Actualizando.
Bien aquí tienen el segundo capitulo. Nos leemos al final.
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Nuestro Tiempo
Capítulo 2. Nuevos problemas
—Nos vemos, ¿Vienes Fromm? —decía un chico de cabello rubio a otro de ojos verde azul que al parecer estaba platicando con dos de sus compañeras junto al estrado, mientras él se dirigía a la salida de una de las aulas de conferencias que formaban parte de La Academia Especial de Entrenamiento Lake Louis.
—Claro, solo dame un segundo —contestó el aludido mientras se despedía de las jovencitas—. ¡Eh Dio! ¡Espérame no te vayas! —gritó. Al percatarse que su amigo ya se había ido corrió un poco para alcanzarlo.
—¿Cómo salieron tus resultados finales? —preguntó Fromm una vez lo alcanzó. Iba caminando justo a su lado, Dio no parecía tener prisa, pero tampoco se le veía completamente tranquilo. A Fromm le preocupaba que el análisis de las ondas de énfasis de su amigo no estuviera bien. Solo él era testigo de lo mucho que Dio se había esforzado en todo ese tiempo. Desde que decidieron reanudar el entrenamiento para ver si eran capaces de volver a restaurar sus ondas ambos no habían tenido un momento de descanso.
—No quiero hablar de eso —respondió Dio, sin mirarlo, deteniéndose justo frente a la entrada del área de investigación donde estaba seguro se encontraba la doctora y directora del Proyecto de Acoplamiento.
—Pero Dio… —trató de hablar con él. Fromm aún recuerda lo aliviado que se sintió al pensar que ya jamás tendría que volver a usar un valiancer de acoplamiento en su vida, al menos no para luchar, y lo sintió más aún en cuanto vio a Dio reunirse junto a su familia. Para ese entonces todos sintieron la misma calma llenar sus corazones.
—Ya te lo dije, ahora no, hablamos después, ahora necesito hablar algunas cosas con la doctora Elvira —contestó Dio mirándolo de manera seria y profunda, probablemente con la intención de que ya no se preocupara más y dejara de hacer preguntas. Fromm se le quedo mirando como tratando de descifrar lo que cruzaba por su mente.
—Ok, pero te estaré esperando —dijo Fromm mientras observaba como su mejor amigo desaparecía por entre las puertas metálicas.
—De acuerdo —alcanzo a oír, en respuesta.
"Valla que ha cambiado", pensó Fromm lanzando un gran suspiro resignado al aire.
La oficial técnica del Cygnus, Elvira Hill, había sido promovida en una ceremonia de reconocimiento dos semanas después del Tratado de Paz. Sus grandes conocimientos adquiridos hicieron que le dieran el grado académico de Doctora y con ello se transformó en la Directora General del Nuevo Laboratorio de Investigación y Desarrollo de Sistemas Tácticos de Alto Nivel (Novo LIDSTAN como la mayoría lo conocía). En uno de los acuerdos se decidió que ella, junto con otro grupo de investigadores, estarían a cargo de las investigaciones del Proyecto de Sistemas de Acoplamiento, aunque este ya no se desarrollaría con fines militares.
Mientras Fromm buscaba un lugar donde esperar a que Dio saliera, sus pensamientos se detuvieron en todo lo relacionado al trabajo que realizaba Elvira. Recordó que, una vez el proyecto tuvo luz verde, todos los líderes acordaron que las instalaciones de los laboratorios de investigación Novo LIDSTAN estarían junto a la Academia Especial de Entrenamiento Lake Loiuse en Canadá, un país que perteneció a La Alianza. La construcción de las nuevas instalaciones no tomo más de cinco meses y es que se utilizó un edificio que se mantenía fuera de uso dentro de la academia. Los ingenieros encargados del proyecto remodelaron y adaptaron los diferentes espacios, y para cuando ya todo estuvo listo, incluyendo el personal, solo habían pasado exactamente 4 meses con 10 días. Fromm supuso al principio, que la locación del Novo LIDSTAN representaría algún problema para Zogilia, pero estos, conscientes de que fueron los principales causantes de la pasada guerra y que además habían robado los primeros valiancer de acoplamiento para sus propias investigaciones, aceptaron el convenio que se les ofrecía, después de todo la doctora Hill escogió un par de investigadores de Zogilia muy capacitados, que además eran excelentes personas, para que fueran no solo parte de su importante equipo sino también sus socios y mano derecha –estoy segura que con sus conocimientos podremos alcanzar muchas cosas, además los conozco desde mucho antes de que todo comenzara, confío en ellos–, esas habían sido las palabras exactas de la Doctora Hill, si mal no recordaba Fromm. Y al parecer tenía razón.
Flash Back
Se encontraba en una fiesta que tuvo lugar en la mansión de Dio unos días antes de la ceremonia de inauguración del Novo LIDSTAN, no era una reunión oficial ni nada por el estilo, meramente era una fiesta para convivir con los viejos y nuevos amigos.
—Hola chicos, ¿qué tal la están pasando? —preguntó Elvira mientras llegaba con ellos tomada del brazo de Lee.
—Excelente, gracias, pero bueno ¿y ustedes? —preguntó Anessa en tono inocente. Anessa se encontraba justo al lado de Fromm, pues desde que inicio la fiesta, no se le había separado ni un momento.
—También excelente, ya hacía mucho tiempo que no es… o miren, han llegado, si nos disculpan, volvemos en un momento —dijo Elvira alejándose de ellos en dirección a dos personas.
Los recién llegados eran un hombre y una mujer, que si su mirada no le fallaba eran demasiado parecidos; ambos de piel blanca cual porcelana, hebras que parecían de plata enmarcaban ambos rostros, que si a simple vista lucían atractivos no quería imaginarse como serian de cerca. El cabello del hombre llegaba a la altura de los hombros y tenía dos mechones cortos que cubrían los costados de su rostro. El de la mujer era tan largo que se perdía por debajo de la línea de sus caderas, una hermosa tiara color vino empujaba todo ese mar de gris hacia atrás, dejando al descubierto las hermosas facciones de su rostro. Y ambos tenían unos singulares ojos dorados que, entre todas aquellas tonalidades frías, resaltaban cual sol en medio de las nubes en un día de tormenta. El apuesto joven vestía con un pantalón de color verde y una camisa blanca que en el cuello tenía un pequeño birrete color rojo mientras que la dama llevaba un sencillo vestido color vino que resaltaba perfectamente su figura.
Al poco tiempo de que Elvira se fue a saludar a los misteriosos invitados, Fromm junto con Anessa, Dio y Nasu vieron que de nuevo se acercaba a ellos en compañía de los mencionados.
—Quiero presentarles a Alexey y Anya Lébedev —dijo al llegar junto a ellos, presentándolos.
—Un gusto —contesto Dio, respetuosamente —Mi nombre es Dio Weinberg, ellos son Anessa Rosetti, Nasu Mayuca y Fromm Vantarhei —presentó Dio.
—¡Mucho gusto! —respondieron todos a la vez.
—Ellos son los nuevos investigadores que estarán conmigo en el equipo del Proyecto y serán algo más que mis socios —explicaba Elvira —, pero más importante, ellos son mis amigos… me corrijo, son como mis hermanos pequeños y quiero que los traten bien, ¿entendido? —advirtió, para luego soltar una pequeña y discreta risa.
—No has cambiado en nada Elv —dijo Anya sonriendo ante la ocurrencia de su amiga.
—Y yo que pensé que madurarías un poco con la edad —siguió su hermano.
—Pues por lo visto ustedes tampoco han dejado de ser los mocosos que conocí ¿he?
—Oh ves que mala eres, Alex y yo no te daremos nuestra bendición para que te cases con el Capitán Lee si no eres más amable con nosotros.
—¿Qué? ¡¿Pero que dicen?! Ustedes… yo… —Elvira estaba tan roja y avergonzada por lo dicho, mientras todos a su alrededor reían abiertamente. Lee también sonreía mientras la abrazaba ayudándola a ocultar su sonrojado rostro.
Para el final de la fiesta, con ellos como los últimos en retirarse y ya con un poco de vino en la sangre, Elvira les conto como es que había conocido a sus actuales socios en la Investigación, Alexey y Anya Lébedev, hermanos gemelos. Elvira les explicó que durante sus días de secundaria; ellos dos habían llegado a su país como refugiados junto a su madre durante los primeros conflictos en Zogilia y puesto que su madre era de nacionalidad estadounidense y su padre miembro activo del ejército de los conquistadores, la temerosa mujer no estaba de acuerdo con lo que estaba haciendo ese país, entonces decidió que lo mejor era tomar a sus hijos y huir a su patria natal. Les contó que ambos hermanos habían llegado a la escuela donde Elvira estudiaba muertos de miedo, no conocían a nadie y temían por sus propias vidas y la de su madre ya que los había sacado de su hogar sin el conocimiento del padre. Una vez que los ingresaron a la institución a Elvira le habían encargado la tarea de enseñarles las instalaciones y llevarlos a sus salones de clase durante los primeros días, además de ayudarlos en cualquier otra cosa que se les ofreciera. Le dijo que, con el paso de los días, Elvira se había encariñando con esos chicos que eran un año menor, ya no solo cumplió con lo que le habían asignado en la escuela, sino que también se había autoimpuesto la responsabilidad de protegerlos de los otros jóvenes que los molestaban solo por ser de la nación que estaba causando problemas. Los chicos al parecer la fueron queriendo como a una hermana mayor, se la pasaban casi todo el tiempo a su lado y así estuvieron por dos años.
Entonces Elvira les contó con una gran tristeza reflejada en los ojos que justo antes de que el último año escolar terminara, la madre de los gemelos había sacado a sus hijos de la escuela a mitad de las clases y se los había llevado de ahí y que jamás supo que fue de ellos durante muchos años hasta terminada la guerra. Cuando los volvió a encontrar se enteró de que su padre los había localizado gracias a un espía que tenía en EUA y había mandado a un mercenario a por ellos. La madre había suplicado que les perdonara la vida pues los chicos no habían tenido nada que ver en la decisión y el padre acepto las disculpas con la condición de que los hermanos regresaran a Zogilia. Alexey y Anya le contaron a Elvira que nunca dejaron de pensar en ella pues era la única que los hacía sentir seguros y protegidos además de su madre, también le contaron que, al llegar con su padre, este los separo de la mujer y que ya jamás la volvieron a ver.
—Fue un alivio y una preocupación cuando me enteré de que eran ellos los que estaban a cargo de las investigaciones del Sistema de Acoplamiento en Zogilia asignados una vez que nos robaron las unidades, pensé que habían cambiado, pero en cuanto me vieron sus ojos se llenaron de lágrimas y corrieron a abrazarme, supe que ellos nunca dejaron de ser aquellos pequeños niños inocentes que conocí —terminaba de contar Elvira mientras una mueca de tristeza nublaba sus hermosos ojos—. Pasaron por mucho, pero no se permitieron llenar sus corazones de rencor, odio o deseos de poder. Son buenos chicos.
—Tranquila, ellos saben que tú tampoco los olvidaste, son fuertes y a tu lado lo serán aún más —decía Lee, reconfortándola.
—Lo sé, los admiro, ¿saben? Ellos dieron lo mejor de sí para llegar a donde ahora están con la esperanza de volverme a ver.
—Qué bueno que por fin están juntos de nuevo y que todo lo malo ha pasado ya —decía Nasu, mientras limpiaba las pequeñas lagrimas que escapaban de sus rosados ojos.
Después de eso, todos se retiraron a sus hogares pensando que la guerra les había quitado mucho, pero que de cierta forma les había dado mucho también.
Fin Flash Back
Un mes después de eso Fromm se enteró, por los comunicados que se daban periódicamente, que el grupo de investigación había logrado mejorar varias cosas del Sistema de Acoplamiento, como el ampliar el tiempo de acoplamiento o reducir el dolor que provoca un desacoplamiento forzado, entre otras cosas. Todos los países involucrados estaban conformes y positivamente contentos con estos y otros resultados en diversas áreas, que, de no haber unido conocimientos, no habrían podido llegar tan lejos en la investigación.
"Ojalá todo hubiera seguido así" pensó Fromm justo cuando llegó a una pequeña antesala, situada justo al finalizar el pasillo en donde se encontraba la entrada a los laboratorios y que justo se lograba ver desde ahí.
—Perfecto, así no logrará escapar de mi ese idiota —se dijo en voz baja lanzándose al pequeño sofá que color café que, junto a una mesita redonda de cristal y un par de plantas en las esquinas, decoraban ese pequeño lugar.
ooo
Después de que la guerra finalizara oficialmente con la firma del Tratado de Paz y el posterior establecimiento de los diferentes acuerdos y convenios sobre comercio, investigación, arte, educación, historia y demás; Dio decidió tomar de nuevo el entrenamiento para ver si su onda de énfasis podía recuperarse, al menos hasta ser capaz de poder realizar el acoplamiento. Supuso que, en caso de que el entrenamiento no diera resultado, los nuevos diseños en el programa de investigación le ayudarían al terminarse las nuevas instalaciones.
En esa ocasión su padre le había dicho, justo antes de que saliera su vuelo rumbo a Canadá, que no era necesario que volviera a tomar el curso, que ya no necesitaba ser piloto de los valiancer de acoplamiento para demostrarle a él o a su hermana que sí era capaz de protegerlos. Que en realidad nunca necesitó hacerlo. Dio le agradeció sus palabras, pero le dijo que no lo hacía por ese motivo, que en ese momento no podía decirle las razones pero que para cuando regresara lo haría –por ahora, solo es algo que necesito hacer–, fueron las últimas palabras a su padre antes de abordar el avión.
Al principio había pensado muy seriamente en no volver a pilotar un valiancer y mejor dedicarse a atender la importante empresa de su padre junto a él, pero descarto la idea por ese momento. Él solo quería saber que podía volver a pilotar junto a otra persona y que en cualquier problema que surgiera podría proteger a su familia y amigos con ayuda de alguien más utilizando el Sistema de Acopladores. Pero justo después de un mes de entrenamiento, sus ondas de énfasis no mejoraron, la doctora Elvira por ese entonces no podía hacer análisis más exhaustivos, así que con lo poco que tenía logró deducir que su onda no mejoraría, pues al parecer había cambiado. No le supo decir más y le sugirió que regresara a su casa junto a su padre y hermana, que esperara hasta que las nuevas instalaciones estuvieran funcionando, –no sé qué significa que tu onda a pesar de no estar acoplándose con Aoba siga cambiando, mejor detén el entrenamiento y regresa cuando ya todo esté listo– eso le había dicho Elvira y Dio no hizo más que hacerle caso.
Regresó a Tokio para estar en la dirección de la empresa que ahí se encontraba mientras su padre atendía las de otros países, pero no pudo permanecer por más de una semana.
—Demonios… —sonrió sardónicamente al recordar la súbita y divertida carcajada que había soltado su padre al decirle que él no estaba hecho para eso por el momento, que no se sentía listo, que se sentía inútil al estar detrás de un escritorio en medio de un montón de pápelo, reuniones y demás. Por su parte su padre no le había recriminado nada, le dijo que lo estaría esperando para cuando estuviera listo y que, en caso de no ser así, Fiona podría ocuparse de ello, después de todo su querida hermana tenía más madera de empresaria que él. Después de ello Dio decidió ayudar a sus amigos en el Cygnus con misiones de reconstrucción de los lugares que más fueron dañados durante la guerra, pero cada vez que se subía a una unidad de tipo Beryl sentía que, de ser necesario para una batalla, sería más un estorbo que una ayuda. Estas misiones duraron alrededor de tres meses, y una vez que terminaron a mediados de enero de 2089 ya no halló que más hacer. Así que permaneció con su hermana en casa.
—¿Qué es tan divertido Dio? —preguntó Elvira desde el otro lado de una pared de cristal. Dio rápidamente regreso su mente al presente.
—Nada, solo recordaba algunas cosas —comentó fríamente, mientras se reacomodaba en la estrecha cabina del escáner.
—Bien, pero recuerda no moverte mucho o tendremos que repetir, ¿de acuerdo? —escuchó que le dijo Alexey desde algún lugar dentro del cuarto en donde él se encontraba, seguramente ajustando datos o algo así.
—Claro.
Al entrar a los laboratorios, la doctora Elvira junto a Alexey y Anya le habían dicho a Dio que tenían que realizarle más pruebas antes de dar una respuesta segura. Y es que durante la conferencia a todos les habían entregado un sobre con los resultados de los últimos análisis que les realizaron. Al abrir su sobre y leer su contenido un gran desconcierto llenó a Dio pues no decía otra cosa que "por confirmar". Es por eso que al finalizar había salido lo más rápido y calmando que pudo en busca de respuestas. Le habían pedido que no se moviera mucho durante los análisis, pero ya se estaba cansando y el escáner no avanzaba muy rápido, además le habían dicho que faltaban otras dos pruebas además de esa.
La mente de Dio comenzó a recordar todo lo que paso una vez regresaron a la Tierra, o más bien trató de recordar, pues después de que Aoba y Hina desaparecieran tras el agujero temporal él se desmayó, no supo si fue por la carga emocional de la batalla o el hecho de que el Bradyon se quedara definitivamente sin energía faltándole oxígeno.
Flash Back
Lentamente sus pesados parpados se fueron abriendo dejando ver unos enormes zafiros a través de espesas y largas pestañas rubias, los desenfocados ojos miraron a su alrededor con desconcierto. Poco a poco la claridad iba llenándolos y al final Dio ya recordaba lo último que había pasado y reconoció el lugar donde se encontraba como su habitación en la nave del Cygnus.
Con suma calma se fue levantando de la cómoda cama en la que se encontraba recostado, llevaba puesto un ligero pijama color azul pálido que nunca había usado y que recordaba tenerlo guardado dentro de uno de los últimos cajones de su armario. Sin cambiarse si quiera salió al pasillo y enfilo rumbo a la cabina de mando, se sentía verdaderamente cansado como si no hubiera dormido nada en mucho tiempo.
—¿Dónde demonios está todo el mundo? —preguntó al aire conforme iba avanzando a través de los diferentes corredores pues no había visto a absolutamente nadie y tampoco se escuchaba ningún sonido. Además, si sus sentidos no le fallaban todo parecía indicar que el Cygnus no estaba en marcha.
Al llegar frente a las puertas de la cabina de mando escucho voces en el interior, rápidamente dirigió su mano a la placa que permitía que se abrieran las puertas, pero se detuvo justo antes de que sus dedos tocaran el frio metal.
"¿Y si Zogilia tomó el mando de la nave?", se preguntó. Al mismo tiempo se dijo que eso era imposible, de ser así él no hubiera estado recostado en su habitación, más bien habría despertado dentro de una de las celdas donde anteriormente estuvo junto a Aoba.
"Pero ¿y si me quieren tener como rehén?", volvió a pensar. Sintió como lentamente la temperatura de su cuerpo descendía, un escalofrió lo recorrió de pies a cabeza y se obligó a tranquilizarse, no estaba armado, así que supuso que al abrir la puerta y no realizar algún movimiento brusco la gente del interior no le haría ningún daño. Ya después pensaría como escapar de ese lugar, por ahora no tenía la fuerza para planear nada.
Con nerviosismo fue acercando de nuevo su mano a la pequeña placa de metal, pero justo antes de que siquiera la tocara, la puerta se abrió de pronto dejando ver a Nasu que lo miraba con expresión de asombro.
—¿eh?, ¡Ah! —gritó Nasu. Seguramente su grito se escuchó hasta fuera de la nave—. ¡Dio! ¡No vuelvas a asustarme de esa manera!, pero ¿Qué haces levantado? ¡te ves muy pálido! —decía sin dejarlo contestar una de las tantas preguntas que le hacía.
—Tus gritos me pusieron pálido Mayuca. Dime, ¿qué ha pasado? —cuestionó Dio, un poco irritado por la tranquilidad y aparente felicidad que veía en el rostro no solo de Nasu si no de los demás dentro de la cabina—. Y, ¿Dónde está el Comandante Gengo y la Teniente Kleinbeck? —volvió a preguntar mientras ingresaba dentro de la gran habitación. Conforme repasaba su vista por cada uno de los rostros que lo miraban entre divertidos y preocupados Dio se dio cuenta que también faltaba la Oficial Elvira.
—Tranquilízate Dio, toma asiento y con calma te explicaremos que ha pasado en estos dos días que has estado inconsciente —dijo Jarl, con su típico tono de molestia.
—¿De qué… hablas? ¿Dos días? —No podía creer lo que le estaba diciendo, sus ojos se abrieron de golpe por la sorpresa. "¿he estado inconsciente durante dos días?", se preguntó sintiéndose mareado de pronto.
—¡Eh! —Lee logró sostenerlo de los hombros antes de que se callera, lo llevó hasta uno de los asientos y lo hizo recostarse un poco al reclinarlo hacia atrás—. Mira, debes tomártelo con clama, ¿está bien? Trata de calmarte un poco para que escuches lo que tenemos que decirte. Dio… —llamó y él lo miro a los ojos, sintiendo como poco a poco su respiración regresaba a la normalidad—. Dio, la guerra a finalizado.
Los ojos de Dio se abrieron llenos de sorpresa, pensó que seguramente había escuchado mal, la guerra ¿finalizada?, pero ¿Quién había ganado? ¿ellos? ¿Zogilia?, por la expresión que veía en cada uno de sus amigos pudo notar que no pudieron ser ellos los vencidos, pero…
—¿Cómo…? —Intentó preguntar, pero su voz sonó tan áspera, tosió un poco y Anessa le acercó un vaso con agua que tomó con calma, los latidos de su corazón aun resonaban en su mente, si era cierto lo que decían, ya todo estaría bien—. ¿Quién ganó la guerra? —logró preguntar al fin.
Sus amigos se miraron entre ellos como si no hubieran entendido su pregunta, a lo mejor no lo dijo lo suficientemente audible para que lo escucharan y él no se percató de ello.
—Pregunté que si…
—No hubo bando ganador o perdedor Dio —ahora era él quien tenía una expresión de no haber entendido lo que le decían—. Alfried Gallant pidió hablar con el General del Ejército de La Alianza justo después de que aterrizamos la mañana de hace dos días.
—Así es —explicó Jarl—. Gallant se comunicó con el Comandante Gengo justo después de que ingresaste al área médica del Cygnus. Pidió que se le comunicara con quien nosotros considerábamos aceptaría reunirse con él sin problemas. No te voy a negar que a todos nos sorprendió su petición, pero una vez que Aoba… —realizó una pausa, observando la reacción de Dio—, una vez que Aoba se fue, Gallant replegó a las tropas que quedaban y dijo que esto ya había sido demasiado. Al principio pensamos que podría ser una trampa, pero los valiancer de Zogilia pronto regresaron a su nave y no trataron de atracarnos más.
—Es… increíble… —dijo Dio, mientras cubría su rostro con las manos.
—El Comandante Gengo le dijo que lo comunicaría con el General de División Green, que es el que más fe tuvo en nuestro proyecto y en lo que realizábamos —explicaba Jarl mientras se sentaba sobre uno de los asientos libres—. No supimos que fue de esa conversación hasta que nos pusimos en marcha para regresar a la Tierra.
—Después… —dijo Lee siguiendo las palabras de Jarl—. Llegó un comunicado que informaba que, al aterrizar, cumpliéramos con la misión de proteger al General Richardson que en esos momentos se dirigía hacia la base de Hawái para hablar con el Teniente Coronel Gallant justo al aterrizar. Se reunieron a puerta cerrada dentro de un bungaló mar adentro con solo dos soldados acompañando a cada uno mientras todos los demás aguardábamos en la costa. Al finalizar, ambos comunicaron a los Generales del Ejército que no estaban dispuestos a continuar una guerra que estuvo a punto de costarles la vida de todo el mundo.
—Aceptaron eso… ¿Así como así?
—Pues eso parece, la verdad es que la plática duro alrededor de tres horas y no dieron detalles al respecto, al menos no a todo el mundo —dijo Anessa.
—Exacto —interrumpió Saburoto—, una vez que ambos hombres se fueron de la base ya nadie supo nada concreto, no fue hasta justo ayer por la noche que el Director General de La Alianza comunico que hoy por la mañana se celebraría en la sede del The Confederate Treaty of Liberty Alliance en Nueva York, un tratado de Paz que terminaría oficialmente con la guerra.
—¿Qué? ¿Hoy?
—Sí, de echo Nasu iba de camino a despertarte para que pudieras verlo. Hablando de eso, Elvira no detectó nada inusual en tu salud a pesar de que casi mueres asfixiado. Tus signos estaban normales así que al ver que no despertabas supuso que la gran carga emocional por la batalla y el acoplamiento cansó tu mente. Nos sugirió que no te despertáramos, que solo necesitabas descanso —aclaró Lee.
—Ya veo, gracias.
—No te preocupes Dio, nos alegra que ya hayas despertado, nos diste un susto. Mandaremos por algo de comer, después de dos días debes tener hambre.
—¿Aquí en la cabina? —dijo Nasu—, y ¿si se molesta el Comandante o la Teniente Lene?
—Bueno no tienen por qué saberlo, además es por Dio y ya va a comenzar la trasmisión.
—De-De acuerdo.
Después de eso, la transmisión de la firma del Tratado de Paz comenzó. Se encontraban todos los altos mandos tanto de Zogilia como de La Alianza, y todos y cada uno de ellos expusieron sus ideas y desacuerdos, propusieron cosas y se rechazaron otras tantas. Por lo que pudo ver, su padre también estaba ahí. Al final, con el acta ya redactada, se le dio lectura y todos los ahí presentes firmaron estar de acuerdo con lo estipulado. Y como icono de dicho pacto, el Teniente Coronel Gallant y el General del Ejercito Richardson estrecharon sus manos, ambos hombres habían sido elegidos para ese importante acto en señal de Paz pues fue que gracias a ellos todo eso sucedió.
Una semana después se firmaron los acuerdos restantes. Se comenzaron a realizar campañas de paz para que la población dejara las hostilidades atrás y también, para promover la convivencia social entre todas las naciones afectadas, se creó un acuerdo que decía que el final de la guerra seria celebrado durante tres días a partir del primer aniversario.
"Aoba, Hina, ustedes también hicieron esto posible", pensó Dio tristemente, una vez que la transmisión finalizo.
Fin Flash Back
—Dio, ¿Dio me oyes? —escuchó de pronto la voz de Anya, sacándolo de sus viejos recuerdos. Miró hacia su dirección—. ¿Estás bien? No me respondiste cuando te llame la primera vez, pensamos que algo había salido mal.
—Estoy bien, solo que… estoy cansado —contestó Dio, el vacío que siempre sentía al recordar a los dos chicos se volvió a instalar en su pecho, pero trató de ignorarlo.
—De acuerdo, si quieres podemos continuar mañana, ya que te sientas mejor —sugirió Elvira.
—No, no es necesario, puedo continuar —dijo ya repuesto—, además, mañana necesito regresar a Tokio, el Cygnus comenzara una nueva misión de búsqueda, te lo dijeron, ¿no?
—Así es, pero me temo que como las anteriores veces yo no podré acompañarlos, de hecho, le pedí a la Capitana Lene que ya no volviera a requerir de mis servicios, no puedo dejar por mucho tiempo este lugar y ella lo sabe, pero esta vez mandaré a Alexey con ustedes, Lene ya lo aprobó y ahora el será el Oficial Técnico del Cygnus.
—Entiendo, los demás se quedarán desconcertados con tu decisión —comentó sin emoción.
—Lo sé, saluda a todos de mi parte. Tendré una línea de comunicación directa con ustedes en caso de que haya un problema que no puedan solucionar.
—¡Oye! ¿Acaso dudas de mis capacidades? Soy tan bueno como tú para que lo sepas Elv —dijo Alexey en tono ofendido al escuchar esto último.
—Sé que lo harás bien Alex, solo quería molestar un poco —contestó Elvira con tono conciliador de quien explica algo a un niño pequeño que acaba de hacer una rabieta.
—Valla hermanito, que mal carácter traes hoy ¿eh? —decía su hermana mientras trataba de sofocar sus risitas.
—Estás celosa porque yo iré en una misión muy importante y tú no. —Se burló Alexey mientras le enseñaba la lengua.
Dio observaba en silencio el intercambio entre los tres investigadores y pensó que no habría ningún problema con tener a Alexey a bordo. Recordó que después de que regreso a su casa de las misiones de reconstrucción, paso junto a su hermana el tiempo restante hasta el momento en que recibió una llamada de la doctora Elvira avisándole que las instalaciones ya habían terminado y que la Investigación ya había arrojado nuevos resultados positivos. Ante eso, Dio tomó un vuelo hacia Canadá. Al llegar le hicieron nuevos estudios totalmente diferentes a los realizados anteriormente, los resultados solo confirmaron lo que ya le había dicho anteriormente la doctora Elvira; su onda de énfasis había cambiado con el entrenamiento, pero no se acercaba para nada a la onda estándar, por otro lado, tampoco seguía el mismo patrón de distorsión que se presentó al acoplarse con Aoba. La doctora Elvira le dijo que su onda simplemente había cambiado, que era como si fuera otra onda estándar ya que se comportaba de la misma manera que la original. Una vez confirmado todo esto, le dijo que le crearía un nuevo tipo de entrenamiento para hacer más fuerte su onda única, que este sería menos exhaustivo que el entrenamiento convencional, que lo podría realizar sin problemas en el Laboratorio de Investigación que se encontraba en la base de Tokio y que solo iba ser necesario que lo tomara durante tres días cada semana. Todo con la condición de que tendría que viajar a Canadá cada medio año para que la doctora Elvira le realizara los análisis correspondientes. La única mala noticia era que Dio aun no podría acoplarse con un compañero, la doctora Elvira por ese entonces tenía la teoría que dicho compañero tendría que ser entrenado para igualar la onda única de Dio.
—Bueno ya basta de discusiones, continuemos entonces, ¿te parece bien Dio? —preguntó Elvira a través del cristal.
—Sí, continuemos —contestó estoicamente.
Los otros dos análisis duraron alrededor de una hora cada uno, para cuando termino, la doctora Elvira le dijo a Dio que su onda de énfasis se encontraba en un excelente estado, pero que al parecer ya no presentaba nuevos cambios, es lo que necesitaban confirmar y al parecer estaba claro que la onda única de Dio ya había llegado a su máxima expresión. A consecuencia de ello le dijo que pronto iría a Tokio –tal vez a mediados de abril– para realizar la primera prueba de acoplamiento, ya que durante esos años los tres investigadores diseñaron un nuevo programa de entrenamiento a posibles compañeros para tratar de que Dio volviera a pilotar un valiancer de acoplamiento.
Al salir del laboratorio Dio busco a Fromm con la mirada, pero no lo vio, así que decidió caminar hacia la pequeña estancia al final de pasillo por si se encontraba ahí. Al llegar lo encontró recostado a lo largo del pequeño sofá café, totalmente dormido. Lo observó. Fromm había tenido suerte, su distorsión al acoplarse con Aoba, a pesar de ser igual a la de Dio, no había sido tan grave por lo que con el entrenamiento convencional había logrado corregir esa distorsión en su onda de énfasis. Era uno de los mejores pilotos del mundo y estaba junto a Dio, ambos como tripulantes del Cygnus.
—¡Fromm, despierta! —habló, tocando su hombro para que despertara.
—¿eh?, ¿Dónde? No estaba durmiendo —dijo cuándo lo miro a los ojos—, bien ¿ahora si me vas a decir que te dijeron los doctores y que decían tus resultados, o como siempre te lo guardaras y yo lo tendré que averiguar por mi parte?
Dio sabía lo que estaba pasando por la mente de Fromm, todos le decían que había cambiado tras el final de la guerra. Le decían que antes era una persona seria, pero reconocían que había algo cálido en su personalidad. Ahora, que no solo era serio si no que había cerrado totalmente su corazón y se había vuelto frio. El hecho de que la doctora Elvira y los demás le dijeran que por fin había una posibilidad de volver a acoplarse con alguien lo lleno de algo que creyó perdido, lo hizo sentir útil. Todo eso lo animó a decirle a Fromm las nuevas noticias y la situación en general o tal vez solo lo haría para que lo dejara de molestar.
—Te lo diré, vamos afuera. Necesito un poco de aire fresco y este aire de enero es perfecto —dijo Dio, caminando hacia la salida.
Al otro día Dio ya iba de camino a Tokio junto a otros de sus compañeros de la academia, entre ellos Fromm que se encontraba dormido a su lado. Hace años pensó que no volvería a montar una unidad de acoplamiento para luchar. Creyó que podría pilotarlos en caso de desastres naturales y ese tipo de cosas. Que, en vez de ser armamento de batalla, pasarían a ser unidades de ayuda y soporte en casos de emergencia. Se equivocó. Al igual que muchos otros, falló al pensar que las batallas se detendrían. Ya llevaban año y medio peleando contra un nuevo enemigo que amenazaba la delicada Paz que habían conseguido.
A pesar de que la guerra entre Zogilia y La Alianza había terminado después de firmado el Tratado de Paz, dos grupos de rebeldes de ambos bandos que al parecer no habían quedado conformes, aparecieron a principios de 2090. Desde el anonimato ambos grupos decían que su lado tenía que haber sido el vencedor, que eso de "la cooperación entre naciones" era mera estupidez y que todos los gobernantes eran una bola de cobardes. Al principio, como eran meras palabras y mensajes, no se les presto mucha atención pues pensaron que con el tiempo todos ellos entenderían que la decisión que se tomo fue la correcta ya que el mundo entero vio como a causa de una estúpida guerra de poder todo lo que conocían estuvo a punto de ser destruido, con ambos lados perdedores.
Fue un completo error creer que los rebeldes aceptarían eso. Casi seis meses después de que aparecieron se comenzaron a producir diversos ataques de tipo terrorista en varias ciudades del mundo. Eso no se podía permitir así que todos los líderes mundiales involucrados habían acordado cooperar y ayudarse mutuamente, aunque no de manera oficial. Habían puesto a trabajar de manera individual a sus agencias de seguridad y en cooperativo a algunas de las unidades del ejército que quedaron disponibles después de la guerra. Al principio, como los atentados no habían dañado a nadie ya que se producían en lugares que en algún momento del día llegaban a estar vacíos, las agencias de seguridad se pusieron en marcha para detenerlos antes de que lograran lastimar a alguien, dejando al ejército al margen, pero por más esfuerzo que ponían, no habían logrado capturar a ningún sospechoso. Tiempo después y aun sin detenidos, vino lo peor, a finales de ese año y principios de 2091 se produjeron las primeras bajas causadas por estos siniestros, 114 muertos en un centro comercial de la ciudad de Nueva York en Estados Unidos; una semana exactamente después, otro ataque tuvo lugar a una nave perteneciente a las principales redes aéreas de la Republica de Zogilia, en esa catástrofe hubo 234 muertes y nuevamente a la semana 160 y 238 muertos en un ataque a un hotel en Inglaterra y al norte de Zogilia, respectivamente.
Después de eso quedó claro que no eran grupos inofensivos que solo trataban de llamar la atención. Desde entonces, como un problema bastante serio, se declaró un estado de alerta internacional y se firmó un pacto de cooperación mutua que solo consistió en la obligación de compartir información. Las armadas de todas las naciones se pusieron en marcha en cada país, utilizando arsenal disponible que se utilizó durante la extinta guerra para dar caza a esos terroristas. Dicho arsenal incluía también el uso de valiancer de acoplamiento y es por ello por lo que tanto Dio, Fromm y muchos otros decidieron poner todo su empeño para poder ayudar a detener a aquellos que intentaban arruinar la paz que tanto había costado. Pero ya había pasado un año de ello y por más que investigaban y buscaban no habían podido solucionar nada. Exceptuando lo ocurrido en diciembre de 2090, los atentados no se daban muy seguido. Se producían dos –un primero y otro en respuesta– casi cada mes. Pero desde que comenzó 2092 habían aumentado a dos casi cada semana, incluso había aumentado el nivel de daño. Los rebeldes parecían fantasmas y la tensión entre naciones aumentaba con cada desastre en donde mucha gente salía lastimada, viejas riñas salían a la luz, los ciudadanos comenzaban a tomar partido diciendo que tal vez estos rebeldes tenían razón. Para Dio estaba claro que ese era el cometido de esos malditos, pero ellos tampoco se rendirían, pues Dio confiaba que pronto los atraparían. Por el momento los gobiernos trataban de mantenerse en calma.
—Espero que la misión de mañana de por fin buenos resultados y que no sea otra pista falsa —dijo Dio mientras miraba a través de la ventanilla del avión.
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Un hombre caminaba por entre pasillos bien iluminados, las paredes cobrizas reflejaban su sombra que apresurada se dirigía a donde su jefe le había indicado. Pronto llegó frente a un enorme portón de acero, lo abrió y siguió las ordenes que se le habían dado.
«Qué bueno que llegaste, te estábamos esperando», decía una voz a través de un monitor con pantalla oscura colocado a la cabecera de una gran mesa de madera con cristal, a su alrededor había otros hombres, por lo que pudo distinguir uno de ellos era el cabecilla de los rebeldes de Zogilia.
—Vine lo más rápido que pude, señor, estoy a sus órdenes —dijo, haciendo una reverencia a nadie en particular.
«Te he llamado porque te encargaras de que estos hombres aquí presentes, tengan lo necesario para cumplir su meta, todo lo que te pidan que podamos proveerles se los darás», decía la voz del monitor. El mismo tono que le había escuchado hace ya tanto tiempo, siniestra y escalofriante.
—De-de acuerdo señor.
«Ya escucharon, este hombre ayudara a que ustedes puedan realizar sus objetivos, les aseguro que todos aquellos que se opusieron a su nación pagaran por la humillación», dijo la voz dirigiéndose al grupo de hombres sentados alrededor de la pantalla.
—Como usted diga, aceptamos con gusto la ayuda que nos ofrece, estamos agradecidos de que sin pedir nada a cambio quisiera contribuir a nuestra causa —dijo el líder del grupo de Zogilia.
«Bien, ya pueden retirarse», ordeno la voz desde el monitor.
El hombre se retiró junto a los de Zogilia y una vez que los despidió a la entrada de aquel hotel, saco su teléfono celular y marcó a un número desconocido.
—Todo va de acuerdo con el plan, señor.
«Bien, encárgate de que siga así. Lo único que me sigue disgustando es que las primeras investigaciones nos tomaran tanto tiempo, casi dos años ¡maldición!», se escuchó un gritó.
—Lo-lo se señor, pero por fin las investigaciones dieron resultados, ahora todo va a continuar a como usted lo planeo.
«Lo sé, bueno regresa a tu habitación y espera a que te vuelva a llamar, asegúrate que los de Zogilia se hayan retirado y alejado lo suficiente, en media hora llegaran los de la vieja Alianza y no quiero que se encuentren, no nos podemos permitir un error. Les diré lo mismo que a estos idiotas, te llamare, tu vendrás y dirás de nuevo lo mismo, ¿entendido?», dijo la voz a través del teléfono.
—Si.
«He dado las órdenes para que comience la segunda parte del plan, tu síguete encargando de nuestros distractores para que nadie lo note», escuchó las ordenes que le daban a través del aparato.
—Como diga.
«Bien, ahora cuelga y espera», el hombre así lo hizo, aun sentía como los vellos de todo su cuerpo seguían erizados.
En otro lugar:
—Pronto todo el mundo pagara. Y yo seré su salvador. —dijo una voz cargada de odio y resentimiento mientras se escuchaba el característico pitido al otro lado de la línea telefónica que indicaba que el otro interlocutor había cortado la llamada.
Continuara.
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N/A: Espero sus reviews.
Hasta entonces.
