Los dejo leer.
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Nuestro tiempo
Capítulo 5. Reencuentros
Un hombre elegantemente vestido bajó de un auto de lujo color blanco, con calma se dirigió a la entrada de aquel salón de fiestas, dio su nombre al guardia y este lo dejo pasar de inmediato. Dentro del salón se desarrollaba una especie de fiesta de esas que la gente millonaria realiza por simples negocios. El hombre de traje no saludo ni hablo con nadie, simplemente cruzo el lugar y tomo el elevador indicando el tercer piso. Al llegar a su destino otro hombre de seguridad lo reviso por completo. Al asegurarse de que no era una amenaza lo dejo pasar a un cuarto exquisitamente decorado con librerías de madera en dos de sus paredes, al fondo un enorme ventanal daba vista a la ciudad, frente a este había un escritorio de vidrio en donde un hombre de mediana edad con el cabello banco un poco largo lo esperaba con los brazos recargados sobre el vidrio.
—Tengo entendido que los experimentos han comenzado a dar buenos resultados, ¿es eso cierto?
—Así es, desde hace dos días el líquido es cada vez más estable, aun no es perfecto, los científicos creen que estará listo a principios de septiembre.
—Aún falta tiempo entonces. ¿Cómo van los otros asuntos?
—Bien, mi señor ha ordenado que empiecen los nuevos planes para cuando el producto se haya estabilizado, como sabe necesitaremos sujetos de prueba.
—Sí, dile a tu señor que los depósitos bancarios ya están hechos y que sigo esperando buenos resultados —mientras decía eso, el sujeto se puso de pie, era una persona alta. Se dirigió a un sillón colocado frente a una de las librerías y se sentó ahí—. Dime, ¿tienes noticias de lo ocurrido durante el ataque en la mansión de los Lébedev?
—Si, como sabrá no pudimos conseguir la 'ayuda' de la doctora Hill y sus subordinados, pero también nos enteramos de algo inusual.
—¿De qué se trata?
—Nuestro infiltrado nos comunicó que un joven de nombre Watase Aoba apareció a través de lo que según escuchó, era una 'anomalía temporal' trayendo a Dio Weinberg consigo. Ambos aparecieron dentro de una unidad valiancer. A Dio Weinberg se le creyó muerto al ser arrastrado por Rave a la explosión que provocamos con la ojiva. Al parecer Rave está muerto, murió en una explosión, presumiblemente en la de la ojiva, pero no entendemos porque Dio Weinberg no lo está. Hemos investigado los hechos, pero no hay registros sobre algo así por ningún lado, también investigamos sobre ese tal Watase, pero tampoco encontramos algo. No hay registros de nacimiento, vivienda o algo similar. Nuestro informante decidió investigar un poco dentro de la armada y me comentó que hace tres años durante la guerra, hubo una persona con el mismo nombre luchando para La Alianza, pero que después de que esta terminó no se supo más de él. Al parecer, los soldados creen que murió pues la unidad de Watase junto con la unidad de Ryazan fueron tragados por una explosión similar. Era el piloto de la, en ese entonces, nueva unidad de acoplamiento que venció en la batalla del espacio a los de Zogilia. Comparamos una imagen pasada de esa unidad con una fotografía que se logró capturar hace dos días, a pesar del deterioro los expertos aseguran que es la misma unidad.
—Ya veo.
—Por el momento es lo único que nuestro espía ha logrado averiguar, seguirá investigando un poco.
—Da acuerdo, pero que mejor se enfoque en su trabajo, lo demás que nos lo deje a nosotros, supongo que de ser descubierto sabe qué hacer.
—Así es, pero no fallará, es excelente en lo que hace.
—Eso espero. Los archivos de la guerra y del Sistema de Acoplamiento fueron clasificados, solo los más altos mandos y la unidad de investigación de Canadá los conocen a la perfección.
—El plan para obtener esa información ya se ha desarrollado, no se preocupe.
—Bien, todo está saliendo a la perfección. Dile a los idiotas rebeldes de Zogilia o la vieja Alianza que el próximo ataque debe ser en aproximadamente tres semanas.
—Sí señor, con respecto a eso, los de Zogilia están un poco 'desconcertados' pues se enteraron del intento de secuestro y de que todo el mundo cree que fueron ellos, están molestos por eso.
—Diles que seguramente fueron los rebeldes de la vieja Alianza tratando de inculparlos. No hay forma de que sepan la verdad. Nunca les creerán nada que les puedan decir.
—Como ordene.
—Eso es todo, puedes retirarte —ordenó—. Por cierto, dile a tu jefe que pronto iremos a visitarlo.
—Así lo are, con su permiso —dijo el hombre saliendo de la habitación, pensó que no le haría daño disfrutar un poco de la fiesta, así que al salir deslizo sus ojos color plata por la habitación y se acercó con una sonrisa en el rostro a un grupo de personas que platicaba alegremente cerca de la barra. Después de todo, el conocía ese mundo a la perfección.
ooo
Se sentía cansado, no quería abrir sus ojos, no creyó que hubiera problema alguno si volvía a dormir, después de todo aún estaba de vacaciones, aunque ahora que lo pensaba su cama se sentía un poco extraña, no recordaba que fuera tan estrecha, se movió un poco y se encontró con el borde del colchón, quiso mover su mano, pero un ligero jalón desde la parte externa de su muñeca se lo impidió, eso lo extrañó, así que poco a poco fue abriendo sus ojos dejando ver un par de esmeraldas que reflejaban confusión.
—Veo que ya despertaste, anoche entré a verte, pero te habías vuelto a dormir después de que la enfermera nos dijo que ya podíamos visitarte.
Esa voz le sonaba conocida, provenía desde su lado izquierdo. No reconocía el lugar, "No es mi habitación, ¿estoy en un hospital?", pensó. En un momento todas las imágenes del festival regresaron a su memoria, haciendo que se sentara de golpe. El brusco movimiento le provocó un fuerte mareo, creyó que se iba a desmayar. Internamente se preguntó si todas esas imágenes no eran más que el recuerdo de un terrible sueño, y desde el fondo de su corazón deseo que así fuera.
—¡Eh Aoba! ¿estás bien? —volvió a escuchar.
Aoba volteó hacia dónde provenía la voz una vez que el mareo pasó, sus ojos se abrieron de la impresión al tener el rostro conocido de Fromm enfrente de él. Los orbes aguamarina lo miraban con preocupación y el simplemente no podía asimilar que el hombre que tenía frente a él no era una ilusión.
—¿Fromm? —preguntó en un susurro aun no comprendiendo su situación.
—Sí, soy yo, ¿estás bien? ¿quieres que llame a una enfermera? —dijo Fromm levantándose del asiento en el que se encontraba recostado hasta hace un momento y con paso rápido se dirigió a la salida de la habitación.
—No, estoy bien, solo me maree un poco por levantarme tan rápido —dijo Aoba antes de que el chico saliera del cuarto. Quería hablar sobre lo que pasó antes de ver a alguien más y si todo no había sido un sueño eso significaba que…
—De acuerdo, valla impresión nos diste cuando te vimos…
—¡Dio! ¡Fromm, Dio está herido! ¿Dónde está? ¡Debo…! —Aoba trató salir de la cama, jalando la intravenosa que tenía en la muñeca. Estaba preocupado por Dio, lo último que recordaba es que se estaba muriendo.
—¡Tranquilo! —Fromm lo tomó de los hombros y lo obligó a recostarse de nuevo—. Tranquilo, Dio está bien, está en el hospital, va a estar bien.
—Pero… él estaba… Aún no está bien, ¿cierto?
—Estaba muy mal, la verdad es que sigue inconsciente por la gran cantidad de sangre que perdió, pero los médicos han dicho que estará bien, la tarde de ayer salió de cirugía, ahora está en terapia intensiva, pero está estable. Tranquilízate, estará bien, es Dio de quien estamos hablando, ¿recuerdas?
—Claro —Aoba se volvió a recostar sintiéndose solo un poco aliviado, cubrió sus ojos con el antebrazo y dejó que una pequeña lagrima recorriera su mejilla. Fromm solo lo observo—. ¿Qué pasó? ¿Por qué estoy aquí de nuevo? No lo entiendo… —dijo más para sí mismo que para la persona que lo acompañaba en la habitación, con cada pregunta su tono de voz disminuía.
—Aoba, yo tampoco lo entiendo, pero creo que por ahora debes descansar, ya hablaremos de todo esto una vez que estés totalmente recuperado, ¿está bien? Creo que te darán de alta mañana por la mañana —dijo Fromm para tranquilizarlo.
—Sólo dime una cosa —dijo aun sin descubrir sus ojos. Fromm asintió, aunque Aoba no pudo verlo—. ¿En qué año estamos y…? —guardó silencio—, bueno, creo que por ahora solo eso.
—Es el año 2092, desde que te fuiste han pasado casi cuatro años. Estamos a mediados de junio.
—Ya veo… —dijo. Su mente se sumergió en esa nueva información, al parecer no había pasado mucho tiempo y ahora que lo notaba, efectivamente Fromm se veía más maduro que la última vez que lo vio, su cabello era ahora más corto y sus facciones más marcadas y al parecer era tan alto como él.
—Bueno, descansa, iré a decirle a los demás que ya estás bien, uhm… si gustas… puedo decirles que todavía te sientes cansado y que los recibirás más adelante… —sugirió Fromm haciendo que retirara el brazo de sus ojos y lo mirara.
—Si por favor, te lo agradecería mucho, diles que me hace ilusión volverlos a ver pero que por ahora aún estoy desconcertado.
—Se los diré, nos vemos en un rato.
—Fromm —Aoba lo llamó de nuevo antes de que llegara a la puerta—, me podrías informar de cualquier cambio en el estado de Dio, por favor. —Fromm lo observó a los ojos por un momento, luego solo asintió dándole una ligera sonrisa y salió del cuarto dejándolo solo.
Aoba tenía tantas preguntas en su mente, pero Fromm tenía razón, tenía que descansar primero antes de saber qué es lo que estaba pasando. La guerra, sus amigos, el Cygnus, por el momento eso era lo que más le preocupaba saber. Era un hecho que no estaban a bordo de la aeronave, pero ¿por qué? Sopesó la idea de que ya no pertenecieran a la flota o en el peor de los casos, que la nave hubiera sido derribada de alguna manera en esos años. También se sentía desconcertado por la inusual calma de Fromm, si estaban en tierra, podrían ser atacados en cualquier momento por Zogilia. Un dolor de cabeza comenzó a molestarlo, decidió que dormiría un poco, tal vez en la noche ya estaría de humor para hablar con los demás.
Esa noche lo habían ido a visitar Anessa, Nasu y Jarl, pero no mencionaron nada de la situación actual, Aoba se llevó la impresión de que parecía no importarles, como si todo estuviera bien. Eso le provocó más preguntas, pero no dijo nada, esperaría pues estaba contento de verlos de nuevo y de saber que estaban bien. Les contó que esta vez venia del año 2018 y que actualmente, bueno en su tiempo, era estudiante de Universidad en el Chiba Institute of Technology junto a Hina. Tampoco nadie preguntó o habló de lo que había pasado la noche y la mañana en que llegó junto con Dio, cuyo estado no había cambiado mucho desde que salió de cirugía. Ya no estaba en terapia intensiva pero aún no despertaba.
A la mañana siguiente lo dieron de alta alrededor del mediodía. Fromm le ayudó con sus pertenecías, le había hecho el favor de prestarle ropa pues la que traía, aparte de no ser la adecuada para andar por ahí, estaba llena de sangre. Ambos chicos salieron de la habitación seguidos de una enfermera que iba dando indicaciones a Aoba sobre los cuidados que tenía que tener, en realidad nada grave.
—¿Entendió lo que le dije joven Watase? —preguntó la enfermera.
—Sí, no se preocupe, seguiré todo al pie de la letra.
—Bien, entonces ya puede irse, tenga, entréguelo antes de salir, es para que no lo detengan en la salida.
—Muchas gracias por todo.
—Adiós, cuídense. —Se despidió la enfermera alejándose por el mismo pasillo que recorrieron de camino a la sala de espera.
—Bien, vamos, los demás esperan por verte —dijo Fromm dándole una palmada en la espalda.
Al llegar a donde estaba sus amigos, Aoba se llevó una gran impresión, aparte de los Weinberg que se encontraban sentados en uno de los sillones dándole la espalda y los anteriores tripulantes del Cygnus –Anessa, Nasu, Jarl, Lee, Elvira y Ogisaka–, estaban cuatro personas más que él no conocía. Dos de ellos, un chico y una chica que al parecer eran gemelos, estaban junto a Elvira y Lee hablando animadamente detrás de unos pilares casi al fondo de la sala. Un poco alejados de ellos casi junto al módulo de atención se encontraban dos chicos que tardo un par de minutos en reconocer, estaban hablando con Nasu y Jarl.
—Pero ¿qué hacen ellos aquí? —dijo Aoba en tono alto un poco alterado ante la presencia de estos últimos.
—Aoba cálmate, estamos en un hospital —dijo Fromm sujetando al chico de un brazo antes de que se lanzara en contra de los inesperados visitantes.
—¡Aoba! —De improvisto Aoba se vio envuelto en un par de brazos que lo sostenían con fuerza, la persona que lo abrazó era una chica más bajita que él, al mirar hacia abajo vio un largo cabello rubio, la joven levanto la mirada y Aoba se vio desconcertado al tener un par de ojos olivo mirándolo.
—¡¿Fi-Fiona?! —preguntó impresionado.
—Sí, hola Aoba —dijo la rubia volviéndolo a abrazar. El chico correspondió a su abrazo.
—No puedo creerlo, ¡has crecido tanto! Y lo más asombroso es que puedas caminar. Estoy muy feliz por ti Fiona —comentó Aoba mirando a la hermana de su amigo.
—Nos alegra que estés bien jovencito —Fiona lo soltó para darle paso a su padre que se acercó a ellos.
—Gracias señor Weinberg —dijo Aoba estrechando la mano con algo de recelo por la actitud del hombre.
—No tienes por qué darlas, además, mi hija y yo estamos en deuda contigo por salvar la vida de Dio. Siéntete libre de llamarme Sadamichi y si necesitas cualquier cosa no dudes en llamarnos.
Aoba estaba completamente avergonzado por las palabras del jefe de la familia Weinberg y por la calidez en ambas miradas, además, estaba consciente de que todos los presentes habían presenciado el intercambio de palabras.
—Yo… gracias, no-no fue nada, Dio es mi amigo y no podía permitir que algo malo le pasara, no me hubiera perdonado si...
—Lo sabemos.
—¡Aoba! –Nasu y Anessa se acercaron rápidamente a él.
—Hola, me dijo Fromm que ustedes arreglaron un poco la ropa que él me presto, gracias.
—Ne, no fue nada ¿verdad Nasu?
—Así es, ya iremos de compras más tarde, te divertirás —Aoba no supo por qué, pero esas palabras no le gustaron mucho. Se preguntó por qué todos actuaban como si nada malo pasara. De inmediato arrugó su entrecejo al ver que dos personas se les acercaban, aún no entendía que hacían ellos en ese lugar.
—Hola Watase Aoba, soy Tarjim Vasily, sé que la última vez que nos viste no fue la… más agradable… supongo que te explicarán todo más adelante con más detalle, por ahora queremos que sepas que no somos tus enemigos —dijo Tarjim extendiéndole su mano—, qué bueno que te encuentras bien.
—Gra-Gracias —dijo serio, estrechando con recelo la mano de Tarjim, soltándola un segundo después.
—Yo soy Lasha Hakkarainen, probablemente también me recuerdes, ojalá que podamos llegar a ser amigos —dijo un chico rubio parecido a Dio. La verdad es que Aoba apenas y lo recordaba del grupo de Hina cuando estaba en Zogilia.
Aoba asintió estrechando la mano de ese chico. Supuso que como era a quien menos recordaba, Lasha le agradó más que Tarjim y antes de soltar su mano le dedico una débil sonrisa. Casi de inmediato Lee y Elvira se le acercaron tomados de la mano, detrás de ellos venían los dos chicos que en un principio supuso era gemelos, y no se equivocó, ahora que los tenía cerca, quedo muy impresionado por el gran parecido de ambos, además de que eran sumamente hermosos. Inmediatamente de pensar eso se sonrojo hasta las orejas, no creyó que ese calificativo fuera el más correcto por el hecho de que había un hombre involucrado, pero fue lo primero que se le vino a la mente al verlos.
—Primero que nada, nos alegra que estés bien Aoba —dijo Elvira dándole un abrazo.
—Valla sorpresa nos diste ¿eh? —dijo Lee.
—Si bueno, yo también me lleve una sorpresa enorme —contestó y sonrió un poco avergonzado mientras rascaba su nuca.
—Quiero presentarte a Alexey y Anya Lébedev —dijo Elvira haciéndose a un lado para que los aludidos se acercaran—, son como mis hermanos.
—Mucho gusto joven Watase, nos alegra que este bien y también le agradecemos que haya ayudado a Dio —dijo Anya dándole un rápido abrazo.
—Mucho gusto —fueron las simples palabras de Alexey junto a un fuerte apretón de manos.
—Mu-Mucho gusto —Aoba no supo porque, pero esos dos lo ponían nervioso, intuía que era debido a su singular color de ojos que los hacia lucir tan brillantes e hipnotizantes.
—Valla, valla, lo han dejado casi sin palabras –se burló Anessa dándole un codazo, a lo que todos los presentes comenzaron a reír. Aoba en ese momento se sintió extrañamente como si hubiera regresado a casa. Pensó en su familia y sus amigos, los extrañaba como nunca, pero deseó que estuvieran ahí, en vez de desear regresar.
Un hombre de mediana edad, vestido con una bata blanca se acercó a los presentes deteniendo las risas, todos guardaron silencio, esperando a lo que el doctor tuviera que decir.
—¿Familiares de Dio Weinberg? —preguntó. El señor Weinberg y Fiona se acercaron indicando que eran ellos—. El joven Dio acaba de despertar, los otros médicos le están haciendo pruebas de rutina, hasta el momento todo parece indicar que no existe algún tipo de complicación o daño. Lo podrán ver por la tarde.
Aoba junto a los demás sonrieron mirándose unos a otros y dando gracias a Dios por las buenas noticias. Aoba por fin se sentía verdaderamente aliviado, no creyó que la angustia que sentía fuera tan grande hasta ese momento en que su cuerpo se relajó.
—Muchas gracias doctor —dijo Fiona con lágrimas en los ojos. Volteándose en seguida para abrazar a su padre. El médico no dijo algo más y se retiró de la sala probablemente rumbo al cuarto Dio para seguir con los análisis que mencionó.
—Bueno, creo que todos ustedes —dijo Sadamichi dirigiéndose a todos —, deberían ir a comer algo, sobre todo el joven Aoba que acaba de ser dado de alta. —Acotó mirándolo, después dirigió su mirada a Lee cambiando su expresión a una más seria—. Aprovechen para ponerlo al tanto de todo lo que ha pasado en estos cuatro años, yo les llamare cuando Dio ya esté listo para recibirnos.
—De acuerdo —contesto Lee—. Vamos Aoba, seguro que tienes bastante hambre —dijo colocándole una mano en el hombro. Aoba solo asintió.
—Nosotras nos quedaremos aquí un rato más —dijo Nasu señalando a Anessa.
—Bien, nos vemos después —se despidieron todos de las chicas y salieron del hospital.
Elvira los invito a su casa, que se encontraba al sur de la "Ciudad de Chūō " junto al Hamarikyu Garden. Aoba recordaba qué en esa zona, en 2018, aun existían las oficinas de correos y el salón de concierto Hamarikyu Asahi. Supuso que debido a la guerra estos ya no existían, pero no sabía por qué Elvira había escogido esa zona para tener su hogar. Durante el recorrido pudo ver que varios edificios habían desaparecido y que en su lugar nuevas estructuras se habían alzado. Se preguntó si Narashino habría cambiado de nuevo en esos tres años o seguiría igual. La última vez que estuvo ahí, en su tiempo aun no existía el Club Chiba, ahora que volvió quiso saber si éste existía en ese futuro.
Al llegar a casa de Elvira pidieron comida a domicilio, Aoba se sentía un poco impaciente, aunque no estaba muy seguro de porqué. Durante la comida casi no hablaron, Aoba procuró estar cerca de Lee y Elvira ya que los demás se encontraban junto a los dos chicos de Zogilia y Aoba aún no se sentía cómodo con ellos. Cuando terminaron Lee pidió a todos que pasaran por favor a la sala de estar. Aoba comenzó a sentir nervios y trató de tranquilizarse corriendo al baño para enjuagar su rostro, no podía ahora simplemente huir, después de que el mismo fue quien solicito respuestas, deseaba saber que estaba pasando, por un instante se le ocurrió la idea de que a lo mejor llegó a un futuro alternativo.
—Toma asiento Aoba —dijo Elvira al verlo aparecer en la sala. Aoba se acercó a donde le habían indicado y suspirando profundamente tomó asiento, listo para lo que tenía que escuchar.
—Bien, creo que estamos los suficientes para explicarte la situación desde varios puntos de vista. Dinos, ¿qué es lo que sabes hasta el momento? —preguntó Lee mirándolo seriamente.
—Pues, en realidad no sé nada, sé que algo pasa, pero no lo entiendo, quiero saber sobre la guerra y que hacen ellos dos aquí —mencionó, mirando a Tarjim y Lasha —. Quiero saber porque estoy de regreso y que paso esa noche.
—De acuerdo, bien, empezaremos por el principio, desde que te fuiste junto con Hina —Lee miro un momento hacia los antiguos compañeros de la muchacha—. Creo que eso es lo más adecuado, después esperamos que nos cuentes como fue que llegaste aquí esta vez ¿vale?
—Está bien —contestó, dispuesto a poner atención y no como aquella vez con Nasu.
Lee se encargó de contarle a detalle que, después de que Aoba se fue, la guerra finalizo gracias al actual General Gallant y al retirado Teniente General Richardson quienes decidieron ponerse en contacto para pactar un acuerdo en beneficio de todos, logrando con ello la firma del Tratado de Paz.
—¿Es en serio? Eso… eso fue genial, yo pensé que aun la guerra continuaba…
—Es verdad, después de eso se firmaron otros tratados y acuerdos y pues hasta el momento todos los países que se vieron involucrados en la guerra están… tranquilos.
Lee continúo explicando que dichos acuerdos también se tomaron su tiempo, pero que al final todo había quedado en orden. Luego de eso Elvira se encargó de ponerlo al tanto de la construcción del Novo LIDSTAN, le explico de que se trataba y fue ahí cuando Aoba supo cómo Alexey y Anya habían entrado a la vida de su amiga y, posteriormente, a la de los demás. Por su parte Fromm le relató que a partir de entonces se habían dedicado a reconstruir todos aquellos lugares que fueron afectados casi en su totalidad durante las batallas. También mencionó que había tomado de nuevo el entrenamiento y los resultados que había obtenido. Fromm no quiso explicar mucho sobre Dio pues creía que eso le correspondería a él en su momento una vez que se recuperara. Aoba no estuvo muy de acuerdo, pero lo aceptó. Después se dio cuenta que, de la nada, conocer los demás hechos ya no le parecía tan interesante.
Y así cada uno de los ahí presentes aportó un poco de información útil para que Aoba se actualizara sin confundirse, haciendo constantes hincapiés en que Zogilia y los países de La Alianza ya no eran enemigos. Le explicaron que La Alianza ya no existía y que ahora en su lugar había un organismo internacional en donde había un representante de todos los países del mundo, cuyo objetivo era mantener la paz entre naciones mediante el dialogo, la Organización Internacional para la Paz (IOP por sus siglas en ingles).
—Entiendo, la verdad me alegro mucho de que todo haya terminado, pero… —dudó mirando a Tarjim y Lasha—, no se ofendan, pero aun no entiendo que hacen aquí. Digo, creo que en Zogilia también necesitan buenos soldados y pilotos ¿no? —Todos los presentes se miraron para después mirarlo a él. En ese momento Aoba supo que algo definitivamente no iba bien, todavía había algo que no le decían.
—A eso vamos Aoba, y sí, tienes razón Zogilia necesita a sus soldados, y más si son tan buenos como ellos dos. El problema es que a principios de 2090 aparecieron dos grupos de rebeldes tanto de Zogilia como de la vieja Alianza argumentando que el pacto fue un error.
—¿Qué? ¡No lo creo! No puedo creer que haya gente que aun piense que una guerra es lo mejor.
—Ya lo sabemos, pero esa gente no quiere la guerra, ambos lados quieren ser los vencedores, quieren que sus países sean los más poderosos.
—Así es —por primera vez Tarjim tomaba la palabra—, al comienzo y durante medio año solo habían sido amenazas, vandalismo de paredes y ese tipo de cosas. Esto sucedía en varios países del mundo, la policía local no lograba detener a los culpables, ni una pista, nada. Los gobiernos estuvieron de acuerdo en dejarlo pasar, creyeron ingenuamente que se detendrían con el paso del tiempo.
—Pero nos equivocamos —interrumpió Lasha—, a mediados de ese año ataques terroristas comenzaron a suscitarse por todos lados, USA, Japón, Zogilia, Europa. Esta vez los gobiernos comprendieron que eran una amenaza potencial y pusieron a trabajar a sus agencias de seguridad junto a algunos de nosotros para atrapar a los culpables. Nada, no dejaban pistas, los artefactos usados eran tan eficientes que durante medio año más no pudimos encontrar nada, sabíamos que eran ellos, pero… —se quedó callado como si pensara la manea adecuada de continuar.
—En Diciembre de ese año, ocurrió lo peor —dijo Fromm—. Los malditos atacaron con diferencia de una semana lugares en USA, Inglaterra, y Zogilia, dos veces en esta última. Entre los cuatro ataques murieron alrededor de 1000 personas, todo parecía indicar que si uno atacaba el otro respondía. Ha sido así desde entonces.
—No puede ser —dijo Aoba sumamente desconcertado.
—Desde entonces los gobiernos afectados declararon que era una emergencia internacional, así que la IOP permitió que el ejército interviniera para darles caza a esos desgraciados. Todo el armamento militar disponible, incluidos los valiancer fueron puestos de nuevo en circulación con el propósito de detenerlos. Es por eso por lo que Tarjim y Lasha están con nosotros al igual que el General Gallant. Pidieron permiso de estar aquí como apoyo, otros de Zogilia están en otros países por la misma razón y también al revés. Ahora todos somos tripulantes del Cygnus, somos compañeros.
—Ya veo, yo… siento haber sido un poco rudo con ustedes, ahora comprendo —dijo Aoba sintiéndose avergonzado con los chicos.
—No te preocupes si yo fuera tu hubiera reaccionado igual —dijo Lasha con una sincera sonrisa.
—¿Qué pasó después, ya lograron atrapar a alguno?
—No —retomó la palabra Lee—. Desde 2091 se han suscitado un sin número de ataques, mucha gente a muerto, pero no hemos podido arrestar a nadie, hasta la noche anterior a la mañana en que apareciste ellos nunca se habían presentado en el lugar de sus ataques, me refiero a que nunca había habido un enfrentamiento, siempre ponían una bomba de tiempo o mandaban a un bombardero suicida que se encargaba de borrar su rastro perfectamente, habían sido como fantasmas hasta ese momento.
—Son organizados —dijo Tarjim—, el único cambio que hemos visto, haciendo a un lado lo de tu llegada, es que, desde febrero de este año, los ataques aumentaron, si antes sucedían dos cada tres o cuatro meses, ahora son dos casi cada semana. Además… —suspiró frotándose la cara con una mano—, los ataques son ahora más violentos y letales. Ha muerto más gente que antes. Y lo peor es que la paz que hemos tratado de mantener poco a poco se desvanece, la tención ha aumentado y tememos que de un momento a otro la guerra se reanime.
—¡Eso no es posible! —gritó Aoba—. Los gobiernos tienen que darse cuenta de que es una trampa, ¡es obvio que eso es lo que pretenden!
—Los gobiernos lo saben, de hecho, es por ellos que la guerra aún se mantiene al margen.
Pero es la gente que, herida por sus pérdidas, se ha dejado llevar por el macabro juego.
—Esos desgraciados… —susurró Aoba apretando fuertemente los puños.
—Tranquilízate, acabas de salir del hospital —regañó Lee—. Mira, por el momento no podemos hacer nada.
Después de eso le contaron a Aoba lo de la boda, fue una sensación agridulce pues en ese día que debió ser maravilloso fue cuando se presentó el nefasto ataque que llevo a Dio al pasado y a Aoba de regreso al futuro junto a su amigo al borde de la muerte. Escuchó con atención los acontecimientos que llevaron una cosa a la otra y por fin entendió que nadie planeó traerlo de vuelta, que, al parecer todo fue una coincidencia. De nuevo.
—Esa mañana ya habíamos acabado de recoger los escombros y atender a los heridos, íbamos ir al hospital y a la base para escribir reportes y atendernos bien las heridas, estábamos dentro de la mansión así que nadie se dio cuenta de nada, fue hasta que salimos que vimos al Luxon Next en el jardín justo donde habían estado los Beryl de los rebeldes. Fromm de inmediato y sin ninguna precaución abrió la escotilla y subió para ver si eras tú nuevamente quien estaba ahí. Lo demás ya lo conoces, te desmayaste segundos después de eso y en seguida los llevamos a ti y a Dio al hospital y, bueno, ahora estamos aquí —concluyó Lee.
—Eso es todo lo que ha pasado en estos años, al menos, lo más relevante —dijo Elvira apretando suavemente su hombro.
Aoba se encontraba sin palabras, toda esa información, los rebeldes, el intento de secuestro, la amenaza de una reavivada guerra. Sintió que se iba a desmayar de nuevo.
—¡Eh! Aoba, ¿Qué te pasa? —preguntó Lasha.
—Nada, solo, creo que es mucha información para asimilarla toda de golpe.
—Tal vez deberías ir a descansar, no debimos apresurarnos a contarte todo.
—No, estoy bien, solo creo que… —poco a poco se fue tranquilizando y miró a los demás—. Es mi turno de contar lo que paso.
—¿Estás seguro? ¿No gustas descansar antes? —volvió a preguntarle Lasha.
—No, gracias. Ya estoy bien, puedo hacerlo —dijo Aoba, sonriendo a su nuevo compañero.
Con detalle les conto como fue que llego ahí, lo que paso con Dio, y lo que hacía antes de que todo sucediera, con quien estaba. También les comento un poco de lo que había sido su vida en esos años, incluso les conto lo que pasó la noche que regreso a su tiempo y los cambios que se habían suscitado tras su regreso. Omitió algunos detalles de su vida personal que creyó no eran relevantes, por ejemplo, su relación amorosa con Hina. No era intención de Aoba negar su relación, solo creía que no era algo que los demás tuvieran que saber. Aoba por el momento no quería pensar en eso. Pero muy en el fondo de su mente no quería que nadie, ni Dio lo supiera.
—Ya vemos… con que eso fue lo que paso. Bueno Aoba, ahora ya entiendes porque a pesar del gran problema que tenemos encima estamos viviendo fuera de las bases y aeronaves, es frustrante pero no podemos hacer nada hasta que no ataquen de nuevo y para eso ya existe gente que se encarga de vigilar a todas horas. A veces hemos tenido misiones de búsqueda, pero todas han sido pistas falsas. Las personas nos necesitan más aquí y en las ciudades listos para ayudar durante los imprevistos ataques que estando afuera buscando a los bastardos cuando podrían estar en este mismo lugar.
—Lo entiendo. Yo, es lo correcto, lo sé…
El teléfono de Fromm sonó sacando a todos de su ensimismamiento por la larga platica que acababan de tener. Aoba aún tenía algunas dudas, dudó entre preguntar o irse enterando con forme pasara el tiempo, no eran muy importantes después de todo.
—¡Eh chicos! ¡Era Fiona! ¡Dio ya puede recibirnos! Dijo que está bien, ella ya hablo con él. Y que si queremos podemos ir ahora o mañana. Que a Dio no le molestara si no vamos hoy.
—Yo voy ahora —dijo rápidamente Aoba, necesitaba ver con sus propios ojos que Dio se encontraba bien.
—De acuerdo, yo te acompaño —dijo Fromm—, ¿alguien más?
—Nosotros iremos mañana, es mejor que descanse, dile que nos alegramos de que este bien —dijo Elvira. Lee y los gemelos pensaron lo mismo. Solo Tarjim y Lasha, decidieron regresar con ellos al hospital.
—Se lo diré, bueno nosotros nos vamos ya, gracias por recibirnos. Hasta mañana —se despidió Fromm seguido de Aoba y los demás.
Lee le aseguro a Aoba que seguirían hablando más adelante y que cualquier duda que tuviera no dudara en preguntar. En catorce minutos ya estaban de nuevo en el hospital, con sorpresa vieron que además de los Weinberg, se encontraban el General Gallant y la Teniente Coronel Lene. Ambos se quedaron sorprendidos al ver a Aoba, pero lo saludaron con alegría, bueno eso solo Lene, Alfried lo saludo más por cortesía que porque de verdad quisiera hacerlo. No le preguntaron por qué estaba ahí así que Aoba sospecho que ya serian informados de eso más adelante.
—Aoba —habló Fiona en cuanto lo vio.
—¿Qué pasa?
—Dio… el pidió hablar contigo, que entraras en cuanto regresaras —dijo la chica con una débil sonrisa.
—De acuerdo. En seguida voy —dijo Aoba y se disculpó con los presentes. Algo nervioso se dirigió a la habitación que le habían indicado. Recordó que la última vez que habló con él fue por medio del comunicador del Luxon para decirle que tenía que irse, hace casi cuatro años. Recordó que no se despidió como era debido de ninguno de sus amigos, aunque ahora parecía que nadie se lo tuvo en cuenta. Aoba se hizo una nota mental de que tenía que disculparse en cuanto tuviera la oportunidad. Solo esperaba que Dio lo perdonara por eso y no le guardara ningún rencor. Al llegar frente a la puerta Fiona lo dejó solo regresando junto a su padre. No sabía si tenía que tocar o simplemente pasar, después de todo le estaba esperando ¿no?
"Esta vez, ¿Dio si espera por mí?", se preguntó recordando las últimas palabras de Hina antes de llegar ahí por primera vez. "Bien, creo que tocaré", se dijo. Llamo con tres ligeros golpes y no se movió de su lugar hasta que escucho un 'adelante' desde el interior. Entonces abrió la puerta, ingresando a la habitación con un par de pasos para después cerrarla tras su espalda recargándose sobre esta, sin poder adentrarse más. Mantenía la mirada baja, no entendía porque no podía verlo a la cara, unas ganas enormes de salir corriendo se apoderaron de él y estaba a punto de hacerlo, pero una suave voz se lo impidió.
—No pensarás salir huyendo de nuevo, ¿o sí? —dijo el ocupante de esa habitación.
Debido a esas palabras fue que, hasta ese momento, Aoba tuvo el valor de levantar la mirada. Y entonces lo vio. Dio estaba medio sentado en la angosta cama del hospital, con un montón de aparatos alrededor monitoreando sus signos vitales.
—Dio… —susurró Aoba sin dejar de observar a los celestes ojos que lo miraban vacíos, molestos e incluso tal vez, heridos.
Continuara.
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Nos vemos en el próximo capítulo! Prometo no tardar.
