Hola... un nuevo día... un nuevo capitulo... sus pañuelos listos...
Recuerden ni los personajes ni la historia me pertenecen... son de Clam y Christine feehan respectivamente...
Disfruten!
...
Cap 6
La Tierra lloraba gotas de sangre como miel que cae de un panel... y una tristeza oscura se expandió por ella. ¡Estaba muerta! Por fin Hinoto estaba muerta. Kamui se hubiera puesto a bailar si hubiese podido hacerlo sin llamar la atención del cazador. Lo había hecho, había destruido a la única mujer que podía vencerlo. Apenas podía contener su alegría. Esperaba un impacto mayor, que el suelo se ondulara y temblara en señal de protesta, e incluso que tratara de tomar represalias contra él, pero no había sucedido nada. Se había hecho más fuerte y ella se había vuelto más débil. A lo largo de los siglos había ido notando el lento declive que había sufrido al no estar con su compañero, y sin él no había sido capaz de aguantar a su nivel.
Lo necesitaba para vivir, pero había elegido estar junto al carpatiano, el arrogante cazador, pensando en que podían derrotarlo. Había elegido mal. Una vez más les había demostrado que era mejor, más fuerte y bastante más inteligente y astuto que ellos. El cazador y su puta habían perdido su juego contra sus habilidades superiores. Siempre había sabido que debía ser más astuto que ellos. Había demostrado en numerosas ocasiones que deseaba ser la mano derecha del príncipe, pero siempre le había dado de lado porque le tenía miedo. Temía que los otros reconocieran en él a un líder natural y se volvieran contra el príncipe.
A pesar de las heridas que le dejó su último encuentro, había logrado levantarse primero, o tal vez el cazador había ardido en el magma. No lo sabía, pero le gustaba la idea. Nadie podía derrotarlo. Ni el famoso Shaoran ni Hinoto.
Ahora, con Hinoto finalmente muerta, su victoria hacía que estuviera casi mareado. Tenía que centrase. Al fin tenía todo lo que necesitaba. Su misión había sido un éxito y ahora era invulnerable. Nada lo detendría. Con Hinoto muerta, y con el nuevo tesoro que había encontrado en su posesión, una vez que estuviese fuera no habría cazador que pudiese destruirlo. El mundo y todas sus riquezas serían suyas.
Kamui se desplazaba deliberadamente con movimientos lentos, a pesar de las ganas que tenía de cargar contra la delgada corteza y empujar con fuerza para salir. Había tenido éxito donde tantos otros habían fracasado porque era paciente y tenaz. Habían cometido un terrible error dejándolo atrapado en el interior del volcán. Lo que pensaron que iba a ser una prisión, una cámara de tortura, él lo había convertido en otra cosa, en algo más. Había descubierto un tesoro de incalculable valor y había tenido todo el tiempo del mundo para planear una venganza que no tendría límites.
Todavía le quedaba huir del cazador y superar la barrera que Hinoto y él habían levantado para mantenerlo cerrado en el interior del volcán. Durante mucho tiempo había examinado esa barrera y en los últimos años la había ido debilitando en un punto determinado sin que el cazador se diera cuenta. Había sido sigiloso, se había mantenido alejado de la zona durante largos periodos de tiempo y había tenido cuidado de no dejar rastros. Como salvaguarda también lo había hecho en otros sitios, pero ya había decidido que esta sería su verdadera vía de escape en caso de que las otras fallasen. Esta era su oportunidad y no quería perderla delatando su posición antes de tiempo.
Kamui no podía arriesgarse a tener otra batalla con el cazador. Aunque se hubiese vuelto más fuerte, tenía que contar con Shaoran, un cazador implacable que conocía desde la infancia, al que llamaban «el Juez». Incluso de niño ya era un guerrero serio y todos, incluido el príncipe, sentían un gran respeto hacia él. Kamui había hecho todo lo posible por fingir ser su amigo, pero ver a todo el mundo humillarse a su alrededor le resultaba repugnante.
Pero él era inteligente, mucho más de lo que nunca lo sería Shaoran, y el príncipe debió de haberlo visto. Los demás también. Él había sido ofendido en innumerables ocasiones. Todos le tenían celos, sobre todo sus hermanos. Le habían dicho que era un enfermo y que su corazón era negro solo porque no mataba limpia y fríamente como hacía el Juez. Pero él disfrutaba viendo morir a los condenados. Se lo merecían. Habían sido condenados, así que ¿por qué no divertirse un poco después del tiempo y el esfuerzo que les había dedicado para darles caza? Solo era asunto suyo la forma cómo acababa con sus enemigos.
Y los humanos eran forraje. Alimento. Sus mujeres eran juego limpio. Le emocionaba mirarlas a los ojos mientras tomaba sus cuerpos sin su permiso delante de sus hombres, que tenían que observarlos horrorizados y totalmente indefensos, como si fuesen niños. De la misma manera, torturaba durante horas a los animales que se encontraba por ahí. Ver en sus ojos el sufrimiento y cómo la vida los abandonaba era emocionante. El príncipe y sus hermanos no querían reconocer que eran de la misma naturaleza. Ellos no lo hacían porque se suponía que eran civilizados. El príncipe quería «domesticarlos», dominar sus instintos depredadores naturales.
Kamui se había esforzado para que el príncipe entendiera el daño que le estaba haciendo a su pueblo. Los hombres se habían alejado de sus emociones porque su verdadera naturaleza estaba siendo reprimida. Si él podía sentir sin su compañera, la mujer que lo mutilaba y lo obligaba a amoldarse, lo transformaba y le arrebataba la esencia misma de su ser, a los demás cazadores les iba a pasar lo mismo. Las mujeres los limitaban y se convertían en conejos en lugar de estar en la parte superior de la cadena alimentaria, que era lo que les correspondía.
Sus hermanos intentaron que dejara de aconsejar al príncipe. Todos eran unos cobardes. Sabían que tenía razón, pero temían el destierro y la pérdida de su estatus si discrepaban con el príncipe llorón. Él, por el contrario, no tenía miedo. Sabía que tenía razón. Tenía el cerebro y la fuerza para hacer lo correcto. Podía tener lo que quisiera, no vivir sujeto a los dictados de un hombre sin visión.
Pero ahora, al fin, las cosas iban a ser diferentes. Hinoto estaba muerta y él pronto estaría libre para gobernar el mundo, como debería haber sido desde un principio. Emergió ascendiendo poco a poco, esforzándose por controlar su ímpetu, muy consciente de que cualquier ruido atraería la atención del cazador. Se recordaba a sí mismo lo cerca que estaba, solo necesitaba hacerlo bien y moverse lentamente dejándose llevar por los gases que ascendían hacia la barrera hasta llegar al punto donde era más delgada. Tenía que medir el tiempo al milímetro. Sintió que el cazador se estaba moviendo. No había muerto. Kamui sabía desde el principio que no sería tan fácil.
Su corazón se sacudió con fuerza y envió una descarga eléctrica a través de su cuerpo. Se le cortó el aliento, pero también sintió una profunda satisfacción. Podía sentir lo que otros no podían. Había evolucionado y tenía un propósito superior. Su encarcelamiento solo lo había hecho más fuerte y decidido. Podría escapar evitando a Shaoran. Sin Hinoto siguiéndole la pista, el cazador ya no tenía ventaja.
A Kamui le latían y le ardían las venas después de todos estos años reprimiendo su necesidad de sangre, y su ansia era más intensa que nunca. Anhelaba ver el rechazo y el horror, el miedo terrible de sus víctimas mientras decidía si vivirían o morirían. Siempre elegía al guerrero más fuerte para matarlo. Lo torturaba deliberadamente para que los demás vieran lo inútil que era resistirse. Podía poner a pueblos enteros unos contra otros. Que sacrificaran a sus hijos cuando se lo exigiera. A sus hijas jóvenes. A sus primogénitos.
Se alimentaba del terror. Para él el miedo era tan importante como la sangre. Lo necesitaba como si se tratase de un alimento exquisito. El delicioso terror. Cuanto más pensaba en la gente temblando frente a él, suplicando por sus vidas, más fuerte era su deseo. Había pasado demasiado tiempo sin comida y ansiaba la adrenalina que generaba el temor en la sangre de sus víctimas cuando se la bebía.
Flexionó sus músculos mientras seguía ascendiendo hacia la barrera que lo separaba de la cima del volcán, el lugar donde debía encontrarse cuando finalmente entrara en erupción. Sin Hinoto para calmarlo, la explosión iba a ser catastrófica e iba a aplastar y acabar con todo en varios kilómetros a la redonda. Su plan ya estaba en marcha y nada lo detendría. Ni una mujer tonta ni el cazador carpatiano. ¡Sería libre e iba a ser el rey supremo!
El viento corría montaña abajo y unas impresionantes nubes negras que subían hasta la parte más alta de la atmósfera se arremolinaban con una rabia oscura que no presagiaba nada bueno, y hacían que ascendiera la temperatura. Un rayo se bifurcó en el cielo y unos latigazos de corriente eléctrica chisporrotearon llenos de ira. Sakura sintió los gases volcánicos con sus vapores tóxicos bajo sus manos, y también algo más. Algo terriblemente maligno. Había llevado a esos hombres para que la acompañaran ante el peligro, pero si permanecían donde estaban y no conseguía frenar la explosión o redirigirla, todos morirían.
—Miguel, tienes que reunir al resto del grupo y sacarlo de aquí —le ordenó mientras agarraba las cosas de su madre—. El volcán va a estallar, puedo sentir cómo va aumentando la presión en el suelo.
Más aún, podía sentir cómo se extendía el triunfo del mal por debajo de la superficie. Ya no dudaba de lo que le había contado su madre. El mal era tan grande que se le revolvió el estómago. Era la fuente que había dirigido el asesinato de su madre. Los porteadores habían sido meros peones, igual que los insectos y los monos. Un gran júbilo triunfal manaba del suelo.
Continuaron las sacudidas y la selva no dejaba de temblar. Sakura no esperó a ver si Miguel le había obedecido, todos tenían que saber que la erupción era inminente. Comenzó a correr por el estrecho sendero que conducía a la montaña. No iba a internarse en la selva nubosa, pero quería acercarse lo suficiente. Miró por encima de su hombro y vio que los hombres vacilaban.
—Márchense ahora —les urgió—. ¡Tienen que bajar corriendo!
—Sakura, ya es demasiado tarde —le dijo Eriol mientras se agachaba, cogía su mochila y salía corriendo tras ella—. No puedes estar en la montaña cuando entre en erupción.
A Sakura no la detuvo conocer su preocupación. Si no podía aliviar la presión del volcán o redirigir la explosión, ni siquiera el arqueólogo y sus alumnos estarían a salvo. Sería parecido a una bomba atómica y arrasaría con todo en muchos kilómetros. Oía el ruido de las botas de Eriol detrás de ella. También las de un segundo y un tercer hombre. No importaba. No podía detenerlos. En este punto cada cual tenía que hacer sus propias elecciones y la suya era la de intentar salvarlos a todos. Hacer un último esfuerzo para mantener atrapado en el volcán a cualquier ser maligno que allí habitara.
Con cada paso iba valorando los temblores de la tierra. ¿Cuán cerca estaba? ¿Con qué frecuencia? Para hacerlo tenía que llegar tan lejos como le fuera posible, y que además le diera tiempo a conectar con el volcán para poder llevar a cabo el ritual. Intentaría dejar al mal encerrado en el interior de la montaña hasta que se calmara y redirigiera la erupción lejos de los viajeros. Solo podía rezar para que no hubiera nadie al otro lado de la montaña, ya que si no podía detener la explosión, al menos intentaría, en la medida de lo posible, que fuese menor.
El suelo se sacudió con fuerza y sonó una especie de trueno que le hizo perder el equilibrio. Eriol la cogió del brazo para sostenerla y siguieron corriendo juntos. Yue iba justo detrás de ellos. Por una parte hubiese deseado que no la hubiesen seguido, pero por otra se alegraba de que estuvieran allí. Estaba casi segura de que no conseguiría salir viva de la montaña en llamas y su presencia la ayudaba a tener determinación y coraje; no luchaba solo por ella misma. El siguiente temblor fue mucho más fuerte que el anterior. Duró un largo minuto, lo que le advirtió que ya no quedaba tiempo. Se detuvo de golpe y tiró las cosas de su madre al suelo.
—Tiene que ser aquí. No es el sitio exacto, pero si tenemos suerte lo podré hacer.
—Te podemos ayudar —le dijo Eriol—. Ya hemos participado en un par de rituales. Dinos lo que necesitas que hagamos.
Sakura no les iba a preguntar cómo sabían lo que había que hacer cuando ella escasamente lo sabía. Simplemente no había tiempo, pero si por alguna casualidad conseguía que se obrase el milagro, después les iban a tener que responder a muchas preguntas. Abrió el paquete con las cosas de su madre y sacó una pequeña escoba de mano hecha con ramas de sauce atadas. A toda prisa se puso a barrer un círculo lo suficientemente grande como para que cupiesen ella y los tres hombres. Se movía al contrario de las agujas del reloj e iba limpiando el suelo mientras susurraba una oración para invocar a los cuatro elementos.
Sakura había visto a su madre realizar el ritual para contener al volcán muchas veces, pero ahora le tocaba hacerlo a ella y había muchas cosas que ignoraba. Tenía que deshacer las hebras del poder maligno que lo impregnaban todo y tejer largos hilos lo suficientemente fuertes como para contener al mal, manteniéndolo dentro de sus propios límites e impedir que se liberara.
—Pon sal —le indicó a Eriol—. Sigue el círculo. Yue, hay salvia.
—La tengo —contestó este.
Encendió la salvia y dio tres vueltas alrededor del círculo limpiando la zona y cantando en voz muy baja.
—¿Qué demonios estás haciendo? —preguntó Hideki. El suelo no dejaba de moverse y los temblores cada vez duraban más y eran más fuertes—. Tenemos que salir de aquí.
—Intenta alcanzar a Miguel y a los demás —le dijo Eriol sin levantar la vista mientras terminaba de hacer el círculo de sal.
—No, sea lo que sea que estéis haciendo quiero ayudar —le respondió—, pero esto es una locura.
—¿Podéis sentir el mal? —susurró Sakura.
Ahora podía sentirlo, real y poderoso, y le llegaba a oleadas... su cruel triunfo por haber asesinado a su madre. Con su madre muerta se creía a salvo, y hasta ahora no había sabido que ella también le seguía el rastro.
—Sigue trabajando, Sakura —le dijo Yue—. Vamos a explicarle Hideki todo lo que sabemos.
Sakura estaba agradecida. Tenía que desprenderse de todas sus emociones, incluso de la terrible urgencia del momento, estar en completa calma y concentrase para tener alguna posibilidad en su lucha contra un mal tan grande. Hizo un gesto a los hombres mientras se levantaba invitándolos a entrar en el círculo protector que acababa de hacer. Esperaba que aunque fuera derrotada, ese pequeño espacio fuese lo suficientemente seguro como para protegerlos.
Se acercó al círculo, visualizó la luz más brillante que podía imaginar y levantó una daga ritual de doble filo con el mango negro. A medida que el círculo ganaba en profundidad, Sakura dibujó los cuadrantes y colocó las torres. Invocó a los elementos. El Aire al Este, el Fuego al Sur, el Agua al Oeste. Por último, susurró al Norte que llamara a la Tierra. La Madre Tierra. Obligó a su mente a concentrarse en conseguir su protección y se aisló de los hombres que se movían a su alrededor.
Se puso de rodillas en el centro del círculo y hundió sus manos en la tierra, completamente concentrada en contener al mal. Dio unos golpes muy rápidos y fuertes usando cada gramo de fuerza que poseía.
—Te conjuro oscuridad para que no hagas daño.
Ni a mí ni a quienes se rindan a tus encantos
Te conjuro oscuridad para evitar que te liberes
Y quedes encerrada lejos de cualquier mirada.
La reacción fue instantánea. Conmoción, miedo y rabia. Salieron de la tierra unos insectos que corrieron hacia el círculo que los rodeaba emitiendo chasquidos y chirridos muy agresivos. Los murciélagos volaron hacia ellos desde todos los lados, pero no cruzaron el círculo mágico. La maldad, intensa y opresiva, los aplastaba. Un relámpago zigzagueó en el cielo y un largo trueno estalló en la noche e impactó a pocos metros del círculo. El siguiente contraataque del mal fueron una serie de bolas de fuego que cayeron contra el suelo como meteoritos.
Hideki quiso escapar, pero Eriol y Yue lo cogieron de un brazo y lo detuvieron.
—No salgas del círculo. Es el único lugar seguro en estos momentos —le advirtió Eriol.
—No atraigas la atención hacia ti —agregó Yue en susurros—. Está luchando por su vida. O ella consigue mantenerlo encerrado en el volcán o quedará suelto en el mundo. Ya has visto algo de lo que es capaz de hacer desde la distancia, y no querrás que la criatura se fije en ti.
Sakura no les hacía caso, pues apenas era consciente de su presencia. Sin previo aviso, algo se movió en su garganta, dentro de su cuerpo. Unos colmillos la estaban desgarrando y un ácido ardiente hacía que se atragantara. Unas garras llenas de odio la arañaron. Era la criatura que había asesinado a su madre. Y ahora era plenamente consciente de su existencia y tenía su atención centrada en ella.
Pero se negaba a permitirse que hubiera odio en su mente. Era su deber, su trabajo. No podía haber maldad y abrir una puerta por la que pudiese entrar en su cabeza. Su juego era crear ilusiones, pero ella era más fuerte.
Sakura se negó a ceder ante el deseo de tocarse la garganta y saber si la sangre que le salía era real o no. Volvió a cantar suavemente en susurros para encadenar al ser maligno en el interior del volcán.
—Invoco a la luz para que me protejas con tu poder.
Mantén al mal bajo el suelo, mantenme a salvo de cualquier mal.
Encuentra a quien lo envía y persíguelo,
y haz que la oscuridad responda a su ataque.
Haz que su mecha sea corta y brillante,
y que maldad no triunfe esta noche.
El ser maligno se resistía con fuerza a retroceder y atacaba su garganta una y otra vez. Estaba en carne viva. Le quemaba. La desagarraba por completo. Apenas pasaba el aire por sus destrozadas cuerdas vocales y le salía mucha sangre de la yugular, que empapaba su ropa y manchaba el suelo.
—Encuéntralo. Átalo. Mantén al mal encadenado.
Forjado en fuego. Tallado en la roca.
La Tierra le habló en susurros para darle confianza y seguridad. Sakura seguía con las manos enterradas en el suelo, apretó los puños con fuerza, sujetó al mal y se negó a soltarlo por más que luchara y se retorciera. No le importaba que la apuñalara para intentar arrancarle las entrañas. Un gran dolor estalló en su cuerpo y sabía que si bajaba la mirada, iba a ver su estómago desgarrado y su sangre derramándose por el suelo.
—Invoco a los espíritus y a la Tierra.
Que se forme un capullo yermo.
Cubre ese espacio con un cristal negro
que rodee este mal, lo contenga
y lo mantenga encerrado para siempre.
Hinoto. Emni hän ku köd alte. Tõdak a ho ćaδasz engemko, kutenken ćaδasz engemko a jälleen. Andak a irgalomet terád it.
La voz inundó su mente y le congeló la sangre. Sakura luchó por controlar el miedo. Estaba dentro del círculo de protección y se negaba a dejarse intimidar. Haciendo un gran esfuerzo consiguió dominar su terror y se concentró en las palabras que había escuchado. El mal había pronunciado el nombre de su antepasada. No había entendido el resto, pero reconoció el idioma al instante, pues era el mismo que farfullaba el porteador una y otra vez. El ser maligno la conocía, o más bien a su antepasada, y creía que aún estaba viva. Darse cuenta de esto le proporcionó una valiosa información que no tenía antes. Quien quiera que fuese este ser, no era todopoderoso y cometía errores. Por otro lado... en su voz, además de la amenaza, pudo sentir su miedo. Temía a Hinoto. Era lógico, teniendo en cuenta que había sido ella la que lo había encerrado en el volcán y lo había mantenido allí durante siglos. De hecho, podría ser incluso lo único a lo que le tenía miedo.
Si el ser maligno temía a Hinoto quería decir que tenía razones para hacerlo y eso significaba que de alguna manera era vulnerable. Respiró hondo, y lo encerró apretando sus puños con fuerza para mantenerlo prisionero.
Otro temblor sacudió con fuerza la montaña y lanzó a los hombres al suelo. Con las manos hundidas profundamente en la tierra, Sakura sentía que el volcán se revelaba. La explosión haría estallar la cima de la montaña y destruiría todo en un radio de muchos kilómetros. Nadie estaría a salvo, ni siquiera los arqueólogos y los porteadores que se habían marchado antes. Los alcanzaría igual que a todos los animales y tribus que se encontraran en la zona. No le quedaba más remedio que intentar calmar a esa fuerza poderosa, o en su defecto, redirigir la explosión para hacer que se alejara de ellos.
—Llama de fuego, enciende tu luz.
Que tu brillo resplandezca ante tus ojos,
que tu brillo queme mis entrañas.
Para saber por dónde empezar,
dame la luz del fuego encendido
para que pueda retenerla
a pesar de sus vaivenes.
Cantaba en voz baja con mucha elocuencia mientras mantenía las manos enterradas acariciando y tranquilizando la tierra, abriéndose camino para llegar hasta las agitadas masas de gases y las rocas fundidas.
—Tenemos que salir de aquí —les grito Hideki—, ahora mismo. Esto va a explotar.
Yue y Eriol lo sujetaron para que no saliera del círculo.
—No hay manera de escapar de un volcán —le advirtió Eriol—. Ella es nuestra única esperanza. No tengo ni idea de cómo lo puede hacer, pero es evidente que la montaña le responde.
—¿Qué demonios puede hacer? —inquirió Hideki.
Sakura no les hizo caso, canalizando todo su poder y energía hacia el interior de la Tierra. El suelo no dejaba de sacudirse y temblar, y ella sentía que aumentaba su fuerza.
—Que el fuego me lleve a la luz.
Que esta noche guíe mi mano
para que pueda luchar.
Enséñame mi fuego
para que pueda guiar
la energía del volcán.
No iba a ser capaz de detener la explosión, pero percibía que reaccionaba a su presencia. Necesitaba de toda su fuerza y energía para controlar al volcán y guiarlo lejos de ellos..., aunque para eso debía soltar al ser maligno que tenía fuertemente sujeto. Cerró los ojos y tomó la decisión. Si todos morían, igual se iba a escapar. No podía hacer ambas cosas. Se apartó bruscamente y recitó en silencio una oración para que el mal siguiera encerrado, incluso después de que explotara el volcán.
Al instante sintió el eco de su júbilo malvado y sus risas burlonas. Pero ese fracaso ya no le parecía importante. Ahora se trataba de redireccionar la explosión, y calmar al volcán para evitar una catástrofe.
—Llama rojiza, luz ámbar, desvía este fuego y contenlo.
Espada y daga, hacha con dos cabezas,
que la sangre del dragón contenga la explosión del volcán.
Salamandra que vive en el fuego,
crea un túnel para este río ardiente.
El volcán arrojó cenizas y salieron columnas de vapor desde varios respiraderos. Disparó rocas ardientes al aire y parecía que bufaba, como si la gran montaña necesitara expresarse. Además, estallaban relámpagos que formaban grandes zigzags en el cielo.
Sakura se mantenía firme, negándose a retroceder.
—Relámpago triangular, usa tu luz
para contener sus poderes,
y añade fuerza a su gran potencia.
Volvió a tomar aire, cerró los ojos y envió sus plegarias al cielo y a lo más profundo de la Tierra.
—Madre Tierra, tu humilde hija necesita tu ayuda una vez más. Vives, respiras y siempre cambias tu estado natural. El fuego ruge dentro de ti, pero tu hija te pide que tapones ese fuego y lo alejes de nosotros. Su liberación es necesaria para el desarrollo de este mundo, es cierto, pero te pedimos que nos concedas este beneficio.
Lo hizo lo mejor que pudo. Si no había conseguido calmar lo suficiente al volcán como para minimizar los daños, todo estaría perdido.
Hinoto lo había engañado totalmente. Kamui quería desgarrar y despedazar algo que tuviese sangre caliente. Su ira crecía a medida que luchaba contra el apretado tejido que lo cubría. Ahora ella era mucho más fuerte que nunca. No había vacilado en absoluto. Con los años parecía que había perdido su fortaleza, pero ahora era muy poderosa y tenía una fuerza con la que no contaba.
La notaba diferente, pero habían pasado siglos desde que había probado su sangre caliente. Ese había sido su único error. Debería haberla matado inmediatamente después. Una vez que probó su sangre quedaron unidos para siempre. Incluso entonces pensaba que ella era débil, pero ahora no lo era. Ni siquiera se había estremecido ni suplicado. Lo había atacado con fuerza y sin la menor vacilación, algo que nunca había hecho antes.
Gruñía y rechinaba los colmillos, y la ira y el odio le daban fuerzas. No se había dignado a hablar con él. Le gustara o no, era su compañera y le pertenecía. Podía elegir entre dejarla con vida o dejarla morir. Él era superior y siempre lo sería.
Luchó con más fuerza para liberarse de sus apretadas ligaduras. Hinoto siempre había tenido una conexión con la Tierra, pero ahora parecía más fuerte que nunca. En el momento en el que ella se vio obligada a poner su atención en otro lugar, debería haber sido capaz de liberarse, pero lo seguía sujetando con fuerza. Estaba inmovilizado y no podía llegar hasta el punto de la barrera que le había costado tanto trabajo rebajar.
La maldijo y también al hecho de que solo ella tuviese la capacidad de incidir en él. Debería haberse asegurado de que estuviese muerta. Gracias a ella el cazador lo había encontrado una y otra vez durante siglos. Lo había dejado atrapado en ese lugar y no le había permitido volver a salir. Ahora ella era lo único que se interponía entre él y su triunfo. Era su pesadilla. Si no conseguía librarse de las cadenas que le había puesto rápidamente, se quedaría allí atrapado para siempre.
Luchó con más ahínco. Se concentró en encontrar cada una de las ligaduras que se habían pegado a él para mantenerlo atado a su ardiente prisión. Hinoto había urdido un hermético hechizo y la propia Tierra se había sumado a ella. Siempre le había producido un gran desagrado que las plantas le hicieran caso a ella y no a él. Lo había intentado durante los primeros años. Después de verla pasear por un campo de flores haciendo que las plantas brotaran a su paso quiso hacer lo mismo, pero la Tierra se negó a hablar con él. El rechazo había sido tan grande y espontáneo que había hecho que aborreciera cualquier tipo de vegetación. Despreciaba todo lo que pudiera preferir a una mujer débil antes que a él.
Kamui siempre había considerado que Hinoto era unidimensional: era buena en todos los sentidos. No sabía ser otra cosa. Estudió la forma en que las ligaduras lo tenían encadenado al interior del volcán. Esto le dio una gran información sobre su adversaria. Al igual que él, Hinoto había evolucionado a lo largo de los siglos y estaba muy cambiada. Gracias a ello era más poderosa. De hecho, las ligaduras solo le revelaron que era una adversaria a tener en cuenta, pero nada personal acerca de ella. No había dejado ninguna emoción que lo ayudara a derrotarla.
Eso lo irritó. Se suponía que ella debía estar languideciendo por él. Los tejidos de las ligaduras tendrían que contener tristeza, y aquella ridícula e inútil esperanza que no conseguía reprimir cada vez que habían estado juntos en el pasado. No importaba lo que hubiese hecho, en lo depravado que se hubiese convertido, ella siempre se aferraba a esa pequeña esperanza de que podría «salvarlo». Nunca se había dado cuenta de que ni lo necesitaba, ni lo quería. Era una estúpida. Le resultaba insultante que pensara que tenía el poder de convertirlo en un conejo acobardado como el resto de su especie.
Mientras recordaba aquellos días se fue llenando de odio. Destruiría a Hinoto en su momento, pero primero tenía que escapar. No iba a ser derrotado por una boba estúpida, una mujer que se creía especial porque podía hacer que crecieran las flores.
La montaña se sacudió con fuerza y él sintió una sutil diferencia casi de inmediato. Hinoto había apartado la atención de él y las ligaduras que lo tenían atado. Luchó contra el impulso de forcejear, de entrar en pánico cuando la explosión podía estallar en cualquier momento. Concentró su mente en una de las ligaduras que lo ataban, y así siguió una tras otra. Tendría que romper esas cadenas para conseguir escapar.
Kamui trató de recordar cada detalle de su reciente encuentro con Hinoto. Lo había impresionado, incluso, horrorizado. Estaba tan seguro de que estaba muerta. Ella no le había respondido, ni tampoco había hablado, y él no había podido buscar en su mente en cuanto tuvo la oportunidad. Se quedó muy quieto intentando llegar a ella cuidadosamente. Si hubiera sabido las palabras con las que lo había atado, podría haberse deshecho de esas ligaduras con bastante facilidad. Solo tenía que entrar en su cabeza. Era su compañera. Su sangre podría responder a la llamada, pero tenía que hacerlo con mucha delicadeza.
Reprimió toda su ira, lo que no le resultaba fácil ya que Hinoto tenía la culpa de todo lo que le había salido mal en la vida, pero quería matarla y también a todos los que le importaran. Tocaba las fuertes ligaduras con sumo cuidado, buscando un vínculo con ella. Se le revolvía la sangre, pero se mantuvo frío. Silencio. Vacío. No hubo ningún contacto. Si no la hubiera conocido bien, diría que estaba muerta.
Desconcertado, cambió de táctica. La sensación de urgencia aumentaba a medida que la montaña retumbaba y soltaba gases. Debajo de él la masa ardiente crecía y amenazaba con estallar. De pronto sintió algo diferente, como si las ligaduras se hubiesen aflojado un poco, como si ella no las hubiese fijado lo suficiente antes de volver su atención hacia otra cosa. Hasta el momento lo había mantenido sujeto con fuerza y ahora esas mortíferas sujeciones ya no existían.
Triunfante, golpeó con fuerza y desgarró los tejidos, pero después de su ataque sin cuartel lo seguían reteniendo con más fuerza de lo que esperaba. Ejerció toda la presión posible sobre sus ligaduras y luchó contra el pánico, pues temía que su lucha pudiera atraer la atención del cazador. Shaoran también se había convertido en alguien más fuerte ahí en el volcán, y era esencial evitarlo.
Las ataduras que seguían apretándolo inesperadamente se deshicieron y quedó libre. Kamui, muy entusiasmado, trepó rápidamente hasta el lugar de la barrera que a lo largo de los siglos había conseguido rebajar. Necesitaría unos segundos para abrirse paso y cuando el volcán entrara en erupción saldría por uno de los respiraderos junto a los gases. Se llenó de alegría y júbilo. Era una victoria, y ya nada ni nadie podrían detenerlo.
Shaoran atravesó el enfurecido volcán por las galerías inferiores como solo podía hacerlo un dragón y se dirigió hacia la parte más alta, donde estaba la barrera. Sintió una sutil diferencia en la Tierra, un remanso de tranquilidad, una mano que acariciaba el volcán y calmaba la incipiente explosión que podía hacer volar la cima de la montaña y destruirlo todo en un radio de varios kilómetros a la redonda.
¿Hinoto? Envió su llamada, aunque estaba seguro que hacía mucho tiempo que había abandonado la Tierra. Había percibido su muerte, el luto de la montaña cuando desapareció. Si estuviese viva su sangre hubiese llamado a la suya. Aun así la sentía, su calidez, su energía... Sentía todo eso. Incluso más.
No hubo contestación a su llamada. Si Hinoto estaba cerca, y él sabía que había alguien intentando calmar al volcán, su intercambio de sangre le habría permitido contactar con ella.
Habían sido amigos desde mucho antes de la traición de Kamui, y los siglos que habían pasado viajando juntos habían hecho que profundizaran aún más en esa amistad. Estar cerca de Hinoto le había permitido experimentar algunas emociones. En ese sentido era única proporcionando consuelo a los guerreros de su pueblo, y él prácticamente había nacido siendo uno de ellos, pues tenía el don de desentrañar al mal. Podía olerlo y percibirlo en el interior de los carpatianos, y en cuanto conoció a Kamui vio su corazón podrido.
El volcán le susurraba mientras avanzaba por sus cavidades ardientes. Le habló de una mujer con poderes curativos, una auténtica hija de la Tierra. Shaoran enseguida advirtió que estaba metiendo las manos en el suelo. El volcán se agitó en respuesta. Sintió la reacción instantánea no solo del volcán, sino también la del suelo, la del corazón de la Tierra y la de su propia sangre. Le era familiar en casi todo. Era Hinoto y, sin embargo, era distinta. Esa mujer era una fuerza a considerar. Si Hinoto era dulce de la cabeza a los pies, esta mujer tenía calor y fuego en el corazón.
Continuó avanzando a través del laberinto de lava formado por galerías y cuevas para dirigirse a la barrera. Sin duda Kamui estaría pensando que cuando el volcán explotara podría escapar a través de ese pequeño hueco en el que el vampiro había estado trabajando durante siglos para rebajar su pared. Shaoran siempre supo lo que Kamui había estado haciendo.
Nunca había descubierto al no muerto trabajando para hacer la barrera más fina. Siempre retiraba los restos, pero Kamui no había contado con algo: el intenso vínculo de sangre que había entre las parejas. Había expandido deliberadamente su mal por toda la montaña para que a él le fuera imposible localizarlo, ya que su olor estaba impregnado en cada piedra afilada y cada masa de lava. Pero había hecho esa vía de escape demasiado tarde. No había tenido en cuenta que Hinoto y él habían intercambiado su sangre tantas veces a lo largo de los siglos mientras lo perseguían, que la primera vez que había comenzado a horadar para hacer la barrera más fina, él habría podido utilizar ese vínculo para darle caza. Sin embargo, recordaba dónde estaba el sitio.
La sangre de Hinoto no dejaba de llamar a Kamui, e igual que la Tierra reivindicaba cada vez más a Shaoran como su hijo, y su sangre había comenzado a hacer lo mismo. Solo tenía que escuchar. Ahora, con el espíritu del dragón viviendo en su interior, contaba con una ventaja que antes no tenía: sus sentidos de la vista y del olfato se habían agudizado mucho más que nunca. El calor del volcán lo alimentaba en lugar de consumirlo. Antiguo y Shaoran habían mejorado al compartir el mismo cuerpo y todos los sentidos. En esos momentos sabía exactamente dónde estaba el no muerto. Podía sentir al vampiro luchando contra las ligaduras con las que lo había dejado atado esa mujer.
Kamui se había colocado a la derecha de la estrecha barrera, justo donde estaba seguro de que lo haría. Shaoran envió un pequeño agradecimiento a la mujer y a Hinoto. Por fin iba a destruirlo, cumpliendo con el deber que tenía con su pueblo, y sería libre para comenzar otra vida. Se movió rápidamente y aumentó poco a poco la velocidad a medida que avanzaba por el sinuoso laberinto formado por miles de habitáculos y amenazadores pozos de magma burbujeante. El calor y el vapor se arremolinaban formando una densa niebla. Usó los ojos del dragón para ver el camino a través de la tormenta y poder llegar corriendo a atrapar a Kamui donde todavía estaba atado.
El volcán se tomó un respiro y se apaciguaron los torbellinos. Esa terrible calma era el anuncio de una violenta tormenta. Shaoran advirtió el momento exacto en el que la mujer dejó de concentrar toda su atención en mantener sujeto a Kamui, para intentar evitar la catastrófica explosión. No podía culparla, tenía gente a la que salvar, y él hubiera hecho lo mismo. Aceleró aún más mientras corría a través de las dos últimas cámaras para llegar hasta el punto más frágil de la barrera donde sabía que lo encontraría.
Oyó las risas de júbilo de Kamui cuando se liberó de sus ataduras y rompió el punto más fino de la barrera. Shaoran lo golpeó desde un lado, y se estampó contra el cuerpo del no muerto arrastrándolo hacia abajo lejos de su objetivo.
Kamui gritó cargado de frustración y rabia intentando darse la vuelta y poner distancia entre ellos. Shaoran era demasiado rápido y fuerte, y se mantuvo cerca, pecho con pecho. Y entonces le clavó el puño profundamente, enterrándolo a través de sus músculos, sus huesos, sus tejidos, hasta llegar al corazón.
Shaoran miró fijamente los ojos completamente negros de Kamui. Los ojos de la locura, de un monstruo sin alma. Había nacido defectuoso y deliberadamente había destruido todas las cosas buenas de su vida. Entonces sintió la superficie de ese corazón oscuro y marchito. Con las uñas, duras como diamantes, siguió desagarrando el pecho del vampiro para llegar más adentro, intentado alcanzar el único órgano que le garantizaría la desaparición de Kamui.
Este se revolvía y gritaba mientras arañaba con sus garras la cara de Shaoran. Le hizo unos profundos surcos desde los ojos hasta la mandíbula. Después le dio un gran golpe en el pecho intentando llegar al corazón del cazador antes de que el carpatiano le extrajera el suyo.
En la cámara las rocas fundidas por el calor estaban entrando en erupción, y salían disparadas hacia arriba chocando con la barrera que había construido Hinoto. El calor era tan intenso que la barrera se estaba derritiendo claramente, y sus pieles junto a ella. La de Kamui le colgaba de la cara, como si se hubiese vuelto demasiado fina, y se le desprendía del cráneo y los huesos. Shaoran sabía que su propia piel, aclimatada al volcán, no aguantaría mucho más tiempo el inmenso calor que nacía desde el mismo centro de la Tierra. No importaba.
Nada importaba más que destruir a Kamui. Le hubiese valido la pena que el vampiro le arrancase el corazón y lo tirase a la piscina burbujeante de lava y rocas incandescentes, a cambio de que desapareciera de este mundo. Shaoran le clavó los dedos más adentro, buscando el corazón del vampiro, y de la misma manera Kamui hacía más grande el agujero que le había hecho en el pecho. Por un momento sintió como si el vampiro estuviera desgarrando su cuerpo con un cuchillo sin filo, pero se olvidó del dolor y se centró en lo que estaba haciendo con su propia mano.
Entonces cerró los dedos y agarró su negro corazón para extraérselo. El vampiro gritó, enloquecido, furioso y le arañó la cara y los ojos mientras con la otra mano seguía horadando su pecho para matarlo antes de que fuese demasiado tarde.
Shaoran le sacó el corazón y mirando a Kamui directamente a los ojos dejó caer su órgano inútil en el pozo de fuego que había debajo. No sentía animosidad hacia el vampiro, tampoco que hubiera triunfado, y no estaba triste. El órgano podrido se calcinó nada más entrar en contacto con el pozo de lava burbujeante.
Pero en lugar de derrumbarse sin vida en sus brazos, como debería haber ocurrido después de que su corazón fuese destruido, los labios de Kamui le devolvieron una grotesca sonrisa que dejó a la vista sus retraídas encías negras y sus dientes rotos y manchados, con los que dio un mordisco en el aire provocando un siniestro sonido.
Triunfante, maligno y todavía muy vivo, de pronto se inclinó hacia Shaoran y le clavó los dientes en la garganta.
...
El mal está por escapar y Shaoran no logro matar al vampiro...
Mia Gracias por tus comentarios y que la historia te esté gustando tanto... acá esta el nuevo capitulo.. y espero que lo disfrutes (ya saliendo de vacaciones espero subir mas capítulos seguidos)
Estaré esperando sus comentarios...
Nos vemooos!
