetro, se defendió contra esa transformación que se apoderaba de su cuerpo, luchando por mantener su propia forma.
Dentro de su cuerpo se libraba una segunda batalla parecida, solo que no era una lucha de la carne, sino de las mentes. El alma del dragón rodeaba la suya e intentaba absorberla. Intentaba dominarlo. Pero los carpatianos eran depredadores, no presas, y Shaoran era un cazador de gran habilidad, fuerza y determinación. No se rendía. No lo había hecho cuando había luchado contra el vampiro más poderoso y atroz que el mundo había visto nunca, y tampoco lo iba a hacer cuando una poderosa alma antigua intentaba conseguir el control de su propio cuerpo.
El dragón saqueaba los recuerdos de Shaoran, los arrancaba de su cerebro, más allá de sus barreras internas sustanciales, y atravesaba el cuerpo del cazador para llegar a las profundidades de su alma. La vida aislada. Los amigos y compañeros cazadores que se habían entregado al mal. Los otros cazadores que le habían temido y evitado en cuanto se daban cuenta de que podía decir quiénes estaban a punto de convertirse en vampiros. Lo sabía antes que ellos mismos. Lo sabía y los esperaba cerca para matarlos antes de que pudieran hacer daño a los demás.
Antiguo encontró sus recuerdos de los amigos queridos y perdidos por la maldad de Kamui. La familia que lo había acogido después de que sus propios padres fueran asesinados por otro amigo que se había convertido en vampiro. El deseo, largo tiempo olvidado ahora, de tener una compañera propia. La hermosa Hinoto, compañera y amiga durante más años de vida de los que hubiera soportado cualquier guerrero carpatiano sin pareja. Pero cuando había estado con ella todo había sido más soportable. No le habían pesado tanto los años. Las emociones que iba perdiendo a medida que envejecía siempre le habían parecido a su alcance cuando ella estaba cerca. Siempre la había admirado. Honraba su ternura. Respetaba su fuerza tranquila. Y ella había sido fuerte. Tan fuerte como él a su propia manera. Había tenido que serlo para soportar que Kamui le destrozara la vida.
Shaoran no la había escuchado quejarse ni una sola vez. Pero había visto sus ojos oscurecerse de dolor. La oyó llorar en voz baja el día en que pensó que estaba dormido. Sin embargo, nunca se había quejado. Y tampoco lo había culpado nunca por no haber matado a Kamui cuando tuvo la oportunidad.
Shaoran siempre había sabido que Kamui no estaba bien. Siempre había estado muy cerca de él a la espera de que la creciente oscuridad de su alma se desbordara. Pero cuando el alma de Kamui reconoció a Hinoto como su compañera, pensó que estarían a salvo, que la energía de esa relación lo mantendría lejos del abismo, que se curaría lo que tenía roto en su interior.
En cambio, se desató el monstruo. Y él, que había sido engañado por una falsa sensación de seguridad, no había vigilado como tuvo que haber hecho..., como hubiera hecho si no hubiera sido porque Hinoto era la compañera de Kamui. Había creído que ella era lo suficientemente fuerte como para sanarlo, igual que sin ningún esfuerzo sanaba todas las cosas y a todas las personas con solo su presencia.
Ella era de la tierra.
La voz del dragón volvió a retumbar en la cabeza de Dax golpeando su cráneo.
—Sí —confirmó este—. La que tenía los dones más fuertes que haya conocido nunca.
Ella te ha enviado ante mí.
—No, Antiguo. Está muerta. Murió hace mucho tiempo.
Ella es de la Tierra. Ella y sus hijas. Ella te ha enviado ante mí. Ahora te ha enviado a una hija.
Le sorprendió que el dragón supiera que se estaba acercando la descendiente de Hinoto, pero tal vez no debería hacerlo. El dragón, al fin y al cabo, había estado enterrado en esa montaña mucho más tiempo que él. Se había convertido en la montaña; su carne se había convertido en la piedra de la montaña; su fuego se había convertido en el fuego de la montaña.
—Esa hija no va a llegar a tiempo. Por eso, si tienes más fuerzas para dar, te pido que me las entregues ahora. Si no puedo detener al vampiro, destruirá este mundo. Así que dime, Antiguo, ¿me ayudarás o me pondrás trabas? Ya no queda tiempo. Decide ahora.
Shaoran suspiró y bajó sus defensas para desnudar su mente a la conciencia del dragón para que pudiera saber todo lo que él y Hinoto habían luchado durante tantos años, todo lo que había amado y perdido, todo en lo que había creído, todo por lo que se había esforzado.
Mientras la mente del dragón se apoderaba de la suya, su energía ponía a prueba su propia energía, su fuerza a su fuerza. Su alma estaba invadiendo la suya, desnudándola hasta su esencia más elemental para examinarla implacablemente.
Shaoran sintió como si se estuviera ahogando en los fuegos del infierno. Antes, cuando la lava le había quemado, había compartimentado el dolor, sacándolo del primer plano de su mente para ignorarlo, pero ahora no había ningún lugar que no estuviera completamente abierto, en carne viva y palpitando de angustia. Su cuerpo chorreaba sudor que enseguida se convertía en vapor al sobrecalentarse con su piel. Shaoran apenas lo percibía. Un infierno rugía en su interior.
Deseando escapar de esa agonía indescriptible, se transformó en energía pura, una habilidad que normalmente usaba para sanar a otras personas, pero incluso con su cuerpo convertido en un resplandor de luz blanca, no podía escaparse. La enorme y feroz rojez del alma del dragón estaba abrasándolo. Su cuerpo, su mente y su alma estaban siendo invadidos por ese calor y esa energía ardiente. Un entramado de magia y energía avanzaba conectando cada partícula de su ser. Ese entramado se estrechó y fue acercando cada vez más hasta que la forma luminosa de Shaoran y el alma roja y resplandeciente del dragón se llegaron a tocar.
En ese instante, durante un breve intervalo de tiempo que pareció extenderse hasta la eternidad, los recuerdos del dragón entraron a toda prisa en la mente de Shaoran. Eones de existencia. Vuelos elevados. Luchas feroces entre bestias aladas que dominaban los cielos. Densas junglas salvajemente hermosas, un mundo que había existido mucho antes que los primeros pasos del hombre. Una compañera pulcra y hermosa con anchas alas abiertas al viento y afiladas garras en curva. Entonces apareció el hombre con sus lanzas de acero cazando a las criaturas que más temía. La hermosa compañera caída por las lanzas de los hombres. Rabia. Fuego. Sangre y destrucción cayendo desde el cielo. Y, finalmente, la edad y el cansancio... una herida que acabó con su antigua fuerza. La opción de dormir en el corazón del volcán hasta que el mundo desapareciera.
Antiguo era viejo de verdad. Una energía enorme y primordial. Una inteligencia antigua nacida cuando el mundo aún era joven. Dragón rojo. Dragón de fuego. No era raro que hubiera elegido el corazón de un volcán para su descanso eterno. Lo sorprendente era que siquiera considerara compartir cualquier parte de sí mismo con él.
Pero iba a compartirse. Su larga vida de dragón, cada momento pensado o sentido, sus instintos y deseos iban a convertirse en los recuerdos de Shaoran, a ser una parte de él. Los dos se hicieron uno. No eran dos seres fusionados, sino dos almas conectadas por un único cuerpo. Se podían sentir el uno al otro y moverse el uno con el otro.
El pozo de magma subió hasta llenar la cámara, y los restos cristalizados del dragón se volvieron a fundir en la sangre líquida de la tierra que lo había engendrado.
Los siglos de vivir en este profundo laberinto de cuevas habían permitido que Shaoran pudiera explorar cada centímetro posible del lugar. Conocía el río de lava que fluía bajo la tierra, la larga cinta de magma de color naranja rojizo brillante que recorría los largos tubos que formaban un túnel subterráneo. Conocía cada cámara, algunas con paredes de belleza cristalina y otras inundadas de vapor de agua. Piscinas de fango que burbujeaban mientras los pozos de agua mineral caliente lanzaban un vapor que se levantaba como una niebla que atravesaba las cavernas.
El problema era que Kamui había tenido el mismo tiempo para explorar su entorno. Shaoran ya no podía separar el olor a maldad de ese abominable ser vivo; el hedor del no muerto lo impregnaba todo, por lo que era imposible rastrearlo... a menos que fuera un dragón.
Shaoran sintió que Antiguo se estiraba y ponía a prueba sus sentidos. De pronto su cuerpo se dio la vuelta torpemente como una marioneta y comenzó a avanzar hacia el tubo de lava a su izquierda. Se tambaleó, pues no podía controlar su cuerpo imposible y se cayó hacia un lado contra la pared. Los bordes afilados de roca le arañaron y desgarraron la piel. Gracias al resplandor del pozo de magma, vio que su brazo curtido estaba cubierto de una serie de óvalos de color oro rojo superpuestos. Parpadeó mirando el extraño diseño y enseguida lo tocó. Los óvalos parecían duros, como si fueran una armadura. Los tocó vacilante con sus extrañas uñas duras como diamantes.
¿Escamas? ¿Como un lagarto?
Por lo menos evitaba que sangrara. Eso le vendría bien en la batalla. Se había transformado en el volcán, y claramente ahora habría más cambios. Los seductores susurros de la tierra no le habían explicado que su cuerpo también se alteraría a nivel elemental si permitía que el alma de Antiguo compartiera su forma física.
Antes de que pudiera hacer un movimiento, su cuerpo se sacudió de nuevo y se golpeó contra el tubo de lava, un gran túnel redondo que sabía que recorría kilómetros por debajo de las cumbres. Se sentía como una marioneta que estaba siendo guiada por un titiritero borracho. Percibía la impaciencia del dragón y se dio cuenta de que estar sin emociones era un arma de doble filo. Los varones carpatianos vivían tanto tiempo que no sentir era una terrible carga, aunque de ese modo tenían una ventaja cuando estaban de caza.
El dragón estaba ansioso por ir de caza, pues creía que lo que pasaba con Kamui no era más que un enfado. Quería dormir, no quería permanecer despierto, y una vez que se libraran del no muerto, pensaba hacer exactamente eso. El cuerpo de Shaoran se sacudió otra vez, levantó un pie torpemente y después al intentar dar un paso demasiado largo estuvo a punto de desequilibrarse.
Exasperado, frunció el ceño.
Solo dame la dirección. No intentes controlar los movimientos de mi cuerpo.
¿Cómo iba a luchar contra Kamui cuando apenas podía dar un paso sin caerse? El dragón no había tenido cuerpo desde hacía siglos y el de Shaoran era demasiado pequeño como para que comprendiera cómo moverlo.
El dragón soltó un bufido de burla.
No es de extrañar que este gran mal haya vencido. Eres muy enclenque, carpatiano.
Quizás sea así. Shaoran lo tranquilizó. Al fin y al cabo, en relación a su tamaño, era verdad. Pero puedo maniobrar este cuerpo mucho más fácilmente que tú. Si peleamos entre nosotros ¿cómo vamos a conseguir tener éxito en nuestra misión?
Si complacer el ego del dragón le llevaba a destruir a Kamui, Shaoran podría manejarlo sin ningún problema.
La energía latía muy profundamente forzando los límites de su cuerpo físico. Todo su cuerpo vibraba y su cerebro se chocaba con fuerza contra el cráneo. Su cuerpo se golpeó contra un lado del duro túnel y esta vez cayó al suelo. No podía imaginar lo frustrante que tenía que ser para un enorme dragón verse confinado en un cuerpo humano, pero Shaoran dejó el razonamiento.
Y me dijeron que tu especie era muy inteligente.
Empujó hacia atrás ferozmente y lanzó una ola de fuerza masiva directamente al alma de Antiguo. La explosión interna hizo que su cuerpo se tambaleara. Por un momento su cabeza sintió como si se le hubieran roto todos los huesos del cuerpo. Apretó la mandíbula y aceptó el dolor.
Podemos hacer esto toda la noche, o trabajar juntos para destruir al vampiro.
Su mente se divirtió. El dragón tenía un sentido del humor oxidado.
Para ser un lagarto enclenque, golpeas muy duro. ¿Cómo lo podemos hacer? No puedo controlar este cuerpo extraño.
Si puedes encontrarlo, indícame en qué dirección está. Soy un carpatiano. Sé que eres consciente de las cosas que podemos hacer. Cambiaré lo que sea necesario para cazarlo. Si necesitamos tu forma, tú asumes el control, de lo contrario trabajamos como una unidad, me indicas hacia dónde vamos y yo hago que lleguemos allí. ¿Es posible hacerlo así?
Hubo un largo momento de silencio.
Que así sea.
Shaoran no dio a Antiguo tiempo de cambiar de idea. Se movió por el tubo de lava a instancias del dragón. Cuando Shaoran se transformó en niebla y se alejó a toda velocidad a través de los conductos y fisuras de la negra roca volcánica, el dragón estaba con él, era parte de él, como un alma separada y consciente que compartía su cuerpo y sus dones. Estaban unidos, y sin embargo separados. Eran más fuertes juntos de lo que era cualquiera de los dos por separado. Ninguno volvería a estar solo nunca más. Atravesaron el volcán a toda velocidad con un propósito principal en sus mentes: detener a Kamui o morir en el intento.
El tubo tenía kilómetros de largo, un antiguo flujo subterráneo que hacía tiempo que se había formado y había dejado un ancho túnel bajo la montaña. Shaoran había estado allí muchas veces, siguiendo a Kamui, sabiendo que el vampiro estaba tramando algo dentro del tubo, pero nunca había logrado atraparlo. Convertido en niebla podía moverse sin delatar su presencia si Kamui le tendiera una trampa, lo que hacía habitualmente.
Espera. Aquí. No ha ido más allá de este punto.
Shaoran dejó de moverse al instante, la niebla se expandió junto a sus sentidos, intentando razonar adónde podría haberse marchado Kamui. El hedor de los muertos vivientes impregnaba todo el túnel, y no podía sentir ni oler la diferencia, pero confiaba en los instintos del dragón. La criatura era un feroz cazador muy bien adaptado para los asedios en cuevas.
El túnel no tenía ningún desvío que Shaoran pudiera ver o que hubiera descubierto alguna vez, sin embargo el dragón tenía la sensación de que el vampiro no había seguido por el túnel, lo que significaba que había encontrado otra forma de atravesar la montaña... o se había disfrazado y estaba a la espera de su enemigo.
Shaoran se quedó quieto para conectar con los sentidos dragón. Para Antiguo el no muerto era un ser repulsivo que dejaba un hedor repugnante en su casa. La mítica y legendaria criatura encontraba que la presencia de un ser tan contra natura era detestable. El hecho de que Kamui estuviera en su casa lo indignaba.
El hedor era más fuerte a su derecha. Shaoran estudió el afloramiento de la roca. La pared tenía varios colores; rojo oscuro, amarillo y marrón oscuro. No podía detectar ningún indicio de que Kamui hubiera alterado la propia pared. Experimentó moviéndose lentamente, centímetro a centímetro, pero su paciencia no concordaba con las emociones de hostilidad crecientes del dragón hacia el molesto ser abominable que estaba en su casa.
La cacería conllevaba tener paciencia, algo que realmente el dragón nunca había tenido que desarrollar. Shaoran fue rozando la pared de roca permitiendo que la niebla tocara los varios colores y se instalara en las grietas. Las examinaba para ver si había una abertura demasiado pequeña como para verla. Nada. Se movió más abajo y recorrió cada centímetro de la pared. El túnel descendía y llegaba al suelo sin apenas solaparse. Una vez más no había señales de Kamui, pero comenzaba a sentir una gran sensación de urgencia.
Shaoran sabía, después de siglos de experiencia, que cuando un cazador sentía ese impulso repentino, significaba que su presa estaba cerca preparando algo malo. Esperó unos segundos, se volvió a quedar quieto para obtener sensaciones del tubo y cualquiera cosa que pudiera estar fuera de lugar. El techo tenía vetas grises, azules y de color óxido oscuro. El suelo era amarillo y marrón, y por todas partes había trozos de rocas esparcidos. Pequeñas salpicaduras de color gris, azul y óxido espolvoreaban la parte superior de las tres rocas que tenía directamente debajo de él.
Shaoran volvió su atención hacia el techo y la niebla se acercó para tocar la roca veteada. La superficie era mucho más suave allí, y las pequeñas grietas y hendiduras eran difíciles de detectar. Como niebla, podría filtrarse en los espacios pequeños, ir tan profundo como fuera posible antes de convertirse en un callejón sin salida, y al mismo tiempo examinar gran parte del techo.
Muy, muy listo, Kamui. Había un agujero del tamaño de un alfiler, un orificio en el que solo un diminuto gusano taladrador sería capaz de meterse, pero en el momento en que la niebla lo tocó, Shaoran sintió el conocido tirón que le dijo que ya estaba sobre la pista, y que estaba muy cerca. Se metió profundamente dentro de esa pequeña abertura que casi de inmediato se abrió en forma de circunferencia. El gusano había crecido hasta alcanzar proporciones enormes; había excavado en la roca y después había dejado los restos a un lado. Algunos habían caído por ese pequeño agujero de alfiler hasta las rocas.
Muchas veces a lo largo de los siglos, Kamui había trabajado en la búsqueda de una salida excavando cerca del escudo colocado por Hinoto muchos años antes. El vampiro en ocasiones había logrado debilitar la barrera cuando las mujeres se habían vuelto menos poderosas, pero en cuanto el ritual se llevaba a cabo, se recuperaba la protección. Evidentemente, ahora que el volcán estaba a punto de explotar y la mujer se estaba retrasando, Kamui estaba intentándolo de nuevo.
Con gran sigilo, Shaoran se deslizó por el hueco cada vez más amplio. Y cuando el agujero del gusano se hizo más grande, pudo avanzar por la roca de manera más eficiente y rápida. Kamui había ampliado el agujero del gusano cuando pensó que era seguro hacerlo. Era un plan brillante e ingenioso. Shaoran nunca habría descubierto aquel diminuto agujero por su cuenta. El hedor del vampiro era demasiado fuerte en todas partes, especialmente en el tubo de lava. Kamui se había asegurado que hubiera huellas de su presencia en cada rincón y cada cámara subterránea. Sabía que era su mejor defensa.
Shaoran no estaba en absoluto sorprendido de que Kamui hubiera taladrado un gran trecho, hasta la misma barrera. Le iba a ser difícil avanzar una vez que topara con el escudo. Aunque se podía haber debilitado al no recibir el refuerzo necesario que le proporcionaban las descendientes de Hinoto, sus defensas aún seguían siendo poderosas.
Shaoran se deslizó detrás del gran gusano. La criatura se giró rápidamente y dio vueltas y vueltas como un taladro vivo, pues su cabeza estaba equipada con una especie de broca dura como el diamante, y su cola actuaba como un timón. Shaoran programó su momento, estiró una mano fuera de la niebla, agarró la cola del gusano, y lo aprisionó con fuerza sujetándolo de manera que no pudiera escaparse. Inmediatamente cambió de dirección y volvió hacia atrás llevándose al gusano con él.
Kamui golpeaba y luchaba, pero el espacio que lo retenía era pequeño, lo que le impedía girar y hundir sus dientes en Shaoran. Intentó transformarse, pero Shaoran se negaba a aflojar. Kamui no podía avanzar ni transformarse en una niebla sin sustancia. A medida que el agujero iba empequeñeciéndose, Shaoran se transformó lo justo como para usar las uñas de sus pies, duras como diamantes, como si fueran las garras de un dragón, que atravesaban la roca como si no existiera. Shaoran amplió el agujero y mantuvo agarrada la cola del gusano mientras retrocedía hasta el túnel de lava.
En el momento en que sintió el aire que se deslizaba sobre él, volvió a cambiar, recuperó su forma humana y cayó al suelo del túnel de lava arrastrando a Kamui con él. El gusano giró la cabeza y su enorme broca se dirigió al cuerpo de Shaoran. Sin soltar la cola, este apartó su pecho de esa punta de diamante que giraba a gran velocidad.
Pero la tierra tembló y lo lanzó despatarrado contra el túnel. El gusano se volvió loco y se golpeó contra la pared intentando atravesar las rocas para llegar a Shaoran. El dragón se despertó en su interior y una sacudida de advertencia reverberó por el cráneo de Shaoran. La temperatura subió en el túnel de lava, y salió vapor desde varios puntos del suelo. El volcán volvió a temblar una segunda vez y apareció roca fundida por las aberturas. El suelo se derrumbó y fundió, y cayó sobre la lava que fluía por debajo del túnel.
Shaoran agarró con las dos manos la cola del gusano que se revolvía, decidido a que ambos fueran destruidos por el magma que se dispersaba por el túnel. Más y más géiseres lanzaron rocas fundidas en el aire que golpearon contra el techo y se desperdigaron por todas partes. Desesperado, Kamui cambió de dirección, hizo una herida en la muñeca de Shaoran y atravesó su carne. La tierra dio otra sacudida y Shaoran volvió a caerse.
Entonces el suelo se abrió y se disparó el magma. Oyó su propio grito cuando se le quemó la carne de las piernas. Dejó de agarrar a Kamui. Por un momento pareció como si la roca fundida se hubiera tragado al vampiro, pero encima de la corriente naranja y roja de magma se levantó un vapor sospechoso. Unos chillidos de dolor y rabia llenaron el túnel.
A Shaoran no le quedaba otra opción más que sobrevivir. Cortar el dolor insoportable era imposible, pero se transformó sabiendo que las escamas del dragón lo salvarían. Su carne estaba quemada y necesitaba que la tierra lo curara inmediatamente. Una vez más, la suerte había favorecido a Kamui. La explosión del suelo del túnel no había sido obra del vampiro, sino del volcán que se preparaba para una gran erupción. El cuerpo del gusano había salvado a Kamui, pero también iba a tener que hacer que la tierra lo curara. Tampoco tenía mucho tiempo, el volcán no los iba a esperar.
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nos leemos en la proxima!
