Hola de nuevo.

DISCLAIMER: Los personajes que aparecen en la serie de anime y el universo de Buddy complex no me pertenece. Lo único mio es la trama de poner a los personajes en esta situación que se le ocurrió a mi loca cabeza. NO gano nada a cambio, al final seguiré igual de pobre que ahora :( Lo único que recibo es la satisfacción de entretenerlos un poco :3

ADVERTENCIAS: Este es un fic con temática homosexual, slash, yaoi, BL, chicoxchico o como quieras llamarle, si no te gusta, no leas. Muerte de personajes, algo de violencia, y... bueno por el momento creo que eso es todo.

¡A leer!


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Nuestro tiempo

Capítulo 4. Ataques

—Vamos Hina, no tengas miedo —dijo Aoba a la chica que lo miraba con más desconfianza que con miedo.

Hina poco a poco se acercó a él y con cuidado la ayudó a entrar a la cabina del Luxon, cerró la compuerta y encendió el valiancer. Aoba todavía no podía creer que eso estuviera pasando de nuevo, estaba consciente que una de las unidades era de La Alianza, tenía que saber cuál para poder ayudarlo. No estaba seguro de si la energía le sería suficiente, pero tenía que hacer algo o mucha gente saldría lastimada.

—Hina, quédate detrás, ¿está bien?

—¡Sí!

Con lo poco que recordaba de cómo pilotar trató de levantarse de entre la tierra que lo cubría, cuando lo consiguió uno de los valiancer viajeros lo atacó, ahora ya estaba seguro de que ese era el enemigo. Su equipo de comunicación había quedado dañado desde la última vez así que Aoba no podía comunicarse con el otro piloto, esperaba que al menos entendiera que estaba de su lado. Como pudo logró golpear la unidad que lo había atacado en un principio, esta era de color verde, posiblemente un Beryl de Zogilia. Su posible aliado también lo hizo y con eso quedo claro que no lo atacaría a él. El enemigo desplegó una espada y comenzó a atacar al valiancer color azul, Aoba notó que los movimientos de esa unidad eran lentos, se le ocurrió la posibilidad de que el piloto estuviera herido y de ser así tenía que ayudarlo de alguna forma más efectiva.

—Bien, sujétate, ¡allá vamos! —dijo a Hina.

Pero justo antes de que llegara, el Beryl verde logró atravesar con su espada al valiancer azul lanzándolo hacia el océano, de inmediato volteó hacia donde se encontraba Aoba y con gran velocidad se dirigió a su encuentro para posiblemente atacarlo de la misma manera. Aoba solo podía defenderse, no tenía armas con que atacar, estaba consciente de que en cualquier momento el Luxon se quedaría sin energía y de ser así estaría perdido. Aoba no se dio cuenta, a tiempo para evitarlo, de que el enemigo dirigía su espada justo a donde se encontraba la cabina del Luxon, creyó que sería el fin y que al final no podría proteger a Hina y los demás. Pero justo antes del impacto, la unidad azul apareció interponiéndose mientras disparaba su cañón hacia el Beryl logrando desviar el ataque de la filosa arma. Aoba logró ver como solo le alcanzó a destrozar parte del brazo mecánico a la unidad azul que se interpuso.

—Imposible… —susurró Aoba. Sintió un enorme vuelco en el estómago al reconocer el movimiento realizado por la máquina que lo salvó—. Es… Es Dio.

ooo

Dio no podía ver al interior del Luxon, pero sabía que era Aoba quien lo pilotaba, desde que cruzo el portal sabía que la posibilidad de encontrarlo era alta, aunque se sorprendió mucho al verlo en aquella playa pues no había tardado nada en dar con él, entonces había tratado de acercársele, pero el rebelde se lo impidió. Dio pensó que tuvo suerte de que el piloto del Beryl hubiera detectado al Luxon antes y que –pensando que estaba del lado de Dio– lo atacara, para que así Aoba lo identificaría como enemigo. Tenían que detenerlo y Dio tenía que regresar al túnel de tiempo antes de que este se cerrara y quedara atrapado en el pasado. Además, su herida lo estaba debilitando poco a poco. En la fiesta todo iba perfecto, lo que siguió después de la primera explosión ocurrió tan rápido. Estaba preocupado por su familia, sus amigos, sobre todo por Fromm; la última vez que lo vio había sido atacado y lanzado contra el valiancer de Jarl cayendo ambos sobre el salón de fiestas provocando una explosión.

Por el rabillo del ojo alcanzo a percibir un ataque desde la derecha, logro esquivarlo como pudo. Trato de comunicarse con Aoba, pero al parecer el sistema de comunicación del Luxon no funcionaba, no creía que fuera a durar mucho, desde lejos se percibía que habían pasado algunos años, no estaba seguro de cuantos, pero el hecho era que había deterioro en el mecanismo de la unidad acopladora.

"Tengo que hacer algo…", pensó.

—Rayos… —un ataque de tos le sobrevino, al mirarse las manos observo que tenía sangre—. "Esto es malo… tengo que darme prisa", dijo en su mente.

Entre Dio y Aoba atacaban a la unidad rebelde como podían, de pronto a Dio se le ocurrió una idea. Era la única oportunidad que tenía para capturar vivo al piloto del Beryl, lo necesitaban pues era la primera vez en esos dos años que por fin lograban tener contacto con esos malditos. Si perdía al rebelde ahora, tal vez ya no volverían a tener una oportunidad así hasta dentro de mucho tiempo, en el cual muchas vidas podrían perderse. Sabía que tal vez estaba exagerando, que a lo mejor en su tiempo Jarl, Fromm o alguien ya había capturado a uno de ellos, aun así, no podía arriesgarse.

"No queda de otra…" pensó antes de lanzarse contra su enemigo desplegando el sistema de propulsión.

Aprovechando que el rebelde estaba atacando a Aoba, Dio lo embistió a toda velocidad anclándose a él con ayuda de unos cables y las extremidades que le quedaban. Se aseguró de tenerlo bien sujeto para que no pudiera escapar, incluso utilizó su propia espada para atravesarlo sin comprometer la cabina del piloto. Aoba de alguna manera entendió lo que Dio estaba haciendo en ese momento y con un golpe certero al Beryl separó la mano que sostenía la filosa espada del resto del cuerpo mecánico dejándolo incapaz de volver a empuñar un arma. De improvisto y sin preocuparse por Aoba, Dio giro en el aire y voló lo más rápido que podía en dirección a donde había aparecido el túnel temporal. Con cuidado se encargó de ingresar las coordenadas exactas a las que se dirigía y puso el sistema en automático, se quitó la correa de seguridad y se levantó de su asiento, como pudo se ocupó de sus heridas colocándose un vendaje alrededor de la cintura e inyectándose morfina para calmar el dolor, por su mente paso la idea de que quizás eso no era lo más prudente, pero si no hacía nada, no podría seguir adelante. Recordó que al llegar a ese tiempo trato de entablar un enlace de comunicación con el otro piloto, pero le resultó imposible, quien quiera que fuera había bloqueado esa posibilidad. Una de las teorías de Dio era que no quería ser reconocido, si era así, eso significaba que de ser capturado alguien sabría su identidad y lo más seguro es que se haría desaparecer a sí mismo sin dejar pista alguna, es por eso por lo que había pensado en ese loco plan sin importar los riesgos.

Una vez que diviso la enorme anomalía temporal se olvidó de su situación para seguir adelante, volvió a configurar el sistema y una vez que tuvo todo listo espero hasta estar lo más cerca posible del túnel. Sabía que no era su imaginación que el agujero comenzara a cerrarse conforme ellos se acercaban, eso lo dejaba con que solo tendría una oportunidad de conseguirlo. Cuando estaban a punto de llegar al filo del torrente sintió un jalón, era tiempo, el túnel ya los estaba succionando. Era una locura lo que estaba a punto de hacer, pero si no lo hacía, corría el riesgo de que el enemigo accionara el sistema de autodestrucción de su unidad. Con determinación, considerando que la fuerza de atracción ya era lo suficientemente fuerte, apago el sistema de su valiancer para ahorrar energía y abrió la escotilla.

Una vez que Dio estuvo fuera de su cabina la fuerza del viento no lo dejaba moverse mucho, en un principio no pensó que este sería tan fuerte así que con precaución se movió a través de los espacios donde podía pisar sin caer, saltó a la otra unidad y busco el botón que abría la compuerta por fuera. Para cuando la encontró ya había sacado su arma, listo para disparar al piloto en caso de que este lo atacara, solo que antes de salir de su propio valiancer, Dio se ocupó de cambiar las balas por dardos sedantes. Respiro hondo, conto hasta tres y accionó el botón de apertura, la cabina quedo expuesta frente a él, pero el piloto no estaba a la vista. Con cuidado y cubriéndose como podía, se asomó dentro pero no logro ver a nadie.

Dio hubiera seguido buscando, pero algo en la pantalla del Beryl llamo su atención, como lo sospechó, el rebelde había activado el sistema de autodestrucción y solo le quedaban unos diez minutos, sin fijarse se acercó para desactivar el sistema, entonces, justo en ese momento, el enemigo, un hombre corpulento que jamás había visto en su vida, lo jalo de su brazo aventándolo dentro de la cabina lo que provocó que azotara contra el suelo. El impacto hizo que su vista se nublara y que escupiera sangre, sentía que no podía respirar pues lo había dejado sin aire con tremendo golpe. El sujeto lo volvió a levantar tomándolo del cuello, Dio trato de disparar, pero el hombre se percató de sus intenciones apretando con fuerza su mano para que soltara el arma. Una vez que el piloto enemigo tuvo desarmado a Dio, saco su propia pistola colocando el cañón en su sien dispuesto a matarlo. Dio apretó los ojos, ya no tenía fuerzas para luchar pues su herida estaba sangrando y sentía que estaba perdiendo el conocimiento, lo último que alcanzo a percibir antes de desvanecerse por completo, fue el sonido lejano de un disparo sintiendo como el hombre lo soltaba dejándolo caer al suelo.

ooo

Aoba quedo tan desconcertado cuando vio, al que estaba casi seguro de que era Dio, alejarse junto con el enemigo a quien sabe dónde. En un inicio había pensado que lo inmovilizaría para que juntos pudieran detenerlo, ahora no entendía que era lo que realmente estaba planeando su antiguo amigo.

—Aoba —escucho la voz de Hina desde atrás. Por un momento se había olvidado de ella—. ¿Qué sucede, ya se van?

—No lo sé, no tienen a donde… —no pudo terminar la frase pues creyó saber a dónde se dirigía Dio con tanta prisa.

Rápidamente tecleo algo en su pantalla para comprobar su teoría. No se equivocaba, el túnel de tiempo aún seguía ahí. Al parecer, Dio planeaba regresar al futuro llevándose al enemigo con él. De pronto una idea surgió en la mente de Aoba, esa era su oportunidad de librarse del Luxon. La gente ya lo había visto, si se quedaba con la unidad las autoridades le harían preguntas y seguramente el gobierno lo tomaría para realizarle pruebas. No podía permitir que eso pasara, le había costado mucho impedirlo durante todo ese tiempo como para dejar que sucediera.

—Hina escucha —decía Aoba mientras descendía a tierra—, tienes que bajar, te dejare a la entrada del parque, toma un taxi y ve a casa, yo llegare una vez que me deshaga de este valiancer, ¿de acuerdo? —Volteó para ver a la chica, Hina lo miraba con preocupación, pero al mismo tiempo su expresión le decía que confiaba en él y que haría lo que le estaba pidiendo.

—Está bien, hare lo que me pides, pero por favor, cuídate y regresa pronto a casa —dijo Hina.

—Lo sé, Hina no te preocupes, estaré bien. Te lo pro… —No terminó la frase pues Hina coloco un dedo sobre sus labios.

—No hagas promesas, solo hazlo ¿de acuerdo? —dijo Hina antes de retirar su mano y darle un tierno beso. —Aoba, te a… —pero esta vez fue el turno de Aoba de no dejarla terminar la frase.

—No lo hagas, no lo digas —Interrumpió, no sabía por qué, pero no quería escuchar esas palabras. Al mirar la confusión y tristeza en el rostro de Hina pensó rápido una respuesta—. No las has dicho antes y ahora suena como si te despidieras, lo harás cuando estemos juntos en casa, ¿sí?

—De acuerdo —dijo Hina, bajando de la unidad. Aoba despegó inmediatamente y ya no logró ver como el rostro de la chica se llenaba de lágrimas y su mirada se inundaba de preocupación.

Ya de camino a donde seguramente estaba Dio, Aoba iba pensando en cómo hacerle para que Luxon también cruzara el agujero temporal, se le ocurrió que lo anclaría a Dio, así como él lo había hecho con la unidad enemiga y una vez bien sujeto, saltaría al océano, no era gran altura después de todo y él era buen nadador. Con eso en mente puso a toda marcha el Luxon, aun no entendía cómo es que le quedaba bastante energía pues cuando lo escondió hace años estaba seguro de que ya jamás volvería a encender.

Cuando logró divisar el portal también se percató de que algo había ocurrido con Dio y el enemigo de Zogilia. Al parecer el valiancer de Dio se había quedado sin energía o algo parecido pues no se veía que estuviera encendido su sistema. Por el contrario, el Beryl tenía a toda potencia sus propulsores impidiéndoles entrar por completo dentro del túnel.

Cuando estuvo más cerca logró ver que la cabina de Dio estaba abierta, aceleró aún más y para cuando tenía la suficiente visión de los hechos sintió que su corazón se detenía y que un sudor frio recorría todo su cuerpo secándole la boca y formando un vacío en su estómago dejándolo sin aliento. Vio como Dio era levantado del suelo, su ropa estaba manchada de sangre a la altura del vientre, y lo peor, vio como el sujeto apuntaba su arma hacia Dio. No lo pensó dos veces, lanzo sus agarraderas esperando que alcanzaran a anclarse, un segundo después abrió la cabina y desde la distancia a la que se encontraba apunto el arma que había en el Luxon hacia el sujeto que estaba a punto de matar a Dio. Dos cañonazos se escucharon en el aire, uno después de otro. Aoba logro darle al sujeto en medio de la espalda, no podía creer que le había disparado a alguien, pero se dijo que ya pensaría en eso después, el hombre había logrado disparar, por suerte la bala no alcanzo de ninguna manera a Dio.

Las agarraderas que Aoba lanzo habían logrado anclarse a uno de los valiancer, el qué tan seguro era el agarre no le preocupó mucho en ese momento. Se apresuró a ir por Dio, estaba seguro de que el agujero estaba a punto de cerrarse y si no salía de ahí deprisa seria arrastrado nuevamente al futuro. Cuando llegó a la cabina vio a Dio en el suelo sobre un charco de sangre. Llenó de angustia corrió de inmediato hacia él.

—Dio, Dio despierta, reacciona… —dijo tratando de hacerlo reaccionar, pero Dio no despertaba—. Por favor Dio, no…

Aoba noto que estaba frio, pero estaba seguro de que aún seguía con vida. Se negaba a creer la otra posibilidad. Volvió a recostarlo y buscó por toda la cabina con la mirada llena de lágrimas algo que pudiera ayudarlo a detener la hemorragia. Con gran sorpresa sus ojos se abrieron de golpe al detenerse en la pantalla del Beryl, tenían solo cinco minutos para que se autodestruyera. No había tiempo para nada, como pudo levantó a Dio y lo sacó de ahí llevándolo hacia el interior del Luxon, con cuidado lo colocó en el suelo, cerró la cabina lo más rápido que sus movimientos se lo permitían y se separó de los valiancer soltando sus agarraderas. Puso a máxima velocidad el sistema de vuelo con el propósito de alejarse lo más posible de la explosión y de paso para salir del túnel que ya los había arrastrado a su interior lo suficiente. No avanzaron mucho, de pronto todo se apagó.

—No puede ser… —dijo en voz baja. Aoba trató de volver a encender al Luxon, pero no lo consiguió.

"Esto no puede estar pasando, no ahora, ¡enciende!", pensó, comenzando a desesperarse.

Una fuerte sacudida lo interrumpió en sus intentos, sabía que ya no podía hacer nada. Maldiciendo en voz baja se acercó a Dio y lo agarró para evitar que se golpeara durante las sacudidas, por un momento logro ver su botiquín de auxilios así que sin soltar a su amigo hizo un esfuerzo para lograr alcanzarlo, una vez que lo logró, lo abrió y sacó vendas, alcohol y un poco de medicina. Los fuertes movimientos no dejaban que pudiera ocuparse bien de Dio, seguramente la explosión ya había ocurrido, si no se detenían pronto no podría hacer nada por él. Volvió a maldecir, no quería que Dio muriera, no podía dejar que eso pasara.

—Te prometo que todo estará bien, Dio —dijo mientras presionaba en su herida para detener el sangrado.

De un momento a otro todo se estabilizó, aun se movían, pero el movimiento ya no era intenso como un momento antes. Aoba aprovechó eso para revisar a Dio, limpió con cuidado la herida, parecía hecha con un arma filosa, no era profunda, pero emanaba mucha sangre, presionó más para detener la sangre, limpió y cubrió con gasas, para después vendar.

—Aguanta Dio, ya pronto llegaremos —susurró en su oído.

Con el valiancer sin energía Aoba ya no tenía dudas de que estaba viajando a un tiempo diferente al suyo. Su mente recordó lo que había pasado la última vez, afianzo más su agarre alrededor de Dio y con miedo miro al chico inconsciente entre sus brazos. Se preguntó si Dio desaparecería como lo hizo Hina en aquella ocasión, rogaba que eso no pasara, estaba herido y necesitaba ayuda o moriría.

Aoba estaba tan concentrado en sus pensamientos y miedos que no se dio cuenta que la unidad había dejado de moverse. El que la escotilla del Luxon se abriera de repente lo tomó por sorpresa, y aún más sorprendido se sintió al ver a Fromm en el lumbral de la entrada, tenía una herida sobre su ojo izquierdo y su rostro lo único que mostraba era desconcierto.

—¿Aoba? ¿De verdad eres tú? ¿Pero cómo… es que? —Calló de pronto, seguramente al notar su expresión de angustia, Aoba vio como Fromm dirigió su mirada al chico que él aún sostenía en brazos. El rostro de Fromm se volvió mortalmente pálido y lo único que ahora reflejaban sus ojos era miedo, donde antes solo había existido el desconcierto.

—¡Dio! —gritó Fromm saltando hacia donde estaba su amigo—. ¡Dio! ¡Dio responde! Aoba, él… ¿Él está…? —Fromm lo miró sin terminar su pregunta. Aoba notó en cámara lenta, como los hermosos ojos verde agua de Fromm se llenaban de lágrimas al no recibir respuesta.

—¡No! Fromm perdón, no, él aún... aún sigue con vida ¡tienes que ir por ayuda, está muy mal! —se apresuró a decir obligándose a reaccionar.

—¡Eh! ¡Necesitamos ayuda! ¡Dio está muy mal herido! —gritaba Fromm acercándose a la entrada del valiancer.

De inmediato un grupo de médicos ingresó en la cabina llevándose a Dio, seguramente hacia el hospital. Aoba parecía estar en estado de shock, había viajado al futuro de nuevo, no sabía a qué año exactamente y por lo visto la guerra aún no terminaba. Dio estaba al borde de la muerte y él estaba cubierto de su sangre.

—¡Aoba! —Escucho que alguien lo llamaba desde la lejanía.

—¡Aoba! —dijo la voz de una chica cuyo rostro apareció frente a su campo de visión. Trató de enfocarla mejor.

—¿Na…Nasu? —susurró. No creyó que la chica lo hubiera escuchado, se comenzó a sentir mareado, todo a su alrededor se estaba poniendo negro a pesar de que, al parecer, acababa de amanecer.

—¡Aoba! —gritó Nasu viendo como Aoba caía desmayado.

ooo

Se encontraba sentado en uno de los cómodos sillones de la sala de espera del Tokyoteishin Hospital, era uno de los mejores hospitales en ese momento, además de que la mansión Lébedev se localizaba relativamente cerca. Ese hospital fue la mejor opción para llevar a Dio. Fromm aun no podía creer lo que había pasado y se culpaba por el grave estado de salud de su amigo. Todo había sido tan repentino, el ataque de los rebeldes, el regreso de Aoba, su mente poco a poco iba recordando lo que pasó la noche anterior.

Flash back

La explosión había provenido del jardín justo afuera del salón donde se estaba desarrollando la fiesta. Fromm y Jarl habían visto salir a Dio en esa dirección y de inmediato lo siguieron para asegurarse de que no cometiera una locura. Fromm nunca olvidará lo que vio al salir del salón, cuatro Beryl estaban parados en fila justo frente a ellos en medio del jardín, en las manos mecánicas sostenían, cada uno un autobús con personas que gritaban por ayuda. Los rebeldes nunca habían hecho algo así, los atentados siempre habían sido explosiones causadas por bombarderos suicidas, sí, habían matado a mucha gente, pero nunca hacían acto de presencia, nunca habían aparecido en las escenas de sus crímenes, es por ello por lo que en todo ese tiempo no habían logrado atrapar o identificar a alguno de ellos. Y ahora los tenían justo en frente, a cuatro rebeldes del bando de Zogilia.

Esos bastardos —dijo Dio cuando llegaron junto a él.

¿Estas bien Dio? ¡Estas sangrando! —gritó Fromm al ver como Dio se sujetaba con fuerza su vientre.

Estoy bien, uno de ellos me ha lanzado con fuerza y me he lastimado, pero no es nada —dijo Dio. Fromm no se lo creyó para nada.

Debes ir adentro y revisar tu herida, no pu…

No iré a ningún lado, he dicho que no es nada, tenemos que detener a esos desgraciados…

Tranquilo Dio, no podemos hacer ningún movimiento brusco, ¿no han dicho que es lo que quieren?

No, cuando salí ya estaban ahí, el de la derecha salió de la nada y me ha lanzado a un lado, justo después llegaron ustedes.

Ya veo —dijo Jarl.

«Escuchen con atención», dijo una voz proveniente de uno de los valiancer. «Van a entregar de inmediato a los investigadores Hill y Lébedev o iremos destruyendo uno por uno estos autobuses»

¡¿Qué está diciendo?! —gritó Dio. Fromm vio cómo su amigo apretaba los labios, seguramente le había costado lanzar tremendo grito estando herido y se preocupó aún más.

«Y para que vean que no estamos jugando…», con horror Fromm y los demás vieron como uno de ellos aplastaba uno de los autobuses con la gente dentro y tiraba los restos en el jardín de la mansión. «Tienen veinte minutos para entregarnos a los investigadores, no les recomiendo que traten de engañarnos»

Desgraciados… —dijo Dio sintiéndose impotente ante la situación.

¡Fromm! ¡Dio! ¡Jarl! Entren de prisa —dijo Lee desde las puertas del salón.

Los tres chicos regresaron lo más de prisa que pudieron pues tuvieron que ayudar a Dio, no podían hacer mucho mientras esos sujetos tuvieran más rehenes, además estaban desarmados.

¡Lee! ¿Qué demonios pasó? ¡Se supone que iba a haber mucha seguridad! —dijo Dio al llegar frente a Lee y sus demás amigos.

Y así era, todo estaba bien pero ahora no hay nadie de la policía cerca, creemos que planearon esto desde un principio y que tal vez hay alguien infiltrado, no sabemos nada con certeza, esos malditos conocían todo el protocolo de seguridad… tampoco podemos comunicarnos con nadie fuera, ningún celular o teléfono funciona.

¿Qué? ¿Pero cómo es posible?

No lo sabemos… —dijo y miró a Dio de arriba a abajo—. Deberías de ir a que te revisen esa herida.

En un momento, tenemos que resolver esto primero.

¿Dónde está la doctora Elvira y los gemelos? —preguntó Fromm sin dejar de estar al pendiente de Dio.

Están a salvo, todos están en un refugio que se construyó en este lugar durante la guerra. —Aseguró Lee. Fromm se percató que a pesar de su seriedad estaba preocupado por su esposa, y no solo eso sino también por sus dos amigos.

Tenemos que hacer algo, obviamente no podemos entregarles lo que quieren, eso es un hecho, pero tampoco podemos permitir que toda esa gente muera. —Intervino sorpresivamente Alfried llegando junto a los hermanos Lébedev.

Pero ¿qué hacen ustedes aquí? ¡Regresen al refugio, si ellos los ven vendrán por ustedes! —dijo Ogisaka.

Lo sabemos, pero el General Gallant tiene razón, no podemos permitir que se salgan con la suya —dijo Anya. —¡Oh! ¿Dio, pero que te pasó?

No es nada, en un momento iré a que me revisen —contestó Dio un poco fastidiado.

Traeré un botiquín, no te muevas mucho, en seguida regreso —dijo Anya.

Si están aquí es porque seguramente tiene un plan, ¿cierto General? —cuestionó Dio después de que vio que la chica se perdía por una de las puertas del salón.

Así es, se me ha informado que existe un laboratorio tipo hangar debajo de la mansión, dentro hay tres unidades valiancer de acoplamiento, al parecer los hermanos las trajeron para investigación hace tiempo, antes de ir a Canadá.

Es correcto nadie, a excepción de Elvira, lo sabe, es imposible que ellos lo sepan —dijo Alexey.

De acuerdo, pero tenemos que planearlo bien, un error y mataran a toda esa gente —recordó Fromm.

Ya tengo un plan, es arriesgado y solo tenemos una oportunidad, pero por ahora es lo mejor que se me ocurre.

Está bien, escuchemos el plan —dijo Lee a Alfried, después miro a Alexey—. Ustedes ya regresen al refugio, han dicho al General como llegar hasta el hangar ¿cierto?

Sí, ya lo sabe, al igual que tiene el código para entrar. Solo esperaré a que Anya regrese con el botiquín para irnos.

Fromm observo como Anya curaba las heridas de Dio, desde donde estaba no podía ver la gravedad de esta, pero por la expresión de Anya supuso que era algo serio. Al terminar la curación, los hermanos se alejaron hasta desaparecer por una de las entradas interiores del salón.

Bien, adelante, hablaremos del plan al llegar—dijo Alfried caminando en dirección a otra de las puertas—. La entrada está en las cocinas, justo en el sótano, de prisa, no tenemos mucho tiempo.

Todos los que estaba ahí siguieron a Alfried, Fromm esperaba que el plan diera resultado, sabía que estaban en desventaja, solo tenían armas manuales y tres valiancer. Iba corriendo detrás de Dio que parecía estar mucho mejor, así que Fromm se dijo que a lo mejor no había sido tan malo. Pero al verlo supo que su amigo exigiría ir en una de las unidades, no estaba seguro de cómo le afectaría eso, desde la guerra solo había pilotado unidades de tipo Beryl, salvo en las pruebas, pero estas hasta el momento no habían tenido resultados favorables.

Llegamos —anunció Alfried—, escuchen con atención, esto es lo que haremos… —explicó a todos.

Fromm escucho con mucha atención, él, Jarl y Dio, serían los pilotos de esas unidades, aunque no usarían el acoplamiento, los demás tratarían de distraer a los sujetos. No parecía tan difícil, pero sabía que no todo era tan simple como parecía.

Cuando ingresó al laboratorio quedó muy sorprendido, esos valiancer no eran como los otros y al entrar a la cabina notó que tenían varias mejoras, por ejemplo, que eran indetectables, eso les supondría una ventaja. Lo único malo, es que ni con estas nuevas unidades podían pedir refuerzos, la comunicación funcionaba bien dentro del perímetro y con los sistemas dentro del hangar, pero no había como pedir ayuda de fuera. Lee sugirió la posibilidad de que los rebeldes colocaran alguna especie de dispositivo alrededor de la propiedad que impedía la comunicación parcialmente, suponiendo que entre ellos tenían que comunicarse. Ante esta idea Alfried mandó a Nasu, Ogisaka y Tarjim a detectar y eliminar dichos aparatos mientras que Anessa, Tusais y Garcian estarían en el puente para monitorearlos. Alfried, Lasha y Lene serían los encargados de distraer a los enemigos en un primero momento.

Minutos después, ya en posición, Fromm solo esperaba la orden de atacar. El hangar contaba con dos salidas, una que quedaba justo frente a la mansión delante de los enemigos y otra por detrás de ellos. Él se encontraba justo en esa posición. Estaban listos, no iban a dejar que más gente muriera.

Desde detrás de los rebeldes Fromm pudo ver a Alfried acercarse junto con Lene y Lasha a los intrusos. Les decía que tenían que encontrar una manera más pacífica para negociar, esa era la primera distracción.

«¡Ahora!», escuchó a través de su comunicador la voz de Anessa. Era el momento, su misión era lanzar sus agarraderas a tres de los enemigos –los que tenían los autobuses–, para suprimir sus movimientos, aunque fuera solo por corto tiempo, mientras Dio atacaba al valiancer que había matado a los primeros rehenes. Observando a Dio a punto de chocar con el Beryl rebelde, Fromm aprovecho la distracción de los otros tres y lanzo sus agarraderas que impactaron en las tres unidades, de inmediato Fromm hizo que estas se enredaran alrededor haciéndolos caer hacia atrás. Justo en ese momento Jarl ataco con el otro valiancer, destruyendo con ayuda de una espada los brazos que sostenían a los autobuses, tomándolos y llevándoselos de ahí lo más rápido que podía.

Fromm no aguanto por mucho tiempo y vio con temor como los tres Beryl enemigos iban detrás de Jarl así que sin perder tiempo fue tras ellos. A pesar de no estar acoplado, la unidad era bastante veloz, logró alcanzar a los perseguidores y los ataco impidiéndoles continuar. No era fácil luchar, pues eran tres contra uno y en un movimiento uno de ellos logró golpearlo mandándolo contra una parte de la mansión. Cuando intento levantarse vio como otro de ellos estaba a punto de golpearlo con una espada, pero fue detenido por Jarl que ya estaba de regreso.

Entre los dos pudieron hacerles frente a esas tres unidades. Fromm alcanzó a percibir a Dio que luchaba contra el cuarto enemigo, no parecía tener problemas. La batalla cada vez se estaba haciendo más intensa, ninguno de los dos bandos cesaba, de reojo Fromm logró ver como Jarl destruía parte de uno de los Beryl matando al piloto en el proceso, y eso los dejaba uno a uno. Rápidamente se dispuso a atacar, tenían que detenerlos ya.

En eso, en la pantalla de Fromm apareció la indicación de que un objeto no identificado se acercaba a gran velocidad hacia donde ellos se encontraban. Se detuvo un momento a observar y al parecer no fue el único en notarlo puesto que los enemigos también se detuvieron, el extraño objeto solo se podía ver como un punto rojo a lo lejos, no lograba identificarlo y el sistema tampoco parecía tener información. Cuando estuvo a punto de llegar a donde se encontraban, Fromm noto que era una esfera negra con una luz roja, no era muy grande probablemente del tamaño de un balón de baloncesto.

"¿Qué podrá ser?", se preguntó, en eso por el rabillo del ojo vio como uno de los Beryl pasaba a su lado y se dirigía a la esfera para interceptarla.

Fromm no daba crédito a lo que veía, la unidad prácticamente se estrelló contra el extraño objeto produciendo una gran explosión, pero lo que más le sorprendió fue que la onda expansiva nunca llego a donde él estaba, en su lugar esta se contrajo y formó en el cielo un objeto enorme. Sabía lo que era, lo había visto antes, era una anomalía temporal. Estaba tan absorto e impresionado que no se dio cuenta que el Beryl restante se dirigía hacia el con la intención de atacarlo, para cuando se percató ya iba a ser demasiado tarde solo que Jarl volvió a llegar a tiempo para salvarlo, entablando un combate con el rebelde. Se dijo que tenía que concentrarse, entonces justo antes de ir ayudar a su amigo vio como Dio era arrastrado por el Beryl con el que estaba luchando hacia la anómala temporal. Aviso a Jarl por el comunicador y se dirigió a toda prisa para detenerlos, esos sujetos seguramente no sabían lo que era, apostaba a que pensaban que era una especie de arma o algo por el estilo. Esos hombres eran suicidas, no les importaba su vida, y ese Beryl que se llevaba a Dio, seguramente tenía la intención de morir y arrastrar a Dio con él. No podía permitirlo, Dio seria llevado a otro tiempo y quien sabe cuándo podría regresar. Fromm estaba tan apurado en llegar que no se percató que la unidad enemiga había dejado a Jarl fuera de combate mandándolo contra parte del salón y que ahora se dirigía hacia él, cuando lo alcanzó lo golpeó con fuerza mandándolo contra su amigo quien seguía entre los escombros, el choque provoco una explosión. Lo último que Fromm alcanzó a ver antes de que el humo cubriera todo su campo de visión, fue como Dio y el Beryl rebelde eran tragados por el túnel de tiempo desapareciendo este al instante.

¡No! —gritó levantándose y golpeando a su atacante—. ¡Dio! ¡Maldición Dio!

¡Cuidado Fromm! —advirtió Jarl. Pero esta vez Fromm logro esquivar el golpe a tiempo, aprovecho el movimiento para atacar al enemigo y destrozar parte de su lado izquierdo.

¡Desgraciado! —gritó, pero antes de que pudiera matarlo fue detenido por la voz de Alfried.

No lo hagas, sabes que lo necesitamos, ¡es una orden! —dijo Alfried y Fromm lo obedeció maldiciendo a todos. Sus hermosos ojos verde agua poco a poco se iban llenando de lágrimas. No podía creer que Dio se había ido. Esos malditos se lo habían llevado.

Un par de horas después, ya tenían al sospechoso bajo custodia dentro de uno de los cuartos sin ventana de la mansión. Al parecer Lee tenía razón, justo después de que la anomalía desapareciera, Nasu y los demás habían logrado encontrar una especie de transmisión que impedía la comunicación, lo destruyeron y fue así como llamarón refuerzos y ayuda médica. La doctora Elvira y los gemelos ya estaban en una de las habitaciones, al parecer estaban bien, solo algo conmocionados. Lee bajo un momento para avisarles y después regreso con ellos.

¿Estas bien? —preguntó Tarjim, mientras le ofrecía una taza con té—. Deberías ver a un médico que te cheque la herida que tienes en la frente.

Estoy bien, no es nada —contestó, aceptando la humeante taza.

Oye, siento lo de Weinberg, no…

No, no lo digas como si él estuviera muerto, no lo está, va a volver, lo sé —dijo mirando al moreno a los ojos.

Claro, disculpa —dijo. No mencionó nada más pero tampoco se retiró y Fromm agradeció internamente su compañía.

Una hora más tarde, Alfried se acercó a ellos junto con la Teniente Coronel Lene. A Fromm y Tarjim se les habían unido Anessa y Lasha, los demás estaban fuera ocupándose de los escombros y los heridos entre otras cosas.

¿Ya interrogó al sujeto? —preguntó Lasha a su ex capitán que parecía molesto. Fromm también notó un tinte de preocupación en el rostro de la Capitana Lene.

No pudimos obtener mucho. El desgraciado ingirió una especie de sustancia en algún momento, para cuando comenzó a sentirse mal ya era demasiado tarde, no sabemos que fue, pero…

Pero… ¿qué? —instó a que continuara.

El hombre se desintegro —dijo Lene con una expresión indescifrable en el rostro.

¡¿Qué?! —gritaron todos al unísono—. Pero… ¿Cómo? —dijo Fromm tratando de tranquilizarse—. ¿Qué fue lo que dijo?

No mucho, antes de... 'eso' solo nos dijo que era de los rebeldes de Zogilia, le preguntamos que quien era su líder, pero solo nos miró y comenzó a reír, lo último que alcanzo a decir fue algo acerca de que absolutamente todo estaba planeado y que pronto todos nos arrepentiríamos —suspiró—. Prácticamente no sabemos nada, y sin el cuerpo no podremos identificarlo, el hombre parecía loco.

¡Pero con el ADN sí! ¿O no?

Es imposible, la sustancia elimino todo rastro de célula o partícula viva, no hay manera de saber quién era. Tampoco sabemos a qué se refería con eso de que todo estaba planeado…

De pronto una serie de explosiones se dieron en el exterior, asombrados, todos voltearon a verse para un instante después salir corriendo en esa dirección. Fromm no quería pensar que era otro ataque, pero antes de siquiera llegar a la salida, Nasu entro corriendo.

¡Han explotado! Las unidades de los enemigos han explotado y el cuerpo se ha... —Nasu no pudo continuar, pero ellos ya se imaginaban lo que trataba de decir.

¿Qué? No puede ser —dijo Alfried. Al salir comprobaron que lo que decía Nasu era cierto, las unidades habían desaparecido, seguramente, debido a una bomba de tiempo y solo un pequeño rastro de humo que salía de un montón de algo irreconocible estaba ahí donde el cuerpo del piloto había sido recuperado. Ahora si ya no tenían nada para investigar, todo se había convertido en un ataque más sin resolver, solo que esta vez ellos habían sido las víctimas.

Fin del Flash Back

Los autobuses resultaron ser de otras prefecturas, existían los reportes de desaparición, pero alguien se había asegurado para que nadie averiguara nada. Al parecer ya lo tenían planeado, los cuatro rebeldes se habían infiltrado en el cuerpo de seguridad y es por ello por lo que conocían cada protocolo. Habían drogado y encerrado a todos los demás antes del ataque y también habían mantenido lejos los otros valiancer de la policía, nadie noto nada pues comenzaron todo casi al final de la fiesta, cuando ya todos estaban algo desinhibidos por la bebida y la mayoría de invitados se habían ido. Fromm maldijo por lo bajo pues los habían tomado definitivamente con la guardia baja.

—Disculpen, familiares del joven Watase —dijo una enfermera sacando a Fromm de sus pensamientos y acercándose a ellos.

—Sí, yo… soy su primo —dijo de inmediato.

—Les aviso que el joven Watase ha despertado, se encuentra bien, no tenía heridas graves, solo algunos golpes, en un momento podrán pasar a verlo.

—Gracias enfermera —contestó Fromm frotándose la cara.

Ahora solo faltaba que Dio estuviera bien, supuso que aun tendría que espera para saber de él. Solo rogaba que por favor no se rindiera, Dio tenía que salir de esto. Fromm sabía que lo haría.


xxx

—¿Todo salió bien? —decía una voz a través de la oscuridad del cuarto.

—Lo siento mi señor, pero no pudieron capturarlos —contestó una suave voz.

—Ya veo, son unos inútiles, ¿te encargaste?

—Sí, mande la ojiva tal como lo planeamos en caso de fracasar, los hombres desaparecieron su rastro, sabían lo que tenían que hacer.

—¿Estás seguro de que todo está limpio?

—Seguro, yo mismo active las bombas de los Beryl y las cápsulas del ácido de nectoribium que ingirieron los pilotos.

—Bien, asegúrate de que no encuentren pistas, sabes que hacer.

—Sí señor. En cuanto a los investigadores, ¿qué haremos?

—… —Se escuchó una risa y unos dientes blancos brillaron en la oscuridad—. Hoy por fin hemos obtenido los resultados esperados, al parecer ya no nos serán de ayuda. Tienes suerte que así sea, de lo contrario estaría muy furioso.

—Lo se señor, no volveremos a fallar —aseguró el hombre posando sus platinados ojos en los de su jefe que apenas y se veían como dos puntos brillantes en la cerrada penumbra.

—Eso espero, retírate y encárgate de lo que te dije.

—Sí, con su permiso.

Continuara.


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Bien, nos leemos la próxima semanita.