Hola les traigo el capitulo 4
Muchas gracias a las personas que me han dejado sus comentarios... abajito les voy q ir respondiendo...
espero que lo disfruten... ya saben ni la historia ni los personajes me pertenecen... son de christine feehan y clamp respectivamente...
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Capitulo 4
—Maldita sea, me lo perdí todo —susurró Seishiro muy fuerte al doctor Shinomori—. Todos esos murciélagos en llamas y Raúl enloquecido deseando dar un machetazo a alguien. Estaba durmiendo mientras pasaba todo eso. ¡La próxima vez, despiértenme!
Miró deliberadamente a Nadeshiko y a Sakura por encima del hombro, e hizo como si disimulara. Su resonante voz no había sido lo bastante baja cuando supuestamente susurraba para que no lo pudieran oír, o supieran que estaban hablando de ellas mientras caminaban en fila india a través de un paso de animales pequeños donde se había formado un estrecho sendero entre la maleza.
Nadeshiko, que iba delante de ella, se puso rígida, pero no se dio la vuelta.
Sakura apretó los labios con fuerza. Seishiro empeoraba las cosas. Quería crear problemas porque ni Sakura ni su madre le iban a hacer caso y tenía el ego estaba maltrecho. Sakura suspiró y se limpió el sudor de la frente. Estaba deseando llegar a la base de la montaña y separarse de los ingenieros, a pesar de que Hideki era fiel a su palabra, y junto a Yue y a Eriol mantenían una estrecha vigilancia.
Nadeshiko le cogió una mano y le acarició un brazo. La caricia fue muy suave, pero Sakura sintió que temblaba. Su madre seguía muy tranquila, rara vez hablaba, tenía la cara pálida y, por primera vez, marcada por la edad. Sakura intentó no sentir pánico, pero sinceramente sentía como si su madre se estuviera alejando de ella y la abandonara poco a poco. Todo el mundo había hablado sin parar de los incidentes de la noche.
La mitad del campamento miraba a Raúl como si de pronto lo considerara un asesino en serie. No parecía recordar mucho, solo repetía que lo había atrapado una pesadilla y que lo sentía mucho. Siendo estrictamente honestos, Sakura se sentía muy mal por él. Todavía le tenía miedo, pero no podía dejar de ver la tristeza en sus ojos... y que había intentado resistir esa enorme presión y controlar su mente. Había visto que dos o tres veces había intentado volver al fuego para dejar de acercarse a la hamaca de su madre.
Nadeshiko no había hecho ni un solo comentario, ni siquiera cuando Sakura le explicó que había sido objeto de un ataque. Simplemente había mirado a su hija con los ojos desesperanzados, casi con la misma mirada de derrota que tenía Raúl, y había negado con la cabeza. Apenas había comido nada antes de que volvieran a salir. Los guías esperaban llegar a la base de la montaña al caer la noche. A partir de ahí, cada grupo tomaría su propio camino. Sakura tenía que admitir que no estaba tan deseosa de separarse de Yue y Eriol como había pensado que sucedería. Había algo muy tranquilizador en ellos.
—Me gustaría que dejara de hablar —dijo Nadeshiko de pronto y se restregó las sienes como si tuviera dolor de cabeza.
Sakura se dio cuenta de que Seishiro todavía estaba dando vueltas al ataque de la serpiente de días atrás en el barco y cómo le gustaba hacer barbacoas de murciélagos vampiro. Su voz sonaba monótonamente todo el tiempo, casi tan interminable como el zumbido de los insectos.
—Es un imbécil, mamá —dijo Sakura intentando mantener cierto humor en la voz—. Le gusta escucharse a sí mismo.
—Tiene miedo —replicó Nadeshiko en voz baja—. Y debe tenerlo.
Su voz era grave y siniestra. Hizo que Sakura sintiera un escalofrío en la espalda. Caminar por la jungla no era fácil. Ya no estaban en la zona donde los árboles eran tan altos que no dejaban filtrar la luz e impedían la cobertura del suelo. Era difícil avanzar a través de kilómetros de una vegetación tan espesa y densa que cubría cada sendero posible casi tan rápido como lo iban abriendo. Era un tipo de terreno extremadamente peligroso. Un giro equivocado, o dejar de ver a la persona que iba adelante, podían hacer que cualquiera se perdiera por completo.
Sakura sabía que tenía que vigilar sus manos y sus pies para intentar no rozar las plantas ni los árboles. La mayoría eran benignos, pero los hostiles eran extremadamente peligrosos. Le resultaba difícil identificar los árboles que era seguro tocar de los venenosos que podrían provocarle una reacción cutánea inmediata. La mayoría le parecían iguales, pero su madre los conocía casi instintivamente.
Para Sakura las plantas eran igualmente difíciles de distinguir, por más veces que se las señalara el guía. Sabía qué ranas y lagartijas eran peligrosas para su salud por sus colores brillantes, y era evidente que lo eran las tarántulas del tamaño de un plato, y todas las serpientes que se encontraba; pero los insectos eran demasiado abundantes como para que recordara cuáles eran extremadamente venenosos.
Su madre tropezó y Sakura la agarró para evitar que se cayera. Su madre normalmente nunca se tropezaba con las raíces cuando estaba en la selva. Siempre se movía muy ágil y segura entre las plantas y la vegetación.
Nadeshiko apretó su mano alrededor del brazo de Sakura y miró por encima del hombro al porteador, el hermano de Raúl, Capa, que las seguía de cerca.
—En cuanto lleguemos a la base de la montaña, aunque ya sea de noche, tendremos que seguir avanzando con nuestro guía y un par de porteadores. No importa que protesten, tenemos que llegar esta noche a la montaña —insistió Nadeshiko con la voz tan baja que Sakura apenas podía escucharla—. Algo va realmente mal, y me temo que llegamos demasiado tarde. Es por mi culpa, cariño. Debería haber preparado este viaje antes.
—Papá tuvo un ataque al corazón, mamá —defendió Sakura, pero su corazón hundido sabía que su madre tenía razón. Algo iba mal, pero subir la montaña corriendo por la noche no iba a resolver el problema—. ¿Qué se suponía que tenías que hacer? ¿Salir pitando y dejarlo solo en el hospital? Hemos venido en el momento en que hemos podido.
Nadeshiko tragó con fuerza y parpadeó para contener las lágrimas. Había estado durmiendo en la cama del hospital con su esposo y lo había sostenido en sus brazos cuando murió. Su marido había sobrevivido dos semanas antes de que su corazón sucumbiera a la enfermedad contra la que había luchado la mayor parte de su vida. Sakura sabía que sus padres eran inseparables y que su madre sentía el duelo por su esposo todo el tiempo cada día. Nadeshiko siempre había sido vital y dinámica, pero desde la muerte de su marido parecía mucho más apagada y distante. La verdad era que ella se mantenía pegada a su lado, temerosa de perder a su madre de tristeza.
Vestidas con botas y pantalones vaqueros remetidos para evitar las picaduras de insectos y los arañazos del follaje hostil, las dos mujeres sabían qué llevar para un viaje prolongado a través de la selva, pero el camino era difícil. Por regla general, Nadeshiko parecía tener un sentido innato de la orientación, pero Sakura ya estaba completamente confundida a los pocos minutos de bajar del barco para entrar en la selva con poca luz.
Su madre siempre había tenido mucha afinidad con la Tierra, sobre todo aquí en la selva, y casi parecía como si tuviera una brújula incorporada. Pero ahora mostraba señales de distracción y ansiedad, tan raros en ella que hizo que Sakura estuviera cada vez más preocupada. Eso, junto a sus tropiezos ocasionales, le indicaba que su madre estaba perdiendo fuerzas.
Dejó escapar el aliento lentamente y se volvió a situar cerca de ella. Había aprendido, incluso siendo una niña pequeña, que el lugar más seguro de la jungla estaba directamente detrás de su madre. Las plantas la protegían más que la atacaban. En cualquier parte en que su madre daba un paso las plantas crecían por el estrecho sendero. Las frondas se desplegaban y se desenredaban las enredaderas. A veces caían flores a su alrededor. Mientras fuera tras sus pasos, ninguna espina o planta con pinchos le haría daño.
Caminaron durante lo que parecieron horas. El calor oprimía la quietud que se producía bajo el espeso follaje. A veces, el suelo estaba despejado y se hacía fácil avanzar, pero enseguida volvían a estar rodeados de una espesa vegetación casi imposible de penetrar. Sakura se mantenía muy atenta a su madre mientras caminaban, pues había advertido que comenzaba a rezagarse cada vez más.
Tanto Yue como Eriol disminuyeron el ritmo, evidentemente preocupados por Nadeshiko. Sakura se puso su mochila. Fue significativo que Nadeshiko no protestara cuando ella se la colgó junto a la suya. Después de media hora, Hideki retrocedió, cogió la mochila, y los tres hombres se fueron turnando para llevarla. Nadeshiko nunca levantaba la vista. Sus hombros estaban cada vez más caídos, como si llevara lastre, cuanto más cerca estaban de la base de la montaña. Arrastraba los pies como si se abriese paso entre arenas movedizas y cada paso fuera un esfuerzo terrible. Incluso respiraba dificultosamente.
Estaba claro que los guías iban a paso rápido para aprovechar la luz del sol, intentando llegar a la base de la montaña antes de que cayera la noche, a lo que Sakura podía adaptarse, pero su madre no lo iba a hacer. Permanecía en silencio mirando la espalda de Yue para mantenerse en la fila, pero se tambaleaba por el cansancio, y su ropa y el pelo estaban empapados de sudor. Tenían que parar y descansar.
Afortunadamente, Seishiro se quejó con amargura.
—¿Estamos haciendo una especie de carrera? —exigió elevando la voz con cada paso.
—Miguel. —Yue habló al guía en su idioma natal con autoridad—. Tenemos que parar y descansar. Media hora. Nada más y reemprendemos el camino. Déjalos que descansen y beban algo. Avanzarán más rápido.
Miguel levantó la vista hacia el cielo, parecía muy preocupado, pero asintió bruscamente y encontró un pequeño claro con algunas piedras para que se sentaran. Sakura hizo un gesto de agradecimiento a Yue mientras recogía la mochila de su madre que llevaba él en ese momento. Se acercó al borde de los árboles para dar a su madre un poco de intimidad. Estaba agradecida de no haber atraído más atención hacia ella.
—No podemos parar —susurró Nadeshiko en el momento en que se quedaron solas—. Tenemos que darnos prisa.
—Tienes que descansar, mamá —protestó Sakura—. Toma, bebe esto —le dijo y le pasó su cantimplora.
Nadeshiko negó con la cabeza.
—Vas a tener que dejarme si no lo consigo.
—Mamá. —Sakura se obligó a ser firme. Nadeshiko parecía tan agotada y pálida que solo quería rodearla con sus brazos y abrazarla protectoramente—. Tienes que decirme lo que está pasando. ¿A qué nos estamos enfrentando en esa montaña? No nos puedes dejar sin saber nada por más tiempo.
Nadeshiko miró a su alrededor buscando un lugar para sentarse, encontró una pequeña roca entre dos árboles y se sentó en ella. Sus manos temblaban y las apoyó cuidadosamente sobre su regazo.
—Todas esas leyendas que te contaban cuando eras una niña sobre la montaña y los guerreros de las nubes no eran historias de miedo, Sakura, eran ciertas. Era la historia de nuestro pueblo.
Sakura tragó saliva. Esas «historias» eran como pesadillas. Un terrible mal había acabado con los más grandes guerreros, había abierto sus gargantas, bebido su sangre, y les había exigido sacrificios humanos de niños, mujeres y jóvenes. Sin embargo, nada había conseguido aplacar a ese demonio.
—Mamá, los incas conquistaron al pueblo de las nubes...
—Pudieron hacerlo porque... —interrumpió Nadeshiko— sus mejores guerreros ya habían sido asesinados. La gente vivía muerta de miedo. —Sus ojos se encontraron con Sakura—. Los incas eran fuertes y también tenían feroces guerreros. Se llevaron a algunas de las mujeres del pueblo como esposas. Incluyendo a tu antepasada, una mujer llamada Hinoto. Ella fue la que transmitió la verdad, así como sus dones, a su hija. El mal continuó durante años y años, y mató a los guerreros incas igual como lo había hecho con los nubes. Nadie parecía capaz de derrotar a un demonio tan sediento de sangre.
Sakura quería burlarse de una tradición tan ridícula. Había escuchado esos cuentos, pero también había leído la historia y todo lo que se había recopilado sobre los nubes y los incas. Había algunas referencias oscuras a sacrificios humanos y a guerreros que morían, pero muy poco, desde luego no lo suficiente como para suscribir la historia que su madre le contaba... Pero el sentimiento de que había algo malo bajo sus pies aumentaba a medida que se acercaban a la montaña. Sentía la tierra temblar de vez en cuando, y con todas las cosas extrañas que habían ocurrido y los ataques a su madre, ¿cómo iba a descartar sin más lo que esta le estaba diciendo?
—Continúa.
Sakura quería taparse los oídos con las manos. Su corazón latía demasiado rápido acompasado con el latido del corazón de la Tierra. Sintió un temblor bajo sus pies, como si la Tierra misma estuviese escuchando e intentando advertirle que fuese lo que fuese ese mal, estaba a punto de escapar.
—Había un hombre que había venido con tu antepasada de una tierra extraña. El hombre luchó una batalla tras otra, pero no pudo derrotar a ese mal. Al final, Hinoto atrajo al mal al volcán junto al guerrero e hizo un tremendo sacrificio. Los dejó a los dos encerrados, pero cada cierta cantidad de años, para evitar que el volcán entrase en erupción, lo que le permitiría liberarse...
—Nadie podría vivir en un volcán durante cientos de años, mamá, y todavía estar vivo —declaró Sakura firmemente.
Eso era cierto... ¿verdad? Pero el miedo que sentía en la boca le decía algo completamente diferente.
—Sé que están encerrados ahí dentro, por lo menos esa criatura maligna sigue allí. Lo he sentido y, en este momento, todo el mundo aquí lo está sintiendo. Estoy llegando tarde, y si se escapa seré culpable de que mate a mucha gente, y de que siga asesinando una y otra vez.
Sakura frunció el ceño mirando a su madre.
—Eso es ridículo. No tenías más elección que quedarte con papá. Y aquí nos han retrasado una y otra vez... —Dejó de hablar. Si esa entidad maligna podía influir de alguna manera en las personas que viajaban con ellas, ¿era demasiado extraño pensar que podía ser lo que los estaba retrasando?—. ¿Cómo podría estar viva esa cosa después de todo este tiempo? Estás hablando de unos quinientos años más o menos.
—Lo está. Yo lo siento. Tú lo sientes. El mal tiene vida y camina sobre esta Tierra, Sakura, y tu cometido, y el mío, es ayudar a detenerlo. Ese es el legado que nos dieron y no tenemos otra opción. Si esa cosa sale al mundo y vuelve a asesinar, habremos fracasado.
—¿Qué haremos cuando subamos a la montaña, mamá?
Sakura se había convencido. No importaba la razón, Nadeshiko estaba decidida a subir a la montaña y llevar a cabo el ritual que le enseñó su madre, y a ella la suya. No podría detenerla, no importaba lo extenuada que pareciese, por lo que ella iba a hacer que subiera a esa montaña para terminar el trabajo lo más rápido posible. Su madre no estaba viviendo una fantasía. Creía cada palabra que decía; percibía en su voz el sonido de la verdad.
—Sabes lo que hay que hacer —dijo Nadeshiko—. Te lo he enseñado desde que eras una niña. Si tenemos éxito, tienes que venir a esta montaña cuando estés embarazada para tener a tu hija aquí. Debe de ser parte de la Tierra. Los dones son fuertes en ti, mucho más fuertes de lo que nunca han sido en mí, ni siquiera en mi madre. Sentí cómo la Tierra te aceptó como su hija en cuanto te puse en la cuna de la grieta. —Se limpió el sudor de la cara—. El sol se pondrá pronto. Es el momento más peligroso, Sakura. Está tranquilo durante el día, pero por la noche puede tomar el mando. Nunca lo subestimes. Por lo que me dijeron, puede mostrarse bello y encantador, pero es totalmente maligno. Si algo me pasa a mí...
—Mamá —protestó Sakura—. No digas eso. No lo pienses. No voy a dejar que te pase nada. No lo permitiré.
Nadeshiko levantó la mano.
—No podemos fingir. Todo es posible. Y luego irá por ti. Somos una amenaza para él y hará todo lo que esté en su poder para eliminarnos.
Sakura se restregó la mano por la cara, como si eso pudiera quitarle el miedo que la desgarraba. La energía que corría bajo sus pies palpitaba por la urgencia. Era muy consciente de la selva que la rodeaba, de la vegetación que pisaba, y ahora, la propia Tierra le traía un montón de información, y le gritaba en silencio que se diese prisa, mucha prisa.
Sakura se obligó a asentir. Su madre necesitaba el consuelo de que podía manejar lo que fuera que se lanzara contra ellas.
—Creo que los dos investigadores, Yue y Eriol, conocen estas historias. Les pregunté qué estaba sucediendo anoche y ambos usaron la palabra mal, como si se estuviese extendiendo por la Tierra e influyendo en todos nosotros. Han estado vigilándonos y no creo que hubiera podido salvarte anoche sin su ayuda. Hideki también ha estado cerca ayudando a protegernos. También parece darse cuenta de que algo que no es normal está influyendo en todo el mundo, pero no he hablado con él de ello.
Nadeshiko negó con la cabeza.
—No puedes confiar en nadie, Sakura. Esa cosa, esa criatura maligna, es capaz de volver a cualquiera en contra nuestra.
—Todavía necesitamos aliados, mamá —dijo Sakura—. Esos hombres nos han ayudado hasta ahora, y están armados hasta los dientes. Ambos llevan todo tipo de armas, algunas que nunca he visto antes. No parecía importarles, cuando las guardaron frente a todos esta mañana, que los guías y porteadores las vieran. De hecho, querían que las vieran..., creo que para protegernos.
Nadeshiko frunció el ceño y se restregó el sudor de la frente. Se echó hacia atrás los rizos húmedos en forma de tirabuzón y se los apartó de la cara.
—¿Cómo consiguieron pasar las armas por la aduana? ¿Por el aeropuerto? ¿No crees que es extraño que las trajesen? ¿Como si ya supiesen que algo iba a ir mal y vinieran preparados?
Sakura se inclinó hacia su madre.
—Honestamente, no me importa cómo lo hicieron, o por qué las traen. Te salvaron la vida ayer por la noche y los necesitamos. Algo malo va a ocurrir pronto. Las dos lo sabemos. Necesitamos a estos hombres y sus armas. De hecho, voy a ver si me prestan una.
Había infundido determinación en su voz, y se había atrevido a discrepar con su madre. Evidentemente, Nadeshiko no estaba pensando con claridad, no era consciente de que no podían cumplir con su tarea solas.
Nadeshiko simplemente se encogió de hombros, se volvió a limpiar la cara, inclinó la cabeza y dejó sus hombros caídos. Sakura se mordió con fuerza el labio. Su madre evidentemente se estaba rindiendo y no podía permitirlo. Tenía que encontrar una manera de hacer que sintiese que era lo suficientemente poderosa... y de que fuera lo que fuese esa entidad maligna, tenía posibilidades de derrotarla.
—Mamá, si esa tal Hinoto, nuestra antepasada, fue capaz de atraer a esta malvada máquina de matar a un volcán, retenerlo allí, hacer que el volcán pasara años sin tener erupciones, y después lo habéis seguido haciendo todas sus descendientes, entonces podemos hacerlo juntas también. —Infundió confianza a su voz—. No somos menos que ellas. Tenemos la misma sangre. La selva reacciona contigo, y ahora conmigo. Siento los latidos del corazón de la Tierra...
Nadeshiko se balanceó suavemente y negó con la cabeza.
—No puedo. Yo no puedo más. Antes su corazón latía con el mío. Mi sangre corría con la misma fuerza que tiene la savia de los árboles y los ríos subterráneos. Pero me ha perdido. Sentí que desaparecía después de la muerte de tu padre.
Sakura se acercó a su madre.
—Basta, mamá. Lo digo en serio. Cálmate. Estás rindiéndote porque papá está muerto. Vi a la abuela hacer lo mismo. No me puedes dejar en Perú rodeada de peligros. Necesito que seas fuerte. Tú eres la que se está apartando de los dones que tienes, y se está alejando de mí. Soy tu hija. Tu única hija. ¿Qué haré si te rindes? —Puso una mano sobre la rodilla de su madre y suavizó su voz—. Me enseñaste a ser una luchadora, a no rendirme nunca. Ahora bien, por más mala que sea esa cosa, dices que tenemos que conseguirlo, pues hay vidas inocentes dependiendo de nosotras. Así que vamos a hacer el ritual, no importa lo que nos cueste. Cumpliremos con esto hasta el final, y lo conseguiremos.
Nadeshiko levantó la mirada y sus ojos se encontraron con los de Sakura. Por un momento se produjo esa chispa de absoluta determinación que ella reconocía en su madre. Y entonces parpadeó para contener las lágrimas.
—Sé que no he sido yo misma, cariño. Es que tu padre y yo estábamos tan unidos. No puedo respirar bien sin él. Encajábamos como si fuéramos una sola persona, y sin él voy a tener que pasar por momentos muy duros para volver a funcionar.
—Mamá. —Sakura se acercó a ella—. Por supuesto que te sientes mal. Papá se ha marchado hace muy poco. No has tenido tiempo de acostumbrarte a su muerte. Yo tampoco. Lo acabamos de perder y se supondría que tendríamos que estar en casa pasando el duelo, y no aquí en la selva, subiendo una montaña, rodeadas de extraños y tratando con algo profundamente malo.
Nadeshiko tragó saliva y se recogió los húmedos rizos que se le escapaban alrededor de la cara. La humedad y el calor habían convertido su pelo en un frenesí de rizos y tirabuzones grisaseos.
Entonces levantó su mano para tocar el espeso cabello largo de Sakura, liso como un hueso y sin ni un rizo a la vista a pesar de la humedad. Lo llevaba recogido en una larga trenza para mantenerlo apartado del cuello y de la cara.
—Eres tan hermosa, Sakura, y tan diferente. Tú perteneces a este lugar. Tu alma está aquí lo sepas o no, y la Tierra te está llamando. Lo siento. Estoy segura de que tú también puedes. Escucha lo que te dice. Confía en tus instintos.
A Sakura se le apretó el corazón. Parecía como si su madre estuviera despidiéndose para siempre de nuevo. Sus manos temblaban mientras le alisaba el pelo. Se veía tan frágil que a ella le dolía el corazón. Evidentemente, Nadeshiko quería ayudarla, pero estaba tan desanimada que se sentía incapaz. Esa pequeña muestra de determinación se desvaneció demasiado pronto.
Sakura soltó el aliento lentamente.
—Tienes que beber más agua, mamá —la aconsejó dejando de intentar recuperar las defensas de Nadeshiko.
Lo mejor que podía hacer era conseguir que su madre subiera la montaña y evitar que nadie la matara. Y eso requería un arma mejor de la que tenía.
Yue estaba a su izquierda, no muy lejos de ellas. Eriol al otro lado, a una cierta distancia, y Hideki había encontrado un lugar de descanso frente a ellas, como si las estuvieran protegiendo de los demás. Sakura no podía contar con su madre y necesitaba a esos hombres para que la ayudaran a mantenerla a salvo. Tenía que planear cada paso cuidadosamente y prepararse para cualquier emergencia. Eso incluía su mochila, así como las provisiones adicionales que su madre necesitaba.
Siempre llevaba víveres y su propio sistema de filtración de agua. Llevaba cargando con una mochila desde hacía años y sabía cómo sobrevivir, pero necesitaba tener un arma.
—Mamá, descansa aquí. Quiero que comas esto. —Dio a su madre una barrita de proteínas—. Hay que mantener las fuerzas. Voy a estar ahí —señaló a Yue— para hablar con él un minuto.
—No puedes confiar en ellos —susurró NAdeshiko frunciendo el ceño—. De verdad que no puedes. El mal aparenta ser hermoso, y el bien puede parecer muy duro y terrible. No puedes saber quién está de nuestro lado.
—Tal vez no, mamá —dijo Sakura obligándola a coger la barra de proteínas—. Pero en este momento necesito un arma, y él tiene una. Cómete esto y simplemente espera a que vuelva. No te muevas.
Los ojos de Nadeshiko miraban con sospecha. Su mano se cerró alrededor de la barra de proteínas con cautela, como si su propia hija pudiera estar intentando envenenarla.
A Sakura le dolió el corazón cuando su madre se dio la vuelta encorvando la espalda y agachando los hombros. Realmente sentía que estaba alejándose de ella y distanciándose de sí misma. La expresión de sus ojos era de derrota y acusadora.
Sakura negó con la cabeza y enderezó los hombros. Su madre evidentemente estaba enferma y abatida por su tristeza. Ella apretó los dientes y fue hacia Yue. No podía dejar de mirar por encima del hombro a menudo para asegurarse de que nadie se atrevía a acercarse a su madre mientras ella se alejaba.
—Sakura. —Yue la saludó con una leve inclinación de cabeza. Miraba muy inquieto y observaba continuamente el campamento, los árboles y el suelo—. ¿Tu madre está bien?
Sakura negó con la cabeza.
—Está agotada, pero quiere subir a la montaña. Tal vez si llegamos allí se sentirá mejor. Eso es lo que espero.
—¿A qué altura de la montaña tenéis que subir? —preguntó Yue—. Los temblores están aumentando. La montaña no ha explotado desde hace cientos de años, pero eso no quiere decir que no lo vaya a hacer. No estoy seguro de que vayamos a estar completamente a salvo ahí arriba. Eriol está intentando conseguirnos algunos datos. Tiene que esperar al satélite, pero podremos saber si hay algún cambio en la forma de la montaña. Se hacen fotografías de todos estos volcanes regularmente desde el espacio.
Sakura suspiró. Los temblores no habían pasado desapercibidos.
—Una cosa más de la que preocuparse. ¿De verdad crees que el volcán va a explotar?
Yue frunció el ceño, pensativo.
—Eso parece. No estoy seguro que sea buena idea subir, aunque las plantas que estamos buscando se supone que tienen que estar cerca de las ruinas. Si esas plantas están realmente ahí, las necesitamos.
—Mira. —Sakura decidió que tenía que poner sus cartas encima de la mesa si era necesario. No tenía mucho a su disposición, pero iba a completar su trabajo y a proteger a su madre de cualquiera manera. Estaba cada vez más decidida a ir y a evitar que saliera lo que hubiera dentro de esa montaña—. Sé que tú y Eriol estáis armados hasta los dientes. No se lo habéis ocultado a nadie.
—Pensé que podría ayudar a disuadir a quien pensara que podría atacar con un machete a los miembros de nuestro equipo —indicó Yue.
Sakura frunció el ceño sintiendo que se merecía esa pequeña reprimenda. Se encogió de hombros.
—No me gusta que nadie curiosee en nuestros asuntos, por lo que la última cosa que quiero hacer es meterme en los tuyos...
Yue le sonrió, aunque no se veía humor en sus ojos. Tal vez comprensión.
—¿Pero? —la animó.
—¿Cómo conseguiste todas esas armas y el equipamiento en este país? Algunas de esas armas nunca las he visto. No es posible que te las hayan dejado meter en un avión.
—Tenemos algunos amigos en este país que tienen aviones privados y barcos. Tenían todo lo que les pedimos esperándonos cuando llegamos. Estas plantas son tan importantes para ellos como para nosotros. Las plantas nunca han crecido en ningún otro lugar más que en los montes Cárpatos, y allí se han extinguido. Si las que hay aquí son realmente las mismas, no tengo ni idea de lo que un descubrimiento tan importante significaría para nosotros.
Ella percibió la animación que subyacía a su voz. Le estaba diciendo la verdad... o por lo menos parte de ella. Necesitaba subir a la montaña urgentemente y, que Dios la ayudara, estaba agradecida de ello. No tendría que ir sola.
—Necesito un arma.
Los ojos de Yue se encontraron con los suyos. Ella se negó a apartar la mirada. Necesitaba esa arma y no pensaba dar marcha atrás, ni permitiría que la intimidara. No la iba a ver como una mujer histérica, porque no lo estaba, sino absolutamente seria.
Yue levantó las cejas bruscamente.
—¿Has disparado con un arma alguna vez?
—Sí. Tengo muy buena puntería. El mejor amigo de mi padre era oficial de policía y me llevaba al campo de tiro cuando tenía diez años. Desde entonces he seguido disparando.
—Disparar a un ser humano no es tan fácil, Sakura. Si dudas...
—Podría haber intentado matar a Raúl con mi cuchillo anoche —dijo ella muy en serio—. Y no lo habría dudado si la vida de mi madre hubiera estado juego. No vacilaré si tengo que protegerla —le aseguró.
—¿Qué pasa si necesitas protegerte?
Levantó la barbilla. Se negó a apartar la mirada, y la mantuvo observando la suya.
—No soy una persona tímida, Yue. Si tengo que defender mi vida, lo voy a hacer enérgicamente. Y nadie va a hacer daño a mi madre si puedo evitarlo. ¿Me prestas un arma?
Yue frunció el ceño y sacó una pistola de su chaqueta ligera.
—Dime qué es esto.
Sabía que pensaba que le había mentido acerca de que sabía cómo usar un arma. Le sonrió con dulzura.
—Tienes una Glock 30 SF 45 automática, un arma excelente y poderosa. Mi padrino me dio una cuando cumplí dieciséis años. Tiene la empuñadura más pequeña, y como mis manos no son grandes, me viene muy bien.
Yue suspiró.
—Pero Sakura, esto no va a parar a lo que haya allí arriba.
—Pero detendrá a cualquiera de los que viajan con nosotros si intenta matar a mi madre.
Yue le entregó la Glock. Su mano se cerró en torno a la empuñadura, y la cogió con calma. Comprobó el cargador para asegurarse de que estaba lleno. Él le dio un segundo cargador que se metió en un bolsillo que cerró con cremallera.
—¡Sakura!
Sakura se dio la vuelta y vio a su madre corriendo hacia ella. La cara de Nadeshiko estaba blanca y tenía los ojos muy abiertos de terror. Detrás de ella, la tierra había cobrado vida. Unas tarántulas gigantes del tamaño de un plato corrían a toda prisa por la vegetación, bajaban de los árboles y parecían muy concentradas mientras se arrastraban implacablemente hacia adelante.
Sakura corrió a interceptar a Nadeshiko antes de que pudiera huir a la selva tropical.
—Una picadura de tarántula no es mortal mamá. Cálmate. La irritación que provoca su pelo a veces es peor que su picadura.
—Me están persiguiendo —exclamó Nadeshiko agarrando a Sakura con fuerza. Bajó la voz y siseó algo entre dientes. Tenía los ojos salvajes y el cabello despeinado. Parecía casi demoníaca—. Me están persiguiendo, Sakura, ¿no te das cuenta? Me quieren matar.
Ella no sabía cuántas picaduras múltiples podían hacer las tarántulas gigantes, pero no quería correr ningún riesgo. Agarró la muñeca de su madre y la arrastró hacia Eriol, que estaba cerca de un pequeño arroyo. Seguramente las arañas no las iban a seguir por el agua.
Nadeshiko estaba conteniendo el llanto.
—No puedo seguir con esto, Sakura. Tienes que continuar sin mí. Simplemente no puedo...
—Vale ya —le espetó Sakura mientras la guiaba a través de una serie de piedras y helechos para llegar al arroyo—. Podemos hacer cualquier cosa que tengamos que hacer. Tú fuiste la que me lo enseñó.
Echó un vistazo a su espalda. Yue, Eriol y Hideki formaron una línea de defensa contra las arañas que se arrastraban por el suelo. Ella detuvo a su madre antes de que entrara en el arroyo.
—Déjame mirar, mamá —le advirtió. No había pirañas en esa pequeña corriente de agua, pero con todos los extraños ataques de insectos y animales que habían tenido, no quería olvidarse de nada—. Nos meteremos solo si pasan a pesar de la barrera que están formando los demás.
Eriol se puso una manguera por encima de un hombro y dio un paso hacia adelante. En el momento en el que un chorro de fuego surgió del lanzallamas, el resto del campamento se dio cuenta de que algo iba mal. Uno a uno fueron volviendo las cabezas. Sakura se alegró de que Nadeshiko y ella estuvieran a la sombra de los árboles. Parecía como si los que estaban siendo atacados fueran los tres hombres, y no las mujeres. Estaban a bastante distancia de ellos. La ilusión era mayor porque se había sentado en una roca junto al arroyo y había obligado a su madre a sentarse a su lado como si estuvieran descansando bajo la sombra.
Seishiro y Ichigo, como era predecible, montaron un gran alboroto. Seishiro en realidad huía de las arañas. Aunque no solo no se acercaban a él, sino que más bien se alejaban. Daba igual. Reprendió a los guías.
—Habéis elegido una parada para descansar en medio de un territorio de arañas asesinas. ¿Estáis intentando matarnos a todos? Voy a informar de esto y nunca más conseguiréis otro trabajo de guías —les soltó.
Sakura puso los ojos en blanco. Los guías lo ignoraron y se apresuraron a ayudar a los tres hombres. Los porteadores se agruparon en un estrecho círculo cerrado y se quedaron observando. El arqueólogo y sus alumnos se miraron entre ellos con expresión sorprendida, casi cómica, como si no pudieran entender lo que estaba sucediendo. Los tres permanecieron quietos con la boca abierta, mientras la tierra parecía cobrar vida por las grandes arañas peludas que se arrastraban por la vegetación. Ciertamente, su idea del comportamiento de los arqueólogos se había formado con las películas del héroe de acción Indiana Jones, aunque el doctor Shinomori y sus alumnos rápidamente habían dejado a un lado esa fantasía.
Sakura oía a las arañas arrastrándose entre la vegetación mientras avanzaban, pero el olor y el sonido del lanzallamas de Eriol rápidamente apagó todos los otros ruidos. Nadeshiko se cubrió la cara con las manos, se balanceó hacia atrás y hacia adelante, y Sakura le pasó un brazo por la espalda para consolarla.
Nadeshiko gemía en voz baja.
—Es tan tarde, Sakura. En un par de horas el sol se pondrá.
—Vamos a partir en unos minutos —le aseguró—. Los guías nos llevarán hasta la montaña y esto se acabará. Ahora estamos muy cerca.
Nadeshiko continuaba balanceándose hacia adelante y hacia atrás con el brazo consolador de Sakura sobre sus hombros, aunque mientras tanto estudiaba a sus compañeros de viaje intentando discernir con quién podría contar si las cosas salían mal. El temblor del suelo le hizo ver que lo más probable era que ocurrieran cosas malas. Los tres guías habían corrido a ayudar a los tres hombres con las arañas. No parecían tener miedo de ellas en absoluto. De hecho, recogieron algunas de ellas muy suavemente y les dieron la vuelta.
Encontraba fascinante la manera en que los tres nativos manejaban las tarántulas. Evidentemente, querían salvarlas, no destruirlas. Las tarántulas parecían confundidas, giraban en círculos y evitaban las llamas calientes. Eriol apagó el eficiente lanzallamas y, al igual que Sakura, observó a los guías que manejaban suavemente a las arañas para alejarlas de ellos y devolverlas a la selva.
Ninguno de los porteadores había ayudado, advirtió Sakura. Se habían agrupado y estaban cuchicheando. Se le cayó el alma a los pies. Les harían falta un par de porteadores para subir a la montaña, y al menos dos acompañarían a Eriol y a Yue con su guía.
—Vamos, mamá —dijo—. Ya salimos de nuevo. El espectáculo ha terminado. Los guías se han encargado de las arañas, y volvemos al camino.
El suelo tembló de nuevo.
—Tenemos que darnos prisa —susurró Nadeshiko—. Date prisa, Sakura.
Levantó la vista hacia el cielo. El sol se pondría pronto.
Sakura se puso directamente detrás de su madre mientras iban por el estrecho camino que los guías habían decidido tomar los últimos kilómetros hasta la base de la montaña. Discutiría con su guía más tarde para explicarle que había que seguir subiendo la montaña. Pero por ahora lo imperativo era que se moviesen. El nerviosismo de Nadeshiko aumentaba cada minuto que pasaba.
Hideki y Yue iban delante de Nadeshiko, y Eriol había preferido ir en la retaguardia detrás del último porteador. Sakura estaba agradecida de que estuvieran a una buena distancia de Seishiro e Ichigo, y había varias personas entre medias. Una vez que finalmente se pusieron en marcha, y los guías y porteadores despejaron el denso sendero, Nadeshiko dejó de refunfuñar y simplemente caminaba con la mirada pegada a la parte de atrás de la camisa de Yue.
Los susurros de su cabeza volvieron a aparecer una hora antes de la puesta de sol. El sol había desaparecido y la selva se había llenado de sombras que cambiaban el aspecto de las plantas dando lugar a formas monstruosas. Sakura percibía todos los efectos del incesante zumbido en la cabeza. Sintió que el sonido se desvanecía y se confundía con el ruido de fondo, pero incluso su madre comenzaba a protestar para sí misma.
Tal vez por el peligro que acechaba a alguien que amaba, los sentidos de Sakura parecían agudizarse con cada paso que daba, así como su conciencia del entorno. Descubrió que estaba viendo cosas en las que nunca se había fijado antes. Hojas por separado. La forma en que el musgo y el helecho crecían, y las flores que subían por los troncos para llegar al cielo. Por primera vez en su vida estaba completamente fascinada con el crecimiento de las plantas. Oía la fuerza vital de la Tierra, un fuerte latido que casi expulsa esos susurros sin sentido que intentaban invadir su mente. Por unos momentos, cuando comenzó a caer el velo de la oscuridad, la vida vegetal de su alrededor le pareció aterradora; pero ahora era exquisitamente hermosa e incluso reconfortante.
Los colores de la selva tropical parecían mucho más vivos, a pesar de que comenzaba a caer la noche. Las flores trepaban por los troncos y estallaban en el suelo. El goteo de la humedad parecía un sonido musical en absoluto molesto. Sakura sentía como si la tierra que pisaba la reconociera por primera vez y le comunicara que aceptaba su presencia. La hostilidad que sentía era de una fuente externa, alguna fuerza sutil que todavía no podía identificar, y la percibía como si se estuviera enredando en la selva como una enfermedad. Detrás de ella, el porteador Capa murmuró algo en su propia lengua mientras cortaba la maraña de enredaderas y flores que brotaban por donde caminaba Nadeshiko. Sakura iba atentamente cerca de su madre, y tapaba sus pasos, por lo que el porteador no podía ver que las plantas que aparecían a través de la espesa vegetación antes no estaban allí.
Su madre volvió a mirarla por encima del hombro y le pareció que estaba exhausta. Sonrió brevemente a su hija y murmuró:
—Te quiero.
Sakura sintió mucho amor hacia su madre y le lanzó un beso.
Por encima de ellas comenzaron a gritar unos monos y la selva estalló en una cacofonía de ruidos. Los monos seguían todos sus movimientos y corrían por las ramas altas de los árboles lanzando ramas y hojas. Algunos blandían amenazadoramente sus ramas y mostraban los dientes... otro fenómeno nuevo para Sakura. Según su experiencia, los monos y los animales salvajes normalmente siempre se mantenían a cierta distancia.
De pronto algo que aterrizó en su espalda la hizo caer al suelo. Unas garras afiladas se aferraron a sus hombros y arañaron su mochila. Habían surgido de los árboles unos monos que la golpearon una y otra vez, y uniendo fuerzas consiguieron hacer que cayera de espaldas. Oyó a Nadeshiko gritar y a Yue maldecir. El sonido del cántico extraño, que ahora lo reproducía Capa, sonó muy fuerte por encima de los gritos de los monos.
—Hän kalma, emni hän ku köd alte. Tappatak ηamaη. Tappatak ηamaη.
Sakura luchaba frenéticamente para quitarse de encima a los monos. Gritó a Eriol y a Yue, e intentó sacar la Glock.
...
Bueno hasta acá el capitulo... que pasara con Nadeshiko :O no les diré nada... muajajaja (risamalvada) Bueno en la seccion respondiendo rewiews:
Hola FLOR: Muchas gracias por tus comentarios (si se me paso algún nombre espero que no lo vuelva a repetir.. me carga cuando pasa eso así que volveré a revisar todo el texto jojojo) Si no puedes comentar tranquila... esperare jajaj te deseo la mejor de las suertes en los exámenes te ira excelente... Muchos cariños y ánimos para ti fighting!
Hola MAR: Que bueno que te atrapó la historia... es genial *O* por eso la estoy adaptando... tranquila faltan elementos para que al fin se encuentren los castaños pero ya vendrá... estaré subiendo los capítulos seguido por que yo también soy lectora y se lo ansiosa que uno se pone por que suban un capitulo nuevo... Espero que este te guste... muchos saludos y nos vemos pronto!
Hola : Que bueno que te gusto la historia... espero que la sigas leyendo y dejando tus comentarios! nos leemos pronto!
No olviden dejar sus comentarios
y nos vemos en el prox capitulo
