Luca no se había dado cuenta hasta ese momento, pero estaba agotado física y mentalmente, fue un día lleno de emociones, revelaciones y persecuciones, los pies le dolían y ya no aguantaba los ojos, no podía esperar a llegar a su cama y dormir toda la noche.

Aunque eso sí, se sentía de maravilla al estar de regreso en el agua, como le dijeron a Giulia, no es que fuera vital para su supervivencia, pero estar en su ambiente natural no tenía precio, era como volver a casa después de un largo viaje, las aventuras eran increíbles, pero siempre estaba la comodidad que uno solo podía conseguir en el hogar, es más, si no estuviera tan cansado, Luca estaba seguro que andaría por ahí nadando por todas partes, hacía mucho desde que había estirado su cola y aletas, y ellas estaban agradecidas de estar de nuevo en acción, ahora que lo pensaba, era la primera vez que se transformaba por completo desde su primera mañana en casa de Giulia, ya le hacía falta.

Así como también una buena noche de sueño, por eso se pasó todo el viaje siguiendo a sus padres, en línea recta, ya mañana tendría tiempo de recuperar el tiempo nadando, claro, dependiendo de que decidiera su mamá.

El trayecto pasó sin mucha emoción, cuando llegaron a la comunidad, la mayoría de los vecinos ya se habían metido en sus casas, tan solo quedaban unos cuantos afuera, mirando las estrellas, o apreciando la oscuridad de la noche, las medusas estaban colocados en diversos puntos para iluminar, eran como los postes de luz en la Superficie.

Mientras pasaban, algunos de los vecinos lo saludaban, así que ellos regresaban el saludo, no era hasta que notaban sus ropas humanas que se extrañaban.

—Debimos haber dejado esto en la Superficie —comentó Daniela viendo sus prendas, sintiéndose incómoda ante las miradas extrañadas de los demás.

—No lo sé, a mí me gustan —dijo Luca.

—Sí, pero llaman demasiado la atención —siguió Daniela, evitando las miradas de otros.

Luca tenía que admitirlo, después de todo, estaba seguro que él hubiera sobresalido demasiado de haber entrado en Portorosso con su short de algas.

Cuando llegaron a la casa encontraron a las medusas encendidas, pero no a la abuela.

—De seguro ya se acostó —dijo Lorenzo antes de bostezar, él también estaba agotado, sabía que aún había muchas cosas que hablar con su hijo, pero ya lo harían en la mañana, ahora quería descansar—, buenas noches, hijo.

Se acercó a Luca y le dio un beso en la frente, el chico cerró los ojos mientras disfrutaba del cariño.

—¿No vas a volver a escapar, verdad? —preguntó cuándo se separaron, obviamente sonaba preocupado.

Luca sonrió y negó con la cabeza.

—No, no iré a ninguna parte.

Lorenzo suspiró aliviado.

—Gracias, Luca, ahora sí, descansa hijo.

—Gracias papá, descansa también.

Y con eso Lorenzo pasó a su habitación, Luca lo siguió con la mirada sonriendo, luego miró de regreso a la sala, donde su mamá lo estaba mirando, no se le veía enojada ni molesta, sino aliviada y contenta.

—Mamá… ¿estás bien?

Daniela asintió con la cabeza mientras nadaba hacia él.

—Sí, solo estoy feliz de que estés de regreso en casa —lo enrolló en un abrazo meciéndolo hacia los lados.

Luca solo cerró los ojos mientras la abrazaba de regreso, no recordaba la calidez que tenían los brazos de su madre, hundió su rostro en ella mientras pensaba en lo mucho que la hubiera extrañado de haber escapado con Alberto; pese a todo, era como siempre se decían, se amaban.

Cuando finalmente se separaron, Daniela tomó la mejilla de su hijo con una mano, y lo miró al rostro.

—Descansa, Luca.

—Gracias, mamá, te quiero.

Ella sonrió.

El chico pasó a su habitación, como Lorenzo dijo, su abuela ya estaba acostada y durmiendo, con los ojos abiertos, como era costumbre de ella; Luca sonrió, también la había extrañado, el chico fue hasta su cama y flotó encima de esta, listo para irse al país de los sueños, cuando ella habló:

—Bienvenido a casa, Burbuja.

Luca la miró, y comprobó que su abuela estaba despierta, le guiñó un ojo y Luca sonrió mientras susurraba:

—Gracias, te extrañe abuela.

—Yo también te extrañe, Burbuja —bostezó—, en la mañana me lo contarás todo, ¿de acuerdo?

—Te lo prometo.

Con eso dicho la abuela se dio la vuelta y roncó, Luca se rió y miró al techo, el escondite de Giulia no estaba mal, pero no había nada como flotar, era menos duro, y ayudaba a que su mente descansara mejor, no pasó mucho para que él también cayera dormido.

Luca pasó horas dormido, no fue hasta que la voz de su madre lo llamó que despertó, abrió y cerró los ojos, preguntándose si todo lo que pasó ayer fue verdadero, se movió hasta quedar de pie, al ver la cama vacía de su abuela lo recordó todo, y vaya que fue real.

Miró a los alrededores, notando que ya no estaba en el escondite de Giulia, suspiró sintiéndose un poco mal por ello, no llevaba ni un día y ya los extrañaba.

—Luca, a desayunar —sin embargo, escuchar la voz de su mamá lo hizo sentirse mejor, no solo porque no era tan ruidosa ni aterradora como la imitación de Giulia de una trompeta, sino que también le daba ese sentimiento hogareño, estaba de regreso con su familia.

Estar con Alberto, Giulia y Massimo era genial, pero también lo era volver con su padres y abuela, hacía ya una semana que no comía con ellos, y como le prometió a su abuela, tenía mucho que contarle, si hasta logró impresionar a su mamá con sus aventuras en la Superficie, no podía esperar a ver la reacción de su abuela, quien siempre apoyó ese deseo suyo por explorar, y quería ver si ella tenía sus propias historias que contarle, ahora que ese tema ya no era tan tabú entre ellos.

Sintiéndose renovado por esto, fue nadando hasta la mesa, todos estaban reunidos ahí, Daniela servía mientras que Lorenzo y Libera, su abuela, habían empezado a comer.

—Buenos días a todos —saludó.

Todos le dieron la bienvenida, ya se podía sentir como antes, con toda la familia reunida, el chico nadó hasta Libera y le dio un beso en la mejilla.

—Buenos días, Burbuja.

Luca sonrió y fue a flotar en su lado de la mesa, su mamá regresó con un plato de ostra lleno de huevos de pescado.

—Provecho, Luca —dijo sonriendo tras servirle.

Luca sonrió, vaya que la comida humana era buena, pero extrañaba la sazón de su madre, eso y que prefería comer sin cubiertos, el chico tomó uno de los huevos y empezó a masticarlo, era suave y viscoso, estaba saboreándolo cuando escuchó una voz detrás de él, una que no encontró particularmente agradable.

—¡Luca! —el chico sintió que la comida se le atoraba en la garganta, por suerte pudo tragarla, se dio la vuelta y vio que su tío Hugo estaba ahí—. ¡Qué bueno que estés de regreso!

Aunque le había contado sobre él a Giulia ayer, quedó tan cansado que se olvidó por completo de su tío, aunque no tanto como para notar que se veía diferente de la última vez que se vieron; su pecho ya no era transparente, aunque su estómago todavía lo era, y su piel era de una tonalidad similar a la de Lorenzo, solo que más oscura, bueno, al menos de la cintura para arriba, pues sus piernas y cola aún tenían ese tono azul y gris, sus ojos también cambiaron, ya no eran azules sino marrones, y su esclerótico era amarillo, ahora tenía cejas, pero su antena había desaparecido, y hasta sus dientes eran diferentes, ya no estaban tan separados, ni eran tan puntiagudos, sino que se asemejaban bastante a los de los demás, como de tiburón, ahora era mucho más fácil ver el parentesco con Lorenzo.

Pese a que solo lo había visto una vez, fue una impresión bastante impactante, su aspecto se quedó bien grabado en la mente del pequeño, así que Luca no pudo evitar abrir y cerrar los ojos para asegurarse de que no lo engañaban.

—¿Tío Hugo? —preguntó incrédulo.

Su tío asintió con la cabeza mientras sonreía, Luca volvió a examinarlo con la mirada, era como si Hugo estuviera atrapado en dos formas.

—No debería sorprenderte tanto, Luca —continuó mientras flotaba a un lado de él, su sobrino lo seguía con la mirada—, creí que a estas alturas ya sabías lo que nuestra especie es capaz de hacer.

Luca abrió la boca para hablar, pero no pudo articular palabra alguna.

—¿Gustas, Hugo? —preguntó Daniela ofreciéndole comida.

—Unos pocos, por favor cuñada —respondió amablemente.

Mientras Daniela le servía, notó que Luca no apartaba la mirada de su tío, y que tenía la boca abierta.

—Luca —dijo con tono serio—, no seas grosero.

No estaba bien que viera a su tío como un fenómeno de circo.

—¿Qué…? Oh, lo siento mucho, no era mi intención —respondió apenado el chico, y se agarró su cola con ambas manos, que descortés había sido.

Pero Hugo negó con la cabeza.

—Está bien, Daniela, no hay problema —miró a su sobrino y sonrió—, tu abuela me dice que eres un niño muy curioso, ¿es verdad?

Luca asintió con la cabeza, debía admitir que su tío no le resultaba tan aterrador en esta forma, aún era algo perturbador ver una parte de sus intestinos, pero por lo menos la cara le resultaba más familiar.

—Y como ya has hecho el cambio, deberías saber que nuestra especie es sumamente adaptable.

Luca volvió a asentir con la cabeza, una parte le decía que no tuviera miedo, que Hugo era familia, pero Bruno no le dejaba olvidar aquella noche que se conocieron, como su tío salió de la nada, y su… peculiar apariencia, no solo la idea de tener que estar en el Fondo alejado de todo lo que amaba, sino también tener que ver el aspecto de su tío todos los días, habían sido factores decisivos para querer escapar.

Era algo grosero, pero Luca no podía evitarlo, seguía siendo un niño después de todo.

—Entonces… —empezó Luca, se dijo que sí podía aceptar a los humanos, que eran de una especie completamente diferente, bien podía hacer un esfuerzo con su tío.

«Silencio Bruno», pensó para darse fuerzas.

—Te veías así por… ¿el tiempo que pasaste en el Fondo?

Hugo asintió con la cabeza, tomó un huevo y estaba por devorarlo cuando empezó a toser.

—Oh, lo siento, aún no me acostumbró por completo al oxigeno de acá arriba.

—¿Tú corazón se sigue deteniendo? —preguntó Lorenzo.

—Cada día menos —respondió su abuela antes de probar otro bocado—, ayer solo tuve que golpearlo dos veces, espero que hoy solo sea una.

—Me estoy sintiendo bien, gracias —continuó Hugo, levantó el huevo hasta que estuvo encima de su boca, luego lo dejo caer y se lo paso sin masticar—, mmm, es bueno ver que algunas cosas no cambian.

Había sido algo inquietante, pero Luca lo dejaría pasar, después de todo, se mentiría así mismo si dijera que no estaba intrigado por que otros cambios podrían pasar sus cuerpos en diferentes ambientes.

—¿Cuánto tiempo has vivido en el Fondo? —preguntó.

—Luca —volvió a decir Daniela, preocupada de que su hijo hiciera sentir incomodo a su invitado.

—No, no, está bien, Daniela, Luca quiere saber, y me gusta enseñar —agregó Hugo, puso su atención en su sobrino, estaba genuinamente feliz de que el chico quisiera entablar una conversación—, hace doce años.

Luca abrió los ojos, era la misma cantidad que sus años de vida.

—Tenía que conocer a mi sobrino antes de irme, ¿no crees? —respondió sonriendo.

Luca quería decir que lo recordaba, pero sería una mentira.

—Pero… sí estuviste doce años allá abajo, y aquí tan solo una semana, ¿Cómo es que cambiaste tanto en tan poco tiempo?

Le resultaba más increíble que el hecho de que, en tierra, el cambio ocurría al instante.

—No es nada, Luca, en el Fondo solo se requieren unos pocos días para que te adaptes, allá abajo la presión es mayor, o sí —asintió con la cabeza—, mientras desciendes, tu cuerpo ya se va modificando para sobrevivir, necesitas una antena para no estar por completo a ciegas, y los trozos de ballena flotan por ahí, así que necesitas dientes dirigidos hacia atrás para asegurarte que no escapen.

«Es aterrador, pero a la vez, fascinante» pensó Luca, tal y como explorar el mundo humano.

—Aquí hay inconveniencias, el oxígeno, la luz, pero no pasan de molestias, puedes sobrevivir, por eso tu cuerpo se adapta poco a poco, no siente presión.

Luca entendía, era increíble ver que tan adaptables eran a diferentes ambientes, pero sí ese era el caso…

—¿Crees que eso explique porque el cambio es instantáneo en La Superficie?

Hugo se llevó una mano a su barbilla, mientras reposaba el brazo sobre la mesa.

—Lo he pensado, el Fondo es bueno para pensar, solo estas tú y tus pensamientos, aún deberías considerar ir.

Un pensamiento llegó inmediatamente a la cabeza de Luca:

«Gracias, pero no gracias».

—Yo pienso que, el agua es nuestro ambiente natural, nuestro hogar, por eso los cambios se toman el tiempo que necesiten, porque a pesar de todo, tenemos la seguridad de que estamos en casa, pero cuando salimos a la Superficie, nuestros cuerpos saben que ese no es nuestro ambiente, por eso es tan rápido, saben que es el lugar más hostil.

Luca lo entendía, aunque no estaba totalmente de acuerdo con todo lo que decía.

—Pero… ¿qué tal si la Superficie es también nuestro hogar? ¿Y por eso podemos hacer el cambio? Para poder disfrutar de ese mundo.

Daniela miró a Lorenzo, él a ella, mientras que Abuela solo se rió, cada día estaba más orgullosa de su nieto.

Hugo pareció muy interesado en esa idea.

—¿Por qué lo crees, Luca?

Luca tragó saliva, no sabía si su tío también desaprobaba la Superficie, no sonaba enojado, pero lo conocía tan poco que no podía estar seguro si era explosivo, pero sí es que quería volver con sus amigos, sería mejor que empezara a practicar sus tácticas de convencimiento.

—Mientras estuve allá, hice una amiga, Giulia, es humana pero está bien, ella sabe la verdad, y nos acepta, mi amigo Alberto, que es como nosotros, se quedó con ella y su padre.

Hugo abrió los ojos, sorprendido de oír que un humano era así de tolerante con los monstruos marinos, hasta los aceptaban en sus casas.

—Y un día nos enseñó un libro donde se explica que hay animales allá arriba que viven tanto en el agua como en la tierra, se llaman anfibios, y su nombre significa ambas vidas, porque pueden vivir tanto en un ambiente como el otro, ¿qué tal si somos anfibios? ¿Y el cambio para que podamos vivir esas dos vidas?

A Luca le encantaba como todo parecía conectado, la charla que estaba teniendo con su tío parecía aclarar algunos puntos que hablaron justamente ayer, explicando porque parecían la combinación perfecta entre reptiles y anfibios.

Aunque se guardaría el significado de reptil para él, no creía que su familia quedara contenta con el término.

Lo que sí es que los había puesto a pensar, su tío miró hacia afuera, mientras que Daniela y Lorenzo se miraron entre ellos, y luego de regreso a Luca, sorprendidos por lo que había dicho, el pequeño empezó a incomodarse, ¿Qué tal si se había pasado?

«Santo pecorino», pensó, ya se le estaba pegando demasiado lo de Giulia.

Pero al final, su tío simplemente lo vio, y sonrió.

—Esa es una teoría interesante, Luca —dijo antes de probar otro huevo.

Luca suspiró aliviado.

—Gracias, incluso decidimos llamarnos anfibios de ahora en adelante —todos lo voltearon a ver—, pensamos que suena mejor que monstruos marinos.

Se escuchó un colectivo: Oh, y luego todos regresaron a comer, mientras desayunaban, Luca pudo notar que su abuela lo veía, le guiñó un ojo a lo que Luca sonrió.

«Cada días es más inteligente, está creciendo tan rápido», pensó Libera con mucho orgullo, aunque también con una pizca de dolor.

El ansia por aprender de Luca era enorme, y ahora que había probado lo que la Superficie tenía para ofrecerle, ella sabía que difícilmente lo soltaría, su Burbuja pronto dejaría el nido.